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Todo un hombre de Estado: Abril 2006

29 de Abril de 2006

Qué es y qué no es el individualismo metodológico

Pijus Economicus lanza otra invectiva contra la ciencia económica y, de nuevo, con más voluntad que acierto. Esta vez su objetivo es el individualismo metodológico su problema fundamental es ignorar en qué este individulismo metodológico. La falacia del hombre de paja emerge con fuerza.

Nos dice Pijus en relación con el individualismo metodológico: Para dicha estructura de pensamiento, no existe la sociedad como tal, es decir, como un todo, sino como simple agregación de pequeñas partes, en este caso individuos. Lástima que haya errado el objetivo.

El individualismo metodológico es, como su nombre establece, un método de estudio y no una teoría ontológica, como parece asumir Pijus. El individualismo metodológico afirma simplemente que el nivel de análisis adecuado para la ciencia económica es el individuo, pero en ningún momento establece que la sociedad no exista o que sea meramente la agregación de sus partes.

Nadie pone en duda que las entidades y agrupaciones sociales que aparecen en el mundo de la acción humana tengan existencia real. Nadie niega que las naciones, los estados, los municipios, los partidos y las comunidades religiosas constituyan realidades de indudable influjo en la evolución humana. El individualismo metodológico, lejos de cuestionar la importancia de tales entes colectivos, entiende que le compete describir y analizar la formación y disolución de los mismos, las mutaciones que experimentan y su mecánica, en fin. Por ello, porque aspira a resolver tales cuestiones de un modo satisfactorio, recurre al único método realmente idóneo. Ante todo, conviene advertir que la acción es siempre obra de seres individuales. Los entes colectivos operan, ineludiblemente, por mediación de uno o varios individuos, cuyas actuaciones se atribuyen a la colectividad de modo mediato.

Estas palabras de Mises son suficientemente elocuentes como para tirar por la borda todo el post de Pijus. La ciencia económica sí estudia la sociedad y la influencia de ésta sobre las acciones individuales. Si abandonamos el análisis del individuo aislado, la acción humana se convierte una acción social ya que atiende a incidir en otros seres humanos. Los precios, los intercambios, las empresas, el intervencionismo estatal, el socialismo, la moneda o el ciclo económico, son ejemplos flagrantes de cómo la economía se preocupa por estudiar fenómenos sociales.

Así, por ejemplo, en el caso del ciclo económico estudiamos cómo la expansión monetaria propiciada por el Banco Central induce a los agentes económicos a cometer errores en sus planes individuales. Pero estos planes individuales se basan en las expectativas de otros planes individuales, en concreto, en la previsión de demanda de bienes de consumo por parte de los individuos y de su ahorro disponible. Al haberse interrelacionado de una manera errónea los distintos planes tenemos una concatenación de sucesos que podemos calificar como ciclo económico. Lo interesante es que ninguno de estos sucesos había sido originariamente planificado por ninguno de los individuos ni traen causa de ninguna acción humana concreta, sino que más bien son consecuencia de las influencias mutuas y de los errores inducidos entre los diversos individuos que habitan en un sistema económico, esto es, en una sociedad.

La auténtica enseñanza del individualismo metodológico es que para estudiar esos fenómenos no debemos recurrir a entes abstractos, ya que TODO acontecimiento económico procede de la acción humana y la acción humana es de carácter individual. Si no somos capaces de retrotraer un acontecimiento económico al momento en el que el individuo actuó, esa teoría económica carece de utilidad y de realismo. Otra cuestión distinta, como ya he dicho, es que la acción humana individual pueda verse influida por otras realidades sociales, como el derecho, el lenguaje o el dinero, esto es, las llamadas instituciones sociales que, como decía Hayek sirviéndose de Ferguson, son fruto de la acción humana pero no del diseño humano.

En otras palabras, si bien es cierto que la sociedad tiene una entidad propia distinta a la mera agregación de los individuos, no es menos cierto que esa entidad propia la ha adquirido única y exclusivamente merced a acciones humanas y, por tanto, acciones humanas individuales.

Eso sí, lo que me resulta más gracioso del post de Pijus es que atribuya ese histerismo individualista (que erróneamente llama individualismo metodológico) a los liberales. Dejaré que un defensor del individualismo metodológico como Hayek se lo explique: Esta segunda corriente de pensamientos, absolutamente diferente, también conocida como individualismo, está representada principalmente por pensadores franceses y europeos, un hecho que se debe –a mi entender– al papel predominante que tiene el racionalismo cartesiano en su composición (...) este individualismo racionalista tiende siempre a un desarrollo opuesto al señalado, específicamente hacia el socialismo o colectivismo (...) rehúsan reconocer cualquier cosa que no esté concebida conscientemente o que no pueda mostrarse como racional para cada individuo. Es comprensible que este tipo de “individualismo” a menudo haya hecho que la gente de buena voluntad pierda toda posibilidad de lograr orden en una sociedad libre y que incluso las haya inducido a pedir un gobierno dictatorial con poder para imponer en la sociedad el orden que no producirían ellas mismas.

25 de Abril de 2006

El destino socialista de la competencia perfecta

Este martes publico en LD una crítica al modelo neoclásico de la competencia perfecta, fundamento de toda política antimonopolio.

