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Todo un hombre de Estado: Octubre 2007

29 de Octubre de 2007

Crisis resuelta

Bernanke se congratula de que la Reserva Federal ha logrado de momento estabilizar los mercados financieros. La cuestión es a qué precio. El dólar es cada vez más una moneda basura. Primero con respecto al euro: hoy ya roza los 1,44 dólares.

Pero no creamos que el euro lo está haciendo mucho mejor, simplemente es un poco menos basura que el dólar.

Los mercados de commodities están desatados desde las inyecciones de liquidez al sistema bancario que, por lo visto, se están cargando la liquidez del dólar.

Veamos que ha ocurrido en los distintos mercados desde que la Fed empezó a seguir su política monetaria expansiva:

Petróleo: De 70 a 90 dólares.

Platinio: De 1250 dólares a 1470.

Paladio: De 330 dólares a 375.

Y sobre todo los metales monetarios:

Plata: De 11,5 dólares a 14,30.

Oro: De 660 dólares a 790.

¿Es esto casual? No, en absoluto. Ya sé que los ecologistas apocalípticos vaticinarán el fin de las materias primas. Curiosas que se acaben todas al mismo tiempo. Es mucho mejor buscar una explicación científica: el ciclo Kondratieff que tan bien encaja en la teoría austriaca.

¿Cuál es la predicción del ciclo Kondratieff sobre la política contracíclica que ahora mismo están realizando la Reserva Federal y el BCE? Sorpresa, sorpresa:
La gran preocupación son los altos tipos de interés. Para reducirlos el Banco Central compra bonos en el mercado. Al hacerlo espera que el nuevo dinero puesto en circulación siga en el mercado de bonos. En cambio, se traslada rápidamente hacia el mercado de commodities e incrementa sus precios. Precios más altos en este mercado conducen a tipos de interés más altos.
En esas estamos. Gracias Bernanke. Gracias Trichet.

26 de Octubre de 2007

Las doce cosas más estúpidas que la gente dice sobre el precio de las acciones
Lo he sacado de "One Up On Wall Street" del famoso Peter Lynch:

1. Siempre puedes saber cuando una acción ha tocado fondo.
2. Si ya ha subido tanto, ¿cómo va a subir más?
3. Sólo son 3 euros por acción, ¿cuánto podría perder?
4. Al final siempre vuelven a subir.
5. Hay que pasar por la oscuridad antes de ver la luz.
6. Cuando esté a 10 euros, venderé.
7. ¿De qué debo preocuparme? Las acciones conservadoras no fluctúan demasiado.
8. Está tardando demasiado en pasar algo.
9. Mira cuánto dinero he perdido, ¡pero yo no compre esas acciones!
10. Se me ha escapado esta oportunidad, pero aprovecharé la siguiente.
11. El precio de la acción ha subido, así que debo de tener razón.
12. El precio de la acción ha bajado, así que debo de estar equivocado.

24 de Octubre de 2007

La fobia contra el oro
Siguiendo con el tema de los últimos días he publicado en LD otro artículo refutando más mitos sobre el patrón oro:
Muchos economistas teóricos, adormecidos por los cantos de sirena de los dos enfants terribles del siglo XX: John Maynard Keynes y Milton Friedman, y por los estudios monetarios financiados en buena medida por los Bancos Centrales, se resisten a reconocer la superioridad del oro sobre el dinero fiduciario de curso forzoso. Para ello recurren a una serie de argumentos, a cuál más ingenuo.

El patrón oro es la única alternativa de estabilidad que tenemos a nuestro alcance. Los mitos anti oro han venido gestándose durante todo un siglo a manos de los intervencionistas (...) resulta curioso lo que nos ofrecen como alternativa los intervencionistas monetarios: una moneda que pierde continuamente su valor, que desestabiliza los tipos de interés y el precio de toda clase de activos y commodities y que incrementa el poder del Gobierno. Todo un éxito. monetarios.
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23 de Octubre de 2007

Haberlo pensado antes

La presión fiscal en España "debería ir evolucionando a la baja
. Con Z de Zapatero.

Obras son amores y no buenas razones:
El aumento de la presión fiscal en España en el período 2004-2006 fue de dos puntos porcentuales, lo que representa el cuarto mayor incremento entre los 26 países miembros de la OCDE. (Fuente aquí).

21 de Octubre de 2007

Más mitos sobre el patrón oro

Egócrata ha escrito otro post, esta vez más argumentado, en el que trata de demostrar por qué el patrón oro es un error. En realidad, sin embargo, me temo que va a acabar demostrando por qué la teoría monetaria de la segunda mitad del siglo XX es catastrófica.

No veo a entrar en las inexactitudes auxiliares tanto de tipo teórico (el dinero actual tiene valor porque todos creemos que tiene valor) como históricas (el patrón oro surge por accidente o los billetes comienzan a emitirse con el Banco de Inglaterra). Me centraré en las dos principales críticas que efectúa, por ser, además, las dos críticas más corrientes al patrón oro.

1º La escasez del oro frena el crecimiento

Dice Egócrata: Cuando la economía crece, uno tiene más cachivaches que comprar y vender, pero no tiene necesariamente más monedas. Ese elemento tan conveniente que tiene el utilizar una moneda que es tener una pieza de metal que vale por diez lechugas deja de serlo cuando la economía produce veinte. Tu moneda cada vez compra más, algo que no tiene demasiado sentido; si mañana seré más rico sin hacer nada, no voy a gastar este oro que tengo, etcétera. La deflación no es una buena idea.

Aquí hay dos graves errores entremezclados que llevan a conclusiones muy pobres. Por un lado es falso que el patrón oro sea necesariamente deflacionista. Y por otro es falso que toda deflación sea una mala idea.

