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Todo un hombre de Estado: Agosto 2004

31 de Agosto de 2004

El desprecio por la vida humana

He intentado seguir someramente el tratamiento que han dado los medios de comunicación españoles al secuestro de los dos periodistas franceses. No he anotado comentarios concretos, pero sí he oído algunas expresiones, en casi todos, que querría comentar por la repulsa que me han producido.

En primer lugar, es curioso como estos individuos sí son terroristas, y no la resistencia. Al fin y al cabo, ¿por qué tienen que resistirse a Francia?

Luego, se ha destacado hasta la saciedad que Francia no participó en la guerra de Irak. Es, desde luego, un dato relevante para sacar conclusiones, pero no una línea divisoria entre la vida y la muerte.

No menos curioso resulta que se destaque la condena unánime al atentado. Parece que la ilegitimidad del atentado se mida por el número de rechazos procedentes de voces cualificadas. Como el resto de secuestros no fueron condenados -y no lo fueron- resultaban menos ilegítimos. Al fin y al cabo, ¡hasta Al Sadr pide su liberación!, que a nadie se le ocurra comparar a los mamporreros de EEUU asesinados -su muerte es lamentable, pero hay que entender los motivos de la resistencia- con los valerosos franceses secuestrados.

Pierden de vista que incluso los nativos de los países beligerantes son tan culpables de las acciones de sus gobiernos como los franceses; los yankees, judíos, ingleses, coreanos, australianos y demás reciben su justo castigo.

Tales consideraciones son del todo vomitivas. Los que así analizan no sienten respeto alguno por la vida humana, exhiben sus pieles de cordero progresistas tan sólo cuando sirve a alguno de sus objetivos políticos. Semejantes salvajes ejecuciones deben ser siempre y en todo lugar condenadas. Lástima que buena parte de la izquierda lo haya perdido de vista, si es que alguna vez lo tuvieron en su visión.

29 de Agosto de 2004

Primer cumpleaños de las bitácoras

Como suele decir, tal día como hoy, 29 de agosto, empezó a funcionar en liberalismo.org el sistema de bitácoras. Comenzamos dos, Toni Mascaró y un servidor. Volviendo sobre las primeras anotaciones uno observa cómo las visitas y los comentarios han ido aumentando, lo cual, desde luego, motiva a seguir en la brecha. Ha sido un año excelente, de debates muy intensos y en el que he aprendido (supongo que casi todos) mucho; de hecho, creo que la evolución ideológica es claramente perceptible a lo largo de cada una de las anotaciones. Gran parte de la responsabilidad la tenéis, obviamente, vosotros.

No voy a decir la cursilería de que somos como una "gran familia", pero sí, en muchos casos, las bitácoras se han convertido en un círculo de amigos en donde debatimos de temas que a todos nos agradan. Gente a la que no conocía como John, Happy Butcher (o nota media), milton, narpo, séneca (se te echa de menos), Albert, Mario, Alberto, mamífero, fredi, frigolin, motilsarra, dlluis, logout... y muchos otros (como ellroy y dudaim, dos excelentes amigos a los que conocí gracias a las bitácoras) y gente a la que sí conocía pero que han frecuentado la bitácora como Dani, Jose Carlos, Roberto, Carlos, Juan Fernando o marzo. Entre otras cosas, pues, las bitácoras han servido para que varios liberales (y gente que no lo es, o no se considera, liberal como nuestro querido robespierre, pero extraordinariamente válida) nos conociéramos -no sólo, pero también, en las quedadas madrileñas- y expandiéramos en común nuestros conocimientos. Y ése sea quizás su mayor logro, pues si de algo pecan los liberales es de estar muy diseminados y pésimamente conectados.

Por cierto, aprovecho este momento para recomendar la lectura (o relectura) de la bitácora Seny de Toni Mascaró que, pese a haber dejado de ser actualizada, contiene anotaciones muy interesantes. Cómo no, yo soy otro de los que ardientemente espera su regreso.

En todo caso, sólo puedo agradecer a todos los lectores -los que comentan y los que no- su visita por estas lares. Sin ellos -y aunque pueda sonar nuevamente a cursilería, es del todo cierto- esta bitácora no sería posible. Al fin y al cabo, ¿para qué producir algo que no se consume, salvo por una subvención estatal que NO percibimos?

Muchas gracias a todos y ojalá se cumplan muchos más años.
El aislacionismo no funciona

En diversas ocasiones he comentado que no comparto el probelicismo desatado de parte del liberalismo europeo; no desde el momento en que para salvaguardar nuestra seguridad debemos poner de rodillas nuestra libertad; no desde el momento en que, aún sacrificando nuestra libertad, la intrínseca ineficiencia del Estado, nada nos garantiza.

Sin embargo, tampoco coincido con el aislacionismo radical de libertarismo estadounidense. No es cierto que, en caso de quedarnos quietos, nada nos sucederá. Los pretextos más habituales del terrorismo actualmente sí suelen estar relacionados con acontecimientos exteriores (tropas en Arabia Saudí, apoyo a Israel, ocupación de Irak y Afganistán...), incluso es de recibo admitir que parte significtiva de los activos terroristas, de la carne de cañón, viene reclutada por tales motivos.

Pero no debemos caer en el error de explicar todo el terrorismo islámico por la política exterior Occidental. De hecho, en una época de masivas migraciones, también musulmanas, cualquier acción de cualquier gobierno puede ser entendida -sí esa es la voluntad previa del terrorismo- como una agresión al islamismo. Me sorprende que los libertarios estadounidenses consideren el imperialismo como una diabólica fuerza estatal -y lo es- que es capaz de saltarse todas las barreras éticas y políticas, mientras desprecian el fanatismo del fundamentalismo como motor ciego del terrorismo.

