liberalismo.org

Todo un hombre de Estado: Mayo 2006

31 de Mayo de 2006

Estilo Morales

Este martes he escrito en Libertad Digital sobre la propuesta de la UE de gravar con impuestos los SMS y los correos electrónicos:

No es casualidad que el Tempranillo de los Andes fuera recibido entre aplausos y vítores por los politicastros del Parlamento Europeo; y es que el robagallinas bolivariano no es más que una versión asilvestrada e indigenizada de nuestros eurocráticos ladrones de guante blanco.

Evo desvalija empresas extranjeras con un jersey de lana gorda y los políticos europeos desangran nuestros monederos pertrechados con traje y corbata. Evo es un ratero megalómano; nuestros políticos, unas sanguijuelas cojoneras.

Los intercambios entre países se han disparado porque los estados europeos han reducido las barreras existentes entre ellos, favoreciendo de este modo la interrelación de los ciudadanos. El mérito lo tienen los individuos, y los empresarios que crean los medios para que esa interrelación sea posible; la Unión Europea sólo contribuye a ello de la misma manera en que un asesino en serie contribuye a nuestra salud si decide indultarnos.


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29 de Mayo de 2006

Deslocálizense aun más, por favor

Ya lo dijimos, los chicos de socialdemocracia.org son una fuente inagotable de argumentaciones inexistentes y recetas económicas basadas en el porque-me-da-la-gana. En el último artículo publicado, un tal Miguel A. Escobar se queja de la "deslocalización salvaje" que están practicando ciertas empresas, entre ellas Braun: La empresa de electrodomésticos Braun, propiedad de una sociedad norte americana ha planteado cesar la actividad de su planta en Esplugues y dejar en la calle a más de 700 trabajadores y trabajadoras.

La firma Braun se ha convertido en las últimas semanas en el ejemplo de la deslocalización salvaje.

Es cierto, que malvada es la deslocalización. Tan malvada que supongo que Escobar clamará para que Braun cierre la planta de Esplugues y se marcha a su casa, EEUU. Yo aun estoy sollozando por los centenares de familias estadounidenses que deben seguir viviendo en la miseria cuando Braun se deslocalizó a España aprovechando sus bajos salarios con respecto a EEUU. Todos a una: ¡Braun cierra tu planta en Espluges y vuelve a casa!

Pero, siendo justos, no deberíamos pararnos aquí. Los 700 trabajadores que durante años han estado viviendo a costa de la deslocalización salvaje deberían compensar a las familias estadounidenses que dejaron en la miseria. Lo lógico es que Escobar pidiera una indemnización para las familias yankees procedentes del patrimonio de los trabajadores de Braun en Esplugues; tanto años rapiñando no es justo.

Y mientras tanto a los chinos que les den. Sí, lo siento; nosotros sí pudimos aprovechar nuestros bajos costes salariales para atraer inversión extranjera, dejando a multitud de familias yankees y europeas en el paro. Pudimos hacerlo, pero los chinos no, ellos no se lo merecen. Nosotros tuvimos el derecho de aprovechar nuestros bajos salarios y ahoras tenemos el derecho de seguir percibiendo los altos salarios derivados de la inversión extranjera y de los incrementos de la productividad. Los chinos no; eso es.

Para el Tercer Mundo sólo cabe la entrega de un dadivoso 0'7% de nuestro PIB que permita acallar nuestra mala conciencia, pero empresas, ni una. ¿Cómo vamos a dejar que se desarrollen? ¿Cómo vamos a permitir que nos vendan a mitad de precio sus productos? ¿Cómo vamos a permitir que trabajen el doble cobrando la mitad? Nada de eso, nosotros pudimos hacerlo y desarrollarnos, pero ellos no. Somos así de simpáticos.

Sigamos con el brillante Escobar: Los números que ha presentado ante el Comité de empresa no expresan pérdidas que justifiquen un ajuste de plantilla. Su gran argumento no es otro que el de su previsión de reducción de beneficios a corto plazo.

Ya se sabe que el concepto de coste de oportunidad no lo manejan demasiado por esos lares. Mira Escobar, si tan rentable es producir en Esplugues no existe ningún problema: Braun, estúpida ella, abandonará un negocio rentabilísimo y otra empresa lo aprovechará. ¿Te imaginas a las petroleras diciendo: "Vamos a abandonar los pozos de petróleo que nos da pereza explotarlos"? ¿Verdad que habría más de uno frotándose las manos? Pues aquí igual, si eres tan sabio como para decir que la decisión empresarial no está justificada por las perspectivas presentes o futuras, tómate una tila y relájate a observar como otros malvados empresarios ávidos de beneficios, retomarán el negocio.

¡Qué digo yo! No, mejor aun, no te sientes. Lo tienes sencillísimo; te vas al banco, pides un préstamo a estos bajísimos tipos de interés, y vuelves a montar la empresa. Lo tienes fácil; los trabajadores estarán encantados de explicarte los métodos de producción y a quiénes se abastecía. Si no hay motivos que justifiquen la decisión y los beneficios futuros son seguros, ¡fórrate hombre! Ya sabemos que eres progre, pero precisamente por eso no irás a desaprovechar una ocasión milmillonaria, que pelotazos de estos no se ven todos los días.

Lo mejor de todo, eso sí, son las propuestas de Escobar para remediar la situación. No, tranquilos, "soluciones Escobar" no tienen nada que ver con arriesgar su dinero y volver a iniciar la empresa: parece necesario replantear los mecanismos que tiene la propia administración a la hora de permitir expedientes de regulación que afectan al conjunto o a parte de las plantillas. Y estos mecanismos pasan de un lado por endurecer las condiciones objetivas que deben acompañar todo expediente de crisis y por el otro que de una vez nos planteemos como trabajadores y como consumidores la necesidad de orientar nuestras compras hacia aquellos productos y empresas que además de obtener beneficios también condicionen su obtención al cumplimiento del compromiso con su entorno social y ambiental.

Qué mensaje más atractivo para invertir en España. "Multinacionales extranjeras, no sólo nuestros salarios son más del doble de los asiáticos, sino que, además, en caso de que decidan entrar en nuestro país, les va a costar un riñón y parte del otro salir". Vamos, más atractivo imposible; en lugar de competir en creación de valor, competimos en joder al personal. Ya me veo a todos los empresarios peleándose por entrar o quedarse en España, la cuna de las oportunidades mundial.

La otra parte de la propuesta también es interesante. Escobar quiere comprar productos ¡nacionales!, aun cuando valgan el doble de caros. ¡Boicot als productes xinesos!; nada personal eh, que boicotear als productes catalans queda muy feo, pero para los chinos tercermundistas cualquier boicot es poco. ¡Nos quitan los trabajos! Sí, no eres el primero que lo dice, por ahí se te adelantaron tus primos ideológicos. Aunque supongo que no te importará.

Si lo haces con tu dinero y los demás te siguen voluntariamente, a mí plim. No es una medida muy inteligente, pero tampoco espero más de la izquierda y el fascismo. Ahora bien, tan sólo recuerda que si compras a mitad de precio, no sólo te beneficias tú, sino que o bien puedes incrementar tu ahorro o tu consumo hacia otros bienes o servicios que, vaya, están producidos por trabajadores. Supongo que estos, como no los ves ni puedes saber quiénes son, te importarán un carajo, pero lo cierto es que dejarán de comer por tu empecinamiento en gastar tu renta en productos españoles más caros.

Pero bueno, tampoco pasa nada. Dado el odio cartaginés de Escobar hacia la deslocalización, como ya hemos dicho, en buena coherencia reclamará que todas las sucursales de empresas extranjeras en España vuelvan a sus países de origen. No tendremos que preocuparnos demasiado sobre qué consumir, un poco de aceite de oliva y cuatro naranjas subvencionadas por la PAC conformarán nuestra dieta. Si al final resultará que algunos añorarán la autarquía franquista; qué irónico resulta que estadounidenses y chinos fortalezcan tus orígenes. No hay nada como la globalización.

24 de Mayo de 2006

Las preferencias, inducidas o no, no son objeto de la economía

Pijus Economicus ha respondido parcialmente a mi post anterior (I, II). Le falta tratar el tema del cálculo económico, pero eso lo dejaremos en un post aparte. Veamos que ha dicho hasta el momento.

Dicotomía entre consumidor y persona

En su post original Pijus aseguró que la ciencia económica se basa en la existencia de consumidores, no de personas. Yo le dije que el consumidor es una faceta de las personas, de modo que una misma persona puede ser capitalista, trabajador y consumidor. Lo que le interesa a la ciencia económica es determinar qué ocurrire cuando esa persona actúa como consumidor, como trabajador o como capitalista.

Dice Pijus ahora: Todos los que este texto estemos leyendo somos personas, y en algunos casos también consumidores, pero me extrañaría que hubiese algún capitalista. El capitalista es aquél que posee medios de producción, y que puede vivir alquilando la fuerza de trabajo ajena en el mercado de trabajo. Invertir en un fondo de pensiones no convierte a uno, en modo alguno, en capitalista. Seguirá teniendo que alquilar su propia fuerza de trabajo para vivir

La definición que hace Pijus de capitalista no tiene sentido alguno. Dado que no está dispuesto a admitir que todos somos en cierta medida capitalistas, tiene que recurrir a estrafalarias deformaciones del término. La cuestión clave para ser capitalista ya no es sólo ni poseer los medios de producción ni alquilar la fuerza de trabajo, sino además "poder vivir con ello". ¿Y qué significa poder vivir? ¿Cómo objetivizamos el término? Aquel sujeto que vive únicamente de rentas y que gasta más de lo que ingresa, ¿"puede vivir" del capital? Pijus pretende enlazar el concepto de capital con el de las necesidades, pero esto es del todo ridículo: según esta definición un campesino con una azada en un monte comunal podría ser capitalista si consigue lo necesario para vivir, y un multimillonario manirroto propietario de cientos de empresas, no lo sería si considera que aun gana demasiado poco para cubrir sus necesidades.

En realidad, tanto el agricultor con respecto a su azada como el multimillonario respecto a sus empresas son capitalistas: propietarios de capital. Que luego ese capital les sirva o no para cubrir sus necesidades es un asunto muy distintos.

Un fondo de pensiones privado sí hace que su titular sea un capitalista. Quien lo contrata está capitalizando la renta para luego, al cabo de algunas décadas, vivir de la riqueza acumulada, esto es, del rendimiento de su riqueza. Repito, quien contrata un fondo de pensiones esta CAPITALIZANDO su renta y por tanto sí es un capitalista.

Pero es que, para más inri, incluso desde la propia definición absurda que da Pijus podemos afirmar que quien tiene un paquete de acciones, un fondo de pensiones o incluso un depósito a plazo fijo es un capitalista. El argumento de Pijus es el siguiente: "No es capitalista porque sigue obligado a alquilar su fuerza de trabajo para vivir". Aquí, de nuevo, el concepto de "obligación" es muy relativo; en realidad sólo la fuerza física obliga, el hambre no es una obligación sino una poderosa necesidad para quien quiere seguir con vida. Pero además ¿qué incluimos en la obligación? ¿Vivienda? ¿Qué tipo de vivienda: situación, tamaño, mobiliario...? ¿Vestido? ¿Qué tipos de ropa: calidad, cantidad, clase...? ¿Electricidad? ¿Cuánta es la necesaria para vivir? ¿Agua corriente? ¿Cuánto puede gastarse: baños, cesped, piscina...? ¿Dónde coloca Pijus el arbitrario límite de la obligación?

En todo caso, no nos desviemos. Supongamos efectivamente que ese límite existe y su valor es de 500 € mensuales. Por debajo de esa cantidad el hombre tiene la obligación de alquilar su fuerza de trabajo para no perecer. Según Pijus, quien obtuviera una renta de de 501 € sería capitalista, pero quien poseyera una de 499 € no.

Supongamos que un individuo percibe una renta de 100 € y un salario de 400 €. En puridad sigue obligado a alquilar su fuerza de trabajo, ya que los 100 € no cubren sus necesidades mínimas. Ahora bien, ¿está obligado a vender la <i>misma</i> fuerza de trabajo que quien no percibe la renta? En este ejemplo, el individuo sólo tiene que buscar un trabajo que le proporcione 400 €, en caso de carecer de renta tendría que localizar uno de 500 €. Incluso desde la perspectiva de Pijus, todo rentista es capitalista, pues la renta reduce la cantidad y calidad de trabajo que tiene que ofrecer en el mercado.

