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Todo un hombre de Estado: Agosto 2010

25 de Agosto de 2010

Produciendo "lo que sea"

Decía Keynes que "cuando hay paro involuntario necesariamente la desutilidad marginal de trabajar es menor que la utilidad del producto obtenido (...) Si se acepta esto, el razonamiento anterior nos demuestra que el endeudamiento para hacer gastos ruinosos puede enriquecer incluso a la comunidad".

En otras palabras, que la peor forma de empobrecernos es dejar que los trabajadores estén en el paro durante las crisis. Ya que no podemos ponerlos a trabajar en la economía privada, ¿por qué no ponerles a hacer algo, "lo que sea"? Por poco valor que posea lo que creen, estarán añadiendo valor (¿en términos netos o en términos brutos?, luego vuelvo a esto) a la economía.

Proseguía Keynes: "Es curiosoo observar cómo el sentido común, para escapar del absurdo, ha llegado a preferir el endeudarse para hacer gastos totalmente inútiles en lugar de hacer otros que solo lo son parcialmente y a los que, por no serlo del todo, se enjuicia con los estrictos criterios de un negocio privado. Por ejemplo, el subsidio de paro financiado mediante deuda pública se acepta con mayor facilidad que la financiación de mejorar que ofrecen una rentabilidad inferior al tipo de interés vigente".

Traducido: que nuestras sociedades aceptan más fácilmente que los parados estén en casa cobrando del erario público a que cobren del erario público poniéndolos a trabajar en "lo que sea" (aunque no resulte rentable). En apariencia esto es absurdo: si no hacen nada, sólo rapiñan a los demás; si hacen algo, al menos crean un poquito de valor.

Egócrata vuelve a la carga en su último post para justificar el despilfarro público generalizado con argumentos derivados de estas ideas de Keynes:

Todos los estudios (incluyendo la CBO) dicen que el estímulo fiscal del año pasado fue entre muy efectivo y realmente efectivo, suavizando enormemente la recesión.

Básicamente, la CBO dice que el PIB estadounidense ha crecido gracias al Plan Obama casi 4,5 puntos adicionales y que se han creado varios millones de empleos. A la lógica pregunta de: "pero esa producción adicional y esos empleos extra que se han creado, ¿sirven para algo?", le sigue la consecuente respuesta keynesiana de: "Sirven para más que haber tenido a la gente parada en casa sin producir nada, es mejor que produzcan 'lo que sea'". Vamos, que igual da que el PIB haya aumentado porque se ha colocado a varios millones de tíos produciendo un coloso en honor a Obama; incluso esa inutilidad es mejor que no tener nada como consecuencia del tiempo que llevan parados.

¿Pero es eso cierto? Me preguntaba antes si los parados que son colocados a producir "lo que sea" añaden valor a la economía en términos brutos o en términos netos. La cuestión no es baladí: ¿su nueva producción es más valioso que el consumo que realizan gracias a esa nueva producción? O, en otras palabras, ¿lo que meten es más valioso que lo que sacan?

Y aquí las dudas deberían comenzar a surgir: si un conjunto de parados puede crear una determinada cantidad de mercancías Q que puede intercambiarse en el mercado por otra cantidad de mercancías R, ¿por qué no lo hacen sin intervenciones públicas? Al fin y al cabo, la mercancía Q posee una demanda en el mercado (la de los trabajadores que fabrican R) y los trabajadores que producen Q pueden cobrar un salario igual a su productividad marginal presente en la producción de Q. Entonces, ¿por qué nadie los contrata?

La respuesta es clara: porque en el mercado nunca se habría realizado voluntariamente el intercambio de Q por R. Para que el intercambio se realice, los términos del intercambio deberían haber sido mucho más favorables para los trabajadores que producen R (por ejemplo intercambiar Q por 0,5R), es decir, deberían haber caído los precios de Q. Pero si caen los precios de Q, los salarios que perciben sus trabajadores también lo hacen y a esos salarios tan bajos, los parados no están dispuestos a trabajar. Es decir, no existía paro involuntario en términos keynesianos ("la desutilidad del trabajo es menor que la utilidad del producto obtenido"), sino paro en sentido clásico: los salarios que se pueden pagar son inferiores a la desutilidad del trabajo.

Cuando el Estado gasta su dinero en producir Q pagándoles a los parados salarios lo suficientemente elevados como para consumir R (y no 0,5R), entonces está destruyendo riqueza, porque lo que meten esos trabajadores en la economía (Q) es menos valioso que lo que sacan (R).

