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Todo un hombre de Estado: Diciembre 2006

30 de Diciembre de 2006

Buenos deseos por fin de año

Dada mi escasa originalidad, les dejo los buenos deseos de fin de año de algunos socialistas:

Con la libertad de expresión me sucede lo mismo que con la democracia; puesta en boca de algunos me provoca náuseas.

Algunos periodistas se refugian en eso de la libertad de expresión para insultar, confabular y manipular.

Libertad de expresión y otras perversiones

la decisión de no renovar el permiso de emisión a RCTV se refiere únicamente al espectro de frecuencia televisiva, no así a la retransmisión por cable o por internet. Por tanto no es un cierre...

No se trata tampoco de una decisión ilegal. El 7 de diciembre de 2004 la Asamblea Nacional de Venezuela aprobó la Ley de Responsabilidad Social en Radio y Televisión que ampara la medida.

La actuación de este y otros canales (Globovisión, Venevisión, Televen) antes, durante y después del golpe de estado y del golpe petrolero fue absolutamente indigna.

En cualquier país occidental hace varios años que ninguno de estos canales estaría funcionando.

La libertad de prensa debe tener ciertos límites, como de hecho los presenta en todas las democracias occidentales. No obstante, la revolución bolivariana está más fuerte que nunca y por pura higiene mediática considero que deberían ser —una vez más— magnánimos y renovar la licencia de manera condicionada.

El gobierno venezolano limitará las emisiones de Radio Caracas Televisión.

Después de tamaña magnanimidad, sólo me queda desearles Feliz Navidad (¿o esto también sobrepasa los límites de la pervertida libertad de expresión?

28 de Diciembre de 2006

Se consuma el robo en Argentina

Leo en El Mundo que La Corte Suprema argentina ha puesto fin a cinco años de lucha judicial entre los bancos y miles de clientes al ordenar a los primeros que devuelvan la totalidad de los depósitos en dólares que tenían a principios de 2002.

Mucho optimismo me parece. La noticia continua diciendo que se devolverán en moneda argenitina a la razón de 1,40 pesos por dólar depositado. Es decir, deposito una moneda buena y me devuelven un pufo. ¿Se imaginan que dejo en custodia 100 acciones de Google, el banco se las pule y luego acuerda devolverme 140 acciones de (la desaparecida) Terra? Menudo chollo.

Como reza una pancarta que aparece en la noticia, lo deseable habría sido devolver dólares o su equivalente. La Corte dispone que el equivalente a un dólar es 1,4 pesos. ¡Ja! Sólo hace falta mirar los mercados de divisas donde un dólar puede comprar alrededor de 3,08 pesos. Obviamente, si los bancos tuvieran tal cantidad de pesos podrían comprar los dólares necesarios para devolverlos a sus depositante. Pero no los tienen.

De ahí que la caradura de la Corta sea notable: El resultado es, al momento del fallo, equivalente al 100% del valor en dólares del depósito (...) no hay lesión al derecho de propiedad del ahorrador. Pero, ¿cómo no va a haberla si entregué un activo de valor y me devuelven otro activo depreciado simplemente porque el gobierno se gastó las reservas de dólares?

¡Y claro que devuelven el 100% del depósito en dólares! Con estos timos cualquiera: establezco que devolveré un grano de arroz por cada dólar y también devuelvo el 100%. Vayan al mercado de divisas y miren cuánto vale un peso en relación con el dólar.

Ahora bien, la transacción es un "gane en cualquier caso" para los bancos, ya que si durante la ejecución de la sentencia, el resultado de la ecuación superara a la cotización del dólar de ese momento por efecto de una mayor inflación, el pago deberá realizarse a la paridad del tipo de cambio. Vamos, que si la Reserva Federal quiebra y el dólar se deprecia enormemente con respecto al peso (por ejemplo, si volviera a la paridad), entonces los bancos argentinos no tendrán que devolver 1'4 pesos por dólar, sino sólo uno. Si sube más que 1'4, pago 1'4; si cae por debajo de 1'4, pago la cantidad reducida.

Sólo falta ya que los ahorradores desarrollen el síndrome de Estocolmo y pierdan las más mínimas nociones de economía: En términos reales creo que se acerca bastante a lo que teníamos ahorrado. Pues no, en  términos nominales sí: van a recibir más pesos de los habrían obtenido antes del corralito (antes habrían recibido un peso por cada dólar y ahora 1'4 pesos por cada dólar), pero en términos reales  ni mucho menos. Piénselo así: si en lugar de meter un dólar en el banco se lo hubiera guardado en casa, ¿obtendría ahora 1'4 pesos por ese dólar? No, sino 3'08. Por tanto, en términos reales le dan gato por liebre.

Son las ventajas del monopolio monetario estatal, de los gobiernos intervencionistas, de las prácticas bancarias desastrosas y de los tipos de cambio flexibles.

"Argentina, Argentina" gritaban los congresistas cuando acordaron el impago de la deuda pública: aquí están los beneficios de toda una clase política para los ciudadanos.

27 de Diciembre de 2006

La exitosa sanidad cubana

Están los progres desquiciados con el hecho de que Castro haya tenido que recurrir a un matasanos español en lugar de a uno de los innumerables profesionales con los que cuenta el sistema sanitario cubano (ya saben, aquel que se nos vendía como el mejor del mundo mundial).

Si a la dictadura ya no le queda ni la sanidad, ¿con qué treta justificarán a partir de ahora la continuidad de la dictadura castrista y del empobrecedor régimen comunista que maneja? Ya se sabe que los progres son muy cucos: acusan a los liberales de economicistas y de sólo preocuparse por la eficiencia, pero la restricción de libertades asociada al socialismo es un indeseable subproducto de un sector público que funciona a las mil maravillas. Ahora sí, ¿quiénes son los (frustrados) economicistas?

Lo gracioso es que para demostrar que no hay nada raro en que Fidel tenga que rcurrir a la sanidad española recurren al argumento de que Loyola de Palacio también fue a Houston para tratar su cáncer. ¿Acaso esto sería indicativo de una peor calidad de la sanidad española frente a la estadounidense? Pues sí. ¡Otro mito izquierdista que se desmorona!

Vaya hombre, en lugar de yankees viniendo a España, tenemos españoles yendo a USA y no a Cuba. Hábrase visto. Y encima el sistema sanitario que evitan los españoles es el que implora el tío más rico de Cuba (riqueza vía expolio, claro). Si es que ya sabíamos que era el mayor logro del régimen, la envidia de todos los individuos de buen corazón.

Todo esto será por la evidente superioridad del comunismo sobre el capitalismo; del estatismo sobre el libre mercado. Especialmente si tenemos en cuenta que el sistema sanitario yankee no está exento de problemas derivados de las interferencias gubernamentales. ¿De qué estaríamos hablando si se tratara de una economía realmente liberal? Parece que muchos, que no ven más allá de sus errores intelectuales y de los beneficios que derivan de explotar al vecino, no están por la labor de que lo descubramos.

26 de Diciembre de 2006

Soluciones socialistas al problema de la vivienda

Hace unos días el nuevo Consell presidido por el ex "ministro de Industria más liberal de nuestra historia" (Sebastián dixit) aprobó el proyecto de Ley de Vivienda por el que la Administración catalana podía expropiar durante seis años cualquier vivienda que llevara desocupada un mínimo de dos años.

La motivación de la Ley se basa en una teoría económica profundamente errónea. Se plantea que las viviendas se adquieren para especular y que, por tanto, los propietarios las retienen mientras el precio siga subiendo (no las sacan en alquiler). El proyecto de ley trataría de contener este desenfreno especulador forzando a que los propietarios las alquilen.

Los impulsores de la iniciativa ni siquiera se han planteado la posibilidad de que quizás la carestía de viviendas de alquiler en Cataluña y en el resto de España se deba a otros motivos como la total desprotección del arrendador merced a la legislación ultraintervencionista que, vaya por Dios, ellos mismos (partidos políticos en distintas instancias) han aprobado y siguen defendiendo.

Como no podía ser de otro modo, los epígonos del estatismo no han tardado en defender el proyecto de ley. Así, por ejemplo, Jessica Fillol afirma tan pancha que la ley permitirá combatir la especulación inmobiliaria, [...] los pisos vacíos cuya única función es "esperar a que los precios suban un poco más" sin que el coste de oportunidad sea un aliciente para poner ese inmueble en el mercado, ya que el coste de oportunidad en el mercado inmobiliario es, hoy por hoy, nulo.

De hecho, en un frenesí explosivo llega a afirmar que la ley no se enfrenta a la iniciativa privada sino todo lo contrario: es una medida destinada a poner trabas a la ausencia de iniciativa privada, como es el tener un piso vacío y esperando tiempos mejores.

El negocio es el que ya hemos explicado, comprar una vivienda esperando que suba más y no sacarla al alquiler: Quienes adquieren una vivienda como inversión, la mayor parte de las veces no las adquieren para habitarlas, sino para venderlas al cabo de un cierto tiempo a un precio muy superior. Con mucha frecuencia, quienes las compran hacen a continuación tres cuartos de lo mismo, con lo que entramos en una espiral especulativa. Son pisos que no están previstos como vivienda, sino como inversión de capital. Los derechos ciudadanos, y entre ellos el acceso a los bienes de primera necesidad como la vivienda, no admiten compases de espera a que lleguen tiempos mejores, y es responsabilidad de la administración tomar todas las medidas oportunas para ello.

La mayoría de las veces las teorías económicas son fruto de la improvisación y de la experiencia personal. La gente observa de mala manera lo que ve, trata de procesarlo sin lógica alguna pero con un objetivo preconcebido, y luego suelta un galimatías que suene ligeramente coherente. Esta extraña receta suele utilizar como ingredientes la proyección de los propios sentimientos al resto de la humanidad (dado que yo, si no fuera una filántropa de izquierdas, sería tan codiciosa como para pisotear al resto, supongo que el resto de las personas son iguales) así como un pésimo conocimiento de estrategia empresarial.

Por ejemplo, muchos creen que la manera más sencilla de forrarte es comprar todas las empresas de un sector para ostentar el monopolio, subir los precios y retirarte a vivir de las rentas. En realidad, haciendo eso sólo pagarías primas desorbitadas por un capital que no sabrías usar de manera eficiente: el resultado sería una liquidación masiva por debajo del precio de adquisición ante la floreciente competencia.

Aquí pasa algo similar. Jessica dice: la gente quiere forrarse (mayoritariamente cierto) y una manera de hacerlo es especular con viviendas (relativamente cierto), en cuyo caso no podréán sacar el piso en alquiler (falso). Dado que la gente no tiene escrúpulos (dudoso) seguirá esta estrategia que perjudicará a la mayor parte de la sociedad (falso).

