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Incitación a la guerra de clases en el Pravda Times

Por George Reisman
Traducido por Mariano Bas Uribe

Original publicado el 28 de agosto de 2006.

El artículo principal del New York Pravda Times de hoy se titula "Los salarios reales no se corresponden con el aumento de la productividad". El artículo es una denuncia del capitalismo y su retoño, la "globalización", por permitir que ocurra tal cosa. En la edición impresa del periódico, el subtítulo declara inquietantemente: "Se esperan consecuencias políticas".

Como medio de ofrecer una versión ligeramente velada de la doctrina de la lucha de clases, el artículo cita al editor de "un boletín político independiente". "Actualmente hay dos tipos de economías", decía Mr. Cook, el analista político. "Una candente, funcionando a gran velocidad. Es la de la gente que se ha beneficiado de la globalización, la tecnología, la mayor productividad y los mayores beneficios empresariales". "Y luego están los sufridos trabajadores", continuaba, "que simplemente no sienten que estén mejorando, a pesar de que trabajan muy duro. Y hay mucha más gente en este grupo que en el otro".

El principal "experto" citado en el artículo es un analfabeto económico empleado del Economic Policy Institute, un "grupo de investigación" izquierdista. Éste opina que "si tuviéramos que resumirlo (...) se reduce el poder de negociación y la falta de capacidad de muchos de los trabajadores para reclamar su justa porción del crecimiento". Aparentemente, este "experto" cree, igual que el Times y la izquierda en general, que la relación entre ganancias y salarios se determina mediante alguna forma de "negociación" y que todo lo que se destine a ganancias es a expensas de lo que se destine a salarios y asalariados.

Por supuesto, la realidad es que el número de trabajadores que lo empresarios intentan contratar viene determinado por los niveles salariales y es mayor cuanto menores sean los niveles, y menor cuanto mayores sean. (Esta relación se conoce por el nombre de "demanda" y normalmente se expresa mediante una curva descendente llamada "curva de demanda". El Times y sus "expertos" deberían intentar familiarizarse con este concepto). En un mercado libre, los niveles salariales deben ser a la vez suficientemente bajos en la curva de demanda de trabajo como para hacer posible el empleo de todos aquellos capaces y deseosos de trabajar y suficientemente altos en la oferta de trabajo disponible como para limitar la cantidad de trabajo buscada por los empresarios.

Los intentos de forzar al alza el nivel de salarios a través de la "negociación", es decir, de la "negociación colectiva" coercitiva, por parte del monopolio de los sindicatos sólo sirven para crear desempleo, al reducir la cantidad de trabajo demandado por debajo de la oferta disponible.

A menudo el desempleo que se origina así en alguna línea de trabajo puede ocultarse por la expansión del empleo en otras líneas. Por ejemplo, electricistas y carpinteros capacitados que no pueden trabajar como tales a causa de los salarios altos artificiales impuestos por sus respectivos sindicatos, bien pueden acabar empleados en otras líneas de trabajo más bajas. Pero cuando sucede esto, los salarios de estas líneas inferiores han tenido que bajar, con el fin de absorber el incremento en la oferta de trabajo que resulta de la reducción de empleos ofrecidos por las líneas sindicalizadas. O, si estas líneas están también sindicalizadas o si sus niveles salariales simplemente siguen las escalas sindicales y por tanto no pueden disminuir cuando se incrementa la oferta laboral disponible, la contratación de los electricistas y carpinteros desplazados da lugar al desempleo de otros trabajadores.

En resumen, la fórmula del Times y el resto de la izquierda económicamente ignorante de elevar los salarios en relación con los beneficios causaría desempleo o desigualdades arbitrarias en los niveles salariales entre las distintas ocupaciones. En ambos casos, el resultado ulterior sería menor producción, precios más altos y una rebaja en el nivel de vida.

No es éste el lugar apropiado para ocuparse de las numerosas falsedades ulteriores que se basan en la creencia de que lo que se destina a empresarios y capitalistas como ganancias en una economía libre se hace a expensas de lo que se destina a salarios y asalariados. De esas falacias me ocuparé en futuros artículos.