Pero, al menos, así las cosas, si los trabajadores igual percibirían un subsidio de paro que les permitiría comprar R, ¿es cierto que resulta preferible tener a los trabajadores produciendo algo (Q)? No necesariamente. Cuando el Estado les paga salarios artificialmente altos, es cierto que destruyen riqueza. Pero los efectos no van mucho más allá (bajo ciertas condiciones, lo normal es que sea mucho peor al promover un cierto consumo de capital) de una redistribución coactiva de los bienes de consumo (se expolia a los trabajadores que producen R en beneficio de los parados).

Sin embargo, si comenzamos a producir, estaremos añadiendo distorsiones también a la estructura productiva. Por ejemplo, si para producir Q necesitamos a 100 trabajadores y a 100 barriles de petróleo, no sólo estamos expoliando a los trabajadores de R, sino que estamos encareciendo el precio del petróleo para todos aquellos productores que los empleaban. En otras palabras, habrá empresarios que se verán forzados a recortar marginalmente su producción porque el precio del petróleo será más alto de lo que habría sido sin plan de rescate. Y esa producción que marginalmente recortaban... ¡sí era rentable!, es decir, se podía intercambiar voluntariamente en el mercado (beneficiaba a ambas partes). Es decir, el plan de estímulo no sólo destruye riqueza al redistribuir los bienes de consumo, sino que la destruye al trastocar la estructura productiva en una dirección errónea (no deseada por los consumidores). A esto me refería el otro día con lo de alterar los precios relativos. El único caso en el que esto no tendría lugar es si el plan de estímulo va dirigido a producir bienes sólo mediante trabajadores (su función de producción sólo implica trabajo, ni bienes de capital, ni materias primas), algo escasamente realista (y, en todo caso, los efectos de la redistribución coactiva de bienes de consumo, permanece).

Por tanto no, los planes de estímulo son destructivos. Nada hay más fácil que crear empleo o aumentar en algo el PIB. La cuestión es si ese "empuje" económico (como algunos quieren verlo) está generando riqueza en términos netos o no lo está haciendo. Y la respuesta obviamente es no: la prueba más clara es que cuando se retira el estímulo, todas esas relaciones coactivas impuestos por el plan de estímulo desaparecen y la economía tiene que adaptarse de nuevo (nueva "recaída"). Por supuesto, queda otra alternativa y es "estimular" toda la economía mediante un plan central que pretenda coordinar todos los planes de producción y asigne cuotas de consumo, socialismo puro y duro que, parece ser, muchos deben pensar que crea riqueza y empleo.

Incluso con recursos ociosos, los planes de estímulo son nefastos.

El mito del reswitching

En mi último artículo en el Instituto Juan de Mariana trato de refutar una de las críticas más extendidas contra la teoría austriaca del capital: el reswitching o reversión de técnicas ante caídas del tipo de interés. Por supuesto, como muy bien apunta Kantor en los comentarios, lo que demuestro es la imposibilidad del reswitching del conjunto de la estructura productiva, no de estructuras empresariales concretas; algo que por otro caso los austriacos nunca han negado (cuando aumenta el ahorro caen los tipos de interés pero las industrias más cercanas al consumo se descapitalizan):

En una economía moderna no tendremos dos técnicas –A y B– en alternancia, sino varios abecedarios de letras (tantas como ingeniosos sean los empresarios) que se irán ampliando conforme se reduzca el tipo de interés: en esa sopa de letras creciente, es muy probable que los empresarios encuentren técnicas al menos tan productivas como las actuales, de modo que al implementarlas la sociedad se hará un uso más intensivo y eficiente del capital en la producción de bienes y servicios.

El ejemplo que ofrece Samuelson basado en productividades físicas no tiene ningún sentido (o más bien, sólo lo tendría si los salarios se mantuvieran constantes con independencia de la técnica elegida). Bajo esta perspectiva de equilibrio muy parcial, se mantienen constantes los salarios y los precios de los bienes de consumo para concentrarnos en estudiar los cambios en los tipos de interés. El problema es que en el conjunto de la economía, la relación entre los salarios presentes y los bienes de consumo futuros… ¡son los tipos de interés! La crítica del reswitching de Sraffa y Samuelson presupone que en el agregado de la economía los tipos de interés del mercado financiero pueden variar, pero que en cambio los tipos de interés de la estructura productiva (su tasa interna de retorno) se mantienen constantes.

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24 de Agosto de 2010

Hayek y el surgimiento del orden libre

Sigo con el penúltimo artículo de la serie "Nosotros, los austriacos". Después de Menger, Böhm-Bawerk y Mises, tocaba Hayek:

La cuestión central en el pensamiento hayekiano que se plantea por primera vez en este seminal artículo es cómo resulta posible que cada individuo se coordine de manera exitosa con el resto de la sociedad sin que nadie esté "al mando" para organizarlos a modo de piezas de un engranaje superior: cómo emergen los órdenes de manera espontánea y no planificada.