En cualquier curso de Introducción a la Economía los alumnos tienen que estudiar una serie de modelos, a cuál más ridículo, con los que se pretende hacer predicciones realistas sobre la sociedad; los modelos son del todo inútiles, pero permiten reducir los complejos fenómenos económicos a unas pocas y manejables ecuaciones matemáticas. Los modelos económicos se preocupan más de la comodidad del investigador que de la solidez de sus conclusiones.

El mensaje de la legislación antimonopolio es claro: "Señor Empresario, si se atreve a ser el mejor sirviendo a los consumidores será perseguido, sancionado, cercenado y vilipendiado de manera inmisericorde". Todo ello, claro está, para beneficiar a la competencia y, a través de ésta, a los consumidores.

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24 de Abril de 2006

La hoguera de las vanidades

Llego a través de Dani a la anotación de Escolar sobre mi reseña de V de Vendetta. No hay mucho más que añadir; Colón creía haber llegado a la India pero alcanzó América. A veces se cometen errores, también en las obras de arte y en los mensajes.

Mucho más jugosos, en cambio, son los comentarios. Yendo hacia el final leo uno de un tal "democratista" que resume a la perfección el ideal político de esta gente: Efectivamente, tomárselos en serio es imposible, esta gente [los liberales] está en la fe...y contra eso a día de hoy lo único que se ha mostrado efectivo es la hoguera...

Algunos no pierden las viejas y buenas costumbres. Su incapacidad argumental la compensan con la purga y la represión. Dado que un sujeto corto de miras y de comprensión es incapaz de comprender nuestros argumentos, decide unilaterlamente aplicar el correctivo de rigor. Su ceguera les lleva al fanatismo y su fanatismo al uso indiscriminado del poder político para satisfacer sus angustias particulares.

No es nuevo. En mi discusión con Escolar sobre su chiripitifláutico proyecto de crear un dinero electrónico público, reconoció que simplemente asumía que partía de la premisa de que el dinero público funciona mejor que el privado: Yo parto de dos premisas a la hora de plantear esta discusión. Que la moneda pública funciona mejor que la privada, que la banca privada funciona mejor que la pública. Premisas que ni quiso ni supo demostrar, simplemente me remitió en un ejercicio de pura fe a otros economistas: Tienes enfrente a la amplísima mayoría de los economistas que sabrán responderte mejor que yo.

Nunca dudé de que la mayoría de los economistas sabían responder mejor que Escolar, más que nada porque casi cualquier respuesta habría sido mejor que su expresivo silencio.

El caso, sin embargo, es ilustrativo de que esta gente no se encarga de revisar sus poco convincentes argumentos. Cuando Escolar responde que parte de la premisa de que la moneda pública es mejor que la privada simplemente concluye el debate antes de comenzarlo. Y sobre esta paupérrima base pretende justificar sus paranoias intervencionistas y expoliadoras.

Cuando democratista considera que no se puede debatir con nosotros, simplemente cierra la puerta a la discusión antes de abrirla; y lo que es peor, propone combatir nuestro supuesto irracionalismo con el sesudo fuego de las hogueras.

Desde luego, cuando se junta el hambre con las ganas de comer tenemos auténticas carnicerías. Esta gente son perfectos ejemplos de cómo una ignorada ignorancia con pretensiones maximalistas y de cátedra, los reconduce hacia los demonios de su propio pasado. No es que repitan la historia por desconocerla, sino que la repiten por conocerla demasiado bien. Tanto entonces como ahora la violencia es su única forma de sobreponerse en la discusión.
Libertad de oportunidades

En mi artículo para el Instituto Juan de Mariana critico el concepto de igualdad de oportunidades por basarse en un concepto superficial de oportunidad y por, en definitiva, adoquinar el camino al socialismo.

Una oportunidad es toda posibilidad de acción exitosa por parte del actor. Cuando una persona sabe cómo alcanzar un fin estamos ante una oportunidad. La oportunidad, de este modo, es una creación de la acción humana; depende de las percepciones, de los juicios y, sobre todo, de los fines del actor. A cada fin le corresponden diversas oportunidades potenciales en tanto sean creadas por el actor.

No se pueden igualar las oportunidades de dos individuos porque tanto sus fines como su conocimiento acerca de cómo satisfacerlos son distintos. Igualar las oportunidades significa necesariamente igualar los fines y establecer un modo óptimo de satisfacerlos ex ante; en otras palabras, la igualdad de oportunidades requiere eliminar la libertad y establecer un sistema de planificación centralizada.

Pero si rechazamos la igualdad de oportunidades, ¿qué nos queda? Pues volver a nuestros valores fundacionales: la libertad de oportunidades


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Charity vs the State

Bueno, este lunes publico mi primer artículo en Lewrockwell.com. Se trata de una traducción de uno que ya publiqué en Libertad Digital:Caridad frente a justicia social. Espero que en el futuro caiga alguno más.

The State, throughout its history, has led a process of the socialization of human relationships. In its heretical desire to kill God and take His place, every government has tried to erase the person''s charitable contribution. Love, according to the leftists, cannot be the reason for helping one''s neighbor; disadvantaged people have a right to coerce the rest of society in order to improve their status. Solidarity, thus, is no longer an issue of charity and has turned into a monopoly of "social justice."

