liberalismo.org

Todo un hombre de Estado: Junio 2004

30 de Junio de 2004

Cine, ¡español!

Resulta curiosa la repentina vena patriótica que le ha entrado al gobierno de Zapatero. A este paso, no me extrañaría que la gigantesca rojigualda volviera a ondear sobre Colón. Y es que tras la virtual rebaja del IVA de libros y CDs, la ministra de Kultura, Carmen Calvo, ha tenido una nueva ocurrencia: hacernos pagar más por ver las películas americanas en el cine.

Tal pretensión se conseguirá, cómo no, mediante el artilugio preferido por la izquierda (y parte de la derecha), esto es, la coacción impositiva. La gran idea de Calvo para promocionar el cine, nacional y español, ha sido, pues, la creación de un nuevo impuesto. No pueden ser más originales.

¿Qué más da la voluntad de los ciudadanos que libremente eligen ver películas americanas? Zapatero y su consejo de sabios saben tan bien lo que nos conviene como para imponérnoslo. Así ha operado siempre la izquierda, a estas alturas no vale la pena cambiar.

Lo más gracioso de todo esto, sin embargo, es que la recaudación del impuesto que paguemos para ver películas americanas, se entregará servilmente a los titiriteros de Almodóvar y compañía. ¿Se imaginan que cuando entráramos en un supermercado, los encargados nos obligaran a comprar los productos que ellos quisieran y al precio que unilateralmente fijaran?

El cine español sabe que es incapaz de atraernos a sus pantallas y por ello prefiere obligarnos a pagar por algo que no queremos ver; parece haber llegado a la conclusión de que, para seguir enriqueciéndose, no hay que confeccionar buenas películas que gusten a los consumidores, sino presionar al gobierno para que le transfiera nuestro dinero. Y claro, Zapatero no puede negarse. De bien nacidos es ser agradecidos.

Son las cosas del nuevo talante; pagar por algo que no queremos para enriquecer a unos cineastas ya multimillonarios. Si es que el socialismo redistribuye de la leche. Robar a los pobres para dárselo a los ricos. En todo caso, ¡arriba el cine español!, que si es español, no puede ser malo.

29 de Junio de 2004

Preciosa foto

La he sacado del blog de Lewrockwell. Creo que habla por sí sola.



28 de Junio de 2004

¿Está en crisis el Capitalismo?

La semana del 12 al 16 de julio tendrá lugar el un interesante curso de verano, organizado por la Universidad Complutense, titulado ¿Está en crisis el Capitalismo? La temática es aposionante y los conferenciantes grandes expertos; entre ellos Jesús Huerta de Soto, Carlos Rodríguez Braun, Pedro Schwartz, Xavier Sala-i-Martin o Francisco Cabrillo. También es destacable, aunque quizá no tanto por su nivel intelectual, la presencia de Rato, Solbes, Sebastián o Fernández Ordóñez.

Viendo el cartel, el curso promete ser realmente interesante; de hecho, con bastante probabilidad me desplace para asistir. Si alguien más decide acercarse, con un poco de suerte nos encontraremos.

26 de Junio de 2004

Bien por Halford

Vengo de ver a los Metal Gods, a los Judas Priest. Increíble, no puedo describirlo de otra forma; todavía me encuentro bajo el impacto de semejante obra maestra de concierto. El suyo ha sido la traca final del Festival MetalMania que este año ha tenido lugar en mi tierra natal, Valencia.

Pues bien, durante el concierto de los Judas se ha producido un evento bastante lamentable. Durante todo el espectáculo he podido ver entre la multitud alborotada todo tipo de banderas, entre ellas la de Japón (sin japoneses) y la de la Comunidad de Madrid. Ninguna bandera de España, obviamente. Sin embargo, Rob Halford, el cantante de los Judas, ha dado la nota al sacar una bandera de España al escenario y empezar a besarla. Huelga decir que la mayor parte de los seguidores de la banda se han quedado boquiabiertos, hasta el punto de empezar a pitarles. Halford no se ha amilanado y a continuado besando la bandera y exhibiéndola de lado a lado del escenario.

En fin, supongo que quería darles un poco de envidia por haber visto a los Judas y ésta ha sido la mejor excusa que he encontrado. En todo caso, bravo por Halford.

