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Todo un hombre de Estado: Diciembre 2010

31 de Diciembre de 2010

El año de las quiebras soberanas

Os dejo mi resumen económico del año 2010 publicado en Libertad Digital y aprovecho para desearos feliz 2011 (lo de próspero está por ver):

El mensaje de fondo ha estado meridianamente claro para todo aquel que quisiera escucharlo: el recetario keynesiano con el que se pretendía ingenua o maliciosamente estimular la economía –el mismo que, según nos mintieron, permitió a Roosevelt hacer resugir de entre las cenizas a la economía norteamericana de entreguerras– ha fracasado de manera estrepitosa. El consenso académico sobre la superioridad de las políticas de estímulo de la demanda se estrelló contra el muro de su absoluta inutilidad. Si en 2009 todos éramos keynesianos, en 2010 seguimos siéndolo... pero sólo de boquilla, pues sólo el sentido del ridículo y el fanatismo ideológico nos han impedido enterrar con luces y taquígrafos el cadáver putrefacto de Lord Keynes.

En definitiva: hay motivos para la esperanza... pero también para la desesperanza. Ya se ha visto que nuestros gobiernos sólo empiezan a bajarse del burro dirigista cuando ven las orejas al lobo de la suspensión de pagos o de la destrucción completa de la propia divisa. El único lenguaje que entienden es el del palo de los mercados (¡bendita globalización!); mientras, no vacilan en apalear a las economías privadas. Si la pesada losa del intervencionismo no aplasta los brotes verdes que se empiezan a observar en varias partes del mundo, 2011 podría traernos buenas noticias; la anomalía no sería que empezáramos a recuperarnos, sino que siguiéramos estancados.

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30 de Diciembre de 2010

¿Son útiles las devaluaciones? ¿Se puede reducir el gasto público en España?

En dos de mis últimos artículos trato de desmontar dos de los mitos sobre la situación económica actual más recurrentes. El primero es que España está en crisis por la camisa de fuerza que supone el euro, esto es, por no poder devaluar. Frente a la tragedia española (o letona, lituana, estonia...) se nos ofrece el milagroso caso de Polonia, que ha devaluado y ha experimentado un crecimiento económico muy notable desde 2007.

¿Se han comportado mejor los países europeos que han devaluado durante los últimos años que los países que no lo han hecho? En este artículo del Instituto el Cato analizo la cuestión. La realidad es que Polonia es el único país que ha devaluado y ha experimentado un crecimiento apreciable. En el resto de países europeos o bien se ha devaluado y se ha decrecido; o bien no se ha devaluado y se ha crecido; o bien no se ha devaluado y se ha decrecido. Es decir, nos encontramos escenarios para todos los gustos que deberían llevarnos a concluir, al menos desde un punto de vista simplemente empírico, que no hay relación entre devaluación y crecimiento. Otra cosa es en el ámbito teórico, donde Hayek desmontó preventivamente a Friedman hace más de 70 años.

Por otro lado, también escuchamos recurrentemente que el problema del déficit público en España es que los ingresos se han derrumbado, no tanto que durante la crisis se haya aumentado disparatadamente el gasto. A raíz del último informe del Instituto Juan de Mariana sobre fiscalidad comparada, en este artículo de Libertad Digital contrasto la trayectoria del gasto público en España frente a la del gasto público en Alemania, para llegar a la conclusión de que puede que en 2008 y 2009 el gasto no aumentara una barbaridad, pero entre 2002 y 2007, al socaire de la burbuja inmobiliaria, sí lo hizo (a diferencia de lo que sucedió en Alemania, donde poco más o menos se mantuvo constante). En otras palabras, nuestro déficit es consecuencia de que tenemos un Estado adaptado para los niveles de ingresos fiscales que nos proporcionaba la burbuja inmobiliaria: recorten el despilfarro, pues, como han hecho familias y empresas. No es tan difícil, sólo han de regresar a 2002.

14 de Diciembre de 2010

Escuela austriaca y value investing: una hoja de ruta

Rescato mi último artículo en el Instituto Juan de Mariana donde abogo por una fusión entre estas dos corrientes de pensamiento:

Los austriacos deben hacer su teoría más market friendly, no en el sentido de vulgarizarla para su comercialización, sino en el de mejorarla con tal de hacerla más comprensible para los operadores de mercado. La teoría austriaca se ha desarrollado en los últimos 80 años a remolque de la neoclásica y ello le ha llevado a utilizar categorías tremendamente rígidas e irreales como “el” tipo de interés –o incluso el tipo de interés natural–, cuando todos los inversores son conscientes de la existencia de una pluralidad de tipos; “el” volumen de ahorro, cuando, de la misma manera, existen ahorros a muy distintos plazos y riesgos que los hacen muy diferentes entre sí; los factores originarios de producción, clasificación del todo irrelevante e inoperativa para los empresarios; o la incapacidad para distinguir entre tasa de retorno y coste del capital, cuando ambas sólo son equivalentes en situaciones de equilibrio (una línea de investigación, por cierto, abierta por Hayek en 1939 que pocos austriacos han seguido).

Los value investors deberán de estar dispuestos a dejar de ser una “filosofía de inversión” para convertirse en una “ciencia de la inversión”, con todo lo que ello implica: rigor en las categorías (no debería hablar de la diferencia entre valor –intrínseco– y precio cuando quieren referirse a las diferencias entre precio teórico y precio de mercado de un activo; y deberían refinar su distinción entre inversión y especulación cuando lo cierto es que toda inversión es especulativa), preocupación por que sus proposiciones sean consistentes entre sí y con el resto de leyes económicas, mayor esfuerzo por articular un conocimiento difícilmente articulable y, como consecuencia de lo anterior, un progresivo abandono de su anecdotario de experiencias personales y de estudios de caso en pos de una mayor modelización de las técnicas inversoras hasta donde sea técnicamente posible.

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