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Todo un hombre de Estado: Septiembre 2004

30 de Septiembre de 2004

Tienen miedo

PRISA está inquieta. Primero fue Ramonet quien indicó que debía crearse un observatorio internacional de los medios (Global Media Watch) en cada país. Ésta será un arma para oponernos, si ellos pertenecen a la globalización liberal, nosotros pertenecemos al Movimiento Social Mundial. En los tiempos de Internet, nosotros decimos que éste será el siglo en que la comunicación pertenecerá a los pueblos y nos apoderaremos de la verdad. Con la verdad triunfaremos, La caída de Argentina es para el neoliberalismo lo que fue el derrumbe del muro de Berlín para el socialismo.

Luego vino Cebrián a cargar contra Internet y sus medios de comunicación. Ahora la polémica ha llegado a El País. Fernando Berlín, director de Radiocable.com, denuncia en un artículo al que podéis acceder por Periodistadigital el escoramiento ideológico que está sufriendo Internet. Escoramiento idológico hacia la derecha (hacia la más reaccionaria derecha), como es natural.

Algunos pensaron, erróneamente, que la Red, por su inherente libertad, iba a ser un caldo de cultivo para la izquierda, un ámbito en el que se iba a gestar la nueva revolución. Los gobiernos ya no podrían detener al socialismo, libre de agruparse y de criticar todas y cada una de las injerencias gubernamentales. A este proyecto se han adherido, qué duda cabe, Nodo50, Rebelion o Lahaine.

Sin embargo, nunca fueron capaces de prever que la derecha, los paletos ultraconservadores del pueblo, los ignorantes incultos, los antiintelectuales, serían capaces de organizarse, a su vez, y constituir una seria alternativa, no sólo a la izquierda cibernética, sino a la izquierda en todas y cada una de sus formas. La galaxia está pasando desapercibida a los afectados pero la suma de sus páginas consigue que su impacto trascienda a Internet, logrando incluso que no pocos periódicos en papel recojan sus tesis.

En opinión de Fernando Berlín, citando a David de Ugarte, ese agitamiento tiene su sólido núcleo en Libertad Digital, y se ramifica a decenas de bitácoras: Su manifestación más conocida en España sería el diario online dirigido por Jiménez Losantos, que ejerce una notable influencia sobre una pequeña galaxia Red de bitácoras y jóvenes agitadores y que está ligado a un conocido programa matutino de la radio de la Conferencia Episcopal.

Esa descentralización de la toma de decisiones que, no obstante, cuaja en una perfecta organización y coordinación, a través de proyectos como Redliberal.com, se encarga de amplificar y magnificar pequeñas noticias y libelos de la Red relacionados con -contra- el PSOE, con los nacionalistas, con PRISA y, por supuesto, con el Gobierno de Zapatero. No sólo eso, debería añadir Fernando Berlín. La oposición de los blogs liberales es a cualquier forma de atentado y restricción contra la libertad. Afirmar que sólo el PSOE, PRISA, o Zapatero son objetivos de crítica en los blogs pone al descubierto una manifiesta ignorancia de los mismos, o cuanto menos, una notoria mala fe.

El problema, diría yo, no es tanto que Fernando Berlín denuncie una real organización y división del trabajo (que él califica como procedimientos de Red y técnicas de coordinación propias de las células comunistas), cuanto que nos atribuya pérfidas intenciones, y no peores métodos: Son ellos quienes, día a día, están construyendo en Internet una realidad paralela sobre acontecimientos de actualidad tales como el atentado terrorista del 11 de marzo, consiguiendo conectar datos reales con especulaciones, rumorologías e invenciones; y este fenómeno de falsificación se ha instalado y ya no tiene vuelta atrás. Acusar de mentir y falsear la realidad supone acusarnos de un delito (en mi opinón un delito sin base alguna, pero hoy por hoy, un delito) Y si estamos siendo delincuentes, ¿optará Fernando Berlín por reclamar una pena asociada a nuestro delito?

Afortunadamente, Fernando Berlín parece no reclamar esas medidas, pero no, como podría pensarse, por ir en contra de nuestra libertad, sino porque no sería una estrategia efectiva: Esta nueva verdad que se está fabricando no puede ser enfrentada con las mismas herramientas jurídicas y legislativas que se utilizaban hace 15 años. Probablemente, hubiera podido retroceder un poco más, unos 50 años, y llegar a la censura sin más paliativos. Eso sí, que Fernando Berlín no reclame la censura, no significa que algún agudo político de izquierdas no pueda creer que, aún hoy y en la red, esos métodos siguen siendo morales y efectivos. La piedra está lanzada al público conveniente.

En todo caso, la estrategia que reclama Fernando Berlín es la creación de un gran conglomerado de bitácoras de izquierda para que difundan la verdad y contrarrestren nuestro influjo: Siguiendo este modelo de actuación, la única forma efectiva de combatir la difamación de Red es aumentar y mejorar el nivel de información veraz en Internet. Para vencernos tienen que imitarnos, no está mal reconocerlo. Pero más que imitar nuestro sistema de comunicación, quizá debieran imitar el apego que tenemos a la libertad. Ésa es la auténtica fuerza que respalda nuestras opiniones.

Insisto, la izquierda está nerviosa. Los síntomas empiezan a notarse. Las no-verdades de Rather han supuesto un golpe durísimo en su estrategia por contar (apoderarse, ¿les suena?) de la verdad. Cuando el canal de comunicación es un medio físico y, por tanto, escaso, la izquierda puede dominar la verdad. Regulando la venta de madera, la propiedad sobre los bosques, la distribución de periódicos, cerrando el espacio radioeléctrico, prohibiendo la venta de TVs o radios, o deteniendo a los emisores que se encuentran en lugar perfectamente localizados, la verdad, su verdad, puede ser controlada con relativa facilidad.

Internet hace estallar todas esas contingencias. No son necesarios grandes medios para hacer llegar los mensajes a la gente. Cada cual puede ofrecer su visión de la libertad sin que un censor previo le corrija o se lo impida. Todo esto preocupa y molesta a una izquierda que creía, hasta la fecha, tener el monopolio de la verdad. Hoy tienen que compartirla o, incluso, gracias a la persuación y al razonamiento, cederla ante un creciente número de personas. Nunca pretendieron convencernos, sólo adoctrinarnos. Ahí está la evidencia.

Actualización: José Carlos, Daniel, Manel, Erpayo, Franco Alemán y Agados también han tratado el tema. Otro ejemplo del tipo de decisiones descentralizadas pero coordinadas que tanto les preocupa.
Rusia hinca la rodilla

Se consumó la infamia. El primer paso hacia el socialismo planetario acaba de darse. Parece que las presiones comerciales de la UE, ese lobby diabólico que utiliza la libertad como argumento para machacar gobiernos, ha sido efectivo. Putin ha aprobado Kyoto.

