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Chávez y el tiranicidio

Por Gorka Etxebarría

Insólita imagen. Llamazares, el amigo de Castro, increpando a Aznar por su apoyo al golpismo en Venezuela. La respuesta de Aznar fue tajante: sólo recibió llamadas de Carmona y de los sicarios del sátrapa cubano para evitar la destrucción de sus embajadas. Si lo hubiera hecho, Aznar hubiera actuado como corresponde a un hombre decente: ayudando al fin de una tiranía.

Llamazares, al igual que todos los hijos del comunismo, considera que todo régimen que pisotee los derechos humanos es digno si lo hace en nombre de la revolución. Para Llamazares y otros del mismo pelaje, Chávez es un gran estadista que gobierna legítimamente. Pero no se acuerdan del golpe que dio, ni de los francotiradores que empezaron a arrasar Venezuela hace algún tiempo.

Derrocar a un tirano no sólo no es inmoral sino que es una de las cosas más dignas que puede hacer una persona: acabar con la opresión. Y perdónenme los socialistas, pero opresión implica la imposibilidad de disponer de nuestras vidas y propiedades para buscar la felicidad como se nos antoje.

No significa ser "esclavos del capital" ni implica que el capitalismo conduzca a una lucha darwiniana por la supervivencia donde el menos capaz se muere de hambre. Más bien sucede lo contrario: el intervencionismo arrasa con los derechos individuales y la prosperidad.

Si en vez de derrocar a Chávez sin violencia, se le hubiera asesinado, habría que evaluar el encaje del caso en el tiranicidio. Nuestro escolástico jesuita, Juan de Mariana, entendía que cualquier ciudadano puede matar al rey si éste impone impuestos sin el consenso de la gente, expropia la propiedad privada o previene las reuniones de los parlamentos democráticos.

Chávez ha limitado la libertad de prensa, ha asesinado a ciudadanos que se manifestaban en paz y además ha tratado de modificar la constitución venezolana para hacer lo que le viniera en gana.

Como estableció John Locke, "cuando la ley termina, comienza la tiranía". Y añade que "cualquiera que tenga autoridad y se exceda en los poderes que le han sido concedidos por la ley utilizando la fuerza para sobrepasar los términos de la ley, deja de ser un magistrado y al actuar sin autoridad, se expone a que se le opongan como sucedería en el caso de que un hombre que mediante la coacción vulnerara el derecho de otro". Por último, Locke señalaba que la injusticia puede ser respondida por la fuerza (de la ciudadanía se entiende) sin ser ésta última injusta ya que se opone al ejercicio ilegítimo de la coacción.

Castro en "La historia me absolverá" defiende precisamente el uso de la violencia para desembarazarse de un tirano. Hitler llegó al poder a través de unas elecciones, pero sólo un canalla seguiría oponiéndose a un golpe de estado contra él, después de que aprobase las leyes raciales de Nüremberg. Pero de esto no se acuerdan nuestros amigos socialistas.

A ellos hay que recordarles que los derechos son inalienables y que los individuos no pueden ser sacrificados por ninguna causa. A Chávez convendría retirarle de su cargo y enviarlo a la cárcel. Si se resiste y utiliza la fuerza para evitarlo, creo que ya hemos dicho lo que se puede hacer.

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