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Todo un hombre de Estado: Abril 2010

27 de Abril de 2010

Congreso de Economía Austriaca, Vernon Smith Prize y Cena de la Libertad
Los próximos días se me presentan (demasiado) repletos de actividad.

Mañana miércoles estaré en el III Congreso de Economía Austriaca en la Universidad Rey Juan Carlos. Dirijo el panel de teoría monetaria y crisis y doy una charla sobre la insuficiencia de los agregados monetarios para predecir el ciclo económico. Básicamente, explicaré por qué herramientas como la M1, la M2 o la M3 no sirven. Junto a mí estarán Ángel Martín Oro y José María Capapé. El primero hablará sobre la influencia del cambio en las crisis y el segundo sobre la titulización, tema en el que algo sabe. Por cierto, el Congreso continúa al día siguiente con paneles muy interesantes, podéis leer aquí el programa entero. La entrada es libre.

El jueves me voy a Liechtenstein a recoger el tercer premio del Vernon Smith Prize por el ensayo "Destruction and Reconstruction of the Capital Structure". Una vez esté publicado en algún sitio, avisaré.

Y el viernes, aparte de las obligaciones laborales, sólo me dará tiempo para acudir a la IV Cena de la Libertad, que este año premia la carrera de Carlos Alberto Montaner. Me habría encantado acudir a Liberacción, la feria del libro liberal, por la mañana, pero este año no podrá ser. Probablemente lleguéis tarde para apuntaros a la Cena, pero no para acudir a Liberacción.

22 de Abril de 2010

Ciclo y tipos de interés
Hace unos días planteaba un reto a economistas para que opinaran si la expansión del crédito depende de los tipos de interés reales o de los nominales. En los comentarios hubo algunos bastante acertados desde mi punto de vista. En el Instituto Juan de Mariana he publicado mi opinión más desarrollada:
Podemos decir que la demanda de crédito depende de los tipos de interés reales, pero sólo si tenemos claro que, en una economía donde los aumentos de precios no se distribuyen equiproporcionalmente, cada individuo tendrá sus propios tipos de interés reales en función de sus fuentes de renta y de sus partidas de gasto y que todo este conjunto de tipos de interés reales tienen como centro gravitatorio los tipos de interés nominales. En ningún caso deberemos descontar el IPC de los tipos de interés nominales para hallar algo así como un “tipo de interés real de mercado” que influya sobre la demanda agregada de crédito, porque ninguna de ambas magnitudes existe más que como abstracción.

La razón esencial por la que no puede afirmarse que la expansión crediticia dependa de los tipos de interés reales es que el tipo de interés real depende del tipo de interés nominal y de la inflación de precios. Pero la inflación de precios depende de que demanda de bienes presentes supere a la oferta de bienes presentes y esto sólo podrá darse cuando el nuevo crédito (una de las partidas que compone el gasto en consumo y en inversión) no tenga su origen en ahorro voluntario (en la renuncia a controlar bienes presentes), sino en el descalce de plazos. Sólo cuando el aumento del crédito (la mayor demanda de bienes presentes por parte de algunos agentes) no vaya de la mano de un aumento del ahorro (menor consumo que equivale a mayor oferta de bienes presentes por parte de otros agentes) sino de la creación de crédito fiduciario por parte de los intermediarios financieros, la inflación de precios se desatará de manera sostenida y tendrá sentido pensar en distintos tipos de interés reales. Pero, como hemos visto, el descalce de plazos depende esencialmente de los spreads de tipos de interés nominales.
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20 de Abril de 2010