Pero démosle otra vuelta de rizo a la definición. ¿Por qué no decir que trabajador es aquel que sólo vive de alquilar su fuerza de trabajo sin tener la obligación de percibir rentas? Según esta definición, todo el mundo sería capitalista a menos que careciera por completo de capital. La carga de la prueba se invierte: si quiere ser trabajador, no tenga ninguna forma de renta no laboral. La torpeza de esta definición es tan grande como la de Pijus: para él sólo le es capitalista si no se perciben rentas salariales, con lo cual todos son trabajadores a no ser que acrediten lo contrario.

Con esto no vamos a ninguna parte, rigor económico cero.

una persona no es en todo momento un consumidor. Efectivamente, para que una persona sobreviva tiene que consumir, al menos, lo mínimo para mantenerse con vida biológicamente, mientras que el resto del consumo es innecesario con respecto a ese mismo fin. Sin embargo, la persona tiene muchas más necesidades que no entran dentro del concepto de “consumo”, y que responden a cuestiones de afecto, salud y estabilidad emocional.

Este párrafo de Pijus es interesante porque muestra sus contradicciones internas. Pijus admite que seguir con vida es un fin del ser humano, lo cual es correcto. Pero añade que el resto de consumo es "innecesario" con respecto al fin de la supervivencia. Bien, ¿pero por qué colocas ese fin por delante de otros fines? El alpinista no está realizando las acciones más "inteligentes" para sobrevivir, pero en cambio coloca el fin de escalar por encima del de sobrevivir. La persona sedentaria tampoco está realizando el deporte suficiente para lograr sobrevivir, pero prefiere estar relajado en su caso, aun cuando ello le suponga menos años de vida. Muchos conductores saben que pueden perder sus vidas yéndose de vacaciones con el coche, pero siguen haciéndolo.

¿Por qué colocas la supervivencia como el fin supremo? ¿Acaso el resto de necesidades no son igualmente fines que pueden entrar en rivalidad con el primero?

El consumo que tildas de innecesario lo es tan sólo con respecto al fin de sobrevivir. Pero no con respecto a otros fines que pueden ser tan o más importantes que el de sobrevivir. Todo depende de la valoración de cada sujeto. ¿En función de qué tildas el consumo ajeno como necesario o innecesario? ¿En función de qué supones que todo el mundo tiene como fin prioritario la supervivencia?

En todo caso, tu último apunte sobre el afecto o la salud no tiene demasiado sentido. Primero, porque ningún austriaco pretende restringir las necesidades de los individuos al consumo; las personas que odian el consumo siguen siendo "racionales", porque la racionalidad es una relación fines-medios, y cada individuo tiene sus propios fines y, para ello, adoptará los medios que considere más adecuado (el anticonsumismo, por ejemplo). Segundo, porque muchos de esos fines sí tiene su componente de consumo: el afecto puede ir complementado con regalos o con un hogar común, la salud necesita de medicinas y hospitales, y la estabilidad emocional puede requerir la presencia de bienes materiales.

Su último apunte en este apartado sirve para dar la razón a la economía austriaca: La ciencia económica ortodoxa se ocupa únicamente de los consumidores, equiparándolos a un ordenador que consume energía, y olvida todo lo demás. Los teoremas formados bajo esos supuestos, por tanto, excluyen el tratamiento de la felicidad del individuo en su aspecto global, y, uniformados en bata blanca, los economistas reordenan la vida económica para que todos consuman. Cosa que tampoco consiguen, además

Cierto, eso es la ciencia económica ortodoxa, esa que tú tildas de "liberal", pero que como afirmas sólo pretende "reordenar" la vida económica. ¿Realmente crees que la planificación central reorganizadora es sinónimo de liberalismo, de "laissez faire"? No, la ciencia económica universitaria, como bien apuntara Albert en el artículo que criticaste, es la base del intervencionismo político, esto es, de la expansión del socialismo.

Existencia de la función de preferencias

En este punto Pijus, en la mejor tradición neoclásica, intentó justificar la existencia de una función de preferencias, basándose en observar la elección puntal de un consumidor. Yo le respondí que de esa observación sólo se sigue que "en ese momento, la acción preferida era la emprendida".

Los comentarios de Pijus en este apartado son acertados y no contradicen en nada mis afirmaciones. De hecho, las críticas que le hice permanecen intactas: Tanto Rallo como yo tenemos, en cada instante de tiempo, preferencias. La preferencia surge cuando podemos comparar subjetivamente dos realidades distintas. Según nuestro desarrollo histórico personal preferiremos una opción u otra. Y, obviamente, dicho desarrollo es diferente según qué persona, por lo que las elecciones serán completamente distintas

El único error que señalaría es la conclusión: Y, obviamente, dicho desarrollo es diferente según qué persona, por lo que las elecciones serán completamente distintas. Más bien hay que decir que las elecciones "pueden ser" completamente distintas, pero no lo serán de manera necesaria. Esa es una predicción que no se sigue de las premisas.

Más tarde también afirma que: las preferencias se modifican constantemente y dependen del contexto social, incluyendo el desarrollo histórico previo de cada personalidad, siendo, por tanto, diferentes de un ser humano a otro. Y no son sólo de naturaleza material: puedo preferir pasear por la playa a ocupar una tarde tratando de invertir mi dinero en bolsa.

Tampoco nadie de la Escuela Austriaca afirma que las necesidades tengan un carácter material.

En todo caso, de este apartado no se sigue la existencia de una función de preferencias y, mucho menos, de una función de preferencias observable.

Influencia de la sociedad

Esta punto es realmente jugoso. Pijus relataba que los liberales negábamos la influencia de la sociedad en la acción humana, cuando precisamente uno e los campos de investigación más ricos y fructíferos de la Escuela Austriaca ha sido su teoría de las instituciones y del orden social espontáneo. A esto responde Pijus:

Rallo, como los defensores del individualismo metodológico, afirma que las instituciones surgen espontáneamente de las interacciones del individuo con la sociedad, beneficiando así a todos. Efectivamente, las instituciones, la sociedad y cualquier estructura que trascienda al individuo surgen de la actividad del ser humano. No se puede aceptar el holismo. Sin embargo, la pregunta es el “cómo surgen”

Lo curioso de este párrafo es que Pijus está aceptando implícitamente el individualismo metodológico que tanto denuesta. Concretamente en esta frase: Efectivamente, las instituciones, la sociedad y cualquier estructura que trascienda al individuo surgen de la actividad del ser humano. No se puede aceptar el holismo. Eso es lo que afirma el individualismo metodológico y no, como torpemente crees tú, que sólo existen los individuos y no la sociedad. Ya te lo expliqué aquí.

A la pregunta de cómo surgen las instituciones también responde la Escuela Austriaca; de hecho, su teoría de las instituciones comienza cuando describe su génesis. La Escuela Austriaca, desde Menger, no toma las instituciones como una realidad "dada", sino que trata de explicar su desarrollo dinámico. El famoso teorema regresivo de Mises, expuesto en su primera obra, supone un análisis praxeológico de cómo surge la institución del dinero en términos de valor. Por tanto sí explicamos de dónde surgen, sólo has de leer a Menger, Hayek y Mises. Como ya te dije, criticas a un muñeco de paja.

Es más, en el siguiente párrafo demuestra su pésimo concepto de institución: No aparecen democráticamente en una relación de igual a igual, sino que se forman a través de métodos tan injustificables como el miedo y la fuerza. Así nacen, históricamente, los estados y las empresas. La propiedad privada, impuesta por la fuerza bruta, ha derivado en la fuerza del poder económico. La herencia del capital es el dolor y el esfuerzo, siempre de otros.

Eso de lo que hablas no son instituciones, sino estructuras de poder. Las instituciones se caracterizan por no haber sido creadas por nadie, sino por surgir como resultado no intencionado de las interacciones humanas. Desde el momento en que crees que las instituciones son planificables (bien democráticamente o bien a través de la fuerza) te están situando en lo que Hayek tildaba de "falso individualismo", es decir, el individualismo que tú mismo repeles. Si las instituciones han sido creadas conscientemente por alguien, entonces la sociedad es obra de un individuo, de modo que no exista al margen de la mente individual. Para ti la sociedad es una parte del cuerpo individual, una extensión maleable de su imaginación. Niegas, por tanto, la existencia de sociedad al margen de los individuos. Curioso círculo has trazado.

En todo caso, toda esta cantinela de que la propiedad privada ha sido impuesta por la fuerza tiene bastante poco fundamento. Veamos, los únicos individuos que han adquirido masivamente su propiedad por la fuerza han sido los políticos y sus allegados, tanto ayer como hoy. Los empresarios no se han enriquecido robando, sino comerciando.

Tu modelo económico es incapaz de explicar los orígenes de los medios de producción, de ahí que pretendas nacionalizarlos y te quedes tan ancho. Si implícitamente asumes que los medios de producción son siempre robados y nunca creados, ¿a quién se los robó el primer ladrón? El ahorro y la inversión dan paso al capital, y muchísimos empresarios han logrado acumular capital gracias a los ahorros de las generaciones anteriores. ¿Es esto un robo? ¿Un robo a quién? Lo único que han hecho los empresarios no políticos ha sido crear una riqueza que antes no existía en la sociedad.

Su siguiente error, cómo no, consiste en suponer que ese control de los medios de producción les confiere un poder singular frente a la sociedad: esa influencia que tienen las estructuras superiores sobre el individuo no son comparables a las influencias entre personas. No es de la misma naturaleza la influencia que tiene Rallo sobre sus amigos en la calle que la que tiene una determinada empresa para concienciar a potenciales clientes.

Esto es una afirmación del todo gratuita y, por cierto, concilia bastante mal con la teoría del valor-trabajo (si las mercancías se intercambian de acuerdo con el trabajo incorporado, la publicidad poco pinta). Si afirmamos que una mayor publicidad implica una mayor influencia y una mayor captación de clientes, las empresas dejarían de producir y se dedicarían a destinar todos sus recursos a la producción. Si ello no sucede es porque, en efecto, un mayor gasto en publicidad no necesariamente implica una mayor influencia y, en cambio, sí significa un mayor coste para la empresa (que no podrá destinar a abaratar el precio de sus productos o a innovar en el futuro).

Las empresas gastan demasiado en publicidad, se descapitalizan. Sí, has oído bien. Un gasto excesivo en publicidad da lugar a un menor capital y, por tanto, una menor base futura para seguir gastando en publicidad. Lo importante no es gastar en publicidad, sino gastar correctamente y gastar correctamente, en última instancia, significa satisfacer a los consumidores.

Que tú señales que esa satisfacción es artificial o inducida resulta irrelevante. Si yo convenzo a mis amigos para ir a ver una película al cine y les gusta, también estamos ante una satisfacción artificial e inducida; poco sentido tendría decir que si el Estado me hubiera prohibido presionarles, ellos serían más felices. ¿En función de qué parámetro estableces la comparación? ¿Por qué asumes que las necesidades inducidas son malas?

El ser humano no es omnisciente; no puede prever todo cuanto le hace feliz ni mucho menos todos los medios disponibles para alcanzar la felicidad. Precisamente por ello las sugerencias, la información, el mimetismo y la publicidad le permiten alcanzar estadios de felicidad que él mismo nunca habría sido capaz de concebir. En cierto modo, pues, la comunicación publicitaria nos eleva por encima de nuestras limitaciones individuales y nos comunica las ventajas de la cooperación social. Y ello lo puede hacer una gran empresa o tu vecina; la diferencia es que tu vecina sólo podrá comunicártelo a ti y una gran empresa a millones de personas.

Este párrafo es muy ilustrativo del error que comete Pijus: podemos comprobar que los diseños en ropa de las grandes empresas suelen convertirse en moda, mientras que empresas con menos poder económico no tienen esa capacidad, a pesar de que sus productos suelen ser los mismos.

No voy a entrar en si los diseños de unas son mejores que los de otras, porque realmente no es el tema. Lo que el individuo busca al adquirir un producto que está de moda es un cierto reconocimiento social. Si uno compra Niké busca que los demás sepan que está llevando Nike; cuanta más gente conozca qué es Nike, mayor prestigio tendrán sus productos.

Esto es una facultad de la que no disponen las pequeñas empresas. Si yo saco una marca: “Keni” que sólo sus actuales clientes conocen, es obvio que los individuos no podrán alcanzar el reconocimiento social que buscan a través de esta marca. La moda, en definitiva, es una acción coordinada de miles de personas en vestir o comportarse de una misma forma; las empresas pequeñas no disponen de los recursos suficientes para coordinar a esos miles de personas y por tanto no pueden crear modas.

