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Recursos naturales y medio ambiente

Por George Reisman
Traducido por Mariano Bas Uribe

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Parte A. Recursos naturales

1. El potencial ilimitado de los recursos naturales

El potencial del crecimiento económico no está limitado en modo alguno por una posible extinción de recursos naturales. A pesar de la afirmación hecha tan a menudo de que estamos en peligro de quedarnos sin recursos naturales, el hecho es que el mundo está hecho de recursos naturales —abarrotado de recursos naturales, que se extienden desde los límites superiores de su atmósfera hasta su centro, cuatro mil millas más abajo. Esto es así porque la masa entera de la tierra no está hecha de otra cosa que elementos químicos, todos los cuales son recursos naturales. Por ejemplo, el núcleo terráqueo está compuesto básicamente de hierro y níquel —millones de millas cúbicas de hierro y níquel. Sus océanos y atmósfera están compuestos de millones de millas cúbicas de oxígeno, hidrógeno, nitrógeno y carbón y de menores cantidades, pero aún así enormes, de prácticamente cualquier otro elemento. Incluso las arenas del Sahara no están compuestas de otra cosa que compuestos de silicio, carbono, oxígeno, hidrógeno, aluminio, hierro, etcétera, todos ellos teniendo quién sabe que utilidades potenciales que la ciencia puede algún día descubrir. Tampoco hay elemento alguno que no exista en la tierra en cantidades superiores en millones a las que se hayan podido extraer mediante minería. El aluminio se encuentra en prácticamente todas partes. Hay inmensas cantidades, incluso de los elementos más raros, como oro y platino, de las que pueden encontrarse trazas en los océanos, por ejemplo.

Lo que es verdad para la Tierra puede aplicarse igualmente a cualquier otro elemento planetario en el Universo. Puesto que el Universo se compone de materia, no se compone de otra cosa que de elementos químicos y, por tanto, de recursos naturales.

Tampoco hay ninguna escasez fundamental de energía en el mundo. Se descarga más energía en una sola tormenta que la que produce toda la humanidad en un año. Tampoco la oferta de energía se reduce en modo alguno en virtud de la energía que el hombre captura de la naturaleza. El calor del sol ofrece un suministro constantemente renovado que es miles de millones de veces mayor que la energía que consume el hombre. La cantidad total de energía en el mundo permanece constante a todos los efectos, con un exceso incalculable respecto de lo que consume el hombre y seguirá así hasta que el sol empiece a enfriarse.

El problema de los recursos naturales no es en ningún sentido de escasez intrínseca. Desde un punto de vista estrictamente físico-químico, los recursos naturales son uno y lo mismo con la oferta de materia y energía que existe en el mundo y, de hecho, en el Universo. Técnicamente, esta oferta puede ser descrita como finita, pero a todos los efectos prácticos, es infinita. No constituye el más mínimo obstáculo a la actividad económica—no hay nada de lo tengamos que privarnos de hacer a causa de que la tierra (dejemos de lado el Universo) corra el riego de quedarse sin algún elemento u otro, o sin energía.

El problema de los recursos naturales es estrictamente de usabilidad, accesibilidad y economía. Esto es, el hombre necesita conocer qué diferentes elementos y combinaciones de elementos de los que ofrece la naturaleza son buenos para su uso y además ser capaz de llegar a ellos y emplearlos en la satisfacción de sus necesidades sin tener que emplear una cantidad desmesurada de trabajo para ello. Claramente, el único límite efectivo en la oferta de esos recursos naturales económicamente utilizables —esto es, recursos naturales en el sentido de que constituyen riqueza— es el estado del conocimiento científico y tecnológico y la cantidad y calidad de los bienes de equipo disponibles.

Puesto que la oferta de recursos que suministra la naturaleza es una y la misma que la oferta de materia y energía, la oferta de recursos naturales económicamente utilizables puede incrementarse de forma virtualmente ilimitada. Se incrementa a medida que el hombre expande su conocimiento y poder físico sobre el mundo y el universo.