Recuerdo a los lectores que lo que realmente ayuda a explicar el aumento en las ganancias a expensas de los salarios en la economía altamente intervencionista de hoy en día es la legislación medioambiental. En esencia, ha servido para crear una escasez artificial de tierra y recursos naturales en relación con el trabajo y elevar los ingresos derivados de su propiedad (ingreso al que los economistas clásicos llamaban renta) en relación con los salarios. La renta de los terrenos, por supuesto, aparece en las estadísticas económicas como una ganancia. (Para más detalles, véase mi artículo de 24 de julio "Cómo el ecologismo aumenta los beneficios a costa de los salarios").

También es un factor el déficit presupuestario gubernamental. Esos déficits representan gasto gubernamental que se financia con fondos que se obtienen a expensas de gastos de capital privado, gastos que incluyen tanto los pagos de salarios como inversiones en bienes de capital. El efecto de los déficits no es sólo que los pagos de salarios en el sistema económico sean inferiores, sino también que las ganancias en éste se incrementen artificialmente. Esto último ocurre porque mientras que los ingresos de las ventas en los negocios permanezcan igual, al tomar el gasto público el lugar del gasto privado, los costes de que las empresas restan de sus ingresos por ventas acaban siendo inferiores de los que hubieran sido. Los costes son menores porque el gasto que da lugar a los costes (es decir, precisamente el gasto en trabajo y bienes de capital por parte de las empresas) es menor. Los déficits quitan fondos de los gastos empresariales y por tanto más tarde de los costes que reflejan los gastos anteriores del negocio. De esta forma, su efecto es hacer las ganancias más grandes, así como hacer a los salarios más pequeños.

Quien quiera aumentar los salarios del trabajador medio no debería defender al monopolio sindical y el desempleo y los precios más altos que ocasiona, sino la derogación de la legislación medioambiental, que aumenta las rentas de la tierra a costa de los salarios. Y además, por supuesto, debería defender el fin de los déficits presupuestarios del gobierno y la derogación de cualquier otra legislación que disuada del ahorro y la acumulación de capital o que socave de cualquier otra manera la productividad del trabajo. Tanto el ahorro como la acumulación de capital aumentan la demanda de trabajo, y por tanto los niveles salariales, y asimismo sirven para incrementar la oferta de bienes de consumo y por tanto reducir sus precios. (Incrementan la oferta de bienes de consumo al equipar al trabajador medio con más y mejores bienes de capital, lo que aumenta su capacidad de producir).

El principal obstáculo en el camino del ahorro y la acumulación de capital, y por tanto en el aumento de los salarios reales y el gasto estatal, es el estado de bienestar. Éste es el que necesita de impuestos, déficits presupuestarios e inflación de la oferta monetaria que priva a las empresas de los fondos con los que pagar salarios y comprar bienes de capital. (La inflación puede dar a todos más dinero. Pero no puede proveer dinero adicional suficiente a las empresas como para reemplazar sus activos después de pagar los impuestos que causan los beneficios así exagerados).

Finalmente, quien quiera aumentar los salarios del trabajador medio debe oponerse al enorme y siempre creciente cuerpo normativo gubernamental que hace que aumenten los costes de producción. Contrariamente a la ingenua opinión de la izquierda, los incrementos en los costes no se producen por mucho tiempo a costa de las ganancias. Si lo hicieran, hace tiempo que las ganancias habrían desaparecido. En realidad, el nivel general de ganancias se mantiene más o menos igual. Los incrementos en el coste hacen que aumenten los precios o se reduzcan los salarios, o ambas cosas. Son el enemigo del nivel de vida de las personas normales. Los fanáticos ignorantes que son responsables de causarlos buscando esta o aquella supuesta reforma social beneficiosa (sea en legislación sobre seguridad, guarderías, bajas de maternidad o cualquier otra) son realmente enemigos del trabajador medio. Como análisis final, le hacen ganar menos y pagar más.

En lo que refiere al conocimiento económico, la mentalidad del New York Times y de la izquierda en general es una ignorancia compasiva y sentimentaloide encerrada en una concha impenetrable de ignorancia superresistente y autocomplaciente. A causa de esta mentalidad, trata de promover la guerra de clases.

© 2006, de George Reisman para este artículo. Se autoriza la reproducción y distribución electrónica e impresa, salvo como parte de un libro, y con la obligación de mencionar la web del autor, www.capitalism.net. (Se requiere notificación por correo electrónico al autor). Todos los demás derechos reservados.

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