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Todo un hombre de Estado: Abril 2005

27 de Abril de 2005

Experiencias capitalinas, por Albert Esplugas

El martes 19 de abril Rallo y yo partíamos de Barcelona rumbo a Madrid, caracterizados para la ocasión. Aquella prometía ser una semana de lo más estimulante: conferencias sobre Kyoto, clases de Huerta, KDD liberal... Era el momento de comprobar que tras estos nicks que pululan por aquí hay personas de carne y hueso.

Mi hostal estaba justo detrás del Congreso de los Diputados. Durmiendo con el enemigo. En un bar cercano Rallo y yo vimos el habemus papam, junto a algunos periodistas y un barman simpaticón que bromeaban sobre la fumata que se estaban pegando los cardenales. Luego, paseando por el centro, nos topamos con una manifestación en apoyo al personal del hospital Severo Ochoa de Leganés. Allí se daba cita la jauría entera: Comisiones Obreras, UGT, Izquierda Unida...banderas comunistas, republicanas... Rallo, ni corto ni perezoso, se quitó la chupa y "enjoy capitalism" a pecho descubierto posó con el rojerío de fondo mientras yo le hacía varias fotos. Afortunadamente estaban ocupados gritando consignas y no hizo falta constatar cuán sincero es su pacifismo.

El miércoles, día de las conferencias, llegamos a la universidad Rey Juan Carlos a primera hora. Saludé a Gabriel Calzada, que iba ajetreado ultimando los detalles, a Castielero, a Antonio Salazar y a José Carlos Rodríguez, a quien no reconocimos al principio, pese a la foto de su bitácora (en el transcurso de la jornada, como alguien comentó, fue "tomando forma" ;-). Antes de entrar en la sala discutí un poco con Francisco Capella sobre el derecho al aborto (Rallo me mete en estos fregados siempre que puede) y saludé a Jahd, que había venido desde las Islas para asistir a la conferencia. El Salón de Grados, abarrotado. Por ahí estaban erpayo, Daniel, wonka, José Ignacio del Castillo, milton, yoz, Alberto Illán, aeri,... Jesús Huerta de Soto, eminente economista y catedrático de la URJC, presentó el Instituto Juan de Mariana, del que Gabriel Calzada es presidente, y disertó acerca de la figura del escolástico que le da nombre. Esperanza Aguirre, que inauguraría la jornada, aguantaba estoicamente mientras Huerta de Soto aludía a la defensa que Juan de Mariana hizo del tiranicidio y a su opinión de que los impuestos establecidos sin el consentimiento del pueblo suponían un acto de tiranía. Luego Esperanza Aguirre pronunció un discurso más moderado pero correcto acerca de las relaciones entre el mercado y el medio ambiente. Matizó, eso sí, que con el permiso del profesor Huerta debía recaudar los tributos necesarios para desempeñar su función (hmmmm). Con Esperanza se fueron también unos cuantos del club de fans y la sala se vació lo justo. El momento cumbre de la mañana, no obstante, fue para mí el intermedio del refrigerio: Huerta de Soto saludó entonces a Adrià, buen amigo de Rallo y alumno de Huerta en el doctorado, y éste, haciendo gala de su empresarialidad ;-) , me presentó al profesor y pude estrecharle la mano. Roberto, alias Hayek, a quien ya teníamos ganas de verle el rostro, se unió a nosotros cuando se reanudaba la sesión.

En la página de IJM y LD se resume la jornada. Alberto Illán, jahd y aeri también han escrito sendas crónicas de las conferencias. (La ponencia de Paco Capella creo que está disponible aquí). Durante la comida estuve departiendo con aeri, habitual del extinto foro de JJLL, sobre el aborto y la responsabilidad parental (estoy algo encasillado). "Libertarian" dijo en broma que el tentempié era subvencionado y un poco más y me atraganto.

Finalizada la jornada sobre el fraude de Kyoto, unos cuantos irreductibles nos fuimos al bar de la universidad a hacer un poco de tiempo: a las 19:00 teníamos clase. Nos sentamos en las primeras filas del lateral del aula. Al menos éramos una decena de oyentes. Huerta de Soto habló del trabajo introversivo y del trabajo extroversivo, del paro cataláctico y del paro institucional, de la actitud positiva ante el trabajo y de la coactiva y nefasta intervención de los sindicatos. Una clase magistral, simplemente. Después de haber escuchado su curso de Economía Política (el CD está a la venta en su web; os lo recomiendo vivamente) deseaba oírle en riguroso directo. Huerta de Soto es un profesor excepcional que cuando enseña te transmite su pasión. Incluso el bueno de milton, que tuvo que sufrir las severas críticas que Huerta dedicó a los neoclásicos, admitió que se trataba de un profesor extraordinario. Después asistimos también a su clase del doctorado. Allí, en un ambiente relajado, Huerta de Soto nos habló distendidamente del clima universitario, de algunos colegas suyos... nos reímos un buen rato, la verdad. Y luego, al terminar la clase, el momento cumbre de la tarde: cargué con el busto de Mises (cómo pesaba el condenado) y lo llevé hasta el despacho del profesor Huerta. Todo un privilegio (sí, es que los austriacos somos un poco cultistas :P ).

Al día siguiente Happy Butcher y su elefante conductista se unieron a nosotros. Por la tarde volvíamos a tener clase :-) pero antes compramos algunos libros. Rallo y Adrià están hechos unos depredadores; esos días lo menos compraron 15 o 20 cada uno. Yo pillé el rebufo y compré unos 6 o 7. A Happy también le cayeron 2 de metodología.

Entrada triunfal de Huerta de Soto aquella tarde con sus gafas de sol, su traje y su maletín. Habló de la Revolución Industrial, de la renta de la tierra y del concepto de externalidades positivas y negativas, explicando por qué éstas en ningún caso justifican la intervención pública, ni siquiera en el ámbito de la defensa. Happy quedó encantado y apuesto a que Burrhus salió de allí un poco más anarco... Por la noche Rallo, Adrià, Happy y yo tomamos unas copas por el centro de Madrid, saltando de bar en bar hasta las tres de la madrugada. Había alguna que otra chica que parecía "liberal", pero será que somos demasiado puristas :D

Viernes, día de la cena agitativa. Por la tarde fuimos a molestar un poco a los de Libertad Digital. Nos atendió Daniel, que improvisó un breve tour por la redacción. Aquello estaba repleto de pósters de la Agencia Central de Inteligencia, banderas del Estado Vaticano y efigies de Losantos :-D Saludamos también a José Carlos, que estaba atareadísimo. Antes de la cena quedamos con Gabriel Calzada para charlar un rato. Fue un placer tratar y conversar él.

8:45 Restaurante "Los Ángeles", barrio de la Latina. Más o menos debíamos ser unos 30. No estreché la mano de todos los presentes, cosa que lamenté después, pero sí conocí caras nuevas como la de Fernando Díaz Villanueva (de la que me acordaré seguro, pues nos confiscó el pulpo), la de narpo, la de free-ky, la de mao o la de trotsky. La noche prometía: Rallo y milton se sentaron a mi lado uno al frente del otro. Todo discurría plácidamente, comida abundante, bebida suficiente, Burrhus posando para Happy entre los comensales... pero fuimos saltando de tema en tema (la productividad marginal del trabajador, el salario mínimo...) y empezó la reyerta dialéctica cuando milton defendió un "colchón público" para los más necesitados. Mal asunto, porque estaba rodeado de liberales un tanto anarquizantes y el avasallamiento fue considerable. milton hablaba de desmantelar el 95 % del Estado y mantener un 5%, algo que Mises hubiera firmado, pero como allí si no era sobre ese 5% apenas había debate, pues a por milton. Al final, el brindis políticamente incorrecto de Happy: "Si los rojos brindan por salud y república, nosotros lo haremos por ¡salud y libertad!" (aquí mao en directo desde la cena). Salimos del restaurante y nos dirigimos a no sé dónde a tomar unas copas. Juntamos tropecientas mesas y continuamos charlando. Rallo y milton seguían estando cerca; se presagiaba una encarnizada pugna sobre metodología. Efectivamente, neoclásicos vs. austriacos lanzándose axiomas, datos empíricos y certezas apriorísticas. Free-ky se unió a la discusión mientras narpo observaba el panorama con ojos escépticos, preguntándose a dónde diantre llevaba todo aquello. El grupo se desplazó después hacia las catacumbas de un irlandés. Algunos habían desertado ya; debían rondar las 3. Allí se inició un debate sobre las listas abiertas y estrategia, que prosiguió en la calle (porque abandonamos el local, conste). Uno tras otro fueron emigrando, hasta que quedamos cinco, debatiendo en la acera sobre temas varios, pelándonos de frío. Daba pereza marcharse a dormir. Más o menos a las 6 dimos por concluida la concentración y nos dispersamos. La noche siguiente Roberto, Happy y yo nos despedimos de Madrid tomando una copa.


Esta semana en Madrid ha sido ciertamente memorable. Un abrazo a todos y hasta la próxima.

