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Botswana y Zimbabwe: la relación entre libertad y prosperidad

Por Juan Ramón Rallo Julián

Ensayado que mereció una mención honorífica en el concurso de ensayos A World Connected de 2007.

1. Marco teórico

Nuestro objetivo consiste en ilustrar la relación existente entre libertad y creación de riqueza mediante el ejemplo histórico de Botswana y Zimbabwe. Sin embargo, antes de estudiar los datos concretos, resulta imprescindible recordar las ideas teóricas que nos permiten interpretarlos de manera adecuada.

Todo ser humano persigue sus fines utilizando medios escasos. Así, la cantidad y calidad de esos medios determina el rango de fines que puede satisfacer. Podemos decir que un individuo que disponga de más o mejores medios con respecto a sus fines es más rico que otro individuo con menos o peores medios.

Esto obviamente implica que el estudio de la creación de riqueza está íntimamente relacionado con las condiciones que permiten incrementar la disponibilidad de los medios más útiles para los individuos.

Ludwig von Mises demostró con su ley de asociaciones que la cooperación entre los individuos les permitía alcanzar mayores niveles de producción y de creación de riqueza que a los individuos aislados. La división del trabajo resulta beneficiosa para sus partícipes, dado que favorece las economías de escala, la diversificación de habilidades y la especialización.

Con las economías de escala la gente obtiene una cantidad o calidad de productos finales superior a la que habría resultado de la suma del conjunto de producciones individuales. La diversificación de habilidades parte de las diferencias de capacidades entre los seres humanos y permite a los individuos beneficiarse de las destrezas particulares de los demás. Finalmente, con la especialización la gente puede realizar las tareas en las que son mejores y de este modo aumentar aun más sus habilidades para incrementar la productividad.

Una vez los distintos trabajos se han dividido entre los individuos, el intercambio emerge como una consecuencia natural. La gente está dispuesta a efectuar intercambios mutuamente beneficiosos en la medida en que no los han producido para satisfacer directamente sus fines sino, gracias a la división del trabajo, para satisfacer los fines ajenos.

Y dado que la capacidad de un individuo para demandar bienes depende de su anterior oferta de otros bienes y servicios, una mayor y mejor provisión de bienes a los demás partícipes en la división del trabajo le permitirá satisfacer más fines propios. Esta es la razón por la que la gente tiene incentivos a ahorrar parte de sus rentas e invertirlas en bienes de capital. Con los bienes de capital devienen más productivos y por tanto pueden adquirir un mayor número de bienes y servicios en el mercado.

Pero este proceso sólo puede comenzar en la medida en que los individuos puedan elegir libremente sus fines y dedicar sus acciones al control, apropiación y producción de los recursos que necesitan. Si los hombres no pueden elegir sus fines, será necesario coaccionarle para que trabajen en algún plan concebido de forma centralizada. No habrá intercambio, dado que la gente no es propietaria de los bienes que produce, y sin intercambio no habrá precios de mercado con los que calcular las distintas rentabilidades de los planes empresariales y, por tanto, no habrá manera de distribuir los recursos racionalmente.

Es más, incluso si algún tipo de propiedad se tolera temporalmente, ningún individuo estará dispuesto a invertirla en bienes de capital. Dado que los bienes de capital derivan su valor del flujo futuro de rentas y la disposición de esas rentas no está asegurada, prácticamente ninguna inversión resultará inteligente.

En definitiva, la libertad y la propiedad privada son dos prerrequisitos para la cooperación social y la creación de riqueza, esto es, para la división del trabajo, el intercambio de bienes y servicios y la acumulación de capital.

Tras esta breve introducción podemos ya reflejar nuestro análisis en los casos de dos países africanos: Botswana y Zimbabwe.

2. Botswana

Botswana es un país situado al sur de África, justo al lado de Zimbabwe. Desde 1995 su Índice de Libertad Económica se ha incrementado desde 55,1 hasta el 70,3 en 2006; correlativamente su renta per cápita ha aumentado de 5.579 a 11.561 dólares. Este cambio supone una tasa de crecimiento anual media del 8,3%, cifra que supera de lejos a la mayoría de los países desarrollados.

Como vemos en el siguiente gráfico, existe una fuerte correlación entre libertad y renta per cápita: a más libertad, más renta per capita.

Botswana

Botswana es uno de los escasísimos éxitos africanos. Su estatus político es bastante similar al de otros países occidentales; en el Índice de Libertad Económica de 2006 Austria obtenía 71,3, España 70,9, Suecia 72,6 y Francia e Italia incluso calificaron por debajo con 66,1 y 63,4 respectivamente.

