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Todo un hombre de Estado: Noviembre 2004

30 de Noviembre de 2004

Respuesta económico-institucional a Marcel Coderch

José Carlos ha redactado dos posts respondiendo a Marcel Coderch sobre los fenómenos económicos que una economía desregulada tiene a su alcance para frenar los efectos de una escasez transitoria de fuentes de energía. Es, en ese sentido, al que creo que debe circunscribirse la discusión.

Me voy a tomar la licencia, con la aquiescencia de José Carlos, de incorporar un tercer post a la discusión, dado que el tema sobre la viabilidad futura de energía podemos enforcarla desde una triple perspectiva: física, económica y económico-institucional.

Para la física, doctores tiene la Iglesia, y entre otros, por lo que he visto, Marcel. De hecho, ese es precisamente su gran error, enfocar el tema de la obtención de energía para la acción desde una perspectiva absolutamente cientista, complementada por una visión económica errónea, y una peor concepción institucional del mercado que, como con acierto la calificó Carpio, antropomórfica.

José Carlos ha contestado tratando de explicarle cuáles son los mecanismos de los que los individuos, mediante nuestra acción mayormente no intencionada, disponemos para solucionar ese problema. En realidad, su brillante argumentación es un caso particular -el más importante si cabe- de cualquier escasez de bienes complementarios en la mayoría de los procesos de acción. No voy a añadir nada entre muchas otras razones porque doctores también tiene la Iglesia.

Pero, finalmente, llegamos al tercer enfoque que, a mi juicio, es el más devastador para las tesis de Coderch. Dado que ya he mantenido un conato de discusión, y José Carlos me ha cedido la vez, comenzaré con la crítica económico-institucional.

El problema, en realidad, es otro caso particular a cómo el ser humano es capaz de solucionar los problemas inherentes a su naturaleza. Coderch tiene razón en que el recurso al mercado per se no es una respuesta a problemas tales como continuar procesos productivos basados en la explotación de unos recursos físicamente finitos. Que los recursos energéticos terminarán algún día, en caso de que su explotación, por muy productiva que fuera, continuara, es una verdad económicamente innegable. De hecho, dudo que nadie la haya negado, pues afirmar que los recursos son físicamente infinitos (otro tema es que, según Reisman, a efectos prácticos sean infinitos) equivale a afirmar que no existe escasez (si bien, éste es un tema controvertido para la teoría económica, pues en todo caso existiría una escasez temporal)

Por ello, mi punto de partida no debe ser, a diferencia del de José Carlos, cómo prolongar la escasez de energía hasta el punto de que, posiblemente, encontremos una fuente energética alternativa. El análisis de José Carlos es, a mi juicio, empresarialmente correcto, es decir, escruta lo que a mi juicio sucederá, especialmente, si creemos como Mises que el empresario es aquél que mira el futuro con ojos de historiador.

El análisis económico-institucional no necesita partir de ahí, no debe partir de ahí. Supongamos que Coderch tiene razón, y ceteris paribus la tiene sin duda a largo plazo, (si bien, la condición ceteris paribus aplicada a un análisis dinámico no puede ser más equívoca), es más, pongámonos en una hipótesis bastante negativa, peor a las que suelen proponer los catastrofistas (creo). Imaginemos que, en 30 años, todo el petróleo del mundo habrá terminado. Insisto, esta previsión ceteris paribus se basa en supuestos cuya previsión nos resulta imposible de asegurar apodícticamente, pues se basa en nuestro estado presente de información que se supone completo y, sobre todo, inalterable. Cualquier perturbación, en un sentido positivo o negativo para las energías, alterará inevitablemente esa previsión.

Pero bien, supongamos a efectos dialécticos, que los recursos petrolíferos terminarán en 30 años. En este sentido, creo que hay dos posibilidades: a) que pueda existir una solución tecnológicamente alternativa, b) que no exista.

Empecemos por b), la más sencilla, a su vez tenemos dos posibilidades: b1) no intervenir, b2) intervenir (no sé muy bien en qué sentido, puesto que -puedo equivocarme y si es así, pido disculpas- Coderch insiste en que debemos reflexionar sobre el problema, en busca de soluciones, sin proponer de momento ninguna -lo cual no es, en absoluto, una objeción a su propuesta) Si nos situamos en b), por tanto, la cuestión se traslada a una discusión sobre el momento en el que debe aflorar la crisis energética en que nuestro actual modus vivendi retroceda a límites más primitivos. La discusión puede parecer atractiva, pero entraría más bien en el plano ético.

Pero vayamos a a) que, me parece, es en la perspectiva en que debemos situarnos ante la incertidumbre de si existe una solución o no (si partimos de la base de que no existe, aunque la hubiera, me temo que sólo por serendipia la encontraríamos). Es en este sentido, siguen existiendo dos posibilidades a1) no intervenir y confiar que en 30 años se encuentre una solución o a2) racionar de alguna manera los recursos, frenar el crecimiento y conceder un mayor plazo a la sociedad para que encuentre esa solución.

Creo, aunque obviamente puedo equivocarme, que estas son, grosso modo, las dos posibilidades. Asumo, repito, que los mecanismos correctores de los precios que tan bien describe José Carlos ya han operado y que así se mantienen. Incluso, es posible asumir, como parece probable, que durante esos 30 años la economía vaya progresivamente marchitándose (en caso de no encontrar ninguna solución), en especial, con respecto al crecimiento que una provisión constante de energía nos hubiera permitido alcanzar.

Aún así, me temo que hay que distinguir dentro de a1) otras dos posibilidades, o extremos de un rango de posibilidades. Por un lado, que la sociedad, aún ante la expectativa de un pronto fin de la energía, siga consumiéndola como si tal destino no fuera a llegar (o incluso incrementando el despilfarro como si de un venidero Apocalipsis se tratara) o, en el otro lado, que la sociedad prevea su destino a 30 años vista y, descentralizadamente, genere una serie de procesos de ahorro y racionamiento voluntario, totalmente restrictivos, para prolongar su nivel de vida. Qué ocurriría es imposible de prever, si bien ninguno de ambos extremos resulta probable. Eso sí, ocurra lo que ocurra dentro de una sociedad no intervenida, podemos asegurar una cosa que la diferencia de a2), y esa diferencia constituye el quid del análisis económico-institucional.

En a1) los planes intertemporales de los sujetos serán plenamente compatibles a través del sistema de precios. Cierto que, en buena medida -en una gran medida-, la correcta compatibilidad de esos planes dependerá de que los agentes hayan sido capaces de anticipar cuál será la evolución de los precios (recordemos que mantenemos la premisa de que, aún con el sistema de precio, en 30 años los recursos terminarán); pero lo importante es que los individuos, de manera descentralizada, pueden, ante sus errores de previsión, corregir rápidamente sus planes. De manera que existe una tendencia a que esos errores se minimicen, si bien, es cierto, una cierto error en la acción es inevitable (de ahí surge precisamente el beneficio). Lo que vengo a significar es que los recursos se usarán de una manera en que, en general (tan en general como en tiempos de abundancia, pues la abundancia no elimina el error), los recursos se ordenarán, aún ante la previsión de su fin, de una forma que permitan a los individuos satisfacer sus fines.

Esto significa que, entre los planes de los individuos a cuya satisfacción se dedicarán eficientemente los recursos, esté también presente un plan, o una búsqueda del mismo, para solucionar la situación posterior al fin de los recursos (salvo que todos los individuos rehúsen hacerlo en cuyo caso las pretensiones reguladoras carecerían de sentido). Es decir, el individuo no planifica sólo para la acción inmedita, de hecho, nunca planifica para la acción inmediata; toda acción se dirige hacia un fin futuro y, en tanto requiere un tiempo de planificación anterior, toda acción es planificada antes de nacer (esta es una consideración puramente misiana; es importante no confundirla con el evolucionismo hayekiano -basado en las consecuencias no intencionadas y planificadas de la acción-, de hecho, importantes austriacos como Cubbedu lo hacen y llegan a conclusiones extravagantes: que toda acción haya sido previamente planificada no significa que toda consecuencia de la acción, ni mucho menos, lo haya sido)

En otras palabras, uno de los fines probables de los individuos (esta afirmación no informa ni de la cantidad de recursos, especialmente temporales, que cada individuo debe dedicar a tal fin), de todos los individuos (y ello incluye empresas), será la búsqueda de una solución al momento posterior a que la energía haya terminado, pues esa solución constituye un bien de orden superior (un medio anterior) para la utilización de todo un sistema productivo que eleva infinitamente sus posibilidades de acción. Es decir, la solución a ese problema es un requisito para las posteriores posibilidades de acción. Conviene matizar que la búsqueda de todos los individuos no sería, ni tendría porque ser, una búsqueda científica, sino de nuevos tipos de energía no pensados o de otras formas de ahorro; en otras palabras, salvo milágros inesperados, de los individuos con escasos recursos para la inversión, no podrían esperarse probablemente energías que mantuvieran, ni siquiera de manera lejanamente similar, el nivel de vida basado en la explotación del petróleo, esa búsqueda correspondería a las empresas. Quede claro, que la estructura de costes convertiría en auténticamente rentable toda búsqueda de energías alternativas ya que en última instancia quedaría justificado incluso la utilización de todo el capital existente en el mundo destinado a tal fin. No olvidemos que apelar a los costes (es decir, a la utilización alternativa de ese capital) tendría escaso sentido puesto que ese capital no tendría usos alternativos sin energía. Digamos que, en el límite, podrían llegarse a usar todos los esfuerzos, descontando los fisiológicos, de los que dispone la sociedad para encontrar tal solución (no digo que se hiciera, digo que podría hacerse de una manera descentralizada y, sobre todo, respetuosa con los fines individuales)

Por supuesto, aún así, todo ello no garantizaría que se encontrara una solución al problema. Sólo traza el camino de la posibilidad a1) para encontrarla.

Vayamos ahora a la otra posibilidad, a2). En este caso, un individuo, un grupo o toda la sociedad concertadamente, se dedicarían a racionar los recursos para (supongo) prolongar su duración y buscar una solución en ese mayor lapso. Ciertamente, las posibilidades de racionamiento son muy amplias; un buen racionador podría incluso prolongar el uso de esos limitados recursos (30 años en libre mercado) durante 1000 o 10000 años, si bien las consecuencias posiblemente fueran la muerte de buena parte de la población y, a los efectos que nos interesan, retroceder a una economía de subsistencia, donde los planes de búsquedas de solución quedaran totalmente desplazados por la necesidad diaria de sobrevivir.

Y ese ejemplo hiperbólico quizá ilustre los problemas que la posibilidad a2) contiene. Todos, y digo todos, los planes individuales previos a la deliberación colectiva sobre el uso de recursos, se verán modificados por incluir en buena medida datos (en el sentido hayekiano) que no se corresponderán con el racionamiento colectivo. Eso significa que todos los planes se subyugarán al plan colectivo y, todas las acciones futuras, deberán basarse en las previsiones hechas por ese plan colectivo. Esto significa, necesariamente, que una perturbación no prevista en el plan colectivo necesariamente arrastrará a la perdición todos los planes individuales posteriores subordinados al mismo. Hay que recordar, por tanto, que si toda acción humana es falible, es importante que esos fallos afecten sólo a las prospecciones de algunos individuos, permitiendo a otros la experimentación, por su cuenta y riesgo, de la prueba y error. Es por ello, que la descentralización de esfuerzos supone una multiplicación de los intentos por hallar una solución, frente al plan colectivo trazado que somete y guía el paso de todas las decisiones individuales (no existe auténtica descentralización de esfuerzos, sería algo así, para emplear la jerga administrativa, como una desconcentración)

De ahí que la afirmación hayekiana de que ciertos regulaciones puedan generar una seguridad a todos sus individuos (en este caso, seguridad frente a un fin de los recursos a 30 años vista) implica la ineludible consecuencia de hacer a la sociedad en su conjunto más vulnerable frente a alteraciones externas no previstas. Y no olvidemos que en las organizaciones sociales, en los planes sociales, en tanto destinados a un fin (racionar para tener más tiempo durante el que buscar una solución) y diseñados por mentes humanas, el componente de los datos que se asuma constante para su ejecución resulta fundamental. Una alteración en esos datos supondrá la quiebra, en su conjunto, no sólo del proyecto colectivo, sino de todos los desconcentrados proyectos individuales. Y nada vuelve una planificación colectiva menos vulnerable que una individual (si acaso más vulnerable -y aquí ya entraríamos en las consideraciones misianas sobre la imposibilidad del socialismo que, podemos por una vez eludir)

Además, hay otro elemento, derivado del anterior, por el cual se resiente la búsqueda de la solución. Como hemos dicho, los planes individuales que deberán someterse al colectivo (en tanto sean incompatibles o parcialmente incompatibles), suponen una desconcentración del plan colectivo; en otras palabras, supone una extremidad del plan colectivo. No existe, en ese sentido, una individualidad creadora de los planes; los planes individuales sometidos al colectivo son meras especialidades, meras asignaciones funcionales a cada sujeto, destinados al fin último. La prueba y error de cada sujeto es la prueba de error de cada rama del plan colectivo (véase de que, en todo momento, estoy partiendo de la falaz hipótesis de que existe una perfecta coordinación entre todos los miembros del plan colectivo). Si el plan colectivo parte de hipótesis erróneas, utiliza medios equivocados o no considera factores externos que afectarán a su desarrollo, el plan en su conjunto quebrará. Pero lo importante aquí, es que se elimina la genuina función empresarial de los individuos, su genio creador, y si la sustituye por una función empresarial previa y congelada (en la organización) del planificador o los planificadores. Como con acierto señalaba Hayek, existen dos posibilidades para decapitar la función empresarial, o bien se le asigna un fin al sujeto (cosa que ocurre en buena medida en este caso) o se le asignan unos medios que, indirectamente, estarán determinando el fin (cosa que ocurre completamente en este caso)

En definitiva, cada plan colectivo para la búsqueda de una solución constituye una apuesta a una jugada; sólo con la reforma de cada plan colectivo podremos buscar nuevas soluciones. Pero aquí existe otro problema fundamental, ¿cuándo podemos afirmar que un plan colectivo ha fracasado? ¿cuál debe ser el umbral temporal para ello? Fijémonos que el período al final del cual se esperan los resultados sigue siendo un dato subjetivo, considerado por el planificador, que no tiene porque corresponderse con la realidad. Si ese dato yerra, todo el proyecto se derrumbará sobre sí mismo. Evidentemente, un plan consuntivo de recursos escasos sin resposición no puede perdurar eternamente (en ese caso, la jugada del planificador social sería única), pero si se fija un plazo de abandono inferior a la maduración de los procesos, el proyecto se abandonará antes de obtener una solución, con todo el despilfarro que ello ocasiona.