Dejo aparte el doble rasero por el cual la gente es suficientemente desalmada para ser especuladora pero no para meterse en política y orquestar leyes que beneficien a los políticos y a los grupos de presión. Me centraré en el núcleo del razonamiento: la especulación en vivienda atrofia el mercado de alquileres (motivo que hace necesaria la ley).

Es cierto que la especulación restringe la oferta en el caso de los bienes no duraderos. Si yo creo que en un mes el precio de las manzanas subirá, las compro hoy que están más baratas, las conservo duranto un mes, y las vendo al final. Durante todo el mes he retenido la oferta de manzanas y por tanto ha sido menor.

En el caso de los bienes duraderos como la vivienda, esto no tiene ningún sentido. Supongamos que yo creo que dentro de dos años el precio de la vivienda alcanzará su máximo y, por tanto, compro ahora barato para vender caro al cabo de dos años (especulación). ¿Por qué motivo no puedo alquilar la vivienda durante estos dos años hasta que se produzca la venta? Bien, si lo queremos en términos más realistas, ¿por qué no puedo alquilarla durante año y medio y dedico el otro medio en realizar cuatro reparaciones para venderla al final del período? ¿Acaso soy tan tonto de renunciar a los alquileres del tiempo durante el que estoy especulando con la vivienda?

Lo cierto es que no parece una estrategia empresarial muy exitosa. A diferencia de lo que dice Jessica sí hay coste de oportunidad de no alquilar la vivienda. Claro que lo hay: el alquiler dejado de percibir. Para vender la casa no es necesario que haya estado sin alquilar y, por tanto, la plusvalía de la especulación y el alquiler no son rentas excluyentes.

De este modo, hay que buscar las causas de la carestía de alquiler en otro fenómeno ajeno a la especulación. Y éste es, en efecto, la legislación de arrendamientos urbanos.

Cito el art.9 de la misma:

Articulo 9. Plazo mínimo

1. La duración del arrendamiento será libremente pactada por las partes. Si ésta fuera inferior a cinco años, llegado el día de vencimiento del contrato, éste se prorrogará obligatoriamente por plazos anuales hasta que el arrendamiento alcance una duración mínima de cinco años, salvo que el arrendatario manifieste al arrendador con treinta días de antelación como mínimo a la fecha de terminación del contrato o de cualquiera de sus prórrogas, su voluntad de no renovarlo.

¡Ah! Aquí tenemos algo. La legislación intervencionista actual contra el arrendador le impide celebrar un contrato de alquiler de duración inferior a cinco años. ¿Y sí el arrendador quiere vender la vivienda durante ese período?

Vayamos al art. 14:
Enajenación de la vivienda arrendada

El adquirente de una vivienda arrendada quedará subrogado en los derechos y obligaciones del arrendador durante los cinco primeros años de vigencia del contrato, aún cuando concurran en él los requisitos del artículo 34 de la Ley Hipotecaria.

Vaya, que durante cinco años tengo que vender la vivienda con inquilino incluido; lo cual, obviamente, redundaría, ahora sí, en un precio mucho menor al de una vivienda sin inquilino.

Dicho de otro modo, el intervencionismo ha provocado la atrofia del mercado de alquileres al exigir un plazo mínimo de cinco años y prohibir la resolución anticipada del contrato en caso de enajenación. En este marco legislativo sí: alquilar una vivienda equivale a no poderla vender durante cinco años, lo cual sólo compensaría si los precios de las viviendas no siguieran subiendo.

La situación ya la describió Mises: primero el Estado interviene (legislación de alquileres unido a la expansión de la oferta crediticia), los objetivos que quería lograr su frustran (mejorar el acceso a la vivienda), se atribuyen las causas al mercado (especuladores, inmobiliarias, ricos con segundas casas...) y se demanda una nueva intervención (expropiar las viviendas vacías o subirles el IBI en el caso de Gallardón) que, de nuevo, sólo generará nuevos problemas no previstos.

¿Cuáles serán estos problemas? Pues a bote pronto dos bastante claros:

a) La inversión en nueva vivienda se trasladará fuera de Cataluña (esto incluye la reinversión en vivienda, es decir, la gente que tenía una casa alquilada y que pretendía rehabilitarla o construir una nueva con los alquileres para sacarla a la venta).
b) Las casas vacías se sacarán a la venta, pasarán a usarse como segundas viviendas o se alquilarán a amigos y familiares.

Es posible, por tanto, que a corto plazo el precio no suba tanto como lo habría hecho (aunque claro está, será a costa de que en el futuro no baje tanto como lo habría hecho, ya que las casas que ahora se saquen a la venta no saldrán mañana). Sin embargo, a medio plazo la oferta de nueva vivienda se reducirá y los precios seguirán subiendo (a menos que estalle antes la "burbuja" inmobiliaria).

Si esto sucede, los mismos que hoy piden que las viviendas vacías salgan en alquiler comenzarán a bramar que el mercado es ineficiente porque los constructores no edifican nuevas casas o que a los especuladores ya no les interesa invertir en Cataluña. Pedirán entonces que el sector público tome su lugar y construya viviendas de protección oficial para compensar la merma en la construcción de nuevas viviendas.

Las nuevas regulaciones, como vemos, conducen a otras regulaciones. En lugar de eliminar las primeras restricciones (legislación de arrendamientos urbanos) para permitir el mercado, se ha optado por dar un paso más hacia el socialismo. Los mismos que generan los problemas toman el poder para arreglar el desaguisado. Obviamente no lo lograrán, pero seguro que tampoco serán los socialistas que defienden esta medida los que paguen los platos rotos.

23 de Diciembre de 2006

Merkel, la especuladora

Estamos habituados a escuchar soflamas contra los demoníacos "especuladores", responsables de buena parte de los problemas de la humanidad (especialmente en el ámbito de la construcción). Normalmente, las invectivas que se les dirigen sólo muestran un completo desconocimiento de la función que cumple la especulación.

Lo curioso no es tanto esta ignorancia cuanto que en otros casos, la misma prensa alabe la especulación aun sin saber que lo está haciendo. Leo en El Mundo:
La canciller alemana demuestra tener buen ojo para el ahorro casero. Su banquete navideño consistirá en un pato congelado de tres kilos y medio, regalo de un correligionario. Éste, que hace años que suministra un ave a Merkel, metió al animal en el congelador el pasado septiembre con vistas al aumento de precios de estas fechas. Lo mismo que muchos germanos, quienes compran su ganso o pato fresco mucho antes para ahorrarse disgustos al pasar por caja. Merkel, conocida entre sus compatriotas como mujer práctica y ajena a lujos superfluos, no tiene reparos en tales estrategias.
Vamos, que todos deberíamos aprender de las estrategias de Merkel y no sucumbir a las alzas de precios. Pero, ¿qué nombre recibe realmente esta estrategia? Pues sí: especulación.

Los alemanes "ahorradores" compraron los pavos en septiembre, cuando estaban baratos, para consumirlos cuando están caros. De esta manera elevaron los precios en septiembre y evitan alzas mayores en estas fechas.

Parece que la especulación al fin y al cabo no es tan mala y que incluso puede ser tildada de "práctica" y "ajena a lujos superfluos". Quién lo diría.

Ahora falta saber por qué la especulación es tan ejemplar cuando se practica en el mercado del pavo y tan destructiva cuando tiene lugar en la vivienda. Razones las hay, pero dudo mucho de que los críticos las conozcan: en esos casos lo único importante parece ser berrear.

20 de Diciembre de 2006

La dudosa racionalización extraeconómica
Pijus Economicus ha respondido a mi post crítico dedicado a sus dos artículos sobre la racionalidad económica. A continuación examinaré sus respuestas.

Primero, Pijus definió racionalidad económica como aquel sistema de información cuyas conclusiones se encontraban incluidas en sus premisas. Yo le respondí que la ciencia económica neoclásica se basa en juicios sintéticos a posteriori (es decir, donde la nueva información se obtiene a partir de la inducción) mientras que la ciencia austriaca en los juicios sintéticos a priori (esto es, la nueva información se obtiene por deducción necesaria a partir del axioma autoevidente de la acción humana). En otras palabras, la información no se incluye en los axiomas de partida, ya que a través de las diversas herramientas (lógica, matemáticas, estadística…) se crea una nueva información que antes se desconocía por entero.

Pijus, aun sin pretenderlo, me da la razón cuando afirma que: Cuando uno crea un modelo que posteriormente va a ser desarrollado, especifica primero cuáles son los supuestos de partida, y aunque desconoce aún cuál va a ser el resultado de la aplicación del modelo, la simple estructuración de estas condiciones iniciales crea ya las conclusiones. Esto es así porque al desarrollar cualquier modelo, sólo existe un camino: el de las relaciones lógicas de las matemáticas.

En otras palabras, nadie elige los axiomas de partida para determinar el punto de llegada (simplemente porque se desconoce el punto de llegada cuando elegimos los axiomas) y, sobre todo, si esos axiomas están bien elegidos, las conclusiones de la ciencia económica serán de carácter apodíctico, ya que sólo existe un camino: el de las relaciones lógicas de las matemáticas. La correcta selección del punto de partida nos permitirá alcanzar implicaciones necesarias y a priori de la ciencia humana, simplemente porque serán proposiciones que no podrán ser de otra forma sin caer en la contradicción.

Nuestras discrepancias parecen reducirse a una cuestión semántica: yo hablo de crear información y Pijus de descubrirla. Supongo que con descubrir querrá denotar la selección intencionada de los axiomas para llegar a una conclusión descubierta que sea satisfactoria. En realidad es mucho más apropiado el término crear información que descubrirla. Se descubre la estructura de la acción (praxeología), pero se crea información sobre esa estructura. Lo primero es el objeto al que dirigimos nuestro estudio, lo segundo la codificación humana de ese estudio. Por tanto, la realidad la descubrimos porque nos antecedía, pero la codificación lingüística y científica de esa realidad (la información) la creamos.

En cualquier caso, queda claro que la ignorancia inicial de las conclusiones a las que llevaremos no puede condicionar la elección de los supuestos de partida. La cuestión importante, por tanto, será dilucidar si los axiomas de cada disciplina son o no los adecuados y si las herramientas lógicas y matemáticas se han empleado de manera correcta en cada cadena argumentativa.

Pero aquí Pijus se contradice con su conclusión: Rallo crítica mi afirmación de que la economía convencional esté enfocada a beneficiar el statu quo, ya que argumenta que siguiendo un proceso lógico-deductivo adecuado esto no sucede. Sin embargo, cualquier método empleado en la comprensión del fenómeno social será una herramienta a favor del statu quo mientras no incluya en su estudio el proceso histórico cultural que desencadena la acción, y que simplemente se limite a una -mala- descripción de la realidad.

Si sólo hay un camino determinado por la lógica y las matemáticas, las conclusiones económicas son value-free; no pueden destinarse a beneficiar a nadie, porque sólo describimos la realidad, beneficie a quien se crea que beneficie.

