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Todo un hombre de Estado: Julio 2006

31 de Julio de 2006

Humor a costa de los políticos

Un amigo opina que la única razón por la que deberían existir los políticos es para poder reírnos de ellos. Pues bien, en EEUU lo hacen y a conciencia.

Aprovechando el infinito ancho de banda de youtube, enlazo con varias entrevistas que el humorista yankee Stephen Colbert ha realizado a diversos congresistas en una sección de su programa titulada "Better Know a District". Prácticamente todos los videos son para enmarcar. Risas aseguradas.

Eleanor Holmes Norton de Washington D.C
Diana DeGette del primer distrito de Colorado
Linda Sánchez del trigésimo noveno distrito de California
Lynn Westmoreland del octavo distrito de Georgia
Phil Gingrey del undécimo distrito de Georgia
Steve Rothman del noveno distinto de New Jersey
Earl Blumenauer del tercer distrito de Oregón
Robert Wexler del décimo noveno distrito de Florida
Bill Pascrell Jr. del octavo distrito de New Jersey
Eliot Engel del décimo séptimo distrito de Nueva York
Rick Larsen del segundo distrito de Washington
Stephanie Tubbs Jones del undécimo distrito de Ohio
Jack Kingston del primer distrito de Georgia

Disfrutadlos.

27 de Julio de 2006

Publicidad con dinero robado

A través de Huber y rojobilbao llego a un espléndido artículo contra la publicidad firmado por un tal González Faus.

Hay gente que en lugar de emplear su tiempo en aprender economía prefiere malgastarlo en hacer el paria desbarrando sobre economía. Y resulta comprensible, claro; la vocación de economista es bastante minoritaria, pero la de payaso, en cambio, siempre ha resultado del agrado de muchos.

Dice González Faus que Todos los famosos deberían renunciar expresamente a hacer publicidad, ya que ese dineral no llueve del cielo: es fruto de una racionalidad perversa que es nuestra racionalidad económica. Así, en el caso concreto de Rafa Nadal sostiene que El dinero que cobras por tus anuncios se le ha quitado antes a gente que podía necesitarlo mucho. Las empresas, con su lenguaje políticamente correcto (e inmoralmente incorrecto) hablan sólo de reducir gastos de producción e incrementar gastos de colocación del producto. Pero eso quiere decir rebajar sueldos para invertir más en propaganda. Esos salarios recortados son de padres y madres que lucharán más que tú en la cancha, para no poder ni regalar una raqueta a sus hijos. En definitiva, González Faus defiende que las cosas se vendan por su valía intrínseca y no porque las recomiende alguien que está de moda.

Mira González, la publicidad es una inversión productiva de las empresas. Como toda inversión productiva podrá ser acertada o desacertada, podrá mejorar la marcha de la empresa o suponer una pérdida irrecuperable de dinero; pero lo que no tiene ningún sentido es que sostengas que ese dinero se lo han robado a los trabajadores.

Y ello por dos motivos que espero que puedas entender. El primero es que los trabajadores ni pinchan ni cortan en el negocio, se limitan a reproducir las órdenes del empresario; es más, el dinero que perciben es un adelanto del capital del empresario. Si yo encuentro 20 kilos de oro y te digo: "oye, ayúdame a llevarlos hasta el banco que para mi sólo es demasiado peso", ¿me dirás que te estoy robando A TI los 20 kilos de oro? Es más, si me saco un billete de 500 euros de mi bolsillo y te digo: "esto como recompensa por tu colaboración", ¿me dirás que esos 500 euros te pertenecían por el simple hecho de trasladar el oro hasta el banco?

El segundo motivo es que la publicidad no perjudica, sino que beneficia a los trabajadores. La publicidad permite incrementar las ventas de la empresa y, así, los beneficios. De este modo, los trabajadores pueden cobrar un mayor salario gracias a los mayores beneficios. ¿Pero tú te crees que si mañana Nike suspende todas sus campañas publicitarias sus trabajadores van a percibir sueldos más altos? Pues no, más de la mitad de la plantilla se irá a la calle y la otra mitad verá reducidos sustancialmente sus salarios.

La publicidad es una especie de catalizador de la inversión; permite que esta madure antes y que, por tanto, el empresario no tenga tanto tiempo el capital inmovilizado. Los trabajadores perciben sus salarios del capital circulante, no del inmovilizado; de ahí que una mayor publicidad exitosa permita amortizar antes la inversión y destinar, si es menester, más dinero al pago de salarios.

Del mismo modo que no tiene sentido afirmar que la inversión en capital perjudica a los trabajadores, tampoco lo tiene considerar la publicidad un gasto suntuario. Si a principios del s.XIX los empresarios y capitalistas -seguiendo los consejos analfabetos de falsos filántropos como tú- hubieran dicho: "dejaremos de invertir y de amortizar el capital, de modo que con las resultas podamos incrementar los salarios de nuestros queridos trabajadores" , hoy viviríamos en la más absoluta miseria. Es más, ni tú ni yo probablemente viviéramos. Y los obreros, por supuesto, seguirían trabajando de sol a sol para meterse alguna migaja de pan en la boca.

Dices que eres cristiano pero parece que no entiendes nada con respecto a la publicidad. Dos preguntitas, anda. ¿Por qué Jesucristo recurría a las parábolas y no a la teología académica? ¿Por qué Jesucristo exhorta a los apósteles (Marcos 16, 15-16) diciéndoles: "Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura"? Anda, piensa un poco y quizá entiendas qué hacen las empresas con la publicidad.

En lugar de aconsejarle a Nadal que renuncie a lo que ha cobrado por sus anuncios, mejorando las expectativas de los trabajadores, no pierdas el tiempo escribiendo estas tonterías, ponte a trabajar y dona tu salario a los más necesitados; o en su defecto entretente con un lápiz.

25 de Julio de 2006

Liberal a fuer de socialista

He estado unos cuantos días ausente. El motivo, como habréis podido leer en la bitácora de UDE, ha sido mi asistencia a los cursos de verano de El Escorial. La primera conferencia la ofreció Miguel Sebastián quien, con más empeño que resultado, intentó convencer al auditorio de que el PSOE aúna los intereses de los liberales españoles. Este martes le critico en mi artículo para Libertad Digital:

El matriomonio gay, el divorcio exprés, la reducción en el impuesto de sociedades o el respeto a los medios de comunicación privados (sic) desfilaron como principales ejemplos de su simposio procapitalista. En la apoteosis de su alocución llegó a afirmar que Montilla había sido el ministro de Industria más liberal de la democracia. A estas alturas nadie dudará de que la militancia izquierdista de Sebastián está suficientemente acreditada: en mentira, demagogia y propaganda no les gana nadie.