Constituye un gran error aplicar los métodos reduccionistamente experimentales de las ciencias simples a las ciencias complejas (Hayek llamó a este vicio el cientismo y a su crítica dedicó todo el libro de La contrarrevolución de la ciencia) e incluso –y aquí se distanciaba de su amigo Karl Popper– habrá que reconocer las crecientes limitaciones con la que se encontrará la falsación de los resultados según aumente la complejidad de una ciencia: a mayor complejidad, predicciones menos exactas (más genéricas), por lo que habrá que ser cuidadoso con descartar cualquier conclusión que aparentemente no tenga una traslación cuantificable y medible en el mundo real (sobre este tema fundamental, de hecho, reflexionó en su discurso de recepción del Nobel: La pretensión del conocimiento).

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23 de Agosto de 2010

Estímulos destructivos

En uno de mis últimos artículos en Libertad Digital analizo, a partir de la comparación de Alemania con el resto de la UE, por qué los planes de "estímulo" sólo sirven para desestimular la economía:

Los planes de estímulo de gobiernos y bancos centrales, entre otros muchos perjuicios como el famoso crowding-out, sólo logran que nuestros ingresos sigan artificialmente inflados (gastando más de lo que podemos permitirnos para volver a crecer de manera sostenible) y que los incentivos hacia la reestructuración sean nulos; esto es, prologan y agravan la agonía.

¿Resultado? Pues el que muchos nos temíamos. La tasa de paro de Alemania, tras un repunte inicial en 2009, lleva descendiendo desde entonces, hasta situarse a mediados de 2010 en el 7% de la población activa. En cambio, España, Francia y EEUU han visto cómo sus tasas de desempleo se duplicaban en unos meses, pese a los paquetes de estímulo o, más bien, a causa de los paquetes de estímulo.

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22 de Agosto de 2010

Cita económica del 22-VIII-2010

If any obligation of an enterprise deserves to qualify as a fixed-value investment, then all its obligations must do so. State conversely, if a company’s junior bonds are not safe, its first-mortgage bonds are not a desirable fixed-value investment

Security Analysis, Benjamin Graham & David Dodd, 1940, p. 84

21 de Agosto de 2010

Cita económica del 21-VIII-2010

La caída del tipo de interés es lo que provoca el aumento en el valor del capital. Si intentamos hacer que el tipo de interés dependa del valor del capital, entonces, puesto que el valor del capital depende de dos factores (expectativas de renta y tipo de interés) haremos que el tipo de interés dependa en parte de la renta y en parte del mismo tipo de interés, y esto es una imbecilidad. Sencillamente hay que volver a esa independencia de la renta como el único hecho que tiene importancia y significado real. Lo que está en juego es el intercambio entre renta presente y renta futura.

Irving Fisher, La Teoría del Interés, 1930, p. 111

20 de Agosto de 2010

El problema no es ni "la" inflación ni "la" deflación

Roger Senserrich critica que en Libertad Digital (léase el columnista invitado Steven Horwitz) estén preocupados por la inflación que genera la Reserva Federal y señala que ahora mismo la amenaza no es la inflación sino la deflación.

El debate sobre inflación vs deflación me parece un poco estéril, aunque es del agrado de monetaristas y keynesianos. Los primeros enfatizan el riesgo de quiebra global de la banca y de las tendencias deflacionarias que ello acarrearía y los segundos se creen la milonga keynesiana de la trampa de la liquidez, es decir, la tendencia al atesoramiento generalizado de dinero ante el riesgo a que suban los tipos de interés y por tanto el valor de los activos caiga [nota sobre la trampa de la liquidez: ¿cómo puede creérsela alguien con unos mínimos conocimientos financieros? Quiero decir, si los inversores tienen expectativas bajistas sobre los activos porque esperan que suban los tipos de interés, su alternativa más inteligente no es atesorar dinero, sino vender esos activos al descubierto, sin necesidad de atesorar nada]. A ambos les recomendaría que se leyeran el excelente artículo de Ludwig Lachmann de 1937 Uncertainty and Liquidity Preference, donde se explica claramente que el problema de ahora y de entonces no es la sequedad de liquidez, sino la escasa solvencia de la banca que la lleva a mejorar la liquidez de su activo con tal de compensar la mala liquidez (insolvencia) de su pasivo.

