liberalismo.org
Portada » Antiliberales » Ecologismo » La farsa del apocalipsis ecologista

La farsa del apocalipsis ecologista

Por Antonio Mascaró Rotger

Cortesía de La Ilustración Liberal.

Los EE.UU. se retiraron del protocolo de Kyoto por los perniciosísimos efectos que su cumplimiento conlleva en términos de costes de energía, creación de riqueza y empleo y pérdida de renta final de los consumidores. Ante tal retirada, la propaganda ecologista puso en marcha su habitual campaña de desinformación: "A Bush no le interesa el bienestar de la gente". "Bush es un títere de las multinacionales" - siempre las perversas multinacionales -, etc. Sirva este artículo para que se oiga la voz "del otro lado". Conoceremos en él quienes son y qué decían los mismos ideólogos catastrofistas hace años y qué ha sido de sus previsiones.

Hace dos siglos, el economista inglés Thomas Robert Malthus (1766-1834) publicó su Ensayo sobre el Principio de la Población. En él argumentaba que mientras que la población crece geométricamente -al modo de la serie numérica 2, 4, 8, 16, 32, 64-, la producción de alimentos lo hace más lentamente de forma aritmética -al modo de la serie numérica 2, 4, 6, 8, 10, 12. El reverendo Malthus aplicó esta tesis a su propia patria en un modelo dividido por etapas de un cuarto de siglo cada una.

En la primera etapa, la población y la producción de alimentos crecen paralelamente, como en el inicio de las series numéricas que he puesto como ejemplo: 2, 4. En la segunda etapa la población inglesa alcanzaría los 28 millones pero sería capaz de alimentar sólo a 21 millones. Obsérvese que no sólo se trata de que la necesidad sobrepasa a la capacidad para satisfacerla, sino que la diferencia entre ambas se dispara, se acelera.

En concreto, Malthus predijo que para el final del primer siglo de su estudio, en el año 1898, Inglaterra, con una población de 112 millones, sería capaz de alimentar adecuadamente sólo a 35 millones. Setenta millones de ingleses, por tanto, iban a morir de hambre en los albores del siglo XX. En Cuba no perdimos tanto.

Hoy, la población de Inglaterra apenas llega a los sesenta millones de habitantes, no tiene problemas de abastecimiento de alimentos y jamás ha sufrido hambrunas en las que hayan perecido millones.

El reverendo vivió en Inglaterra durante la Revolución Industrial pero se le escaparon dos efectos de esta. El primero: el avance tecnológico aumenta no sólo la producción manufacturera sino también la producción alimentaria. Y segundo pero no menos importante: las sociedades industriales tienden a reducir drásticamente su crecimiento demográfico vía menor natalidad.

Estos detalles no impidieron que el maltusianismo sobreviviese durante años.

En 1968, Paul R. Ehrlich, un entomólogo de la Universidad de Stanford, quien siendo joven había visto sus campos de mariposas diezmados por culpa del desarrollo de la industria inmobiliaria, escribió el éxito de ventas The Population Bomb. Para dar una medida del maltusianismo del libro nada mejor que ver las primeras frases con las que se abre el prólogo: "La batalla para alimentar a toda la humanidad se ha acabado [...] En la década de los 70 y 80, centenares de millones de personas se morirán de hambre a pesar de cualquier programa de choque que se emprenda ahora. A estas alturas nada puede impedir un sustancial incremento en la tasa de mortalidad mundial, aunque muchas vidas podrían ser salvadas mediante drásticos programas para ampliar la capacidad de la tierra incrementando la producción alimentaria y distribuyendo más equitativamente el alimento disponible. Pero estos programas sólo proporcionaran un aplazamiento a menos que se acompañen con esfuerzos decididos y exitosos de control de la población."

Y esto, como digo, era sólo el principio del prólogo. A lo largo de las siguientes doscientas páginas, Ehrlich escribía predicciones tan atrevidamente maltusianas como que "un mínimo de diez millones de personas, en su mayoría niños, se morirán de hambre durante cada año de la década de los setenta. Pero esto es un mero puñado comparado con los números que se morirán de hambre antes del fin de siglo" (las cursivas son de Ehrlich). Y estos millones que iba a morirse de hambre no había que ir a buscarlos a algún lugar olvidado de la mano de Dios, tal vez en África, muy al contrario, Ehrlich afirmaba que "antes del año 2000" unos "65 millones de norteamericanos" iban a "perecer por inanición".

Ante tal hecatombe la postura de Ehrlich era clarísima: "Nuestra posición requiere que emprendamos acciones inmediatamente en nuestro país y que promovamos actuaciones efectivas en el ámbito mundial. Debemos tener control demográfico en esta nación, si puede ser mediante cambios en nuestro sistema de valores, o a si no a la fuerza si los métodos voluntarios fracasan.

Los Estados Unidos de América no podían sostener, según el autor, una población superior a los 150 millones (esa era la población de Estados Unidos en 1950. En el momento de la publicación del libro, rondaba los 200 millones y hoy esa nación cuanta con una población de 275 millones). La cosa era tan grave que Ehrlich se apresuró a ofrecer ideas de control demográfico coercitivas, aunque reconocía que no se trataba de ideas propias sino de colegas suyos. Entre los métodos propuestos por el entomólogo, algunos son desestimados por él mismo, como por ejemplo la adición de sustancias anticonceptivas en toda la comida vendida en los Estados Unidos de América, que él no ve política ni científicamente factible.