Capitalism strengthens both individual autonomy and society, the latter defined as the sum of those ties assumed voluntarily and charitably. Agreements among people benefit both parties; exchanges go beyond their materiality and become a way to satisfy the neighbor that is different from an absolute lack of reciprocity: "Man cannot live by oblative, descending love alone. He cannot always give, he must also receive."


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¡Albricias!, Hayek no era ancap

Por lo visto en Socialdemocracia.org acaban de descubrir que Hayek no era anarcocapitalista. Ya era hora de que algún socialista antes de criticar a Hayek decidiera leerlo. O mejor dicho, que decidiera leer algo de Hayek, aunque fuera uno de sus peores libros: Camino de Servidumbre.

Aun así nuestro autor lo califica como el libro de divulgación por excelencia del buque insignia del neoliberalismo, el economista Friedrich Hayek. Menos lobos, Caperucita. Primero, que yo recuerde nunca he recomendado Camino de Servidumbre, ni como libro ni como divulgativo; y como yo multitud de liberales (aun cuando es evidente que otros, por razones que desconozco, sí lo han hecho). Camino de Servidumbre es un libro de pensamiento político, no demasiado bueno.

Segundo, tildar a Hayek de buque insignia del neoliberalismo sólo confirma la profunda ignorancia de esta gente sobre el movimiento liberal. Hayek es un maravilloso y prestigioso economista, pero no el buque insignia. Sus aportaciones originales son escasas, y sus errores numerosos. Sin duda Hayek merece un lugar de referencia entre los intelectuales liberales, pero no el lugar de referencia.

Tras esto, el autor adelanta su conclusión: Hayek no sería hoy anarcocapitalista, ni promotor del neoliberalismo. Hayek no estaba en contra del intervencionismo del estado en la economía de per sé, sinó que este corrompiera el libre mercado.

Me temo que para esto no hacía falta leer Camino de Servidumbre. En la portada liberalismo.org tenemos a la derecha una columna con tres corrientes, una de las cuales es "gobierno limitado", donde se nos explica que: el gobierno está para asegurarnos la tranquilidad suficiente para poder vivir en paz; para mantener aquellas condiciones que hacen soportable la vida en sociedad (...) los economistas del siglo XX han defendido el regreso a un gobierno limitado a la tarea de asegurar las condiciones básicas para que el mercado funcione. Entre los defensores de este gobierno limitado, Antonio Mascaró coloca a Milton Friedman y a Hayek.

De ahí que este párrafo del artículo de Socialdemocracia.org sea cuando menos sorprendente: Aunque un socialdemócrata tendrá discrepancias con el autor en algunos puntos (menos de los que a priori puedan parecer), vale la pena leerlo para poder entender como las ideas del economista se han interpretado intencionádamente en una dirección.

Los errores a destacar son dos. Primero, ¿quién ha interpretado erróneamente las ideas de Hayek? En todo caso aquellos que ni lo han leído ni nos han leído. Segundo, si el autor se refiere a las ideas de Hayek como economista, éstas no resultan interpretables. La economía es una ciencia que no admite desviación ni interpretación: o se está en lo cierto o no se está. Y Hayek, en muchos casos, llegó a conclusiones acertadas (especialmente en teoría monetaria) que, por tanto, resultan útiles a todos los liberales (incluidos los anarcocapitalistas).

Lo curioso es que después de hablar de esta mala interpretación de sus ideas económicas, muestra un absoluto desconocimiento sobre ellas: "sus ideas han sido superadas al menos al nivel académico y recogidas por nuevos liberales como Robert Barro (...) o Sala-Martín". Buena parte de la izquierda piensa de la siguiente manera: si todos son liberales, todos piensan igual. ¿Qué ideas de Hayek han incorporado Barro y Sala-i-Martín? ¿El ciclo económico, la teoría monetaria, el orden espontáneo? Ilústrenos. Lo digo porque Sala-i-Martín es un conocido defensor del Banco Central y del FMI, cosa que Hayek siempre repelió.

Por tanto, aquí no se está descubriendo ninguna pólvora frente al camaleonismo liberal que denuncia el autor. Hayek es un liberal convencido que defiende el Estado y no un Estado precisamente pequeño (véase Los Fundamentos de la Libertad o el tercer volumen de Derecho, Legislación y Libertad). Pero ello no nos impide valorar sus aportaciones fundamentales e incorporarlas en un corpus más omnicomprensivo y, de la misma forma, criticar sus flagrantes errores -también de acuerdo con sus propios desarrollos teóricos sobre el orden espontáneo (véase especialmente Anthony de Jasay o Murray Rothbard).

Espero que el autor no nos ofrezca nuevos artículos descubriéndonos que tampoco Mises, Hazlitt, Anderson o Reisman (todos excelentes economistas a los que todos los liberales respetan, admiran y citan) son anarcocapitalistas. La confusión en este aspecto sólo puede imputarse a la ignorancia o a la mala fe.

