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Todo un hombre de Estado: Febrero 2004

28 de Febrero de 2004

La explotación, al descubierto

Hans-Hermann Hoppe afirma que el Estado discrimina a las personas en dos tipos de clases sociales: taxpayers y taxreceivers. El producto de los primeros sería sistemática e institucionalmente expropiado por el consumo de lo segundos; una clase explotaría a la otra mediante el dominio del aparato de compulsión estatal.

En ocasiones, la separación entre democracia y dictadura de la mayoría es tan tenue que se torna imposible de delimitar. Quizá exista una perfecta identidad entre ambas y tal separación no tenga ni siquiera que buscarse. Pero, en cualquier caso, cuanto más nos recuerde el sistema estatalista democrático a las formas de una dictadura, parece obvio que más amenazadas estarán nuestras libertades y mayor será la fractura social entre las clases de los taxpayers y los taxreceivers.

La muestra más flagrante de la explotación es, desde luego, su decidida manifestación por parte de los ejecutores directos de la coacción. Cuando el descaro totalitario es tal que ya no sólo no se oculta, sino que se exhibe con orgullo, los barreras sociales a la moderación desaparecen y la represión aguarda a la vuelta de la esquina. Gaspar Llamazares, candidato a la presidencia del gobierno y virtual aliado de Zapatero, ha dicho que Izquierda Unida no gobierna para todos los ciudadanos; Izquierda Unida gobierna para las grandes mayorías que necesitan de la política y de la democracia.

Es una llamada a la esclavización de facto de una parte de la sociedad, la promesa de dirigir la todopoderosa maquinaria del Estado directamente contra unos individuos. Es un gobierno de clase; el demagógico escudo del "bienestar general" ha caído en el olvido. Ya no es necesario o no se considera necesario. No olvidemos que, teóricamente, la democracia es un sistema en el que todo el pueblo, mediante sus representantes, toma las decisiones colectivas, decisiones en las que se conjugan los intereses de todos los individuos. Esos representantes, pues, lo son constitucionalmente de todo el pueblo y no, como pretende Llamazares, de una facción de la ciudadanía.

Este principio es, desde luego, muy relativo e imposible de seguir en la prática. Es una ficción propagandística que sólo esconde la distinción clasista hoppeana. La novedad de las palabras de Llamazares es poner sobre el tapete, no ya sólo la existencia de una coacción interclasista, sino del deseo de que esa coacción se mantenga y se magnifique. De alguna manera, IU acaba de dinamitar el espejismo estatalista de la búsqueda del bien común. El Estado muestra su peor rostro: la del arma explotadora en manos de unos intereses necesariamente excluyentes.

Sus palabras destapan los entresijos últimos del Estado, la gran ficción a través de la cual todo el mundo trata de vivir a costa de todos los demás que diría Bastiat. Aunque parcialmente debamos agradecerlas por cuanto tienen de sinceras y de aclaradoras de la auténtica finalidad del Estado, no resultan en absoluto tranquilizadoras. Lenin también dejó por escrito la auténtica naturaleza del comunismo cuando exhortó a masacrar a los enemigos de clase; el problema es que validó sus palabras y actuó en consecuencia. No creo que las futuras actuaciones de Llamazares, si tiene ocasión, desmientan sus promesas de hoy.

Sinceridad sí, pero sangrienta sinceridad.

27 de Febrero de 2004

Las buenas noticias, sólo para las empresas

Leo en El Confidencial Digital, periódico del nuevo director de la Linterna, José Apezarena: El descubrimiento de yacimientos petrolíferos en Kazajistán ha sido considerado una de las mejores noticias que ha recibido la industria petrolera en los últimos años. Es una de tantas perversiones del lenguaje que día a día, manipulación tras manipulación, han ido colonizando nuestras vidas.

Imagino que la noticia querrá significar que la buena nueva procede del potencial beneficio que las empresas petroleras derivarán del hallazgo. Sin embargo, esta apreciación no llega al auténtico fondo de la cuestión. No niego que las empresas petroleras que exploten esos pozos puedan darse con un canto en los dientes (la búsqueda del beneficio es el motor de la acción empresarial), sino que, sin lugar a dudas, las empresas no son las únicas, ni siquieras las mayores, favorecidos.