En teoría, no obstante, la estrategia seguida por Rusia va a ser que el gobierno firmará Kyoto para que la Duma lo rechace. Sin embargo, ¿podrán los diputados resistir el acoso físico y monetario del eco-terrorismo mundial, véase Greenpeace y afines? Lo dudo mucho. Quines querían hacer la revolución desde arriba, nuevamente, se han equivocado.

29 de Septiembre de 2004

Prohibicionismo absurdo

Decía Paracelso que los nutrientes son tanto alimento como veneno. La dosis los convierte en veneno o en remedio. El cuerpo vence al alimento y la droga vence al cuerpo; sin embargo esta dura batalla depende, como indica Paracelso de la dosis. Ténicamente, este hecho se conoce como margen de seguridad (en las magistrales palabras de Escohotado: La proporción que hay entre cantidad necesaria para obrar el efecto deseado, dosis activa media, y cantidad suficiente para cortar el hilo de la vida, dosis letal media) Es decir, toda aquella cantidad que se sitúe por debajo de la dosis activa media puede considerarse alimento, toda dosis que se sitúe en el margen de seguridad droga, y toda aquella que sobrepase la dosis letal media, veneno.

Así, por ejemplo, el margen de seguridad de la cafeína es de 1 a 10, lo que significa que tomar una cantidad 10 veces superior a la dosis activa media puede provocar una intoxicación. Este margen, contrariamente a lo que puede pensarse, es muy superior en las drogas mal llamadas "duras", así en la cocaína es de 1 a 50 y en la heroína de 1 a 30. Estrechamente relacionado con la idea del margen de seguridad está el concepto de tolerancia, esto es, la progresiva adaptación del cuerpo a la droga. Por lo general, la tolerancia no reduce el margen de seguridad, sino que simplemente aumenta la dosis activa media y la dosis letal media, cuya proporción se mantiene. El problema está, por ejemplo, en aquellas drogas que al crear tolerancia aumentan la dosis activa media pero no la dosis letal media, esto es, aquellos que reducen el margen de seguridad. Éste es el caso de algunas drogas legales como los somníferos (Valium, pentotal, amobarbital, fenorbabital...)

Tan grande es el abuso del prohibicionismo y de la presión de las industrias farmacéuticas a más de un gobierno para que mantenga este régimen de forzosa dependencia, y lento suicidio, a los tranquilizantes menores, mientras mantiene arrinconadas drogas mucho menos nocivas y más efectivas como el opio o la heroína. El caso de las drogas estimulantes no es muy distinto.

Sin embargo, ha arraigado en la mentalidad social que el Estado es capaz de discriminar entre unas drogas que no causan daño, como el alcohol, la cafeína o las anfetaminas, de otras que, como el opio, la cocaína o la heroína, sí lo causan. Como ya digo, todo es una cuestión de dosis y de responsabilidad individual (aparte de que no queda, en absoluto, claro que aún tomando los somníferos con responsabilidad sean menos dañinos que tomando el opio sin responsabilidad). El Estado, por el mismo teorema de la imposibilidad del socialismo, es incapaz de discriminar entre drogas buenas o malas, ya que difícilmente algo podrá ser clasificado como droga al margen de su dosis y del proyecto de acción de cada individuo. Aún prohibiendo todas las sustancias entendidas como drogas, quedaría por ver cuáles de los tradicionales alimentos no pueden involucionar, según la cantidad, en veneno (de hecho, tras la película anti-McDonalds Supersize me puede encontrarse, sin duda, la finalidad de equiparar la comida de esta cadena de alimentación con un veneno, aún sin entrar en las consideraciones de las desmesuradas dosis administradas)

Toda esta digresión se debe a la siguiente noticia aparecida en El Mundo. La revista The Lancet, en su último número, nos alerta de los riesgos del abuso de la Coca-Cola, con el gráfico ejemplo de un desvanecimiento acaecido tras ingerir 10 litros de Coca-Cola. Los pacientes deben ser advertidos de que un consumo excesivo de refrescos puede ocasionar síntomas graves o repetitivos. Con semejantes ñoñerías poco avanzaremos. Toda sustancia tomada en exceso crea dificultades para su asimilación por el cuerpo; todo nutriente, volviendo a Paracelso, puede convertirse en veneno.

Insisto, el problema es uno y sólo uno: la responsabilidad individual de sus actos. No me sirven quejas similares a que los individuos, antes de ser responsables, deberían estar informados. La responsabilidad presupone la búsqueda previa de información. Cuando el individuo actúa, lo hace bajo la responsabilidad de que ha medido y sopesado someramente las consecuencias del acto que va a emprender.

Claro que, tras espectáculos tan bochornosos como la crítica a McDonalds por Supersize me, o la que parece abrirse a Coca-Cola con este artículo, no faltarán maniáticos estatalistas que reclamen la regulación de ambos productos, incluso su prohibición. Quiere establecerse una sociedad de irresponsables, una sociedad donde la protección de la adversidad de encomiende al Estado y a sus medidas preventivas.

Debemos acabar con el prohibicionismo, no sólo en el hipótetico caso de la comida rápida y la Coca Cola, sino, hoy y ahora, con la prohibición y estigma social que acarrean ciertas drogas. Hay que devolver a los individuos su responsabilidad.

27 de Septiembre de 2004

La eficiencia del sector público

Hubo un tiempo, para muchos no terminado todavía, en el que la planificación centralizada se defendía no ya por motivos de equidad, sino sobre todo por razones de eficiencia. El anárquico capitalismo era incapaz de conciliar todos los intereses; sólo un riguroso plan gubernamental, que asignara a cada cual sus tareas y sus remuneraciones iba a ser capaz de conseguir exprimir al máximo las posibilidades de la sociedad. En pocos años, gracias al socialismo volveríamos al Jardín del Edén.

La producción pública ha ido menguando día a día, aunque se mantiene en sectores tan relevantes como la educación, la sanidad, la defensa, la justicia y, sorprendentemente, en la televisión. En este último caso no son aplicables las dos razones principales que suelen esgrimirse de manera demagógica, esto es, que el sector privado no podría producirlo o que muchos no podrían acceder a sus servicios.

Al principio no había quien, borracho de pseudoteorías de los bienes públicos, creyó en la imposibilidad de una televisión privada por emitir en abierto. Finalmente, vino la publicidad y las emisones codificadas. Hoy, pues, la única razón por la que alguien puede defender semejante barbaridad es por creer conveniente el adoctrinamiento del estatalismo, por creer que una sociedad en la que el Estado impregna todas y cada una de sus consignas será una mejor sociedad.

