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La negación del genocidio de Chomsky

Por Marko Attila Hoare
Traducido por Mariano Bas Uribe

"Me parece que esa mujer promete demasiado" (Hamlet, Acto 3, Escena XIII) [1]

En el ámbito de la política, hay quienes vamos a cara descubierta: orgullosos de los que defendemos, no tenemos miedo de mostrar nuestras posiciones lo más claramente posible, sin que haya posibilidad que nos malinterpreten, llamamos al pan, pan y al vino, vino y estamos dispuestos a escuchar las protestas. En el lado opuesto, hay quienes se avergüenzan de sus propias posiciones: disimulan, enturbiando las aguas de forma que lo que realmente piensan resulta vago y confuso y cuando se enfrentan a quienes les reconocen tal como son, arremeten con temor y vergüenza, negando lo que todos saben que es la verdad.

Destacan dos casos paralelos muy interesantes en el periódico The Guardian del 17 de noviembre. Se informa de que David Irving fue arrestado en Austria por el delito de denegación del Holocausto. Irving es conocido como negador del Holocausto y apologista de Hitler, pero cuando la historiadora Deborah Lipstadt le acusó de esto, intentó demandarla por difamación, lo que acabó con una aplastante derrota en los tribunales. A pesar de todo aparentemente le avergüenza aceptar la etiqueta que se ha inevitablemente merecido. De acuerdo con The Guardian, "el Sr. Irving ha dicho que no niega que los nazis mataran judíos, pero cuestiona la cifra y la naturaleza de los campos de concentración judíos. También ha puesto en cuestión el empleo de cámaras de gas a gran escala para exterminar a los judíos y afirmado que las cifras de quienes perecieron son muy inferiores a las generalmente aceptadas. También sostiene que las mayoría de los judíos que murieron en Auschwitz lo hicieron por enfermedades como el tifus y no gaseados". En otras palabras, no teniendo el coraje de decir "¡Sí, niego el Holocausto!", Irving busca refugio en la afirmación de que simplemente le preocupa la precisión en los detalles y la interpretación. Así, el negador del Holocausto no niega simplemente el Holocausto: niega su propia negación. Por supuesto, ninguna persona racional aceptaría en serio ese pretexto.

El mismo día (17 de noviembre), aparece una nueva vuelta de tuerca en otra saga de negación del genocidio: The Guardian publica una humillante disculpa a Noam Chomsky por una entrevista insuficientemente lisonjera que le hizo el premiada periodista Emma Brockes, publicada en este periódico el 31 de octubre, en la que ésta cita a Chomsky indicando que había dicho que la masacre de Srebrenica de 1995 fue "probablemente exagerada" y que en realidad ni siquiera fue una verdadera masacre. Chomsky presume de ser un resuelto defensor de la libertad de expresión; desde este punto de vista, ha defendido el derecho de los negadores del Holocausto a publicar lo que quieran y ha condenado las leyes británicas sobre libelo. Pero enfrentado a la exposición de Brockes sobre su posición, tanto él como su círculo de adeptos se apartan de su postura a favor de la libertad de expresión y organizan una campaña de denuncia de la periodista, bombardeando al Guardian con cartas de protesta e incluso forzando a este periódico sin carácter a emitir una disculpa y retractación inequívoca.

En su carta de queja al Guardian, publicada el 2 de noviembre, Chomsky escribe: "En lo que se refiere a sus opiniones, interpretaciones y distorsiones personales [de Brockes], por supuesto es libre de publicarlas y, por supuesto, apoyo su derecho a hacerlo, a pesar de que está claro de que no me ha entendido". Como resultado de la campaña Chomsky contra Brockes, el editor de las cartas al director del Guardian informó el 17 de noviembre: "The Guardian ha eliminado la entrevista de su página web". ¡Mira por dónde! Aún más vergonzoso resulta que The Guardian también se disculpe por haber publicado una carta de Kemal Pervanic, un superviviente del campo de concentración de Omarska junto con la carta de Chomsky el 2 de noviembre. Pervanic decía que estaba "sorprendido por algunos de los puntos de vista de Noam Chomsky en el artículo de Emma Broches". En un humillante ejercicio de autocrítica, el editor de las cartas al director del Guardian dice lo siguiente: "Aunque tenga toda la comprensión con el escritor [Pervanic], el Profesor Chomsky cree que su publicación se hizo a propósito para socavar su postura y se refería a una parte de la entrevista que era falsa... Apreciamos que la yuxtaposición ha agravado la queja del profesor Chomsky y lo lamentamos". Cuánto respeto por el derecho de un superviviente de un campo de concentración a expresar su opinión.

