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Todo un hombre de Estado: Febrero 2006

28 de Febrero de 2006

Las mentiras no son delitos

Esta semana he escrito en Libertad Digital sobre el caso Irving, o como se confunde la necesidad de refutar con el impulso a censurar.

Hemos de combatir semejantes mentiras y prejuicios; hemos de denunciar los brotes judeofóbicos cada vez que se produzcan. Pero no debemos justificar la violencia contra la mentira. No podemos permitir que los conceptos se confundan. No debemos conceder un poder sancionador para hacer prevalecer la verdad.

Considerar que una organización política tiene la obligación de sancionar a quien mienta abre el camino al control estatal del pensamiento. Si insuflamos a la ciudadanía la idea de que la libertad de expresión sólo es válida cuando se utiliza de manera correcta y responsable –cuando no se miente–, entonces estaremos enterrando la posibilidad de discrepar.

Pero hay que oponerse a cualquier género de censura no sólo porque carezcamos de garantías de que no vaya a ser utilizada en el futuro contra nosotros mismos, sino porque las ideas, en definitiva, no delinquen; lo hacen los individuos que utilizan las ideas para practicar la violencia.


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27 de Febrero de 2006

Mienten y lo saben

Ya se sabe que la izquierda va a remolque en Internet. De Red Liberal a Red Progresista, de Liberalismo.org a Socialdemocracia.org y de Libertad Digital a El Plural. Precisamente este último acaba de sacar un artículo-reportaje sobre las webs izquierdistas de Internet pero que, en realidad, sólo sirve para tratar de azotar a los liberales. Como eco han nacido y como eco permanecen.

El reportaje es una muestra de la bananera manipulación a la que nos tiene acostumbrados la izquierda. No son más que una mentira, una trola enorme que se realimenta para seguir manteniéndose engañados. La mentira necesita crear nuevas farsas para seguir viva, en caso contrario, cuando dejas un mínimo resquicio sin cubrir, todo el edificio se desmorona.

El comienzo del artículo ya es sintomático. Hace unas semanas algún cracker se introdujo en el correo electrónico de ZP. Si bien es cierto que estos sucesos están a la orden del día, los sectarios de El Plural no desaprovechan la ocasión para, subrepticiamente, relacionarlo con el movimiento liberal. Aun cuando el cuerpo del reportaje (la izquierda en la Red) no tenga nada que ver con el encabezamiento (sabotaje a ZP), hay que dejar constancia de que la izquierda está siendo atacada en Internet (No será por su abrumadora presencia). Primero comentamos que ZP fue saboteado y luego hablamos del sabotaje que sufrió Red Progresista por Red Liberal. ¡Qué sufridos son! Lo que todavía no sé es si esta introducción no relacionada se debe a la nula importancia de las redes de izquierdas como para dedicarles un reportaje no ligado a la actualidad o a un simple afán manipulador. Apuesto por una mezcla de ambas.

Por cierto, nota al margen, queda claro que los redactores de El Plural son más cortos que las mangas de un chaleco. El título del artículo es: Boicots, a la orden del día en internet, cuando en realidad aquí no se habla de ningún boicot sino de sabotajes. Pero nada, todo el artículo está lleno de la palabra boicot. ¿Nadie lo ha revisado?

En cualquier caso, las mentiras, la desinformación y la pornografía propagandística comienzan después de esta intro de la mano de algunos habituales del alcantarillado:

El sabotaje de Red Progresista a menos de Red Liberal

Como ya he comentado, los redactores comienzan a hablar de cómo Red Progresista fue boicoteada(sic) por algún autor desconocido: Con prácticamente 60 miembros en activo, el portal sufrió un ataque del que aún se desconoce su autor.

(Nueva nota al margen, esta alusión al autor desconocido tampoco es casual. Unas líneas más arriba -cuando el boicot a ZP- acababan de comentar que hasta el momento “no hay avances” en la investigación. Por lo visto estos saboteadores liberales son muy listos y no dejan rastro; todo ello sólo puede ser obra de una misma persona),

Nuestra queridísima Jéssica se lo explica a los redactores: En algún momento alguien nos cambió la contraseña de entrada, nos quitó el acceso y nos borró todos los contenidos de la web dejando sólo el logo de Red Liberal(...) Nunca nadie de Red Liberal reconoció tener algo que ver en el asunto, incluso algunos bloggers individuales condenaron el hecho. Sin embargo, otros miembros de la comunidad nos acusaron a nosotros de tirar abajo la página para llamar la atención.

Fijémonos en el verbo que utiliza Jéssica: reconocer. Aquí nada es casual. Jéssica, en la entrevista prestada a sus compadres mentirosos, asume que somos culpables, tan sólo que no lo hemos reconocido y que, en todo caso, lo hemos condenado individualmente, para fingir nuestra inocencia.

Mienten y son conscientes de que mienten. Se revolcan en su mierda. Jéssica aseguró aquí mismo que: Lo del logo de Red Liberal, lo considero una gracieta, y el autor un memo gracioso. ¿Qué tenemos que reconocer entonces? Si no hemos sido nosotros -y no hemos sido nosotros, como vosotros mismos reconocistéis- ¿por qué ahora volvéis con semejante basura? ¿A quién le estáis haciendo el juego? ¿Tanto vale un reportaje en ese periodicucho como para hipotecar la honestidad (suponiendo que alguna vez la hayáis conocido)? Culpables somos por no reconocer la culpabilidad que no es nuestra.

Eso sí, la propia Jéssica se queja de que algunos bloggers de Red Liberal acusaran a Red Progresista de autocrackeó. Pero esto no deja de resultar irrelevante al lado de la manipulación que ella misma emplea. Uno puede creer que Red Progresista se autocrackeó; otro puede creer que Red Liberal atacó a Red Progresista (ambos lo creerán con poco fundamento en mi opinión), pero serán sinceros. Ahora bien, lo que ya resulta el colmo de la insidia es afirmar implícitamente que Red Liberal atacó a Red Progresista, sabiendo que eso es falso. ¿De qué se queja entonces Jéssica? Para rebajarnos a su nivel deberíamos gritar que Red Progresista se autocrackeó, sabiendo que es falso. Pero no, por ahí no. La mentira os la dejamos a vosotros.

El falangista José-Luis se queja de los ataques

El otro portal izquierdista analizado es Lasideas.org, y para ello le preguntan a José-Luis Prieto, ese entusiasta lector de José Antonio que tantas enseñanzas interiorizó. Dice el falangista que La derecha utiliza la red para dar munición. Se dedican a insultar cuando cuestionas sus argumentos. Espero que no lo diga por mí, que sólo me limito a describir su ideología, como ya documenté en el post antes enlazado.

En cambio, a José-Luis sí le gusta insultar, y sin intentar justificar mínimamente sus calificativos: El 16 de noviembre de 2005, en una entrevista a Federico Jiménez Losantos, auténtico Goebbels patrio (aquí), cierto que Martínez el facha Pujalte -igualito que el de El Jueves, oiga- más que Jorge Fernández (aquí), Así, me entero del siguiente diálogo entre Cristina López Chichi en su programa de la Cadena de Odios Populares de España (aquí), Uno de ellos, un tal Rallo, un joseantoniano de pura cepa como evidencia su profundo conocimiento del falangismo (aquí), El e-machaca de la e-guardia de e-asalto nacional-liberal, Daniel Rodríguez Herrera, aka El Brujo Averío (aquí), El Brujo Averío, el joseanoniano Rallo y el mentiroso José Carlos Rodríguez, y todos los herederos de los que mataron a Lorca (aquí), etc. ¿Para qué seguir? ¿Queda claro no?

Los fascistas como José Luis (a diferencia suya, yo sí he comparado sus ideas con las de José Antonio) tienen por costumbre acusar a los demás de sus propios complejos y demonios. Prieto es un pobre charlatán que, como todo el mundo que pulule mínimamente por su bitácora sabrá, sólo se dedica a insultar y a tildar a los liberales de nazis. A esto se reduce su argumentación. En cambio, somos nosotros los que insultamos y los faltos de argumentos. Propaganda y más propaganda; qué bien ha interiorizado la estrategia fascista.

A vueltas con el anonimato

Enrique Castro, otro de los líderes de las irrelevantes redes de izquierdas, tiene una obsesión, una especie de trauma infantil: no le gusta que la gente escriba con pseudónimos. Tengamos presente que mucha gente escribe anónimamente por necesidad; no hay nada malo. ¡Cómo si fuera una obligación revelar el propio nombre!

Con todo, como si de un loquero se tratara, Enrique ha traído sus pesadillas a El Plural: Se puede ser de derechas y liberal, pero la mayoría como Hispalibertas y Red Liberal no tienen nada de liberales y están muy próximos al fascismo. Además, estamos en contra de su política del anonimato, es decir, de que sus bitácoras no lleven nombre y apellidos.

Desconozco qué entenderá Castro por de derechas y liberal, supongo que será una especie de pesebre que no estorbe demasiado a las mentiras de la izquierda. En cualquier caso, es significativo que Enrique se deje entrevistar por medios fascistas. Mucha coherencia, sí señor.

Y como en todo, no podía faltar su dosis de mentira. Enrique habla de nuestra política del anonimato; lógicamente no será mi política, pues mis nombres y apellidos estampados están. Ahora bien, ¿es la política del liberalismo en la Red? Hay que reconocer que Enrique Castro sólo enlaza en su Red de Blogs, bitácoras con nombre y apellido. Es su propiedad privada y él manda. Sin embargo, he perdido un rato el tiempo comparando las bitácoras anónimas o con pseudónimo de Red Liberal y de Red Progresista, y las cifras cantan (he considerado no anónimo aquel blog donde constara el nombre y, al menos, un apellido). De los 80 blogs de Red Liberal, un 39% son anónimos. De los 70 blogs activos de Red Progresista, el 59/% lo son. ¿Quién se escuda en el anonimato? ¿Los socialistas o los liberales?

Enrique miente, el Plural miente y Red Progresista, en la medida en que conociera el contenido del reportaje, también miente. La izquierda sigue aferrada a su mentira fundacional. Son así, no pueden evitarlo.

Tres personajes, tres redes, tres mediocridades y tres mentiras. Si esto es todo lo que la izquierda es capaz de ofrecer, ciertamente, no me extraña que esté como esté.

25 de Febrero de 2006

Pues yo quiero vender

Me pasa Happy Butcher este delirante artículo de Socialdemocracia.org, página que, como ya dijimos, será una fuente inagotable de risas y chanzas. La última es simplemente genial: todos somos accionistas de la mayor empresa del mundo, el Estado: El Estado es la empresa de todos, mal que les pese a los líderes de algunas empresas privadas, pues el Estado es lo único que impide que el liberalismo salvaje haga y deshaga con nuestras vidas lo que les plazca.