26 de Abril de 2005

Egocrata humilla a Jorge Valín

Supongo que Valín ni se habrá percatado de que algunos preescolares le están llamando ignorante y pseudocientífico. Uno se pregunta cómo la necedad puede delimitar qué es la cultura, o cómo la alquimia puede definir la química. En cualquier caso, analicemos brevemente la crítica que Egocrata intenta componer contra el último artículo de Jorge Valín en Libertad Digital.

Omito recrearme en la apresurada afirmación de Egocrata acerca de las pretensiones hayekianas de Valín (Habla como si todo lo que supiera de economía y política saliera de Hayek); sólo demuestran que, en ocasiones, la afición de algunos por citar a autores que no han leído les deja en peor posición que si hubieran omitido la referencia.

Pues bien, Egocrata justifica las licencias al espacio radioeléctrico (esto es, la nazionalización de todo el espacio radioeléctrico de manera que sea el Estado, en un modelo corporativista de corte fascista, quien decida qué personas concretas pueden utilizarlo) bajo el habitual topicazo de que el espacio es un bien público. Nos remite, para ampliar información, a otros dos posts suyos.

En el primero pretende aplicar la idea de bien público de manera tan totalitaria y absurda que a buen seguro servirá para su refutación. En particular, nos explica que un bien público es, dicho sin tecnicismos, algo que ofrece beneficios a todos si está presente, pero que en cambio no sale a cuenta para nadie asumir los costes de proveerlo.

Esta definición de bien público es incorrecta, no ya desde el punto de vista austriaco, sino del neoclásico ortodoxo, pues ni siquiera parece ajustarse a la definición de bien público impuro (le recomendaría a Egocrata que se aplicara la última frase que le dedica a Valín: No hace falta ser ingeniero para saber de estas cosas, que está en cualquier manual básico de economía) El problema de los bienes públicos no es que no "salga a cuenta asumir los costes" (en tanto produce beneficios suficientes para todos, sin duda sale extremadamente rentable asumir los costes: véase refinar gasolina, la comida rápida, el descubrimiento de una cura para el cáncer...), sino que los empresarios son incapaces de discriminar a los consumidores (dado que, además, la cantidad que consume un individuo no reduce la que puede consumir otro) y, por tanto, una vez producido ese bien, todo el mundo puede disfrutar de él en cantidades ilimitadas. Aparece así el fenómeno del free-rider (o, según Dani, el fenómeno del gorrón), pues nadie va a estar dispuesto a pagar por un bien que sabe que va a poder consumir ilimitadamente una vez otros hayan pagado para producirlo.

La confusión de Egocrata es más fácilmente observable a través del ejemplo que ofrece: El ejemplo más claro es el mantenimiento de un parque, en el centro de una ciudad. Todo el mundo que vive cerca disfruta de su uso, y sabe que tenerlo al lado de casa es algo fantástico. Sin embargo, nadie voluntariamente se pone a cuidarlo, ya que siempre el coste de hacerlo es demasiado alto, y los demás se aprovecharán de su trabajo.

El problema que describe Egocrata no es el de los bienes públicos, sino la célebre Tragedia de los Comunes de Hardin (ironías del destino; si Egocrata hubiera alzado la vista un poco más arriba del artículo de Valín, se hubiera encontrado con este excelente artículo de José Carlos que quizá le hubiera aclarado un poco las ideas). Si el parque es de todos, nadie tendrá incentivos para cuidarlo y mantenerlo, sino más bien a sobreexplotarlo. Un parque no encaja con las características de los bienes públicos en tanto su acceso puede restringirse (mediante una simple valla). Paradójicamente, sólo podríamos, de manera vaga, considerarlo un bien público si el Estado le impone al dueño del parque la obligación de no discriminar en su acceso (esto es, sería el absurdo entramado estatal quien crearía la categoría de bien público)

Los ejemplos son abundantes. Nuestros jardines son pequeños parques que hemos creado sin intervención del Estado. Los cotos de caza privados son grandes parques naturales que se han creado sin mediación público. Ahora bien, es posible que Egocrata considere que estos espacios no encajan con su "más claro" ejemplo de bien público, esto es, un parque en el centro de una ciudad.

Pues bien, la tragedia smithiana parece repetirse en este caso. Adam Smith afirmaba que los faros debían ser públicos ya que ningún empresarios estaría dispuesto a producirlos en tanto la luz emitida iluminaría a todos los barcos, tanto los que pagaron por el faro, como quienes no lo hicieron. Olvidó Smith, como demostró posteriormente Ronald Coase, que la mayoría de los faros de su época eran privados. Olvida, o desconoce, Egocrata, la existencia del Bryant Park, en el centro de Manhattan.

El Bryant Park, aunque formalmente es una propiedad pública, está totalmente gestionado y administrado por una empresa privada (incluida la policía del parque) En 1979 estaba sumido en la más absoluta miseria y hoy conforma un maravilloso oasis. Por tanto, el "ejemplo más claro" de Egocrata sobre los bienes públicos es una grotesca falsedad.

Como ya he dicho, la definición que da Egocrata poco tiene que ver con la tradicional definición neoclásica de bien público, mucho menos su "más claro" ejemplo. Ahora bien, si avanzamos un poco más y vemos cómo encuentra cierto atractivo aplicarlo a toda la juventud de un país (La educación del niño no es algo que sólo beneficia al chaval, sino a la sociedad; es en interés de esta que el crío esté todo lo preparado posible) En otras palabras, los niños pertenencen al Estado, deben ser administrados y comandados por él en beneficio de la sociedad. Todo muy maoísta. Todo muy correcto.

Por lo demás, el concepto correcto de bien público tampoco tiene demasiado sentido. Los economistas neoclásicos suelen utilizarlo para argüir que el mercado provee una cantidad subóptima de un producto, ¿y cuál es la cantidad óptima? Aquella que ellos definen como tal. El concepto de bien público, además, adolece de un paradigma absolutamente estático. Si es cierto que un servicio no puede proveerse de una manera determinada -y toda la sociedad lo demanda- las oportunidades de beneficio son tan elevadas que los empresarios encontrarán formas alternativas de producirlo (por ejemplo, pueden sustituirse los faros por satélites GPS que permitan a una empresa ofrecer la información pertinente a los barcos que abonen una cierta tasa). No olvidemos que, al fin y al cabo, la discriminación es una etapa del proceso productivo.

Pero quizá lo peor de todo esto es que el ejemplo de los bienes públicos no resulta, en absoluto, aplicable al espacio radioeléctrico. Ni en la extraña definición propuesta por Egocrata ni en la definición neoclásica. ¿Cuál es el supuesto problema del espacio radioeléctrico? ¿Qué nadie quiere proveer la comunicación por falta de rentabilidad? ¿O más bien que todos quieren hacerlo y, por tanto, existe una escasez del espacio radioeléctrico? Parece que Egocrata no tiene muy claros los conceptos. En su segundo post afirma que: El espacio radioeléctrico es gratis, no hay coste de infraestructura más allá de poner la antena (no hay que tirar cables), así que es de hecho un bien público puro. Accesible a todos, coste nulo de uso, pero si todo el mundo lo utiliza a saco, resulta ser inútil.

De nuevo, esto es un ejemplo de Tragedia de los comunes, pero no de bien público. ¿Desde cuándo los usuarios marginales reducen, en un bien público, la cantidad que consumen los otros usuarios? Paul Samuelson afirma en su manual básico de economía (no recomendaré a Egocrata que pase por allí, pero si le recomendaría que dejara de recomendar a otros que lo hicieran) que "el coste marginal de servir a nuevos usuarios es cero".

De hecho, veamos la escasa lógica de la argumentación de Egocrata. El bien público es un ejemplo de fallo de mercado por no ser capaz de proveer un bien que la sociedad demanda; ningún empresario está dispuesto a producirlo porque no puede discriminar a sus consumidores; en cambio, Egocrata nos dice que el problema del espacio radioeléctrico es que hay demasiada gente que quiere utilizarlo. Así, en los comentarios de otro post, asegura que no puede permitirse la libertad de emisión por una razón, el espacio radioeléctrico es finito. Sólo "caben" un determinado número de cadenas emitiendo antes que se interfieran unas a las otras, y no se pueda oir nada. Insisto, Egocrata confunde los bienes públicos con la Tragedia de los comunes; y la tragedia de los comunes se da precisamente cuando no existe propiedad privada.

Por tanto, analicemos el argumento correctamente emitido y olvidémonos de los bienes públicos (que en este caso tienen escasa cabida) Yo no puedo montar mi propia cadena de radio porque el espacio radioeléctrico es escaso. Imagino que Egocrata no habrá querido plantearlo de esta manera tan nítida por sonar estrepitosamente ridícula. Por esa misma regla de tres, el Estado debería conceder licencias para la venta de pan, pues es escaso, o para la utilización de gasolina, pues es escasa. No sólo eso, ¿por qué puedo poseer una parcela de tierra sin licencia pública si es escasa? ¿Por qué no propone Egocrata emitir licencias para los periódicos si el número de árboles cuyo papel es necesario para la tirada es escaso? O incluso peor, ¿por qué no solicito una licencia al Estado para actuar dado que siempre utilizo medios escasos? Al fin y al cabo, ¿por qué no nacionalizamos toda la economía, inherentemente escasa? No deja de resultar, nuevamente, un sarcasmo que Egocrata remita a Valín a manuales básicos de economía cuando, de hecho, todos ellos comienzan afirmando que el problema económico fundamental es la escasez. ¿Cómo puede un economista extrañarse por la escasez y remitir a la gestión pública de la misma?