Lo que resulta aún más curioso es que la entrevista con Brockes giraba en torno a la defensa de Chomsky de la escritora Diana Johnstone, supuestamente desde la base de defender la libertad de expresión. En 2003, el semanario izquierdista sueco Ordfront publicaba una entrevista con Johnstone, que repetía sus opiniones revisionistas y negadoras del genocidio en la guerra de Bosnia. Esto provocó una protesta masiva de parte de miembros de equipo editorial y lectores de Ordfront, llevando a la dimisión del director y las disculpas públicas de la revista por el daño causado a los supervivientes del genocidio bosnio. Aparentemente el editor sueco de Johnstone rescindió su acuerdo para publicar su libro. Esto, a ojos de Chomsky, constituye una violación de la "libertad de expresión" de Johnstone, aunque nadie le haya prohibido difundir sus opiniones en otras revistas o editoriales; de hecho, su libro lo ha publicado Pluto Press en el Reino Unido y sus artículos están disponibles en Internet, si es que alguien quiere leerlos. También hay que decir que Johnstone no ha sido asesinada, torturada o expulsada de su hogar, como les pasó a cientos de miles de ciudadanos bosnios en los años 1990, cuyos derechos nunca ha defendido Chomsky. Pero aunque asumir el derecho de un autor occidental a que sus escritos no sean rechazados por editores por razones políticas resulte una causa más digna que la del derecho de un untermenschen balcánico a la vida y la integridad personal, queda por ver si los colegas libertarios de izquierdas de Chomsky se empeñan en defender a Brockes tan directamente como a Johnstone.

¿Qué había en la entrevista de Brockes que irritó tanto a Chomsky? La ira de sus partidarios se centró en el título en forma de pregunta y respuesta que presentaba la entrevista:

P. [Brockes]: ¿Lamenta haber apoyado a quienes dicen que se exageró la masacre de Srebrenica?

R. [Chomsky]: Sólo lamento no haberles apoyado con la suficiente fuerza.

Es una paráfrasis, en lugar de una cita literal, que escribió el periódico en lugar de la propia Brockes y de lo que, por tanto, no puede hacérsele responsable. Sin embargo, resume adecuadamente lo esencial del asunto: Chomsky había apoyado a Johnstone, que afirmaba que la masacre de Srebrenica se había exagerado. En su carta abierta a The Guardian del 13 de noviembre, Chomsky afirmaba que se trataba simplemente de defender la libertad de expresión: "Lo cierto es que dije y expliqué con detalle que lamentaba no haberme opuesto con suficiente fuerza a la decisión de los editores suecos de dejar de publicar un libro de Diana (no ‘Diane’, como la llama The Guardian) Johnstone después de que fuera agriamente atacada por la prensa sueca... En la entrevista, no se comentó en ningún momento lo que Johnstone pudiera haber dicho acerca de Srebrenica y en todo caso eso resulta irrelevante, al menos para cualquiera que tenga un mínimo aprecio por la libertad de expresión".

