Todo un hombre de Estado: Agosto 2008Bitácora de Juan Ramón Rallo Julián
25 de Agosto de 2008La crisis económica sigue empeorando
La última subida del Índice de Precios Industriales (IPRI) ha sido brutal: el 10,2%, la más elevada desde noviembre de 1984.
Sin embargo, más preocupante que el dato aislado son sus repercusiones en el resto de la economía. En mayo ya apunté que los márgenes del comercio minorista se estaban hundiendo. Y es que, en principio, buena parte del comercio minorista compra bienes industriales para revenderlos al consumidor. Dicho de otra manera, el alza del IPRI es un buen indicador del alza en sus costes, mientras que el incremento del IPC es un buen indicador del aumento de sus ingresos. La evolución no puede ser más preocupante. Mientras que los costes crecen al 10,2%, los ingresos lo hacen al 5,3. Se trata del mayor retroceso en su margen de beneficios desde que hay datos. ![]() La imagen es clara. Los períodos donde el IPRI supera al IPC son períodos de erosión del margen de beneficios; los períodos en los que el IPC supera el IPRI lo son de mejora del margen. Un menor margen no signifca, sin embargo, que las empresas estén ganando menos, ni en términos absolutos ni en cuanto al retorno sobre el capital. Si la rotación de las mercancías se incrementa, se puede ganar menos por unidad, pero más en el conjunto (modelo de negocios de Wal Mart). El problema es lo qué nos puede estar indicando que el margen de beneficios sufra una erosión tan acelerada: que los minoristas no son capaces de repercutir la subida de sus costes a sus clientes porque el consumo se está hundiendo. Y esto es precisamente lo que indican las estadísticas: ![]() En otras palabras, los comerciantes venden menos y con un menor margen. Normal que el sector esté en crisis. Pero tampoco creamos que la industria está mucho mejor. De los datos del IPRI de hoy también podemos tratar de aproximar cuánto se está degradando el margen de beneficios de la industria. Si suponemos que la industria vende bienes de consumo finales y tomamos la energía y lo comparamos con la evolución de los precios de la energía, tenemos que el encarecimiento de los precios de los bienes de consumo industriales no compensa (en términos relativos) ni de lejos el encarecimiento de la energía: ![]() No en vano, el Índice de Producción Industrial está registrando una preocupante tendencia que a largo plazo sólo amenaza con seguir: ![]() Las causas de todo esto podéis encontrarlas resumidas aquí. Básicamente, España necesita una fuerte reestructuración de su estructura productiva para repagar el enorme volumen de deuda internacional que ha contraído durante los últimos años y para seguir financiando su déficit exterior. Suele haber un cierto debate sobre la crisis económica española es endógena (habría sucedido aunque no hubiese habido subprime) o exógena (la causó la crisis subprime). Lo primero favorece al PP (Zapatero tiene la culpa), lo segundo no perjudica al PSOE e incluso lo favorece (la culpa la tiene Bush quien contó con el apoyo de Aznar). Me parece un debate artificial. La causa de la crisis española y de la crisis subprime es la misma: el sistema financiero internacional basado en una moneda incovertible de curso legal y los bajísimos tipos de interés que propiciaron los bancos centrales. La crisis española habría ocurrido aunque no hubiese estallado la crisis subprime (¿alguien cree que pueden mantenerse a largo plazo déficits corrientes que crecen al 10% y precios de la vivienda con un PER superior a 30?), pero se ha visto agravada y acelerada por la llamada crisis subprime (cuyo alcance en realidad es mucho mayor que las simples hipotecas subprime). ¿Zapatero tiene la culpa? Bueno, su actuación ha agravado la crisis pero no la ha causado. Si hubiese liberalizado el suelo y el mercado de alquileres, la burbuja inmobiliaria hubiese sido mucho menor; si no hubiese apostado tanto por las energías renovables y hubiese permitido otras formas de energía alternativas sustitutivas al petróleo, el déficit corriente sería menor; si no hubiese incrementado tanto el gasto público consolidado, hoy el déficit público sería inferior. De todas formas, en buena medida todas estas distorsiones (salvo la del gasto público) hubiesen subsistido con un Gobierno del PP. ¿Tiene Bush la culpa? Desde luego si no hubiese incrementado descomunalmente el gasto público para financiar la guerra de Irak y sus programas sociales, EEUU no tendría hoy déficit público, de modo que el dólar sería una moneda de reserva de mayor calidad y la burbuja de las commodities habría sido menor. Además, la Fed habría tenido una menor presión para expandir el crédito de no haber tenido que financiar cantidades tan grandes de deuda pública. No hemos tenido, desde luego, los mejores gobernantes para afrontar la presente crisis. Pero la causa originaria de todo el problema está en el sistema monetario internacional y en la expansión crediticia propiciada por los bancos centrales. Conviene no olvidarlo. Más sobre la economía mainstream y la crisis económica
Bueno, primero pusimos a Peter Schiff como ejemplo de un austriaco que sí predijo correctamente la crisis. Luego a Milton Friedman como ejemplo de un célebre monetarista que no dio ni una. Ahora varios premios Nobel muestran su desconcierto ante la crisis actual.
Desde luego, algunos se están luciendo. Ni función predictiva ni explicativa les queda a sus teorizaciones. 23 de Agosto de 2008¿Rescató la Fed a Bear Stearns o a JP Morgan?
En marzo, como ya explicamos, la Fed rescató al banco de inversión Bear Stearns. Esta operación se articuló mediante un pseudo-préstamo al banco JP Morgan con el que adquiriría los activos de Bear Stearns. En principio, la Fed rescató con esta estratagema a los deudores de Bear Stearns, sin embargo, es muy posible que la operación estuviera en realidad dirigida a rescatar a JP Morgan.