La situación de nuestra TVE, de Zapatero TV, es bastante desesperante. Leo en el Confidencial que con los 267 millones de euros de intereses que RTVE paga por su deuda, cualquier TV privada compra la programación de toda la temporada. A semejante nivel de miseria hemos llegado. Nuestro sector público consume una cantidad semejante a una nueva televisión para pagar los intereses de sus deudas. Mantener semejante sinsentido con la exacción pública, con el correaje y pistolón gubernamental, debería ser motivo suficiente como pedir cuentas a unos cuantos políticos.

Eso sí, peor que los políticos, que al fin y al cabo son ladrones reconocidos -nos roban para mantener una TV que sirve para mantenerse en el poder y seguir robando y cobrando- son sus aduladores. Inexplicablemente, el Confidencial Digital, tras ofrecer estos reveladores datos, afirma la televisión pública, necesaria como contrapeso de la privada, se encuentra en un callejón sin salida. ¿Contapeso? Yo más bien diría pesadísima losa que algunos se empeñan en defender apelando sólo a viejos mitos socializadores. Quien quiera una TV pública que se la pague, pero que no nos imponga sus condiciones a los demás.

Aún no entiendo cómo las masas cabreadas no han asaltado los despachos de algún burócrata que sigue endeudándolas sin su consentimiento. Tal vez la sonrisa de ZP calme a más de uno, mientras éste vincula financieramente a su prole. A mí, desde luego, no.

20 de Septiembre de 2004

Capitalistas acomplejados

Hoy ha acudido Carlos Ruiz Zafón, autor de La Sombra del Viento, al magazine vespertino de TV3, otra TV con talante.. El pretexto para la entrevista ha sido que Ruiz Zafón será el pregonero de las fiestas de la Mercè en Barcelona.

Durante la conversación han comentado el asombroso éxito del libro: un millón de copias vendidas por todo el mundo, traducido a 25 idiomas y disponible en 30 países. Este último dato es sin duda relevante, pues el escritor se ha quejado de que ha tenido que hacer una ajetreada campaña de marketing en cada uno de los treinta países.

Tras dar a conocer estos datos, el entrevistador, Albert Om, un poco nervioso, se ha atrevido a preguntar si ha ganado mucho dinero con el libro.

Pregunta violenta, a la que Ruiz Zafón ha respondido con una parrafada autojustificatoria encabezada por las siguientes palabras: "Lamentablemente, hoy todos vivimos en una sociedad capitalista" Puedo entender que los "intelectuales" fracasados critiquen al capitalismo, a los individuos libres, por no saber valorar mesuradamente su aportación y su valía. Pero... ¿un tipo que vende un millón de libros, haciendo él mismo publicidad en 30 países, aborrece el capitalismo? (Supongo que habrá donado todos los beneficios a la caridad).

La explicación debe buscarse en otra parte. Existe una especie de complejo de culpabilidad por el hecho de ganar dinero que, en definitiva, nos perjudica a todos. En lugar de sacar pecho ante el presentador, Ruiz Zafón critica la libertad que le ha permitido, escribir y editar su obra. Ganar dinero es una señal inequívoca de obrar correctamente, de satisfacer a los demás. La caridad desinteresada es muy importante, pero mucho menos que está forma de caridad interesada que es obtener beneficios. ¿A cuántas personas durante cuánto tiempo habrá fascinado la obra de Ruiz Zafón? Ése es motivo de orgullo, no de pusilanimidad socialista.

Imaginemos por un momento que el complejo superara al interés por ganar dinero. Sería el colapso inmediato de todo el sistema productivo; la coordinación individual devendría imposible y la sociedad se colapsaría sobre su propia miseria y escasez. ¿Es ese lejano modelo por el que tenemos que lamentarnos según Ruiz Zafón?
Trasuntos de la Bola de Cristal

Habida cuenta de que José Carlos ha rememorado episodios tan pulcros de la historia televisiva española como la Bola de Cristal, quizá merezca la pena recordarlos para entender en perspectiva los tiempos que corren.

No voy a hablar por la boca de la experiencia, al menos de mi experiencia, dado que cuando se emitía la bola mi memoria estaba escasamente desarrollada. Sí, en cambio, voy a recurrir a la experiencia directa, incluso a las intenciones, de dos de sus creadores: Santiago Alba Rico y Carlos Fernández Liria.

La Bola de Cristal era un programa netamente ideologizador, tenía como objetivo reconocido adoctrinar a los niños, es decir, dejar en su cerebro la llave de una puerta aún desconocida, o el azulejo de un mosaico incompleto. Estaba dirigido por dos tendencias: la Movida, un movimiento de renovación estética y de costumbres posterior al franquismo y un grupo que bebía de la tradición y el bagaje de la militancia de izquierdas.

Para cumplir con su objetivo adoctrinador, se recurría a, como no podía ser de otra forma, contar Marx a los niños. De hecho, cuando Santiago Alba, hijo de Lolo Rico (directora del programa; ¿quién dijo que los comunistas no eran generosos con sus familiares), comenzó a redactar guiones introdujo el personaje de Amperio Felón, que era el paradigma del empresario, del explotador. Ya saben, el malvado capitalista comeniños.

Dicho sea de paso, es divertido observar como esta gente entiende la idea de explotación empresarial. Santiago relata sus penosas experiencias laborales en la Bola de Cristal diciendo que tenía que escribir un guión por semana a lo mercenario, obligado y con un horario. Pobrecito; un guión por semana, extenuante labor, ¡y obligado por un contrato! ¡y con horario! (¡y cobrando!, sobre todo). Eso sí, de la calidad de los guiones, de las ideas que contenían y de cómo las transmitían, deja perfecta constancia Santiago: escribía los guiones los domingos con resaca a toda velocidad para que estuvieran listos en la grabación del programa los lunes. Afortunadamente, toda una generación de niños españoles ha crecido con unos monigotes que transmitían las ideas delirantes de un loco satánico, procesadas por un borracho compulsivo.

Derivados de la borrachera, los guiones exageraban el capitalismo, pero no hay nada malo en eso, porque según Alba el capitalismo es una exageración y exagerar al narrarlo es sencillamente describir algo que ya ha ocurrido o que ocurrirá inevitablemente. Supongo que frases con semejante profundidad filosófica las habrá obtenido de los períodos de embriaguez durante los cuales adoctrinaba a los infantes.

Uno de los personajes más carismáticos de la Bola de Cristal fue, sin duda, la Bruja Avería, un emblema de la resistencia frente al capitalismo y un símbolo de la revolución. Autora de frases tan célebres como "Viva el mal, viva el capital", o "Viva la Economía, viva la Cía" (si los comunistas consideran a Marx economista, ¿acaso creerán que se trata también de un agente de la Cía?), Avería perseguía a los explotados y sentía tanto más placer en hacerlos estallar con su rayo cuanto más alienados y bonachones se mostraban. Pero esto –bien pensado– explica la fuerza revolucionaria de Avería.