De hecho, al final del artículo reniega de la existencia de leyes a priori argumentando que Las "leyes" de la oferta y la demanda tienen validez en un sistema de mercado, pero no son determinantes ni exclusivas. Existen y son importantes, por lo que hasta en el ejemplo del sector textil hay que tenerlas en primer plano.

Por supuesto, las leyes de la oferta y la demanda presuponen un intercambio entre las partes y la existencia de un medio líquido contra el que se referencia la transacción. ¡Si esos elementos no existen, la ley de la demanda no llega a operar, pero porque no hay intercambio ni medio líquido! ¿Prueba esto que la ley de la demanda es inválida? No, de la misma manera que el ciclo sólo se da cuando los bancos incurren en ciertas prácticas insostenibles.

Cuando no haya intercambio, los individuos seguirán regidos por la ley de la utilidad marginal decreciente (de la cual la ley de la demanda es sólo una manifestación), y por tanto por leyes a priori que no pueden doblegarse.

Cita Pijus a Polanyi como autoridad: el orden en la producción y la distribución en las sociedades llamadas primitivas está basado en dos principios de comportamiento que no son en principio económicos. Éstos serían la reciprocidad y la redistribución, que en última instancia no se basan en la tendencia al intercambio sino en determinadas instituciones sociales que no representan tendencias individuales. Y el propio Pijus concluye que las teorías de la existencia de leyes económicas en lo social, encontrarían un obstáculo insalvable.

Las leyes de la producción siguen operando en las sociedades primitivas, tan sólo que no se trataría de una producción basada en los bienes de capital ni en el cálculo económico a través de precios. Esto es posible ante procesos productivos muy simples donde las preferencias del grupo son relativamente homogéneas y conocidas. En sociedades con un mayor grado de complejidad, no: no puede valorarse el coste relativo de los factores productivos ni conocer cuando se está consumiendo o acumulando capital.

Pero tanto la reciprocidad como la redistribución, aun cuando no se produzcan vía intercambio, son fenómenos económicos a pesar de lo que diga Polanyi. Las relaciones sociales se explican en cierta manera por la reciprocidad (respeto mutuo) y son fenómenos económicos (incluso empresariales: cenas de empresa). Las donaciones o herencias son casos de redistribución sin precio alguno.

De hecho, un individuo puede ser más feliz por dar que por recibir, y esto no es un comportamiento antieconómico, ya que está persiguiendo los fines más valorados.

Las leyes a priori siguen operando. Es cierto que ciertas leyes sólo operan en determinadas circunstancias, por eso Mises distingue entre intercambio autistico (ermitaños) e intercambio interpersonal. Por eso distinguimos entre el análisis de la cataláctica (economía de mercado) del intervencionismo y del socialismo. En un sistema socialista no hay capital y por tanto tampoco ciclo económico, a pesar de que la teoría del ciclo sea válida a priori. Una ley no opera siempre, sino sólo cuando se dan los presupuestos que la desencadenan (presupuestos que no se escogen aleatoriamente, sino que se derivan de la estructura de la acción humana).

Luego Pijus utiliza el caso del dilema del prisionero para ilustrar que la información se descubre a partir de los supuestos de partida y que no se crea.

El problema es que la teoría de juegos es economía normativa, no positiva. No describe cómo es la realidad humana, sino cómo deberían comportarse los seres humanos racionales. El dilema del prisionero establece que la coordinación es imposible si las condiciones del caso son las que son (aislamiento e imposibilidad de transmitir información) y si la función de utilidad de cada sujeto es inversamente proporcional a la pena. Pero aun así, sólo dicta qué haría el sujeto racional: no tiene en cuenta la posibilidad del error, esto es, de que el individuo decida consciente o inconscientemente seguir la conducta contraria a la que debería haber seguido.

De hecho, la predeterminación de funciones de utilidad constantes ya implica una selección de supuestos de partida demasiado amplios que no sirven para generalizarlo a modo de ciencia praxeológica.

Luego Pijus pasa a comentar lo que el considera dos funciones de la racionalización, a saber: a) describir y predecir la realidad y b) desfigurarla.

Sobre la primera, ya comenté que  "la descripción de la realidad social que pretende realizar la economía es tan humilde y restringida que la predicción sobre la elección humana es simplemente imposible".

Pijus acepta esta crítica metodológica austriaca al cientismo (esto es, el uso de las ciencias naturales al estudio de las ciencias sociales), así que poco tengo que discutir.

Las discrepancias las encontramos en el segundo punto, cuando afirmo que "la ciencia económica no puede modificar la elección humana, ni tan siquiera influirla, porque no es su campo de estudio".

Para Pijus esto expresa que lo que nuestro oponente ideológico no puede aceptar es que la acción humana pueda ser consecuencia de una manipulación externa, debida ésta a desigualdades en el contexto en el que nace la propia acción.

Pero esto es falso. Yo digo que la ciencia económica no debe estudiar la formación de las preferencias PORQUE las conclusiones económicas serán las MISMAS independientemente de cómo se hayan formado esas preferencias. Las leyes económicas serán idénticas si el ser humano quiere consumir helado porque no está condicionado o si quiere comprarse un cochazo por influencia de la publicidad. Como dice Mises, la ciencia económica comienza su estudio con los fines últimos dados, no porque considere que lo están (aunque sí lo estén al comienzo de toda acción), sino porque la praxeología no modifica sus conclusiones dependiendo del fin concreto que se seleccione. ¿Acaso la ley de la demanda, la utilidad marginal o la disyuntiva entra ahorro y consumo depende del fin concreto que el ser humano persiga? La conclusión es radicalmente negativa.

Como ya dije, eso debe estudiarse por la psicología o la sociología (cómo se forman las preferencias sociales) y por tanto no debería hablarse de racionalización económica (sino de racionalización sociológica). En definitiva, no digo que en cualquier análisis deba omitirse la formación de los fines por ser un elemento incómodo, sino que debe separarse la formación de los fines de la teoría económica, pues su objeto de estudio es distinto (del mismo modo en que no debe incluirse el análisis físico por mucho que la acción esté condicionada por las leyes físicas).

Pijus sostiene que el término está bien elegido y para ello pone el ejemplo de una multinacional del automóvil que realiza un estudio de mercado sobre el coche deseado por los consumidores y luego lanza una campaña publicitaria para venderlo. Para Pijus este proceso realimenta las conclusiones del estudio de mercado: Los modelos que buscaban describir la realidad, han conseguido también transformarla en el sentido que han descrito.

Y dada la importancia del fenómeno debe incluirse en el término de racionalización económica: La ciencia económica ortodoxa es incapaz de explicar el efecto descrito más arriba con sus instrumentos de naturaleza cuantitativa. Sería imposible explicar las variaciones en la demanda en el sector de la moda en función de las rentas individuales y los precios por productos, sin atender a los aspectos no cuantificables de la adquisición, los cuales no tienen cabida en los modelos económicos.

Cuando todo un colectivo, como el de los adolescentes, realiza la compra de productos textiles en función de la forma y el color y no tanto en función de los precios o el presupuesto, algo está ocurriendo en el proceso social que la ciencia económica no puede explicar.

Incluso la ciencia económica neoclásica contempla los desplazamientos de la curva de demanda (que no desplazamientos sobre la curva) atendiendo a los cambios de gustos de los consumidores. Esos cambios de gustos los tomamos como datos últimos que no modifican el análisis (y es que el precio de los coches se incrementará por encima del precio que habría alcanzado sin la mayor demanda). Pijus comete el error de reducir la ciencia económica a un binomio demanda-precio (y esto lo hace por suponer que toda conclusión económica necesita de un arsenal cuantitativa detrás).

Hay individuos que se adaptan al precio (compran según el precio esté alto o bajo), pero ésta no puede ser la base de ningún conclusión económica universal; la simple creación de los precios necesariamente supone una acción anterior. Los precios son resultado de la acción y, por tanto, siempre debe haber elementos cualitativos en el análisis (aunque Pijus suponga erróneamente que los excluimos).

Y ahora, yendo al análisis sociológico. Me temo que los estudios de mercado serían innecesarios por completo si la publicidad pudiera crear los gustos. ¿Para qué descubrir qué quieren los consumidores en un momento dado si simplemente podemos condicionarlo? ¿Qué pasa con aquellos productos que no se publicitan y cuyo gasto desplaza al de productos que sí se publicitan? (es decir, por qué no gasto toda mi renta en productos que se publicitan). ¿Qué hay del ahorro? ¿Por qué las personas deciden capitalizar su renta? ¿Por qué se sigue gastando tanto en investigación y desarrollo cuando todo ese gasto podría dirigirse a financiar una mayor publicidad? ¿Por qué supones arbitrariamente que los individuos valoran más la información que obtienen a través de la televisión que la que se deriva del consejo y la experiencia de su grupo de amigos o familiares? ¿Por qué, si los gustos se determinan por la publicidad, las empresas no han tratado de formar un cártel publicitario para evitar la competencia destructiva en el sector y seguir condicionando a los consumidores? ¿Por qué supones que el comportamiento inducido es peor que el comportamiento natural? ¿Por qué crees que el comportamiento natural habría sido distinto al inducido? ¿Por qué las empresas que salen a bolsa no emprenden campañas para restringir el consumo y poder lograr un mayor precio por acción? (ya qua a mayor consumo, menor inversión en Bolsa). ¿Por qué los bancos han creado un Banco Central que actúe como prestamista de última instancia durante los pánicos bancarios si simplemente podían emitir anuncios que convencieran sobre su liquidez?

Una cosa es influir en el comportamiento y otra es determinarlo. Yo puedo creerme que una lavadora es la repera y comprarla. Pero si no estoy satisfecho con esa marca (y las marcas suelen tener una vida superior a la de sus productos) no es probable que vuelva a comprarla ni que recomiende comprarla. La reputación de las marcas es esencial a la hora de convencer al consumidor, y la reputación no se logra incumpliendo las expectativas. Arthur Andersen no pudo sobrevivir cuando perdió toda su reputación.

Puedes afirmar que las empresas pueden cumplir las expectativas que ellas mismas han creado, pero no queda claro por qué una creación de expectativas que permita alcanzar la felicidad sería negativa. ¿Acaso si yo estoy enfermo y deprimido no es preferible crearme la expectativa de curación para que decida emprender un tratamiento que sí funciona?

Es totalmente indemostrable que las preferencias que se habrían formado sin publicidad fueran mejor que las que se han formado con publicidad. Es muy seguro que serán distintas, pero lo serán porque la publicidad supone la transmisión de nueva información antes no disponible y la acción suele procesar y adaptarse a la información.

Tú preferencia por un estadio de la naturaleza donde las expectativas sean distintas a las actuales (¿cuáles?) tan sólo expresa un deseo claro por una doble represión: la primera a los individuos que tratan de persuadir a los demás; la segunda a los individuos que han escogido un rumbo de acción que a ti te parece influido.