Dos columnas sobre Goldman Sachs
En los últimos días he escrito dos artículos en Libertad Digital sobre el ataque a Goldman Sachs. En el primero, Obama busca su chivo expiatorio, expongo los motivos últimos del mismo:
Porque con este golpe de propaganda no sólo se pretende redimir de sus responsabilidades a toda una clase inversora que, por lo visto, había sido capaz de amasar una fortuna suficiente como para que se la administrara Goldman Sachs pero que era tan inepta financieramente como para ignorar que no debía invertir en el infladísimo mercado inmobiliario estadounidense. Digo yo que algo de responsabilidad tendrán también aquellos que compraron ese producto financiero tan biensonante como ABACUS y que no era más que la deuda de una sociedad instrumental dedicada a asegurar que no se producirían impagos entre las hipotecas subprime. ¿Que nadie podía prever que los impagos en las hipotecas subprime iban a estallar en apenas pocos meses? Bueno, pues entonces tampoco acusemos a Goldman de saber qué iba a pasar y lucrarse con ello.

Me preocupa esta vuelta de tuerca de la estrategia política de Obama: la crisis es culpa de la desregulación del mercado; los inversores han estado desprotegidos frente a la voracidad y a la opacidad del sector financiero; las grandes empresas intentan aprovecharse de los débiles. No, es cierto que la crisis tiene numerosos culpables, pero los más importantes se encuentran en las filas del sector público: a saber,
la política monetaria expansiva de la Reserva Federal, la regulación de la SEC (que no desregulación: la SEC no dejó de regular, impuso otras regulaciones más favorables a la banca) y el gasto desbocado del Gobierno federal.
El segundo, ¿Qué número es mayor: 10 ó 126?, reflexiono sobre la hipocresía que supone cebarse con Goldman Sachs y olvidarse de otros especímenes más curiosos:
Si Lehman Brothers era tan malo, tan malo, tan malo como para falsificar sus cuentas mediante ciertas tretas como el repo 105, ¿qué decir entonces de Freddie Mac y Fannie Mae? Estas dos compañías, creadas, patrocinadas, respaldadas y aplaudidas por el Gobierno federal y el Congreso, manipularon sus balances en 2003 y 2004, inflando sus fondos propios en 5.000 y 10.000 millones respectivamente. ¿Le parece poco? Considerando que la primera tenía un capital de 31.000 millones y la segunda de 22.000 no parece escasa la cosa.

Si según los Obama boys Goldman Sachs y los de su ralea, esos avaros especuladores sin escrúpulos, son los culpables de la crisis, entonces se debería notar en las pérdidas que han sufrido durante la crisis, ¿no? Bueno, pues Goldman apenas necesitó de una inyección pública de 10.000 millones para no quebrar que ya fueron devueltos en junio (en realidad ni siquiera eso habría requerido, pues Warren Buffett habría metido gustoso su dinero antes de dejarlo quebrar). ¿Saben cuánto han necesitado hasta la fecha esas niñitas de los ojos de la clase política estadounidense? ¿Saben cuánto dinero han perdido estas dos compañías que regalaban generosamente dinero para las campañas electorales de todos los políticos, pero especialmente a las de los demócratas (Obama se llevó la
interesante cifra de 126.000 dólares para llegar a donde está ahora)? Fannie Mae ha necesitado, por ahora, de 75.200 millones de dólares y Freddie Mac de 50.700 por parte del Tesoro para no quebrar (y estas sí, para no quebra); un dinero que a diferencia de Goldman no devolverán jamás.

17 de Abril de 2010

Debate sobre banca
En los comentarios de este post de Egócrata se montó en los últimos días un debate sobre la función que cumplen los bancos. Participan Kantor, Citoyen, Egócrata, alguien más y un servidor. Instructivo para contrastar la naïve teoría mainstream con la austriaca filtrada por la liquidez.

8 de Abril de 2010

Y ahora Tyler Cowen
Tyler Cowen dice que Krugman tiene razón en la crítica que hace a la Escuela Austriaca, porque los austriacos, dice, partimos de tres hipótesis: a) pleno empleo de los recursos, b) durante el boom la producción de bienes de capital crece a costa de la de bienes de consumo, c) los salarios reales crecen durante el boom.