Existe una radical incompatibilidad entre el socialismo y el liberalismo. Quien quiera adscribirse al liberalismo deberá, en primer lugar, renunciar a dirigir coactivamente las vidas ajenas; algo que ningún político español, incluido ZP y su cohorte de rojos liberaloides, ha realizado hasta la fecha.

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16 de Julio de 2006

Gasto sanitario y esperanza de vida

Este viernes he escrito en el IJM sobre la falacia izquierdista que pretende establecer relaciones funcionales entre el gasto sanitario y la esperanza de vida para, de ese modo, desacreditar el sistema sanitario estadounidense como notoriamente ineficiente.

Sabemos que la teoría económica nos informa de que el sector privado es más eficiente que el público, esencialmente por una cuestión de cálculo económico, incentivos y recopilación de información. Sin embargo, muchos intentan demostrar que la teoría económica falla y para ello recopilan y componen incesantemente datos para tratar de buscar causalidades detrás de lo que son meras simultaneidades.

La mayor parte del gasto sanitario diferencial entre EEUU y Europa proviene de lo que Kling ha denominado premium medicine, esto es, la expansión del uso de especialistas y de capital físico de alta tecnología (como la tomografía computerizada o la visualización por resonancia magnética).

La sanidad europea considera que no "sale rentable" incrementar el gasto de todos los europeos para salvar la vida de un porcentaje residual de personas. La racionalidad de los socialistas es simple: unas pocas vidas no valen miles de millones de euros.

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12 de Julio de 2006

Respuesta a Ardegas sobre salarios y capital

Ardegas ha respondido a mi réplica, así que procedo a hacer lo mismo. Por partes.

Yo tampoco hablé de ética

Dice Ardegas que cuando describí su post como un intento de “demostrar las maldades del sistema capitalista asociadas al mercado de trabajo” estaba colocando el acento en las cuestiones éticas, algo que él no hizo.

En realidad, yo en ningún momento utilicé el término maldad como contrario a los principios éticos. Mi análisis es compleamente utilitarista. Ardegas patina aquí de mala manera, de hecho él mismo reconoce que más bien señalo que la acumulación de capital puede tener efectos negativos que están en contra de los intereses de los trabajadores asalariados.

Tus efectos negativos son mis maldades.

La remuneración del trabajador

Ardegas sostenía que en un supuesto donde sean los trabajadores los que compitan por unos puestos de trabajo “dados”, percibirán tan sólo el costo de oportunidad de emplearse. En realidad, en mi post ya le demostré que en cualquier caso (salvo cuando existan preferencias concretas por un trabajo determinado) el salario no coincidirá con el coste de oportunidad del trabajador. Ardegas matiza en este momento su idea: Tu confusión se debe a que creíste que por costo de oportunidad de emplearse yo me refería al costo de oportunidad de ingresar en el mercado laboral. Lo que yo tenía en mente era un modelo de equilibrio parcial en el que hay muchos puestos de trabajo en los que la competencia por los trabajadores no era la suficiente para permitirles a estos cobrar el valor de su producto marginal.

Matizas tu definición de costo de oportunidad de emplearse; me niegas que con ello quisieras decir el coste de oportunidad de ingresar en el mercado laboral. Y afirmas que, en realidad, estabas pensando en un modelo de equilibrio parcial con más trabajadores que puestos de trabajo. Todo esto me parece muy correcto, pero sigues sin indicar cuál es, en esta situación, el “coste de oportunidad de emplearse”. Yo te hablo de costes y tu me respondes aludiendo a los marcos teóricos en los que esos costes tienen lugar, pero no corriges cuál sería este coste.

En cualquier caso, es curioso como algunos términos keynesianos tan contradictorios como “equilibrio con desempleo” han llegado a popularizarse. Si hay trabajadores desempleados bastará con reducir su salario para que obtengan un trabajo; pero si tenemos que reducir los salarios, significará que están demasiado altos y, por tanto, por encima de su nivel de equilibrio.

Puedes decirme que si tenemos tres trabajadores y sólo dos puestos de trabajo, entonces no es posible que todos estén empleados. En realidad, aquí olvidas que cabe el autoempleo, es decir, la persecución de los propios fines sin recurrir a la división del trabajo. Las personas están continuamente empleadas cuando persiguen sus fines, es decir, tratan de proveerse con los medios necesarios para realizar sus objetivos.

Pero además, la existencia de ocupaciones laborales depende en buena medida de la exigencia del trabajador por un salario. Si el trabajador rebaja su salario lo suficiente, trabajos que antes no eran rentables, ahora pasan a serlo. Por supuesto, la rebaja de estas exigencias laboral dependerá en buena medida del punto anterior, esto es, del autoempleo por parte del trabajador. Cuando éste sea capaz de alcanzar por su propia habilidad mayores fines que los que puede conseguir a través de su salario, entonces renunciará al puesto de trabajo. Por el contrario, cuando el salario le permita dirigirse hacia fines más elevados a los que habría alcanzado por su propia acción, entonces será contratado.

En otras palabras, el trabajador rebajará sus exigencias laborales hasta el coste de oportunidad de emplearse (que vendrá condicionado por cuestiones como: la riqueza que puede obtener como autónomo, el tiempo libre, el no sometimiento a órdenes de un superior...) y, si existen puestos de trabajo con una productividad marginal superior a este coste, se le ofrecerán. En caso contrario, decidirá autoemplearse ya que así obtendrá una mayor remuneración. Sería ridículo decir que Warren Buffet está en el paro por el hecho de tener un coste de oportunidad tan elevado que no existan empleos suficientemente remunerativos.

En caso de contar con puestos de trabajo suficientemente remunerativos para todos los trabajadores, como ya demostré, ninguno de ellos percibirá el coste de oportunidad, sino un salario ubicado entre la mayor disposición al pago de entre todos los empresarios y el coste de oportunidad del siguiente trabajador. 

¿Quién mentó el equilibrio?