Pero caben otras posibilidades más modestas y realistas, a saber: echar mano de la presión fiscal para aliviar la presión demográfica. Tal era la propuesta del senador Bob Packwood de Oregón de reducir las deducciones fiscales a la natalidad. O como propone el propio Ehrlich "se podrían gravar con impuestos de lujo los ajuares para niños, las cunas, los pañales, los juguetes caros..." y otorgar "premios a la responsabilidad" para las parejas que se abstuvieran de tener hijos o para los varones que se hicieran vasectomías. Para llevar todo esto a buen puerto habría que crear una Agencia Federal del la Población y el Medio Ambiente.

Si esto era lo que les esperaba a los estadounidenses, la medicina para los países menos desarrollados, cuya capacidad para auto alimentarse era aun inferior, tenía que ser necesariamente más amarga. Mucho más amarga. Los varones del subcontinente indio con más de tres hijos habrían de ser esterilizados a la fuerza. Ehrlich también recogía una propuesta de Paul Paddock que consistía simple y llanamente en acabar con todas las ayudas alimentarias tanto públicas como privadas a las naciones que no pudiesen autoabastecerse. Se trataba simplemente de acabar con las hambrunas acabando primero con los hambrientos de la forma más literal posible. Como en el caso de los perros rabiosos: muerto el hambriento, muerta la hambruna.

Medidas tan drásticas en una parte tan amplia del globo hacían imperativo un nuevo trazado de las fronteras africanas y del sudeste asiático.

Si el lector entrevé similitudes entre las propuestas de Ehrlich y las políticas antinatalistas de la República Popular China sus dudas se disiparán con la lectura este párrafo de How to be a Survivor (Cómo ser un superviviente) escrito por Ehrlich y Richard L. Harriman tres años después: "Así y todo, a aquellos que dicen que el gobierno no podrá nunca inmiscuirse en asuntos tan privados como el número de hijos que una pareja produce, puede que les espere una sorpresa desagradable. No hay ningún "derecho" sagrado a tener hijos. El argumento de que el tamaño de la familia es asunto de Dios y no asunto del gobierno será presentado sin duda -- de la misma manera que fue presentado en contra de la prohibición de la poligamia. Sin embargo el gobierno le dice a cada cual cuantos maridos o esposas puede tener y te mete en la cárcel si te pasas de la raya". (Ehrlich y Harriman 1971, pág. 33).

Recapitulando, el meollo de The Population Bomb puede resumirse pues en este párrafo: "Un cáncer es una multiplicación descontrolada de células; la explosión demográfica es una multiplicación descontrolada de personas. Tratar únicamente los síntomas del cáncer puede hacer que la víctima se sienta más cómoda al principio, pero acaba por morir -- a menudo, de forma horrible. Un sino similar le espera a un mundo con una explosión demográfica si sólo los síntomas son tratados. Debemos redirigir nuestros esfuerzos del tratamiento de los síntomas a cortar el cáncer de raíz. La operación exigirá muchas decisiones aparentemente brutales y despiadadas. Puede que el dolor sea intenso. Pero el mal se encuentra en un estado tan avanzado que sólo con cirugía radical tiene el paciente la posibilidad de sobrevivir".

Se vendieron tres millones de copias de The Population Bomb y Ehrlich fue entrevistado por Johnny Carson en The Tonight Show.

Millones de americanos vieron la entrevista a Ehrlich esa velada. Entre ellos, en su casa de Illinois, se encontraba Julian L. Simon, un economista judío americano que hacía mucho que había dado el maltusianismo por inútil y carente de toda relación con los datos empíricos. Simon se había licenciado en Psicología Experimental por Harvard y había servido como oficial en la armada americana antes de recibir un MBA en la Universidad de Chicago y dos años más tarde, en 1961, un PhD en Economía Empresarial por la misma institución. Tras haber desempeñado diferentes puestos en la prestigiosa fundación conservadora Heritage Foundation y en la Universidad de Illinois, era catedrático de Ciencias de la Empresa en la Universidad de Maryland donde estudió demografía durante veinticinco años y era Senior Fellow en el Cato Institute. Simon escribió docenas de libros y más de doscientos artículos. Pocos días antes de su muerte fue investido Doctor Honoris Causa por la Universidad de Navarra.

Poco antes, a mediados de los sesenta, a Simon se le había ocurrido una gran idea para resolver el problema del overbooking de las líneas aéreas. Anticipando que no todos los pasajeros iban a presentarse, las líneas aéreas vendían más billetes que asientos tenían sus vuelos. Pero cuando se personaba más gente en el aeropuerto, se armaba el lío. Bueno, ¿por qué no pagar a la gente para que no se suba al avión? se preguntó. Se trata de ofrecerles suficiente dinero como para hacérselo atractivo. Sería un sistema voluntario y todos saldrían ganando. La propuesta no fue bien recibida por las líneas aéreas, que se lo tomaron a guasa.

