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Socialismo para los ricos

Por Thomas Sowell
Traducido por Miryam Lindberg

Aunque el socialismo ha afirmado durante mucho tiempo que favorece a los pobres, en el balance neto probablemente ha hecho aún más daño a los pobres que a los ricos. Después de todo, los ricos tienen el suficiente dinero como para irse del país si creen que los socialistas van a hacerles algo realmente grave.

Algunos de nuestros propios ricos ya han hecho que su dinero abandone el país para ser protegido de los altos impuestos que los progres de limusina dicen que todos debemos pagar. Mientras tanto, los medios de comunicación los felicitan por su altruista defensa de impuestos progresivos más altos para la gente que más dinero gana, olvidando que ésos no son impuestos a la riqueza.

La mayoría de quienes están en los altos tramos de renta no son ricos y tampoco tienen su riqueza protegida en bancos offshore. Son habitualmente personas trabajadoras que finalmente han logrado cobrar sueldos altos después de muchos años con ingresos muchísimo más modestos y que ahora ve que mucho por lo cual ha trabajado toda la vida se lo llevan los políticos al son de una retórica idealista.

Los ricos han aprendido a adaptarse a las políticas socialistas para su propio beneficio. Por ejemplo, la ciudad de Riviera Beach, Florida, está planificando demoler un barrio de clase obrera usando sus poderes de expropiación forzosa, para preparar el camino a una marina para yates, condominios y una exclusiva zona comercial.

¿Qué sacará la ciudad de Riviera Beach de todo esto? Más impuestos provenientes de gente de altos ingresos, haciendo que los políticos locales tengan más dinero para gastar en programas que atraigan votos. Mientras tanto, los ricos se deshacen de la gente de bajos ingresos sin tener que pagarles el valor de sus casas y negocios ya que serán demolidos. Como en muchos otros casos, el principio de "dominio eminente" es socialismo para los ricos.

Teóricamente, aquellos a quienes les van a demoler sus casas y negocios, recibirán "una compensación justa" a la cual tienen derecho según la Constitución. En realidad, el simple anuncio de que hay planes de demolición en una zona inmediatamente destruye parte de su valor de mercado. Incluso si los propietarios reciben compensación por lo que quede de valor cuando sus casas sean realmente demolidas –lo que puede suceder varios años después– a pesar de todo les están engañando.

Para los negocios, que les den una compensación por el valor de sus activos físicos –los cuales pueden o no incluir la propiedad del lugar en el que el negocio se encuentra– no significa nada porque frecuentemente no representa el valor mucho mayor de la clientela que han conseguido durante los años pero que ahora se han dispersado con el viento tras la demolición del barrio.

Este juego no funciona de la misma forma en los barrios ricos. No es sólo que los ricos contraten abogados caros para enfrentarse al ayuntamiento. Es que, directamente, ¿por qué iba a querer el ayuntamiento deshacerse de sus exclusivos contribuyentes que, por lo general, también son grandes donantes en las campañas políticas?

Una forma muy distinta de socialismo para los ricos protege a sus vecindarios hasta de los peligros del libre mercado. Una completa serie de leyes y políticas evita que los "intrusos" de fuera compren propiedad cerca de ellos, incluso cuando esos intrusos están dispuestos a pagar los precios determinados por la oferta y la demanda en lugar de hacerlo mediante "dominio eminente".

Por ejemplo, las leyes de "espacio abierto" que se han extendido por todo el país para proteger a vecindarios exclusivos representa una de las más grandes colectivizaciones de terreno desde los días de Josep Stalin. Los residentes dicen que tienen el derecho de proteger "su comunidad". Pero ni siquiera los ricos son dueños de todo el vecindario, tan sólo de lo que han pagado: su propia parcela individual. Pero consiguen que el gobierno colectivice la propiedad que la rodea, a menudo un área muchísimo mayor, para así evitar que la plebe venga a establecerse en las cercanías y les estropee las vistas.

Además, se envuelven en el manto del idealismo y, mientras lo hacen, denuncian el "egoísmo" de otros que se rebajarían a construir casas y apartamentos para otros sólo por dinero. Decir "promotor inmobiliario" es una grosería para aquellos que se indignan en su celo incorruptible de mantener a otras personas fuera de su zona. ¿Por qué es que estos promotores que van escarbando en busca de dinero no pueden conseguirlo a través de una herencia, como muchos de estos idealistas de clase alta?

Mientras tanto, de vuelta en el barrio obrero de Riviera Beach, el Instituto por la Justicia los está defendiendo legalmente; es una de las pocas organizaciones en pro del "interés público" que merece tal calificativo.

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