Me explico. La quiebra de Bear Stearns habría tenido varios efectos que sobre el resto del sistema financiero: a) tendrían que haberse enajenado al descuento los activos de Bear Stearns (incluidos los menos líquidos), cuyas valoraciones estaban en muchos casos infladas por la burbuja previa, lo que deprimiría aun más su precio de mercado y forzaría a otras entidades a incrementar sus write downs, b) Bear Stearns era un market maker (comproba y vendía valores simplemente para proporcionar liquidez al mercado) y su quiebra paralizaría numerosos mercados, c) los hedge funds que dependían de Bear Stearns (ya fuese para conservar sus títulos o para proporcionarles financiación a corto plazo) podría a su vez abocarse a la quiebra, y d) Bear Stearns era un vendedor activo de CDS, de modo que si quiebra sus CDS dejan de tener valor alguno, por lo que sus compradores tendrían que darlos de baja en balance y adquirir otros CDS de otros emisores en un mercado donde los spreads ya eran muy elevados (aparte de que la calidad crediticia de varios emisores de CDS podía depender, a su vez, de la calidad de los CDS que habían comprado a Bear Stearns). En definitiva, es posible que la quiebra se hubiese extendido a otras entidades financieras. Esto habría tenido nefastos efectos sobre las entidades que vendieran CDS (credit default swaps). Básicamente los CDS son como seguros: el vendedor de CDS se compromete a pagar a su comprador los intereses o el principal de un bono que los impague. A más impagos, más desembolsos de los vendedores de CDS. ¿Y quién tiene la mayor exposición de todos los bancos a los derivados? Con mucha diferencia JP Morgan: apenas 500.000 millones de dólares en capital por 90 BILLONES de exposición nominal a los derivados. ![]() Aunque la exposición nominal no equivale ni mucho menos a las pérdidas totales que tendría que asumir finalmente JP Morgan, es evidente que incluso con una pequeña fracción de las mismas, el banco habría quebrado. Así pues, ¿rescató la Fed a Bear Stearns, a JP Morgan o a ambos? En todo caso, parece claro por qué, al margen de los intereses comerciales, JP Morgan decidió participar en la operación de rescate. 22 de Agosto de 2008Entrevista a Jim Rogers
Jim Rogers, uno de los inversores más exitosos de la historia, habla sobre la crisis económica actual. Destaco algunas de sus respuestas:
- ¿Qué debería hacer Bernanke? - Dimitir. - ¿No hay nada más que pueda hacer? - Bueno, en estos momentos, no parece que pueda hacer correctamente nada más. Podría haber subido los tipos de interés (en cualquier caso tendrá que hacerlo). Alguien debería hacerlo. En caso contrario, el mercado terminará haciéndolo. El problema es que ha metido demasiada basura en su balance. Ahora tiene 400.000 millones de dólares de activos muy dudosos. Podría intentar revertir eso. Podría subir los tipos de interés. Sí, podría hacerlo y eso ayudaría. Provocaría un shock en el sistema financiero, pero es que en cualquier caso vamos a sufrir uno. Cada shock, de momento, ha sido peor que el anterior. Bear Stearns fue primero, y luego le han seguido Freddie Mac y Fannie Mae. El próximo shock será aun mayor. - Muchos expertos no están de acuerdo con las políticas de la Fed. ¿Cómo puede ser que ellos crean que están teniendo éxito? - Bueno, Bernanke es un tipo de mentalidad muy estrecha. Ha pasado toda su vida académica estudiando cómo imprimir dinero y ahora le hemos dado las llaves de la imprenta. Todo lo que sabe es lo que está haciendo. Bernanke cree que no hay ningún problema con el mercado inmobiliario en EEUU. Él es la Fed y la Fed más que nadie debería estar regulando las entidades financieras bajo su supervisión. Pero no ha hecho nada. - Eso resulta problemático. - Es que este tío no tiene ni idea de cómo funciona el mercado, no sabe nada de economía, ni lo más básico. Sí, posee un doctorado donde pone "economía" al lado, pero la economía tiene más de 200 campos muy concretos. Y su campo es imprimir dinero, donde es un experto, ya nos hemos dado cuenta. Hemos aprendido que está preparado, dispuesto y capacitado para rescatar todas las entidades financieras del mundo. - ¿Qué crees que pensará Paul Volcker de todo esto?- Bueno, Volcker ya ha afirmado que el rescata de entidades va más allá de las funciones de un banco central y él sabe cómo funcionan los bancos centrales. - Parece contundente. - Volcker ha sido muy claro sobre lo que piensa y en mi opinión Volcker fue el último banquero central decente de EEUU. - Todo esto podría significar el final de la Fed. Sería el tercer fracaso, ¿no? - Sí. Ya tuvimos dos bancos centrales que desaparecieron por varios motivos. Este también va a desaparecer. - Da miedo pensar en la magnitud de esta crisis desde la perspectiva del inversor individual. - Sí. Pero recuerda que América ocupa una posición de dominio económico tan gigantesca que su deterioro durará bastante tiempo. Esto no va a pasar en una década o dos. Estas cosas tardan mucho en suceder. El declive de Reino Unido duró 40 o 50 años, ya que tenían tanto dinero que podían continuar a pesar de la espiral descendente. Incluso Zimbabwe ha tardado 10 o 15 años en colapsarse. - ¿Alguna señal concreta de que la cosa ya ha tocado fondo? - Si bueno, cuando todo el Gobierno de EEUU tenga sus cuentas en francos suizos. Cuando eso suceda estaremos cerca del fin, porque lo harán a pesar de haber instaurado los controles de cambios externos. 20 de Agosto de 2008La deflación que viene
Leo en El Confidencial que los bancos centrales se han unido a la ortodoxia antiinflacionista del BCE para tratar de contener la cada vez más importante subida de precios.