Francia no sólo se ha mantenido al margen de la guerra de Irak, sino que se ha opuesto frontalmente. Y no por ello los terroristas iraquíes han sido más condescendientes. Cualquier excusa es buena para interferir en el poder estatal; así lo han entendido. La guerra de Irak es un excusa inteligente pues no causa fricciones entre los occidentales: cuando se asesina por Irak los culpables son los EEUU, no los terroristas. Sin embargo, ello no significa que siempre los atentados vayan a circunscribirse en el pretexto de la guerra, el caso del velo francés es un buen ejemplo.

Todo esto, la crisis del aislacionismo en un momento de superación de las fronteras nacionales, no significa un alegato a favor de la guerra tradicional. El aislacionismo está en crisis por el mismo motivo que la guerra tradicional no termina de funcionar en este caso. Lógicamente no tengo un remedio para el terrorismo islámico; cuanto puedo hacer de momento es pedir prudencia tanto al bando prowar como al bando antiwar dentro del liberalismo. La division y enfrentamiento común sólo obstaculiza que podamos idear una verdadera solución; la amenaza a Francia debería hacer reflexionar a muchos libertarios. Ahora bien, dudo que finalmente lo haga.

28 de Agosto de 2004

Los insectos no tienen talante

Otro ejemplo de contención del gasto público y de correcta asignación de los recursos: un bichillo pica a la ministro(o ministra) Trujillo y un helicoptero acude a su rescate. Ciertamente, si un insecto se mete con la representante del poder estatal, cualquier medio resulta ínfimo para repeler el ataque.

No es que esté en contra de que los helicopteros realicen este tipo de misiones, estoy en contra de que las paguemos nosotros. En el libre mercado, estas desfachateces seguramente no hubieran ocurrido nunca, pero aún en ese caso, o bien el consumidor, la víctima del infame insecto enviado a traición por Rajoy, debería pagar religiosamente por su caprichito, o bien la empresa tendría que sufrir la medra de capital consiguiente (tendiendo hacia su expulsión del mercado). En cualquier caso, las locuras y los destrozos de las correrías y juergas nocturas los sufren las partes implicadas, y no toda la sociedad. El Estado distribuye el mal y socializa los errores privados; todo un acto de generosidad por su parte. Encantados estamos de pagarle a la Trujillo un helicoptero que, para más inri, finalmente ni sirvió para su cometido. Total, más tarde la ministra nos devuelve el favor con sus soluciones habitacionales. Claro.
Y así terminan las huelgas

La huelga de los gruistas terminó. Ayer apuntaba un conjunto de causas por las que el Estado NO debía interferir en la libre negociación entre las partes. Desconozco la incidencia que el anuncia del gobierno de boicotear el parón habrá tenido en su resolución. Espero sinceramente que no mucha. Si las empresas de grúas han cedido por las presiones del gobierno y en contra de lo que consideran sus legítimos intereses, no tardarán mucho en repetir la maniobra huelguista.

La cuestión es bastante simple; solucionar problemas a fuerza de decreto es una estrategia estéril. Amenazar con boicotear la huelga sectorial, desde fuera del sector, sólo aplaza la repetición de la huelga. Como dice mi buen amigo Juan Fernando: propiedad, contrato, precios libres, y ausencia de coacción. Sólo esto es necesario para que el ser humano resuleva sus problemas; lástima que el Estado represente todo lo contrario: violación sistemática del derecho dominacal, contrato compulsivo, ausencia de precios y coacción sistemática. De ahí que siempre quiebre y no sea capaz de resolver nada sin hipotecar el futuro.

27 de Agosto de 2004

Otro punto de vista sobre la huelga

Comenta Dani que debemos ser justos con el gobierno y reconocer cuando acierta. Así, por ejemplo, en el tema de usar grúas públicas para solventar los problemas derivados de la huelga en el sector privado.

En este caso, siento discrepar. Nos encontramos en un punto en el que parece ser que el mercado está atasacado, un punto que valida el dirigismo estatal. Y varios comentarios deben efectuarse al respecto.

Primero, este desagradable fenómeno se debe, sobre todo y en contra de una pronta impresión, a una crisis del estatalismo. Conviene recordar que los coches averiados se amontonan en las carreteras públicas. El Estado, al monopolizar de facto este sector, impide el surgimiento del empresario encargado de velar por el buen Estado de la circulación en sus carreteras. En una economía libre, de darse esta situación, los principales y primeros perjudicados serían aquellos empresarios que no supieran solucionar este problema (o que lo solucionaran peor) En estos momentos, ni las grúas privadas, ni el Estado, ni las aseguradoras (quizá estas últimas en cierta medida, pero en todo caso, a medio plazo) salen fundamentalmente perjudicadas. La perpetuación de esta situación no les resulta especialmente dañina.

En el caso de las carreteras privadas, se establecería una competencia entre aquellas rutas que garanticen la buena circulación y ofrezcan servicios supletorios como trasladar los coches averiados al taller más cercano. Sería una competencia que incidiría sobre los ingresos diarios de cada compañía.

Ahora bien, sin duda no estamos en esa idílica situación; las carreteras son públicas y, por tanto, los empresarios han sido eliminados. Puede parecer que, en esta situación, sí, la intervención esté justificada. Sin embargo, la intuición misiana de que es erróneo corregir cada intervención con una nueva intervención también se mantiene en pie para este caso.