Ya vemos como al socialismo no le gusta que el liberalismo haga y deshaga a su gusto, esto es, que cada individuo utilice su libertad para hacer y deshacer a su gusto en los asuntos de su vida. Prefieren, en cambio, que el Estado haga y deshaga en nuestras vidas a gusto de las plutocracias y partitocracias. "Lo único" que hace el Estado es matar la libertad individual, es poco.

De todas formas, no creo que a los líderes de algunas empresas privadas les importe mucho todo esto. Más bien al contrario, las empresas privadas que viven de explotar a los consumidores, de obtener rentas políticas y subvenciones, de restringir la competencia o de promover la imposición de cuotas y aranceles están encantadas con el Estado. Fíjese usted que no tienen ni que esforzarse; el Estado ya les garantiza su posición oligopolística. No le negaré que los emrpesarios honestos, los que se esfuerzan por servir a los consumdiores al margen de los intereses creados, de los arbitrismos estatitas y de la regulación obscena, sí estén en contra del Estado. Pero ya sabemos que la organización política -merced el cercenamiento de la libertad- sólo está instituida para favorecer los intereses de los grupos de presión sobre los que se sustenta. La honradez, el servicio y la caridad deben ser castigados y expropiadados en virtud del parasitismo, la corrupción, el nepotismo y el tráfico de influencias. Semos socialdemócratas.

Después de esta bonita declaración de intenciones nos topamos con el brillante razonamiento que subyace al artículo: Como propietarios de esta empresa, es deber de todos los ciudadanos en enriquecerla, y trabajar por su buen funcionamiento. Pensémoslo bien.

Vaya, vaya. ¿Así que soy propietario y accionista? Releches, y yo aquí abogando inútilmente por el derecho de separación. Pues nada, si tengo un paquete de acciones (¿cuántas?), ¿puede indicarme dónde está el mercado para venderlas? Ah, que no hay mercado. Entonces, ¿precio de mercado de las acciones? Ajam, que tampoco. ¿Entonces cuál es el valor de la acción? ¿La satisfacción personal? Uf, pero ¿podré renunciar siquiera a ese paraíso de éxtasis colectivo, aun sin contraprestación?, ¿qué no? En ese caso, ¿en qué sentido soy propietario? Ahhh, se refiere usted a que soy propietario del Estado porque tengo el deber ineludible de desprenderme de mis auténticas propiedades. Voy entendiendo. Pero una cosa, ¿puedo entregarle mi casa en propiedad? Ya sabe las condiciones: no puede venderla, no puede ocuparla, no puede desalojarme ni puede desvincularse pero, eso sí, debe pagarme periódicas rentas por la enorme satisfacción que le deriva este "peculiar" tipo de propiedad.

Otra cosa que tampoco sabía es que los accionistas tuvieran el deber de trabajar en la empresa de su propiedad. Creía más bien que su única labor consistía en financiar la actividad merced a la cual se producían toda clase de bienes y servicios valorados por los consumidores y, en virtud de ese adelanto y del título dominical, percibir una serie de ingresos en concepto de dividendos o de incremento del valor de mercado de la acción. Pero en esta curiosa empresa llamada Estado, tengo que pagar puntualmente todo lo que recibo (e incluso lo que no recibo). No son ingresos que se generan de la nada a partir de mi aportación inicial (no son rendimientos), sino que es un modo de consumir. ¿Qué inversión se realiza aquí? ¿Qué rendimientos obtengo? ¿Cuál es el valor de mercado de la empresa? Nada, nada; las ventajas son tantas y tan evidentes que no nos conceden el derecho de enajenación de la acción. Si es que donde esté la fuerza, ¿para qué utilizar la persuasión?

Pero tranquilos, que nuestro autor nos lo explica: Cada uno de nosotros es propietario de monumentos, carreteras, hospitales, edificios oficiales, barcos, aviones, autobuses, infraestructuras, bibliotecas, televisiones, emisoras de radio, etc.

¡Caray! Si soy un maldito terrateniente explotador, ¡y yo sin saberlo! Ah, que no, que no podemos utilizarlos sin permiso legislativo o administrativo, ni tampoco podemos vender nuestra parte. Ventajas de ser propietario del Estado. ¿Para qué voy a adquirir acciones de una empresa privada? Total, ¿qué más da que pueda vender y desprenderme de la acción? Eso sos derechos sin importancia al lado de sentirnos propietarios de la mayor empresa del mundo. Mayor empresa que, claro está, lo es por méritos propios, esto es, sirviendo a los consumidores y descubriendo oportunidades de ganancia. ¿Cuándo ha robado, asesinado, atacado o eliminado el Estado a otros individuos o empresas? Nunca jamás, la mayor empresa del mundo está ahí para quedarse. Las quiebras no le afectan, ¿para qué?

Ahora viene otra perla: No comprendo la actitud de algunos ciudadanos que destrozan las infraestructuras que son de su propiedad. No comprendo la actitud de quienes critican al Estado, exigiendo su desaparición. Puedo entender y apoyo a quienes exigen que el dinero se use bien, de forma más eficiente.

Pero hombre, ¿para qué quieres entendernos? Si ya se sabe que eso de ponerse en la piel del otro es muy difícil (de ahí que el Estado conozca cuál es el bien común); mira, como propietario de esa gloriosa empresa, sólo tienes que esclavizarnos. Ni es necesario que nos convenzas para que continuemos pagando y cantando, ni que estemos felices con sus servicios para que sigamos consumiendo de manera coactiva sus servicios monopolísticos. Nada de esto es necesario: grandiosa empresa pública.

Yo, en cambio, no entiendo a quienes critican que el dinero se use de manera más eficiente. ¿Pero acaso eso es imposible? Piensa dos veces en lo que acabas de escribir: la mayor empresa del mundo despilfarra el dinero. ¿Y cómo se mantiene en pie? No me seas hereje; ni se pueden destruir los muebles ni el prestigio de la empresa (ya que como sabrás el buen nombre comercial es un activo de la empresa). Todos tenemos el deber de impedir que su prestigio sufra mella: queramos o no es nuestra empresa. Desde la cuna a la sepultura (ni Rockefeller).

Pero cuidado, el socialdemocrata se pone duro: Todos los ciudadanos tenemos derecho a exigir que los funcionarios sean más eficientes, como empleados nuestros, y que los presupuestos del Estado sean más eficaces y que nos mejoren la vida.

Somos tan propietarios que podemos despedir a nuestros empleados ineficientes. Ah no, perdón. Tenemos derecho a exigirles que sean eficientes y si no cumples nuestros mandatos entonces... podemos... eh.... esto... sí... podemos... enfadarnos, eso es. Podemos enfadarnos mucho, muchísimo, incluso gritar, pero fuera de las administraciones, no sea que nuestros sumisos empleados llamen a seguridad. Nos harán mucho caso, así es.

Después de asentar y demostrar la enorme cantidad de derechos que tenemos, gracias a ser propietarios de la mayor empresa del mundo, nuestro fino analista reincide en la parte realmente sustanciosa de nuestro título de propiedad, las obligaciones: el ciudadano de la calle no debe desvincularse de la tarea de crear Estado, de ampliar nuestra riqueza común. Proteger el medio ambiente, donar libros a las bibliotecas, cuidar los transportes públicos, la limpieza de nuestros parques y nuestras calles, reciclar.

Toma ya. Hay que ampliar la riqueza común. ¿Pero qué riqueza? Aquí hay algo que todavía no hemos entendido, ¿cómo sabe el susodicho de que las piedras son riqueza? La riqueza no tiene propiedad objetivas, depende de la valoración de cada persona. Si construimos un edificio de 5 kilometros de altura repleto de estiércol mientras la gente se está muriendo de hambres, ¿ese edificio es riqueza o una malinversión de mil demonios que sólo una "gran empresa" con la fuerza coactiva del Estado podría acometer? En ausencia de precios de mercado con los que valorar los activos de la mayor empresa del mundo (cuyo valor no es más que la capitalización presente de unos rendimientos futuros que tampoco tienen precio de mercado), ¿cómo sabemos si disponemos de una gran riqueza común o de un gran basurero de miserio? Aunque bueno, es de suponer que "la mayor empresa del mundo" tendrá en cuenta esos "pequeños" y solubles problemillas.

Lo que ya me conmueve es la asimetría entre los trabajadores-funcionarios y los propietarios-ciudadanos. Fijémonos: el trabajador explotado por el Estado tiene derecho a percibir un sueldo mensual por realizar su tarea. Los propietarios, en cambio, aparte de entregar a la gula política nuestras propiedades (para mayor gloria de la empresa) hemos de donar libros y limpiar las calles. ¿Puedo ser trabajador en lugar de propietario? Ya sé que esta petición no es habitual en las empresas privadas, pero visto lo visto, no creo que a ningún propietario se le niegue el derecho a subrogarse en la posición de un obrero de la empresa, ¿no?

Eso sí, las críticas a esta magnifica obra, a esta enorme empresa al servicio de la humanidad, sólo pueden provenir de oscuros intereses de clase: aquellos que abogan porque el Estado se reduzca a su mínima expresión, suelen ser aquellas personas, lobies o empresas que tendrían mucho más que ganar si no existiese un poder que se les opusiese.

Si hombre, ya hemos visto que las empresas que sobreviven gracias a la represión y las transferencias coactivas del Estado están encantadas de que perdure per saecula saeculorum. ¿O acaso crees que los Thyssen o los Krupp eran muy antiestatistas? No hombre, la oposición proviene precisamente de aquellos que son explotados sistemáticamente por la mayor empresa del mundo; eso sí, la pregunta es reversible. ¿Crees que la mayor empresa del mundo seguiría siendo la mayor en caso de no asentarse sobre la la fuerza y la violencia? En ese caso, ¿no sería más correcto afirmar que los únicos que quieren expandir el Estado son todos aquellos grupos de presión que obtienen rentas sin servir a los consumidores, esto es, todos aquellos grupos que pueden medrar aun sin servir a los demás? Los ladrones tendrían mucho que perder si se les impidiese robar, no me cabe duda.

Con todo, no debemos olvidar que existen seres inferiores y subdesarrollados, una suerte de especie atrasada, que son incapaces de sobrevivir si no recurren al parasitismo. Los fascistas decían que esta gente provenía de las razas inferiores; los comunistas que eran los grandes terratenientes que, incapaces de trabajar, vivían de las rentas obtenidas a través del expolio de las tierras. Los socialdemócratas simplemente constatan que existe este tipo de gente, algo deficiente, y que por tanto necesita del poder opresivo del Estado: Por eso quienes más necesitan del Estado no ya para enriquecerse, sino simplemente para sobrevivir, prefieren un Estado fuerte que les proteja y que defienda sus derechos.