Mi frase de que “conforme el trabajo vaya especializándose y el trabajador se vuelva menos sustituible, su salario se irá aproximando a la producitividad marginal descontada”, ha suscitado la perplejidad de Ardegas: Lo que postulas es una tendencia al equilibrio. Yo creía que la teoría austríaca había descartado la búsqueda de estados de equilibrio y en su lugar pensaba en el mercado como un sistema dinámico. Y un sistema dinámico no tiene por qué alcanzar nunca un equilibrio.

Primero, con comentarios como este Ardegas demuestra que su único contacto con la Escuela Austriaca ha sido a través de Huerta de Soto. No digo que esto sea negativo, ni que no rechace como hace Huerta la noción de equilibrio. No obstante, difícilmente puede afirmarse que la teoría austriaca en su conjunto sea ajena al equilibrio. Mises y Rothbard lo utilizan en su economía del giro uniforme, Kirzner lo emplea para explicar la función del empresario como una tendencia hacia la corrección de los errores pasados, Hayek alude a él como una conciliación entre los planes y las expectativas de los agentes y Hülsmann lo reconstruye de una forma bastante interesante para introducir el análisis del error. Y así muchos más austriacos como Rizzo, O’Driscoll o Garrison.

En otras palabras, el único que rechaza, con razón, el enfoque equilibrador y que apuesta por una concepción dinámica es Huerta de Soto. Felicidades Ardegas por haber elegido un representante sólido de la Escuela Austriaca, pero evita pontificar y generalizar en lo sucesivo sobre lo que no has leído.

Segundo, dices que un sistema dinámico no tiene por qué alcanzar el equilibrio, algo que yo no he afirmado. Me limité a afirmar que: su salario se irá aproximando a la producitividad marginal descontada. Lo cual no significa que alcance ese equilibrio, entre otras cuestiones porque la productividad marginal descontada, merced a la función empresarial en torno a la estructura de capital, necesariamente variará a lo largo del tiempo.

Ardegas ofrece un ejemplo para intentar explicar su crítica: Justo cuando yo creía que que los psicólogos eran muy cotizados en el mercado, la innovación y los cambios de gustos hacen que la demanda se incline a favor de los administradores de empresas, frustando mi esfuerzo de preparación académica. Puede suceder que los altos salarios en una profesión produzcan una sobre-oferta de profesionales en un determinado campo, viéndose estos obligados a cobrar menos que el valor de su producto marginal. Y es que en el mundo real no existe información perfecta. Yo creía que el austrianismo había descartado ese supuesto. ¿O será, Rallo, que eres neoclásico cuando de conviene?

El problema es que Ardegas intenta demostrar que el equilibrio no existe y para ello utiliza un ejemplo que sigue asumiendo el equilibrio. Lo que tú describes no es un mercado de trabajo donde el equilibrio desaparezca, sino simplemente donde el equilibrio pasa de un punto a otro. El cambio en las demandas provoca un reajuste a la baja y al alza de los precios de mercado para el factor trabajo, lo que hace que unos tengas que cobrar más, otros menos y que otros deben reconvertirse.

Pero insisto, esto no es un ejemplo de inexistencia de equilibrio. Éste es un mal concepto por el simple hecho de que la acción tiene lugar en el tiempo y que las condiciones que podrían generar un equilibrio son obra de esta acción. Por tanto, no podemos encuadrar la acción humana en un margen que ella misma crea. Volviendo al mercado laboral; la remuneración máxima de un trabajador depende de su productividad marginal descontada. Esta productividad marginal descontada, sin embargo, depende de las decisiones empresarial sobre la organización productiva, en concreto, sobre la estructura de capital. Esa estructura de capital variará atendiendo a la visión empresarial de futuro, de modo que si restringe los pagos e incrementa esa estructura, será capaz de pagar unos mayores salarios en el futuro. No se puede asumir un estado final al que tienda la economía, porque ese estado final se modifica con las decisiones que permitirían alcanzarlo; puedes hablar de equilibrios si te sientes mejor, pero este será un equilibrio en continuo movimiento que no determina la acción humana sino que es determinado por ésta.

En definitiva, asienta mejor los conceptos de equilibrio y de Escuela Austriaca.

El modelo monopsónico

Ardegas tampoco está muy ducho con las teorías que él mismo defiende. En mi previa crítica le indiqué que la competencia entre trabajadores por unos empleos dados no implica una situación monopsónica como él indicaba, sino que esto se daba cuando los empresarios acuerdan reducir su demanda de mano de obra para lograr una reducción del salario que compense la reducción de los ingresos futuros derivados de la producción no creada. 

Ahora Ardegas me contesta que sí tiene que ver: Lo que se comparan son básicamente dos estructuras del mercado de trabajo: una en la que la curva de oferta de trabajo a la cual se enfrentan los empleadores es horizontal y otra en la que esta oferta de trabajo tiene una pendiente positiva. Es en esta última situación donde se da la explotación monopsonística. Este modelo no supone nada de lo que dices.  

Vamos a ver, todo monopsonio asume la existencia de un solo empleador o de una coalición de empleadores. Un monopsonio es la otra cara del monopolio; si éste implica un único oferente, aquél implica un único demandante. Simplemente no puedes hablar de monopsonio sin incluir una coalición de empleadores. 

Pero de hecho el monopsonio requiere, además, suponer la existencia de una oferta de trabajo con pendiente positiva y no horizontal. ¿La razón? Pues para entenderlo deberías comprender cómo funciona el modelo del monopsonio.

Si sólo tienes un único empresario con una oferta de trabajo con pendiente positiva, entonces un incremento del número de trabajadores contratados implicará necesariamente un mayor salario para todos los trabajadores. Como cada trabajador sólo contribuye de acuerdo con su productividad marginal y, en cambio, para beneficiarse de los incrementos de esa productividad marginal hay que incrementar el salario de todos los anteriores trabajadores, el coste marginal de un nuevo trabajador es una función creciente del nivel de ocupación. A más trabajadores contratados, mayor coste marginal de un nuevo trabajador. 

En este caso, el punto de corte entre el ingreso marginal y el coste marginal (que en condiciones de competencia perfecta determina la asignación eficiente) es ineficiente, ya que el empresario puede reducir el número de trabajadores contratados y obtener ingresos extraordinarios. ¿Cuándo sucederá esto? Cuando la reducción en el salario de todos y cada uno de los trabajadores contratados sea superior al ingreso marginal del trabajador despedido. 