24 de Junio de 2004

El bueno de Lenin

Algunos todavía siguen considerando a Lenin el bueno del de la robolución asesina soviética. Resulta que unos profesores de la universidad Ben Gurión han profundizado en la tesis de que Lenin pudo haber padecido sífilis. Su motivación, según nos cuentael Mundo, es bien clara: "Por ahora, esperan que su trabajo “acentúe la necesidad de transparencia cuando la salud de un estadista está en juego”. “La ocultación de la incapacidad de Lenin durante la etapa final de su enfermedad facilitó la usurpación del poder soviético por parte de Stalin. Esto demuestra las terribles consecuencias que puede tener la desinformación acerca de la salud de los líderes políticos, una lección que sigue siendo importante hoy en día”.

Pobres de nosotros. Resulta que el problema era Stalin, nunca Lenin, el bueno de la película, al que el cerdo Napoleón le arrebató el poder. ¡Cuán diferente hubiera sido nuestra vida si Lenin hubiera continuado en el poder!

Parece que les importe poco las continuas exhortaciones de Lenin a la guerra civil como "estadio superior de la lucha de clases", posiblemente no hayan leído a Solzhenitsin, quizá sería bueno recordar sus palabras: El aparato policial comunista que machacaría a unos sesenta millones de víctimas, fue creado por Lenin, Trotski y Dzerjinski. Fue Lenin quien, de puño y letra, redactó el artículo 58 del Código Penal, fundamento de todo el Gulag estaliniano. Y todo el terror rojo y la represión de millones de campesinos fueron obra de Lenin y Trotski (...) En la URSS se decía con justeza: "Stalin es el Lenin de hoy". Cierto, toda la época estalinista no es más que la continuación directa del leninismo, claro que con una madurez en los resultados y un desarrollo más establcido, más igual. El estalinismo no ha existido jamás ni en la teoría ni en la práctica: no puede hablarse de fenómeno estaliniano ni de época estalinista; estos conceptos han sido fabricados después de 1956 por el pensamiento occidental de izquierdas para guardar los ideales comunistas. Hay algunos que todavía siguen en 1956, claro que, ¿para qué van a reconocer su complicidad intelectual con millones de crímenes?

22 de Junio de 2004

Expropiando que es gerundio

Nuestra Constitución, netamente socialista, afirma en su artículo 33.3 que nadie podrá ser privado de sus bienes y derechos sino por causa justificada de utilidad pública o interés social, mediante la correspondiente indemnización y de conformidad con lo dispuesto por las leyes, en otras palabras, todos podrán ser despojados de su propiedad. Siempre existe una causa detrás de todo acto, y siempre tal causa obtiene una justificación, por rocambolesca que sea o parezca.

La Constitución legaliza, al igual que en el caso de los impuestos, el robo público; siempre que los ungidos gobernantes consideren que necesitan de la propiedad de otra persona, vienen avalados por nuestra Carta Magna para obtenerlo a golpe de pistolón. A diferencia del asaltador de caminos, el gobierno delinque legalmente, obtiene la cobertura necesaria para sus fraudulentas actividades mediante un texto aprobado por él mismo.

Imaginen que un ladronzuelo nos detiene en medio de la acera y nos exige que le entreguemos todo nuestro dinero, no sólo porque va armado, sino, sobre todo, porque tiene un documento redactado por él mismo que le acredita moralmente a actuar como actúa. Las expropiaciones no representan una situación muy distinta a la expuesta; si acaso, añaden una nota más de infamia al propio delito. El ladronzuelo no intenta ocultar la naturaleza criminosa de su acto; el delincuente se queda con el botín y la víctima sufre las consecuencias del atraco. Sin embargo, con la expropiación -un robo amparado por la legalidad constitucional- el asaltador -el Estado- pretende compensar a la víctima -los dueños expropiados. Por ello, la Constitución añade que debe compensarse con la correspondiente indemnización.

Es un error considerar que esta circunstancia humaniza al ladrón. En primer lugar, porque tal indemnización, no proviene del patrimonio personal del ladrón, sino de un robo ulterior, el de los impuestos. Y segundo, porque sólo podemos considerar la pretendida indemnización como una burla insultante a la víctima. Cuando un propietario vende voluntariamente su dominio, ello se debe a que valora más el dinero obtenido por la venta que la propiedad enajenada. El propietario y el adquiriente mejoran su bienestar; el intercambio voluntario es mutuamente beneficioso.

