Todo un hombre de Estado: Junio 2005Bitácora de Juan Ramón Rallo Julián
29 de Junio de 2005Manel sobre Red Liberal
Dos meses después de que Hispalibertas pidiera la baja en Red Liberal, Manel nos ofrece en un post algunas de las razones que motivaron semejante decisión. Pero probablemente más interesantes que sus razones sea el análisis externo sobre RedLiberal en el que finalmente se convierte el post. Análisis que harían muy bien todos los bloggers sindicados en leer y, sobre todo, reflexionar; y todo ello lo digo aun discrepando en la gran mayoría de puntos. La primera crítica que lanza Manel se refiere al formato de Red Liberal: se trata de un estanque amontonador de bitácoras, en el peor sentido de la expresión. Estanque por estancado, amontonador por inabarcable. No es la primera vez que me quejo públicamente de que "muchas" bitácoras no implica "buenas" bitácoras o "buen conjunto de bitácoras", sino solo una indeterminada cantidad superior a la manejable. Ciertamente, muchas no significa buenas, pero tampoco tiene por qué significar malas. No sólo eso, Redliberal ofrece un amplio número de bitácoras con distintos perfiles; a unos nos gusta más la teoría económica, a otros la situación española, a otros la política internacional y a otros la reflexión genérica desde lo que muy acertadamente llaman "liberalismo instintivo" (es decir, el sentido común). Por ello, más que bitácoras buenas y malas en general, hablaría de bitácoras buenas o malas para cada tipo de usuario en concreto, esto es, bitácoras que interesan más o menos dependiendo de las inquietudes de cada lector. En este sentido, Manel sí que tiene razón en que Red Liberal puede convertirse en un "amontonador por inabarcable"; pero el camino no pasa, en mi opinión, por que el webmaster de Red Liberal limite el perfil del lector, a través de la eliminación de bitácoras, sino de que se posibilite que sea el mismo lector quien discrimine las bitácoras que realmente desea leer. Opción que, de momento, Red Liberal tiene muy poco desarrollada (lo cual supone, imagino, bastantes molestias para muchos lectores), pero que no dudo de que, en un futuro próximo, pueda solucionarse. Como resumen de su primera crítica, pues, Manel sostiene que Excepto un par de blogs que se mueven con frecuencia y proponen cambios y enriquecimientos, los demás parecen fosilizados en su mismidad, tallados en eterno granito, ajenos al mundanal ruido, lo cual insisto que es irreprochable si atendemos las circunstancias individuales, pero desolador si se contempla el conjunto. Tal y como asegura, irreprochable para los individuos, criticable para el conjunto. Me recuerda lejanamente a las habituales críticas al orden espontáneo: si cada uno busca su propio bienestar, el orden resultante es de inferior calidad al que hubiera engendrado una planificación u organización consciente. El problema es que, de la misma manera que la sociedad aprende de sus errores y de sus aciertos conformando instituciones adaptativas y útiles para los individuos, Red Liberal deberá arbitrar empresarialmente cambios para, viendo sus errores y sus aciertos, seguir sirviendo a los lectores. La planificación, muchas veces útil, no tiene que venir de Red Liberal, sino de las bitácoras que contiene. Bitácoras colectivas de extraordinaria calidad que se organizan en unidades abarcables -como Ajopringe, Desde el Exilio o Batiburrillo- donde sí existe una mínima coordinación, pero por dos motivos que ni existen ni conviene que existan en Red Liberal: una idea conjunta de bitácora y un superior jerárquico que, mucho o poco, acota el camino de cada blogger. La solución, a mi juicio, no pasa por dar directrices coordinadoras a los distintos bloggers -entre otras cosas, porque como dice Manel, sería una labor inabarcable- sino por perfeccionar herramientas individuales de discriminación; herramientas que ofrezca la propia Red Liberal para permitir que cada cual adapte la página a sus necesidades. Dotar a la página de flexibilidad sin eliminar la individualidad que subyace tras ella; porque no olvidemos que el 90% de los bloggers no escriben para Red Liberal, ni siquiera muchos de ellos escriben conscientemente en Red Liberal. En otras palabras, pretender establecer una planificación de contenidos, a través de las pertinentes directrices coordinadoras, no supondría un cambio en el formato, sino la extinción de Red Liberal. La siguiente crítica que efectúa Manel es la excesiva dependencia que muchas bitácoras de Red Liberal tienen hacia Libertad Digital: el 78% de las anotaciones hacían pie en páginas de Libertad Digital, directamente o vía otros blogs. Se dice pronto, oiga: el 78%. Tres de cada cuatro. Eso no es normal. Eso no es liberal. Eso no es bueno. Ni sería ninguna de las tres cosas aun en caso de que LD fuera el mejor periódico online del mundo, escrito de perlas, fundamentado de narices y consistente de cojones. Estoy de acuerdo en que no es bueno, pero no en que no sea ni normal ni liberal. Libertad Digital es el único periódico liberal de masas en español. Es normal que los liberales españoles, y también los bloggers liberales españoels, acudan a informarse a Libertad Digital y, luego, comenten noticias allí aparecidas -especialmente cuando, en muchas ocasiones, Libertad Digital trae noticias que no aparecen en los otros medios. Me parece, por tanto, enteramente normal y esperable que ello suceda. Otra cosa es que sea deseable y, como es obvio, si es muy conveniente que se busquen noticias y opiniones en otros medios; personalmente recomendaría algunas webs libertarias, en muchos casos con grandes discrepancias con LD, como el Mises Institute, Lewrockwell.com, Anti-State.com, Antiwar, Strike The Root, Molinari Institut, Samizdata o Liberté Chérie. Si bien, claro está, el espectro de páginas a consultar es mucho más amplio. Lo que no puedo entender es por qué razón citar sólo un medio, o incluso visitar sólo un medio, no es liberal. El problema es que la crítica fundada de Manel -y su consecuente consejo: ampliar miras- se convierte en una especie de sospecha: Es cierto que una decena de bloggers sindicados en RL, incluído el padre de la criatura, trabaja también en LD, pero, incluso así, ¿no sigue siendo una desproporción literalmente inasumible? ¿No estaremos acaso ante un raro ejemplo de "seguidismo" ideológico-tribal? La pequeña encuesta, lejos de acallar intuiciones prodigó inquietudes (que se agravaron con la ridícula histeria de aquellos dies alienses de la salida de HL de RL). Con ayuda de las cifras, Red Liberal no me pareció más que un eco artificial de LD, su caja de resonancia civil, un enjambre incondicionalmente a sus pies, el célebre voluntariado que constituye la segunda pata de un lobby. ¿Quién va a querer cambiar nada? La tercera pata para que dicho lobby se mantenga enhiesto se ha estrenado hace poco, adoptando la forma del Instituto Juan de Mariana, donde de nuevo encontramos a autores de LD y a bloggers de RL que trabajan en LD. Todo muy rico y con perejil, pero poco atractivo a la vista. No digo que la aparición de las intuiciones fuera aburda, ni siquiera la de las inquietudes, pero quizá por conocer un poco más desde dentro Red Liberal y el Instituto Juan de Mariana, no les encuentro después de todo un sólido fundamento. Más allá de una estrecha colaboración entre LD y el IJM, que existe y en cierta medida es saludable, la influencia que estos dos puedan tener sobre los bloggers de Red Liberal no pasa de la lectura y la influencia doctrinal. Precisamente la diversidad inabarcable de Red Liberal es lo que impide otro tipo de relación que, dicho sea de paso, nadie ha pretendido jamás. Desde luego Manel no quiere que Hispalibertas forme parte de un club sinérgico, pero precisamente lo que a nadie se le pide en Red Liberal es que forme parte de ese supuesto club. Si hemos apuntado que la individualidad y carecencia de organización era una de las características (para mí saludable) de Red Liberal, ello sigue siendo válido cuando pretendemos enjuiciar una especie de línea unívoca en Red Liberal. En todo caso, si esa línea existiera sería fruto de la esponteneidad e individualidad de cada blogger y no de una necesidad imperativa. Red Liberal no tiene como objetivo convertirse en apéndice o eco artificial de LD, otra cosa es que Manel juzgue que por separado muchos bloggers hayan llegado allí. Y no en vano, cuando tales situaciones se dan, las bitácoras que sobresalen serán aquellas que ofrezcan un producto diferente o divergente con la línea mayoritaria, de manera que, en todo caso, las fuerzas en Red Liberal impulsarían hacia una especialización y separación. Por etodo ello, no creo que LD, RL y el IJM formen ninguna especie de lobby; ninguna de las tres depende de la otra y, en cierto modo, las tres suponen un modo distinto de ver el liberalismo y la estrategia liberal. Es más, no se me ocurre quién podría ser el cabecilla de ese lobby, porque bien sabido es que LD depende de Jiménez Losantos, RL de Dani, y el IJM de Gabriel, tres personas que, casualmente, vienen a representar las tres corrientes del liberalismo: el gobierno limitado, el minarquismo y el anarcocapitalismo. ¿Cuál sería, pues, la estrategia común? Ni aún queriéndolo, lograríamos acuerdo que no fueran puntuales, como ahora está sucediendo. No sólo eso, RL, aún cuando esté diseñada por Dani, no tiene, como ya hemos dicho, líneas comunes ni filosofía común más allá del liberalismo (en ella pueden encontrarse ejemplos de las tres corrientes) Por tanto, la presión deliberada no sería sólo complicada, sino más bien imposible. Otra cosa es que las tres páginas webs, en su ámbito, en su estrategia y en su estilo, estén ejerciendo una cierta presión sobre Internet. Así lo espero; pero, tal y como ya he dicho antes, se trata más bien de una presión espontánea, fruto de la diversificación y expansión del movimiento liberal, que de la estrategia programada por lobby alguno. Finalmente, Manel realiza algunas consideraciones acerca del término y la estrategia liberal: El término liberal no tiene dueño, no puede ni debe tenerlo, ningún sigiloso lobby lo secuestrará y malbaratará, ni en España ha de momificarse a la defensiva en beneficio de la escuela dominante, especialmente cuando luce agujeros más grandes que el colador de sopa del Capitán Garfio. Uno, en su inopia, está cansado de leer disparates —supuestamente liberales pero seriamente antidemocráticos y podridos de raíz— que perfilan un mundo que no existe, un país que no es el mío, una libertad que no conoce nadie y un ser humano que solo es sombra chinesca a contraluz de la nada; uno está fatigado de tantos busterkeatonianos equilibrios en el alambre de la teoría, de faltas de ortografía en los libros sibilinos, de campanudas construcciones intelectuales que no aguantan media torta en la tierra de la realidad, y jadea y suda por saberse asociado con todo ello. Desde luego el término liberal no tiene dueño, pero tampoco puede estar somete a una indefinición tan grande que permita a los antiliberales apropiarse de él (véase el caso de EEUU) En realidad, como dice Freelance, la gran mayoría de los liberales hemos partido de un liberalismo instintivo que luego cada cual ha ido sistematizando y puliendo de distinta forma. Pero ello no significa que las derivaciones posteriores sigan en la línea liberal; lo importante es que todo aquel que diga sentir amor por la libertad tiene que tener una cierta "presunción de liberal". Pero esta presunción puede esfumarse rápidamente a través de un cierto debate: los socialistas también aseguran querer proporcionar una "libertad real" y no por ello puede calificárseles como liberales. Convendrá discutir si determinadas propuestas son conformes o no con una mayor libertad del ser humano y, a partir de ahí, seguir profundizando. Por ejemplo, la Escuela de Chicago propone el monopolio monetario sometido a una regla fija de emisión; en mi opinión puede demostrarse sin demasiada dificultad que tal propuesta es menos liberal que cerrar el Banco Central. De ahí que, en ese caso concreto, sea más liberal defender lo último; pero todo ello no implica que la Escuela de Chicago -aparte, que habría que acotar qué entendemos por Escuela de Chicago- sea antiliberal. Rothbard, por ejemplo, en su Ética de la Libertad critica duramente la propuesta ética de Mises, calificándola en muchos casos de antiliberal, y sin embargo Mises siguió siendo su referente intelectual y liberal. Esto significa, pues, que ni debemos dejar el término liberal en el aire, ni tampoco debemos acotarlo en exceso pecando de arrogantes y racionalistas. La otra crítica del párrafo citado es ya una habitual en Manel, el excesivo recurso a la teoría de muchos bloggers (crítica que ya se plasmó en su "liberalismo sin rostro humano" que motivó la respuesta de José Carlos) No voy a añadir mucho más, porque ello nos llevaría a otro debate. Pero sí es evidente que el mundo por el que luchamos es un mundo que no existe (que no es lo mismo que un mundo que no pueda existir), en caso contrario nos relajaríamos a disfrutar de él. De ahí que haya que criticar lo que existe, haciendo referencia a lo que no existe (pues aunque pongamos ejemplos reales, las analogías especiales y temporales tienen una parte de igualdad pero otra, claro está, de desigualdad) Y en este sentido, dado que tenemos que recurrir, siempre, a la teoría para criticar la realidad, el campo teórico debe ser significativamente trabajado. De manera especial en la economía, ciencia donde parte de los elementos referidos no son ni siquiera observables (pensemos en elementos tan fundamentales como el valor, la utilidad o la elección o en otros más detallados como el "consumo de capital") Por ello, la teoría que relacione lo observable con lo no observable (los facts and conterfactual de Hülsmann) es imprescindible. Y ello no la hace menos humana, puesto que el éxito de una teoría realista es adaptarse a lo humano, a la acción humana, sólo así, en tanto tenga rostro humano, será una buena teoría. En todo caso, después de haber reflexionado en alto, reitero mi recomendación de leer el post. Esperamos la segunda parte. 28 de Junio de 2005Secesión