Las modas, en definitiva, no son una imposición, sino una respuesta a ciertas necesidades humanas. Si a la gente no le gustara ir a la moda, simplemente no iría. Pero dado que le gusta, las únicas con capacidad para crearla son las grandes empresas. Mi vecina puede crear una moda entre nosotros, una gran empresa puede crearla entre miles de personas. ¿Cuál es más valorada? ¿Cuál responde realmente a la descripción de moda?

Pijus prosigue con sus errores: ¿Por qué Rallo dice que no es nociva esta última influencia? Pues porque él defiende la ley del más fuerte. Su mensaje es: “privaticemos, y que gane el mejor, que se lo merece”. Para llegar a esa conclusión hay que aceptar que lo que cada uno tiene en el momento de decirlo es lo que le corresponde por sus esfuerzos, y para ello hay que negar la historia y el desarrollo

El más fuerte es aquel que más y mejores necesidades satisface, siempre que el intercambio sea voluntario. Aun cuando los medios de producción estuvieran en manos de ladrones pasados, en ausencia de violencia, sólo serían capaces de retenerlos si continuaran sirviendo las necesidades de los consumidores. Tu ley del más fuerte es la ley de la felicidad de los más débiles.

El delirio aparece al final del post cuando compara la situación de los consumidores satisfechos con la de los esclavos que han asimilado su condición. El problema es que el esclavo, como Pijus dice, morirá en caso de que quiera liberarse; el consumidor no. El coste del consumidor para rechazar las empresas es prácticamente cero, si en verdad no es feliz, sólo tiene que dejar de comprar sus productos. Pero si sigue haciéndolo y sigue derivando satisfacción de ello, ¿quién eres tú para prohibírselo? ¿Quién eres tú para coaccionarle? ¿En función de qué aseguras conocer mejor sus preferencias? ¿Cómo conoces la satisfacción que alcanzaría si se le impusiera tu modo de vida?

El paradigma de la ciencia económica

Pijus ya comienza mal este punto: Mil veces repetido, el paradigma dominante que genera y domina la ciencia económica ortodoxa, y a buena parte de la heterodoxa, es el cartesiano. Tal paradigma tiene como bases la disyunción y la reducción, que conducen inevitablemente a la especialización. Neoliberales y Austriacos han construidos sus teorías partiendo de bases similares, aunque con grandes diferencias.

Este párrafo no demuestra otra cosa que su completa ignorancia de la metodología austriaca, cuyo fundamento no es la reducción de la realidad a modelos, sino su descripción. La escuela austriaca es una escuela realista, lo que le interesa es comprender los procesos necesarios de la realidad, sean complejos o simples. Una reducción es una derivación antirrealista y, por tanto, antiaustriaca.

Pijus parece reconocer este punto, pero lo matiza: Si Rallo acepta este nuevo e indefinido -todavía- método de comprender el mundo, que permite ver lo global a través de la interrelación de las partes, y observar la multidimensionalidad de la realidad social es, en cambio, incapaz de llevar a cabo aquello que defiende. De un lado afirma que existen leyes constantes atemporales y de otro, más preocupante, ignora que la economía debe estudiar la formación de esos procesos sociales que dice analizar, lo que alude a la historia y antropología

Para descubrir las implicaciones necesarias de la acción humana no es necesaria ni la historia ni la antropología. La economía estudia qué ocurre con la acción humana cualquiera que sea el fin que está persiguiendo. Esto significa que resulta irrelevante analizar la formación de fines, porque nos interesa ver qué ocurre sea cual sea el fin.

Es en este sentido en el que puede afirmarse que las leyes son atemporales, ya que la implicación necesaria de la acción lo será en cualquier momento histórico. La ley de la utilidad marginal decreciente no depende del fin ni del estadio evolutivo, es una categoría de la acción. La carestía derivada de una fijación de precios máximos por debajo del de mercado no depende, nuevamente, de cuáles sean los fines, sino de haber bloqueado la acción, cualesquiera que fueran sus fines.

Partir de la historia para llegar a conclusiones teóricas es un gran error. La historia no explica las causalidades entre las acciones, precisamente nuestro objeto de estudio. La historia es un magma inconexo de hechos, donde sólo se aprecian correlaciones entre fenómenos observados y observables.

El problema, por tanto, es triple: a) ¿cómo conoces qué dos acciones están relacionadas por la causa y el efecto? Es decir, ¿cómo distingues correlación de casualidad? Los métodos econométricos no sirven, ya que asumen una constancia de circunstancias que nunca se dan en el campo de la acción, b) ¿Cómo seleccionas todos los hechos que deben servirte para explicar causalmente el fenómeno? Puede que elijas algunos, ¿pero cómo sabes que no hay otros elementos que influyen en la acción pero en los que ni siquiera has pensado? ¿Has de observar y regresar toda la realidad? y c) ¿Qué ocurre cuando los elementos que influyen en la acción simplemente no son observables? ¿Cómo relaciones la acción con el valor en ausencia de una teoría? ¿Dónde se observa el valor o el coste de oportunidad?

Pijus incide más tarde en el punto de las preferencias: Los austriacos, lo hemos dicho con anterioridad, aceptan que las preferencias son complejas y que cada individuo tiene unas que sólo él mismo conoce, y que, además, cambian. Si entendemos que cambian hemos de admitir la influencia del contexto, independientemente de que el resultado lo aceptemos luego como positivo o negativo. Pero, ¿por qué cerrar el grifo a las interrelaciones multidisciplinares cuando no nos interesa?

Se cierra el grifo simplemente porque la economía estudia, como ya he dicho, las implicaciones necesarias de la acción. No pretende analizar cuál será el rumbo de la acción, sino cuál será el rumbo necesario de la acción. Y para que sea necesario debe ser independiente de las contingencias; si tú pretendes conocer que harán los individuos en el futuro, estás en el campo de la empresarialidad: quieres intuir qué ocurrirá. La economía, en cambio, se preocupa por lo que necesariamente ocurrirá y ello es independiente de los fines.

Da igual que te guste leer libros de Marx o irte de fiesta todos los sábados. Habrá carestía siempre que fijes un precio máximo por debajo del que habría alcanzado en el mercado. Da igual si te eres un ahorrador o un despilfarrador, pero cuanto más consumas, menos ahorro disponible tendrás. Da igual si eres un austero trabajador o un consumista desbocado, pero en ausencia de propiedad privada no se puede realizar un cálculo económico racional. No cortamos donde nos interesa, cortamos en el campo económico.

El siguiente párrafo de nuevo demuestra su profunda incomprensión de la Escuela Austriaca: O expresado de otra forma, ¿si las preferencias cambian, y tenemos que tener modelos económicos dinámicos para evitar el estancamiento -diferencia entre teoría y realidad-, por qué no incluir también el modo en que cambian? De hecho, sería más coherente ser neoliberal, donde pones un ceteris paribus y se arregla todo, que austriaco, donde para unas cosas sí pero para otras no.

Los economistas austriacos estudian aquellos que NO cambia aun cuando todo lo demás cambie. Eso es la economía: el estudio de las leyes inmutables de la acción humana. No nos interesa cuál será la acción, sino el marco en el que está acción tiene lugar. Si un individuo está ante dos calles, podrá dirigirse por una o por otra; si le cortamos una de ellas, sólo podrá dirigirse por una. La praxeología nos indica: a) que el individuo puede elegir y actuar, b) que se dirigirá por la calle que ex ante crea más útil para sus fines, c) que si le cortan una calle, sólo podrá dirigirse por la otra.

Eso es así sea cual sea la calle por la que quiera entrar. ¿Vamos entendiendo?

Atemporalidad de las Leyes económicas

Dice Pijus a este respecto: Las leyes económicas de oferta y demanda son leyes básicas derivadas de las matemáticas, y por tanto, viven en mundos irreales atemporales. Sin embargo, otras leyes son absolutamente dependientes del contexto, como las derivadas del funcionamiento del mercado.

No, las leyes de la oferta y la demanda son atemporales porque son leyes derivadas de la acción que pueden reformularse en términos matemáticos. Ahí está tu flagrante error: la oferta y la demanda es objeto de la economía porque son derivaciones necesarias de la acción y, por tanto, atemporales.

Un incremento de la cantidad producida reduce el precio porque esa cantidad se dirige hacia fines menos valorados, esto es, fines submarginales. La ley de la oferta se deriva de la utilidad marginal decreciente: el individuo utiliza los medios en sus fines más valorados; un mayor número de medios significa perseguir fines menos valorados y, por tanto, los medios marginales tendrán una utilidad menor que los medios no marginales.

Un incremento de la utilidad marginal en un determinado producto (incremento de demanda) aumenta el precio porque los consumidores están dispuestos a desprenderse de una mayor cantidad de los restantes bienes para conseguirlo y, por tanto, sólo los consumidores que más ofrecen lo adquieren.

De hecho, ambas leyes están interrelacionadas. Cuando los consumidores ofrecen más del producto A para adquirir B, están incrementando la oferta de A con respecto a B, y como la ley de la oferta concluye, esto reducirá el precio e A en relación con B, lo que significa que el precio de B aumenta.

Todo esto no tiene nada de matemático: es una implicación necesaria de la acción.

Pijus confunde luego las leyes del mercado con las leyes de la acción: El mercado no ha existido siempre (…), sin mercado, ¿cómo van a tener sentido las leyes del mercado?

La ciencia económica no se limita es estudiar las implicaciones necesarias de la acción cuando existe cooperación pacífica (mercado). También analiza qué ocurre con la acción humana cuando no existe mercado (socialismo) o cuando sólo existe en parte (intervencionismo). Si te pasas por la Acción Humana de Mises verás que esas tres partes están claramente delimitadas en su tratado; cuando la acción es obstaculizada total o parcialmente (calle cortada) se derivan una serie de consecuencias necesarias que los praxeólogos también estudian en detalle. ¿Qué es sino el teorema de la imposibilidad del socialismo?

¡Cuan atrevida es la ignorancia!

Explicaciones torpes sobre el ciclo económico

Los chicos de socialdemocracia.org no dejan de sorprenderme. Cuanto más los lee uno, más se da cuenta de qué poco conocen el liberalismo al que no dejan de criticar. El último artículo sobre Galbraith y los ciclos económicos es apasionante.

El autor comienza señalando que los neoliberales engañamos al persona porque les hacemos creer que los mercados son perfectos y que si no lo son es por culpa de las ingerencias del estado o de las instituciones y del proteccionismo de ciertos bienes, servicios y puestos de trabajo. Sin embargo,  esto no se concilia con los episodios de euforia financiera que con cierta periodicidad distorsionan el mercado.

El libro de Galbraith "Breve historia de la euforia financiera" sirve para poner el acento sobre el ciclo económico para el que, por lo visto, los liberales carecen de explicación, ya que el autor sostiene que hay episodios que se repiten con periodicidad y que demuestran que el mercado no es perfecto. Si el ciclo económico refuta los presupuestos del liberalismo será porque el liberalismo no tiene explicación para el ciclo económico, ¿no?

Pero vayamos a la explicación que ofrece Galbraith sobre el ciclo económico y que, supuestamente, se carga el mito de que el intervencionismo no puede mejorar la vida de los individuos: Galbraith alerta de la estupidez de estos episodios, con unas características comunes: la propuesta de inversión con una base poco sólida, donde se apalanca mucho más valor invertido que el valor real o que la posibilidad real de beneficios, una primera fase de crecimiento de las acciones o del objeto de especulación con un contagio eufórico a nuevos inversores que pretenden sumarse a la primera oleada de enriquecimiento y que ayudan a que el precio del objeto de especulación siga subiendo y un final dramátcio cuando inversores se dan cuenta que su inversión está apalancada en algo que tiene un valor real varias veces inferior a las cantidades invertidas, o que las espectativas de beneficios reales son mucho menores y comienza de golpe las ventas que hacen desplomarse los precios del objeto sobre el que se especula en una corriente de pánico. El resultado son miles de personas arruinadas y una recesión economía que dura años. Para Galbraith estos episodios, de los cuales reciéntemente hemos tenido la crisis de las punto com o en España el caso de los sellos del Fórum filatélico, responden a la ausencia de memoria en asuntos financieros, que hacen olvidar rápidamente los desastres anteriores y a la engañosa asociación de dinero e inteligencia y son propios del mercado no simples aberraciones de este.

El problema de esta explicación es que no es una explicación del ciclo económico. El centro del análisis del ciclo económico es el error, y en concreto dos características del error, su generalidad y su recurrencia. En otras palabras, toda explicación del ciclo económico debe estudiar por qué la práctica totalidad de la sociedad se equivoca al mismo tiempo y por qué esos errores generales se suceden a lo largo del tiempo.