Once años después, en 1977 Simon no se había olvidado de su idea y publicó en The Wall Street Journal, una carta abierta titulada "Wherein the Author Offers a Modest Proposal." Un año después, cuando el economista Alfred Kahn se puso al frente de Civil Aeronautics Board, la idea de Simon fue puesta en práctica. Fue un éxito tremendo desde el principio.

Pero esto es adelantar acontecimientos. Volvamos a la reacción de Simon ante la entrevista a Ehrlich. "Me sacó absolutamente de mis casillas," recordaría Simon más tarde. Ehrlich "era un tipo que llegaba a una vasta audiencia, liderando esta histeria medio ambientalista y yo me sentí del todo impotente. ¿Qué podía hacer yo? ¿Ir a hablar con cinco personas?"

Simon era en muchos sentidos, la exacta antítesis de Ehrlich. Mientras el entomólogo de Stanford representaba a Cassandra en campos que iban desde la ecología y la demografía hasta la economía, Simon se empeñaba siempre en ver el lado agradable de la vida. Incluso escribió un libro dando consejos para sobreponerse a las depresiones psicológicas cuya portada llevaba el título en grandes letras coloreadas Good Mood:The Psicology of Overcoming Depresión.

Pero las cosas fueron de mal en peor para Simon. Primero, sólo un año después de la publicación de The Population Bomb y de la entrevista televisada, o sea en 1969, Ehrlich publicó en Ramparts un artículo con el provocativo título "Eco-Catastrophe!". En él, seguía en sus trece con sus teorías maltusianas: "La mayoría de las personas que perecerán en el mayor cataclismo de la historia humana han nacido ya," decía. Y para 1975 auguraba que "algunos expertos estiman que la escasez de alimentos habrá elevado el actual nivel de hambre mundial hasta hambrunas de increíbles proporciones."

Justo cuando llegó la fecha de esta nefasta predicción Ehrlich escribió The End of Affluence junto a su esposa Anne H. Ehrlich, también bióloga de Stanford, en el cual volvía a alertar del "desastre nutricional" que había de se la desdicha de la humanidad, esta vez, la fecha fatídica la situaron en "los setenta (o, como mucho, en los ochenta)."Para entonces, "una combinación de ignorancia, avaricia, e insensibilidad habrá creado una situación que podría llevar a que mil millones o más de personas mueran de hambre [...] Antes de 1985 la humanidad habrá entrado en una genuina era de la escasez" en la cual "las provisiones disponibles de muchos minerales clave se estarán acercando al agotamiento."

Julian Simon leyó todo esto y decidió contestar antes de que se le acabara el tiempo. Así que en 1980 escribió un articulo en Science titulado "Resources, Population, Environment: an Oversupply of False Bad News" que empezaba así: "Falsas malas noticias acerca del crecimiento de la población, los recursos naturales y el medioambiente son ampliamente publicadas en contra de toda evidencia. Por ejemplo, la superficie mundial de tierra cultivable ha estado creciendo efectivamente, la escasez de recursos naturales incluyendo alimentos y energía ha ido menguando, y los indicadores básicos de la calidad ambiental de los EE.UU. muestran signos positivos. Los datos agregados no muestran ningún efecto negativo a largo plazo del crecimiento de la población sobre el nivel de vida. Modelos que encarnan fuerzas omitidas en el pasado, especialmente la influencia del tamaño de la población sobre el incremento de productividad, sugieren un efecto positivo a largo plazo de la población adicional."

Por supuesto, la prestigiosa revista de divulgación recibió montones de cartas de sus lectores. En su mayoría no precisamente favorables a la tesis defendida por el autor. Entre estas cartas, como no podía ser de otra manera, se encontraba la de Paul Ehrlich y la firmaban también su esposa Anne y los dos expertos en energía y recursos naturales John P. Holden de la Universidad de California en Berkeley y John Harte del Laboratorio Lawrence también de Berkeley. En resumidas cuentas le dijeron a Simon que era un lego en temas de la economía de la escasez. También corrigieron un dato que él había citado en su artículo concerniente a la electricidad según el cual ésta se había abaratado. Según los cuatro maltusianos, si bien los precios reales había bajado en 1971, al año siguiente subieron un 18%.

Simon no salía de su asombro al ver que cuatro expertos le aseguraban que había un incremento del cual él no encontraba ni rastro. Así que llamó al coautor del informe citado por los cuatro, el cual también se sorprendió sobremanera. Tras las pertinentes comprobaciones, el dato de 1971 resultó ser un error tipográfico: donde rezaba 80,2 debía aparecer un 93,3. Quedando su acusación infundada, la respuesta de Ehrlich fue: "¿Qué científico telefonearía al autor de una fuente de información para asegurarse de que no había errores tipográficos en unas series de números que mostraban una tendencia general con la cual todo analista en el campo está familiarizado?"