Es importante entender el origen del beneficio monetario ya que, en caso contrario, pudiera parecer como un montante dado por una cierta mano invisible. Cuando una empresa obtiene un cierto beneficio monetario es porque, anteriormente, ha satisfecho a una gran cantidad de personas. Si las empresas petroleras esperan obtener mayores beneficios de la explotación petrolífera es, precisamente, porque creen que los consumidores demandamos combustible. En realidad, la buena noticia la hemos recibido nosotros, los consumidores. Viéndolo desde otra perspectiva, ¿quiénes serían los mayores perjudicados en caso de cesar toda actividad empresarial para la provisión de combustible? ¿Los empresarios actuales que podrían encontrar otra ocupación no muy dispar a la del resto de los individuos o los consumidores que verían caer en picado sus niveles de vida? La respuesta parece obvia.

Al margen de la anecdótica redacción de la noticia, conviene destacar una vez más el uso anticapitalista del lenguaje. Todo beneficio monetario encuentra su justificación en una previa satisfacción de las necesidades de los consumidores. Las empresas no son más que unas intermediarias entre nuestras necesidades y el modo de darles respuesta. Aquéllas cuya intuición sobre nuestros deseos es mayor medran, las otras desaparecen. Sin empresarios la coordinación para el empleo de los recursos sería nula. La cuenta de pérdidas y ganancias es el mejor indicador de la función social de la empresa. Pensemos por un momento cuánta satisfacción han engendrado aquellas empresas con un elevado beneficio. ¡Qué malos son los capitalistas explotadores!

25 de Febrero de 2004

El muro y los sinvergüenzas

Como bien señaló Lew Rockwell, los libertarios no han alcanzado un acuerdo en lo relativo a la inmigración; sin embargo, no puede haber ninguna discusión sobre que los Estados no pueden impedir abandonar el país a la gente. Las naciones civilizadas pueden controlar quien entra, pero sólo las tiranías controlan quien sale.

Israel es una nación civilizada. Por supuesto sería una obscenidad negarle precisamente a ella el derecho a fiscalizar las entradas en su territorio cuando, en cambio, casi nadie cuestiona la legitimidad del resto de naciones a hacerlo. No sólo eso, cabría preguntarse si Israel, habida cuenta de su situación actual, no está incluso más justificada a impedir que los suicidas palestinos atenten contra su población.

No es, desde luego, una cuestión resuelta. Particularmente, no soy partidario de que los Estados controlen ni siquiera estos asuntos. El derecho de exclusión deben practicarlo los propietarios sobre sus haciendas, no así los Estados, legítimos dueños sobre nada. Con todo, resulta flagrante que es una cuestión no resuelta.

Ahora bien, siguiendo a Rockwell, sí es obvio que ningún país puede retener despóticamente a los individuos que se encuentren bajo su control. Tropelías semejantes carecen de sentido.

Claro que quizá el coma-andante Castro no opine de la misma manera. La isla cárcel es un paradigma de transegriones continuadas a los derechos de las personas. Intentar escapar de Cuba puede costarle a uno la muerte; no ya por las inclemenencias marítimas, sino por designio pistolero del gobierno.

Este Estado cubano que impide a sus nativos escapar y huir de la dictadura es el mismo Estado que ha condenado la construcción del muro en Israel. Indignidad máxima, de la que ya no encontramos, salvo en los reductos totalitarios de algunos viejos comunistas.

¿Cuántas veces ha callado IU ante represión a los cubanos que quieren marcharse de Cuba? Casi las mismas que ha clamado contra un muro que atenta contra la dignidad de los palestinos. Lástima que los marxistas no conozcan ni de cerca qué es la dignidad.

24 de Febrero de 2004

Alejandro Sanz, enemigo de la humanidad

Alejandro Sanz se ha convertido en el objetivo de todos los progres de medio pelo. ¿Razón? Haber atacado la línea de legitimidad del gorila golpista Chávez: me desagrada el presidente venezolano, Hugo Chávez; yo dejaría de cantar si me lo pidieran tres millones de personas con firmas. Sin duda un pecado mortal intolerable.

