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Todo un hombre de Estado

3 de Julio de 2009

¿Nos expolian el oro?
Este martes escribí en Libertad Digital un artículo defendiendo la libre explotación de los recursos naturales con el ejemplo de la empresa Kinbauri Gold Corporation, que piensa convertir a España en uno de los principales productores de oro de Europa:
Kinbauri fue la primera empresa que detectó la existencia de amplios yacimientos de oro en España, o que consideró que era posible explotarlos de manera rentable. ¿Acaso no es importante que las empresas se dediquen a aquello que necesitan los consumidores lo antes y de la manera más eficiente posible? Eso es lo que ha hecho Kinbauri: preocuparse por extraer oro de unas minas abandonadas durante casi 2.000 años.

Kinbauri Gold Corporation
cotiza en bolsa. Ahora mismo, cada acción de la empresa cuesta alrededor 60 céntimos de dólar, y Vern Rampton estima que para 2010, gracias a los beneficios de la extracción de oro, rozará los 5 dólares (su valor se multiplicará más o menos por ocho). Tal vez esté loco y sus expectativas no se cumplan, pero de ahí que la rentabilidad futura no sea un ejercicio de habas contadas. Y precisamente por esa incertidumbre, ni los españoles tenemos que invertir forzosamente en extraer oro ni, si alguien se lanza a extraerlo, nos está expropiendo algo: todos aquellos (españoles o no) que creamos en la viabilidad del negocio somos libres para invertir nuestro dinero en él, basta con que compremos acciones de Kinbauri. Así es como el capitalismo distribuye recursos y aúna esfuerzos: no en función de las filiaciones colectivas, sino de las decisiones individuales.
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1 de Julio de 2009

Las crisis no son épocas para lujos
Hoy he publicado en Libertad Digital un artículo corto sobre el sinsentido que supone invertir en energías renovables para crear riqueza:

Este razonamiento primario que casi cualquiera entiende y cuya verificación no requiere más que una mirada fugaz a la realidad trastoca sus términos cuando se incorpora a las teorías de esa plaga económica que son los keynesianos. En sus modelos, los despilfarros lujosos no son un lastre para la recuperación de las crisis, sino uno de sus principales motores.

Sólo así puede entenderse que Obama proponga invertir en las carísimas energías renovables para crear riqueza. Sí, leen bien: el presunto gran beneficio que nos proporcionarán las lluvias de millones que caerán en forma de generosas subvenciones sobre los molinillos y las placas de silicio es que nos ayudarán a salir de la crisis creando puestos de trabajo.
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Supercherías keynesianas
Egócrata describe en esta anotación el argumentario típico de los keynesianos. Básicamente:

- El Estado tiene que gastar mucho para compensar la caída de la demanda privada.
- Si el Estado se endeuda al 1% y la economía crece, el Estado gana dinero.
- Un 60-70% de deuda sobre el PIB no debe preocuparnos y no lastra la economía.
- A medio plazo los enormes déficits de España son imprescinibles para intentar controlar la espiral deflacionista.
- Los inversores no tienen oportunidades mejores de inversión que la deuda pública.
- Al final, toda la gentil actuación del Estado puede fracasar si la contracción crediticia sigue su curso.

Krugman se quejaba en un reciente post de que los economistas tendían a simplificar por no considerar la existencia de tres mercados: dinero, bonos y bienes. Serán los economistas que él conoce, claro. Lo grave, sin embargo, es que esa brutal simplificación que denuncia es la misma que aplica a su modelo: sólo existe algo que sea dinero (no considera la posibilidad de monetizaciones y desmonetizaciones parciales); sólo existe un mercado para los bienes de capital (como si todos fueran homogéneos, perfectamente reconvertibles y divisibles y carecieran de jerarquía y complementariedades) y sólo existe un mercado de bienes y servicios (cuya composicion se antoja poco relevante... por algo estamos en macro). Ya expliqué en su momento que este tipo de análisis no sirven de nada porque no tienen nada que ver con la realidad.

