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Todo un hombre de Estado: Marzo 2007

28 de Marzo de 2007

Las Damas de Blanco, por Timmy

En la primavera del 2003, la dictadura militar encabezada por Fidel Castro Ruz lanzó una terrible ola represiva contra aquellos cubanos que manifestaran su discrepancia con en régimen. Periodistas, sindicalistas y pacíficos opositores fueron represaliados en base a Ley 88 de 1999, conocida como la "Ley Mordaza", severamente criticada por su arbitrariedad y la discreción que otorga a los jueces. 

A resultas de esas medidas, fueron detenidos y encarcelados 75 cubanos (conocidos desde entonces como Los 75). De ellos, tres obtuvieron la “licencia extra penal” y están exiliados: el poeta y periodista Raúl Rivero, el escritor y periodista independiente Manuel Vázquez Portal, y el activista político Osvaldo Alfonso Valdés. Otros once se hallan en libertad condicional en Cuba. El resto de los 75, la mayoría periodistas, se pudre en las prisiones castristas, sufriendo condiciones de reclusión infrahumanas, junto a presos comunes y con frecuencia a mucha distancia de sus familiares, obligándoles a desplazarse largas distancias en un país donde el transporte está en crisis y viajar es un problema.

En abril del 2003, las madres, esposas, hijas y hermanas de Los 75 se unieron para reclamar justicia para sus familiares. Son las Damas de Blanco. Después de cuatro años de lucha, estas mujeres no han cesado en su empeño, con el mismo coraje y humildad con el que comenzaron. Laura Pollán es una de ellas, una de tantas. Su marido, Héctor Maseda Gutiérrez, de 62 años, ingeniero electrónico, con un posgrado especial en física nuclear y un notable currículum, fue condenado a veinte años de cárcel, sin razón aparente. La historia de Héctor Maseda no es la de un anticastrista recalcitrante. Más bien el régimen, al que apoyó en sus comienzos, fue arrinconándole contra las cuerdas, poniendo a prueba su intachable honestidad. De esa manera, cayó en desgracia y fue hostigado laboralmente, como casi todos los cubanos, y empujado a la disidencia por integridad moral.

Laura acude a la iglesia de Santa Rita a seguir protestando y recibe en su casa al resto de las Damas de Blanco y a los cubanos de bien que acuden a ayudarla o a apoyarla, aunque sea con una charla. Como hizo Timmy (cuyo nombre no aparece por no perjudicar a terceras personas), un cubano de a pié, que escribió las siguientes reflexiones después de visitar a Laura en la primavera del 2007.

Las Damas de Blanco, por Timmy

-¿Y tú quién eres?-  Fue la primera pregunta que me hicieron. ¿Quién soy? No soy nadie. Solo otro cubano cobarde. Saludé tontamente y como un autómata. ¿Qué les podía decir? No les llevaba nada, me miraban queriendo adivinar si yo llevaba alguna noticia, si les traía alguna esperanza aunque fuese mentira. Pero no. Yo solo tenía vergüenza, por no hacer nada, por no querer hacer nada. No sabía el nombre de ninguna, no reconocía las caras. Solo traía mi propio miedo de ver un día sentadas, a mi madre, a mi esposa, a mi hermana, a mis tres hijas esperando algo y que llegara un idiota sin palabras de consuelo, sin nada que dar, solo desconcierto.

-¿Tú eres cubano? Y el sí recibido con desilusión.

¿Por qué la pregunta, por qué la desilusión? Es fácil, porque lo único barato en Cuba son los cubanos. Porque los cubanos somos más fáciles de clasificar. Algunos usan una voz autoritaria que piden prestada para amedrentar mujeres. Otros son buitres que ven el dolor con ánimo morboso, buscan una anécdota para contar en las colas. Hay más categorías. Yo soy de los cobardes, de los que en cuatro años no hizo nada, ni siquiera ir un día a hacer el tonto. Los que  llevan porras son malvados, el resto son inútiles. Por eso la pregunta es ineludible, allí y en todas partes.

Había dos extranjeros, corresponsales de alguna revista extranjera de "interés general". Recibí sus preguntas con hostilidad: ¿Desde cuándo conoces a las Damas de Blanco?, ¿Por qué viniste a visitarlas?... ¡Dios santo! Soy cubano nada más, parezco imbécil (y lo soy) pero vivo en Cuba, no soy sordo. Tú vienes de un mundo en que la gente come y se viste según su gusto, y no corres ningún riesgo de ser encerrado por escribir sobre las Damas de Blanco. Si acaso, te mandarán a casa y serás una celebridad de un día cuando cuentes con cuanta delicadeza te trataron los que te subieron al avión. Por eso mi contrapregunta: ¿Son de alguna revista deportiva? Para arrepentirme enseguida: no están allí por mí, nada sé de ellos y aunque sea sólo el morbo lo que los guía, tengo incluso que agradecerles: por la razón que sea, al menos estaban. Y ellos son inocentes, su vida es tan miserable como la de otro cualquiera, y son importantes solo para su hija o su madre o su esposa, indefensas e incapaces de cuidarlos. Solo los protege un frágil mandamiento de los gobiernos «No dañarás al vasallo de otro». Y su propio gobierno, por torpe y que repugnante que pueda verse, suscribe el mandamiento: «Cuidarás de tus vasallos». A diferencia del ¿nuestro? que sigue una variante distinta y más simple: «Harás daño».