Los totalitarios chavistas han unido sus esfuerzos para recopilar esas tres millones de firmas necesarias para que Alejandro Sanz deje de cantar. Paralelamente, la campaña de difamación contra el cantante está dando sus primeros pasos: Sanz, músico en nómina de una compañía capaz de apoyar regímenes opresivos, financiar a corruptos y torturar con tal de abrir mercados para sus productos, se convierte en mercancía que adopta ser un pequeño símbolo de rebeldía y trascendencia. No es otro que el discurso del consumo como aquel que la libertad es conducir con un mono con una ballesta.

Así opera la izquierda; el que disienta debe desaparecer. Acoso y derribo. El pensamiento único sólo admite la pureza ideológica, la discrepancia está castigada con el más repugnante de los ostracismos. Eso sí, resulta curioso cómo los chavistas, sin aceptar la validez de las firmas recogidas para derrocar a Chávez, pretenden fundamentar la marginación de Alejandro Sanz en la legitimidad de las firmas recogidas. Si es que son la leche.

17 de Febrero de 2004

Blix miente

Hemos de distinguir claramente entre que, por una parte, existieran armas de destrucción masiva en Irak y que, por otra, este hecho justificase una guerra. Lo primero nunca se puso en duda, era un lugar común que, tras la expulsión de los inspectores en diciembre del 98, Saddam no había removido el armamento censado hasta aquel momento. Lo segundo ya implica un juicio de valor; la existencia de armas fue sólo una excusa -una excusa que supuestamente iba a obtener el apoyo de la ONU- para atacar Irak. Las razones profundas las expuso Wolfowitz en su contestación a los infundios publicados por Vanity Fair.

La postura del gobierno español ante el conflicto bélico estuvo en todo momento basada en las Resoluciones 687 y 1441 de la ONU, así como en los informes que los inspectores expusieron en el Consejo de Seguridad. No estoy emitiendo juicios de valor, sino describiendo cómo fue la realidad.

Hoy Blix ha mentido en los micrófonos de la SER: En ningún sitio" de su último informe presentado ante la ONU "se afirmaba que hubiera" armas de destrucción masiva en Irak. Esto es incierto. Basta recordar algunos de los pasajes del informe de Blix:

Las declaraciones presentadas por Irak no respondieron a todas las dudas. Quizá sea ese el problema más grave. No es obligación de los inspectores encontrar dichas evidencias. En enero hablé de armas prohibidas, como los misiles Al Fatah. He observado que podrían superar los 150 kilómetros de alcance.(…) [Irak]Declaró que había destruido en 1991 todo el ántrax que tenía, pero todavía no ha aportado pruebas que lo demuestren.

En cuanto a las cámaras de fundición para fabricar misiles prohibidos, se han reconstruido y se pueden utilizar, por lo que siguen estando prohibidas, según hemos constatado(…)
Irak ha preparado las visitas limpiando instalaciones(…)El movimiento de municiones podría haber sido rutinario, pero también de materiales prohibidos(…)Tenemos informes de traslado de armas en camiones, para lo que hemos pedido la ayuda de estos aviones.


Otra cosa, por supuesto, es que Blix nos mintiera en aquel informe. Podría ser que durante años se nos engañara acerca de la situación armamentística de Irak, podría ser que las masacres de iraníes y kurdos fueran simples montajes. Evidentemente podría ser; pero de lo que no cabe ninguna duda es que hoy Blix sí nos ha mentido. Hace un año habló sobre evidencias de armas en Irak, hoy lo ha negado; será porque no conviene recordarlo -¿qué podíamos esperar de un funcionario de las Naciones Unidas salvo la mentira?.