Sin embargo, ese mismo artículo recoge ciertas voces discrepantes: Ethan Harris, economista jefe del banco de inversión Lehman Brothers, prevé que la inflación baja "de forma importante" en 2009, como consecuencia de la desaceleración económica y el descenso en los precios energéticos, dijo en una entrevista a Bloomberg. Medio en serio, medio en broma, incluso se atreven a pronosticar una posible deflación, en cuyo caso, concluyen, los bancos centrales tendrán que volver a bajar tipos. Mi opinión sobre todo este entuerto ya la expresé aquí. De todas formas, paso a resumirla: - Con toda seguridad estamos inmersos en un proceso de contracción crediticia (impagos de deuda, liquidación de activos, restricción del crédito, aumento del paro y caída del consumo) a la que se le suele denominar deflación. - En lo que no estamos, de momento, es ante un escenario de deflación de precios de los bienes de consumo. - La literatura económica tiende a equiparar erróneamente las deflaciones crediticias con las deflaciones de precios. Obviamente cuando se produce una fuerte restricción del crédito, la actividad económica se paraliza, el consumo cae y las empresas liquidan sus inventarios, de modo que los precios tienden a reducirse. - Sin embargo, esta correlación está lejos de ser verdadera. Nadie discutirá que hubo deflación en Japón durante las últimas dos décadas, sin embargo, entre 1990 y 2005 los precios experimentaron subidas en nueve años y tímidas caídas en siete (ninguna superior al 1,5%). De hecho, la inflación anual media en ese período fue del 0,3%. - El error es, repito, fijarse en los precios de los bienes de consumo y conceder una importancia menor a los precios de los activos. Basta con observar el comportamiento de los precios de la vivienda y del mercado de valores japonés para darse cuenta de que sí hubo una tremenda deflación en ese período, aunque no se reflejara en el precio de los tomates o de las patatas: ![]() ![]() - Aplicado a la crisis actual, parece claro que lo menos relevante para concluir si estamos en un proceso deflacionista es observar si el IPC americano sube o baja, y más convendría fijarse en los dos gráficos anteriores aplicados a la economía yankee: ![]() ![]() - Lo que más me preocupa, con todo, son las implicaciones que esto tiene para la política de los bancos centrales. Me explico. El banco central tiene una amplia capacidad para hacer subir los precios de los bienes de consumo mediante el envilecimiento de la moneda (el famoso helicoptero friedmanita adoptado por Bernanke). De lo que carece es de capacidad para expandir el crédito en tiempos de contracción crediticia. Dado que suele equipararse deflación a caída de precios y a contracción crediticia y dado que suele creerse que la respuesta automática a la deflación es bajar tipos, me temo que los bancos centrales acometerán una política monetaria expansiva que no frenará la contracción crediticia pero sí envilecerá la moneda. En buena medida esto eslo que hizo Bernanke durante el cuarto trimestre de 2007 (y sobre todo el primero de 2008, pero habrá que esperar a la publicación del tercer boletín). - De ahí que mi predicción sobre el escenario futuro sea un poco chocante: inflación (de precios) con deflación (del crédito). Eso sí, en caso de producirse un desapalancamiento drástico en los mercados de materias primas, podríamos asistir a un escenario deflacionario tradicional: deflación de precios y de crédito. - En todo caso, bajar los tipos de interés (como Japón ilustra) no es la respuesta a nada. La liquidación de las malas inversiones sí lo es. 15 de Agosto de 2008Friedman también predijo la crisis (claro)
Hace unos días enlacé con una conferencia de Peter Schiff (economista austriaco asesor de Ron Paul) donde a finales de 2006 predecía con precisión la crisis económica actual. En buena medida, esto ilustra que la escuela austriaca sí dispone de una teoría económica sólida que permite predecir las crisis sistemáticas causadas por la violación de los derechos de propiedad sobre la moneda.
Muchos, sin embargo, creyeron que estos pronosticos los mantenían la mayoría de economistas, fueran austriacos o neoclásicos. Pues bien, vean la entrevista que le hicieron a Milton Friedman, en buena medida el padre del monetarismo moderno, donde efectúa las siguientes predicciones: - EEUU está en el mejor momento económico de su historia. - La economía de EEUU tiene una salud excelente, es increíble que la gente esté escribiendo cuentos chinos sobre los poblemas que puede generar la deuda exterior o la deuda doméstica. Ninguna de las dos deudas acabará con la economía. - No ha habido un período de 15 años con tanta estabilidad de precios. - Alan Greenspan es el responsable de la bonanza económica. - Greenspan ha sido el mejor presidente de la Fed de su historia. - Bernanke es una persona muy hábil. - El déficit exterior y el déficit público no son obstáculos al progreso. - EEUU es un mercado para la gente que quiere activos sin riesgo (yo sólo diré una palabra: subprime). - No existe riesgo de liquidez: si la gente no puede vender los activos de EEUU no se encontrarán carentes de fondos, sino en la posición en la que quieren encontrarse. - No hay razones para que los extranjeros desconfíen del dólar. - El dólar es una moneda fuerte. - Lo mejor de bajar impuestos es que mantiene a raya el gasto público. - La ecuación cuantitativa del dinero es cierta. Vamos, que no da ni una. Haciendo caso a la metodología positivista que Friedman sostenía (una teoría sólo es válida si tiene poder predictivo) sólo cabe concluir que toda la teoría monetaria y del capital chicaguense deben ir directas al vertedero. En este sentido, la teoría austriaca sí posee un corpus teórico capaz de explicar la crisis actual. De todas formas, en esa misma entrevista pueden encontrarse algunas apreciaciones muy acertadas de Friedman, que de nuevo deberían servir para trazar la diferencia entre el Friedman economista (pésimo) y el Friedman divulgador (bastante bueno): - Críticas a los aumentos al gasto público (quiere reducirlo al 15% del PIB) - La Gran Depresión no hubiese ocurrido sin la Fed (si bien tiene razón por motivos erróneos) - El socialismo no puede funcionar - El libre comercio es positivo - Hay que privatizar la seguridad social - Las drogas deben legalizarse - Se opone a los subsidios públicos - Las políticas antimonopolio son dañinas para la economía ya que los únicos monopolios surgen de las normativas estatales. 7 de Agosto de 2008Dudas sobre el artículo de Sebastián
Miguel Sebastián ha escrito un artículo en Público donde sostiene que la causa del alza del petróleo se debió a la especulación en el mercado de futuros que se financiaba con cargo a la venta de acciones de bancos al descubierto, mientras que la reciente bajada se ha debido a que la SEC prohibió desde el día 15 de julio vender acciones al descubierto de los bancos, de modo que la adquisición de estas acciones tuvo que efectuarse liquidando futuros de petróleo.