Además, las posibilidades de desarrollo social y del conocimiento dentro de una organización preconcebida se basan, en buena medida, en las previsiones sobre la evolución de éste; lo cual lo deja en una posición de flagrante inferioridad respecto a la alternativa a1). Imaginemos que hace 20 años, implementamos un racionamiento de los recursos; es muy posible que una de las decisiones tomadas, hubiera sido la de no permitir el uso creciente de algunos electrodomésticos por todos los hogares. Es probable que entre estos electrodomésticos hubiera estado presente el ordenador. En todo caso resulta verosímil pensar que el desarrollo de la informático hubiera experimentado un severo retroceso, habida cuenta de la reducción de posibilidades de beneficio derivadas de una necesario limitación del uso de la informática. De eso ser así, y aún suponiendo que Internet si hubiera aparecido, en esa sociedad racionalizada, la gran mayoría de la gente no hubiera tenido acceso a Internet o, al menos, un acceso similar al actual. El intercambio de información, de discusión, de reflexión y de esfuerzos que, por ejemplo, en estas discusiones, está teniendo lugar, nunca se hubiera producido.

Por ello, la innovación empresarial (empresarial entendida en el sentido kizneriano, esto es, la empresarialidad de todos los individuos) se vería seriamente constreñida a la mera innovación de los científicos o de los delegados estatales, a su vez, subordinados al plan colectivo. La información, sus usos y experimentaciones, quedaría seriamente frenada (en relación con el camino a1) y las innovaciones serían comparativamente inferiores.

Todo ello sin contar que, en muchas ocasiones, los esfuerzos individuales cuando se les impone un plan especialmente restrictivo con los medios a su disposición se basan precisamente en evadir esas restricciones para, finalmente, cumplir sus planes individuales. Además, en muchos casos, la satisfacción derivada de muchos proyectos individuales se sitúa como medio previo al seguimiento de ulteriores planes (o al seguimiento en condiciones de ulteriores planes) Un ejemplo, si bien no exactamente relacionado con el caso de los recursos, sería el hambriento que antes de ponerse a estudiar necesita o quiere comerse un bocadillo. Obviamente, puede ser coaccionado a estudiar, pero sus rendimientos serán notablemente inferiores. Podemos sustituir, en este caso, el fin bocadillo por cualquier otro fin individual insatisfecho por la restricción de recursos y obtenemos un ejemplo aplicable a esa construcción racionadora.

En definitiva, los defectos de seguir el camino a2), esto es, hacer "algo" (sea lo que sea ese algo, si bien tendrá que ver con la coacción sistemática a los planes de los individuos) genera una serie de conflictos que, en mi opinión, la hacen comparativamente mucho menos atractiva que seguir la opción a1) para resolver el problema. Ello no significa que, obviamente, la solución no pudiera aflorar siguiendo la opción planificadora, y sí tuviera que hacerlo en el caso de seguir la opción del orden espontáneo. Pero en definitiva, la controversia se resolvería por el genio individual; lo cual, hace pensar que ese genio individual podría perfectamente aflorar en una sociedad sin fin último impuesto.

En este sentido, me parece que la perspectiva económico-institucional tiende a plantear las alternativas que existen a los problemas inherentes a la naturaleza humana. Una alternativa, la del orden espontáneo, genera las consecuencias para que se abra un proceso múltiple, diversificado, descentralizado y con una vasta información en desarrollo y creciente interrelación, donde los errores individuales no generan una recurrencia universal de errores; otra, la de la planificación, constriñe las posibilidades de la función empresarial a un ámbito tan reducido como la ejercida en origen por el planificador, hasta el punto de que no existen auténticos procesos de prueba y error, sino sólo uno, el colectivo.

Quizá por ello, Marcel confunde erróneamente el mercado como panacea necesaria con el mercado como marco para una panacea probable; y en todo caso, una institución social que tiende a minimizar los errores, maximizar las pruebas y multiplicar los intercambios de información, todo ello acorde con los fines individuales. ¿Puede caber todo ello en la mente del planificador?

24 de Noviembre de 2004

¿Tan poderosos somos?

De manera prácticamente simultánea se ha dado la agradable casualidad de que dos bitácoras distintas han mostrado su preocupación con Redliberal. Desde luego no es comparable al artículo de Berlín que nos dedicaron en el País, pero no deja de ser gracioso que unas 50 personas, las que formamos Redliberal, entre bloggers y activos lectores, estemos poniendo tan nerviosa a la ilustrada y omnipotente izquierda.

El primer ejemplo lo encontramos en el Blog de Manu. En él, usando de una manera un tanto mejorable las subordinadas relativas, enlaza Redliberal con "Nuevas élites". Ya será menos. En todo caso, atención a uno de sus comentarios: Y es que amigos, ser progresista ya no está de moda. Ahora se lleva ser liberal. Vaya, quién lo hubiera dicho en España, país gobernado por ZP, el presidente más respaldado de nuestra historia. Mucho temóme que el liberalismo, aunque creciendo, todavía tiene una influencia nimia en nuestra sociedad. Eso sí, la preocupación de la izquierda demuestra que por primera desde hace mucho tiempo ven amenazado su dogma. ¿Es qué acaso lo progresista no será el liberalismo?

El otro ejemplo es de órdago. El blog "Lata de Sardinas" ha declarado la guerra a Anti-izquierdismo.info: LA LATA DE SARDINAS HA DECLARADO LA GUERRA AL BLOG WWW.ANTI-IZQUIERDISMO.INFO. SUMATE A LA GRAN OFENSIVA CONTRA LA ESTUPIDEZ! Se ve que el discurso pacifista sólo sirve cuando viste, esto es, de vez en cuando. No sólo sugieren una escaramuza preventiva, sino una GUERRA PERMANENTE; deberíamos ir construyendo las trincheras. Qué bueno es el debate.

Un extranjero que visite algunos blogs progres de este país se pensará que neoliberalismo salvaje ha invadido España gracias al poder de persuasión del entramado masónico de Redliberal. Casi, pero no.
Encadenando el dinero

Dani acaba de publicar un artículo mío en respuesta a otro de Ignacio Escolar en el que propone la pintoresca idea de nacionalizar el dinero electrónico. Abro este post, no sólo para comentarios, sino también para contestar algunas de las réplicas que Escolar ya ha esbozado.

Básicamente, Nacho utiliza de manera bastante inteligente la falacia del "non sequitur": Discutir desde ahí es muy difícil, ya que entramos en lo de siempre: que si el estado debe desaparecer, que si la única manera de garantizar la eficacia es la gestión privada, que de qué color es el cielo y el caballo blanco de Santiago.

Es decir, dado que yo, en otros lugares, propongo eliminar el Estado y ello implica cerrar el Banco Central, si aquí defiendo cerrar el Banco Central estoy proponiendo eliminar el Estado. No es necesario que profundice en esta táctica, el artículo se circunscribe a dos hechos muy concretos: a) necesidad de clausurar el Banco Central es un invento estatalista cuyo objetivo es beneficiar a los banqueros corruptos y b) oposición a la nacionalización del dinero electrónico público por cuanto sólo facilita la expansión monetaria.

En ambos casos, sólo es necesario eliminar el requisito del curso legal de la moneda, esto es, la compulsión al acreedor para que acepte la definición que el Estado da de dinero. Sí me gustaría un desarrollo más extenso acerca de por qué el curso legal constituye un deber progresista.

Ahora bien, la demagogia no termina ahí. En cualquier caso, defender la vuelta a la moneda privada es defender la vuelta a la Edad Media. De nuevo el non sequitur, como en la Edad Medía el dinero surgía espontáneamente, ergo, defender la eliminación del curso legal supone regresar a la Edad Media.

De quien es capaz de proponer la nacionalización del "dinero electrónico", apoyando restricciones y regulaciones a la vida y libertad de 300 millones de personas, la verdad, espero algo más.

Actualización

Escolar ha articulado una respuesta más larga a mi artículo, copio a continuación tanto su réplica como mi dúplica:

Ignacio Escolar

Hola Juan Ramón. Ya que veo que lees los comentarios de mi blog, te contestaré aquí a tus críticas. Si quieres que continuemos discutiendo, éste es el foro. No tengo intención de responderte en tu página.


1- Cuando hablo de impuesto privado estoy, evidentemente, explicándome de manera sencilla, creo que todos menos tú lo han entendido. Esa comisión no es comparable a un servicio -como el aire acondicionado en un bar- desde el momento en el que, como sucede en Internet, la única manera de acceder a ese comercio, de cerrar la compra, es una forma de pago electrónica privada. La tesis que defiendo en mi artículo es que es inevitable, es cuestión de años, que la moneda física como tal (y me refiero a la moneda como "billetes", como forma de pago) desaparezca y que ese vacío lo llene, si no se hace nada, la banca privada. Sí, podremos pagar con billetes, a no ser que (como planteo, como ya sucede en muchos países) esos billetes no los acepten en ningún sitio por la gran cantidad de falsificaciones. También podremos recurrir al trueque. Pero me resulta marciano tener que explicarle a alguien que presume de economista las ventajas innegables para la economía y el comercio de un sistema monetario eficaz, fiable y sin comisiones. Podemos volver al modelo monetario medieval, cuando la moneda eran o bien metales nobles al peso (hasta que empezaron a "raspar" las monedas) o bien pagarés privados con una comisión para el intermediario.

2- Llegados a estas alturas de la discusión, como decía unos comentarios más arriba, entramos en ese punto muerto donde tú, en contra de toda lógica económica, prefieres volver a la moneda privada con comisiones en lugar de aceptar el papel tradicional (que defienden hasta la mayoría de los liberales) del estado como árbitro, como garante de la propiedad y del sistema de comercio. Y es entonces cuando te recuerdo que esos negros augurios que profetizas ante mi propuesta (hiperinflación y demás) son los mismos que algunos ondearon cuando se abandonó el patrón oro. Y ya ves que no ha sido para tanto. Varias décadas de prosperidad económica avalan aquella decisión. En realidad, si no ha pasado ya con una moneda no atada al oro, no tiene por qué pasar con una moneda virtual o electrónica. Lo único que cambia de la situación actual es que el dinero se adapta a la tecnología "bit" del mismo modo en que lo hizo hace siglos a la tecnología "papel". Pero el concepto es exactamente el mismo. Los mismos argumentos que hoy sacas a colación podrías aplicarlos cuando se produjo aquel cambio, hace unos cuantos siglos. Y, francamente, me parece que aquella decisión de adaptar la tecnología papel a la moneda fue acertada. ¿O preferirías que cada vez que pagases con un billete tuvieses que darle un tanto por ciento a un banco? Sí, también podrías viajar con una carretilla llena de monedas de oro en lugar de usar papel moneda, también el papel moneda es un "servicio.

3- Si el estado ha sido capaz de desarrollar tecnología de compra en papel eficiente (ahí tienes al dólar y al euro para demostrarlo), ¿por qué no puede hacerlo ahora con el bit? ¿Han sido ineficaces los estados en el uso de la moneda? Ya sé que me vas a decir que sí, y en este punto, como decía, entramos en esa discusión en la que yo reconozco que el sistema no es perfecto y tú planteas que la moneda privada es mejor que la pública. Creo que aquí nos podemos pasar años hablando sin ponernos de acuerdo y, por otra parte, no es el tema de debate.

Saludos,
Nacho

Juan Ramón Rallo

Algunos hablaban de que tenía alergia a participar en esta bitácora, parece que, al menos, no soy el único. De todas formas, siguiendo tu definición "sencilla" ¿debería hablar de que participar en esta bitácora es un impuesto privado?

1 - Aseguras que la comisión no es un servicio porque es la única manera de pagar a través de Internet. ¿Es qué la compra a través de Internet no es un servicio? Precisamente es un servicio que ofrecen diversas compañías que necesitan de una estructura y de una credibilidad particular. Las tiendas recurren a esos mediadores financieros porque aún así le resulta más rentable y cómodo que implementarlo por sí mismas. Ahora bien, en tanto las comisiones aumenten y esa rentabilidad disminuya, a buen seguro que surgen alternativas como las que apuntas en tu artículo.
Si el billete desaparece, es decir, si cada persona deja progresivamente de entregar en mano los billetes y pasa a utilizar la tarjeta para pagar con ellos, lo que tenemos es que cada individuo selecciona el tipo de tarjeta que más le convenga; bien porque sea aceptada en más sitios, bien porque sea más segura, bien por cualquier otro motivo.
¿Qué problema hay en ello? Que a los intervencionistas no os gusta que esa mediación financiera siga en manos privadas y proponéis nacionalizarlo para evitar el "impuesto privado" En otras palabras, proponéis sustituir un impuesto privado que no es impuesto, por un auténtico impuesto público (valga la redundancia).
No es necesario que te diga que ello implicará que no sólo los usuarios de ese medio de pago costearán el servicio, sino todos los ciudadanos. Por otro lado, cierras la posibilidad a que los mismos que han ideado ese sistema de pago continúen en el negocio. No voy a hablar de cuán justo es este acto; el problema es que toda esa gente dejará de innovar para mejorar ese servicio y otros que, en el acto empresarial de mejora, puedan surgir. Evidentemente no es un punto final, pero si es un grave obstáculo.
Sobre el tema de las falsificaciones, el problema no es otro que el curso legal; si no hubiera una moneda pública, de obligada aceptación, no sólo surgirían sistemas por los que se dificultaría la falsificación, sino que la gente podría cambiar de moneda cuando apreciara que está siendo falsificada.
Y no es necesario que me expliques los beneficios del intercambio indirecto; sí, en cambio, los beneficios de un sistema público cuyo defecto menos nocivo es el coste en impuestos que acarrea.