16 de Febrero de 2004

Hipercapitalismo

Parece que el palabro "ultraneoliberalismo tardocapitalista" se le ha quedado estrecho al marxismo realmemte existente. Es la era del hipercapitalismo. Hemos vuelto al fundamentalismo decimonónico. Así opina Francisco Morote:

Hoy el mundo, mucho más que en las dos últimas centurias, depende de muy pocas voluntades. Quizá sean sólo unos miles, o unas decenas de miles de hipercapitalistas quienes conduzcan, a mi juicio con grave riesgo para todos, al conjunto de la humanidad.

Que los hipercapitalistas dirijan a la humanidad es, sin duda, ruin. Desde José Antonio sabemos que a la humanidad deben moverla los poetas, o falta de los mismos, los hiperintelectuales como Morote. ¿Se imaginan que frutración? Morote, quien se sabe nacido para comandar las destinos de miles de seres humanos, ha de contemplar impasible cómo cuatro hipercapitalistas que han basado su enriquecimiento en satisfacer a cientos de millones de personas, siguen triunfando en el mercado. ¡Hasta ahí podríamos llegar!

[Los hipercapitalistas] Ciegamente, incansablemente, buscan el modo de acumular y seguir acumulando más y más capital. En su obsesión por tener y dejar a sus herederos más de lo que ya recibieron, extienden su filosofía posesiva a más y más aspectos de la vida.

¿Cómo consiguen esas acumulaciones de capital? Esa es la pregunta pertinente que debe ser respondida. El Estado, dada su congénita ineficiencia, debe recurrir a la imposición fiscal para retraer recursos de aquellos destinos a los que, los ciudadanos, en el caso de poder elegir, destinarían su dinero. ¿Los hipercapitalistas actúan igual? ¿O deben someterse y tener en cuenta el fin y el objetivo ajeno para cumplir los suyos? El capitalismo es un sistema en el que, para lograr tu felicidad, primero has de buscar la de los demás. Si los hipercapitalistas no actúan de semejante manera, ¿cómo consiguen su dinero? ¿A través del Estado? ¿Y el Estado es capitalismo?

En su demencia Morote critica que se alcancen límites tan absurdos como el de comercializar la sangre: "La sangre humana - dictaminaba ya en 1966 la Comisión Federal de Comercio de los Estados Unidos -, es una mercancía".

Esto es curioso; tenemos que asistir diariamente a la carestía de sangre en los hospitales y se sigue bloqueando la constitución de un mercado para la sangre. ¿A quién daña donar sangre? ¿Y a quién daña recibirla? ¿Es que acaso estamos moralmente(y a la larga, legalmente) obligados a donar sangre? ¿Se le ocurre al inteligente Morote otro remedio, a excepción de permitir el comercio de sangre, con el que solucionar su déficit? Y si no se le ocurre, ¿es preferible que siga faltando sangre a pagar voluntariamente un precio por ella? ¿Y todo ello porque el sabio Morote así lo decida?

Quienes tienen inmensas fortunas, inmensos capitales pretenden con su dinero poder comprar y vender cualquier cosa, producto o servicio que pueda existir o que quepa imaginar sobre la faz de la Tierra y, también, por qué no, en la Luna y en Marte

Me parece que el sr. Morote desbarra de una manera tremenda. En toda compraventa hay dos partes: el que compra y el que vende. Si el adquiriente puede comprar es porque el vendedor quiere vender; en otras palabras, porque la compensación -generalmente dineraria- que se le ofrece al vendedor es, según su criterio, mayor que aquello de lo que se desprende. Por supuesto, el comprador también valora más la mercancía recibida que la riqueza que consume. Por tanto, en todo contrato voluntario ambas partes deben salir necesariamente beneficiadas; en caso contrario, no tendría lugar la misma. ¿Qué problema tiene Morote en que dos personas puedan intercambiar libremente sus bienes y servicios? ¿Qué problema tiene en que el bienestar de sendas personas se incremente?

El caso de la Luna o Marte no es, en ningún caso, distinto. Cabrá hablar, en todo caso, sobre cómo constituir la propiedad en tales parajes. Pero una vez instituida, es obvio que sus legítimos propietarios podrán enajenarla. ¿Por qué sr. Morote? ¿Le molesta que la gente pueda decidir sin tener en cuenta su criterio? ¿Debemos pedirles permiso a usted y a sus camaradas para poder actuar en esta, nuestra vida?