21 de Abril de 2006

V de Vendetta: Libertad el 5 de noviembre

Este viernes publico en Libertad Digital mi comentario sobre la película V de Vendetta:

Como suele decirse en estos casos, la novela gráfica de Alan Moore es mucho más rica en detalles y reflexiones políticas que la película de los hermanos Wachowski. Pero aun así estamos ante una magnifica adaptación, que hará las delicias de los auténticos liberales que disfruten contemplando la heroica batalla entre un individuo y toda la clase política, en medio de una población adormecida y anestesiada.

La fuerza de la unidad se enfrenta a la fuerza de la verdad. El Estado tiene la necesidad de asentarse en una ficción compartida y unificada, en una mentira difundida a los cuatro vientos. De ahí que Adam Sutler, el dictador fascista, esté obsesionado con que "todo el mundo recuerde por qué nos necesitan". Lo importante no es la verdad, sino su apariencia. Y ante esto la respuesta de V no puede ser otra que la destrucción de los caducos símbolos del Estado británico al ritmo de la Obertura 1812 de Tchaikovsky.

Nota al margen merece la sesgada traducción al español que, con indudables dosis de progresía y brazo izquierdo, se nos ofrece en nuestros cines. De este modo, V ya no reivindica "la equidad, la justicia y la libertad" [fairness, justice and freedom], sino la "igualdad, la justicia y la libertad". Les ha faltado meter la fraternidad para reconvertir a V en todo un revolucionario francés.


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Conferencias en Bruselas

Este miércoles fui a Bruselas gracias al CNE para asistir a las conferencias que se celebraron al día siguiente sobre legislación antitrust y el caso Microsoft. Lo cierto es que la charla que ofreció Gabriel sobre el origen de la Sherman Act y los fundamentos neoclásicos de estas perversas leyes fue la mejor de la jornada con diferencia.

Johan Norberg también se encontraba por allí y cerró el acto. Dentro de un mes publicará un nuevo libro en Suecia sobre empresarialidad e innovación. Al igual que Gabriel, Norberg es una persona que transmite mucha energía y entusiasmo. El público también quedo encantado de su intervención.

Concluida la jornada tuvo la amabilidad de permitir que lo entrevistara. Espero poder ofreceros en los próximos días nuestra conversación.

19 de Abril de 2006

Armonizando la servidumbre

Esta semana he escrito en Libertad Digital sobre las nefastas consecuencias que tendría para los países miembros de la Unión Europea la proyectada armonización del impuesto de sociedades; todo ello basándome en el estudio realizado por el Lithuanian Free Market Institute.

Si la Unión Europea no modifica su querencia intervencionista, los países miembros colapsarán sobre su propia miseria socialista. Si la legislación fiscal, laboral y medioambiental de Europa es mucho más estricta que la de otros países, las empresas carecerán de cualquier motivo para permanecer aquí. Más que en EEUU, deberemos empezar a fijarnos en África.

La armonización del impuesto de sociedades es un instrumento en manos del Leviatán europeo destinado a impedir que los individuos se refugien en aquellos países con menores impuestos de sociedades. Nuestra libertad no se ve expandida, sino constreñida, con unidades políticas mayores que doten a políticos y burócratas con armas más numerosas y poderosas contra los individuos.

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18 de Abril de 2006

Por qué la propiedad no es una ficción y el Estado sí lo es

Ardegas responde a mi último post en el que utilizo la afirmación de Bastiat según la cual el Estado es una ficción.

El bloggero intentar demostrar que no sólo el Estado es una ficción, sino también que la propiedad lo es. Su principal escollo, sin embargo, es que no llega a captar y entender el significado de las palabras del economista francés.

Dice Ardegas: sí, es cierto que el Estado es una ficción de tipo jurídico, lo que hay en realidad son funcionarios; pero otro tanto se puede decir de la propiedad privada. Fuera de ficciones jurídicas lo que hay es posesión. Y como toda convención jurídica, necesita de un reconocimiento formal por parte de instituciones legales para que esta ficción tenga efectos reales.

El primer exceso y error de Ardegas es suponer que yo he hablado de una ficción de tipo jurídico. Tampoco lo hizo Bastiat. Las ficciones jurídicas son instrumentos arraigados en el principio de la equidad cuyo objetivo es modificar conscientemente la calificación que merecen los hechos para alcanzar soluciones más justas. Con las ficciones jurídicas no se engaña a nadie, las partes son conscientes de que se ha producido una mutación de iure, estén de acuerdo o no con ella, les guste o no.

Cuando Bastiat dijo que el Estado es “la gran ficción por la que todo el mundo se esfuerza en vivir a costa de los demás” no quiso decir que el cuerpo funcionarial adquiere una trascendencia jurídica distinta a la mera suma individual de sus miembros y recursos materiales, sino que todos aquellos que dan apoyo al Estado viven sumergidos en un engaño (o ficción) al creer que efectivamente están viviendo a costa de los demás, cuando en realidad grandes masas de la población no viven a costa de los demás, sino para los demás.