En cambio, con la expropiación es el comprador quien impone unilateralmente el precio de venta, pagando una vergonzante limosna indemnizatoria. El propietario tiene que plegarse al poderío estatal y aceptar sus condiciones. No sólo eso, por una suerte de Síndrome de Estocolmo, el propietario interioriza la obligación moral de vender a ese precio; en caso contrario, puede mostrarse como un insolidario, userero y avaricioso. Así pues, el propietario, víctima inopinable de la expropiación, pasa a ser el enemigo a batir, el adversario de la sociedad.

Y es que, precisamente, si la expropiación tiene tantos defensores es porque la desposesión del propietario engrosa, aún indirectamente, el patrimonio de los demás; se trata de una especie de robo por encargo de determinados grupos de presión. Aquello que muchos ciudadanos nunca osarían hacer privadamente -por ejemplo, hurtar los terrenos de su vecino- puede hacerlo con refrendo legal a través de la Administración. Poco importa, que los defensores de la expropiación estén, a su vez, bajo la espada de Damocles de este robo legalizado; uno cree que nunca le llegará la hora, siempre serán otros las víctimas.

La expropiación, ya sea de bienes inmuebles como de la riqueza generada por la sociedad, es un mecanismo paleolítico que sólo muestra la desconfianza y el desprecio de aquellos que la practican y defienden hacia la libertad y la propiedad privada. Ningún proyecto justifica la violación de los derechos del individuo, y ninguna utilidad puede ser tan elevada como para atacar el fundamento de nuestra civilización, la propiedad privada. Cuando el gobierno domina nuestra propiedad está dominando nuestra vidas, lo está controlando todo. El interés público no puede servir para justificar semejante esclavización del ser humano. Y es que no debieramos olvidar las sabias palabras de la novelista Ayn Rand: Puesto que no existe tal entidad conocida como 'el público', ya que el público es meramente una cantidad de individuos, la idea de que 'el interés público' va por encima de los intereses y derechos privados solo tiene un significado: que los intereses y derechos de algunos individuos tienen prioridad sobre los intereses y derechos de los demás. ¿Hasta cuándo lo permitiremos?

21 de Junio de 2004

El capo Bové

José Bové, el afamado campesino, adalid del movimiento antiglobalización, ha sentenciado que las reglas de la Organización Mundial de Comercio benefician sólo a una minoría de las empresas trasnacionales y desplazan a los pequeños productores.

Parece ser que a Bové no le gusta que los consumidores puedan elegir aquellos productos que mejor los satisfacen; en lugar de permitir que cada persona decida libremente, Bové prefiere imponer controles y barreras a la autonomía individual.

Y es que no debemos olvidar que Bové representa a un grupo de presión de agricultores franceses cuyos productos son, obviamente, más caros y de peor calidad que los que ofrecen las multinacionales. Por ello, Bové reclama continuamente que los gobiernos les impongan aranceles de manera que los consumidores se vean obligados a comprar a Bové y compañía. Toda una estrategia comercial.

Sin embargo, el despropósito no termina aquí. Nuestro agricultor subvencionado también defiende el derecho de cada nación a la "soberanía alimentaria"; en otras palabras, que cada nación tenga capacidad suficiente para alimentar a todos y cada uno de sus ciudadanos.

No parece que la producción agrícola de Mozambique o Eritrea sea capaz, hoy por hoy, de alimentar a su creciente población; la aplicación rígida de este derecho de laboratorio llevará a que los Estados Occidentales tengan que comprar y transferirles los alimentos a los Estados tercermundistas. Pero, ¿a quién deberán comprárselos? Evidentemente no a las pérfidas multinacionales, sino a "agricultores de la tierra", como Bové.

Al final, lo que nuestro agricultor galo propone es que el gobierno nos obligue a todos nosotros a que le compremos a Bové sus mercancías para luego transferirlas al Tercer Mundo. Un negocio redondo para Bové, solidario entre solidarios.

En realidad, la consecuencia de estas propuestas será que la agricultura incipiente de los países tercermundistas seguirá estancada por la competencia desleal contra una agricultura europea subvencionada hasta límites pecaminosos. Bové, cuando se pone a apedrear los locales de McDonalds o cuando lanza soflamas anticapitalistas, tan sólo está promocionando su mercancía, -mala, espantosa y cara- para que el gobierno nos obligue a comprarla cual mafia chicaguense.

Está claro que el único motivo de preocupación de Bové son los productores como él. La demagogia del hambre en el mundo es sólo una interesada agitación que le permite atraer cuatro ricachones acomplejados. Si le importara mínimamente la desnutrición internacional promovería la suspensión de la PAC y el libre comercio; esto es, que cada individuo pueda desarrollarse y prosperar libremente sin vergonzosos tutelajes neocolonialistas, como las que propone Bové. Pero ya se sabe, eso iría contra la cuenta corriente de nuestro querido agricultor, y eso, la izquierda, no puede tolerarlo.