2- Y aquí, efectivamente, llegamos a un punto muerto, pero porque tu estableces ese punto muerto. Planteas la cuestión falsamente entre un debate sobre si los costes del sistema monetario deben pagarse por los usuarios o por toda la ciudadanía. Mejor dicho, no planteas ese debate porque, como ya he dicho arriba, obvias el coste material que todo el entramado monetario público acarrea.
Pero es que éste, lo siento, no es el debate. Yo te he planteado objeciones menores en ese punto, me sorprende que te centres en ellas como defensa a tu argumentación. El sistema monetario público es un problema por el simple hecho de que obliga al acreedor a aceptar un tipo de dinero emitido por el Estado en continuo envilecimiento. La consecuencia natural es el aumento de los precios.
Pero hay más, y éste es el punto realmente flaco de tu artículo. El entramado Banco Central-bancos comerciales está creado principalmente para favorecer al político y el banquero. Supone la certificación de la irresponsabilidad bancaria en tanto el Banco Central garantiza toda la liquidez necesaria para que los bancos -que han prestado fraudulentamente dinero del que no disponen- atiendan a sus obligaciones contractuales. Este atentado contra los principios jurídicos del contrato de depósito degenera en crisis económicas (si quieres podemos discutir este punto más adelante) que nos empobrecen a todos.
Repito lo escrito en mi artículo; una de las pocas posibilidades que seguimos teniendo para resistir este robo legalizado es que los pagos no están totalmente centralizados, con lo cual hay movimientos monetarios hacia fuera del banco que disminuyen la reserva sobre la que puede practicar la expansión monetaria. Tu propuesta, al margen de la discusión sobre la financiación y viabilidad de un sistema público de dinero electrónico (que también tenéis perdida por despreciar los principios más elementales de la acción humana y de la empresarialidad), sólo sirve para eliminar esta posibilidad de control. Si el dinero desaparece y todo queda centralizado por el banco central, ¿cuál es el límite a la expansión artificial de dinero? Uno y sólo uno: el que permita mantenerse en pie a la organización monetaria. ¿Cómo se hubiera destapado la estafa argentina si los ciudadanos no hubieran acudido a retirar el dinero de los bancos?
La cuestión es por qué ciudadano alguno, pudiendo pagar con su tarjeta, acudiría a esos bancos. Y en ese caso, ante un incremento de la oferta monetaria, no constreñido por la sustracción de papel moneda, sí tendríamos un caso claro de hiperinflación. Eso, o se abandona el sistema de pago digital; tu propuesta es autodestructiva. Y si esto es catastrofismo, sólo dime dónde falla mi argumentación, es simple.
Por otro lado, decir que el s. XX se ha caracterizado por la estabilidad del valor de la moneda es cuanto menos un sarcasmo. No ya por qué parece que estés negando que alguna vez ha tenido lugar la hiperinflación, sino porque estamos sufriendo, aún hoy, una inflación sin aparente fin. Durante casi todo el s. XIX los precios se mantuvieron estableces, llegando a decrecer como apunta Friedman (un defensor del dinero público, por cierto), ¿cómo compatibilizas ese hecho con la inflación que caracteriza a nuestro sistema monetario actual?
Esa decisión "acertada" de adaptar, no la moneda al papel, sino la moneda al papel público y de curso legal (cosa bastante distinta) ha provocado esta era de inflación. ¿Decisión acertada? ¿Crees que todo el poder adquisitivo, todos los ahorros robados, todo el capital dilapidado en nuestra sociedad se ve compensado por los beneficios de no pagar una comisión a los bancos? Y de nuevo, aún con monedas de oro, me parece que para mis transacciones cotidianas necesitaría bastante menos de una carretilla, no sé otros.

3-Tu punto de partida aquí ya es erróneo. Partir de hipótesis falsas para sacar conclusiones en apariencia verdaderas es una táctica que tenéis bien interiorizada algunos, pero no aquí no convence. El Estado no ha desarrollado ninguna tecnología eficiente para el papel, sólo ha atracado sistemáticamente nuestro poder adquisitivo como un medio indirecto de recaudación y como una manera de enriquecer a la plutocracia bancaria que lo sostenía.
La cuestión al final es muy simple: a) ¿por qué el Estado tiene que imponer una moneda de curso legal y no permite que un acreedor rechace un tipo de dinero que considera inestable y fácilmente manipulable?, b) ¿por qué el Banco Central favorece la irresponsabilidad bancaria al no hacerles responsables de sus deudas y obligaciones contractuales? y c) tu propuesta incide en los defectos de los dos puntos anteriores cuya única consecuencia es la inflación y el ciclo económico. ¿Compensa tu obsesión anticapitalista (en tanto intentas evitar que determinadas compañías cobren un precio por un servicio que las partes libremente han convenido) estos costes que han dominado el siglo XX y cuyos efectos se extienden mucho más allá de los meramente económicos?

En todo caso, te pediría que no te limitaras a estas tres preguntas, sino a refutar la base sobre las que se sostienen.

Un saludo
Juan Ramón Rallo

Actualización 2

Nueva réplica y dúplica. Tampoco quiero extender esto mucho, así que supongo que será la última actualización, dado que la discusión ya está abandonando de lleno (de hecho, en casi ningún momento ha entrado) el rigor económico.

Ignacio Escolar

Hola Juan Ramón.

Verás, yo parto de dos premisas a la hora de plantear esta discusión. Que la moneda pública funciona mejor que la privada, que la banca privada funciona mejor que la pública. Dicho de otro modo: que el mercado es una manera magnífica para optimizar los esfuerzos, pero que sigo creyendo que es necesario un árbitro público que ponga el tablero de juego, pacte las normas con los jugadores y decida en caso de conflicto entre varios.
Del mismo modo en el que un comunista me negaría la mayor (la solución es nacionalizar la banca) tú, en el otro extremo, enfocas el debate por otra tangente (el problema es la moneda pública, mejor que se extinga porque nos habría ido mejor con una moneda privada desde el principio, el papel moneda público fue un invento nefasto). Y para defender tu tesis, expones teorías no demostradas como si fuesen normas áureas e inmutables, como la ley de la gravedad: la causa del ciclo económico y de la inflación es de los bancos estatales, amen.

Dicho esto, te insisto otra vez en lo de siempre. Si quieres que discutamos sobre por qué el mercado no es la solución a absolutamente todos los problemas del planeta Tierra, lo hacemos. Pero hoy no es el día y este no es el debate. Sin embargo, te contestaré encantado a lo que planteas en tu última respuesta, aunque no tengo intención de prolongar esta discusión eternamente.

Aseguras que la comisión no es un servicio porque es la única manera de pagar a través de Internet. ¿Es qué la compra a través de Internet no es un servicio?

¿Es que acaso el papel moneda no es un servicio cuando se le compara con el metal? Ya, es que tú abogas por privatizar también el papel moneda.

¿Cómo se hubiera destapado la estafa argentina si los ciudadanos no hubieran acudido a retirar el dinero de los bancos?

Claro, cuando hablamos de la irresponsabilidad de los ministerios de economía públicos tenemos que poner al de Argentina como ejemplo. Es tan demagogo como si yo elijo al Banesto de Mario Conde o a Gescartera como ejemplo de la eficacia y honradez de la banca privada.

No ya por qué parece que estés negando que alguna vez ha tenido lugar la hiperinflación, sino porque estamos sufriendo, aún hoy, una inflación sin aparente fin. Durante casi todo el s. XIX los precios se mantuvieron estableces, llegando a decrecer como apunta Friedman (un defensor del dinero público, por cierto), ¿cómo compatibilizas ese hecho con la inflación que caracteriza a nuestro sistema monetario actual?

Sobre la hiperinflación, por poner un ejemplo, la de Alemania, yo la achacaría a otras causas y no sólo a la irresponsabilidad del estado (periodo de entreguerras, tratado de Versalles…). Es decir, que no se puede argumentar que inevitablemente el dinero público lleva a la hiperinflación porque es obvio que existen unos cuantos países donde esto no sucede.
Por otra parte, no sé qué problema le ves tú a una tasa de inflación razonable como la que tenemos ahora en la zona euro o la de EEUU. ¿Prefieres acaso una situación de deflación, como la que sufre Japón?

Una de las pocas posibilidades que seguimos teniendo para resistir este robo legalizado es que los pagos no están totalmente centralizados, con lo cual hay movimientos monetarios hacia fuera del banco que disminuyen la reserva sobre la que puede practicar la expansión monetaria.

La única razón que evita la expansión monetaria es el buen juicio del Banco Central, con o sin moneda electrónica. Otra vez más lo que planteas no es una crítica a mi propuesta, sino al estado actual de las cosas, una enmienda a la totalidad.

a) ¿por qué el Estado tiene que imponer una moneda de curso legal y no permite que un acreedor rechace un tipo de dinero que considera inestable y fácilmente manipulable?

Con este argumento, volvemos a la discusión de siempre entre liberales y anarquistas vs resto del mundo. ¿Quién es el estado para imponer por la fuerza los impuestos? ¿Quién es el estado para prohibir las armas? ¿Quién es el estado para imponer la policía? Y yo te respondo: el estado somos todos.

b) ¿Por qué el Banco Central favorece la irresponsabilidad bancaria al no hacerles responsables de sus deudas y obligaciones contractuales?

Por las mismas, podemos decir que poner salvavidas a los barcos es favorecer la irresponsabilidad de sus capitanes ya que los pasajeros se salvarán si el barco se va a pique. En cualquier caso, ese que planteas es, una vez más, otro debate distinto y mucho más complejo. Y lo de menos es el sistema de moneda público o privado.

c) tu propuesta incide en los defectos de los dos puntos anteriores cuya única consecuencia es la inflación y el ciclo económico.

Ya te he contestado más arriba. Por mucho que insistas, eso de que el dinero privado acabaría con la inflación y las crisis cíclicas es sólo una teoría, no una verdad absoluta.

Saludos,
Nacho

Juan Ramón Rallo

Hola de nuevo,

Me hace gracia que tu punto de partida sea que la moneda pública funciona mejor que la privada, si nada tienes que razonar hasta esa afirmación, entiendo bastantes cosas del artículo.
Por cierto, si el Estado no fue necesario para que surgiera el dinero (de hecho, el Estado no puede conseguir que surja el dinero), ¿por qué es necesario que nacionalice el tablero de juego que la sociedad había elegido de manera espontánea?

Otra cosa, eso de "teorías no demostradas" tiene su guasa. Si quieres emprendemos un debate metodológico, aunque me temo que ése sí que no es el tema. Si tan poco "demostradas" están esas teorías, te pido que me indiques dónde yerran. Te será sencillo, seguro.

Luego, intentas alterar los términos del debate: Si quieres que discutamos sobre por qué el mercado no es la solución a absolutamente todos los problemas del planeta Tierra, lo hacemos. No, yo no quiero eso, ni lo he propuesto en ningún momento. El debate, efectivamente, se circunscribe a si el Estado debe expandir su monopolio a la institución dineraria y, en este caso, si debe darle un nuevo giro de tuerca.

La provisión de papel moneda evidentemente es un servicio. Incluso cuando lo monopoliza el Estado lo sigue siendo. El caso es que otros (o el Estado de manera excluyente o los bancos privados) nos ofrecen un determinado tipo de dinero (con unas características determinadas: acuñación, seguridad, liquidez…) que nos "sirve" para evitar otros procedimientos de intercambio tan engorrosos como el trueque. Incluso los keynesianos hablan de demanda y oferta de dinero público. En tanto la obtención de ese dinero no surge de la nada, su provisión es a todas luces un servicio, ¿qué si no?

Sobre el tema de Argentina o Mario Conde; mira, yo no defiendo en ningún caso la banca privada que actúa como funcionaria del Banco Central. No defiendo que los banqueros puedan utilizar los depósitos de otra gente, tal y como lo estimen oportuno, aún cuando les han garantizado la total disponibilidad. Pero, sobre todo, no defiendo que esas prácticas delictivas se vean respaldadas por el Banco Central a costa de envilecer el valor de mi dinero. ¿Tú si? ¿Te parece correcto que los bancos comerciales sólo conserven alrededor del 1% del dinero depositado en ellos, y se dediquen a crear dinero de la nada para lucrarse con él y que, el Banco Central, sostenga esas actividades a costa de nuestro empobrecimiento? Por tanto, hablar de Mario Conde como un representante de la banca privada que yo defiendo es un disparate. Quien critica a la banca privada soy yo, no tú, que propones un sistema de moneda digital pública que les permita seguir engrosando su cuenta corriente. Progresismo se llama.

Otra cosa graciosa es que no les ves problemas a una "tasa de inflación razonable" Es decir, prefieres que los precios suban a que desciendan. Pero es que, además, el problema de la inflación no es sólo que nuestro dinero (y por tanto todos nuestros activos en forma de ese dinero) pierdan progresivamente valor, sino el efecto redistribuidor que genera desde unos grupos (básicamente, las familias más pobres que ven incrementar el precio de todos los productos) a otros (el gobierno y las empresas privadas afines, como la industria militar, o sobre todo, la banca privada). Por eso se dice que la inflación es un impuesto a los pobres.

Dices que el único que puede evitar la inflación es el "buen juicio" del Banco Central. Será el buen juicio para autoliquidarse. Una entidad cuya única función es respaldar las expansiones crediticias de otras privadas, ¿detiene la inflación?

Sobre el curso legal, no intentes trasladarlo a un debate genérico anarquistas vs socialistas. Lo que te he preguntado es ¿por qué debe el Estado imponer una moneda? Y no ¿quién es el Estado para crear impuestos?, si bien ese podría ser el tema de otro debate. No utilices de nuevo el non sequitur. Supongo que opinarás, de manera correcta, que el Estado no es nadie para prohibir la eutanasia. ¿Aceptarías que alguien te respondiera que la eutanasia debe ser ilegal porque el Estado somos todos? ¿Qué tipos de respuestas son esas? Te he preguntado por los fundamentos morales y económicos que, según tú, justifican el curso legal, porque supongo que no me estarás justificando a priori la injerencia del Estado en TODOS los asuntos de la vida de TODOS.

Luego justificas que los banqueros se lucren acudiendo al Banco Central cuando tengan problemas de solvencia. Bien, la izquierda siempre con el auténtico gran capital. Es curioso como criticáis al millonario que se enriquece sirviendo a los consumidores y alabáis -o como poco justificáis- a los millonarios que se enriquecen empobreciéndonos a nosotros. Claro que eso son sólo teorías, una buena manera de tranquilizar vuestra conciencia. Eso sí, las "teorías" sobre las que se apoya tu artículo para justificar la nacionalización del dinero electrónico, son premisas ya demostradas. Con ese genial método, no sé para qué llevamos tanto años discutiendo sobre filosofía de la ciencia.

Un saludo
Juan Ramón Rallo

Actualización 3

Y así terminó la discusión:

Ignacio Escolar

Bueno, Juan Ramón. Te lo diré de otra manera. Si tú tienes las pruebas sobre por qué la deflación es buena para la economía, por qué el dinero público es malísimo para la economía, por qué los bancos centrales son los responsables (únicos y directos) de las crisis periódicas y por qué los bancos no pueden tocar el dinero depositado en sus arcas (y, por las mismas, no pueden expandir el crédito) no hace falta que discutas conmigo. Tienes enfrente a la amplísima mayoría de los economistas que sabrán responderte mejor que yo. Incluidos ahí a la gran mayoría de los economistas liberales (a excepción de algunos del Cato que tanto veneras y copias sin manejar del todo bien sus argumentos).

¿Te parece correcto que los bancos comerciales sólo conserven alrededor del 1% del dinero depositado en ellos, y se dediquen a crear dinero de la nada para lucrarse con él y que, el Banco Central, sostenga esas actividades a costa de nuestro empobrecimiento?