Frecuentemente nos han acusado a los bloggers de Redliberal de ser un todo homogéneo respaldado por una línea editorial que viene no se sabe muy bien de dónde. Desgraciadamente, tenemos más que sobrados ejemplos de que la monolítica línea editoral no existe. ¿El último? Dos posts casi sucesivos de Smith y Fernando sobre la secesión, el primero contrario y el segundo favorable. Dada la importancia del tema, supongo que a ninguno de los dos autores les importará que comenté brevemente sus posts y ofrezca mi opinión. Para no confundirnos, los comentarios de Smith irán en azul y los de Fernando en verde. Empecemos con el de Smith: La actual conjunción de las fuerzas políticas izquierdistas e hipernacionalistas en las comunidades que la Constitución absurdamente clasifica como “nacionalidades”, dibuja un panorama muy poco halagüeño para quienes estén situados en el espectro ideológico del patriotismo constitucional. Me resulta curioso semejante apego a una Constitución abiertamente socialista y en la que, además, abundan los absurdos lingüísticos que el propio Smith remarca. Es la Constitución a la que teóricamente tenemos que sentir apego la que contiene el término "nacionalidad". ¿Por qué entonces hemos de basar nuestro patriotismo en una norma positiva repleta de entuernos y majaderías? No dudo de que para quienes reduzcan España a la configuración estatal posterior de la Constitución, el secesionismo represente un horizonte espectral, pues la secesión implicaría la muerte de la presente Constitución, pero para quienes creemos que España abarca mucho más que las fronteras mal trazadas de cuatro Estados visionarios-nacionalistas, el secesionismo no supone ningún problema. Ni Hispanoamerica desparece por la profunda división estatal de la zona, ni Europa se circunscribe a la Unión Europea ni, no vamos a ser excepción, España depende de la continuidad del Estado español. Continúa Smith diciendo que: Los gobiernos coaligados de Cataluña (PSC-ERC-IU), País Vasco (PNV-EA-EB con apoyo tácito de PCTV-EHAK) y Galicia (PSG-BNG) van a dirigir sus políticas en dos direcciones clarísimas: intervencionismo y secesionismo; es decir, menos Libertad y menos España. Aquí voy a darle parcialmente la razón. Es evidente que el nacionalismo, en tanto izquierdista e identitario, tenderá al masivo intervencionismo, a estrangular la libertad de los individuos, a socavar las instituciones libres, a uniformizar la sociedad, a acabar con la diversidad. Pero, nuevamente, no puedo estar de acuerdo en que más nacionalismo signifique menos España, porque la trascendencia histórica, cultural y sobre todo sentimental de ésta supera en mucho las posibilidades dirigistas de unos iluminados. Lo que peligra -incluso más de lo habitual cuando estamos hablando de políticos- es la libertad, pero no España, porque España no es el Estado español. En dos de las tres comunidades ya viene siendo algo habitual desde hace tres décadas, pero ahora el proceso secesionista se nos torna irreversible. Cada día va a existir menos presencia de España en toda Galeuzka. Los castellanohablantes, cada día lo van a tener más difícil. Estoy de acuerdo, de nuevo, en que los castellanohablantes lo van a tener más complicado y en que la libertad se va a restringir. Pero esto no tiene que ver con más o menos España, sino, claro está, con más o menos libertad. España es perfectamente capaz de aglutinar territorios con distintas lenguas, no por ello queda debilitada, sino más bien enriquecida; porque las sociedades y los individuos son diversos, tienden a distinguirse, a emprender distintos proyectos. Se avanza hacia la diversidad. Otra cosa, y en eso sí estamos de acuerdo, es que esos procesos libres sean políticamente inducidos por la coacción de las distintas administraciones. En este caso estamos ante una represión de la libertad, ante un ataque a la sociedad. Pero no se ataca a la libertad porque, en teoría, se esté atacando a España, sino porque con la excusa de desmontar España están cercenando la libertad. Sigamos: Llegará un día en el que alguien, con razón, se pregunte qué funciones le quedan al Estado español en esas comunidades y después de meditar un rato, no encuentre más presencia nacional que la de alguna base militar y la espontánea visita de alguna autoridad de la Casa Real o del Gobierno, por aquello de que no se olvide que, formalmente siguen perteneciendo a España. En este tipo de afirmaciones, bastante realistas, encontramos precisamente el germen del error de identificar la sociedad con el Estado. Si reducimos España al Estado español, el problema es que cuando el Estado español entra en crisis estamos, así mismo, abocando a España a la crisis. Cuando esto no debía ocurrir necesariamente así. La crisis del Estado español -la crisis inevitable a la que tiende toda estructura política por su pérfida esencia- no debe arrastrar en su crisis a la sociedad que dice encarnar. Por ejemplo, cuando la Unión Europea ha entrado en crisis, rápidamente se ha apuntado a una crisis de "Europa". En este caso, estamos permitiendo que a través de la confusión entre Estado español y España, los buitres nacionalistas maten a un pájaro y hieran al otro. En conclusión, el artículo de Smith apunta acertadamente parte de los graves obstáculos que los nacionalistas suponen para la libertad, pero, en mi opinión, peca de reduccionista al equiparar Estado español con España y patriotismo constitucional con patriotismo español. El secesionismo, en principio, ni es enemigo de España ni enemigo de la libertad. El nacionalismo es enemigo del Estado español y de la libertad, pero no de España (a menos que caigamos en su trampa de identificar España con Estado español) Yo soy partidario del secesionismo irrestricto, si bien esto convendría analizarlo con más detalle a través del artículo de Fernando, quien también se declara favorable a la secesión. He de decir, antes que nada, que aunque en principio parezca que las opiniones de Fernando y la mía son bastante coincidentes, en realidad, no tienen nada que ver. Es más, de entre ambos artículos, estoy bastante más de acuerdo con el de Smith, a pesar de todo lo apuntado hasta ahora. Hay decisiones para las que la mayoría (51%) de los votos no es suficiente. Por ejemplo: la reforma de la constitución. La secesión me parece otro tipo de reforma 'legal' para la que la simple mayoría no es insuficiente. La secesión es un derecho del individuo. Si no lo entendemos así, simplemente carece por completo de sentido. Vidal-Quadras cita convenientemente a Ivor Jennings para apuntar que El pueblo no puede decidir hasta que alguien no decida quién es el pueblo. No existe entidades abstractas objetivas a las que quepa imputarles un derecho a la secesión. Por tanto, apelar a la democracia como algo más que un mecanismo ordenado para engendrar las sucesivas secesiones, me resulta erróneo. Este error queda nuevamente reflejado aquí: No estoy en contra de la secesión del País Vasco o cualquier otro territorio. De hecho, creo que Andalucía sería la región que más se beneficiaría de una hipotética independencia, por razones que no voy a exponer ahora. Los territorios no se secesionan, lo hacen los individuos. Es cada persona quien debería tener el derecho de no someterse a una determinada estructura política que le viene ancestralmente impuesta. Es cada individuo quien debiera tener la posibilidad o bien de crear por él mismo una estructura política o unirse voluntariamente a otras que ya existen. Quizá a alguno le parezca ridiculo pero sólo quiero apuntar dos detalles: por un lado sabemos que la secesión es un proceso viable (de hecho, en toda la historia de la humanidad desde los grandes imperios, las sociedades no han hechos más que secesionarse del sometimiento a determinadas estructuras políticas) y segundo, si la secesión generalizada es posible, tanto más lo será la secesión que pretenda ir más allá, hasta la del individuo que se asocia voluntariamente con la estructura política que más le convenga. Es decir, un régimen de competencia empresarial entre estados que, en tanto pierdan la soberanía sobre el territorio y sobre la población (ya que en una misma unidad geográfica cabría el sometimiento de distintos grupos a distintas jurisdicciones), dejarían de ser Estados (monopolios coactivos) para pasar a ser empresas. Cabe matizar, antes de proseguir, dos detalles. Primero, esta situación, al igual que cualquier otra, NO es estable. No es un punto definitivo de llegada; el anarcocapitalismo no consiste en construir una sociedad sin Estado, sino en evitar continuamente que surja la coacción. Segundo, evidentemente podrían producirse enfrentamientos y conflictos bélicos entre las distintas empresas, pero ¿es que nos hemos olvidado acaso del s.XX? Sigamos con Fernando: Dicho esto, me gustaría ver una reforma de la constitución que permita la independencia de cualquier región o provincia de España. Eso sí, los trámites legales deben ser respetados: dos tercios de los votos en el parlamento, referéndum, convocatoria de elecciones, ratificación por el nuevo parlamento... etc. No puedo estar más en desacuerdo. La secesión aparte de ser individual sólo podría ser beneficiosa en tanto no se la regule y restrinja desde el poder político. En otras palabras, si establecemos una unidad política mínima, sobre la que no quepan ulteriores secesiones, estamos consintiendo con absoluta impunidad la creación de satrapías y regímenes totalitarios a través del refrendo democrático. Imaginemos que fijamos constitucionalmente que la provincia es el nivel máximo de secesión. En ese caso, una provincia mayoritariamente nacionalista tendría total impunidad para, respecto a sus propias reglas, explotar al resto de habitantes de la provincia. ¿Cuál sería la garantía de que no evolucionaríamos hacia dictaduras nacional-socialistas? No olvidemos que para los socios del PNV, Cuba es un modelo referencial. ¿Qué sentido tiene que el Estado español entregue un territorio y una población a una banda de asesinos, criminales y malhechores, cuando ese territorio y esa población estaban teóricamente bajo su tutela? Absolutamente ninguno. Fernando parece percibirse de este detalle y lo matiza: De hecho, la secesión debería seguir un procedimiento parejo, en lugar de un referéndum donde el 51% de los votos bastase. De otra forma, las minorías pueden ser oprimidas por una mayoría totalitaria. Pero ¿desde cuándo una mayoría, a excepción de la unanimidad, ha sido garantía de que los grupos dominantes no explotarán a las minorías? ¿Debemos exigir un 66%? ¿Y qué pasaría entonces con el 33% disidente? No sólo eso, imaginemos la siguiente situación: en la provincia de Guipúzcoa el PSE y el PNV pactan secesionarse de España y que ningún grupo social será perseguido. Una vez independizada Guipúzcoa, el PNV gana las elecciones por el 51% y rompe el pacto. En ese momento, los castellanohablantes son duramente perseguidos. ¿Qué ha pasado con el 66%? Agua de borrajas; precisamente, porque constituido el nuevo Estado, la máxima autoridad, el gobierno, decide no someterse al mismo. Por eso, su conclusión me parece desacertada: Resumen: secesión sí, pero respetando un proceso verdaderamente democrático, y no la simple mayoría. Repito, la secesión no tiene que ver con las mayorías, sino con los individuos. Es simplemente inaceptable que un grupo se erija mayoritariamente legitimado para gobernar a otro, cada individuo debe ser libre para secesionarse. Sólo así se podría garantizar la auténtica libertad; si un gobierno nazionalista asume el poder, puedo secesionarme y acogerme, desde el mismo territorio, al amparo de otro gobierno. Desde luego, el procedimiento podría ser a través del referéndum, por una cuestión de orden. Sin embargo, el Estado español no debería permitir la secesión de ningún colectivo que, a su vez, no garantizara la secesión de otros colectivos que queden insertos en él. Quien no respeta los derechos ajenos, no puede pedir que se le respeten. En el caso del PNV o ERC resulta palmario. No sólo quieren secesionarse, sino que pretenden negarle cualquier derecho de secesión a los navarros y a los valencianos, lo cual es del todo incompatible. Tal como está el panorama español, por tanto, me temo que ningún grupo puede apelar a la secesión. Todas las propuestas hasta ahora planteadas pasan por una secesión que ponga punto final, cuando sólo puede ser un punto y seguido. Lo cual, ciertamente, no es de extrañar: el secesionismo está capitaneado por un nacionalismo de corte izquierdista e identitario que, muy probablemente, evolucionaría hacia una dictadura nacional-socialista. Por eso he dicho antes que, tal como están las cosas, me sitúo más bien al lado de Smith: al PNV o a ERC ni con el 90% de votos a favor se les ha de permitir que se secesionen, en tanto en cuanto no admitan como un derecho irrenunciable la ulterior secesión del 10%. La secesión planteada como un derecho colectivo, fruto del democratismo, no es ni garantía ni aliada de la libertad, sino más bien una de sus más perversas enemigas: el pretexto para que los criminales asociados sometan y repriman por ley a sus víctimas, el cauce perfecto para realizar el ideal igualitarista de la izquierda. 27 de Junio de 2005Las ¿contradicciones? de un liberal