Dani me ha comentado que no todas las grúas se han sumado voluntariamente a la huelga, es decir, parte de las empresas gruistas han sido obligadas a dejar de trabajar. En todo caso, pues, la labor del Estado debería concentrarse en impedir ese tipo de acciones y no en movilizar arbitrariamente las grúas públicas. La huelga, con los esquilores, fracasaría por su propio peso.

Con todo, la situación tiene un atractivo intelectual innegable. ¿Qué ocurriría si todas las compañías de un sector voluntariamente decidieran secundar la huega? ¿Estaría justificada la intervención estatal? Nótese, antes que nada, que el problema se plantea a corto plazo. Si la huelga se mantuviera por todas las compañías sine die, el negocio de las grúas desaparecería de hecho, abriéndose innumerables oportunidades de beneficio que cualquier podría aprovechar.

A corto plazo (utilizado en el sentido neoclásico, esto es, imposibilidad de modificar los bienes de capital; no es momento para discutir los problemas de semejante concepto, pero baste señalar que los plazos los descubre y determina subjetivamente el actor) las empresas de grúas no surgen de la nada. ¿No debería el Estado intervenir?

Aparte de toda la verborrea iusnaturalista, situándonos propiamente en un debate utilitarista, la intervención del Estado coloca un nuevo clavo en el ataud de la libertad; divulga la cultura de la intervención estatal como solución a todos los problemas y, por tanto, cualquier solución temporal a este caso queda oscurecida por las nefastas consecuencias al largo plazo.

Ahora bien, he hablado de solución temporal. No queda claro que está intervención gubernamental sea la panacea (ya que, entre otras cosas, dada la escasez de medios -y que no aumenten ¡por Dios!- las grúas públicas sólo apartaran a los vehículos al arcén) pues, entre otras cosas, podría, por ejemplo, prolongar la huelga de las gruas (al hacer más llevadera la penosa situación). Mas, en todo caso, aún suponiendo que la intervención del Estado solucionara definitivamente el problema, subsiste otra cuestión, ¿solución para quién?

Una huelga es un choque de intereses que tiene lugar en el mercado a través de un mecanismo distinto al de precios. Nadie está obligado a trabajar (en este punto podría discutirse acerca de la obligatoriedad de los contratos y las consecuencias de su incumplimiento, pero no es la cuestión de fondo) y, por tanto, tampoco los empresarios de ningún sector lo están. Toda huelga tiene un final (ya que, por definición, consiste en un paro temporal), momento en el cual los intereses de las partes se habrán conciliado. Cuestión aparte es si las huelgas constituyen un mecanismo eficaz para cumplir los intereses de las partes (por ejemplo, los trabajadores de un país no conseguirán aumentar sus salarios por encima de su productividad marginal), en todo caso, este hecho será motivo de ulterior aprendizaje en el mercado.

Lo cierto es que, finalizada la huelga, los intereses, todos ellos legítimos, habrán sido reconciliados. En este contexto, la intervención del Estado supone tomar parte por uno de esos intereses (que en el caso de los conductores parecen ser los nuestros, de ahí que se nos nuble el análisis) en perjuicio de otros. Los problemas de fondo no quedan resueltos y el campo queda abonado para venideros conflictos. La participación del Estado no deja de ser equiparable a la del elefante que entra en una cacharrería.

No olvidemos que toda acción del Estado, per se, supone una detracción de recursos de allí donde hubieran sido utilizados, pero además, esas actuaciones pueden ser nefastas. La imposición de un elevado salario mínimo necesita de una ingente cantidad de recursos materiales (en inspecciones, por ejemplo) pero además, ocasiona daños indudables. La intervención del Estado en una huelga (dejando aparte cuando interviene para garantizar la libertad de cada cual a trabajar) es dañina qua intervención y, también, por ofrecer una solución aparente de supremacía de una de las partes. En muchos casos, las consecuencias resultan imprevisibles; sólo una cosa es praxeológicamente cierta, sean las que sean, no cumplirá sus objetivos.

23 de Agosto de 2004

Nada que lamentar en los JJOO

Con su característico tono jocoso, Pablo adelanta el argumento socialista para explicar el "éxito" español en los Juegos Olímpicos de Atenas: Aznar. El ex presidente se ha convertido en una crítica recurrente para explicar cualquier tipo de catástrofe. Un santurrón de la izquierda al que encomendarse en cualquier momento de necesidad. El PSOE aducirá que el gasto en deporte durante la mayoría absoluta del PP fue tan exiguo que las medallas son, tan sólo, la expresión final de una política ultraliberal.

El primer apunte a realizar sobre este argumento netamente socialista (que si bien, todavía, no ha sido explícitamente expuesto por ningún miembro del gobierno, flota en el ambiente) es, de nuevo, la sacralización del gasto público. Algunos creen que cuanto más gastemos en la rúbrica deporte más desarrollados estarán nuestros representantes olímpicos. El gasto es una extraña panacea que convierte a algunos hombres en super hombres. El dinero manejado por el gobierno, todo lo puede.

Pero aún admitiendo que una hipertrofia del gasto público en deportes pudiera aumentan el rendimiento de nuestros deportistas, aún así, deberíamos estarle agradecidos al PP por no haber caído -en este caso- en la tentación dirigista. Si bien el deporte patrio -sólo por eso merece todo nuestro apoyo y consideración- está alicaído, la sugerencia de aumentar las expensas sólo ocasionaría un mayor impedimento a que cada ciudadano viera satisfechas sus necesidades.

