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Todo un hombre de Estado: Mayo 2005

30 de Mayo de 2005

La conservadora y reaccionaria izquierda

Decididamente, la izquierda se está transformando en un mastodonte conservador y reaccionario (pero reaccionario frente a la libertad) que, cada vez más, la acerca a sus mellizos los neofascistas europeos.

Atención al último artículo de Luis Alegre Zahonero y Carlos Fernández Liria en Rebelion.org titulado Capitalismo, precariedad y corrosión de las biografías; la verdad es que no tiene desperdicio y sirve para ilustrar la bancarrota intelectual de la izquierda, de la que hablaba hace unos días.

El artículo intenta convencernos de que el capitalismo corrompe nuestra existencia porque ataca nuestro iter vita, nuestro propio relato biográfico: Puede decirse sin duda que cada cual es fundamentalmente ese relato del que ha sido protagonista, o sea, que cada cual es, ante todo, la historia de su propia vida. Los requisitos para que este relato sea válido son sencillos, mantener siempre cierta capacidad de decidir quién quiere ser.

Esto ya de entrada es complicado, pues tiene ciertas semejanzas con los absurdos derechos sociales que no resultan componibles con los individuales. Como expresaba claramente ayer Toni: Los derechos individuales de cada uno terminan donde empiezan los derechos individuales de los demás, en cambio, los derechos sociales de cada uno se establecen sobre los derechos individuales de los demás; o, como también resume el maestro Barnett: Ningún derecho debe estar en contradicción con ningún otro. Si dos derechos entran en conflicto, esto significa que dos individuos que son conscientes de sus derechos y actúan en coherencia con ellos podrían incluso interferir en la felicidad de cada uno. (...) En definitiva, en tanto en cuanto un sistema legal reconozca derechos que están en conflicto, semejante sistema legal no es, en absoluto, un genuino sistema de derechos.

En este caso, si entendemos que la decisión sobre el querer ser legitima al sujeto para esclavizar u ordenar la vida del resto de las personas, está claro que el objetivo no es viable, pues el mantenimiento de "la capacidad de decidir quién quiere ser" de un sujeto, eliminará la de otro.

Pero parece ser que los autores entienden algo más como "capacidad de decidir quién quiere ser", en concreto, para que podamos considerar algo propiamente una biografía no basta con que su protagonista sea un sujeto libre. Hace falta además que se cumpla una condición previa: es imprescindible que sus acciones puedan enlazarse unas con otras de tal modo que constituyan propiamente un relato y ese relato sólo podrá darse si las acciones tienen, al menos hasta cierto punto, un mundo estable donde realizarse.

Como también comenté hace unos cuantos posts, la izquierda consciente está obsesionada por el estado final de reposo. Odia el cambio, es contraria al progreso. Quiere la tranquilidad de los cementerios o, para ser fiel a su historia, de las fosas comunes.

Pero ¿por qué dicen estos sujetos que un mundo cambiante imposibilita la realización del individuo a través de su propia biografía? Lo exponen con un ejemplo: imaginemos qué ocurriría si cada vez que nos emborracháramos lo hiciéramos en un bar distinto y con amigos distintos; cada vez que nos despertáramos lo hiciéramos en una casa distinta y en ciudad distinta; cada vez que fuésemos a trabajar lo hiciéramos en una profesión distinta; cada año celebrásemos nuestro aniversario en una fecha distinta y con una persona distinta o incluso cada 6 de enero fuésemos los reyes magos de unos hijos distintos. El resultado sería un legajo de historietas inconexas incapaces de constituir propiamente la historia de una vida.

Y claro, la culpa de esta continua inestabilidad y cambio la tiene el capitalismo: No cabe duda, para empezar, de que el capitalismo es terrorífico para la consistencia y estabilidad de las cosas. ¿Ejempos? La obsesión por que las cosas duren lo menos posible es inevitable en el instante la condición fundamental de la existencia de las cosas es que su venta reporte beneficios empresariales. Esta necesidad de la economía se contrapone con la auténtica naturaleza humana pues, Qué duda cabe de que para las personas es un problema que no duren casi nada esas cosas que cuesta tanto trabajo producir. Sin embargo, para la economía sería un alivio que las cosas durasen todavía menos y así, las personas quedan enteramente subordinadas a las necesidades de una producción que no atiende en absoluto a “razones humanas”.

El primer y mayor error que cometen los autores es desvicular el cambio de la suma de acciones individuales que lo han provocado. A la persona no se le impone el cambio, sino que lo crea ella misma. Desde luego, cada individuo no planifica la magnitud del cambio continuo que día a día tiene lugar, sino que influye en él a través de sus decisiones voluntarias. Por tanto, reprimir el cambio como un subproducto del sistema capitalista, ajeno a la naturaleza humana, supone volver a la mitológica impersonalización del capitalismo, que poco o nada ayuda a la reflexión. En este sentido, no hay historias inconexas, pues todas las escenas de la vida de una persona son fruto de su voluntad deliberada que hilvana las circunstancias externas en una estructura lógica que le permita conseguir sus fines. Cada día no tenemos nuevos amigos, a menos que así lo decidamos. Cada día no vivimos en una ciudad distinta, a menos que así lo queramos. No hay desconcierto, sino perfecta correspondencia a los deseos individuales.

En segundo lugar, los autores perseveran en la errónea contraposición entre economía y sociedad. La economía sólo estudia la acción humana y sus consecuencias lógicas. El beneficio es una categoría de la acción inerradicable. De hecho, motiva la acción, es el fin de la acción. Ciertamente, la categoría de los beneficios también es aplicable a la contabilidad de una empresa, a través de la cual conoce si está obrando correctamente en el mercado, satisfaciendo las necesidades más urgentes y apremiantes. Aparte, cae en la falacia keynesiana de que un consumismo voraz es esencial para el mantenimeitno de la economía: Una vez vendidas, lo ideal es que vuelvan a demandarse unidades nuevas cuanto antes. Qué duda cabe de que ese puede ser el objetivo de todas aquellas empresas dedicadas a producir bienes de consumo, pero ciertamente no es ni de lejos, el de los productores y demandantes de bienes de capital. Cuanto mayor sea el gasto en bienes de consumo, menor será el correspondiente en bienes de capital (dado que el ahorro se habrá reducido) y, por tanto, los beneficios de estas industrias caerán. En ningún caso el capitalismo requiere un consumismo desbocado, sino más bien, y atendiendo a su nombre, una continua acumulación de capital que sólo puede provenir de refrenar ese consumismo (ahorro voluntario)

En tercer lugar, los articulistas simplemente asumen que la gente quiere que las cosas duren más. En realidad, suponen que la sociedad está siendo maltratada por unos empresarios malvados que no quieren ofrecer productos duraderos a los consumidores. Para demostrar esta dictadura del empresario lo tienen sencillo: que establezcan una empresa que ofrezca bienes increíblemente duraderos y siempre el mismo modelo anticuado. Es de esperar que si sus conjeturas sobre la naturaleza y las necesidades humanas son ciertas, podrán acumular una cantidad ingente de beneficios que podrán destinar al progreso material de los más necesitados. Me temo que el dilema que enfrenta cada persona entre conservación y mejora es demasiado complejo como para despacharlo de manera tan ingenua como los autores. Toda persona, incluidos los empresarios, se enfrenta con la disyuntiva conservar sus bienes de capital, aún cuando sean de peor calidad que unos nuevos, o cambiarlos por otros nuevos. La disyuntiva no es clara: si el individuo decide cambiar hoy su televisión, tendrá que esperar hasta mañana para cambiar su móvil, o tendrá que renunciar a ir al cine durante dos meses. ¿Compensan las pequeñas mejoras de un televisor nuevo semejantes insuficiencias? Dependerá de la persona; el empresario, por ejemplo, decide entre renovar su maquinaria o invertir en otra adicional. Si la renueva, es evidente que dará lugar a incrementos en su productividad, pero ello también supondrá que no podrá adquirir más maquinaria (otros ordenadores, sistemas de comunicación, ampliar el espacio de producción...) ¿Le compensa? Ahí entra el cálculo económico a través del sistema de precios y de sus anticipaciones.

Los autores, por tanto, se equivocan cuando afirman que: No dejan de resultar curiosos los esfuerzos del capitalismo por reivindicar esa incertidumbre e inestabilidad como algo deseable por sí mismo, en vez de, como mucho, asumirla a regañadientes como el resultado inevitable de las catástrofes naturales o las guerras. El capitalismo no promociona nada, pues sólo se basa en las decisiones libres de las personas. Son los individuos quienes hoy quieren experimentar un progreso continuado en su bienestar material. Los empresarios sólo ofrecen estas demandas. De la misma manera, si la comunidad decidiera permanecer estancada en la Edad Media, como pueden hacer los Amish, no por ello dejaríamos de considerar tal sistema capitalista. No hay una necesidad de progreso material continuo que sea impuesto a los individuos, son ellos los que lo eligen. Sólo la incomprensión de este hecho fundamental puede dar lugar a frases tan disparatadas como: Se nos está imponiendo en paralelo a un aumento sin precedentes de la productividad y la riqueza. Es el capitalismo el que da lugar a ese aumento de la riqueza, y precisamente por ese aumento de la riqueza las personas deciden cambiar sus estadios previos.

Otra cosa, es que ciertas desviaciones del capitalismo, el keynesianismo por ejemplo, si crean que es deseable imponer el progreso y engañar a la población con continuadas llamadas al consumismo y a la inflación secular. Ahí se impone un objetivo vital a todo el mundo a través de unos medios fundamentalmente equivocados. Pero el keynesianismo es otra forma de izquierdismo intervencionista, al que posiblemente los autores se sientan cercanos.

En cualquier caso, queda clara la reivindicación de los autores del conservadurismo izquierdista, esto es, de la imposición a la sociedad de fines que les impidan mejorar su estado vital. Lo dejan claro los autores al final cuando señalan que: A propósito de todo esto cabría recordar la propuesta que hace Santiago Alba en el prólogo al libro de Chesterton La taberna errante según la cual, como socialistas, debemos ser revolucionarios en lo económico, reformistas en lo político y conservadores en lo antropológico. Es decir: proteger y conservar las cosas, o sea, de intentar estabilizar un mundo en el que poder construir relaciones humanas. Entiéndase, impedir a los seres humanos que libremente decidan cambiar las cosas para imponerles las relaciones humanas que la sabia izquierda considera pertinentes.
Otro bofetón a la URSE

Ignoro si influido por la inestabilidad estatalista que se avecina, China ha dado un golpe de mano para fustigar a antiliberales y aliviar a consumidores: anuncia la cancelación de todas sus tasas a la exportación del textil.

A partir de ahora, si la Unión Europea quiere castigar, gravar y explotar a sus ciudadanos tendrá que hacerlo ella solita. China no está dispuesta a colaborar. Nuevos problemas para el tambaleante Estado europeo. No sólo tendrá que afrontar como sectores económicos enteros, mantenidos artificialmente a través del gotero de la subveción pública y el proteccionismo, van a desaparecer, sino que, en caso de que no quiera pagar tan elevado coste político, tendrá que ser ella misma la que imponga los aranceles. Siempre es de agradecer que se conozca exactamente la identidad del tirano. Ya sabremos a quien señalar cuando cuando, tras la previsible restricción comercial, tengamos que pagar mucho más por el textil y cuando el Tercer Mundo permanezca tristemente subdesarrollado.

Y por cierto, no deja de ser penoso que un gobierno comunista, bastante más antiliberal que el europeo en muchos casos, sea, no obstante, más liberal que la Unión Europea en cuanto al libre comercio. No deja de ilustrar el nivel de estatalismo democratista y autocomplaciente en el que estamos inmersos. La Europa de las libertades, no hay dudas.

29 de Mayo de 2005

Adieu Constitution

No voy a ocultar mi euforia. Quitarse de encima semejante mamotreto socialista siempre es una alegría, aún cuando se la haya rechazado por todo lo contrario. Poco importa. La Constitución Europea está muerta y, lo que es más importante, el superEstado burocrático e intervencionista que representa la Unión Europea ha sufrido un durísimo golpe. Todo aquello que sirva para desestabilizar y trabar la consolidación de un nuevo Estado supone siempre una buena noticia.

Sólo quiero efectuar unas pocas reflexiones en estos momentos.

Primero, para los liberales que lamentan parcialmente el resultado habida cuenta del caldo de cultivo que ha servido de rechazo para el texto. Estamos ante un maravilloso ejemplo de alianzas circunstanciales que pueden servirnos para ampliar las grietas del totalitarismo estatal. Cierto que la izquierda no se ha opuesto a esta Constitución por creerla ultraintervencionista, sino más bien todo lo contrario. No voy a lamentarme de que no hayan leído ni entendido el texto fascistoide del Tratado. El que no hayan llegado a captar las posibilidades dirigistas de la Constitución (como sí parece que hizo buena parte de la izquierda y la derecha antiliberal española) lejos de preocuparnos, debería movernos al justificado regocijo.

Mientras la izquierda tiránica no comprenda, como ZP, que para articular un Estado auténticamente orwelliano deben renunciar a sus vocablos maximalistas y marxistoides, podemos tener una ligera confianza en que la democracia no demolaré la libertad y los derechos individuales. Mucho me extrañaría que Reino Unido, Irlanda o los países del Este aceptaran renegociar esta Constitución para volverla más intervencionista. Dudo mucho de que semejante liberticidio se consume, ésta era la arquetípica Constitución que podrían haber aceptado todos, la arquetípica constitución que tanto socialistas como liberales hubieran podido utilizar para reprimir la libertad como para refrenar limitadamente al Leviatán estatal. No ha sido así. Ni Francia aceptará Constituciones menos antiliberales, ni Reino Unido más socialistas. El camino que se abre ahora no es el de la renegociación sino el de la sana atrofia institucional y política.