Dice nachfrost en mi último post sobre las manifestaciones pro-familia que: Mientras los liberales de este país no empiecen a olvidarse del añorado nacionalcatolicismo apañados estamos. Y desde luego, consciente de ello eres, puesto que pasas de puntilla por estos argumentos, que no te dignas ni a discutir. Para ello me remite a una réplica de, a su vez, mi crítica a un artículo de Akin donde proponía ilegalizar la Iglesia. Antes de desmenuzar el post, con todo, analicemos el comentario. Primero, ignoro qué tendrá que ver el liberalismo con el nacionalcatolicismo. Segundo, los liberales no tienen que olvidarse de nada porque, en tanto que liberales, nunca han defendido la injerencia de la Iglesia en el poder del Estado, so pena de convertirse en Estado y por tanto enfrentarse a los liberales. Tercero, no sólo los liberales se han olvidado (o más bien, nunca han tenido presente) de la fusión de la Iglesia y el Estado, sino que una parte significativa de la Iglesia también ha tenido presente la necesaria separación; empezando por las monedas del César, continuando por el dualismo gelasiano y llegando al actual Papa: No es propio de la Iglesia ser Estado o una parte del Estado, sino una comunidad de convicciones. Y ahora sí, examinemos el post sobre las "contradicciones" de un liberal. Primero, se me acusa de simplista por Tildar a la izquierda de totalitarista o defensora del pensamiento único es una generalización que se suele aplicar también a la derecha, y que en cualquiera de los dos casos es simplista. No hay un sólo argumento para generalizar de esa manera. Ejemplos históricos los hay para las dos afirmaciones, pero siempre hablando de deformidades tanto socialistas como de derecha reaccionaria, curiosamente, integradas las últimas en lo más granado de la sociedad eclesiástica. Como es lógico, todo dependerá de las definiciones que adoptemos de izquierda y derecha. Particularmente me adscribo a la propuesta de Kuehnelt-Leddihn, de ahí que sostenga que la izquierda tiende hacia la igualdad más absoluta, hacia el odio a la diversidad, hacia el pensamiento uniforme y, por tanto, hacia la represión para conseguir violentar la naturaleza humana, tal como haría el sádico Procrusto. Por ello mismo no puedo aceptar que el totalitarismo sea una deformación de la izquierda, sino su expresión más depurada. Por ello mismo no puedo aceptar que el reduccionismo moralizante del anquilosado conservadurismo estatal sea una deformación de la derecha, sino otra forma de izquierda. La derecha se mueve a través de las tradiciones que evolucionan libremente para adaptarse a la sociedad humana; que no vienen impuestas desde arriba sino que se convierten en los mejores mecanismos para los fines humanos. No se trata de instituciones opresivas, mantenidas a través de la represión militar, sino de la persuasión y de la conveniencia. No se trata, como decía el propio Kuehnelt-Leddihn, de conservarlo todo, sino de conservar lo bueno. Mientras que la primera tendencia (el "progresismo") parece reconocer como justo lo que es nuevo, la otra (el "conservadurisrno" o "integrismo") al contrario, no tiene por justo sino lo que es "antiguo", considerándolo como sinónimo de la Tradición. Sin embargo, ni lo "antiguo" como tal, ni lo "nuevo" en sí, son los que corresponden al concepto exacto de la Tradición en la vida de la Iglesia. En este contexto hay que señalar el extraño hecho de que desde hace un siglo, aproximadamente, la reflexión de la teología católica sobre el concepto de tradición tiende calladamente a identificar tradición y progreso, es decir, a interpretar la idea de tradición por la de progreso, ya que no concibe la tradición como el depósito fijo de los comienzos, sino como el dinamismo de la inteligencia de la fe que impulsa hacia adelante. Vaya, ¿quién es el hayekiano teólogo detrás de estos textos? ¿Quién anticipa de una manera tan magistral la teoría de la eficiencia dinámica de las instituciones del muy liberal Jesús Huerta de Soto? ¿Algún marginado estudioso sin importancia? Pues se trata del mismísimo Benedicto XVI, cuando todavía era cardenal. La sociedad eclesiástica a la que alude el autor es una comunidad de creyentes, entre los que se encuentra gente de todos los tipos y de todas las ideologias (otra cosa es que algunos creyamos que los valores fundacionales de la Iglesia, en especial la dignidad humana, la acerquen al liberalismo, basado en esa misma dignidad), pero en ningún momento puede afirmarse que la Iglesia, en tanto que Iglesia, haya dado pie al totalitarismo. Cuando la Iglesia se acercó demasiado al Estado se corrompió y dejó de ser "una comunidad de convicciones", dejó de ser Iglesia, para imponer una determinada fe. Sin salirnos de Ratzinger: Con esto no se pretende negar que este equilibrio haya sido perturbado con frecuencia y que en el Medievo y en los inicios de la Edad Moderna no se llegara a veces a una fusión de hecho entre el Estado y la Iglesia, fusión que deformó la exigencia de la fe acerca de la verdad, debido a la coerción y a la caricatura de un auténtico esfuerzo por conseguirla. O, sobre todo, cuando afirma enérgicamente que: Es muy importante no suprimir esta distinción: la Iglesia no debe erigirse en Estado ni querer influir en él como un órgano de poder. Cuando lo hace, se convierte en Estado y forma un Estado absoluto que es, precisamente, lo que hay que eliminar. Confundiéndose con el Estado, destruye la naturaleza del Estado y la suya propia. Sigue el autor del post diciendo que: El ideal de la izquierda no es el pensamiento único. Es la igualdad. El problema es que en la izquierda radical tal ideal de igualdad se impone sobre los de libertad y fraternidad. Un liberalismo abierto y dialogante (por favor no confundir dialogante con el pseudodiálogo ZP), lucha para lograr un equilibrio tenso pero eficaz entre esos tres valores. El pensamiento único, ciertamente, se me antoja como un pensamiento igual, en el que todos piensan lo mismo. Por su parte, el liberalismo no busca equilibrar nada; no es misión del liberalismo conseguir que los hombres sean iguales o que se consideren hermanos. Esta tarea, en todo caso, podría encomendarse a la Iglesia y a las distintas religiones y siempre desde las convicciones libres. El liberalismo no puede pretender construir una sociedad balanceada, donde el kilo de libertad pese lo mismo que el kilo de igualdad o de fraternidad; el liberalismo se basa en el respeto de las decisiones libres del ser humano, no se postula sobre si el individuo debe aislarse o detestar al género humano, sólo prescribe la iniciación de la fuerza. Y la fuerza no puede conseguirse ni para conseguir la igualdad ni la fraternidad. Curiosamente, el autor del post plantea algo así como una moralización masiva de la sociedad a través del poder estatal. Todos deben ser hermanos y tenerse por iguales en un mundo libre; el Estado liberal debería imponer semejantes valores. Lo curioso es que este extremo, realmente conservador y anquilosado, es rechazado como germen del totalitarismo por una persona tan supuestamente conservadora como Ratzinger. Él mismo nos recuerda que "Cristo no vence al que no se quiere dejar vencer. Él vence sólo por convicción. Él es la PALABRA de Dios" (las mayúsculas son de Ratzinger). Se trata, pues, de un convencidísimo rechazo de la iniciación de la fuerza para imponer las convicciones morales que, en cambio, el autor del texto sí está dispuesto a inculcar a través de una "deformación", ahora sí, del liberalismo. El artículo continúa diciendo: No se consigue desmontar el argumento de que una ética basada en lo divino es incapaz de regir una sociedad abierta. La historia nos ha dado muestras continuas de que la religión, en particular para occidente la iglesia católica, ha sido el bastión esgrimido para azotar a los débiles, a los hambrientos y a todos aquellos que osaran poner en cuestión el poder establecido. Esta párrafo carece por completo de sentido. Los liberales iusnaturalistas no basamos la ética en Dios. Como nos recuerda Rothbard, Hugo Grocio fue taxativo: Cuanto hemos señalado sería válido aunque admitiéramos lo que no podemos admitir sin la máxima maldad, esto es, que Dios no existe. O incluso: De la misma manera que Dios no puede hacer que dos por dos no sean cuatro, no puede que lo que es intrínsecamente malvado no sea intrínsecamente malvado. Y, por otro lado, se me antoja absolutamente ridiculo asegurar que la Iglesia ha sido un azote de los pobres, cuando como el propio Juan Pablo II se ha cansado en recordar, la Iglesia es principalmente una Iglesia de los pobres. El principio central de la Iglesia católica es la caridad, no sólo material, sino también espiritual; "El amaros los unos a los otros como yo os he amado". La Iglesia instituyó las colectas de los ricos hacia los pobres, el cuidado de viudas y huérfanos o las misiones "humanitarias" para salvar a enfermos y epidémicos. Luego, el autor vuelve a confundir los términos: Pero decir que la única alternativa a la ética cristiana es un relativismo ético es entrar en el simplismo del nuevo papa, que puso a muchos los pelos de punta con sus no-razonamientos de la homilia prepapal. Obviamente nadie ha sostenido que la alternativa a la ética cristiana sea el relativismo ético. Ni yo ni por supuesto Benedicto XVI. Otra cosa es que "la fe cristiana se ha revelado como la cultura religiosa más universal y racional. La fe cristiana sigue ofreciendo hoy día a la razón el sistema fundamental del conocimiento moral que desemboca en una cieta evidencia o constituye el fundamento de una fe moral razonable y sin el que ninguna sociedad puede subsisitir". No creo que haya que entender revelar como una revelación divina, sino como una evidencia histórica; evidencia que no prueba, sino que ilustra algo perfectamente discernible mediante la razón. Si el hombre es sistemáticamente atacado y vilipendiado, si no se respeta la dignidad humana y todo cuanto puede conseguir con ella (su propiedad), la estructura política se colapsará. Sin unos ciertos criterios éticos que delimiten la importancia de la vida y libertad humanas, así como del subproducto de la misma, su propiedad, no es posible ningún tipo de cooperación social. La demostración de estas intuiciones éticas fue plasmada hace 85 años por Ludwig von Mises en su teorema de la imposibilidad del socialismo. No son los liberales los que tienen fe en una serie de valores "caídos del cielo", sino que, en todo caso, son los socialistas los que se aferran al irracionalismo revelado de Marx. Y el liberalismo no se asienta sobre semejantes valores porque sean los valores de que transmite la Iglesia, sino porque son los valores que necesariamente brotan de la naturaleza humana. Sigamos: Basta con leer un poco para encontrar modelos muy serios, propuestas éticas flexibles pero no dejadas al calor de la mayoría y que sin embargo también disuelven el peligro totalitario de una moral revelada, eterna y que no busca sino imponerse a toda costa. La declaración universal de los derechos humanos puede tener unas raices históricas que se hunden en el reconocimiento de unos derechos no escritos, naturales, que quizás hundan sus raíces en la moral cristiana, pero que son enunciados precisamente en un contexto que busca acabar con los abusos de un poder