Pues bien, si asumes que la curva de oferta de trabajo es horizontal, esto es, que puedes contratar a un nuevo trabajador siempre a un mismo precio, entonces no hay oportunidades de beneficio derivadas de la restricción del volumen de empleo, pues todos cobrarán, en cualquier caso, lo mismo. Aquí el corte del ingreso y del coste marginal si determina la asignación eficiente, dado que la curva de coste marginal coincide con la oferta de trabajo. 

Por tanto, sí, tienes que asumir la agrupación de empresarios para explicar la restricción que, ante una curva de trabajo con pendiente positiva, te permite obtener ingresos extraordinarios reduciendo los salarios.

El fondo de subsistencia 

Como decíamos, Ardegas no acaba de manejarse de manera correcta con los conceptos, de ahí que se extrañe (También planteas el resultado paradójico de que unos menores salarios implican unos mayores salarios) ante mi explicación de que una reducción de los salarios da paso a un incremento del fondo de subsistencia que permita aumentar la inversión y por tanto la productividad marginal futura de los trabajadores. Para entender esto debería adoptarse una visión dinámica de la economía que vaya más allá de la estática comparativa y del tiempo newtoniano, conceptos que Ardegas decía controlar (hasta el punto de criticarme por no utilizarlos en mis análisis) pero que ahora le parecen extravagantes. 

Para que la teoría de Ardegas tenga una mínima consistencia, necesita asumir que este incremento de la productividad se traducirá en una reducción de las necesidades de mano de obra en toda la economía y ello sólo es posible asumiendo que todas las necesidades del ser humano YA están satisfechas. En caso contrario, el incremento de la productividad podría dar lugar a una reducción de empleo que se dirigiría, gracias a la nueva riqueza creada por la mayor productividad, a satisfacer otras necesidades.

Ardegas sin embargo niega que parta de esa y me acusa a mí de fundamentar mi acusación en una serie de supuestos que paso a criticar:

1.      La demanda efectiva en el capitalismo refleja las necesidades de todos los seres humanos. No tomas en cuenta las necesidades de los económicamente marginados.

La demanda del capitalismo es un concepto vacuo. Existen demandas particulares de cada individuo que difícilmente pueden agregarse. El empresario satisface las necesidades de aquellas personas que relativamente más pueden ofrecerle a cambio. La demanda efectiva no es más que eso, una demanda respaldada por el ofrecimiento de un intercambio.

Aquel que ha producido mucho –y lo haya producido par satisfacer las necesidades ajenas- será capaz de ofrecer mucho y, por tanto, de adquirir mucho.  

Los necesitados y marginados también son capaces de producir y, por tanto, sus necesidades se tendrán en cuenta. Si no se tuvieran, bastaría con que alguno de ellos las percibiera y se dedicara a satisfacerlas a través de su trabajo para que incurriera en una serie de intercambios mutuamente beneficiosos que lo enriquecieran.

2.      No existe un período de incertidumbre y precariedad provocado por el desempleo en los trabajadores. Todos los que perdieron su empleo encontrarán otro, si es que lo buscan.

Sí existe incertidumbre y precariedad, pero ello no modifica ni una coma de mis argumentos. De hecho, esa incertidumbre probablemente se tratará de combatir a través de la consolidación de una riqueza que le permita generar renta en tiempos de desempleo. Y en todo caso, aun cuando se recurra al atesoramiento previo para luchar contra el eventual período desempleo futuro, la restricción del consumo reducirá los precios de los bienes de consumo lo que, en la práctica, incrementará los salarios reales del resto de trabajadores, lo que perfectamente puede traducirse en un mayor ahorro por su parte o en un incremento del consumo que o se dirigirá a remunerar las industrias existentes o la de otras nuevas e incipientes industrias (lo que significará una recolocación de la mano de obra). 

3.      Esto se debe a que habrá nuevos proyectos que serán rápidamente formulados e implementados.

Tampoco es necesario asumir esto. Si se produce un incremento de la productividad sin que los nuevos proyectos aparezcan –esto es, sin que aumente la producción en otras industrias o sin que aparezcan otras nuevas- lo que ocurrirá será que o bien ese incremento de la productividad se destinará a ahorrar o a consumir.

Si se destina a ahorrar, tendrá lugar una reducción del tipo de interés que incrementará la riqueza de los propietarios de los bienes de capital, ante el menor tipo de descuento. Esto dará lugar a un incremento del fondo de subsistencia (ya que podrá utilizarse durante más tiempo) y, por tanto, permitirá o incrementar las inversiones, o pagar unos mayores salarios o contratar a más trabajadores. En el primer caso, las nuevas inversiones absorberán la mano de obra que había sido despedida; en el segundo, los trabajadores confrontarán este mismo caso (si ahorran aun se incrementará más la estructura productiva, y si consume se necesitará más mano de obra para incrementar la producción) y si contratan a los trabajadores en el paro, el problema ya está resuelto.

Si se destina a consumir, tendrá lugar un incremento del precio de los productos actuales, de modo que la rentabilidad de las industrias de consumo aumentará, favoreciendo el incremento de la producción para la que se necesitarán más trabajadores.

No son necesario, por tanto, nuevos proyectos. Todo puede suceder a través de una mayor utilización de los proyectos existentes; aunque, claro está, una reformulación exitosa de las estructuras productivas (es decir, ofrecer productos cuya utilidad marginal es inferior a la de los productos cuando no habían sufrido todavía un incremento de la productividad pero superior a la utilidad marginal de los productos después del incremento de la productividad) supondrá unas oportunidades de ganancia prestas para ser descubiertas.

4.      Por lo que el desempleo involuntario no existe en el capitalismo, a menos que se hayan agotado las necesidades humanas.

Esto es una conclusión de la falta de consistencia de las anteriores.

5.      Los grupos humanos que sufren el desempleo involuntario y una presión hacia la baja sobre sus salarios son los mismos que se verán beneficiados por un aumento del empleo y los salarios provocado por un aumento en la inversión destinada a mejorar la producción. No tomas en cuenta la globalización de la economía.

Ya hemos visto que el desempleo involuntario sólo tiene lugar cuando se imponen por decreto salarios demasiado altos. En caso contrario, podrá haber desempleo pero no involuntario; es decir, el trabajador decidirá no subordinarse a un empresario cuando el salario que le ofrezcan sea menor al que él puede obtener (nota: buscar un puesto de trabajo más remunerativo es estar empleado, en caso contrario Warren Buffet sólo estaría empleado en el momento en el que realiza las inversiones y no cuando busca las oportunidades de ganancia).