Segundo, para los liberales que celebran, como yo, el fin de la amenaza constitucional. Es cierto que podemos estar satisfechos, máxime cuando todo apunta a que el miércoles se repita, con aún más intensidad, la carambola. Pero cuidado, todavía tenemos mucho trabajo con respecto a la Unión Europea. Un duro golpe no significa su derrota definitiva, y es evidente que, más pronto o más tarde, afrontaremos nuevos envites a la libertad procedentes de los eurócratas. Debemos ser conscientes de ello y seguir explicando que la Unión Europea es un sueño estatalista, socialista, antiliberal y ruinoso. El fracaso en el caso español fue más que evidente. España puede que sea hoy por hoy, el país más euronecio de toda la Unión Europea. Todo cuanto viene de Uropa se percibe como positivo para el bienestar y la libertad. Debemos cortocircuitar semejante mensaje. No pudimos detener el envite en su momento, ahora tenemos una temporada para prepararnos.

Tercero, para los socialistas que celebran la victoria del NO. Sólo puedo unirme calurosamente a vuestra celebración y esperar que sigáis rechazando todas las amenazas que sigan viniendo desde el Estado europeo. El papel de tontos útiles lo habéis asumido voluntariamente, ojalá sigáis siendo útiles, pero no como tontos que rechazan la represión deseándola, sino como convencidos defensores de la libertad que se oponen al crecimiento del Estado.

Cuarto, para los socialistas que, en coherencia con sus principios, lamentan la derrota del Tratado fascistoide. No voy a animaros dado que sois suficientemente conscientes de que vuestra incansable cruzada por reducir las libertades de los individuos no se detiene en este referéndum. Habéis perdido la batalla, pero no la guerra contra el individuo y la propiedad. Como fieles serviles del Estado, a buen seguro encontraréis otros mecanismos que utilizar. Habéis perdido, pero seguís ostentando el poder y la capacidad para dirigir nuestras vidas. No me atrevo a calificar esta situación como derrota del socialismo, sino como zozobrante continuación.

Y quinto, para los democratistas que celebran el referéndum, no por su resultado, sino por la elevada participación. Sólo recordar que el fascismo y el comunismo son movimientos de masas. Mucho me temo que, en ningún caso, la alegría puede venir por el hecho de que haya votado mucha gente. ¿Conciencia democrática? ¿Ansias de participar en los asuntos "públicos"? ¿Cultura de estado? Todo sinónimos de gente que quiere entrometerse y controlar las vidas ajenas. El nivel de participación es, cuanto menos, irrelevante. ¿También lo celebraríamos si la participación hubiera alcanzado el 90% pero la Constitución hubiera resultado holgadamente aprobada? Semejante opinión refleja un peligroso relativismo que concede al resultado deliberativo de la mayoría un valor moral. No, no lo tiene. Si la mayoría decide linchar las libertades de las minorías, sólo cabe deplorar esas pretensiones. El resultado del referendum es excelente no porque se haya convocado un referendum y porque haya participado un 70% de la población, sino porque se ha bloqueado la infamante Constitución europea.

En todo caso, felicidades a los franceses que han utilizado los resortes y las grietas del estatalismo para desterrar este engendro. Estoy personalmente agradecido, sea cual haya sido vuestro motivo último. El resultado es tajante: la Constitución de la Unión de Repúblicas Socialistas Europeas ha sido rechazada. El NO finalmente triunfó y ello implica que podemos respirar tranquilos por unos minutos.
La necesidad de control

Gran parte del pecado de la ciencia económica moderna consiste en haber servido de mamporrera al poder estatal. No se ha hecho de la economía una ciencia independiente a las conclusiones preconcebidas que esperaban obtenerse, sino que se la ha subordinado enteramente a la camarilla gubernamental.

Hace un mes discutimos largamente acerca de la privatización del espacio radioeléctrico. Los argumentos de los socialistas eran tan insustanciosos como necesarios para mantener el control del Estado: el espacio radioeléctrico debía ser público porque era escaso. Esta burda coletilla anticientífica servía para justificar la planificación estatal más obscena. Eran los políticos, y no los consumidores, quienes tenían que determinar las empresas que podían emitir. El Estado había nazionalizado mediante su imperium el espacio radioeléctrico y concedía licencias caducables a determinados sujetos.

Aparte de exponer la inanidad económica del argumento, ya se advirtió del más que evidente peligro que esta práctica escondía. El Estado podía, simplemente, no renovar la licencia para silenciar a sus opositores. El control de las ondas radioeléctricas era un requisito fundamental para su estabilidad y supervivencia, de la misma manera que, en su momento, lo fue la nazionalización de los servicios postales para retener cualquier soflama revolucionaria.

Una vez más, se comprueba que sin propiedad no hay libertad. La libertad de expresión puede terminar en el mismo momento en el que los políticos y los sicofantes de la censura lo determinen. No hay garantías, no hay bases estables sobre las que actuar. La libertad, en última instancia, se convierte también en una licencia política.

Al mismo tiempo que señalábamos estas más que evidentes pretensiones censoras, los socialistas favorables al espacio radioeléctrico público se cansaron en defender la ecuanimidad del Estado y de los políticos. Las licencias se concedían racionalmente atentiendo al perfecto conocimiento sobre las necesidades de los consumidores. Ninguna voluntad censora se ejecutará jamás, pues la izquierda está por encima del bien y del mal.

Ayer mismo, contemplando los sollozos de la izquierda por su cada vez más evidente derrota en Internet, comenté la existencia de dos tendencias dentro de la izquierda: una que, ingenuamente, todavía cree que puede ganar al liberalismo en el plano intelectual y que, por tanto, aboga por una mayor difusión de su ideario y por entrar en combate dialéctico, y otra que, conociendo perfectamente las mentiras, engaños, carencias e insuficiencias de su ideología, defendían tirar por lo recto y censurar al liberalismo. Parece ser que Manu se ubica en esta segunda corriente: Lo que es necesario es promover que se cierren postes de la COPE. ;)

Bajo el totalitario argumento de que el Estado debe copar el espacio radioeléctrico, los censores justifican el ejercicio de la coacción estatal para silenciar a los díscolos. Es la práctica de la Cheka racionalizada, llevada por los cauces de la falsa legitimidad democrática. La Cheka era un fracaso en las formas: por un lado, no se seguían los solemnes procedimientos necesarios para ejecutar a los disidentes, por otro, su estética podía desalentar a multitud de personas a considerarla como un medio válido.

Los totalitarios han aprendido la lección. La represión debe aplicarse siguiendo los métodos pertinentes: debe hacerse el mal, pero en nombre del bien. Debe censurarse en nombre de la libertad de expresión. Debe reprimirse a la persona por su propio bien. Y para todo ello, la izquierda debe apelar continuamente a la mayoría democratista.

La voluntad mayoritaria sirve para convalidar cualquier acto. El gobernante que pueda actuar amaparado por el apoyo de las masas tiene un poder omnímodo. La democracia concede el salvoconducto que los liberticidas necesitan para acallar las protestas: el reprimido debe sorportar su aciago destino por tolerancia hacia el sentimiento mayoritario. No puede denunciar la infamante violación de sus derechos, pues estaría actuando de manera egoísta; por su propio interés, obviando el del resto.

El Estado, para toda la tropa de totalitarios censores, debe permanecer incolume, es su instrumento de control y de dominación. El Estado ya no es visto como un instrumento necesario para la convivencia social, sino como una entidad legítima en sí misma. El Estado podría dejar de ser útil, pero debería seguir existiendo. No importa si existen bienes públicos o si el espacio radioeléctrico puede ser efectivamente privatizado para garantizar la libertad de expresión; lo importante es que el Estado tiene derecho a gestionar los ámbitos materiales que considere oportunos respecto a su propia esencia.

El intervencionismo, la represión y la coacción son el modo de vida de la izquierda. Las ansias de dirigirlo y de controlarlo todo. No importa si ese intervencionismo empeora o mejora la situación de los elementos sobre los que actúa, porque la izquierda parte del principio de que la acción del Estado -cualquier acción del Estado que brote del deseo mayoritario- es legítima en sí misma y, por tanto, beneficiosa para el conjunto de la sociedad. Censurar a Jiménez Losantos constituye una defensa del derecho de información, una apuesta por la concordia y al reconciliación nacional.

La izquierda, en definitiva, contruye mentiras autojustificativas que no intenta validar en una discusión racional. La validez o invalidez de sus proposiciones es irrelevante porque proceden de la voluntad del pueblo. Pero para que tales proposiciones permanezcan y se expandan es necesario acallar a los que piensan distinto.

El espacio radioeléctrico público es una ficción. La necesidad de coacción estatal la vestimenta del emperador desnudo. La izquierda la comparsa de la mentira totalizadora. Si no puedes convencerlos, destrúyelos.

28 de Mayo de 2005

Pues sí, la están perdiendo

Parece ser que la página web de Los Genoveses se retira por un tiempo de la red. Una verdadera lástima. Uno tendrá que aumentar el número de visitas a Rebelion.org o Nodo50.org para compensar pérdida de lecturas con bilis desatada.

En cualquier caso, que uno de los referentes de la izquierda en Internet desaparezca -no se sabe muy bien si temporal o definitivamente- parece que ha movido a unos cuantos a reflexionar sobre el penoso estado de la izquierda en Internet. José Carlos ya ha comentado en alguna ocasión cuan lamentable es que tenga que ser la blogosfera liberal la que se acuerde y saque a relucir a los izquierdistas célebres.

Sin duda, la izquierda puede tener sus puntos de referencia en la Red, pero son claramente minoritarios. De ahí que no en pocas ocasiones la propuesta de censura haya salido a relucir (o más rencientemente, hemos visto como algunos, al no controlar la COPE, se han propuesto silenciarla). Buena parte de la izquierda comprendió pronto que no podían dar batalla en los medios libres, de ahí que propusiera el control gubernamental de la Red.

En todo caso, parece que la mayoría de los visitantes de Los Genoveses se encontraban muy agustos en su refugio anti-PP y no se dieron cuenta, hasta hoy, del fiasco de la maquinaria de comunicación izquierdista en Internet. ¿Resultado? Hoy ha estallado la preocupación.

En el hilo que enlazo se pueden leer toda clase de propuestas, pero que básicamente se resumen en dos. Por un lado, crear un periódico como Libertad Digital, pero de signo izquierdista, y agrupar todos las bitácoras de izquierdas en una sola página (es decir, una copia de Redliberal pero en roja), por otro, aunque soterradamente, se insta a la censura directa.

Me temo que si la izquierda quiere triunfar en Internet sólo le queda, como buen servil, recurrir al poder coactivo del Estado y sellar la boca a los liberales. El primer proyecto, el de un entramado de pensamiento izquierdista, está destinado al fracaso. Los motivos son patentes:

Primero, hoy por hoy no existe un corpus teórico de la izquierda. El marxismo ha fracasado y es ampliamente minoritario. Además, muy pocas personas, al convertirse en propietarias, van a estar dispuestas a que el gobierno los atraque por completo. El keynesianismo todavía rige con férreo puño las esferas académicas y políticas, pero es un cadáver intelectual. Sus fundamentos son endebles, y sólo sobrevive en la actualidad, por las mentiras insufladas durante tanto tiempo y el interés político en mantener el poder. La izquierda está despojada completamente de argumentos teóricos. En su mayoría, los intelectuales izquierdistas son gente con una visión muy individualizada y propia, imposible de integrar y de defender conjuntamente. Pero aún así, sus premisas económicas están totalmente agrietadas.

Segundo, porque el objetivo está descentrado. Leyendo el hilo se encuentra uno con propuestas del estilo "crear una web anti-PP". La izquierda, esa parte que todavía intenta prestar combate intelectual, todavía no se ha dado cuenta de que quienes están ganando la batalla en Internet no son los simpatizantes del PP, sino los liberales, esto es, aquella gente que, como mucho, considera al PP una herramienta transitoria para refrenar el impulso totalitario de buena parte del socialismo patrio. No obstante, ninguno de esos liberales considera al PP como un complaciente punto de llegada, es más, muchos vemos al PP como un enemigo a derrotar conceptualmente. Forjar un proyecto en la crítica sencilla al PP no les hará dominar la Red, simplemente porque pocas páginas que se identifiquen con el PP son puntos de referencia. El enemigo de la izquierda es la libertad. La batalla, su batalla por la coacción estatal, deben prestarla en este campo. Es simplemente ridiculo que pretendan derrocar a un partido político, cuando precisamente lo que se cuestiona es la validez de la política como instrumento rector de nuestras vidas. Su posición es la de defender al político, a los políticos, a la clase política corporativa. Este es un aspecto del que todavía no se han dado cuenta, pero que, pronto o tarde, deberán forzosamente abrazar. Sus críticas al PP, a la corrupción ínsita en toda organización política estatal, sólo sirven para desacreditar, más si cabe, los fundamentos anticapitalistas del Estado, de todo Estado.

Tercero, porque la izquierda va a remolque. Que intenten crear una LD roja o una Redizquierdista sólo demuestra la fortaleza del proyecto del liberalismo en Internet. Libertad Digital surgió hace más de cinco años, Liberalismo.org hace tres años y medio, Redliberal hace un año. Los proyectos que tanto odia la izquierda, por suponer su principal línea de desgaste, son ahora sus páginas referenciales a imitar. La visión "empresarial" del liberalismo ha superado en mucho a la izquierda y, en buena medida, sigue haciéndolo. No tengo ninguna duda de que el Instituto Juan de Mariana adquirirá a medio plazo un peso muy considerable y será un punto de referencia intelectual, de la misma manera que Libertad Digital es hoy un referente informativo. Aun cuando la izquierda se organice, los liberales continuarán "organizándose" a pesar de su caótica e individualista ideología. Sacarán a relucir más y mejores proyectos para librar la batalla de las ideas.

Y cuarto, fracasarán porque, como le dijo Childs a Rand, están equivocados. El mito de la izquierda -que la coacción política y la planificación racionalista de las sociedades a través de la represión de entes superiores permite mejorar la vida de los individuos- conmovió, y en cierta medida sigue conmoviendo, a buena parte de la intelectualidad. Pero no se puede engañar a todos durante todo el tiempo, y ello incluye que ni siquiera los socilistas podrán seguirse engañando siempre a ellos mismos.