Verdaderamente, las relaciones entre ambos nunca fueron cordiales. Ehrlich, recordemos que era entomólogo -el que estudia los insectos- gustaba de menospreciar a Simon, un economista. "Las conexiones entre el crecimiento económico, el crecimiento demográfico y la calidad de vida son mucho más sutiles y complicadas de lo que Simon se imagina." "Conseguir que los economistas entiendan de ecología es como intentar explicar una declaración de hacienda a un arándano. Es como si Julian Simon estuviese diciendo que tenemos un universo geocéntrico al mismo tiempo que la NASA está diciendo que la Tierra rota en torno al sol. Cuando lanzas un trasbordador espacial no embarcas a los defensores de una tierra plana como comentaristas. Ellos están fuera de los límites de lo que debería ser discutido en los medios de comunicación. En el campo de la ecología, Simon es el equivalente absoluto a los defensores de la tierra plana". A esto Simon contestó con un "comentario menor" entre paréntesis que rezaba: "yo no estoy 'en el campo de la ecología'."

Así pues, para Ehrlich, Simon era un forastero recién llegado y en la ciudad no cabían los dos. Para Simon, Ehrlich era un charlatán que mentía más que hablaba. El duelo era inevitable.

A Simon se le acabó la paciencia cuando oyó esta afirmación de Ehrlich: "si yo fuese un apostador, incluso apostaría a que Inglaterra no existirá en el año 2000." Simon no pensó que la frase pudiese tomarse muy en serio pero le sirvió de inspiración para el duelo.

El lugar fue Social Science Quarterly, donde Simon desafió a Ehrlich con una apuesta. El arma de Simon fue "una oferta pública a tomar 10,000 dólares [...] en mi creencia de que el coste de las materias primas no controladas por el gobierno (incluyendo grano y petróleo) no aumentará a largo plazo." Se trataba de elegir alguna materia prima que uno pensara que tuviese los días contados - cobre, estaño, cadmio, lo que sea- y señalar una fecha cualquiera en el futuro, "cualquier fecha más allá de un año," y Simon apostaría a que el precio de la materia prima iba a ser inferior del que era en el momento de hacer la apuesta.

Es decir, Simon sostenía que, cualquiera que fuese la materia prima elegida, esta se haría más abundante en el futuro y por tanto su precio tendería a abaratarse. Por ello, si alguien apostaba las reservas disponibles de alguna materia prima iban a menguar y, por lo tanto a encarecerse, y así sucedía, Simon se comprometía a pagar el aumento del precio.

Paul Ehrlich se presentó con su esposa y sus colegas John Holden y John Harte para aceptar la sorprendente oferta de Simon "antes de que otra gente avariciosa se apunte." Escogieron cinco metales que a su parecer sufrirían grandes aumentos en sus precios: cromo, cobre, níquel, estaño y tungsteno. Luego, sobre el papel, compraron doscientos dólares de cada uno, para una apuesta total de mil dólares, tomando como índice los precios del veintinueve de septiembre de 1980 y estableciendo un periodo de diez años.

Y se sentaron a esperar durante una década. A esperar hasta el día veintinueve de septiembre de 1990.

Simon había realizado la apuesta basándose en datos como los siguientes: las reservas de estaño había pasado de 1950 a 1970 de seis millones de toneladas a más de seis millones y medio. Esto representaba un aumento del diez por ciento. En el mismo período, las reservas de plomo se habían doblado, las de petróleo se habían quintuplicado y las de hierro se habían multiplicado por doce.

La premisa central de Simon es que las personas son el recurso definitivo, así tituló su obra cumbre, The Ultimate Resource (El Último Recurso, Ed. Dossat) publicada en 1981 y actualizada en 1996 como The Ultimate Resource 2. El meollo del libro es bien claro: las reservas de recursos naturales no son finitas pues son creadas por el recurso siempre renovable de la inteligencia humana. En efecto, la madera, el carbón, el petróleo y el uranio no son recursos en absoluto hasta que no se combinan apropiadamente con el ingenio humano. "Los seres humanos," escribió "no son meras bocas adicionales que alimentar, sino mentes productivas e imaginativas que ayudan a crear soluciones a los problemas humanos, dejándonos así en una mejor situación a largo plazo." Simon a menudo se preguntaba por qué la mayoría de las estadísticas gubernamentales sociales y económicas tratan a las personas como si de pasivos se tratara y no de activos. "Cada vez que nace un becerrillo," observaba "el PIB per cápita de una nación aumenta. Cada vez que un bebé nace, el PIB per cápita cae."

Las dos tendencias que a juicio de Simon mejor capturaban la mejoría a largo plazo en las condiciones de vida a lo largo de los últimos doscientos años eran el incremento de la expectativa de vida y el declive de la mortalidad infantil. Simon las veía como el signo definitivo de la victoria humana sobre la muerte.

Simon sostenía que el progreso humano no depende en exclusiva de las mentes creativas e ingeniosas sino también de las instituciones libres. A menudo se maravillaba de que el único lugar en la Tierra donde la expectativa de vida cayó en el siglo XX fue la Unión Soviética y otras naciones del Este de Europa durante la tiranía comunista. Muchos de sus más ardientes críticos eran activistas estatistas que defendían que la única solución concebible para impedir la catástrofe ecológica no era otra que el aumento de las regulaciones gubernamentales: políticas coercitivas de estabilización demográfica, racionamiento de carburantes, controles de precios, controles salariales, reciclado obligatorio, etc.

Simon constató que en el ámbito mundial no se da ninguna correlación entre la densidad demográfica y la calidad de vida.