El éxito tan semejante profusión intelectual fue patente: gracias a La Bola [muchos espectadores] habían empezado a militar en grupos de izquierdas. Vistas la fundación ideológica de gran parte del socialismo patrio, quizá resulte que González esté últimamente más irónico de lo habitual.

De todas formas, el pelotazo recaudatorio de IU -al multiplicarse cuales panes y peces los militantes y sus cuotas- pronto terminó. El PSOE tras el referéndum de la OTAN se deshace de los cuadros que tenían algún vínculo más izquierdista. Y empieza un período político, sólo comparable con las penumbras reaccionarias de la etapa PP, marcado por la censura, por las presiones internas... El progresista Calviño dejó la dirección del "ente"(demoníaco, habría que añadir) y la débil Pilar Miró restringió su libertad de expresión: tuvo que ceder ante las muchas presiones de multinacionales y de la Embajada de EE UU. Una conspiración judeo-masónico-neoliberal-yankee en toda regla. El mismísimo Reagan estaba preocupado por la imagen que la Bola de Cristal le creaba: Recibíamos constantemente notas internas de dirección para tratar de impedirnos que dobláramos imágenes de políticos (Reagan, Felipe...). También McDonalds presionó a Pilar Miró, tratando de impedir que hiciéramos contrapublicidad con las críticas a la comida basura, por ejemplo.

Todos los elementos sucios y corruptos de la sociedad se movilizaron para acabar con un programa que reflejaba el eslabón débil de la sociedad... y lo consiguieron. De ahí que España no evolucionara hacia la dictadura del proletariado (no dudo de que Alba Rico, dado su arduo trabajo, se consideraría a sí mismo proletario) A partir de la desaparición del programa, de hecho, la libertad de expresión en España se esfumó. Y es que, según Alba Rico, ahora estamos todos al borde de la ilegalidad y lo cierto es que hay algunos guiones que hacen claramente apología del terrorismo (con arreglo al concepto de apología del terrorismo vigente en estos momentos, naturalmente). Buen momento para recuperarlos...

En realidad, con los nuevos programas de TVE no hará falta recuperar la Bola de Cristal. Se nota que ZP aún no había ganado gloriosamente las elecciones cuando se realizó la entrevista.

Sin embargo, Santiago Alba Rico era sólo el encargado de una parte del programa, Los Electroduendes. La otra parte del programa, El Librovisor, estaba al cargo de Carlos Frabetti y Carlos Fernández Liria. El Librovisor demostró que el marxismo no sólo era un instrumento de análisis válido frente a la realidad política sino que podía ser, además, divertido y alcanzar por igual a públicos infantiles, juveniles y adultos. Y uno que creía que eso ya había quedado demostrado por todos los totalitarismos marxistoides cuando diseñaban con mano firme la "educación" de los niños (¿acaso osa sugerir Fernández Liria que la educación en la URSS o en la China maoísta no era divertida para los niños? Espero que no esté sugiriendo que se les forzara a asistir a esas formidables y enriquecedoras escuelas públicas)

Así, no podemos extrañarnos ante el hecho de que el eslogan de la Bruja Avería "Viva el mal, viva el capital" comenzó entonces a resonar en todos los rincones de lo que más tarde se convertiría en el movimiento antiglobalización español y el lenguaje de los electroduendes se convirtió en una especie de esperanto de la izquierda extraparlamentaria. Fueron tiempos de libertad, tiempos que se vieron interrumpidos por el maléfico Luis Solana, quien puso al equipo de La Bola de Cristal de patitas en la calle . Hasta entonces, nadie se había atrevido a protestar contra un programa tan educativo y formador.

Nadie, salvo el reaccionario Xavier Domingo, quien escribió en Diario 16 que Me sentí profundamente conmocionado por la grosera violación de la conciencia infantil, por la descarada manipulación política, por la fanática y soez propaganda maniquea, digna de una televisión dictatorial, digna de Cuba o de Angola, sobrecargada de marxismo hiperprimario y tercermundista. (...) Horrorosas marionetas babosas representaban a los empresarios y capitalistas (...). A los niños, TV1 les está enseñando a odiar a sus padres.

Alguien pensará que los orgullosos creadores de la Bola de Cristal se sentirán profundamente ofendidos ante semejantes infamias. Pues no. De hecho, Fernández Liria las califica de inolvidables porque en el fondo, daban en el clavo respecto a ciertos aspectos del programa. ¿Es que alguien creía que la izquierda se avergonzaba de poner RTVE a la altura de la "televisión dictadorial cubana"? Todo lo contrario; ya dijo Madrazo que Cuba era un modelo referencial para el País Vasco. Fabretti y Fernández Liria son, desde luego, de la misma opinión.

Nada de lo que avergonzarse y mucho de lo que enorgullecerse. En La Bola de Cristal se llegó incluso –y a mucha honra– a hacer una versión para niños del Libro I de El capital. El programa tenía un valor educativo tan innegable que había padres –conocidos marxistas de toda la vida– [que] les[a sus hijos] despertaban para que no se perdieran el programa. ¿Qué mejor instrumento para que esas criaturas desde su tierna infancia intendieran que los empresarios eran unos desalmados y capitalistas sin escrúpulos?

Como ven, una plantilla de lujo para TVE; plantilla que esperemos que rejuvenezca hoy con Sardá, Wyoming, Julia Otero y demás gurús de la buena conciencia y las ideas correctas. Otra televisión es posible.

Y es que visto lo visto, creo que tenemos que quedarnos con una idea fundamental. A la izquierda no le preocupa la manipulación cuando se desarrolla en el sentido correcto, en su sentido. Urdaci no fue crucificado porque manipulara, sino porque manipulara a favor del PP. Eso es lo que no perdonan, eso es lo que, hoy como ayer, están dispuestos a corregir. Por nuestro bien, claro.

16 de Septiembre de 2004

¿El día 11 y no antes?

Leo en Libertad Digital que el actual ministro de Exteriores conocía ya a las "pocas horas" de los atentados detalles bastante relevantes sobre la autoría de los mismos.

El periódico digital parece indignado porque Moratinos no le comunicara esta información privilegiada al Ministerio del Interior y sí, en cambio, a Zapatero o Dezcállar. Ésta me parece una cuestión menor. Puede tener su relevancia, pero, al menos, le comunicó su información al Director de los Servicios Secretos Españoles que, al menos en teoría, contaba con la confianza del gobierno -por algo lo nombró.