Empecemos por el primer error. El patrón oro no significa que TODAS las transacciones comerciales se realicen mediante el oro. Del mismo modo, que el patrón dólar actual no significa que todas las transacciones de la economía se realicen mediante dólares.

El dinero sólo sirve para liquidar las posiciones acreedoras netas. ¿Y qué es una posición acreedora neta? Si A debe 50 a B, B debe 100 a C y C debe 50 a A, C tiene una posición acreedora neta de 50 con B. No hace falta movilizar 200 um, con 50 basta. La función del dinero aquí es liberar de la deuda a B y satisfacer a C. Los créditos y las deudas son el reflejo monetario de transacciones económicas; que C tenga una posición acreedora neta significa que ha efectuado una transacción en el mercado sin recibir ninguna contraprestación específica y valorable. El dinero viene a suplir esa carencia: aunque C aporte hoy y no reciba nada hoy, el dinero le permite demandar mañana.

Hoy este magno servicio de compensación lo realizan las “Cámaras de Compensación”. El movimiento de numerario es ínfimo, pero su presencia es imprescindible. Sin dinero no hay precios (y sin precios no hay valores que compensar) ni tampoco posibilidad de saldar las posiciones acreedoras netas. Todo el sistema se desmoronaría al no tener el agarre de la liquidez dineraria.

Otra función valiosa de la compensación tiene que ver con la puesta en circulación de las mercancías. Las letras de cambio permiten reducir el uso de dinero, ya que no hace falta pagar la cantidad íntegra de los precios a cada eslabón de la cadena productiva. Las letras van descontándose y a cada cual se le entrega un descuento equivalente al número de días que ha tenido la letra hasta que el consumidor paga. Distintas letras pueden, además, compensarse entre sí cuando sus tenedores sean tomadores y librados recíprocos. No sólo eso, parte importante de los trabajadores puede cobrar con cargo a esas letras de cambio, como ya explicó Fullarton.

Dicho de otro modo, conforme crezca el número de bienes y servicios, no es necesario contar necesariamente con más dinero, ya que estos pueden intercambiarse entre los consumidores (que a la vez son trabajadores) como en una comunidad de trueque. El dinero sólo será necesario para cuando el consumidor no quiera comprar ninguno de los bienes actualmente existentes (saldo acreedor neto). Para el resto de los casos, las letras permiten financiar cualquier volumen de producción. Así fue el caso durante la Inglaterra victoriana.

El segundo error es también bastante común. Es cierto que el patrón oro podría dar a episodios de reducciones de precios (por ejemplo, EEUU durante la segunda mitad del s.XIX). Pero el argumento de Egócrata no tiene ningún sentido.

Nos dice que si mañana mi moneda vale más, esperaré hasta mañana para consumir. El argumento de fondo es falso: sería como decir que en una inflación nadie ahorra y todo el mundo se gasta por completo su dinero hoy porque mañana valdrá menos.

Ahora bien, sí es cierto que se generan incentivos para restringir el consumo. La cuestión es cómo se restringe: el individuo puede ahorrarlo e invertirlo (para que mañana sea aun más rico) o puede atesorarlo (ya que de igual manera se revalorizará). El primer caso reducirá el tipo de interés y aumentará el capital y la tecnología disponibles; por tanto, sin problemas.

El segundo tiene unos efectos más indirectos. Retener el dinero sin gastarlo ni en bienes de consumo ni en factores productivos (inversión) provocará una nueva deflación de precios en alguno de estos mercados, con lo que de nuevo tendremos un aumento de la renta disponible de los individuos que volverán a plantearse el dilema sobre si invertir o atesorar. En cualquier caso, una sociedad que atesore masivamente oro es una sociedad que quiere incrementar sus saldos de caja de manera permanente, lo que por necesidad significará trasladar a los factores productivos a las minas de oro o la monetización de otros tipos de activos (por ejemplo, la plata).

La deflación sí puede ser una buena idea (las provocadas por las contracciones crediticias no suelen serlo). EEUU en el s.XIX lo acredita.

2º El oro no estabiliza automáticamente los saldos comerciales

Otro error muy extendido, este de la mano del sucesor intelectual de Keynes, Milton Friedman, es que el patrón oro (tipos de cambio fijos) no actúa como un estabilizador automático de los saldos comerciales. En términos sencillos: si un país tiene un déficit comercial, los tipos de cambio “flexibles” harán que su moneda se deprecie, con lo que las importaciones caerán y las exportaciones subirán. En cambio, como el patrón oro establece tipos de cambio fijos con el resto de las divisas, el ajuste no llegará a producirse. ¿Bonito verdad?

Pues no lo es. La depreciación de la moneda es, en palabras de Antal Fekete, un ejercicio de automutilación. En las economías globalizadas, buena parte de los inputs que utilizamos los adquirimos en el extranjero (pensemos simplemente en el petróleo). Una depreciación significa que parte sustancial de nuestros costes se incrementan. ¿A cambio de qué? De que los exportadores pueden vender más. ¿Pero cuál es entonces la ventaja? Venden más, pero sus márgenes se reducen (costes más altos). De hecho, si la operación resultaba provechosa, ¿por qué simplemente no redujeron sus precios antes de la depreciación? La respuesta es sencilla: porque no era una operación provechosa. Por tanto, las depreciaciones nos hunden más en la miseria. Los únicos beneficios son en el muy corto plazo: los stocks de bienes producidos con los antiguos costes sí se venden con mayor facilidad manteniendo márgenes. ¿Pero realmente esperamos solventar un problema estructural colocando el cartel de rebajas?

Una prueba palpable es el caso de Japón y EEUU. Hace 40 años, el tipo de cambio entre el yen y EEUU estaba en 380 yenes por dólar. Hoy el dólar se ha depreciado unas tres veces con respecto al yen, pero el déficit comercial de EEUU con Japón se ha multiplicado casi por 10 desde entonces.