habitualmente generado por el uso indiscriminado de la fuerza y sancionado por los poderes eclesiástico. La contradicción de este párrafo es soberbia. Primero asegura que quizá los derechos humanos hunden sus raíces en el cristianismo, cuando a todas luces así es (al menos en el caso de los derechos humanos que se corresponderían con los derechos naturales y no con las atribuciones positivas); luego sostiene que la finalidad de esos derechos humanos, de impronta cristiana, es limitar el poder y la coacción del Estado, poder y coacción respaldados por la Iglesia. ¿Pero no habíamos dicho que los valores cristianos, de los que la Iglesia católica es en gran medida depositaria, tenían como intención limitar y evitar la coacción estatal? El problema va más allá. La Declaración Universal de Derechos Humanos es un documento que sólo contiene derecho positivo, es una Declaración de los Estados que deciden autolimitarse. Son los asesinos los que aseguran que no volverán a matar; los ladrones los que prometen no volver a robar; los delincuentes los que intentan expiar sus culpas mediante grandilocuentes declaraciones. Pero si aceptamos que el Estado deba limitarse porque existe una Declaración, ¿no estamos implícitamente aceptando que el Estado no tendrá por que limitarse cuando tal declaración no exista o tenga un contenido distinto? La necesidad limitativa del Estado no proviene de un documento que el propio Estado suscribe, sino de imperativos anteriores. Por eso la Iglesia, como uno de los depositarios de esos valores universales racionalmente deducibles, no puede desentenderse completamente de la labor del Estado. De la misma manera que los liberales protestamos cuando el Estado aumenta los impuestos o restringe la libertad, la Iglesia debe impedir las violaciones de la libertad, debe tratar de inspirar al Estado en el respeto a sus valores inmanentes. Ratzinger repite por enésima vez que donde la Iglesia se convierte en Estado desaparece la libertad, pero, también, donde la Iglesia queda suprimida como instancia pública o públicamente relevante, la libertad decae, porque allí el Estado reclama para sí, de nuevo, la función de la ética. En el mundo profano, poscristiano, el Estado presenta esa instancia no bajo la forma de autoridad sagrada, sino como autoridad ideológica; el Estado se convierte en partido y, puesto que no se le puede oponer ninguna otra instancia como cometido propio, el Estado termina haciéndose totalitario. El Estado ideológico es totalitario; pero se hace ideológico cuando no existe frente a él ninguna autoridad libre y públicamente reconocida. Esta idea de Estado moralizante no es distinta a la idea hayekiana de Estado teleocrático que, según el propio autor, derivaba en totalitarismo. Proponía, por ello, un Estado nomocrático, que no impusiera ningún fin al individuo, ni conviertiera al ser humano en un medio del Estado. Pero la sociedad nomocrática no implica una sociedad carente de valores, sino una sociedad donde éstos no se imponen. Y dado que el ser humano necesita valores, y dado que los liberales creemos que esos valores deben descansar en convicciones libres, será prioritario que, entre otras instancias, la Iglesia se convierta en un referente de esos valores de los que históricamente ha sido depositaria. Si la Iglesia abnegara por completo de la custodia de esos valores, el Estado monopolizaría ese papel, no a través de la voluntariedad, sino de la fuerza. Por ello, La Iglesia tiene que expresar sus exigencia respecto al derecho público y no puede replegarse al mero ámbito del derecho privado. Por consiguente, debe estar atenta a que el Estado y la Iglesia permanezcan separados y que la pertenencia a la Iglesia mantenga claramente su carácter voluntario. No se trata de que la Iglesia legisle en un sentido positivo, sino de evitar que el Estado cometa, mediante la ley, atropellos a la ética, a los derechos naturales. Si los liberales hemos asumido tal tarea, ¿por qué no debería hacerlo la Iglesia? ¿Por qué se ha de solicitar a la Iglesia, autoridad moral principal de más de 1000 millones de personas, que se repliegue sobre ella misma y no intente limitar el poder estatal para garantizar la dignidad humana y las convicciones libres de los individuos? Así, el autor asegura que: Es cierto que un modelo ético no necesita ser refrendado por todos de manera universal para funcionar. Entre otras cosas porque eso es del todo imposible. Pero precisamente por ello, la Iglesia y sus poderes terrenales han impuesto durante siglos tales modelos morales por la fuerza, el castigo y el miedo. Leyendo cualquier artículo vinculado a la Iglesia estos días se aprecia la nostalgia, la indignación, al no poder interferir en las disposiciones del gobierno. La tarea de la Iglesia, en palabras del propio Papa, no es imponer unos modelos morales, sino fundamentarlos en la libertad. Precisamente por ello, no me ha parecido en absoluto contradictorio criticar, como católico y como liberal, la desacertada estrategia de la jerarquía en relación con la reforma del Código Civil; se trata de una caso donde parte de la Iglesia se equivoca al creer que las instituciones deben ser salvaguardadas por el poder político y, por tanto, la Iglesia debe influir en la configuración que el Estado hace de esa institución. En realidad no hay nostalgia, sino el asumido deber de influir al poder político, no desde el Parlamento, sino desde la sociedad. Recordemos cómo antes Ratzinger recordaba que la Iglesia no debe "querer influir en el Estado como un órgano de poder" El problema, repito, es que se lo intenta influir en un sentido erróneo. Pero aún así, ¿qué sentido tendría criticar a la Iglesia por pretender que el Estado regule el matrimonio en un determinado sentido (es decir, no por el sentido concreto, sino por la pretensión de intentarlo) y, en cambio, dar palmas cuando los homosexuales presionan (y no estoy hablando del más que dudoso lobby gay) al gobierno para que configure la institución matrimonial en otro? ¿Es qué los algunos homosexuales no han interferido en la configuración de la voluntad política? Eso es precisamente lo que criticamos los liberales, que toda relación social deba someterse a los dictados y entresijos del poder político. Y de ahí que cuando la Iglesia no ha abandonado ese perverso juego esté, en mi opinión, equivocándose profundamente. Con todo, el autor no parece estar de acuerdo con mi critica a sus ideas: la Iglesia es libre de salir a la calle y tratar de dar a conocer su repulsa ante determinadas acciones del gobierno. No seré yo quien critique eso, y si que puede verse cierta inclinación al pensamiento único en el que trata de impedirlo. Sin embargo, el problema es otro: no se trata aquí de entablar una discusión ante los poderes reales. Cuando todo está reglado de una forma única, revelada, la manifestación pública de la protesta es simplemente un "apaño" ante la imposibilidad de imponer la Verdad. La manifestación pública de la protesta es el camino asumido por la Iglesia para influir en el poder político. Sería absurdo pretender que la Iglesia tomara el Parlamento para ello; el catolicismo, repito por enésima vez, descansa en convicciones libres, pero ello no significa que pueda abnegar de los derechos naturales de los que su tradición es depositaria. Si lo hiciera caería en la trampa del relativismo, en el absurdo de no tener la firmeza necesaria para defender al hombre del poder político; en sustituir a Dios por la omnipotencia estatal, en cuanto los criterios de éste sustituirían la dignididad humana que, para los católicos -aún cuando resulta racionalmente deducible y, por tanto, independiente de la cuestión divina- en última instancia, todo, incluida la dignidad humana y sus derechos, procede del Padre. Los derechos humanos no están sujetos al mandamiento del pluralismo y la tolerencia, sino que son el contenido de la tolerancia y la libertad. Privar a los demás de sus derechos no puede ser un contenido de la justicia ni de la libertad. No se trata, en definitiva, de imponer la verdad, sino de defender la dignidad humana con uñas y dientes y de dar a conocer la palabra de Dios que, por la propia naturaleza voluntaria de la fe, no puede ser impuesta. Y es que los derechos humanos no se imponen, sino que son inherentes a él. La Iglesia sólo influye al poder político, por tanto, para evitar que esos derechos se violen; al margen de ello, la adscripción a la fe es libre. Esto, extrañamente, es lo que reposa en el fondo de la propuesta del autor del blog que critica mis contradicciones: Un modelo liberal ha de proponer una ética mínima de convivencia, donde se respeten unos derechos mínimos que aparezcan positivados en las leyes. Pero ha dejar abierto el camino para que cada uno se atenga a un determinado despliegue normativo, que sólo tendrá como límite las propias leyes. La Iglesia diferencia, como ya he expuesto, claramente esos dos ámbitos. Otra cosa es que, en ocasiones, las materias que integran cada uno de esos ámbitos no queden claras. A mi juicio que el Estado deba monopolizar el matrimonio no está, en absoluto, en la naturaleza humana; y en tanto que no lo está carece de sentido toda discusión ulterior sobre cómo debe este Estado configur el matrimonio. Pero evidentemente la vida, la libertad y la propiedad privada sí lo están y, por tanto, la Iglesia debe intentan interferir en el Estado para que no los viole. En otras palabras, mientras el matrimonio es una institución social que evoluciona, la libertad es un derecho del ser humano que no admite configuración arbitraria por un tercero, sino que debe ser racionalmente aprehendida y comprendida. Prosigue el autor señalando que: Desde la izquierda no hay un sólo modo de conocer la verdad. Esa es la izquierda dogmática, muy similar en contenido, alcance y consecuencias catastróficas a la derecha más radical. Derecha en la que se encuadra la Iglesia política y gran parte de sus fieles. Evidentemente la Iglesia no pretende, como tú afirmas, orientar la acción del gobierno; trata de implementar al máximo sus beneficios y su influencia en la sociedad Y aquí entramos en una cuestión que, nuevamente, Benedicto XVI trata con exquisitez. Es incompatible afirmar que el ser humano tiene unos derechos previos al Estado y, al mismo tiempo, sostener que no existe la Verdad: Hoy día preferimos hablar de valores que de verdad para no entrar en conflicto con la idea de tolerancia y el relativismo democrático. Pero la pregunta planteada más arriba no se puede eludir con esa dislocación terminológica, pues los valores derivan su inviolabilidad del hecho de ser vedaderos y corresponder a exigencias y preguntas verdaderas de la naturaleza humana. Los derechos naturales son creíbles en tanto que vedaderos, en tanto que verdaderas consecuencias de la dignidad del ser humano, en tanto que vedaderos fundamentos de una sociedad libre y próspera. Y la Iglesia en este sentido no está imponiendo un dogma -y, por supuesto, no estaría imponiendo un dogma distinto al de los liberales-, sino que está haciendo valer los derechos de los seres humanos. Otra cosa es que, desde luego, la Iglesia intente expandir su influencia en la sociedad, pero no a través de resortes políticos, ya que siempre que lo intente será criticable desde el mismísimo punto de vista de la Iglesia. Pero, claro está, si lo que le pedimos a la Iglesia es que se repliegue en ella misma y aguarde su extinción, es que no tenemos ni idea acerca de la Iglesia católica y de cualquier religión en general. La Iglesia tiene la misión de expandirse, de anunciar la palabra de Dios. Pero ni el anuncio ni la palabra son sinónimos ni de imposición ni de fuerza. La libertad de las convicciones es la que les dota de valor moral y de importancia a los ojos de Dios, también desde la propia perspectiva católica; no sólo eso, no se trata solamente de que la fe haya sido difundida de una manera libre, sino de que sea una fe consciente, una fe orgullosa de sí misma, una fe que vaya a los fundamentos mismos de su existencia. No se trata de aborregar al pueblo, sino de convencerlo, de cultivarlo, de hermanarlo. Así, por ejemplo, Ratzinger afirma que: Cuando nosotros, como creyentes de nuestro tiempo, oímos decir, quizás no sin envidia, que todos nuestros antepasaos de la Edad Media eran, sin excepción, creyentes, haríamos muy bien en echar una ojeada detrás de los bastidores, guiados por la moderna investigación histórica (...) [que] nos enseña que para muchos la fe cristiana era solamente un esquema preconcebido de vida que por lo menos les ocultaba tanto como les mostraba la, a su juicio, ardua y auténtica aventura del "credo". La expansión de la influencia de la Iglesia, por tanto, para la propia Iglesia, no tiene que efectuarse con la apariencia de un modo de vida cristiano, sino con la exploración individual y profunda del concepto de fe. Afortunadamente, el autor no pretende acallar a