Yo puedo, aunque soy un cubano cobarde, hablar de gobiernos, de alternativas. Pero Las Damas de Blanco no. Tienen más motivos, acumulan más sufrimiento, pero son cubanas y como tales, no tienen preferencias, no tienen gustos. Hay cubanos que sí, por ejemplo Fidel, quien atacó un cuartel del ejército y llevó a la muerte a más de 200 personas, en la cárcel comía jamón con membrillo y presumía de gourmet. Robaina vestía ropa negra porque le gustaba. Los cubanos comen y se visten lo que se encuentran por ahí, sólo Dios sabe como las Damas de Blanco consiguen ser las Damas de Blanco, porque gusto, no, no lo creo. Y la ropa trae una mordaza. No pueden hablar de gobiernos, de política, de otros cubanos. No pueden hablar del bien y del mal. Solo pueden llorar, solo pueden pedir que vuelvan a sus vidas los seres queridos. Les está vedado hablar de cambios, el régimen que encierra hijos,  esposos, hermanos y padres no se siente lo bastante fuerte para ser cuestionado: la única ceremonia que admite es la de Príamo rogando al matador de su hijo. No son un movimiento político, ni mantienen  otra demanda que libertad para su familia. Y el término significa en Cuba regresar a ser un delincuente en libertad condicional. O la suerte onerosa de licencia extrapenal, que el régimen usa como moneda para que sus víctimas no se le mueran entre las manos. Las Damas de Blanco son "apolíticas", un eufemismo para designar la desesperación: -«tómalo todo, pero devuélveme a mi hijo, a mi marido, a mi hermano, a mi padre»- Pero hasta manifestar el dolor es demasiado para la excesiva sensibilidad de los tiranos que las llama traidoras, mercenarias, lo que se les ocurra esa vez. Por el camino a la casa menudean los carteles de «Los cinco héroes», espías profesionales que fueron atrapados. El dolor es el mismo siempre, pero ¡cuánta diferencia en los atributos del dolor! Sus mujeres reciben llamadas en sus teléfonos celulares mientras se distraen en algún hotel. Me alegro por ellas, aunque soy rencoroso, no puedo dejar de pensar en que tienen algo que nos han quitado antes. Las mujeres que vi en casa de Laura murmuraban sobre un café inexistente, cambiaban de sitio un colchón, tenían paredes y cordeles llenos de papeles manuscritos con letras de colores que trataban fuesen artísticos. Yo los leía con esfuerzo, imaginando sus conversaciones: - «Que lo escriba Fulanita, que lo hace más bonito»-; -« No, mejor hazlo tú»- Por deformación profesional, miraba todo, con ganas de cambiarlo, de ordenarlo, de hacerlo inteligible, como miro las obligatorias consignas cursis de los murales de los centros de trabajo. Y me maldecía por pensarlo, ¿a quién rayos le importan todas esas mariconadas de tipografía, efectos de luces, razón aurea, distribuciones…? Recuerdo haber visto hace un tiempo una foto tomada en el ángulo correcto, con colores perfectos…Representaba un desnutrido niño africano siendo acechado por un buitre. Supuestamente, para conmovernos por la pobreza. Yo admiraba la técnica, y odiaba al fotógrafo que buscó una foto "inmortal", pero sin tiempo para salvar al niño. Y allí comprendía de pronto que yo era ese fotógrafo. Yo leí las noticias de "los 75" durante cuatro años, contento de no estar entre ellos. Y ellos, y las Damas de Blanco eran algo ajeno, su dolor era abstracto, cuando fui a visitar a Laura, pensaba en una charla tú a tú, quizás con intromisiones, pero manejable: «Hola que tal», «Muchas gracias por venir». Yo sería un tipo amistoso que la apartó momentáneamente de un trabajo doméstico, y podría retirarme feliz conmigo mismo, hablando de ayudas posibles.

Pero no esperaba encontrar tantas miradas, ser un foco de atención, desilusionar a tanta gente de golpe. No esperaba ni quería escuchar conversaciones fragmentarias, «…hace dos meses...», «…trasladar…», «…la visita…», sentirme como el elefante en la cristalería.

Y allí estaba yo, sentado junto a Laura, en parte por una confusión de palabras, en parte por incapacidad para simplemente largarme, balbuceando tonterías, mirando preguntas en sus ojos, haciendo y recibiendo frases hechas. Laura tenía prisa, necesitaba unirse a las demás y hablar con otros, que le llevasen esperanzas, no conmigo. Yo era un bicho raro, quizás un provocador, y en el supuesto de que dijese la verdad, ¿qué verdad era esa? ¿Qué compartía su dolor? Mentira. Yo sólo era un cubano despistado, que dejaría preguntas y comentarios. -«¿A que vino este?»-; -«¿Tenía que venir hoy?»-;  -«A mi me pareció de la seguridad»-. Ojalá alguna diga, aunque sea sin convicción, por mera manía de polemizar: -«A mí me pareció sincero»-

Mi papel fue fácil: soy el cubano imbécil y cobarde que crea ruido por nada. Es un papel secundario, intrascendente, con pocos bocadillos. Cualquiera puede hacerlo. Yo lloré, pero no es imprescindible. Mis lágrimas no eran falsas, pero eran por mí, me sentía avergonzado, ridículo y culpable. Eran solo un signo de que me quiero mucho. Y tenía rabia, mucha rabia, por eso, porque mis culpas son mías, pero no dejaba de pensar en los carceleros y porque una de mis hijas dice que yo no sé llorar, nunca lo ha visto. Y ahí estaba yo, normalmente un comemierda presuntuoso, con ¡lágrimas! En una habitación extraña, rodeado de perfectos desconocidos, sin ningún motivo creíble para ello. Y enfrente, nada que golpear, solo una mujer de sonrisa apurada, llena de urgencias, para quien yo era solo un estorbo.