Los tipos de cambio flexibles se cargan la división internacional del trabajo, ya que los países dejan de especializarse en aquello en lo que tienen ventaja comparativa, ya que esa ventaja viene determinada por los tipos de cambio entre las divisas que, a su vez, dependen de las decisiones de cada uno de los bancos centrales (para expandir o restringir la oferta monetaria) y de los gobiernos (para mantener o no déficit presupuestario).

Egócrata recurre a este argumento pero contándonos una trágica historia. Nos dice que una economía sufre una catástrofe que la hace entrar en recesión y que por ello pasa a comprar más bienes fuera. El déficit comercial se expande, lo que se traduce en salidas de oro del país (los extranjeros cobran en la moneda nacional y la convierten en oro). La consecuencia son subidas de tipos de interés y restricciones en la oferta monetaria para evitar la salida de oro, lo que endurece la recesión: El sesgo anti-inflacionario y anti-devaluación del patrón oro de hecho lo hace mucho más propenso a las recesiones. Y una recesión por devaluación es muy, muy dura; lo que está uno haciendo es penalizar la inversión y el consumo a favor del ahorro de forma radical, y eso acaba por penalizar a quien más consume y no ahorra, esto es, a los pobres, a golpe de paro.

Bueno, de la historieta de Egócrata me sorprenden varias cosas. La primera es que asume que sucede una catástrofe que empobrece a la población y –según parece estar implícito- la consecuencia lógica es importar del extranjero los bienes con los que ya no contamos en casa. ¿Pero cómo pagamos esos bienes? La respuesta de Egócrata parece estar: inflando la moneda. Supongo que los extranjeros serán tan tontos como para no subir los precios.

La segunda cosa que me sorprende es que diga que las devaluaciones penalizan a la inversión y al consumo a costa del ahorro. ¿Y de dónde viene la inversión sino del ahorro?

En cualquier caso, reordenemos el cuento. Si hay una catástrofe y parte de la producción interna se reduce, es evidente que alguien tendrá que consumir menos. Esto puede operar de varias formas:

a)      El que se ha empobrecido asume que se ha empobrecido y deja de consumir aquellos bienes que quería adquirir pero ya no puede.

b)      El que se ha empobrecido sigue queriendo consumir unos bienes que ya no puede adquirir, con lo que reduce su ahorro para comprarlos. Tiene a su vez dos opciones: comprarlos dentro del país o en el extranjero.

Si el empobrecido reduce su ahorro, los tipos de interés aumentarán. Si el empobrecido compra en el extranjero y sale oro del país, los tipos de interés aumentarán aun más. ¿Significa ello que proyectos que habrían sido rentables ya no podrán realizarse? No necesariamente. Es una posibilidad, sin duda. Al fin y al cabo, el empobrecido prefiere consumir a seguir financiando esos proyectos. Sin embargo, el mayor tipo de interés también atrae a los inversores extranjeros: por lo que las salidas de oro se convertirán en entradas de oro.

Al final, a uno le da igual que le preste su vecino o un tío a 1000 km. ¿Qué tendrá que pagar un mayor tipo de interés? Pues sí, no olvidemos que ha habido una catástrofe y eso ha de traducirse en algo. El mayor tipo será la forma de atraer hacia la inversión capitales nacionales o extranjeros que antes se dirigían al consumo (y sí, a diferencia de lo que diga Egócrata, para invertir hay que haber ahorrado previamente).

¿Agrava esto la recesión? En absoluto. Se asumen las pérdidas y se sigue operando. Hay, obviamente, una redistribución de riqueza, ¡pero es que parte de la riqueza la ha destruido la catástrofe!

Como digo, la solución de Egócrata pasa por fingir que “aquí no ha pasado nada” imprimiendo tanto papel como sea necesario para volver a la normalidad. Supongo que si hay menos lechugas, el remedio casero pasa con alimentarse con papel. Pero vamos, si a la catástrofe natural, le sumas la catástrofe monetaria derivada de hundir el valor de su moneda mediante inflación, no sé qué recuperación esperamos que se produzca.

Será que Egócrata aun sigue soñando con crear un sistema monetario mágico como el que tan bien criticó Rueff cuando se reformó el patrón oro: “El patrón de cambios oro ha traído una inmensa revolución derivada de los déficits sin lágrimas. Permite a los países cuyas monedas se benefician del prestigio internacional, entregar moneda sin contrapartida, prestar sin pedir prestado y adquirir sin pagar.”

18 de Octubre de 2007

Otra vez la "bárbara reliquia"

Egócrata ha escrito un post en contra del patrón oro muy en la línea keynesiano-friedmanita que ha contaminado la economía monetaria de todo el s. XX, provocando hiperinflaciones, deflaciones y crisis financieras por doquier.

No se trata de un artículo muy elaborado, aunque en este caso por causa más que justificada: se acaba de casar (felicidades). No dudo de que pueda hacerlo mucho mejor (y de hecho ha prometido hacerlo), aunque los argumentos sigan siendo igual de endebles.

Empieza Egócrata diciendo que eso de decir que (un poco) de inflación es peor que el sistema de ajuste equivalente en una recesión en patrón oro (la deflación) es tan absurdo que es para echarse a llorar. Bueno, lo que es absurdo es la frase. No sólo por hablar de “un poco” de inflación (¿una pérdida superior al 90% de su valor en 35 años es “un poco”?), sino por considerar que los beneficios del patrón oro se reducen a estabilizar los precios.