Precisamente, la propiedad surge y cobra sentido cuando los bienes son escasos. Nadie se apropia del aire, en tanto es superabundante. Decir que el espacio eléctrico es escaso es el mayor argumento a favor de su privatización. Y es que, a diferencia de lo que dice Egocrata, para utilizar partes concretas del espacio radioeléctrico uno tiene emprender una acción positiva en tal sentido. El aire no contiene los elementos necesarios para utilizarlo, sino que éstos proceden del ingenio y la creatividad humana. Como dice Ayn Rand: Sin las estaciones de radio que generan las ondas, el éter no tiene uso práctico ni valor alguno.

El hecho de que otras emisoras utilicen un espacio radioeléctrico previamente empleado por otra, debe entenderse como una agresión a la propiedad privada de ésta. No tiene sentido fundamentar las licencias estatales en que otros pueden querer usar tu propiedad. Ciertamente, unos coches pueden subirse encima de otros, o algunos tractores pueden labrar las tierras ajenas, pero ello no significa que ni los coches ni las tierras deban ser propiedad públicas y gestionados mediante licencia.

Quien primero utilice un determinado espacio radioeléctrico, a partir del principio lockeano del homesteading, es su legítimo propietario. Estos fueron los criterios utilizados por los tribunales estadounidenses (véase la famosa sentencia Tribune Co. v. Oak Leaves Broadcasting Station) para delimitar los derechos de propiedad en el espacio radioeléctrico hasta 1927, año en el que la Federal Radio Act nazionalizó todo el espacio radioeléctrico de EEUU y creó el Federal Communications Commission. A partir de ese momento, el gobierno de EEUU (y en nuestro caso el español) ha tenido carta blanca para censurar todo tipo de opiniones contrarias; simplemente dejó de renovar licencias (desde medios comunistas a medios libertarios)

Jorge Valín tiene toda la razón del mundo al proponer que cada particular y empresa cree tantas cadenas de televisión y radio como pueda o quiera. En tanto las nuevas emisiones interfieran con los derechos de propiedad anteriores, presenciaremos una agresión ilegítima. Esto no supone cristalizar de ninguna manera los derechos de emisión (en realidad, este derecho de emisión proviene del derecho de propiedad); quien los cristaliza es más bien el Estado en su particular "Santiago y cierra España". ¿Alguien observa que los bienes inmuebles estén cristalizados, en manos muertas? Si el espacio radioeléctrico es escaso -que lo es- su precio de mercado será tan elevado como para expulsar a los empresarios que no sirvan, ahora sí, a los consumidores.

Los ineficientes desaparecerán y su propiedad será adquirida por otros empresarios que crean poder servir de la mejor manera al consumidor. No estaremos ante contrabandos políticos (como sucede ahora) sino ante una competencia empresarial subordinada a la soberanía del consumidor.

Históricamente no ha habido problema alguno para configurarlo de esta manera. Teóricamente el caso no es diferente al de cualquier otro bien. Políticamente no conviene que nos enteremos, pues hay grandes intereses partidistas y económicos en juego. Me maravilla la comparsa de supuestos economistas que le ríen las gracias de una manera tan descarada a la coacción estatal. ¿Para cuándo la propuesta de conceder licencias para los periódicos y las revistas?

Pero aún me maravilla más la fatal arrogancia de algunos: No hace falta ser ingeniero para saber de estas cosas, que está en cualquier manual básico de economía. En fin. El problema no es que la teoría económica básica de corte neoclásico que él mismo recomienda sea errónea, sino que todavía no ha llegado a entenderla. Imagino que Valín estará acongojado ante semejante envite. Desde los tiempos de Keynes no encontrábamos unos conocimientos económicos tan sólidos y asentados. Si es que este Valín es un ignorante integral.

24 de Abril de 2005

Un día por el libre comercio

Intermon Oxfam ha celebrado hoy en varias ciudades españolas las jornadas "Un día para la Esperanza", dedicadas a promover un comercio mundial justo. Uno siempre tiene justificadas suspicacias en torno a organizaciones abiertamente intervencionistas, pero en esta ocasión no están plenamente justificadas.

Si acudimos a su página web, se nos informa de que las reglas del comercio mundial son injustas porque la producción agrícola subsidiada de los países ricos, inund[a] los mercados con productos que se venden por debajo de su precio de coste. No sólo eso, los países ricos cierran sus fronteras a las exportaciones de los países pobres negándoles la oportunidad de competir y obligándoles a vender más barato en otros países pobres. Por fin, aunque no se reconozca abiertamente y continúen echando pestes contra el libre comercio, la máxima "Free Trade is Fair Trade" va calando.

Efectivamente, es imprescindible la eliminación de aranceles que permitan vender los productos del Tercer Mundo al Primero, lo cual retroalimentará la inversión (la acumulación de capital y, por tanto, el principal determinante de los salarios) destinada a los países pobres. El mantenimiento de estas barreras arancelarias, sea con la excusa que sea, es del todo ominoso. Afortunadamente el mensaje empieza a aparecer incluso es los sitios más insólitos. Todo un éxito; el siguiente paso es su aceptación por los eurócratas. Claro que éstos van más retrasados que los comunistas (si es que alguien quiere trazar alguna línea divisoria entre ambos)
Reciprocidad de coacciones, respuesta a Alejo Vidal-Quadras

Alejo Vidal-Quadras, muy atentamente, decidió el pasado 21 de abril responder a una crítica que dirigí contra uno de sus artículos publicado en la revista Época.

He de destacar que Vidal-Quadras se ha mostrado en todo momento predispuesto a "fomentar el debate", lo cual es ciertamente honroso e inhabitual, especialmente viniendo de un político.

En su respuesta, Vidal-Quadras sostiene, para tranquilidad del personal, que sigue sustentando las mismas convicciones liberales de siempre. Matiz ciertamente relevante después de que, en su primer artículo, hubiera propuesto la eventual introducción de medidas de salvaguardia en el caso particular de las importaciones chinas.

Es bueno, por tanto, saber que Vidal-Quadras defiende un comercio mundial libre sujeto a reglas que definan un mercado global eficiente a la hora de distribuir recursos y de optimizar factores, es una fuente abundante de riqueza y progreso para todos los habitantes del planeta y que la mejor ayuda al Tercer Mundo es abrir las fronteras de los países ricos a sus productos.

Me atrevería a decir que rectificar es de sabios y, en este caso, de sabios caritativos para con los más necesitados; sin embargo, la tesis que defiende Vidal-Quadras es que ninguna de estas ideas está en contradicción con mi artículo publicado en la revista Época.

Aseveración un tanto forzada pero que procede a argumentar a lo largo de su respuesta. Así, señala, en primer lugar, que una cosa es describir una situación, como yo hacía en mi artículo, y otra hacer juicios de valor sobre la misma.

Ciertamente, una cosa son las descripciones y otra los juicios de valor. Lo que no es tan preciso es afirmar que en el artículo de Época sólo se efectuaban descripciones. No sé cómo calificará Vidal-Quadras su exhortación al Comisario Mandelson para que se ponga a la tarea y no le quiten la camisa. ¿A qué tarea debe ponerse el Sr. Mandelson? ¿O es que la recomendación de D. Alejo se fundamenta en una descripción objetiva de la realidad y no en juicios de valor de contenido teórico bastante dudoso?

Pero es que hay más. Si a la utilización de palabras como víctimas (para referirse a los empresarios textiles europeos), invasión (para calificar la satisfacción de la demanda de los europeos por parte de los empresarios chinos) o fuerza (para describir las transacciones voluntarias entre europeos y chinos) lo llama Vidal-Quadras "describir una situación", o uno ha perdido el sentido de la prudencia o simplemente está tan sumamente obcecado en un paradigma mercantilista que es incapaz de "describir" la mentada realidad.

Sin embargo, el principal encaje de Vidal-Quadras para intentar reconciliar sus críticas a la "invasión" china con su alardeada defensa del libre comercio, consiste en la muy liberal apreciación de que en reciprocidad a nuestra apertura al textil chino. Esto es, resulta del todo punto insensato abrir las fronteras europeas a los productos chinos si éstos, a su vez, no hacen lo mismo con nuestros productos. O, en palabras de Vidal-Quadras: debemos exigir reciprocidad, y que si no se nos da, estamos legitimados para utilizar los mecanismos a nuestro alcance en el seno de la OMC para ser tratados como nosotros tratamos a los demás.