Entiendo que la poca comprensión de la ciencia económica lleve a algunas personas a defender que la sanidad o la educación deben ser públicas. Sinceramente, lo entiendo. Ahora bien, me parece ya una soberbia tomadura de pelo que se reivindique una mayor exacción fiscal para que cuatro deportistas lleguen a la cumbre. Se trata de una exaltación vergonzosa de un estatalismo que se dedica a hundir en la miseria la autonomía individual. Si el deporte español fracasa (suponiendo, de nuevo, una más que dudado correlación entre éxito y gasto público) es porque cada españolito ha decidido gastar su dinero en otros menesteres que le reportan más satisfacción que contemplar como cuatro señoritos desbordan su ego en nombre de una abstracción social llamada España.

En todo caso, que Aznar no nos hubiera privado de todos aquellos bienes que en los últimos meses nos han ayudado a ser más felices no es motivo de enojo, sino de satisfacción. Un fracaso en Atenas sólo indique la inferioridad de los deportistas oriundos en España con respecto a otros -nada de que preocuparse salvo para los chovinistas exacerbados; en los juegos Olímpicos quien obtiene la gloria es el individuo que se supera constantemente, no la nación a la que, de manera formal y nominal, representa.

La verdad es que con la excepción cultural impuesta por el PSOE -por ejemplo con el peaje Wyoming en TVE- ya tenemos bastante. Evitemos que empiece a hablarse de la excepción deportiva; sólo nos faltaría eso.

17 de Agosto de 2004

¿Poder absoluto para Chávez?

Tras ganar supuestamente (ésta no es la auténtica cuestión de fondo) el referéndum revocatorio, el ex golpista Hugo Chávez cree revalidada su legitimidad política. Su victoria ha sido, en su opinión, la derrota del neoliberalismo, aunque ni sepa qué es, ni llegue a saberlo nunca.

Muchos han entendido que, a partir de ahora, Chávez tiene carta blanca para seguir con su proyecto totalizador. Su único argumento consiste en sacar a relucir el término democracia para justificarlo todo. Si el pueblo lo apoya, se puede hacer. Pero este simplismo dictatorial no puede servir como guía de actuación política. Si la mayoría puede decidir violar sistemáticamente los derechos del individuo, el Estado de Derecho desaparece y la democracia misma pierde toda justificación y utilidad.

La izquierda española y venezolana puede creer que esta victoria permite a Chávez manejar a su antojo la vida, la libertad y la propiedad de los venezolanos; algo así como en Cuba. Nada nuevo bajo el sol, la izquierda siempre ha hundido sus raíces en el culto al Estado y el desprecio al individuo.

Sin embargo, es hora de retomar la discusión de hasta dónde llega la responsabilidad de los gobernantes. El poder no puede desligarse de la responsabilidad; y los abusos de poder deben ser condenados, y juzgados, como tales. No es necesario que un Estado incinere a las personas, como hacía Hitler, las gasee, como hacía Saddam, las torture y fusile, como hacían Lenin y Stalin, o les aplaste el cráneo contra el suelo como hacía Pol Pot, para sea calificado como criminal.

Los mayores genocidios de la historia no se produjeron por la acción directa del Estado, sino por las consecuencias indirectas de sus decisiones. La colectivización de la tierra de cultivo en Ucrania por Stalin provocó la muerte por hambre de diez millones de personas en un país que antes era conocido por ser el granero de Europa. El Gran Salto Adelante de Mao dio paso a una hambruna que afectó a cerca de 30 millones de personas, el mayor genocidio de la historia.

Mao y Stalin fueron responsables de todas esas muertes. Sus políticas socialistas mataron a millones de personas. Debieron responder por sus crímenes, igual a como debiera responder Chávez por empobrecer a los venezolanos. Ya lo dijo Mises: El gobierno no puede enriquecer al hombre, pero si puede empobrecerlo. Todas las muertes que se deriven de ese empobrecimiento son de su entera responsabilidad. Y Venezuela no es una excepción, aunque la izquierda así lo crea.

La cuestión no es baladí, centrar las discusiones en la pulcritud del proceso electoral es un error. Que Chávez haya ganado el revocatorio no significa que pueda continuar con sus políticas socialistas. Ése debiera ser el núcleo de la discusión; con victoria o no, Chávez debería seguir siendo preso del respeto a la libertad. Muchos, estos días, parecen no haber entendido este punto; intencionadamente parecen no haberlo entendido.

14 de Agosto de 2004

Agricultura estratégica

En su última anotación, Jahd acusa al PP de socialista por criticar el pretendido desmantelamiento de la PAC: ¿qué más se necesita para darse cuenta de que el PP es tan socialista como el PSOE? Sólo cambian los grupos de interés. El PSOE subvenciona a artistas, ciertas industrias y cantamañas varios. El PP subvenciona a agricultores, otras industrias, y distintos cantamañanas. Pero el fondo (y frecuentemente incluso las formas) es el mismo: coger el dinero del contribuyente para dárselo a véte a saber quién. Redistribución de riqueza por métodos coactivos, y no hay vuelta de hoja

Y hete aquí que en los comentarios al post, un/a tal Calota, le espeta lo siguiente: Suprimir totalmente las subvenciones agrícolas es imposible,porque, si se deja de subvencionar la producción, la UE no podrá autoabastecerse, algo que cualquier país medianamente organizado JAMAS hará, ya que implicaría depender de 3ºpaises, que aunque en un momento sean amigos se pueden convertir en enemigos. Así que por favor, contemplen al sector agrario como lo que es: un sector extratégico, como la defensa.