Con todo, los mecanismos represivos del Estado todavía pueden ayudar a la izquierda a "vencer" su particular contienda ideológica. En otras palabras, puede que se siga la segunda de las propuestas de los participantes en el foro de Los Genoveses: la censura de los liberales. En este sentido, el socialismo ya ha empezado a promover ciertos mecanismos represores limitativos de la libertad de expresión. Y es que, por mucho que se engañen, la izquierda no está perdiendo la batalla en la Red por falta de recursos, sino por falta de talento. Es curioso que, precisamente, Internet, esto es, el medio de comunicación con menores costes de establecimiento, sea el escenario donde los liberales predominan. En cambio, los grandes medios de comunicación, prensa, radio y televisión, donde no sólo es necesario una gran cuantía de fondos, sino un compadreo político marcado, el liberalismo sea minoritario. Si tantas multinacionales financian a los insurgentes liberales, ¿cómo se explica que no abunden los medios de comunicación y las cadenas de televisión donde se promueve una completa eliminación del Estado o, cuanto menos, un brutal recorte? ¿Cómo se explica que la izquierda acuse al liberalismo de predominante si, casi todos los socialistas equiparan a los liberales con los simpatizantes del PP? ¿Es qué no conocen nada más liberal que uno del PP?

Ahora bien, quede claro que la afirmación de que los liberales estamos siendo masivamente financiados por multimillonarios con espurios intereses no es del todo inocente. No ya por suponer un ataque ad hominem bastante sencillo, sino porque el Estatuto del Periodista prevé sanciones a aquellos que acepten retribuciones o gratificaciones de terceros para promover, orientar, influir o publicar informaciones u opiniones. La izquierda favorable a la censura -cada vez más abundante ante su estrepitoso fiasco intelectual- está adoquinando el camino hacia la mordaza.

En todo caso, y mientras el Estado no envíe a sus cuerpos represores/policiales a casa de los disidentes liberales cortarñes la conexión a Internet, imponerles disuasorias multa o mandarlos a campos de concentración tan a gusto de los comunistas, la izquierda estará perdiendo la batalla en Internet. Y cada día, para su desgracia, la perderá de manera más escandalosa. Ya se han dado cuenta. Ahora sólo falta que enlacen esta derrota con su propia bancarrota intelectual. Motivos hay.
Una historieta del ciclo económico

Estaba escribiendo otro artículo con espacio tasado, de manera que he tenido que eliminar parte del texto que anoto debajo. Lo he reestructurado y ampliado ligeramente. En él pretendo explicar el ciclo económico austriaco a través de una gráfica analogía y por qué la política monetaria y fiscal no sólo no ayudan a terminar con la crisis sino que la endurecen y alargan. Soy consciente de que la explicación es un tanto pedestre y, en bastantes casos, inexacta. Pero puede servir como una primera aproximación.

Toda crisis económica sigue a los períodos de supuesta expansión. Los economistas neoclásicos sulen argüir que la expansión es positiva y la crisis negativa. Por ello, arbitran políticas que permitan rescatar a la economía de la crisis. No obstante, hemos de tener presente que los períodos de expansión (o booms) que vengan seguidos de crisis económicas, no son períodos de crecimiento sino de hipertrofia. El crecimiento requiere bases estables y, sobre todo, buenas inversiones. La hipertrofia es un proceso de malas inversiones generalizado que sólo durante un tiempo parece adecuado. Para explicarlo me gusta recurrir a la frase de San Agustín quien señala que la soberbia no es grandeza sino hinchazón; y lo que está hinchado parece grande pero no está sano.

San Agustín contrapone muy inteligentemente hinchazón con grandeza. La teoría austriaca del ciclo económico no explica por qué los crecimientos sanos degeneran en severas crisis, sino porque se producen obesidades mórbidas que requieren un período de sufrimiento.

Los períodos de hipertrofia de la estructura productiva ocurren porque el Banco Central expande la oferta monetaria y, al filtrarse al mercado crediticio, reduce el tipo de interés. Así, proyectos que antes no eran rentables, ahora lo parecen. Estos proyectos mayormente se situaran en etapas muy alejadas del consumo, con unos períodos de maduración más latos (un tipo de interés más bajo significa una preferencia temporal más reducida, de manera que, en teoría, la gente está dispuesta a esperar más a que las inversión en capital se completen en bienes de consumo)

Sin embargo, este ahorro no ha provenido de una reducción del consumo, con lo cual ampliamos al mismo tiempo consumo e inversión. De ahí que estemos en un complaciente boom. La riqueza y la prosperidad brota por todas partes. Empieza la hinchazón.

Una crisis es el momento en el que las malas inversiones inducidas por el Banco Central durante el período de hipertrofia se liquidan. Las inversiones son malas por la escasez de ahorro que se necesita para completarlas, y la liquidación significa una reordenación de la estructura productiva presente (que en parte contiene las malas inversiones previas) a partir del monto real de ahorros del que se dispone.

El gobierno puede hacer dos cosas, expandir nuevamente la oferta monetaria (con lo cual se reproduce el proceso anterior multiplicando las malas inversiones) o seguir una política fiscal expansiva, a través de déficits públicos.

El déficit público, no obstante, extrae parte del ahorro de la sociedad para gastarlo en estúpidos proyectos gubernamentales, endureciendo y alargando, por tanto, el período de liquidación (de crisis) Si pensamos que las malas inversiones se han producido a partir de un fondo de ahorro artificialmente elevado, no tiene ningún sentido que el gobierno reduzca todavía más ese fondo, que precisamente es lo que permitirá salvar algunos muebles.

Tradicionalmente, los austriacos han recurrido al ejemplo de las drogas: si uno bebe alcohol le hace atravesar un período de euforia en el que parece hiperactivo, pero después de la borrachera viene la resaca. Si servimos sucesivo alcohol al sujeto, retrasaremos la resaca, pero la haremos más severa y destructiva. Al final, el coma etílico.

Sin embargo, ese ejemplo tiene algunas carencias. No explica, por ejemplo, la expansión de las etapas productivas, la reconversión de capital o los efectos de la política fiscal. Por ello, voy a proponer otro ejemplo que, obviamente, también tiene sus limitaciones. Por un lado no transmite una sensación de la producción en un sentido sincrónico (al mismo tiempo) sino solamente diacrónico (después de un proyecto otro). Por otro, no capta especialmente bien los órdenes de los bienes de capital. Tampoco ilustra el mantenimiento del consumo y de la inversión durante el boom. Y, por último, resulta mucho menos gráfica en cuanto a la crisis que la resaca del anterior ejemplo. Aún así, puede servir para ilustrar los nocivos efectos de la política fiscal en mayor medida que el ejemplo del alcohol.

Imaginemos que un profesor amplía a sus alumnos el plazo para prepararse el examen final de la asignatura desde 2 a 5 meses (expansión del crédito por parte del Banco Central y consecuente reducción del tipo de interés). Los alumnos son conscientes de que sólo necesitaban dos meses para obtener la máxima nota, de ahí que ahora se vean con tres meses libres. Ante esta situación, el profesor les ofrece la posibilidad de efectuar un trabajo complementario para obtener la Matrícula de Honor (ampliación de los períodos productivos para incrementar la producción) Por su complejidad, el trabajo les ocupará a los alumnos los 3 meses que tenían libres.

Sin embargo, cuando ha transcurrido mes y medio, el profesor les dice que la ampliación del plazo era una broma y que sólo disponen de medio mes para prepararse el examen (escasez de ahorro en la economía). Evidentemente, los alumnos tendrán que abandonar de inmediato la redacción del trabajo (liquidación de proyectos, crisis económica) y ponerse a estudiar el examen para, al menos, aprobar el curso (reestructuración productiva)

Con todo, dado que el trabajo había requerido un trabajo previo en la asignatura, algunos esquemas y anotaciones del mismo son de suma utilidad para estudiar el examen (reconversión del capital) Haciendo que el medio mes con el que cuentan sea mucho más productivo que antes. En otras palabras, los estudiantes han perdido mes y medio en proyectos incompletos, y no obtendrán la máxima nota en el examen, al necesitar dos meses. Pero gracias a esos proyectos incompletos, al menos, podrán aprovechar el medio mes restante para aprobarlo (recuperación rápida de la crisis).

El profesor se percata de la mala situación de sus alumnos y, para evitar las críticas de sus compañeros de oficina, decide fingir que todo sigue bien. Para ello tiene varias opciones.

Por un lado, puede volver a engañar a los alumnos diciéndoles que disponen de dos meses para el examen (nueva expansión monetaria). Sin embargo, ello sólo ocasionará que los alumnos se planifiquen el estudio a dos meses vista (esto es, que reduzcan y repartan su tiempo de estudio durante los dos meses) de manera que, cuando llegue el momento de realizar el examen final, medio mes después, todos suspenderán (crisis total con posible fin del sistema monetario)

Otra opción consiste en controlar el trabajo de sus alumnos. Si el resto de profesores se enteran de que sus alumnos tienen un trabajo medio hecho y abandonado (recursos ociosos en la economía), esto significará que no estimula a sus alumnos a trabajar. Por ello, puede decidir obligar a parte de sus alumnos a que finalicen todos los trabajos de la clase (gasto público en los "recursos ociosos" detrayendo recursos de los proyectos necesarios y valorados por el mercado), de manera que unos alumnos podrán estudiar y aprobar y otros, en cambio suspenderán por haber dedicado su tiempo a completar los trabajos ajenos. No obstante, parece obvio que ni siquiera esos otros alumnos tendrán tiempo para terminar los trabajos de sus compañeros dado que hubieran requerido de mes y medio solamente para terminar los suyos propios. En la práctica, esta política sólo sirve para lograr una apariencia de "actividad" de la clase. El resultado será que no se terminará ningún trabajo (o si se termina alguno será residual y concentrando en él a varios alumnos) y que buena parte de los alumnos (esos a los que se les encargó desviar su tiempo hacia los trabajos ajenos) suspenderán de una manera muy deficiente (muchos proyectos empresariales no podrán ser reconvertidos, serán del todo abandonados; otros quebrarán por ausencia de fondos y los menos -los equivalentes a los alumnos cuyo trabajo fue terminado- obtendrán beneficios extraordinarios a costa de otros empresarios)

Otra posibilidad del profesor, consiste en confiscar a los alumnos sus trabajos inacabados para hacer fuego en la chimenea de su alcoba (gasto público en otros proyectos; ejemplo arquetípico keynesiano "cavar agujeros y volver a llenarlos"), de manera que además elimina el rastro de los trabajos inacabados. Los alumnos no podrán disponer de sus trabajos para estudiar durante el mes y medio, con lo cual no dispondrán del tiempo suficiente para aprobar el examen. La mayoría suspenderá y sólo los más inteligentes (mejores empresarios) aprobarán. Se produce una repetición masiva del curso.

En la práctica, ambos tipos de gasto público son muy similares. El primero vendría a corresponder con gasto público en el sector privado y el segundo con las obras públicas. No me atrevería a señalar cuál de los dos es más nocivo. La cuestión es que ambos terminan con un resultado penoso.

En todo caso, la repetición del curso permitirá volver a empezar y, si el profesor no vuelve a engañar a sus alumnos, aprobar el curso, esto es, regresar a la senda del crecimiento económico. Mientras tanto, los alumnos han perdido un año de sus vidas y han dedicado parte de su escaso tiempo como estudiantes a labores inútiles. Incluso habrán empeorado sus notas en otras asignaturas debido al menor tiempo de estudio y el mayor esfuerzo requerido (proceso de descapitalización) En la economía, el mantenimiento de las inversiones y del consumo durante la expansión requiere un consumo continuo de capital. El valor de los mismos cae y las estructuras productivas después de la crisis devienen menos capital intensivas, esto es, mas abocadas al consumo y con una menor productividad. La expansión crediticia no supone un "experimento fallido", sino un experimento dañino.

Queda claro, pues, la miseria del keynesianismo. Ni expansiones monetarias ni expansiones fiscales. El crecimiento económico requiere su completa eliminación.

22 de Mayo de 2005

¿Keynes liberal?

Uno sólo puede sorprenderse de las frases de algunos. El error viene de lejos; los que no llegaron a comprender las causas de la crisis del 29, atribuyéndoselas falsamente al capitalismo, sostienen que Keynes salvó a la economía estadounidense de caer en las garras del socialismo. En otras palabras, Keynes era el mayor capitalista pues conocía sus limitaciones y orquestó el aparato del Estado para salvar al capitalismo.

Si nos fijamos con atención, este contubernio entre Estado y mercado es lo que lleva a muchos comunistas a tildar el fascismo de fase superior del capitalismo. Cuando el sistema no se sostiene, las clases burguesas utilizan el Estado para reprimir la revolución y consolidar su posición de dominio. Para los socialistas, el fascismo es una especie de capitalismo de Estado, una especie de keynesianismo.

Y razón no les falta. El propio Keynes se retratara en su introducción a la edición alemana de la Teoría General cuando expresó que sus ideas eran "más fácilmente adaptables a las condiciones de un Estado totalitario" y John Kenneth Galbraith califica al propio Adolf Hitler como el auténtico protagonista de las ideas keynesianas (en "La era de la incertidumbre")

No calificaría yo a Keynes de liberal (a no ser que intentemos jugar con las palabras calificando como liberal anglosajón) Las soflamas continuas a favor de la intervención del Estado tienen poco de liberales. Pocos lo han expresado con la maestría de Henry Hazlitt: El sistema de Keynes fue, en realidad, una vuelta a las ingenuas y desacreditadas teorías de los mercantilistas y teóricos del infraconsumo que van de Mandeville y Malthus a Hobson. Significó, así mismo, un retorno a todas las teorías inflacionarias de los excéntricos monetarios que van de John Law a Silvio Gesell. Las propuestas de Keynes en favor de la "eutanasia del rentista, del inversor que no cumple función alguna" fueron ides que proponían robar a quien produce y expropiar sus ahorros. El plan de Keynes para "la socialización de la inversión" significaría inevitablemente el socialismo y la planificación por parte del estado. Si se lo llevara seriamente a la práctica, eliminaría todo campo significativo para el ejercicio de la iniciativa y la responsabilidad privada. En resumen, Keynes recomendó un socialismo de facto bajó el disfraz de "reforma" y "preservación" del capitalismo.