Las dos respuestas que da Galbraith a estos interrogantes son realmente risibles.

En cuanto a la generalidad de errores, el autor nos dice que alguien invierte en un proyecto con base poco sólida que "apalanca mucho más valor del que puede obtener", lo cual conduce -extrañamente- a que se incremente en manada la cantidad de inversiones en ese proyecto hasta que al final los inversores se encuentran que han adquirido acciones de una empresa incapaz de obtener la rentabilidad suficiente para financiar los gastos financieros.

La explicación es tan pueril y está tan plagada de errores que me sorprende que alguien pueda siquiera creérsela. El argumento de fondo es que los ciclos económicos se producen porque la gente es tonta, no esperen encontrar un análisis más serio. Pero aun así contiene una serie de razonamientos que merecen un mayor comentario.

Primero, el autor no explica por qué la empresa se equivoca al apalancarse. Si una empresa decide endeudarse es porque ha localizado un proyecto de inversión que justifica ese endeudamiento; obviamente ese juicio empresarial puede ser erróneo, pero lo que deberíamos buscar en una explicación del ciclo es que sea necesariamente erróneo. Segundo, el autor tampoco explica porque ese mayor apalancamiento hace que la gente decida invertir en esa empresa. Si el apalancamiento genera valor añadido, tendrá sentido que la gente compre sus acciones, en caso contrario no. Y si el autor asume que el creciente endeudamiento no genera valor, deberá explicar por qué la gente se equivoca masivamente. Tercero, aun omitiendo estos puntos, el autor no está explicando la generalidad de los errores: si los ciclos económicos comienzan por un apalancamiento excesivo de las empresas y por una masiva adquisición errónea de las acciones de las empresas apalancadas, ¿por qué todas las empresas se apalancan en exceso al mismo tiempo y por qué todos los inversores compran las acciones incorrectas al mismo tiempo?

Cuarto, si las empresas comienzan masivamente a endeudarse, el tipo de interés se incrementará, lo que significa que los endeudamientos poco rentables dejarán de serlo y los que ya no lo eran evidenciarán aun más su escasa rentabilidad. Una empresa muy apalancada con un tipo de interés creciente tendrá unos gastos financieros en aumento, lo que por un lado: a) reducirá el resultado del ejercicio, b) por otro reducirá el valor presente de los rendimientos futuros (dado el mayor tipo de interés); en otras palabras, el valor esperado de las acciones (que no es más que la capitalización de los rendimientos futuros) bajará, lo que a su vez provocará necesariamente una migración por parte de los inversores desde los mercados de acciones a los de bonos.

Desde luego, la empresa y sus capitalistas perderán dinero por haber efectuado unas inversiones erróneas -¿desde cuando equivocarse en el mercado debería significa triunfar?- pero de aquí no se sigue en ningún momento un ciclo económico. Como vemos, los errores de una empresa se circunscriben a esa empresa; y aun en el caso de errores múltiples (cuya causa el autor no explica) sólo tendremos un traslado masivo hacia los bonos. Pero ciclo económico ninguno: quien se equivoca pierde, quien acierta gana.

Por tanto, la primera conclusión es que ni Galbraith ni el autor del artículo explica la causa de la generalidad de los errores. Veamos qué sucede con la recurrencia.

Galbraith afirma que la recurrencia de errores se produce: a) porque los inversores no tienen memoria, b) porque los inversores confunden su capacidad económica con su inteligencia.

Sin embargo, estas dos explicaciones son contradictorias. Si los inversores no tienen memoria y no son inteligencias, significa que su capacidad económica estará continuamente menguando, y si esta mengua  bien no podrán invertir o bien dejarán de asociar una pobre capacidad económica con su inteligencia.

Por tanto, la segunda conclusión es que la explicación de la recurrencia es contradictoria internamente.

¿Significa todo ello que el artículo de Socialdemocracia.org sobre el ciclo económico es desechable? No en su totalidad. Lo cierto es que algunos de los fenómenos descritos son auténticos, lo que falla son las relaciones causales que se establecen.

Es cierto que las empresas se apalancan y que los inversores continúan invirtiendo en las empresas apalancadas, de manera que las empresas se apalancan aun más y los inversores esperan rentabilidad todavía superiores. Esto sería inconcebible en el libre mercado por cuanto ya hemos explicado: un mayor aplancamiento masivo significa un mayor tipo de interés, de modo que los rendimientos futuros se reducen y el mercado de bonos aparece como alternativa a la bolsa.

Sin embargo, dado que el tipo de interés no lo establece el libre mercado, sino que es fruto de la expansión crediticia del Banco Central, si es posible conciliar un mayor apalancamiento con una euforia inversora. Los tipos de interés se reducen, ello estimula el apalancamiento de las empresas, pero dado que el tipo de interés es fijo, no se incrementa, lo cual conduce a que el apalancamiento continúe. Si queremos estimular aun más el ciclo, asistiremos a reducciones sucesivas del tipo de interés, favoreciendo un mayor apalancamiento y reduciendo el atractivo del mercado de bonos. La adquisición de acciones seguirá siendo rentable, ya que no se produce un descuento de los rendimientos futuros ni del valor de las inversiones actuales; de modo que parte del nuevo dinero fiduciario se destinará a comprar acciones.

Lo que tenemos es un cuadro similar al descrito por Galbraith pero coherente: la generalidad de los errores acaece porque todas las empresas confrontan un tipo de interés artificialmente bajo fijado por el Banco Central; la recurrencia tiene lugar por la propia existencia de ese Banco Central y su denodado esfuerzo por controlar el tipo de interés.

Desde luego, a diferencia de lo que considera el autor socialdemócrata, a quien no podemos culpar es al libre mercado y mucho menos a la especulación (que sólo es capaz de ser rentable cuando anticipa correctamente los precios futuros, ¡no cuando yerra de manera sistemática como sostiene el autor!). La causa se encuentra, como ya descubriera Ludwig von Mises en 1912 (un poco antes que Galbraith, que le vamos a hacer) en la expansión crediticia garantizada por los Bancos Centrales. Si el autor quiere aprender algo sobre el tema debería dirigirse hacia su Teoría del Dinero y del Crédito, o en caso que no quiera leerse su tratado tiene a su disposición dos resúmenes sobre el ciclo y la estructura de capital que yo mismo he elaborado: uno y dos.

Los sicofantes estatistas siguen tan desnudos como lo han estado siempre.

22 de Mayo de 2006

Curso de verano: Una visión liberal del futuro de España

Hace dos años asistí a un cursillo de la Universidad Complutense de Verano, dirigido por Rafael Termes. Este año Rafael Termes ya no podrá estar pero igualmente habrá curso y en forma de homenaje hacia él.

El curso de este año se titula: "Una visión liberal de España y del mundo" y tendrá lugar entre el 17 y el 21 de julio. Entre los ponentes hay gente tan interesante como Huerta de Soto o Rodríguez Braun. Aquí podéis ver el programa.

Las preinscripciones con beca son hasta el 31 de mayo, así que todo aquel que quiera asistir tendrá que darse prisa.
Rumbo común hacia la servidumbre

Este lunes he escrito en Libertad Digital sobre la persecución política a la que están sometidos los liberales venezolanos:

El pasado 9 de mayo, la Fiscalía General imputó a cuatro integrantes de la organización liberal Rumbo Propio por delitos de "traición a la patria"; por formar parte de una "opción radical de derecha al gobierno del presidente Hugo Chávez, toda vez que por medio del capitalismo liberal, pretenden confrontar la política socialista que impulsa el gobierno".

No sólo debemos señalar con el dedo acusador al armatoste estatista bolivariano; también en nuestro país la indiferencia totalitaria, la pulsión antiliberal y la querencia socialista dan paso a una connivencia lamentable con la sistemática violación de los derechos individuales que los criminosos autócratas latinoamericanos están llevando a cabo.

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Conferencias en el IJM el próximo viernes 26

El próximo viernes día 26 el Instituto Juan de Mariana ofrecerá dos conferencias; una a cargo del Dr. Jorge Bolaños y la otra por mi cuenta y riesgo.

La primera de ellas lleva por título "Discapacitados y protección social: de la limitación funcional a la dependencia política". Jorge Bolaños nos explicará la problemática asociada a la absorción de las necesidades de los discapacitados por parte del Estado.

La segunda versará sobre "El libre comercio y la paz". Analizaré la recurrente afirmación liberal de que el libre comercio promueve la paz mundial, destacando que hay de cierto y falso en semejante argumento.

Las charlas comenzarán a las 19.30 en el local del Juan de Mariana (Calle del Ángel, 4). Como siempre, se ruega confirmar asistencia.
Prieto reitera su afinidad fascista

Dice José Luis Prieto que: Las contribuciones liberales al fascismo italiano llevó a Mussolini a moderar sus proclamas colectivistas para sustituirlo desde 1920 por el concepto de "productivismo", de contenido genuinamente liberal en materia económica.

Gracias por la sinceridad:

El presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, situó hoy el aumento de la productividad de la economía española como primer eje de su política económica. (Aquí)

Se debe cambiar porque nuestra democracia no aguanta más el abuso de poder; porque nuestra economía no puede seguir instalada en un modelo de crecimiento improductivo que abandona la industria y lo fía todo a la especulación inmobiliaria y el ladrillo(...) Esta pérdida de productividad es fruto del desinterés del Gobierno conservador en la formación de capital humano y en la innovación y el desarrollo tecnológico. José Luis Rodriguez Zapatero.

El presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, auguró que la reforma laboral firmada ayer en La Moncloa servirá para impulsar más el crecimiento de la economía española que, según dijo, ya da muestras de estar creciendo 'claramente por encima del 3,5%(...)Este impulso al crecimiento vendrá dado por la mejora de la productividad y la competitividad de las empresas derivadas de la reducción de la temporalidad en el empleo, que afecta a uno de cada tres trabajadores, según explicaron todos los firmantes del acuerdo (Aquí)

Miguel Sebastián, advirtió hoy que, con la ampliación de la UE a 25 países, España no puede competir exclusivamente en base a costes laborales, por lo que instó a paliar el déficit existente en materia de I+D+i para ganar en productividad y competitividad (Aquí)

Solbes dijo que para elevar la capacidad de crecimiento, es necesario crear más empleo y aumentar la productividad, además de mantener una situación macroeconómica saneada sobre la base de unas cuentas públicas en equilibrio (Aquí)

Nuestro gran reto -y ya dentro de una perspectiva nacional- es cómo aumentamos la productividad.
continuó el vicepresidente segundo del Gobierno.
(Aquí)

El Gobierno de Rodríguez Zapatero ha colocado como prioridad fundamental en el área de su política económica el crecimiento de la productividad general de nuestra economía en los próximos años. Y ha hecho bien. No sólo a la vista del mediocre desempeño de esa variable a lo largo de los últimos ocho años, sino también considerando un futuro ampliamente globalizado. Carlos Solchaga.

Entonces, como ahora, gracias a tus comentarios tenemos muy claro quiénes sois los fascistas.

21 de Mayo de 2006

Gabriel Calzada en el Senado de EEUU

Unas pocas líneas para anunciar una magnífica noticia. Gabriel Calzada, presidente del Instituto Juan de Mariana, dará mañana un discurso ante una comisión del Senado de EEUU acerca de los perjuicios que el Protoloco de Kioto acarrerará a la economía española.

Esperemos que el empuje y la coherencia de Gabriel haga que los mandamases yankees permanezcan fuera de semejante instrumento liberticida; con una economía en clara decadencia, sobra.

Muchas felicidades a Gabriel por su éxito seguro.

20 de Mayo de 2006

¡Linux es Capitalista!

Nunca creí que me fueran a traducir al español, pero asi ha sido. Muchas gracias a Klaus Meyer:

En el año 2000, Steve Ballmer de Microsoft hizo un comentario cuestionable: se refirió a Linux (y a la comunidad relacionada con el código abierto/software libre) y a su proceso de desarrollo como “comunismo”. Dijo que “Linux es un fuerte competidor. No existe una compañía llamada Linux, apenas hay alguna guía sobre Linux. Aun más, Linux de alguna manera surge orgánicamente de la tierra. Y tiene, ustedes saben, esas características del comunismo que la gente tanto, pero tanto ama. Es decir, es gratis”.