Con ellos vamos, inexorablemente, al mundo- mercado, al universo-mercado que, cuanto menos tiene y tendrá un grave, insuperable y dramático defecto, no puede, ni podrá ser democrático.

Nadie ha hablado de mercado democrático. El mercado es muy superior a cualquier democracia; precisamente porque el modelo estalista de la democracia no es más que una dictadura de la mayoría. La decisión de lo más, vincula necesariamente a los menos. La libertad de las minorías queda, en consecuencia, seriamente dañada.

En el mercado, en cambio, las acciones y decisiones de unos no afectan ni coaccionan al resto. Todas las relaciones son voluntarias; no puede recurrirse a la fuerza para alterar las preferencias individuales, ni puede esclavizarse a otros para perseguir fines secundarios y escasamente prioritarios.

Claro que a Morote esto no le gustará. Para que los intelectuales de su calaña puedan medrar necesitan recurrir al ordeno y mando estatal. Por eso lo adoran y camelan. No tienen otro oficio ni beneficio. El estatismo lleva a la clientelización e idiotización de parte de sus cobayas. Sobre todo cuando hay cobayas tan dispuestas a ser necias mamporreras.

15 de Febrero de 2004

La guardia roja de ZP

Hoy se han repetido, muy menguadas, las manifestaciones en contra de la Guerra. Por supuesto, de lo que menos se ha hablado ha sido de la guerra como mecanismo ilegítimo de acción estatal; las manifestaciones, a un mes de las elecciones, se han convertido en un clamor antiPP. Ninguna solidaridad con los iraquíes, toda la ayuda se prestó, o se intentó prestar, a la campaña electoral de Zapatero.

Entre tanta demagogia, me he encontrado con esta fotografía. Conocida es la costumbre izquierdista de utilizar la juventud para refrendar sus fines políticos. Desde Hitler a Castro, pasando por Stalin o Mao, los adolescentes ha sido un activo en las parodias plebiscitarias de refrendo al déspota. En las anteriores elecciones, fue sonada la aparición de niños de tierna edad en los mítines de Joaquín Almunia. En esta legislatura las manifestaciones contra la LOU y la LCE fueron el pan nuestro de cada día hasta el Prestige y la Guerra.

Sin embargo, esa foto concentra una gran infamia. Primero, por asegurar que en caso de votar, el PP tiene que perder necesariamente. No se concibe que el PP pueda ganar las elecciones precisamente porque se vaya a votar, precisamente porque los españoles les den su apoyo. Mas con ser pretenciosa tal aserción, el hecho de que un niño de poco más de 4 años nos pida a todos que votemos roza el esperpento.

Las ansias del socialismo por valerse de la "sangre fresca" para su campaña, lo han conducido a proclamar patrocinadora de la votación popular a una criatura que desconoce qué son unas elecciones y que, por supuesto, dista mucho de tener derecho al voto. Éstas deben ser las políticas activas para los jóvenes de la izquierda.


ACTUALIZACIÓN: Acabo de ver que Dani también comenta la misma fotografía. Por algo será.

11 de Febrero de 2004

La mala educación

¿Nunca han sido avasallados por ONGs del estilo Intermon Oxfam? Es una experiencia bastante desagradable, sobre todo por tener la certeza de que los problemas del Tercer Mundo no tienen nada que ver con la falta de generosidad del Occidente, sino con las distorsiones gubernamentales al libre comercio de mercancías y capitales.

La caridad es, sin duda, una muestra de magnificencia de la persona; magnanimidad a la que, desde luego, no viene, o no debiera venir, ni moral ni legalmente obligada. Y, por supuesto, la caridad debería proceder de la altruista iniciativa del donante; pese a constituir una inteligente estrategia empresarial, los pomposos piquetes informativos a pie de centro comercial sólo sirven para exhibir una generosidad más que dudosa, para que la mano izquierda, todas las manos izquierdas circundantes, conozcan lo que está haciendo la derecha.