los católicos, sino más bien, parece equivocarse acerca de la auténtica misión de la Iglesia: Sin embargo, desde el momento en que no puede convertir esa influencia en obligación, no entiendo porque se ha de evitar que los católicos se manifiesten o critiquen todo lo que quieran. Otra cosa es quitarles todos los vergonzosos privilegios de los que gozan actualmente, un bochorno para cualquier democracia liberal que se precie. Nadie, empezando por el Papa, pretende imponer la fe. Otra cosa es que, efectivamente, la Iglesia debería terminar de separarse del Estado, también en la financiación, pero no olvidemos que ello debe ir, por coherencia argumental, asociado a una radical eliminación de cualquier otra subvención a ONGs, sindicatos, partidos políticos y asociaciones diversas. Lo que no tiene sentido es que se esté dispuesto a financiar cualquier asociación cultural marginal y, en cambio, se impida a la Iglesia acceder a la financiación pública. No estoy diciendo, para evitar suspicacias, que la financiación de la Iglesia deba ir aparejada a la de otras entidades (es decir, que el cese universal de la financiación pública sea condición sine qua non para dejar de financiar la Iglesia) sino que cualquier que defienda, como yo lo hago, el fin de la transferencia del expolio ciudadano a la Iglesia debe, necesariamente, por coherencia, defender el mismo criterio para cualquier otro tipo de asociación. En el siguiente párrafo el autor pierde completamente el norte, pues intenta mostrar la desprotección que genera la no regulación estatal del matrimonio: Finliza la argumentación mostrando que el matrimonio ha de ser una institución fuera del estado, esto es, de caracter moral. Eso implicaria, por poner un ejemplo habitual, que un empleado no pudiese dejar su trabajo y acudir a cuidar de su cónyuge, enfermo en el hospital, sin miedo a ser despedido. Por no hablar de cuestiones como embarazos, que dejarían totalmente desprotegidos a los empleados frente a los empresarios. El matrimonio como entidad civil y de derecho es uno de los pilares fundamentales de un Estado de derecho. Estamos, desgraciadamente, ante un ejemplo de clásica demagogia intervencionista. De la misma manera que no es necesario que el Estado imponga las vacaciones por ley para, en los casos en que así se deseara, los empresarios, como hacen ahora, las ofrecieran descontadas del sueldo (que nadie se crea la parodia de las "vacaciones pagadas"), tampoco habría problemas para que esos casos se encauzaran a través de un contrato. Es más, lo que permite ejercer presión para que así sea, es la certeza de que abandonado un trabajo, se podrá encontrar rápidamente otro. Si se impone por ley una serie de beneficios, el empresario que no esté dispuesto a asumirlos buscará, sin duda, la menor oportunidad para que quienes hagan uso de ellos acaban despedidos. Con la salvedad de que las enormes barreras al despido (y, por tanto, a la contratación) que existen actualmente, impiden una eficaz recontratación. Y si en el anterior párrafo el autor había perdido el norte, en el siguiente desbarra totalmente: Y aquí, donde asoma el liberal radical es donde más absurda parece la defensa de la Iglesia como entidad política. ¿Cómo es posible defender la enseñanza de la religión es las escuelas públicas? ¿Cómo es posible que parte del dinero recogido por Hacienda vaya a parar a una entidad de carácter privado? ¿Cómo es posible aceptar que el Estado haga préstamos a una entidad privada a fondo perdido? ¿Cómo es posible que un liberal radical acepte todo esto y pase de puntillas ante tales contradicciones? Así es la derecha española: patética. Resulta dificil, por no decir imposible, aunar una política económica de corte liberal extremo con una ideología nacionalcatólica que busca la máxima injerencia en el estado. Creía que hablábamos sobre liberalismo y no nacionalcatolicismo. Más que nada, porque el nacionalcatolicismo, como hemos visto, ni es liberal ni, para desgracia del autor del post, católico. El nacionalcatolicismo ataca tanto los fundamentos ácratas del liberalismo, como las convicciones libres sobre las que descansa el catolicismo. Y si una parte de la jerarquía defiende la educación pública deberemos criticarla como liberales y, en su caso, como católicos. Es, por tanto, simplemente ridículo que se planteen semejantes contradicciones. Por ignorancia del liberalismo y del catolicismo. Porque liberalismo+catolicismo no es igual a nacionalcatolicismo, sino a una especie de socialismo que dice hacer suyos los valores católicos, pervirtiendo su fundamento libre y voluntario. ¿En cuántas contradicciones hemos incurrido? Yo diría que en ninguna, porque una de las primeras lecciones que debería aprender un liberal es a distinguir entre los derechos y la moral. Defender la libertad no significa sancionar todo aquellos que, en el uso legítimo de esa libertad, pueda hacerse. Lección que, dicho sea de paso, sí ha sido interiorizada, si bien no muchas veces con el adecuado ejercicio, por la propia Iglesia. Pero señalar que ser católico y liberal implica una suerte de contradicción, es similar a señalar que ser liberal y madridista, liberal y vegetariano o liberal y ecologista, resultan incompatibles. Es decir, estaríamos totalizando y absolutizando la adscripción a la libertad; estaríamos negando, en el fondo, la misma esencia de la libertad que es la elección. La única contradicción que, en todo caso, veo, no es la mía, ni la de los liberales católicos, sino la de todos aquellos que tildan a la Iglesia de conservadora cuando en el aprendizaje de esta lección fundamental, les lleva clarísimamente la ventaja. 24 de Junio de 2005Bienvenido a la blogosfera liberal
21 de Junio de 2005Consideraciones complementarias a la manifestación "pro-familia"
Dado que mi crítica a la manifestación del pasado sábado ha suscitado cierta discrepancia entre algunos liberales, dedico este post a efectuar algunas precisiones. Rechacé la manifestación no por su método, sino por su mensaje y filosofía subyacente. No han sido pocos los que me han tildado de excesivamente teórico, maximalista o poco práctico. Qué alternativa quedaba a la manifestación, han preguntado muchos. Pues bien, la alternativa era clara: una manifestación con un mensaje liberal. Y por liberal entiendo solicitar al Estado que abandone toda regulación sobre el matrimonio; lo cual no tiene nada que ver con presionar a los políticos de turno para que continúen imponiendo su particular visión y definición del matrimonio. Esto incluye, para despejar dudas, la eliminación de la figura del matrimonio civil (¿o es que algún liberal saltó de alegría con la memez del bautismo civil?) De hecho, los primeros interasados en despretigiar el matrimonio civil deberían ser los propios católicos, y en cambio muchos de ellos no han dudado en reclamar poder regular ese falso "matrimonio" ante el Estado. ¿Qué sentido tiene ello? ¿Por qué si el matrimonio civil carece de valor e importancia algunos católicos pretenden establecer su regla? Lo siento, pero es absurdo y contradictorio. Quien quiere mantener y regular "algo" es porque reconoce la existencia, validez e importancia de ese "algo". Por eso dije que tácticamente resultaba errónea; una vez reconocida la existencia, validez e importancia del matrimonio estatal, ¿con qué credibilidad se atacará el matrimonio estatal homosexual en tanto que matrimonio estatal definido de manera legítima? Por tanto, como primera matización, yo no he hablado de quedarnos quietos, sino de movernos en la dirección adecuada; en el fondo y en la táctica. Repito, para que no queden dudas, yo no critico la manifestación en tanto que manifestación (como un deseo de mantener el debate en el plano intelectual y no pasar a "la acción"), sino su mensaje. Tengamos presente que se exigía a los políticos que reconocieran la importancia de la familia. ¿Reconocerla cómo? Imagino que a través de la pertinente legislación de protección económica y social. Aun en el caso de que se solicitara la protección de la familia a través de la inacción política (entendiendo que la acción política de la regulación estatal del matrimonio homosexual supone un ataque a la familia), la reivindicación sería incorrecta (pues, nuevamente, se estaría legitimando esa figura tarada llamada matrimonio civil) ¿Resulta ésta una petición extremista o maximalista? Me parece una posición liberal, sin más. Aquí no estamos hablando de eliminar la justicia o la defensa pública, sino de suprimir la nacionalización de una institución ancestral. En este punto, quiero recordar que las instituciones, por muy ancestrales que sean, se caracterizan por su continua evolución espontánea. Evolución que resulta de imposible predicción y que, en ningún caso, puede ser diseñada y planificada como hace el Estado. Con esto quiero decir que el argumento de que la manifestación sólo propugnaba la defensa de una institución de más de 2000 años es incorrecta. La manifestación no se dirigía contra el fundamento y el principio del ataque; principio que no es el matrimonio homosexual, sino el matrimonio civil; su configuración y diseño por parte del Estado. Las instituciones no se "protegen" cristalizándolas y prohibiendo su evolución, sino evitando toda configuración suprema coactiva (conste que no estoy identificando en ningún caso, evolución con matrimonio homosexual). El problema, pues, no surge cuando el Estado ha hecho uso de su potestad para configurar el matrimonio, sino cuando se atribuyó esa potestad. Los manifestantes se extrañan hoy de que el Estado haga uso irrestricto de su potestad; acaso callaron cuando la potestad estatal cristalizaba su particular definición de matrimonio. Pero si callaron y permitieron que el Estado definiera qué era matrimonio, ¿por qué se escandalizan ahora cuando ese Estado al que concedieron semejante poder lo utiliza en un sentido no apetecido? Y, nuevamente, si la manifestación, partiendo del presupuesto de la conservación de ese poder, se dirige a presionar al legítimo definidor para que configure y petrifique el matrimonio en la definición sugerida por los manifestantes, ¿no estamos dando pie a futuribles violaciones de la institución a través del imperium que ellos mismos legítimamente reconocieron al Estado? Cierto que la regulación socialista del matrimonio homosexual expande el matrimonio civil y, por tanto, nos aleja de su eliminación. ¿Pero es ello motivo para manifestarse solamente en contra de esa reforma? Nuevamente, no estamos ante maximalismos, sino ante una reclamación principial. El caso no es equivalente a pedir una rebaja fiscal en lugar de su eliminación completa. Quiero recordar que la manifestación se dirigía a exigir la protección estatal de la familia, y para que el Estado pueda proteger algo, primero tendrá que definir ese algo. Por tanto, en ningún momento la manifestación socavaba, ni de lejos, el fundamento del problema. Más bien sería equivalente a una manifestación de keynesianos que solicitara la reducción de impuestos para estimular la demanda agregada (lo cual significa que se legitima el aumento de impuestos para calmar las tensiones inflacionistas) El error de los keynesianos que haría incompatible que su objetivo se incluyera como una reivindicación liberal sería el considerar la propiedad privada como un instrumento de política pública; el error de los manifestantes estaba en seguir considerando el matrimonio como una institución necesitada de protección, entendiendo protección como regulación estatal. Y si bien es cierto que la regulación estatal del matrimonio homosexual nos aleja del objetivo de evitar que el Estado controle la institución matrimonial, no menos nos aleja una manifestación que entroniza el matrimonio estatal heterosexual como principal dique de contención frente a la corrupción de la institución matrimonial. Por eso considero la manifestación equivocada; no porque la gente se manifestara contra ZP, sino porque la razón de la manifestación erraba el objetivo, aun cuando la reforma del matrimonio perpetrada por el gobierno socialista NO sea liberal. Expulsemos al Estado del matrimonio, devolvamos su naturaleza de orden espontáneo a la institución. Al fin y al cabo, toda la atmósfera que rodea al matrimonio civil es la de una sumisión ante el poder del Estado; la bendición necesaria para permitir que una pareja no viva en pecado público y que, por supuesto, pueda recibir todos aquellos privilegios que la clase política considere pertinentes. Raventós responde a Gabriel Calzada