15 de Junio de 2004

Cómo refundar Izquierda (h)Undida

Empiezan a aflorar las primeras propuestas sobre cuál debe ser el futuro de Izquierda Unida, que también hundida. La primera de ellas ya ha aparecido enlazada en Nodo50, supongo que mostrando su adherencia o consideración a la misma.

Y es que los adalides rojos de la democracia, los que clamaban por una Europa más cercana a los ciudadanos, por una democracia más participativa, por echar a Aznar por no respetar la voluntad del pueblo, todos esos charlatanes marxistoides amiguitos del matarife de la Habana empiezan ya a quitarse la careta.

Gramsci consideró que en las sociedades modernas la toma del poder no podía realizarse mediante un golpe de Estado al estilo soviético ya que los aparatos represores de los Estados modernos podrían detenerlo. La Revolución Espartaquista concluyó con la ejecución de los dos golpistas, Luxemburgo y Liebknecht. Por tanto, el comunismo moderno, el eurocomunismo, tenía que ser como un cancer que fuese devorando las entrañas del sistema desde dentro. La acción parlamentaria, la elocuencia de los dirigentes marxistas, el apoyo de la clase intelectual, creían, sería un reclamo irresistible para imponer la dictadura del proletariado, partiendo de la democracia.

Sin embargo, enfrascados en esta novedosa estrategia, consecuencia de la extraña permisividad que tras la II Guerra Mundial los mecanismos de racionalización parlamentaria y reorganización de las democracias tuvieron para con ellos, los comunistas no previeron una posibilidad: la extinción de su apoyo social.

¿Qué ocurriría si, tras renunciar transitoriamente a la lucha armada, el comunismo político perdiera el apoyo de la mayoría de sus votantes, si se convirtiera en una grupo extraparlamentario? Evidentemente, ante la ausencia de nuevas estrategias, deberá regresarse al discurso tradicional: el insurgentismo.

Estas parecen ser las conclusiones de Antonio J. Gil Padilla, quien tras constatar la decadencia de IU como fuerza política integrada en este sistema, tras recordar mi compromiso con la izquierda real y mi militancia durante muchos años me autorizan para emitir una opinión ante una organización tan confundida y tan pobre en el diseño de estrategias políticas, y tras exponer los problemas de nuestra sociedad -una crisis irreversible del sistema capitalista, un progresivo deterioro medioambietal (de imprevisibles consecuencias), una polarización social extrema (tanto en el ámbito de los estados como a nivel planetario), una progresiva pérdida del estado de bienestar (en países como el nuestro) conquistado con tanto esfuerzo-, asegura que todo esto es suficiente para que los comunistas rompan las reglas del juego.

Gil Padilla no soporta que, a pesar de su incontestable superioridad intelectual y moral, la ciudadanía trate [a IU] de igual manera que a todos los demás y aún así, Izquierda Unida prefiera participar en este sucio mercado de la política. Gil Padilla está frustrado, todo su trabajo de manipulación se viene abajo, primero cae el muro y ahora la gente abre los ojos. 350 votos en la localidad donde coordiné la Asamblea de IU en años anteriores es la cuarta parte de los resultados obtenidos a principios de los años 90. ¿Dónde queréis ir a parar? Exacto, ¿dónde vamos a llegar? Hay que abandonar este camino, obviamente, no vaya a ser que Gil Padilla muera antes de que llegue a controlar los resortes de poder y coacción.

En conclusión, no es necesario ningún debate en IU ni ninguna autocrítica (¿Qué debate va a tener lugar?), él ya ha ideado la solución perfecta: IU debe abandonar el sistema, convertirse en una fuerza subversiva, reorganizarse, trabajar desde fuera de las instituciones, establecer nexos con los oprimidos y con otros grupos sociales que puedan inyectar sabia fresca. Tengo mis dudas de que alguna vez haya dejado de ser una fuerza subversiva; en especial, viendo las ideas de sus integrantes en estos momentos de desesperación. Vae Victis!

12 de Junio de 2004

Importante matiz

La portada de The Economist califica a Reagan como "El hombre que derrotó al comunismo". Yo mismo, en otro post, comenté que: Por ello, si Churchill es la figura clave para entender el fin del nazismo, el héroe de la primera mitad del s. XX, Roland Reagan lo es, a su vez, para entender el final del otro gran imperio del mal, el comunismo.