No sé dónde ha quedado ya la idea de una empresa que nos hacía habitar en la Arcadia feliz. Ahora sólo encuentro un ejercicio de fuerza que se legitima por la supuesta existencia de seres inferiores. Es un hecho constatado que la gente muere de hambre sin el Estado; es un hecho constatado que es el Estado quien produce la riqueza. Lo que no termino de entender es lo siguiente:

Supuestamente existe una gente inválida que, a poco que la dejemos sola, morirá de hambre. Por otro lado, tenemos al gran capital, obtenido por gente despiadada e inteligentísima. En medio de los dos, tenemos a las clases populares, de inteligencia mediana. Queda claro que la gente inválida es tan sumamente tonta, que no puede siquiera convencer el Estado para que canalice sus rentas hacia ellos. No creo que nadie sostenga que los seres inferiores son incapaces de trabajar pero son grandes rent-seekers. Por otro lado, resulta cuando menos curioso que los despiadados capitalistas no hayan conseguido eliminar, merced a su descomunal asticia y artimañas, eliminar toda ayuda redistributiva. La única explicación que se me ocurre es que la clase media esté poblada de miles de ciudadanos bondadosos que estén dispuestos a mantener con un suero a los moribundos de las clases bajas; bondad que ha conseguido doblegar la maligna astucia de los capitalistas. Pero si esas clases bajas son tan bondadosas y tan numerosas, ¿por qué han de recurrir al Estado? ¿por qué han de utilizar la fuerza para ayudar a los zombies de las clases bajas? ¿Acaso no pueden canalizar su descomunal amor en forma de aportaciones voluntarias?

Claro que también podría ser que los inválidos no fueran tan tontos, sino bastante más listos, y con la excusa de la supervivencia, se aseguren una sobrevivencia: convencen a los tontos útiles de las clases medias para que acepten las corrientes de pagos coactivos hacia sus cuentas suizas, y todos tan contentos. No sé con qué explicación quedarme. Ya se ve que dentro de esta gran empresa todo es cordialidad.

No en vano, como decía Freud, la sociedad se asienta sobre un crimen colectivo. Más que sociedad, eso sí, debería haber dicho la Sociedad Anónima del Estado. Ya se sabe que incluso el comunismo puede ser capitalista.

23 de Febrero de 2006

Amigo de mis anunciantes

El factótum de la izquierda (*risas*) Enric Sopena acaba de publicar su articulillo sobre la OPA de E.On en esa gruta de resentidos que mantiene en Internet. Sus argumentos no pueden ser más cómicos:

Zapatero no debe perder la batalla de Endesa.

¿Pero no era una operación de mercado impulsada por Gas Natural? ¿Qué pinta Zapatero, ahora, como principal agente de la operación? Lo lógico sería pedir a la gasista que no perdiera la batalla, incrementando su oferta. Pero, ¿al presidente del gobierno? Algunos añoran los tiempos de la planificación centralizada donde eran directores generales de algún ente. Ay qué tiempos aquellos; cuánto les gusta a ciertas personas mandar y qué poco les agrada aceptar las decisiones libres de las personas, en este caso de los accionistas.

Sobre todo, porque es cierto que un país del nivel de España necesita contar con una empresa energética potente, como la que, por otra parte, tienen los principales estados europeos.

Seguimos con la planificación central. ¿Cómo que los Estados europeos tienen una empresa energética? Será, más bien, que ciertas empresas tienen su sede social, por accidente histórico o sexual, en determinados países (que no Estados Sopenilla, la sede no se tiene en el edificio de la delegación del gobierno).

Otra perla de estas líneas es el típico argumento del sector estratégico. ¿Por qué España necesita contar con una empresa energética potente? (Nada más que potente, no nos sirve cualquier cosa; ¿querrán revivir los tiempos de Carlos V?) Esta pregunta sigue sin contestar, más que nada porque no tiene respuesta. Por cierto Enriquín, si necesitamos una empresa energética potente, ¿por qué no nos sirve Repsol?

Esto es obvio y así lo entiende la mayoría de la opinión pública.

Tan obvio como que es un disparate; aunque si la izquierda sólo se nutre de disparates entenderé que lo considere obvio. Por supuesto la opinión de toda la sociedad debe ser muy relevante en este caso; ya se sabe que todos los españoles hemos comprado acciones de Endesa y hemos mantenido su financiación para que siguiera desarrollándose, hasta el punto de que Zapatero (que no Gas Natural) quisiera oparla. Cornudos y apaleados. Por cierto, si tan irrelevantes son los accionistas, ¿por qué Gas Natural quiere convertirse en accionista mayoritario y Sopenilla pugna porque así sea?

La operación de Gas Natural respecto a Endesa –llevada a cabo con el respaldo de la Caixa y colateralmente de Iberdrola- iba en la buena dirección, tanto desde la lógica del mercado como de los intereses generales de España.

Sobrao. Se ha pegado un baño de arrogancia y luego se ha lanzado de cabeza a la piscina de la memez. Veamos So-pena, si la OPA de GN tenía tanta lógica de mercado, ¿por qué la patrocina un político? Es más, si tenía tanta lógica de mercado, ¿por qué tenéis que obstruir la OPA de E.On, otra operación de mercado? ¿Acaso el mercado sólo os vale cuando -rememorando el corporativismo fascista del que nunca habéis salido- podéis utilizarlo para vuestros intereses particulares?

Y de nuevo en la definición de interés general nos olvidamos de los principales interesados: los accionistas. Si quieren vender a E.On, ¿se lo vas a impedir tú o el capo de ZP? Tan general es el interés que sólo sirve para condonar millones a intereses particulares.

Claro que la OPA de Gas Natural gozaba del visto bueno del Ministerio de Industria y del propio jefe del Gobierno. Este tipo de movimientos empresariales –que afectan al corazón mismo del sistema económico vigente- no se llevan a cabo, ni aquí ni allá ni en EEUU, por supuesto, sin el consentimiento del Gobierno de turno. Dicho de otro modo, no se realizan en contra del criterio de las autoridades legalmente constituidas.

Esto del corazón del sistema económico vigente me ha llegado al corazón del sistema cardiovascular vigente. Ni el sistema económico tiene vigencia, pues la estructura productiva va cambiando y adaptándose a las expectativas empresariales, ni una empresa es el corazón de nada. Las empresas pueden quebrar, pero la sociedad continúa desarrollándose; precisamente la quiebra es uno de los grandes mecanismos para la corrección de los errores o para el aprovechamiento de las mejores oportunidades de ganancia. ¿Cuántos cuerpos pueden vivir con corazones quebrados? Por cierto, creía que el único corazón que contaba era el de Europa.

Lo que queda claro es que a Enric le va la coacción hardcore. El gobierno controla la economía y se carga las decisiones libres de los agentes. Nos sentamos en una mesa, negociamos, fijamos precios, acordamos las inversiones sectoriales y todo arreglado. ¿Hacen falta más pruebas de su ideología fascista?

Sucede que aquí el PP sigue sin asumir los resultados electorales del 14-M.

Toma ya; un frustrado ZP quiere imponerse a la voluntad de los accionistas y la culpa es del PP; aunque hubiera sido el mismísimo Mariano Rajoy el que financiara con su propio dinero una OPA sobre Endesa de 50 euros por acción, ¿qué carajos te importaría a ti? (salvo por los anuncios de La Caixa que financian tu periódico). La cuestión es si los accionistas quieren vender su propiedad, no si el PP asume o deja de asumir. El resultado de esta operación no depende del PP, sino del juicio de todos los propietarios de Endesa al sopesar ambas opciones.

No acepta la derrota en las urnas y procura obstaculizar hasta el paroxismo cualquier iniciativa promovida por Zapatero.

Una operación de mercado, interesante.

En el caso de Endesa, debe añadirse el factor Pizarro, de singular importancia para el estado mayor de los conservadores. Pizarro es el hombre de máxima confianza de Aznar y de Rato en el ámbito de las grandes empresas.

No me cabe duda de que E.On está dispuesta a pagar una millonada para mantener en su sillón a Pizarro y satisfacer al PP, que como todo el mundo sabe puede prestarles grandes favores políticos al estar gobernando España.

Retóricamente la derecha decía antaño aquello de una España “antes roja que rota”. Ahora afirma con hechos que quiere una España “antes alemana que catalana”.

No mira, la cuestión es: antes privada que pública, y puedes quitar el antes. Lo inaceptable de la OPA de GN era el control político que se cernía sobre una empresa privada, no su origen. Los que os hacéis las víctimas con el tema de la catalanidad sois los (ex) asalariados del poder político. Al resto, a los que aceptamos las decisiones libres de las personas y no pensamos diariamente en cómo doblegarlas, nos da igual que Endesa sea catalana o alemana. Lo que os tendríais que hacer mirar estos nacionalistas corporativistas (=fascistas) es por qué vosotros, en un ataque legitimista, preferís que sea catalana antes que alemana. ¿Y la lógica del mercado?

La OPA de E.ON significa -por encima de otras consideraciones- exactamente esto. Zapatero, por consiguiente, no debe perder el pulso que le ha echado Rajoy. Es, al fin y a la postre, una cuestión de decoro como país.

Digno cierre a tan lamentable artículo. Hechos: E.On lanza una OPA amistosa sobre Endesa. Interpretaciones: Zapatero (¿cómo ha entrado en esta historia?) es atacado por Rajoy (¿acaso es accionista mayoritario de E.On?). La táctica es la de siempre: deformar los hechos para que la opinión pública respalde las cacicadas del gobierno. Por cierto, ¿qué pinta el decoro nacional en todo esto? ¿Acaso los intereses de Zapatero son iguales a los intereses económicos que, a su vez, son iguales a los intereses nacionales? Pues eso; una vez más, fascismo.
Máxima ignorancia

Hay conceptos que incluso da vergüenza comentar. Después de la renta básica llegamos a la renta máxima. ¿En qué consiste? Básicamente el gobierno fijaría la cantidad máxima de renta (o riqueza, aun tienen que pensarlo) que podría tener una persona. Socialismo puro y duro.

Digo que no requiere largos comentarios porque el absurdo es patente. Recordemos qué es un precio máximo: si fijamos un precio por debajo del de mercado, tenemos escasez del producto. ¿Qué ocurrirá pues si fijamos una renta máxima por debajo de la del mercado? Que tendrémos escasez de renta: pobreza, mucha pobreza.

Inversiones insuficientes, troceamiento del capital, sustitución de la renta monetaria por renta en especie, estancamiento económico, imposibilidad de amortizar las estructuras productivas... El disparate personificado; precisamente por eso lo proponen. Cuanto peor, mejor. Si la economía de mercado se hunde con la renta máxima, el capitalismo habrá fracasado y será la hora de que el gobierno racione los recursos e impulse el crecimiento. Ya lo hicieron con el crack del 29; las monsergas del desarrollo sostenible y la renta máxima buscan lo mismo, el crack y la crisis social. De nuevo el eslabón débil.

22 de Febrero de 2006

Estragos de la educación pública

Por lo visto la educación pública, ese mecanismo totalizador de cambio y transformación social, despierta pasiones entre sus seguidores, no vaya a ser que se les estropee el juguete a través del cual imprimen las mentiras socialistas en la mente de las personas desde la más tierna infancia.

Esta vez el escudero ha sido Pijus Economicus, de la factoria de calamidades de la oferta crea su propia demanda. El propio autor reconoce que para que su sistema funcione correctamente necesitan del control de la educación.