La principal razón de este buen resultado la encontramos en su creciente respeto por los derechos de propiedad, como queda ilustrado en tres campos: expropiaciones, impuestos y los mercados financieros:

  • Expropiación: La expropiación es el ataque más visible a la propiedad privada en la medida en que la sustrae directamente a su legítimo propietario. Por fortuna, la constitución de Botswana prohíbe la nacionalización de la propiedad privada y de hecho nunca ha habido un episodio de expropiaciones masivas.

  • Impuestos: Los impuestos son un tipo de expropiación que erosiona los ingresos o la riqueza de los individuos. Botswana tiene impuestos muy reducidos. El impuesto de sociedades es del 25% (si bien las compañías registradas con servicios financieros internacionales pagan sólo el 15%), el tipo máximo del impuesto sobre la renta es del 25% y el tipo máximo de impuestos sobre el capital es del 25% para empresas y del 5% para el resto de individuos. Además, existe una exención total del impuesto sobre ventas en la importación de bienes de equipo destinados a producir bienes para la exportación.

  • Mercados financieros: Los mercados financieros son la parte fundamental de la economía, dado que en ellos los individuos intercambios sus derechos de propiedad y buscan el crédito necesario para implementar sus planes empresariales. Botswana abolió los controles de cambio en 1999 y no existe limitación alguna a la inversión extranjera en numerosos sectores.

    Con todo, sí existe desde 1996 limitación de la inversión en determinados sectores (como mobiliario escolar o los servicios de soldadura y albañilería), lo que constituye uno de los puntos más oscuros de la economía de Botswana. Estos sectores específicos están total o parcialmente reservados a la inversión doméstica, si bien los negocios extranjeros que ya participaban en estas actividades no han sido expropiados.

Otras carencias de la economía de Botswana son la inflación (alrededor del 8%), que dificulta la acumulación de capital, y el complicado proceso para crear una empresa (108 días y un gasto en trámites de alrededor de 1.200 dólares), lo que restringe la función empresarial.

No hay duda de que Botswana podría hacerlo mucho mejor, pero aun así supone un oasis de libertad en África.

3. Zimbabwe

A pesar de ser el vecino de Botswana, los resultados económicos de Zimbabwe han sido totalmente diferentes. Robert Mugabe ha eliminado virtualmente cualquier libertad en el país para permanecer en el poder.

Cuando Mugabe fue nombrado presidente, Botswana y Zimbabwe tenían la misma renta per capita (alrededor de 1.600 dólares). Hoy la renta per capita de Zimbabwe es sólo de 2.576, lo que supone un crecimiento medio anual del 1,8% en más de 25 años.

Los datos, sin embargo, pueden llevar a confusión. Si sólo tomamos, por ejemplo, el período entre 1995 y 2006, Zimbabwe ha sufrido un decrecimiento en su renta per capita del 0,5% anual, lo que coincide con el descenso del Índice de Libertad Económica desde 47,8 a 34.

Si observamos el mismo gráfico que en el caso de Botswana vemos cómo la fuerte correlación entre libertad y creación de riqueza se mantiene: en el caso de Zimbabwe a menor libertad, menos riqueza.

Zimbabwe

Diversos factores explican esta experiencia empobrecedora, pero podemos resumirlos en el régimen de expropiaciones, la libertad contractual y la libertad financiera:

  • Expropiaciones: La reforma de la Ley de Adquisición de la Tierra en 1992 permitió al gobierno expropiar tierras pagando lo que fue descrito como una "compensación justa". En 2004, sin embargo, la constitución fue enmendada para permitir al gobierno expropiar tierras sin ningún tipo de compensación, lo que condujo a la nacionalización de todas las granjas de Zimbabwe en el mes de septiembre. Desde entonces la productividad de la agricultura ha caído dramáticamente y apenas permite alimentar a la mitad de la población.

  • Libertad contractual: La libertad de contratos es necesaria para alcanzar acuerdos creíbles y para permitir la cooperación mediante la división del trabajo. Contratar y despedir a un trabajador es una de las más importantes manifestaciones de esta libertad. Sin un mercado de trabajo libro, los individuos no pueden ser reasignados a aquellas ocupaciones donde son más necesarios para crear riqueza. En Zimbabwe casi no existe mercado formal de trabajo; el desempleo alcanza el 80%, lo que significa que no existen relaciones contractuales formalizadas según las regulaciones del gobierno. El motivo principal son los excesivos costes de despido que suponen unas 466 semanas de salario.