Bueno, matices dentro de la Escuela Austriaca hay muchos, pero yo al menos no parto de ninguno de estos tres supuestos. La teoría austriaca es cierta si a) hay algún factor productivo plenamente ocupado (no necesariamente todos, en el boom pasado fueron las materias primas donde se generó un cuello de botella), b) no es la producción de bienes de capital la que crece a costa de bienes de consumo, sino la de bienes futuros a costa de bienes presentes (lo anterior es una manera de simplificar bienes de capital=bienes futuros, bienes de consumo=bienes presentes), c) los salarios reales no tienen por qué crecer durante el boom, crecerán las rentas en términos reales de aquellos factores relativamente más escasos a costa del capital de las compañías.

Lo gracioso del caso de Tyler Cowen es que enlaza con un post de 2005 en el que hacía un listado de cosas que tendrían que suceder en los años venideros para comprobar que la teoría austriaca tiene razón. Pues bien, TODAS se han cumplido. Copio el listado:

1. Creería que los bancos centrales asiáticos, al comprar dólares, han distorsionado los tipos de interés reales y los tipos de interés (en realidad los austriacos no habrían dicho, como hoy sí dicen muchos otros, que el Banco Central Chino distorsionaba los tipos de cambio, pero sí los tipos de interés: véase).
2. Pensaría que la economía estadounidense ha sobreinvertido en bienes duraderos no exportables, como la vivienda residencial (no creo que requiera demostración).
3. Creería que hemos acumulado demasiada deuda, tanto pública como privada (también es evidente a etas alturas).
4. Diría que esto no puede seguir así. Los bancos centrales asiáticos entrarán en razón. Además, EEUU se volverá adicta a dosis incrementales de inyecciones monetarias que en el fondo no funcionarán (salvo por suponer la racionalidad funcionarial de los bancos centrales asiáticos, también ha acertado, que se lo digan a Bernanke).
5. Pronosticaría que el dólar estadounidense sufriría una crisis y la economía se orientaría hacia la exportación. Además, no nos adaptaremos hacia ese shock demasiado bien (en eso están, que vean si no el balance por cuenta corriente).
6. Metería mi dinero en deuda pública y me volvería rico (que los tipos pasaran del 4% en 2005 al 1% en 2008, parece indicar que así habría sido).
7. Pensaría que el Nacionalismo Monetario y la Estabilidad Internacional de Hayek, que ahora cuesta 70 dólares la unidad, es la receta secreta para nuestros tiempos (en Amazon ya ha subido hasta los 90 dólares, será que más gente lo habrá apreciado así).

7 de Abril de 2010

Guía del ciclo económico austriaco para keynesianos a la Krugman
Como parece que el Premio Nobel es incapaz de comprender un razonamiento económico elemental, habrá que masticárselo un poquito. Básicamente, dice Krugman en su nuevo post contra la Escuela Austriaca, que de su teoría del ciclo no se sigue por ningún lado que el desempleo deba bajar durante el boom y aumentar durante la crisis. Brad Delong, otro que tal baila, también ha escrito en su blog, diciendo que no tiene sentido que el desempleo se reduzca cuando se trasladan los factores productivos desde las etapas cercanas a las alejadas del consumo (auge) y que aumente cuando se trasladan desde las alejadas a las cercanas (crisis).

A ver, vayamos poquito a poco:

1º Si la inversión aumenta al mismo tiempo que lo hace el ahorro, el desempleo aumenta en la industrias cercanas al consumo (se consume menos, se contratan menos trabajadores por ejemplo en los restaurantes) y el empleo crece en las alejadas al consumo (se invierte más en ellas y se contrata a más trabajadores). Desempleo + empleo = tasa de paro no cambia.
2º Si la inversión aumenta sin que lo haga el ahorro (vía descalce de plazos: colocando más inversión a largo plazo del ahorro a largo plazo que existe) NO se reduce el consumo y no sobreviene desempleo en las industrias cercanas al consumo y, sin embargo, SÍ aumenta la inversión, incrementándose el empleo en estas industrias alejadas del consumo. No desempleo + empleo = tasa de paro se reduce.
3º Dado que los ahorradores quieren disponer de los bienes presentes (factores productivos, bienes de consumo, bienes de capital...) antes de que concluyan las inversiones (de ahí que se invirtiera a mayor plazo de lo que se había ahorrado), los proyectos empresariales no pueden concluirse y han de liquidarse, aumentando el desempleo de factores en las industrias alejadas del consumo. Pero, y esto parece ser lo que Krugman ni Delong entienden, ¿podrá aumentar automáticamente el empleo en las industrias de bienes de consumo? Pues obviamente no, en esencia porque el capital (ya sea en forma de bienes de capital o bienes de consumo) con que se podría haber recontradado a esos trabajadores está inmovilizado (o tiene forma de bienes de capital o ya se han fundido los bienes de consumo) en las etapas más alejadas del consumo. Básicamente: que si habría que haber producido una refinería de petróleo para que abastezca a los ahorradores de gasolina barata y durante los años anteriores produjimos con ese dinero un bloque de pisos, cuando el ahorrador quiera gasolina barata y no pisos a precios infladísimos, no podremos recolocar al trabajador tan fácilmente como diciendo: produce petróleo a partir del bloque de pisos. No, las cosas no funcionan así. Sólo funcionarían así si el trabajo pudiera producirlo todo de manera automática, sin tiempo; de modo que sólo necesitáramos reubir a los obreros desde unas líneas productivas a otras para que la producción deseada por los ahorradores fluyera al instante. Eso es un mundo de fantasía keynesiano, donde la simple demanda de algo proporciona ese algo. Pero en el mundo real los bienes de capital son heterogéneos y no fácilmente reubicables. La única manera de recolocar a los trabajadores por tanto es: o que éstos bajen sus salarios lo suficiente como para ajustarse a la nueva productividad marginal en las industrias cercanas al consumo (que obviamente será bajísima dada la insuficiencia de bienes de capital específicos para esa actividad) o esperando a que se ahorre lo suficiente para producir los bienes de capital con los que podrán ser ocupados a los salarios que exigen. Por tanto, desempleo + no empleo = mayor tasa de paro.

Así de sencillo. O no tanto, porque todo un Sr. Nobel no lo entiende.

Un comentario adicional para que comprobemos el grado de estulticia de Krugman. Dice el Nobel que los austriacos son keynesianos porque se ven forzados a emplear el concepto keynesiano de "demanda agregada". Veamos, demanda agregada es gasto en bienes de consumo + gasto en bienes de inversión (más gasto público, pero omitámoslo). ¿Realmente sólo los keynesianos pueden hablar de que los agentes económicos compran bienes de consumo o invierten en bienes de inversión su renta? Otra cuestión son las piruetas que hagan los keynesianos con el concepto de demanda agregada, su incapacidad para distinguir entre gasto de inversión en distintas fases de la estructura productiva o su error con respecto al interés, los precios y el atesoramiento. Pero hombre, todos los economistas, antes, durante y después de Keynes han hablado de demanda de bienes de consumo o demanda de bienes de inversión sin que ello les conviertiera en precoces seguidores del de Cambridge. Digo yo, aunque si lo dice un Nobel tan honesto y riguroso como Krugman, quiza haya que replanteárselo.
Greenspan, el genio culpable
He escrito en Libertad Digital sobre la responsabilidad de Greenspan en la gestación de esta crisis a propósito de su comparecencia ante el Congreso:
Es cierto que concentrar todas las responsabilidades en un solo nombre peca de simplista. No hay un único culpable de la crisis, sino muchos, cada uno desde esfera de responsabilidades: los bancos comerciales por conceder hipotecas a 30 años mediante depósitos a muy corto plazo; los bancos de inversión por mantener merced a operaciones repo intradía carteras de negociación repletas de activos ilíquidos; la Administración republicana por gastar sin freno y engendrar unos déficits que sólo Obama ha conseguido que parezcan pequeños; las aseguradoras por olvidarse de todo principio de prudencia actuarial y emitir CDS que de ningún modo podían cumplir con sus niveles de capitalización; los reguladores por favorecer aún más el apalancamiento de la banca, por promover normativas desastrosas destinadas a inflar el precio de las viviendas y por incentivar el régimen de vivienda en propiedad entre las clases menos solventes; las agencias de rating por carecer de una teoría económica fiable que les permitiera anticipar la contracción crediticia; el Banco Central de China no por mantener tipos de cambio fijos con el dólar, como se le suele acusar, sino por respaldar sus emisiones de yuanes con activos a largo plazo nominados en dólares (otro descalce de plazos); y sí, como acusa Greenspan, Freddie Mac y Fannie Mae por aprovecharse de las garantías implícitas del Gobierno para endeudarse contra toda lógica en adquirir activos hipotecarios de altísimo riesgo.