Para ilustrar esto tomó ejemplos extremos: tenemos Hong Kong, Singapur y Holanda por un lado, con una densidad de población extremadamente elevada, y aun así disfrutan de una calidad de vida muy considerable. Y en el otro extremo nos encontraríamos con las gentes miserablemente pobres de gran parte de África, donde la población está desperdigada a lo ancho de un vasto continente. La densidad de población de China es una quinta parte de la de Taiwan y sin embargo, es mucho más pobre que la "provincia rebelde."

El crecimiento de la población no es un obstáculo para el desarrollo económico, tal y como defiende la teoría maltusiana, sino que aumenta los estándares de vida a largo plazo. Los problemas no surgen tanto por el exceso de población como por la falta de libertad política y económica.

La fórmula básica del impacto de la población sobre la calidad de vida es que a corto plazo, más gente y menos renta provocan escaseces. Pero estas escaseces representan una oportunidad lucrativa para los empresarios que pueden hacer uso de los elevados precios para poner en práctica nuevas invenciones y así contribuir a la mejora de la sociedad. En efecto, Simon invitaba a quien dudara de esto a pensar en cual seria nuestro bienestar actual si la población mundial nunca hubiese superado cuatro millones de humanos que habitaban el planeta hace miles de años. En tal caso, argumentaba Simon, seria muy dudoso que pudiésemos disfrutar de la gasolina, las fotos, la penicilina, los viajes a la luna o la actual esperanza de vida.

Lo que más fascinaba a Simon de este proceso es que las soluciones que los empresarios encuentran nos dejan a los demás en una situación mejor de la que estábamos antes de que surgieran tales problemas.

Estas tesis no podían por menos que llamar la atención de los economistas más comprometidos con la libertad y así el 22 de marzo de 1981 el premio Nobel en economía Friedrich A. Von Hayek escribió a Simon desde Friburgo. El austriaco se confesaba muy emocionado de que el americano hubiese dado con la evidencia empírica de lo que para él había sido "el resultado de una vida de especulación teórica." Las conclusiones las resumía en estas frases: "Como usted, yo no afirmo que el crecimiento demográfico sea bueno en sí mismo -- sólo que es la causa de la selección de la moral que guía nuestra acción individual. De ello se desprende que nuestro temor a una explosión de la población está injustificado en la medida que los incrementos locales sean el resultado de grupos capaces de alimentar a grupos mayores, pero puede resultar un severo apuro si empezamos a subsidiar el crecimiento de grupos incapaces de alimentarse por sí mismos".

El 6 de noviembre de 1981, habiendo acabado su lectura de The Ultimate Resource volvió a escribir a Simon confesándole que lo había leído "con acuerdo entusiasta." Explicaba que "tal vez la principal tesis del libro acerca de La Fatal Arrogancia [...] es que la moral basada en la propiedad y la honestidad, que creó nuestra civilización y las cifras modernas de la humanidad, fue el resultado de un proceso de evolución selectiva, en el curso de la cual tales prácticas siempre prevalecieron, lo que permitió multiplicarse más rápidamente a los grupos que las adoptaron.

Otros dos prominentes conversos a la visión del mundo de Julian Simon fueron el presidente Ronald W. Reagan y el Papa Juan Pablo II. Desoyendo las amargas protestas del grupo de presión internacional por el control demográfico, en 1984 la administración Reagan adoptó la posición de Simon de que el mundo no está superpoblado y que los humanos no son destructores de recursos sino que son sus creadores. Los Reaganistas llamaron a esto "demografía por el lado de la oferta." Mientras tanto, a finales de la década de los ochenta, Simon fue invitado a exponer sus teorías demográficas en la Santa Sede. Un año después, la encíclica de Juan Pablo II apremiaba a las naciones a tratar a las personas como valores productivos.

Pero los conceptos que tanto agradaron a Friedrich Hayek, Ronald Reagan y Juan Pablo II pusieron los pelos de punta a los ecologistas. Y los fatalistas no tardaron pues en tachar a Simon de "terrorista" y de acusarle de "sabotear a la raza humana."

Volvamos ahora a la apuesta con Ehrlich. Entre la fecha de la apuesta en 1980 y su fecha límite en 1990, la población mundial había crecido en más de 800 millones, el mayor aumento en una década en toda la historia humana. Pero en septiembre de 1990 el precio de todos y cada uno de los metales seleccionados por Paul Ehrlich, incluso teniendo en cuenta la inflación, había bajado y, en algunos casos, se había desplomado. En promedio, las cinco materias primas se habían abaratado un 38,2%. El cobre, que habían comprado a $200 en 1980, había bajado a $163 (siempre en dólares de 1980) en esos diez años. Esto es un abaratamiento del dieciocho y medio por ciento. El estaño, que habían comprado a $200 la libra en 1980, había bajado a $56 en 1990. Esto es un abaratamiento del setenta por ciento. El níquel, un tres y medio. El cromo un cuarenta. El tungsteno, un cincuenta y siete.

Cheque enviado a Julian Simon por Ehrlich

En su casa de Illinois, Julian Simon recibió un cheque del Wells Fargo Bank enviado por el Dr. Paul R. Ehrlich y Anne H. Ehrlich, firmado por Anne H. Ehrlich y fechado a once de octubre de 1990 por valor de 576,07 dólares.