Sin embargo, estas declaraciones me inquietan. Tienen, o pueden tener, una trascendencia realmente mayúscula si reestructuramos un poco su significado. Durante meses se ha estado apuntando, si bien hasta hoy aplicando la fórmula qui prodest, la posibilidad de que parte del PSOE conociera las intenciones terroristas antes de la masacre. Ciencia Ficción o no, lo cierto es que Moratinos, que por entonces ya estaba entre el Comité de Notables de ZP, supo "el mismo día" quién había sido el autor. Y lo supo gracias a sus "contactos con el mundo árabe". ¿Qué contactos? ¿Y qué entiende Moratinos por el mundo árabe? Y, sobre todo, ¿llevaron a cabo esos contactos árabes una minuciosa investigación, una vez ocurrido el atentado, o ya habían conocían con anterioridad que se preparaba un atentado en Madrid?

En caso de conocerlo -siendo realistas, si esos contactos fueron capaces a las pocas horas de averiguar que había sido un atentado terrorista panislamista, me cuesta creer que no tuvieran ningún dato antes del 11-M que les permitiera intuir las intenciones de los terroristas-, ¿por qué los contactos no comunicaron las intenciones terroristas a Moratinos antes del 11-M? Y si se las comunicaron, y ahora sí, ¿por qué Moratinos no alertó al Ministerio del Interior? Y por último, se nos plantea una pregunta inevitable, ¿sólo Moratinos en el PSOE tiene contactos tan relevantes en el mundo árabe?

Ciertamente, Desatinos podría constatar con semejantes declaraciones su supina mediocridad; es difícil imaginar que haya gente tan torpe. Pero el susodicho sirve para todo, incluso para estimular nuesta imaginación.
Cómo la Escuela Oficial de Idiomas boicotea el mercado

Estos días tiene lugar la preinscripción en la Escuela Oficial de Idiomas. He visto en TV3 las colas que se han formado en sus franquicias catalanas y, sinceramente, me han recordado a las colas de otros sistemas económicos. La media rondaba las dos horas para preinscribirse; lo cual no asegura la matrícula, que deberá dilucidarse por sorteo.

La Escuela Oficial es un ejemplo práctico de las dos consecuencias insoslayables de la imposición de un precio máximo: primero la escasez (existe una demanda muy superior a la oferta) y luego el racionamiento (en este caso por sorteo)

Desde luego, la EOI ofrece unos precios muy por debajo de los fijados por otras academias de idiomas privadas; la razón no es otra que su doble sistema de financiación. Imaginemos, por un momento, que la EOI no recibiera fondos públicos. En ese caso, se vería obligada a incrementar los salarios de sus profesores o, en caso contrario, migrarían hacia las otras academias con remuneración superior; desabastecida de profesores se vería obligada a cerrar. En caso de que incrementara el salario de sus profesores y no subiera, al mismo tiempo, el precio de sus servicios, obviamente quebraría cuando terminara de consumir el capital. La única alternativa sería, ante la evidente demanda, incrementar el precio hasta que todos aquellos que lo solicitaran pudieran estudiar (huelga decir que pueden haber políticas restrictivas por cuestiones de excelencia; por otro lado, el incremento del precio no tiene, únicamente, la finalidad de expulsar a aquellos consumidores cuya utilidad sea inferior a semejante desembolso, sino también hacer rentable ampliaciones de las plazas académicas en forma de adicional mobiliario y profesores)

En la actualidad, la Escuela Oficial puede combinar salarios altos con precios bajos debido a que, la parte del león de sus fondos, provienen de exacciones fiscales. Los ciudadanos nos vemos obligados a realizar una transferencia neta de nuestro dinero tanto a los trabajadores como, en especial, a los usuarios. Hipertrofiamos un sector productivo del mercado a costa de los diversísimos usos que nosotros podríamos darle en forma de consumo, ahorro o inversión a nuestro dinero. Parece claro que la estructura productiva queda alterada por la injerencia gubernamental, impidiendo que los consumidores revelen sus auténticas preferencias.

No sólo eso, gran parte de la demanda por estudiar idiomas se ve absorbida por unos precios artificialmente bajos que someten a la competencia e impiden su correcto desarrollo. En muchos casos, las academias sólo recogen las migajas de los condenados al ostracismo tras el racionamiento público; en otros, deben centrarse en proveer servicios elitistas, fuera del alcance de las masas. La EOI obstruye la acción empresarial y confunde la estructura productiva. No a una escala definitiva, ni mucho menos; sin embargo, el de la EOI es un modelo que muchos querrían trasladar a otros sectores. Por supuesto, estos promotores no son otros que los beneficiados por la EOI, los estudiantes que, a bajo precio, obtienen un año académico... a costa del resto de la sociedad y de una más que probable mejora en su propia calidad de vida, en caso de clausurar el intervencionismo.

Estos días de colas interminables, sorteos cicateros, competencia desleal, redistribuciones escandalosas, y complacientes bendiciones de la acción educativa del Estado, conviene recordarlo.
Grandes compañías capitalistas

El pasado 4 de agosto efectué un pedido de libro a Amazon UK. Como sabrán, Amazon tiene un período de tiempo para encontrar los libros y, posteriormente, enviarlos. Una vez han mandado el paquete estiman unos días para su llegada que, en mi caso, estaban comprendidos entre el 31 de agosto y el 14 de septiembre.

Pues bien, ayer 15 de septiembre todavía no había recibido mis libros por lo que decidí enviarles un correo electrónico con objeto de averiguar cuál era el problema. Hoy he obtendido la respuesta. Amazon considera que todo se habrá debido a un error en el transporte y me pide disculpas. Para solventar el problema ha procedido a enviarme otro paquete de libros, idéntico al anterior, sin ningún coste adicional.

Obviamente, puede suceder que el primer envío se haya retrasado por diversos motivos y que finalmente llegue. En ese caso, en pocos días recibiría también el segundo envío. No creo que la pena por el retraso deba ser la de dispensarme unos libros totalmente gratis. Pero ésa parece ser la política de Amazon:

If the original package should arrive afterwards, please keep the items with our compliments, as the cost of return of the package is prohibitively expensive in this case. Perhaps you would like to donate it to a charity in your area if you feel it would be appropriate to do so.

We apologise for any inconvenience this has caused you. Thank you for shopping at Amazon.co.uk.


Me parece digna de reseñar esta magnífica política para con el cliente que, sin duda, no me va a disuadir de seguir comprando en Amazon. Ahora bien, sí querría solicitar un pequeño ejercicio mental. Imaginemos que todo esto me hubiera ocurrido con una compañía pública. ¿Alguien se atreve a hacer predicciones?

15 de Septiembre de 2004

Así nos empobrecen

Jorge Valín muestra en un estremecedor gráfico el incremento del gasto público en EEUU. Sin embargo, me parece que el mayor expolio no se ha producido de manera directa.

En el programa de radio de Joseph Farah, un comentarista ha propuesto regresar a un patrón oro fraccionario. Farah le ha espetado que por qué debía ser fraccionario. La respuesta ha sido simple: volver a un patrón oro puro implicaría un cambio de 700 $ por onza.