Si la Fed hubiese mantenido unos tipos de interés a corto plazo mucho más altos (por ejemplo del 5% o 6%) ni los bancos hubiesen podido incrementar tanto la oferta de crédito hipotecario, ni los estadounidenses menos solventes hubiesen podido demandar tanto crédito hipotecario, ni los bancos de inversión habrían estadp interesados en concertar caras operaciones a corto plazo para invertir en activos de bajo rendimiento, ni el déficit comercial estadounidense hubiese sido tan cuantioso y por tanto el Banco Central de China no hubiese tenido opción a monetizar tanta deuda en dólares, ni la burbuja inmobiliaria hubiese alcanzado magnitudes tales como para arramblar a las agencias de seguros, ni las agencias de rating habrían tenido opción a equivocarse tanto y tantas veces, ni Freddie Mac y Fannie Mae hubiesen podido adquirir enormes cantidades de unas titulizaciones hipotecarias de alto riesgo que simplemente no habrían existido.
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Qué novedad: Krugman sigue sin entender a los austriacos
Krugman acaba de escribir una anotación donde, por enésima vez, vuelve a mostrar su ignorancia sobre la teoría austriaca del ciclo económico. Sigo sorprendiéndome que alguien le haga caso a este señor, cuando ni siquiera sabe de lo que habla. Luego si tengo tiempo desarrollaré un poco la réplica, aunque tampoco da para mucho.

De momento me basta con plantear una pregunta para desmontar todo el torpe razonamiento de Krugman. ¿Acaso sostiene Krugman que hoy no podríamos conseguir el pleno empleo si los empresarios se desatendieran de la viabilidad de sus negocios y se mostraran dispuestos a contratar a cuantos trabajadores ofrecen su empleo al salario que estos trabajadores exigen? Obviamente podrían hacerlo y el paro caería a cero, pero a costa de un masivo consumo de capital que llevaría a muchas de esas empresas a la quiebra.

Pues eso es lo que sucede durante el boom y lo que la obtusa mente keynesiana de Krugman no es capaz de entender: contratación masiva de factores a precios inflados que las empresas abonan con cargo a unos ingresos futuros que dependen de una expansión crediticia insostenible, es decir, consumo de capital del que no son conscientes. Ahora están empezando a recogerlo en sus balances.
Reto para economistas
Algunos economistas, como Sala-i-Martín, dicen que la teoría austriaca del ciclo se equivoca porque se fija en los tipos de interés nominales y no en los reales, cuando son estos últimos los verdaderamente importantes. Aunque tengo mi opinión al respecto (que publicaré en el Instituto Juan de Mariana como tarde en dos semanas), me gustaría saber cuál es la vuestra. No ya sobre la teoría austriaca del ciclo, sino sobre si son los tipos de interés nominales o los reales los que determinan la expansión crediticia y por qué.