Por tanto, Chomsky afirma que su defensa de la libertad de expresión de Johnstone ha sido tergiversada para presentarla como una negación de la masacre de Srebrenica. De hecho, la exposición de Brockes de la supuesta negación de Chomsky sobre Srebrenica es lo principal de la queja de éste. De acuerdo con Brockes, Chomsky afirmó "que durante la guerra de Bosnia la 'masacre' de Srebrenica fue probablemente exagerada". Brockes lo explica a la manera de Chomsky: "Chomsky utiliza las comillas para atacar las cosas con las que no está de acuerdo y, al menos al escribir, eso es más propio de adolescentes que de académicos; para él Srebrenica no habría sido una masacre". La airada respuesta de Chomsky fue que "con una investigación de cinco minutos en Internet, cualquier periodista podría encontrar muchos lugares donde describo a la masacre como masacre, sin comillas. Fin de la historia". El editor de las cartas al director del Guardian acepta la validez de la queja de Chomsky y lanza una disculpa a Johnstone como medida de precaución: "El error de la Sra. Brockes acerca de los puntos de vista del Prof. Chomsky proviene de no entender su apoyo a la Sra. Johnstone. Ni el Prof. Chomsky ni la Sra. Johnstone han negado nunca el hecho de la masacre".

La gran pregunta es, por supuesto, ¿realmente Chomsky niega la masacre de Srebrenica? O, si no la niega directamente, ¿lo hace de tal manera que a todos los efectos lo acaba haciendo?

Por su parte, Johnstone la niega a todos los efectos. En su libro Fools’ Crusade: Yugoslavia, NATO and Western Delusions (Londres: Pluto Press, 2002) pone las palabras "masacre de Srebrenica" entre comillas (página 106). A continuación argumenta: "Al tratar de entender que pasó en Srebrenica, deberían tenerse en cuenta ciertos factores". Éstos son, argumenta, que Srebrenica y otras "áreas seguras" habían "servido como bases militares musulmanas bajo la protección de la ONU"; que las "fuerzas militares establecidas en Srebrenica (unos 5.000 hombres al mando del Naser Oric) habían realizado mortíferos ataques contra poblaciones serbias cercanas"; que "[el presidente bosnio] Izetbegovic expulsó a Naser Oric de Srebrenica antes de la previsible ofensiva serbia, dejando deliberadamente sin defensa al enclave" y que "a pesar de que realmente se ejecutó a musulmanes después de la caída de Srebrenica, esos crímenes muestran todos los signos de actos espontáneos de venganza en lugar de un 'genocidio' programado". Más aún: "Seis años después del verano de 1995, los equipos forenses del Tribunal Penal Internacional para Yugoslavia habían exhumado 2.631 cuerpos en la región e identificado menos de 50. En un área donde se ha luchado durante años, sin duda los cuerpos son tanto de serbios como de musulmanes. De estos cuerpos, 199 han aparecido atados o con los ojos vendados y debe razonablemente pensarse a partir de las pruebas materiales que han sido ejecutados". Concluye: "¿Crímenes de guerra? Los mismos serbios no niegan que se hayan cometido crímenes. ¿Parte de un plan genocida? De esto no hay en absoluto evidencia alguna" (páginas 109-118).

Para resumir la postura de Johnstone sobre Srebrenica: echa la culpa a los musulmanes de todo lo que ocurrió allí; afirma que previamente provocaron la ofensiva serbia, después maquinaron deliberadamente su propia matanza y luego exageraron su propio número de víctimas mortales. Niega que miles de musulmanes fueran masacrados, sugiriendo que no hay pruebas de que fueran más de 199 (menos del 2,5% de número aceptado de ocho mil). Y evita la palabra "masacre" prefiriendo la de "ejecución", como si se tratara de criminales en el Pasillo de la Muerte y no de civiles inocentes. Es igual que si afirmara que habrían muerto en el Holocausto menos de 150.000 judíos, en lugar de seis millones, que los judíos habían provocado y maquinado las matanzas nazis, que esas matanzas fueron "ejecuciones" y que luego los judíos habrían exagerado el número de víctimas mortales. Está dispuesta a disculpar las muertes de Srebrenica como una represalia por las anteriores muertes por Oric de civiles serbios, pero no menciona que los crímenes de Oric tuvieron lugar bastante después de que la guerra hubiera empezado y las fuerzas serbias comenzaran a matar salvajemente a musulmanes en toda Bosnia. No menciona cómo Srebrenica se convirtió en un "enclave protegido": por medio de la agresión y la conquista serbia de la Bosnia Oriental en 1992 y la muerte y expulsión de la población musulmana que ésta implicó y contra la cual los musulmanes de Srebrenica pudieron temporalmente mantenerse como un "enclave". En conjunto, esto puede calificarse razonablemente como una negación y, aunque no sea completa, (reconoce menos del 2,5% de la masacre) es una apología de las fuerzas serbias. La afirmación de editor de las cartas al director del Guardian de que ‘Ni el Prof. Chomsky ni la Sra. Johnstone han negado nunca el hecho de la masacre’ es por tanto, al menos media mentira.