¡Desde los 21$/onza de principios de siglo, hasta los 700 de ahora! La devaluación del dolar -el expolio sistemático del ahorro de millones de ciudadanos unido a la confiscación centralizadora del oro por la Reserva Federal- no tiene parangón alguno con el aumento del gasto público. Lamentémonos por éste, pero no nos olvidemos de cual ha sido el principal resorte para financiar guerras y proyectos faraónicos. El hecho de que la confiscación sea menos visible no reduce ni un ápice la magnitud del robo.
Amenábar sacude a la izquierda

La película de Amenábar, Mar adentro, ha relanzado un enriquecedor debate en torno a la eutanasia. ¿Debe poder una persona elegir el momento de su muerte?

La izquierda haciendo gala de su característica demagogia y doble rasero ha dado, rápidamente, una respuesta positiva. Su argumento resulta lapidario: "Si una persona quiere morir y no hace daño a nadie, ¿quién somos los demás para impedírselo?"

Y, en este singular caso, no le falta razón. Los individuos son libres incluso para elegir el momento de su muerte. El Estado no debiera tener capacidad para domeñar las vidas de las personas: ni para impedir que se droguen, ni para evitar que lean libros "subversivos", ni para imponerles el casco o el cinturón de seguridad, ni, por supuesto, para prohibirles morir cuando consideren oportuno.

Sin embargo, cometeríamos un grave error si pensáramos que la izquierda se declara favorable a la eutanasia o a la desilegalización de las drogas por defender la libertad individual. La izquierda es de raíz colectivista y, por ende, totalitaria.

La eutanasia ha sido tradicionalmente criticada por la típica "mojigatería conservadora" -tomando prestada la expresión de Escohotado- que, por desgracia, ha confundido legalidad con moralidad, otorgando al Estado un papel impropiamente paternalista. Organizar y dirigir a la sociedad hacia unos determinados planteamientos morales supone, como bien indicaba Hayek, imponer a los individuos cómo deben vivir y, en este caso, cómo deben morir. Los individuos se organizan espontáneamente, sin que de ello surja un fin al que todos deban adaptarse sino, muy al contrario, una institución -la sociedad o su sinónimo el mercado- de la que todos puedan aprovecharse para sus distintas y variadas finalidades. La defensa izquierdista de la eutanasia no procede, como es lógico, de una constatación de semejantes hechos y de una profunda catársis intelectual, sino de un todavía más perjudicial "revanchismo anticonservador".

A la izquierda, por ejemplo, no le tiembla la mano en defender la violación de la libertad individual cuando se trata de redistribuir la riqueza, aumentar los impuestos, o incrementar el gasto público. "Si una persona quiere conservar su propiedad y no hace daño a nadie, ¿quiénes somos los demás para expoliarlo?" Y no sirven pretextos del estilo de que sin el gasto público muchas personas se verían perjudicadas. También con la eutanasia se corrompen los esquemas morales de miles de individuos y, obviamente, ello no es motivo suficiente como para atentar impúnemente contra la libertad de una persona. Nadie sale perjudicado de reestablecer una distribución de la riqueza basada en la producción y no en delirantes diseños gubernamentales.

El socialismo, una vez más, se enfrenta ante su propia contradicción. O el Estado sirve para imponer una moral social y una determina distribución de la riqueza -como defienden a la par algunos conservadores y socialistas- o no sirve para ninguno de semejantes disparates -como afirman los liberales. O coacción o libertad, no existen vías intermedias.

11 de Septiembre de 2004

El 11-S y el liberalismo

Como para tantas otras cosas, el 11-S también marcó definitivamente al movimiento liberal. Con mucha probabilidad no vino más que a acentuar tendencias implícitas en su disgregación; pero el caso es que, en la historia del liberalismo, podemos establecer un antes y un después a ese fatídico día. Éste es un tema que espero poder desarrollar más adelante, pero sí querría efectuar unas breves reflexiones.

En el seno del liberalismo existen dos tendencias que, obviamente, son irreconciliables a largo plazo. El anarquismo y el miniarquismo, en sus distintas intensidades. Digo que, a largo plazo, son irreconciliables porque persiguen fines distintos; cuando alcancemos el Estado mínimo el cisma devendrá inevitable. Los anarquistas tratarán de destruir un Estado mínimo que, en cambio, los miniarquistas consideran indispensable.

Ahora bien, en el momento actual esta fricción interna sólo resulta relevante en el ámbito académico. Mientras el Estado siga en su actual dimensión tanto unos como otros persiguen el mismo objetivo: reducirlo.

Sin embargo, a pesar de todo esto, el 11-S tocó el que, probablemente, sea el tema sensible para ambos movimientos: la defensa. El miniarquismo consideró que había llegado la hora de que el Estado ejerza la que, en realidad, es SU competencia, mientras que el anarcocapitalismo vio en el 11-S la oportunidad histórica del Estado para devenir en totalitario.

Tanto el miniarquismo como el anarcocapitalismo comprendieron su postura (pro y antiwar) como la salvaguarda de su más preciado bien, la libertad. El miniarquismo cree que sin la guerra contra el terrorismo seremos esclavizados o asesinados por el fanatismo islamista, y el anarcocapitalismo cree que con la guerra el leviatán estatalista aflorará cercenando nuestra libertad. En ambos casos, la guerra es un elemento decisivo; en ambos casos un elemento de discordia. Tanto una parte como la otra se consideraran recíprocamente enemigos de la libertad por recetar lo contrario a lo que creen que la libertad necesita. Un miniarquista defendiendo la guerra es un mamporrero de Leviatán, un anarcocapitalista defendiendo el aislacionismo es un aliado de los terroristas.

No es casualidad que acaben tildándose mutuamente de comunistas o socialistas. "La defensa del Estado es socialista" "La oposición a la guerra es socialista". Un peligroso juego dialéctico que nos separa cada vez más del que, hoy por hoy, es nuestro objetivo común. Es más, da alas tanto a la izquierda como al islamismo mientras nos retorcemos en nuestras luchas intestinas. La izquierda no tiene que afrontar la quiebra de su Walfare State y el terrorismo medra ante la falta de originalidad en su lucha.

El problema irresoluble es que ambas partes tienen su porción de razón. La guerra puede resultar conveniente para acabar con aquellos regímenes que apoyan al terrorismo, pero sin duda, no será suficiente para acabar con el terrorismo. El terrorismo es un fenómeno que sobrepasa las fronteras estatales, de ahí que la rígida maquinaria estatal sea incapaz de erradicarlo. Es un fenómeno perfectamente comprensible para los anarcocapitalistas que siempre han criticado la defensa estatal por ineficiente.