El problema es, insisto, cuando por denegar el consumo de beneficiencia, la donación, los iluminados solidarios de la ONG te empiezan a insultar. Hoy me ha ocurrido. Entrando en el Corte Inglés dos chicas me han llamado consumista y explotador de niños tercermundistas por preferir comprar en el centro comercial a donar dinero a Intermon Oxfam. Como pueden suponer, no me he quedado callado. Pero sí es bueno, al margen de la anécdota, resaltar varios puntos.

Primero que, una vez obtenida una radiografía del perfil ultraizquierdista y reaccionario de esta gente, he llegado a la conclusión de que, lejos de ser inocua la ayuda a Intermon Oxfam, es altamente perjudicial para el Tercer Mundo. Darle dinero significa fortalecer la propaganda a favor del intervencionismo, del control de capitales, de la restricción de la competencia, de los salarios mínimos mundiales y de todas esas patochadas empobrecedoras, responsables de la situación de inanidad de millones de personas. Tras su "hábil" campaña publicitaria de hoy, que descarten perpetuamente un potencial cliente.

He aquí el segundo aspecto interesante. Es conveniente recordar que el hecho de que las personas decidan y prefieran gastar su dinero en los Grandes Almacenes, a cuyo pie se ubican las campañas informativas, sólo denota o bien la pésima campaña informativa que están realizando, o bien el escaso interés que despierta el producto que ofrecen. Pero déjenme que apunte más bien al primer motivo. Conozco pocas empresas que por rehusar comprar su producto, te increpen e insulten. Es una grotesca perversión del principio de soberanía del consumidor; es más, es una perversión de la idea misma de consumidor.

Esta gente cree que los individuos retenemos injustamente un dinero que debiera ir a parar a su ONG. Su cometido, por tanto, no pasa por convencer y persuadir a los consumidores, sino por presionarles. Fruto de su fatal arrogancia, según la cual existen unos fines objetivamente prioritarios a otros, desprecian con insoportable altanería a quien no comulga con sus ruedas de molino.

La consecuencia lógica de este pensamiento izquierdoso es la presión al gobierno para que desvíe partidas de gasto hacia las ONGs. Como son incapaces de convencer a los individuos, recurren al Estado para que coactivamente atraque a los individuos y les entregue el botín. Los fines objetivamente prioritarios justifican los medios más ruines. Así operan, así piensan.

Luego nos sorprendemos al encontrar en algunos foros exhortaciones a las purgas y los campos de concentración. ¿Qué esperar de quiénes creen haber encontrado el rumbo correcto de la humanidad, a cuya consecución deben mancomunarse todo esfuerzo, todo recurso, toda vida? Los que no se achanten y se opogan activamente a su misión mesiánica sobran; se supeditan al fin, todo se supedita a su fin.

Que se olvide Intermon Oxfam de convencerme en lo venidero. Ya tenemos bastante totalitarismo en la sociedad como para sufragar su propagación. Que no cuenten ni conmigo ni con mi dinero; hoy por hoy que puedo elegir, elijo que se vayan al carajo. Precisamente eso les molesta, la libre elección. Ejerzámosla mientras sus ideas no lleguen al gobierno, luego sólo cabrán ignominiosas reverencias.

9 de Febrero de 2004

Marxismo-leninismo en estado puro

Es curioso como los rojos leninistas y stalinistas se tiran los trastos a la cabeza en algunos foros. La pureza ideológica es, desde luego, fundamental. El revisionismo debe ser combatido. No me cabían dudas al respecto. Ahora, sigue sorprendiéndome cómo algunos comunistas, los pacifistas, los opositores a la pena de muerte, siguen reivindicando determinados instrumentos para construir el Edén socialista:

Las purgas, los gulags... yo no voy a ser un payasete oportunista que critique dichos métodos, si con ellos se establece una lucha consecuente por la libertad y el socialismo como bien dices.

¿Qué esperar de los paraísos que se edifican sobre una montaña de cadáveres?

1 de Febrero de 2004

La complaciente normalidad del terrorismo

Viernes noche. Versión española.

- Cayetana Guillén Cuervo: ¿Prevén unos Goyas tan conflictivos como los del año pasado?