Para todo aquel que quiera participar.
No sólo Mankiw, también Greenspan compra la teoría austriaca
En su caso tiene menos mérito, pues ya la conocía desde hacía décadas y, de hecho, me atrevería a decir que influyó muchas de sus decisiones (para evitar tener que enfrentarse a una crisis, claro). En su último paper, en el que defiende su gestión y que espero poder criticar próximamente, nos dice:
Algunas burbujas pinchan sin demasiadas consecuencias económicas, por ejemplo la burbuja de las puntocom o el crash de 1987. Otras, en cambio, tienen importantes consecuencias deflacionarias. Esa clase de burbujas, como Reinhart y Rogoff demuestran, están en función del grado de apalancamiento del sistema financiero y muy en particular de que sus deudas venzan antes que sus activos.

Dudo enormemente que en septiembre de 2008, de haber estado financiados los activos con fondos propios en lugar de con deuda, se hubiese desatado una deflación de precios que hubiese dengenerado en un contagio mayor que el de la burbuja de las puntocom.

Básicamente la tesis de Greenspan es la que expuse hace meses en este artículo para el Instituto Juan de Mariana. Mucha gente poco versada en economía piensa que la Escuela Austriaca sostiene que sólo se pueden generar burbujas de activos si el banco central expande el crédito. Esto, como es evidente, no tiene ningún sentido, pues basta acudir cualquier día a la bolsa para encontrar multitud de acciones que posiblemente tengan precios de burbuja. Lo que sostiene la Escuela Austriaca es que a) la expansión crediticia magnifica las burbujas y, sobre todo, b) que la expansión crediticia coloca como activos de la banca estas inversiones infladas, lo que es destructivo para el sistema financiero. Es decir, justo lo que Greenspan dice; si las inversiones se financian con ahorro, hay redistribución de pérdidas y ganancias, si se financian con crédito hay pérdidas globales:
Hay una diferencia esencial en si la burbuja se financia sin expansión crediticia (es decir, con ahorro real) a si lo hace con expansión crediticia. En el primer caso, cada comprador adquiere el activo con su propio ahorro (o con el ahorro real que ha pedido prestado a otro), de modo que la burbuja simplemente actúa como un mecanismo redistribuidor de la renta. Las pérdidas que experimenta el último comprador son iguales a la suma de las ganancias que han obtenido los compradores anteriores. La burbuja es un juego de suma cero: de hecho, es un juego de apuestas. Consiste en pujar por que otros jugadores seguirán pujando. Nada más, ni hay creación ni destrucción de riqueza para el conjunto de la sociedad.

Las burbujas con expansión crediticia, sin embargo, se desarrollan de un modo distinto. En primer lugar, la expansión crediticia altera los valores fundamentales de los activos. Hemos dicho que el valor fundamental de un activo es el de descontar sus flujos futuros de caja libres. La reducción en los tipos de interés que promueve la expansión crediticia (arbitraje de tipos por el sistema bancario + monetización de activos ilíquidos por parte del banco central) por un lado eleva la cuantía de los flujos de caja esperados (el aumento simultáneo de consumo e inversión eleva las rentas que perciben los agentes y, por tanto, lo rendimientos esperados de todos los activos) y, por otro, reduce el tipo de interés que se aplica a su descuento (de modo que el valor presente de las rentas futuras aumenta). Dicho de otra manera, promueve un mal cálculo de los agentes y que auténticas burbujas especulativas se camuflen bajo la imagen de inversiones conservadoras (“la vivienda aun está barata, no hay nada más seguro que invertir en ella”). Y, por esta vía, distorsiona la estructura productiva (hace que el capital se destine a financiar inversiones que sólo son rentables por su valor inflado).

Y, en segundo lugar, permite que las burbujas no se financien con cargo al ahorro, sino a la expansión crediticia. Esta última consiste, básicamente, en utilizar los saldos monetarios y el ahorro bruto (donde se incluyen las cuotas de amortización del capital actual) para invertir a largo plazo o en activos muy arriesgados (como una burbuja). De esta manera, las burbujas no sólo ganan en intensidad (participan muchos más fondos en las pujas) y en duración (el ahorro real tiene un límite natural mucho más breve que crédito expandido), sino en potencial destructivo.