Por cierto, ¿no crees que la idea de que la publicidad nos manipula no se ha esparcido enormemente durante las últimas décadas hasta convertirse casi en vox populi?

Luego Pijus comete un error grave que denota un profundo desconocimiento del funcionamiento del sistema capitalista: esta segunda función de la racionalización económica está convirtiendo a nuestra sociedad en un despiadado sistema de consumo irrefrenable. Y este consumo, del que todos tomamos parte, es necesario para mantener una incesante y creciente producción que permita el crecimiento económico de las sociedades capitalistas.

Que no, a ver si lo aprendemos ya de una vez. El capitalismo no necesita MÁS consumo, sino más AHORRO. Para amortizar la estructura productiva actual y conseguir incrementarla (inversión) es necesario un volumen de ahorro que necesariamente ha de proceder de la restricción del consumo.

Es cierto que los beneficios empresariales que se derivan de la venta pueden reinvertirse en la propia empresa. Pero aun así, si las que captan la mayor porción de beneficios son las empresas de consumo, la producción sólo se expandirá horizontalmente y no verticalmente (se capitalizarán más las empresas, pero no se añadirán más etapas al proceso productivo incrementando la productividad de la economía) y sus posibilidades de crecimiento serán realmente escasas.

Lo cierto es que las empresas al consumo son sólo la parte más visible de la economía para los consumidores y los profanos. Pero no son necesariamente las más importantes. Muchas empresas de bienes de consumo (como General Motors) obtienen un pobre rentabilidad sobre el capital invertido; otras empresas de bienes de capital o materias primas (como Nucor) obtienen elevadas rentabilidades sobre el mismo. Es evidente que la creación de valor añadido y, por tanto, el crecimiento en estos dos casos no depende de la publicidad ni del consumidor. Es más, muchos proyectos que podrían proporcionar una gran rentabilidad pero que implican un gran riesgo no llegan a emprenderse porque el consumo es excesivo y no hay ahorros suficientes como para financiarlos. ¿Acaso las empresas de capital riesgo no deberían hacer anuncios a favor de un menor consumo?

En cualquier caso, ya basta de la milonga subconsumista y keynesiana de que el consumo es el motor de la economía. Totalmente falso: el consumo recoge frutos, pero no planta árboles. Si no ahorramos suficiente comida, no podremos esperar a replantar la cosecha y a recolectarla, de modo que deberemos renunciar a la agricultura intensiva y volver a la recolección de frutas.

Siguiendo con este error, Pijus afirma que: Como "curiosidad", recordar que uno de los supuestos básicos del modelo neoliberal es que toda persona consumirá cuanto más mejor.

Tampoco es cierto. De hecho ninguna ciencia económica, ni siquiera la neoclásica, afirma eso. La proposición es que más de un bien es mejor que menos. Pero para consumir hay que producir y por tanto trabajar. El trabajo lleva asociado el coste de renunciar al ocio, por tanto sólo se consumirá más cuando la utilidad marginal del bien (o la utilidad marginal del ocio asociada al bien) supere a la del ocio no disfrutado por producir el bien.

En definitiva, la racionalización es un fenómeno dudoso y que en todo caso tendría un carácter extraeconómico. La economía es una ciencia a priori capaz de describir completamente la estructura de la acción (que no la elección concreta). No puede tratar de condicionar y modificar la realidad porque sólo la describe.

Animaladas progres

Este martes he escrito en LD sobre la plataforma "Igualdad Animal" que promueve la extensión a todo el reino animal de los mismos derechos que los seres humanos.
Esta capacidad de llegar a acuerdos sobre el respeto a la libertad ajena es precisamente lo que nos convierte en sujetos de derecho, a los que se les puede conferir derechos y obligaciones. Ningún otro animal ha desarrollado hasta el momento una facultad similar. Mientras esto no suceda, los seres humanos podrán seguir dominando y apropiándose de los animales. Lo contrario sería caer en un ridículo igualitarismo primitivista que pretende olvidar y marginar la característica distintiva del ser humano: su capacidad de utilizar conscientemente la razón para lograr sus fines respetando la libertad y la propiedad privada ajenas.

Soltar a todos los animales provocaría tan sólo un caos monumental, que terminaría con la muerte de la mayoría en tan sólo unos días. Los animales carnívoros no sabrían cazar; otros, como los conejos, los pollos o los cerdos, no sabrían cómo orientarse, dónde buscar sustento silvestre (entre otras cosas, porque ni siquiera habría suficiente para todos), cómo esconderse de sus depredadores.
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19 de Diciembre de 2006

Entrevista en la radio

Aunque Antonio Salazar ya lo ha publicado en su bitácora, dejo constancia en la mía. Esta mañana me ha entrevistado en La Gaveta de Radio Millenium sobre el estudio de la sociedad de propietarios. Aquí podéis escuchar la entrevista.

Muchas gracias Antonio.

PD: Si alguien se pregunta por el tono de mi voz, sólo decir que la noche anterior fue la fiesta de cumpleaños del profesor Huerta de Soto.

18 de Diciembre de 2006

Los datos de Pinochet, por Albert Esplugas
Reproduzco a continuación la carta de Albert Esplugas al diario La Vanguardia publicada el día 17 de diciembre:
El editorial del 11/ XII/ 2006 sobre la muerte de Pinochet hacía referencia a 3.500 detenidos desaparecidos, 10.000 muertos por violaciones de derechos humanos y más de trescientas mil víctimas de tortura durante su dictadura.
¿De dónde sacan estas cifras? El informe Retting e investigaciones posteriores han fijado el número de muertos y desaparecidos en 3.000 personas, y el de las víctimas de torturas en 30.000. Cada persona inocente ejecutada es una injusticia imperdonable, no hace falta inflar las cifras para condenarlo.

Es una lástima, asimismo, que el editorial pase de puntillas sobre la naturaleza del régimen socialista de Salvador Allende.

El acuerdo de la Cámara de Diputados de 1973 precisamente acusaba al gobierno de quebrantar la Constitución y llamaba al ejército a restablecer el orden constitucional. El golpe de Pinochet interrumpió un proceso de cubanización, con nacionalizaciones y restricciones económicas, cierre de periódicos y radios, socavamiento de las instituciones, milicias socialistas armándose... El golpe recibió un amplio respaldo social, ya que Unidad Popular gobernaba con un 35% de los votos y la mayoría de centroderecha no podía destituirlo porque no tenía los dos tercios de la Cámara. Incluso Democracia Cristiana, que hoy gobierna y que fue opositora de la dictadura, dio su beneplácito al golpe.

Un editorial sobre la dictadura pinochetista también es incompleto sin una mención a las reformas liberales que tuvieron lugar durante ese periodo, y que han hecho de Chile la economía menos intervenida y más próspera de Latinoamérica. Estas loables reformas, como la privatización del sistema de pensiones, en nada justifican la violación de los derechos humanos.
Consumismo estatal

Este lunes escribio en el Instituto Juan de Mariana sobre el consumismo al que nos inducen ciertas regulaciones del Estado y la hipocresía de todos los grupos anticonsumistas que prefieren no denunciarlas.
Impuesto sobre sucesiones: El impuesto sobre sucesiones disminuye la riqueza que percibirán los herederos, de modo que los propietarios actuales tienden a reducir y dilapidar sus patrimonios en mayor medida. Dado que no pueden transmitirlo íntegramente a sus sucesores, el consumo presente se vuelve más intenso.
Casualmente ninguno de los autoproclamados enemigos del consumismo ha dedicado ni un segundo en criticar alguna de las intervenciones económicas que incentivan esta "plaga de nuestro tiempo". Parece más bien que el consumismo sea sólo una excusa vistosa para reclamar que el Estado cercene nuestra libertad de elección y estrangule el capitalismo.
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10 de Diciembre de 2006

Dos conferencias

La semana que viene estaré por Madrid para, entre otras cosas, dar dos conferencias. La primera de ellas ya la anunció José Carlos: será el miércoles a las 18.00 en la sede del Instituto de la Democracia de la Universidad San Pablo-CEU (calle Julián Romea, 23). El tema será el estudio del derecho como institución social y las consecuencias de su monopolización por parte del Estado.

La segunda tendrá lugar el viernes a las 20.00 en la sede del Instituto Juan de Mariana y versará sobre las verdaderas causas que provocaron la Gran Depresión. Aunque no me dedicaré a refutar las explicaciones rivales (lo que llevaría otra charla), sí adelanto que mis conclusiones difieren, por supuesto, de las keynesianas y monetaristas, pero también en buena medida de las de Murray Rothbard.

Estáis todos invitados a asistir.

9 de Diciembre de 2006

La ciencia económica contra el racismo

Pijus Economicus vuelve a la carga contra la economía con una nueva bicha. Si hasta el momento enemigo número uno era la grotesca publicidad que nos convertía en autómatas, ahora pasa a ser la racionalización económica.

¿Y qué es esto de la racionalización económica? Aquel método que consiste en encerrar ideas en un sistema lógico y coherente. Normalmente, aunque no es necesario, tal sistema se desarrolla analíticamente, con la ayuda de la ciencia matemática, englobándolo en un manto de cientificismo realmente engañoso. Un sistema cerrado de este tipo parte de axiomas y supuestos. A partir de ellos se obtienen conclusiones que están simplemente por descubrir, pues, realmente, han sido creadas desde el mismo momento en el que se establecieron los supuestos de partida.

Aquí ya tenemos un perfecto ejemplo de cómo Pijus emplea magistralmente lo que él llama "racionalización económica". Es decir, primero afirma que la racionalización económica utiliza juicios analíticos (es decir, aquellos cuyas conclusiones ya están contenidas en sus premisas) y luego se nos dice que es ruin porque sus conclusiones ya estaban incluidas en sus premisas. ¿Y la tuya no?

Por supuesto, a la crítica de la racionalización económica puede someterse tanto la economía austriaca como la universitaria. Aunque tenga poco interés en defender a la segunda (y en ocasiones le daré la razón a Pijus), en buena medida sí encuentro muchos de los argumentos injustos y mal empleados.

Para empezar, no es cierto ni que las conclusiones neoclásicas ni las austriacas se encuentren insertas en sus premisas. En el caso neoclásico porque emplea un poderoso instrumental econométrico que, aun siendo inadecuado para el estudio de la praxeología, sí proporciona nueva información (probablemente sesgada y errónea).

Por ejemplo, si pretendo comprobar la relación entre la cantidad de coches negros y el precio de los helados, propongo el modelo, recojo los datos pertinentes y realizo la regresión. Atendiendo a los coeficientes de correlación, AICs y demás , un neoclásico concluirá si existe relación. Tanto si la hay comi si no, se habrá creado nueva información que no estaba contenida en sus premisas.