Emoción del momento aparte, hay que ser cuidadoso con aseveraciones tan grandilocuentes. El comunismo se derrumbó dada su inviabilidad -consecuencia directa de la imposibilidad de realizar el cálculo económico, como bien indició Mises. Otra cosa, es el efecto catalizador que supuso Reagan en ese derrumbe. Carlos Semprún Maura, en su artículo en la Revista de Libertad Digital, lo explica perfectamente.

No pretendo que un hombre solo, por muy importante que fuera su cargo y sus posibilidades de acción, haya liquidado al comunismo. Toda una serie de circunstancias y problemas desempeñaron su papel. El primero era, creo, la profunda crisis económica y social de la URSS y del mundo comunista, incapaces de oponerse al reto del capitalismo, y terminó por rendirse. Puede decirse que fue el capitalismo que triunfó frente al comunismo en todo el mundo, pero sin la firme voluntad del presidente Reagan, su fe en los "valores norteamericanos", su odio al comunismo, que nada tenía que ver con el cinismo Nixon-Kissinger o la boba ingenuidad de Carter, pongamos, ¿quién sabe si las cosas hubieran trascurrido de la misma manera, o sea tan rápidamente?.

No debemos perderlo de vista.

10 de Junio de 2004

Calentamiento global: ¿qué pinta el hombre?

George Reisman sostiene en su libro Capitalism que los estudios medioambientales, al socaire de la subvención oficial de los 60, abandonaron la búsqueda de la causalidad para entrar de lleno en la casualidad; las estadísticas sin sentido y sin interpretación aparante se acumularon en EEUU.

Cuando se nos dice que la acción humana está provocando un calentamiento global, ocurre tres cuartos de lo mismo. ¿Qué acciones concretas son las que producen este cambio y por qué? No hay respuestas, sólo especulaciones.

Existe una especie de autoculpabilidad en todas y cada una de las empresas del hombre. Occidente es rico porque ha robado al Tercer Mundo; la explotación se sostiene porque compro Nike; el medio ambiente se degrada porque conduzco el coche; el cambio climático tiene lugar porque vivimos.

El Mundo publica hoy una noticia bajo el sugerente título: El día de mañana puede esperar. En medio de tanto catastrofismo, varios científicos, tras extraer antiquísimas muestras de hielo antártico, han llegado a la conclusión de que la próxima glaciación tendrá lugar dentro de 15.000 años. Sin embargo, la parte más sugerente de la noticia es, en mi opinión, aquella en la que señala que durante los últimos 400.000 años ya se han experimentado períodos de calor semejantes a los actuales. ¡Y sin que hubiera hombres!

Claro que el inedulible progresismo reinante, ha llevado a los científicos a matizar que sin la influencia humana, podríamos esperar que el presente periodo templado dure al menos otros 15.000 años. En todo caso, estamos en lo de siempre. Las prospecciones sobre el tan traído cambio climático tienen una nula validez. Si no se buscan las causas últimas, especular sobre el futuro de la humanidad deviene en un juego de infantes.

Esta noticia, junto con la degradación de Marte (¡sin ninguna influencia humana!), pone de manifiesto, una vez más, que el movimiento ecologista, hoy por hoy, no es más que una gran farsa; la genial vía de escape para el reciclaje marxista tras el derrumbe del Muro. Aunque, quizá, por ello mismo debieramos imaginar que la noticia tendrá escasa repercusión, al fin y al cabo, ¿quién dijo que a los ecologistas les importara lo más mínimo la ecología? Lo suyo es reprimir, como antes.

8 de Junio de 2004

El último éxito de Reagan (hasta ahora)

Reagan se ha anotado un nuevo triunfo: paralizar el gobierno federal de los EEUU durante todo el día del viernes. Como explica El Mundo: el Gobierno federal suspenderá sus actividades el viernes, según una orden ejecutiva de Bush divulgada por la Casa Blanca. Una delicia para cualquier liberal como el ex presidente; un apropiadísimo homenaje.

Y es que, como escribe Thomas DiLorenzo en Lewrockwell, Reagan debe estar sonriendo desde el más allá. Ciertamente, así debe ser; al fin y al cabo, el gobierno no puede resolver el problema. El problema es el gobierno.