El comentario de Greenspan, sin embargo, es tamproso. Parece sugerir que el problema de la crisis actual podría haberse solucionado si en lugar de con deuda a corto plazo las inversiones se hubiesen financiado con fondos propios. Ahora bien, lo que debe plantearse el ex presidente de la Fed es si en el sistema financiero existía tanto ahorro a largo plazo (como es típicamente el que se materializa al entregar tus ahorros en forma de fondos propios) como ahorro a corto plazo para financiar esa deuda a corto plazo. Y obviamente la respuesta es que no, lo que debería dar una idea de qué sucede en el sistema cuando, como dicen los austriacos, la inversión supera al ahorro.

Parece, pues, que los economistas neoclásicos, (primero Mankiw, ahora Greenspan), esos que no leían a los austriacos porque o a) no decían nada relevante, b) todo lo bueno ya estaba incorporado en sus modelos, c) su método científico era aberrante, van plegándose poco a poco a sus conclusiones. Lo cual debería hacerles reflexionar sobre qué grandes resultados proporciona su método científico cuando, al menos en macroeconomía, ha fracasado sistemáticamente y cuando han tenido que comprar la mercancía que unos señores ya pergeñaron, con un horrible método científico, hace 80 años. Y yo desde luego me planteo, ¿merecía la pena pasar por todo esto a causa de la arrogancia intelectual de cuatro divas académicas?

PD: Por cierto, tampoco hay que pensar que los neoclásicos ya están asumiendo lo básico de la teoría austriaca del ciclo económico porque se empiecen a plantear los problemas del descalce de plazos. En general, todo el armazón macroeconómico ortodoxo es deficiente, desde su teoría del dinero, a la del capital, pasando por la del interés. Con esto sólo intuyen por donde van los tiros, pero dudo mucho de que sepan ver más allá, sino denunciarían de inmediato los planes de estímulo keynesianos no por el coste futuro que tendrán, sino por el coste presente que ya tienen. El libro de Reinhart y Rogoff es significativo de esto: ven los síntomas (endeudamiento exterior a corto plazo) pero no saben ver las causas de la enfermedad ("en un momento estalla la desconfianza y estalla todo"). Volvemos a teorías del ciclo exógenas muy pero que muy poco explicativas, aunque en este caso al menos tienen pinceladas de verdad.

5 de Abril de 2010

Ni siquiera la ventana rota
Hoy publico en Libertad Digital un artículo en el que reflexione sobre algunos disparates recientes (y no tan recientes) de los keynesianos a propósito de la falacia de la ventana rota:
Los economistas –por llamarlos de alguna manera– keynesianos parecen estar inmunizados contra la lógica y el sentido común. En su mundo de fantasía, donde sólo es necesario desear que las piedras se conviertan en pan para que opere el milagro, la destrucción de riqueza es sinónimo de... creación de riqueza. ¡El doblepensar al poder! Lean si no al Premio Nobel de Economía Paul Krugman analizando las consecuencias las consecuencias económicas del 11-S apenas tres días después del atentado: "Por horrible que pueda parecer decir esto, el ataque terrorista podría incluso ser beneficioso desde un punto de vista económico (...). De repente hemos pasado a necesitar unos nuevos bloques de oficinas (...). La reconstrucción generará un aumento de la inversión empresarial".

Ni siquiera los razonamientos más elementales, aquellos que sólo con altas dosis de maldad o de ignorancia pueden negarse, están a salvo de sus disparates. Se preocupan por la formalidad matemática pero se olvidan
de las esencias de los problemas. ¿Cómo convertir a la economía en una ciencia si sus principales representantes salen a la palestra a proclamar disparates como que derrumbar dos rascacielos puede llegar a enriquecer no sólo a la sociedad sino a sus propietarios? ¿Cómo pretender que los economistas en general no sean vistos como una calamidad, como una plaga bíblica, si el Estado se sirve de sus disparates para organizar coactivamente las vidas de los ciudadanos? No, esto no es ciencia, es pura propaganda.
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