Hay gente que escribe verdades que no llega ni a entender. Esto le acaba de pasar a Pijus, todo el resto del post queda inmediatamente refutado por esta frase. El problema es el CONTROL de la educación o lo que es lo mismo, la centralización del poder y de la verdad en un único punto de control.

Continúa Pijus diciendo que: La educación pública puede y debe ser plural, cosa que hoy no sucede en favor del liberalismo. Nadie puede elegir más allá de las posibilidades que se le ofrezcan, y mientras el dogmatismo concede una única visión (pensamiento único), la democracia debe ofertar gratuitamente más.

¿La educación pública puede ser plural? ¿En qué sentido cabe pluralidad acerca de los medios coactivos empleados? Estamos hablando de que una persona roba al resto de individuos para implementar un sistema de adoctrinamiento compulsivo con una férrea supervisión del programa de enseñanza. ¿Qué tipo de pluralidad cabe dentro de la servidumbre? ¿La pluralidad que acotan los medios policiales? La pluralidad es un objetivo ideológico sin sustancia, relativista, y carente de cualquier significado. La pluralidad depende de la impresión subjetiva del individuo, no de condiciones objetivas ajenas a su juicio y comprensión.

El político es incapaz de alcanzar la pluralidad porque sus métodos consisten en imponerla y, por tanto, en eliminar todo lo que no encaje en su visión deformada de la misma. No puede lograr ningún tipo de diversidad, porque entonces quedaría supeditado a las valoraciones de las personas; el político no obedece, reprime y coacciona. La concepción inmaculada del Estado, de los medios políticos y de los instrumentos propagandísticos de la educación sólo sirve para realimentar el bucle de las milongas opresoras. El Estado cultiva (sí, eso es un KinderGARTEN) a sus propios defensores, a los burócratas de mañana. Es una ficción descarada que sólo pretende medrar a costa de los demás. La pluralidad queda fuera de sus esquemas; de hecho, la única pluralidad que permite es la pluralidad aparente que apacigue las aguas revolucionarias. El espejismo de la diversidad dentro del mando militar, el espejismo de la autonomía, de la libertad condicionada al poder revocatorio supremo.

No, no mintáis más. La educación pública no tiene nada de veraz ni de plural; no forma, sino deforma; no desarrolla, sino que atrofia. Como intelectuales orgánicos, como voceros del régimen, como estandartes del engaño, tenéis una responsabilidad primaria en el soporte ideológico y moral de la explotación y del adoctrinamiento masivo. Sois fruto de la mentira e impulsores de su perpetuación.

El mercado no restringe ninguna posibilidad; NO existen posibilidades al margen de las que crea la acción. Lo que los sicofantes del régimen defendéis es el expolio de las oportunidades que otros han creado y su reparto carroñero. Los buitres del poder político rapiñan la riqueza para mantener intacto su arsenal de represión: la educación socialista sólo sirve para hacerles comprender por qué son y deben seguir siendo esclavos.

Sigue Pijus con otro pasaje muy gracioso: De hecho, cuando es el mercado el que regula la educación (contra esta regulación no estamos en contra, ¿no?), aquellas asignaturas, materias, carreras o estudios de cualquier tipo que no tienen respuesta económica en el mercado, quedan en el olvido.

Primero, ¿qué es esto de que el mercado regula la educación? Cuando no hay un centro rector, una cabeza consciente que controla todas y cada una de las acciones de los individuos, ¿de qué regulación hablamos? ¿No estaremos pensando en el orden espontáneo surgido de las acciones voluntarias de cada una de las personas? Entonces, ¿por qué oponernos a aquellas acciones libres que no perjudican a nadie?

Segundo, el mercado no obliga a que ninguna asignatura caiga en el olvido. Más bien al contrario, la libertad consiste en elegir entre varias opciones, entre ellas las de renunciar a unos tipos de conocimiento en favor de otros. Unos tipos de información son monetariamente recompensados, otros no; pero ello no significa que el individuo tenga que decantarse por los primeros. No todos los seres humanos se dirigen hacia los salarios más altos; otros elementos como el tipo de trabajo, la distancia, el ambiente o las amistades entran en su juicio. De la misma manera, una persona puede dedicir acaparar conocimiento que no resulta útil para otras personas aun cuando ello suponga renunciar a un mayor flujo monetario. La decisión la toma cada individuo; la cuestión es qué hacemos cuando ciertas áreas del conocimiento no interesan a nadie. ¿Las imponemos coactivamente? Si no son útiles ni para la sociedad ni para el individuo, ¿qué sentido tiene que el estudio de esa información restrinja el tiempo de estudio de otra información que sí es útil? Y el problema de estos ungidos sigue siendo el mismo, ¿cómo valorar la utilidad de un tipo de conocimiento al margen de la decisión individual y de la prospección de su precio de mercado?

Por supuesto, Pijus prosigue con su visión estrechísima de la ciencia económica y de la cooperación social: Así la carrera de Antropología, Humanidades, las visiones heterodoxas del pensamiento único imperante, la historia en su acepción total o cualquier estudio que no sirve a ninguna empresa, están con la soga al cuello, porque al mercado del beneficio le ha dado la real gana de convertirnos en simples consumidores.

¿Acaso la Escuela Austriaca de Economía ha sido el paradigma imperante en universidades y empresas durante más de 150 años como para que no desaparezca? Y en ese caso, ¿cómo explica la primitiva modelización de un homo pijeconomicus el auge actual? ¿Acaso no será que cientos de individuos han sido suficientemente coherentes como para no someterse a los corruptos paradigmas neoclásico y marxista, manteniendo viva toda una tradición de conocimiento económico científico? ¿Acaso Pijus es incapaz de valorar la intensidad del ser humano, sus inquietudes, sus ideas, y sus motivaciones? ¿Acaso en su paupérrima teoría de la acción humana no hay espacio para un fin distinto que la remuneración monetaria?

Acto seguido, Pijus continúa con su sempiterno desconocimiento de la teoría institucional y del orden espontáneo: Por otra parte es el individualismo el que rompe los lazos familiares y sociales, al contribuir en la atomización de la sociedad. Debemos recordar que nunca los lazos familiares y sociales estuvieron más unidos que antes de la implantación del mercado de mano de obra, que convirtió a las personas en mercancías.

¿Es necesario volver a repetir que el liberalismo no se sustenta sobre ningún tipo de individualismo sino sobre la cooperación social voluntaria? ¿Acaso la división del trabajo y las instituciones del derecho, del lenguaje o del dinero transmiten alguna suerte de individualismo cerrado al entorno? Quien rompe los lazos sociales es quien pretende construirlos e imponerlos, no quien permite que éstos surjan y se refuercen. La sociedad no se atomiza, precisamente porque la sociedad no existe sin individuos libres que decidan participar en ella.

Lo gracioso es la afirmación de que los lazos familiares y sociales se resquebrajaron con el mercado de la mano de obra. Vamos a ver, ¿de dónde viene la palabra proletario? ¿De prole? Ah vaya, ¿y qué tendrá que ver la prole, los hijos, con la familia? Imagino que nada, sobre todo para quien pretende nacionalizar a los púberes. Las instituciones, los únicos instrumentos que permiten la cooperación social y los lazos humanos, surgen porque hay libertad, no porque nadie las construye. Pijus, ¿quién creó el lenguaje? ¿quién creó el derecho? ¿Acaso el lenguaje y el derecho no son instrumentos esenciales para la multiplicación de los lazos sociales (mejor no hablemos de la Ley de Metcalfe)?

La brillante argumentación de Pijus está casi llegando a su fin, pero todavía es capaz de ofrecernos algunas perlas interesantes: Lo más gracioso del artículo de Rallo es cuando dice lo siguiente: “la educación debe ser elegida libremente por los padres, sin leyes que la coarten o restrinjan. La familia tiene derecho a educar a sus hijos.” O bien en este momento Rallo olvida que la familia tiene un poder condicionante del pensamiento mucho más amplio que la educación pública o bien Rallo intenta armonizar sus ideas con el dogmatismo católico para el que escribe.

Pijus debe haber olvidado dónde nace el individuo o acaso estará sugiriendo que la familia debe tener prohibido educar a sus hijos. En todo caso, resulta ridículo pretender que todas las personas se conviertan en ganado del Estado; la familia no coacciona porque permite su derecho de separación. El niño sigue teniendo derecho a no someterse a los dictados de sus padres, a interrumpir la educación cuando lo desee o a acudir a otros centros donde el programa educativo no se acople al de su familia. Todo ello, claro está, asumiendo las pertinentes consecuencias. ¿Qué secesión permite el Estado? ¿Qué cambio de centro, de visión, de programa, de valores tolera el Estado? ¿Cómo un conjunto de petulantes sujetos se erigen en capitostes de todos los restantes individuos? ¿De dónde obtienen el apoyo y la legitimación?

La libertad no consiste, repito una vez más, en tener la capacidad de elegir con independencia de las influencias vividas. Pijus sigue siendo libre, aun cuando se haya convertido en un siervo del Estado. La coacción es anterior; pasa por obligar al niño a asistir a unas aulas uniformemente regladas y financiadas con el sudor de la frente ajena. Los borregos siguen vistiendo al emperador.
¿Será el último meme?

El rojo liberticida de Citoyen me anima a hacer otro de esos interminables memes que sólo sirven para degradar la imagen de uno y para que algunos frutrados intelectualoides se dediquen a diseminarlos luego por la red en forma de espionaje exclusivo. A pesar de ello (o quizá por ello), voy a contestar:

El último disco que has comprado: No suelo comprar discos, supongo que estaré en la lista negra de la SGAE. Aun así hay obras imprescindibles que merecen ser adquiridas. La última de ellas fue Angel of Retribution, el disco reunión de una de las mejores bandas de la historia: Judas Priest.

El último disco que has escuchado: Probablemente su mejor directo, Maiden England, de Iron Maiden.

El último disco que has bajado: Place Vendome, del renegado del metal Michael Kiske.

La última peli que has visto en el cine: A mí pesar, muy a mí pesar, Underworld Evolution.

La última pelicula que has visto en la tele: La tele y yo no nos llevamos bien y menos para ver una película.

La última película que has bajado: El primer OVA de Hellsing Digest for Freaks. Espectacular.

El último libro que has leído: Acabando Capital and its Structure de Ludwig Lachmann. Mucho mejor de lo que imaginaba, no esperaba tanto de este autor.

El último libro que has comprado: Quienes me conocen saben que soy incapaz de comprar "un" libro, así que diré el último pack de libros que he comprado: Education, free and compulsory de Rothbard; Neoclassical Microeconomic Theory de A. M. Endres; Libertarianism in one lesson de David Bergland; An entrepreneurial Theory of the Firm de Sautet; y Calculation and Coordination de Peter Boettke.

El último libro que has regalado: Una joyita difícil de encontrar, Los errores de la nueva ciencia económica, de Hazlitt.