Por ejemplo, el petróleo, que ha estado presente en el suelo durante millones de años, no se convirtió en un recurso natural económicamente utilizable hasta la segunda mitad del siglo diecinueve, cuando se descubrió su utilidad. El aluminio, el radio y el uranio también se convirtieron en recursos naturales económicamente utilizables sólo durante el último siglo aproximadamente. La utilización económica del carbón y, más recientemente, del silicio, se incrementaron grandemente mediante el descubrimiento de nuevos usos adicionales.

La oferta de recursos naturales económicamente utilizables se incrementa no sólo por el descubrimiento de utilidades para cosas que previamente no tenían utilidad en absoluto o por nuevas utilidades adicionales para cosas que ya tenían usos conocidos, sino también por los avances que permiten al hombre facilitar el acceso a esas cosas—por ejemplo, excavando minas más profundas con menos esfuerzo, moviendo mayores masas de tierra con menos esfuerzo, descomponiendo compuestos que antes no podían utilizarse o hacerlo con menos esfuerzo, consiguiendo llegar a regiones de la tierra previamente inaccesibles o facilitando el acceso a regiones ya accesibles. Todo esto incrementa la oferta de recursos naturales económicamente utilizables. Todos ellos, por supuesto, al mismo tiempo otorgan el carácter de bienes y riquezas a lo que hasta entonces eran simplemente cosas.[1]

Hoy día, como resultado de dichos avances, la oferta de recursos naturales económicamente utilizables es incomparablemente mayor de lo que era al inicio de la Revolución Industrial o incluso hace una o dos generaciones. Hoy día, el hombre puede cavar más fácilmente miles de pies en una mina de lo que antes le costaba cavar diez pies, gracias a avances como equipos de excavación más poderosos, explosivos más potentes, estructuras de acero para bóvedas de minas y bombas y máquinas modernas. Hoy día, un solo trabajador de manejando un buldózer o una pala mecánica puede mover más tierra que cientos de obreros en el pasado utilizando pico y pala. Los avances en los métodos de reducción han hecho posible obtener menas puras de compuestos con los que antes era imposible o demasiado costoso trabajar. Las mejoras en la navegación y construcción de vías férreas y carreteras han hecho posible el acceso a bajo coste a importantes depósitos minerales en regiones previamente inaccesibles o muy costosas de explotar.

A la luz de estos hechos, deberíamos considerar lo estúpido que resulta quejarse, por ejemplo, de que las menas de cobre que hoy día de extraen contengan sólo un 1 por ciento de cobre puro, mientras que a inicios del siglo veinte la menas solían contener un 10 por ciento. Con un trabajador en la cabina de una pala mecánica capaz de mover cientos de miles de veces más tierra en el mismo tiempo que un trabajador con pico y pala, el volumen de cobre puro removido en el mismo tiempo es ahora notablemente mayor, aun cuando las menas tengan la décima parte de pureza. El recursos a estas menas no es una evidencia de que estamos quedándonos sin suministro, sino de que hemos sido capaces de crear fuentes enormemente mayores de suministros que nunca antes. La verdadera realidad de que explotamos esos depósitos es la evidencia de los progresos que hemos hecho. Puesto que no podríamos explotarlos en ausencia de grandes mejoras en la productividad del trabajo.

De forma similar, el desarrollo de fertilizantes químicos y métodos de irrigación de bajo coste han permitido al hombre no sólo incrementar radicalmente la productividad del terreno cultivable, sino de hecho crear más terreno cultivable. Hoy día, terrenos antes desérticos o semidesérticos se han convertido en mucho más productivos que las mejores tierras disponibles para las generaciones anteriores. Israel y California son buenos ejemplos.

No hay límite para los posibles avances futuros. El hidrógeno, el elemento más abundante en el universo, puede convertirse en una fuente de energía económica en el futuro. Explosivos atómicos y de hidrógeno, láseres, sistemas de detección por satélites e incluso los propios viajes espaciales abren nuevas e ilimitadas posibilidades de incrementar la oferta de minerales económicamente utilizables. Los avances en la tecnología minera que harían posibles excavar económicamente a una profundidad de, digamos, diez mil pies, en lugar de las profundidades actualmente mucho más limitadas o cavar minar bajo los océanos, también incrementarían la porción de masa terráquea  accesible al hombre de forma que todos los suministros previos de minerales accesibles parecería insignificante en comparación. E incluso a diez mil pies, el hombre solo estaría, casi literalmente, arañando la superficie, ya que el radio de la tierra se extiende a una profundidad de cuatro mil millas.