Si queremos elaborar un poco más el razonamiento de Bastiat podemos acudir a la teoría de juegos y el célebre dilema del prisionero. Según esta teoría existen una serie de instituciones o de bienes que no pueden ser provistos por los individuos de manera aislada; si cada uno persigue sus fines individuales habrá una serie de fines comunes (que benefician a todo el mundo) cuya realización se paralizará. Por ejemplo, todo el mundo nos beneficiamos de respetar un sistema jurídico que nos permita efectuar transacciones e intercambios pacíficos; sin embargo, de acuerdo con el dilema del prisionero, cada individuo no tiene incentivos de manera aislada para respetar las normas jurídicas, ya que yo me beneficio de que no me robes (tú respetas) al tiempo que yo te robo (yo no respeto).

La ficción moderna del Estado consiste en creer en la veracidad de este argumento, esto es, en creer que si cada persona persigue su propio bienestar todos saldremos perjudicados, por lo que necesitamos un Estado que “cree” y “provea” ciertos bienes e instituciones esenciales.

No estamos pues ante una ficción jurídica, sino ante una ficción sobre su utilidad. Una ficción que nos lleva a sobrevalorar los beneficios de su actuación o a infravalorar sus costes, lo cual nos hace caer en una serie de errores recurrentes que, cuando se dan en el ámbito monetario, denominados ciclo económico, pero que de la misma manera se producen en el plan jurídico (revoluciones, guerras civiles, migraciones masivas…).

De hecho, la prueba más evidente de que la ficción jurídica de la que habla Ardegas no tiene nada que ver con la ficción de la que hablaba Bastiat o de la que he hablado yo, es que Ardegas reconoce y es consciente de que el Estado es una ficción (jurídica) y sin embargo sigue defendiendo la necesidad del Estado, esto es, sigue cayendo en la “ficción” que denunciaba Bastiat.

El segundo error del blogger es considerar a la propiedad como una ficción jurídica, a diferencia de lo que sucede con la posesión. En realidad no es así; la propiedad no es una convención jurídica que pueda eliminarse, siempre habrá alguien que actúe como propietario, esto es, que actúe como decisor último. Esta decisión última sigue siendo una circunstancia fáctica y no jurídica, al igual que la posesión.

Por ejemplo, si A posee un lingote de oro y B se lo arrebata, B pasa a ser poseedor del lingote merced al uso de fuerza que ha ejercido sobre A; B ha ejercido las facultades dominicales ya que en ausencia de posesión no le corresponde ningún derecho. Otra cosa es que haya ejercido legítimamente o no esas facultades; pero como tales existen con independencia de las convenciones jurídicas que coloquemos alrededor.

El Estado también actúa como propietario, esto es, nacionaliza los poderes que hubieran correspondido a quienes se apropiaron o produjeron los bienes materiales. Pero de ahí no se desprende la inexistencia de propiedad, si acaso su ausencia de asignación a priori.

Pero este nos conduce a la siguiente crítica de Ardegas: “La propiedad privada no es un derecho natural por que no es necesaria para la supervivencia. Debemos recordar que en un principio la humanidad era "colectivista", se formaba en hordas para sobrevivir”.

Fijémonos que el argumento de Ardegas opera de la siguiente forma. Primero elimina la propiedad de la realidad, reduciéndola a una mera convención. Y ahora niega siquiera que esa convención pueda hallarse en la naturaleza humana. En otras palabras, la propiedad es un elemento accesorio y prescindible, que sólo cuando se reconoce por quien ostenta el poder adquiere cierta materialidad.

No obstante, mala definición de naturaleza es aquella que trastoca la naturaleza humana. Que yo sepa ningún ser humano detiene su acción una vez tiene garantizada la supervivencia, más bien al contrario, continúa buscando y persiguiendo otras finalidades más elevadas. En otras palabras, a diferencia de los animales, el propósito del ser humano no es sólo sobrevivir, sino ser feliz. Y la felicidad no se reduce a la supervivencia, acaso utiliza la supervivencia como un requisito sine qua non para ser feliz (por supuesto los suicidas consideran que la felicidad se adquiere sin sobrevivir). Por tanto, el ser humano no reduce su acción a la supervivencia, sobrevive para perseguir otros fines.

Esta definición totalmente estrecha, fisiológica y antipraxeológica de la supervivencia provoca que Ardegas no considere la propiedad como necesaria. Sin embargo, si adoptamos una visión más amplia de la naturaleza humana como aquel individuo que actúa (homo agens), comprobaremos que en su naturaleza está inserta la categoría de fines y medios.

El punto clave para entender la propiedad son los medios: ya hemos visto que siempre existirá un control último dominical sobre los medios, haya o no derecho. La cuestión, por tanto, es quién debe ejercer ese control último o, mejor dicho, quién debe tener la capacidad para controlar los fines que cada individuo puede satisfacer.

Si asignamos estos “derechos naturales” sobre el control último de manera arbitraria (de modo que ciertos individuos puedan impedir que otros busques y consigan los medios para sus fines), estaremos eliminando la naturaleza praxeológica de todos aquellos seres humanos que carecen de la autonomía para utilizar los medios. Serían, por tanto, derechos antinaturales para una buena porción de los individuos.