Y mucho me temo que las prescripciones políticas que de ahí se deriven tampoco servirán de nada. Se queja Egócrata de que tras el pinchazo de la burbuja la demanda agregada ha caído. Hombre, es una cuestión muy simple. Los promotores podían antes comprar MUCHO porque sus 800.000 pisos tenían salida (precisamente por ser una burbuja con esquema Ponzi); hoy como su producción no tiene salida tampoco pueden demandar. Tres cuartos de lo mismo sucede con los bancos, si tu capacidad para demandar (esto es, para conceder crédito y que otros demanden) dependía de la generación de riqueza en unos sectores muy concretos de la economía (construcción) y ahora se comprueba que esos sectores son ruinosos, su demanda (crédito) forzosamente cae.

¿Qué hay que hacer? Los keynesianos no se dan cuenta (muchos ni siquiera quieren darse cuenta porque tendrían que abandonar sus esquemas cuadriculados) de que con una estructura productiva dirigida a producir pisos, sólo queda asumir que nos hemos equivocado, que toca asumir pérdidas (no teníamos ninguna gallina de los huevos de oro) y que hay que readaptarse (consumir menos, porque somos menos ricos y porque tenemos que ahorrar para poder invertir en nuevas empresas). Su idea es otra: aquí no es necesario que se adapte nada, porque como el capital (K) tiene una misma naturaleza, sólo tiene que reasignarse y reorientarse de unos sitios a otros. Lo único relevante es mantener el valor del capital generando unas expectativas esperanzadoras que no fuercen a la gente a desinvertir, dejar de consumir y atesorar el dinero bajo el colchón.

¿Cómo? Pues si los ciudadanos tienen miedo y están saliendo de su estado de burbuja, ¡qué el Estado nos mantenga en la fiesta! Gastemos y gastemos para que nadie se dé cuenta de que es más pobre (eso sí, con cargos a deuda pública, esto es, unos supuestos ingresos futuros que ya veremos si alguna vez se producen), estabilicemos demandas (pobres promotores, pobres bancos, pobres períodicos de papel, pobres automovilísticas... si su mercancía sigue siendo igual de buena que hace tres años, ¿por qué nadie la compra compulsivamente?) y, sobre todo, evitemos que caigan los precios de los activos y de los bienes de consumo, ya que ello generaría espirales deflacionistas que son lo peor que puede haber. Con un poco de suerte, pasaremos de una burbuja a otra, esto es, de producir unos bienes completamente inútiles a producir otros también completamente inútiles y todo en nombre de la prosperidad y el bienestar humano. ¿Qué haríamos sin burbujas? ¿Cómo saldríamos de este funesto equilibrio con desempleo al que tiende la desdichada organización humana capitalista?

Dos simples comentarios sobre las políticas anteriores, uno de contabilidad y otro de finanzas. Primero, si el valor de tu activo cae, eres más pobre. Puedes llevar la pérdida a libros o no; la diferencia es a quién engañas, pero no cambias la naturaleza de tu ruinoso negocio (que se lo digan a Enron). Frente a esto, incrementar tus deudas no parece la opción más inteligente, sobre todo si las destinas a gastos corrientes. Un incremento de los pasivos también equivale a un empobrecimiento de mi situación patrimonial. ¿En serio creemos que resulta positivo recibir dos mazazos, uno por el lado del activo y otro por el del pasivo? Segundo, a precios que ya se sabe inflados nadie invierte (salvo los especuladores a quienes les vaya mucho la marcha). Simplemente porque se sabe que el crédito y el gasto forzado no pueden sostener precios artificiales de manera permanente. No hay excepción. Los precios han de caer precisamente para que se genere lo que Benjamin Graham denomina "margen de seguridad", esto es, precios lo suficientemente bajos como para eliminar un ulterior riesgo bajista a largo plazo. La bolsa no ha subido casi un 50% desde marzo porque el Estado se haya puesto a comprar acciones, sino porque en marzo se alcanzaron precios ridículamente bajos como para no entrar en el mercado.