Sebastián apoya su tesis con dos gráficos: el primero recoge el alza en un 65% del precio del petróleo en el último año y el segundo la caída en un 27,5% del índice de los bancos cotizados de EEUU. Desde el 15% ambos índices, además, presentan una evolución opuesta: el petróleo cae un 20% y los bancos suben un 35%. Aunque, como ya he explicado en numerosas ocasiones, mi opinión es que la especulación sí ha jugado un papel en el alza del precio del petróleo y que incluso puede haber habido un arbitraje entre las acciones financieras y los futuros de petróleo, el análisis de Sebastián me parece que peca de simplismo. 1) Que exista correlación no significa que haya causalidad, ni mucho menos que haya causalidad en el sentido apuntado. Sebastián sostiene que los bancos se han recuperado a partir del 15 de julio por la SEC ha impedido vender sus acciones al descubierto. Sin embargo, la recuperación parece obedecer más bien al rescate de Freddie Mac y Fannie Mae que anunció Paulson ese día. Los bancos están hasta arriba de deuda de estas dos agencias hipotecarias, de modo que su quiebra significaría, inmediatamente, la quiebra de los bancos. Sebastián basa su explicación es que el precio del petróleo ha subido un 65% en el último año y los bancos han perdido un 27%. Pero es que todos los índeces caen (el S&P 500 un 13,5% y el Dow Jones un 14%) y todo se han recuperado recientemente. Fannie Mae, por ejemplo, ha caído en el último año un 90% y desde el 15 de julio ha subido un 40%. ¿Debemos establecer una correlación entre Fannie Mae y el precio del petróleo? 2) Para que el precio de los futuros de petróleo influya sobre el precio spot los inventarios deberían haber aumentado... a menos que se haya incrementado la convenience yield, como ya expliqué aquí. Desde agosto todo parece sugerir que se ha producido un considerable aumento de la convenience yield (dado que el mercado se colocó en backwardation, pese a lo cual los inventarios siguieron aumentando), mientras que en junio podríamos haber asistido a una reducción, ya que el mercado volvió a situarse en contango (ha pasado demasiado poco tiempo como para afirmarlo con rotundidad). Sebastián atribuye la caída del precio del petróleo a la prohibición de la SEC, cuando tiene mucho más sentido que se haya producido por una reducción de la convenience yield. 3) Sebastián no explica por qué los especuladores han estado huyendo de los bancos de EEUU y refugiándose en el petróleo. La respuesta es sencilla: los bancos de EEUU están llenos de mierda, mientras que los fundamentales del petróleo son sólidos. Si el análisis de Sebastián estuviera en lo cierto, no dejaría de sorprenderme que la izquierda apoyara regulaciones que tienen por objeto mantener los privilegios de la plutocracia bancaria (prohibir vender sus acciones al descubierto), al tiempo que tienden a reducir artificialmente el precio de una materia prima (el petróleo) que según ellos está a punto de agotarse (con lo que favorecen su sobreexplotación y retrasan la transición hacia fuentes de energía alternativas). 4) Y, de nuevo, suponiendo que Sebastián tenga razón. Los especuladores son, en su mayoría, fondos de inversión que recogen los ahorros de millones de individuos de clase media. La idea que subyace a la regulación es: dejad de vender las acciones de los bancos que estáis deprimiendo la economía. Pero, ¿qué sucederá con esos fondos cuando los bancos quiebren? Bear Stearns pasó en unos meses de 160 dólares por acción a 2. Me parece una operación mucho más especulativa mantenerse largo en acciones de bancos que en contratos de petróleo. ¿Realmente queremos que los ahorros de la clase media se utilicen para esto? Más rigor y menos prejuicios
Dice Escolar que:
Hombre, Escolar también podría haber dicho: cuando el petróleo sube, la gasolina sube menos; cuando el petróleo baja, la gasolina también baja menos. No tenemos más que acudir a las páginas de su diario para encontrarnos con los gráficos pertinentes. Entre el 31 de marzo y el 7 de julio, el petróleo subió un 41% (de 100 dólares por barril a 141), mientras que la gasolina subió un 12% (de 1,126 euros a 1,27). Si lo queremos con algo más de precisión, entre el 9 de julio de 2007 al 6 de julio de 2008, el petróleo subió en euros un 65% (desde 55,5 euros por barril a 145), mientras que la gasolina lo hizo un 16% (de 1,09 euros por litro a 1,27). Por consiguiente Escolar, sí, el mercado funciona así. Cuando los costes de un factor productivo no influyen totalmente en las alzas del precio, tampoco lo hacen en las bajadas. Los desequilibrios sin patrón oro
En uno de los comentarios sobre mi post del paro en España, se cuestiona que el patrón oro sea la solución a nuestros problemas, ya que también existían crisis en este sistema.
Primero, yo no he dicho que el patrón oro sea un remedio contra el desempleo, sino contra las crisis. El desempleo es una consecuencia de la crisis que tiene poca solución hasta que se purgen las malas inversiones. Segundo, hay muchos tipos de patrón oro, así que habría que explicar a qué patrón oro nos estamos refiriendo cuando se lo critica. Tercero, el patrón oro convivió con otra serie de regulaciones que pudieron ser las culpables reales de las crisis que se estaban produciendo (por ejemplo, el privilegio de endeudarse a corto invirtiendo a largo con limitación de responsabilidad). Cuarto, yo no he dicho que el patrón oro sea una solución total a cualquier crisis, sino que es el mejor instrumento para limitarlas. Es más, su ausencia, lejos de estabilizar el sistema lo agrava de mala manera. Dentro de unos días publicaré el tercer boletín del Observatorio de Coyuntura Económica del IJM, donde se analizan los eventos en el primer trimestre de 2008. Para ir abriendo boca, os dejo unas reflexiones que vienen al pelo para explicar por qué, si bien la presencia del oro no es el remedio definitivo contra nada, su ausencia sí es una garantía de desastre.
4 de Agosto de 2008Sobre los datos de paro en julio
- Empecemos por la noticia en sí. El paro sube en julio en 36.492 personas, y lo hace en todos los sectores, especialmente la construcción y los servicios.