¿Qué más queda por decir? ¿Pedirles perdón por entrometerme? No vale la pena, sería un nuevo entromentimiento, un reclamo de atención absurdo. Y yo, en realidad, no necesito ni merezco   que me perdonen, que me griten y me vituperen sería más lógico, pero no lo harán. Pero algo he logrado. Le prometí a Laura volver y puesto que no se negó, le tomaré la palabra para que le cuente a mi hija, un suceso baladí, con muy poco sentido. No sé si me comprenderá. Pero espero que ustedes sí, ustedes que fueron encerrados por cosas pequeñas y apenas importantes: solo una decisión a la vez, un día tras otro.

19 de Marzo de 2007

¿Puede el Estado calcular?

El lunes pasado escribí en el Instituto Juan de Mariana un artículo sobre la imposibilidad del cálculo económico y, en concreto, por qué no es un problema restringido a una sociedad sin propiedad privada, sino también de cualquier tipo de Estado.
Las actividades del Estado carecen por completo de coste ponderado del capital. El Estado obtiene los fondos que necesita o bien mediante la confiscación (impuestos) o bien mediante el endeudamiento público. En ambos casos, no existe ninguna rentabilidad mínima exigible a la actividad del Estado que quepa incluir en su cálculo económico.

La ausencia de un auténtico coste de oportunidad del capital –ausencia que es consustancial a la naturaleza del Estado y de su sistema impositivo– imposibilita el cálculo económico y en definitiva la satisfacción de las necesidades prioritarias de los individuos. En otras palabras, todo el capital que acapare el Estado será distribuido de manera aleatoria entre sus estructuras productivas y además en proyectos que tenderán a ser útiles, no para los consumidores, sino para la subsistencia de los políticos.
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11 de Marzo de 2007

Víctimas sin derechos

Este martes pasado escribí en Libertad Digital sobre el caso De Juana Chaos. El objeto de mi denuncia es distinto al de la mayoría de los medios de comunicación y coincide en buena medida con el de Alberto (aquí y aquí) y parcialmente con el de Kantor. Básicamente denuncio la expropiación del derecho de restitución de las víctimas de De Juana por el Estado y su disposición espuria por parte del gobierno:
El caso de De Juana Chaos es un ejemplo perfecto de cómo la justicia pública es sólo un instrumento en manos de los políticos para satisfacer su propia agenda de conservación del poder. El PSOE ha desairado las legítimas exigencias de las víctimas de De Juana para santificar un proceso que, hoy sí, es una declaración de rendición en toda regla. Un cheque en blanco expedido para contentar el voraz apetito etarra y girado contra fondos ajenos.

Recordemos una idea que no por sencilla está lo suficientemente clara: Zapatero carece de cualquier legitimidad para decidir sobre la condena a De Juana. Y esto por una sola razón: Zapatero no es víctima de De Juana, no ha sufrido ningún daño por el que pueda exigirle reparación.
 
Los únicos que tienen derecho a decidir sobre el futuro de De Juana son sus víctimas; ni la sociedad, ni el Estado, ni siquiera las víctimas de otros terroristas tienen poder alguno sobre De Juana –y mucho menos sobre los derechos de restitución que ostentan las víctimas de De Juana.

10 de Marzo de 2007

¿Qué es un plan? Respuesta a las críticas

Aunque estaba esperando a que Bilbaopundit completara la respuesta a mi post antes de volver a escribir, dado que ya ha pasado un tiempo prudencial procederé a contestarle.

Ya adelanto que su post es un buen ejemplo de la falacia del hombre de paja y de un sectarismo ciego antiancap que niega cualquier argumento del contrario simplemente por ser contrario. Me temo que Bilbaopundit está más empeñado en reafirmar su esquema ideológico –y reafirmárselo a sus lectores- que en debatir y esclarecer la controversia. O eso o simplemente no ha entendido nada de mi post.

Subjetivismo y psicología

La primera crítica de Bilbaopundit a mi definición de plan (a saber: Un plan es una relación programada entre fines y medios) es que los "planes" a los que se refiere el blogger son puramente subjetivistas, y se mueven por consiguiente en el plano de la psicología o la etología, de los sentimientos (como el "asco" o el "miedo") pero no tanto en el plano de la economía política.

Lo cual resulta tremendamente incompleto porque los "planes" (subjetivos) del homo economicus resultan ser cogenéricos con los "planes" que también siguen individuos de otras especies no humanas.

Dado que mi conocimiento sobre el obrar animal es más bien reducido tomaré como ciertas a efectos dialécticos las afirmaciones de Bilbaopundit sobre los planes que siguen algunas aves para elaborar rudimentarias herramientas y alcanzar así frutos en lugares poco accesibles. Tan sólo quiero recalcar que mi definición era una relación programada entre fines y medios, esto es, una relación representada mentalmente por el agente entre medios que puede reconocer y fines que espera alcanzar; lo cual desconozco si sigue encajando en los comportamiento animales que Bilbaopundit trae a colación. Pero en realidad, es del todo indistinto para nuestro debate.

El hecho de que otras especies pudieran trazar planes en el sentido de mi definición en absoluto la desmerece. Para ello sería necesario encontrar un caso de plan que no encajara en mi definición (demasiado restrictiva) o un caso de no-plan  que encajara (demasiado genérica); pero el hecho de que otros seres –aparte de los humanos- puedan desarrollar planes ni prueba ni refuta nada.

Ni siquiera lo hace desde el punto de vista de la economía política. Es cierto que la economía no estudia hoy el comportamiento animal, pero no porque no puedan trazar planes, sino porque no pueden trazar planes lo suficientemente complejos como para desembocar en una comunidad económica de división del trabajo e intercambio (cataláctica).

Si ciertos supuestos fueran ciertos (que los animales pudieran reconocer los medios empleados y configurar una relación tecnológica para un fin) podríamos incluirlos en el apartado marginal del intercambio autístico o intrapersonal de la praxeología, pero poco más.