Y si los precios no caen, ¿cómo vamos a generar nuevas oportunidades de inversión? ¿Quién compra un inmueble a PER 25 cuando sabe que le queda una caída de alrededor del 30%? Es que resulta simplemente suicida: es bastante probable que si cualquier empresa se come esa pérdida, acabe descapitalizada.

Lo único seguro es la deuda pública, se dice, y aparentemente eso no nos debe preocupar porque el Estado se financia "gratis" y porque es lo que toca hacer ahora mismo. Entiendo que a los aficionados a las burbujas como base del crecimiento, les parezca fantástico que se generen burbujas en la deuda pública. Si nos fijamos, lo único que realmente se ha abaratado es la financiación a corto plazo del Estado:



Dicho de otra manera, el Estado tiene muy poderosos incentivos a ir concentrándose en los vencimientos más cortos de la deuda (como, por cierto, predecía aquí muy correctamente Antal Fekete) y cuanto más bajos estén los tipos de interés, más cortos tenderán a ser esos vencimientos (invertir a 20 años al 1% es desastroso, ya que un mínimo repunte de los tipos te erosiona casi todo el capital). Así pues, se endeuda a corto e invierte a largo. ¿No hay de qué preocuparse? Algunos confunden financiarse gratis con gastar gratis; una cosa es que no nos cobren casi intereses por el crédito y otra que no haya que devolver ese crédito. Es cierto que niveles del 60% o 70% de deuda son sostenibles, siempre y cuando la economía vuelva a crecer. Lástima que el gasto público financiado con deuda nos empobrezca (simple contabilidad) e impida el reajuste para volver a crecer. Y si no volvemos a crecer, lo normal es que te pase como en Japón:



E incluso un Japón en el mundo es sostenible si el resto de países tienen las finanzas saneadas. Pero, ¿qué sucede cuando todos están empantanados? ¿Es sostenible que todo el mundo tenga deudas públicas del 100% sobre el PIB? Pues no, y entonces es cuando viene la quiebra de algún país o sistema financiero que "frustra" todo el abnegado esfuerzo de los economistas keynesianos y cuando estos nos dicen: "Estuvimos a punto de lograrlo, lástima que tuviéramos mala suerte y quebrara tal país". Lo dicho, en lugar de ciencia, tiran las cartas.

30 de Junio de 2009

Los keynesianos cebaron la crisis subprime
Este mes publico en el Cato Institute un artículo sobre las recomendaciones de Krugman de crear una burbuja inmobiliaria para salir de la crisis de las puntocom:
Arnold Kling ha resumido con incisiva perspicacia la base del debate entre keynesianos y austriacos frente a las crisis económicas: “¿Es mejor una recuperación distorsionada que una recesión sin distorsiones?”. Los keynesianos, aun sin ser conscientes de ello, abogan por abortar el proceso de liquidación de malas inversiones (crisis) antes de que concluya y de iniciar acumulativamente una nueva fase de proyectos empresariales erróneos (recuperación). La idea final es encadenar lo peor con lo malo bajo la esperanza de que las economías siempre dispondrán de una plataforma en la que apoyarse para lograr impulso ante sus políticas de estímulo artificial.