Magnífico. Volvamos a la autarquía, así no dependemos de otros... ¿países? La mentalidad anticapitalista está tan desequilibrada que confunde los flojos comerciales internacionales con flujos interestatales. El comercio no tiene lugar entre Estados, sino entre individuos circunstancialmente ubicados en dos unidades políticas distintas. ¿Qué diferencia existe, salvo la distancia, entre comprar al agricultor de la casa de al lado, al de la provincia vecina, o al de Ucrania? Estamos ante una idéntica transacción comercial, que beneficia a ambas partes. Sólo la política, los políticos y sus aduladores -como Calota- transforman la naturaleza de semejante intercambio.

Si la PAC se suprime -y al mismo tiempo se expanden y crean otros sectores económicos en Europa- ¡tendremos que depender de los demás! ¡Qué tragedia! ¡División del trabajo! ¡Capitalismo! La bicha se acerca. Y es que claro más vale ser autosuficientes, no sea que queramos participar en una guerra y no podamos. ¿Por qué de eso se trata no? Hemos de abaratar el coste de participar en una guerra; hemos de estimular a los Estados a que recurran a la expansión de sus poderes, a la militarización de la sociedad, al ataque indiscriminado contra otros. La guerra es un objetivo del Estado y de sus aduladores, de ahí que el capitalismo -que promueve la especialización y la interdependencia- sea malo. Ya lo decía Bastiat, si las mercancías no pueden cruzar las fronteras, lo harán los soldados. La cuestión es si algunos no quieren que crucen las mercancías, porque quieren que crucen los soldados o si quieren que crucen los soldados para que no crucen las mercancías. Desde luego, no son excluyentes.

En efecto, como señala Calota, el sector agrario es un sector eXtratégico. ¿Hay alguno que no lo sea? Todo es susceptible de nacionalización, todo debe someterse a la potestad del Estado... en caso contrario, el caos, la anarquía de las fuerzas productivas. Menos mal que Calota nos ha abierto los ojos; incluso se los ha abierto a los miles de muertos que origina la PAC en el Tercer Mundo... tan abiertos como para contemplar la responsabilidad de los estatalistas en su mísera existencia.

12 de Agosto de 2004

Dinero privado

Mientras se celebraba el cursillo sobre la supuesta crisis capitalista en el Escorial, la Universidad Complutense organizó una charla del ex gobernador del Banco de España, Luis Ángel Rojo, a la cual asistí. Al final de la misma, se abrió el turno de intervenciones del público. Transcribo mi pregunta y su respuesta:

Yo: Si gracias... a mí me interesaría bastante conocer su opinión sobre unas declaraciones de Alan Greespan en las que, requerido por Ron Paul, aseguró que seguía sosteniendo su postura relativa al patrón oro como garante de la estabilidad de precios y de la paz internacional expuesta en el libro Capitalism the Unkown ideal, de Ayn Rand. Y también me gustaría que se pronunciara acerca de la propuesta austriaca de privatizar el dinero y cerrar los Bancos Centrales.

Rojo: Como bien sabrás, Ayn Rand es una persona muy importante en la vida de Greenspan, en su formación como liberal y también en su vida sentimental. En fin, aquellos años son unos años de liberalismo extremo, y el patrón oro se consideraba por muchos economistas como una referencia para volver a una fase de estabilidad en el orden mundial. Yo creo que eso en aquellos años fue un error, pero bueno, ¿se puede y se debe volver al patrón oro? Yo no le veo ventajas francamente, pero en fin, se puede defender. La segunda pregunta es… ¿qué opino yo de la vuelta al dinero privado? Pues es posible que con la evolución del dinero se llegue a esa situación, pero yo por ahora no lo veo y tampoco veo sus ventajas. (…) Ahora, quizás cuando el dinero electrónico sea absolutamente generalizado, pues bueno llegaremos a una creación de dinero privado, aunque no queramos.


No esperaba más de un keynesiano como Rojo, pero sí esperaba menos. Su respuesta es interesante por dos motivos. El primero, quizá anecdótico, porque corrija acertadamente mi pregunta. Yo le inquirí sobre privatizar el dinero y el matizó diciendo "volver al dinero privado". Esto demuestra, si más no, un buen conocimiento de Rojo por la historia monetaria y un más que correcto nivel de honradez intelectual al no ocultarlo, e incluso airearlo. Por otro lado, su respuesta deja abierta la puerta a la privatización (o reprivatización) del dinero, al no calificar, en ningún momento, esta propuesta de descabellada o imposible. Es un avance; no creen conveniente privatizar el dinero, pero al menos nos conceden la virtualidad de la existencia. Algo es algo.

4 de Agosto de 2004

Lula, un verdadero ecologista

Ciertamente, el ex sindicalista Lula se está convirtiendo en uno de los pocos presidentes de América Latina que realiza reformas (tímidamente) liberales. La última de ellas consiste en privatizar una porción del Amazonas. A nadie extraña que los ecologistas hayan puesto el grito en el cielo; sin embargo, Lula, como auténtico ecologista, sabe que la única forma de salvar el Amazonas es dando paso a la propiedad privada.

Actualmente existe un grave problema de indefinición de los derechos de propiedad que posibilita el expolio del Amazonas. Imagínense que al lado de su casa hay un huerto con todos los tipos de hortalizas que nadie pueda desear; sin embargo, ese huerto no pertenece a nadie y existe un libre acceso a él. Obviamente, la gente acudirá a tropel para quedarse con todas las hortalizas que pueda. El problema es que nadie se preocupará en reponerlas porque todos saben que, si se disponen a replantar las hortalizas por su cuenta y riesgo, otros acudirán luego para quedarse con ellas. Si el huerto no tiene dueños, con el paso de los meses se convertirá en un erial. En cambio, si se privatizara, el propietario se encargará, no sólo de recolectar y vender las hortalizas, sino de su posterior replantación.