Esto viene a demostrar, de nuevo, cuan perniciosas son las organizaciones políticas, al estilo de la OMC, que pretenden "planificar" el libre comercio global. Los incumplimientos gubernamentales chinos de sus compromisos estatales creen legitimar a los burócratas europeos para adoptar las medidas represivas pertinentes. No debemos buscar el acuerdo o la venia de gobiernos extranjeros para remover aranceles, sino erradicarlos de manera unilateral y de inmediato.

El absurdo neomercantilismo de la OMC es lo que Röpke llamaba falso internacionalismo, es decir, la globalización de las burocracias mundiales. El libre comercio no es una concesión estatal a los empresarios chinos para que puedan vender en Europa sin restricciones; plantear así la cuestión no nos permite avanzar en el entendimiento de la cuestión.

Más bien, cabe decir que el proteccionismo es una coacción injustificada de Europa sobre los europeos imponiéndoles gravosos impuestos a sus transacciones internacionales. La distorsión, la anomalía, no la introduce el libre comercio, sino el proteccionismo estatal. El libre comercio no es un privilegio sino un derecho de los individuos que está siendo sistemáticamente vulnerado por los Estados.

La Unión Europea no está siendo generosa con los empresarios chinos por permitirles vender sin recargo arancelario en Europa; más bien cabe decir que, de no hacerlo, estaría reprimiendo y atacando a los propios consumidores europeos.

Si el gobierno chino es tan sumamente autocrático como para no permitir a los chinos que compren los baratos productos europeos, la respuesta de la UE no puede ser convertirse en tan autocrática (sino más) como el gobierno chino. El libre comercio, a diferencia de lo que opina Vidal-Quadras, no es positivo sólo si ambas partes eliminan consensuadamente los aranceles; el libre comercio es siempre enriquecedor para quien lo adopta.

No entiendo cómo el Sr. Vidal-Quadras pretende presionar al gobierno chino lacerando con aranceles a los consumidores europeos. ¿Cuál es el argumento? ¿Responder al proteccionismo chino con proteccionismo europeo? ¿Presionar al gobierno chino atacando a los consumidores europeos?

La cuestión es simple: si el gobierno chino impone aranceles (o restricciones no arancelarias) a los productos europeos, ¿qué debe hacer la Unión Europea? ¿Imponer aranceles o suprimirlos? Si se sigue la primera opción, los consumidores europeos tendrán que a) o bien comprar productos chinos más caros debido al impuesto arancelario o b) comprar productos europeos producidos de manera más ineficiente y cara que los productos chinos sin aranceles.

En ese mismo sentido, los empresarios europeos (por ejemplo del textil) seguirán despilfarrando recursos al producir aquello que los chinos podrían hacer por nosotros de manera más barata. Es decir, los aranceles bloquearán una reubicación de recursos en el interior de Europa hacia nuevas actividades.

O dicho de otra forma, si permitimos que los chinos produzcan textil en nuestro lugar, a un precio más (es decir, si eliminamos los aranceles), los empresarios europeos podrán utilizar los recursos libres para iniciar novedosas actividades de las que se beneficiarán los propios consumidores europeos. Se trata de permitir una división social del trabajo y del conocimiento más adecuada para los consumidores.

Pocas cosas se me antojan más absurdas que pretender presionar a un gobierno extranjero reprimiendo a los propios ciudadanos. O, como puso de manifiesto Henry George, lo que el proteccionismo nos enseña es a hacernos a nosotros mismos en tiempos de paz lo que los enemigos quieren hacernos en tiempos de guerra. El gobierno chino puede ser suficientemente suicida como para adoptar una política proteccionista, ¿debemos seguirle en su senda autodestructiva?

Tenemos que eliminar los aranceles para beneficiar a los consumidores europeos, con independencia de que los empresarios chinos puedan serlo a su vez. Demandar reciprocidad como requisito a la eliminación unilateral denota una escasa fe en el libre comercio. Poca gente lo ha expresado con mayor claridad que el Congresista republicano Ron Paul: Si uno verdaderamente cree en el libre comercio, nunca defenderá la necesidad de reciprocidad de control burocrático del comercio. Si el libre comercio es auténticamente beneficioso -tal y como muchos aseguran- el libre comercio unilateral es un fin en sí mismo y no requiere ni de tratados ni de controles internacionales por parte de políticos y burócratas. Un país debe promover el libre comercio en su propio interés -nunca en el beneficio de otros.

Y es que hay una pregunta que Vidal-Quadras debería plantearse en tanto reputado liberal, ¿puede el proteccionismo ser más beneficioso que el libre comercio en alguna ocasión? ¿Puede la planificación política y la seminacionalización del comercio exterior suponer una mejor respuesta que la libertad empresarial?

No querría, con todo, concluir mi respuesta sin matizar dos aspectos de la crítica de Vidal-Quadras. El primero referido a un comentario del autor que efectúa entre guiones y que es del todo punto erróneo: de ahí mi alusión al carácter dictatorial del régimen chino, que tan inapropiada le ha parecido a Juan Ramón Rallo.

No sé qué pretende sugerir Vidal-Quadras con esa velada apostilla, ni lo sé ni lo considero relevante. Yo nunca consideré inapropiado calificar al Estado chino de dictatorial (otra cuestión sería preguntarse cuántos de esos rasgos dictatoriales comparten las instituciones europeas que Vidal-Quadras integra); sí, en cambio, me pareció absurdo que Vidal-Quadras fundamentara el éxito empresarial chino en el autoritarismo de su gobierno.

Recordemos cuál fue su frase textual: La combinación de fuerte autoritarismo, desbordante demografía y economía progresivamente liberalizada hace de la milenaria potencia asiática una máquina de producir y de vender prácticamente imparable.

Y en este momento reitero mi sorpresa de que un liberal considere un factor de pujanza económica el autoritarismo y la represión política. Quizá en este principio tan falaz como peligroso se base el creciente intervencionismo de la Unión Europea sobre nuestras libertades.

El segundo asunto que requiere puntualización viene muy ligado con el anterior. Vidal-Quadras afirma que no quiere entrar en terrenos tales como la higiene en el trabajo, el trabajo infantil, la protección del medio ambiente, el derecho a la huelga, la duración de la jornada laboral y otros asuntos que harían demasiado larga esta respuesta.

Por mi parte estaría encantado de poder entrar. No sólo por la habitual deformación que gira en torno a estas cuestiones sino, especialmente, porque entre los políticos supuestamente globalizadores (la parte burocrática de las reuniones de la OMC que combaten los globalofóbicos) convive la perversa doctrina de imponer absurdas regulaciones al Tercer Mundo para eliminar sus ventajas comparativas.

La Unión Europea y EEUU intentan, desde hace tiempo, dinamitar el progreso económico asiático mediante la imposición de costes altísimos a su proceso productivo. Y esto no significa declararse partidario del trabajo infantil o de la degradación medioambiental. Más bien todo lo contrario; para conseguir que los niños dejen de trabajar cuanto antes resulta imperativo que no se les obligue a trabajar en el mercado negro mediante la intervención estatal (o lo que podría ser peor, su muerte por inanición)

La sibilina estrategia de gran parte de los Estados europeos consiste en compensar las reducciones de aranceles con incrementos en los costes productivos de los países del Tercer Mundo. ¿Cómo puede mantener Vidal-Quadras que la mejor ayuda al Tercer Mundo es abrir las fronteras de los países ricos a sus productos cuando propugna ataques políticos encaminados a incrementar los costes de esos productos y, por ende, evitar que sean adquiridos en los países ricos?

Si bien no olvidemos, una vez más, que el motivo principal para abrir fronteras no es contribuir al desarrollo chino, sino al europeo. Creer que el libro comercio no recíproco puede suponer un expolio por parte de China significa no haber entendido nada de todo el tema.

Por todo ello, no puedo más que asombrarme de la frase de cierre del artículo de Vidal-Quadras que supone una refutación de todo su texto anterior: El liberalismo bien entendido, como la caridad, empieza por uno mismo. Precisamente por eso la reciprocidad que defiende Vidal-Quadras no tiene cabida alguna. No tiene sentido que la UE delegue el ejercicio de nuestra libertad a la buena voluntad del gobierno chino. En la libertad no podemos ir a remolque, y mucho menos cuando el conductor principal es un Estado dictatorial.

21 de Abril de 2005

Vidal-Quadras responde

Aunque no tenía intención de postear esta semana, hay ocasiones que lo merecen. Ésta es una de esas ocasiones; Alejo Vidal-Quadras ha respondido a un post anterior mío en el que criticaba un artículo suyo en la Revista Época.

Dado que la extensión de su respuesta excedía los 2000 caracteres que permiten los comentarios, nos ha pedido amablemente que publiquemos su contestación en liberalismo.org

Espero tener tiempo para replicarle en un breve plazo. En todo caso, sí puedo anticipar que el error fundamental de Vidal-Quadras reside en no haber entendido quiénes son los verdaderos beneficiarios del libre comercio.