Como ya se ha indicado, son posibles avances igualmente drásticos en el campo de la energía. Éstos pueden provenir del uso de la energía atómica, fusión de hidrógeno, energía solar, energía de mareas o energía geotérmica, o incluso por otros procesos aún desconocidos. Las reducciones en los costes de extracción del petróleo de sedimentos óleos y arenas bituminosas proporcionan potencial para expandir el suministro de petróleo económicamente utilizable con una enorme capacidad multiplicadora respecto de la actualidad. El volumen físico del petróleo presente en formaciones como nuestras Montañas Rocosas y Canadá excede con mucho las reservas de petróleo líquido de los países árabes. Todo lo que se necesita es la manera de reducir los costes de extracción.[2] Igualmente también hay grandes terrenos carboníferos conocidos en Estados Unidos suficientes para cubrir la demanda de consumo de carbón para varios siglos y todavía capaces de hacerlo de una forma rentable. Puesto que la mayor parte de los productos petrolíferos pueden fabricarse a partir del carbón, las reducciones en su coste para esos fines podrían representar el equivalente a un enorme incremento en el suministro de los depósitos de petróleo económicamente utilizables.

Puesto que la tierra no es otra cosa que literalmente una inmensa bola sólida de elementos químicos y puesto que la inteligencia e iniciativa humanas en los últimos dos siglos ha sido relativamente libre para operar y ha tenido el incentivo de hacerlo, no debería sorprender que la oferta de minerales accesibles y utilizables exceda hoy con mucho a la que el hombre es económicamente capaz de explotar. Virtualmente en todos los casos, hay enormes reservas conocidas de minerales que no se explotan, por que no es necesario explotarlas. De hecho, si se explotaran habría una sobreproducción relativa de minerales y una relativa escasez de otros bienes —es decir, un despilfarro de capital y trabajo. Virtualmente en todos los casos, es necesario elegir qué depósitos explotar— esto es, aquéllos que, por razón de su ubicación, la cantidad de excavación requerida, el grado de concentración y pureza de las menas y otros motivos, pueden explotarse con los costes más bajos. Hoy día, se mantienen sin tocar enormes depósitos minerales que podrían explotarse con poco trabajo más unidad que lo que costaban los mejores depósitos explotados hace pocas décadas —gracias a los avances en tecnología minera y la cantidad y calidad del equipamiento minero disponible.

Mientras los hombres preserven la división del trabajo, la sociedad capitalista y sean libres y estén motivados para pensar y construir el futuro, el cuerpo de conocimientos científicos y tecnológicos a disposición de la humanidad crecerá de generación en generación, al igual que el equipo capital.[3] Desde esta base, el hombre puede expandir constantemente su poder físico sobre el mundo y así disfrutar  de una oferta cada vez mayor de recursos naturales económicamente utilizables. No hay razón para que, bajo la existencia continuada de una sociedad libre y racional, la oferta de dichos recursos naturales no siguiera creciendo tan rápidamente como en el pasado o más aún.

La clave básica para la disponibilidad económica de recursos naturales es la inteligencia humana motivada y lo que significa: una sociedad capitalista. En una sociedad de este tipo, gran parte de la gente más inteligente dedica sus vidas a la ciencia la tecnología y los negocios. Todos están altamente motivados para incrementar la oferta de recursos naturales económicamente utilizables ante la perspectiva de hacer fortuna por cada éxito significativo que obtengan en este aspecto. No puede haber mayor garantía de capacidad humana para disfrutar de una oferta creciente de recursos naturales.