¿Pero qué pasa con la otra media, es decir, con Chomsky? Una carta abierta al Ordfront, firmada por Chomsky, Tariq Ali, Arundhaty Roy y otros dice: "Consideramos el libro de Johnstone Fools’ Crusade una obra excepcional, que disiente de la opinión mayoritaria pero lo hace apelando a los hechos y a la razón, siguiendo una gran tradición". En su carta al Ordfront en defensa de Johnstone, Chomsky escribía: "La conozco desde hace muchos años, he leído el libro y me parece que es bastante serio e importante". Chomsky no critica aquí la negación de la masacre por Johnstone, ni de hecho en ningún otro sitio (excepto en la entrevista de Brockes, que ha negado). De hecho, apoya su revisionismo: en respuesta a la afirmación de Mikael van Reis de que "ella [Johnstone] insiste en que las atrocidades serbias (limpieza étnica, campos de tortura, ejecuciones en masa) son propaganda occidental", Chomsky replica que "Johnstone argumenta (y de hecho demuestra claramente) que una buena parte de las acusaciones no tienen base en hechos y muchas son pura invención".

En la misma carta, Chomsky aprovecha una crítica supuestamente positiva del libro de Johnstone en una revista británica sobre asuntos exteriores: "También sé que ha sido criticada muy favorablemente, por ejemplo, por la revista especializada británica International Affairs, de la Royal Academy". Después continúa con su lógica característica: "Por supuesto, no leo revistas suecas, pero sería interesante estudiar cómo explica la prensa sueca el hecho de que su interpretación de libro de Johnstone difiera tan radicalmente de la de la principal revista británica de asuntos exteriores, International Affairs. Mencioné la crítica muy respetuosa de Robert Caplan, de la Universidad de Reading y Oxford [sic]. Seguramente es obligación de quienes condenan el libro de Johnstone en los términos que critican, emitir condenas aún más severas contra International Affairs, así como contra las universidades de Reading y Oxford, por permitir que aparezcan este tipo de críticas y permitir que el autor no sea censurado". Lo esencial de lo que dice Chomsky es que Johnstone recibió una crítica positiva en una revista académicamente respetable y que por tanto el libro debe ser bueno.

En primer lugar, hay una serie de distorsiones en la exposición de Chomsky: International Affairs es la revista del Royal Institute of Internal Affairs, no de la "Royal Academy"; el RIIA es un think tank paragubernamental, no una institución académica, por tanto no tiene sentido describir a International Affairs como "la principal revista británica de asuntos exteriores"; el crítico era Richard y no Robert Caplan y su revisión de libro de Johnstone está lejos de ser tan positiva como sugiere Chomsky. Caplan escribió: "Diana Johnstone ha escrito una descripción revisionista y bastante discutible de la política occidental y la disolución de Yugoslavia. (…) Aun a pesar de todas las posibles correcciones constructivas del libro, a menudo es difícil reconocer el mundo que describe Johnstone. (…) El libro también contiene numerosos errores de hecho, en los que sin embargo Johnstone confía para reforzar su opinión. (…) La propia Johnstone es muy selectiva".