Bien, ahora explícame cómo un sistema de moneda privada garantiza que este tipo de cosas no pasen. ¿Les ponemos una ley a los bancos para obligarles a que no toquen los depósitos o eso es un intolerable intervencionismo estatal? Ya, ya sé que me dirás que si la autoregulación, que si los consumidores serían libres de elegir (y todos sabemos lo libres que son los consumidores para elegir frente a un oligopolio, también puedes elegir hoy qué gasolinera usas), que si las quiebras son una manera de evolución natural de la economía. Pero el día que un banco privados quiebre y los ahorros de miles de personas se volatilicen, se lo explicas tú a los afectados. Ah, otra cosa. Por definición, el dinero es una infraestructura, un servicio, que de forma natural tiende al monopolio o al oligopolio. Y yo soy de los que cree que sólo hay algo peor a un monopolio público: un monopolio privado.

Dices que el único que puede evitar la inflación es el “buen juicio” del Banco Central. Será el buen juicio para autoliquidarse. Una entidad cuya única función es respaldar las expansiones crediticias de otras privadas, ¿detiene la inflación?

Puestos a elegir, prefiero el buen juicio de un banco central público razonablemente independiente al consejo de administración de American Express. Con respecto a la inflación, te remito de nuevo al primer párrafo de esta respuesta.

La provisión de papel moneda evidentemente es un servicio. Incluso cuando lo monopoliza el Estado lo sigue siendo.

En ese caso, creo que ya no te tengo que explicar por qué una moneda electrónica pública no es un servicio comparable a un aire acondicionado en un bar, como decías en tu artículo, ni por qué sí es comparable la tecnología papel a la tecnología bit. Espero tu rectificación al respecto.



Saludos,
Nacho

Juan Ramón Rallo

Me sorprende esa remisión a "otros que sepan más" Un reconocimiento más explícito de las teorías sobre las que basas tu artículo se me hace difícil de imaginar. No es un mal paso, afirmas que desconoces las consecuencias sociales de tu proyecto de ingeniería monetaria. ¿Te importa eso lo más mínimo o la fatal arrogancia aún lo compensa?
Supongo que no te habrás pasado mucho por las páginas de Bastiat, en caso contrario comprenderías que más peligrosos que los efectos directos de una acción son sus consecuencias no visibles.
Los intervencionistas tenéis esta virtud proverbial, ofrecéis una medida que restringe la libertad y sólo enseñáis aquellas aparentes virtudes que son inmediatamente observables. En tu caso, dinero electrónico público: no pagamos comisiones. Pero omites señalar que pagaremos más impuestos y, sobre todo, que se facilitará la expansión monetaria de los bancos que a medio plazo nos generará un ciclo económico, amén del alza de la inflación.
Pero bueno, todo esto no merece la pena analizarlo, metámonos en la vida de los demás sin conocer qué problemas nuestras acciones pueden engendran. Genial.

Por cierto, ¿de dónde sacas que cito mal al Cato? No sólo eso, ¿de dónde sacas que cito al Cato? Creo (aunque puedo equivocarme) que en ningún post de mi bitácora los enlazo. Espero que nos aclares qué cito y qué cito mal.

Un sistema privado no garantiza que los bancos privados no expandan el crédito. De la misma manera que no favorece que no se cometan asesinatos. Ése no es mi punto (por cierto, ¿te has leído mi artículo?, creo que ahí lo trato con meridiana claridad) En un sistema de moneda privada aquellos bancos que expandan la oferta por encima de sus disponibilidades estarán asumiendo el riesgo de quebrar por insolvencia de atenderlas. Lo cual obviamente se ve favorecido por el hecho de que los procesos de expansión crediticia que emprenden son, al mismo tiempo, los causantes de las crisis económicas y de que, en definitiva, la gente acuda en tropel a los bancos a sacar el dinero y conservarlo en casa o gastarlo.
La cuestión es que el sistema público no es que trate de evitar ese hecho, sino que lo favorece descaradamente. El sistema público del Banco Central permite a los bancos obtener la liquidez suficiente para que, en caso de no poder atender sus obligaciones, sean cubiertas. Es decir, elimina las consecuencias adversas que la expansión crediticia tiene para los bancos.
En este contexto, tu propuesta es todavía más peligrosa pues hace, incluso, innecesario que la gente tenga que retirar su dinero de los bancos, lo cual sólo incentivará aún más la expansión crediticia.
En este caso, son los banqueros los responsables de responder de las obligaciones contractuales y de restituir a las famílias. ¿O es que crees que en el sistema público esto tiene solución imprimiendo billetes?

Otra cosa que parece mentira que comentes es lo de que el dinero tiende al monopolio. ¿Eso de dónde lo has sacado? Un proceso de evolución natural y de selección continua de el bien más líquido, ¿cómo va a tender al monopolio? No sólo eso, en el artículo, comento que el dinero no es un bien, sino una cualidad de los bienes. Por tanto, los bienes son dinerables en tanto sean más o menos líquidos. No habría un sólo bien que serviría como dinero, sino múltiples. Es absurdo la pretensión de crear un monopolio sobre el dinero, sino es un monopolio público.
Y éste es precisamente otro punto que parece que tampoco controlas demasiado. Lo que caracteriza a un monopolio es la prohibición de entrar en un determinado negocio; la prohibición legal. También trato ese punto en mi artículo; a él te remito, aunque si ya lo has leído, ya lo sabrás.

Y por último, ¿que tengo que rectificar el qué? Primero, lo que yo comparo es el servicio de "proveer la moneda" con otros servicios que ofrecen los empresarios para satisfacer a los consumidores. La moneda es un bien, no un servicio, si bien todo consumo de un bien provee en última instancia de un servicio. En este sentido, la comisión se cobra por el servicio ofrecido, no porque a una empresa privada le apetezca imponer el cobro de un precio sin razón alguna para el consumidor, como sí hace el Estado. Y segundo, creo, que puestos a rectificar, tienes un largo camino por delante.

Saludos
Juan Ramón Rallo

23 de Noviembre de 2004

Diálogo y talante según los progres

Fíjense en esta maravillosa frase que pretende resumir el por qué de la existencia del muro de Berlín: [el muro] fue fruto de la incapacidad de diálogo entre comunismo y capitalismo, símbolo de la guerra fría. Genial. Lo curioso es que en las líneas anteriores esboza las razones auténticas: Fue construido por la RDA el 13 de agosto de 1961, para evitar la migración de sus habitantes a la zona occidental capitalista, que en los últimos tiempos había aumentado considerablemente.

¿Diálogo entre comunismo y capitalismo? Si una tiranía construye un muro, no ya para impedir entrar a extranjeros, sino para retener a los nacionales, ¿es culpa de los países donde subsiste una mayor libertad? ¿Cuál debería haber sido el resultado de ese supuesto diálogo? ¿Una restricción de la libertad en la RFA para reducir el atractivo migratorio? Algunos progres de garrafón no son capaces de reconocer que la auténtica tara del comunismo no reside en una desviación de la doctrina utópica que propugnaba -y que, en parte, podía justificarlo- sino en sus estructuras más fundamentales que impregnan a su vez todo el discurso intervencionista de hoy en día.

Sumidos en la banalidad del diálogo entre civilizaciones y del talante universal, olvidan que sólo los individuos son capaces de dialogar, si sus Estados no les cierran definitivamente la boca. Olvidan que los acuerdos a los que a través del florido diálogo puedan llegar los Estados son, en realidad, violaciones sistemáticas de todo diálogo entre cada Estado y sus ciudadanos, en tanto las obligaciones que toma el gobierno los vinculan. Olvidan, en definitiva, que el diálogo bilateral entre Estados se corresponde con una imposición unilateral del Estado a los individuos. El diálogo entre el capitalismo y el comunismo -como sistemas globales, carentes de toda vinculación con unas gentes que sufrían el intervencionismo a un lado y, sobre todo, el comunismo al otro- no refleja más que la firme voluntad de los progres por que la libertad, también en Occidente, rinda pleitesía a la compulsión y la tiranía; la cristalización de la burocratización de la individualidad como parte orgánica del Estado. Desde luego, si algo no necesitaban las víctimas del comunismo era que un Estado extranjero certificara vergonzosamente su situación de esclavitud universal.

Pero los progres necesitan echarla, incluso en esto, la culpa al capitalismo. Su discurso, marchito y sin rumbo, necesita de estos mitos colectivos autojustificativos.

Y por cierto, la afirmación que sigue, esto es, su caída, el 9 de noviembre de 1989 fue el comienzo del fin de los regímenes comunistas en Europa Oriental, también responde a uno de esos mitos autojustificativos, según los cuales la decadencia del comunismo comenzó porque cayó el muro. Quizá algunos tendrían que (re)leerse a Revel. La crisis del comunismo queda plasmada precisamente en la construcción del muro, en la incapacidad del comunismo para retener a su población si no era encerrándola. El muro refleja que, como entendió Mises, existe una incoherencia manifiesta entre los fines del comunismo y los medios que pretendía utilizar, es decir, a todas luces el comunismo era imposible. De esa imposibilidad llegamos a la prisión forzada de quienes dejaron de creer en las distopías comunistas. Por eso, la prueba del fracaso del comunismo, el principio de su fin, al menos en la RDA, data de 1961. Los casi 30 años que sobrevivió muriéndose sólo reflejan la poderosa capacidad coactiva que tiene el Estado para prolongar el estado comatoso del sistema mediante el aniquilamiento de los disidentes.

Todo Estado se sostiene sobre una ilusión colectiva; los "desilusionados" deben ser removidos (en la medida de lo posible creyéndose de nuevo la ilusión, recordemos el final de Winston Smith en 1984). Por eso sobrevivió el comunismo, por la misma ilusión colectiva por la que los progres reivindican un supuesto diálogo entre sistemas o civilizaciones, una ilusión que ataca frontalmente la libertad.

22 de Noviembre de 2004

Compadre Chávez

Muchos se escandalizaron, y se siguen escandalizando, por el hecho de que Hitler se reuniera con Franco en Hendaya. Supongo que, más allá del hecho de que ninguno de los dos alcanzara el poder democráticamente (corrijo, Hitler sí lo hizo), lo que apestaba del encuentro fue que el padre del nazismo nos considerara un régimen análogo con el que aliarse en momentos difíciles. Claro que los avatares históricos no condujeron a Franco a aliarse oficialmente con el nazismo, sino que mareó la perdiz con la división azul. En cualquier caso, la estrategia de Franco le sirvió para mantenerse en la neutralidad y para que España no entrara en guerra contra los aliados.

Estos días nos visita Hugo Chávez. Más allá sobre las consideraciones acerca de si el proceso electoral venezolano ha sido en todo momento limpio y pulcro -del español no tengo duda alguna-, la cuestión es que el programa político de Chávez no lo es. Y no siéndolo, con un programa izquierdista-fascistoide, ha reconocido al gobierno español como un gobierno hermano.

Evidentemente, un tirano puede intentar arrimarse a gobiernos democráticos y respetuosos con las libertades para ganar credibilidad y legitimidad interna. Es una estrategia bastante tan manida como, en general, inútil. Claro que cuando ese déspota se acerca al gobierno democrático y supuestamente respetuoso con las libertades y ese gobierno, no sólo no lo desmiente, sino que lo jalea, ahí tenemos un problema; no los venezolanos (que ya llevan sufriéndolo varios añós), sino en este caso los españoles. Ni Franco se identificó con Hitler tan intensamente como Zapatero lo ha hecho con Chávez. Esta relación escapa más allá de toda lógica estratégica o política, debe esconder necesariamente una debilidad de fondo hacia las dictaduras y los regímenes caudillistas. No sólo Castro, no sólo Arafat, ahora también Chávez.

¿Qué será lo siguiente? Realmente no importa porque ya tenemos suficiente. Los datos y los apoyos cantan; los totalitarios de antes y ahora, los de siempre, pueden aplaudir y premiar a sus dictadores, a sus asesinos, a sus represores. No hay nada nuevo ello, su estulticia o su maldad más que profunda no pueden sorprendernos ahora. Nosotros, los liberales, seguiremos criticándolos por cuanto inanes camarillas de sus caudillos.

Otra cosa muy distinta, y éste es el punto preocupante, es que el gobierno de nuestro país acoja con celebraciones y vítores a Chávez. No dudo de que privadamente muchos del PSOE puedan profesar admiración, e incluso orgiástica pasión al observar cómo Venezuela se empobrece día a día, o como las libertades más básicas están siendo cercenadas de manera habitual; no lo dudo porque, por encima de todo, el PSOE es un partido de izquierdas. Claro que, al margen de tanta pompa en la recámara, a uno le preocupa que quienes están al frente del Estado -y no olvidemos que el Estado utiliza la coacción como modo de relación y de actuación- sientan una no oculta admiración por semejante sujeto.

Y me preocupa no ya porque la presión que pueda ejercer a partir de ahora el gobierno español sobre el déspota chavista -y entiendo que el despotismo o la tiranía no es una cuestión tanto de origen como de comportamiento- será nula, no ya porque los venezolanos, nuestros hermanos los venezolanos estén siendo condenados por un gobierno español de tanto talante y tan poco talentoso, a sufrir la martilleante coerción chavista. En realidad, el hecho de que Zapatero considere a Chávez una especie de alter ego suyo tosco y primitivo de un país subdesarrollado, me preocupa por algo mucho más primario y egoísta, mi libertad.

21 de Noviembre de 2004

La anarquía funciona según el Banco Mundial

Atención a este informe del Banco Mundial sobre la situación en Somalia:

Somalia ha carecido de gobierno reconocido desde 1991 -una temporada insualmente larga. En unas condiciones extremadamente complicadas, el sector privado ha demostrado su valiosa capacidad para hacer que las cosas funcionen. Para enfrentarse con la ausencia del imperio de la ley, las empresas privadas han estado usando jurisdicciones extranjeras e instituciones para ayudar con algunas tareas, operando dentro de redes de confianza para fortalecer losd derechos de propiedad, y simplificando las transacciones hasta el punto de no requerirlas. La experiencia dell sector privado de Somalia sugiere que puede ser más sencillo de lo que popularmente se piensa que el sistema financiero y algunos servicios de infraestructuras funcionen allí donde el gobierno es extremadamente débil o inexistente.

El artículo es harto recomendable, pues muestra cómo una sociedad puede alcanzar un orden totalmente espontáneo sin la mediación organizativa del gobierno. Sin embargo, según el Banco Mundial, existen problemas y limitaciones. El sistema jurídico, por ejemplo, no posee los conceptos de contrato o de responsabilidad limitada. De la misma manera, al estar basado en las resoluciones de los ancianos dentro del clan, funciona deficientemente para los problemas que se producen entre personas de distintos clanes. También reconoce las limitaciones en la construcción de carreteras, debiado a lo que los neoclásicos llaman costes de transacción y el pillaje de los free-rider; así como en una baja tasa de escolaridad del 17%, frente al 81% de sus vecinos. Conviene hacer algunas matizaciones, pues, sobre estas conclusiones parcialmente adversas para la causa anarquista.