6 de Junio de 2004

Gracias

Resulta un tanto complicado explicar y entender cómo los seres humanos hemos sobrevivido al s. XX; el siglo en el que, de la mano de genocidas como Lenin o Hitler, el asesinato se industrializó hasta el punto de convertirse en la causa principal del Reich o el Imperio Soviético.

Ojeando, aún someramente, las tinieblas y sombras que han recorrido la ya extinta centuria, uno sólo puede llegar a la conclusión de que, frente a semejante oscuridad, mayores han debido de ser las luces que han contrarrestado su influjo.

Una de estas luces, sin duda, resulta difusa e inconcreta; ha sido la luz representada por los millones de defensores de la libertad que nunca desfallecieron y que, en muchos casos, dejaron su vida en lucha contra el totalitarismo. Es una luz que nunca se consumará mientras existan espíritus libres que no rindan vergonzosa pleitesía a los enemigos de todos los valores que Occidente representa. Pero, al lado de ese deslumbrante candil, el siglo XX nos ofreció dos extraordinarias llamaradas que combatieron con admirable fortaleza por la libertad del mundo.

La maldad de la primera mitad del siglo, culminó en la II Guerra Mundial; sólo la determinación de Churchill por no claudicar ante las huestes nacional-socialistas permitió que Occidente conservara sus libertades. Pero Churchill -o mejor dicho, su aliado Franklin Delano Roosevelt- se olvidó de que si bien el totalitarismo germano había sido derrotado, el soviético permanecía en pie, incluso reforzado.

Los aliados cerraron los ojos ante el hecho incontestable de que medio mundo seguía subyugado por la dictadura más sangrienta que la historia haya conocido; incluso, con ignominiosa permisividad, llegaron a codearse con el "padrecito de todos los pueblos", tal y como se conocía a Stalin entre la mojigata progresía occidental.

Tras semejante genuflexión, el comunismo no cejó de crecer y expandirse durante la segunda mitad del s. XX. La misma determinación que Francia e Inglaterra demostraron ante Hitler en el Pacto de Munich, fue exhibida por los EEUU al aceptar la patraña de la coexistencia pacífica; esto es, la certificación de esclavitud de cientos de millones de personas.

Por ello, si Churchill es la figura clave para entender el fin del nazismo, el héroe de la primera mitad del s. XX, Roland Reagan lo es, a su vez, para entender el final del otro gran imperio del mal, el comunismo.

Ha muerto uno de los máximos defensores de la libertad durante el s. XX. Reagan terminó el trabajo que Churchill, obstaculizado por Rooselvelt y Stalin, no fue capaz de capitanear. Si el premier británico certificó el nacimiento del telón de acero, Reagan lo hundió definitivamente; y a diferencia de aquél, sin derramar, como ha recordado la baronesa Thatcher, una sola gota de sangre.

El héroe de la segunda mitad del siglo se nos ha ido. Los liberales, y las personas libres en definitiva, estamos de luto; pero si bien es cierto que, como creía Reagan, lo mejor para EEUU aún estaba por venir, no es menos cierto que las cotas más altas de una libertad, por la que Ronald Reagan nunca dejó de luchar, aún no han llegado.

En 1964, la hija de Winston Churchill, Mary Soames, le escribió una carta a su padre en la que incluía esta célebre gratitud: Aparte del gran afecto que toda hija tiene hacia un padre cariñoso y generoso, a ti te debo lo mismo que todo ciudadano inglés, mujer y niño, la libertad en sí misma. Con la misma fuerza y razón podríamos reproducirlo hoy para Reagan. Gracias por todo presidente. Descanse en Paz.

2 de Junio de 2004

La criminalización del fumador

De acuerdo, pensemos en esto: ¿Qué grupo ha sido crecientemente ilegalizado, humillado y denigrado, primero por el poder político y luego, siguiendo su estela, por la sociedad en general? ¿Qué grupo, lejos de favorecer su salida del armario ha sido literalmente empujado hacia dentro después de haber caminado durante décadas de manera altiva por la plaza pública? ¿Y qué grupo ha padecido trágicamente el Síndrome de Estocolmo, de manera que se avergüenza y se siente culpable por seguir con su estilo de vida? ¿Qué grupo está tan amilanado que nunca piensa en defenderse de cualquier de ridiculizarlos y condenarlos? ¿Qué grupo está tan anatematizado que resulta incluso legítimo y justo utilizar estadísticas manipuladas en su contra?

De esta manera empezaba Rothbard su artículo titulado Puritanism, Statism and the Crusade Against Smoking publicado en la Forest, Freedom Organisation for the Right to Enjoy Smoking Tobacco.