- Icíar Bollaín: No, no creo. No están presentes unas circunstancias tan excepcionales como las del año pasado.

Así respondió la galardonada directora de "Te doy mis ojos".

He ahí el resumen perfecto de todo este despropósito. En España no existen tragedias excepcionales; el terrorismo es una lacra que dura más de 30 años. Ya ha perdido toda novedad, toda excepcionalidad; los que no lo sufrimos directamente nos hemos acostumbrado a que otros los sufran, a que otros lo padezcan día a día, en un continuo y perpetuo Estado de Excepción, tal como lo ha denominado Iñaki Ezkerra.

El año pasado tuvimos que aguantar una gala politizada hasta la saciedad, donde el cine brilló, más de lo que ya resulta frecuente, por su ausencia. La gala de los Goya se recordará como la Gala del No a la Guerra. La pésima calidad de las películas, el absoluto fracaso en las salas de cine, fue disimulado tras una hipócrita cortina de humo antibelicista; los perros de Castro condenaban la guerra, ¡cómo si la palanca principal de su despótica revolución no fuera la guerra de clases, la masacre y el exterminio de su clase enemiga!

Pero resulta, que si bien muchos nos hemos acostumbrado a que otros mueran en manos de ETA, si lo observamos en la televisión con una cicatera rutina, como quien ve un documental histórico, otros, las víctimas pasadas y las víctimas potenciales, no olvidan la excepcionalidad de su situación. No olvidan que los hilos de su vida pueden ser cortados en cualquier momento, aún trocando su actividad diaría en la más disciplinada monotonía militar. Aún cuando si ETA no los asesina, habrá acabado con varios años de la vida de los amenazados, aún cuando si ETA no los asesina, sobre todo, habrán tenido que observar como otros como ellos, amigos y familiares, iban cayendo en un incesante goteo.

Vista la capacidad de concentración y movilización que cuatro charlatanes titiriteros obtuvieron con la guerra, Savater les planteó un rechazo de similar envergadura para poner fin al terrorismo etarra. Gritar No a la Guerra, a la muerte de iraquíes, estaba muy bien, pero estaría mejor una solidaridad análoga con la muerte de españoles. Estaba bien oponerse a una guerra cuya duración prevista no alcanzaba los dos meses, pero poner fin a una guerra que ya dura 30 años estaría mucho mejor.

Los actores, actrices, directores y demás multimillonarios revolucionarios se indignaron ante la sugerencia de que los muertos en Irak sólo les importaban en tanto en cuanto eran muertos en el pasivo de EEUU. Ellos, los autodenominados intelectuales, se oponían a cualquier tipo de crimen.

En abril, Castro arrestó a decenas de disidentes y fusiló a tres "terroristas". Querían huir de Cuba, del paraíso de los intelectuales; probablemente para dirigir desde Miami actos vandálicos contra la Isla. Kultura Kontra la Guerra no se presentó en las concentraciones anticastristas. No iba con ellos, la revolución está por encima de cualquier otra consideración.

Ayer se celebraron los Goya; la AVT pidió un rechazo parecido al de la guerra. No lo hubo. Sólo infamias contra las víctimas; acusándolas de represoras y censores; de mamporerras de la derecha; de enemigos de la paz.

¿Y por qué esta asimetría? ¿Por qué una guerra aún no empezada acaparó toda una Gala, todo un unánime rechazo, mientras la oposición al terrorismo etarra ha sido difuminado entre insultos velados a sus víctimas?

En el fondo, porque esta gentuza opina como Icíar Bollaín. No existen circunstancias excepcionales... para ellos. Y la única garantía de que seguirán incólumes al peligro etarra, la única garantía de que nunca tendrán que protestar contra las amenazas de ETA, es hacer precisamente lo que hicieron. Insultar a las víctimas y aplaudir al hijo pródigo del nacionalismo. Compraron su inmunidad; como lo hizo el PNV, como lo hizo Elorza, como lo ha hecho Carod-Rovira. Que no se les desvíe el objetivo a los terroristas. No hacia ellos; la cultura solidaria.

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