Linux no es socialista. La organización y proceso de desarrollo del software libre no es más que personas actuando libremente para satisfacer sus necesidades intelectuales. La ciencia económica no tiene nada que decir sobre un plan individual en si mismo. Si un plan es el apropiado para alcanzar un fin es algo que solo se conocerá a posteriori; a priori, todos los planes sobre los cuales se base la acción humana son los mejores para el agente. Este enfoque misiano es crucial para comprender la naturaleza de la acción humana. Sirve para difundir la idea de que cada vez que un individuo alcanza la meta propuesta, aumenta su bienestar. En otras palabras, el bienestar humano es la consecuencia de las acciones humanas, y no necesariamente en una magnitud monetaria. El bienestar se relaciona con un aumento en la utilidad, la cual es totalmente subjetiva, y no necesariamente con las ganancias de una compañía.


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Capital y trabajo

La superchería marxista suele divinizar los medios de producción. Desde su estrecha perspectiva, cualquier medio de producción es valioso y productivo. Esto, sin embargo, esconde una enorme ignoracia económica que vamos a desgranar a continuación.

¿Qué es el capital?

La forma originaria de todo capital es un depósito de bienes de consumo (fondo de subsistencia), gracias al cual puedo sobrevivir sin necesidad de producir durante ese tiempo. Por ejemplo, si yo como una manzana al día y tengo cien manzanas, puedo evitarme recoger manzanas durante cien días y dedicarme a plantar pomerales.

Cuando surge el dinero, ese fondo de subsistencia puede ser enajenado en el mercado a un precio monetario, lo cual me permite adquirir los bienes que necesito. Así, por ejemplo, si yo tengo 100 televisores en depósito y sé que los puedo vender a 100 euros cada uno, tengo un capital de 10000 euros. Con ese capital monetario puedo dirigirme al mercado y comprar las manzanas que quiero para comer. De ahí que muchas veces se considere el capital cómo la valoración monetaria del fondo de subsistencia.

¿Qué es la liquidez del capital?

Podemos definir liquidez como la cualidad de un bien por la que no pierde valor cuando se incrementa su cantidad. Sabemos por la ley de la utilidad marginal decreciente, que una unidad adicional de un bien nos proporciona una utilidad menor que el anterior. Pues bien, la liquidez implica que esa disminución de valor es reducida o prácticamente despreciable. El dinero es un bien muy líquido, ya que si por ejemplo quiero comprar dos coches valorados a 10000 euros cada uno, puedo comprarlos por 20000 euros, esto es, no tengo la necesidad de pagar más por el segundo coche.

Quizá a alguien le sorprenda este matiz obvio, pero veámoslo desde otra perspectiva. Si en lugar de 10000 euros un coche valiera 1000 manzanas, es muy posible que al vendedor de coches no le interesa vender el segundo coche también por 1000 manzanas. La razón es que con la transacción él pierde un coche (con lo cual la utilidad del coche que queda se incrementa) y obtiene 1000 manzanas (de modo que la utilidad de 1000 manzanas más sería mucho menor). Si el comprador quisiera seguir pagando con manzanas, probablemente el vendedor de coches le exigiera 2000 o 3000 manzanas para compensar el menor valor que atribuye a cada una.

En otras palabras, cuando aumentamos el número de manzanas en el intercambio, el valor de la manzana marginal se desploma, en cambio cuando intercambiamos con dinero, el valor del euro marginal sigue siendo idéntico al del primer euro.

El capital será líquido cuando podamos desprendernos de él rápidamente sin perder valor. El bien más líquido es el dinero; los créditos a corto plazo también son muy líquidos, ya que suponen la entrada de dinero en un breve período de tiempo. Las mercancías suelen ser bastante líquidas, aunque mucho menos que el dinero o los créditos. Cuando queremos liquidar un almacén (atención al término "liquidar"), los vendedores suelen tener que hacer rebajas para dar salida a todo el stock.

¿Qué es un bien de capital?

En ocasiones el capital puede inmovilizarse en forma de activos muy poco líquidos, es decir, de activos que pierden mucho valor al enajenarse. Los bienes de capital siguen siendo capital porque detrás de ellos se encuentra el fondo de subsistencia. Por ejemplo, si quiero producir una máquina para la que necesito medio año de trabajo, tengo que acumular bienes con los que subsistir durante medio año. En otro caso no podré dedicarme a producir la máquina.

Una vez fabricada la máquina comenzará a producir. En este caso tengo dos opciones: o desinmovilizar el capital o volverlo a inmovilizar. Lo primero lo conseguimos simplemente dejando que la máquina se vaya depreciando al tiempo que consumimos por entero su producción. Lo segundo es un poco más complejo: hemos de aparta un porcentaje de la producción de la máquina para acumular un fondo de subsistencia de 6 meses que me permita volver a construir la máquina una vez se haya depreciado por completo. Ese porcentaje se conoce comúnmente como "cuota de amortización".

El capital, por tanto, no está inmovilizado eternamente, sino que va depreciándose. Esto significa que el capitalista deberá tomar decisiones sobre dónde reinvertir o reinmovilizar el capital.

El valor del bien de capital

El valor de todo bien de capital se obtiene como el el valor presente del flujo futuro de servicios que ese bien de capital prestará. Por ejemplo, si yo sé que una máquina producirá un coche cada año, el valor de esa máquina será la suma de los precios a los que puedo vender cada coche, descontado cada uno por el tipo de interés pertinente. En otras palabras, el valor del bien de capital procede de la capitalización de sus rentas.

Esto significa que las decisiones de inmovilización se complican. Imaginemos que tenemos un capital monetario e invertimos en un bien de capital cuyo coste de fabricación es de 1000 € y su valor presente 2000 €. Sin embargo, una vez inmovilizado el capital el precio de los productos que fabrica la máquina cae a una tercera parte, de modo que el valor presente en términos monetarios del bien de capital es de 667 €. Dado que es poco líquido y no puede utilizarse en las transacciones comerciales, el inversor habrá sufrido un "consumo de capital". Invirtiendo 1000 € al final sólo obtiene 667.

La inmovilización, por consiguiente, implica riesgos importantes. Cuando inmovilizo una gran cantidad de capital para recuperar la inversión en 20 años, tengo que prever los precios de mercado a 20 años vista. La razón es simple de comprender: imaginemos que en 1980 un individuo realiza una tremenda inversión (o inmovilización de capital) para construir un artilugio que le permitiera al cabo de 10 años vender máquinas de escribir 30 euros, lo que le permitiría recuperar la inversión en otros diez años. Es evidente que un proyecto tan ambicioso habría estado abocado al fracaso, ya que la introducción del ordenador impediría que ese inversor cumpliera con sus expectativas de ventas. Su inmovilización de capital, pues, sería ruinosa.

La estructura de capital

Hasta ahora hemos hablado de los bienes de capital como elementos aislados. Sin embargo, los bienes de capital están poderosamente interrelacionados; la producción de unos son los bienes intermedios de otros que, a su vez, fabricarán los bienes intermedios de otros. Si decimos que el valor del bien de capital A depende del valor presente de sus ventas, si esas ventas se realizan a otro empresario que produce con ellas otro bien de capital B, ese segundo empresario estará dispuesto a pagar por esas ventas un precio inferior al del valor presente de su bien de capital B, que a su vez dependerá del valor presente de sus ventas.

Pongamos el ejemplo de una producción simple: un empresario Z se decida a vender un bien de consumo j, fabricado mediante una máquina A. Esa máquina A la fabrica otro empresario Y a través de una máquina B. Por último, la máquina B la fabrica otro empresario X de manera artesanal. El empresario Z valora la máquina A como el valor presente de sus ventas del bien de consumo j. Por tanto, estará dispuesto a comprar máquinas A a un precio inferior a ese valor presente de sus ventas (ese menor valor vendrá generalmente determindo por el tipo de interés). El empresario Y valorará sus máquinas B de acuerdo con el valor presente de sus ventas, esto es, con la demanda que haga el empresario Z de máquinas A, de modo que estará dispuesto a pagar al empresario X un precio inferior al que espera obtener de la venta de máquinas A.

Hemos descrito la valoración de los bienes de capital encadenados en una estructura. Supongamos ahora que el empresario Y realiza una inversión a recuperar en 5 años que le permitirá producir por sí mismo las máquinas B a un coste inferior al de adquirirlas al empresario X, de modo que sus márgenes de beneficio se incrementarán y la operación comenzará a ser rentable a partir del quinto año.

La operación realizada por el empresario Y es rentable de acuerdo con dos parámetros: el precio de las máquinas A y el tipo de interés. Si el precio de las máquinas A se reduce (por ejemplo, porque la demanda del bien j cae), el valor de las máquinas B también caerá y por tanto sería incapaz de recuperar la inversión realizada para producirlas de manera autónoma. Si el tipo de interés aumenta, el valor de las máquinas disminuye, ya que hemos dicho que su valor se establece según el precio descontado al tipo de interés.

Un ejemplo numérico

Podemos ilustrar el caso anterior con el siguiente ejemplo numérico. Voy a redondear las cifras para mayor claridad.

El tipo de interés en el mercado es del 10%. El empresario Z tiene 100 máquinas A. Cada máquina A produce unas ventas de 1000 euros anuales y tienen una vida útil de 10 años. Esto significa que el valor presente de cada máquina rondará los 6000 euros. Para calcular el valor presente de la máquina simplemente hemos descontado el interés a las ventas de cada máquina. Así:

Valor Máquina A=1000/1,1 + 1000/1,1^2 + 1000/1,1^3 +...+ 1000/1,1^10. El valor presente puede obtenerse de una forma más rápida a partir de la fórmula del valor presente de una anualidad que tenéis aquí.

El empresario B vende diez máquinas A cada año, y para producirlas utiliza 5 máquinas B, es decir, cada máquina B produce 2 máquinas A. La vida útil de cada máquina B es de 5 años. El precio de venta de cada máquina A es 5500, que surge de descontar el interés al valor presente de las máquinas (si el empresario Z no obtuviera ese interés se dedicaría a producir otros bienes). Por tanto, el valor presente de cada máquina B es 40000 €.

Por último tenemos el artesano, que vende una máquina B cada año. El precio de venta será, de nuevo, el valor presente de la máquina B descontado por el interés, esto es, 35000 €.

Hemos dicho que el empresario Y realiza una inversión para producir él mismo las máquinas B. Supongamos que el desembolso es de 75000 euros, lo que le permite producir máquinas B a 15000 € cada una. Esto significa que se ahorra cada año 20000 €. Si calculamos el valor presente de 20000 euros anuales durante 5 años veremos que es aproximadamente 75000, lo que significa que en 5 años recupera la inversión.

Sin embargo, imaginemos después de inmovilizar el capital el precio de las máquinas A cae, de modo que los ingresos por ventas de cada máquina A se reducen a 500 al año. En este caso, el valor presente de las máquinas A cae a 3000 y el valor presente de la máquina B cae a 20000. Por ello, los beneficios de la inversión se reducen a 5000 euros anuales, lo cual significa que nunca recuperará el desembolso inicial de 75000, ya que el valor presente de una perpetuidad es 5000/0,1=50000. El empresario Y habrá consumido parte de su capital.

Supongamos ahora que, en lugar de una variación del precio del bien de consumo j, el tipo de interés sube al 15%. En este caso, el Valor preente de las máquinas A cae a 5000 y el de las máquinas B a 33000. El margen de la inversión se reduce a 13000 euros anuales, de modo que la inversión no se recuperará hasta dentro de 15 años (frente a los 5 inicialmente previstos).

Esto significa que la estructura de capital gana peso en sus etapas más cercanas al consumo y lo pierde en las alejadas, donde el valor presente de los activos disminuye enormemente.

Volvamos unos pasos atrás. Hemos dicho que el valor presente de una máquina B (antes de introducir inversiones adicionales y modificar precios y tipos de interés) era de 40000 € y que el artesano la vendía por 35000. Si el precio del bien A caía a la mitad el valor presente de la máquina B pasaba a ser 20000 €, y si el tipo de interés sube al 15% su valor presente pasaba a ser 33000 €. En ambos casos, el artesano tendría que haber reducido su precio de venta.

Supongamos que de los 35000, 30000 € formaban parte del beneficio que obtenía el artesano. En ese caso, le bastaba con reducir el precio a 15000, de modo que su margen caía de 30000 euros anuales a 10000. Esto, sin embargo, tiene el problema de que quizá en una industria distinta estén dispuestos a contratar a ese artesano a cambio de un salario de 15000 € anuales, de manera que la producción de máquinas B se interrumpiría.

También cabe que los márgenes de beneficio del artesano fueran muy estrechos, de manera que 30000 fuera el coste de las materias primas necesarias para producir la máquina B. En este caso, si no consigue reducir el precio que paga por las materias primas (por tener otros usos prioritarios), la producción de máquinas B también llegará a su fin.

Por tanto, una reducción del precio o un aumento del tipo de interés obliga a reducir los plazos de producción de los bienes de consumo, modificando la estructura de capital.