El último concierto al que has ido: Hace tiempo que, a mi pesar, no voy a un concierto. El último fue el de los Judas en Barcelona, hace casi un año.

El último concierto al que te hubiera gustado ir y no fuiste: Udo en Valencia.

La última vez que comiste en un restaurante: Bueno, si aceptamos bar como restaurante fue el viernes pasado en Madrid.

La última vez que comiste comida basura: El sabado pasado en un kebab de Valencia.

Ahora me toca asignar memes, lástima que no tenga la fuerza coactiva del Estado para que los nominados deben emplear su tiempo en menesteres tan poco productivos. En todo caso, les paso el testigo a Happy Butcher, a Isidoro (a quien debo un post) y a Coase, para que nos ilustre con su deriva socialdemócrata.
Sumisión adoctrinada

Ya sabíamos que la educación pública nació con la finalidad de crear esclavos del poder político. La escuela pública es una herramienta de adoctrinamiento masivo, lo fue en su momento y lo sigue siendo.

En ocasiones se agradecen los ejercicios de sinceridad de la izquierda: Los centros se han de convertir en escuelas de civismo, de ciudadanía, escuelas de democracia y participación, escuelas de implicación con la res pública, con la colectividad, con la solidaridad, la cooperación y el interés común.

Detras de estas vacuas palabras encontramos la necesidad apremiante de controlar los valores que coactivamente se insuflan a los púberes. Como vemos en esa enumeración, los niños deben convertirse en engranajes de la maquinaria de dominación social.

A nadie le gusta que le roben y mucho menos que le roben la mitad de toda la riqueza que genera. Por ello, los intelectuales orgánicos, los sicofantes del socialismo, tienen que encontrar argumentos que provoquen un cierto Síndrome de Estocolmo entre las víctimas del robo. El interés común, la solidaridad o la participación aparente en la toma de decisiones -valores que no han podido ser más tergiversados por la izquierda- promoverían una cierta "comprensión" de cada individuo hacia sus verdugos.

De ahí que la escuela pública sea uno de los instrumentos principales para adoctrinarnos con semejantes mentiras. "Existe un conflicto irresoluble entre el interés común y el individual, en cuyo caso prevalece el primero"; "la solidaridad coactiva debe primar sobre la propiedad privada"; "somos ciudadanos de un Estado cuyos costes debemos sufragar y en cuyas decisiones hemos de participar".

Lo que quiere la izquierda son animales de carga, autómatas que no protesten ni se quejen, que sólo obedezcan; para ello tienen que destruir la naturaleza humana y adoctrinarlo. Todos los totalitarismos se han valido de la educación pública para formar a los cuadros más jóvenes y radicales del partido, para crear las generaciones futuras de sirvios fanáticos. La socialdemocracia, como progresivo goteo de recortes a la libertad, como camino hacia la servidumbre estatal, no podía ser menos.

Más claro no puede ser: La escuela es una red de relaciones que debe reflejar nuestra realidad social y cultural, dónde las personas empezamos a conocer los hábitos democráticos y participativos, dónde empezamos a ejercer nuestros derechos cívicos y cumplir con nuestros deberes personales y colectivos. La obediencia debida, la autorrenuncia. Hay que modeal la mente de las personas para que, como decía Fichte -padre de la educación pública- no pueda querer otra cosa distinta a la que el Estado desee que quiera.

Los nuevos defensores de la educación pública siguen batallando por ese principio, por expropiar a los hijos y nacionalizar sus mentes. Iluminismo totalitario.
De alianzas y de bellaquerías, por Enrique Benavent

En la siciliana población de Gela había una tumba sobre la que se podía leer: "aquí yace Esquilo, hijo de Euforión, ateniense, que murió en la fértil Gela, de su valor testimonio puede ofrecer el bosque de Maratón y el medo de ondulante cabellera". Se trata del poeta Esquilo, quien, a pesar de ser el más célebre dramaturgo de su tiempo, solo quiso que figurara en su epitafio el hecho de que había sido uno de los combatientes en la batalla de Maratón. Aunque todavía ningún Samuel Huntington había teorizado sobre "El choque de civilizaciones", Esquilo y sus coetáneos se sentían orgullosos de su condi-ción de maratonómacos (veteranos de Maratón) porque intuían que en aquella batalla no se dirimió sólo la suerte de los helenos, sino el destino de Occidente.

También Cervantes describiéndose a sí mismo en el prólogo de sus Novelas Ejemplares ("Éste que veis aquí, de rostro aguileño, de cabello castaño, frente lisa y desembarazada...") en referencia a su manquedad proclamaba orgulloso que "aunque parece fea, él la tiene por hermosa, por haberla cobrado en la más memorable y alta ocasión que vieron los pasados siglos...". El manco de Lepanto, como tantos de sus contemporáneos, era consciente de que en aquel envite no se había decidido la suerte de su generación, sino el futuro de Europa: "aquel día fue para la cristiandad tan dichoso, porque en él se desengañó el mundo y todas las naciones del error en que estaban, creyendo que los turcos eran invencibles por la mar" decía el personaje del cautivo en la primera parte del Quijote.

Quién iba a decirle a don Miguel que algún día el mismo mandatario español que presi-diría los fastos del IV centenario del Quijote y que se vanaglorió públicamente de hallar inspiración en el hidalgo manchego, iba a ser también quien de la mano de un presidente turco, islamista, para más señas, pergeñaría una abyecta misiva en la que públicamente abogaba por que Occidente cediera a las exigencias de la intolerancia de los seguidores del Profeta en aras de una "alianza de civilizaciones" que tanto el viejo Esquilo, como el manco de Lepanto hubieran calificado sin lugar a dudas de bellaquería.

21 de Febrero de 2006

Espionaje por decreto

En mi artículo de este martes en Libertad Digital hablo sobre la campaña que recorre los países anglosajones en relación con la implantación del DNI.

Tanto el Gobierno británico como, más recientemente, el canadiense han orquestado una campaña de concienciación social para que el masivo rechazo de la ciudadanía a la impopularísima National Identification Card vaya reduciéndose. El asunto, para desgracia de los anglosajones, vuelve a estar sobre la mesa. Es el momento adecuado para denunciarlo.

En realidad, no supone más que un método sencillo de control de la población, obligándola a que ella misma entregue sus datos personales.

Recordemos que la implantación de semejante medida da lugar a dos obligaciones inmediatas; la primera: todo individuo deberá comunicar al poder político una parte sustancial de su información personal; la segunda: todo ciudadano deberá llevar el DNI permanentemente consigo.

La excusa, como suele ser habitual, es la lucha contra el terrorismo, polivalente cajón de sastre.

Nuestros políticos deberían estar menos obsesionados con sacrificar nuestra libertad en el dudoso altar de la seguridad estatal. Las crisis no deben servir como punto de apoyo para que las burocracias y los controles administrativos se expandan. La respuesta a cada problema, a cada adversidad, no puede consistir en un recorte de libertades auspiciado por la glotonería estatal. La libertad no es el obstáculo en la lucha contra el terrorismo, sino el valor que preservar.

En realidad, estamos ante otro medida estatal completamente inútil.

Lo cierto es que el sadismo y el ingenio maligno de los terroristas no se verán refrenados por el lento papeleo de la burocracia pública; no es infrecuente encontrar, por ejemplo, a delincuentes con media docena de DNI falsificados, a los que, en cambio, nunca accederá una persona honrada. La mentira y el camuflaje son tácticas que los criminales necesariamente deberán poner en práctica, haya o no DNI. ¿Alguien confía en que podrán ocultar las bombas y las pistolas pero no sus rostros o su documentación?

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16 de Febrero de 2006

Justicia y amor en el hijo pródigo

Continuando con el análisis de la Deus Caritas Est, en el artículo del Juan de Mariana de este jueves analizo la parábola del hijo pródigo desde la necesaria división entre justicia y amor, ambas incardinadas en la libertad.

La distinción entre justicia y amor está presente en todo el relato. Ya al principio se nos indica que el hijo exhorta al padre para que le dé la parte de los bienes que le corresponde. Nos movemos, nuevamente, en la definición clásica de justicia suum cuique: dar a cada uno lo suyo. El amor del padre se ve rechazado por el hijo, quien decide actuar estrictamente en términos justos y no caritativos. El hijo rechaza el ágape con su padre y se aleja de él.

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Entre la escolástica y León XIII

Esta semana he publicado un artículo en el suplemento de Iglesia donde comento algunas de las influencias de la Deus Caritas Est, en concreto la escolástica y León XIII.

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14 de Febrero de 2006

Sin privilegios para los fumadores

En el artículo en Libertad Digital de este martes explico por qué el libre mercado no supone conceder privilegios a los fumadores, sino que la sociedad tiene mecanismos más que suficientes para penalizar aquellos comportamientos que realmente (y no según la ciencia ficción de los políticos) les resultan molestos. Así mismo, analizo las consecuencias que provocará la Ley Antitabaco por crear conflictos artificiales donde no los había.

El liberalismo no aboga por defender los privilegios de nadie. Defiende los derechos naturales de todo ser humano; nadie está en mejor posición por una concesión exclusiva del poder político, sino porque ha aprovechado de un modo más acertado sus posibilidades de acción.

Si la molestia provocada por el humo sobre los no fumadores era tan grande como pretenden hacernos creer los políticos, entonces aquellos bares que permitieran fumar sufrirían una merma muy significativa de clientes en favor de los bares que no lo toleraran. De hecho, en un sector donde la mayoría de locales permitía fumar, abrir un bar impidiendo encender un cigarrillo debería haber sido un modo de crear una ventaja competitiva sobre el resto de competidores que atrajera buena parte de la clientela. O los empresarios eran tontos o los políticos se han pasado de listos.

Al igual que en los bares y restaurantes, los fumadores tampoco contaban con privilegio alguno en su puesto de trabajo. Los empresarios eran conscientes de que podían crear un ambiente hostil en el trabajo en caso de que su humo molestara a los demás. En consecuencia, o bien les aplicaban una rebaja en su sueldo o les reducían los espacios donde podían hacerlo.

El mercado crea sus propias restricciones, sin necesidad de que los políticos pisoteen las relaciones voluntarias. Como siempre, la única función de los políticos consiste en crear problemas y enfrentamientos allí donde no los hay. Y es que, de otro modo, ¿cómo justificarían ante la ciudadanía la obligación de pagar monstruosos impuestos, para financiar las desbocadas burocracias occidentales, si no tuvieran problemas que resolver?


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13 de Febrero de 2006

Textos fascistas de ayer y hoy (III): Nupcias estériles, por Jose Antonio Primo de Rivera

El texto de hoy lo tienen colgado en Internet.