De hecho, Caplan es demasiado educado en sus críticas de lo que es, en realidad, un libro extremadamente malo, que es poco más que una polémica en defensa de la actuación nacionalista serbia durante las guerras de los 1990 (y mal informada sobre ella). Johnstone no es una periodista de investigación que haya estado un tiempo en la antigua Yugoslavia trabajando en las líneas del frente, como Ed Vulliamy, David Rohde o Roy Gutman. Tampoco es una académica cualificada que haya realizado una investigación exhaustiva de las fuentes primarias serbocroatas, como Noel Malcolm o Norman Cigar. De hecho, parece que no sabe serbocroata y sus fuentes son principalmente en inglés, con nociones de francés y alemán. En resumen, es una entusiasta balcanista aficionada de butaca y su libro es del tipo de que podría escribirse en cualquier oficina de Europa Occidental con acceso a Internet.

La calidad "académica" de Johnstone puede calibrarse por algunas de las falsedades nacionalistas serbias que repite acríticamente, como la afirmación de que el líder serbio colaboracionista con los nazis Draza Mihailovic creó "la primera guerrilla resistente a la ocupación nazi de toda Europa" (página 291), un mito desacreditado desde hace tiempo por los historiadores serios (ver ejemplo War and Revolution in Yugoslavia, 1941-1945: The Chetniks de Jozo Tomasevich, Stanford University Press, 1975, páginas 124 y 137). O la afirmación de Johnstone de que Croacia en 1990 "rápidamente restauró los símbolos del pavoroso Estado de 1941 [una marioneta nazi], especialmente la bandera ajedrezada roja y blanca, que para los serbios era el equivalente a la esvástica nazi" (página 23), una falsedad que puede refutarse echando un vistazo a cualquier versión completa de la constitución yugoslava, que muestra claramente que el ajedrezado croata, lejos de ser un símbolo fascista equivalente a la esvástica nazi era un símbolo oficial del Estado en la Yugoslavia de Tito (ver, por ejemplo, el edición de 1950 de la constitución yugoslava, publicado por la Sluzbeni list de Belgrado, que muestra el ajedrezado croata como símbolo yugoslavo del estado en la página 111, o la edición de 1974 publicada por Prosveta, Belgrado que muestra el ajedrezado croata a todo color al inicio del texto). Requeriría un artículo entero listar y refutar todos los numerosos errores y falsedades del libro de Johnstone; Chomsky lo elogia porque simpatiza con sus opiniones políticas, no porque tenga algún mérito académico.

Quizá sería injusto calificar a Chomsky como negador de la masacre de Srebrenica simplemente porque alabe acríticamente el libro de Johnstone y apoye sus conclusiones. Sin embargo, una visión más completa de opiniones de Chomsky sobre Srebrenica puede adivinarse de su entrevista con M. Junaid Alam, de Left Hook, el 17 de diciembre de 2004, donde afirma que "Srebrenica era un enclave poco protegido por las fuerzas de la ONU, que se empleaba como base para atacar a las poblaciones serbias cercanas. Se sabía que iba a haber represalias. Cuando allí hay represalias, son terribles. Se llevaron en camiones a todas las mujeres y niños, mantuvieron a los hombres dentro y aparentemente los mataron. Las estimaciones son de miles de personas muertas". Aquí sus palabras claves son "represalias", "aparentemente" y "estimaciones"; la matanza "aparentemente" ocurrió, los miles de muertos son meras "estimaciones", en todo caso fueron simplemente "represalias" por crímenes anteriores. Adviértase que mientras que Chomsky muestra dudas acerca del hecho y el nivel de las matanzas, es absolutamente categórico en que fueron represalias por previos crímenes musulmanes: la matanza aparentemente ocurrió, pero si lo hizo, fue definitivamente una represalia. Leído cuidadosamente, realmente nada de lo que dice Chomsky contradice las afirmaciones de negación de la masacre de Johnstone citadas más arriba.