En el caso austriaco, no se establece ningún conjunto de axiomas, tan sólo uno permite derivar el entero cuerpo teórico de la praxeología: el hombre actúa. En este sentido, parece claro que las conclusiones económicas no están contenidas en el mero axioma, sino que tienen que ser extraídas a través de un complejo proceso lógico deductivo. Por tanto, en el caso de los neoclásicos estamos ante juicios sintéticos a posteriori y en el de los austriacos en juicios sinténticos a priori.

Vayamos ahora a las intenciones de la racionalización económica según Pijus: Estos modelos tienen una doble función. Esperan, de un lado, describir la realidad social, esperando poder predecir, de ese modo, comportamientos futuros.

Aquí hay una falsa causalidad. El hecho de que permitan describir la realidad social no significa que puedan predecir la realidad social del futuro. Ya lo expliqué aquí: La economía no predice el estado futuro de las cosas, sino las implicaciones lógicas de la acción. Sabemos que un incremento de la demanda de un bien incrementa su precio, pero ¿realmente se incrementará en la realidad? ¿Es esto una ley? Desde luego, si la cantidad de ese bien se dobla, es probable que no se incremente el precio, incluso que disminuya. Sin embargo, lo cierto es que un aumento.

Otra cosa es que muchos econometras sí caigan en esa trampa, pero desde luego no los austriacos. pero además, la descripción de la realidad social que pretende realizar la economía es tan humilde y restringida que la predicción sobre la elección humana es simplemente imposible. Podremos realizar ciertas predicciones cualitativas, pero a menudo ni podremos observar cómo esas predicciones terminan plasmándose en hechos mensurables.

La otra finalidad de la racionalización es: desfigurar la realidad y hacerla girar en el sentido que su modelo describe, acabando por sustituirla. Y de este modo: aquellos incompletos supuestos, a fuerza de presentarse como verdaderos, acaben convirtiéndose en reales y ciertos. Cuando toda la humanidad cree en una mentira, ésta pierde su condición de falsedad y se transforma en verdad. Así, las conclusiones que se obtuvieron en el análisis teórico se asumen como válidas antes de ejecutar cualquier acción, y es posible que el consumidor acabe comportándose de idéntica forma a la predicha, pero no por las razones esperadas.

Pijus aquí sólo cae en la trampa que él mismo se ha dispuesto. La ciencia económica no puede modificar la elección humana, ni tan siquiera influirla, porque no es su campo de estudio. De hecho, la economía debe dedicarse a estudiar aquellas implicaciones de la acción humana que no sean susceptibles de manipulación por la voluntad humana. Por ejemplo, según Pijus si un modelo económico describe que los coches grandes son preferidos por la sociedad, terminarán siéndolo.

El problema es que ese modelo económico no tiene nada de económico y sí mucho de sociológico, disciplina que por definición no puede ser a priori. En todo caso, Pijus debería denunciar la racionalización sociológica, pero no la económica.

Para entender la diferencia, veamos qué sucedería tratando de aplicar la racionalización económica a la praxeología. Un incremento de la cantidad de un bien reducirá su precio por debajo del que habría alcanzado sin ese incremento de la cantidad. Según Pijus esta podría ser una conclusión teórica falsa que parte de premisas erróneas o incompletas pero que se convierte en cierta porque la sociedad ha asumido que debe ser así.

Esto tiene un grave problema ya de inicio. Aun suponiendo que toda la sociedad conozca tal conclusión económica (lo cual es más que dudoso) y que conozcan todos (¿asumimos información simétrica, perfecta y completa para validar tu teoría, Pijus?) que la oferta ha aumentado, carecerían de la información necesaria para coordinar la acción de todos y lograr que el precio de un producto reprodujera el patrón esperado. ¿Cuál debería ser el comportamiento de cada agente para que, finalmente, el precio experimentara una reducción que en caso contrario no se produciría? Sería necesario un detallado y meticuloso plan para que todas las piezas encajaran, lo cual resulta simplemente imposible.

Pero además, hemos dicho que la ciencia económica se encarga de estudiar las implicaciones necesarias de la acción, esto es, aquellas consecuencias que no son susceptibles de manipulación por la voluntad humana, precisamente porque son la estructura por la que discurre dicha voluntad. Supongamos que todos los individuos se coaligan para incrementar su demanda cuando la oferta de un bien aumenta, en este caso, las variaciones de precio quedarían contrarrestadas o incluso podrían tener lugar oscilaciones al alza.

¿Significa que los precios pueden no bajar cuando la oferta aumenta? La ley económica sólo establece que serán menores a los que habrían sido; esto es, sin el incremento de oferta y con el incremento de demanda, los precios serían aun mayores. Aun queriéndolo, los seres humanos no podrían evitar esa implicación de su acción y, por tanto, las leyes económicas no subsisten por mera manipulación social, sino porque se insertan en la estructura de la acción (de modo similar, aunque más poderoso, al respeto que la acción debe mostrar por las leyes físicas).

Vemos pues como Pijus cae en una suerte de historicismo y nihilismo epistemológico, donde la economía simplemente desaparece como ciencia y donde la sociedad puede construirse a través de la correcta educación social. Si no hay leyes podemos redirigir al ser humano, a la sociedad y a la economía hacia allí donde consideremos pertinente.

Ahora bien, ¿a qué viene el título del post? Pijus aplica en otro artículo su crítica a la racionalización económica y concluye que conduce al racismo: Podemos, por ejemplo, llegar a justificar el racismo. Lo podemos lograr de forma que gracias a la ciencia formal usada en el desarrollo del modelo, se dote a nuestras conclusiones de un abrigo de cientificismo difícil de cuestionar y rechazar en la sociedad moderna. Imaginemos, por ejemplo, que nos proponemos analizar la incompatibilidad cultural, estudiando para ello, y de forma empírica, los casos de conflictos entre seres humanos de distintas culturas. Así, obtendremos datos estadísticos que describen la relación existente entre los delitos y el origen de los delincuentes. Los resultados demostrarían que los argelinos, por ejemplo, tienen una relación con el delito treinta veces mayor que los españoles.

Lo primero que hay que repetir con este ejemplo es que, en todo caso, no estaríamos ante una racionalización económica, sino sociológica. Segundo, economistas no del todo austriacos han denunciado la manipulación de las estadísticas muy al estilo de Pijus (La clave ha estado en la elaboración de los supuestos: en el momento en el que hemos decidido relacionar origen de los delincuentes y delitos, y no, por ejemplo, el color del pelo, la renta económica, cualquier factor cualitativo, etc. y los delitos), por ejemplo Thomas Sowell, cuya recopilación de manipulaciones estadísticas puede encontrarse en este gran artículo de Dani.

Pero además, es curioso que Pijus atribuya a la racionalización económica -en realidad a la ciencia económica, ya que como historicista cualquier conocimiento apodíctico le parece racionalización- la pulsión racista.

De hecho, la historia de la economía nos ilustra con un caso curioso y poco conocido. Casi todo el mundo habrá oído que se califique a la economía como "ciencia funesta". La expresión la acuñó el historiador Thomas Carlyle; ahora bien, la mayoría de la gente cree erróneamente que la expresión se debe al desencanto que le ocasionaron las conclusiones de los economistas clásicos, especialmente Malthus, sobre el agotamiento de recursos y el estado estacionario.

En realidad, Carlyle calificó a la economía como ciencia funesta porque consideraba que nos abocaba a la degradación moral al equiparar a todos los seres humanos en su análisis; es decir, Carlyle se quejaba de que los economistas hablaran de "trabajo" o "productividad" y no distinguieran entre el trabajo y la productividad de los blancos y los negros. La primera vez que Carlyle menciona el término ciencia funesta es aquí: Ciertamente, mis amigos filántropos del Exeter Hall [el Exeter Hall era un centro evangelista de Londres que se convirtió en el referente de la lucha antiesclavista] es maravillosa; y la ciencia social -no una Gaya Ciencia, sino triste -que encuentra su secreto en el universo de la "oferta y la demanda" y reduce la tarea de gobernar a los seres humanos con dejarles libres, es también maravillosa. No una Gaya ciencia tal y como hemos oído, sino, diría yo, una lúgubre, desconsolada y además bastante abyecta ciencia; algo que podríamos denominar "ciencia funesta". Estos dos, el Exeter Hall y la ciencia funesta, unidos por la causa sagrada de la emancipación negra, o cosas similares, al enamorarse y casarse, darán lugar a vástagos y prodigios; criaturas deformadas, abortos innombrables y monstruosidades varias como todavía no ha visto el mundo.

Así, William Rathbone Greg, siguiendo a Carlyle, criticaba a Mill porque "nunca considera que un irlandés es un irlandés y no un ser humano medio -un hombre con idioma e idiosincrasia, nada abstracto". Para saber más sobre la cuestión puede leerse el detallado análisis de David Levy y Sandra Peart.

En cualquier caso, lo importante es darse cuenta de algo que Pijus todavía no ha entendido. En tanto la ciencia económica analiza la estructura de la acción para cualquier ente con capacidad volitva para actuar, consideraciones como el racismo le son totalmente ajenas. De hecho, en realidad, son mucho más frecuentes entre quienes sostienen que los africanos no pueden desarrollarse sin ayuda externa y que los esquemas del capitalismo occidental no les sirven.

En definitiva, a) no es cierto que el auténtico objeto de la ciencia económica requiere partir de mentiras o medias verdades, b) no es cierto que el interés de la economía esté enfocado a beneficiar al statu quo, es decir, a los privilegiados a quienes conviene permanecer en esa excelente situación donde la fuerza no es necesaria para dominar, cuando se ha seguido un proceso lógico-deductivo adecuado, c) no es cierto que la verdad económica depende las premisas adoptadas, d) no es cierto que la economía sirva de base al racismo, simplemente porque la estructura de la acción y sus implicaciones lógicas son necesariamente iguales en todas las acciones teleológicas.

8 de Diciembre de 2006

Un clásico de nuestro tiempo

Este jueves reseñé brevemente el libro de Huerta "Dinero, Crédito Bancario y Ciclos Económicos" en Libertad Digital, aprovechando su tercera reedición y su traducción al inglés. No se trata, claro está, de una reseña exhaustiva, que en todo caso requeriría bastante más espacio, sino de una exposición de las ideas básicas del libro.

No fue hasta 1998 cuando el profesor Jesús Huerta de Soto cogió el testigo de Mises y publicó su “Dinero, Crédito Bancario y Ciclos Económicos”, cuya relevancia ha propiciado que recientemente fuera traducido al inglés por el Mises Institute y se reeditara por tercera vez al castellano.