El argumento de Ardegas se diluye precisamente en el momento en que sus premisas nos conducen a conclusiones contradictorias y absurdas. Las potestades dominicales seguirán ejerciéndose; pero si afirmamos que el ejercicio legítimo de esas potestades es no puede definirse a priori o resulta indiferente, estaremos atacando la naturaleza humana, ante lo cual, claro está, no podremos afirmar que disponemos de un conjunto de derechos naturales consistente, simétrico y no contradictorio.

Y esto no cambia, claro está, por el hecho de que ciertas propiedades sean de titularidad comunal, mientras que la apropiación se haya producido de manera y con el ánimo comunal. El problema deviene cuando la comunidad se pretende apropiar de bienes que el individuo había adquirida de manera privativa para él. En estos casos nos hallamos ante una negación de su naturaleza y del Derecho mismo.

En estos casos asistimos ante la negación de la propiedad, esto es, al robo. De ahí que los impuestos sí sean un robo por muchas ficciones jurídicas (y no jurídicas) que pretenda crear el Estado.

16 de Abril de 2006

Ya lo dijo Bastiat

La figura resultante representa el coste de cumplimiento del impuesto federal sobre la renta, que según la Tax Foundation será de 279 billones este año. Esto equivale a un coste de 22 céntimos por cada dolar recaudado.


Más aquí.

¿Qué debemos pensar de un pueblo donde no parece sospecharse que el pillaje recíproco no es menos pillaje porque sea recíproco, que no es menos criminal porque se ejecute legalmente y con orden, que no se ajusta para nada al bienestar público, que lo disminuye por el contrario tanto como cuesta este intermediario dispendioso que llamamos Estado?

El Estado de Bastiat

Lo cierto es que el Estado no sólo es una ficción malvada, sino que por su propia existencia distorsiona la búsqueda de conocimiento valioso por parte de los individuos. En lugar de incrementar nuestra riqueza aprendemos a defraudar, a rellenar declaraciones de la renta o a adquirir información conceptual sobre el impuesto, y a su vez el Estado incrementa la búsqueda de la información destinada a perseguir el fraude y reprimir a los que no quieran someterse a su control:

La cuestión es diferente en el caso de una agencia coactiva. Aquí, por definición, hay un conocimiento distinto al conocimiento con valor productivo que, al menos en ocasiones, es más importante (la extensión de este "en ocasiones" depende del rango de actividades y de la permanencia de esta agencia coactiva). Se crea, por ejemplo, el conocimiento sobre cómo rapiñar los frutos del trabajo de otra persona sin que se resista. Se crea también el conocimiento de cómo conseguir el control de la agencia coactiva. Y se crea el conocimiento de cómo persuadir a los vecinos de uno acerca de la utilidad del sistema. Uno puede añadir un número infinito de ejemplos a esta lista. El resultado, en términos generales, es el mismo: una agencia violenta necesariamente afecta la estructura de conocimiento de la sociedad sobre la que se impone.

Más aquí.

No deja de ser inquietante la cuestión de cuál sería nuestro bienestar en caso de que tantos recursos y talentos no se destinaran a hacer el mal, sino a servir al prójimo a través de la producción y el intercambio voluntario. Por supuesto el Estado no nos dejará adivinarlo, de ahí su ficción engañosa.

13 de Abril de 2006

Conservadurismo versus liberalismo, por Jacob Hornberger

El conservador:

Soy un conservador. Creo en la libertad individual, en los mercados libres, en la propiedad privada y en el gobierno limitado, con las excepciones de:

1. Seguridad social
2. Medicare
3. Medicaid
4. Bienestar
5. Leyes contra las drogas
6. Educación pública
7. Becas estatales
8. Regulación económica
9. Leyes de salario mínimo y controles de precios
10. Banco Central
11. Papel moneda
12. Impuesto sobre la renta
13. Restricciones al comercio
14. Controles migratorios
15. Ayuda exterior
16. Guerras exteriores de agresión
17. Ocupaciones militares
18. Un imperio militar transatlántico
19. Ejército permanente y un complejo militar-industrial
20. Vulneración de libertades civiles
21. Detenciones militares y negación de los procesos legales y de los jurados para ciudadanos y no ciudadanos acusados de crímenes
22. Tortura y abusos sexuales de prisioneros
23. Secuestros secretos y asociación con brutales regímenes extrajeros con la finalidad de torturar a la población
24. Centros de tortura extranjeros por el mundo
25. Tribunales y juicios secretos
26. Intervención sin garantías de la línea telefónica de ciudadanos y no ciudadanos
27. Violación de la Carta de Derechos fundamentales por motivos de "seguridad nacional"
28. Gasto federal descontrolado para financiar todo esto

El liberal:

Soy un liberal. Creo en la libertad individual, en los mercados libres, en la propiedad privada y en el gobierno limitado. Punto. Sin excepciones.

12 de Abril de 2006

Excusas para censurar
Esta semana en Libertad Digital utilizo la denuncia presentada por Vocento ante Defensa de la Competencia para criticar la legislación antitrust y, en concreto, aquella destinada a limitar la libertad de expresión.

Parece ser que Vocento no confía en la fidelidad de sus lectores y teme que escuchen a Jiménez Losantos. Ante la falta de calidad y de convicción, el silencio es su mejor arma; hay que impedir que otros pongan el dedo en la llaga. Las razones del comunicador tulorense las combaten con el poder coactivo que les proporciona el Estado; incapaces de convencer, prefieren censurar.