Los principios esenciales relativos a los recursos naturales pueden resumirse como sigue. Los que la naturaleza ofrece es un suministro de materia y energía que a todos los efectos prácticos en infinito. Al mismo tiempo, la naturaleza no ofrece una sola partícula de recursos naturales en forma de riqueza. La concesión del carácter de bienes económicos y riqueza sobre lo que la naturaleza ofrece es la labor de la inteligencia humana. Una tarea económica esencial del hombre es aplicar progresivamente su inteligencia para lograr una creciente comprensión de la naturaleza y para construir progresivamente mayores y más poderosas formas de bienes de equipo que le den cada vez mayor control sobre la naturaleza.

En este proceso, tanto los avances en conocimiento como en bienes de equipo constituyen por sí mismos una etapa para posteriores avances en conocimiento y bienes de equipo, operando así para dar al hombre mayor comprensión y poder físico sobre la naturaleza —por supuesto, suponiendo que continúe siendo racional, esto es, que continúe pensando y actuando a largo plazo. Por ejemplo, aprender aritmética es una etapa previa a aprender álgebra, que es a su vez una etapa para aprender cálculo y así sucesivamente. Ser capaces de construir las iniciales y primitivas vías férreas y acerías da la capacidad física de poder construir más adelante más y mejores vías férreas y acerías. El desarrollo de la industria metalúrgica es una etapa para el desarrollo de una industria eléctrica y de componentes, que es una etapa para el desarrollo de una industria electrónica e informática, que a su vez es una etapa para el desarrollo de la capacidad de lanzar naves espaciales y así sucesivamente. La combinación del incremento en el conocimiento y en las capacidades físicas hace que una fracción creciente de la masa física de la Tierra y por tanto del universo está cada vez más bajo el poder del hombre para servir a sus fines y así continuamente se engrandece la fracción de la naturaleza que representan los recursos naturales económicamente utilizables y por tanto la riqueza.

Por tanto, la porción de la naturaleza que representa riqueza debe entenderse como una diminuta fracción que empieza virtualmente en cero e incluso aunque desde entonces se haya multiplicado en varios centenares, todavía es virtualmente cero cuando se considera cuán pequeña es la porción de masa terráquea, no digamos del Universo, que está sometida al control del hombre y cuán lejos está el hombre de entender todos los aspectos y utilidades potenciales de lo que ha llegado a estar bajo su control. Parafraseando la afirmación de Ayn Rand  de que lo bueno es un aspecto de la realidad en relación con el hombre: A todos los efectos prácticos, la naturaleza en su infinitud siempre permanecerá lejos de aquellos bienes en relación al hombre que queden por descubrir y dominar respecto de los que hasta ahora se hayan descubierto y dominado, siendo los requerimientos esenciales para avanzar en este proceso la razón y el capitalismo.[4] La razón y el capitalismo posibilitan el progresivo engrandecimiento del carácter de bien y riqueza de la naturaleza y por tanto un incremento continuo en la oferta de recursos naturales económicamente utilizables. No sólo no puede encontrarse mejor garantía de la capacidad de la humanidad para disfrutar de una oferta creciente de recursos naturales, sino que la metafísica subyacente en una naturaleza virtualmente infinita que se enfrenta a una inteligencia humana motivada, que expande continuamente el conocimiento y las capacidades físicas del hombre, asegura que no es necesaria ninguna otra garantía para el éxito de la humanidad.

La creciente amenaza a la oferta de recursos naturales de la que la gente empieza a quejarse no es el resultado de nada físico—no más de lo que lo era cuando se escribieron estas terribles y desesperadas palabras:

Debéis saber que el mundo se ha hecho viejo y no mantiene si antiguo vigor. Él mismo da testimonio de su propio declinar. Las lluvias y el calor del sol están disminuyendo; los metales están prácticamente agotados; el agricultor fracasa en los campos, el marinero en los mares, el soldado en el campo de batalla, la honradez en el mercado, la justicia en las cortes, la armonía en las amistades, la habilidad en las artes, la disciplina en la moral. Esta es la sentencia dada al mundo, que todo lo que tiene un inicio perece, que las cosas que llegan a la madurez envejecen, la fortaleza se debilita, lo grande empequeñece y después de la debilitación y el empequeñecimiento viene la disolución.[5]

