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Todo un hombre de Estado: Agosto 2009

30 de Agosto de 2009

Nos vuelven a tomar el pelo y la cartera
Hoy he escrito en Libertad Digital sobre la posibilidad de que el Gobierno concentre su subida de impuestos en las rentas del capital:
¿Adivinan cuál fue el año pasado la recaudación total en el IRPF procedente de las malvadas "rentas del capital"? Apenas 6.900 millones de euros. Con esta estrechísima base recaudatoria, ¿qué piensa hacer Zapatero para reducir un déficit público que rondará a finales de 2009 los 100.000 millones de euros? Porque aún cuando duplique el gravamen de las rentas del capital, ese déficit seguirá ahí, hipotecando nuestro presente y nuestro futuro. Pero es que además, Zapatero sabe que no puede duplicar el gravamen de las rentas del capital. ¿Alguna vez se ha preguntado por qué el capital tributa al 18% y el tramo más bajo de las rentas del trabajo al 24%? Muy sencillo: los capitales son móviles y los trabajadores no demasiado. Cualquier gobierno que no sea el de Argentina o el de Zimbabue es consciente de que si aumenta significativamente la tributación de las rentas del capital, éstas volarán y con ellas la inversión, el crédito y la prosperidad dentro del país. ¿Entiende ahora por qué Zapatero quería eliminar los paraísos fiscales? En efecto, para que no fueran los refugios al infierno fiscal que quiere montar en nuestro país.

dos años después de sus primeros destellos, España es un país cada vez más empantanado en deudas e impuestos. Y todo gracias a un visionario socialista que se empeñó en forzarnos a gastar lo que no teníamos mientras se negaba a reformar cualquier aspecto de nuestro aparato productivo. Ahora es cuando comenzamos a pagar la factura de unos dispendios que no han servido para nada. Cuatro millones de parados, caída histórica del PIB y subidas de impuestos. Esos han sido los exitosos resultados del Plan E y demás tomaduras de pelo y cartera socialistas.
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29 de Agosto de 2009

¿Qué banco quebrará antes?
Leyendo los boletines de Benjamin Anderson en el período de entreguerras, he llegado a un gracioso ejemplo que ilustra que el problema de la banca no es tanto la reserva fraccionaria cuanto la iliquidez que ésta genera. ¿Qué banco creéis que sobrevivirá en tiempos de crisis?

Activo banco A

Pasivo banco A

Reservas 100 oro

Depósitos a la vista 900 oro

Letras de cambio 600 oro

Fondos propios 100 oro

Crédito empresarial a 6 meses 300 oro



Activo banco B

Pasivo banco B

Reservas 300 oro

Depósitos a 3 meses 900 oro

Hipotecas a 50 años 700 oro

Fondos propios 100 oro


El banco B ni siquiera incurre propiamente en reserva fraccionaria y tiene cubiertos con oro el 33% de sus depósitos, mientras que el banco A si tiene depóitos a la vista y sólo tiene cubiertos por oro el 10%. Pues bien, es bastate probable que el banco B quiebre antes que el A, pese a que su coeficiente de caja es bastante menor. Simplemente porque los activos líquidos (rápidamente convertibles en dinero) de A son muy superiores a los de B.

28 de Agosto de 2009

Bernanke sobre el balance

Recurro a un simple ejemplo para aclararles sobre el balance qué ha hecho Bernanke a quienes todavía no lo ven claro. En este caso, me ciño a las definición actuales, esto es, M0 o base monetaria es la cantidad de billetes del banco central más las reservas de los bancos en el banco central (aunque obviamente si el oro fuera la reserva contra la que emite billetes el banco central, debería estar contenido).  

Momento 1 

Dos individuos crean sendos bancos con 100 y 200 onzas de oro respectivamente. 

Activo banco A

Pasivo banco A

100 oro

100 Fondos propios

 

Activo banco B

Pasivo banco B

200 oro

200 Fondos propios

 M0: 0

 Momento 2

El banco A concede una hipoteca a una familia que le compra una casa al promotor por 200 billetes del banco A, quien los deposita en su cuenta corriente en el banco B.

