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Todo un hombre de Estado: Marzo 2010

31 de Marzo de 2010

El retorno de la deprimente economía keynesiana
Ya han subido el número de Procesos de Mercado correspondiente al segundo semestre de 2009. En este volumen publico una reseña más extensa y detallada que la saqué en la Ilustración Liberal sobre el libro de Krugman El retorno de la economía de la depresión y la crisis actual. La podéis encontrar entre las páginas 305 y 318.

La reseña, ya lo veréis, va dedicada a todos aquellos economistas y aficionados a economistas que antes de la crisis poco más que loaban ciegamente al capitalismo y los beneficios de la globalización (despreciando a los austriacos por catastrofistas al apuntar las fallas del sistema monetario) y que ahora, tras la crisis, se han vuelto unos talibanes de la intervención (y siguen despreciando a los austriacos por obsesos defensores de un capitalismo fallido). Ni antes entendían economía, ni lo hacen ahora. Pero siempre se suman como borregos a las masas: ahora monetaristas, ahora keynesianos. De oca en oca y tiro porque me toca. Todo en nombre de una ciencia que en sus manos pierde cualquier significado, eso sí. De los polvos de su ignorancia vienen ahora los lodos del desastre. Posner es un clarísimo ejemplo.

29 de Marzo de 2010

Por qué el socialismo no puede funcionar
Hoy he escrito en Libertad Digital sobre el teorema de la imposibilidad del socialismo aplicado a la noticia del recorte de las subvenciones a las energías renovables:
Aparte del hecho tirando a ridículo de que los socialistas quisieran erradicar un sistema económico –el libre mercado– para admitir más tarde la necesidad de aproximarse tanto como fuera posible a ese mismo sistema económico, Mises siempre rechazó estas piruetas retóricas señalando que el capitalismo no es un juego al estilo del Monopoly o del parchís: los empresarios, los especuladores, los market makers o los capitalistas no eran niños aburridos quemando las horas ociosas en un tablero donde las cartas y las fichas se habían repartido por azar previamente. En el capitalismo los agentes se juegan su dinero, el dinero que han logrado satisfaciendo las necesidades de los consumidores, y ese aspecto esencial del sistema no puede reproducirse en ningún otro a menos que reconozca la propiedad privada y por tanto finiquite el socialismo.

Todos los empresarios visionarios comienzan perdiendo grandes cantidades de dinero hasta que sus productos triunfan y se generalizan en el mercado. ¿Cómo sabemos que no convendría seguir invirtiendo en la solar? Simplemente no lo sabemos. Somos conscientes de que hasta ahora ha fracasado, pero no podemos conocer un futuro no predeterminado y sobre el que debe especularse. Para ello, contamos con un ámbito de experimentación descentralizado, el mercado, donde cada cual compara su expectativa de éxito con el dinero que le resta para alcanzarla: si triunfa ganará muchísimo dinero y si fracasa, lo perderá. Estoy seguro de que hoy mismo hay multitud de empresas privadas que mantienen sus líneas de investigación para desarrollar una energía solar asequible, pese a que Sebastián ya haya (por suerte) desistido.
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28 de Marzo de 2010

En los Encuentros de Filosofía de la Fundación Gustavo Bueno
Este viernes y sábado me invitaron a participar en los los XV Encuentros de Filosofía que organiza la Fundación Gustavo Bueno, este año a propósito de la crisis de la economía política. Fue una experiencia muy agradable. El viernes di una charla titulada La crisis económica desde la perspectiva de la Escuela Austriaca: por qué el intervencionismo bancario es el culpable, cuyos puntos esenciales podéis encontrar en este resumen que escribió Ángel Martín sobre otra que ofrecí recientemente en la Universidad de Zaragoza.

El sábado, por su parte, estuve en una mesa redonda con Joaquín Arriola discutiendo sobre la teoría del valor. Mi perspectiva era obviamente marginalista (y en concreto mengeriana) frente a la marxista basada en el valor-trabajo de Arriola. Precisamente la semana pasada escribí en el Instituto Juan de Mariana sobre algunos de los problemas de la teoría del valor-trabajo.