En primer lugar, el hecho de que sólo hayan transcurrido 13 años desde la desaparición de facto del gobierno, sugiere que las instituciones, en este caso las jurídicas, todavía están poco desarrolladas. No es que la evolución institucional pueda considerarse desarrollada en algún punto (pues está en continua evolución adaptándose a las necesidades cambiantes de la sociedad), pero sí es evidente que tiene un corto recorrido para resolver la mayoría de las controversias que aquejan a una sociedad precapitalista.

En segundo lugar, algunos de los defectos que el Banco Mundial haya encontrado pueden deberse simplemente al error de observar un país sin Estado a través del prisma de uno con Estado. Esto es, querer que en Somalia sucedan fenómenos similares a los de otros países subdesarrollados con Estado (como una prematura construcción de infraestructuras) supone un grave equívoco. De hecho, el mercado no es bueno si es capaz de llevarnos allí donde nos habría llevado el Estado; el mercado, la libertad individual y el orden espontáneo, son precisamente superiores porque omiten los errores estructurales que comete el intervencionismo estatal.

El intervencionista suele creer que cuando X unidades de determinado bien no son producidas, ello supone un fallo de mercado (el mercado no es capaz de producir X unidades de ese bien) La cuestión es si realmente esas X unidades suponían necesidades de la gente, o son sólo apreciaciones de un dirigente o analista que, como todos, carece de la información suficiente para afirmar semejantes extremos.

La "pésima" red de carreteras de la que habla el informe puede deberse a que los somalíes tienen otras necesidades prioritarias. De hecho, cuando el Banco Mundial se queja de que "a un empresario el construir una carretera y recaudar las tarifas que cubran sus costes le es aparentemente difícil", por los problemas que ya hemos señalado, costes de transacción y free-riders. Éstos son, en realidad, problemas artificiales. El auténtico coste es el de oportunidad; cuando un empresario no posee el capital suficiente como para emprender anticipadamente la construcción de una carretera (de manera que puediera, una vez construida, cobrar las tarifas pertienentes y discriminar el acceso como sucede en nuestras autopistas) significa que tendrá que sustraerlo del resto de ciudadanos. En algunos casos, las aportaciones voluntarias pueden funcionar, en otros, como éste, la imposibilidad para hacerlo demuestra que el coste de la carretera (no el monetario, sino el de oportunidad, incluido el tiempo de ocio al que renuncia el empresario para recolectar uno a uno el dinero) no compensa los beneficios esperados por la carretera, especialmente, los beneficios esperados en un determinado momento futuro -por cuestiones de preferencia temporal.

También puede suceder que el ingreso monetario esperado por el empresario una vez construida la carretera no supere el coste monetario del proyecto. En este caso, resulta evidente, que tal proyecto no debe emprenderse (a menos -y esto es un matiz bastante innecesario- que el empresario obtenga un ingreso psicológico mayor que el coste psicológico del proyecto, de manera que no le importa observar cómo se consume su capital)

Por último, el tema de la educación resulta paradigmático de por qué el informe señala errores dónde no debería hacerlo. Contrastar los datos de escolaridad de dos sociedades distintas es un error, principalmente si lo que se quiere es trazar las diferencias entre una sociedad sin Estado y una sociedad con Estado. Que sólo un 17% de los somalíes esté escolarizado sin Estado no significa que la anarquía no funcione, pues la cuestión (aparte de consideraciones sobre si la escolaridad supone un valor que deben perseguir todos los individuos) es si el Estado en Somalia hubiera conseguido incrementar esa tasa de escolaridad. Debe compararse la escolaridad sin Estado en Somalia con la escolaridad con Estado en Somalia.

Claro que el problema es que para el segundo caso no disponemos de datos, pues no existen; la escolaridad con Estado en Somalia supone una abstracción. Y precisamente para ello disponemos de la teoría económica, para saber con certeza apodíctica que el Estado nunca puede superar al mercado. De hecho, el propio Banco Mundial en su informe lo reconoce: Los fallos en el sistema educativo se deben en parte a que la mitad de los somalíes son nómadas. No queda claro que el gobierno pudiera hacerlo mucho mejor, especialmente debido a que las escuelas privadas tienen un prestigio mayor que las públicas.

Por tanto, querer estudiar el desarrollo de Somalia a partir de esquemas occidentales -esquemas occidentales producidos en buena medida por la intervención siempre errónea del Estado-, dejando de lado los deseos de los individuos y sus tradiciones, no nos lleva a ningún lado. El mercado no deja de funcionar por el hecho de que los Aimish vivan en parte como hace 500 años. Tampoco porque los somalíes no vayan en muchos casos a la escuela. La conscripción gubernamental no solucionaria sus vidas; podría incrementar artificialmente la tasa de escolaridad, hundiendo la calidad de la enseñanaza, empobreciendo a los somalíes de aquellos productos que necesitan (los que subjetivamente crean que necesiten, desde luego no educación) para costear el proyecto, y creando una distorsión entre la dirección de la sociedad y la del gobierno, que requeriría, como si de un ciclo económico se tratara, una catársis social posterior (en forma de sublevaciones armadas, migraciones, caída del gobierno, crisis económica...)

Éstos son, por tanto, algunos de los "fallos" que el Banco Mundial ha encontrado en la sociedad somalí. Fallos que, en mi opinión, o no son tales, o no son fallos irresolubles mediante una cierta evolución institucional que adecúe el sistema a las necesidades de los individuos. Pero en todo caso, aún con semejantes fallos, el Banco Mundial no ha dudado en sorprenderse de la capacidad de los individuos para organizarse espontáneamente sin que nadie les mande o dirija: El sector privado ha demostrado su valiosa capacidad para hacer que las cosas funcionen.

Otros no nos hemos sorprendido tanto. Siempre hemos creído en los individuos y en la sociedad; siempre hemos desconfiado del Estado y de la dirección coactiva. En definitiva, otra prueba más, para quienes las necesiten, de que el mercado, la libertad, siempre funciona.

18 de Noviembre de 2004

Genial Dilorenzo

Afortunadamente, no todos en Lewrockwell.com están cegados por las reivindicaciones Palestinas. Gran comentario de Thomas Dilorenzo en contra del Estado palestino:

Durante toda mi vida adulta he estado leyendo en las noticias historias de gente inocente tiroteada en restaurantes o aeropuertos, reventado mientras conducía autobuses escolares, arrojado de los barcos estando en silla de ruedas, y cosas peores, todo perpetrado por los secuaces de Yasser Arafat. ¿Y para qué? En teoría por la causa de un "Estado palestino", causa que tanto Bush como Hillary Clinton apoyan cordialmente.

¿Necesita Oriente Medio, y el mundo, aún otro Estado? Todos los restantes Estados árabes son tiranías depravadas y corrumptas; ¿por qué hay que crear otra? Si semejante Estado fuera creado, se comportaría de manera semejante a los demás Estados:sustraería sistemáticamente la riqueza de sus ciudadanos mediante los impuestos, la derrocharía en naderías totalmente inútiles para los contribuyentes, privaría a sus ciudadanos de un número creciente de libertades, los reclutaría forzosamente para sus ejércitos con el objetivo de librar innecesaria y agresivas guerras, lavaría el cerebro a los niños con su sistema de educación pública, estrangularía a los empresarios con las regulaciones, asaltaría a la ciudadanía con un bombardeo diario de mentiras y propaganda y, en definitiva, se comportaría como una gigantesca corporación criminal. Esta idea debería haber sido enterrado con Arafat.


Nada que añadir.

Actualización: Me acabo de dar cuenta de que Chris Dominguez contesta en este post a Dilorenzo: En relación con el Estado palestino, me parece que ellos simplemente quieren secesionarse de Israel. Me hubiera gustado pensar que el más sutil detractor de Lincoln habría dado la bienvenida a una mayor descentralización.

A lo que Dilorenzo responde en otro post -que bien podría servirnos en el caso de España- titulado: Dictadura no es "Descentralización". En él básicamente le tira en cara a Chris Dominguez que si Arafat hubiera querido la secesión pacífica habría aceptado el ofrecimiento de Clinton. Sin embargo, durante toda su vida sólo quiso asesinar judíos. Además, le señala que no existe ningún paralelismo entre la formación de la Confederación americana y el caos de Oriente Medio. Dilorenzo concluye adviertiendo de que: Creando otra tiranía despótica en Oriente Medio díficlmente puede considerarse un ejemplo de descentralización. Sería simplemente una tiranía más centralizada.
Salerno y los economistas

Joseph Salerno ha escrito un interesante artículo en el Mises Institute sobre los economistas. ¿Deben serlo por vocación o por profesión? En opinión de Salerno, la nota distintiva de ambos es que el economista por vocación busca la verdad mientras que el economista de profesión sólo espera ganar fama y reputación. Pone como ejemplos extremos a Murray Rothbard, quien durante los años 70 sigue desarrollando sus teorías económicas aún a pesar de la nula fama y reconocimiento que ostentaban, y a Samuelson, quien se enorgullecía de que al hablar de economía moderna se esté hablando de mí.

Según Salerno, dado que el dinero o la fama es muy difícil conseguirlo en economía sin recurrir a programas gubernamentales que vistan de seda sus fatales políticas intervencionistas, el economista de profesión estará dispuesto a sacrificar la búsqueda de la verdad por obtener cualquiera de ambos fines. Máxime cuando, según el profesor, los individuos capacitados para mejorar la teoría económica en cada generación son escasos, con lo cual, vivir de la economía puede convertirse, en muchos casos, en sinónimo de servir al Estado.

Así, concluye Salerno, con el visto bueno de Jörg Guido Hülsmann, la economía es una profesión artificial, que no tiene clientela en el libre mercado y que sólo hubiera existido como una vocación por buscar la verdad en la ausencia de las históricas intervenciones del Estado.

La tesis me parece destacable. Sin embargo, he de señalar que me parece enteramente incorrecta. Al igual que ocurría con Hoppe, Salerno intenta construir una teoría praxeológica sobre bases poco sólidas. El tema me parece de interés, no tanto por las conclusiones del artículo en concreto, sino porque los errores que lo han conducido hasta ahí son también los que generan múltiples incongruencias en otros campos de la ciencia económica. No me voy a extender demasiado en explicar por qué esto es así, pero está intimamente relacionado, como suele suceder, con una problemática metodológica y conceptual que la Escuela Austriaca -no digamos las otras- no ha sabido resolver correctamente; en concreto, la idea de ocio y trabajo.

Algunos de vosotros sabéis que he estado trabajando en un artículo que pretende reconstruir ambos conceptos. De hecho, en las conclusiones del artículo, sostengo que enriquece el estudio de la acción dirigida a más de un fin. Éste es, precisamente, uno de los fallos fundamentales del artículo de Salerno, así como también su escasa distinción entre trabajo y ocio, que le cubre los ojos ante una nítida diferenciación entre medios y fines. Por ello, me dispongo a criticar el artículo señalando sus deficiencias; deficiencias que, en general, comparten la mayoría de los pensadores austriacos modernos.

La primera crítica está relacionada con las definiciones que emplea el artículo. No es sólo una crítica a Salerno, sino también a Mises. Así, ambos economistas distinguen entre un trabajo introversivo y otro extraversivo. El primero se realiza por su propia satisfacción, no por ser un medio para un fin más remoto; el segundo, se realiza porque el individuo prefiere el dinero que puede obtener por trabajar a la desutilidad del trabajo y el placer del ocio.

Este párrafo me parece una de las claves de los subsiguientes errores, si bien no el punto central. En este caso, se mezclan los conceptos de ocio y trabajo con total alegría, sin acotarlos praxeológicamente. Aunque éste no es el lugar adecuado para desarrollar mi teoría, baste decir que el ocio es el tiempo durante el cual satisfacemos nuestros fines y el trabajo el tiempo durante el cual nos proveemos de los medios para ello. En este sentido, está claro que el trabajo introversivo no es trabajo, sino ocio. Por otro lado, debemos abandonar de una vez la idea clásica de "desutilidad del trabajo"; todo trabajo, en tanto tiene un coste de oportunidad en ocio, supone una cierta desutilidad. El hecho relevante no es cuanta desutilidad somos capaces de soportar (ya que no podemos cuantificarla), sino si la prospección de ocio compensa tal disatisfacción. Evidentemente, una mayor dureza del trabajo amplía las ganas por que este concluya, es decir, nuestra preferencia por el ocio se incrementa con lo cual requeriremos una mayor prospección de ocio futuro.

Ejemplos típicos, según Mises, de trabajo introversivo (es decir, ocio) serían la búsqueda de la verdad y los deportes. De ahí que Salerno también yerre cuando sentencia que no es que el esfuerzo en el que incurre el buscador de verdad o el escalador de montañas no acarree desutilidad, sino que precisamente el sobreponerse a esa desutilidad lo satisface. Si el economista no disfruta cuando se esfuerza por desarrollar teorías económicas (leyendo, escribiendo, pensando, reflexionando...) la búsqueda de la verdad no puede considerarse trabajo introversivo (ocio) sino más bien trabajo extraversivo (trabajo). En ese caso, la prospección del ocio derivado de haber descubierto la verdad es mayor que la desutilidad del trabajo del economista. Por tanto, hemos de diferenciar claramente ya que Salerno, a partir de este paso en falso, confunde sus ideas durante todo el artículo.

La tesis de Salerno no es tanto que el auténtico economista deba disfrutar con sus acciones, sino que su fin prioritario debe ser buscar la verdad. Si Salerno sostuviera que el verdadero economista debe disfrutar con su trabajo nada impediría que un economista disfrutara desarrollando teorías economistas que sabe falsas. A un economista, replanteando las ideas de Salerno para que sean consistentes entre sí, le puede disgustar el tiempo perdido leyendo libros (y no jugando al paddle o buceando), pero en tanto en cuanto su fin es averiguar la verdad, decide emprender ese curso de trabajo. De hecho, según Mises, sólo los genios disfrutan continuamente de sus acciones; en este caso, un economista genial sería aquel al que le encantara como fin prioritario leer o reflexionar y (nótese que utilizar la conjunción y en lugar de la preposición para es determinante en esta oración), además, descubrir la verdad.