Hace unos días, Gabriel Calzada publicó una muy buena crítica a la Renta Básica. Al menos, algunos de los socialistas que la defienden, como Daniel Raventós, parecen haberse leído el artículo, y le responden. No es que sea una respuesta muy elaborada y, como en seguida vamos a ver, se encuentra repleta de trampas, pero peor sería que se refugiaran en su silencio ideológico para luego utilizar la apisonadora parlamentaria. Así, Raventós señala que al menos la valentía de descubrirse como un extremista político empeñado en destruir lo que queda del Estado bienestar europeo. Esta frase merece un doble comentario: por un lado, quiero resaltar el adjetivo "extremista" (en un momento veremos por qué) y, por otro, hacer mención al engaño que supone la expresión "lo que queda del Estado de bienestar europeo". ¿Lo que queda? ¿Cuándo ha empezado el desmantelamiento? El señor Raventós vende el humo de un Estado cada vez más debilitado cuando, por desgracia, no es en absoluto el caso. Un poco más tarde, Raventós recurre a su segundo engaño: El recurso al insulto —no siempre castizo—, la apelación a los miedos, a las medias verdades, a las suposiciones que se convierten en “evidencias”; la atribución, en fin, al oponente de intenciones ocultas, todo eso son viejos y no muy inteligentes ardides que pueden dar sus frutos si lo que se pretende es ocultar las razones del que discrepa de las propias. Fijémonos; Raventós tilda primero a Gabriel de "extremista" y luego le agradece que destape sus "intenciones ocultas" de querer desmantelar el Estado de Bienestar (lo cual implica que otros críticos de la Renta Básica no las destapan y, por tanto, las mantienen ocultas) Por tanto, Raventós acusa a Gabriel de utilizar las mismas tretas que él está empleando. El siguiente paso de Raventós consiste en un intento de refutar el argumento según el cual la gente no trabajaría con una Renta Básica. Así, Raventós señala En nuestras sociedades, sabemos que se realizan muchas horas extraordinarias que, por definición, son añadidas a la jornada laboral(...)Es decir, hay horas extraordinarias realizadas por personas que ya tienen un salario, y hay personas que realizan algún trabajo inmediatamente después de prejubilarse (en todos los casos, con unas cantidades muy superiores a las distintas propuestas que se han realizado de RB). Y resulta que con una RB “nadie trabajaría”. Curiosa forma de entender las cosas. ¿No suena más a prejuicio que a razonamiento? Se trata de un argumento lamentable. Ningún crítico de la Renta Básica ha sostenido que todo el mundo fuera a dejar de trabajar en caso de implantarse; las horas extra o los trabajos complementarios muestran los deseos de la gente por alcanzar un nivel de renta superior al que le proporciona un sólo salario y una sola jornada laboral. De esta manera, sus deseos por una mayor renta redundan, así mismo, en un mayor bienestar para la sociedad (dado que aumenta la cantidad de bienes y servicios). Pero del hecho de que haya gente que trabaja aun cuando tiene una renta mínima más o menos asegurada, no se deduce que TODO el mundo fuera a seguir ese patrón. De la misma manera que podemos nombrar casos en que la gente ambiciosa quiere aumentar su renta, también conocemos otros que prefieren un mayor tiempo de ocio a pesar de su baja renta. En otras palabras, que TODO el mundo no fuera a dejar de trabajar no significa que una sustancial cantidad de personas sí lo hiciera. No sólo eso, los casos que menciona Raventós (horas extras y trabajos complementarios) podrían desaparecer de implantarse la Renta Básica y ello significaría, a su vez, una reducción de nuestra riqueza. El siguiente dato que aporta Raventós no cambia esta realidad: algunos estudios presentados en el último congreso de la BIEN sobre seguimientos a lo largo de más de un año que se han realizado en algunos países de la UE de personas que habían recibido un premio-salario de por vida (de una cantidad mucho más generosa que una RB de las que se proponen en los estudios que cito más abajo) han mostrado que pocas cambiaban de trabajo y que las que lo habían hecho era para encontrar otro de mayor adecuación a sus gustos o capacidades. Para quien carece de una teoría del trabajo y del ocio, tales extremos se le hacen difíciles de entender. Primero, el trabajo es una categoría de la acción humana que el tiempo durante el cual perseguimos los medios para nuestros fines. Es inerradicable, de la misma manera en que lo es el medio. Otra cosa es el tipo ideal de trabajo en nuestras sociedades que se corresponde con el trabajo dependiente y asalariado. Segundo, cuando un individuo cambia de trabajo a uno con una adecucación mayor a sus gustos o capacidades debemos preguntarnos la siguiente cuestión: ¿se ha visto influido en tal decisión por el salario-premio? Si ello es así, simplemente estamos subvencionando a que la gente acuda a ocupaciones con una menor remuneración y, por tanto, menos necesarias y valoradas por los consumidores. Pongamos un ejemplo; imaginen lo inimaginable, Dani empieza a pagarnos a los bitacoreros de liberalismo.org. Sin embargo, es una cantidad tan exigua (y esto sí es imaginable) que debemos limitarnos a escribir por puro ocio. Así, durante todo el día estamos trabajando en otra ocupación que la sociedad sí considera prioritaria. Pero, al cabo de un mes, se implanta la Renta Básica, de manera que con el montante de la Renta Básica y la cantidad exigua que nos paga Dani, tengo suficiente para pasar el mes y, además, trabajo en lo que me gusta, escribir posts en la bitácora. Obviamente puede señalarse que me he reubicado en ocupaciones que se adecuan más a mis gustos o mis capacidades (esto ya lo dejo en duda), pero será una reubicación fomentada por una redistribución estrafalaria de renta. Tercera falacia que emplea Raventós: después de apuntar que recientemente se han presentado más estudios sobre la Renta Básica, señala que resulta exigible que una propuesta como la RB no se liquide con cuatro argumentos de tercera división, ni menos que se editorialice con ellos. Recordémosle al Señor Raventós que los artículos de Gabriel y Linde eran periodísticos. A menos que se pretenda encerrar el debate en las aulas académicas para que, más tarde, una comisión de tecnócratas imponga la decisión a todos los individuos, resulta necesario que las discusiones económicas se presenten en artículos cortos y argumentos sencillos a la ciudadanía. Artículos cortos y argumentos sencillos como los del propio Raventós cuando responde a Gabriel y a Linde. Nada malo hay en ello a menos que la intención de Raventós sea ocultar la discusión a la ciudadanía (o poner cientos de documentos ininteligibles para el gran público con el objetivo de aparentar transparencia y extender oscuridad) No me extiendo más sobre la renta básica por ahora. Espero hacerlo en lo sucesivo; al contrario de lo que parece creer Raventós, nos gusta leer e informarnos acerca de las propuestas y de los argumentos contrarios. Una vez lo haya hecho con meridiana profundidad, discutiré más largo y tendido. De momento, sólo mencionar algo que no he visto excesivamente tratado y que me parece uno de los ejes de la discusión. Uno de los motivos principales por los que la gente ahorra es la incertidumbre futura; la posibilidad de que, en un momento determinado, sus flujos de renta se paralicen de manera transitoria por lo que debe acudir a su riqueza acumulada (ahorro). La Renta Básica, entre otros pecados capitales, genera una falsa apariencia de seguridad (siempre tendremos una renta mínima para continuar nuestras actividades), lo cual puede derivar en una masiva reducción del ahorro y, por tanto, de la inversión y de la acumulación de capital. La gente, en otras palabras, puede gastar la mayor parte de su renta presente porque tiene asegurada una renta futura que no procede de su riqueza acumulada, sino del expolio público. Y si la función capital de la riqueza (del ahorro) desaparece, ¿cuáles serán los incentivos que moverán a la gente a ahorrar? Se abandonará el ahorro como mecanismo para luchar la incertidumbre y se pasará a una mera acumulación de fondos (quiero en coche para el que necesito el sueldo de 10 meses, ergo, acumulo el sueldo de 10 meses), y ello en el mejor de los casos (faltaría ver cómo evoluciona la política crediticia de los bancos ante un flujo de renta futura garantizado y una reducción de los fondos prestables; todo parece conducir a una masiva expansión crediticia que contrarreste en parte el menor ahorro y que degenerará en una mala inversión generalizada) En todo caso, como ya digo, prefiero leer algunas de las contrarréplicas de los defensores de la Renta Básica antes de articular una crítica más sistematizada. Por ahora, me parece una pantomima descabellada que atenta contra las instituciones más básicas de la sociedad. Eso sí, sr. Raventós, es evidente que ni el artículo de Gabriel ni el de Linde eran papers académicos (ni mucho menos pretendían serlo); tampoco el suyo lo era ni de lejos (dudo que alguien le pidiera un desarrollo académico para la prensa diaria) Por tanto, antes de acusar de supuestos ataques ad hominem y de zanjar la discusión en cuatro líneas, revise sus escritos periodísticos. Es evidente que la argumentación académica sobre la Renta Básica no se puede despachar en cuatro líneas, pero tampoco se puede camuflar una crítica periodística a la renta básica con una académica para de esta manera, ahora sí, despacharla en cuatro líneas. Rebelion.org apuesta por el patrón oro
Interesantísimo artículo publicado en Rebelion.org sobre las perspectivas de un regreso al patrón oro. Primero nos enteramos de que la plutocracia del eje La City-Wall Street intenta impedir el despegue sideral del oro. Lo cierto es que a la frase no le falta razón. No fueron pocos los economistas que tras la ruptura de Bretton-Woods aspiraron a desmonetizar el oro, creyendo vanamente que al desligarse del oro, su valor se hundiría. El sueño de todo político ha sido desde siempre conseguir que ante sus continuas expansiones monetarias, el valor del auténtico dinero no se apreciara frente al suyo. Los ejemplos históricos son abundantes; en la Edad Media se retiraba una porción de oro de algunas monedas, de manera que su valor caía con respecto a las no envilecidas. Este fenómeno inflacionario era temido y, en buena medida, reprimido por los soberanos al imponer un tipo de cambio fijo entre las monedas "buenas" y las "malas". La consecuencia lógica era, como prescribe la Ley de Gresham, que las monedas buenas desaparecieron de la economía. En los tiempos más recientes, la expansión monetaria, y la inflación consecuente, se ha intentado impedir de diversos modos, por ejemplo el control de precios. Así mismo, el precio del oro se ha sometido a todo tipo de restricciones. Inglaterra, después de la Primera Guerra Mundial, no quiso devaluar la libra, fijiendo, por tanto, que el valor del oro respecto a "su" dinero, era inferior al real. Por ello, no me parece que la frase, en absoluto, sea errónea. Los intereses corporativos-estatales intentan reflotar el valor de sus monedas respecto al oro, a pesar de que el envilecimiento es continuo. La siguiente frase también demuestra una realidad que los teóricos de la liqudez entienden perfectamente: El mundo se encuentra en una zona de fuertes turbulencias financieras y económicas, que obligan a refugiarse en las materias sólidas y menos volátiles, lo que explica en gran medida el precio de casi 59 dólares el barril de crudo. La expansión monetaria provoca un recurso al atesoramiento de activos líquidos, sustitutos del dinero estatalizado. Ese progresivo atesoramiento comporta, lógicamente, un incremento del precio de esos bienes líquidos como es el caso del petróleo o del oro. Este atesoramiento es sólo la consecuencia necesaria de una necesidad de tener dinero líquido bajo control ante unos bajos tipos de interés. Durante el patrón oro, este metal frenaba las reducciones inducidas del tipo de interés a través de un incremento del atesoramiento de oro y una consecuente reducción de las reservas bancarias que, a su vez, limitaba la expansión crediticia (y por tanto incrementaba el tipo de interés) Hoy ese fenómeno se realiza sólo incompletamente a través del petróleo u otros bienes líquidos. Lo cierto, es que en tanto los bancos no se ven obligados a mantener un porcentaje de oro en sus depósitos, la expansión crediticia puede continuar sin demasiada limitación. El recurso al petróleo o al oro simplemente busca activos realmente líquidos cuya transacción sea veloz sin perder valor. Aunque un poco exagerada, la siguiente afirmación del artículo no deja de contener un poso de razón: LA FASE TERMINAL del sistema financiero internacional, en particular la miseria de las tres principales divisas mundiales, que hacen agua (el dólar, el euro y el yen), se refleja en el incremento de las materias primas. Hayek, por ejemplo, propuso respaldar las divisas en materias primas pues su valor resulta de mayor estabilidad. El movimiento hacia ciertas materias primas -junto al oro- sólo reflejaría la tendencia del individuo a reutilizar el "dinero" -institución social donde las haya- escapando de las garras estatalistas que pretenden planificar de manera constructivista semejante institución. Luego, nos