Sin duda, mantener relativamente estable el valor de la moneda es su efecto más llamativo, pero me atrevería a decir que no su efecto más destacado. El gran beneficio del patrón oro es, desde luego, la estabilidad de los tipos de interés y el ajuste entre ahorro e inversión. El oro reestablece la soberanía del ahorrador: permite el atesoramiento marginal para protestar por los bajos tipos de interés, lo que limita las expansiones crediticias y el descalce de vencimientos.

Acto seguido, Egócrata niega que la moneda tuviera un valor fijo ya que las reservas de oro nunca equivalían a toda la masa monetaria (eran de hecho una fracción), así que como ahora, el dinero era una promesa, no un valor totalmente real ni de broma.

Esto es otra simpleza que además contradice, como rápidamente veremos, otro de sus argumentos contra el patrón oro. Aquí hay que distinguir varias cosas: los mayores defensores del patrón oro nunca han defendido una reserva bancaria 100% oro, sino una reserva de oro y activos líquidos de buena calidad (letras de cambio y crédito comercial). Que los bancos no tuvieran el 100% de sus reservas en oro no contradice el sistema; no olvidemos que las letras de cambio tenían un vencimiento no superior a 90 días, en cuyo plazo maduraban en oro. En la práctica existía una perfecta convertibilidad, ya que la letra no operaba como mecanismo de crédito, sino de compensación.

Luego, otro tema, es si los bancos utilizaban sus reservas de oro para invertir en activos mucho menos líquidos, con plazos de maduración más elevados. En efecto, se trata de una práctica ilícita por haber garantizado a sus depositantes la disponibilidad de sus fondos y estar, sin embargo, invirtiéndolos en proyectos con elevados plazos de amortización.

La ventaja es que el oro permite limitar estos excesos y no sobredimensionarlos. Cuando los depositantes acuden a retirar sus depósitos, los bancos se verán forzados a liquidar sus inversiones y sufrir las pérdidas, por lo que deberían haber guardado una cierta prudencia con anterioridad. El Banco Central, en caso de existir, puede prestar oro a los bancos, pero sólo muy limitadamente, ya que sus reservas no son infinitas. En otras palabras, los ciclos de malinversión, de arbitraje de tipos de interés y de inversión de la curva de rendimientos no puede durar indefinidamente.

En un sistema de dinero fiduciario, sin embargo, las inyecciones de liquidez sólo tienen un límite: el repudio de la moneda. Los pecados de los banqueros los pagan los tenedores del dinero fiduciario mediante inflación.

Egócrata considera que esta “flexibilidad” de la expansión crediticia es un defecto del patrón oro. Sin embargo, la flexibilidad es precisamente el germen del problema: la moneda se envilece para financiar la inmovilización de la economía. No hay ninguna barrera inmediata, los efectos son mucho más tardíos e implican la quiebra de parte del sistema monetario.

Por último Egócrata compara la crisis de Argentina con las crisis bajo el patrón oro: Y la verdad, si alguien tiene curiosidad para saber cómo funciona una crisis económica seria bajo un sistema de patrón oro en la realidad, basta con echar un vistazo a la Argentina del corralito. Y uno se pregunta qué tendrán que ver.

La crisis de Argentina se produjo porque el Estado obligó a los bancos y a los fondos de pensiones a financiar sus déficits públicos, adquiriendo su deuda. Conforme esa deuda fue aumentando en volumen, el Gobierno decidió impagarla a los extranjeros (diciembre de 2001), con lo que los activos de los bancos perdieron todo su valor. No había manera de liquidar el activo a su valor nominal y por tanto de pagar a los depositantes. De ahí la necesidad del corralito.

La solución “flexible” de Egócrata habría consistido básicamente en suspender la convertibilidad con el dólar y emitir tantos pesos como fueran necesarios para pagar a los depositantes. Esto es, que el Banco Central recomprara toda la deuda pública de los bancos y de los fondos de pensiones, y que todos los tenedores de pesos soportaran la pérdida a través de la inflación. Al final se adoptó una solución similar: se devaluó la moneda un 40%, con lo que los depositantes recibieron el 100% de sus depósitos en un peso un 40% menos valioso.

¿Por qué digo que esto no tiene nada que ver con el patrón oro? Porque ante el excesivo endeudamiento público, el oro hubiera empezado a salir del país, incrementando el tipo de interés al que pueden prestar los bancos (sus reservas se ven minoradas), y el gobierno no habría conseguido colocar su deuda.

Luego hay otra cuestión. Si los bancos se quedan sin activos, ¿quién debe responder de su irresponsabilidad? Las respuestas son tres: sus accionistas, sus depositantes o toda la sociedad. Los defensores del dinero fiduciario lo tienen claro: toda la sociedad y así se evita la quiebra de los bancos. De lo que no se dan cuenta es que, en ese proceso de extensión de responsabilidades, se está quebrando el sistema monetario y, con él, el bancario.

16 de Octubre de 2007

Helicóptero Ben vuelve al ataque
Después de esto:
el Gobierno tiene una fantástica tecnología llamada imprenta que le permite crear tantos dólares como quiera sin coste alguno. (...) Actuando así, el Gobierno puede reducir el valor de la moneda en términos de bienes y servicios (...) creando mayor gasto, y por lo tanto, inflación positiva.
"Helicóptero Ben" vuelve al ataque:
"La disponibilidad de una ventanilla de descuento tiene una importancia potencial para los bancos, ya que les proporciona la confanza de que podrán obtener tanta liquidez como sea necesaria. El acceso a este tipo de liquidez reduce los incentivos de los bancos para limitar el crédito que proporcionas a sus clientes y otros bancos"
Claro, luego algunos se extrañan de esto y de esto.
El patrón oro y la inflación en España (1972-2007)
El Instituto Juan de Mariana acaba de publicar un informe que he tenido el enorme placer de dirigir: El patrón oro y la inflación en España (1972-2007). Se trata de un intento de aproximar la inflación real en España durante los últimos 35 años a partir de la pérdida de valor de nuestra moneda con respecto al oro.