Chomsky continúa comparando favorablemente el comportamiento de los serbios con el de los estadounidenses en Faluya: "Bueno, en Faluya EE.UU. no se llevaron en camiones a mujeres y niños, los bombardearon". Chomsky no menciona a miles de mujeres y niños violados y asesinados por fuerzas serbias en otras partes de Bosnia, ni los despedazados por el cerco serbio de Sarajevo y otras poblaciones bosnias, prefiriendo fijarse en que se llevaron de Srebrenica a mujeres y niños. También Johnstone destaca esto: "hay algo que debería ser evidente: no se comete 'genocidio' llevándose a mujeres y niños". En realidad, los nazis empezaron el exterminio sistemático de varones judíos adultos en la URSS en 1941 antes de dedicarse a las mujeres y los niños, y los nazis, al contrario que las fuerzas serbias medio siglo después, no se veían controladas por los medios de comunicación democráticos occidentales.

Chomsky vuelve a comparar favorablemente el comportamiento serbio en Srebrenica con el estadounidense en Faluya en su artículo "Imperial Presidency" (Canadian Dimension, Enero/Febrero de 2005, volumen 39, número 1) cuando escribe sobre "Srebrenica, casi universalmente descrita como 'genocidio' en Occidente. En este caso, como sabemos en detalle por el informe del gobierno holandés y otras fuentes, el enclave musulmán el territorio serbio, inadecuadamente protegido, se utilizaba como base para ataques contra poblaciones serbias y cuando la reacción previsible se llevó a cabo, resultó horrible. Los serbios se llevaron a todos, excepto a los hombres en edad militar y después entraron a matarlos. Hay diferencias con Faluya. No se bombardeó a mujeres y niños en Srebrenica, sino que se les sacó en camiones, y no hubo esfuerzos intensos por exhumar hasta el último cadáver de ratón en su cubil en Faluya. Hay otras diferencias, podría decirse que injustas con los serbios". No se niega mucho la masacre, es cierto, más bien se minimiza, y ya que Chomsky no reconoce en ningún sitio la cifra de ocho mil musulmanes muertos, es completamente posible que reduzca la masacre a la fracción sugerida por Johnstone y por tanto la niegue a todos los efectos. Y sin duda se esfuerza por contrastar a "los serbios" favorablemente con los estadounidenses.

Podría criticarse a Brockes por no hacer un retrato más matizado de la opinión vaga aunque compleja de Chomsky de la masacre de Srebrenica, aunque sólo fuera por el hecho de que Chomsky es famoso por el uso deliberado de un lenguaje oscuro y confuso, pensado para enturbiar las aguas de sus opiniones reales y el uso de trucos verbales dirigidos a confundir a sus oponentes. Veamos su discusión con Christopher Hitchens sobre el asunto de si el bombardeo de EE.UU. de la fábrica farmacéutica de Sudán de 1998 era un crimen equivalente al 11 de septiembre:

Chomsky dijo: "Que Hitchens no quiere decir lo que escribe está claro, en primer lugar, por su referencia a los bombardeos de Sudán. No debe darse cuenta de que está expresando ese desdén racista por la víctimas africanas de un crimen terrorista y no puede pretender lo que implican sus palabras".

Hitchens replicó: "Puesto que sus comentarios [de Chomsky] se dirigen contra mí, pondré un ejemplo de menos que media verdad como el que me aplica. Yo ‘debo darme cuenta’, escribe, de que 'expreso ese desdén racista por la víctimas africanas de un crimen terrorista'. Con su quejumbroso tono condescendiente y su inserción de una negable y particularmente objetable insinuación, lamento decir que Chomsky muestra lo que últimamente ha sido su sello".

Chomsky a continuación se saca esto de la manga: ‘Hitchens afirma que le he acusado de una ‘propensión al desdén racista’. He dicho explícitamente y sin ambages lo contrario’.