Pero sigamos. Muy mal haríamos si no comprendiéramos que esta crisis tiene su origen no en la inflación o en la deflación (el IPC no subió significativamente entre 2002 y 2007 ni tampoco ha caída prácticamente nada desde finales de 2008), sino en la distorsión de los precios relativos de los activos. El incremento de los precios de los bienes de consumo no puede explicar en absoluto por qué se sobreinvirtió en vivienda; eso sólo lo explica la burbuja inmobiliaria que es, como digo, una inflación del precio relativo (su rentabilidad relativa) de la vivienda con respecto al del resto de activos y bienes de consumo de la economía. Lo mismo con la deflación: lo que explica la quiebra bancaria no es que el IPC baje un poco, sino que el precio de la vivienda (y de otros activos financieros, para no simplificar en exceso) se ha desplomado.

El riesgo actual no es ni la inflación ni la deflación de una media agregada de precios, sino que el regreso a la "racionalidad" (a la "proporcionalidad" o incluso al "equilibrio" si se quiere) del sistema económico se vea obstruido por "planes de rescate", "planes de estímulo" o "inyecciones crediticias" que, por si los agregacionistas no logran verlo desde su torre de marfil, no influyen sobre el nivel general de precios, sino sobre sectores concretos en los que se impide su ajuste.

Bsanchez tiene algunos buenos puntos en los comentarios; el problema es que la inflación se ha trasladado al sector de las materias primas. Pero la distorsión va más allá de lo que podamos observar a simple vista, pues la complejidad del sistema económico (su grado de interrelación) es demasiado grande como para que podamos trazar una sencilla relación de causalidad entre inyección crediticia de la Fed y aumento de las materias primas. Basta pensar que el crédito de la Fed no se dirige hacia las materias primas, sino hacia los tenedores de activos financieros, quienes en lugar de reestructurarse (cediendo esos activos, u otros, a otros ahorradores o bien disminuyendo su consumo, por ejemplo de materias primas) pueden seguir demandando materias primas manteniendo inflado su precio, lo que a su vez erosiona la rentabilidad de todos aquellos negocios que no deberían reestructurarse, pero que sí ven cómo aumentan sus costes (algo parecido a lo que sucedió entre 2006-2008). Y todo esto, a su vez, repercute sobre las demandas derivadas de todos los afectados.

Como dijo Hayek en otro contexto:

Los efectos realmente perniciosos de la inflación o de la deflación proceden, no tanto de que los precios absolutos de todos los bienes cambien en la misma dirección y en la misma proporción, sino de que la relación entre los precios individuales cambia en una dirección que no es sostenible; en otras palabras, de que temporalmente provocan una redistribución del gasto entre individuos que no es estable.

Por eso, como decía el principio, el problema no es tanto si el dólar se aprecia o se deprecia con respecto a una cesta arbitraria de bienes, sino si las políticas de Obama y de Bernanke están determinando el rumbo de una economía que busca reestructurarse y lo hacen precisamente para impedir que se reestructure. Algo que, desde luego, es demasiado complicado para quienes trazan inexistentes relaciones entre "la demanda agregada", "el nivel general de precios" y "la demanda de empleo", pero que aún así deberían empezar a replantearse. Llevan más de dos años implementando salvatajes y planes de estímulo varios, sin que el resultado sea en absoluto apreciable (¿cuál es la diferencia entre Alemania y EEUU en términos de empleo y crecimiento?); en todo caso, sólo han contribuido a ralentizar el ajuste y a colocar a varios países al borde de la quiebra soberana. El bajo IPC les sirve como excusa para continuar emponzoñando toda el sistema económico. ¿Hasta cuándo?

Mises, creador de un sistema

Ya de vuelta de vacaciones, os dejo con el artículo sobre Mises dentro de la serie de Nosotros, los austriacos:

Incluso padeciendo gripe, desnutrido y a la escasa luz de unos candiles que sustituían malamente el suministro eléctrico –interrumpido por los destrozos de una más que próxima Primera Guerra Mundial en la que había puesto en peligro su vida en diversas ocasiones–, Mises encontró tiempo para estructurar y redactar la que, en palabras de Antal Fekete, es "la contribución más relevante a la ciencia económica en el siglo XX".

A sus casi 70 años, Mises publicó todo este profuso compendio vital, refinado y mejorado, en el que hasta ahora es el libro cumbre de nuestra ciencia: La acción humana. Como con los Diálogos de Platón, bien puede decirse que toda la ciencia económica (o praxeológica) subsiguiente es un simple comentario de los párrafos de La acción humana,ya sea para ampliarla (por ejemplo con la Escuela de la Elección Pública de James Buchacan y Gordon Tullock o con la teoría del orden espontáneo de Hayek) o para corregirla (con la teoría del monopolio de Murray Rothbard o con la moderna teoría de la liquidez de Antal Fekete y José Ignacio del Castillo).