¿La razón? En 1973 se abandona definitivamente Bretton-Woods y entramos en un período de brutal inestabilidad en el valor de las divisas como podéis observar aquí. La cuestión es qué habría sucedido en caso de mantener la convertibilidad con el oro en lugar de abandonarla.

Los beneficios van más allá de una deflactación de los precios y en el informe tratamos de discutirlos y aproximar algunos de ellos (por ejemplo sobre la estabilidad de tipos de cambio e interés, ciclo económico, desarrollo de los mercados de capitales, precio de la vivienda y coste del petróleo). Si queréis un resumen de las principales conclusiones del informe, podéis leer la nota de prensa.

Para presentar el informe también he escrito un comentario en el IJM titulado "El oro y la soberanía del individuo" donde explico más sintéticamente la importancia del patrón oro.

Actualización: También podéis leer el buen resumen de Libertad Digital.

Actualización 2: 20 minutos también recoge la noticia.

11 de Octubre de 2007

The Curse of Foreign Aid
Me han concedido el tercer premio del Olive W. Garvey Fellowships, organizado por el Independent Institute. El tema era si la ayuda al Tercer Mundo resultaba útil para promocionar el desarrollo. Podéis leer mi ensayo aquí. A diferencia del de Botswana y Zimbabwe, no creo que lo traduzca, al menos a medio plazo.

8 de Octubre de 2007

Google, impresionante

Las acciones de Google alcanzan los 600 euros. Hace poco más de tres años salieron a la venta por 85. Dicho de otro modo, Google ha conseguido una rentabilidad media anual del 150% para sus propietarios. Quien invirtiera 6000 dólares el 20 de agosto de 2004, ahora tendrá más de 42.000.

Por supuesto, es difícil que este ritmo de expansión brutal se mantenga durante muchos años. Simplemente porque llevaría a copar toda la economía, lo que es tan imposible para un Estado como para una empresa (por la imposibilidad del cálculo económico). Pero en cualquier caso, Google se postula como el nuevo Wal-Mart, el nuevo Intel o el nuevo Microsoft para los inversores. El primera acumula una rentabilidad del 21% durante 35 años (nota, el segundo hombre más rico del mundo, Warren Buffett, alcanzó esa posición logrando una rentabilidad similar durante un período de tiempo parecido). El segundo, del 24% durante 19 años. Y el tercero del 36,5% durante también 19 años.

No sé si los porcentajes dirçan mucho, pero pongamos casos concretos. Quien hubiera invertido 1000 dólares con Wal-Mart en 1972 hoy tendría 907.400. Quien hubiera invertido 5000 dólares en Intel tendría 311.463 y en Microsoft, atención, 1.865.000 (por cierto, qué malo es Microsoft).

Dicho de otro modo, Google no es un caso particular y excepcional, sino sólo otro éxito del capitalismo. Lo bueno de todo ello, es que no hace falta contar con un capital descomunal para obtener estos extraordinarios beneficios. Podemos convertirnos en propietarios de esas empresas sin haber tenido que fundarlas o gestionarlas. Es el gran mérito de la sociedad de propietarios.
¿Y qué hacemos con esto?
Un cómico sueco se comerá este lunes ante las cámaras de televisión dos trozos de carne cortados de sus propias nalgas. (Más aquí).

Supongo que prohibirlo, porque va en contra de la moral. Pero parece que el cómico no opina lo mismo. Aunque, eso sí, ya sabemos que su libre voluntad es irrelevante. Lo importante es la ética determinada por el Estado. Uy, pero parece que el Estado tampoco ve nada grave: "Mientras sea bajo propia voluntad no tenemos nada que objetar".

Vaya, el minarquismo no funciona, ya que no es capaz de salvaguardar una idea previa de ética. Ah bueno, que eso tampoco existe. Entonces, ¿algo que criticar? El relativismo moral nos acecha.

Ya tiene bemoles que un organismo estatal sea menos represor que muchos autodenominados liberales.

5 de Octubre de 2007

Los que mandan
Todos lo viven, pero pocos lo entienden, decía Goethe. Con el capitalismo pasa algo parecido. Ayer ya vimos un ejemplo, hoy podemos analizar otro.

Se queja Escolar de que "diez familias y 18 empresarios" controlan la economía española. Para añadir una pizca más de demagogia al asunto, añade que mientras tanto medio millón de españoles intenta vender su piso.

La información es errónea por tres motivos esenciales: a) tergiversación de los datos, b) ignorancia sobre la toma de decisiones e c) ignorancia sobre el crecimiento empresarial. Voy a tratar cada punto brevemente.

a) Hay que distinguir entre dirección y propiedad. En ocasiones coinciden, pero en otras no. Por ejemplo, Amancio Ortega es el propietario mayoritario y el presidente de Inditex. Ahora bien, en muchos otros casos como el Banco Santander, Banesto o ACS, dirección y propiedad no coinciden. Escolar afirma que la familia Botín controla el Banco Santander, pero se calla que sólo posee el 1,78% de la entidad. Algo similar ocurre con Banesto, donde los Botín sólo poseen el 1,6% o en ACS, donde Florentino Pérez sólo es propietario del 6,84%. Ni siquiera son los accionistas mayoritarios, con lo que la información resulta tremendamente tergiversada.

b) El siguiente punto se refiere a los verbos empleados por Escolar. Estas familias son las que "mandan" porque "controlan" las grandes empresas. Por lo visto, la idea de empresario que tiene esta gente es la de un ente omnipotente que maneja la vida de todas las personas que caen bajo su influjo. En realidad, el empresario actúa según su juicio sobre los deseos del consumidor (en los que, por supuesto, puede tratar de influir). Los empresarios medran cuando consiguen mejor que otros que los consumidores adquieran sus productos. ¿Qué clase de control es ese donde dependes de la voluntad ajena?