La juventud de España, la auténticamente joven y combativo, está con el marxismo o está con nosotros (salvo, si se quiere, un pequeño y respetable grupo que permanece con desinterés ejemplar bajo las banderas tradicionalistas). Los hombres inteligentes de nuestra generación se han dado cuenta, en España como en toda Europa, de que el sistema liberal capitalista del siglo XIX está en sus últimos estertores, y se aprestan –con la dura vocación para el sacrificio que existen estas épocas de paro– a alumbrar un orden nuevo. Los marxistas creen que ese orden es necesariamente el suyo; nosotros, conformes en gran parte con la crítica marxista, creemos en la posibilidad de un orden nuevo sobre la primacía de lo espiritual.

Estas dos maneras –profundas, completas, responsables– de entender el mundo se reparten el alma de la juventud. Lo demás es cuquería, cuando no simple estupidez. Es querer hacerse los distraídos ante un mundo que cruje. Tal es el intento de todos los grupos conservadores, se llamen como se llamen, y de sus pretendidas Juventudes Y para hacerse mejor los distraídos, para que la digestión no se les inquiete con ninguna alusión molesta, se apresuran incluso a prohibir emblemas, camisas, banderas, todos los atributos de los que adivinan, más allá de las tormentas, una nueva concepción del mundo.

¡Juventudes de España! ¡Juventudes nuestras y juventudes revolucionarias marxistas, de cuyas filas vendrán muchos a nuestra revolución social y nacional! Nosotros nos combatiremos de una manera trágica a veces, pero que en su misma tragedia gana dimensiones de historia. Este Estadito liberal, anémico, decadente, nos combate a unos y otros con las medidas angustiosas, chinchorreras e inútiles que le, sugiere su inspiración agonizante. ¡No importa! Esto pasará, y vosotros, o nosotros, triunfaremos sobre las ruinas de lo que por minutos desaparece. Para bien vuestro y NUESTRO –aunque ahora no lo creáis y aunque a veces hayamos dialogado a tiros–, será nuestra revolución nacional la que prevalezca. ¡Arriba España!

Ya ven que Primo de Rivera lo tenía claro, fascismo y comunismo no se destinguen en lo sustancial. Las dos son antiliberales y estatistas, las dos pretenden domeñar al ser humano y erradicar su libertad. Los enfrentamientos entre ellos no han tenido más que un carácter de guerras fratricidas, de la misma manera que los bolcheviques persiguieron a los mencheviques.

La cita de Primo de Rivera encaja perfectamente con otra de Hitler: No es Alemania la que será bolchevizada; es el bolchevismo el que se convertirá en una especie de nacionalsocialismo. Por otra parte, existen entre nosotros y los bolcheviques más puntos comunes que divergencias, empezando por el verdadero espíritu revolucionario, comunes a Rusia y a Alemania, por lo menos allí donde los marxistas judíos no dirigen el juego. He tenido siempre en cuenta esa verdad, y por ello he dado orden de aceptar inmediatamente en el partido a todos los ex comunistas. Los pequeños burgueses socialdemócratas y los bonzos de los Sindicatos nunca se trnasformarán en verdaderos nacionalsocialistas; los comunistas, siempre. (Hitler me dijo, Hermann Rauschning).

Por lo visto, Hitler nunca fue capaz de comprender que el futuro del fascismo estaba en la Tercera Vía de la socialdemocracia. Tanto los herederos de los fascistas como los herederos de los comunistas han sellado el pacto de convivencia de todos los españoles y han creado las estructuras coactivas por las que rigen nuestras vidas: Estado social y democrático de Derecho. La educación pública sigue adoctrinando, la negociación colectiva sigue vigente como conciliación corporativista, las empresas privadas siguen sometidas a Códigos de Gobierno cuyo objetivo último es una nacionalización de facto, la libertad de armas sigue vedada, la libertad de expresión y prensa dependen, cada vez más, de órganos reguladores, los medios de comunicación son concedidos por licencia y los impuestos expolian el 50% de la riqueza generada.

La continuidad histórica es más que evidente. Los rojos y pardos de hoy, los rojos y pardos que no quieren reconocerse como tales, no se diferencian a los de ayer. Son incapaces de comprender como Europa se sumió en una marea de totalitarismo, cuando ellos mismos están reproduciendo los pretextos colectivizadores y antiliberales en la actualidad. Los nuevos rojos y pardos, al igual que los rojos y pardos de ayer, creen que su ideología respeta la libertad y se dirige al bien común. El totalitarismo sigue vivo y pujante; los nuevos ungidos siguen dispuestos a cercenar la libertad ajena, siempre que sea con buenos propósitos. El problema es que cada generación crea ser mejor que la anterior, cuando todas son igual de autoritarias.

El Estado liberal, el Estado mínimo o incluso el no Estado siempre ha sido y es su objetivo; esto es, la libertad individual y la propiedad privada. Nazional-socialistas.

12 de Febrero de 2006

Galbraith returns

Con esta anotación doy respuesta al quinto post de Piijus Economicus en relación al consumo. En este caso, critico la absurda afirmación de que la oferta genera la demanda y que la innovación supone una categoría particular de acción humana.

En su quinto post sobre el consumo, Pijus Economicus va cayendo en una serie de trampas que sus malas premisas han preparado. El título del post ya es significativo: la oferta crea su propia demanda. La frase procede de la mala interpretación que hizo Keynes de la Ley de Say. Sin embargo, al menos Keynes creía que esta formulación era falsa, cosa que Pijus no hace.

Recordemos que la Ley de Say sólo establece que todo bien se intercambia en definitiva por otro y que, por tanto, no puede se consumir si anteriormente no se ha producido. Esto es muy distinto a decir que toda producción crea su propia demanda; si esto fuera así, la libertad del consumidor quedaría ipso facto eliminada. Bastaría con que alguien ofreciera algo públicamente para que todo el mundo se lanzara sobre él a comprarlo.

Nunca fue tan fácil hacerse rico... o bien mirado, ¿cómo podría alguien hacerse rico si somos incapaces de ahorrar? Imaginen que le ofrezco a Polanco diez millones de banderines con el mensaje ZP presidente. ¿Acaso estamos diciendo que Polanco dilapidará toda su fortuna para adquirirlos? Quizá se debe a que los ricos están inmunizados contra la ley económica de que la oferta crea su propia demanda. O tal vez se deba a que tal ley es un disparate.

Dice Pijus: nadie puede querer un objeto más que cuando éste aparece. El desconocimiento material del producto por parte del consumidor conlleva a éste a no poder, ni siquiera, pensar en él más que a través de una idealización . Entonces, ¿resulta irrelevante cuál sea el producto ofrecido? ¿Cualquier oferta, con independencia de que sea útil o no para el consumidor, dará lugar a una demanda desbocada? ¿La utilidad juega algún papel en todo esto?

Si es cierto que la oferta gobierna la demanda, entonces cualquier oferta puede generar cualquier demanda. Me explico, ¿por qué un consumidor decide consumir? ¿Por la oferta? ¿Entonces por qué decide consumir dos unidades y no tres? ¿O por qué está dispuesto a pagar 50 euros pero no 100? Si la oferta crea la demanda, entonces un sólo bien serviría para atraer toda la demanda, el consumidor simplemente no podría oponerse a que su demanda se creara a partir de cualquier oferta. Desde el momento en que añadimos en el análisis algún componente volitivo del consumidor, el castillo de naipes se cae.

Si una persona puede rechazar una camisa que cueste 500 euros, ¿por qué no puede hacerlo en caso de que valga 100? ¿O de que valga 50? ¿O por qué no puede rechazarla en cualquier caso si no le resulta de utilidad? Y si el determinante de la demanda es la utilidad y no la oferta, ¿no será que el origen de la demanda está en la utilidad? ¿No será más bien que la utilidad crea la demanda y la demanda orienta el rumbo de la oferta?

Por supuesto, el problema no se modifica si decimos que la oferta crea la utilidad. Seguimos en las mismas, si la oferta irremediablemente crea la utilidad, ¿por qué un sólo producto no da lugar a una utilidad tal que justifique la entrega completa del patrimonio?

En definitiva, según Pijus cualquier árbitro, especulador o innovador saldrán siempre ganando. Los especuladores no tienen que anticipar las futuras necesidades de la gente, son ellos quienes las crean. Las innovaciones no tienen que dirigirse a conseguir el bienestar del ser humano, sino a fingirlo. Poco importa si la innovación les resulta útil a los consumidores o no: para Pijus el único criterio que mueve a los individuos a adquirir el producto es su novedad.

Ya lo sabe señores lectores, creen un producto diferente, cualquier producto diferente, y a forrarse. Es increíble cómo llegan a perder el tiempo los empresarios estudiando estrategias de ventajas competitivas y de su sostenibilidad a lo largo del tiempo. Cualquier diferencia es una ventaja, pues cualquier novedad induce a consumir.

Por supuesto, en medio de este irrefrenable consumismo por la novedad, Pijus podrá argumentar que la discriminación entre productos se realiza en función de la publicidad. No voy a ser yo quien niegue que la publicidad tiene una influencia importantísima, sí niego, en cambio, que tenga una influencia determinante. Primero, porque la publicidad puede crear una imagen de irrealidad antes de comprar el producto, pero no después de que el consumidor haya experimentado con él. Si aun después de consumirlo el individuo permanece feliz y sigue considerando al producto como útil, ¿en función de qué parámetros sostiene Pijus que estamos ante una necesidad inducida por la publicidad? ¿Cuál es su auténtica escala de preferencias? ¿La conoce Pijus mejor que la propia persona? ¿Cómo sabemos que las preferencias de Pijus no han sido, por ejemplo, creadas por la propaganda marxistoide?

Pero segundo y principal, si fuera cierto que la publicidad crea las preferencias, un mayor volumen de publicidad serviría para atraer toda la demanda del mercado. El monopolio único previsto por Marx debería ser la única realidad existente, ya que ninguna empresa tendría incentivos para romper ese monopolio (pensemos que toda ruptura del pacto implicaría para una empresa un menor volumen de publicidad que la de su matriz, y por ello su demanda sería cero).

Al margen de las extraordinarias similitudes que esta situación tendría con el Estado socialista (de manera que no entiendo cómo los fervorosos comunistas temen el monopolio único pero impulsan la nacionalización total de la sociedad), resulta evidente que este no es el caso ni podrá serlo jamás. La publicidad no cercena la libertad de elección del consumidor; una cosa es que ayude a inclinar la balanza, otra muy distinta que se la cargue.

Pero es que además hay otro rasgo importante que se suele obviar en estos casos. ¿A qué tiene que apelar la publicidad para ser efectiva? Pues obviamente a la satisfacción de determinadas necesidades que favorecerán la felicidad del individuo, esto es, a su utilidad. La eficiencia de un anuncio, por tanto, depende de su capacidad para convencer al consumidor de que un determinado producto le permitirá satisfacer sus necesidades. Si es una publicidad exagerada o no, ya lo contrastará el consumidor una vez experimente con el producto. La oferta no crea la demanda, más bien la recoge.