Respuesta de Vidal-Quadras

He leído con divertido asombro la retahíla de exabruptos que me dedica Juan Ramón Rallo en su artículo titulado “Vidal-Quadras, uno que se llamaba liberal”, aparecido en liberalismo.org el día 12 de abril. En primer lugar, para tranquilidad de los lectores de esta interesante página web, sigo sustentando las mismas convicciones liberales de siempre. Creo firmemente, y la experiencia lo confirma, que un comercio mundial libre sujeto a reglas que definan un mercado global eficiente a la hora de distribuir recursos y de optimizar factores, es una fuente abundante de riqueza y progreso para todos los habitantes del planeta. El proteccionismo es un error económico y una injusticia con muchos países en vías de desarrollo. Siempre he defendido que la mejor ayuda al Tercer Mundo es abrir las fronteras de los países ricos a sus productos y contribuir a que en ellos se establezcan democracias liberales en las que se respeten los derechos humanos, reine el imperio de la ley y funcionen sin trabas economías de mercado. Ninguna de estas ideas está en contradicción con mi artículo publicado en la revista Época sobre las dificultades que atraviesa el textil europeo, sobre todo después de la eliminación de cuotas de importación en la Unión Europea y en Estados Unidos a partir del primero de enero del año en curso, medida que, por cierto, yo aplaudo.

En primer lugar, una cosa es describir una situación, como yo hacía en mi artículo, y otra hacer juicios de valor sobre la misma. Es un hecho que el sector textil de los países occidentales, y el español en particular, viven una crisis de enorme gravedad ante la fuerte competencia de los productos procedentes de Asia, y muy concretamente, de China. Baste recordar que el número de unidades de determinados tipos de prendas importadas desde China a la Unión Europea se ha multiplicado por sesenta en el primer trimestre de este año y a los Estados Unidos por quince. Mi tesis en el texto que ha despertado la santa ira liberal de Juan Ramón Rallo era simplemente la también muy liberal apreciación de que en reciprocidad a nuestra apertura al textil chino, el Comisario europeo de Comercio, Peter Mandelson, debe exigir a sus interlocutores de Beijing el estricto cumplimiento de sus compromisos adquiridos con motivo de su ingreso en la OMC porque de lo contrario no seríamos liberales, sino tontos.

Estoy seguro que Juan Ramón Rallo coincidirá conmigo en la conveniencia de que las autoridades chinas no aprovechen la fragmentación regional de regulaciones que existe en su inmenso país para imponer localmente cuotas de ventas al por mayor de alcoholes y tabaco, para sorprender a los exportadores occidentales con normas aprobadas por las instancias regionales sin previo aviso, para poner límites al número de establecimientos que puede abrir una empresa extranjera, para introducir caprichosamente estándares de seguridad o de calidad de validez local, para exigir el cumplimiento de un reglamento específico sobre etiquetaje en una determinada provincia y para prodigar distorsiones similares del mercado implementadas con el único fin de poner obstáculos a los productos extranjeros y proteger los propios. La eliminación de barreras tarifarias no sirve de nada si en paralelo se levantan otras no tarifarias cuyos efectos inhibidores son similares. A eso me refería yo con la expresión “pasarse de listo”, y no a las ventajas derivadas de fabricar y distribuir mejor y a menor precio que, evidentemente, han de ser aprovechadas en beneficio de los consumidores.

No sé si Juan Ramón Rallo está al corriente de que el Gobierno chino no cumple adecuadamente las obligaciones derivadas del sistema TRQ (tariff rate quotas) en el sector agrícola retrasando indebidamente el anuncio de las cuotas, asignando cuotas insignificantes e imponiendo restricciones a los exportadores foráneos que no rezan para los locales. Asimismo, en China se establecen requisitos de etiquetaje y de información en cárnicos y en aviares que elevan los costes de exportación sin aumentar para nada la seguridad, se interfieren administrativamente las importaciones por parte del Ministerio de Sanidad mediante cuarentenas innecesarias o por parte del Ministerio de Comercio exigiendo que los permisos de importación sean previos a la firma de los contratos de venta o de transporte y se conceden substanciosas ayudas a la exportación de productos agrícolas.

También es útil que Juan Ramón Rallo sepa, para estructurar mejor su recto juicio, que las autoridades chinas han dictado normas sobre financiación no bancaria de la compra de automóviles que obligan al adquirente a presentar garantías excesivas en relación al vehículo adquirido o al vendedor a capitalizaciones también desmesuradas. En cuanto a las cuotas de importación en este sector, que se fijaron para un período de tres años cuando China se incorporó a la OMC, el retraso, sin duda deliberado, en publicar los reglamentos correspondientes y en asignar las cuotas atribuidas a cada solicitante de una licencia de importación, han impedido el correcto desarrollo de las necesarias redes de distribución y venta de vehículos a motor procedentes de países desarrollados. Por otra parte, y siempre dentro del sector del automóvil, no parece tampoco muy liberal establecer sistemas de distribución distintos para vehículos domésticos y para vehículos importados, ni violar las normas de respeto a la propiedad intelectual de la OMC en elementos tales como frenos, sistemas de guía o dispositivos de reducción de emisiones.

Volviendo ahora nuestra atención al ámbito de las telecomunicaciones, es bueno que Juan Ramón Rallo se entere de que el ministerio chino del ramo promueve una clasificación de servicios de valor añadido absurdamente restrictiva que considera a muchos de ellos como servicios básicos, cuando no lo son. La fijación, a todas luces excesiva, de un capital mínimo de 240 millones de dólares para empresas mixtas con financiación extranjera se promulgó por un acto administrativo en 2001 pocos días después de que los miembros de la OMC aprobasen la incorporación de China. ¿No es esa una muestra de que alguien intenta pasarse de listo? ¿Y que le parece a Juan Ramón Rallo que el órgano regulador de las telecomunicaciones chino forme parte del Ministerio de Telecomunicaciones, propietario, por cierto, de las grandes operadoras públicas mientras simultáneamente vigila el buen comportamiento de las privadas?

No quiero entrar en terrenos tales -y de ahí mi alusión al carácter dictatorial del régimen chino, que tan inapropiada le ha parecido a Juan Ramón Rallo- como la higiene en el trabajo, el trabajo infantil, la protección del medio ambiente, el derecho a la huelga, la duración de la jornada laboral y otros asuntos que harían demasiado larga esta respuesta, y me he limitado a puntos técnicos que demuestran que el Estado chino no es nada escrupuloso ni practica el juego limpio en sus actuaciones en los mercados globalizados. Por tanto, me reitero, y lo hago desde una perspectiva liberal, en que debemos exigir reciprocidad, y que si no se nos da, estamos legitimados para utilizar los mecanismos a nuestro alcance en el seno de la OMC para ser tratados como nosotros tratamos a los demás.

Es obvio que los puestos de trabajo que se pierden en un sector intensivo en mano de obra que no puede competir con sus homólogos de países en los que este factor tiene un coste mucho menor, se crean en otras ramas de actividad que sí son competitivas, pero para ello los mercados mundiales han de estar abiertos para todo tipo de bienes y servicios. Si China nos inunda de medias, calcetines, camisas y pantalones, acabando con el sector textil europeo y norteamericano, justo será que nosotros podamos vender en China pantallas de cristal líquido de alta resolución, automóviles de grandes prestaciones, quesos exquisitos, aviones de última generación, vinos de marcas exclusivas y zapatos de diseño. El liberalismo bien entendido, como la caridad, empieza por uno mismo.

13 de Abril de 2005

Pues debatamos

Manu ha colgado un curioso extracto del libro La Ilusión Económica de Emmanuel Todd, bajo el título "Textos para debatir". Lanzado el guante, sólo queda recogerlo.

Ya desde la primera frase El poder omnímodo de la economía no es, pues, más que una ilusión las ideas son erróneas, pues confunde economía con economicismo. Los intervencionistas lanzan una estrategia orwelliana; por un lado, acusan a los economistas de reduccionistas por considerar sólo uno de los ámbitos del ser humano, esto es, la economía (sugiriendo que el ámbito económico es demasiado estrecho) y cuando se lanza una propuesta de economía más rica y explicativa (es decir, que no tenga en cuenta sólo los beneficios monetarios, sino las satisfacciones psicológicas, la posibilidad de error, la inexistencia de información dada y universal, la incertidumbre…), esos mismos intervencionistas nos acusan de querer explicarlo todo con la economía.

Sin embargo, como ha expresado de manera adecuada Gabriel Zanotti: Decir que toda conducta humana tiene una fase económica en cuanto asigna medios escasos a fines prioritarios NO implica, pues, una visión "economicista y materialista" de la conducta humana, sino al contrario, una visión donde lo "económico" alude a una característica intrínseca a la racionalidad de la conducta humana que no tiene necesariamente que ver con aspectos de riqueza material ni sumas de dinero. De no entenderse este aspecto, no se entiende nada con respecto a lo que es la praxeología de Mises

Por tanto, decir que el ámbito de la economía es la acción humana no supone restringir el ámbito de ésta, sino elevar aquélla a la categoría de ciencia realmente omnicomprensiva.

Sentado esto, la pretensión del texto de Todd pasa por demostrar una especie de inexorabilidad de los ciclos económicos, esto es, de la crisis inherente a la civilización humana.