- En un año la tasa de paro ha crecido un 23%, el aumento más alto desde el comienzo de la serie en 1996. - Ya sabéis que me gusta fijarme en la desviación absoluta con respecto a la media histórica del paro para valorar adecuadamente la cifra. Vamos, que si el paro cae en un mes en 1000 personas, pero históricamente caía en 100.000, no puede decirse que la economía vaya bien. En este caso, es el quinto peor dato del año, bastante en línea con lo que sucedió en junio. ![]() - Por sectores, y aplicando el método anterior, vemos que el explicación más común en los medios de comunicación del aumento del paro no es del todo cierta: la construcción ya no es el principal responsable, en la medida en que su ritmo de crecimiento se está estancando e incluso cayendo. ![]() - Tratando de estrapolarlo a la EPA, la tasa de paro ya sería del 10,6% (frente al 10,44% de junio). - Claro que lo preocupante es el siguiente gráfico, donde se puede observar como históricamente el paro descendía hasta junio-julio, y remontaba en los últimos meses del año. ![]() - Si el paro aumentara a partir de agosto tanto como lo hizo el año pasado (160.000), terminaríamos el año con casi 2.6000.000 parados, lo que equivaldría a una tasa de paro del 11,5%. - Sin embargo, conviene tener en cuenta que desde 1996 a 2007, el paro entre enero y julio había bajado en una medida de 160.000 personas y este año ha aumentado en 300.000. No me parece inversímil, por tanto, esperar que entre agosto y diciembre el desempleo se incremente al menos tanto como lo ha hecho entre enero y julio (de hecho, es una estimación bastante conservadora). De ser así, terminaríamos con casi 2.750.000 parados y una tasa de paro del 12%. - Todo ello, claro, suponiendo que España no entre en recesión, que lo hará. - Por último, yo a lo mío. El gasto de desempleo sigue subiendo y a una tasa progresivamente creciente. Entre julio de 2007 y junio de 2008, el desempleo ya ha supuesto 2.770 millones de euros más que en el mismo período del año anterior. Y de continuar al actual ritmo de crecimiento (que según veos en el gráfico todo hace suponer que será mayor) ascendería a 4.600 millones más. Vamos, que el gasto total en subsidios de desempleo sería de 20.000 millones (el 2% del PIB). No está mal. ![]() 3 de Agosto de 2008La teoría monetaria de David Hume
Para David Hume el dinero carece de propiedades objetiva que lo diferencien del resto de la economía. Es, simplemente, cualquier objeto que la sociedad haya acordado que sirva como medio de cambio:
Desde el principio, por consiguiente, Hume comete dos errores fundamentales que impregnarán todo su análisis restante. El primero es que el dinero sólo sirve como medio de intercambio. La función esencial del dinero es ser depósito de valor, esto es, ser capaz de trasladar al futuro el valor de los excedentes de producción presentes. Precisamente cuando un bien puede satisfacer esta función es cuando la gente está dispuesta a aceptarlo en cualquier transacción económica, ya que puede desvincular el acto de producción del acto de consumo. En cierta medida, podemos decir que el dinero es un medio generalmente aceptado de intercambio porque actúa como buen depósito de valor (o porque es convertible en el bien que actúa como mejor depósito de valor). El segundo error es que el dinero es fruto del acuerdo humano, es decir, que los seres humanos de manera deliberada han escogido que un bien pasará a desempeñar el papel de medio generalmente aceptado. El dinero puede ser cualquier objeto, no posee ninguna característica distintiva salvo ser aceptado por el resto de la comunidad. Este es un error que deriva del primero. Ya que el dinero no tiene que cumplir ninguna función, salvo la de ser aceptado de forma irrestricta, no ha de poseer ninguna propiedad concreta y, ante las infinitas posibilidades, es la comunidad la que, de forma más o menos arbitraria, escoge una mercancía que actuará como dinero. En realidad, el dinero sí tiene propiedades objetivas que debe cumplir: accesibilidad, facilidad de transformación, atesorabilidad, escasez relativa y demanda previa . Esta última característica implica que el uso dinerario de un bien aparece como un añadido a otros usos que venía desempeñando con anterioridad, dicho de otro modo, a la demanda no monetaria de un bien se le añade la demanda monetaria (teorema regresivo de Mises), pero no de manera consciente, sino evolutiva: los individuos van buscando individualmente las características que mejor cumplen con la función de depósito de valor (1). Esta mala definición del dinero y de su origen impregnan, como no podía ser de otro modo, todo el análisis restante del filósofo escocés. Primero, Hume en ningún momento puede tomar en consideración que haya peores o mejores tipos de dinero. Dado que cualquier cosa puede ser aceptada y la aceptación es plena, no es posible mejorar el dinero (así, el oro sería tan buen dinero como el ganado, que perece y es un pésimo depósito de valor). De hecho, aunque Hume se muestra partidario de que los metales preciosos sean dinero, la única ventaja que es capaz de señalar frente a otros bienes es que son aceptados por otros países: Segundo, el hecho de que la característica definitoria del dinero sea su aceptación plena le lleva a considerar que el dinero sólo es importante cuando circula. Así, por ejemplo, critica el atesoramiento monetario: Y afirma que sólo el dinero y las mercancías en circulación son los que determinan los precios: Esta injustificada crítica al atesoramiento monetario, no sólo da alas a las furiosas críticas anticapitalistas de Silvio Gesell y otros inflacionistas monetarios(2), sino que restringe el análisis monetario al dinero en circulación. Y es que, aunque Hume parece reconocer un cierto papel a la especulación de mercancías en la fijación de los precios (al decir que dependen de la cantidad que llegan o podrían llegar) en el caso del atesoramiento de dinero parece tener una nula influencia salvo por restringir la cantidad de dinero en circulación: En realidad, el atesoramiento de dinero condiciona el resto de los precios de la economía por sí mismo y no porque suponga una menor cantidad en circulación. Los empresarios adaptan sus estructuras productivas para captar el dinero allí donde se encuentre. El atesoramiento de dinero, por consiguiente, tenderá a que los empresarios se concentren en ofrecer los bienes de consumo o de capital que satisfagan las necesidades del atesorador. Esto necesariamente influye en la asignación de factores productivos y en la producción de bienes de consumo y, por tanto, sobre sus precios. Y es que el atesorador es una persona que sigue produciendo a gran ritmo para el mercado pero que no encuentra ningún bien que le satisfaga. Por este motivo, cuanto más dinero