Por tanto, cuando haya desempleo friccional (es decir, cuando se haya despedido a una persona porque hay necesidades más acuciantes que satisfacer para ese trabajador), el nuevo empleo recaerá sobre él.

6.      Existe una movilidad perfecta del trabajo y el capital.

Me temo que esto no tiene nada que ver. La disponibilidad de capital determina la forma de utilización del empleo; a más capital, más trabajadores y durante más tiempo podrán contratarse sin necesidad de terminar y enajenar los frutos de su trabajo. Creo que confundes capital con bienes de capital, pero en todo caso esto es irrelevante para el caso expuesto.

La reducción de la tasa de ganancia

Ardegas sostuvo que un incremento del gasto en I+D provoque un descenso del precio de los productos que reduzca la tasa de ganancia y, por tanto, haga disminuir la inversión futura, aumentando el desempleo.

Lo normal será que la investigación en I+D se dirija a reducir costes, no a reducir ingresos; pero en todo caso, si la famosa reducción de la tasa de ganancia tuviera lugar le respondí que esto se traduciría en una menor rentabilidad relativa de las industrias de bienes de consumo (que son las afectadas por la reducción del precio de los bienes de consumo), lo que hará que sea mucho más rentable invertir en las industrias de capital con rentabilidades mayores, especialmente después de que el incremento de la productividad haya favorecido un aumento del ahorro y, por tanto, una reducción del tipo de interés.

Dice Ardegas: No has entendido nada. La disminución de la tasa de ganancia implica una disminución de la inversión, ya que hay un menor incentivo para invertir, el descenso de la inversión produce un aumento del desempleo. Si disminuye el tipo de interés como consecuencia del mayor ahorro lo que obtienes es una fuga de capitales y mayor desempleo. Estos son efectos que se van agregando al desempleo inicial.

El problema de Ardegas es que asume que la economía sólo está compuesta por una industria, que es la que ejecuta todo el proceso productivo desde el principio al final. 

Recordemos que tenemos dos hechos esenciales: a) las industrias cercanas al consumo son menos rentables, b) el tipo de interés cae.  

Si las industrias cercanas al consumo son menos rentables, reducirán la producción, el número de trabajadores que emplean y su demanda de bienes intermedios. Esta demanda de bienes intermedios sólo recuperará en tanto que éstos bajen de precio y, por tanto, le supongan unos menores costes. 

Este menor precio de los bienes intermedios de capital (producidos por los proveedores de la empresa) sólo será posible en tanto se incremente la productividad de los procesos productivos que los fabricaban. Para incrementar la productividad será necesario aumentar la inversión en I+D o alargar la estructura de capital para incluir más bienes de capital que aumenten la productividad de los trabajadores. En cualquier caso necesitaremos mano de obra adicional para producir los bienes de capital o dedicarlo a la I+D.  

Este gasto adicional será remunerativo para las industrias productoras de bienes intermedios porque se ha reducido el tipo de interés y, por tanto, se reduce el coste de su financiación y aumenta el valor presente de sus bienes intermedios (por el menor tipo de descuento). 

En otras palabras, la reducción de la tasa de ganancia de las industrias de bienes de consumo provoca que el capital se destine a incrementar la producción en las de bienes de capital que serán finalmente rentables porque, aun cuando su finalidad sea reducir el precio de sus productos, también habrá tenido lugar una reducción de sus costes por el menor tipo de interés. Todo esto reabsorberá a los trabajadores despedidos. 

Desempleo involuntario

Después de explicarle esto, Ardegas me responde que: No tomas en cuenta la resistencia de los trabajadores a ver reducidos los salarios. Lo que tiene un efecto contraproducente en la productividad. De nuevo ignoras que existe una lucha de clases.  

Esa es otra cuestión distinta. Si hablamos de desempleo involuntario, entonces no podemos referirnos a que el trabajador no quiera ver reducido su salario pasado. Si a mi me contratan de rector en Oxford y luego me despiden y exijo la misma retribución probablemente no encontraré trabajo, pero no será en contra de mi voluntad, sino precisamente por mis enormes exigencias. 

Si un trabajador no quiere(clase de análisis sintáctico, ¿cuál es el sujeto de la oración? ¿quién no quiere? ¿Y si no quiere como puede ser involuntario?) trabajar por debajo de un salario determinado, está en su perfecto derecho, pero difícilmente podemos tildarlo de salario involuntario. 

Restricciones institucionales  

El post original de Ardegas contenía alusiones a la explotación del trabajador, ante las cuales ni quise entrar por ser un tema demasiado manido y sólo accidental en este debate. Sus opiniones son infundadas al olvidar que es el trabajador el que se aprovecha del plan empresarial exitoso. No voy a decir que son los trabajadores quienes explotan al empresario (esto es, a quien les indica mejor de lo que ellos son capaces de entrever, dónde y cómo tienen que trabajar), pero obviamente son sus mayores beneficiarios. Al decidirse a trabajar y no a satisfacer directamente las necesidades de los consumidores, demuestran que no se consideran capaces de obtener de éste último modo una remuneración mayor que incardinándose en el plan empresarial. 

Claro que Ardegas no cree que esto sea posible: Confundes empresario con burgués, y no son lo mismo. De no ser por restricciones institucionales los trabajadores podrían perfectamente desempeñar la función empresarial. 

Y ahora pregunto yo, ¿qué restricciones institucionales existen hoy para que un trabajador se convierta en empresario?

8 de Julio de 2006

Entrevista con Johan Norberg

Este fin de semana aparece en Libertad Digital la entrevista que le realicé a Johan Norberg el pasado mes de abril. En ella conversamos sobre diversos temas en torno a la globalización y el capitalismo.


Podéis leerla entera aquí.

6 de Julio de 2006

Conferencias en el Instituto Juan de Mariana

El próximo viernes 21 de julio a las 19.15 daré una charla en el Instituto Juan de Mariana junto con Albert Esplugas. Luego de las conferencias habrá una cena-KDD liberal, así que agradeceríamos confirmación a los que quieran pasarse.

Albert nos hablará sobre la inmigración, comentará las dos posturas liberales existentes en torno a ella -a favor y en contra de la apertura de fronteras- y luego pasará a defender la libertad de movimientos y la supresión de las prestaciones sociales para los inmigrantes.