El capital heterogéneo

Los bienes de capital son, como hemos visto, una inmovilización de capital. Su iliquidez procede precisamente de la heterogeneidad. Si los bienes de capital fueran homogéneos serían casi tan líquidos como el dinero: podrían emplearse en cualquier proceso productivo, de modo que podrían trasladarse sin ningún tipo de inconveniente de una empresa a otra. El hecho de que sean heterogéneos significa que que el capital se inmoviliza en bienes de capital que tienen una forma y una función muy concreta: los bienes de capital forman parte de una estructura destinada a obtener cierto tipo de productos. Si esos productos dejan de ser deseados por el mercado o bien existe una mayor urgencia por obtener los bienes, esa estructura de capital se vuelve inservible, como hemos visto en el apartado anterior.

Ciertos bienes de capital deben serán desmantelados y otros serán simplemente abandonados. Fuera de su estructura productiva, esos bienes de capital son prácticamente inútiles, ya que no sirven para producir nada. El valor presente de una producción nula es cero.

Si el propietario de esos medios de producción tiene suerte, los bienes de capital serán parcialmente aprovechables en otra empresa, de modo que sí tendrán un cierto valor presente, que de nuevo, se calculará como actualizando el valor del flujo futuro de productos. Sin embargo, su precio de venta será mucho menor al de ese valor actualizado, ya que es muy posible que el comprador tenga que reconvertirlos parcialmente para reaprovecharlos o, en todo caso, que tenga alternativas productivas más baratas a comprar máquinas y artilugios de segunda mano.

Los salarios

Los bienes de capital necesitan en muchos casos ser accionados para funcionar y, en todo caso, la producción de nuevos bienes de capital sólo es posible a través de la unión del trabajo con las materias primas. El empresario podrá pagar a los trabajadores de acuerdo con los ingresos esperados.

Esos ingresos se dividirán en varias partidas: a) la primera irá a parar a quien le venda las materias primas o productor intermedios para producir, b) la segunda irá destinada a pagar a los trabajadores, c) la tercera irá a parar a las cuotas de amortización para conservar el capital, d) la cuarta será la retribución a los propietarios por su aportación de capital y e) la última tendrá forma de beneficios no repartidos.

Un incremento de los salarios provocará una disminución en cualquier de las otras partidas. Si se reduce la a), es posible que deba dejar de producir, ya que los proveedores se negarán a venderle nada. Si se reduce la c) la empresa terminará descapitalizándose. Si se reduce la d) a costa de la b) (otra cuestión sería reducirla a costa de la e) ), los propietarios del capital migrarán a otras empresas que proporcionen mayor rentabilidad. Si se reduce la e) la empresa estará hipotecando su competitividad futura, ya que no acometerá nuevas inversiones en capital ni emprenderá nuevos proyectos que generen valor.

Los salarios no son más que una partida de los ingresos generados, y en concreto, si omitimos a los proveedores, del valor añadido. La única forma de incrementar los salarios es aumentando ese valor añadido, y eso sólo puede lograrse encontrando partidas de negocio más provechosas para los inputs o incrementando la eficiencia de la empresa para las líneas de negocio presentes (de modo que se reduzcan los costes).

La pretensión marxista pasa por fusionar las partidas b) y d), de modo que los trabajadores obtengan además de sus salarios la retribución del capital.

El papel del trabajador

Después de delinear los fundamentos económicos de la estructura de capital, nos será más sencillo comprender los flagrantes errores en que caen los marxistas. Para el marxismo el trabajador es fuente de valor, ya que sin su trabajo no hay producción. De ahí que reclamen su nacionalización.

Ahora bien, acabamos de ver que la alusión a los "medios de producción" como una masa de capital homogéneo tiene muy poco sentido. La producción no se lleva a cabo por "capital" en general, sino por estructuras de capital muy concretas que van modificándose según las preferencias de los consumidores. El papel de los capitalistas, por tanto, no es pasivo; no se limitan a poseer un capital homogéneo por el cual perciben una renta, sino que, en realidad, construyen la estructura de capital que vuelve valioso al trabajo.

Tengamos presente que los bienes de capital son heterogéneos pero el trabajo, en buena medida, es homogéneo (por supuesto esto es una simplificación, ya que en el caso de los especialistas el trabajo también es muy heterogéneo). Esto significa que un trabajador es fácilmente sustituible por otro, pero un bien de capital no puede ser transformado inmediatamente en otro; de hecho es posible que nunca pueda desinmovilizarse sin pérdidas.

El trabajo es una masa amorfa que los empresarios y los capitalistas guían hacia la creación de valor a través de estructuras de capital adecuadas. Pedir la nacionalización de "los medios de producción" como si el capital fuera una masa inmutable que se regenera automáticamente, carece de todo rigor científico. Los bienes de capital se deprecian y desaparecen, deben ser reinmovilizados para que continúen generando valor. En muchos casos, esa reinmovilización provocará un consumo de capital y la ruina de su propietario; en otros seguirá creando mayor riqueza.

El papel del capitalista y del empresario es mucho más importante que el del trabajador, pues son ellos los que conceden auténtico sentido al trabajo, a la energía bruta; en ausencia de empresarios y capitalistas, tanto trabajo es producir chips de ordenadores como cavar agujeros y volver a llenarlos. La diferencia es el distinto valor que estas actividades tienen para los consumidores.

La plusvalía es del empresario

Esto significa que, en todo caso, el valor añadido (la famosa plusvalía) corresponde al empresario, pues es él quien ha encontrado las oportunidades de beneficio y ha destinado el capital y el trabajo en satisfacerlas. La creación de valor es fruto de su acción; lo importante no es la energía, sino la dirección de la energía.

El salario supone un descuento a ese beneficio empresarial originario. Como el empresario no puede acometer su idea por sí sólo, necesita la asistencia del trabajo, con los que comparte una porción de su beneficio empresarial. Pero fijémonos que ese beneficio es anterior al trabajo, en caso contrario no hay nada que compartir ni hacia qué dirigirse. Por tanto, el salario supone una menor plusvalía para el empresario; conclusión radicalmente distinta a la que alcanzó Marx, para quien un mayor trabajo suponía siempre una mayor plusvalía.

Capitalista y empresario

Para terminar con esta exposición conviene hacer una breve mención a la relación entre capitalistas y empresarios. El empresario es aquella persona que descrubre la oportunidad de ganancia, el capitalista es quien posee capital o bienes de capital adecuados para acometer esa idea. El empresario puede ser, o no, al mismo tiempo capitalista.

Si un empresario es capitalista, al descubrir la ganancia montará su propia empresa y rentabilizará su capital. Si un empresario no tiene capital, buscará a un capitalista que no sea o no quiera ser empresario e invertirá su capital. Pero en todo caso, fijémonos que los capitalistas deben tener un cierto papel empresarial, pues aunque no hayan descubierto la oportunidad de ganancia concreta en el mercado, sí han de saber reconocer qué empresarios les están haciendo las ofertas de inversión adecuadas.

Los capitalistas pasivos están condenados a desaparecer. Por un lado, los empresarios no capitalistas, gracias a sus grandes retribuciones (por ejemplo en forma de stock options) podrán adquirir sus acciones o participaciones. Por otro, los capitalistas activos también tratarán de comprárselos. Y, en definitiva, los capitalistas pasivos encadenarán una serie de malas inversiones que los descapitalizará.

Por tanto, en el capitalismo no es necesario poseer un capital inicial para enriquecerse. Basta con descubrir las oportunidades de ganancia adecuadas para atraer el capital y rentabilizarlo. A partir de ahí, los medios de producción serán adquiridos por quienes mejor sirvan a los consumidores. Hayan sido, o no, trabajadores.

19 de Mayo de 2006

La troika del capitalismo

Hoy publico en el Juan de Mariana un artículo acerca de lo que Antal Fekete denominó la troika del capitalismo. He intentado hacerlo tan divulgativo como he podido.

¿Se ha parado a pensar alguna vez de dónde proviene el progreso económico? ¿Qué misteriosas “fuerzas” hacen avanzar a la sociedad y la enriquecen de manera continuada? Mucha gente se ha rendido ante la evidencia de que el capitalismo eleva el nivel de vida de las masas, pero muy poca comprende cuál es el proceso exacto por el que la riqueza se genera y se difunde entre los miembros de una sociedad.

El capitalista proporciona al empresario el capital que necesita para comenzar el negocio, éste transforma el capital en renta y con esta renta contrata al inventor para que la transforme en riqueza y pague con ello al capitalista. O dicho en otras palabras, el empresario obtiene el capital necesario para comenzar el negocio y mediante los beneficios presentes y futuros financia el gasto en I+D.

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Carta abierta sobre la inmigración por Alex Tabarrok


Alex Tabarrok, profesor de economía de la universidad George Mason y blogger Marginal Revolution, ha escrito una carta abierta a Bush y a los miembros del Congreso sobre la cuestión migratoria. La traduzco a continuación. El propósito de la carta no es tratar con detalle todos los aspectos de este tema sino únicamente expresar el consenso de numerosos economistas en torno a cuestiones fundamentales. Que haya debate, dice Tabarrok, pero que sea un debate informado.

 

La carta viene firmada por economistas de distintas tendencias: Brad DeLong, Greg Mankiw, Vernon Smith o Tyler Cowen entre otros. Referencias e información adicional aquí.

 

Carta abierta sobre la inmigración

 

Estimado Presidente George W. Bush y miembros del Congreso:

 

Gentes de todo el mundo vienen a América atraídas por su promesa de libertad y oportunidades. Esta promesa se ha cumplido para decenas de millones de inmigrantes que han llegado durante el siglo XX.

 

A lo largo de nuestra historia como una nación de inmigrantes, aquellos que ya estaban aquí se han inquietado por la llegada de nuevos inmigrantes. Sin embargo, con el paso del tiempo, los inmigrantes han pasado a formar parte de una América más rica, más rica económica y culturalmente. El actual debate sobre inmigración es una muestra saludable de una sociedad democrática, pero como economistas y científicos sociales nos preocupa que algunas de las cuestiones económicas fundamentales en relación con este tema se vean demasiado a menudo oscurecidas por comentarios desafortunados.

 

En conjunto, la inmigración ha supuesto una ganancia neta para los ciudadanos americanos, aunque se trate de un beneficio modesto en proporción a la magnitud de nuestra economía de 13 trillones de dólares.

 

Los inmigrantes no quitan puestos de trabajo a los americanos. La economía americana puede crear tantos puestos de trabajo como trabajadores haya dispuestos a trabajar, siempre y cuando el mercado laboral permanezca libre, flexible y abierto a todos los trabajadores en igualdad de condiciones.

 

La inmigración de trabajadores poco cualificados en las décadas recientes puede haber reducido los salarios de los trabajadores nacionales poco cualificados, pero el efecto seguramente es pequeño, con estimaciones de reducción de salarios entre el 8 y el 0% para los jóvenes que abandonan la universidad antes de graduarse.

 

Mientras que la inmigración puede haber perjudicado a un porcentaje pequeño de la población nativa americana, muchos más americanos se benefician de la contribución de los inmigrantes a nuestra economía, por ejemplo, de unos bienes de consumo más baratos. Con respecto al comercio de bienes y servicios, las ganancias de la inmigración también exceden los costes.  El efecto de la inmigración de trabajadores poco cualificados es muy probablemente positivo por cuanto muchos inmigrantes incorporan habilidades, capital e iniciativa empresarial a la economía americana.

 

Las legítimas inquietudes en torno al impacto de la inmigración sobre los americanos más pobres no pueden atajarse penalizando a unos inmigrantes que aún son más pobres. En su lugar, debemos promover políticas, como la mejora del sistema educativo, que permitan a los americanos ser más productivos y desarrollar habilidades mejor pagadas.

 

No debemos olvidar que los beneficios para los inmigrantes que vienen a Estados Unidos son inmensos. La inmigración es el mejor programa contra pobreza jamás concebido. El sueño americano es una realidad para muchos inmigrantes, que además de elevar su propio nivel de vida envían billones de dólares a sus familias en sus países de origen – una forma de ayuda externa verdaderamente efectiva.

 

América es un país generoso y abierto y estas cualidades hacen que América sea un faro para el mundo. No debemos permitir que unos temores exagerados atenúen la luz de este faro.


(La introducción inicial a la carta y su traducción se las debemos a Albert Esplugas).

18 de Mayo de 2006

Linux Is Capitalist!

Hoy publican en Lewrockwell.com este artículo del que soy coautor junto con Manuel Lora. Una crítica al manido argumento de que el software libre es una manifestación cibernética del comunismo.