Huerta de Soto expone cómo las tan cacareadas crisis y depresiones endémicas del capitalismo no son en realidad más que productos del intervencionismo del Estado en colaboración con el sistema bancario. La economía de mercado no padece de frecuentes auges y crisis, sino que se ve desestabilizada por el monopolio estatal sobre la emisión y regulación del dinero.
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6 de Diciembre de 2006

Hasta en la sopa
Este martes escribo en Libertad Digital sobre el creciente número de competencias que el Estado asume aun cuando su actuación es nefasta en todas ellas.

Estos fracasos tampoco lograron refrenarlo y se expandió, con la aquiescencia de la mayoría de la población, hacia nuevos estadios como educación, sanidad y pensiones, esto es, el Estado de bienestar. ¿Cuál ha sido el resultado de años de dirigismo e interferencia en tales actividades? La calidad de la educación empeora año a año a la par que el fracaso escolar y el número de analfabetos funcionales. Las listas de espera colapsan la sanidad e impiden durante largos periodos de tiempo el acceso a una cura a miles de personas. Las pensiones están en quiebra técnica por lo que las futuras generaciones no percibirán aquello por lo que han contribuido coactivamente.

Todo esto es completamente antitético a la actuación de una empresa. Las compañías suelen comenzar a diversificarse cuando han alcanzado la máxima eficiencia en su mercado original y no pueden seguir creciendo. Es en ese momento cuando deciden aventurarse a producir otros bienes o servicios con la máxima prudencia y diligencia: cualquier error en ese nuevo mercado les puede abocar a desaparecer. En cambio el Estado tiende a extenderse conforme peor lo está haciendo.
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1 de Diciembre de 2006

Primeras críticas a la sociedad de propietarios

Me pasa Albert una primera crítica al estudio del IJM sobre la sociedad de propietarios que no me resisto a comentar.  Al menos  algún no-liberal se ha puesto a reflexionar sobre la propuesta.

Una parte del post hace una crítica a algunos cálculos financieros del estudio por lo que en algunos epígrafes tendré que recurrir a las matemáticas financieras que normalmente no resultan demasiado intuitivas (así que intentaré ser tan didáctico como pueda). La otra no son más que los típicos topicazos acientíficos sobre economía a los que los liberalófobos tan acostumbrados nos tienen.

Un estudio anarcocapitalista


El primer error del post de Aiarakoa es afirmar que el estudio sobre la sociedad de propietarios es anarcocapitalista: Andan los neoliberales día si y día tambien buscando, no ya una version lightweight del Estado - que sea menos intrusiva, que cobre menos impuestos, etc -, sino la abolición del Estado(…)Y en estas estamos cuando lanzan La Propuesta Definitiva, un futuro en el que - siempre según ellos - ataremos los perros con longanizas si tiramos abajo el Estado y renunciamos al modelo de Bienestar.

Lo cierto es que el estudio no tiene nada de distintivamente anarcocapitalista. Primero porque algunos de los autores no lo son. Segundo porque sus tesis son perfectamente asumibles para cualquier minarquista. Tercero porque sólo se propone la progresiva eliminación del Estado de Bienestar y no del Estado regalista. Cuarto, porque en el propio estudio (pág. 36) se contempla la posibilidad de que en aquellos casos que no quedan cubiertos de una u otra forma con los  mecanismos anteriores, el Estado podría asumir subsidiariamente la aportación  de un mínimo vital al ciudadano desamparado. (Otra cuestión es que yo particularmente no esté de acuerdo en esto).

En otras palabras, se trata de un estudio que, salvo pequeños detalles, puede ser asumido perfectamente por los anarcocapitalistas, del mismo modo en que terminar con la esclavitud es un objetivo anarcocapitalista sin que ello implique que todos los abolicionistas sean anarcocapitalistas.

Jugar a bolsa


Aiarakoa comenta cuál es la alternativa del estudio al Estado de Bienestar: ¿cual es su solución mágica? Jugar a la bolsa ô_Ô En este punto de la conversación uno piensa ... vale, me estan vacilando ... bueno diría que sí, que nos están vacilando aunque carezco de pruebas :) De lo que si tengo pruebas es que, por favor, futuros universitarios, padres de futuros universitarios, si se plantean ir/enviar a sus hijos a estudiar Economía, no lo hagan en las mismas universidades que Juan Ramón Rallo y compañía ...

No puedo estar más de acuerdo en la última afirmación, aunque probablemente por motivos distintos a los de Aiarakoa. Si quieres ser economistas, lean buenos libros de economía, pero no esperen aprender demasiado en la universidad regulada.

En cualquier caso, me interesa destacar el término “jugar a bolsa” que emplea el autor. Es posible que tan sólo se trate del uso de una expresión coloquial –muy incorrecta por cierto- aunque me temo que esconde algo más: una profunda incomprensión de la economía.

Cuando alguien compra una acción no está comprando un cartón del bingo, sino una porción de una empresa. Las acciones no tienen valor porque la gente convenga que así es (como los billetes del monopoly durante la partida), sino porque representan un titulo de propiedad sobre una estructura productiva que genera bienes y servicios que pueden intercambiarse por dinero. En otras palabras, si yo tengo el 100% de Google soy multimillonario, si yo tengo el 0’0000000001%, seré un 0’0000000001% de millonario.

Las acciones me otorgan derechos sobre el valor de la empresa, presente y futuro. Si yo tengo una porción de algo que vale mucho y cada año vale más, esa porción valdrá más cada año.

¿Entonces que pasa con los altibajos en los precios de las acciones? La perspectiva que defiende el estudio es de la inversión a largo plazo, esto es, despreocupándonos en cierta medida de si la acción está sobrevalorada o subvalorada en el momento de la adquisición (aunque esto sea muy relevante, ya que condiciona la rentabilidad futura) y centrándonos en conseguir las ganancias derivadas de capitalizar los beneficios futuros que genere.

Las oscilaciones a corto plazo reflejan simplemente disparidades de valoraciones de la empresa, que se solventan comprando o vendiendo. Si yo compro hoy y espero vender mucho más caro en una semana, en realidad no estoy capitalizando nada (porque la empresa no habrá cambiado mucho a una semana vista): simplemente estoy especulando, creo que en una semana la empresa se valorará más de lo que se valora hoy.

Aunque ésta es una función muy importante de los agentes bursátiles (ya que en buena medida proporcionan liquidez al mercado y permiten que siga funcionando), sus beneficios no deberían considerarse como rentas del capital, sino del trabajo (lo cual no significa que sean salarios, cuidado).

No hay ningún juego: la inversión a largo plazo trata de participar en los beneficios que están generando las mayores empresas del país. Empresas que si fueran globalmente a la quiebra, paralizarían la economía y cualquier otro mecanismo para prosperar y mantener una cierta estabilidad económica (entre ellas el Estado de Bienestar). Otra cuestión es que sufran de crisis puntuales que puede llevar a algunas de ellas a la quiebra, pero eso está relacionado con el ciclo económico y no con los riesgos de la bolsa (en este sentido es muy recomendable leer las páginas 59 y ss del estudio para comprobar que las mayores oportunidades de ganancia se encuentran, precisamente, durante la crisis).

Tasas de variación

Empezamos con las críticas matemáticas de Aiarakoa. En la primera de ellas acusa al estudio de hablar de rentabilidades reales del 7% anuales de manera incorrecta. La razón es que: la inflación del n % se calcula multiplicando 100 ( valor del año t0 ) por (1+n/100), siendo que por ejemplo si la inflación es 6 %, lo que costaba 100 costará en t1 106. ¿Y si el año anterior tambien fue del 6 %? ¿Lo que cuesta 100 costaba 94? NO; cuesta 100/1'06 = 94'34 ... puede parecer una diferencia minúscula, sin embargo a lo largo de 30 años - que es el plazo que este estudio cientifico toma - se hace muy sensible.

El estudio afirma que es muy realista lograr rentabilidades reales del 7% anual, ya que la bolsa se revaloriza aproximadamente un 10% cada año y la inflación ronda el 3%, con lo cual la revalorización real ronda el 7%. Aiarakoa no está de acuerdo, ya que 100*1,1/1,03 no es igual a 107 sino a 106,79. En otras palabras, la rentabilidad no seria del 7% sino del 6’79.

¿Es esto importante? Por supuesto que lo es. Ahora bien, cuando el informe habla de lograr el 7% no se refiere a que cada año la bolsa se revalorice un 10% y la inflación sea un 3%; de hecho, ni siquiera se refiere a que la media histórica sea clavada un 10% y un 3% sin decimal alguno. Estamos hablando de aproximaciones realistas del futuro atendiendo a datos pasados. Aquí no se estaba realizando cálculo alguno preciso sobre la evolución futura del mundo, sino afirmando que en tanto el crecimiento nominal de la bolsa ronde el 10% y la inflación el 3%, la rentabilidad real se aproximará al 7%.

De hecho, si nos vamos a la página 54, podemos leer que la media histórica del S&P 500 desde 1926 hasta 2002 fue del 10,2% mientras que la inflación media del 3,05%, lo cual da una rentabilidad real del 6’93%, esto es, casi el 7%.

Pero es que aun tomando el 6’79% que tanto escandalizaba a Aiarakoa, ¿supone una variación tan grande de nuestros resultados? Vayamos al ejemplo de las páginas 47 y 48, esto es, un joven que durante 15 años ahorra dos millones cada año y los capitaliza a un 10% nominal con un 3% de inflación.

El cálculo, en efecto, se ha simplificado tomando un 7% real y ello da “algo más de 50 millones”, en concreto 50258044,02. ¿Qué pasaría si hubiéramos tomado el 6’79% anual? Pues que el resultado sería de 49475800,51. Si seguimos con los cálculos, en los siguientes 10 años se prevé al 7% 99 millones reales y al 6’79% se queda en 95’5 reales.

En este momento se calculan las rentas de la jubilación (pues suponemos que se retira a los 50), si tomamos el 7% obtenemos unas rentas anuales de 6’92 millones de pesetas, si tomamos el 6’79% de 6’48 millones. Es decir, una diferencia de 44 mil pesetas al año o de 3600 al mes. ¿Invalida esto las conclusiones extremadamente positivas del estudio? Juzguen ustedes mismos.

Y luego opinen si por 3600 pesetas al mes teníamos un elevado interés en manipular las cifras del tipo de interés o si simplemente adoptamos un 7% en lugar de un 6’79% para simplificar los cálculos y que resultaran más inteligibles al lector.

Rentas crecientes a razón q


La siguiente crítica matemática de Ariarakoa se refiere al segundo ejemplo puesto en el estudio. Recordemos que incluimos un caso (páginas 48 y 49) donde las aportaciones anuales eran más reducidas para ilustrar qué sucedería con aquellos individuos con rentas más bajas.

En concreto, se proponía un ahorro de 700000 pesetas anuales (4200 euros) que se incrementaran cada año en un 4% (por ejemplo, gracias a los incrementos del salario). Ariarakoa dice: La inflación repercute año a año en las anualidades; si dentro de diez años aporto 4200*(1'04)^10 = 5977'91 euros estaré aportando - considerando inflación del 3 % - realmente 4581'57 Euros tomando como referencia su valor en el año cero. Ahi hay muchísimos euros que se van al desagüe en sus quiméricas cábalas.