Yo efectuaré algunas matizaciones a la teoría austriaca de la función empresarial para luego explicar por qué el cálculo económico es imposible en términos de valor. Luego expondré cómo la función empresarial adecuadamente entendida da lugar a la estructura de precios que sí habilita el cálculo económico racional. Adelanto ya que la conferencia modifica -o retoca- algunos de los presupuestos austriacos tradicionales y que aun debería asentarla un poco más. En todo caso, esperaré las pertinentes críticas para darle la vuelta de tuerca definitiva.
El Estado como mecanismo de extorsión

Ante esto, sólo quiero recordar esto.

5 de Julio de 2006

Jo tampoc t´espere, coherència

En este artículo para Libertad Digital defiendo la financiación privada de la Iglesia en todos los aspectos, incluidos los gastos del viaje de Benedicto XVI a Valencia. Y dado que esta es una crítica muy frecuente  entre los impulsores de la plataforma Jo no t´espere, analizo la coherencia de quienes se declaran izquierdistas y abogan por el fin de la subvención.

Como liberal, sostengo que cualquier persona tiene derecho a gestionar su propiedad del modo que considere más adecuado, sin que ningún agente externo pueda sustraérsela para alcanzar fines supuestamente superiores. Como católico, rechazo la sumisión y dependencia financiera de la Iglesia a una estructura coactiva, el Estado, cuyo objetivo consiste en la absorción, nacionalización, control y destrucción de la fe católica.

La misma izquierda que defiende que los demás no deben tener derecho a gastar su dinero, quiere alzarse con el derecho a gastar el dinero de los demás. La protesta se convierte en una pataleta de niños malcriados: rompo la baraja cuando no me gusta cómo se desarrolla la partida.


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Endeudados vivimos mejor

Este martes escribo en Libertad Digital sobre el creciente endeudamiento de las Administraciones públicas.

Ni hemos vuelto al patrón oro ni la austeridad presupuestaria prevalece en EEUU y Europa. Cuando estamos en medio de una crisis, la prensa especializada, a pesar de las recomendaciones de la ciencia económica solvente, sigue recomendando, como Keynes, reducciones del tipo de interés o incrementos del gasto público. En cierto modo, cuando Nixon afirmó que “todos somos keynesianos” estaba describiendo la lamentable realidad del mundo en los últimos 70 años.

Es posible que si es madrileño no haya notado que su bolsillo sufriera una especial mengua durante el año pasado y que, por tanto, piense que no merece la pena concederle demasiada importancia al dato. Sin embargo, debería tener en cuenta dos cosas: la primera es que tarde o temprano sus impuestos se dirigirán a pagar ese dispendio lo que, probablemente, sí acarreará incrementos de los impuestos (ya que nuestros políticos no parecen muy dispuestos a reducir el gasto público) y lo segundo y, tal vez, más importante, es que ese mayor endeudamiento público ha contribuido a elevar los tipos de interés y a desviar recursos de las empresas al sector público.
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3 de Julio de 2006

KDD en Barcelona: 6 de julio

El próximo jueves 6 de julio varios liberales valencianos estaremos en Barcelona para salir rumbo a Praga. Así que hemos pensado en organizar una cena por la noche con el liberalismo barcelonés.

Será a las 22.00 de la noche, en la C/. Aragó 261, delante del restaurante Mussol. Los que quieran apuntarse, confirmad en los comentarios, pues tenemos que reservar.
¿Y si cae el consumo?

Hoy escribo en el Instituto Juan de Mariana sobre las consecuencias que tiene una reducción del consumo en la economía, germen de todos los males para el keynesianismo.

Al menguar el consumo también se incrementa el ahorro, lo cual reduce el tipo de interés. Esto último tiene un efecto esencial en la economía: el valor actual neto de los proyectos más alejados del consumo se incrementa, ya que los flujos de caja se actualizan a un menor tipo de descuento.

Los trabajadores despedidos por las industrias de consumo no se encuentran irremediablemente parados por insuficiente actividad productiva; muy al contrario, el despido es la antesala a su contratación por las industrias de capital. Sin necesidad de ningún planificador socialista, la reducción en la rentabilidad de los bienes de consumo y el correspondiente incremento de los bienes de capital, es suficiente para redirigir el factor trabajo hacia aquellas ocupaciones que los consumidores más valoran.

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1 de Julio de 2006

Salarios y acumulación de capital

A pesar de que ahora mismo me estoy ocupando de otros asuntos, hago un paréntesis para responder a un post de Ardegas donde pretende demostrar las maldades del sistema capitalista asociadas al mercado de trabajo. Tras una exposición relativamente adecuada de la teoría austriaca de la formación del salario, procede a efectuar la siguiente observación:

las personas compiten por empleos, en vez de ser los empleadores los que compitan por obtener empleados, de manera que pueden darse el lujo de no pagarles el VPM, lo que les pagan es solamente el costo de oportunidad de emplearse. A esta situación se le conoce en el marginalismo neoclásico como explotación monopsonística

Supuestamente, esto supone una explotación del "trabajador". Ahora planteemos otra situación: tenemos un vendedor con un kilo de manzanas y 20 potenciales compradores quieren ese kilo de manzanas. Dado que el vendedor sólo se lo entregará a uno es previsible que sea al mejor postor, es decir, a la persona que esté dispuesta a desprenderse de una mayor cantidad de sus bienes para conseguir el kilo de manzanas y, así, se incurra en un intercambio mutuamente beneficioso.

Por supuesto, si en lugar de 20 potenciales compradores sólo hubiéramos tenido uno, la formación del precio se habría producido entre márgenes más amplios para el consumidor. Así, mientras en el primer caso, el precio ha quedado comprendido entre la utilidad marginal del segundo consumidor que más estaba dispuesto a pagar por las manzanas y la utilidad marginal de quien finalmente las compra, en el caso de un comprador y un vendedor, el precio se habría situado entre la utilidad marginal del comprador y la del vendedor.

Modifiquemos un poco el ejemplo. Tenemos 20 vendedores y un sólo comprador de manzanas. ¿Dónde quedará comprendido el precio? Pues entre la utilidad marginal del vendedor que menos valore las manzanas y la utilidad marginal del penúltimo vendedor que menos valore las manzanas. El vendedor que menos las valore irá expulsando sucesivamente del mercado al resto de vendedores reduciendo el precio exigido.