enteramos de ciertas opiniones favorables hacia un futurible retorno al patrón oro. Por un lado, Jamie McGeever, de la agencia británica Reuters ("El oro emerge como una divisa a escoger mientras se pandea el euro", 16 de junio), demuestra que "en el lapso en que el euro disminuyó cerca de 4 por ciento, en las tres semanas después del rechazo francés y holandés en sus referenda respectivos, el dólar medido frente a una canasta de divisas se incrementó cerca de 3.5 por ciento, mientras el oro se disparó casi 5 por ciento, para alcanzar 434.40 dólares la onza el jueves"; por otro, el experto suizo Ferdinand Lips, autor de Las guerras del oro, asentó que "en medio de una devaluación global de las divisas, si el petróleo es el rey de las materias primas, el oro es el rey de las monedas", e hizo notar que el "petróleo se encuentra subvalorado y que los productores de petróleo no reciben su real valor al encontrarse atados al dólar" o el economista Marshall Auerback ("¿Juego final de las divisas fiduciarias?", Prudent Bear, 14 de junio) vuelve a la carga para acreditar el retorno de la "respetabilidad" del oro, luego de desmenuzar una a una en forma implacable a las principales divisas del planeta (desde luego que no cita al "superpeso mexicano"), incluida la ilusa libra esterlina, para concluir que fuera del anterior marco alemán, ninguna vale la pena, debido a sus enormes carencias y, sobre todo, a su insostenible sobrendeudamiento, propiciado por la ficticia "economía de activos. Pero, sobre todo, el futuro del oro como moneda internacional, según el artículo, vendrá del creciente uso que parte de la población mundial, incluidos otros gobiernos, están haciendo de él. Los asiáticos (las poblaciones milenarias asiáticas son ahorradoras consuetudinarias del oro), el Banco Central ruso (que acumula mayores reservas en oro, que alcanzarán 175 mil millones de dólares a finales de año), las monarquías árabes (las seis petromonarquías árabes del Consejo de Cooperación del Golfo coquetean con la idea de vincular sus divisas al oro en lugar del dólar y el euro). De hecho, el autor del artículo llega a despreciar al Banco Central Mexicano cuyos alrededor de 350 seudoeconomistas, parásitos del modelo monetarista, se olvidaron de que el país es el principal productor mundial de plata. En el éxtasis del artículo, se cita al asistente del Banco Central chino, Ma Delun, por acusar al dolar de tener la habilidad de realizar un déficit crónico comercial con un costo casi insignificante de emitir la moneda. ¿Y en qué economista se basa para realizar tal aseveración? En Jacques Rueff, economista francés seguidor de Ludwig Von Mises: El "abuso sistemático de los hacedores de la política monetaria de Estados Unidos" había sido criticado hace 37 años por el gran economista gaullista Jacques Rueff, quien describió los arreglos de Bretton Woods en beneficio de Estados Unidos como "el maravilloso secreto de tener déficit sin lágrimas". De hecho, Rueff llegó a calificar este hecho como "el pecado monetario de occidente". Así, Rueff sintetizó su crítica diciendo que "dado que estos dólares y estas libras volvían sistemáticamente a sus países de origen después de ser recibidos por las naciones europeas, el funcionamiento de este sistema monetario internacional se convirtió en una especie de juego infantil en el que los niños hubieran convenido que después de cada partida se devolviera la apuesta a los que hubieran perdido" Hasta el punto de que "el sistema de patrón de cambio-oro ha permitido, pues, a los países con moneda internacionalmente prestigiada gozar del maravilloso privilegio de comprar sin pagar, dar sin tomar, prestar sin pedir prestado y acumular déficit sin sufrir sus consecuencias" Además hay que felicitar al autor por su fino análisis que, en buena medida, se acerca al análisis austriaco del ciclo económico. Así, por ejemplo, destaca el asombroso hallazgo de Richard Duncan (Finance Asia, febrero de 2005) de que en 2003 y en el primer trimestre de 2004, el banco central de Japón creó papel artificial por 35 billones de yens, que equivale a uno por ciento del PIB mundial, y cuya sobreliquidez sirvió, no para la economía nipona, sino para apoyar la burbuja crediticia de Estados Unidos. Por todo ello, asegura que dadas las turbulencias financieras, el oro regresó como alternativa de reserva bancaria frente a las deterioradas divisas globales, además de que, a juicio de Auerback, "ayuda a que las tasas de interés nominal sean insignificantes en todos lados, aunque suban". Lo óptimo es que en un "mundo de excesiva duda ubicua, el oro sea el activo que no es pasivo de nadie". Efectivamente, el patrón oro, como ya hemos explicado, a través del atesoramiento y la reducción de los depósitos bancarios evita grandes variaciones del tipo de interés provocadas por la expansión crediticia de los bancos y, obviamente, se tiende a establecer un tipo de interés mundial a través del arbitraje financiero. La conclusión no deja de ser tenebrosa pero verosímil: ALGO ANDA MUY PODRIDO en el circuito financiero anglosajón. Pese a todas las garantías del montaje hollywoodense bushiano de la "seguridad del hogar" contra el terrorismo global, ahora nos salen con que 40 millones de cuentas de la tarjeta de crédito Master Card (otra burbuja de Greenspan) están en riesgo debido a un extraño fraude computacional (The New York Times, 18 de junio). Al unísono, Goldman Sachs, principal banco de inversiones del mundo, con ingresos el año pasado de casi 30 mil millones de dólares, reportó una abrupta caída de 27 por ciento en sus ganancias al segundo trimestre (The Financial Times, 16 de junio), mientras el canciller alemán Gerhard Schroeder amenazó con poner en la palestra durante la cumbre del G-8 el mes entrante, en suelo escocés, la "regulación uniforme global" de los ominosos hedge funds -"fondos de cobertura de riesgos"- (The New York Times, 17 de junio), es decir, el talón de Aquiles de la piratería financiera anglosajona.. La expansión crediticia no respaldada por reservar provoca una crisis de liquidez entre sus depositantes. Los peligros que el artículo describe no dejan de ser la tenebrosa consecuencia del contubernio entre el sector monetario público y las grandes entidades privadas; un capitalismo estatal que todos debemos repeler. Sobre los Hedge Funds me limito a citar al profesor Huerta de Soto: Los diferentes sistemas y organismos de «aseguramiento» de los depósitos que se han creado en muchos países occidentales tienden a producir un efecto que es justo el contrario del que se pretendía con su establecimiento. Estos «fondos de garantía de los depósitos» hacen que la política de los bancos privados sea más imprudente y menos responsable, pues dan a la ciudadanía la falsa seguridad de que sus depósitos se encuentran «garantizados» y de que no es preciso, por tanto, esforzarse en estudiar y revisar la confianza puesta en cada institución, dándose además la íntima seguridad a los banqueros de que su comportamiento, en última instancia, no habrá de perjudicar muy gravemente a sus clientes directos. Es más, el depósito bancario es un fenómeno no asegurable. La razón es que, como indica Gabriel Calzada: "El asegurador no puede verse afectado por el acontecimiento de una manera sistemática distinta de la prevista en sus obligaciones contractuales" La probabilidad de la ocurrencia del ciclo económico no puede aprehenderse pues depende de un acontecimiento tan imprevisible como es la propia acción humana para expandir el crédito bancario (por no hablar, como señala Huerta, del moral hazard implicado en esos contratos de seguro que, paradójicamente, son la garantía de la imposibilidad de un reparto del riesgo actuarial al provocar un fenómeno que genera la generalizada falta de liquidez en todos los que han contratado el seguro) Un sabroso artículo por el que felicito a Rebelion.org. Con artículos como este, quizá, comiencen a aprender economía y abandonen las falacias marxistas. En todo caso, aún desde sus errores conceptuales, no puedo dejar de alegrarme de que una parte de la izquierda apoye el regreso del patrón oro (y lo que es mejor, apoye que vuelve de una manera libre y espontánea) Durante la Guerra de Vietnam, Murray Rothbard no dudó en alcanzar un curioso pacto con los trotskistas americanos. Aparte de la mutua oposición al conflicto bélico, en un venidero referendum, los libertarios rothbardianos votarían a favor del control de alquileres y los trotskistas votarían a favor del patrón oro. Personalmente no me hubiera plegado a votar a favor de una restricción de la libertad, pero como estrategia política (y no olvidemos que la política es el arte de la represión) no deja de ser pintoresca. Ojalá la izquierda se reposicione a favor del patrón oro sin que nosotros tengamos que efectuar lamentables conceciones. PD: No es la primera vez que Rebelion.org publica un artículo liberal. Puede verse, además, aquí y aquí. 18 de Junio de 2005Una manifestación profundamente equivocada
A pesar del respeto que me merecen algunos de los participantes en la manifestación de hoy (y no me refiero en absoluto a la estirpe carroñera de los políticos) su celebración me parece un monumental error: el objetivo es del todo errado e incluso, desde el punto de vista táctico, me resulta inverosímil. En realidad, esta manifestación no es más que el enésimo conflicto entre estatalistas de distintas raleas que pretenden dominar mediante el Estado las definiciones, los conceptos y, sobre todo, las instituciones. El problema original es que el Estado se ha erigido en una especie de sancionador moral; sólo puede existir el concepto de matrimonio que el Estado establezca, todo cuanto quede fuera no es matrimonio y todo cuanto quede dentro es necesariamente matrimonio. Y es en este punto cuando entramos en un malévolo juego, la legitimación del Estado. Da pavor pensar que quienes se han proclamado defensores de la familia intenten articular esa defensa y protección a través de los mecanismos legales. Y da pavor por sus consecuencias a corto y a largo plazo. A corto están legitimando la capacidad del Estado para definir qué es matrimonio y familia (pues sus reclamaciones se basan en orientar el poder público hacia una determinada dirección y no en sacar al poder público de semejantes ámbitos), con lo cual, por paradójico que parezca, su manifestación se convertirá en la carta de naturaleza moral del matrimonio estatal homosexual. Los impulsores de la manifestación pro-familia tienen perdida la batalla parlamentaria y, aún así, insisten en otorgar validez a las decisiones políticas. Es un suicidio; esta manifestación va a otorgar definitivamente la capacidad de modular la institución matrimonial al poder político, cuando ese poder político tiene la determinación clara de ignorarles por completo. A largo, además, favorecen un incremento del intervencionismo sobre los ámbitos morales del ciudadano. Los manifestantes quien impedir que se llame matrimonio a la unión de dos homosexuales y pretenden conseguir a través de la coacción del Estado. ¿Y quiénes son ellos para pretender utilizar la represión en ese sentido? De la misma manera que es absurdo que un homosexual intente conseguir su integración en la sociedad a través de ruinosas medidas de discriminación positiva o que pretendan obliganos a que todos llamemos matrimonio a la unión de dos personas del mismo sexo, no es menos absurdo que otra casta de iluminados impida a cualquier persona que denomine matrimonio o familia a la unión homosexual. El problema es que al señalar que resulta legitimo que el Estado impida a las personas llamar matrimonio a la pareja homosexual, también estamos implícitamente reconociendo la capacidad del Estado para imponer a los individuos que llamen matrimonio a la pareja homosexual. No sólo eso, estamos aceptando la actuación del Estado sobre el núcleo familiar y sobre la moral de los individuos. En lugar de reforzar la única validez moral y trascendente del matrimonio canónico, los manifestantes se han echado a los brazos paternales del Estado y del matrimonio estatal. Y como católico lo lamento enormemente, porque el error de parte de la jerarquía ha sido mayúsculo. Están queriendo influir en algo que, a su ojos, debiera resultar inexistente. Y, de nuevo, le conceden carta de naturaleza. La Iglesia debería ser la primera en indicar que el matrimonio "civil" es una simple ficción estatal sin validez trascendente alguna. De ahí que su definición resulte anecdótica y futil. Pero si la jerarquía quiere influir en el matrimonio civil, ¿qué impedirá que el Estado pretenda, más adelante, influir en el matrimonio canónico? Tales errores, y otros nuevos, los podemos ver reflejados en el manifiesto de los convocantes. Primero, el Gobierno español promueve iniciativas que atentan contra los fundamentos de la familia como espacio ecológico de la vida y fuente de la solidaridad