Lo primero un matiz. La aportación nominal en el año décimo no será 4200*(1’04)^10, como dice Ariarakoa, sino 4200*(1’04)^9. El motivo es que la primera anualidad es igual a 4200, la segunda 4200*1’04, la tercera 4200*1’04^2… y la décima 4200*1’04^9.

Segundo, leyendo a Ariarakoa parecería que el estudio no tuviera en cuenta la inflación y esto es totalmente falso.

La fórmula del valor futuro de una renta anual que se incrementa a razón q es C*[(1+i)^n – q^n]/[(1+i)-q], donde C es el capital que se aporta cada año, i el tipo de interés anual, n el numero de años y q el incremento anual de la renta.

Aplicando la fórmula anterior al caso de una renta de 700000 que se incrementa anualmente a razón del 4% y que se revaloriza en términos reales un 7%, la fórmula es: C*[(1+i)^n – q^n]/[(1+i)-q]= 700000*[(1+0’07)^15 – 1’04^15]/[(1+0’07)-1’04], lo cual da un resultado de 22355387,49.

Según Ariarakoa las aportaciones deberían estar corregidas por la inflación. Es decir, en lugar de aportar el segundo año 700000*1’04, deberíamos contabilizar que aportamos 700000*(1’04/1’03).

El problema es que si hacemos esto descontamos dos veces la inflación, ya que el 7% supone una revaloración real y no nominal de las rentas. Por tanto, o descontamos la inflación en el tipo de interés nominal o la descontamos en las aportaciones nominales, pero no ambas. Podemos verlo más claramente si calculamos las rentas nominales año a año y luego descontamos la inflación:

Año Aportacion nominal Aportación nominal capitalizada Aportación real capitalizada
1 700000 2658248,835 1757415,637
2 728000 2513253,444
1711403,3
3 757120
2376166,893
1666595,65
4 787404,8 2246557,789
1622961,146
5 818900,992
2124018,274
1580469,072
6 851657,0317 2008162,731
1539089,519
7 885723,3129
1898626,582
1498793,357
8 921152,2455 1795065,132
1459552,221
9 957998,3353
1697152,489
1421338,491
10 996318,2687
1604580,535
1384125,265
11 1036170,999
1517057,96
1347886,349
12 1077617,839
1434309,344
1312596,233
13 1120722,553
1356074,289
1278230,077
14 1165551,455
1282106,601
1244763,69
15 1212173,513
1212173,513
1212173,513
Total 14016511,35 27723554,41
22037393,52

Para obtener esta tabla he procedido del siguiente modo:

La aportación nominal de cada año es sólo 700000 por la razón. Esta columna expresa en términos nominales lo que ingresa el inversor a su fondo cada año.

La aportación nominal capitalizada es igual a la aportación nominal por el tipo de interés nominal (10%) elevado al número de años que faltan hasta 15. Por ejemplo, la del primer año es 700000*1,1^14. Esta columna expresa el valor nominal de cada aportación del inversor al cabo de 15 años.

La aportación real capitalizada es igual a la aportación nominal capitalizada entre la inflación acumulada hasta el año 15. Así, de nuevo, en el caso del primer años es igual a 2658248,835/1,03^14. Esta columna expresa el valor en pesetas actuales de la aportación nominal capitalizada, esto es, el poder adquisitivo ajustado de las distintas aportaciones capitalizadas.

Como vemos, el total de la tercera columna, 22037393,52, es casi idéntico a la cuantía ofrecida en el estudio (la diferencia proviene de que hemos utilizado un tipo de interés nominal del 10% y en el primer caso habíamos usado un 7% real; deberíamos haber empleado o bien un 10,21% nominal o un 6’79% real).

Esto significa que si utilizáramos la propuesta de Aiarakoa para calcular la renta real en, por ejemplo, el año dos deberíamos aplicar la siguiente fórmula (C/1.03)*1,04*(1,1/1,03). En otras palabras, estaríamos descontando dos veces una inflación del 3%, por lo que, en realidad, operaríamos bajo la hipótesis de una inflación del 6% anual.

En definitiva, si suponemos una capitalización real menor no podemos, a su vez, suponer un valor nominal de las rentas menor, porque entonces lo minoramos todos. O ajustamos la inflación vía rentabilidad o vía rentas, pero no ambas.

Lo más claro es colocar la corriente de pagos y capitalizaciones nominales y luego ajustar la inflación acumulada. Lo siento pero Ariarakoa, pero fracasa cuando dice que lo que les perjudica absolutamente es el acumulado de la inflación que destroza sus cabala. La tabla no destroza cabala alguna.

Capitalización

Ariarakoa sigue con su crítica: Y es que si, sin contar la inflación, contasen el beneficio bruto de su inversión se darían en cuenta que si inviertes 400000 Euros y te dan 3'1 millones de euros, el beneficio absoluto se calcula (3'1 - 0'4)/0'4 + 1 = 7'81 veces lo invertido; sin embargo, el beneficio anual se estima con la raiz 30 de 7'81 que es 1'0527, o sea, un 5'27 % anual - y eso utilizando su baremo erróneo

Reconozco que no sé de dónde salen las cifras de 400000 y 3,1 millones; pero desde luego no de nuestro estudio. Supongo que será un ejemplo de cómo calcular los tipos de interés, que resulta válido y no contradice nuestro estudio. (De todas formas sus números están mal, ya que en realidad calcula la raíz cuadragésima, no la trigésima).

Este mismo cálculo del interés compuesto lo podemos utilizar nosotros. Si tomamos la primera columna de la tabla anterior vemos que (1757415,637 -700000)/700000 + 1 = 2’51.

Si aplicamos la raíz décimo cuarta a 2’51 obtenemos 1,0679, esto es el 6’79% anual de rentabilidad que habíamos utilizado. Nada nuevo bajo el sol.

Pensiones menguantes

El último punto que quiero tocar hoy es el de las supuestas pensiones menguantes: Es muy bonito lo que dicen en la pagina 50 del PDF sobre en valor de año cero tendrán una renta vitalicia de 2400 euros mensuales del año cero - que por ser rentas pasivas iran menguando año a año, pasando de cobrar una pension mensual de 2400 euros a los 55 años a cobrar una de 1700 a los 65 años.

El estudio supone que a los 40, 45 o 50 años se dejan de añadir nuevas rentas, de modo que pasamos a vivir de la rentabilidad de la riqueza creada. El razonamiento del autor ha sido el siguiente: si cobramos un porcentaje fijo (7%) sobre una riqueza constante, la inflación era disminuyendo el valor real de la renta mensual. Así, si cobramos 2400 a los 55 la inflación acumulada al 3% durante los 10 años siguientes la habrá rebajado hasta 1700 euros.

Aquí, sin embargo, vuelve a cometer el mismo error que antes. Olvida que el 7% es un rendimiento real donde ya hemos descontado la inflación al dedicarla a incrementar la base de un capital creciente.

Por ejemplo, tengo una riqueza de 1 millón de pesetas y cobro un interés nominal anual del 10% y la inflación es del 3%. Mis rentas anuales son de cien mil pesetas, de las cuales gasto 97000 pesetas, pues destino las 3000 a engrosar la riqueza del millón de euros.

Así, la evolución de la inflación en base 100 durante diez años será:

Año Inflación acumulada
1 103
2 106,09
3 109,2727
4 112,550881
5 115,9274074
6 119,4052297
7 122,9873865
8 126,6770081
9 130,4773184
10 134,3916379


Mientras que el incremento del 10% nominal anual de nuestras rentas producirá los siguientes pagos:

Año   
Riqueza nominal Renta nominal (10% de la riqueza) Parte de la renta dedicado a incrementar la riqueza (3% de la riqueza o 30% de la renta nominal) Parte de la renta dedicada al consumo (7% de la riqueza o 70% de la renta) Riqueza real
(Riqueza nominal / inflación acumulada)
Renta dedicada al consumo descontando inflación
1 1000000 100000 30000 70000 1000000 70000
2 1030000
103000 30900
72100
1000000 70000
3 1060900
106090 31827
74263
1000000 70000
4 1092727
109272,7 32781,81
76490,89
1000000 70000
5 1125508,81
112550,881 33765,2643
78785,6167
1000000 70000
6 1159274,074
115927,4 34778,22223
81149,1852
1000000 70000
7 1194052,297
119405,22 35821,5689
83583,66076
1000000 70000
8 1229873,865
122987,38 36896,21596
86091,17058
1000000 70000
9 1266770,081
126677 38003,10244
88673,9057
1000000 70000
10 1304773,184
130477,3 39143,19551
91334,12287
1000000 70000
   
Como vemos, de la renta nominal que recibimos cada años reinvertimos el 3% en aumentar la base de nuestra riqueza para de este modo mantener constante el interés real que obtenemos (7%). Gracias a esto podemos dedicar al consumo cada año una cuantías real constante. Las rentas no son decrecientes aunque no incrementemos más nuestra riqueza en términos reales cuando hayamos dejado de ahorrar, porque en cualquier caso sí lo haremos nominalmente.

Inflación: un argumento a favor del mercado

En definitiva, para Aiarakoa el estudio no ha tenido en cuenta la inflación, cuando a todas luces así es. Pero, en todo caso, me gustaría recordar que, aun suponiendo que la no la hubiéramos tenido en cuenta y que, por este motivo, unos resultados financieros tan buenos como los previstos por la sociedad de propietarios no llegaran a poder materializarse, la maldad de la inflación sería un argumento a favor del mercado.

Como sabemos, la inflación es un fenómeno que genera un MONOPOLIO en la emisión del dinero respaldado por el ESTADO cuando envilece la moneda. Criticar que la inflación es mala, que desdice las conclusiones del estudio y que, por tanto, no hay que restringir el Estado no tiene mucho sentido.

La lógica detrás de ese razonamiento es el siguiente: un rico cansado de la poco saludable comida rápida, contrata a un grupo de cocineros para que le preparen la comida diaria y les pide que le cocinen los platos más salutíferos que conozcan. Pero en esto llega el cocinero jefe y le dice: “lo lamento, pero no podemos cocinar porque tenemos a un cocinero auxiliar que tira unas gotas de arsénico a los platos, de modo que sigue siendo más saludable para usted que vaya a los restaurantes de comida rápida”. Es decir, dado que el cocinero auxiliar tira arsénico en la comida más saludable del mundo, ésta deja de serlo.

¿Cuál sería la reacción que deberíamos esperar del rico? Obviamente que despidiera al cocinero auxiliar. ¿Cuál es la solución que propone Aiarakoa? Que el rico nombre al envenenador cocinero jefe. Un poco extraño.

¿Qué hay que pagar?