Activo banco A

Pasivo banco A

100 oro / 300 hipoteca

100 Fondos propios / 300 billetes

 

Activo banco B

Pasivo banco B

200 oro / 200 billetes A

200 Fondos propios / 200 depósitos

M0: 0

Momento 3

El banco B le pide al banco A que le entregue 200 onzas de oro, y el banco A le pide una prórroga. Los 200 billetes de A depositados en B se convierten en una deuda de A (a B) en el interbancario y en un crédito de B (frente a A) en el interbancario. 

Activo banco A

Pasivo banco A

100 oro / 300 hipoteca

100 Fondos propios / 100 billetes / 200 deuda en interbancario (a B)

 

Activo banco B

Pasivo banco B

200 oro / 200 crédito en el interbancario (frente a A)

200 Fondos propios / 200 depósitos

 M0: 0 

Momento 4 

El banco B tiene miedo y le pide a A que le entregue ya las 200 onzas de oro para atesorarlas en el banco central. El banco central, temeroso de la iliquidez de A y de su consiguiente quiebra, le compra al banco B su crédito en el interbancario a cambio de un depósito que le da derecho a retirar 200 onzas.  

Activo banco A

Pasivo banco A

100 oro / 300 hipoteca

100 Fondos propios / 100 billetes / 200 deuda al banco central

 

Activo banco B

Pasivo banco B

200 oro / 200 reserva en el banco central

200 Fondos propios / 200 depósitos

  

Activo banco central

Pasivo banco central

200 crédito al banco A

200 depósito del banco B

 M0: 200 um

Esto es básicamente lo que ha sucedido. La M0 (las reservas del banco central) se han incrementado de manera espectacular (en este caso de 0 a 200) pero simplemente porque ha actuado como intermediario en el interbancario. Fijémonos que no hay cambio alguno a la situación anterior en cuanto a transacciones económcias... siempre y cuando el banco B se contente con no retirar sus depósitos del banco central. En el caso de transacciones comerciales a muy corto plazo, semejante hipótesis tiene bastante sentido y, por tanto, pueden cerrarse operaciones comerciales de manera no inflacionista. En una hipoteca a 30 años, donde se pretende influir en la estructura productiva, este supuesto tiene menos base.

Por eso digo que Bernanke no se puso a imprimir dinero o a crearlo de la nada a partir de septiembre: simplemente se limitó a actuar como intermediario en el interbancario, dando sin embargo la impresión de que ésta se multiplicó. Y por eso el problema es que la Fed haya utilizado los fondos del interbancario para comprar MBS a 30 años.

¿Resistirá el dólar otros cuatro años de Bernanke?
Hoy publico en el Instituto Cato un artículo valorando la gestión de Bernanke frente a la totalidad de la crisis, desde agosto de 2007 hasta la actualidad. En mi opinión, la gestión puede dividirse en tres fases y sólo una de ellas ha sido sensata (y con algunos matices). Creo que es un buen resumen de los dos últimos años de política monetaria:
No es que fuera necesario ser un genio para llevar a cabo este tipo de políticas —el presidente del Banco Central Europeo, Jean-Claude Trichet, hizo lo mismo y con menos errores—; en realidad, bastaba con haber leído y entendido a Walter Bagehot. Por muy nocivos que resulten los bancos centrales —sobre todo a la hora de engendrar el ciclo económico— en la medida en que se arrogan el monopolio de la banca de emisión, su política no puede ser la de quedarse de brazos cruzados en medio de un pánico cuando la banca privada dispone de colateral de suficiente calidad.

A finales de diciembre de 2008 y mediados de marzo de 2009, la Fed anunció que iba a utilizar los depósitos de los bancos para iniciar sendos programas de compra de bonos hipotecarios por valor de un billón de dólares y de 300.000 millones de dólares de deuda pública respectivamente. Semejantes planes no tenían nada que ver con el sensato objetivo de evitar una contracción secundaria, sino con un absurdo intento por reactivar el crédito en la economía mediante la reducción artificial de los tipos de interés a largo plazo (lo que en los años 60 se llamó Operación Twist).
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27 de Agosto de 2009

Las consecuencias del abuso del concepto de velocidad del dinero
Cierro la reflexión que inicié sobre los problemas del concepto de velocidad del dinero utilizando un caso práctico: la casi total incompresión que han mostrado la mayoría de economista al ver esta gráfica:



La mayoría se han lanzado a pronosticar la hiperinflación como si les fuera la vida en ello y, la verdad, es que al menos les va parte del sueldo: la parte que le deben al cuantitativismo. Realmente, la gráfica anterior sobre la base monetaria casa bastante mal con esta otra sobre la evolución de los precios:



Y por eso todos se han tenido que refugiar rápidamente bajo el manto protector de la velocidad de circulación. Es bastante gracioso leer a economistas como Sala-i-Martin dando palos de ciegos (tampoco es la primera vez, para qué negarlo) al decir que la Fed se ha puesto a imprimir dinero como una loca cuando probablemente no se haya producido casi nada de esto. La cantidad de diner en circulación crece bastante, pero en línea con otros períodos históricos:



¿Qué ha pasado entonces? Pues por sorprendente que parezca, no ha sido la oferta de dinero la que se ha disparado, sino su demada (en concreto la de los bancos) y esto se refleja en un incremento de las reservas de la Fed que integran la susodicha base monetaria. Sí, es lo que sucede cuando en lugar de pensar en estériles términos cuantitativistas pasamos a pensar en términos de oferta y demanda de dinero y observando los balances de los bancos. Podéis leer mi artículo aquí (aunque recomiendo comenzar con el anterior).

26 de Agosto de 2009

Una recompensa a la mala gestión
Aprovechando las preguntas de algún lector en torno a mi artículo sobre Bernanke y la contracción secundaria, profundizo en algunas de las tesis que allí expuse y cierro reflexionando brevemente sobre los motivos que han podido llevar a Obama a reelegir a Bernanke. De todas formas, tengo pendiente escribir un artículo donde analice de forma más ordenada toda la gestión de la crisis que ha hecho Bernanke entre 2007 y 2009:
A partir de 2009 Bernanke comenzó a prestar, no a corto plazo, sino por períodos de tiempo muy prolongados. Así, inició un programa para adquirir hipotecas a 30 años por importe de un billón de dólares y otro para comprar masivamente la deuda pública que emitía Obama para financiar sus planes keynesianos de estímulo.

Tengamos presente que, siendo optimistas, la Fed no recuperará hasta dentro de 30 años el dinero que ha destindo a comprar hipotecas a valores muy inflados y que había recibido como depósito a la vista por parte de los bancos privados. En el momento en que estos bancos privados quieran retirar sus fondos de la Fed (y previsiblemente lo querrán antes de 30 años), al banco central no le quedará más remedio que, como ya reconocen sus propios directivos, vender a muy bajo precio las hipotecas y diluir el valor del dólar. El billete verde, por consiguiente, podría sufrir un pánico de confianza de la misma manera en que lo ha sufrido hoy el sistema bancario privado.

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25 de Agosto de 2009

De Malthus a Malthus y tiro porque me toca
Hoy publico en la Revista de Agosto un artículo sobre la fuerte correlación que existe entre los períodos de inflación y los pánicos conservacionistas del fin de los recursos naturales y entre los períodos de deflación y las preocupaciones subconsumistas. Ilustro esta contradictoria oscilación en el pensamiento económico con el que probablemente sea el caso más exagerado: Thomas Malthus.
El economista inglés ha pasado a la historia por su Ensayo sobre el Principio de la Población, escrito en 1798, donde pronosticaba que si la población crecía en términos geométricos y los recursos en aritméticos, pronto alcanzaríamos un estado de pobreza generalizado donde no dispondríamos de suficientes bienes de consumo para sobrevivir. Menos conocido, sin embargo, es que Malthus escribió en 1819 sus Principios de Economía Política, cuyo mensaje más importante fue que el progreso económico se veía obstruido... por el insuficiente consumo de la población.

La fase alcista del ciclo se caracteriza por que el sistema bancario, guiado por los bancos centrales, fomenta una expansión crediticia muy por encima del volumen de ahorros reales, proceso que genera una presión excesiva sobre los bienes presentes (todo el mundo compra a crédito mercancías no producidas, por lo que suben los precios); la fase contractiva, por el contrario, se define por que todo el mundo intenta amortizar sus deudas y no toma dinero prestado para consumir: nadie compra a crédito y por tanto se amontonan una gran cantidad de stocks en los almacenes que deben ser liquidados a bajos precios.
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21 de Agosto de 2009

¿Ha combatido Bernanke la contracción secundaria?
Mi amigo y economista austriaco Adrián Ravier publica hoy un artículo muy interesante en Libertad Digital valorando la actuación de Bernanke. Intenta combinar las ideas austriacas ortodoxas con algunas las monetaristas y el resultado es considerar que Bernanke ha pasado de frenada porque la M1 ha crecido demasiado.