En la BBC Ehrlich dijo "Fue una apuesta excelente. Resultó que nosotros perdimos. Puedes perder haciendo una apuesta excelente." Y en una entrevista afirmó: "la apuesta no significa nada. Julian Simon es como el tipo que se lanza desde el rascacielos Empire State y comenta lo fantásticas que son las cosas mientras pasa por el décimo piso. Yo sigo pensando que el precio de esos metales subirá finalmente […] No me cabe la menor duda de que en algún momento del próximo siglo el alimento será tan escaso que los precios van a ser altos incluso en los Estados Unidos". Simon señalaba con ironía: Si la apuesta era tan "excelente", estarán ansiosos por repetirla. Pero Ehrlich y algunos defensores de sus tesis como Norman Myers se negaron siempre a la invitación de Simon a repetir una apuesta "tan excelente".

En 1990, por haber promovido un "mayor entendimiento público de los problemas ambientales," se concedió el premio de la MacArthur Foundation valorado en $345.000 al "genio" Paul Ehrlich. También recibió un premio de $240,000 de la Real Academia Sueca de la Ciencia, la misma que entrega los premios Nobel.

Aunque la revista Fortune le incluyó en su lista de los "150 pensadores más estimulantes de 1990", Simon nunca recibió un premio MacArthur. "¡MacArthur!" Exclamaba con ironía, "¡Ni siquiera puedo conseguir un McDonald's!"

En 1990, Ehrlich y su esposa publicaron The Population Explosion, otro libro en el que predecían que los "números humanos están en rumbo de colisión con vastas hambrunas"

Mientras tanto, las críticas a la apuesta continuaban. Básicamente, estas críticas se centraban en lo estrecho de la apuesta y en la ausencia en ella de indicadores del bienestar humano. Así que en The Ultimate Resource 2, Simon volvió a las apuestas con una oferta más amplia: "Apostaré el salario semanal o mensual a que cualquier tendencia medioambiental y económica perteneciente al bienestar material básico humano [...] mostrará mejoría a largo plazo en lugar de empeorar (Simon 1996, p.36). Usted elija la tendencia -- tal vez, la tasa de mortalidad, el precio de un recurso natural, alguna medida de polución o contaminación del agua o el número de teléfonos por habitante -- y elija usted el área del mundo y el año futuro con que deba establecerse la comparación. Si yo gano, mi premio irá a investigaciones no lucrativas."

Los detalles eran los siguientes:

  1. Un mínimo de cinco años para dar tiempo a las condiciones para que cambien y reducir la probabilidad de "blimps" estadísticos.
  2. Medidas de bienestar real, en lugar de condiciones intermedias. Esto es, mortalidad por ejemplo, en lugar de incidencias de alguna enfermedad en particular.
  3. Las medidas que Simon consideraba más apropiadas eran: la esperanza de vida; concentraciones ambientales de contaminantes en el aire y en el agua; poder adquisitivo de cualquier segmento de población; posesión de bienes domésticos específicos; costes de recursos naturales; cantidad de tiempo libre; cantidad de educación; cantidad de espacio para la vivienda.
  4. Simon prefería hacer múltiples apuestas como por ejemplo tomar una serie de países en lugar de centrarse en uno solo o una serie de medidas de nutrición humana en lugar de una sola.

Paul Ehrlich contestó con Steven Schneider proponiendo una lista de quince indicadores "pertenecientes al bienestar material básico humano" sobre los que ellos estaban dispuestos a apostar a que empeorarían en la década venidera. Aunque añadieron que "nuestro mensaje es básicamente que las 'tendencias indirectas' tales como las siguientes son más relevantes para el bienestar humano que las directas como el precio de los metales."

  1. Los años 2002-2004 serán en promedio más cálidos que 1992-1994. Aumentando así el riesgo de sequías e inundaciones asociado al cambio climático.
  2. Habrá más dióxido de carbono en la atmósfera en 2004 que en 1994. Este gas es el mayor responsable del efecto invernadero.
  3. Habrá más óxido nítrico en la atmósfera en 2004 que en 1994. Este gas es otro desencadenante del efecto invernadero que está aumentando debido a la disrupción humana del ciclo del nitrógeno.
  4. La concentración de ozono en la atmósfera baja (la troposfera) será mayor que en 1994. El ozono troposférico es un componente de la polución que afecta a la salud humana y a las cosechas.
  5. Las emisiones de dióxido de sulfuro en Asia serán significativamente mayores en 2004 que en 1994. El dióxido de sulfuro en la atmósfera se convierte en ácido sulfúrico, el principal componente de la lluvia ácida, y se asocia con daños directos a la salud humana, los bosques y las cosechas.
  6. Habrá menos tierra cultivable fértil por persona en 2004 que en 1994. Mucha de la mejor tierra cultivable de la Tierra ha sido pavimentada, pero incluso si ese no fuese el caso, la población reducirá el número de acres por persona.
  7. Habrá menos suelo agrícola por persona en 2004 que en 1994. La erosión, prácticamente en todas partes, excede con mucho la tasa de regeneración del suelo.
  8. Habrá en promedio menos arroz y trigo por persona en 2002-2004 que en 1992-1994. El arroz y el trigo son los dos cultivos más importantes consumidos por las personas.
  9. En las naciones en vías de desarrollo habrá menos leña disponible por persona en 2004 que en 1994. Más de mil millones de personas hoy dependen de la leña para satisfacer sus necesidades energéticas.
  10. El área restante de bosques tropicales húmedos será significativamente menor en 2004 que en 1994. Esos bosques son depositarios de algunos de los recursos vivientes más valiosos para los humanos, incluyendo la base mundial de muchos fármacos.
  11. Las capturas pesqueras oceánicas por persona continuarán su tendencia a la baja y así en 2004 serán menores que en 1994. La pesca excesiva, la contaminación de los océanos y las costas continuará cobrándose su tarifa.
  12. Habrá menos plantas y animales vidas en 2004 que en 1994. Estos organismos son el soporte vital de la humanidad.
  13. Más gente morirá de SIDA en 2004 que en 1994. Mientras el mal se cobra sus victimas ya infectadas, continua extendiéndose por los continentes.
  14. Entre 1994 y 2004, la cantidad de esperma de los varones humanos continuará menguando y los desórdenes reproductivos continuarán creciendo. En los últimos cincuenta años, la cantidad de esperma mundial puede que haya bajado en más del 40 por ciento. Paul y Steve apuestan a que esta tendencia continuará debido al extendido uso y persistencia medioambiental de compuestos químicos sintéticos orgánicos perturbadores de hormonas.
  15. La brecha en la riqueza entre el 10% más rico de la humanidad y el 10% más pobre será mayor en 2004 que en 1994. (Ehrlich y Ehrlich 1996, pág.101-103).