Las sociedades libres deben respetar la capacidad de elección de los individuos, no sólo en la adquisición de bienes y servicios, también en la formación de opiniones sobre la realidad circundante. El Estado no puede establecer cuál es la verdad por decreto ley, pues ello impide tanto que la verdad aflore a través de la discusión cuanto que los consumidores se formen libremente una opinión.

El paradigma comunicativo de los totalitarismos consiste eliminar cualquier información distinta a la proporcionada por el Estado y obligar a que los individuos interioricen dicha información. Las personas no son libres para evitar que la información estatal entre en sus vidas; no consumen aquello que quieren, sino lo que el Estado quiere que quieran.

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10 de Abril de 2006

Iglesia y política

Como sabrán he defendido en numerosas ocasiones que la Iglesia no debe mezclarse con el Estado -lo cual incluye en primer lugar que debe dejar de financiarse a través de éste. La maldad de la política no puede confundirse con el amor y la bondad que predica la fe católica; incoherente y contraproducente.

La Iglesia tampoco puede constituirse en órgano legislador, no debe aprobar e imponer leyes a la ciudadanía; no tanto porque esa tarea corresponda al Estado, sino porque compete al libre albedrío de las personas. Los católicos deben tener claro que la fe y las convicciones deben propagarse por persuasión y no por coacción; el principal instrumento doctrinal es la Palabra, no la espada; ni siquiera a San Pedro le fue permitido utilizarla para proteger a Jesucristo.

Ahora bien, como también he repetido en varias ocasiones, todo esto no debe confundirse con que la Iglesia debe permanecer amordazada en materia política. La Iglesia no debe promover la obligatoriedad de sus convicciones, pero sí la libertad de éstas. La Iglesia tiene que ser combativa contra los intentos del Estado por monopolizar la institución del matrimonio, la educación, la caridad o la moral; pero lejos de reclamar la competencia exclusiva sobre ellas -como si del partido de la posición se tratara- debe exigir que el Estado no se inmiscuya.

Iglesia separada del Estado no significa Iglesia apolítica o Iglesia sumisa, sino Iglesia privada, Iglesia voluntaria e Iglesia libre.

Esta incomprensión es la que lleva a Marc Vidal a conclusiones notablemente erróneas. Así, el articulista critica que: Las injerencias de las jerarquías eclesiásticas promoviendo manifestaciones en contra de leyes votadas por los representantes legales de todos los ciudadanos, demuestra que la Iglesia durante el primer año de papado de Benedicto XVI ha optado por la participación política.

El hecho de que la jerarquía haya promovido manifestaciones en contra de leyes votadas por los parlamentarios no nos dice nada sobre si la Iglesia se está moviendo efectivamente en su esfera. Si la Iglesia ha criticado esas leyes por liberticidas y ha pedido una mayor capacidad de elección para los individuos -sin imponerles sus opciones- la participación política de la Iglesia no sólo no será criticable, sino exigible.

El saldo ciertamente es desigual. Cuando la Iglesia se manifestó contra el matrimonio homosexual se equivocó; no porque los homosexuales tengan un derecho a casarse a través del Estado y adquirir los privilegios que ello conlleva, sino porque la protesta seguía aceptando que el Estado monopolizara la regulación del matrimonio y además exigía la extensión de las redistribuciones coactivas de renta hacia las familias. En otras palabras, el Estado y el monopolio matrimonial salieron reforzados de la manifestación.

En cambio cuando centenares de miles de personas se manfiestaron contra la LOE asistimos a un alegato a favor de la libertad de educación. No tanto porque se pidiera su privatización, sino porque al menos se criticaba el celo regulador y adoctrinador del Estado. La idea subyacente a esta manifestación era que la responsabilidad de la educación recaía sobre los padres y no sobre el poder político.

Si esta misma idea hubiera estado en el trasfondo de la manifestación contra el matrimonio homosexual -esto es, que el Estado no tiene derecho a regular el concepto de matrimonio por ser básicamente un contrato privado sancionado ante una confesión religiosa- sólo cabría haberla aplaudido en nombre de la libertad.

Con esto quiero señalar que es posible y deseable que la Iglesia participe en política pero sin convertirse en Estado. Es decir, su modo de participar en política debe ser la calle, los medios de comunicación y los púlpitos, pero no los partidos democristianos; su mensaje debe ser el de la libertad de elección moral y no el de determinación de esa elección.

Y como digo un primer paso sine qua non consiste en rechazar el soborno que con el expolio público practica anualmente el Estado para con la Iglesia. La sinceridad del propio articulista no deja de aterrorizar: si continúan con su incipiente fase de acercamiento al gobierno socialista, aplaudiendo el principio del proceso de paz en Euskadi, puede ser que pronto la casilla voluntaria del IRPF pase a fija. Si es así los voceros de la Cope tienen los días contados.

Insisto, la Iglesia católica no puede aceptar este tipo de comentarios y mucho menos hacerles caso. Lo primero para la Iglesia debe ser la autonomía de su mensaje, no las dádivas estatales. El hecho de que vivamos en una sociedad subvencionada donde todo el mundo atraque a su vecino no significa que la Iglesia deba participar en este juego lamentable; su papel debe ser el de liderar el cargo y la purificación moral, no el de someterse en comandita al yugo de los políticos, burócratas y otros criminales.