Este pasaje no es una cita de algún ecologista o conservacionista contemporáneo. Se escribió en el siglo tercero—mucho antes de que el primer trozo de carbón, gota de petróleo, onza de aluminio o cualquier cantidad significativa de cualquier mineral hubiera sido arrancado de la tierra. Entonces como ahora, el problema no era físico, sino filosófico y político. Entonces como ahora, la gente se alejaba de la razón y se dirigía al misticismo. Entonces como ahora, crecían menos libres y se encontraban cada vez más bajo el poder de la fuerza física Por eso creían, y por eso la gente en nuestra cultura empieza a creer, que el hombre está indefenso frente a la naturaleza. No hay indefensión en absoluto. A los hombres que usan la razón y son libres de actuar, la naturaleza les da cada vez más. A aquéllos que se alejan de la razón o no son libres, les da cada vez menos. Y nada más.

 

La crisis energética

Se ha hablado mucho de escasez de energía. Obviamente no hay escasez de energía en la naturaleza y no hay razón inherente por la que la humanidad no pueda ser capaz de continuar con el progreso de los dos últimos siglos y obtener un acceso económico a más y más oferta de una energía natural virtualmente infinita.

Incluso si se secaran los depósitos de petróleo líquido en los próximos cincuenta años, no hay razón por la que, antes de que se sequen, los hombres no puedan ser capaces de producir productos petrolíferos a partir de sedimentos óleos, arenas bituminosas o carbón con menos trabajo que el que se emplea hoy día para el petróleo líquido—tal y como actualmente se produce hierro y cobre a partir de menas relativamente de menor pureza con bastante menos trabajo que el que se empleaba en menas de mayor pureza. De hecho hoy hay productos petrolíferos que se pueden producir a partir de estas fuentes con bastante menos trabajo del que se podía emplear en el pasado para producirlos a partir del petróleo líquido. El poder de la mente humana, operando en el contexto de una sociedad capitalista y de división del trabajo es evidentemente tal, que no deja lugar a dudas de que se podrían logran resultados beneficiosos similares con respecto a los productos petrolíferos en los próximos años.

La crisis energética de los años 70 fue puramente política. Esencialmente, fue el resultado de hacer completamente ilegal producir energía. En casi todos los países extranjeros, la propiedad de los depósitos de petróleo y gas natural se ha convertido en monopolio del gobierno. Simplemente, es ilegal para los ciudadanos privados producir esos bienes y por tanto su producción se ha restringido por todas las ineficiencias de la propiedad gubernamental.[6] En Estados Unidos, el Gobierno Federal se atribuye la propiedad de la plataforma continental y de la mayor parte de los terrenos de los Estados del Oeste. A partir de esta atribución, y bajo la justificación de la “preocupación por el medio ambiente” ha vetado el aprovechamiento de muchas de las más prometedoras áreas de prospección de petróleo y gas. Se han dejado aparte como “reservas de la vida salvaje” y “áreas silvestres” y así se ha prohibido su explotación. De esta forma, y mediante otras que explicaremos más adelante en este libro, el gobierno hizo ilegal producir energía. Ésta es la única razón por la que hubo una crisis de energía.[7] La reducción sustancial en el intervencionismo estatal que se llevó a cabo a inicios de los 80, sobre todo la eliminación de los controles de precios en el petróleo, hizo desaparecer la crisis energética. Lograr un mercado de la energía completamente libre aseguraría la recuperación de la creciente abundancia de la energía y la disminución del coste real que caracterizó al mundo occidental en los doscientos años anteriores a los 1970.