Los asuntos propuestos por Ehrlich y Schneider ponen muy de manifiesto la diferencia en el enfoque entre ellos y Simon.

A Simon no le pareció bien la contraoferta de tomar el calentamiento global como un indicador "perteneciente al bienestar material básico humano" porque a su parecer quedaba aun por demostrar que tal efecto fuese nocivo; cabía la posibilidad de que desencadenara un aumento en la producción agrícola. ¿Por qué no? De hecho, veinte años antes, el propio Stephen Schneider había predicho el inminente enfriamiento global alertando de los perniciosos efectos de una nueva era glacial. Pero además, la controversia mundial sobre el asunto era tal que sería difícil ponerse de acuerdo en un indicador de tal calentamiento global.

Sin embargo, tales dificultades para encontrar indicadores no las había encontrado Ehrlich en 1980 cuado fue perfectamente capaz de nombrar una lista de metales con sus correspondientes precios y fecha límite.

Para ilustrar la diferencia de enfoque, Simon se sirvió de la siguiente analogía olímpica: Imagínese usted que propone una apuesta a que los tiempos récord en las próximas Olimpiadas serán inferiores que en los anteriores Juegos. La otra persona realiza una contraoferta consistente en que el terreno de juego estará en peores condiciones o que la eficiencia con la que se organizan los juegos será peor y a eso lo llama medidas indirectas de rendimiento. "¿Le parecería a usted que esto tiene sentido?" preguntaba Simon.

Y así, la crítica de Simon se extendía a los quince puntos de la contraoferta:

Los principales efectos sobre el bienestar humano del calentamiento global (A), las condiciones del suelo (G), tierras cultivables (F) y producción de arroz y trigo (H) están relacionados con la alimentación y la nutrición. Simon entendía que la alimentación es algo que creamos los humanos, no se trata de algo gratuito que nos encontramos en la naturaleza como caído del cielo. Por tanto, para verificar si los humanos habíamos tenido éxito en nuestro esfuerzo por proveernos de alimento, Simon habría estado encantado de apostar sobre la cantidad de calorías tomada por las personas en el futuro, los precios de los alimentos o la producción alimentaria. Esto es, sobre resultados cuantificables de acciones humanas destinadas a la producción alimentaria y sobre el grado de satisfacción de la necesidad de alimentarse.

La cantidad de leña (I) se refiere a la energía. Pero ¿por qué centrarse en la leña? Hemos visto que los dos maltusianos argumentan que es vital para uno de cada seis humanos. ¿Por qué olvidarnos, entonces, de las cinco sextas partes restantes? A fin de cuentas, ¿qué estaba en entredicho: la posibilidad de una parte de la humanidad de calentarse con leña o la posibilidad de la humanidad de calentarse de alguna manera? Así que Simon propuso apostar en precios energéticos y cantidades usadas. Precios y cantidades, por tanto, que se referirían a la provisión total finalmente consumida de energía y no a la provisión de una fuente específica.

La referencia a las capturas oceánicas (K) apuntaba otra vez a la alimentación. Pero sin tener que volver a remontarse al epígrafe "alimentación y nutrición" en general, se podía establecer una medida menos parcial, a saber: el pescado por persona, que incluye no sólo las capturas oceánicas sino también la producción de las piscifactorías. ¿Por qué ignorar este avance que contribuye al bienestar humano?

En cuanto a la brecha entre los países ricos y pobres (Ñ), Simon propuso apostar a que el 10% más pobre de la población será más rico que ahora. Que entre tanto los ricos se enriquezcan más no empeorará el bienestar de los pobres. La desigualdad entre el 10% más rico y el 10% más pobre es mayor hoy de lo que era en la Edad Media y, sin embargo, todas las medidas indican que ese 10% más pobre está hoy bastante mejor que por entonces.