Con el Amazonas ocurre algo similar. Los árboles no se diferencian de otros cultivos salvo por el período de reposición. Permitiendo la propiedad privada en el Amazonas se consigue que las empresas se impliquen de lleno en la replantación de los árboles, ya que su futura fuente de ingresos depende de ellos. Un empresario que no replante los árboles, será un empresario que habrá desaparecido en el futuro. Lula afortunadamente se ha dado cuenta de ello y está empeñado en salvar el Amazonas… a pesar de gran parte del movimiento "ecologista". Bravo por él.

3 de Agosto de 2004

El error está en el método

Sala-i-Martin clausuró el primer día de conferencias de ¿Está en crisis el capitalismo? Se trata de un tipo peculiar; acudió a dar la conferencia con una americana verde fosforito y una corbata de Blancanieves y los Siete Enanitos. Sobreactuación o reflejo de su personalidad, lo ignoro. Sin embargo, consigue un impacto inicial sobre el espectador; ése es posiblemente su objetivo de fondo, focalizar la atención del conferenciante. El problema del atrezzo recargado es que, en muchas ocasiones, uno puede quedarse más en la anécdota que en la categoría. Sala-i-Martin captó la atención del público-desde luego- aunque quizá por otros motivos para los que había sido invitado.

En cualquier caso, Sala-i-Martin nos ofreció una muy buena conferencia sobre sus investigaciones estadísticas -no es de extrañar, ya que se definió como un neoclásico. Así, a través de una larga serie de diapositivas Power Point, pudimos observar cómo la pobreza se ha reducido espectacularmente en los últimos 30 años, no sólo ni principalmente en los países ricos, sino en China, India o Indonesia, países que por su elevada población resultaban de prioritario desarrollo. Así, si en 1970 un 20% de la población vivía con menos de 570 $ al año, en el año 2000 apenas llegaba al 7%.

Aparte de que, si a alguien podía interesarle, la igualdad en el mundo también ha aumentado. Este punto, no obstante, fue sometido a controversia. Sala-i-Martin comentó que los intentos socialdemócratas para crear un Estado de Bienestar en el Tercer Mundo son inútiles dado que las mayores desigualdades no se encuentran en el interior de cada país sino entre los distintos países. Si se consiguiera el objetivo socialdemocrata de conseguir la mayor igualdad dentro de un país (paradigmáticamente que todos los individuos tuvieran la misma renta) las diferencias en el mundo todavía seguirían siendo muy notables. En este sentido, el corolario lógico para los preocupados por la igualdad es que resulta preferible que el capitalismo desarrolle cada país (aún a pesar de las posibles desigualdades que surjan en su interior) y así se reduzcan las muy importantes desigualdades internacionales.

La globalización está acabando con la pobreza en todo el mundo, salvo en África. Ése es, en opinión de Sala-i-Martin, el mayor problema que afronta actualmente el mundo. De hecho, África no sólo no ha mejorado desde 1970, sino que ha empeorado. Ahora bien, ¿es este empeoramiento debido a la globalización o a la falta de globalización? África adolece ausencia de instituciones estables, de capital humano, de paz y cooperación, pero sobre todo de ausencia de movilidad de capital y trabajo, y de restricción a sus exportaciones. África no está globalizada, sino más bien todo lo contrario, se ha ido (o la han ido) aislando del resto del mundo.

Sala-i-Martin concluyó con una reflexión taxativa: La globalización es buena, ¡y punto!. Aseguró que frenar el proceso globalizador causa la muerte a millones de personas, y con las cosas de comer no se juega.

El economista catalán es un gran recopilador de datos. No lo niego, es más, lo defenderé con placer. Ahora bien, sí cuestiono, por lo que pude apreciar, sus conocimientos sobre economía o, para no enfurecer a nadie, teoría económica.

Una vez Sala-i-Martin terminó su charla, los ponentes (Huerta de Soto, Toribio y Sala-i-Martin) se reunieron en la mesa y se sometieron a las preguntas del público, dando lugar, en muchas ocasiones, a un vivo debate entre Huerta y Sala-i-Martin. Uno de ellos, ilustrativo de mi anterior aseveración, se produjo cuándo se preguntó a Huerta por el precio de la vivienda. El profesor austriaco explicó sucintamente cómo la burbuja actual se debe, como bien expone la teoría austriaca del ciclo económico, a una reducción del tipo de interés que no refleja el ahorro real de la sociedad. Sala-i-Martin, empezó aquí su recital de groserias señalando que: "En el resto del mundo, no sé en Austria, las burbujas se producen cuando existe una discrepancia entre el precio fundamental y el precio de mercado". Huerta le recordó (soy generoso al suponer que un neoclásico como Sala-i-Martin ya lo conocía) que no existe nada semejante al precio fundamental (basado en los típicos errores smithianos de la determinación del precio a largo plazo y reincorporado por Marshall y Pareto en su análisis del equilibrio del mercado), sólo existe el precio de mercado.

Parece mentira que profesores universitarios de semejante renombre sigan cayendo en errores tan fundamentales. Un precio es una relación histórica de intercambio; en el mercado no pueden haber precios latentes distintos de los que se forman libremente porque no hay valores latentes. Un precio es un hecho pasado y realizado, no un hecho posible y paralelo. Suponer que existe un precio, al margen del precio de mercado, implica el conocimiento de los valores auténticos de las personas y eso es tanto cómo eliminar el problema del cálculo económico socialista y abrir el camino para la planificación.