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9 de Agosto de 2010

El tiempo es oro

Y sí, obviamente después de Menger venía Böhm-Bawerk. Aquí os dejo el artículo, no sin antes anunciar que durante las próximas dos semanas estaré de vacaciones por Roma y Praga, de modo que no creo que actualice demasiado:

La respuesta que ofreció Böhm-Bawerk partiendo de las intuiciones de Turgot y de Menger le sirvió para articular toda la producción teórica de su vida: el pago de salarios por parte del capitalista constituye un intercambio entre producción presente (los salarios) y producción futura (las ventas de la mercancía que fabrican los trabajadores) y, como es razonable suponer que los bienes presentes son más valiosos que los bienes futuros, por necesidad los salarios pagados hoy habrán de ser menores que las ventas recibidas mañana.

la obra de Böhm no está exenta de errores teóricos y formales. Algunos economistas austriacos más recientes, como Ludwig Lachmann, incluso han llegado a defender –de manera bastante exagerada, a mi entender– que Böhm no debería ser considerado un miembro de la Escuela Austriaca, pues sus libros tienen más que ver con el estudio ricardiano de la distribución de las rentas que con el análisis del proceso empresarial de mercado característico de los austriacos.

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8 de Agosto de 2010

Clases de economía en esRadio

Esta última semana estuve participando en el programa de Lorenzo Ramírez 'Abróchense los cinturones' con una pequeña sección donde intentaba explicar la recurrencia de las crisis económicas. De la experiencia han quedado cinco cortas intervenciones en las que se bosqueja lo fundamental del ciclo económico. Aquí os las dejo ordenadas por orden cronológico:

  1. Gasto público, déficit y deuda
  2. Dinero e inflación
  3. Ahorro, consumo e inversión
  4. Cómo funcionan los bancos centrales
  5. El porqué de la crisis económica

Espero que os gusten y que os sean de utilidad.

6 de Agosto de 2010

El intervencionismo en todo su esplendor

Aprovechando el control de precios decretado por el Gobierno de Putin, he escrito un artículo en Libertad Digital comentando algunos de los efectos de esta muy nociva política pública:

El efecto más inmediato de rebajar artificialmente el precio de un producto –o de impedir que suba de precio cuando se ha vuelto mucho más escaso– es que todos los compradores acuden en masa a comprar trigo, mientras que los vendedores son reacios a deshacerse de él a precios tan poco competitivos. Es decir, todo el mundo quiere comprar, pero nadie quiere vender. ¿Consecuencia? El producto resulta cada vez más difícil de conseguir: aunque hay gente que está dispuesta a pagar un precio por el que el vendedor aceptaría enajenar el bien, no pueden cerrar la transacción porque el Gobierno se lo impide.

Si los controles de precios perduran, los productores de trigo desinvertirán en esta industria y se dirigirán a otros sectores donde la rentabilidad sea mayor. Un cierto desabastecimiento puntual se convertirá en una escasez crónica debido a reducciones permanentes de la oferta... a menos que se establezcan también controles de precios en el resto de la economía para evitar diferenciales en la rentabilidad, en cuyo caso el desabastecimiento y la carestía crónica se volverán universales. De hecho, el control universal de precios tiene un nombre que arrastra un historial de miseria y desolación: socialismo.

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3 de Agosto de 2010

Hijo de alemanes, padre de austriacos

Para el Suplemento de Verano de Libertad Digital me he propuesto escribir una serie de cinco artículos destacando las contribuciones más importantes de los que son los economistas austriacos, como poco, más conocidos. El primero de esos artículos se lo dedico -no podía ser de otro modo- a Carl Menger. Supongo que no hay que forzar mucho las neuronas para anticipar a quién le toca la semana próxima:

Menger fue la culminación histórica de toda una tradición económica que hoy sabemos que abarcaba a la Escuela del Valor de Uso alemana (Gebrauchtwertschule) e incluso, tras los impagables descubrimientos de Gabriel Calzada, a toda una corriente de pensamiento que llega hasta nuestra Escuela de Salamanca (pasando por Francia, Escocia, Holanda e Italia).

Es curioso que más de un siglo después de que Menger revolucionara la ciencia económica, los economistas todavía no le hayamos sacado todo el jugo posible a su obra. Pero precisamente por ello –porque no lo desarrolló todo y no todo lo que desarrolló fue perfecto–, generaciones sucesivas de economistas se han ido acercando a sus libros para ir enriqueciendo nuestra ciencia alrededor del corazón teórico mengeriano.

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