Antes de proseguir es necesario efectuar dos aclaraciones previas. Primero, del hecho de perseguir la verdad no se sigue que la teoría económica necesariamente avance. Es evidente que el individuo perseguirá empresarialmente el fin de la verdad, pero ello no nos asegura el triunfo de ese curso de la acción. Por tanto, no basta con buenas intenciones. En segundo lugar, también quiero matizar el concepto de profesión. Salerno lo equipara a trabajo, si bien no es así. Profesión es una acción monetariamente remunerada; trabajo simplemente la búsqueda y obtención de medios para satisfacer los fines. Las acciones del genio, la profesión del genio, pueden ser remuneradas, si bien no será trabajo, sino ocio.

Y ahora pasemos a la exposición central del artículo de Salerno. En su opinión, los economistas profesionales no son buenos economistas porque no se preocupan si pueden obtener un grano de verdad de sus modelos irreleales, pues su recompensa por ser economistas descansa en otra parte. Es decir, dado que los economistas profesionales no persiguen la verdad, sino la fama o el dinero, estarán dispuestos a renunciar a la verdad cuando la fama o el dinero lo requieran. El argumento parece implacable, pero sólo será cierto cuando el único fin del economista profesional sea ganar dinero (o conseguir fama).

El problema de Salerno es que olvida que una acción puede dirigirse a más de un fin. ¿Qué ocurre si el fin del economista profesional es buscar la verdad y, además, ganar dinero? En ese caso, deberíamos hablar de que relación existe entre los fines, cuál de ambos, en caso de conflicto, prevalecería. Sin embargo, también podría suceder que, en caso de conflicto, ninguno de ellos prevaleciera, y esa posibilidad no la considera Salerno. Imaginemos un economista profesional que ha emprendido tal trabajo por la concurrencia de ambos fines, si uno de ambos desaparece (porque dejan de pagarle o porque le obligan a defender mentiras) la profesión de economista habrá dejado de constituir un medio adecuado para sus fines.

Por tanto, dado que la persecución de dos o más fines con una misma acción es del todo posible, una persona puede ser economista porque desea conseguir fama como economista y haber desarrollado buenas teorías. El artículo de Salerno tendría alguna virtualidad si existiera entre ambos fines un cierto conflicto. Pero me temo que no hay ninguna ley que así opere, como sí sentencia el autor: Las aspiraciones profesionales y la cultura que genera no son sólo inconsistentes con la búsqueda de la verdad en economía, de hecho, son del todo antitéticas.

Salerno describe en su artículo como históricamente ambos fines se han ido volviendo incompatibles, pero basar las teorías económicas en hechos históricos supone un error. No se sigue que siempre y en todo lugar la fama o el dinero se deriven exclusivamente de mentir, o que, al menos, en ningún caso se deriven de decir la verdad. Por no existir esa relación inmutable, no estamos ante conclusiones universalmente válidas.

Es decir, con las correcciones pertinentes, el trabajo de Salerno tiene su interés desde el punto de vista histórico, pero no teórico. Como conclusiones teóricas podemos extraer que si la búsqueda de la verdad no constituye un fin de la acción no seremos buenos economistas. No obstante, ésta es una conclusión teórica endeble, que ya se desprende del propio concepto de empresarialidad. En ningún caso, podemos concluir que el buen economista, el buscador de la verdad, no deba desear la fama o la riqueza. Por ello, la economía no es una profesión artificial. Los genios disfrutan con ella; y los economistas que buscan la verdad no tienen que ser indiferentes ante la ostentación o el dinero. El problema surge cuando sólo se persiguen esos fines.

Aún así, todavía existe otra posibilidad que no hemos planteado y que Salerno ni menciona por encima. Imaginemos una persona a la que no le gusta la economía pero que tiene una mente prodigiosa. En este sentido, un mecenas le paga una cantidad estelar para que desarrolle teoría económica. Ciertamente, dado que la teoría económica es sólo un medio para conseguir dinero o tener tiempo libre, a este individuo le resulta indiferente si desarrolla una teoría económica cierta o falsa. En principio, según Salerno sería un mal economista. Pero, ¿qué sucede si esta persona, aún sin perseguir el fin de la verdad, tiene unas fuertes convicciones morales en contra de la mentira?

Fijémonos que buscar la verdad no es lo mismo que evitar la mentira. En el primer caso, nuestra prioridad consiste en descubrir la verdad, en el segundo, nos conformamos con no mentir conscientemente, pero no disfrutamos con el resultado de haber descubierto la verdad. Este individuo contratado por el mecenas está obligado por su trabajo a desarrollar una teoría económica y, aunque desprecie la economía, como sus convicciones morales le impiden escribir algo que sabe falso, se encamina necesariamente a una teoría económica que sinceramente cree correcta. Su fin satisfecho (aparte del salario) habrá sido la coherencia con sus convicciones, el subproducto de ello, una teoría económico auténtica.

Por todo ello, insisto, el artículo de Joseph Salerno me parece erróneo. Es importante no confundir el análisis histórico con el teórico. Establecer teorías a priori transgrediendo otros principios económicos y metodológicos más importantes es del todo peligroso.

17 de Noviembre de 2004

Los frutos del terror

A nadie debe extrañar la descomposición intestina que con denodado esfuerzo nos ofrece a diario el unido pueblo palestino. El intento de asesinato de Abu Mazen, el anunciado boicot de las próximas elecciones por parte de Hamas, y su amenaza de ahorcar a los funcionarios palestinos corruptos, sólo pueden hacernos pensar que el odio y la maldad, componentes inseparables del fenómeno terrorista, se han adueñado de la mayor parte de los palestinos.

El gran logro de Arafat ha sido instalar permanentemente la táctica de la muerte y del terror en una sociedad. En una entrevista, Arafat le espetó a Oriana Fallaci que: ¡No! ¡No queremos la paz! Queremos la guerra, la victoria. La paz para nosotros significa la destrucción de Israel y no otra cosa. Lo que ustedes llaman paz, es paz para Israel y los imperialistas. Para nosotros es injusticia y vergüenza. Lucharemos hasta la victoria.

No es de extrañar, pues, que los palestinos se descompongan en luchas para aniquilarse entre sí. El terrorismo se ha convertido en un hábito, en su modus vivendi. En vida de Arafat, era éste quien canalizaba toda esta estrategia asesina contra los sucios judíos; hoy, a falta de guía, el odio en el que se han educado se traslada hacia la lucha por la toma del poder. Como el propio Arafat sentenció en un discurso el 21 de octubre de 1996, en el campo de refugiados de Deheishe: Sólo conocemos una palabra, jihad, jihad y jihad.

La cuestión es, pues, hasta qué punto los palestinos podrán deshacerse del ruin legado de Arafat, el del odio, la confrontación y el terrorismo. Aún en el supuesto optimista de que sea Abu Mazen el sustituto de Arafat, ¿podrá controlar las hordas ahítas de sangre judía-invasora?

Pero, desde luego, la pregunta clave sigue siendo si los europeos, los creadores y hostigadores del antisemitismo siempre y en todo lugar, seremos capaces de derrumbar el mito pacifista de Arafat y asumir nuestras culpas en su perpetuación -mirando hacia otro lado o defendiéndolo con ardor- y financiación como tirano, para así conseguir rectificar en lo venidero. Porque los europeos, sabios nosotros, nunca nos hemos equivocado: ni con Hitler, ni con Stalin, ni con esa bondadosa niña de nuestros ojos llamada Arafat.

15 de Noviembre de 2004

Ungido sin complejos

Palabras de Michael Moore sobre los votantes de Bush: El 51 por ciento de los estadunidenses padecieron en estas elecciones de falta de información y nosotros queremos educarlos e iluminarlos. No les dijeron la verdad. Nosotros somos comunicadores y depende de nosotros empezar a hacerlo ahora.

13 de Noviembre de 2004

La posibilidad del NO

Fernández de la Vega nos advierte con su firme rictus: Votar que No a la Constitución Europea significaría paralizar la dinámica Europa. De la Vega, como buena totalitaria, confunde Europa con Unión Europea, una cosa es enfrentarse a ésta y otra dar la cálidad bienvenida a aquélla. Europa, entendida como una sociedad en la que los individuos pueden interrelacionarse, no tiene absolutamente nada que ver con el mastondóntico estado que los burócratas europeos y nacionales pretenden imponernos mediante ese absurdo documento.

Incluso para quienes aspiran -yo, desde luego, no lo hago- a negociar una Constitución mejor, De la Vega les amenaza con que la esperanza es nula. O esta Constitución o el caos. O esta Constitución o el fin de Europa. Falsas dicotomías, intencionadas y manipuladas dicotomías.

La apelación que De la Vega efectúa del consenso es realmente ilustrativa de qué entiende la Constitución Europea como tal, un consenso de democristianos, liberales, verdes y la izquierda plural. Se trata de un consenso entre políticos, un consenso que imprime el auténtico funcionamiento del futuro de nuestras vidas, "otros deciden, nosotros obedecemos".

En todo caso, la posibilidad del NO sigue abierta. El voto de quienes nos oponemos, unido al voto de castigo, y a la previsible elevada abstención, podrían dar al traste con las aspiraciones ultraintervencionistas de los políticos. No olvidemos que en este camino no estamos solos, si bien a más de uno le repugnará la compañía. Aún así, creo que hemos de ser conscientes de que para bloquear esta Constitución necesitaremos el apoyo de alguien más aparte de los liberales; hemos de aspirar a ganar este referéndum, no sólo a hacernos notar o a expresar un voto moral. Cada NO será deciviso ese día, cualquiera que sea el motivo de la negativa. Por ello la posibilidad de tumbar la Constitución Europea sigue en pie, por ello De la Vega empieza a hacer campaña.

12 de Noviembre de 2004

Para comprar el libro del Che

Ayer José Carlos nos informó de que Pío Moa había escrito una laudatoria reseña sobre el libro del Che de Fernando Diaz Villanueva. El problema que tenía el libro, según muchos, era su distribución, tal que dificultaba su adquisición. Pues bien, podéis encontrar la ficha del libro aquí.

Por otro lado, para comprarlo teneís que ir al catálogo, buscáis por autor "Villanueva", y cuando os aparezca el libro, lo adquirís pulsando en el carro de la compra.

El único "inconveniente" que veo a toda la operación es el pago mediante transferencia bancaria. Por lo de más, el libro es un chollo; aparte de contener una temática que esperábamos desde hacía años, su precio es de 9 euros, con tapas de cartón. Ale, a comprar, que para algo somos unos malditos capitalistas consumistas subvencionados por la CIA.

11 de Noviembre de 2004

Fortuna y terror

Lo cierto es que las entrevistas digitales de El Mundo se están convirtiendo en un buen escaparate de mentiras, barbaridades e insultos. Hoy han entrevistado a Mohamad Jaber, vicepresidente de la Asociación Hispano Palestina Jerusalén. El antisemitismo de este señor es tan sumamente palpable que horroriza pensar en cuál puede ser la opinión de los miles de palestinos menos educados y más expuestos a la distorsión fáctica de la OLP. En concreto, conviene destacar las preguntas referidas a la fortuna de Arafat:

En un primer momento lo niega tajantemente y atribuye tales infundios al sionismo:

3. ¿Es cierto lo que se dice de que Arafat amasó gran fortuna, requisando ese dinero de las ayudas a su pueblo? Esto ha sido una gran sorpresa para mí.

No es cierto. Creemos que la propaganda del sionismo busca perjudicar la figura de Arafat atacando por todas las vías.

Luego, ha dado la callada por respuesta:

20. Fortuna personal de Arafat entre 300 y 900 millones de dolares. ¿Algun comentario?

Ninguno.

Y luego, finalmente ha tenido que corregir que no hablará sobre ese tema:

22. Buenos días, ¿cómo puede entenderse que la mujer de Arafat viva en París de una manera tan lujosa siendo la mujer de quien es? ¿Quién pagaba todo?, ¿Como podía permitirlo Arafat?. Gracias.

Sin comentarios. Lo lamento, pero no voy a entrar en ese tema.

Es curioso; en la primera pregunta sí había entrado negando los hechos, ahora simplemente guarda silencio. ¿Es que acaso las técnicas de los funcionarios del gobierno palestino consisten en mentir primero y aparentar una sutil indiferencia después? En realidad, toda la entrevista a Jaber carece de la suficiente credibilidad, visto lo visto.

Por último, ha habido una respuesta que me ha dejado boquiabierto. Jaber ha rechazado el terrorismo durante toda la entrevista, ya sabemos que eso en Occidente vende cantidad. Sin embargo, quizá hastiado del tema, su contestación a una de las últimas preguntas merece una posición aparte:

34. Sinceramente y con todo el respeto del mundo, creo que ustedes se equivocan al no condenar plenamente la violencia. Estamos todos de acuerdo que la situacón del pueblo palestino es una vergüenza, pero creo que lo primero que tendrían que dejar claro es la condena sin paliativos de la toda violencia, bien sea israelí o palestina. Espero que pronto todo pueda solucionarse y mis saludos al pueblo palestino.

Aquí no se trata de la violencia, sino de la lucha de un pueblo por su autodeterminación y sus derechos básicos de la vida.

El terrorismo no es violencia, sino lucha por los derechos de un pueblo. ¿El derecho a lanzar a los judíos al mar?

10 de Noviembre de 2004

Así responden los progres

Hace unos días me permitía una pequeña mofa sobre la capacidad argumentativa de Fran Perea. En la misma sección de El Mundo han entrevistado a Rosa Regàs y, sinceramente, hace bueno a Perea.

Las respuestas de Regàs son extraordinarias, fijémonos:

6. ¿Por qué defiende para los cubanos lo que jamas permitiria para su propio pueblo?

Yo no defiendo para los cubanos lo que no permitiría para mi propio pueblo. Lo que defiendo es que no es justo ni moral un bloqueo dedicado a Cuba por no ser democrática y en cambio dar a China el estutatuto de comercio preferencial cuando todavía está más lejos de la democracia, cuando sus cárceles están llenas de personas acusadas de delitos políticos, cuando las penas de muerte se decretan y aplican por esos mismos delitos. La injusticia del bloqueo, igual que el bloqueo que se aplicó a Irak sólo perjudica a los ciudadanos, no al líder que se quiere castigar. Esto es elemental y de justicia. Es lo que yo defiendo.

Le preguntan sobre el régimen cubano y habla sobre el bloqueo (que no es bloqueo sino embargo, y tampoco embargo ya que EEUU es el primer exportador en Cuba) de los EEUU. Fantástico. Pero, aún así, Rosa Regàs se supera cuando le preguntan sobre Arafat.

16. ¿Podría darnos su opinión sobre Arafat?

Un lider palestino que le ha tocado vivir bajo la prepotencia y la amenaza constante de un líder israelí que no ha cumplido ni una sola de las resoluciones de las Naciones Unidas, que goza del favor de la comunidad internacional y que posee armas de destrucción masiva.Que además, con todas las dificultades ha logrado, a trancas y barrancas, mantener unido un pueblo destrozado, humillado y dispuesto a dar la vida por su país porque no le queda nada con que luchar. Que habrá cometido errores? Seguramente, pero no asesinatos preventivos, ni destrucciones de casas y campos de los que lo oprimen.