Semejante distorsión sólo puede surgir de la utilización de un método ecónomico absolutamente pervertido, que no pretende explicar la realidad sino abstraerse de ella y predecir el futuro. Sólo una metodología corrupta hasta la médula podría concluir, como Friedman, que "cuanto más significativa es una teoría, más irreales son sus supuestos" y "para ser importante, una hipótesis tiene que ser descriptivamente falsa en sus supuestos".

Este no es un hecho casual ni exagerado dentro del pensamiento económico. Los pensadores neoclásicos crearon modelos basados en hipótesis erróneas que los llevaron, como no podría ser de otra forma, a conclusiones falsas, o no totalmente ciertas. El problema no es que se entretengan con semejantes pasatiempos domingueros, sino que, como señala Mises, la teoría del equilibrio es mucho más peligroso que un juego intelectual pues, de hecho, se transforma en un corruptor intelectual incluso para las mentes más brillantes; ya que las hace partir de hipótesis irreales que, inexorablemente, los conduce a conclusiones equivocadas.

Cuando Mises planteó, para ruina de la intelectualidad comunista, su teoría sobre la imposibilidad del socialismo, el único punto de apoyo que encontraron para barrer al molesto moscardón misiano fue recurrir a los modelos irreales de competencia perfecta. A esta misma conclusión llegó el prestigioso economista Mark Blaug cuando afirmó que únicamente aquellos embebidos en la competencia perfecta, en el equilibrio estático pudieron tragarse semejante sin sentido [que el socialismo pudiera funcionar mejor que el capitalismo] Yo era uno de esos estudiantes que se lo creyó en los 50 y ahora sólo puedo maravillar de mi propia ceguera.

El neoclasicisimo tiene que asumir est porción fundamental de culpa en el soporte intelectual del socialismo, dando alas al socialismo de mercado, la solución competitiva, de Oskar Lange. Uno pensaba que debería haber llegado la hora de rectificar. De olvidarse de que las hipótesis falsas no pueden servir como fundamento intelectual para ninguna teoría económica. Sólo así se entiende que Sala-i-Martin, como buen, excelente, neoclásico pudiera caer en semejantes banalidades.

Pero los despropósitos del economista catalán no terminaron ahí. La insuficiencia de su método también pudo entreverse durante la conferencia. A pesar de que hemos remarcado la tajante aseveración de que la globalización es buena y punto, hubo un momento en el que, consciente o inconscientemente, medio en broma, medio en serio, Sala-i-Martin comentó: Estos son los datos sobre desarrollo y reducción de la pobreza. Como véis son excelentes. Yo no digo que se deban a la globalización, no lo sé. Simplemente constanto que han coincidido temporalmente con la globalización.

De nuevo, la capacidad para desarrollar una teoría consistente imposibilita al neoclásico para responder sin ambajes que la globalización, la libertad de intercambio (siempre mútuamente beneficioso), la división social del conocimiento, la especialización o las migraciones de capital y trabajo son positivas. El único bagaje con el que lamentablemente cuenta Sala-i-Martin es una serie muy elaborada de datos pero que, como el mismo constanta, carecen de sentido sin la existencia de una teoría previa que permita analizarlos. Sin una teoría somos incapaces de afirmar si tales resultados se han producido gracias, o a pesar de la globalización. Como dice Sala-i-Martin, sólo podemos constatar que han coincidido temporalmente; sin embargo, la economía no debe estudiar las casualidades, sino las causalidades.

Con todo, el mayor esperpento de la jornada tuvo lugar al final. A petición del público, Huerta explicó la teoría austriaca del ciclo económico, la necesidad de privatizar el dinero, de cerrar los bancos centrales y el FMI, la postura de la Escuela sobre las patentes, sobre la inmigración o sobre el derecho de secesión. En otras palabras, bosquejó muy por encima el corpus teórico austriaco. Sala-i-Martin, a quien no recuerdo exactamente si el público le dirigió pregunta alguna, dio muestras de su exquisita educación cuando, tras las explicaciones de Huerta de Soto pidió la palabra y exclamó: Siempre me había preguntado por qué la Escuela Austriaca había desaparecido de la Universidad. Hoy lo he entendido.

Insolencias aparte, Sala-i-Martin, con todo el respeto, sólo demuestra una supina ignorancia, o una hundida grosería, con tales reflexiones. Si es cierto que el economista catalán siempre se había pregunta por qué la Escuela Austriaca había desaparecido de la Universidad es de esperar que esa pregunta se la formulara conociendo qué defendía la Escuela Austriaca. En este sentido, la exposición de Huerta sólo reiteró algo que Sala-i-Martin ya debía conocer para formularse semejante pregunta, y en ese caso, si ya conocía la postura austriaca, sobraba su cconclusión de que fue, tras la exposición de Huerta (quien, insisto, sólo expuso algo que Sala-i-Martin ya debía conocer), cuando entendió por qué la Escuela Austriaca había desaparecido de la universidad. Y si, como es lo más probable, Sala-i-Martin no conocía ni una sola de las teorías austriacas, nunca pudo preguntarse por qué la Escuela Austriaca había desaparecido de la Universidad. Así pues, o ignorancia o mala fe.

En cualquier caso, bien es sabido (incluso estoy seguro de que Sala-i-Martin lo sabe) que la Universidad desde el crack del 29 fue tomada, literalmente, por los keynesianos. ¿Considera Sala-i-Martin un honor que la izquierda considere a los neoclásicos como sucomparsa circense? El papel de Goldstein nunca me produjo excitación, sobre todo cuando se exhibe con una mezcla de ingenua vanidad y util estulticia. La Escuela Austriaca fue barrida de las Universidades primero por los nacional-socialistas y luego por sus aliados económicos, los keynesianos. La cuestión es, ¿por qué las elites keynesianas no lucharon con la misma intensidad para que los neoclásicos no penetraran en las Universidades? ¿Acaso no les resultaban igualmente molestos?