c) Por último, Escolar tampoco parece tener demasiada idea de cómo surgen las grandes empresas. Desde luego, tal y como pinta la imagen, parece que una veintena de tíos hayan acabado de llegar a España, hayan nacionalizado los recursos del país y se pongan a manejar el asunto. No. Las grandes empresas no son el resultado de decir: vamos a juntar miles de millones de euros y vamos a crear un Google, un Microsoft, un Intel, Wal Mart o un Nokia. Muy al contrario, todas las empresas han comenzado como microproyectos que han logrado año tras año unos beneficios crecientes al satisfacer, en su pequeño sector, mejor que nadie a los consumidores. (Atención aquí: ¿qué poder de manipulación a los consumidores tenía Intel o Wal Mart cuando nacieron? ¿cuándo sólo disponían de un fábrica o de un supermercado?). La clave estuvo en lograr mantener unas altas tasas de crecimiento (por ejemplo del 30% anual) durante muchos años y en reinvertirlas continuamente.

Imaginemos que una empresa gana su primer año 60000 euros y que a lo largo de 25 años logra ganar un 30% más. ¿Resultado? Sus beneficios al cabo de 25 años serán de 42.000.000 euros. ¿Y al cabo de 25 años más? 29.875.753.379, es decir, ganaría casi cinco veces más que el Santander. Todo ello suponiendo, claro está, que la empresa no se apalanca para obtener aun más capital, lo que resultaría más que previsible.

¿Cuál es el problema de todo esto? Pues aunque parezca mentira, las pequeñas empresas si pueden lograr crecer a tasas del 30% cuando satisfacen bien a los consumidores, pero en el caso de las grandes -las poderosas, las que manejan la sociedad y manipulan a los consumidores- eso es casi imposible.

Las empresas que según Escolar nos manejan son las que han estado satisfaciéndonos mejor durante años, no las que acaban de llegar a apropiarse de nuestras vidas. De hecho, el mundo empresarial es bastante variable. De las 18 empresas que originariamente estaban en el Dow Jones, sólo queda General Eletric. Los grandes reyes de ayer, ya no son más que la sombra de lo que fueron. Hoy Google parece ser el Imperio, cuando ha nacido hace apenas 10 años.

Pero además hay otro error bastante profundo en la apreciación de Escolar. Las 18 familias que controlan la economía no son los Botín, los Entrecanales, o las Koplowitz, sino las familias de los Ministros. Cada ramo de la Administración controla recursos ingentes que no ha hecho NADA para ganar, salvo ponernos la pistola en la sien.

4 de Octubre de 2007

Naderías
Alberto Garzón ha escrito un artículo culpando a la "especulación financiera internacional" de todos los males que sufre la economía. En su opinión, las entidades bancarias no contribuyen "a la financiación de las actividades económicas que crean riqueza y bienestar social", sino sólo a "especular" y a enriquecer a los más ricos. Se hace urgente "democratizar las decisiones económicas" mediante la adopción de varias medidas represivas: más impuestos y más controles a los movimientos de capital.

Básicamente el artículo denota una completa ignorancia de economía. No porque algunas de sus frases no sean acertadas, sino porque no explica ni comprende nada. Se limita a culpar a la "especulación" y al "casino" mundial de todos los males, sin entender cómo y por qué esos males se producen. Su mensaje es totalmente intercambiable con el de cualquier fascista.

¡Pero qué digo! Es el mensaje propio de un fascista. La división entre capitales produtivos y financieros se la debemos a Proudhon, quien culpó en buena medida a los judíos del deterioro de la economía por seguir cobrando intereses. Más tarde, Silvio Gesell reincidió en el tema: el problema de la economía era el dinero, porque impedía la circulación de mercancías y elevaba al consumidor al puesto de soberano. Gesell influyó decisivamente en el poeta fascista Ezra Pound (también partidario de abolir el interés) e incluso al líder nazi Gottfried Feder, quien incluso se reunió con Gesell para trazar un plan por el que abolir las "cadenas del interés" (Brechung der Zinsknechtschaft). Por no hablar, claro, de la influencia de Gesell sobre Keynes y sus coqueteos con el nazismo.

Es lo que pasa al separar el capital financiero del capital real, como si el primero parasitara al segundo. Cuando el Estado trata de absorberlo, manejarlo y distribuirlo, toda la economía queda nacionalizada a través de empresarios ficticios que no pueden actuar. Reciben pasivamente los recursos que les entrega el Estado al quedar organizados en "sectores económicos" cartelizados.

En cualquier caso, el artículo de Alberto Garzón es un despropósito fascistoide absoluto que sólo propone incidir en los errores que nos han conducido a la situación actual. Lo que ha fallado en esta crisis no es la falta de control político, sino el exceso del mismo.

Veamos. Los banqueros surgen históricamente por dos motivos: el primero es el de financiar grandes créditos al gobierno. Eran empresas con un enorme capital que prestaban. El segundo es para trasladar el dinero interespacialmente. Dado que los mercaderes no querían desplazarse entre las plazas llevando el dinero encima (con el peligro y la incomodidad que suponía), descontaban letras en entidades financieras que tuvieran sucursales en distintos países.

Estas son las dos funciones esenciales de todo banco: prestar el dinero que previamente le han prestado y facilitar la circulación de mercancías mediante la compensación de los créditos comerciales.