Los keynesianos han venido calificando esta situación como “trampa de la liquidez”, es decir, un escenario en el que por muy bajos que sean los tipos de interés no se logra que los agentes económicos demanden crédito para acometer nuevas inversiones. No entienden que si se ha llegado a semejante extremo es porque en el pasado han deteriorado tanto las posiciones de liquidez de los agente que ya nadie está en condición de volver a endeudarse (un incremento del pasivo supone un deterioro adicional de la liquidez). Puedes llevar al caballo al río pero no puedes forzarlo a beber.
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29 de Junio de 2009

Entrevista con Antal Fekete
Aprovechando la visita a España de Antal Fekete aproveché para realizarle una entrevista. La podéis leer aquí. Creo que no dice nada realmente nuevo que no aparezca en sus artículos, aunque tampoco creo que la mayoría de la gente los haya leído. No estoy totalmente de acuerdo con muchas de las cosas que dice (por ejemplo, que debamos ir necesariamente a una segunda gran depresión), aunque sí es una perspectiva interesante y, sobre todo, que los políticos pueden convertir en realidad.

27 de Junio de 2009

La insuficiencia del monetarismo
Ya sabréis que considero al monetarismo una deplorable desviación del buen curso hacia el que estaba orientada la teoría monetaria a finales del s. XIX y principios del XX. Toda teoría monetaria medianamente seria debería partir de este fabuloso artículo de Menger sobre el dinero (o al menos incorporarlo desde un principio, no digo que antes de Menger no se escribiera nada bueno sobre el dinero). Uno se sorprende de cuánto ha degenerado la teoría monetaria cuando se da cuenta de que todos los manuales de este tema citaban reiteradamente el artículo de Menger a comienzos del s. XX y ahora ninguno lo hace.

El monetarismo, por supuesto, ignora la tesis de Menger sobre la liquidez de los bienes y sólo por eso ya se convierte en una doctrina acientífica. Existe casi unanimidad en que la economía comienza a ser ciencia en cuanto la ley de la utilidad marginal decreciente. Hasta ese momento, nos encontramos en la prehistoria de la ciencia económica.

Lo sorprendente del caso es que muy pocos se dan cuenta de la íntima conexión que existe entre la utilidad marginal decreciente y la liquidez de los bienes, es decir, muy pocos se dan cuenta de que o manejan modelos donde no existe el dinero (equilibrio general) o de que manejan modelos donde al dinero se le da un trato precientífico al no someterlo a la utilidad marginal decreciente (monetaristas). Estos últimos, con su fijación obsesiva en los pasivos bancarios se olvidan de que a) existen pasivos más allá de la banca que son muy relevantes para las interacciones económicas, b) los pasivos son simplemente derechos sobre unos activos que nunca analizan, salvo de manera muy primaria (¿cuáles son las reservas del banco?).

Lo primero lo han intentado solucionar ampliando gradualmente la definición de dinero: M1, M2, M3, M4 o ALP e incluso M5. Todo un despropósito que sólo ilustra la escasa claridad de los conceptos empleados y la insuficiencia del análisis del lado pasivo de la economía. Lo segundo, hasta donde sé, ni siquiera han intentado solucionarlo. Es un problema que no se han planteado.

De ahí que realmente quepa salvar muy poco de la teoría monetaria de Friedman y compañía (cuestión distinta es su historiografía económica, donde perpetran recopilaciones de datos muy valiosas). La crisis actual precisamente ilustra que las teorías monetaristas no se han cumplido y que urge una revisión urgente de dogmas tan asentados e incorrectos como la teoría cuantitativa del dinero.

Básicamente, siguiendo el análisis de Friedman en la Gran Depresión, las crisis se suceden por una contracción de la oferta monetaria que los bancos centrales pueden revertir mediante políticas monetarias activas. Por supuesto, el mejor de los mundos sería donde la oferta monetaria no pudiera contraerse por aumentar a una tasa constante tal y como proponía el chicaguense (aunque a estas alturas debería haber quedado claro que el crédito en una economía no depende sólo ni principalmente de la expansión de los pasivos del banco central).

La primera tesis (las crisis se desencadenan por una contracción de la oferta monetaria) la critiqué aquí. La segunda (la política monetaria activa del banco central es capaz de darle la vuelta a la crisis) la he analizado recientemente aquí. Más bien es al contrario, las crisis comienzan por una expansión monetaria previa del sistema bancario (generalmente comandadas o incentivadas por el banco central) y una vez se inicia la contracción, la política del banco central deviene estéril salvo para generar nuevas burbujas que tendrán que pinchar eventualmente.