Casualmente, Leonard Peikoff se refirió a Hitler en términos parecidos: A diferencia de los marxistas, los nazis no pedían la propiedad pública de los medios de producción. Solicitaban que el gobierno supervisara y dirigiera la economía nacional. La cuestión de la propiedad legal, aseguraban, era secundaria; lo que realmente importa es el CONTROL. Los ciudadanos privados, por tanto, pueden continuar poseyendo títulos de propiedad -en tanto que el Estado se reserve para sí mismo el ilimitado derecho para regular el uso de esa propiedad.

Parece que tanto Hazlitt como Peikoff llegaron de manera separada y, muy probablemente, sin darse cuenta, a definiciones similares del keynesianismo y del nazismo.

Sería interesante que los favorables a incluir a Keynes entre los liberales nos explicaran qué tiene de liberal aparte de una supuesta oposición al comunismo. Y digo supuesta, pues, en la reseña sobre el libro comunista de los Webbs se manifestaba impresionado por los resultados de la URSS. Incluso el mismísimo Lenin en su Informe sobre la situación Internacional y las tareas fundamentales de la Internacional Comunista de 19 de julio de 1920 fue claro al afirmar que [Keynes] ha llegado a conclusiones que son más tajantes, más evidentes y más edificantes que cualquiera otra de un revolucionario comunista.

No es de extrañar que Ralph Raico, por su parte, concluya que: No, Keynes no fue ningún "liberal modelo", sino por el contrario un estatista y apologista ocasional de los más despiadados regímenes del siglo. Sus peculiares comentarios, especialmente de la Rusia Soviética, añadidos a sus teorías económicas siempre favorables a la ampliación de los poderes gubernamentales y sus visiones utópicas dominadas por el estado, deberían frenar a aquellos que le incluyen sin dudar en las filas liberales. Considerar a Keynes como "el liberal modelo del siglo XX" sólo puede servir para hacer completamente incoherente un concepto histórico indispensable.

Quizá éste sea el objetivo. Desvirtuar el término liberal de semejante manera para que estatalistas como Keynes tengan cabida. Espero que sea eso y no la simple torpeza. Mientras tanto, aguardaré para saber qué parte de la política económica keynesiana es liberal.

Sólo un matiz; bajar conyunturalmente los impuestos para estimular la demanda agregada no es una medida liberal. La propiedad de las personas no es un instrumento en mano de los políticos para alcanzar ciertos "objetivos sociales". No en vano, de la misma manera que Keynes recomendaba bajar impuestos en tiempos de depresión, proponía subirlos durante la prosperidad. Esta concepción del ser humano como un medio en manos de los políticos no tiene nada de liberal y sí bastante de nacional-socialista. En esas estábamos.

Actualización: Este ensayo de Richard Ebeling, uno de los austriacos más reputados del momento, puede ayudarnos a profundizar en la cuestión. En 1925 Keynes pronunció un discurso bajo el título Am I liberal?. Tras expresar su desencuentro con el partido conservador y el laborista, concluyó: El Partido liberal todavía resulta el mejor instrumento para el progreso en el futuro - siempre que tenga un sólido liderazgo y un programa adecuado. ¿Y en qué concluía ese programa adecuado? Abandonar el desfasado individualismo y el laissez-faire que, para Keynes, resultaba el páramo del pasado. Y en este punto Ebeling nos ilumina, de nuevo, con una interesantísima conclusión: Keynes se declaró partidario de un "nuevo liberalismo" (ese liberalismo que los comunistas tildan de fascistoide por usar el Estado para consolidar el régimen burgués de propiedad privada a través de la represión estatal). Este nuevo liberalismo implicaba para Keynes, "la transición desde la anarquía económica a un régimen que deliberadamente se propone controlar y dirigir las fuerzas económicas hacia los intereses de la justicia social y la estabilidad de la sociedad"

Por tanto, la militancia de Keynes en el partido liberal debería entenderse, en todo caso, como la de un caballo de Troya destinado a desactivar el caduco laissez-faire. Ahora bien, las consecuencias de esto resultan harto interesantes y es que los auténticos "neoliberales" (ese término que tanto le gusta a la izquierda, incluida la keynesiana) son los keynesianos. La política neoliberal es la política keynesiana y no la del tradicional laissez-faire que no ha necesitado reinventarse. Esto queda particularmente patente si pensamos que instituciones tan "neoliberales" como el FMI o el BM son de impronta keynesiana.

En conclusión, Keynes no tiene nada que le acerque al liberalismo, salvo haber evitado proponer la nacionalización de los medios de producción. Pero en buena medida esto tampoco la ejecutaron los fascistas.
La Unión Europea, de nuevo, contra el libre comercio

Finalmente Vidal-Quadras, Mandelson y Barroso han conseguido su objetivo. China aumentará un 400% las tarifas a la exportación de sus productos textiles. En otras palabras, en lugar de ensuciarnos las manos, forzamos al gobierno chino a que impogan aranceles a sus productos.

Si esto es lo que querían conseguir, felicidades a los tres. Ahora bien, espero, de la misma manera, que ninguno de los tres vuelva a jactarse de su fe en el libre comercio. Los consumidores, nuevamente, explotados por los políticos.

Pero el esperpento no termina aquí. El antecesor de Mandelson como Comisario de Comercio, Pascal Lamy, se postula como presidente de la Organización Mundial de Comercio (ya saben, uno de los arietes del hipercapitalismo mundial desbocado y de la globalización explotadora). ¿Y qué ha dicho Lamy al respecto? Hay que saber que existen reglas del juego y no es la ley de la selva. ¿Y quién marca las reglas de este malévolo juego socialista? Obviamente la OMC y el propio Lamy. Otro ejemplo de cómo es imposible conseguir la libertad a través de medios socialistas, esto es, alcanzar el libre comercio a través de un organismo planificador mundial. El fallo es fundacional; la filosofía de la OMC es que los países que la integran pueden comerciar libremente entre ellos por pertenecer a un mismo organismo público. En cambio, la filosofía tradicional del libre comercio era que los Estados no tenían derecho a restringir el libre comercio. En la OMC el libre comercio se toma como un mecanismo de política económica, en el segundo como un ámbito donde esa política económica no tiene cabida. De ahí que la OMC sólo sea una institución neomercantilista y socialista, que mal haríamos en considerar aliada en la causa de la libertad.

Ya expliqué en el último post que la causa de fondo por la que los políticos europeos intentan restringir el libre comercio es para evitar la necesaria reforma del estatalismo occidental. Pero aparte, los políticos europeos se enfrentan con el amargo rostro de las consecuencias de su irresponsabilidad.

La situación por la que actualmente pasa el textil no es una consecuencia del capitalismo salvaje, sino de la torpeza estatal. No puedo pretender tener atada de pies y manos a una persona durante 50 años y luego quejarme de que pierde la carrera de los 100 metros lisos. De la misma manera, si la fortaleza europea ha atrofiado durante 50 años la industria textil, resulta cuanto menos hipócrita acusar a los chinos de inundarnos con sus exportaciones y de ocasionar graves desajustes sociales.

El desajuste, la quiebra del sector en Europa, proviene de un ajuste artificial previo. La crisis no empieza ahora, empezó justamente cuando el textil occidental fue incapaz de competir sin la protección estatal. La adaptación que, de la otra manera, hubiera sido flexible y de manera pausada, viene ahora en forma de torrente. Lo que hubiera sido una mansa corriente, el Estado lo ha venido acumulando en un piélago de destrucción.

Y no puedo dejar de asombrarme de que los mismos que han construido la presa de la falsa seguridad, sean los mismos que ahora, tras abrir las compuertas, quieran ordenar la transición, restringiendo las exportanciones chinas, esto es, volviendo a cerrarla. Estaría tentado a pensar que no han aprendido la lección, pero más bien me inclino por creer que los lamentables politicuchos de la Comisión Europea prefieren endosarles a sus sucesores la consecuencias de la avalancha que se avecina por retrasar todavía más la liberalización.

Exactamente lo mismo que se esté haciendo todavía hoy con el sector agrícola y la PAC, esto es, permitirle sobrevivir al amparo de la protección estatal. Nota al margen merece el lamentable hecho de que el responsable de política económica del PP, Arias Cañete, alias Mister PAC, sea uno de los más encendidos defensores, en toda Europa, de este nocivo sistema tuitivo. ¿Qué cabe esperar de la política económica de un partido cuyo estandarte es la defensa de la perpetuación de las ayudas agrarias y de los aranceles? ¿Qué cabe esperar de quienes dicen defender la competencia salvo cuando se produce fuera de Europa? Pero no sé porque me extraño de que Mister PAC esté en la dirección económica del PP si el militante más liberal de su partido, un tal Vidal-Quadras, fue el encargado de dar el pistoletazo de salida para enterrar el libre comercio textil

Nefasta Unión Europea. Nefastos eurócratas. Y nefastos los socialistas de todos los partidos, esto es, todos los políticos.

18 de Mayo de 2005

Mandelson y Barroso, a la tarea

Parece ser que la neoliberal Comisión Europea ha empezado a trabajar seriamente. En su abjuración del librecambismo, Vidal-Quadras sentenció acerca de las exportaciones chinas: Peter Mandelson ha ponerse a la tarea si no quiere que le quiten, y nunca mejor dicho, hasta la camisa.

Dicho y hecho. El Comisario de Comercio (o mejor dicho, el Comisario para eliminar el Comercio), Peter Maldeson, ha anunciado su intención de limitar al 7,5% la exportación de China a la UE de camisetas e hilo de lino, en otras palabras, se está pensando en imponer una cuota. Los efectos de la cuota son similares a los del arancel. El arancel incrementa directamente el precio, la cuota limita la cantidad ofertada (de manera que aumenta el precio)

En todo caso, seguimos en lo de siempre, en un neomercantilismo analfabeto que perjudica a todo el mundo. A los consumidores se les hace pagar un precio superior; a miles de productores chinos se les bloquea la entrada en la Unión Europea. Esto, aparte de la consiguiente reducción del mercado, provoca unas consecuencias mucho más nefastas y de mayor alcance. Una sociedad sólo puede desarrollarse a través de la acumulación de capital que incremente la productividad de su trabajo (o bien a través de migraciones masivas de ese trabajo hacia donde se encuentre el capital); la acumulación de capital requiere inversión y la inversión ahorro. Es evidente que la capacidad para ahorrar que hoy tienen los chinos es escasa; si sólo pudieran recurrir al ahorro nacional su desarrollo duraría décadas (este fue el caso de Europa, que tuvo que proceder a toda la acumulación de capital por ella misma, sin posibilidad de recurrir a ahorro exterior) Por tanto, para una acumulación de capital y un desarrollo rápido, China necesita recurrir a los ahorros/inversiones occidentales.

La cuestión es qué incentivos tiene un inversor occidental en acumular capital en China si los productos que allá fabrique no podrá venderlos en Occidente. Realmente escaso. La Unión Europa, al igual que hace con África en el caso de la PAC, está provocando el subdesarrollo de China (o al menos intentando torpedearlo)

Pero el despropósito de la Comisión no ha terminado en las declaraciones de Mandelson. Durao Barroso, el ultraliberal, amenaza con que la UE puede ir más lejos. ¿Más lejos? ¿Invocarán a la OTAN para defenderse de la agresión de las exportaciones chinas? Claro que Barroso, como buen político, actúa mediante el chantaje. Fíjense en la fórmula que emplean los capitostes mafiosos que dirigen nuestras vidas por nuestro bien. Un ciudadano tiene que entregarle parte de su renta porque si no lo hace irá a la cárcel. Un ciudadano no puede vender drogas porque si lo hace la policía lo arrestará. Un empresario no puede despedir a un trabajador "de manera improcedente" porque si lo hace será sancionado. El Estado opera a través de la amenza del uso de la fuerza, de su fuerza represiva.

El problema es que frente a otro Estado sólo puede recurrir al ejército y tal extremo, hoy por hoy, no está muy bien visto. Por ello, Barroso recurre a otras formas de retorsión. O el gobierno chino coacciona a sus empresarios para que no vendan tanto en Europa, o se adoptarán "otras medidas". ¿Por qué el Estado europeo es tan hipócrita? Le propongo una solución más sencilla: que apruebe una ley según la cual todos aquellos que compren o vendan un producto chino serán condenados a 5 años de prisión. ¿Por qué no lo hace? ¿Por qué no persigue directamente a los consumidores y a los distribuidores? ¿Parece una medida demasiado extrema? (Al fin y al cabo es lo que sigue haciendo con las drogas) ¿Acaso resulta una medida demasiado impopular?

El cinismo llega a su punto más alto cuando Barroso asegura que los Comisarios "estamos verdaderamente preocupados por la situación". ¿Preocupados de que los consumidores puedan comprar más barato? ¿O preocupados de que su demagogia populista y antiliberal se está desmonorando? ¿Qué temen realmente Barroso y el resto de los políticos? ¿Sólo el bienestar de los individuos o que ese bienestar ponga fin a la ilusión sobre la que se asienta el Estado y, por ende, su cargo?

En realidad hay mucho más detrás de toda esta pantomima. La Unión Europea se asienta sobre las deficientes estructuras del Estado de bienestar que, a su vez, se asientan sobre el parasitismo al empresario. Una apertura al exterior de Europa implica una competencia para la que, con su anacrónico Estado de bienestar, no está preparada. Ningún empresario querrá quedarse a largo plazo en una sociedad donde es torturado y vilipendiado. En tanto la seguridad jurídica y los derechos de propiedad se fortalezcan en el extranjero, los empresarios no tendrán incentivos en seguir invirtiendo en Europa y en renovar sus estructuras de capital. Simplemente huirán. Esa huida, en un mercado libre tiene sus obvios límites, en un mercado intervenido puede prolongarse durante mucho tiempo. Hoy por hoy no es una amenaza suficientemente seria, invertir fuera de Occidente sigue considerándose una arriesgada "aventura". Pero en un futuro no muy lejano, según como evolucionen los acontacimientos, la arriesgada aventura puede ser permanecer en Occidente.