atesorado haya, mayor será la tendencia de los empresarios a adaptarse a los deseos de los atesoradores. Pero además, los precios pueden determinarse de otras formas aparte de por el dinero que circula. Los mecanismos de compensación (como las letras de cambio o las cámaras de compensación) no tienen por qué suponer movimientos de dinero y en cambio sí influyen sobre los precios. Si la cantidad de una mercancía se incrementa sobremanera, su precio caerá aun cuando su venta se efectúe sin intercambios monetarios, sino sólo con compensación de créditos y deudas (pensemos, por ejemplo, en que el número de trabajadores en una sociedad aumenta y que los salarios se reducen disminuyendo sólo la parte de rendimiento en especie). Sin embargo, Hume obvia todas estas relaciones económicas que ya eran muy importantes en su época y se concentra en el dinero circulante. A la luz de su teoría parece existir una correspondencia natural entre el dinero y las mercancías y el trabajo. Al fin y al cabo, si la característica del dinero es su aceptación incondicional, cada dinero representaría la obligación a aceptar una porción determinada de mercancía o trabajo: El problema de Hume es que al no considerar el dinero como un depósito de valor, esto es, como una herramienta que permite trasladar el poder adquisitivo de manera intertemporal en ausencia de opciones satisfactorias de consumo presente, sólo le queda definirlo como un catalizador del comercio: Y por tanto, como ya hemos dicho, carece de sentido hablar de calidad del dinero o del mejor servicio de traslación intertemporal de valores que pueda prestar una mayor cantidad de dinero. Así, dado que cada unidad monetaria representa una cantidad exacta de trabajo y mercancías y que los servicios del dinero no pueden mejorarse, Hume concluye inevitablemente que los únicos elementos que pueden determinar los precios son las cantidades de dinero y mercancías. Valor del dinero equivale a su cantidad: Sin embargo, como explicaría Benjamin Anderson años más tarde: De hecho, el propio Hume reconoce que el incremento de la cantidad de dinero por los descubrimientos de oro para América fue beneficiosa para la economía: Hume reconoce que estos hechos son “difíciles de explicar” y teoriza con que se deben a que existe un lag temporal hasta que el incremento del dinero se materializa en incrementos de precios: Por ello, propone como política monetaria óptima el incremento progresivo de la cantidad de dinero: Esta teoría de Hume intenta aprovechar la rigidez a corto plazo de los precios para reducir los salarios y los precios reales de manera transitoria y estimular la producción y el consumo. Se trata de un anticipo de la futura teoría keynesiana que pretenderá rebajar los salarios mediante la política monetaria. Con todo, los efectos de esta rigidez de precios y de rebaja de los salarios sólo pueden tener una influencia muy en el corto plazo y en todo caso se revertirían cuando los precios terminasen de subir. En realidad, la razón de peso que llevó al aumento del comercio fue que el incremento del dinero en circulación sí sirvió para mejorar las funciones que venía prestando, ya fuera como medio de cambio o depósito de valor (dado que el oro estuvo accesible a una mayor cantidad de gente). Y es que el propio Hume ofrece algún ejemplo de por qué una mayor cantidad de dinero sí permite estimular el comercio al incrementar el número de transacciones que pueden perfeccionarse: Queda claro las ineficiencias productivas que supone que, en ciertos casos, el dinero tenga un elevado valor unitario y sólo pueda lograrse mediante la enajenación de grandes volúmenes de mercancías. Un dinero más abundante, en este sentido, mejoraría la división del trabajo al eliminar actividades superfluas y redundantes y, sobre todo, permitiría al arrendatario capitalizar sus rentas. También conviene tener presente que cuando Hume habla de subidas escalonadas de los precios de las mercancías no está sugiriendo, como podría parecer, que la subida de precios no sea equiproporcional (esto es, que sí modifique los precios relativos), sino que, aunque terminen subiendo todos de acuerdo con su proporción natural entre dinero y mercancías, algunos subirán antes y otros más tarde. De hecho, sobre esta falaz hipótesis de que los incrementos en la cantidad de dinero se trasladan de manera proporcional a todos los sectores de la economía, Hume construye su famosa teoría antimercantilista de que los déficits exteriores tienden a autocorregirse, ya que suponen la salida de oro y con ella el abaratamiento de los precios internos, el estímulo de las exportaciones y la reducción de las importaciones: Dicho de manera esquemática: Déficit (superávit) → Salida (entrada) de oro → Caída (subida) de precios internos → aumento (disminución) de las exportaciones y caída (aumento) de las importaciones → superávit (déficit). Aunque la teoría de Hume (antes de Cantillón) prácticamente se ha convertido en canon, dista mucho de ser fidedigna. Primero, porque las salidas de oro tienden a trasladarse en un mayor tipo de descuento. Cuando los bancos ven disminuir sus reservas, descuentan menos letras de cambio, hasta que restablecen su caja al nivel deseado. El mayor tipo de descuento reduce la emisión interna de letras de cambio (además estimulan que se desinvierta en las mercancías menos rentables y se utilice el dinero para adquirir letras que proporcionan una mayor rentabilidad) y, por tanto, de mercancías que llegan directamente a los consumidores. Por consiguiente, es dudoso que las salidas de oro se traduzcan en incrementos de precios, ya que tienden a contraer también la oferta interior de bienes y servicios. Lo mismo puede decirse con respecto a las entradas de oro: la reducción del tipo de descuento tiende a incrementar el volumen de bienes y servicios y, por tanto, las alzas de precios no llegan a producirse. Además, no todos los incrementos de precios internos tienden a generar salidas de oro. Supongamos que sube el precio de las aceitunas: en este caso, también subirá el valor de los campos de aceituneros (ya que el valor presente de sus flujos de caja futuros es mayor). Este mayor valor del campo de aceituneros permite al propietario hipotecar en el extranjero la finca obteniendo una mayor cantidad de oro prestado. Por tanto, puede que la posible reducción de las exportaciones de aceitunas (y por tanto, la reducción de las entradas de oro por esta partida) quede más que compensada por el aumento de las entradas de oro derivadas de las hipotecas. Ello por no mencionar que si las aceitunas fueran un bien de demanda muy inelástica, las subidas de precios supondrían un incremento de las entradas de oro. Por consiguiente, no parece que los precios internos sean el mecanismo esencial y único de