In 2000, Microsoft'''s Steve Ballmer made a questionable remark: he referred to Linux (and the open source/free software community) and its development process as communist. He said that Linux is a tough competitor. There'''s no company called Linux, there'''s barely a Linux road map. Yet Linux sort of springs organically from the earth. And it had, you know, the characteristics of communism that people love so very, very much about it. That is, it'''s free. Ballmer'''s statements show his ignorance of economics and the nature of human action.

Linux is not socialist. The organization and development process of free software is nothing but people acting freely to satisfy their intellectual needs. Economic science has nothing to say regarding any individual plan itself. Whether that plan is accurate for achieving the end is something that will only be revealed ex post; ex ante, all the plans upon which human action is based are the best ones for the agent. This Misesian insight is crucial when understanding the nature of human action. It serves to propel the idea that whenever an individual reaches his proposed goal, he increases his welfare. In other words, human welfare is the result of human actions, and not necessarily a monetary magnitude. Welfare is related to an increase in utility, one which is purely subjective, and not necessarily with the profits of a company.

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16 de Mayo de 2006

Economía, socialismo e información

Pijus Economicus ha tratado de responder al artículo de Esplugas en contra de la economía universitaria. Lo cierto es que el post de Pijus es de traca y prácticamente no hay párrafo donde confunda la realidad con su mundo de fantasía.

Sin embargo, hay un par de párrafos en los que me interesa detenerme porque suponen un grave error que Pijus viene cometiendo desde hace tiempo:

La economía neoclásica da como dadas las preferencias de los consumidores -que no personas-, pero no investiga de dónde provienen, cómo se crean. La voluntad que lleva a la acción, ¿dónde está? ¿de dónde sale? Podemos saber que el individuo X prefiere un polo rosa a una camiseta roja, he ahí su función de preferencias. Pero nadie investiga qué motiva tales preferencias.

Tras lo cual yo me planteo si verdaderamente Esplugas está hablando de la creación de la voluntad, es decir, de las motivaciones que llevan a un ser humano a actuar de una determinada forma. Porque de ser así, nuestro articulista no tendría más remedio que admitir que la influencia masiva, es decir, el condicionamiento social, es una realidad. Porque es obvio que la voluntad surge de las interrelaciones humanas y no de la nada, como sugiere la teoría neoliberal, de modo que los diferentes poderes subjetivos cobran poder práctico.

Vamos con los fallos evidentes y luego con los no tan evidentes.

Primero, contraponer consumidores a personas sólo puede provenir de una clara maledicencia clasista. Se habla de consumidores porque la acción económica que estamos estudiando en ese caso es el “consumo”, no porque la persona desaparezca. Las personas pueden ser consumidores, trabajadores, capitalistas y empresarios. De hecho suele ser la situación más habitual: el trabajador que percibe un salario y destina una parte al consumo (consumidor) y otra a ahorrar e invertir en un fondo de inversión (capitalista) lo es.

A la ciencia económica de poca utilidad le resulta hablar de personas cuando estudiamos acciones: consumo, inversión, trabajo, empresarialidad… Aludir a personas no complementa en nada nuestros teoremas, salvo para cargárselos por entero.

Segundo, ignoro cómo sabe Picus que un individuo prefiere un polo rosa a una camiseta rosa. Lo único que podemos averiguar es que en el momento de adquirir una camiseta roja, el consumidor prefiere realizar esa acción frente a todas las posibles alternativas (no sólo una camiseta rosa). Pero bien puede ser que un individuo no conozca la existencia de esa camiseta roja, o que no haya sopesado en su elección esa alternativa.

Tercero, aun cuando lo supiéramos, eso no nos daría, como afirma Pijus, la función de preferencias del consumidor. Me temo que Pijus peca de neoclásico; las funciones de utilidad asumen la constancia de las preferencias, de modo que al revelarlas éstas no variarán. Pero, como ya he explicado, al adquirir un bien sólo sabemos que, en ese momento, el consumidor prefería ese bien sobre todos los restantes. Esto no significa, ni mucho menos, que ese bien vaya a seguir siendo el preferido.

Cuarto, los liberales no niegan la influencia de la sociedad en el comportamiento humano. Pijus habla de lo que no sabe y se olvida de toda la teoría institucional desarrollada desde su origen por la Escuela Austriaca, donde se explica cómo el individuo interactúa con la sociedad dando lugar a instrumentos que no han sido conscientemente planificados por nadie pero que son útiles a todos quienes los usan. El individuo está influido por esas instituciones; su acción se sirve de esas instituciones. No existe un individuo cubierto por un velo de ignorancia donde la sociedad simplemente no exista. Bien pocos liberales asumen eso.

Quinto, que el individuo se vea influido por el entorno no significa que ello sea nocivo. Ya lo explicó Hayek, una cosa es que mis preferencias se vean influidas desde fuera y otra muy distinta que mis preferencias primitivas fueran superiores a mis nuevas preferencias. Pijus tendría que demostrar, en todo caso, que la gente en realidad no habría querido cambiar de preferencias, porque las originales son mejores que las derivadas. Pero me temo que esto implica un juicio de valor puramente arbitrario sobre las preferencias y la vida ajena; juicio de valor que nadie nos asegura no haya sido, a su vez, influido externamente.

Pero vayamos ahora con los errores no tan evidentes. Pijus afirma que la economía neoclásica está tarada porque simplemente asume que las preferencias están dadas, de manera que no está dispuesta a investigar cómo se han llegado a formar.

Desde luego, la economía neoclásica tiene muchas taras, pero una de ellas no es que no pretenda conocer cómo estas preferencias se han llegado a formar. La ciencia económica estudia la acción, no la motivación de la acción. La formación de los fines individuales es una tarea que corresponde a la psicología, no a la economía.

Esto no significa que el economista no deba interesarse por la psicología o que no debe emplearla en un análisis histórico; lo único que quiere decir es que el economista qua economista no estudia la formación de los fines.

La razón es simple: la validez y el apriorismo de la economía no dependen de la contingencia de los fines. Los teoremas económicos son válidos sean cuales sean los fines de los individuos; todas las implicaciones apodícticas de la acción pueden deducirse a priori.

Desde luego esto no ha gustado a muchos economistas que, ya desde el historicismo y luego el institucionalismo, se afanaron en afirmar que las leyes económicas dependen de la situación histórica, esto es, de la información que prevalezca en un momento determinado y que impela a los hombres a actuar de tal o cual manera.

La Escuela Austriaca también ha acogido a varios “topos” que han tratado de insuflar esta idea, entre ellos gente tan relevante como Friedrich Hayek, Israel Kizner o Ludwig Lachmann. La idea central de esta corriente historicista es trasladar el estudio económico desde la acción (praxeología) a la información. Y si la información es el centro de la economía, la economía se vuelve una ciencia puramente empírica, cuyos teoremas deben revisarse continuamente a la luz de la nueva información social que vaya apareciendo.

La idea es peligrosa porque nos permite dar un nuevo paso: si no existen leyes inmutables del actuar humano, sino que éstas dependen de la información, el ser humano puede moldear las leyes económicas. Acabamos, de este modo, admitiendo que la sociedad puede transformarse por el ser humano, ya que en definitiva las leyes no son tales; dependen de la voluntad social, de la democracia.

Pijus, en cierto modo, trata de aferrarse a esta idea historicista. La sociedad está manipulada; si modificamos y planificamos la información que reciben, si guiamos su comportamiento de un modo centralizado, alcanzaremos mejoras en su bienestar. Ninguna ley se transgrede porque simplemente no existen.

Al fin y al cabo, para esta corriente, no existe ningún problema con el cálculo económico en un régimen socialista, ya que aun cuando no pudiéramos conocer las preferencias de los individuos, sabemos que estas preferencias son artificiales y que pueden y deben modificarse coactivamente.

Claro que la imposibilidad del cálculo económico socialista nunca fue un problema de información (a pesar de que Hayek desviara incorrectamente hacia este campo el debate), sino de acción.

Partamos de que Pijus conoce las necesidades de toda la sociedad. ¿Sabe, sin embargo, cómo producir los bienes o servicios que permitirían satisfacer esas necesidades? ¿Acaso sabe la estructura tecnológica adecuada para fabricarlos? ¿Utilizamos más trabajadores o más máquinas en una línea productiva? ¿En cuánto tiempo amortizamos nuestros bienes de capital? ¿Quitamos un trabajador de la producción de coches y lo destinamos a la mina de carbón? ¿Incrementamos las horas de trabajo o restringimos el consumo para conseguir aumentar el ahorro? ¿Hay que aumentarlo?

En ausencia de propiedad privada no pueden formarse precios de mercado que nos permitan conocer el coste de nuestras operaciones. Bajo un sistema socialista las hambrunas son “racionales” ya que la carestía de alimentos no incrementa el coste de producir otros bienes; simplemente ese coste no existe. Podemos dedicar 20 trabajadores en producir coches cuando tal vez el vigésimo trabajador fuera más útil en la producción de cereales. No existe modo de conocerlo ni de detectar los errores de asignación: cualquier asignación es válida y racional desde un punto de vista económico.

Esto también nos sirve para comprobar hasta qué punto algunos han pervertido el debate sobre el cálculo económico. El problema del socialismo no es que no disponga de la información de los precios para conocer las preferencias de los consumidores. El problema del socialismo es que no existe posibilidad de que esos precios se formen.

Los precios no pueden comunicar información porque son un resultado de la acción y la acción utiliza información. La acción humana no reacciona a los precios, sino que los crea. El empresario no conoce qué necesidades tienen los consumidores cuando observa un precio; ese precio es un dato sin validez alguna al margen de su interpretación (para la cual ya requiere de una información que no le proporciona el precio). De hecho, observar un precio ya es una acción que presupone información.

Cuando un empresario descubre una oportunidad de beneficio adquiere los factores productivos y, de este modo, incrementa sus precios. En otras palabras, el empresario va más allá de la estructura de precios; cuando juzga que ha descubierto una oportunidad de beneficio capaz de de compensar los costes, actúa, sean cuales sean los precios presentes. En cierto modo, la función empresarial calcula a través de los precios futuros que el empresario prevé y de este modo crea los precios como relaciones históricas de intercambio. Si la anticipación de los costes es errónea el empresario desaparecerá, será incapaz de sacar adelante su proyecto. Pero para que entre en funcionamiento estos costes, el ejercicio de la función empresarial debe ser libre.

Por ejemplo, si yo contrato hoy a dos trabajadores a un salario de 1000 euros mensuales para que produzcan un producto A cuyas ventas me proporcionarán 3000 euros mensuales, la operación puede ser perfectamente irrealizable. En apariencia observamos un spread presente de precios, ya que pagamos 2000 euros y obtenemos 3000. (Obviamos el problema del tipo de interés, ya que en caso de que, por ejemplo, tuviéramos un tipo de interés del 51%, el capital destinado a financiar los salarios reportaría unas ganancias de 1002 euros, superiores a los 1000 que se obtienen por la producción del bien).

Podríamos estar tentados a afirmar que el negocio es rentable y que debe salir adelante. ¿Pero qué ocurre si esos dos trabajadores son más necesitados en otra parte? Imaginemos que otro empresario descubre que con esos dos trabajadores puede fabricar un producto B cuyas ventas le reportarán 4000. En ese caso, el coste de fabricar A no son los 2000 euros, sino “no fabricar B”, producto más valorado que A.

La primera empresa sólo quebrará si el segundo empresario contrata a los trabajadores por, pongamos, 1501 mensuales. En ese caso, el primer empresario no podrá pagar un salario mayor y tendrá que abandonar la producción; aun cuando el spread presente de precios transmitía la “información” de que el negocio era rentable. Lo importante ha sido que otro empresario se ha sobrepuesto a ese spread presente gracias a su correcta anticipación de las necesidades de los consumidores y ha modificado la estructura de precios y costes a través de su acción.

Todo esto puede parecer “relativamente” sencillo en el caso de trabajadores y productos. Pero piensen mínimamente qué sucede con el capital y su distribución intertemporal. ¿Qué empresas acaparan el capital y se dedican a producir? ¿Aquellas que se dediquen a fabricar los bienes más necesitados? ¿Y qué ocurre con los bienes intermedios necesario para producir los bienes necesarios? ¿Y qué ocurre con los bienes de capital (como las máquinas) necesarios para producir esos bienes intermedios y los bienes de consumo? ¿Y qué ocurre con los bienes de capital necesarios para producir esos bienes de capital? ¿En qué empresas concentramos el capital y los trabajadores? ¿Qué bienes de capital tienen una utilidad mayor frente a otros bienes de capital? ¿Cómo podemos averiguarlo sin conocer el coste? ¿Y cómo conocer el coste sin la posibilidad de anticiparlo y de acertar y errar al anticiparlo? Es más, ¿cómo conocer que se ha errado o acertado sin la posibilidad de formar esos precios de mercado?