En el mercado de trabajo sucede eso mismo. Si tenemos muchos trabajadores que quieren entrar en un mismo puesto, los criterios de elección pueden ser variados: destreza, recomendaciones, expectativas de aprendizaje... pero también el precio. Si el empresario no considera que existan diferencias importantes entre los trabajadores, salvo el salario exigido, contratará al trabajador que esté dispuesto a trabajar más por un menor precio. En otras palabras, el empresario podrá fijar el salario entre lo que Ardegas llama "coste de oportunidad de emplearse" para el obrero que más lo valora (es decir, la menor exigencia de remuneración para lograrlo) y el segundo que más lo valora, con el límite máximo, en cualquier caso, de la productividad marginal descontada del trabajador. Conforme el trabajo vaya especializándose y el trabajador se vuelva menos sustituible, su salario se irá aproximando a la producitividad marginal descontada.

Ahora bien, esto no significa que la competencia entre trabajadores reduzca "el nivel agregado de salarios" (si queremos tener una penosa ilustración macroeconómica), sino que reducen el salario en ese puesto de trabajo. Cuando un trabajador es contratado, la competencia entre trabajadores se reduce en el resto de ocupaciones, de modo que su salario será igual o superior al que en otro caso habría sido.

Sólo hay un caso en el que podríamos concluir que la competencia entre trabajadores les proporciona una salario monetario más reducido a cada uno. Imaginemos que tenemos tres ocupaciones A, B y C y tres trabajadores X, Y, Z. Si X está dispuesto a cobrar muy poco en A (y sólo en A), Y muy poco en B (y sólo en B) y Z muy poco en C (y sólo en C), entonces X, Y y Z serán contratados en A, B y C por el menor salario posible. Ahora bien, ¿supone esto un caso de explotación? Desde luego, si impidiéramos que X compitiera en A, Y en B y Z en C, todos terminarían con un mayor salario.

El error en este caso está en olvidar que si los tres trabajadores tenían una especial preferencia por ser empleados en ese puesto concreto de trabajo (hasta el punto de renunciar a remuneración monetaria para ello), será porque habrá otras circunstancias en ese trabajo (sector, compañía, cercanía al hogar, clase de trabajo...) que le reporten al trabajador mayor utilidad psíquica.

Lo comprenderemos mejor con un ejemplo. Tenemos un kilo de peras, uno de manzanas y uno de naranjas. X es el que más está dispuesto a pagar por las peras, Y por las manzanas y Z por las naranjas. Siendo así, cada uno comprará ese producto y los precios serán lo más elevados posibles. ¿Diríamos que se produce una mejora del bienestar en caso de impedir a X comprar peras, a Y manzanas y a Z naranjas, aun cuando los precios de esos productos se redujeran? Obviamente no.

Con los trabajadores pasa lo mismo. Si cada uno está dispuesto a cobrar menos, pero sólo en un puesto de trabajo, será porque tiene una especial preferencia por trabajar en él. Los trabajadores que están dispuestos a cobrar menos en TODOS los puestos de trabajo, simplemente son retirados rápidamente de la competencia.

Por ejemplo, tenemos tres puestos A, B y C, y tres trabajadores X, Y y Z, donde X está dispuesto a cobrar menos que Y y Z en cualquiera de los tres trabajos. Pues bien, X será contratado por el empresario A, B, C que más le pague sin llegar al salario mínimo exigido por Y o Z (es decir, si suponemos que Y es el siguiente dispuesto a cobrar menos, el salario de X quedará comprendido entre la segunda mayor productividad marginal de A, B, o C y el coste de oportunidad de emplearse de Y por ese puesto de trabajo). Supongamos que lo contrata A; entonces Y y Z pugnarán por entrar en B y C. B y C tendrán que pagar un salario mayor que cuando estaba A en escena; en concreto, B deberá pagar a Y (si suponemos que es el segundo dispuesto a cobrar menos) un salario superior a la productividad marginal de C (ya que en caso contrario lo contrataría ella) e inferior al coste de oportunidad de emplearse de Z. Si coste de oportunidad de Z fuera inferior a la productividad marginal de C (de modo que si B quiere expulsar a C de la pugna, el mayor nivel del salario requerido atraerá también a Z en la competencia por ser contratado por B), entonces tendremos un caso típico de competencia bilateral. B y C querrán contratar a Y al menor precio, que vendrá a coincidir con el coste de oportunidad de Z, e Y y Z querrán obtener de B o de C el mayor salario posible, que en todo caso será la mayor productividad marginal de entre B o C.

En todo caso, recordemos. El salario de X estará comprendido entre la mayor disposición al pago de A, B o C y el coste de emplearse de Y. El salario de Y quedará fijado entre el coste de oportunidad de Z (que determina su disposición al cobro inferior) y la productividad marginal de la empresa que lo contrate. El salario de Z estará entre su coste de oportunidad y la productividad marginal de la otra empresa (lo que no significa que coincidirá con el límite inferior, ya que en ese caso tendremos una negociación 1 a 1).

Por tanto, vemos cómo en ningún caso el salario coincidirá con el coste de oportunidad de emplearse (salvo cuando, como hemos visto, el coste de oportunidad de emplearse sea específicamente menor para cada trabajador).

Esto tampoco tiene nada que ver con la explotación monopsónica a la que alude Ardegas, que en todo caso significa que los empresarios acuerdan reducir su demanda de mano de obra para lograr una reducción del salario que compense la reducción de los ingresos futuros derivados de la producción no creada. El problema de esa teoría es que supone que existen ganancias potenciales que realizar incrementando la mano de obra, de modo que cualquier empresario podría reproducir la planta de unos de sus competidores, pagar un salario ligeramente superior, eliminar a la competencia (por dejarla sin trabajadores) y ser rentable.

Pero además olvidamos dos factores fundamentales.

El primero es que si un nuevo empresario entra en escena (y ello puede suponer incluso una reducción de su oferta laboral, a menos que estemos ante un empresario que amplia líneas de negocio), tendrá que pagar más a estos trabajadores para montar su empresa y retirarlos de su ocupación actual. Por tanto, los salarios se incrementarán cuando un empresario descubra mayores oportunidades de ganancia.