En mi opinión, es difícil si no imposibl saber cuál es el nivel óptimo de "oferta monetaria" (signifique lo que signifique este término aplicado a los pasivos de la banca). Y, como sabréis los lectores habituales, apuesto más bien por una síntesis de las ideas austriacas con las de los teóricos de la liquidez (que en realidad también son austriacos porque en buena medida nacen con Menger, pero esto sería otro debate). Así que he publicado una réplica al artículo de Ravier donde coincido bastante sobre su juicio sobre la actuación de Bernanke pero me fijo en parámetros distintos a los suyos: básicamente en qué gestión del activo de la Fed ha hecho el friedmanita. Por cierto, todos estos temas estarán mucho más desarrollados en el quinto boletín de coyuntura del OCE:
Primero, hay demasiada mitología entre todos los analistas, especialmente entre los monetaristas, sobre la magnitud de la expansión monetaria que ha llevado a cabo la Fed. La base monetaria simplemente se ha duplicado no porque Bernanke haya puesto en funcionamiento la imprenta de dinero, sino porque los bancos privados han dejado de prestarse dinero entre sí y se lo han comenzado a prestar a la Reserva Federal (en forma de depósitos a la vista). Dicho de otra manera, en gran medida se trata de un simple efecto estadístico: antes el banco A le prestaba 100 dólares al banco B y ahora los deposita en los baúles de la Fed. Y dado que el dinero que hay en estos "baúles" integra la definición de "base monetaria", las estadísticas monetarian reflejan un incremento brutal de la cantidad de dinero.

Desde el comienzo de 2009 el presidente de la Fed comenzó a meter la pata hasta el fondo, ya que se olvidó del sensato objetivo de prestar sus reservas a corto plazo y puso en marcha su famoso helicoptero inflacionista: la Fed comenzó a utilizar sus reservas a corto plazo para comprar alrededor de 700.000 millones de dólares de activos a largo plazo –entre ellos titulizaciones hipotecarias a 30 años de Freddie Mac y Fannie Mae y deuda pública de los déficits de Obama– para tratar de reinflar el crédito e iniciar una nueva burbuja especulativa. Esto no tiene nada que ver con evitar una contracción secundaria y todo que ver con monetizar deuda pública y jugar a lo que hace 50 años se llamó
Operación Twist.
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20 de Agosto de 2009

La libertad financiera, según Krugman

En el último número de la Ilustración Liberal he escrito una reseña sobre el último libro de Krugman El retorno de la economía de la depresión y estoy preparando una crítica más extensa para Procesos de Mercado. El libro es un brindis al irrealismo, como ya tuve ocasión de explicar cuando analicé su marco teórico.

Una de las cosas que dice Krugman (p. 18) y que se convierte en un hilo conductor a lo largo del libro es:

Por primera vez desde 1917, vivimos en un mundo en el que los derechos de propiedad y los mercados libres se consideran como principios fundamentales, no como expedientes poco generosos; donde los aspectos desagradables de un sistema de mercado –desigualdad, paro e injusticia– se aceptan como realidades de la vida. Como en la época victoriana, el capitalismo es seguro no sólo por sus éxitos –los cuales, como veremos enseguida, han sido muy reales–, sino porque nadie posee una alternativa plausible.

Tontería que repite sistemáticamente a lo largo del libro para justificar las supuestas inestabilidades del capitalismo (p. 103):

¿Eran las economías asiáticas más vulnerables al pánico financiero en 1997 de lo que habían sido, digamos, cinco o diez años antes? Sí, es casi seguro; pero no a causa del capitalismo de compadrazgo, o ciertamente de lo que se considerarían por lo general malas políticas gubernamentales. Más bien se habían hecho más vulnerables, en parte, porque habían abierto sus mercados financieros, porque se habían convertido, de hecho, en mejores economías de libres mercado, no en peores.