Una vez la Iglesia haya entendido este punto, una vez la palanca del chantaje haya desaparecido, su mensaje será mucho más efectivo y razonable. La misma izquierda que hoy critica su excesiva relación con el Estado, lamentará la pérdida de los resortes de control. Cuando se den cuenta de que ya disponen del mecanismo presupuestario para amenazar a esta institución milenaria empezarán a temer su pujanza y su decisión.

Será entonces cuando el Estado muestre su auténtica cara totalizadora y cuando la Iglesia podrá difundir a través de su palabra la necesaria y benéfica beligerencia antiestatal.

Pero si se empeña en convertirse en un órgano del gobierno, en un cacharro en manos de la izquierda gobernante, entonces su autonomía no dejará de reducirse hasta que, al final, se transforme en un apéndice al servicio del Estado y no de Dios.

Este es el camino que la Iglesia quiere recorrer y que, en el fondo, ningún izquierdista victimista quiere que recorra.

5 de Abril de 2006

Izquierda, catástrofe y expiación

Acaba de salir el nuevo número de la Ilustración Liberal y, por tanto, han colgado el 26 en la página web. En éste reseño el libro "Frente a la razón del más fuerte" de Susan George, Sami Naïr, Ignacio Ramonet y Tzvetan Todorov. La crítica es más breve de lo que me hubiera gustado, pero los puntos principales quedan claros.

Ramonet también nos sacude con otra plaga bíblica: la pobreza. Así, nos recuerda la asombrosa cifra de que "casi tres mil millones de personas –la mitad de la humanidad– viven con menos de dos euros al día". Por supuesto, esta cifra es totalmente falsa. El dato que suele ofrecer la izquierda más radical ronda los 1.500 millones, pero los informes serios, como el de Sala-i-Martin, hablan de 1.000 millones.

Las recetas de Ramonet pasan por darle el protagonismo al Estado de Bienestar y no al mercado. Si en Europa el mercado ha seguido creando riqueza, ha sido a pesar del Estado de Bienestar. Su masiva redistribución no sólo perturba los incentivos y la iniciativa empresarial, sino que nos impide buscar soluciones más eficientes y baratas a nuestros problemas.

El análisis simplista de esta gente no supera la proposición que hemos establecido al principio:
sabemos cuáles son los problemas + sabemos cómo solucionarlos = necesitamos el poder y los medios para hacerlo. George no se da cuenta de que, por ejemplo, gravar las transacciones internacionales con la Tasa Tobin (tal y como propone su organización, Attac) perjudica especialmente a los ciudadanos de los países pobres.

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Conferencias

Habréis notado que llevo unos días ausente de la bitácora. La razón es que me he estado dedicando a terminar un trabajo relativamente extenso sobre la empresa y el bienestar social que se deriva de su acción.

Este viernes expondré las conclusiones en el Juan de Mariana, justo después de que Philipp Bagus nos hable del precio de los activos desde una perspectiva austriaca (Más aquí).

El día anterior, el jueves, tendré el honor de exponer mis conclusiones sobre el derecho privado en el doctorado del profesor Huerta de Soto. Esta charla ya la ofrecí el pasado mes de diciembre en el IJM.

Si alguien estuviera interesado a asistir se ruega comunicarlo tanto al IJM como al profesor Huerta de Soto.

Espero que al regresar de Madrid retome un ritmo aceptable de anotaciones.
Inmigrantes políticamente correctos

En el artículo de este martes para Libertad Digital utilizo el examen de "progresismo" que han instaurado en las embajadas holandesas para criticar la política antiinmigración y para reiterar la fundamental distinción entre liberalismo y libertinismo.

El Gobierno holandés nos ofreció en estos últimos días un clamoroso ejemplo de cómo se puede ser libertino y antiliberal, esto es, de cómo utilizar el pretexto de la demolición de los prejuicios puede utilizarse para maniatar la libertad. En concreto, los extranjeros que pretendan establecerse en el país tendrán que superar un "test de tolerancia"; se pretende comprobar que los inmigrantes están preparados para interiorizar las "actitudes liberales" (sic) del pueblo holandés.

Una cosa es no perseguir las opiniones, y otra muy distinta imponerlas. La libertad no consiste en determinar la elección, sino en permitirla. De hecho, cuando se determina la elección se elimina la libertad. Cuando se imponen ciertas actitudes morales se elimina la libertad, por muy dignas y respetables que esas actitudes pudieran parecernos.

Cuando la población deja de estar ligada a un territorio, el trípode se tambalea. Ya no puede hablarse en puridad de una masa ciudadana asentada de por vida en un territorio ni, por tanto, de una soberanía estatal que brota de esa masa; la colectividad inmanente deja de ser el punto de referencia y su lugar lo ocupa el individuo, y la sociedad como fruto de los contratos y acuerdos voluntarios. La ubicación de las partes pasa a ser un elemento secundario en las relaciones de poder; el
imperium del poder político se difumina, sustituido por la soberanía del propietario.

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