Dados esos juegos de palabras y confusión, Chomsky apenas puede protestar cuando un entrevistador serio no puede interpretar su postura bien camuflada tal y como es. Si hubiera querido, podría haber evitado todo el embrollo con Brockes diciéndole sin ambages: "Reconozco que varios miles de civiles musulmanes fueron masacrados por las fuerzas serbias en Srebrenica en 1995". Si no, podemos sospechar que quiere estar en misa y repicando: poniéndose en una "postura" compatible con la de los negadores directos, como Johnstone, pero sin embargo permitiéndole formalmente negar que él mismo es un negacionista.

En lugar de asumir la responsabilidad por su propia falta de sinceridad y doble leguaje, prefiere castigar al mensajero (Brockes). En dos ocasiones (su carta publicada en The Guardian el 2 de noviembre y su carta abierta al mismo periódico el 13 del mismo mes) ha dejado pasar la oportunidad de afirmar categóricamente que la masacre se produjo de la forma que se sabe que pasó: como una masacre de varios miles de civiles musulmanes inocentes a manos de fuerzas serbias. Tampoco es cierto lo que Chomsky afirma de que "con una investigación de cinco minutos en Internet, cualquier periodista podría encontrar muchos lugares donde describo a la masacre como masacre, sin comillas". Todavía no he encontrado un solo texto en Internet en el que describa Srebrenica como una "masacre"; si ese texto existe, no es tan fácil encontrarlo como afirma Chomsky. La postura de Chomsky respecto de Srebrenica debe continuar siendo una cuestión abierta hasta que realmente se decida a hablar y escribir en inglés sencillo (esperen sentados). Bajo estas circunstancias el editor de las cartas al director del Guardian no necesitaba disculparse y no tenía derecho a enjuiciar la profesionalidad como periodista de Brockes. Es con Brockes, y no con Chomsky, con quien debería disculparse.

Es verdaderamente curioso el enfado de Chomsky y sus seguidores por su calificación como negador de la masacre de Srebrenica, dado que muchos de estos seguidores son patentes negacionistas de Srebrenica. Chomsky es famoso por haber dejado constancia en 1977, en un artículo coescrito con un tal Ed Herman, de que afirma que las atrocidades de los jemeres rojos habían sido exageradas por los medios de comunicación occidentales (‘Distortions at Fourth Hand’, The Nation, 25 de junio de 1977). Recientemente, el mismo Ed Herman fundó un ‘Grupo de investigación de Srebrenica’ para divulgar la opinión de que la masacre de Srebrenica nunca tuvo lugar. En su ensayo "The Politics of the Srebrenica Massacre", Herman escribe que "la evidencia de una masacre, ciertamente de una en la que 8.000 hombres y niños fueron ejecutados, ha sido siempre problemática, por decirlo suavemente". Herman concluye: "La 'masacre de Srebrenica' [advertir las comillas] es el mayor triunfo de la propaganda que surge de las guerras balcánicas (…) Pero la relación de este triunfo de la propaganda con la verdad y la justicia no existe. La desconexión con la verdad se ejemplifica en el hecho de que la estimación original de 8.000, incluyendo 5.000 'desaparecidos' (que habían abandonado Srebrenica hacia las líneas musulmanes bosnias) se mantuvo a pesar de que estableció enseguida que varios miles alcanzaron esas líneas y varios miles más murieron en batalla. Este hermoso redondeo sigue persistiendo a pesar de no haber podido encontrar los cuerpos de los ejecutados y la falta de alguna foto por satélite que mostrara ejecuciones, cuerpos, inhumaciones o camiones que transportaran cuerpos para enterrar".