La siguiente imprecisión del autor es la siguiente acusación: Y con ese superbeneficio tenemos que pagar:

- Seguro médico ( se habrían cargado la Sanidad Pública )
- Educación de los hijos ( se habrían cargado la Educación Pública )
- Abogados y jueces ( se habrían cargado el turno de oficio para las rentas bajas, y además se habrían cargado por completo la Justicia tal y como la conocemos )
- Pension para la jubilación ( se habrían cargado la Tesorería de la Seguridad Social )
- Peajes ( se acabarían las vías públicas )
- etc ...


Ya hemos explicado que el estudio no propone necesariamente la desaparición del Estado; por tanto, la sociedad de propietarios, tal como está planteada, sólo debería proporcionar ingresos para pagar el seguro medico, la educación y las pensiones de jubilación.

El autor parece sugerir que con los escuálidos beneficios de la capitalización no lograríamos financiar todo ese paquete de servicios. Es curioso, sin embargo, cómo el mayor fondo de pensiones de EEUU, CalPERS, es el que agrupa al 90% de los funcionarios de California.

CalPERS ofrece una pensión de jubilación, servicio sanitario y otros servicios de asistencia para los ancianos (al estilo de la Ley de Dependencia “estatal”, pero de carácter no coactivo) y tiene 210000 millones de dólares en activos como bonos o acciones (que supongo que Aiarakoa considerará fichas de casino sin valor real alguno).

Lo curioso del caso es que, por supuesto, los funcionarios lo eligen porque es asequible y porque al precio pedido les ofrece los servicios que desean. Algo similar ocurre en España, que el 85% de los funcionarios elige las mutuas privadas porque se les permite elegir. ¡Y lo curioso del caso es que el Estado se ahorra dinero por el hecho de que elijan al sector privado!

Parece ser que cuando los políticos paternalistas dejan a la gente decidir, surgen alternativas muy superiores a los paupérrimos servicios que nos ofrece el Estado de supuesto Bienestar.

Auténticos mileuristas


El siguiente problema que ve Aiarakoa es cómo atender pagos mensuales de 350 euros si la mayoría de los ciudadanos de este país son “mileuristas”: ¿como carajo vamos a costearnos todos esos servicios? En un país donde segun publica la Vanguardia, el 57 % de los asalariados son mileuristas ya que cobran 1000 euros mensuales BRUTOS o menos, ¿qué mas da que ese miserable sueldo de 1000 euros - netos si no se paga impuestos, que es la premisa - suba un 4 % neto anual?

Veamos, un mileuristas es una persona que cobra en torno a 14000 euros al año. El estudio plantea la inversión de 4200, lo que deja una renta neta anual de 10000 euros, en torno a 830 euros al mes.

Sin embargo, esta cifra tiene un problema y es que supone que seguimos pagando los mismos impuestos y las mismas cotizaciones a la Seguridad Social que cuando teníamos sanidad, pensiones y educación gratuitas. La sociedad de propietarios parte de la eliminación de las cotizaciones a la seguridad social y de una reducción muy importante de impuestos, por tanto, los mileuristas dejarían simplemente de serlo.

Dejemos de lado el IRPF (ya que un mileurista estará pagando tipos bastante reducidos, si bien hay que tener en cuenta que los tipos progresivos le obstaculizan la movilidad social como analizamos en el estudio), y pensemos simplemente en qué supondría eliminar las contribuciones del 23,6% de las empresas a la seguridad social.

Dado que esa contribución ya implica hoy un coste del trabajador para el empresario (un coste que por tanto descuenta del salario que puede pagarle) la nula contribución revertiría en mayores salarios para el mileurista, que podría pasar a cobrar aproximadamente 1200 mensuales y casi 17000 anuales.

(Por supuesto uno puede empecinarse en negar que el empresario no pagaría mayores salarios al trabajador si se eliminara el pago coactivo a la SS; pero esta aseveración sería equivalente a afirmar que si la ley no obligara a realizar pagas extraordinarias los salarios serían menores, cuando muchas empresas optan por prorratearlas mes a mes. Y, en todo caso, si su comprensión económica es tan estrecha, esta gente debería defender que ese 23,6% se pagara coactivamente al trabajador ¡pero no al Estado!).

En este sentido, siguiendo el plan del estudio dispondríamos como mileuristas de 12800 euros anuales o 1066 al mes. Si descontamos a esto la cuota mensual de un seguro sanitario privado como el de Sanitas (prestación que, por cierto, ya no cubre la contribución a la Seguridad Social) para un varón de unos 30 años, terminaríamos con algo más de 1000 euros netos al mes (el precio puede calcularse aquí).

Estos 1000 euros serían totalmente para gastar, ya que ya habríamos pagado lo suficiente para tener asistencia sanitaria y una jubilación acomodada en torno a los 50 años.

Si educación a los hijos es una partida que no estamos considerando, pero habría que tener en cuenta que estaríamos hablando de una pareja que dispondría aproximadamente de 2000 euros al mes (de donde, por supuesto, habría que pagar también la comida, la hipoteca y el ocio).

Lo que creo relevante destacar es que aun gastando totalmente esos 2000 euros estaríamos ahorrando una gran cantidad de dinero al mes que nos garantizarían el futuro, muy al contrario de lo que sucede ahora.

¿Qué solución si no?


En cualquier caso, la argumentación de Aiarakoa no deja de ser incoherente. En otro de sus posts, donde criticaba a Valín por su artículo de los mileuristas, afirmaba: Si señores, segun Valin, la culpa no es de la empresa que aumenta sus beneficios año a año y no redistribuye parte de esos beneficios, la culpa es ¡del Estado!

En ese post Aiarakoa caracterizaba el crecimiento de los beneficios como tan mayúsculo que sumía en una auténtica miseria a los trabajadores. Dejando de lado la incomprensión del proceso de mercado y la confusión de la teoría del valor-trabajo, hay algo que no cuadra: la sociedad de propietarios propone participar en los beneficios de esas empresas para alcanzar el bienestar. Aiarakoa, sin embargo, es escéptico porque dice que las rentas derivadas de esa participación serán insuficientes y menguantes.

Por tanto, si el trabajador no participa en los beneficios es explotado y pauperizado por los enormes beneficios; si participa, gana muy poco porque las rentas son insuficientes, a pesar de ser rentas de una cuantía enorme y creciente a tasas anuales elevadas.

Bien, supongamos que las empresas, en el mundo de Aiarakoa, renunciaran a buena parte de sus beneficios para repartirlos entre los trabajadores. ¿Mejoraría su situación? Según el autor muy poco, ya que la inflación se lo comería prácticamente todo. Si esto es así, los beneficios de las empresas no pueden tener la culpa de la pobreza de los trabajadores como sostenía  Aiarakoa, porque aun repartiéndolos se sostiene que serían insuficientes.

Parece más bien que el autor esté deseando crear riqueza de la nada y piense que tal extremo es posible gracias al Estado. O dicho en palabras más claras, la creación de nueva riqueza a través del Estado consistiría en lo de siempre: robar a unos individuos a través de los impuestos para que paguen prestaciones a otros individuos, aun cuando así destruyamos la riqueza.

¿Es que acaso pagan los ricos?

Con todo, me parece que Aiarakoa es incluso optimista en esa deseo. Si piensa que la única manera de elevar la vida de las clases medias no es participando en los beneficios de las empresas, sino de una redistribución más extensiva de la renta, será porque esperará que los ricos les paguen sus servicios a los pobres.

Lo cierto es que en la actualidad quienes pagan los impuestos y sostienen financieramente al Estado son las clases medias y las clases media altas, pero en ningún caso los auténticos ricos. Estos hace mucho tiempo que se dieron cuenta de los beneficios de la inversión (nota: en realidad no invierten porque son ricos, son ricos porque invierten) y cuentan con importantísimos fondos de inversión que cuentan con privilegios fiscales por parte del Estado.

Este es el caso de las famosas SIMCAV, o sociedades de inversión mobiliaria de capital variable, que se constituyen con un capital mínimo de 2,4 millones de euros. Estos fondos son el instrumento a través del cual los ricos canalizan sus ahorros y tributan al 1%. Sí, al 1%, tanto en las ganancias generadas a más de un año como a menos de uno.

Si una clase media invierte por su cuenta en renta variable, tributará por las ganancias generadas a más de un año al 15% (en breve 18%) y por las generadas en menos de un año entre un 15% y un 45%.

Siendo esto así, no parece que los ricos (y buena parte de las clases medias altas) paguen impuestos demasiado elevados. Pero en cambio, el Estado subsiste y ofrece servicios que muchos consideran “irrenunciables”. ¿Quién lo financia? Los mismos que según Aiarakoa se benefician de que paguen los ricos, a pesar de que no paguen: las clases medias.

Con impuestos más moderados esas mismas clases medias podrían gestionar su propio dinero y atender sus necesidades, ya que en buena medida ya lo están haciendo.

Los efectos omitidos

He dejado para el final unas reflexiones adicionales sobre los beneficios de la sociedad de propietarios. Aiarakoa supone que al implantar la sociedad de propietarios todo lo demás permanece constante (¡incluso los impuestos!). Pero esta hipótesis es muy poco realista.

Si incrementamos los ahorros de la sociedad (y por tanto, reducimos su consumo, especialmente el del Estado), necesariamente aumentará la acumulación de capital y por tanto la productividad de las empresas. Además la jubilación sería posible alrededor de los 40-50 años, de modo que la mano de obra se volvería más escasa.

Tenemos tres cambios: menor consumo, más productividad y menor cantidad de trabajadores. La consecuencia ineludible de todo ello son precios más bajos (por la caída de la demanda) y salarios más elevados (por la mayor productividad y la menor competencia entre trabajadores). Esto es, salarios reales en expansión.

Pero además, un capital más abundante significa el acceso a mayores posibilidades de financiación para los empresarios sin recursos propios. Se facilita el proceso de acudir a los mercados primarios para que otros (ya sean particulares, business angels o empresas de capital riesgo) se conviertan en los accionistas de tu proyecto empresarial.

Todo esto favorece, claro está, la promoción social de los individuos más habilidosos para servir las necesidades de los consumidores, esto es, de los individuos más creativos, eficientes y competitivos.

El estudio cita el caso de Chile, donde tras privatizarse el sistema de pensiones el crecimiento ha pasado del 3% anual al 7% y un 93% de los chilenos se acoge al sistema de capitalización (como siempre que se permite a la gente elegir y no se la obliga a financiar coactivamente los programas estatales). Es decir, en Chile las cosas no fueron ceteris paribus, sino que mejoraron notablemente.

Aun así, ninguna de estas previsibles consecuencias es necesaria para defender la viabilidad de la sociedad de propietarios, tan sólo añaden la guinda a un pastel de riqueza creciente donde todos los comensales han comprado el derecho a un trozo.

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