Eso sí, en caso de que en el futuro desarrollaran planes más complejos y se interrelacionaran mediante procesos productivos y de intercambio, nada obstaría para que la praxeología también sirviera para estudiar cómo los animales dan lugar a precios, estructuras productivas y medios líquidos.

Por tanto, la definición de plan, a falta de mejor crítica, sigue en pie. Que un animal pueda trazar un plan sólo significa eso: que puede trazarlo, no que trace algo distinto a un plan.

Finis operis et finis operantis

La siguiente crítica de Bilbaopundit es que no distingo entre el finis operis y el finis operantis. El primero es intrínseco a la misma obra y el segundo es el que pretende extrínsecamente el que obra. Por ejemplo, quien restringe su consumo es para ahorrar con independencia de para qué ahorre (inversión, aplazamiento del consumo, precaución…). El finis operis coincidiría con las implicaciones necesarias de la acción y el finis operantis con la expectativa del actor.

Bilbaopundit cree que esto es grave porque los planes y programas se convierten en programas de la economía política en la medida en que dejan de ser subjetivistas, de modo que trascienden mi perspectiva subjetivista y cogenérica. Vamos, que a la hora de hacer ciencia no pueden contemplarse solamente las intenciones de los agentes sino que hay que analizar las repercusiones objetivas de sus acciones además de sus intenciones.

No sé de dónde ha deducido Bilbaopundit que yo me opongo a semejante conclusión. Supongo que de alguna presunción atomista o nihilista sobre mis ideas. No, no soy un seguidor de Lachmann, Shackle y otros ultrasubjetivistas. Por ahí no vamos bien.

Coincido con Mises cuando afirma que es en el subjetivismo donde reside la objetividad de nuestra ciencia. Y, por supuesto, coincido conmigo mismo cuando dije que la economía obtiene su objetividad reconociendo la subjetividad del valor; y es que es un "hecho" objetivo que el valor es subjetivo. La economía no se pregunta por las "motivaciones" de ese valor, precisamente porque el ámbito de la formación de los fines en la mente humana corresponde a la psicología.

Pero esto no tiene nada que ver con no distinguir entre finis operis y finis operantis a la hora de definir plan. Que existan regularidades en las acciones que los individuos puedan analizar como observadores externos al margen de la causa psicológica que haya motivado esa acción, no implica que el finis operantis quede excluido como dato del análisis económico. En cierto modo, el finis operis de toda acción teleológica por definición es la de lograr el finis operantis (como categoría).

Por consiguiente, la definición de plan del actor debe contener por necesidad el dato de su fin, en cuya ausencia el plan carecería de sentido; y ello con total independencia de que el finis operis quede incluido conscientemente o no en el plan trazado. Uno puede conocer la trascendencia objetiva de su acción (restrinjo el consumo para ahorrar) o ignorarla (impongo un control de precios para garantizar el abastecimiento), sin que por ello la definición de plan sufra lo más mínimo.

Como ya dije en el propio post, los planes son relaciones programadas (conocimiento de la trascendencia objetiva) pero que incorporan en ocasiones conocimientos de los que ni siquiera somos conscientes o que, al menos, su explicación última no resultaría de muy difícil formalización (ignorancia de la trascendencia objetiva).

Me temo que tenemos un ejemplo de lo que apuntaba antes: criticarlo todo sin ton ni son aun cuando se esté de acuerdo para tratar de reafirmar una posición ideologizada.

Atomismo e instituciones

Por último, Bilbaopundit cree derivar de mi definición de plan un peligroso racionalismo constructivista que ya Hayek se encargó de tildar de “falso individualismo”, esto es, la idea de que no existe nada al margen del individuo y que, por tanto, todo cuanto existe ha sido una creación deliberada del individuo (incluida las instituciones sociales como el derecho).

Dice Bilbaopundit que Aristóteles rechazaba la visión subjetivista extrama (que yo defiendo, supongo) porque descarta que la ciudad pueda fundamentarse en una relación entre individuos aislados, como la perspectiva holista, totalitaria, puesto que reconoce que el fin de la vida política no es sólo el bien genérico de la comunidad, sino la felicidad específica de los individuos.

De nuevo Bilbaopundit crea un hombre de paja, espero que ideas preconcebidas y no por falta de ideas. En mi anterior post explicaba que: La particularidad de estas instituciones espontáneas era que, sin ser resultado de ningún plan, eran útiles para la totalidad de los individuos que decidía utilizarlas. Las instituciones lograban coordinar a los individuos sin necesidad de mandatos coactivos: el orden era el resultado no intencionado de las acciones de los individuos.

De hecho, Bilbaopundit rechaza que mi afirmación de que la génesis de la institución es el plan individual. Algo que no sólo tiene a toda la historia económica en su contra, sino incluso a asunciones muy elementales sobre la naturaleza humana.

Como digo, se me endosa interesadamente una postura que yo no he defendido en ningún momento. Aseverar que la génesis de la institución es el plan individual (seguido inmediatamente del matiz de que No porque la institución sea fruto de un plan individual) es muy similar sino equivalente a la explicación que dio Adam Ferguson sobre el orden espontáneo y que tantas veces cita Hayek: “resultado de la acción humana pero no del diseño humano”.

El plan es génesis de la institución porque las instituciones son resultado de la acción humana. La institución no es fruto del plan porque no son resultado del diseño humano. El plan es el principio sobre el que surge la institución, lo que no significa que el plan construya la institución.

Aun así, Bilbaopundit sigue perdiéndose tratando de refutar al hombre de paja aun cuando ello suponga reafirmar el resto de mi post. Como refutación de mi malinterpretada afirmación dice: El hecho de que no llevemos más de 5 millones de años machacando nueces con las piedras, como otros primates, tiene mucho que ver con el desarrollo de la intencionalidad compartida que da lugar a la evolución de las instituciones.