Ahora bien, la solución planteada por los anarcocapitalistas, el aislacionismo (básicamente "virgencita que me quede como estoy"), no resuelve los problemas de fondo; no afronta que (con independencia de las causas) YA estamos en guerra y que esa guerra en muchos casos se encuentra respaldada por otros Estados.

A los liberales, a los que amamos la libertad nos incumbe ganar esta guerra. Pero ganar la guerra no puede ser sinónimo, ni antónimo, de ganar la guerra con la defensa pública. Actualmente puede ser un buen método, pero sólo parcialmente. Miniarquistas y anarcocapitalistas debemos buscar soluciones novedosas para un fenómeno nuevo. Ni las recetas de unos (guerra total) ni las de otros (aislacionismo cerril) conseguirán derrotar a los totalitarios.

Desgraciadamente yo no conozco la solución al enigma de cómo ganar la guerra. Eso sí, creo saber el camino por el que podemos encontrarla: la conjunción de las reflexiones de todos los liberales. Al fin y al cabo, se trata de una cruzada contra nuestra libertad. Todos estamos por igual interesados en ganarla. Todos, por tanto, deberíamos abandonar el fanatismo ciego en soluciones monocolores que, con claridad, se han mostrado deficientes.

En todo caso, si el 11-S consuma el cisma del liberalismo, en un momento en el que, en absoluto, debe darse, la guerra estará perdida; y con ella, nuestra libertad.

10 de Septiembre de 2004

Igualdad e identidad

Dice Erik von Kuehnelt-Leddihn: La identidad es igualdad. Es una igualdad de entrada, una igualdad que no requiere una dilatada y minuciosa reflexión para descubrirlo. De ahí que todos los sistemas políticos y sociales inspirados por la idead de igualdad van a profundizar casi inevitablemente en el concepto de identidad y fomentar este instinto gregario, con la consiguiente suspicacia, sino odio, para todos aquellos que intenten ser diferentes o que digan ser superiores.

El PSOE ha anunciado, pese a su posterior rectificación, un precio "fijo"(idéntico) en los libros de texto. Así funciona la mente de la izquierda; cualquier excelencia debe ser eliminada. Aquellos establecimientos más competitivos, capaces de ofrecer los libros de texto a un menor precio, deben ser deformados administrativamente como si en la cama de Procusto se encontraran.

Una vez más debemos recordar la aberración que supone la fijación gubernamental de los precios, ingenio último que suponía el talón de Aquiles del socialismo. Un precio es una relación histórica de intercambio entre personas. Como tal, está sujeta a las oscilaciones valorativas de ambas partes; así, por ejemplo, un aumento de la cantidad de libros reducirá el valor de los mismos para el vendedor(ley de utilidad marginal decreciente) y hará que su precio se reduzca. De la misma manera, el ofrecimiento de otros productos más interesantes para el consumidor puede reducir su posición en la escala valorativa, con la también, posterior reducción de precios.

Los precios son elementos dinámicos, trasuntos del pasado que, en muchos casos, sirven de orientación y guía para el presente. El gobierno no es un actor económico; irrumpe en las decisiones libres de las partes e impone la que cree una "transacción justa". Este proceso supone una aberración que distorsiona toda la estructura productiva y, en última instancia, siempre daña a los consumidores. No hay un ejemplo de fijación de precios que les resulte, a la larga beneficiosa.

Los precios máximos degeneran en escasez y los precios mínimos incrementan el importe que deberían pagar. Los precios fijos pueden suponer, según el momento, una combinación de ambos males. La ministra Calvo y su comparsa ministerial pretendían (quizá aún lo pretenden, sino al tiempo) que nos ajustemos a sus patrones de consumo, moralidad y buena vida, apoyados, claro está, por el lobby de vendedores menos eficientes que pretenden que sea el consumidor quien sirva sus corporativos intereses.

Otra vez, podemos recurrir a las sabias líneas de Kuehnelt-Leddihn para entender está forma de izquierdismo antiliberal. ¿De dónde procede, en definitiva, está tentación igualitaria hacia la identidad de precios?: El motor social de ese proceso es el miedo, conformado por un complejo de inferioridad engendrador de odio, con la envidia como su consanguíneo. (...) Nadie es mejor, nadie es superior, nadie se siente desafiado.

El mercado y sólo en el mercado puede subsistir la cooperación social y la división del trabajo. Pero tal "hermandad" no significa que aquellos que despilfarren recursos deban medrar a costa del consumidor. Todo el mundo tiene su lugar en la cadena productiva; una quiebra generará, al poco tiempo, una mayor felicidad y satisfacción entre los consumidores. El gobierno es la fuerza conservadora (más bien reaccionaria) que se resiste a este cambio. Es una fuerza que, con el ejército y la policía detrás, amenaza a los empresarios con cortarles los pies si osan ofrecer unos productos mejores a los consumidores. Y la comparsa de chupópteros aplaudiendo...

7 de Septiembre de 2004

Gallardón, otro socialista

En una muy buena entrevista realizada por Jiménez Losantos, Gallardón asegura que el objetivo del Partido Popular debe ser "transformar la sociedad mediante la acción de gobierno". Muy hábilmente, el periodista le espeta que muchas veces la sociedad logra cambiar "a pesar del gobierno", pero el alcalde de Madrid parece no comprender semejante alegato liberal; le faltan lecturas… lecturas de autores liberales, claro.

En caso de haber ojeado a Hayek, por ejemplo, conocería la diferencia entre un Estado nomocrático y un Estado teleocrático; el primero, de corte liberal, dispone las condiciones necesarias para que todos sus miembros puedan perseguir libremente sus fines, generando un orden espontáneo del que todos se benefician, mientras que el segundo, de naturaleza socialista, se basa en la idea de que la sociedad puede ser construida mediante mandatos coactivos desde el gobierno, subordinando la libertad y las preferencias individuales a la consecución del "bien común".

No tenemos demasiadas dudas del modelo al qué se adscribe Gallardón. Al igual que todos los socialistas, no observa al individuo como una suma de posibilidades, sino como un medio para lograr sus elevados fines. De ahí que Gallardón se haya vestido con el traje del intervencionismo y de las subidas de impuestos; necesita exprimir y expoliar a la sociedad madrileña para erigir un olímpico monumento a su ambición personal.

De la misma manera que los faraones construyeron las pirámides con el esfuerzo de miles de esclavos para alcanzar la gloria eterna, los socialistas, como Gallardón "transforman" la sociedad, "crean" una nueva sociedad, mediante la fuerza coactiva de la Administración para alcanzar el beneplácito de la histórica. Los faraones despreciaron el sufrimiento de los esclavos, los socialistas "de todos los partidos" desprecian la libertad de aquellos ciudadanos a los que moldean.