El problema de un banco es cuando mezcla ambas funciones; cuando coge los depósitos comerciales (deudas a corto plazo) y los utiliza para invertir en activos que vencen a largo plazo. En el momento en que los depositantes acudan masivamente a retirar sus fondos, se verá forzado a pedir prestado a otros bancos, pero si los otros bancos están en una situación similar, tendrá que liquidar sus activos al descuento y echar mano de los fondos propios. Como normalmente esos fondos serán insuficientes, el banco tendrá que entrar en proceso de quiebra y los depositantes perderán buena parte de sus ahorros.

En un entorno de banca libre y de dinero de verdad (como el oro), los bancos que utilicen las reservas de sus depositantes para invertir en activos a largo plazo, se verán en dificultades para atender las demandas de oro de los demás bancos en las cámaras de compensación, con lo que tendrán que liquidar esos activos mucho antes que en el sistema actual.

Pero hete aquí que a muchos no les gusta esta banca libre y prefieren que existe un prestamista de última instancia, esto es, un Banco Central. Cuando los bancos que disminuyen imprudentemente sus reservas se ven en dificultades, el Banco Central, que habrá acumulado previamente una cantidad ingente de oro, les prestará sin límite alguno. ¿Consecuencia? Las malas inversiones se generalizan, de modo que las crisis bancarias son mucho más tardías pero duras.

Claro que a muchos, como a Garzón, el oro les parecía una bárbara reliquia. Así que decidieron que los individuos debían manejar papelitos fiduciarios emitidos con carácter monopolístico por esa agencia del gobierno llamada Banco Central. ¿Resultado? Con el patrón oro, el Banco Central no podía rescatar a los bancos irresponsables de manera ilimitada; aunque tenía muchas reservas de oro, éstas eran finitas. Si se subrogaba en el mal crédito de todos los bancos, dejaría de estar operativo en el futuro. El prestamista de última instancia también debía tener una cierta racionalidad.

Con el dinero fiduciario no. Los límites para ayudar a los bancos comerciales en sus malas prácticas son el repudio absoluto de la moneda. Mientras tanto, pueda expandir esa "oferta monetaria" sin límite alguno: comprarles a los bancos todos los créditos fallidos y morosos e inyectar tanta liquidez como sea necesaria. ¿Resultado? Los bancos siguen con sus malas prácticas GRACIAS a dos intervenciones estatales: la creación del banco central y la implantación de un dinero fiduciario de curso forzoso.

La especulación es sólo el resultado de unos mercados financieros inestables por un dinero que no es tal. Los tipos de interés varían por intervenciones discrecionales del banco central; esos tipos de interés inciden en el precio de los bonos (subidas de tipos, caídas de precios; bajadas de tipos, subidas de precios) con lo que los especuladores que se anticipen a la decisión del banco central pueden lucrarse comprando y vendiendo bonos.

No sólo eso, dado que el dinero fiduciario ha dejado de ser un depósito de valor, la gente tiene que buscar otros asideros para conservar su riqueza sin que se deprecie año a año. Uno de esos asideros ha sido el mercado de commodities. Con la quiebra de Bretton-Woods el petróleo se disparó, no porque fuera escaso para el uso productivo, sino porque lo era para el uso monetario. Hoy sigue sucediendo lo mismo.

¿Resultado? Los especuladores se posicionan con dos pies: uno en el mercado de bonos y otro en el de mercancías. Venden bonos cuando creen que los tipos subirán y compran commodities; y viceversa. El problema es que el proceso no es sostenible: los individuos van acumulando stocks de commodities que son cada vez más caras, pero los tipos de interés están cada vez más altos (ya que en caso contrario, el dinero se encontraría invertido en bonos y no en commodities). Unos tipos altos implican un coste de financiación muy elevado para los stocks, con lo que cuando se ha malinvertido en acumular grandes stocks de mercancías, estas empiezan a liquidarse.

Los precios se desmploman y con ellos la riqueza de miles de individuos, entre ellos empresas que habían invertido su circulante en mercancías. La caída de valor de los activos de las empresas repercute a su vez en los activos de los bancos, que se encontraban convertidos bien en renta fija o variable empresarial. Además todos los individuos que no tenían todos sus saldos en commodities, acuden a los bancos para obtener liquidez masivamente, retirando depósitos. El proceso se realimenta: el sistema debe liquidarse y un patrón monetario alternativo debe alcanzarse.

¿Quién tiene la culpa de todo esto? ¿La falta de regulación o el exceso de ella? Con el patrón oro no existía la especulación monetaria, los tipos de cambios eran fijos y no había grandes variaciones de precios en las mercancías.

Por supuesto, si eliminamos los bancos, se acabó el problema. En la URSS no había ciclo económico, porque no había nada que pudiera deprimirse. El control del sistema bancario y de los capitales que propone Alberto Garzón no es ninguna solución, sino su mayor lastra. Cuando llegue la hora de liquidar y de reasignar el capital entre sectores productivos, éste se hallaría retenido por controles estatales. La crisis se haría permanente hasta que los controles se levantaran. Es el drama del socialismo: intervención-->fallos-->más intervención-->quiebra total.

Que se dejen de tonterías. La crisis es inevitable por culpa del estatismo y del intervencionismo monetario. Hoy más que nunca el capitalismo es el referente y la alternativa. Que cierren el Banco Central, hagan a los accionistas de los bancos responsables de sus delitos y nos dejen elegir moneda. Esa es la solución a la crisis, presente y futura.

2 de Octubre de 2007

Blackwater sí pero, ¿y el Estado?
Aquiles me lanza un guante que recojo. En su opinión, el caso Blackwater ilustra por qué no funcionaría un sistema ancap. ¿Quién juzgaría a los criminales si no hay Estados? En su opinión nadie, de ahí que se declare "un fiel defensor del monopolio de la violencia por parte de un Estado ridículamente pequeño, controlado y vigilado, pero Estado al fin y al cabo".