Por tanto, Herman, colaborador cercano de Chomsky, mantiene sin pudor una opinión que enfurece a éste que se le atribuya. Tanto Chomsky como Herman son colaboradores habituales en el sitio web ZNet: un refugio de neoestalinistas del ala dura, muchos de los cuales son rotundos negadores de Srebrenica. La publicación del artículo de Herman arriba citado recibió la aprobación sin crítica alguna del blogger de ZNet David Petersen, que alababa su "poderoso análisis". El mismo Petersen reaccionó enfurecido más adelante cuando Brockes atribuyó la misma opinión negadora de Srebrenica, que él mismo respalda, a su camarada Chomsky, describiendo su entrevista como "mentiras, difamaciones y más mentiras". ¡Mira tú por dónde! Si negar Srebrenica es vergonzoso (que lo es), ¿por qué lo hacen Johnstone, Petersen y Herman? Pero si creen que la masacre de Srebrenica no tuvo lugar o fue mucho menos y más justificable de lo que normalmente se afirma, ¿por qué se enfadan tanto si se describe a Chomsky como negacionista? La respuesta nos devuelve al sitio a donde empezamos: los chomskystas y la gente de ZNet están en realidad avergonzados de su propia posición. También en esto se parecen al controvertido historiador británico arrestado en Austria.

En el debate sobre si Chomsky negó o no la masacre, es importante no perder de vista algo más dañino y mucho menos controvertido: que Chomsky niega muy abiertamente que haya habido genocidio, ni en Srebrenica, ni en toda Bosnia y habla claramente de poner la palabra "genocidio" entre comillas (a pesar del hecho de que un tribunal internacional, establecido por la ONU, ha condenado a un general serbobosnio por colaborar y ayudar en el genocidio en Srebrenica). De hecho, la negación del genocidio de Johnstone, Chomsky y su círculo va mucho más allá de cuestionar la masacre de Srebrenica. Chomsky estaba entre quienes apoyaban la campaña en defensa de Living Marxism (LM), la revista extremista que acusó a la agencia de noticias ITN de inventar la existencia de campos de concentración serbios en Bosnia basándose en los escritos de Thomas Deichmann, periodista aficionado y partidario de la causa nacionalista serbia. Deichmann afirmaba que los campos en cuestión eran simplemente "centros de detención" y (aunque él nunca había visitado ninguno) presumía de conocerlos lo bastante bien como para afirmar que las fotografías que ITN les había tomado estaban deliberadamente dirigidas a "equivocar" a la opinión pública occidental acerca de su verdadera naturaleza. ITN demandó a LM por difamación y la revista fue incapaz de presentar un solo testigo que hubiera visto realmente los campos por sí mismo, en tanto que testigos oculares como Vulliamy testificaron sobre su verdadero y horrible carácter. La estrepitosa derrota de LM en el juicio por difamación no ha evitado que Johnstone repitiera, en un comentario reciente sobre el asunto Chomsky-Brockes en la revista izquierdista estadounidense Counterpunch, las desacreditadas mentiras de LM: "Lo publicado por LM tiene que ver con la forma en que se tomaron las fotografías en el campo de Trnopolje, centrándose en un hombre flaco al otro lado de una valla de espino, que en realidad no rodeaba a los internos musulmanes, sino al propio equipo de ITN, y se utilizó para crear la impresión de que lo que sucedió en Bosnia era una repetición de un Holocausto al estilo nazi". Por tanto, la campaña contra Brockes se convirtió simultáneamente en una campaña para reescribir la historia de la guerra de Bosnia para negar que ese genocidio se llevara a cabo.

La negación de Chomsky de que hubiera genocidio en Bosnia, a pesar de haberse establecido por ley internacional que lo hubo e incluso después de que las mentiras de LM acerca de los campos serbios se demostraras tales en los tribunales británicos, le retrata como un revisionista del molde de Irving; en general la exposición que hacía Borckes sobre él daba en el blanco. Al complacerle, The Guardian ha dañado su propia reputación e insultado a los supervivientes del genocidio. Curiosamente, fueron los periodistas del Guardian, como Vulliamy y Maggie O’Kane quienes se encargaron de descubrir el genocidio en 1992. Que The Guardian (con su digna trayectoria) haya preferido traicionar a Brockes, su propia periodista, disculpándose en su nombre ante un descarado negador del genocidio, significa que este periódico ahora colabora en la reescritura revisionista de la historia de la guerra de Bosnia.



[1] William Shakespeare, traducción de Leandro Fernández de Moratín, en la Biblioteca Virtual Cervantes.

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