Leo en Libertad Digital que el gobierno se plantea prohibir fumar en lugares "públicos", como por ejemplo, lugares de trabajo, bares o restaurantes. La confusión semántica es importante; el común de los ciudadanos reconoce el indudable imperium del Estado sobre los lugares públicos, los dominios estatales. Sin embargo, cuando se califica de público un bar, a menos que el PSOE piense en una pronta nacionalización, sólo se puede estar haciendo referencia a la concurrencia de gente. Así, un supermercado sería un lugar público, pero también mi casa cuando tengo invitados u organizo una fiesta.

Pues bien, esta confusión lingüística entre propiedad estatal y propiedad privada con público es el dique de contención que ha encontrado el Estado para proseguir con el abuso y asalto hacia los fumadores. Resulta curioso que, desde ciertos ámbitos del PSOE se esté planteando legalizar el cannabis (desilegalizar sería más adecuado) y, en cambio, reducen a marchas forzadas la libertad de los fumadores.

Demagogias aparte, mediante esta cruzada antitabaco que, hoy por hoy en España está capitalizada por la izquierda, el Estado está atacando de una manera asombrosa, y con la complaciencia "pública" más sumisa que pueda recordar, derechos del todo esenciales. Estamos asistiendo a una grotesca penetración que, lejos de ser ninguneada y resistida, es contemplada con vergonzante satisfacción por una parte de la población. Consolidados estas prerrogativas estatales, sobre esos escarceos iniciales, se erigen, y se erigirán, coacciones de mayor calado; "Pero recordad que cuando el pueblo se desprende del poder rara vez o nunca puede recuperarlo de nuevo sin recurrir a la fuerza". Sabios consejos del antifederalista Brutus, lástima que dos siglos después ya estemos totalmente embebidos por nuestro particular Leviatán.

1 de Junio de 2004

...Y San Sebastián comunista

Desconozco si alguna vez dejó de serlo. En cualquier caso, mientras Ortiz afronta su imparable viraje hacia el liberalismo, Isabel San Sebastián se despacha asegurando que las empresas explotan a sus trabajadores; son un simple factor generador de riqueza.

Pues no Isabel. La riqueza, esto es, el descubrimiento de medios que alcanza a satisfacer fines más elevados, se genera mediante la acción empresarial, el trabajo por sí solo no tiene importancia alguna. Sólo cuando el trabajo es empresarialmente dirigido a la prosecución de medios de alto valor para el consumidor, adquiere una mínima relevancia. Por tanto, es la acción empresarial la que concede el valor, e incluso su naturaleza, al trabajo.

En un principio, pues, la acción empresarial genera un ganancia absoluta y pura para el empresario; conviene insistir en este punto, la ganancia brota de la genialidad del empresario, no hay ganancia previa al ejercicio perspicaz de la empresarialidad. El salario es sólo un residuo, un subproducto, de la ganancia empresarial pura.

El empresario necesita de determinados medios, como el trabajo, para culminar su proyecto empresarial; de ahí que deba compartir esta ganancia pura que él ha generado al mostrar al consumidor unos mejores medios para la satisfacción de sus fines.

Nada de explotación, querida Isabel. Deberías haberte dado cuenta de que, en medio de tanto discurso progre, estabas llamando explotadora a tu jefa, la todavía más progre Mª Tere Campos; y aunque sea sugerente imaginármela embutida en cuero con un látigo en la mano, no creo, ciertamente, que sea el caso. Espero, más bien, que no sea el caso.
Cómo la izquierda obtiene su superioridad moral

Leo en el Rincón, apuntes liberales que José Luis Sampedro (lo siento, tengo debilidad por este señor; espero publicar pronto una reseña sobre su libro El Mercado y la Globalización) con toda la pompa pertinente ha sentenciado que: Europa es una cultura antes que nada, un espíritu que combina la razón con los sentimientos y que no se consagra al dinero como medida de todas las cosas. El tiempo no es oro, es vida. Esto hay que defenderlo.

Me exaspero innecesariamente, lo sé. Pero estas frases me resultan de un papanatismo tremendo. Léanla tres o cuatro veces, y luego pregúntense, ¿qué ha dicho Sampedro con esas rimbombancias? La carne de presa para la izquierda respondería que: algo muy profundo y progresista. Yo estaría tentado a responder que una soplapollez, pero en realidad, la respuesta sólo puede ser que Sampedro no ha dicho nada.