El segundo, que unos menores salarios implican un mayor fondo de salarios disponible para la inversión y la investigación tecnológica. Es decir, el empresario podrá acumular más bien de capital o incrementar el período productivo del trabajo, incrementando la productividad marginal del trabajo, o bien podrá investigar en I+D, creando más riqueza e incrementando a su vez la productividad marginal del trabajo. Estos incrementos en la productividad marginal incrementan el salario de X, Y y Z, ya que elevan la disposición al pago de A, B y C, por X (al ser más productivo) e intensificará la competencia por Y y Z. En especial, hemos de recordar que el incremento de la productividad traerá, así mismo, una reducción del precio de los bienes y servicios lo que incrementará los salarios reales.

Ardegas en este punto no está muy convencido y sostiene que el incremento de la productividad generará paro: Un aumento del desempleo y una disminución de los salarios puede venir como consecuencia de una mayor acumulación de capital y de la inversión en investigación y desarrollo. Cuando se aplica a la producción innovaciones tecnológicas que ahorran trabajo hay empleos que se vuelven innecesarios, engrosando con ello el paro. Esta mano de obra parada tiende a disminuir los salarios, lo que tiene un efecto contrario al aumento inicial del VPM.

En esta afirmación se parte del supuesto de que las necesidades del ser humano se encuentran plenamente satisfechas antes del incremento de la productividad. En caso contrario, el trabajo liberado afluiría, gracias al mayor capital derivado del incremento de la productividad, hacia tareas que antes no eran rentables y que ahora pasan a serlo.

Sin embargo, podemos considerar qué efectos tendría un incremento de la productividad cuando las necesidades humanas están saciadas, esto es, la productividad no se traslada a incrementar los salarios sino, por el contrario, a reducir el número de factores productivos necesarios para obtener un output dado.

Suponiendo que son las empresas de consumo las que incrementan su productividad pero no así su producción, para producir la misma cantidad de productos demandados, reducirán su plantilla. Esto disminuirá sus costes, incrementando su rentabilidad frente al resto de industrias de capital. Siendo esto así, el capital afluirá desde las industrias de capital hacia las industrias de consumo, en forma de nuevas empresas deseosas de obtener los beneficios extraordinarios. Estas empresas no tratarán de ganar cuota de mercado aumentando la producción, sino reduciendo el precio gracias a sus menores costes. De modo que los salarios reales aumentarán.

Una reducción de los salarios nominales no modificaría el resultado de las cosas, sólo el número de cambios. Si las industrias de consumo reducen el salario de sus trabajadores, las de capital harán lo propio con los suyos, de modo que en el conjunto de la economía habrá aumentado el fondo de subsistencia, reduciendo el tipo de interés y haciendo rentable etapas de producción más alejadas del consumo (es decir, un período de producción más alargado) que, tras contratar a los trabajadores desempleados, (única mano de obra disponible) incrementarán la productividad de la economía, reduciendo los precios e incrementando los salarios reales.

Todo esto con total independencia del torpe argumento que da Ardegas: Esto puede producir un resultado paradójico, en el que la inversión en investigación y desarrollo produzca una disminución de la tasa de ganancia, ya que el descenso ulterior del precio puede que no compense la inversión inicial. Al disminuir la tasa de ganancia también disminuye la inversión, creando más desempleo y presionando los salarios hacia la baja.

El hecho de que la inversión reduzca la tasa de ganancia (que vendrá en última instancia determinada por el tipo de interés, esto es, por la cantidad de ahorro de la economía) no implica que se despida a un mayor número de trabajadores, sobre todo cuando asumimos que esos trabajadores YA han sido despedidos. El mayor ahorro supone un capital que se dirigirá hacia aquellas inversiones rentables que, al reducirse el tipo de interés, se encuentran precisamente en los bienes de capital más alejados del consumo cuyos flujos de caja actualizados permiten compensar los pagos presentes. Esa inversión sigue siendo rentable precisamente por la reducción del tipo de interés, y esa inversión requiere de trabajadores que la materialicen.

En cualquier caso, el incremento en los salarios reales tendrá un efecto esencial, de acuerdo con nuestros supuestos. Dado que los trabajadores no desean consumir mayor cantidad de bienes y servicios y estos ahora son más baratos, los trabajadores reducirán su oferta de mano de obra (pues prefieren disfrutar de más ocio) y las industrias de consumo necesitarán más mano de obra para incrementar la producción una vez se ha reducido por la reducción en la jornada laboral.

Por tanto, aquí ya vemos que los trabajadores despedidos necesariamente volverán a ser contratados (en la práctica es probable que nunca llegaran a ser despedidos, sino que la empresa redujera la jornada de toda la plantilla y bajara los precios de sus productos para evitar nuevos competidores en el mercado).

En realidad, la tesis de Ardegas entronca con las teorías del subconsumo y el keynesianismo: si los trabajadores no desean consumir más, todo incremento de la productividad significará un menor empleo, olvidando las interrelaciones en la estructura productiva.

Y todo esto, repito una vez más, partiendo del supuesto erróneo de que los consumidores tienen todas sus necesidades satisfechas a excepción del tiempo libre. ¡Cómo si no hicieran falta multitud de bienes de capital adicionales para continuar incrementando nuestro nivel de vida!

El resto de consideraciones que hace Ardegas no me interesan demasiado. Su mal análisis económico le hace creer que las empresas necesitan recurrir al Estado para financiar la I+D: Para paliar los efectos adversos del mercado capitalista se hace uso de la intervención estatal. Hay empresas que externalizan sus costos de investigación y desarrollo pasándoselos al Estado(...)Para evitar que disminuya la tasa de ganancia también se utilizan barreras al comercio internacional, y barreras a la entrada de nuevas empresas, para que la burguesía nacional pueda obtener ganancias monopolísticas.

Lo que no me queda claro es por qué las empresas iban a invertir en I+D si no les sale rentable, ¿no sería más interesante que, en lugar de pedir fondos al Estado para dilapidarlos en I+D, los pidieran para repartir dividendos a los malvados capitalistas?

Dejo de lado también por ahora las opiniones infundadas de que el trabajador es explotado por el empresario por el hecho de no percibir el que, según Ardegas, es el producto íntegro de su trabajo. Me temo que con el recurso al mercado de créditos, el trabajador puede convertirse en empresario, acumular capital y apropiarse del producto íntegro del trabajo de otros. ¿O será que los otros se apropian del producto íntegro que el empresario ha creado descubriendo la oportunidad de ganancia?

En todo caso, queda claro que la acumulación de capital y el progreso técnico incrementa de manera sostenida los salarios o, en su defecto, el tiempo libre de los trabajadores.

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