ajuste por el que se corrigen los desequilibrios internacional, donde los tipos de interés y de descuento vendrían a desempeñar un papel bastante más importante. Sin embargo, dado que Hume, como hemos visto, no comprendía el papel de los mecanismos de compensación (como las letras de cambio) en la determinación de los precios, parece lógico que no hubiese llegado a estas conclusiones. En cualquier caso, en la teoría de los flujos de oro internacionales de Hume vuelve a aparecer la errónea idea de que existe una proporción fija entre el dinero en circulación y las mercancías. Proporción que no puede alterarse de ninguna manera, esto es, no puede incrementarse o disminuirse de manera sistemática la proporción del oro circulante con las mercancías: Parece como si cada unidad monetaria tuviera un cambio predeterminado y fijo con cada mercancía en un equilibrio perfecto internacional. De hecho, Hume sólo reconoce dos mecanismos mediante los que incrementar y disminuir sistemáticamente la proporción de dinero en un país. Así, cree que es posible aumentarlo mediante el atesoramiento. Dado que atesorar equivale a destruir el dinero, éste tenderá a entrar en el país hasta que regrese a su proporción del oro circulante con las mercancías: En realidad, un incremento del atesoramiento permanente que saque el dinero incluso de los mercados monetarios probablemente terminaría paralizando la economía. Al fin y al cabo, las estructuras productivas dejarían de poder amortizarse y la financiación de los bienes de consumo sería inviable. Con lo cual, se restringirían enormemente los bienes que pueden venderse en el extranjero para que siga entrando oro. De todas formas, debe quedar claro que sólo existen tres motivos por los que una persona desee atesorar oro. La primera es que derive un placer especial de su posesión. La segunda querer disponer de liquidez inmediata para aprovechar cualquier oportunidad de mercado. Y la tercera, la incertidumbre, donde cabe incluir tanto la desconfianza en el sistema monetario, en el Gobierno o en los accidentes naturales. Hume se muestra muy crítico con el atesoramiento, ya que considera que las grandes sumas atesoradas suelen despilfarrarse: El filósofo escocés no saca implicaciones de su crítica al atesoramiento, pero sí parece desprenderse una cierta opinión favorable a que, de alguna manera, se regule esta actividad que, como hemos visto, tilda de destructiva. Pero si fuera así, ¿acaso pretende Hume evitar que los hombres a los que les guste el oro lo atesoren? ¿Acaso pretende evitar que los individuos dispongan de caja para aprovechar inmediatamente las inversiones atractivas que surgen? ¿Acaso pretende controlar los miedos y recelos de la ciudadanía, incluso cuando en buena medida se dirigen contra el Gobierno y el sistema monetario? Con respecto a este último punto, conviene tener en cuenta que para Hume, una de las grandes ventajas de una economía monetaria e industrializada donde el dinero circula es que el Gobierno puede recaudar los impuestos con una mayor facilidad: Hume parece despreciar el atesoramiento de dinero, entre cuyas finalidades más importantes está la defensa de los abusos gubernamentales y alabar la servidumbre del dinero y de la propiedad privada al poder político. Por otro lado, Hume considera que puede reducirse la proporción de oro mediante el crédito papel (letra de cambio). En su opinión, el papel equivale al dinero y, por tanto, ocupan el lugar del oro y la plata, que dejan a partir de entonces de circular y de influir sobre los precios: Hume también critica el crédito papel, ya que en su opinión, como también hemos visto, no es auténtico dinero dado que no es aceptado de manera incondicional en las transacciones extranjeras. Es por ello que se queja amargamente de que se incremente la cantidad de crédito papel (y se reduzca la de oro) cuando con ello ni siquiera se estimula la industria en el corto plazo: De hecho, Hume llega a alabar a Francia por su sistema crediticio más primitivo: Pese a ello, Hume no defiende la prohibición de las letras de cambio, ya que admite que, pese a los perjuicios que generan, podrían ser en determinados casos beneficiosas: Este es un claro ejemplo de cómo Hume confunde el dinero como medio de pago con el dinero como depósito de valor. Las letras de cambio son un mecanismo alternativo para lograr la circulación de las mercancías. Evita que cada comerciante tenga que captar el oro de los tenedores de oro y permite que las mercancías se intercambien por mercancías. La categoría de consumidor no se restringe a la de tenedor de oro, sino a la de productor de otras mercancías en el mercado, ya sea como trabajador o como empresario. El oro sólo entra en la ecuación para saldar los saldos acreedores netos, esto es, cuando los que venden mercancías en el mercado no encuentran bienes en contrapartida que les interesen y desean conservar su poder de compra para cuando esos bienes aparezcan. Evidentemente, lo que las letras de cambio permiten es incrementar enormemente el volumen de comercio que se practica con una misma cantidad de oro y, por tanto, minimizar su circulación. Esto no significa que el oro desaparezca o que no cumpla ninguna función, sino sólo que va perdiendo importancia como medio de cambio. Claro que para Hume, la única función del dinero es ser medio de cambio y por ello el oro es el auténtico dinero (porque circula por todo el mundo), por tanto la letra de cambio es falso dinero que empeora la calidad del auténtico dinero (porque reduce la circulación del oro). Sin letras de cambio los patrones de intercambio serían muy distintos y, obviamente, peores para los consumidores y trabajadores que los que se producen allí donde las letras de cambio se desarrollan. La comparativa con Francia es muy pertinente en este sentido, ya que sin letras los intercambios en Reino Unido tendrían tan poco vigor como en el país galo. Dicho de otro modo, cada consumidor sale beneficiado de que entren en juego las letras de cambio. Que Hume las critique con tanto énfasis pone en dudas que realmente entendiera los beneficios del libre comercio. Al fin y al cabo, no encaja muy bien que defienda la circulación de mercancías internacionales porque todas las partes salen beneficiadas en última instancia y que al mismo tiempo critique la circulación interna cuando se asiente sobre las letras de cambio, a pesar de que todas las partes salgan beneficiadas. Y, de hecho, el temor de Hume de que las letras de cambio terminarán expulsando el oro de un país no es muy distinto al que tenían los mercantilistas de que los déficits comerciales terminaran vaciando el oro nacional. Aun así, la posición de Hume con respecto a la prohibición de las letras de cambio es ambivalente. Ya que cuando más se aleja de defender su