Todas estas operaciones se llevan a cabo diariamente en los mercados de financieros. Las empresas que a juicio de los inversores vayan a crear un mayor valor añadido obtendrán inyecciones de capital bien a través de accionistas o de obligacionistas. Si la empresa no es capaz de crear ese valor añadido anticipado, los accionistas migrarán a otras compañías que les proporcionen una mayor rentabilidad; así mismo, la empresa será incapaz de hacer frente al pago de los intereses derivados de sus bonos.

La absorción de un capital excesivo para el valor añadido que es capaz de generar, le impone gravosos costes a la empresa, hasta el punto de que puede terminar descapitalizándose.

El planificador socialista simplemente no puede efectuar estas operaciones por la ausencia de rentabilidad, esto es, de una diferencia de precios pasados y futuros que le permita hacer frente a las expectativas de los capitalistas.

El problema del socialismo, repito, no es de información, sino de la elección correcta de toda la información de la que dispone el individuo. La cuestión es seleccionar la información adecuada de entre toda la que disponemos, y esta selección debe efectuarse en términos de valor. Un valor que no existe sin propiedad privada y función empresarial.

Volvamos al principio del post; si Pijus conoce las preferencias de toda la sociedad, ¿qué teoremas económicos cambiarán con esta información? Si las preferencias están determinadas por fenómenos externos, ¿en qué cambian las conclusiones de la ciencia económica en lo referente a la estructura productiva, el appraisement empresarial o la imposibilidad del socialismo?

No, la teoría económica estudia las implicaciones necesarias de la acción humana, no las estimaciones probables. Para convertir un fenómeno en teorema económico es necesario probar en términos lógicos-deductivos que no puede ser de otra forma. Cuando de una acción pueden derivarse unas consecuencias u otras, dejamos el reino de la ciencia económica y pasamos al del análisis social o histórico.

Y aquí Pijus inevitablemente cae en todo el arsenal metodológico neoclásico que tanto desprecia. Si a través de su información sobre las preferencias sociales no puede determinar apodícticamente el rumbo de la acción (a menos que asuma que sólo esa información determina la acción, que el individuo no modificará el modo de valorar y juzgar esa información y que no descubrirá a través de su acción una nueva información que le dé pie a cambiar de acción), tiene que utilizar de inmediato valores esperados sobre la acción. Pasamos al análisis probabilístico de la acción, un análisis que nada tiene que ver con la economía y que, precisamente, se inicia por la incapacidad de muchos economistas para perfilar el adecuado objeto de su ciencia.

Pero esto es una pura obscenidad. Abandonamos el conocimiento cierto y atemporal a cambio de un conocimiento incierto y contingente; pasamos de la ciencia a la superchería. Obviamos las leyes praxeológicas para imponer las leyes estatistas e intervencionistas respaldadas por análisis casuísticos acerca de la probable evolución de la sociedad. Postramos la ciencia a la inquisición del emperador.

11 de Mayo de 2006

Fe estatista en 30 apartados y 10 contradicciones (II)

16. La disciplina y la unidad de mandos

Este punto es otra de las letanías que Isidoro repite sin demostrar y sin argumento alguno. En su primera crítica aseguró que no habría disciplina ni unidad de mandos. Yo le respondí que la disciplina es perfectamente posible dentro de una empresa privada integrada y con una cadena de mandos únicos y ahora él admite que la disciplina privada es posible pero que en la guerra no sirve de nada sin unidad de mandos: Sin coordinación ya puedes tener a los más feroces soldados del mundo que el descalabro de una tras otra de tus unidades acabará por arrastrar a lo mejor de tu ejército a su disolución moral y física.

De acuerdo, pero olvidas de que en una empresa de nueva creación que integre o sea propiedad de diversas empresas de seguridad sí tiene una unidad de mandos. Toda empresa de nueva creación lo tiene, y por tanto éste no es el caso a tratar.

Veamos la siguiente opción: dicha coordinación sólo es posible mediante un directorio creado por las empresas que no vendría a ser sino un acuerdo para no competir. En dicho caso tendríamos un estado de facto por lo que a priori podríamos equiparar su capacidad a la del ejército regular. El problema vendría cuando los oficiales de ésta o aquélla graduación fuesen asimilados por el "ejército del trust o confederado" de tal manera en que unos y otros perderían graduaciones y privilegios (¿o acaso sería mantenible un ejército con 4 capitanes por cada soldado o con 100 generales división?) con lo que se abriría la veda para la "vendetta" personal.

Esto es simplemente ridículo. Copio y pego del anterior post ya que este punto ya lo traté e Isidoro lo ha omitido deliberadamente: Si esta empresa integrada ya existía, entonces los cargos ya estaban asignados antes de la declaración de guerra. La posibilidad que yo expliqué no fue que distintas empresas de defensa formaran una supermepresa de defensa, sino que distintas empresas de seguridad formaran una supermepresa de defensa. Por tanto, generales para capturar rateros pocos. Y aunque ese fuera el caso, siempre es posible contratar a nuevos generales que se ocupen específicamente del ámbito militar y no de la seguridad común.

Repito, para que no quepan dudas: si creas una nueva empresa, se genera una unidad de mandos NUEVA e INDEPENDIENTE a la que pudiera existir en las otras empresas. Pero es que, tal y como lo expliqué yo, las otras empresas son de seguridad común, no de defensa, y por tanto no hay mandos militares en ellas.

Pero aunque los hubiera, la afirmación de que habría cuatro capitanes por soldado tampoco tiene mucho sentido. Por ejemplo, si tuviéramos dos empresas de defensa que se integraran y cada una de ellas contara con 4 generales y 1000 soldados, al integrarse tenemos 8 generales y 2000 soldados.

En cualquier caso, repito: estamos hablando de crear empresas nuevas con una jerarquía independiente del de otras empresas. No veo que sea complicado de entender.

Luego imputa a ese conglomerado un cierto retardo en su respuesta: En todo caso es manifiesto cómo ese ejército conglomerado se haría acreedor de serias reformas antes de poder combatir eficientemente, esto es: que hubiese "disciplina, lealtad y obediencia".

Pero vamos a ver, ese conglomerado preexiste a la guerra. Es una creación empresarial para prevenir un ataque y defenderse. Eso es seguridad. No la respuesta improvisada a un ataque ya en curso.


17. Incentivos para pagar: los gorrones

Aquí el argumento de Isidoro vuelve a ser circular, confiado en que la gente no recuerde el rumbo de la discusión. En un primer momento Isidoro afirmó que en una sociedad anarquista el problema del free-rider sería irresoluble. Yo le expliqué dos mecanismos por los cuales el free-rider no existiría o no sería relevante: la capacidad para discriminar entre grandes zonas comunales (como urbanizaciones) y el problema de la restitución en caso de guerra (es decir, un ejército extranjero podría chantajear con bombardear un edificio por no tener contratada una compañía que lo defienda). Isidoro me respondió indignado (sin refutar que ello pudiera funcionar) diciéndome que la manera que tenía la sociedad anarquista de solucionar el problema del free-rider y de proporcionar seguridad era a través del miedo y no de la igualdad ante la ley. Yo le contesté nuevamente diciéndole que la provisión de TODA seguridad, también la estatista, se basa en el miedo. Ahora hace de su capa un sayo y responde:

Y tan evidente. El problema es que cuando las necesidades que se satisfacen tienen por objeto la soberanía... los acuerdos tienden a romperse. "No hay pactos entre leones y hombres", decía Aquiles. En el contexto de una batalla, amén del problema de los gorrones, se acabaría por no hacer distinciones entre personas: fuese suscriptor o no. Por dos razones: 1) Por necesidad (y confusión) militar y 2) Derivada de la segunda: porque acabaría formándose un trust de defensa.

En otras palabras, vuelve a su argumento de partida: los free-riders imposibilitarían la defensa, cuando lo que estábamos discutiendo era la viabilidad de unos mecanismos que permiten solucionar el problema de los free-riders. La defensa privada no es posible por los free-riders, y el miedo no soluciona el problema de los free-riders porque para dar respuesta al miedo es necesaria una defensa que es imposible con free-riders. ¿Creen que esto es una discusión honesta?

Te lo vuelvo a repetir. Si tu casa no tiene contratada una compañía de defensa, cualquier Estado extranjero tu puede subyugar con la simple amenaza de lanzarte desde mil kilómetros de distancia un misil. Sin una compañía de defensa contratada esa amenaza es totalmente creíble, ya que la empresa atacante no se enfrentaría con nadie en caso de agresión. Así mismo, ninguna empresa prestaría ningún servicio de restitución a la gente que no fuera cliente suyo en caso de una guerra. Por tanto, no tener contratada una compañía de defensa incrementaría enormemente los riesgos. El miedo sigue siendo uno de los mecanismos para proveer la defensa.

Eso sí, evita responderme que la defensa no se puede proveer a causa de los free-riders y que el miedo no podría ni debería ser la solución a los free-riders porque ello requiere una defensa imposible con los free-riders. Con presentar una vez argumentos retorcidos ya sobra.

18. ¿A qué empresas elegirían los consumidores?

En este punto Isidoro me recriminó que los consumidores elegirían a las compañías más eficientes, fueran amigas o enemigas. Yo le recordé que el juicio ético de cada individuo no queda eliminado por la atracción de la eficiencia; esto es algo que cualquier individuo que haya estudiado algo de economía austriaca y no esté cegado por el paradigma neoclásico del homo economicus comprende perfectamente. Sin embargo, Isidoro cae en la trampa: Siempre buscará la agencia que más tajantemente resuelva las controversias (esto enmarcado en un presunto mundo ancap) porque simplemente sería estúpido si no lo hiciese, si recurriese a los servicios de una agencia "soft" que dedica años a pleitos en lugar de obtener lo que su cliente "cree" justo.

La realidad no tiene por qué ser dicotómica. Puede ser que la empresa más eficiente sea la más inmoral, pero ello no significa que las restantes empresas morales sean completamente ineficientes. Pero aun en el caso en que fuera así, es decir, que eficiencia se correspondería con inmoralidad, existirían unas enormes oportunidades de beneficios para todas aquellas empresas que fueran a la vez eficientes y morales. Los clientes se trasladarían a ellas y acabarían descapitalizando a las restantes.

Pero es que además dudo de que muy pocos liberales, ante un ataque nazi, se echaran a los brazos de una compañía de seguridad dirigida por Stalin, aun cuando fuera la más eficiente. Más que nada porque podrían esperar que después de Hitler, ellos serían el siguiente objetivo.

19. Resolución de conflictos y escalada de violencia

Isidoro introduce aquí un nuevo argumento; como las compañías se deben a sus clientes, no estarán dispuestas a aceptar una sentencia adversa en el tribunal de arbitraje, por lo que tendrá lugar una escalada de violencia: Se evidencia que esta agencias no vendrían a garantizar ley alguna ya que no existiría tal sino que vendrían a garantizar "las opiniones particulares" de determinados tipos de suscriptores: el cliente siempre tiene la razón. Lo cual asegura una escalada de violencia.

Se trata de un nuevo argumento disparatado. Cada cliente necesariamente contrata con su empresa de acuerdo con unos términos contractuales que contendrían excepciones al deber de protección de la empresa. Así, las empresas podrían negarse a defender a un cliente suyo que matara a otra persona.

Esto es así por un motivo muy sencillo: si yo cliente de la compañía de seguridad A mato a mi vecino, cliente de la compañía de seguridad B, ésta última pretenderá vengar la muerte de su cliente, con lo que yo exigiré protección a mi compañía, de modo que la guerra entre ambas devendría inevitable.

De la misma manera que las pólizas de los coches no cubren los accidentes que genere deliberadamente el conductor, a las compañías no les interesa resolver militarmente todas las controversias que generen sus clientes, ya que ello daría lugar a un moral hazard tremendo que elevaría los costes de una manera exagerada. De ahí que se coloquen excepciones al deber de defensa de la empresa.

Para dilucidar los hechos y los derechos en una situación, las compañías pueden acudir a un tribunal de arbitraje que, a la luz de las circunstancias concurrentes y de los contratos entre las distintas partes (empresa-cliente, cliente-cliente, empresa-empresa) dictamine qué ha ocurrido y cuál es la consecuencia jurídica.

Las compañías podrá