No voy a preocuparme por recordar por qué un sistema financiero donde su activo fundamental, el dinero, es un monopolio público de curso forzoso basado en un pasivo inconvertible y que se ha implantado para financiar los déficits gubernamentales y para permitir que sistemas bancarios al borde de la quiebra sigan ganando miles de millones de dólares, no es un sistema libre; aunque tampoco creo que haya mucha discusión al respecto. Me voy a limitar con recordar una de las peores expresiones de este sistema escasamente liberal. Decía Krugman en 2002:

Para combatir esta recesión, la Fed necesita contestar con mayor brusquedad; hace falta incrementar el gasto familiar para compensar la languideciente inversión empresarial. Y para hacerlo, Alan Greenspan tiene que crear una burbuja inmobiliaria para reemplazar la burbuja del Nasdaq.

Mucho me temo que un sistema financiero donde un monopolio público como la Reserva Federal tiene la capacidad de crear (y de hecho ha creado) una burbuja inmobiliaria que ha terminando asolando la economía, tiene poco de libre (casi tan poco como Krugman de teórico monetario). ¿Alguna vez nos libraremos de los keynesianos?

19 de Agosto de 2009

El porqué de los bajos tipos de interés

Uno de los procesos peor entendidos de la crisis actual es por qué los tipos de interés están por los suelos cuando parece que padecemos una “restricción crediticia” en la que, por tanto, el crédito escasea y sus precios deberían ser elevados. Por extraño que parezca, el fenómeno no es nuevo. Acaece en todas las recesiones que no consisten en matar la moneda.

En la actualidad, la explicación convencional suele ser que del mismo modo que se añaden primas por inflación a los tipos de interés, también se pueden sustraer primas por deflación, lo que reduciría los tipos de interés.

La explicación no es del todo convincente, ya que ahora mismo muchos analistas consideran –de manera exagerada y errónea– que nos encaminamos a la hiperinflación y, sin embargo, no están cargando primas por inflación ni siquiera en la deuda a 30 años.

Más lógico es pensar que inflación y tipos de interés van de la mano porque indican la presión relativa de la demanda de bienes presentes sobre la oferta de los mismos. Los precios suben en los períodos de expansión crediticia, porque todo el mundo está dispuesto a endeudarse para tomar el control de una oferta de bienes más o menos rígida (la expansión crediticia es inflacionista porque, como explica la Escuela Austriaca, no está respaldada por ahorro real y, por tanto, los ahorres no han renunciado a seguir demandando bienes de consumo y factores productivos al tiempo que extienden crédito a los deudores para que hagan lo mismo sobre una misma oferta de bienes de consumo y de factores productivos). Los precios caen en los períodos de contracción crediticia porque muy pocos están dispuestos a endeudarse para tomar posesión de los bienes presentes; es más, se generaliza la actitud contraria: desprenderse con altos descuentos de sus bienes presentes para amortizar deuda.

Por consiguiente, la demanda de crédito parece ser el factor que se encuentra detrás de la caída de precios y de tipos de interés. En las épocas de expansión la demanda de crédito crece a elevadas tasas, mientras que ahora se ha desplomado. No es que nadie esté pidiendo créditos, es que nadie –bueno, salvo el Estado– está pidiendo nuevos créditos. Toda la demanda actual por créditos va dirigida a refinanciar a mayor plazo los créditos ya existentes y, por lo general, como digo, se le da la vuelta al proceso liquidando los activos para reducir el endeudamiento y, por tanto, el volumen de crédito.

Conviene fijarse, pues, en que hablo de contracción crediticia y no de restricción crediticia. El crédito se reduce no porque la oferta caiga, sino porque la demanda de nuevo crédito ha caído todavía más (y ello, claro, con independencia de que haya casos particulares de insolventes que pierdan su acceso al crédito). Sería un poco extraño hablar de restricción o de carestía de crédito cuando la demanda se ha desinflado más que la oferta y cuando, en términos agregados, los agentes no están dispuestos a volver a endeudarse.

No sé hasta qué punto todo esto sueña extraño en un mundo de economistas que sólo conciben relaciones matematizables, mecanicistas y rígidas. Pero si no vivieran en torres de marfil y observaran un poco más la actividad de las empresas –que están amortizando tanto como pueden su deuda a corto plazo– quizá lo comprenderían mejor.