Los políticos lo saben; son conscientes de que si Europa se empobrece será por su única responsabilidad. Son necesarias reformas que eliminen o que reduzcan de manera muy considerable el Estado de bienestar y la persecución al empresario. Reformas tan necesarias como impopulares que ningún burócrata quiere emprender. No sólo porque su cargo peligraría, sino porque su poder menguaría. Siendo ello así, resulta mucho más sencillo frenar el desarrollo chino y africano (si bien la amenaza procedente de este continente es inexistente por ahora) bajo la retórica de proteger a "los empresarios nacionales". Y si a ello le añadimos la farisaica solidaridad del 0'7% para los países subdesarrollados, el talante político se convierte en una aspiradora de votos. Una estrategia asquerosa, pero al fin y al cabo una estrategia política.

En cualquier caso, creo que este caso sirve para que nos demos cuenta de que nunca conseguiremos nada de un político, aunque se califique a sí mismo como liberal. Ni Barroso ni Vidal-Quadras han resistido, ante el más mínimo envite, la tentación de elevar las murallas de la fortaleza europea. La solución nunca vendrá de la política, porque precisamente, la política es el problema.

16 de Mayo de 2005

El Estado sin fundamento, una respuesta a Kantor

Kantor ha escrito dos interesantes artículos (I y II) intentando fundamentar la necesidad del Estado. De los múltiples argumentos que los estatalistas suelen emplear, ha decidido echar mano de las externalidades.

Por explicarlo brevemente, la externalidad presupone que la acción humana individual produce efectos, positivos o negativos, sobre terceros que no son captados por el mecanismo de los precios. Dado que los neoclásicos no pueden evitar situarse en el estrecho paradigma del homo economicus, al no integrar esas acción positiva o negativa el precio de mercado, el resultado será subóptimo.

¿Por qué? Si la externalidad es positiva (no recoge los auténticos beneficios sociales) la acción que la origina será subproducida, y si la externalidad es negativa (no capta el verdadero coste social), la acción será superproducida.

La teoría de las externalidades, con todo, tiene un problema fundamental. Como ya he indicado arriba, los costes o los beneficios no se atribuyen a las partes contratantes, sino a terceros.

Por tanto, en una primera aproximación, debemos tener claro que la acción supone una injerencia involuntaria en la esfera de un tercero. Está claro, pues, que, desde la perspectiva del tercero, la acción deberá cesar cuando le imponga un coste y deberá estimularse cuando le suponga un beneficio. Y, en este sentido, se produce un conflicto de derechos: ni el actor estará dispuesto a cesar ni a incrementar su actividad. En ambos casos, se le restringirá su libertad de acción.

Siempre que hay un conflicto de derechos, resulta claro que las partes deberán buscar un mecanismo conciliador: o bien el juez o bien un acuerdo voluntario. Y quiere remarcar este punto; estamos ante un conflicto de derechos, y en concreto, de derechos de propiedad. La teoría de las externalidades yerra al ser incapaz de reconocer que no existe un problema de super o de subproducción, sino uno de violación de derechos.

Imaginemos que el sujeto A decide pintar las paredes de su casa de color verde fosforito y ello causa un daño visual a los transeúntes. La teoría de las externalidades diría que en el precio de la pintura del verde fosforito no se incluía el coste social derivado del daño visual, con lo cual las casas verde fosforito son superproducidas.

De la misma manera, la cirugía estética agracia el aspecto físico de las personas, ocasionando un indudable beneficio social a consumidores, trabajadores e individuos en general. Dado que el precio de la cirugía estética no incluye semejantes beneficios sociales, el resultado es una infraproducción de cirugías.

Una de las soluciones adoptadas ante semejante "caos productivo" fue el impuesto y la subvención Pigou. En este sentido, en el primer caso, se gravaría el precio de la pintura fosforito con un impuesto (lo cual reduciría la producción de casas fosforitas) y, o bien se lo quedaría el Estado, o bien se repartiría entre los transeúntes afectados. En el segundo caso, se impondría un impuestos a la ciudadanía para subvencionar la cirugía estética y así reducir su precio.

El problema de esta teoría es amplio. Tanto los beneficios como los costes tienen un carácter netamente subjetivo y, por tanto, individual. Los precios de mercado no son, ni pueden ser, una especie de medición de la eficiencia social de la distribución de recursos.

Los motivos por los que un determinado intercambio ha dado lugar a un precio no interesan a la economía: únicamente sabemos que la utilidad de lo recibido será superior a la utilidad de lo entregado para cada parte. Pretender que los precios contengan, además, los pensamientos, las ideas o las impresiones de gente ajena a la transacción supone imposibilitar de facto la formación de los precios. Cada cual podría sentirse "afectado" por la perpetuación de una determinada acción humana; y sería absurdo considerar que todo afectado tiene derecho a frenar la ocurrencia de la acción.

Es más, ¿cómo comparar el gravamen que supone para un tercero y el bienestar que implica para ambas partes? ¿Cómo agregar las diferentes utilidades individuales en una función de utilidad? Y, sobre todo, ¿por qué la maximización de esa función de utilidad debe guiar el objetivo de la política estatal? ¿es que acaso no supone, en realidad, la imposición de fines de algunos individuos -maximizar la satisfacción social- a los de otros?

Pero el absurdo económico no es mayor al jurídico. Imaginemos que finalmente se impone un impuesto sobre la pintura verde, y la recaudación se distribuye entre los afectados. Sin posicionarnos sobre quién tiene razón en este caso concreto, la cuestión es; si el propietario está legitimado para pintar su casa, ¿por qué debe pagar un impuesto? Y si el transeúnte esta legitimado para evitar que otro pinte de verde fosforito su casa, ¿por qué debe contentarse con una compensación monetaria? Nuevamente, nos volcamos en las comparaciones intersubjetivas de utilidad, suponiendo que el daño causado por la visión del verde fosforito se ve compensado por la recepción de dinero. Pero esto no tiene sentido alguno. Si la visión de una casa verde supone una agresión a los transeúntes, la agresión debe cesar.

Pongamos otro supuesto. Un mayordomo introduce cada mañana una dosis no mortal de arsénico en el café de su señor. Sin duda, aquí tenemos un conflicto; el señor quiere que su mayordomo cese la agresión diaria, pero el mayordomo es feliz introduciendo el arsénico. ¿Debe consistir la solución en imponer un impuesto al arsénico y entregárselo como compensación monetaria al señor? Si ello fuera así, es evidente que el señor no podría impedir la agresión (pues la utilidad social ha alcanzado su máximo) y finalmente moriría. El conflicto de derechos, al final, sigue sin resolverse.

Con todo, Kantor no se adscribe a la teoría pigouviana. Y, en su post, nos propone otro ejemplo. En un lago, tenemos un pescador y una empresa. El pescador quiere pescar y la empresa realizar sus actividades, para las que necesita contaminar el lago. Si la empresa contamina, el pescador pierde 9 millones de euros; si la empresa adquiere una depuradora, por 4 millones de euros, ambos podrán realizar sus actividades.

En ese sentido, si el lago es propiedad del pescador la empresa deberá desembolsar 4 millones de euros; si el lago es propiedad de la empresa, el pescador pagará los 4 millones de euros a la empresa para evitar la pérdida de los 9 (es decir, evita la pérdida de 5 millones de euros) En ambos casos, se alcanzará el "óptimo social", esto es, la convivencia entre el pescador y la empresa.

Esto, nos dice Kantor, se conoce como el Teorema de Coase: las externalidades pueden resolverse mediante la negociación entre las partes, "una vez establecidos los derechos de propiedad"

Con todo, este enfoque también tiene sus problemas. Es curioso cómo los neoclásicos identifican la maximización de la utilidad social con la maximización del output productivo a través del output monetario.

Esto es un error, ¿por qué debe ser el dinero la unidad que mida la maximización de la producción? ¿Es que acaso una empresa que mantenga unos elevados stocks no verá reducido su output monetario pero habrá incrementado notablemente la producción? ¿Y qué ocurre con las empresas que tengan gran parte de sus recursos invertidos en alargamientos de la estructura de capital? Ciertamente, esas inversiones no producirán hasta su vencimiento (por tanto, tendrán un rendimiento monetario y en términos de productos nulo), pero pasado un tiempo, aumentará en mucho la producción y los beneficios.

La respuesta, probable, para resolver los problemas anteriores consistirá en traducir los stocks a su equivalente monetario y en calcular el valor presente de la producción esperada. En este sentido, se nos dirá, la moneda si supone una buena medición de la producción y, por tanto, de la utilidad social. Aún admitiendo que ello pudiera ser así (si bien no es del todo exacto, ya que por ejemplo los stocks se reservan, precisamente, porque se aguardan subidas de precios), lo cierto es que el dinero no supone una medida de la utilidad. El dinero es, a su vez, valorado y útil. Y una maximización del output monetario no implica una maximización de la utilidad. Ni es una condición necesaria ni suficiente.

Por ejemplo, si el pescador es el propietario del lago, ¿qué ocurriría si fuera un redomado ecologista-comunistoide que odiara la consecución de beneficios por parte de las empresas? ¿Qué ocurriría si le desagradara la visión de la depuradora? ¿Qué ocurriría si el pescador es un supersticioso que cree que, a pesar de la depuradora, el agua queda igualmente contaminada? ¿Debería aceptar que la empresa instalara una depuradora en su lago? ¿Sería la solución eficiente que la empresa instalara la depuradora aún cuando el propietario del lago se opusiera frontalmente a ella?

Pero hay más. Imaginemos que el pescador está pensando en instalar alrededor del lago un complejo hotelero. En este sentido, cree que la instalación de la depuradora y de la empresa afeará el paisaje, lo cual le ocasionará notables pérdidas.

¿Cómo resuelven este caso los neoclásicos? ¿Cuál será en este caso "el óptimo social"? Aún aceptando los beneficios como medición de la utilidad social, los beneficios del complejo hotelero "sin empresa y sin depuradora" son sólo beneficios esperados por el pescador/empresario. ¿Cuál será la decisión óptima? ¿La marcha de la empresa o la cancelación del proyecto hotelero?

Imaginemos que la empresa obtenía unos beneficios de 8 millones de euros anuales. Tras la presión del pescador se retira y el complejo hotelero cosecha unos beneficios de 10 millones de euros. ¿Podemos afirmar que esa ha sido la solución óptima? Difícilmente, ¿cómo podemos saber que ese año los beneficios de la empresa no hubieran sido superiores a 10 millones? Y si, por el contrario, el complejo hotelero cosecha pérdidas, ¿quién podría asegurar que la empresa no hubiera quebrado ese año?

Lo que quiero poner de manifiesto es que no existe ningún criterio objetivo para determinar su una decisión es pareto-eficiente, precisamente porque este paradigma adolece de una visión estática que, en absoluto, permite comprender el fenómeno empresarial.

En ese sentido, el teorema de Coase parte de la base de que las externalidades desvirtúan el óptimo social y que, para reestablecer ese óptimo, debemos definir correctamente los derechos de propiedad. Esto es absurdo, en tanto no se asume ningún criterio para conocer si ese óptimo ha sido reestablecido. A Coase sólo le queda suponer que cualquier resultado fruto de las negociaciones entre los propietarios será óptimo y conseguirá internalizar las externalidades y el output será máximo.

Pero éste último punto es falso. Imaginemos que la empresa es la propietaria del río y, por tanto, lo contamina. Esto provoca una externalidad negativa sobre el pescador. Al margen de la cuestión de cómo un pescador tiene derecho a pescar en una propiedad ajena, lo cierto es que la internalización coaseana supondrá que el pescador asumirá los costes de la externalidad negativa, pagando la depuradora a la empresa. La externalidad se ha internalizado por una de las partes; pero la cuestión es, ¿cómo internalizamos la externalidad positiva que supone el agua limpia del lago para la empresa?

Desde la visión de las externalidades, estaríamos infraproduciendo agua limpia (imaginemos que la depuradora es de una calidad intermedia, que permite la existencia de peces, pero no deja el agua "cristalina") Y, por tanto, seguimos lejos del óptimo social.

La conclusión, por tanto, es que el Teorema de Coase NO resuelve el problema tal y como está planteado. Toda acción humana generará siempre externalidades no internalizables que, desde el punto de vista de un tercero, harán excesiva o insuficiente esa acción. El output, por tanto, nunca podrá maximizarse, en tanto cada apreciación subjetiva sugerirá un tipo de maximización no conciliable; pues la hipertrofia de una línea productiva, supondrá la atrofia de otra.

El problema, por tanto, tiene que ser radicalmente replanteado. Como muy bien expresa Cordato: Para los coaseanos el centro de la polémica se sitúa en acuerdos alternativos sobre derechos y en la maximización del valor de la producción. Para los austriacos, cuyo objetivo es resolver conflictos, el centro de la polémica se sitúa en clarificar títulos de propiedad y en hacer valer los derechos dominicales.

Es decir, la preocupación por alcanzar un punto pareto-eficiente es una preocupación artificial e intervencionista. Ese punto no existe, no sólo porque no exista patrón para conocerlo, sino, especialmente, porque los mecanismos para alcanzarlo, la acción empresarial, no se ven abocados a un equilibrio estático, sino que suponen una fuerza creativamente dinámica. O, para decirlo en lenguaje comprensible para los neoclásicos, (si bien no del todo correcto), la cuestión NO es situarse sobre la frontera de posibilidades de producción, sino desplazar esa frontera de manera continua.

Esto nos permite afrontar los desafíos de Kantor desde una perspectiva distinta. Y es que Kantor asume que el Teorema de Coase resuelve el falso problema sobre el que se asienta, pero luego nos expone que, según los propios presupuestos coaseanos, el problema no queda resuelto en otros casos.

Así, por ejemplo, señala Kantor, si el lago se haya dividido en 100 parcelas, la contaminación por parte de la empresa sólo hace perder a cada pescador 90 mil euros (9 millones dividido entre 100 pescadores) En este punto, Kantor señala que cada pescador estará dispuesto a permitir la contaminación por una cantidad superior a 90 mil euros.

¿Cuál es, entonces, el problema? Si la empresa puede contaminar por 180 mil euros, no comprará la depuradora (cuyo precio eran 4 millones de euros), con lo cual la solución será subóptima.

Nuevamente, no deja de sorprenderme la arbitrariedad neoclásica. Los economistas establecen un "objetivo social" (depuradora), presuponen un comportamiento mecánico de los individuos (homo economicus) y, finalmente, concluyen que el resultado no se logrará. Alguien debería explicarme por qué, desde el punto de vista de la maximización del output, no es pareto-eficiente que el empresario se ahorre casi 4 millones de euros.