No se a qué líder israelí se refiere. Quizá la memoria pez de esta señora le lleve a pensar que siempre ha estado Sharon al frente del gobierno israelí. Sin embargo, precisamente por su naturaleza democrática, los interlocutores israelíes, a diferencia de lo que ha sucedido en el lado palestino hasta estos alegres días, han sido numerosos. A Regàs le preguntan por Arafat y responde con Israel. Genial.

Eso sí, viendo las pocas palabras que dedica al terrorista, mejor que haya sido así. En su opinión Arafat no ha cometido asesinatos preventivos. ¿Qué es un asesinato preventivo señora Regàs? Creo que no entiendo muy bien el concepto. ¿Un asesinato preventivo significa matar antes de que te maten? No, eso se llama legítima defensa. ¿Significa matar antes de que creas que te van a matar? Quizá, pero en todo caso, si la creencia está suficientemente fundada, no deja de ser legítima defensa. Y claro, si el que Regàs insinúe que Israel comete atentados preventivos es, si más no, un insulto que, no por tenernos acostumbrados los antisemitas, debemos pasar por alto.

En todo caso, lo más probable es que Regàs tuviera en mente "asesinatos selectivos", que sí es una práctica, afortunadamente, frecuente en el ejército israelí. Claro que, si hubiera sentenciado que Arafat no ha practicado asesinatos selectivos hubiera dicho una gran verdad. Arafat ordenó siempre matar judíos, mujeres y niños prioritariamente, para extinguir esa sucia especie. Poco importaba pues el objetivo, ya que el objetivo selectivo era todo el pueblo judío. Quizá por eso ha rectificado Regàs, dejar a un terrorista como terrorista no encaja demasiado bien con su inimitable progresismo. En todo caso, seguiremos pagándole el sueldo a esta señora.

8 de Noviembre de 2004

De nuevo, los censores

Primero fue Ramonet, luego Cebrián, y finalmente un Fernando Berlín que poco tiempo después se desdijo o se matizó a sí mismo.

Ahora, cómo no, les llega el turno a los inigualables protectores de las libertades concentrados en torno a Rebelion.org. El artículo no propone abiertamente la censura, de hecho, sólo pretende ser una descripción del entramado de financiación de Libertad Digital. Sin embargo, se percibe una clara nota reprobatoria hacia la existencia del liberalismo en Internet: Toda una legión de periodistas, formadores de opinión, tertulianos, académicos y articulistas, son reclutados al servicio del ideario reaccionario a golpe de talonario procedente de grandes conglomerados empresariales que buscan seguir creando opinión del mismo modo que lo estaban haciendo en la gran prensa, radio y televisión.

No obstante, observando la cita de cabecera de Ramonet la cuestión queda clara: En la nueva guerra ideológica que impone la mundialización, los medios de comunicación son utilizados como un arma de combate. Es decir, la cuestión para Ramonet no es, ni debe ser, qué ideas se muestras superiores, sino que ideas copan, al estilo goebbelsiano, los medios de comunicación. Se trata, por tanto, de dominar esos medios de comunicación y, en palabras de Ramonet, apoderarse de la verdad.

La izquierda se ha dado cuenta de que está perdiendo la batalla allí donde las ideas no son sometidas a cortapisas ni a licencias gubernamentales. Tiene miedo pues, por primera vez, está viendo balancear no sólo su superioridad intelectual, sino especialmente su mentada superioridad moral. El internauta capaz de leer y comparar observa como la reacción coactiva y estatalista de algunos no cristaliza en el supuesto progreso que dicen abanderar. Más bien el contrario; son muestras inequívocas de su visceral odio a la libertad que con tanta maestría han sido capaces de ocultar durante casi un siglo.

Dado que este proceso de desenmascaramiento, de pérdida de la batalla intelectual, sólo está empezando -pero el saldo por el momento es tremendamente favorable a la causa liberal- los previsores empiezan a lanzar mensajes de veladas advertencias a sus correlegionarios para que detengan el avance de la libertad. Pretenden sentar la base justificativa para que nos cierren la boca de una vez por todas también en Internet. El argumento ahora parece ser la desigualdad de posiciones de partida: mientras los medios izquierdistas proceden del pueblo, los de la derecha lo hacen desde la clase empresarial y política. Esta razón serviría por sí sola para justiticar la mordaza.

No voy a gastar tiempo, siquiera, en refutar tremendas tonterías, procedentes como siempre de mitos socialistas previos, como el carácter inherentemente anticapitalista de las clases populares y obreras. Yo por mí solo soy la prueba en contra de tamaña barbaridad. Y me nombro a mí, pero podría hablar de la totalidad de los componentes de Redliberal.com. La cuestión, nuevamente, no es que la información que transmitan siente la base justificativa para la censura, ni, mucho menos, que esa información sea cierta; basta con que esa información se tome por algunos políticos, y los ciudadanos que los respaldan, como cierta y suficiente para atacar a la derecha mediática.

En todo caso, si ellos tienen miedo de perder la batalla ideológica, he de expresar mi temor de que ganen la batalla política y consigan finalmente reprimirnos. La campaña, concertada o espontánea, de la izquierda da realmente pavor. La sistematización de las críticas, las sugerencias encubiertas, la variedad de puntos de ataque y la coincidencia del fin último nos demuestran que la vanguardia propagandística del antiliberalismo ya ha abandonado, casi en su totalidad, la posibilidad de vencer a su odiado neoliberalismo en las ideas, la presión se está ejerciendo, una vez más, en la lucha política por controlar nuestra capacidad de expresión. Venceréis pero no convenceréis que diría Unamuno. En este caso, esperemos que no venzan, pero a buen seguro, y a las pruebas me remito, que lo intentarán por todos los medios en su haber.

7 de Noviembre de 2004

Los progres no juegan al pádel

Pero bucean... ¡y de qué manera! La primerísima dama española, la progresísima Sonsoles Espinosa, está recibiendo clases de buceo -supongo que entrará dentro de sus obligaciones como presidenta consorte- en la la piscina cubierta climatizada de la academia de Valdemoro.

El hecho no tendría más relevancia (por cierto, nota al margen, ¿nadie se queja del despilfarro de agua que supone la piscina mientras los campos de golf levantinos se están secando?) si no fuera porque doña Sonsoles, pudorosa ella, ordena desalojar la piscina cada vez que su inmaculado cuerpo entra en la piscina.

En este sentido, los guardia civiles que acuden a la piscina a disfrutar de su tiempo libre se sienten humillados cada vez que Sonsoles se hace un espacio demasiado amplio en la piscina. Al fin y al cabo, las razones que alega no pueden ser más implacables: desalojar a todos los guardia civiles por motivos de seguridad. Genial Sonsoles. Que porte tienes.

6 de Noviembre de 2004

Valenciano

Manel ha escrito un excelente post sobre la polémica valenciano-catalán que recomiendo a todos aquellos mínimamente interesados en el tema. Un resumen soberbio de muchos de los argumentos a favor del valenciano. Felicidades una vez más.

Querría aportar mi granito de arena pero no tanto desde el punto de vista histórico-filológico, cuanto del institucional. La polémica a la que estamos asistiendo es estéril, procede de una pretensión estatilizadora de los productos sociales y evolutivos que suponen las lenguas. Como señala Manel, la discusión y la crispación sólo han surgido tras las pretensiones catalanistas de basar sobre la unidad de un idioma su edificio político. La famosa tríada de "una llengua, una cultura, un país". Esta triple identidad es falsa, no sólo porque, como en el debate de los años 80 algunos blaveristas sugirieron, la lengua es sólo el vehículo a través del cual se expresa la cultura, haciendo posible que distintas culturas se expresen en una misma lengua, sino, en especial, porque como concluyó el valencianista Adlert -no sé si siguiendo a Hayek- las lenguas son objeto de los pueblos, de los individuos y no de los cientifismo rancios.

En este punto, creo que Miquel Adlert da con la clave. Las lenguas las utilizan los individuos en su vida cotidiana, no tienen un determinada adscripción territorial, porque las fronteras han sido, en muchos casos, artificialmente trazadas. Las fronteras son un producto de la planificación cartesiana, las lenguas de la evolución institucional, esta contraposición genera tensiones insostenibles para el político. Si todo país debe tener su misma lengua, si consideramos que las lenguas son posesiones de Estados ajenos, resulta claro que la penetración de una lengua en otra comunidad, supone una limitación de la soberanía del gobernante. Por ello, todo burócrata que se precie ha tratado de apropiarse de las lenguas: definir qué es y qué no es correcto, definir cuáles son los limites y extensiones de la lengua y promocionar el uso de su lengua de diseño.

De esta manera, se han creado academias públicas de la lengua, como la Real Academia Española, o academias privadas, como el Institut d'Estudis Catalans, que han contado con la delegación fáctica del gobierno para crear el estándar. Esto fue lo que sucedió, en efecto, cuando se le encargó al Ingeniero Industrial -no filólogo- Pompeu i Fabra que creara una lengua unificada a partir del dialecto mayoritario en Cataluña: el dialecto barceloní. De paso, como apunta Manel, Pompeu i Fabra se dedicó a deformar y distinguir ese estándar cuanto pudiera del español. Fíjémonos en las palabras que Miguel de Unamuno le dedica en su obra "La Dignidad Humana":

"Hay en Cataluña un sujeto -o lo había no ha mucho- empeñado en la desatinada empresa de reformar la ortografía catalana en sentido etimológico restableciendo íes griegas, tes-haches y otras letras bien muertas (mythología, verbigracia) y entre las razones que en abono de su proyecto daba callábase la principal, y es que así se diferenciaría el catalán escrito del castellano escrito mucho más aún de lo que hoy se diferencian entre sí, que es bastante. Del mismo género es el cuidado que algunos escritores catalanes ponen, cuando se encuentran con dos sinónimos, de escoger el que más se aparte del vocablo castellano correspondiente, aunque el otro se parezca al francés, como quién escoge indret, en francés endroit, lugar."

Por supuesto, algunos de los ejemplos de los que habla Unamuno nunca llegaron a consolidarse, sin embargo, denotan claramente el porqué del proyecto. Y denotan, más si cabe, otro aspecto fundamental ligado al tema de este post: es absurdo diseñar las lenguas en un laboratorio.

La pretensión de crear un estándar universalmente válido, ya con fines políticos o sin ellos, es ridículo. Cuando Fraba pretendía, y en parte ha conseguido, imponer en Valencia el dialecto barceloní, lo que estaba haciendo en realidad es constreñir nuestra habla a las características particulares y locales de una ciudad lejana. Los valencianos han ido modulando, no intencionadamente que matizaría Hayek, su lengua a lo largo de los siglos. La han aprendido y la han usado porque así ha servido para cumplir el cometido de toda lengua. Las importaciones lingüísticas coactivas golpean a los usuarios de una lengua en tanto en cuanto les obligan a utilizar un registro distinto.

Imaginen que impusiéramos el español estándar en México o, mejor aún, en China. Las fricciones que surgirían entre la gente para adoptar esa lengua serían tremebundas. En Valencia ha venido ocurriendo algo similar, pero atemperado. Como bien señala Manel, el ejemplo mexicano-español no sirve ya que, en todo caso, el barceloní sería el mexicano y el valenciano el español (remito al artículo de Manel). De hecho, cada grupo social (tal como estos queden definidos, esto es, no existe un trazo objetivo para diferenciarlos) usa un determinado registro con sus propias variantes. El hecho notable es hasta que punto esos individuos que integran los distintos grupos sociales se sienten ligados a una misma unidad lingüística.

Por ello, el valenciano sí es, hoy por hoy, una lengua distinta del catalán: porque tiene elementos suficientemente diferenciadores de aquél y, sobre todo, porque existe una innegable consciencia en Valencia de que ambas lenguas son distintas. Resulta, en todo caso, perfectamente legítimo que un valenciano opine justamente al revés, en todo caso, él estará empleando conscientemente el catalán; sin embargo, una mayoría aplastante de valencianos sigue creyendo que la lengua que habla se denomina valenciano, creencia sustentada, como ha expuesto Manel, por argumentos históricos y filológicos. No obstante, quiero remarcar, el hecho relevante no es tanto si existe un transfondo "objetivo", cuanto la apreciación social de que así es.

Ahora bien, cuando se crean rigideces artificiales en torno a una lengua (y por rigidices entiendo normalización pública) esa lengua empieza a quedar fosilizada. El avance y la evolución social van, como no podría ser de otra forma, muy por delante de unos académicos-burócratas que, por la misma imposibilidad del socialismo, son incapaces de incorporar todas las modificaciones a la lengua estándar. Ese gap entre la lengua real y la lengua oficial, sobre todo cuando los hablantes de la lengua real son obligados a utilizar la oficial, produce a medio plazo un efecto escape hacia otras lenguas más "libres". El IEC se preocupaba hace poco de la progresiva desaparición del catalán. En mi opinión, esa acelerada pauperización es fruto de la presión administrativa para que a) comunidades enteras adopten una lengua con características fonéticas, léxicas y gramaticales bastante distintas a las suyas, b) el castellano, aún regulado, aparece como una alternativa mucho menos constreñida. Se produce un efecto sustitución lingüístico que es tanto más sencillo -menos costoso- cuando el sujeto conoce la otra lengua.

De hecho, a los burócratas españoles no les vendría mal aprender la lección. Hoy el castellano sobrevive en España por dos razones muy simples: a) comparativamente es más libre que las lenguas regionales (fruto de un proceso artificial de normalización y de obligatorio aprendizaje y uso en sus comunidades autónomas) y b) el conocimiento del inglés dista mucho de estar extendido. Sin embargo, no olvidemos que el español adolece de los mismos defectos: obligatoriedad y rigidez normativa.

En una sociedad liberal deben ser los académicos privados los que propongan los estándares que la gente subjetivamente considere más similares a su lengua. Se produciría así un proceso de selección natural hacia aquellos diccionarios y normas sintácticas que mejor plasmaran la realidad. No serían de uso compulsorio, pues el Estado no quedaría ni vinculado ni identificado por ellas, y no permanecerían fosilizadas pues la empresarialidad reformaría de continuo estos códigos lingüísticos. El inglés, hoy en día, es un perfecto ejemplo.

Volviendo al tema del valenciano, este proceso empresarial empezó con Les Normes del Puig y la creación privada de la Real Academia de la Cultura Valenciana. Ambos se propusieron como representantes del idioma valenciano; su problema fue que pretendieron quitarle el sitio homogeneizador que hoy ocupa el catalán-valenciano en la Comunidad Valenciana. El gobierno valenciano los rechazó y han caído casi en el olvido: hoy en día, aquello que no recibe sanción oficial no es útil, la Administración lo ahoga.