 Básicamente, la intencionalidad compartida establece la empatía humana como el presupuesto de la cooperación y de la innovación; cooperación que modifica las instituciones hacia cursos no previstos por ningún plan individual.

Una piedra que se intenta tirar contra mi tejado, sólo que Bilbaopundit se equivoca de casa. El tejado ese no es mío, lo lamento. De hecho, si vamos al final del post que enlaza el blogger tenemos una hipótesis para explicar de dónde surge esa intencionalidad compartida: La emoción es un buen candidato para explicar la formación temprana de esta habilidad [intencionalidad compartida] (…) que se relaciona con las redes de placer y dolor, y se sabe que está relacionado con la motivación y la habilidad para planificar.

Pim-pam-pum. Ahora resulta que las emociones y los planes son compañeros inseparables de la intencionalidad compartida, que según Bilbaopundit es un factor determinante para fabricar una explicación sobre el surgimiento de las instituciones opuesta a la mía. Lástima que escribiera esto: El asco y el miedo son dos ejemplos de emociones que hemos ido incorporado evolutivamente en nuestra psicología. El lenguaje y el dinero son dos ejemplos de instituciones que son fruto de una larga evolución por prueba y error.

Estos medios forman parte de nuestros planes de un modo casi insconsciente y sólo para acciones muy específicas (un show de televisión donde se practica la escatofagia; comercio exterior; comunicación con extranjeros) disponemos deliberadamente de ellos.

 Emoción-plan-institución. Qué de cosas escribe un subjetivista extremo.

Menos mal que Bilbaopundit remata su teoría de las instituciones para dejarnos claro las enormes diferencias que existen con la que acabo de exponer: Los "planes objetivos" son esencialmente diferentes de los fines de los operantes o agentes individuales (humanos o animales). El comportamiento proléptico específicamente político de los seres humanos está, además, determinado en buena parte por las tradiciones y el pasado histórico (algo paralelo a la "anamnesis" platónica). De aquí que los planes y programas humanos (políticos) conduzcan muchas veces a resultados inesperados o errores con respecto al curso inicialmente planeado. La historia no es un proceso autodirigido conscientemente diseñado por el hombre, y no parece muy realista la pretensión de tomar algún día "las riendas de nuestro destino", como pronosticaron Marx o el mismo Popper.

Vamos, que en los planes influyen tanto las tradiciones como los errores. Cosa que yo, claro, nunca dije cuando escribí que: Estos medios [emociones e instituciones, donde queda incluida la costumbre] forman parte de nuestros planes de un modo casi insconsciente. Tampoco tuve en cuenta la influencia del error sobre la acción y la institución al escribir que: Las instituciones pueden adolecer continuamente de vicios o errores tecnológicos y praxeológicos.

Si el individuo yerra –y creo que esto lo recalqué varias veces- obviamente su curso de acción no coincidirá con el esperado, y en tanto ello suceda los comportamientos de otros seres humanos podrán mimetizar pautas erróneas dando lugar a instituciones que contendrán ese error (por ejemplo la costumbre bancaria de endeudarse a corto y prestar a largo que a su vez ha estimulado la emergencia de otras instituciones como los seguros de crédito).

La adscripción voluntaria a la religión

Por último, Bilbaopundit también lee mis palabras sobre la religión de un modo extraño. Yo dije: Las religiones organizadas pueden ser fruto de adscripción voluntaria y no por ello dejar de ser espontáneas, en el sentido de que los individuos armonizan sus propios planes y no se convierten en medios necesarios de los planes (de las organizaciones construidas) ajenas.

Y Bilbaopundit se escandaliza: Constituiría, creo yo, una burda caricatura de la historia del cristianismo, una pintura de la historia de los concilios que los mostrase como el resultado de muchas pinceladas individuales "armonizando sus propios planes". La "adscripción voluntaria" de los fieles a las religiones realmente existentes es una idea que, sencillamente, no tiene lugar. Los católicos no se adscriben voluntariamente al credo de Nicea, una vez que son sumergidos en agua bautismal mucho antes de alcanzar una edad compatible con la responsabilidad, y ni siquiera los reformados y protestantes podían escoger un credo diferente al que decidiera por ellos el príncipe.

Yo no he dicho que el cristianismo haya sido siempre una religión de adscripción voluntaria, sino que los cristianos (hoy) se adscriben voluntariamente. Lo cual tampoco quiere decir, como Bilbaopundit parece entender, que se adscriban sin ningún tipo de influencia exterior, sino que permanecen en la religión sin que nadie les coaccione a ello. Cuestión distinta es la influencia que la costumbre pueda tener en esto, al fin y al cabo ya dije que muchas veces las instituciones se incorporaban en los planes de manera inconsciente, por lo que acudir a una ceremonia religiosa puede ser un plan voluntario pero influido por la tradición.

Conclusión

Por desgracia en este post sólo he encontrado unas ansias enormes de hacer encajar mis ideas y afirmaciones en el molde preconcebido y prejuicioso que Bilbaopundit tenía sobre los libertarios. Eso se ve, por ejemplo, al afirmar que la opinión libertaria sobre las instituciones es que son fruto de la “construcción racionalista”. No me cabe duda de que esta será la opinión simplista de muchos libertarios, pero no es LA opinión de los libertarios. Parece como si Randy Barnett, Bruce Benson, Butler Schaffer, Huerta de Soto o Anthony de Jasay, no pintaran nada en el movimiento libertario (No me cabe duda de que, habida cuenta de las ideas que algunos tienen sobre los libertarios, para ellos sí que no deben pintar).