Nada, por cierto, que no hayan hecho los economistas de otras épocas. El otro día estaba leyendo “The Federal Funds Market” de Parker B. Willis (hijo del histórico fundador de la Fed –y no por ello meno brillante economista– Henry Parker Willis), un manual de 1957 que la propia Reserva Federal seguía recomendando para conocer el funcionamiento y la evolución del mercado interbancario estadounidense. En aquel momento parecían tenerlo bastante claro:

Un tipo de interés interbancario que tiende a subir de manera persistente indica una demanda de reservas por parte de los bancos mayor que su oferta y una tendencia persistente del tipo a caer sugiere una demanda de reservas relativamente menor que la oferta (…) El tipo de interés interbancario muestra una consistente y generalmente estable relación con las reservas prestadas netas.

Por tanto, ahora que los tipos de interés está bajos significaría que en términos netos el endeudamiento se está reduciendo, esto es, que la demanda de fondos prestables se ha desplomado en relación con la oferta. No es restricción, sino contracción del crédito y, por tanto, es perfectamente lógico que los tipos de interés estén bajos: lo mismo ocurre con cualquier otro bien cuando padece un desplome de la demanda.

8 de Agosto de 2009

Obama no ha salvado la economía
Os dejo el último artículo que he escrito para Libertad Digital que será también el último hasta dentro de unos 10 días. En unas horas salgo hacia Praga y unos días después hacia Budapest, donde estaré hasta el domingo 16. Así que no creo que actualice mucho.

En el artículo que os enlazo trato de explicar tanto desde un punto de vista teórico como práctico (aunque aquí hará falta mucha más labor, supongo que a través del OCE) por qué las políticas keynesianas de Obama no son responsables de la mejoría aparente de la situación económica mundial. Estamos tan instalados en el paradigma keynesiano que muchos se sorprenden de que el mercado sea capaz de recuperarse de las crisis y no se hunda indefinidamente hasta que el mercado lo rescate.

No estaría de más recordar que Schumpeter, en su análisis empírico de la materia, describió cuatro tipos de ciclos según su duración: Kitchin (4 años), Juglar (10 años), Kuznets (20 años) y Kondratiev (60 años). Aunque carentes de contenido teórico, siempre he creído que estas regularidades tendrían bastante que ver con el tipo de sectores a los que afluye el crédito; por ejemplo, las crisis Kitchin son claramente crisis de naturaleza comercial como las que se vivían en el s. XIX al emitirse letras financieras para especular con mercancías. Probablemente la crisis Juglar sea la que más se acerque a nuestras sociedades industriales en ausencia de intervención pública (donde, como en el 29, nos desplazaríamos a la Kuznets), debido a la inmovilización de capital físico y, por recuperar el horroroso concepto de Böhm Bawerk, el período medio de producción. Por tanto, no habría nada raro en que la actual estuviera terminando ya en muchos países y mis grandes reparos están, sobre todo, en los enormes déficits públicos, que parece que se han convertido, después de la bolsa y la vivienda, en la última gran burbuja.

Son una reflexiones al vuelo. En todo caso, aquí tenéis el artículo:
Las crisis no son períodos que duran de manera indefinida (salvo que el Estado las perpetúe con todo tipo de medidas absurdas como sucedió a partir de 1929): hay que purgar los excesos y una vez purgados, volver a crecer sobre bases más o menos sólidas. Esa purga pasa por tres ámbitos: reestructuración empresarial (es decir, que las empresas que no son rentables quiebren o cambien de actividad), ajuste de los precios relativos (por ejemplo, los precios de los inmuebles tienen que caer para que, por un lado, deje de ser rentable producir 800.000 al año y para que, por otro, el exceso de viviendas ya construidas pueda reutilizarse en la incipiente reestructuración empresarial) e incremento del ahorro (para reducir el endeudamiento y financiar la mentada recuperación).

Que Obama se atribuya la recuperación cuando sólo ha ejecutado el 10% de su plan de gasto y cuando la rebaja de impuestos que ha implementado es análoga a la que practicó Bush a comienzos de 2008 sin efecto alguno sobre la economía. No, de momento no ha hecho nada especial que no hiciera Bush y que no fracasara con Bush. Entonces, ¿con qué cara se jacta de estimular la economía? Con la misma con la que su vicepresidente Joseph Biden, cuando pintaban bastos en términos de empleo, decía que sin su plan de estímulo los resultados
habrían sido todavía peores: si las cosas van bien es gracias a mí y si las cosas van mal es a pesar de mí.
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3 de Agosto de 2009

No es el dinero

En mi último artículo en el Instituto Juan de Mariana, zuppi me enlaza una columna de Iñaki Zaragüeta en La Razón, donde plantea que la solución a la crisis pasa por hacer circular el dinero. El ejemplo es sencillo, pero voy a simplificarlo o al menos esquematizarlo más:

A (jefe del hotel) debe 100 euros a B (carnicero), B (carnicero) debe 100 euros a C (criador de cerdos), C (criador de cerdos) debe 100 euros a D (proveedor de pienso), D debe 100 euros a E (prostituta) y E (prostituta) debe 100 euros a A (jefe del hotel)

En el ejemplo se supone que no hay dinero en la economía y que, por tanto, nadie puede saldar sus deudas con nadie… así que aparece un tipo que está dispuesto a prestar 100 euros sin intereses a A (el ruso que deja la fianza de 100 euros por mirar las habitaciones). Gracias a ese préstamo muy a corto plazo, A salda sus deudas con B, B con C, C con D, D con E, E con A y A con su prestamista muy a corto plazo: gracias a la adición de 100 euros en la economía, hemos logrado cancelar todas las deudas.

La moraleja que extrae Zaragüeta es que la gente vive sin deudas y que puede mirar con optimismo al futuro gracias a esta puesta en circulación del dinero. ¿Qué hay de erróneo en este pensamiento? Pues lo siento, pero demuestra que no entendemos casi nada de cómo funciona un sistema bancario moderno.

El sistema de pagos actual es un sistema de pagos por compensación. ¿Qué significa eso? Que si yo debo 120 euros a mi vecino y mi vecino me debe 30 euros, basta con que le entregue 90 euros para saldar todas nuestras deudas. Los bancos funcionan así: los depósitos a la vista son pasivos (obligaciones a entregar dinero) del banco. Cuando pagamos con un cheque o con tarjeta de débito, le estamos dando una orden al banco para que parte de esa obligación del banco con nosotros se la entregue a nuestro acreedor. Por tanto, pagamos a la gente no con dinero (billetes de euro), sino con deuda del banco. ¿Y qué ocurre si esa persona a la que pagamos con deudas del banco a su vez tiene deudas frente al banco? Pues que ambas deudas se cancelarán y se transferirán a una tercera persona o desaparecerán del balance del banco.

En el ejemplo anterior, ¿realmente era necesario que apareciera el ruso? En absoluto. Bastaba con que los ciudadanos se hubiesen reunido, hubieran hecho balance de deudas y créditos y se hubiesen dado cuenta de que no hacía falta que nadie pagara a nadie. Esto es: A le condona la deuda a E a cambio de que E se la condone a D, a cambio de que D se la condone a C, a cambio de que C se la condone a B y a cambio de que B se la condone a A. ¿Complicado? Tal vez, para eso están los bancos: aunque no hubiese dinero en circulación en la economía, podrían llevar su contabilidad en euros y dar órdenes de pago sucesivas hasta que todos los créditos se compensaran con todas las deudas.

Como ya expliqué aquí, el dinero puede utilizarse para liquidar deudas, pero no es su función esencial. Su función esencial es la de liquidar los saldos deudores netos, esto es, aquellos que no pueden pagarse por compensación. En el ejemplo anterior, imaginemos simplemente que E le debiera a A 120 euros. ¿Qué haríamos? Pues el prestamista ruso sería de poca ayuda ya que quedaría un saldo acreedor neto de A por 20 euros con respecto a E. Ese es el límite del pago por compensación y donde entra (o debería entrar en juego) el dinero.

En todo caso, y por resumir, el artículo de Zaragüeta se equivoca en que:

a)      No hacía en absoluto falta que circulara el dinero en metálico para saldar las deudas, porque todas las deudas tenían un idéntico vencimiento, monto y condiciones.
b)      No se crea riqueza por ninguna parte, ya que todas las transacciones económicas se habían realizado ya, sólo quedaba pendiente su pago.
c)      Es opinable, como dice Zaragüeta, que la gente mire el futuro con más optimismo después de la operación. Cierto, ahora nadie tiene deudas, pero tampoco nadie tiene créditos (A tenía antes un derecho de cobro frente a E, por ejemplo), de modo que todos se quedan igual, en esencia porque aunque no se habían liquidado las deudas, nadie debía en realidad nada a nadie.

2 de Agosto de 2009

Juan Velarde reseña "Una crisis y cinco errores"
Lo hace en Expansión y de manera bastante positiva: Un sano libro sobre la crisis.

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