prohibición llega a defender incluso los mecanismos de descuento de letras con reserva fraccionaria: Cuando es bien conocido que Hume era un encendido partidario del coeficiente de caja 100%: De hecho, volviendo a la parte en que parece defender de manera abierta las letras de cambio, Hume llega a sostener que del mismo modo que se descuentan letras, también pueden descontarse otro tipo de activos, con igual beneficio para la sociedad: Hume, por consiguiente, pasa de defender de manera cerrada el coeficiente de caja 100%, sin ni siquiera permitir el descuento de letras contra las reservas, a cantar los logros del arbitraje de tipos de interés, esto es, del endeudamiento a corto con la finalidad de invertir a largo. De hecho, el filósofo escocés sólo ve problemática a la práctica anterior por cuanto tiende a reducir la circulación de oro. ¡Cómo si la monetización de todo tipo de activos no fuese la negación misma de la liquidez, característica esencial que convierte al oro en dinero! Es más, las afirmaciones anteriores de Hume no sólo contradicen su defensa de la reserva de caja 100%, sino también su teoría de que el tipo de interés de mercado está exclusivamente determinado por factores reales y no monetarios: Y en todo caso, Hume defiende y critica las letras de cambio por las razones equivocadas. La virtud de las letras de cambio no es que permiten monetizar cualquier tipo de activo y reducir el tipo de interés, sino que facilitan el intercambio y, por tanto, simplifican el proceso productivo (que sólo termina cuando una deuda es saldada). El defecto de las letras de cambio no es que actúen como sustitutos del dinero, sino que pueden ser utilizadas para monetizar activos, generando los perversos ciclos económicos. Conclusión Como el mismo resume, la teoría monetaria de Hume se resume en: La cantidad absoluta de los metales preciosos es del todo indiferente. Sólo dos cosas importan, a saber, que su número se incremente de manera gradual y que se esparzan y circulen por todo el Estado. (Of Money) Los errores iniciales de Hume son dos: el dinero sólo sirve para circular y es fruto del pacto entre los individuos. De aquí surge inevitablemente la conclusión de que cualquier objeto puede ser dinero, ya que éste carece de propiedades particulares. El hecho de que los metales preciosos sean dinero sólo significa que la gente ha aceptado que circulen por todo el planeta. El resto de bienes, dado que tienen una circulación más restringida, son menos dinero, aunque cuando (como en el caso de las letras de cambio) presten una mejor función a sus usuarios. A partir de aquí el filósofo escocés emprende una senda moralista, con tintes intervencionistas, donde condena el atesoramiento por cuanto impide la circulación del dinero y donde condena las letras de cambio por actuar como sustituto del dinero fetén. De hecho, el único momento donde Hume parece aceptar las letras de cambio es para extender su uso a campos claramente inadecuados como el arbitraje intertemporal de tipos de interés. Es más, todo este arsenal teórico de Hume lo acerca más a las posiciones mercantilistas de lo que cabría suponer en un momento. Hume no está menos preocupado que ellos en que el oro vaya a salir del país y vaya a dejar de circular, simplemente cree que no lo hará porque la cantidad de dinero tiende a igualarse entre los países. Pero en aquellos pasajes donde considera que la cantidad de dinero sí puede verse afectada (particularmente el atesoramiento y las letras de cambio) muestra su abierta hostilidad. Por consiguiente, Hume no sólo no entendió el fundamento último de los beneficios del libre comercio (intercambios mutuamente beneficiosos) sino que elaboró una teoría monetaria claramente deficiente y mecanicista debido a su errónea definición del dinero y de su origen que, por supuesto, no pudo servir para combatir a los nuevos mercantilistas (como Keynes) sino que, en cierto modo, les dio alas. (1) Carl Menger, “El origen del dinero”: Sólo podemos entender el origen del dinero si aprendemos a considerar el establecimiento del procedimiento social del cual nos estamos ocupando como un resultado espontáneo, como la consecuencia no prevista de los esfuerzos individuales y especiales de los miembros de una sociedad que poco a poco fue hallando su camino hacia una discriminación de los diferentes grados de liquidez de los productos. (2) Gesell en El Orden Económico Natural creía que el dinero tenía que ser “un medio de cambio y nada más” ya que “La elección de ese material monetario ha permitido al comprador aguardar el momento más oportuno para la compra de las mercaderías, olvidando que esa libertad obliga al vendedor a esperar pacientemente en el mercado hasta que le plazca aparecer”. (3) Pese a que en este caso sostenga que la disminución de la cantidad de dinero no sea problemática, como luego veremos, Hume considera que la política monetaria óptima es la estabilidad monetaria con un ligero incremento de la cantidad de dinero para estimular la industria. A la inversa, la disminución en la cantidad deprimiría la industria. De ahí que este párrafo deba leerse como que las consecuencias del atesoramiento no serían nocivas para los consumidores, algo en lo que grosso modo podría coincidir también Gesell. (4) El propio Benjamin Anderson también expone este punto: Los efectos de los descubrimientos de oro en el Nuevo Mundo después del viaje de Colón sobre el comercio y la industria fueron tremendos. El comercio se incrementó enormemente. Walker, en su libro “Bimetalismo Internacional” se pregunta desde el punto de vista cuantitativista por qué los precios sólo aumentaron un 200% cuando el dinero lo hizo en un 470% y admite que la razón principal fue el aumento del comercio que trajo el aumento del dinero. The Value of Money, 219-220. 2 de Agosto de 2008El manifiesto libertario de la comunicación
Este jueves reseñé en Libertad Digital el libro de Albert Esplugas "La comunicación en una sociedad libre". Ya lo sugiero en el artículo, pero lo explicito aquí: muy bueno, háganse con él.
Leer más 1 de Agosto de 2008El oro, superior a sus alternativas metálicas
De momento cierro la serie que he dedicado en el Instituto Juan de Mariana al estudio de las propiedades del dinero. En el primer artículo pasé a describirlas sistemáticamente, en el segundo analicé cómo el oro las cumplía casi a la perfección y en el tercero examiné los inconvenientes que tenían algunas supuestas alternativas al oro (como el ganado, la sal, el petróleo o los diamantes). En este último artículo, paso a estudiar las alternativas más serias al oro: los metales. Y la conclusión es que, salvo en algunos usos concretos de la plata y el platino, el oro sigue sin tener rival como dinero:
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