La voluntad de construir conflictos artificiales para distanciarse del adversario y no verse afectado por las conclusiones de su análisis parece poco honesto. Espero el post donde Bilbaopundit entre en la auténtica sustancia de nuestras discrepancias (esto es, la segunda parte de mi post) y se deje de marear la perdiz sobre cuestiones en las que existe un acuerdo en lo esencial.

En todo caso, este primer post suyo dirigido a criticar mi definición de plan y de tratar de mostrar como su caracterización subjetivista me lleva a degenerar en el constructivismo institucional es del todo fallido. Los planes son subjetivos aun cuando se basen en elementos objetivos y tengan consecuencias objetivas, previstas o no que a su vez influyen y condicionan los planes de otros individuos. Nadie dijo que el plan para ser subjetivo deba fijarse en el vacío. Sólo una lectura rebuscada podría llevar a tal conclusión.

7 de Marzo de 2007

Plan, error e institución
Bilbaopundit critica el último artículo de Jorge Valín. Buen intento (fallido). Si no lo hace el propio Jorge, probablemente lo haga yo más adelante. De momento me conforme con comentar la parte que a mí me concierne.

Resulta que en el mismo artículo de Valín, un comentarista se planteaba cómo compatibilizar el análisis hayekiano del orden espontáneo con un supuesto constructivismo o deconstructivismo ancap. ¿Qué sentido tiene defender la abolición del Estado si nos coordinamos mediante la institución del derecho?

Mi muy sucinta respuesta fue:
Es cierto que el derecho es un conjunto de comportamiento pautados fruto de la evolución social. También es cierto que ese derecho no puede ser planificado por ninguna mente concreta e impuesto a través de mandatos sobre una colectividad con ánimo de coordinarla.

Pero
precisamente por eso el anarcocapitalismo tiene mucho más sentido que el estatismo. ¿Acaso hoy en día el derecho no está siendo planificado e impuesto por el gobierno y los grupos parlamentarios? Por tanto, ¿en qué medida puede dar lugar a resultados positivos sobre quienes lo reciben impuesto?

Ningún ancap propone la imposición de un texto absolutamente detallado sobre cómo resolver todas las controversias habidas y por haber. Más bien considera que el surgimiento y la evolución del derecho debe producirse a partir de otros centros de poder (propiedad privada) derivados de unos principios éticos muy generales pero que son funcionales y consistentes. Cosa que no puede decirse del Estado.
Bilbaopundit, en los propios comentarios de su crítica a Valín, también responde a mi reflexión:
Otra vez la misma historia…como si el liberalismo político estuviera de algún modo en contradicción con la evolución de las instituciones. Esto es lo mismo que decir que, puesto que la religión no ha sido “planificada” por ningun hombre singular o institución, entonces las religiones organizadas no tienen ningún porvenir y serán sustituidas por la mística aleatoria individual.
Me temo que el autor confunde los términos de plan, orden o espontáneo. Sin ánimo de ser exhaustivo, efectuaré algunas matizaciones sobre esta idea y luego apuntaré los errores más flagrantes del blogger.

Plan

Un plan es una relación programada entre fines y medios. Un curso subjetivamente concebido de acción con el que pretendemos realizar nuestro objetivo. Todo individuo planifica constantemente: escoge medios y los dispone en una determinada estructura tecnológica.

Muchos de estos planes incorporan en ocasiones conocimientos de los que ni siquiera somos conscientes o que, al menos, su explicación última no resultaría de muy difícil formalización. El ejemplo clásico es aprender a montar en bici, pero existen muchos más: rechazamos medios que nos producen sensaciones adversas (asco), intentamos evitar las zonas oscuras (miedo), damos la mano para saludar o utilizamos el dinero para obtener bienes a cambio de los que queremos.

El asco y el miedo son dos ejemplos de emociones que hemos ido incorporado evolutivamente en nuestra psicología. El lenguaje y el dinero son dos ejemplos de instituciones que son fruto de una larga evolución por prueba y error.

Estos medios forman parte de nuestros planes de un modo casi insconsciente y sólo para acciones muy específicas (un show de televisión donde se practica la escatofagia; comercio exterior; comunicación con extranjeros) disponemos deliberadamente de ellos.

Los individuos también pueden asociarse por creer que un colectivo social -conscientemente creado- será capaz de crear planes más adecuados para sus decisiones particulares. Esto es, una asamblea de individuos reflexiona y planifica cuál debe ser el curso de acción de sus componentes. En realidad, en tanto los grupos sean de creación consciente, el individuo sigue planificando por sí mismo: el grupo es un medio para alcanzar sus fines. Ejemplos pueden ser una asesoría, una congregación religiosa, un club de inversión o un tribunal de arbitraje.

El grupo es útil para los individuos precisamente porque es una parte de sus planes. Mientras siga existiendo, la descoordinación que el grupo pueda llegar a generar (como conciliación de otros planes) es un problema menor a la coordinación fines-medios que sus partes creen que obtienen como resultado.

Instituciones

La interacción entre los distintos planes individuales, esto es, entre individuos y grupos de individuos da lugar a las instituciones. Una institución no es más que una serie de comportamientos pautados que sirven para facilitar la interacción entre los individuos que las usan.

La génesis de la institución es el plan individual. No porque la institución sea fruto de un plan individual, sino porque los comportamientos pautados generalizados aparecen tras ser copiados de otros planes individuales exitosos. El primer plan exitoso no configura la institución, sino sólo su propia relación fines-medios; la ulterior imitación de ese plan ya no es fruto de su decisión, sino de la de otros individuos que la adoptan por creer que es un medio adecuado para sus fines.