Me explico; los neoclásicos (partiendo nuevamente de la premisa errónea de que la maximización del output monetario supone una maximización de la utilidad) efectúan la siguiente operación. La depuradora cuesta 4 millones de euros, los costes de contaminar el lago sin depuradora son de 9 millones de euros para los pescadores. Esto significa que si la empresa puede contaminar por 180 mil euros, el resultado social será negativo, ya que la empresa se ahorrará 3820000 euros, pero los pescadores perderán 8910000 (99 pescadores por 90000 de coste por parcela, recordemos que hay uno que recibe 180000 euros y no es damnificado)

En otras palabras, si la empresa se gastara 3820000 euros más, los beneficios sociales se incrementarían en 8910000 euros (pues los pescadores podrían ejercer su profesión) y éste sería el resultado óptimo.

Ahora bien, esta suposición es incorrecta, pues presupone que los 99 pescadores gestionarán mejor los 8910000 euros que la empresa los 3820000. En otras palabras, cuando abandonamos la estrecha estática, el modelo tiene que efectuar valoraciones acerca de quién es mejor empresario y quién invertirá mejor el dinero. En este sentido, ¿qué ocurriría si al día siguiente los 99 pescadores dilapidaran los 8910000 mientras que la empresa hubiera sido capaz de multiplicar por 100 los 3820000 euros? ¿Sería pareto-eficiente el equilibrio anterior? Desde un pinto de vista dinámico evidentemente no. Conviene que la empresa se ahorre prácticamente todo el coste de la depuradora para así invertir mucho mejor que los pescadores el dinero.

Esta perspectiva neoclásico, por tanto, yerra por completo en su definición del problema. La cuestión no es que deba alcanzarse un resultado socialmente óptimo (definido de manera absolutamente arbitraria por el economista), sino que debe resolverse el conflicto de derechos que existe a favor del legítimo propietario.

Si el legítimo propietario es la empresa, podrá contaminar el lago. Si los propietarios son 100 pescadores, cada uno en su porción del lago, se podrá contaminar mientras las parcelas adyacentes no sean a su vez contaminadas (o que éstas acepten la contaminación) Si asumimos que esto es imposible, entonces no podrá contaminarse el lago y la empresa deberá cambiar de ubicación.

Solucionemos los dos casos que plantea Kantor.

El primero es un corolario del anterior. Asume erróneamente que la empresa puede contaminar llegando a acuerdos con un propietario, de manera que los 99 pescadores restantes deberían financiar la depuradora para seguir con su actividad. Sin embargo, la depuradora no llegará a financiarse porque todos tendrán incentivos en escaquearse del pago.

Fijémonos que esto es absurdo. Debido a los acuerdos de una tercera persona, yo propietario veo destruida mi propiedad y, para reestablecer la situación anterior a la agresión, tengo que financiarle al agresor una depuradora. Además de cornudo, apaleado. ¿Cómo se puede señalar que el resultado socialmente óptimo sería que los propietarios llegaran a un acuerdo para financiar la depuradora a la empresa?

La cuestión, pues, es que si la empresa no puede contaminar sin dañar mi parcela, y las 98 restantes, la empresa o llega a un acuerdo con todos y cada uno de los propietarios o, simplemente, tendrá que pagarse ella misma la depuradora.

En el segundo caso, Kantor modifica las cifras de partida. La depuradora tiene un coste de 9 millones y los beneficios de la pesca son 4 millones (cada pescador derivará un beneficio de 40 mil euros) Además, asume que cada pescador puede vetar la contaminación de su parcela y, por tanto, de todo el lago (en la línea de la solución anterior)

Señala Kantor que si 99 de los 100 pescadores se ponen de acuerdo para solicitar a la empresa 60000 euros (y aceptar que ésta pueda contaminar sus parcelas), el pescador número 100 podrá lucrarse en exceso y solicitar, por ejemplo, 2060000 euros. Es decir, 99*60000+2060000=8000000 euros, con lo cual, aún así, la empresa se ahorraría un millón de euros (recordemos que la alternativa de adquirir una depuradora le cuesta 9 millones). Kantor señala que, obviamente, todos tienes incentivos para demandar una cantidad astronómica a la empresa, por lo que no habrá acuerdo para que los pescadores se dejen contaminar. Es, dice, un problema de acción colectiva.

En este caso vemos claramente porque la suposición de que el dinero mide la utilidad social es del todo errónea. Kantor asume que todo propietario deberá racionalmente aceptar los 60000 euros por dejarse contaminar, habida cuenta de que los beneficios que obtiene son de 40000. Y ahora apostillo, los beneficios "monetarios" son de 40000. Un pescador puede, simplemente, indignarse ante la posibilidad de que una empresa contamine su parcela "sólo" por 60000. Otro podría disfrutar enormemente con su trabajo (recordemos que el trabajo de pescador se realiza en muchas ocasiones como una continuación de la tradición familiar y no por el beneficio monetario que se obtiene). Otro podría pensar que la contaminación de la empresa supone un daño perpetuo para su propiedad y, por tanto, debe exigir un mayor precio (pues cuando la empresa deje de contaminar, no podrá ejercer inmediatamente su trabajo), etc.

¿Cuál es la solución que propone Kantor? Imagino que propondrá que el Estado obligue a cada propietario a aceptar 60000 por la contaminación de su parcela, es decir, volvemos a la solución pigouviana. Pero, ¿por qué un propietario tiene que aceptar una cantidad que no le compensa el daño que sufrirá su propiedad? ¿Simplemente porque todo hombre racional prefiere 60000 euros a 40000? Más bien, deberíamos pensar si todo hombre prefiere 60000 euros + una propiedad contaminada a 40000 + una propiedad no contaminada. ¿Cómo subsume la función de utilidad social todos estos "detalles insignificantes"? Y si la pérdida de varios pescadores es tan importante (imaginemos que se les impulsa al suicidio por perder su profesión vital), ¿también será socialmente óptimo?

La solución, nuevamente, consiste en que si la empresa no consigue ponerse de acuerdo con todos los propietarios, deberá comprar con su dinero la depuradora. Precisamente ahí reside el ingenio empresarial, los mejores empresarios sabrán negociar con los propietarios (ofreciéndoles prestaciones accesorias, por ejemplo)

En su segundo post, Kantor parece articular una especie de crítica a las llamadas "soluciones judiciales", esto es, las demandas de un propietario contra otro, o la empresa, cuando su territorio se ve contaminado. Kantor señala que son "arbitrarias" ya que "Si el juez tiene que decidir la indemnización por la destrucción de una parcela del lago", estará sometido a las mismas críticas que el cálculo económico socialista.

Ni una cosa ni la otra. Primero, porque el objetivo del juez no es calcular la indemnización, sino poner fin a la agresión injustificada. Y, segundo, porque, aunque lo fuera, el problema del socialismo no es intuir valores, sino distribuir la estructura de capital sin precios de mercado (en otras palabras, sí es posible acercarse a los valores de los consumidores, precisamente esto es lo que realizan diariamente los empresarios anticipando precios futuros; con todo, esto es secundario en nuestra crítica)

Puede que Kantor considere que todo esto viene a ser una mala asociación de justicia con el "statu quo". "Esto es precisamente el corazón del iusnaturalismo: la idea de que el "statu quo" es intocable salvo por decisión unánime"

Pero afirmar todo esto es no haber comprendido el ideal del iusnaturalismo. Éste sólo viene a señalar que la vida y la propiedad de uno es intocable salvo la decisión de ese uno mismo. En otras palabras, el ideal de justicia consiste en no agredir al individuo. Esto no significa, en absoluto, conservar el statu quo. El statu quo implica una concepción colectivista de la sociedad; nada puede modificarse sin acuerdo de todos.

Éste no es, ni mucho menos, el ideal iusnaturalista, pues supondría que los demás poseen derechos sobre mi propiedad. El caso del lago, sin embargo, no adolece de esta mentalidad colectivista. Lo que sucede no es que la voluntad de todos sea necesaria para cambiar el aspecto del lago (por ejemplo, cada cual en parcela puede montar un parque acuático o una cosa flotante), sino que a través del pacto del propietario y de una empresa se pretende camuflar una apropiación de facto del resto del lago. Los propietarios son agredidos a través de la contaminación por parte de un tercero.

Si criticar esto supone defender el statu quo, también supone defender el statu quo criticar las agresiones físicas. Al fin y al cabo, ¿si maximizaran la utilidad social deberían ser lícitas? Por poner un ejemplo de Hans Hermann Hoppe, si tenemos, por un lado, una legión de ancianos que, por circunstancias de la vida, todavía no han conocido el sexo, y por otro lado, una legión de prostitutas que, según sus propios criterios, han trivializado el sexo, ¿sería legítima la violación de las prostitutas por parte de los ancianos para maximizar la utilidad social? (tengamos presente que el ingreso marginal por parte de los desesperados ancianos sin duda superará el coste marginal de las acostumbradas prostitutas) Y si uno criticara la violación, ¿podría acusársele de defender el statu quo?

Tampoco es cierto, como dice más adelante Kantor, que la propiedad privada tienda a "perpetuar el orden social" Precisamente, la propiedad privada estimula la cooperación y la creatividad empresarial. Sin propiedad privada se adoptan decisiones sencillas y drásticas que perjudican a otros individuos (por ejemplo, obligarles a aceptar la contaminación a cambio de un precio arbitrario). La propiedad privada obliga a los empresarios a beneficiar a los demás para prosperar. Tenemos claro que con propiedad privada todos los afectados saldrán beneficiados; no puede decirse, en absoluto, lo mismo del dirigismo estatal (que más bien se asienta en el principio de perjudiciar a unos para beneficiar a otros)

El dirigismo perpetúa un orden social de miseria o descontento para ciertos individuos. En el ejemplo del lago, alguno pescadores se perpetúan en el statu quo de una situación subóptima (cobrar 60000 euros), simplemente porque lo establece el imperium estatal. Pero podríamos pensar en multitud de casos de expropiaciones a precios irrisorios, que despojan todavía más a los individuos de su patrimonio.

Aquellos que carecen de ingenio empresarial no pueden ni siquiera guarecerse en su propiedad. No tienen nada con que negociar, se convierten en aceite del engranaje social. Los empresarios afines al poder saben que pueden medrar sin beneficiar a los incapaces (incluso pueden medrar empobreciéndolos más) No tienen ninguna obligación de buscar soluciones satisfactorias, basta que recurran al sencillo expolio estatal. Esto sí perpetúa el statu quo, el statu quo de la miseria de ciertos sectores de la población, despojados de sus propiedades y de sus ahorros, inútiles para los proyectos empresariales (quienes encuentran un mejor aliado en el intervencionismo político)

Sólo dos cuestiones más. Señala Kantor que "Decir que el Teorema de Coase nos enseña a superar las externalidades estableciendo derechos de propiedad es olvidar que precisamente las externalidades son un resultado de la dificultad técnica de establecer esos derechos"

Aquí Kantor expone el centro de su problemática para entender la solución del problema. El establecimiento de los derechos no es una "dificultad técnica"; no es un proceso mecánico que quepa armonizar conforme a datos conocidos. La distribución de la propiedad no es una restricción a la "maximización de la utilidad"; sencillamente es su conditio sine qua non. Sin propiedad no hay medios con los que satisfacer los fines a los que concedemos utilidad. Los pescadores que se veían obligados a aceptar un precio por ver su propiedad contaminada, no maximizaban ninguna utilidad, pues se les impedía perseguir su fin más deseado.

¿Para quién resulta óptimo la decisión política? Sin duda para el empresario, pero ¿eleva ello la utilidad social o más bien la hace depender del arbitrio del poder y no de la acción humana individual?
De ahí que la definción de Kantor del Estado no sea adecuada. "¿Que es pues el Estado? El proveedor y propietario de los bienes económicos no privatizables" El Estado expropia y, por tanto, se apropia de la propiedad ajena. Vuelve propiedad privada del Estado lo que antes eran propiedad privada de los individuos. En consecuencia, ¿cómo puede sostenerse que un bien que es propiedad privada del Estado es un bien económico no privatizable?

Con su actuación, más bien, el Estado redirecciona las propiedades hacia los usos que él considera que maximizan la utilidad social. Sin embargo, tengamos en cuenta que "desvía" los recursos, es decir, esos recursos, en otro caso, hubieran seguido otro rumbo. Y esto significa que, si bien ignoramos si beneficia a alguien, a todas luces perjudica a las partes contratantes.

Sólo teniendo un modelo social preconcebido; un objetivo estático al cual deba llegar la sociedad, puede tildarse una situación momentánea de subóptima. El Estado pretende controlar todos estos movimientos aduciendo, precisamente, que en su ausencia la gente sería infeliz. Con todo, lo único realmente constatable es que, en todas y cada una de sus actuaciones, el Estado perjudica visiblemente a ciertas personas. No entraremos en los efectos no visibles de la actuación estatal; como conclusión quiero sólo recordar que la utilidad no es criterio válido para la justicia, que las objeciones neoclásicas parten de un paradigma estático que no tiene en cuenta la creación continua de riqueza a través de la dinámica acción empresarial y que las comparaciones intersubjetivas de utilidad son imposibles.

Por tanto, la fundamentación ética y económica del Estado sigue siendo tan inexistente como antes.

11 de Mayo de 2005

De la prensa rosa a la prensa roja

Señala el Financial Times que la Comisión Nacional del Mercado de Valores pronto rivalizará con las revistas del corazón. ¿El motivo? Este organismo público ha emitido una circular a los directivos de las empresas que cotizan en Bolsa para que les facilite la información de las personas con las que mantienen una relación amorosa, esto es, "cónyuge o la persona con análoga relación de afectividad" (véase amante)

Lo cierto es que el grado de intrusismo y de control autocrático que el Estado, y sus diversos organismos públicos, está practicando con la sociedad española alcanza límites escandalosos.

Los empresarios son vilipendiados y humillados ante el organismo público, requiriéndoles toda la información pertinente sobre su vida íntima (infidelidades incluidas) Revivimos los mejores tiempos del espionaje nacional; de la documentación de los datos últimos del ser humano como ulterior mecanismo de chantaje.