Huerta, con su característica cortesía, tan sólo le respondió a Sala-i-Martin diciéndole espero que pronto te arrepientas de lo que acabas de decir. Y es muy posible que, no ha mucho se arrepienta. Entre muchas otras cosas, es muy posible que se arrepienta de un método tan perverso como para conducirlo a errores de semejante calibre. Aunque, las cosas como sean, el método económico neoclásico no determina la mala educación. No dudo de que, en algunos insignes casos, incluso corrigiendo aquél permanecerá ésta. Sala-i-Martin es un buen ejemplo.

2 de Agosto de 2004

Austriacos en directo

La Mises University es, probablemente, el mayor simposio de economía austriaca que se celebra anualmente. Muchos queríamos, pero al final no pudimos, ir.

Aún así, la tecnología y el ánimo divulgativo del Mises Institute nos sorprende año a año. Primero, pusieron a nuesta disposición los audios de las ponencias de otros años. Y ahora, han dado otro paso para facilitarnos atender a las charlas sin estar en Auburn: su retransmisión en directo. Aquí podéis consultar los horarios de las conferencias (a las que habrá que aplicar un descuento de unas 7 horas).

La excelente iniciativa no se circunscribirá a la Mises University, sino que retransmitirá todas las conferencias que el Mises Institute vaya ofreciendo. Así que, estén atentos a sus pantallas de ordenador.
No queremos comunismo

Estoy harto de oír a los críticos del capitalismo señalar que ellos no son comunistas, ni quieren el comunismo. No dudo que, en parte, sea cierto. Comunismo significa abolición de la propiedad privada de los medios de producción. Muchos anticapitalistas no son tan radicales. Se conforman con pedir mayores impuestos, una provisión más elevada de servicios sociales, regulaciones más profundas, fijaciones de precios y salarios, la dirección pública de la producción privada, libertad inflacionaria del gobierno o el control de los movimientos de capital y de personas. En definitiva, la abolición de facto de la propiedad privada y la conversión de los empresarios en burócratas.

Yo no estaría seguro de que estas peticiones sean menos radicales que una implantación inmediata del comunismo. Ciertamente, cuando el Estado fuerza subidas salariales que no parten de la iniciativa y creación empresarial, establece qué productos y en qué cuantía deben producirse, a qué precios deben venderse, cómo deben distribuirse los beneficios y dónde debe invertirse, está adulterando la coordinación del sistema de mercado. En lugar de respetar las decisiones dominicales, afronta la interacción ciudadana como si de un juego se tratara. Estos socialistas creen que el Estado puede situarse por encima de las nubes y moldear la sociedad a su antojo; nada escapa a la mente omnicomprensiva del gobernante. Se desprecian los deseos del consumidor, sus valoraciones ya no son subjetivas, sino que son conocidas sobradamente por el burócrata.

No se trata de reflexionar, aquí, si tal pretensión resulta posible o está somedita a la misma imposibilidad de cálculo económico (al menos de un cálculo económico condicionado por la soberanía del consumidor) que el comunismo. Simplemente quiero constatar que con la defensa de semejantes medidas, estos socialistas esperan entroncar con el progresismo más vanguardista: el comunismo es malo, pero no lo es menos el capitalismo. La tercera vía intervencionista aparece como inevitable, sin embargo debe ser un intervencionismo completo, el mercado debe reducirse a su mínima expresión.

Estas ideas, empero, no son nuevas. Me limitaré a citar un extracto de La Acción Humana de Mises: Hay dos formas de realizar el socialismo. La primera (a la que podemos denominar sistema ruso o de Lenin) es puramente burocrática. Todas las industrias y explotaciones agrícolas, así como el comercio todo, estan formalmente nacionalizadas; hay departamentos administrativos atendidos por funcionarios públicos (...) La segunda forma (a la que denominaremos sistema germánico o de Hindenburg) mantiene nominal y aparentemente la propiedad privada de los medios de producción, así como un aparente mercado dcon supuestos precios, salarios y tipos de interés. Pero los empresarios han desaparecido, a no ser como jefes de empresa. Tales personajes, a primera vista, dirigen y ordenan las empresas a ellos encomendadas; compran y venden, controlan y despiden personal, conciertan operaciones financieras y amortizan créditos. Pero en estas actuaciones se ven obligados a seguir rigurosamente las directrices que el gobierno les merca en cada caso. Este órgano administrativo (el Reichwirtschaftsministerium hitleriano) instruye detalladamente a los jefes de empresa acerca de qué y cómo han de producir; a qué precio y dónde deben comprar; a quiénes, en fin, han de vender. Cada uno halla predeterminado el puesto a desempeñar y la retribución a percibir. El mercado ya no es más que mera ficción (...) El gobernante, por sí y ante sí, ordena y encauza la actividad productora. Los jefes de empresa obedecen y cumplen las órdenes del gobierno, sin que para nada influyan los deseos y apetencias de los consumidores, y los precios de mercado ya no determinan la producción. Estamos ante un socialismo que pretende ocultarse tras máscaras capitalistas.

En definitivano estamos, desde luego ante comunistas, pero sí ante nacional-socialistas (judeofobia al margen) o nazis, como se les ha llamado toda la vida. Esta claro que se trata de una máscarada un poco extraña; del comunsimo al nazismo. Para este viaje no hacían falta tantas alforjas.

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