La reflexión de Aquiles es bastante común, pero no por ello correcta. Pretender construir un sistema cerrado y sin conflictos resulta irreal. La violencia juega y jugará un papel en las relaciones interpersonales. Habrá gente que se beneficie de no respetar la propiedad ajena (ya sea por lucro monetario o por simple sadismo) que se negará a resolver sus problemas de manera pacífica y paccionada.

La cuestión no es si un sistema anarquista elimina todos esos casos, sino más bien si es mejor o peor que un sistema estatista para frenarlos, contenerlos y reprimirlos.

El ejemplo de Blackwater no es bueno, por un motivo fundamental. Es cierto que la compañía está siendo investigada por la Administración yankee, pero lo está siendo por incardinarse en una guerra donde ha habido miles de muertos inocentes y que ha iniciado esa misma Administración. ¿Y alguien ha juzgado a esa Administración más allá de los límites legales que ELLA misma se ha marcado?

La respuesta es no y sólo puede ser no. Desde el momento en que la violencia y la ley coinciden en un mismo monopolio, no habrá manera en que otros enjuicien el ejercicio de la violencia por parte del monopolio más allá de las normas que ese mismo monopolio se ha dado a sí mismo.

En otras palabras, Aquiles asume que hay que juzgar a Blackwater (no estoy hablando de condenar), ¿pero por qué no habría que juzgar a Bush y a los congresistas y senadores que jalearon la guerra? De nuevo, no estoy hablando de condenarles, pero lo cierto es que no hay siquiera la opción de juzgarlos siempre que, insisto, se sometan a unas normas bastante amplias que ellos mismos se han dado.

Las declaraciones que trae a colación Aquiles del jefe de prensa del Departamento de Defensa son toda una ilustración de lo que digo:
"El concepto de que no hay autoridades que controlan lo que hacen las empresas privadas de seguridad es completamente erróneo. Si violan la ley, se les puede juzgar"
¿Y quien controla el contenido de la ley? ¿Quien garantiza que la ley no legitime el asesinato y la violación de la propiedad?

Algunos progres apelarán a la ONU o al Tribunal Penal Internacional como válvula de escape para "el imperio mundial". Pero en tanto estos instrumentos se instituyan como monopolios superiormente jerárquicos, el problema será el mismo: si los jueces bendicen la guerra, ¿alguien podrá juzgar a esos jueces que están dando carta blanca a la violencia y los asesinatos?

Los minarquistas apelarán a la Constitución y a la democracia. Pero esto no deja de ser una petición de principios. Sólo hace falta acudir a América Latina para observar cuán útiles han sido las constituciones y la democracia para salvaguardar la propiedad privada.

Claro que la respuesta puede ser otra. Por ejemplo la de Aquiles: un Estado ridículamente pequeño, controlado y vigilado. Pero, de nuevo, estamos ante una petición de principios. ¿Qué garantiza que el Estado sea pequeño, controlado y vigilado? ¿Simplemente el deseo de los minarquistas? ¿Su esperanza de convencer a la mayoría de la población? ¿O un poder militar-liberal lo suficientemente grande como para aplastar cualquier insurrección socialista?

Los deseos y la esperanza de que el minarquismo logrará su objetivo porque sí son tan relevantes desde un punto de vista práctico como los anarcos que afirman que ancapistán será un Edén pacífico, exento de cualquier tipo de violencia.

La presencia de un ejército liberal sujeta la estabilidad del sistema a la voluntad de un grupo armado que puede cambiar de criterio en cualquier momento, entre otras cosas para lograr algún tipo de lucro de la violencia. Por tanto, si las dificultades o la supuesta imposibilidad de juzgar a Blackwater demuestran la inoperatividad del anarcocapitalismo, con mayor motivo lo hacen del minarquismo.

Y digo con "mayor motivo" consciente de lo que escribo. Mientras que la configuración del minarquismo hace que sea estructuralmente imposible juzgar a todos los individuos (¡y casualmente quien está exento de ser juzgado es el más poderoso de todos: el monopolio de la vioelencia!) en el anarcocapitalismo podría haber individuos exentos, pero no existe una necesidad fundacional de que así sea.

Blackwater podría -o no- haber sido juzgada mediante varias fórmulas:

- Sumisión previa a un tribunal en el contrato que decidiera respetar: Ya sea por motivos económicos, éticos o de disuasión.
- Disuasión: El cliente podría tener también un cierto potencial militar para ejecutar el contrato (no estamos en un contexto de monopolio de la violencia) o bien la empresa que defiende a los agredidos podría amenazar a Blackwater con una guerra total a menos que acuda a los juzgados.
- Acción interna por parte de los accionistas: Parte de los propietarios podría sentirse indignado de las decisiones de sus trabajadores o de sus directivos.
- Presión por parte de sus clientes, actuales o potenciales.
- Presión por parte del sistema bancario: Por diversos motivos (presión de clientes y accionistas o simple código de buena conducta para promocionar sus servicios) los bancos podrían congelar las cuentas de aquellas empresas militares que defraudaran los contratos con otros clientes y no quisieran someterse a un juicio cuando así lo pactaron.
- Acción popular: Cualquiera podría denunciar a Blackwater que en caso de no asistir, podría ser juzgada en rebeldía. En caso de que el tribunal la encontrara culpable, los demandantes podrían acudir a otra empresa militar con la sentencia y contratarla para que la aplique. En este caso, Blackwater podría decidir someterse a una segunda instancia o bien enfrentarse a esa empresa militar.

Las posibilidades son múltiples. Ninguna asegura que Blackwater fuera finalmente juzgada, pero al menos sí lo permite (a diferencia del monopolio minarquista). Si apelamos a la separación de funciones dentro de un mismo poder para evitar la dictadura, más sentido tiene defender la separación real de esos poderes y la competencia de unidades jurisdiccionales.

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