Y es que el sadismo del Estado no conoce límites. No se trata de un chabacano fisgón, de una alcahueta pasada de rosca. Las intenciones del Estado van mucho más allá; su existencia se asienta sobre el control, el engaño y la ficción de los individuos a los que expolia mediante impuestos.

Es imprescindible, pues, que se ataque, se controle y se cerque a los elementos más dinámicos, creativos y "peligrosos" de la sociedad. Los políticos de hoy recuerdan bien qué les sucedió a sus parientes los monarcas absolutistas cuando la burguesía emergió. Los burócratas absolutistas de hoy temen ello mismo; que los empresarios comprendan que el Estado es tan innecesario como dañino y criminal e intenten emanciparse de su diaria confiscación.

Así, los políticos intentan "desactivar" a los empresarios mediante todos los medios con los que puedan contar. Leyes anti-trust o de defensa de la (ineficiente) competencia, impuestos gravosísimos, inspecciones de trabajo o, con la nueva circular de la CNMV, el chantaje informativo.

No calificaría, pues, el suceso como de "prensa rosa". La cuestión es mucho más grave y se enmarca en una estrategia de destrucción de la empresarialidad y de sustitución por el Leviatán estatal. La noticia parece, más bien, de prensa roja, esto es, la prensa de sucesos.

El Rey teme que alguien señale que está desnudo y, por eso, va cortando los brazos que amenazan con romper la ilusión colectiva. Esta nueva ofensiva contra la intimidad y la libertad humana sólo puede ser encuadrada en esta perspectiva. El camino de servidumbre que, día a día, poco a poco, casi sin darnos cuenta, el Estado, con sus fuerzas represoras (policía, ejército y Boletín Oficial del Estado) nos hace recorrer. Pero no por ir a paso lento, el destino totalitario resulta menos inexorable.

8 de Mayo de 2005

Algunos videos
Hace unos días Jorge Valín nos recomendó algunos videos traducidos de Milton Friedman. Más tarde, Narpo añadió unos links para poder descargarlos desde el emule. Querría ahora añadir algunas recomendaciones más, si bien en inglés.
El primero de ellos es un video del Mises Institute sobre la historia del sistema bancario estadounidense. Lew Rockwell, Salerno, Hoppe y Ron Paul repasan las adversas consecuencias del abandono del patrón oro y el establecimiento del sistema de reserva fraccionaria.
El segundo son los tres documentales (I, II, III) de Commanding Heights. Un repaso de la lucha ideológica entre el liberalismo y el socialismo en el s.XX. Así, en el primer capítulo por ejemplo se hace un repaso a la vida de Keynes y de Hayek junto con el contexto histórico que les tocó vivir (I Guerra Mundial, Revolución Rusa, Gran Depresión, Entreguerras, II Guerra Mundial, Keynesianismo de postguerra, Thatcher y Reagan)
Y el tercero es el documental de John Norberg Globalisation is good.
Se descargan con programas como emule, edonkey, o similares.
Martín Seco, un fanático servil

Dice Martín Seco que los funcionarios internacionales constituyen un rebaño curioso presentan por término medio un nivel intelectual bastante modesto. Estoy de acuerdo, pero incluiría también a algunos periodistas económicos. En su artículo La insostenible economía del bienestar intenta demostrar la solidez del Estado de bien-mal-estar en tres argumentos bastante pueriles.

El primero es que fenómenos tales como la incorporación de la mujer al mundo laboral o la entrada masiva de emigrantes han incrementado y van a incrementar aún más la población activa. Curiosa contradicción. Para que la Seguridad Social sea sostenible no sólo es necesario que entren inmigrantes y que mayor número de mujeres se incorporen al mundo laboral, sino que aumenten considerablemente los hijos de los actuales contribuyentes (que en 30 años pasarán a ser pensionistas) Si ello sucediera, veríamos como la población mundial se incrementaría de manera considerable y, entonces, ¿a qué argumento recurrirían los socialistos? La superpoblación es insostenible; la Tierra no tiene suficientes recursos para mantener los actuales niveles de individuos, hay que incurrir en controles poblacionales.

Por tanto, con semejantes fundamentaciones, los intervencionistas deberán renunciar a una de sus dos falacias: la del Estado de Bienestar sostenible o la del conservacionismo. En cualquier caso, este argumento de Martín Seco me parece del todo cínico, pues sólo supone postergar el problema y endosárselo a generaciones venideras. Ya que Martín Seco no quiere reconocer que su maquinaria burocrática renquea, ya que no quiere reconocer que el capitalismo y la libertad son superiores al socialismo, ya que no quiere reconocer su error, prefiere arruinar a los jóvenes de hoy. Todo un expolio intergeneracional.

Su segundo argumento tiene más miga. Si somos por término medio el doble de ricos, por qué no vamos a poder mantener aquello que hace treinta años nadie dudaba que se pudiera conservar. Y si dentro de treinta años vamos a ser aproximadamente el doble de ricos que ahora, por qué va a ser insostenible entonces lo que ahora sí lo es.

Efectivamente, seremos el doble de ricos si el Estado de Bienestar no lo impide. Pero aún así, el argumento no se sostiene. Primero, porque es evidente que siempre podrán mantenerse unas ciertas pensiones públicas (al fin y al cabo, no suponen nada más que una redistribución entre individuos); la cuestión es qué tipo de pensiones pueden mantenerse (y en este caso me temo que serán irrisorias)

Luego, el argumento central de que si la población desciende a la mitad, pero la riqueza se duplica, las pensiones se mantienen constantes, es una pura falacia. El problema no es que la población se reduzca a la mitad, sino que la población contribuyente disminuye, y la pensionista se incrementa. Veámoslo con un ejemplo.

España tiene 10 habitantes contribuyentes y 5 pensionistas. La cuota de cada contribuyente es de 20 euros. Por tanto, la recolecta total es de 200 euros, que entre 5 pensionistas suponen una pensión de 40 euros.

Al cabo de varios años, la pirámide poblacional se invierte, y hay 5 habitantes contribuyentes y 10 pensionistas. Al mismo tiempo, la riqueza nacional se ha doblado, de manera que la cuota ha pasado a ser 40. En este sentido, la recaudación total será 200 como antes (40*5), pero deberá repartirse entre 10 pensionistas. Esto es, la pensión será la mitad, 20 euros. Para mantener constante la pensión, deberemos doblar la contribución hasta 80 euros, la que supone una cuota cuatro veces superior a la de hace 30 años (y todo ello suponiendo precios constantes)

Pero todavía hay más. Si nos fijamos, los cinco contribuyentes estarán pagando 80 euros al mes para recibir en su momento una pensión de 40 euros al mes. Sin entrar en el tema del interés (por el cual los bienes presentes se valoran más que los futuros y, por tanto, habría que calcular cuál es el valor futuro de una renta continua de 80 euros al mes, o bien el valor presente de una renta futura de 40 euros al mes; lo que significa que la diferencia aún sería más abultada), esto sólo permite resaltar el hecho de que los individuos afrontarían la tercera edad con una riqueza mucho mayor si, en lugar de recurrir a la Seguridad Social, atesoraran para sí mismos la cuota. Y, por supuesto, estarían en una situación infinitamente mejor si, en lugar de atesorar la cuota, la invirtieran.

En ese caso, no sólo se beneficiarían los individuos implicados, sino, sobre todo, la sociedad. El ahorro presente sería prestado a los empresarios para que alargaran y ensancharan la estructura productiva, multiplicando la cantidad de bienes y servicios y, por ende, el poder adquisitivo de esos 80 euros mensuales (si la cantidad de bienes aumenta, los precios caen, y los 80 euros permiten adquirir una cantidad mayor de bienes)

El problema, precisamente, es que esa cuota se sustrae de unos individuos que la ahorrarían y se entrega a otros que, por su edad, sólo la consumirán. No es que la sociedad se vea despojada de un ahorro que podría haber sido invertido, sino que ese dinero se emplea para consumir bienes y servicios, reduciendo todavía más la disponibilidad de los mismos, incrementando sus precios y achatando la estructura de capital (volviéndose, por tanto, menos productiva) La redistribución no sólo no es neutral, sino nociva.

Pero vayamos con el tercer gran argumento de Martín Seco en favor del Estado de Bienestar. Dice Martín Seco que hay una conspiración secreta para que el excedente empresarial debe absorber una parte cada vez mayor de la renta y, por el contrario, la parte destinada a salarios y a impuestos tendrá que ser cada vez menor. En esas condiciones, aun cuando la renta per cápita se incremente, es posible que el nivel salarial disminuya, por lo menos en algunos sectores, y los ingresos del Estado se reduzcan, imposibilitando la protección y los servicios sociales. En ese sentido, el Estado de bien-mal-estar tiene que reducirse para que el capital absorba cada vez un mayor porcentaje de la renta (si bien, obsevemos que éste no es un argumento que sostenga la viabilidad del Estado de bienestar, sino un ataque bastante penoso a sus oponentes)

Martín Seco confunde, de nuevo, los términos. El problema de la Seguridad Social es que resulta capital-consuntiva, esto es, reduce la producción de la sociedad. Tal como la piramide poblacional va invirtiéndose, los trabajadores contribuyen más de lo que van a llegar a percibir en el futuro. En lugar de haber capitalizado sus rentas y vivir de los frutos de su vida productiva útil (de manera que unas buenas inversiones podrían permitir una jubilación notablemente más temprana que la actual) el Estado de bien-mal-Estar obliga a los individuos a trabajar hasta los 65 años y, lo que es peor, les paga la prometida pensión no a través de sus contribuciones, sino de las de los individuos cuya vida útil empieza a ser esclavizada por el Estado.

Sin Estado de bien-mal-Estar (y sin injerencias políticas en el mercado crediticio y monetario) los trabajadores se convertirían en inversores de su renta actual, para acumular riqueza de cuyas rentas vivir en el futuro. Obviamente, esta inversión se produciría de manera indirecta, a través del mercado de bonos y de la Bolsa. Los trabajadores pasarían a ser ahorradores/inversores y, por ende, capitalistas (la parte del salario ahorrada vendría a formar el capital). Este ahorro canalizado a través de los mercados crediticios vendría a ser un préstamo para los empresarios, gracial al cual podrán ejecutar sus proyectos y pagar al trabajador-rentista el correspondiente interés del préstamo. El trabajador capitaliza su salario.

La triquiñuela de Martín Seco consiste en sugerir que los destinatarios de la renta nacional serán otros (los empresarios). Asegura que los trabajadores percibirán menores salarios y los capitalistas un mayor beneficio. Aparte de incurrir en el arquetípico error de conflictividad salario-beneficio (como ya puso de manifiesto Böhm-Bawerk, Labor cannot increase its share at the expense of capital), lo que Martín Seco (no sé si deliberadamente) esconde es que las rentas serían capitalizadas por los propios trabajadores para obtener un mayor interés. Pero el fruto de ese incremento del capital no irá primeramente al empresario, sino al trabajador-capitalista. Y es que, la primera obligación que tendrá que atender todo empresario-prestatario es la de devolver el préstamo con su correspondiente interés, sólo después cabrá hablar, en su caso, de beneficios empresariales.

El Estado de bien-mal-Estar dinamita este proceso de ahorro e inversión que incrementa la riqueza de la sociedad. Lo sustituye por una consución continua del capital que empobrece y esclaviza a los trabajadores actuales. Es más, al impedirles acumular su propia riqueza, les sustrae la autonomía económico y los convierte en siervos vitalicios del Estado. En otras palabras, el Estado elimina la capacidad de elección del individuo y le obliga a someterse a su voluntad para obtener educación, sanidad y una pensión futura. Quizá por ello, en función de esta deplorable servidumbre, Martín Seco apoye con argumentos más que discutibles ese régimen de semi-esclavitud.

A todos los aduladores del estatalismo, a todos los que defienden la seguridad social como instrumento de esclavitud económico y de sumisión al todopoderoso Estado, habría que recordarles la prescripción de Thomas Szasz: El proverbio advierte de que 'No muerdas la mano del que te alimenta.' Pero quizás deberías si ésta te impide alimentarte a ti mismo. No todos somos serviles.

5 de Mayo de 2005

Carta abierta a la CONCAPA

Después de leer el magnífico post de Jorge Valín comentando que la auténtica solución a los problemas de la CONCAPA era el homeschooling y no la objeción de conciencia, Albert Esplugas y yo decidimos remitirles la presente carta. Todavía no ha habido respuesta, pero esperemos que sirva, mínimamente, para abrir este necesario debate en nuestro país.

Carta a la CONCAPA,

Estimados miembros de la CONCAPA,

Recientemente han anunciado que los padres miembros de su asociación se negarán, bajo la cláusula de objeción de conciencia, a que sus hijos asistan a la clase de formación del espíritu nacional.

Comparto completamente su preocupación por la continuada injerencia, de marcado tono anticatólico, que el actual gobierno está practicando con el sistema educativo. Es a todas luces prioritario que nuestros hijos abandonen unas estructuras degradantes que vacían de valores a los adolescentes y los convierten en siervos del poder político. En este sentido, la resucitada asignatura del espíritu nacional constituye un paso adelante en la formación y adiestramiento socialista de la juventud.

No olvidemos que la gran obsesión de todo político totalitario ha sido romper los lazos de fidelidad familiar y sustituirlos por otros de lealtad al burócrata. Tanto en la Unión Soviética stalinista como en la China maoísta, los niños que denunciaban a sus padres como contrarrevolucionarios eran considerados héroes nacionales.

A una menor escala, pero siguiendo la misma estela, la izquierda nacional pretende recorrer semejante camino. Y es que para imponer su visión relativista y libertina de la existencia su primer objetivo es debilitar los lazos familiares y el poder contrabalanceador de la Iglesia.

Como bien indica Juan Pablo II en la Centesimus Annus, el totalitarismo "no puede tolerar que se sostenga un criterio objetivo del bien y del mal, por encima de la voluntad de los gobernantes y que, en determinadas circunstancias, puede servir para juzgar su comportamiento"

La nueva asignatura del espíritu nacional se encamina indudablemente a moldear los valores morales de los adolescentes para subordinarles al poder político, eliminando la concepción del Dios creador autolimitador del mal político y rompiendo los lazos familiares por conformar una lealtad superior y más profunda que la política.