más eficaz. Falso; a menos que reconozcan la capacidad del Estado para definir qué es una familia. En el s.XIX decían que el Parlamento todo lo podía, salvo convertir al hombre en mujer. Si los manifestantes consideran que la unión homosexual no es una familia, seguirá sin serlo a pesar de todas las iniciativas que impulse el poder político (y, por tanto, los fundamentos de esa familia serán tan sólidos que ni el Estado podrá afectarlos aún cuando lo pretendiera). Sin embargo, esta no parece ser la conclusión: Entendemos que esta equiparación y la adopción por parte de parejas del mismo sexo supone un atentado contra la institución matrimonial y contra el derecho del menor a una madre y un padre. Lo que atenta contra la institución matrimonial no es la concreta definición que hoy dé el Estado, sino el hecho de que el Estado esté legitimado para dar definiciones. O asumimos que el matrimonio debe estar fuera del alcance del Estado, o deberemos aceptar el resultado de sus decisiones. Las convocantes han tomado este segundo camino; aceptan que el Estado defina qué es matrimonio, pero que lo defina conforme a sus parámatros. Así, encontramos como segunda reclamación de la manifestación: b) una política integral de protección a la familia, fundada en el mutuo compromiso e igualdad del hombre y la mujer que crean el ambiente idóneo para las nuevas vidas, generando, la solidaridad social más consistente que conocemos. El Estado no debe proteger a la familia y, mucho menos, debe definir qué es una familia. Ésta es una reminiscencia que muchos liberales todavía arrastran de la propaganda socialista. Precisamente porque el matrimonio y la familia son importantes el Estado NO debe legislar sobre ellas. Cita un párrafo especialmente lúcido del artículo de Albert Esplugas sobre el tema: La definición clásica de matrimonio (unión entre un hombre y una mujer) debe ser protegida, dicen algunos, y qué mejor custodio que la Administración. En primer lugar resulta cuando menos paradójico que tantos devotos cristianos confíen el resguardo del sagrado matrimonio a la institución que quizás más ha fustigado a la familia tradicional. Asimismo, asignar al ente público la protección del matrimonio heterosexual es tanto como concederle el poder para definirlo a su antojo. Si la Iglesia no desea que el Estado imponga aquellas concepciones morales que desaprueba, ¿por qué no aspira a despojarle de la potestad sancionadora que se ha arrogado desde un principio? Al fin y al cabo, para muchos cristianos la idea del matrimonio emana de la voluntad de Dios, ¿por qué entregar entonces al César algo que no le pertenece? En segundo lugar, es absurdo recurrir al Estado para proteger la definición del matrimonio clásico. ¿Desde cuándo las "definiciones" necesitan ser protegidas? ¿Acaso la definición de cristianismo, por ejemplo, requiere el amparo de la administración pública? Si alguien se empeña en llamar cristiano a un individuo que los demás tienen por hereje, ¿hay que acudir al parlamento para que promulgue nuevas leyes? ¿Concierne al gobierno el que los ciudadanos atribuyan significados distintos a las mismas palabras? La Iglesia puede sancionar los matrimonios heterosexuales y no reconocer el resto de uniones. Una fracción de la sociedad puede considerar que el matrimonio es la unión entre un hombre y una mujer sin que nada ni nadie le haga cambiar de parecer. No sólo eso; la "política integral" que los manifestantes reclaman parece ir más allá del simple mantenimiento de la definición histórica de matrimonio en el Código Civil, por lo visto sus reivindicaciones pasan por incrementar las ayudas a las familias numerosas e intentar que la mujer pueda conciliar la vida laboral y familiar. Aparte de que tales reivindicaciones sólo consolida una de las bases políticas y morales de la izquierda -el parasitismo- la oposición a cualquier insinuación en ese sentido debe ser categórica. Primero porque los "beneficios sociales" de las familias numerosas, aún siendo ciertos, no justifican su promoción a través del dinero ajeno. Precisamente, cuando se establecen tales incentivos políticos y económicos, el saldo de las familias numerosas pasa a ser negativo. Las familias numerosas son positivas en tanto no esperen recibir una contrapartida por su existencia. Pero cuando traspasan esa línea, el intervencionismo engendrado elimina sus contribuciones. También la existencia de empresarios es positiva para una sociedad y a nadie se le ocurre pedir que se les subvencione. El manifiesto, entre otros errores, también pide e) una valoración positiva del hecho religioso en libertad, dado su carácter humanizador, social, ético y como motor del compromiso personal con la solidaridad, la justicia y la igualdad. ¿Una valoración positiva por parte de quién? El Estado no tiene que valorar ni desvalorar el "hecho religioso", tiene que estar completamente separado de él. "Está de conformidad con la esencia de la Iglesia mantenerla separada del Estado y evitar que éste imponga la fe, que debe descansar en convicciones libres" "Donde la Iglesia se convierte en Estado, se pierde la libertad. Pero, también, donde la Iglesia queda suprimida como instancia pública o públicamente relevante, la libertad decae, porque allí el Estado reclama para sí, de nuevo, la función de la ética" No lo digo yo, lo dice el propio Ratzinger. Cuando la Iglesia, en su definición más amplia, legitima el Estado entramos en terreno pantanoso; ni la Iglesia requiere protección del Estado, ni el Estado debe ser respaldado por la Iglesia. El hecho religioso descansa en convicciones libres y el poder político descansa en la fuerza; mientras que la fe católica libera al hombre, el Estado lo esclaviza. Poco sentido tiene combinar ambos poderes, el de la vida y el de la muerte. Y, por desgracia, esta manifestación lo que pretende es que la Iglesia delegue su ascendencia en el Estado para luego influir en el Estado. Hará lo primero pero no conseguirá lo segundo. Tremendo error. Y así, la petición final no puede ser más desalentadora: Pedimos a los poderes públicos, a los grupos sociales y a cada ciudadano el respeto responsable y activo hacia el contenido de este manifiesto. ¿Piden a los poderes públicos un comportamiento activo? No se me puede ocurrir nada más peligroso; criticamos al Estado no porque se mueva, sino porque no se mueve en la dirección deseada. Así no podemos librar una batalla intelectual; nos rendimos al relativismo y al democratismo más exacerbado, nos rendimos a la izquierda. Conmigo que no cuenten; no voy a batallar para que nuestros políticos-represores definan de esta o de aquella manera algo que, por su misma esencia, queda sustraído de su disposición. El único envite que espero suscribir es el que exija a esa clase parasitaria que, dado que no están legitimados para legislar sobre la familia y el matrimonio, no lo hagan EN NINGÚN SENTIDO. Mientras tanto nos moveremos dentro de sus esquemas donde, aunque algunos no lo hayan percibido, tienen todas las de ganar. 14 de Junio de 2005Competencia y especulación en la gasolina
Estaba discutiendo en otra bitácora acerca del precio de las gasolinas y, como creo que alguna observación puede ser interesante, las reproduzco aquí. Primera objeción estatalista: Entre las gasolinas no hay competencia porque los precios son iguales Entre gasolinera y gasolinera podemos encontrar diferencias de precios de entre 1 y 5 céntimos. Si eliminamos los impuestos a las gasolinas, nos quedamos con que el precio/litro antes de impuestos es de unos 40 céntimos. En otras palabras, la competencia hace variar el precio de mercado entre un 2% y un 12%. En muy pocos productos encontraremos diferencias tales de precios. Segunda objeción estatalista:Cuando el precio del crudo sube, todas las compañías lo trasladan al mismo tiempo. El precio del crudo sube, obviamente, porque se vuelve más relativamente escaso (por ejemplo cuando se restringe la oferta o se incrementa la demanda). Esto significa que las compañías pueden comprar una menor cantidad de crudo. De ahí que si la oferta es menor (no necesariamente para el público, sino para otros usos alternativos), por la simple ley de la utilidad marginal decreciente, el precio de la gasolina suba. Es un fenómeno que afecta por igual a todas las compañías y, por tanto, todas lo trasladan al mismo tiempo (si bien esas diferencias de precios a las que antes hemos aludido se mantienen) Ahora bien, todos hemos oído alguna vez aquello de que el crudo que consumimos hoy es el que se compró hace tres meses, ¿por qué entonces la subida del crudo se suele trasladar de manera más o menos inmediata a los de las gasolinas? La respuesta es la especulación (en el mejor sentido de la palabra) La gente en general (no necesariamente los consumidores más inmediatos) ante la expectativa de que dentro de tres meses suba el precio, empieza a acumular AHORA gasolina, y eso impulsa el precio actual al alza (repito, no debemos pensar en el típico consumidor que va a llenar su depósito cada tres días) Este proceso especulativo no es dañino. De hecho, suaviza las bajadas y subidas del precio. Dado que parte de los consumidores han atesorado gasolina ahora, cuando dentro de tres meses se produzca la escasez por la reducción de la oferta del crudo de hoy, los precios prácticamente ni se moverán -o aumentarán mucho menos de lo que deberían haberlo hecho. 12 de Junio de 2005La educación no es imprescindible
Siento decir que estos días he visto con sonrojante abundancia la proliferación de comentarios que abogan por reducir la pobreza en el Tercer Mundo a través de un incremento de la alfabetización. Aunque ya traté el tema por encima en el post que le dediqué al subdesarrollo del Tercer Mundo, quiero recalcar que tales proclamas sólo provienen de la ignorancia más supine sobre las ciencias sociales. Recordémoslo una vez más -nunca será suficiente- que sin acumulación de capital las sociedades no prosperan. Pongamos un ejemplo sencillo; imaginemos que 100 de los mayores sabios que han existido nunca son enviados atrás en el tiempo, cuando el hombre todavía era un recolector de frutas. ¿Alguien cree que conseguirían durante sus vidas erigir una sociedad de características semejantes a la actual? Obviamente no, durante varios años su dedicación exclusiva consistiría en en conseguir una provisión más o menos estable de alimentos. Que nadie crea que esta es una operación sencilla: las frutas de los árboles se agotan, los animales se esconden, el agua potable no es fácil de encontrar. Durante varios años (aún conociendo qué pasos tuvo que seguir el hombre primitivo para desarrollarse) estarían condenados a vagar desde zonas abundantes en alimentos a otras que no lo son. No serían sedentarios, por la simple razón de que no podrían esperar a las semillas que plantaran maduraran. Pónganse en situación: llego a un campo donde mi único alimento son las frutas de los árboles y los animales que puedo cazar, ¿podría -incluso suponiendo que ya dispusiera de las semillas- esperarme a que las semillas se convirtieran en tomates o patatas? Evidentemente no, el tiempo de recolecta de las patatas o de los tomates excede el tiempo que cualquier persona puede estar sin comer. Sólo en caso de que durante ese período de maduración hubiera acumulado alimento suficiente para vivir sin trabajar, podría esperar la maduración del primer cultivo; en otras palabras, sólo si se hubiera AHORRADO para sobrevivir durante el período de cultivo, podría esperarse todo ese trecho temporal. Pero sin ningún tipo de herramientas es harto complicado conseguir un excedente que permita dedicar el trabajo de los sabios a construir máquinas muy productivas. Pueden saber cómo hacerlo, pero no tienen los medios para ello. La cultura y el conocimiento no les permite alimentarse mientras no tengan tiempo y recursos para poner en práctica ese conocimiento. Imaginemos que en esa situación, 100 sabios sin ningún tipo de capital viviendo de la recolecta de frutas, algún tipo de ente superior (Estado) obliga a 20 de ellos a acumular todavía más conocimientos yendo a una academia. Si ello es así, los 80 sabios restantes tendrás que producir no sólo para ellos mismos, sino para alimentar a los otros 20 (ya que los otros están ocupados estudiando en la academia). Y, en este sentido, cualquier tipo de excedente que pudieran acumular para pasar a métodos de producción más eficientes (como la agricultura sedentaria) desaparecerá. Terminados esos estudios superiores en la academia, ¿de qué servirán? Realmente de nada; la ausencia de capital y de ahorro les impedirá implementarlos. En el Tercer Mundo ocurre lo mismo. La educación sólo provoca la fuga de cerebros. Hoy por hoy, el Tercer Mundo no necesita de grandes ingenieros nucleares, filósofos o científicos varios. Formar a ese tipo de gente sólo contribuirá a que las masas financien la educación de unas personas que terminarán |