Una importante virtud de toda institución es que se produce una experimentación descentralizada de planes exitosos. Dado que cada individuo imita una conducta exitosa, tan pronto como aparezcan defectos o errores en su configuración, tratará de modificar su conducta. Otros individuos con fines análogos (o que tengan la perspicacia suficiente para incorporar mejoras en planes ajenos a los propios) en tanto observen esa modificación aun más exitosa, la copiarán y la generalizarán.

Claro que aquí hay dos problemas. Primero, los comportamientos pautados, como ya he dicho, no siempre se incorporan de un modo consciente, de modo que muchas veces la costumbre no tiene por qué ser el medio más adecuado para un fin, tan sólo el medio más habitual (en ocasiones habitualidad implicará comodidad y, por tanto, optimalidad). El segundo problema, es que las modificaciones exitosas sólo se incorporan una vez experimentado el error y una vez valoren e interioricen ese error ajeno. Si las consecuencias del plan son a muy corto plazo, es relativamente problabe que el error se manifieste, se reconozca y se corrija. Ahora bien, si los errores aparecen en el largo plazo y mezclados con otros resultados de otras acciones, es posible que ni se hayan manifestado, ni se les reconozca relación de causalidad ni, en definitiva, sean corregidos.

La influencia del error sobre la institución

Conviene distinguir entre dos tipos de errores. El primero es el error tecnológico o error relativo a los medios. El segundo es el error praxeológico o error relativo a los fines. Mientras que el primero puede minimizarse mediante una mejor información (si hiervo el agua no se congela por tanto si quiero cubitos para el cubata es inútil que ponga agua en el fogón), el segundo es un componente relativo a la elección y como tal no cabe efectuar predicciones apodícticas sobre su ocurrencia o falta de ocurrencia. Tan sólo cabe señalar que "es posible" que el ser humano yerre en la elección de sus fines: primero quería ir al cine pero una vez dentro me dejó de apeteer (no debería haber elegido ir al cine).

Las instituciones pueden adolecer continuamente de vicios o errores tecnológicos y praxeológicos. A quienes pierden la fe la religión les parecerá un error en retrospectiva; habrán escogido mal sus fines (error praxeológico). Quienes consideren que un apalancamiento continuado de sus estructuras productivas y financieras acorde con los bajos tipos de interés fijados por el Banco Central es un buen método para enriquecerse, se terminarán arruinando (error tecnológico). Tanto la religión como el crédito, desde un punto de vista subjetivo, eran instituciones erróneas para ciertos usuarios.

El error praxeológico, como digo, tiene imposible prevención. En cambio, el error tecnológico puede reducirse con mejor información: existen restricciones físico-técnicas y praxeológicas en todo plan. Si quiero volar, mejor no salto por la ventana. Si quiero jubilarme con holgura financiera más vale que no consuma todos mis ahorros en alcohol y deje mi trabajo.

Esto nos traslada de lleno al primer problema que habíamos apuntado con respecto a la evolución institucional: su perpetuación cuasi inconsciente.  Si no validamos la conveniencia de la institución, ¿acaso no se convertirá en un fósil que seguimos por mera costumbre? Pero, ¿cómo validarla de un mejor modo?

Tres sistemas de coordinación

Básicamente se me ocurren tres formas de solucionar los errores y las degeneraciones de una institución. La primera es crear la institución de manera centralizada. Los errores se aprecian por los creadores de la institución y son corregidos una vez se han creado. La segunda pasa por que cada usuario de la institución tiene completa libertad para modificar su comportamiento incluso para dejar de usarla. La tercera combina ambos métodos: un núcleo de la institución es creado de manera centralizada y son corregidos conforme sus creadores los observan pero al mismo tiempo se permite la libre modificación para cuestiones accesorias que vayan surgiendo de manera conexa.

El primer método es el totalitarismo. La coordinación social se concibe como fruto del plan de un individuo o de un grupo. Es importante diferenciar los planes de estos grupos impuestos, de los planes de los grupos voluntarios que hemos tratado antes. Los grupos voluntarios se siguen integrando en tanto se crea que son útiles para los fines de cada miembro. Los grupos impuestos no; se mantienen (por razones que no voy a tratar ahora) a pesar de que sólo son útiles para algunos de sus miembros.

Este método de corrección o prevención de los errores resulta muy problemático. Cuanto más centralizados y omnicomprensivos sean los mandatos, menor relación tendrán con los fines de los individuos a quienes pretenden coordinar. Es más, en relación con los medios carecerán de la herramienta del cálculo económico y sus decisiones no se dirigirán a la satisfacción armónica de los planes más urgentes.

Por si fuera poco, los errores de los planificadores sólo se corrigen cuando ellos se dan cuenta y no cuando los padecen los miembros con una información mucho más local, concreta y valiosa (con respecto a sus fines).

Por tanto, a) el plan impuesto no se dirige a satisfacer los fines de aquellos a quienes se les impone, b) aun en los casos en que parte de un plan impuesto pudiera resultar parcialmente útil, tendrá que ser apreciado por alguien que no se encuentra en la posición de quien ha experimentado el error para con su fin.

Lo que significa que los mecanismos de coordinación se vuelven inútiles y rígidos.

El segundo método podría coincidir con el anarcocapitalismo si las decisiones se toman sobre la jurisdicción de la propiedad privada (lo que no significa ni negar la existencia de conflictos ni de agresiones contra la propiedad privada). En este caso, cada individuo incorpora su acción y los medios sobre los que tiene jurisdicción a sus propios planes y copiará los planes que considere más adecuados.

Como digo, lo importante es que quepa la posibilidad de solucionar los errores tecnológicos, no que indefectiblemente se vaya a lograr. La ventaja es que los individuos pueden experimentar descentralizadamente sin imponer sus planes a nadie. Serán copiados en tanto otros individuos observen que esos planes son mejores que los suyos y, del mismo modo, cabrá la secesión tan pronto como alguna parte de los miembros localice algún error que se manifestará a largo plazo.