  • Libertad financiera: La inflación erosiona la acumulación de capital y la creación de riqueza, ya que la gente carece de incentivos para ahorrar e invertir. Generalmente las hiperinflaciones provocan que la gente saque su riqueza del país, lo que aun empobrece más a la sociedad. La inflación media en Zimbabwe entre 2003 y 2005 ha sido del 276% anual, pero sólo en 2006 ya alcanzó el 1.000%.

    Estos incrementos de los precios han conducido a que el gobierno establezca controles de precios en sectores como el de las semillas agrarias, el pan o los fertilizantes, haciendo que la inversión en esos negocios no sea rentable.

    Y a pesar de que el tipo de cambio se ha devaluado en varias ocasiones (desde 10 dólares de Zimbabwe por un dólar estadounidense hasta 250.000 dólares de Zimbabwe por dólar estadounidense) se encuentra aun por debajo del tipo al que se intercambia en el mercado (1.500.000 dólares de Zimbabwe por dólar estadounidense), lo que ha llevado a imponer controles de cambios, que han congelado las inversiones en el interior del país en un momento donde, debido a la hiperinflación, los propietarios querían sacarlas de allí. Pero una vez los capitalistas internacionales son conscientes de la situación, toda la potencial inversión extranjera nueva desaparece.

    Si bien, en cualquier caso, la inversión extranjera para cualquier proyecto estaba limitada al 40% de la propiedad total, lo cual limitaba enormemente el acceso de capital de la sociedad.

Zimbabwe es un claro ejemplo de cómo las malas políticas económicas conducen a la pobreza. Los economistas clásicos distinguían entre tres factores de producción: tierra, trabajo y capital. Creían que la cooperación y la coordinación entre ellos resultaba necesaria para crear riqueza.

Pues bien, en Zimbabwe, tal y como hemos visto, esta colaboración es imposible. Los tres mercados para los tres factores están distorsionados por las políticas gubernamentales: la tierra ha sido expropiada, los contratos de trabajo se han vuelto prohibitivos por la regulación y se ha minado la acumulación de capital mediante la inflación y las restricciones en los mercados financieros.

No ha sido casualidad que Zimbabwe no haya creado riqueza alguna en más de 25 años.

4. Una visión conjunta

Zimbabwe y Botswana son países vecinos. Los dos disponían en 1980 de la misma renta per capita. Sin embargo hoy Botswana es casi seis veces más rica que Zimbabwe y, lo que es más importante, resulta previsible que los habitantes de Botswana sigan siendo los que lideren la creación de riqueza en el futuro.

Este tremendo contraste debería haber llevado a los economistas a realizar algún tipo de juicio crítico en la medida en que sólo es un problema económico. Ningún argumento social o racional puede explicar esta enorme divergencia.

En la primera parte del artículo hemos desarrollado de forma concisa el marco teórico que nos permite explicar los requisitos subyacentes para crear riqueza. Hemos visto que la división del trabajo conduce a la especialización y el comercio entre los individuos, lo que a su vez da lugar a la acumulación de capital y el incremento de la riqueza.

Pero la división del trabajo depende de la libertad contractual; el comercio de la libertad de intercambio; y la acumulación de capital de la libertad financiera. En otras palabras, la base para que el proceso descrito se ponga en marcha es la libertad y la propiedad privada.

En la medida en que el intervencionismo en sus diversas formas (expropiaciones, impuestos, inflación o regulaciones) ataque la libertad y la propiedad privada, se perturbará la división del trabajo, el comercio y la acumulación de capital.

Botswana es un país mucho más respetuoso que Zimbabwe con la propiedad privada. Sólo hemos de fijarnos comparar sus posiciones frente a las expropiaciones, la inflación, los impuestos o los mercados financieros.

El Índice de Libertad Económica trata de resumir en un solo número la libertad existente en un país y en este resultado los resultados son categóricos: en 2007 Botswana ha obtenido 68,4 puntos sobre 100 y Zimbabwe 35,8. Pero si en lugar de quedarnos con el dato concreto analizamos una por una las distintas libertad, el contraste es aun más escandaloso.

La teoría y los datos son suficientemente claros como para llegar a conclusiones sólidas entre prosperidad y libertad. Por desgracia, esta no es una cuestión puramente académica, sino que afecta a la vida, el bienestar y la libertad de millones de personas. Pasar por alto toda esta evidencia sería muy irresponsable, tal y como muestra la historia de Botswana y Zimbabwe.

5. Bibliografía

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Bhalla, Surjit, "Imagine There's No Country: Poverty, Inequality and Growth in the Era of Globalization"
Böhm-Bawerk, Eugen, "Capital and Interest", Libertarian Press
Doing Business
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Mises, Ludwig von, "Human Action", Scholar's Edition, Ludwig von Mises Institute
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Wikipedia

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