Es curioso como los represores intervencionistas van mudando de explicación una vez tras otra. Parece que ya se admite la falsedad de las teorías keynesianas de la superproducción (tanto haber refutado a Say para terminar admitiendo su validez) y se buscan explicaciones tan alternativas como ridículas.

En concreto Todd habla de una "crisis de la civilización", detrás de los cuales se sitúan "determinantes culturales y antropológicos mucho más profundos". Pero me temo que esta explicación se cae por su propia base; esta teoría del ciclo es incapaz de explicar por qué unos empresarios pueden salir airosos de la crisis, mientras que otros no, integrando todos de la misma sociedad.

Y en ese caso, no son válidas ni las respuestas que basen su explicación solamente en componentes individuales, ni lo son las que traten de ver una crisis universal e insalvable.

De hecho, en palabras de Hülsmann, la teoría del ciclo no tiene que explicar sólo la ocurrencia del error, sino la recurrencia de un cluster de errores.

Fijémonos en dos palabras: recurrencia y cluster. La primera nos remite a una fina observación de Mises cuando, al comentar las explicaciones no monetarias del ciclo, asegura: Lo fundamental, para las explicaciones no-monetarias del ciclo económico, es la reiterada aparición de las depresiones económicas. Los defensores de tales doctrinas son incapaces de señalar, en su planteamiento de los sucesos económicos, factor alguno al que cupiera atribuir origen y paternidad de esos tan misteriosos desórdenes. Recurren, en consecuencia, aquellos teóricos a cualquier arbitraria explicación que, como mejor pueden, hilvanan a sus tesis para darles apariencia de auténticas explicaciones de los ciclos económicos.

El intento de explicación de Todd no va mucho más allá. Fijémonos que fundamentar la crisis económica en una crisis de civilización es explicar el movimiento de traslación diciendo que la Tierra da vueltas alrededor del Sol. Es necesario explicar la causa de esas vueltas, de la misma manera que es necesario explicar por qué hay una crisis de civilización. Todd se refiere a "factores antropológicos" o a "fenómenos endógenos".

Una lectura superficial del texto podría llevarnos a concluir que Todd explica el ciclo a partir los siguientes acontecimientos: La caída -el estancamiento después- del nivel cultural americano, el descenso del número de ingenieros y científicos formados cada año más allá del Atlántico, el shock malthusiano producido en el conjunto del mundo desarrollado por la llegada de las generaciones poco pobladas a la edad adulta, la aparición de una nueva estratificación cultural que incentiva una percepción desigualitaria de la vida social y que lleva al debilitamiento de las creencias colectivas.

Pero tal error supone caer en una explicación consecuencialista del ciclo económico; si se aduce que esos factores definen y conforman una "crisis de civilización", hay que explicar cómo se ha llegado a esa crisis y por tanto a esos fenómenos.

En cualquier caso, es evidente que Todd es incapaz de explicar, al margen del poco satisfactorio "porque sí", la existencia de una crisis económica y su reiteración a lo largo de la historia. Cierto que Todd afirma que la crisis afecta, con desfases temporales, a todas las naciones desarrolladas, cuya retracción, cuando se produce, aparece como un fenómeno endógeno. El hundimiento de las creencias americana, inglesa, francesa, bajo un fondo de silencio ideológico de las naciones alemana y japonesa, produce la mundialización.

Pero nuevamente, sigue sin explicar cuál es la causa de esa afección histórica; es más, añade un interrogante adicional, no explica el por qué de los desfases temporales. Y como no, su teoría del origen de la mundialización suena extrañamente familiar a la teoría marxista del imperialismo.

Volviendo a Hülsmann, una teoría del ciclo debe servir para explicar no sólo la recurrencia sino el cluster de errores o, en las palabras más sencillas de Hoppe: Puedo entender que un empresario se equivoque, al fin y al cabo es bastante frecuente, me cuesta, sin embargo, aceptar que la gran mayoría de empresarios se equivoquen al mismo momento y porque sí

Una teoría del ciclo, pues, tiene que basarse, necesariamente, no en el componente individual, sino en cuestiones institucionales. Esto podría conseguirse, medianamente, a través de la llamada, que Todd efectúa, a la antropología. Pero de nuevo, nos topamos con dos problemas: uno, de irreduccionismo explicativo (¿cuáles son los factores antropológicos que causan la crisis?) y otro de simplismo (¿por qué no todos los miembros de una sociedad padecen el ciclo económico?) Y Todd no da explicación alguna para ello.

Uno no puede más que esbozar una sonrisa al comprobar cómo Todd encaja perfectamente en la descripción de Mises cuando sugiere que los que atribuyen el inicio de las crisis a la contingencia sólo podían suponer que "los hombres somos todos idiotas". Al fin y al cabo, si su explicación nos remite al hombre y a su degeneración cívica, la causa del problema es el hombre, y no cabe solución alguna.

Por tanto, el análisis institucional es esencial para explicar tanto la recurrencia como la generalización de los errores. Una de estas instituciones, o mejor dicho, la corrupción de una de esas instituciones, la reserva fraccionaria, es en la que la teoría austriaca tradicionalmente se ha centrado para explicar los ciclos económicos a lo largo de la historia.

Y esa corrupción institucional sólo cabe entenderla como una planificación consciente y deliberada de las mismas. Una planificación que emerge, hoy en día, del Estado y que genera un período de catarsis. Así, el Estado intenta imponer un tipo de interés por debajo del de mercado para lograr aumentar la inversión; sin darse cuenta de que la consecuencia inevitable será una descomposición de la estructura de capital.

Por ello, Hülsmann afirma que la causa última del ciclo económico es el Estado, pues él genera, por su mera existencia, errores en el carácter de las instituciones que guían el rumbo de la acción humana. Ello no significa que todos sean afectados por igual en la planificación de las instituciones.

Obviamente, cuando se reduce el tipo de interés artificialmente, los más perjudicados son los que invierten en proyectos alejados del consumo, es decir, en etapas más capitalizadas del proceso productivo.

Por eso, al final y a pesar de toda la incomprensión previa, no puedo más que estar parcialmente de acuerdo con Todd: La cruel verdad, y sin duda la más difícil de admitir, es que actualmente ningún sistema económico funciona bien. Vayamos incluso más lejos: ninguno puede considerarse como plenamente razonable, es decir, viable a largo plazo.

Si entendemos, como imagino que Todd y su cohorte de intervencionistas hará, el "sistema económico" como un subproducto consciente de la mente del político, en efecto, ninguno es viable. Tarde o temprano se reproducirán los procesos de purga institucional. De hecho, el error de Hayek fue suponer que las instituciones no podían ser planificadas por una mente individual, sin prever las consecuencias necesarias del intento, siempre presente, de planificación. Ciertamente, nadie puede planificar las instituciones, pero ello no impide a los arrogantes habituales el intento. Y si ese intento se consuma, la crisis es la salida lógica que tiene toda institución.

La cuestión, por tanto, es que el Estado no puede planificar la economía y, mucho menos, el marco normativo sobre la que funcionará. Y es que, aunque aceptáramos la hipótesis de Todd de que ningún sistema económico funciona, ¿cuál es la razón para imponer, pues, alguno? Si todos degeneran en el caos, evitemos planificar el caos.

Y si, además, sabemos que al planificar el orden generaremos ese caos, sólo a un sádico represor podría ocurrírsele proponer el intervencionismo como un sistema moral y viable.

12 de Abril de 2005

Vidal-Quadras, uno que se llamaba liberal

El tiempo pasa, para algunos más que para otros. Pocas veces la profecía corruptora ínsita en el poder de Lord Acton puede observarse con mayor claridad.

La eurocracia corrompe a todo aquel que se le acerca. Es una de sus principales finalidades; generar clientes, crear súbditos. Vidal-Quadras, quien se complacía en ser, junto a Esperanza Aguirre, uno de los elementos más liberales dentro del PP, ha caído en la más primaria de las trampas intervencionistas, esto es, el mercantilismo.

Su último artículo bien podría haber sido escrito por cualquier plumífero altermundista de Rebelion.org. A Vidal-Quadras le preocupa la agresividad comercial de China en los mercados mundiales que empieza a generar seria inquietud en sus competidores europeos y en Estados Unidos.

¿Agresividad comercial? ¿De China? ¿Qué clase de rancio colectivismo es éste? En todo caso serán los empresarios chinos, algunos empresarios chinos, los agresivos. Pero, ¿a qué llama exactamente agresividad? ¿A vender los mismos productos que Europa pero a un precio más reducido? ¿A ampliar las posibilidades de elección de los consumidores europeos? ¿A servir mejor que nadie al prójimo? Espero que Vidal-Quadras también critique la agresividad comercial de los empresarios europeos que eliminan del mercado a otros empresarios europeos por ser más ineficientes y, por tanto, malgastar unos recursos escasos.