Los ejemplos mentales que intenta poner Pijus para explicar este fenómeno tampoco son nada satisfactorios: imaginemos una sociedad con producción adicional cero, esto es, que solo produzca el mínimo de subsistencia biológica y lo imprescindible para el mantenimiento de las estructuras económicas y sociales del momento. En esta sociedad, donde la innovación técnica es un concepto inexistente, no pueden surgir necesidades que vayan más allá de lo presente, y sólo soñadores con espíritu idealizador, influidos por la fe en el caminar interminable a través de la senda del progreso tecnológico, serán capaces de desear productos por encima de lo real.

Primero, esto de producción adicional cero es un sin sentido. Toda producción va destinada a crear un excedente, en caso contrario no se emprende la producción. Una persona invierte factores productivos esperando que, al cabo de un tiempo, logrará obtener una cuota de amortización (en forma de salarios o de capital circulante) más un excedente empresarial (beneficio). En ausencia de ese excedente, ¿para qué actuar? Si la producción sólo generara rentas para reproducir a los factores productivos, no sólo desaparecería la figura del empresario (como descubridor de oportunidades insatisfechas), sino incluso la producción indirecta. Cada individuo se dedicaría a la producción directa o hand-to-mouth, no sería necesario inmovilizar ningún ahorro, porque los excedentes resultan innecesarios.

Segundo, los idealistas visionarios de los que habla Pijus sí deberían acumular un excedente para fabricar sus innovaciones y, por tanto, tendrían incentivos para descubrir las oportunides de ganancia. Esos innovadores -cuya utilidad, no lo olvidemos, consiste en incrementar su disponibilidad de bienes por encima de lo que Pijus considera básico- acumularán riquezas en forma de bienes de capital y estarán dispuestos a pagar salarios muy superiores a los que obtiene cada individuo con su produción directa. Si fuera cierto que sólo los innovadores tienen la absurda necesidad de crear bienes no básicos, entonces ninguna persona no idealista aceptaría ser contratada por otra idealista, ya que con su producción hand-to-mouth han colmado sus aspiraciones vitales. Todas aquellas personas que acepten la renta salarial superior a su producción directa expresarán una preferencia demostrada hacia las necesidades no básicas. ¿Es ello una necesidad inducida? ¿Inducida por quién? ¿Si ciertamente las personas son felices con su modo de vida autosuficiente (aun cuando sea pasto de las hambrunas, las plagas y el duro trabajo), ¿qué necesidad tienen de aceptar un trabajo asalariado a cambio de un mayor salario?

Toda acción humana supone una idealización del estado futuro; cuando actuamos lo hacemos considerando que el curso de nuestra acción será exitoso y, para ello, creemos que las circunstancias no variarán o variarán de un modo insignificante o variarán de un modo predecible. La afirmación de Pijus no pasa de obviedad: lo ficticio es posible sólo a través de la reordenación de conceptos materiales reales, atribuyéndole una funcionalidad que no es sino idealizada. Cuando pensamos en los objetos del futuro estamos idealizando el futuro de acuerdo con las técnicas actuales (tecnológicas y físicas principalmente).

Cuando una persona decide cultivar un campo para obtener una cosecha con la que vivir todo el año, no deja de dirigirse hacia una ficción inexistente que procede de la reordenación de la realidad, atribuyéndole una funcionalidad que no estaba en la agreste tierra. ¿O acaso creemos que la acción del agricultor es irrelevante para conseguir la cosecha deseada? Y si no es irrelevante, sino determinante, ¿acaso la acción no modifica las circunstancias del mundo de una forma idealizada? ¿Por qué entonces lo que sirve para las necesidades básicas no sirve para lo que Pijus llama no básicas?

Como suele ser habitual, los moralistas pretenden establecer diferencias acientíficas entre las acciones humanas que consienten y las que detestan. El fundamento es el mismo, sólo sus prejuicios les hacen observarlas de modo distinto.

9 de Febrero de 2006

Cinco hábitos extraños

Con un cierto retraso, y tras la triple petición de Lord Acton, Happy Butcher y Nomotheta, paso a realizar un poco de autocrítica al estilo maoísta. Copio las reglas con la esperanza de que ninguno de los bitacoreros ni la SGAE de oficio me denuncie por violar su propiedad intelectual:

El primer jugador de este juego inicia su mensaje con el título “5 extraños hábitos tuyos”, y las personas que son invitadas a escribir un mensaje en su respectivo blog a propósito de sus extraños hábitos deben también indicar claramente este reglamento. Al final, debéis escoger 5 nuevas personas a indicar y añadir el link de su blog o diario web. No olvidéis dejar un comentario en su blog o diario web diciendo “Has sido elegido” y decidles que lean el vuestro.

Lo cierto es que, como suele decirse, tengo tantos hábitos extraños, o que creo extraño, que no sé por dónde empezar, ni siquiera sé si quiero empezar pues ello implicaría un cierto propósito de enmienda que, sinceramente, no me apetece comenzar. Estaría tentado a decir que esta vagancia correctora es mi primer hábito extraño, pero dudo que sea realmente poco habitual. Vamos a probar suerte con otros cinco a vuelapluma:

a) Utilizar el escritorio como depósito de apuntes, papeles, CDs y facturas viejas. Uno ha cogido tanto aprecio al orden espontáneo que ni siquiera está dispuesto a ejercer una cierta planificación socialista en su habitación. No es que creyera que siendo yo el planificador central consiguiera, a través de la construcción de sólidas estructuras clasificadoras, resolver el problema del caos aparente, pero siempre puedes escudarte en la buena intención frente al caos sobrevenido.

b) Consecuencia del anterior, es mi hábito no menos extraño de estudiar en la cama. Uno siempre ha sido consciente de que combinar el fuego del aburrimiento con la gasolina de la comodidad no proporcionan otro coctel que el molotov, pero como ya digo, tengo que buscar soluciones empresariales que me permitan alcanzar un cierto equilibrio con las restricciones dadas del escritorio.

c) Al lado de la cama, cómo no, tengo una mesilla en la que se acumulan los libros en forma de torre de Babel. En realidad no es trato un ejercicio de eficiencia espacial, cuanto de redistribución de factores de lectura. La estanteria está desbordada y no queda más remedio que reasignar el espacio, aun cuando la solución no sea la más estética para el hábitat del dormitorio. Puede que a algún ecologista le moleste que coloque los recursos en un lugar distinto al que por naturaleza les correspondería, pero especialmente ello también podrán comprender la definición de "espacio vital".

d) Mi cuarto hábito extraño está relacionado con los viajes en tren. Otra cosa no, pero los regionales de Renfe, aparte de asentarse sobre la sangre y el expolio de miles de ciudadanos, son cómodos. (Y es que para muchos la comodidad justifica los pequeños inconvenientes del atraco) . Pues bien en mis largos viajes en tren, el sueño combinado con el Sol deviene muchas veces inevitable. Lo raro no es tanto que tengas las suficientes entrañas de dormir mientras miles de africanos siguen muriendo de hambre o mientras Bush esté planeando el ataque contra Irán, sino que tengo la costumbre de sacar un libro para leer aun cuando sé anticipadamente que antes de leer cinco páginas estaré durmiendo. Dicho sea de paso, esto no más que otra muestra de la creciente ineficiencia del sistema capitalista, ¡se han producido libros que no prestan ninguna utilidad real! Con los hermosos árboles que podrían seguir en pie si uno no tuviera tan bárbaros hábitos.

e) Por último, esta costumbre extraña, masoquista y retorcida la conocen casi todos los que frecuentan Todo un Hombre de Estado. Se trata de visitar los estercoleros ideológicos de Internet; no daré nombre, porque no quiero violentar su derecho a pensar por sí mismos. Además, tampoco querría ofender a ciertas personas, máxime cuando pueden quemarme la casa legítimamente por atacar sus creencias fanfarronas. Dios me libre, aunque tampoco querría mentarlo en vano. Ya se sabe.

Hasta aquí lo confesable; ir más allá atentaría contra mi derecho al honor y a la intimidad, y según la legislación española son derechos irrenunciables. Ahí es nada.

Les paso el testigo a Mario Noya, Alberto Illán, José Carlos Rodríguez, Dani y el Movimiento Stalin Vive.
Necesariamente innecesario

Retomo la actividad bitacorera tras unos días de ausencia forzada, y lo hago más o menos donde me quedé: respondiendo a Pijus. Ya sé que tengo varios posts pendientes para citoyen, algunos para egócrata y al menos uno para imore. Pero por algún sitio tenía que empezar.

Hace unas semanas critiqué tres de los ocho posts que Pijus ha dedicado al consumo, hoy abordaremos el cuarto: el consumo como necesidad.

Pijus ya empieza mal, y lo hace con un error presente en todas sus anotaciones: ¿Obran todos los individuos para maximizar su satisfacción? Por supuesto que sí, aunque en contra del pensamiento liberal, esta satisfacción no se corresponde únicamente con el consumo.

¿En contra del pensamiento liberal? ¿De qué pensamiento liberal? Cito a Mises: El hombre al actuar aspira a sustituir un estado menos satisfactorio por otro más satisfactorio. (...) Hay quienes sólo se interesan por su propio bienestar personal. A otros, en cambio, las desgracias ajenas cáusenles tanto o más malestar que sus propias desventuras. Hay personas que no aspiran más que a satisfacer el deseo sexual, la apetencia de alimentos, bebida y vieidnda y demás placeres materiales. No faltan, por el contrario, quienes se interesan en mayor grado por aquellas satiadacciones generalmente calificadas como "superiores" o "espiriturales". Mande? ¿Dónde limita el economista austriaco la satisfacción al consumo?

Lo curioso es que, a pesar de criticar esta concepción materialista de la existencia, Pijus termina dándole la razón: Pero esta falacia se ha abierto paso por contener cierta verdad implícita. De hecho, es cierto que los seres humanos necesitamos consumir cierto tipo de productos; básicos para la supervivencia. Estas necesidades primarias se corresponden con las determinaciones biológicas inherentes al hombre, como el hambre o la sed. Es evidente que necesitamos alimentos para sobrevivir, y hoy en día los adquiriremos a través del intercambio en el mercado.

Cierto pero no apodíctico. Esto no es economía; podemos llamarlo historia, biología o sociología, pero no economía. Pijus asume que todos los hombres tienen como finalidad sobrevivir, lo cual ya es mucho suponer. Los suicidas no tienen ninguna necesidad básica, pues la supervivencia no es su finalidad. El análisis de Pijus, que parte de denunciar el materialismo y el reduccionismo "neoliberal" al consumo, termina cayendo en un análisis no menos reduccionista. La falacia sigue siendo falacia, simplemente porque no constituye una ley económica.

En todo caso, esto ya nos sirve para criticar la segunda falacia de Pijus. No se puede distinguir entre necesidades básicas y necesidades no básicas sin acudir al fin para los que requerimos tales medios. Para un suicida una pistola o una soga es un bien mucho más básico que un almacén que contenga comida para diez años. Así mismo, aquellas personas no suicidas, tampoco valoran la comida como un todo. ¿Cuánta comida? ¿Qué tipo de comida? ¿Qué es comida, de hecho? ¿Simple provisión de energías para mantenerte con vida? Entonces las drogas son comida para el adicto. ¿Energías imprescindibles para la vida? Entonces las verduras no tienen por qué ser comida.