24 de Marzo de 2010

Un nuevo consenso contra la ciencia
A raíz del último post y de un reciente artículo de Olivier Blanchard he escrito en Libertad Digital una columna de opinión sobre el nuevo consenso (a)científico que se está construyendo en macroeconomía:
Si bien aplaudo que se reconozca que el marco teórico precedente tenía sus muy graves deficiencias, no puedo sino horrorizarme ante el nuevo que algunos proponen. Al menos el anterior no pretendía controlar cada engranaje de la economía, lo que dejaba al sector privado un cierto espacio para generar riqueza sin padecer los embates de demasiadas moscas cojoneras; con el nuevo, los instrumentos de política económica en manos del Estado se multiplican y se abandona cualquier atisbo de prudencia: inflación monetaria a tutiplén, déficits públicos desacomplejados, regulaciones draconianas...

En lugar de admitir que hemos estado discutiendo sobre el sexo de los ángeles durante 50 años en lugar de haber profundizado en los problemas macroeconómicos fundamentales (cuáles son las características del buen dinero, cuál es el marco en el que puede crearse y acumularse saludablemente el crédito, cómo detectar la acumulación de mal crédito, qué consecuencias tiene esto último sobre la estructura de capital, cuáles son las respuestas de los agentes ante su iliquidez y cómo facilitar su reajuste, cómo varía el valor del dinero y los tipos de interés según la situación financiera de los agentes...), nos hemos perdido en macroagregados irrelevantes (oferta agregada, demanda agregada, nivel general de precios, tipo de interés de la economía, tasa de paro, stock de capital, oferta monetaria...) propios de dirigistas ciegos que no entienden nada del proceso económico pero que pretenden manejarlo a su antojo.
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22 de Marzo de 2010

Bien por Mankiw
Curioso consenso en el que algunos de los macroeconomistas más reputados empiezan a reflexionar sobre problemas palmarios que ya señalaba desde hacía décadas la Escuela Austriaca. Dice Mankiw:
La cuestión sobre la que estoy reflexionando es si la transformación de plazos es una característica esencial de un sistema financiero exitoso. El descalce de plazos parece ser un elemento central de los pánicos bancarios y de las crisis financieras. La cuestión que me planteo es qué valor tiene todo esto y si los beneficios de nuestro muy apalancado sistema financiero exceden sus más que evidentes costes.
Tal vez te hubiese venido bien leer La Acción Humana, aunque tenga unos añitos. En todo caso, está bien que los economistas neoclásicos abandonen modelos macroeconómicos vacíos y pasen a incorporar, aun sin ser conscientes, teoremas centrales de la Escuela Austriaca.

4 de Marzo de 2010

La depresión de los bajos tipos de interés
Hoy he escrito en Libertad Digital sobre la relación entre bajos tipos de interés y depresión:
Los bancos centrales pueden manipular durante un tiempo los tipos de interés, pero no indefinidamente. Mientras no aprendan a manejar aquello de multiplicar panes y peces –es decir, mientras no creen de la nada bienes presentes–, les será imposible mantener indefinidamente los tipos de interés por debajo de los que vendrían justificados por el mercado. Por eso a la Fed y al BCE no les quedó más remedio que aceptar sus subidas en 2005, 2006 y 2007 y por eso cuando la Fed en 2008 trató de reducirlos, el mercado le hizo una peineta.

Ahí lo tienen: los tipos de interés más bajos de la historia de Occidente los han disfrutado los Estados Unidos durante toda la Gran Depresión y el Japón de los últimos 20 años. Que les aprovechen. Yo prefiero una sociedad solvente y dinámica donde haya agentes dispuestos a invertir y a no morir ahogados en sus deudas. Algunos parece que sueñan con reinflar la burbuja antes de que termine de explotar. Al menos tengan el pudor de esperar un poco hombres de bien.
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