Con estos mimbres, claro, no es de extrañar que Friedman no diera casi ni una en 2005 a la hora de pronosticar hacia dónde se dirigía la economía. Viento en popa a toda vela hacia una catástrofe que su aparato analítico no supo anticipar ni, ahora, explicar.
La estupefaciente realidad del empleo verde
Hemos subido en el Instituto Juan de Mariana la réplica completa a José María de la Viña, sin cortes, publicidad, apostillas, lamentos, comentarios o necrológicas. Y con el título, que ni siquiera eso apareció:

El número de proyectos técnicamente posibles y de los que nos podríamos beneficiar es casi infinito. Pero precisamente porque los recursos no son infinitos y hay que economizarlos, no pueden iniciarse todos a la vez; hay que priorizar, esto es, elegir unos y descartar otros. ¿En base a qué criterios? El criterio del libre mercado es bastante claro: dedicar los recursos con un menor coste (aquellos que tienen usos alternativos poco importantes) a producir los bienes que se esperan vender a un mayor precio (aquellos relativamente más importantes para los consumidores). De este modo, las necesidades más acuciantes se van satisfaciendo con las menores renuncias posibles.

¿Qué criterio ofrece De la Viña para asignar los recursos? Realmente ninguno: propone que España se dote de “políticas de Estado (…) razonables, sensatas, coherentes, consensuadas y con un amplio horizonte temporal”. Pero esto no es más que un desiderátum sin contenido concreto alguno. Lo podríamos colocar en la misma categoría de ingenuas buenas intenciones sin más utilidad que el confortable sentimentalismo que “hay que terminar con hambre en el mundo” o “deseo la paz mundial”.

Lo esencial, sin embargo, no son los puestos de trabajo que haya creado la energía renovable, ya que bien podríamos haber generado más empleos subvencionando sectores menos capital intensivos. Lo esencial son los más de 28.000 millones de euros que van a tener que arrebatarse al resto de la economía sólo para lograr que las renovables sean rentables. Ese es el auténtico error y perjuicio que generan: creer que tapiando las ventanas y prohibiéndonos aprovechar la luz del sol incrementaremos la riqueza nacional y el empleo en la industria de velas o bombillas. No, ningún país se vuelve más rico encareciendo el precio de su energía; incluso la propia investigación en energías renovables más eficientes se vuelve más productiva si la electricidad que utilizan los investigadores es más barata.

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25 de Junio de 2009

Gabriel Calzada en el Washington Post
George Will, uno de los columnistas más influyentes de Estados Unidos, dedica su columna semanal al informe sobre las energías renovables dirigido por Gabriel Calzada y en el que he participado. Podéis leer su artículo traducido al español en Libertad Digital.
Contra Milton Friedman
He escrito un artículo en LD donde reviso algunas de las tesis más populares de Friedman a la luz de la crisis actual. Digamos que no sale muy bien parado:
Los últimos datos del Flow of Funds estadounidense (la estadística trimestral que mide el endeudamiento del país) han resultado devastadores para las tesis del estadounidense. Pese a que ya llevamos medio año con unos tipos de interés cercanos al 0%, el endeudamiento privado de las familias se reduce un 1,1%, el de las empresas un 0,3% y el de los bancos un 10,5%. El único sector que se está aprovechando del dinero barato es el único que no se debería estar aprovechando: el Gobierno federal, que en apenas un trimestre ha incrementado su endeudamiento un 22,6%.