Pero si bien resulta preocupante que haya políticos socialistas que estén dispuestos a ejecutar, a cualquier precio, semejante mandato cuasi-divino, es más desconcertante que el partido que, teóricamente, representa a los liberales españoles, el PP, encargue a un socialista como Gallardón la redacción de su discurso político. No sé en qué estará pensando Rajoy; si sé, en cambio, en qué estará pensando Gallardón: en "transformar la sociedad". Tantos complejos liberales por un lado, y tanta determinación socialista por otro, tan sólo pueden concluir es un desastroso pasteleo centrista. Ojalá me equivoque.

4 de Septiembre de 2004

La muerte de las industrias

Estamos en lo de siempre. Industrias que dejan de ser rentables y deben cerrar. Los titulares no pueden ser más demagógicos: "300 trabajadores a la calle". Hacen la foto finish y ahí nos quedamos. La introducción del instrumento analítico del equilibrio en la ciencia económica llevó al inevitable resultado de afirmar que cualquier resultado social es una situación de equilibrio, de ahí que el equilibrio con desempleo del que hablaba Keynes, no surgiera como una contradicción terminológica.

Y por si fuera poco, ¿saben quién tiene la culpa del cierre de la industria? Por supuesto: como estamos inmersos en una sociedad globalizada y las decisiones no se toman aquí, no se puede hacer nada. La cuestión que uno se plantea es, obviamente, qué hubieran hecho en una sociedad no globalizada.

La búsqueda del beneficio contable no es una cuestión baladí. En ausencia de beneficios, las empresas están dilapidando recursos y riqueza; el beneficio nos indica que estamos usando factores de producción adecuados, en el tiempo adecuado, para satisfacer los deseos de los consumidores. Si estos deseos cambian -por ejemplo al ser satisfechos de una forma más eficaz o con un menor esfuerzo- el beneficio desaparecerá por la competencia empresarial. Las empresas sin beneficios son empresas que, o no satisfacen a los consumidores, o los satisfacen de una peor manera; entonces, la cuestión indudable es, ¿por qué deben seguir funcionando esas empresas?

No olvidemos que toda empresa genera productos para ser consumidos (quizá no inmediatamente, pero toda la estructura productiva se dirige en última instancia hacia el consumo) Si el consumo desaparece, el sentido de esos productos se esfuma y con él la importancia del trabajo que contribuía a producirlos.

Pero eso no significa que los factores productivos queden para siempre desatendidos. Precisamente, la quiebra empresarial se produce como consecuencia de atribuir a esos factores un mayor valor que el asignado al producto final; en otras palabras, existen otros usos prioritarios.

El propietario de factores de producción tiene dos posibilidades palmarias: o venderlos o quedárserlos. Si adopta la primera opción, es evidente que los venderá al mejor postor. Ese precio será el coste que los empresarios que desean adqurir semejante factor deberán soportar. Si un empresario gasta más dinero en factores del que podrá obtener por el producto final, pierde dinero. Debe desaparecer del mercado para que, otros empresarios, puedan adquirir sus factores y satisfacer al consumidor.

Si esos factores no tuvieran otros usos prioritarios, el precio de los mismos, descontando el interés, sería igual al del producto final (siempre y cuando el propietario de los factores de producción no valora más la retención de los mismos que el precio ofrecido)

Este análisis también resulta aplicable para el trabajo. Sin embargo, éste tienes sus características (o vocabulario) particulares. El trabajador puede vender (o alquilar mejor dicho) sus servicios o quedárselos. El alquiler se realizará también al mejor postor (que, en este caso, no será necesariamente quien más pague, sino quien mejores condiciones ofrezca), otros empresarios que quieran adquirir los servicios de ese sujeto deberán mejorar las condiciones. Si por los motivos que sean (falta de previsión, presión sindical, ordenanzas gubernamentales) el trabajador percibe un salario superior a su contribución al producto final, el empresario deberá, o bien rebajarle el salario, o bien cerrar la empresa.

Puede que haya otros empresarios dispuestos a pagarle el mismo sueldo, pero en todo caso, éste no podrá ser superior a la contribución final al producto (siempre, claro está, descontando el interés). Eso sí, en todo caso, el individuo podrá encontrar distintas ocupaciones a un salario inferior. Claro que, el trabajador podría verse cegado por las enseñanzas del valor-trabajo y creer que una reducción de su salario implica un robo inaceptable o, en todo caso, que prefiere retener para sí su tiempo de trabajo (bien porque decida convertirse en empresario, bien porque valore el ocio más que el trabajo -la satisfacción del ocio más que la satisfacción derivada de la retribución laboral) En todo caso, esa "desocupación" no significa que el trabajador no puede trabajar, sino que en esas circunstancias, prefiere no trabajar.

Ahora bien, si se coloca un límite inferior a esa reducción salarial -salario mínimo- es bastante probable que el individuo no pueda encontrar trabajo si su contribución social es valorada escasamente, por los consumidores.

En todo caso, no entiendo que pretende el redactor de la noticia al señalar que: Quizás ya va siendo hora de globalizar la conciencia y las luchas y de recuperar la dignidad y combatividad de antaño. ¿Combatir contra qué? ¿Contra la soberanía del consumidor? Evidentemente, mientras existan beneficios empresariales puros -es decir, que no provengan simplemente del interés- los salarios pueden incrementarse a costa de los beneficios -con la consiguiente merma en inversión y en aumento general de todos los salarios. Pero éste es un proceso condenado a la extinción. Esos beneficios empresariales puros no se mantendrán para siempre, la competencia los eliminará. Podrá subsistir el beneficio contable a través del interés, pero al atacar ese punto se está condenando a la industria.

En todo caso, una empresa con pérdidas como la que nos ocupa, difícilmente puede mantener a los trabajadores. La culpa la tendrá el capital, el sistema, o un ente divino, pero la empresa deberá cerrar... a menos que pretendamos que sea subvencionda, a costa de otras empresas. Pero claro, esta pretensión es del todo absurda, pues pretende mantener una estructura productiva que se ha quedado obsoleta para satisfacer al consumidor. Tarde o temprano tendrá que disolverse como un azucarillo y adaptarse a los nuevos vientos. Pretender que aquello que no sirve para su finalidad -satisfacer al consumidor- debe seguir existiendo, transforma el sistema económico en un puro ejercicio de cavar agujeros para volver a llenarlos.

Tales pretensiones sólo pueden provenir de un completo desconocimiento de la economía. Pero como afirma George Reisman: Su horizonte mental es tan estrecho que no es capaz de observar más allá de su inmediato interés situado en la presente inversión y en las actuales cadenas productivas. (...) Usando una vez más la analogía de la astronomía, es como si la gente creyera no sólo que el Sol gira en torno a la Tierra, y que la moral apoya semejante teoría, sino que, además, su bienestar personal requiere oponerse a cualquier explicación alternativa.

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