Por todo ello, considero que su campaña en contra de la LOE es del todo punto necesaria para conservar las libertades en nuestro país.

Ahora bien, he de reconocer que si bien el fondo de su batalla me parece impecable, tengo serias dudas de que, tal como está planteada hasta la fecha, produzca sus muy necesarios e imprescindibles frutos.

A mi juicio, supone un error hacer pivotar la campaña anti-LOE sobre el derecho a la objeción de conciencia y todo ello por varias razones:

a) La objeción de conciencia fue principalmente introducida como cierto límite al servicio militar obligatoria; existe una cierta comprensión social de que así fue y de que esos eran sus justos usos.

b) La objeción de conciencia confunde los sujetos de la controversia. Quienes en todo caso pueden alegarla son los directamente implicados, esto es, los hijos que están sufriendo el adoctrinamiento político. En realidad, me parece mucho más verosímil plantear la disputa como una injerencia en el derecho de educación que todo padre tiene sobre su hijo.

c) En cierto sentido, la objeción de conciencia a un asunto particular no deja de otorgar legitimidad a la injerencia política como un todo. La objeción de conciencia se muestra disconforme con un asunto particular, cuando el asunto es de mucho mayor calado y se relaciona directamente con quiénes son los encargados de imprimir qué valores a nuestros hijos: los políticos o sus padres.

Por estas tres razones, tanto prácticas como teóricas, creo que sería mucho más inteligente, como ya he dicho, plantear el problema como una intervención directa en el derecho a la educación que todo padre tiene sobre sus hijos.

En concreto, si realmente desean tener éxito y evitar que sus hijos pasen por la maquinaria lava-cerebros de la educación pública, convendría que reivindicaran el homeschooling.

Son numerosas las familias que consideran que la enseñanza formal, especialmente la pública, no transmite los valores ni los conocimientos apropiados y deciden educar a sus hijos en casa. Este fenómeno, en auge en Estados Unidos, recibe el nombre de "homeschooling" o educación en el hogar.

En 1999 el Departamento de Educación norteamericano estimaba un volumen de 850.000 estudiantes "homeschooled" en el país y más de un millón en 2003. El National Home Education Reserarch Institute (NHERI - http://www.nheri.org/), organización no gubernamental, cifraba el número de estudiantes "homeschooled" para el período 2002-2003 en 2 millones aproximadamente, lo que representaba un 4,2 % de la población escolar.

La mayoría de familias que deciden enseñar a sus hijos en casa lo hacen porque juzgan que el ambiente de las escuelas no es adecuado para ellos, porque desean transmitirles valores religiosos o morales que son marginados o completamente desatendidos en los centros o porque no están satisfechos con la instrucción académica allí impartida. De acuerdo con un estudio de Brian Ray, del NHERI, realizada sobre una muestra de 7000 adultos que de niños fueron escolarizados en casa, las 5 razones principales que motivan a las familias a decantarse por el "homeschooling" son: el deseo de 1) proporcionar a sus hijos una educación mejor, 2) ofrecerles una enseñanza religiosa, 3) transmitirles unos valores, creencias, perspectivas... determinadas 4) desarrollar su carácter, su personalidad, su moral 5) brindarles una educación distinta a la de los centros formales. En la página de LewRockwell.com encontrarán multitud de artículos en relación con este tema (http://www.lewrockwell.com/orig2/homeschooling-arch.html), artículos que defienden una educación acorde con los valores de la familia y no con los valores de los burócratas.

En España el "homeschooling" no está expresamente permitido pero tampoco está penalizado (http://www.educacionlibre.org/legalmarc.htm) La Asociación para la Educación Libre entiende "que la constitución ampara la libertad de las familias a elegir la manera que consideren mejor para educar a sus hijos. Y también, que existe una falta de regulación o legislación al respecto de la educación en el hogar que dificulta la obtención de certificados académicos y la eventual incorporación de nuestros hijos al sistema de enseñanza presencial, no en función de una probada falta de formación adecuada, sino porque no se contempla que puedan existir formas alternativas de adquirirla."

Si la estrategia de la CONCAPA consiste en ponerle objeciones a uno de los puntos de la reforma, como mucho, conseguirán que ese punto no salga adelante. ¿Pero acaso no habrán al mismo tiempo dado carta blanca al político para que modifique otros puntos? Cuando critican sólo la asignatura del espíritu nacional están mostrando la conformidad con el resto de puntos de la reforma y, muy especialmente, con el lamentable contenido anticlerical que destilan el resto de asignaturas.

Lo que les planteo es una presión de mucho mayor alcance: sacar a sus hijos de las escuelas públicas y educarlos en casa o en comunidades de vecinos (con el apoyo auxiliar, en muchos casos, de los sacerdotes de las Iglesias cercanas). Como podrán ver en los links que les he adjuntado, este método educativo se ha mostrado en EEUU como el más efectivo.

No cabe duda de que la educación pública está corrupta. De ahí que sea necesario un vuelco que frene las aspiraciones totalitarias del gobierno actual. Tal vuelco, sin embargo, no llegará a producirse, según mi humilde opinión, con la estrategia que hasta ahora han estado siguiendo.

Sólo con una presión mucho más rotunda, pragmática y efectiva, el Homeschooling, podremos frenar la progresiva erosión social que propicia este gobierno.

Un saludo afectuoso

ACTUALIZACIÓN: Parece que, en todo caso, el debate sobre el Homeschooling empieza a cobrar relevancia. Después de colgar este post me he encontrado con esta noticia en el Confidencial Digital. Ya queda menos.

2 de Mayo de 2005

No tan absurdo

Qué duda cabe de que las declaraciones de la ministra de Cultura últimamente están siendo de traca. Sin embargo, eso no significa que todo cuanto diga sea absurdo, pese a que ella no lo sepa.

Su última frase, pese a que merezca el escarnio de Libertad Digital, no me parece tan errónea y, con ciertos matices, resulta bastante certera. Dice la Ministra que un concierto de rock en español en el extranjero hace más por el castellano que el Instituto Cervantes.

Lo cierto es que la gran mayoría de las personas aprende una lengua en tanto le es útil para captar ciertas realidades. Se dice que Juan Pablo II estudió español para poder leer a San Juan de la Cruz; no son pocos los que han aprendido alemán para poder leer a algunos autores de la Escuela Austriaca en su lenguaja nativa; el inglés se encuentra en auge por sus medios de comunicación, científicos, artistas y empresarios. Los individuos somos recepticios a aprender una lengua conforme la utilidad de la misma se incrementa.

Es un error estimular el aprendizaje de una lengua apelando, únicamente a su importancia histórica o a su perfecta estética; un joven quiere saber qué beneficios obtendrá por aprender una determinada lengua, más allá de un supuesto enriquecimiento estético (enriquecimiento que todavía no puede medir, pues desconoce la lengua)

Ciertamente, un concierto de rock en español en el extranjero no acicata, en absoluto, el estudio del español (y mucho menos con la calidad actual de los grupos de rock españoles) Sin embargo, en caso de que tanto el número como la calidad de los grupos españoles mejorara, a buen seguro contemplaríamos un sustancial repunte del número de estudiantes de español.

En coherencia, tras las declaraciones sobre su acreditada su inutilidad, Calvo debería cerrar el Instituto Cervantes. Los procesos centralización de planificación institucional nunca pudieron ni podrán superar los órdenes espontáneos; reduzcamos burocracia pública ya.

Ahora bien, conociendo que el yerno de la ministra toca en un grupo de rock, espero que no decida cerrar el Instituto para canalizar sus fondos a través de subvenciones al mundo de la música español (una especie de testaferros cervantinos) La promoción de la lengua será, en todo caso, realizada por buenos grupos españoles, de calidad suficiente para tocar en el extranjero y movilizar a las masas. Y esos grupos no necesitan subvención; es más, suelen marchitar ante las subvenciones (véase el cine español)

1 de Mayo de 2005

Los ultraneocón

Mucho se ha hablado en nuestro país sobre quién es más neocón, ¿Aznar? ¿Acebes? ¿Esperanza Aguirre? ¿Losantos? ¿Rouco-Varela? Han sido largas e interesantísimas discusiones de las que no ha salido un claro vencedor. Sin embargo, hoy día uno de mayo me atrevó a zanjar la discusión y otorgar el título a los mayores neocón del país: los sindicatos. Y es que, cosas de la vida, Méndez y Fidalgo están clamando al gobierno por "más empleo estable".

El problema es que aquello que caracteriza a la sociedad y, por tanto, a la economía es el cambio. La gente cambia de gustos, expectativas y proyectos día a día. Hoy se siente más inclinada por el producto A que por B, cuando ayer demandaba con ansiedad el C, y mañana puede desear ahorrar en el banco D. Y ante esta realidad, la labor empresarial es tan sumamente complicada que tiene que anticipar antes de que se produzcan los cambios en la demanda.

En otras palabras, si los consumidores quieren mañana consumir 1000 unidades más de B, esas unidades ya deberán haber sido producidas mañana; la producción no puede empezar cuando se intuya la variación de la demanda, pues en ese caso los consumidores deberían esperar meses para consumir (si es que al cabo de esos meses decidieran seguir consumiendo B)

En este sentido, los empresarios que anticipen una mayor demanda de B deberán detraer factores productivos (capital y trabajo) de aquellas industrias cuya demanda se prevé reducida (o bien, los empresarios que anticipen una reducción de la demanda, deberán despedir a algunos trabajadores y vender parte de su capital antes de que la reducción efectiva de la demanda haya tenido lugar)

Si estas anticipaciones y ajustes no tienen lugar la consecuencia será o bien el desabastecimiento de los consumidores o bien unas enormes pérdidas empresariales (debido al excesivo volumen de mercancias invendidas)

Lo que todo esto pone de manifiesto es que, como ya he indicado, la característica de la estructura productiva es el cambio; cambio incesante ante las nuevas apetencias y necesidades de los consumidores. Su soberanía se manifiesta no sólo durante el momento de la elección, sino también en la determinación de la producción.

Un empleo "estable" como proponen los sindicatos sólo podría darse en un mundo "sin cambio". Es lo que Ludwig von Mises llamó economía "economía de giro uniforme", esto es, aquella construcción imaginaria donde "los precios ya no varían; existe perfecta estabilidad. El mercado repite, una y otra vez, idénticas transacciones. Iguales cantidades de bienes de orden superior siendo objeto de las mismas manipulaciones, llegan finalmente, en forma de bienes de consumo, a los consumidores que con ellos acaban. Las circunstancias de tal mercado jamás varían. Hoy es lo mismo que ayer y mañana igual a hoy"

Cuando Mises habla de "bienes de orden superior" se está refiriendo al capital y al trabajo. En otras palabras, un mundo estable implica la petrificación de la estructura productiva y, por ello mismo, la petrificación de los hábitos y costumbres de los consumidores. El plan evolutivo que nos proponen los sindicatos es el de conservar para siempre el modo de vida actual. Consiste en santificar el hoy, de manera que toda desviación (o intento de desviación) sea entendido como un ataque frontal a la "estabilidad de los trabajadores" y, por tanto, un ataque frontal que deba ser reprendido. El plan de Méndez y Fidalgo es un plan para detener el progreso y condenarnos a la eterna repetición de la existencia.

Ello no significa, claro está, que todo el empleo deba ser absolutamente inestable. Hay patrones consuntivos que se repite a lo largo del tiempo y, por tanto, no tiene demasiado sentido modificarlos. La cuestión no es, obviamente, que el empleo deba ser inestable, inseguro y volátil, sino que pueda serlo.

Fijémonos que, en el ejemplo anterior, B contrataba a los trabajadores que eran despedidos de otra industria. Por tanto, en realidad, esos trabajadores sólo pasaban de, digamos, C a B. Ahora bien, para que tal fenómeno suceda, la contratación y el despido deben ser libres. Una cosa está clara, ante los cambios de demanda, C deberá despedir a parte de su plantilla tarde o temprano. Si es un buen empresario anticipará el cambio y no sufrirá pérdidas; si es incapaz de hacerlo, no podrá vender su producción y deberá cerrar parte de sus instalaciones. En cualquier caso, el cambio de gustos producirá una disminución de los trabajadores en C; se pongan tantas barreras como se pongan.

La cuestión, por tanto, no es cómo conseguir que los trabajadores no sean despedidos (porque tal extremo nos trasladaría a una economía de giro uniforme), sino de qué manera serán más fácilmente contratados. Y en este sentido, carece de toda lógica "poner barreras al campo"; y entre estas barreras sitúo el salario mínimo, pero también los costes laborales asociados al despido.

Volvamos a lo de antes; C deberá despedir seguro a los trabajadores, lo que no queda tan claro es la necesidad de B de contratarlos. Ciertamente, si B no emprende procesos productivos adicionales será incapaz de satisfacer a los consumidores, pero ello no implica que vaya a tener pérdidas contables. Tendrá pérdidas empresariales en tanto una oportunidad de beneficio no habrá sido realizada, pero no pérdidas contables (de hecho, aún sin expandir la producción incrementará sus beneficios contables) Por tanto, ¿qué incentivos tendrá el empresario B en contratar a más trabajadores si, en caso de apreciar en el futuro su error, será incapaz de corregirlo? ¿Qué sentido, pues, tiene hacer presa a un empresario de sus trabajadores?

El camino que tendrá el empresario B para evitar que el sambenito de su error le cuelgue hasta la quiebra será doble: o bien no contratar a ningún trabajador o bien efectuar sucesivos contratos temporales que le doten de flexibilidad. Precisamente, ésta es la situación que tenemos en España. Libertad de despedir es libertad de contratar; ahora bien, imposibilidad de contratar no significa imposibilidad de despedir.

Así, el único escenario donde la completa estabilidad, con costes tremebundos al despido, sería posible es en la economía de giro uniforme. Esto nos proponen los sindicatos; la conservación perpetua de toda la estructura productiva. Todo un avance de los progresistas. Yo les planteo otra, volvamos a la estructura productiva del medievo; más antigua y más adecuada. Todos trabajando de sol a sol en el campo para conseguir los alimentos del día siguiente. El universo de la estabilidad.

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