Por ello, propongo la desvinculación inmediata de los Estatutos de Autonomía de cualquier lengua, la neutralidad de la Administración con respecto al estándar utilizado, siempre que goce de un cierto reconocimiento (este problema sería más fácilmente solucionado privatizando la administración, pero a corto plazo parece poco factible) y la autonomía de los colegios para seleccionar el estándar más adecuado. Sólo así podríamos garantizar hoy una sociedad lingüísticamente parcial, pero políticamente neutral.
Resumen de la KDD en Barcelona

Atendiendo la petición de tranquilocomp voy a tomarme la licencia de comentar aquello cuanto recuerdo, y puede contarse, de la KDD que celebramos en Barcelona el viernes 29. Por supuesto, todos los asistentes están cuasi obligados a aportar su grano de arena, ampliando el post o contando anécdotas.

Quedamos, como fue anunciado, sobre las 21.30 en Plaza Cataluña. Allí nos encontramos Toni Mascaró, Arcadi, Albert Esplugas, Jorge Valín, Hirasawa, un amigo de éste, Dlluis, Otrillas, Napaloni, y un servidor. Y, aunque posteriormente no vino a la cena, felipon también se pasó a saludar.

Cenamos en una pizzeria, donde tuvieron lugar las más curiosas discusiones. Por un lado, como no podía faltar, el tema de la guerra entre libertarios y neocons y las elecciones estadounidenses, pero también, en otro orden de cosas, la fundamentación autoevidente o empírica de la Acción Humana. La cena fue harto interesante, acompañada de numerosas jarras de cerveza y sangría.

Terminada la cena, si no recuerdo mal sobre las 12.30, se nos unieron xavier y otros dos amigos. Nos fuimos a otro local donde celebramos el famoso brindis por la muerte del carnicero, como comentaba xavier, el brindis más políticamente incorrecto que habrá vivido Barcelona.

Cuando terminamos de este local, 1.30 aproximadamente, la gente empezó a retirarse de manera sabia, probablemente previendo lo que vendría después. Marchamos hacia el barrio gótico, viendo de refilón a la siempre famosa Carmen de Mairena, y entramos en otro local de copas. En este momento, ya con el alcohol sustancialmente en sangre, las discusiones políticas fueron dejadas de lado por otras más vanales que no vienen al caso.

Al retirarnos de este bareto, sobre las 3.00, entramos en otro más propiamente de baile. Lo abandonamos sobre las 5.00 dado el estado, no precisamente de sobriedad, de algunos. Eso sí, fuimos bastantes los que, de viaje a casita, vimos amanecer.
Jorge Valín contra Jesús García

Muchos de vosotros conoceréis a Jesús García, analista económico en el programa de Mª Teresa Campos y colaborador de El Confidencial. Pues bien, el susodicho escribió ayer viernes un artículo en El Confidencial acerca de la información asimétrica y la Bolsa. No olvidemos que la información asimétrica no deja de ser un caso particular del defecto teórico de los modelos de competencia perfecta; uno no sabe algo pero sabe que no lo sabe. Es decir, desde fuera es capaz de observar los defectos en su información perfecta.

No en vano, Jesús Huerta de Soto se queja de que el neoclasicismo aún no ha entendido los análisis austriacos de la información; ésta no puede en ningún caso objetivizarse, no son datum dados, sino que son hechos externos que cada actor incorpora, o no, en su acción de una determinada manera, dándoles una particular y singular interpretación. No sólo eso, una vez esas circunstancias externas subjetivamente aprehendidas modifican el curso de nuestra acción de una manera única e irrepetible, somos los propios sujetos los que estamos creando nuevas pautas que, en caso de ser observadas y consideradas por otros sujetos, darán lugar a nueva información. La información no es tanto un fenómeno externo, un objeto, cuanto una valoración subjetiva de las circunstancias de la acción. Obviamente, dado que dos acciones nunca serán idénticas, el procesamiento de dos hechos, tampoco.

Pero volviendo al tema, Jorge Valín respondió excelentemente en su bitácora al artículo de Jesús García. Tras una cizañera mediación mía, parece que Jesús García se ha decidido a responder al artículo de Valín; aunque no esté firmado, podéis apreciar en los comentarios su opión. Valín, acto seguido, lo machaca impíamente. Una discusión bastante interante, la Campos podría animarse a contratar en su mesa de debate a nuestro bitacorero.

4 de Noviembre de 2004

Izquierda. Sin pudor.

Leo una de las preguntas que le han planteado a Fran Perea, actor en la serie de Los Serrano, en El Mundo:

- 17. Mójate polítcamente, ¿Derecha o Izda?

- Izquierda. Sin pudor.

No es poca cosa. Hace unos cuantos años las respuestas hubieran sido: "Izquierda, por supuesto" o "¿Es necesario que responda?" Hoy, afortunadamente, ya no. Sin pudor, empieza a ser necesario matizar que ser de izquierdas puede producir vergüenza.

La entrevista no se ha quedado ahí. Coherente con sus principios de izquierdas, critica la piratería.

- 24. ¿Hola, amigo, me gustaría saber cuál es tu opinión al respecto de la piratería musical? Me parece que es la única conquista social ante las multinacionales y ahí radica la joda de las empresas y el Gobierno con las campañas de lucha.Creo que su única preocupación es evitar essa fuga de dinero que no va para sus arcas. No sé, a ti que te parece?

- Creo que hay que evitar las posturas radicales. Cuando compras un disco en la calle no estás ayudando a nadie, sólo a una serie de mafias que sí que llenan sus arcas. No creo que sea un problema ni de las multinacionales, ni del gobierno, ni del comnsumidor por separado, sino de todos. Habrá que llegar a un acuerdo de todas las partes para buscar solución a un hecho que se desmarca de la ley.

Cuando le tocan la cartera el niño salta. Su solución a este ficticio problema está a la altura del infantilismo de ZP y su diálogo de civilizaciones. Parece que el talante también llega a Los Serrano.

En otras preguntas, podemos observar la grandeza intelectual de este tipo.

- 13. Hola Fran, ¿qué opinas del debate sonbre la televisión basura?En tu opinión ¿Qué ingredientes debería tener una televisión de calidad?

- Muy buena pregunta. Yo creo que la clave está en los contenidos. Nos guste o no, la televisión forma parte de nuestra vida, y contiene factores educativos. Si los contenidos son buenos, la televisión será buena. También es verdad que debe entretenernos. Si mezclamos una televisión entretenida con programas que traten la actualidad social (los problemas reales de la sociedad de hoy, no los de Dinio), pues tendremos una televisión mejor.

La clave de la telebasura está en los contenidos. Magnífico, ¿y dónde debía estar? ¿En la transmisión? ¿En los mandos a distancia? ¿En el maquillaje? ¿En el atrezzo? Típica respuesta tautológica. Claro que no ha aclarado que le parece que ZP, su ZP, multe a la televisión que le da de comer por contraprogramar o los amenace con regular sus contenidos. ¿Los Serrano serían calificados como telebasura?

Por último, también es destacable la pregunta, cómo no, sobre Bush.

- 25. qué opinas de los resultados electorales en EE.UU??

- Estoy jodido. Me parece muy peligroso dejar a la mayor potencia mundial en manos de un inepto.

Pobrecito, está fastidiado porque un inepto dirija EEUU. Y lo dice después de que le preguntaran: 8. ¿Estás seguro de que 1+1 son 7? Vaya, quien me lo iba a decir... y respondiera: Je, je. Todo depende del valor de 1...

Sin pudor.
ZP y el multilateralismo

Caldera ha asegurado en Telecinco que ZP defiende la paz y el multilateralismo. Parece que el ministro de trabajo no tiene una definición muy clara de estos conceptos. No ya sólo por entender multilateralismo como el unilateralismo del Consejo de Seguridad de la ONU, sino porque el multilateralismo no es garantía de nada. La primera guerra de Irak fue multilateral, pero fue guerra. ¿Apoyaría ZP una nueva guerra en Oriente Medio si ésta fuera librada multilateralmente? En ese caso, o renuncia a su ideal de paz o a su ideal multilateral; tendría que ser unilateralmente pacifista.

Como dice Lew Rockwell, la diferencia entre Bush y Kerry es que uno quería una guerra unilateral, mientras que el otro demandaba una gran cantidad de consultas y de tropas antes de hacer la misma cosa.

No sé si ZP, a través de Calderilla, antes de invocar ese mágico palabro de multilateralismo ha reflexionado dos veces sobre su significado.
Un, dos, tres

Un, dos, tres. La progresía solloza otra vez.
Por un nuevo sistema electoral

Los progres de medio mundo, espantados por los resultados que la democracia puede producir han empezado a sugerir algunos cambios que deberían aplicarse en el sistema electoral norteamericano. Obviamente, el hecho de que Bush haya ganado también en voto popular les ha impedido reclamar que la antidemocrático fórmula electoral por Estados (que mutatis mutandis es muy parecido a la de España) sea sustituida por un distrito único en EEUU. Así que centrémonos en los dos cambios que van a causar furor en Occidente.

El primero, no defendido de manera demasiado explícita, se refiere a limitar el derecho a voto a las capas realmente ilustradas de la sociedad. A Bush lo han votado los vaqueros deficientes, los paletos retrógrados, a Kerry la intelectualidad yankee. No me parece una idea descabellada, cuidado, al menos no una idea descabellada como para rechazarla de entrada. Eso sí, espero que tenga el mismo valor para defenderla públicamente llamando a semejante propuesta por su nombre: sufragio censitario.

La segunda propuesta, sí tiene su enjundia. En este caso, se empezó a defender como un chiste morboso y ahora ha tomado carta de naturaleza política. Consiste, básicamente, en que todo el mundo tenga derecho de voto en las elecciones estadounidenses. Así, están convencidos, Bush nunca saldría elegido. España no es EEUU. Europa no es EEUU y, sobre todo, Arabia Saudí, Irán o Siria no son EEUU. Con todo, aún en ese caso, no son descartables las sorpresas.

De cualquier manera, no tiene cabida estudiar los fundamentos jurídicos de esta absurda propuesta, destinada obviamente a cargarse la soberanía useña. Eso sí, espero que todos sus defensores tengan presente un principio fundamental del derecho internacional: el principio de reciprocidad. Es decir, de implementarse la absurda propuesta los españoles podríamos votar en las elecciones yankees, pero los yankees podrían votar en las elecciones españolas. Adiós a este ZP y a los venideros. Quizá tengamos que examinar la propuesta.
¿Qué le pasa a Michael Moore?

Está desparecido en combate. La portada de su web ha sido sustituida por una foto de Bush formada por lo que parecen ser pequeñas fotos de las víctimas en Irak, con un anuncio para suscribirse a su mailing list -habrá que probarla.

La última actualización es del propio día de las elecciones, arengando al voto. Pobre Mike. Quizá pensando el guión de su próxima película.

3 de Noviembre de 2004

Ganó Bush

Suficientes reflexiones en torno a la victoria republicana se habrán oído hasta el momento. De poco servirá, supongo, añadir una más, pero en cualquier caso sí querría apuntar algunas cosas.

Me alegro de la victoria de Bush. No tanto por el propio personaje, sino por el adversario derrotado. Y no me estoy refiriendo a Kerry, ni mucho menos. La auténtica derrotada en las elecciones de ayer fue la progresía mundial y su capacidad de manipulación y control populista. Kerry era un pánfilo que hubiera podido llegar a presidente, los progres de ambos lados del Atlántico suponen un peligro de deriva totalitaria hacia nuevas y más peligrosas formas compulsivas. La izquierda ha perdido este pulso, la calle esta vez no ha respondido. En general, el voto a Kerry era un voto antiBush, en mi caso, el apoyo a Bush fue un voto antirrojos.

Sin embargo, como digo, Bush me inquieta. No sólo porque no comparta los métodos de su guerra contra el terrorismo, sino por su vertiende compasiva y paternalista. En su discurso tras haber sido elegido, Bush ha recalcado que fortalecerá el sistema de Seguridad Social y la calidad de las escuelas. Falta saber si esos objetivos pasan, en su opinión, por el libre mercado o, en cambio, ahondará en el intervencionismo que tanto lo ha caracterizado estos últimos cuatro años.

Otra perla del discurso de Bush ha sido que garantizará la paz y la libertad de los americanos empleando hasta el último recurso del país. No digo que como formula retórica no parezca atractiva y estimulante, pero cuidado. No deben escatimarse esfuerzos en defender nuestra libertad, hasta aquí podemos estar de acuerdo. Otra cuestión es quién no debe escatimarlos. No sólo eso, aun aceptando que, hoy por hoy, deba ser el Estado quien libre esta guerra -es decir, aún situándonos en la postura más descaradamente prowar- no hemos de perder de vista que toda guerra tiene un coste, a corto o medio plazo, para la libertad de los estadounidenses. Un coste que puede llegar a convertirse en sumamente gravoso; todo gobernante que quiera preservar la libertad futura no puede conseguirlo a costa de sacrificar la presente. Si Bush quiere ir a la guerra deberá hacerlo siendo consciente del precio que cada individuo norteamericano está pagando, y ese precio no puede ser ilimitado. Ir a la guerra sin restricciones es ir a la guerra de manera alocada e irresponsable. Espero que Bush sólo haya apelado a la retórica para engrandecer la emotividad de su discurso; pero las apelaciones al sacrificio ajeno sin límites nunca fueron buenas compañeras de la libertad.

Y es que, me parece, la cuestión sobre si continuará la guerra contra el terrorismo tal y cómo está concebida hasta el momento, aparece como la gran incognita. A priori, tras el abrumador respaldo, no debería tener demasiados complejos en proseguir su estela. Sin embargo, no sé hasta que punto, a pesar de que la propaganda roja ha sido considerablemente herida y ninguneada en estas elecciones, podemos permitirnos otra campaña como la de la guerra de Irak. Habrá que esperar para averiguarlo.

En todo caso, expreso públicamente mi alegría por haber derrotado a un enemigo bastante evidente, el de la democracia totalitaria-participativo-callejara aliada con el islamismo terrorista, el del rojerío demagogo de toda la vida; pero al momento no puedo descuidar mi preocupación por el futuro de los EEUU -y por ende del mundo. Es evidente que el primer peligro era incomparablemente mayor al segundo -de hecho Bush tiene fecha de caducidad y el totalitarismo por ahora no-, no obstante, la victoria relativa, unido a una cierta euforia, regodeo y alegría, no debería llevarnos a descuidar que la segunda opción tampoco está, no mucho menos, exenta de peligros. De poco serviría abandonar la posición de resistencia antiestatal por el hecho de que el peligro mayúsculo haya sufrido un serio revés.

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