No sólo eso, espero que Vidal-Quadras también considere "agresivas" a las hienas eurocráticas que imponen gravosos aranceles a los productos del Tercer Mundo, sumiendo a su población en el más intolerable de los subdesarrollos, y favoreciendo a los lobbies empresariales europeos para que puedan seguir vendiendo sus mercancías a precios artificialmente altos. ¿Se olvida Vidal-Quadras de esa agresiva rapiña política que perjudica a los empresarios eficientes del Tercer Mundo y a los consumidores europeos para mantener casta corporativo-capitalista que financia, en última instancia, a los partidos políticos? Se olvida; interesado y curioso olvido.

Los siguientes párrafos del artículo de Vidal-Quadras no dejan de ser más desbarrantes y desazonadores: La combinación de fuerte autoritarismo, desbordante demografía y economía progresivamente liberalizada hace de la milenaria potencia asiática una máquina de producir y de vender prácticamente imparable.

¿Desde cuando el autoritarismo político es causa de la eficiencia productiva? ¿Desde cuando la rígida planificación centralizada permite a los empresarios chinos competir en mejores condiciones frente a los democratizados empresarios occidentales? ¿Es que acaso hemos olvidado los principios liberales más fundamentales para trastocar de esta manera la lógica y el sentido común económico? Como si la China maoísta, con su super-autoritario Gran Salto Adelanto (cuyo objetivo declarado era desbancar a EEUU y Inglaterra de la primera posición de la producción mundial de acero), hubiera bastado para realizar las proezas programadas.

Pero atención al siguiente párrafo de Vidal-Quadras: Una de las primeras víctimas evidentes de la expansión comercial china ha sido el sector textil europeo. El final de 2004 vio el de los contingentes de importación de productos textiles y la invasión de oferta procedente de países en vías de desarrollo no se ha hecho esperar.

¿En qué terminos estamos hablando? Los empresarios incapaces de servir al consumidor NO son víctimas; la función del empresario es satisfacer, mejor que nadie, a los consumidores, en una pugna continua por unos recursos productivos temporalmente escasos. Esa función empresarial se arbitra a través del interés temporal que todo empresario, al satisfacer a los consumidores, deriva de las ventas. Pero la conditio sine qua non para obtener ese interés pasa por satisfacer a los consumidores.

Los empresarios europeos del textil no pueden -no saben- hacerlo en mejores condiciones que los chinos. No son víctimas; se entra en un negocio por ánimo de lucro y se sale de él por incapacidad manifiesta de gestión. ¿A qué viene esa llamada al victimismo? ¿Es que sugiere Vidal-Quadras que debemos subvencionar a los empresarios que pretendieron lucrarse mediante la satisfacción de las necesidades de los consumidores aun cuando hayan fracaso en su cometido? ¿Es qué sugiere que debemos atacar a los empresarios eficientes -sustrayéndoles capital mediante impuestos- para permitir que una pandilla de inútiles afines al gobierno permanezca en su cómoda y privilegiada posición rentista?

Poco más puede decirse de la "invasión" de productos del Tercer Mundo. Tales expresiones deberían sonrojar la cara de esa infame burocracia, cada día más visceralmente anticapitalista. La primera entrada que el diccionario de la RAE (sí, esa institución que los políticos como Vidal-Quadras ayudan a financiar por el bien común y que sólo sirve para alimentar la boca de supuestos filólogos con prestigio que dictaminan sobre la corrección universal de la institución evolutiva del lenguaje) da sobre invadir es: Irrumpir, entrar por la fuerza.

¿Qué fuerza, cabe preguntar, han utilizado los productos chinos para que los consumidores europeos voluntariamente los adquieran? Porque no lo olvidemos; siempre, y digo siempre, que alguien ha vendido es porque alguien ha comprado. No existe un flujo masivo de ventas y unas compras minoritarias y amilanadas, no. Cuando se registra una venta "invasiva" es porque, como contrapartida, se ha producido una compra cedente. ¿Ha olvidado Vidal-Quadras el significado de "transacción voluntaria"? Una tiende a pensar que, tras su delirante nexo entre autoritarismo y eficiencia, resulta lo más coherente.

Ahora bien, no debemos dejar el tema aquí. ¿Quién es el que aplica la fuerza ilegítimamente sobre las transacciones entre chinos y europeos? Imagino que ni unos ni otros, sino más bien el Estado "invasivo" e "intrusivo" que hasta hace bien poco imposibilitaba mediante aranceles esa transacción voluntaria. ¿No ha llegado a la conclusión el sr. Vidal-Quadras que los resultados que siguen a un proceso de liberalización no suponen el resultado de utilizar la fuerza sino de dejar de usarla?

Claro que, con semejantes premisas, no es de extrañar que el antiguo liberal Vidal-Quadras califique los resultados de la liberalización textil como devastadores. Pero vamos a ver, devastadores, ¿para quién? No imagino a los consumidores europeos sollozando en las esquinas porque ahora puedan comprar ropa más barata y de mejor calidad. ¿Quién ha sido devastado? ¿Los productores ineficientes? ¿Y qué servicio tiene la producción más que el consumo final? Sr. Vidal, si tan devastadores han sido los resultados le efectúo una propuesta poco maliciosa, coloque alrededor de su casa unos aranceles al textil exterior. En otras palabras, adquiera el compromiso de no comprar textil chino o, en caso de hacerlo, aplíquele un recargo del 50% y done ese dinero al gobierno europeo. Seguro que así saldrá enormemente beneficiado y paliará, en parte, los efectos "devastadores" de la liberalización.

¿Y a qué atribuye Vidal-Quadras estos efectos devastadores? Evidenetemente, a la invasión, al ataque procedente del antiguo Celeste Imperio. La distorsión mercantilista llega a estos ejemplos tan absurdos de calificar la masa poblacional china como perfectamente homogénea. Se tiende a crear una especie de enemigo común, de conspiranoia organicista entre todos los elementos del régimen para "arruinar" a los europeos vendiéndoles productos más baratos. ¿De verdad Vidal-Quadras ha caído en semejantes patochadas? ¿Ha abnegado ya de todo reconocimiento a la labor empresarial de todos aquellos chinos, que sin complot ni corporativismo fascistoide alguno, han conseguido competir con los sabios y recatados empresarios europeos hasta el punto de ganarse los corazones y la piel de los consumidores de Europa?

El siguiente argumento sólo demuestra cómo la teoría económica errónea conduce a conclusiones catastrofistas, alarmistas y manipuladas desde arriba para favorecer la intervención: El déficit comercial de la Unión en este ámbito ha crecido ininterrumpidamente a lo largo de la última década habiendo alcanzado la cifra de 30.000 millones de euros. En cuanto a la mano de obra, tan sólo en España el número de puestos de trabajo del sector ha pasado entre 1988 y 2003 de 405.000 a 236.000. Que el déficit comercial de la Unión "en este ámbito" aumente, no significa que deba aumentar considerado agregadamente. Puede que las importaciones se hayan redigirido y concentrado hacia ese sector. Pero es que, aparte, esa sucia tergiversación de los conceptos no tiene nombre. Un déficit en la balanza comercial implica una liberación de factores productivos en Europa que pueden ser utilizados para mejorar nuestra estructura productiva en otros sectores y, por tanto, conseguir ser competitivos en ellos.

¿O es que Vidal-Quadras nos quiere hacer creer con sus datos sobre la ocupación en el sector textil que casi 170000 trabajadores se han muerto de hambre al no poder encontrar ocupación? Esos trabajadores han podido ser dirigidos, o bien a otras industrias o, lo que parece más sensato, a etapas elevadas del proceso productivo que expanden la estructura de capital e incrementan la productividad de las empresas.

Una vez sembrado el miedo y el odio hacia "lo chino", Vidal-Quadras empieza a delinear los proyectos salvíficos que, nuestros siempre imprescindibles políticos -como el-, estan preparando: Ante panorama tan sombrío, la Comisión ha presentado una Comunicación, donde destaca el lanzamiento de una Plataforma Tecnológica para la industria textil. ¿Sombrío panorama? ¿es que alguien teme que las comisiones procedentes del textil van a terminarse?

Eso sí, la solución que los políticos pueden y saben ofrecernos es siempre la misma: más burocracia, más poder, más sueldo. Nunca se les pasa por la cabeza que, quizá, la falta de competitividad general de la economía europea tenga como causa originaria esa horrorosa planificación de la que son partícipes e impulsores (especialmente en los ámbitos fiscal y laboral). Pero claro, ello implicaría el fin de su chollo vital y el autoreconocimiento de una culpabilidad que ahora son capaces de endosar a los chinos, "al Imperio Celeste".

¿Y cuáles serán las funciones de esa Plataforma Tecnológica para la industria textil? En la exigencia de respeto a las normas de la OMC con la eliminación de barreras no arancelarias; y la eventual introducción de medidas de salvaguardia en el caso particular de las importaciones chinas. Aparte de malvados nos toman por tontos. Uno llega a pensar que el político está tan ensimismado en su majestuosidad que ya no cuida ni lo que escribe (suponiendo que esta estrafalaria colección de ocurrencias deshilvanadas haya sido efectivamente redactada por la mano de Vidal-Quadras). ¿Qué significa esta antitética yuxtaposición de respetar la eliminación de las barreras no arancelarias con la introducción de medidas de salvaguardia? ¿Cómo se salvaguarda un producto ineficiente nacional si no es a través de barreras no arancelarias?