Sin embargo, lamentablemente, la política gubernamental de restringir la oferta de energía continúa. Continúa preservando cada vez más territorio de su exploración y explotación: prácticamente toda la plataforma continental de los Estados Unidos tiene vetadas nuevas perforaciones petrolíferas y es dudoso que se autoricen nuevas explotaciones en Alaska. El gobierno incluso prohíbe el uso de instalaciones ya existentes para producir energía, siendo los dos casos más conocidos la planta de energía atómica de Shoreham, en Long Island, en el estado de Nueva York y la refinería de fuel y gas Gaviota, cerca de Santa Barbara, California. La planta de Shoreham, completada en 1984, con un coste de cinco mil quinientos millones de dólares (5.500.000.000$), tiene capacidad para cubrir la tercera parte de las necesidades de energía de los más de 900.000 hogares de Long Island. Sin embargo, nunca se le ha permitido operar más allá del nivel de pruebas y en octubre de 1994 se desmanteló de hecho su reactor nuclear.[8] La planta Gaviota, completada en 1987 con un coste de dos mil quinientos millones de dólares (2.500.000.000$), tiene capacidad para refinar 100.000 barriles de petróleo diario. Pero tampoco ha recibido nunca permiso para operar, a causa de las políticas medioambientales del Estado de California y el Condado de Santa Barbara.[9]


[1] La mayor parte de esta sección apareció previamente en mi libro The Government Against the Economy (Ottawa, Ill.: Jameson Books, 1979), páginas 15-19.

[2] En los últimos años se han hecho progresos considerables en la reducción de los costes de extracción de petróleo de arenas bituminosas, hasta el punto de que constituyen aproximadamente una cuarta parte de la producción de crudo de Canadá. El petróleo recuperable sólo de los depósitos de Alberta se estima en 300 mil millones de barriles, frente a los 265 mil millones de barriles estimados para Arabia Saudí. Ver el New York Times de 28 de diciembre de 1994, página C5.

[3] Ver George Reisman, Capitalism (Ottawa, Illinois: Jameson Books, 1998), páginas 123-128, para una explicación de cómo la división del trabajo ofrece un marco para el crecimiento económico continuo. Ibídem, páginas 176-180, una explicación de cómo, en una sociedad con división del trabajo la expectativa de ganancias conlleva un crecimiento económico continuo y también, páginas 622-642 para una explicación del proceso de acumulación del capital.

[4] Ver Ayn Rand, Capitalism: The Unknown Ideal (New York: New American Library, 1966), página 14.

[5] En W. T. Jones, The Medieval Mind, volumen 2 de A History of Western Philosophy (New York: Harcourt, Brace, and World, 1969), página 6.

[6] Ver George Reisman, Capitalism, páginas 303-304, para conocer las razones por las que la propiedad gubernamental de una industria causa ineficiencia.

[7] Ibídem, páginas 234-237.

[8] “Completado el desmantelamiento de la Planta Nuclear de Shoreham”, New York Times, 13 de octubre de 1994, página B6. Ver también “Nuevo episodio en Shoreham: New York pleitea para quedarse con la Planta”, Ibíd., 29 de junio de 1990, página B3. Es de destacar que los ecologistas que destruyeron la planta de Shoreham atacaron a su propietaria, la compañía Long Island Lighting (Lilco), por tener tarifas eléctricas altas, aunque sus políticas no tengan nada que ver con estas tarifas. Además, parece que la aceptación de Lilco en su eliminación total se obtuvo mediante una oferta de adquisición de 9 mil millones de dólares por parte del Estado de Nueva York, que se va a financiar con la venta de bonos municipales por esa cantidad. Si se hace efectiva esta oferta, se repetiría la secuencia evidenciada previamente en la adquisición gubernamental de la industria ferroviaria americana, esto es, en primer lugar, la destrucción gubernamental de la rentabilidad de una industria o compañía, seguida por el alivio comparativo de la socialización a un precio que al menos ofrezca en cierto modo una compensación. A partir de un comunicado oficial sobre la oferta de adquisición, que incluía un precio de compra de acciones de Lilco a 21,50$ la acción, éstas subieron de 25 céntimos a 17.375$ en la Bolsa de Nueva York. (Wall Street Journal, edición Oeste, 28 de octubre de 1994, página A9.)

[9] Ver “Las crisis de Oriente Medio pone de nuevo la atención en una refinería abandonada en California”, New Tork Times, 1 de septiembre de 1990, página 1.

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