Pensemos simplemente en todas aquellas personas que practican la huelga de hambre por motivos reivindicativos o en las personas anorexicas. ¿Cuáles son sus necesidades básicas? Sin duda todos podemos empezar una huelga de hambre o rechazar la comida durente un buen período de tiempo. ¿Significa que todas las calorías extraordinarias que tomamos cada día son no básicas? No, significa que los huelguistas o los anorexicos anteponen otras finalidades (la protesta o la delgadez extrema) a la comida.

El error consiste, como ya he dicho, en clasificar las necesidades en agregados. Toda la comida es igual y todos los seres humanos valoran la comida y la necesidad de comer como un todo. Pijus parece no haberse integrado en el marginalismo: los fines son marginales no agregados. Aun para quien guste de comer para no suicidarse o alcanzar otros fines, no existe una necesidad de comer, sino una necesidad de comer en un instante preciso y un plato determinado; o al menos, la necesidad de tener la seguridad (a través de las reservas) de poder comer cuando lo necesite. Esos son fines, pero ni básicos ni globales.

De ahí que Pijus se equivoque cuando afime que: Sin embargo hay un segundo tipo de necesidades, que son las necesidades creadas por el sistema económico. Estas necesidades no son esenciales para la supervivencia biológica, pero sí para el desarrollo en la sociedad.

Aquí añadimos un extra al grado de confusión. Primero, el sistema económico no crea las necesidades, el sistema económico es fruto de unas necesidades. El prius no es el sistema, sino la necesidad. La organización económica tiene una forma determinada porque tiene que dar respuesta a unas necesidades ya existentes. Otra cosa distinta es que las necesidades de unas personas puedan influir, a través de la moda o el mimetismo, las necesidades de otras personas. De la misma manera que los errores de Pijus han estimulado en mí la necesidad de escribir este post, pero ello no significa que sea presa o esclavo de Pijus, sino que la interacción social produce elecciones individuales distintas a las que tendría el hombre aislado y salvaje. ¿Qué novedad hay en esto? ¿Acaso el hombre no debería ser como es sino como yo creo que debiera ser? El entorno influye, claro; de ahí que el atomismo filosófico carezca de sentido. Pero en esta crítica al consumo influido por la sociedad existe una clara reminiscencia de ese atomismo: el hombre debería actuar como si su decisión no tuviera otras repercusiones que esa misma decisión; no debe elegir condicionado por el ambiente donde vive, sino que debemos meterle en una cápsula de aislamiento, borrarle todos sus recuerdos y, entonces, dejarle elegir. Ésa y sólo esa es la elección correcta y libre.

Vayamos a un ejemplo tan corriente como el de las marcas deportivas. Por lo general suele argumentarse que los niños no deberían elegir la ropa de marca porque es más cara y de igual o peor calidad que el resto. De nuevo, con este caso limitamos la elección humana a dos parámetros: precio-calidad. Los mismos que critican la imagen del homo economicus arremeten contra el capitalismo por no crear homines economici. El niño que compra una marca deportiva no se limita a adquirir esa marca: intenta comprar la integración en un grupo de amigos, el respeto, las ilusiones de ser como sus ídolos, o una simple estética. Esto podrá parecernos correcto o incorrecto, pero el ser humano no puede dejar de tomar decisiones en este marco.

¿Acaso pensamos que los niños dejarán de segregarse por el hecho de eliminar las marcas? Si el motivo no es uno será otro, pero las marcas no segregan; segregan los niños aprovechándose de las marcas. Si el parámetro no fuera una marca, sería la obsedidad, la fuerza, la inteligencia, la belleza o la retórica; o sería simplemente a ver quién tiene más zapatillas baratas distintas. Pero las marcas, repito, no crean el problema de la discriminación. Opinar así es de un simplismo anticapitalista pasmoso.

Segundo error de la frase de Pijus (omito su identificación de "fin objetivo" con la supervivencia): las necesidades económicas son necesarias para la sociedad. Desde luego, si entendemos "económico" en un sentido acertado, esto es, como los medios de la acción humana, sí. Sin medios no hay acción y sin acción no hay interacción, es decir, sociedad. Ahora bien, si la acepción que tomamos de "económico" es la que parece adoptar Pijus (cualquier necesidad no básica) entonces el error es mayúsculo. La sociedad, la colaboración económica, el capitalismo, no requiere de ninguna necesidad precisa. La colaboración voluntaria humana puede sea cual sea el fin para el que se necesite. La sociedad se desarrolla satisfaciendo los fines de sus individuos; los individuos satisfacen sus fines -cualesquiera sean- a través de los medios pertinentes.

Lo más gracioso es el ejemplo que da Pijus de necesidad impuesta: Tenemos por ejemplo al automóvil, que originalmente significaba lujo para el dueño, mientras que hoy en día es una necesidad impuesta por el sistema, cuya carencia imposibilita, por ejemplo, el transporte al lugar de trabajo, cada vez más flexible y alejado del hogar. Si es que ya se reía Mises de este incrementalismo socialista: "lo que hoy son lujos, mañana se convierten en necesidades". No olvidemos que quien asegura que el automóvil, las viviendas dignas o la educación de calidad son necesidades del ser humano es la izquierda. En caso contrario el Estado de Bienestar carece de apoyatura: sólo se dirige a proporcionar coactivamente bienes no básicos. Lo único que necesita el ser humano, para no morir, es comer y beber cada cierto tiempo. Por tanto, ¿para qué proveer bienes tan lujosos y superficiales como una escolarización de casi 20 años (20 años donde se consumen recursos de otras personas y, además, se vive sin trabajar y producir alimentos "básicos")?

En cualquier caso, no deja de resultar gracioso que el automóvil sea el paradigma de necesidad impuesta por el sistema. Dice Pijus que sin él ni siquiera puedes ir a trabajar. ¿Pero para qué necesitamos trabajar? Todos al huerto a cultivar tomates, no necesitamos más que eso. El resto del trabajo sólo se dirige a satisfacer artificiales necesidades burguesas. Un medio para un fin no básico se convierte en un medio innecesario y, por tanto, en un medio no impuesto.

Pero hablando un poco más en serio, ¿el automóvil es una necesidad impuesta? Vaya, seré uno de los pocos privilegiados que me he sustraido al yugo de tener un automóvil en propiedad. De hecho, realizo toda mi actividad diaria -tanto la básica como las no básica- sin requerirlo. Ya se sabe, toda la patulea ecologista son la auténtica clase consciente de esta sociedad; sólo ellos pueden resistir a través de las libertadoras bicicletas la necesidad artificial e impuesta de utilizar el coche.

¿No será más bien que los seres humanos utilizan el coche porque realmente les facilita su existencia? ¿No será que en su rígida clasificación entre fines básicos y no básicos Pijus ha eliminado totalmente la elección humana distinta a la suya? Al coche no se llega por casualidad; no nos vino caído del cielo para modificar nuestros ancestrales modos de vida. Fue el resultado de toda una actividad deliberada para encontrar medios de transporte más rápidos y eficientes. El hecho de que triunfara y se expandiera al crearse es la mejor prueba de ello.

Por último, Pijus enreda un poco más y después de las necesidades básicas, las no básicas o impuestas, llega al consumo innecesario. Consumo innecesario alias necesidades innecesarias (curioso). Este consumo ya lo hemos tratado con el consumo impuesto o no básico, es el caso de las marcas. No creo que merezca más consideración. Pijus le da un tratamiento distinto por el simple hecho de ser improductivo. Se ve que Adam Smith dejó huella. Lástima que sólo en lo negativo.
George Reisman ya tiene bitácora

El que, según Juan Fernando Carpio, es el mejor economista vivo, acaba de abrir su bitácora. George Reisman, al que los lectores de liberalismo.org ya conocen por sus traducciones, es autor del colosal tratado de economía: Capitalism. Una bitácora necesaria que promote grandes dosis de sabiduría y libertad.

7 de Febrero de 2006

En el nombre de la identidad

En el artículo de este martes hablo sobre la polémica pero nada sorprendente frase de Bargalló sobre la lengua: La lengua no puede dejarse en manos del mercado, ni su elección sólo en las de los individuos, pues es el poder público quien debe garantizar su conocimiento.

El nacionalismo no es más que una fachada ideológica detrás de la que se esconde la sumisión al Estado; al identificar individuo con nación y nación con Estado, el rebaño no tiene más remedio que acatar los designios del buen pastor:

La nación sólo acepta adhesiones inquebrantables y absolutas. No hay espacio para la particularidad y la voluntariedad; cuando un individuo no utiliza el catalán, o lo emplea erróneamente (no sometido al estándar), está contribuyendo a su corrupción y desaparición, esto es, está atentando contra la savia del "pueblo" catalán.

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URL de La Tierra es plana

Acaba de abrirse la web de "La Tierra es Plana", el libro de Thomas Friedman. Aprovecho para recomendar la reseña que publicó Gorka Echevarría en Libertad Digital. Cuando tenga un poco más de tiempo libre intentaré contar algo más sobre el libro.

1 de Febrero de 2006

Caridad frente a justicia social

Hoy escribo por primera vez en el suplemento de Iglesia de Libertad Digital y lo hago refiriéndome a primera la Encíclica de Benedicto XVI. Hoy mismo, hemos publicado en liberalismo.org un artículo bastante más teórico sobre la distinción cristiana entre justicia y caridad. En el de Libertad Digital traslado esa distinción a un debate mucho más tangible: el capitalismo frente a la redistribución estatal.

Hay que recuperar la idea de prójimo, no como la innacesible colectivización de la necesidad, sino como la universalización de lo concreto, del amor potencial a cada ser humano en particular: “El amor al prójimo no se reduce a una actitud genérica y abstracta, poco exigente en sí misma, sino que requiere mi compromiso práctico aquí y ahora”. El prójimo requiere de la cercanía humana, no de las frías e indiferentes paredes de la Administración sufragadas por el sudor de la frente ajena.

Así, el capitalismo refuerza al mismo tiempo la autonomía individual y la sociedad fruto de los lazos voluntaria y caritativamente asumidos. Los acuerdos entre las personas benefician a ambas partes; el intercambio trasciende la materialidad y se convierte en un modo de satisfacer al prójimo sin caer en la absoluta liberalidad. “El hombre [no] puede vivir exclusivamente del amor oblativo descendente. No puede dar únicamente y siempre, también debe recibir”.


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Amor, justicia y libertad

Dani acaba de publicar un artículo en el que, a partir de la Encíclica Deus Caritas est, intento reconstruir la idea cristiana de amor y justicia, hilvanando ambas a través de la libertad. No será el único comentario que realice sobre la primera Encíclica de Benedicto XVI, pero si creo que contiene el mensaje fundamental. Dado que me sería difícil entresacar algún párrafo, prefiero simplemente recomendarles su lectura a aquellos que estén interesados por el tema.

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