Pero es que después de oficiar el bautizo de este amasijo de exabruptos intervencionistas, Vidal-Quadras se dispone a explicar, con un ramplón tufillo paternalista, cuáles son los activos que los consumidores europeos deben valorar: Nuestros activos son la calidad, el diseño y los tejidos especiales. Y uno que sigue sin entender para qué se necesitan medidas de salvaguarda con semejantes activos.

Con todo, Vidal-Quadras no deja lugar a dudas sobre su honorabilidad cuando afirma que el juego limpio y la perfecta reciprocidad son condiciones indispensables para la supervivencia de una industria de la que viven millones de ciudadanos comunitarios. ¿Juego limpio a través de un árbitro que favorece unilateralmente a una de las partes? ¿Juego limpio con un árbitro que insulta al rival? ¿Juego limpio cuando se plantean juegos y enemigos inexistentes donde sólo existe una competencia mundial por servir de la mejor manera al consumidor? ¿Eso es juego limpio?

Pero la guinda deplorable de la subsistencia de "millones de ciudadanos comunitarios" no deja, cuando menos, de recordar a un eufórico ZP vendiendo armas a Chávez para mantener con vida a 600 familias españolas. Una vez más, ¿nos toman por tontos? Padrinos y mafias las menos, y si son del Estado, ninguna. ¿es que ahora los eurócratas que viven a costa del sudor de millones de ciudadanos europeos, esquilmando sus ahorros y los frutos de su trabajo, son los principales promotores de su bienestar y de su defensa? En todo caso, sería una protección equiparable al engorde previo a San Martín.

Y como corolario una frase que remitiré directamente a Bové: La globalización es buena para todos si nadie intenta pasarse de listo y Peter Mandelson ha ponerse a la tarea si no quiere que le quiten, y nunca mejor dicho, hasta la camisa. ¿Si nadie intenta pasarse de listo? ¿es que la empresarialidad no consiste en pasarse de listo y servir mejor que los demás al prójimo? ¿En pasarse de listo y descubrir necesidades insatisfechas? ¿Nuevos métodos productivos? ¿Nuevas aplicaciones tecnológicas? ¿es que pasarse de listo no es el rasgo definitorio de la empresarialidad?

Supongo que el baldío intelectual propio de los ámbientes eurocráticos le hará clamar a Vidal-Quadras por la muerte de la inteligencia. Pero así, uno no termina de entender cómo puede reclamar a Peter Mandelson, Comisario de Comercio Exterior. ¿Debe ponerse a la tarea sin pasarse de listo, esto es, pasándose de tonto? Quizá, para descargo de los eurócratas, sea mejor dejar de considerar a la política como el arte luciferino, para pasar a considerarlo el arte de los tontos. Si bien mejor no hacerlo, porque los políticos de linces empresariales tienen poco, pero de hienas represoras van servidos. Hasta el rabo todo es toro, y hasta la carroña, todo buitre.

9 de Abril de 2005

Nueva KDD en Barcelona (ACTUALIZADO)

Habida cuenta de la juerga que está preparándose en Madrid y del éxito precedente, hemos pensado que el próximo fin de semana podría realizarse una KDD en Barcelona. De esta manera, la desafiante periferia se adelantaría, una vez más y en el segundo año de la era maragaliana, al centralismo madrileño.

Pues bien, tras hablarlo con algunos irreductibles capitalinos, hemos llegado a la conclusión de que podríamos quedar el sábado 16, a las 21:30 en la boca de los Ferrocarriles de la plaza Gala Placídia (parada de “Gracia” de los Ferrocarriles). Iremos a cenar a un restaurante cercano y luego buscaremos algún lugar de escapada nocturna.

Como tendremos que reservar mesa (incluso menú) convendría que los que quieran asistir se anoten en los comentarios. De esta manera el recuento definitivo será más sencillo.

ACTUALIZACIÓN

Hay cambios sustanciales en la KDD. Por partes:

a) Cambio de punto de encuentro: Por motivos de reserva no podemos acudir al lugar pensado. Así, iremos finalmente al Restaurante L'antic Forn (C/. Villarroel 182) Quedaremos, pues, a las 21.30 en la parada de Metro de l'Hospital Clínic.

b) Por los mismos motivos de reserva, se nos ha pedido que demos el número de personas que acudiremos. Por tanto, el plazo máximo para anunciar en los comentarios de esta anotación termina el viernes a la 13.30

6 de Abril de 2005

Comentarios a la Rerum Novarum

Como ya anticipé ayer, era mi intención desarrollar algunas de las grandes ideas que contiene la Encíclica Rerum Novarum. Hoy sale la primera parte del artículo en Libertad Digital, la semana que viene la segunda.

Espero, en otro momento, ampliar un poco más el tema, sobre todo contestando detalladamente a las supuestas llamadas al intervencionismo que efectúa León XIII. Quiero recordar que a esta Encíclica se la suele colocar como el inicio de la doctrina socialista de la Iglesia y como un referente para la Teología de la Liberación. Nada más lejos de la realidad.

ACTUALIZACIÓN

Y aquí la segunda parte.
Gabriel Calzada en Canal Sur

El miércoles 6 de abril, a las 22.20 Gabriel Calzada, uno de los mayores difusores actuales del liberalismo en España, aparecerá en Canal Sur para debatir sobre el nefasto Protocolo de Kyoto. Concretamente en el programa Mejor lo Hablamos. Dado el indudable interés del tema y puesto que muchos no vivimos en Andalucía, ni disponemos de Digital+, conviene recordar que puede seguirse desde aquí.

4 de Abril de 2005

Rerum Novarum

La muerte de Juan Pablo II, aunque más o menos esperada desde hace tiempo, nos ha cogido con relativa sorpresa a la mayoría de quienes querríamos haberle rendido un más ajustado homenaje. Los centarios de los nacimientos pueden anticiparse con tiempo, las muertes no. Los centenarios de los nacimientos pueden seguirse con soberbios comentarios, las muertes de personas notables, no.

Pueden hacerse muy buenas anotaciones en las bitácoras, pero en los artículos de fondo de liberalismo.org nos hemos encontrado con escaso material. Es por ello, que hemos considerado conveniente publicar la Encíclica de Leon XIII, Rerum Novarum. Por diversos motivos: primero, porque todo el pensamiento social de Juan Pablo II dice emanar de ella y, por tanto, todo comentario subsiguiente de Juan Pablo II debe tomar como referencia esa encíclica; segundo porque no han sido pocos los que estos días han dudado de la relación entre catolicismo y liberalismo (relación que, si bien no necesaria, sí tiene excelentes puntos de apoyatura) y tercero, porque el contenido de la Encíclica es muy fácilmente malinterpretable (con lo que una lectura personal es harto recomendable).

Rothbard la calificó como fundamentalmente libertaria y pro-capitalista, si bien destacó sus sesgos intervencionistas. Si bien, a grandes rasgos, comparto la tesis rothbardiana creo que Mr. Libertarian se queda corto al valorar, en esta ocasión, al entidad del documento. En la Encíclica podemos encontrar una apasionada defensa de la libertad y de la propiedad privada desde la triple perspectiva iusnaturalista, racional-utilitarista y evolucionista; una feroz crítica del intervencionismo estatal tanto en su faceta reguladora como redistribuidora; esbozos de modernas teorías económicas y morales (en concreto, destaca la importancia del ahorro frente al consumismo keynesiano; la imposibilidad de planificiar centralizadamente; intuye la Tragedia de los Comunes; desmonta moral y teóricamente el georgismo; se refiere el principio de responsabilidad parental y sienta las bases para una crítica a la existencia coactiva de los Estados)

A mi juicio se trata de una Encíclica extraordinaria, pero que debe leerse con atención. Es muy sencillo confundir sus planos morales y legales, hasta el punto de que las conclusiones variarían de manera radical. Aparte, hemos de tener presente que las impreciones teóricas que contiene, como recuerda Juan Pablo II, se deben a que estuvo inspirada en los "estudios científicos" de la época. En 1891 no se disponía del arsenal teórico de hoy; la economía acababa de nacer como ciencia subjetivista 20 años antes. Algunas conclusiones son disculpables; máxime si, como veremos, con los conocimientos "actualizados", serían plenamente liberales.

Como digo, es un documento que, aún para los no católicos, resulta muy interesante de leer por la riqueza de matices y de anticipos teóricos que contiene. Si el tiempo me lo permite (cosa nada segura), intentaré desarrollar ampliamente estas tesis en los próximos días.

3 de Abril de 2005

1 de Abril de 2005

La robolución de los 1000 euros

Conociendo la calidad del autor no sorprende el resultado, y tras leer el artículo todavía menos. Merecidos, pues, los 1000 euros del premio (u 850 tras la poda estatal) que nunca vienen mal. Ni a él ni a mí, porque, Albert, pacta sunt servanda. Qué pródigos son los meses de marzo.

Felicidades.

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