La nadería de la frase de Sampedro no significa que con ella no haya querido decir nada. Queda claro que el totalitario de vieja estopa cuando habla de defender quiere decir atacar, y cuando habla de vida quiere de decir vida esclavizada. El progresismo de Sampedro es tal que quiere dictarnos, muy en la arrogante línea de Francisco Ros, cómo debe ser Europa; no sólo eso, sino que imagino que esperará que la actuación de los poderes públicos se dirija a obligarnos a que Europa sea así.

Pues muy bien. Siga tocando la pandereta y manipulando al personal. Su combinación de razón y sentimientos lo lleva a enseñarnos el látigo; sin duda se tratará de la razón leninista combinados con los sentimientos nacional-socialistas. Por supuesto, Sampedro no se consagra al dinero, por eso escribe y vende libros (régaleme uno, anda). El problema es que, salvo los numismáticos, no conozco a nadie que se consagre al dinero, sino a todo aquello que pueda conseguir con él: medios inmediatos, cuando se consume, y seguridad y medios futuros, cuando se ahorra. Es más, ni tan siquiera diría que la gente se consagra a conseguir medios, sino a satisfacer sus fines, para los cuales necesita medios. Se trata de ser feliz en nuestra vida, no de acumular metal.

Curiosamente, hemos llegado a las mismas conclusiones que Sampedro: lo importante es ser felices en nuestra vida. La diferencia, eso sí, es que los liberales no dictamos -ni mucho menos obligamos- cómo las demás personas deben ser felices, no nos creemos capacitados para ello.

Por esto he empezado diciendo que Sampedro no había dicho nada; porque repetir que A es A, que queremos un mundo mejor o que odiamos la pobreza, poco aporta al panorama ideológico. Eso sí, el componente propagandístico de la izquierda es tan mayúsculo que es capaz de apropiarse y monopolizar incluso las valores morales más primarios. Así nos comen el terreno; hecho que no sería demasiado preocupante si el dominio izquierdista no se tradujera, siempre y en todo lugar, en lo opuesto a lo prometido. No sería preocupante si la campaña izquierdista para monopolizar determinados valores no fuera seguida por una sistemática subversión de los mismos.

Pero por ahora, ellos son los doctos humanistas. ¡Ja!
Burrócratas que van de empresarios

Algunos políticos están tentados a creer que el puesto ocupado en el aparato estatal no es sólo un hecho más que discutible sino también un derecho que emana de sus capacidades intelectuales. Tienden a pensar que ser político es harto complicado que, por ejemplo, ser empresario; de ahí que aquéllos deban controlar irremediablemente a éstos. Insisto, las raíces profundas del keynesianismo dominante no se hunden en creer que los políticos persiguen objetivos más altruistas y solidarios que los pérfidos empresarios, sino, en especial, que son los sabios doctores que deben guiar el caótico capitalismo moderno.

Francisco Ros padece de esta fatal arrogancia, no puede ocultarlo. El secretario de Estado de Telecomunicaciones cree que el número de operadoras debe reducirse a dos o tres. Genial, yo creo que deben haber 22. El problema, seamos claros, es que este ridícula resocialización es inviable. Nadie es capaz de conocer centralizadamente todos los dispares objetivos que persiguen las personas, entre ellos los objetivos para comunicarse, y por tanto, sólo mediante unos precios espontáneamente creados, los empresarios más perspicaces son capaces de reconocer las oportunidades de beneficio para satisfacer a los consumidores. Mientras tanto, Ros y yo seguiremos jugando a ver quién la dice más gorda; pero por soltar burradas grandilocuentes a trote y moche, no solventamos el problema del cálculo económico.

Aunque eso sí, mucho sería suponer que al socialismo le interesa lo más mínimo la satisfacción de los ciudadanos. Ya lo dejó claro Borrell, es preferible unos emperadores parafernálicos que se alcen altivos sobre unos pueblos misérrimos, a una sociedad próspera con un poder coactivo atrofiado. De hecho, si a los socialistas de todos los partidos les interesara lo más mínimo nuestra satisfacción dejarían ahora mismo de teledirigirnos cuales púberes incapaces. Pero obviamente no es así; ellos, los socialistos son, en realidad, los incapaces, los leñadores que se reputan cirujanos. Ignoro por qué nosotros, los sufridos pacientes, no hemos cambiado ya de hospital.

Archivo

En formato RSS

Usuario Contraseña  
Web alojada en Ferca

Mapa del sitio Mapa del sitio
Texto normal Texto grande