¿Y qué sucede con el segundo punto de la disputa entre Palyi y Friedman? Pues aunque Bernanke ha multiplicado casi por tres la cantidad de dinero, los bancos han comenzado a atesorarlo con intensidad, hasta el punto de que sus depósitos apenas han aumentado (y ciertamente no habrían aumentado nada de no ser por el fuerte endeudamiento público). De nuevo, por tanto, Palyi tenía razón: los bancos centrales no tienen una capacidad absoluta para reactivar el crédito privado. Tan o más importante que la oferta de crédito es su demanda.
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Segunda parte de la réplica a El Confidencial
José María de la Viña ha publicado en su blog la segunda parte de nuestra réplica a su artículo. Esta vez aun ha sido menos elegante que la anterior, y la ha intercalado con la noticia de la muerte de Vicente Ferrer y, por supuesto, con más comentarios suyos.

Ahora no distingue entre que las empresas quiebren en el sector privado porque sus recursos sean más urgentemente demandados en otras partes de la economía (coste de oportunidad, vamos) con que las subvenciones estatales supongan una pérdida neta de riqueza porque impiden esa reorientación.

En fin, leedla si es que podéis distinguir el texto entre tanta maleza que digo yo que para algo se habrá puesto.

24 de Junio de 2009

El libre mercado contra el descalce de plazos
En este artículo para el Instituto Juan de Mariana hablo de diversos mecanismos, diversos a la regulación pública, que permitirían en un mercado libre combatir la transformación de plazos:
En la medida en que los acreedores puedan exigir el pago de los billetes bancarios a la vista, tendrán capacidad para forzar la liquidación anticipada de la cartera de inversiones de la entidad. Dado que no existe dinero de curso forzoso y que, por tanto, ninguna institución puede en toda circunstancia crear dinero y diluir el valor de las deudas de los bancos (función actual del banco central), éstos deberán mantenerse relativamente líquidos ante la amenaza de una demanda masiva de conversión de sus pasivos a la vista por parte de sus acreedores (bancos o particulares).

No me cabe duda de que una sociedad libre desarrollaría a largo plazo un mercado con estas características y tampoco de que un mercado con estas características (un sistema bancario sin privilegios y con contratos bien definidos, cuyo cumplimiento es vigilado por operadores, analistas, clientes y por la propia reacción espontánea del mercado) sería infinitamente más estable y próspero que el actual y que cualquier otro que la regulación pública pueda engendrar (básicamente porque los conceptos de "plazo" y "riesgo" están lejos de tener un significado único y permanente como para excluir múltiples definiciones en competencia y constante readaptación).
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22 de Junio de 2009

Una crisis y cinco errores en El Mundo
Ayer se publicó en el suplemento de Mercados una amable reseña de nuestro libro.

21 de Junio de 2009

El oro como el mejor dinero posible
FDV ha tenido la amabilidad de grabar y editar mi conferencia del jueves en el Gold and Silver Meeting: el oro como el mejor dinero posible.

19 de Junio de 2009

La eficacia del Plan Obama
Aunque probablemente muchos ya conozcáis el gráfico, ayer James Turk lo trajo a colación en las conferencias y conviene recordarlo. Este gráfico refleja la estimación de desempleo que hacía Obama si no se aprobaba su plan de estímulo, frente a la que estimaba en caso de aprobarse y frente al desempleo actual. Como suele pasar, Obama creía que el gasto público ayudaría a la economía y puede suceder perfectamente que la esté lastrando todavía más vía crodwing out. Lo mismo sucedió en España aunque, también siguiendo la experiencia de nuestro país y de la Gran Depresión, no hay que desdeñar la capacidad a medio plazo del Estado para colocar a los trabajadores (a costa, claro, de un mayor desempleo futuro).


Los pies de barro del crecimiento inflacionista
En este artículo desarrollo algunas de las ideas que Antal Fekete nos ofreció en el seminario intensivo que ofreció en el Instituto Juan de Mariana la semana pasada. Aprovecho el post para abrir un hilo entre los participantes con el objetivo de dejar negro sobre blanco nuestras dudas y mandárselas al profesor.

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