El SIDA (M) es sólo una de las muchas causas de mortalidad en el ámbito mundial. Una vez más, la elección de los dos maltusianos no pretendía medir variaciones del malestar humano sino variaciones en alguna de las muchísimas causas del aquel. Simon propuso apostar a que la esperanza de vida se alargaría. Este era, según él, el indicador relevante y el que presentaba una medición más fiable.

Exactamente la misma pega encontró Simon a cerca del óxido nítrico (C) y el dióxido de sulfuro (E). Él propuso una apuesta sobre los contaminantes inhalados por los residentes de EE.UU.

De forma similar la afirmación de que los varones cada vez tienen menos esperma (N) es dudosa y se basa en datos altamente controvertidos. Estudios recientes que afirmaban que las tasas de esperma estaban cayendo en los Estados Unidos resultaron deficientes pues comparaban diferentes áreas geográficas y, por motivos aun desconocidos, las cantidades de esperma varían según la región. Es más: los varones de las zonas urbanas de los EE.UU. suelen tener más esperma que los de las zonas rurales.

Recapitulando: lo que lleva a Ehrlich y Schneider a proponer "indicadores indirectos" es un enfoque parcial y estático.

Es parcial porque no aspira a desvelar si el bienestar habrá aumentado o disminuido al cabo de los años. Sino que quiere limitarse a medir variaciones en algunas, y sólo algunas, de las causas que afectan a dicho bienestar. Hablando claro: los dos maltusianos están dispuestos a apostar a que habrá batallas difíciles que tal vez se perderán de momento y que habrá retiradas ante el enemigo. Pero no se atreven a apostar en contra de que se ganará la guerra.

Lo estático del enfoque es que no se atreve a considerar la posibilidad de innovaciones. No cabe en él la posibilidad de saciar viejas necesidades por nuevas vías. ¡Como si los humanos fuésemos capaces de sacarnos las castañas del fuego sin tener que estrujarnos el cerebro buscando nuevas soluciones! Como si todo avance fuese meramente cuantitativo y nunca cualitativo. Como si se tratase solamente de tener más cosas buenas y menos cosas malas y no cupiese la posibilidad de tener cosas sencillamente mejores.

Esta estática y esta parcialidad son las dos caras de la misma moneda: al no tener en cuenta que el esfuerzo por lograr un mayor bienestar es una empresa humana y, como tal, sujeta a la incertidumbre del futuro, Ehrlich y Schneider proponen un análisis literalmente deshumanizado del bienestar humano. Analizando sólo algunas de las causas que ahora afectan al bienestar, se les cuela a estos autores el ingenio de los humanos que se va abriendo caminos insospechados donde antes las posibilidades no estaban aprovechadas. La prosperidad se escabulle de todo análisis estático y parcial porque su naturaleza nada tiene que ver con constantes ni con funciones fijas y parciales. La prosperidad la creamos los humanos abriendo nuevas áreas de bienestar: nuevas fuentes de energía y nuevos combustibles, nuevos medios de comunicación, nuevos medios de transporte, nuevas formas de producir alimentos y un inacabable etcétera. Pero ni nosotros mismos podríamos predecir en qué área del malestar vamos a abrir la próxima brecha ni de qué manera lo haremos.

Finalmente, Simon publicó en 1996 The State of Humanity con el Cato Institute de Washington, DC. El libro contiene dos predicciones para el siglo que acabamos de empezar, que él no llegaría a ver pues murió el domingo 8 de febrero de 1998. Irónicamente, su muerte coincidió con el 200 aniversario de Ensayo Sobre el Principio de la Población de Malthus y el día de su funeral Simon habría cumplido los 66. La primera predicción no puede sorprendernos a estas alturas: "todas las condiciones materiales de la humanidad mejorarán." La otra aun sorprende menos: "los humanos continuarán quejándose de que todo va de mal en peor."

Bibliografía

EHRLICH, Paul R. The Population Bomb. Existen varias ediciones en español.

EHRLICH, Paul R. y EHRLICH, Anne H. La explosión demográfica el principal problema ecológico. (Salvat, 1994).

EHRLICH, Paul R. y EHRLICH, Anne H. The Population Explosion. (Abril 1991)

EHRLICH, Paul R. y HARRIMAN, Richard L. How To Be a Survivor. (1971)

HAYEK, Friedrich A. von. La Fatal Arrogancia. (Unión Editorial, 1997)

MALTHUS, Thomas Robert. Ensayo sobre el Principio de la Población. (Fondo de Cultura, Febrero 1999)

SIMON, Julian L. "Resources, Population, Environment: An Oversupply of False Bad News," Science, 208 (1980), pp. 1431-1437.

SIMON, Julian L. El Último Recurso. (Ed Dossat, 1981)

SIMON, Julian L. The Ultimate Resource 2. (Princeton University Press, Octubre 1996)

SIMON, Julian L. The State of Humanity. (Blackwell Publishers, 1995)

SIMON, Julian L. The Resourceful Earth: A Response to Global 2000. (coeditado con Herman Kahn del Hudson Institute)

Usuario Contrasea  
Web alojada en Ferca

Mapa del sitio Mapa del sitio
Texto normal Texto grande