Esta secesión precipitará la corrección y la catarsis de los comportamientos pautados ajenos (en tanto el abandono de la institución les impone trabas a continuar coordinándose con personas que incluso podían ser parte de sus planes) y la experimentación volverá a comenzar tomando en cuenta aquellos elementos que resultan útiles para los planes individuales.

Además, hay que tener en cuenta que la reconfiguración de los planes erróneos supone una oportunidad de arbitraje empresarial para aquellos que consigan crear planes más adecuados para los demás. La diferencia entre imponer el plan, como en el modelo anterior, a proponerlo, como en este, es que cada individuo selecciona las propuestas empresariales en términos de valor: se desprende de una parte de los recursos que domina y se los entrega -en una relación win win- a otro que gran perspicacia quien, a su vez, los mantiene en tanto en cuanto siga realizando propuestas adecuadas o no interfiera en los planes ajenos.

Por tanto la mejora de la institución es posible mediante la armonización de planes individuales y de propuestas de planes individuales que dependen en última instancia de que la secesión sea un recurso factible.

Por último tenemos la propuesta de gobierno limitado, minarquista, centrista o como queramos llamarla. Aquí un grupo de planificadores fijan el sustrato sobre el que las relaciones humanas tienen que edificarse y a partir de ahí las dejan a su libre configuración. Los individuos se coordinan creando normas y cláusulas entre ellos que tienen como fundamento el núcleo creado por los planificadores.

El problema es que la definición y extensión de ese núcleo es una decisión arbitraria e impuesta que adolece de los mismos problemas que los planes más desarrollados y detallados: esto es, imposición del plan a un colectivo de individuos que no tiene la posibilidad de secesionarse.

Siendo así, son los creadores del núcleo institucional los que tienen que decidir cuándo ese núcleo ya no sirve y conviene modificarlo y cómo y hasta dónde hay que hacerlo. Los planes derivados de ese núcleo jurídico, por consiguiente, sufrirán por necesidad una modificación impuesta (pues su fundamento variará cuando otros elijan que varíe) limitando las oportunidades de armonía de planes que puedan surgir. No digo que no existan, sino que éstas en todo caso serán menores que en el segundo caso por reducir el ámbito dispositivo de los pactos.

Si el núcleo jurídico se petrifica, deberán ser sus creadores quienes centralizadamente lo aprecien y lo modifiquen. El cambio no dependerá de intercambios descentralizados de recursos ganar-ganar, sino de decisiones tomadas colectiva y conscientemente que sólo reproducen el patrón constructivista de la institución. La evolución depende de la razón omnisciente de quienes decidan conservar, cambiar o destruir el núcleo jurídico y sus errores de percepción necesariamente arrastrarán con ellos a todos los miembros: hayan percibido el error o no lo hayan hecho.

Por tanto, esta "tercera vía" delega el cambio a unos agentes que carecen de información sobre las circunstancias y los planes individuales concretos y no permite que los usuarios corrijan las degeneraciones de la institución que afectan al núcleo jurídico.

Los errores de Bilbaopundit

Con estos antecendetes, voy a responder a Bilbaopundit. Vuelvo a traer a colación su comentario:
Otra vez la misma historia…como si el liberalismo político estuviera de algún modo en contradicción con la evolución de las instituciones. Esto es lo mismo que decir que, puesto que la religión no ha sido “planificada” por ningun hombre singular o institución, entonces las religiones organizadas no tienen ningún porvenir y serán sustituidas por la mística aleatoria individual.
El liberalismo político sí contradice parte de la evolución de las instituciones, en concreto de la parte sobre la que trate de imponer las decisiones a quienes no tengan la oportunidad de secesionarse. La imposición imposibilita la prueba y el error descentralizado y subyuga a individuos a planes que pueden ser inadecuados para sus fines (erróneos). La evolución de la institución es en su esencia fruto de la construcción racionalista y no de la interacción de planes individuales.

Las religiones organizadas pueden ser fruto de adscripción voluntaria y no por ello dejar de ser espontáneas, en el sentido de que los individuos armonizan sus propios planes y no se convierten en medios necesarios de los planes (de las organizaciones construidas) ajenas. La organización religiosa no es necesariamente un ejemplo de planes impuestos cuyo reverso es la mística aleatoria. Afirmar esto y no entender qué es una institución espontánea se me antojan equivalentes. En tanto voluntaria, una asociación es medio consciente de un plan de acción individual; del mismo modo que la mística aleatoria es otro plan individual que puede ser menos eficiente -para lograr el fin- que la organización.

Las empresas son fruto organizaciones voluntarias más eficientes que actuar como Robinson Crusoe. Pero a diferencia del liberalismo político, el trabajador -salvo que asimilemos la retórica marxista- no está coaccionado a permanecer en la empresa, sí el ciudadano en las instituciones "creadas" por los liberales políticos.

Cuestión distinta es que, aun cuando fueran impuestas, tengan más o menos porvenir. Muchos errores (y la fe puede ser para algunos un error) pueden no destaparse jamás si quienes imponen el plan son suficientemente hábiles. En estos casos no conviene hablar de error, sino de ilusión perpetua.

Una organización impuesta puede expandirse más que un orden espontáneo por razones ajenas a la eficiencia con que se satisfacen los planes de sus miembros. Un ejército muy numeroso de esclavos podría someter a una aldea de hombres libres. La expansión no sólo está relacionada con la utilidad y la eficiencia de los usuarios de la institución, especialmente cuando parte de esos usuarios ya son empleados deliberadamente como medios.

Por tanto, una cosa es el plan, otra la imposición, otra la institución, otra la organización y otra el atomismo social. Mejor distinguirlo antes de construir místicos discursos aleatorios.

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