Todo un hombre de Estado: Octubre 2005Bitácora de Juan Ramón Rallo Julián
31 de Octubre de 2005Fascismo, por Sheldon Richman
El mejor ejemplo de una economía fascista es el régimen del dictador italiano Benito Mussolini. Tras sostener que el liberalismo (por el cual entendía la libertad y los mercados libres) había alcanzado el final de su función histórica, Mussolini escribió: Para el fascismo el mundo no es este mundo material, tal como aparece en la superfecie, y donde el hombre es un individuo separado de todos los demás y dejado a sus propios medios... El fascismo afirma el estado como la auténtica realidad del individuo. Este colectivismo es capturado en la palabra fascismo, que procede del latín fasces, que significa haz de varas con un hacha en ella. En economía, el fascismo fue visto como una tercera vía entre el no intervencionismo del capitalismo y el comunismo. El pensamiento fascista reconocía los roles de la propiedad privada y la motivación de los beneficios como incentivos legítimos para la productividad, siempre que no entraran en conflicto con los intereses del estado. El fascismo en italia creció a partir de otros dos movimientos: el sindicalismo y el nacionalismo. Los sindicalistas creían que la vida económica debería estar gobernada por grupos que representaran a los trabajadores en las distintas industrias y oficios. Los nacionalistas, irritados por el trato dado a Italia después de la Primera Guerra Mundial, combinaron la idea de la lucha de clases con la de la lucha nacionalista. Italia eran una nación proletaria, decían, y para conseguir una mayor cuota de la riqueza del mundo, todas las clases italianas tenían que unirse. Mussolini fue un sindicalista que se volvió nacionalista durante la Primera Guerra Mundial. De 1922 a 1925, el régimen de Mussolini persiguió una política de no invertencionismo económico bajo el ministro e finanzas liberal Alberto de Stefani. De Stefani redujo los impuestos, las disposiciones y las restricciones económicas y permitió que las empresas compitieran entre sí. pero su oposición al proteccionismo y a los subsidios económicos le alienó a algunos líderes industriales, y De Stefani se vio finalmente obligado a dimitir. Después de que Mussolini consolidara su dictadura en 1925, Italia entró en una nueva fase. Mussolini, con muchos líderes de su época, creía que la economía no podía actuar constructivamente sin supervisión del gobierno. Presagiando los acontecimientos en la Alemania nazi, y en cierta medida en la Norteamérica del New Deal, Mussolini inició un programa de enormes gastos financiados sobre el déficit presupuestario en obras públicas y, finalmente, militarismo. El fascismo de Mussolini dio otro paso por aquella época con el advenimiento del Estado Corporativo, un arreglo supuestamente pragmático bajo el cual las decisiones económicas eran efectuadas por los consejos compuestos por trabajadores y patronos que representaban gremios e industrias. mediante este dispositivo tenía que resolverse la presunta rivalidad económica entre patronos y obreros, impidiendo que la lucha de clases minara la lucha nacionalista. En el Estado Corporativo, por ejemplo, las huelgas eran ilegales y las disputas laborales eran mediadas por una agencia estatal. Teóricamente, la economía fascista tenía que ser guiada por una compleja red de empleados, trabajadores y organizaciones dirigidas conjuntamente que representaban a las industrias y los oficios a nivel local, provincial y nacional. En el punto más alto de esta red estaba el Consejo Nacional de Empresas. Pero aunque sindicalismo y corporativismo tenían un lugar en la ideología fascista y eran críticos a cimentar un consenso en apoyo del régimen, el consejo hizo poco por dirigir la economía. Las auténticas decisiones eran tomadas por agencias estatales como el Instituto para la Reconstrucción Industrial (el instituto per la Riconsstruzione Industriale, o IRI), que mediaba entre los grupos de interés. Desde 1929, y como preparativo para conseguir las "glorias" de la guerra, el gobierno italiano utilizó medidas proteccionistas para dar a la economía un giro hacia la autarquía, o autosuficiencia económica. las políticas autárquicas se intensificaron durante los años siguientes debido tanto a la depresión como a las sanciones económicas que impusieron otros países a Italia después de que ésta invadiera Etiopía. Mussolini decretó que las oficinas gubernamentales debían comprar solamente productos italianos, e incrementó los aranceles a todas las importaciones en 1931. Las sanciones que siguieron a la invasión de Etiopía espolearon en 1935 a Italia a incrementar de nuevo los aranceles, estableciendo rígidas cuotas de importación, y endurecer el embargo sobre productos industriales. Mussolini eliminó también la capacidad de las empresas para tomar decisiones independientes: el gobierno controlaba todos los precios y salarios, y las firmas que componían cualquier industria podían verse obligadas a formar un cártel donde la mayoría votaba por ellas. Las bien relacionadas cabezas de los grandes negocios participaban en la elaboración de la política, pero la mayoría de los pequeños hombres de negocios se veían reducidos a todos los efectos a empleados del estado que tenían que enfrentarse a burocracias corruptas. Lo aceptaban, con la esperanza de que las restricciones fueran temporales. Puesto que la tierra era algo fundamental para la nación, el estado fascista reglamentó la agricultura aún mas pleamente, dictando qué cosechas debían cultivarse, fragmentando granjas y amenazando con la expropiación para hacer cumplir sus órdenes. La banca también fue sometida a un extraordinario control. A medida que el sistema industrial y bancario de Italia se hundían bajo el peso de la depresión y la reglamentación, a medida que aumentaba el paro, el gobierno estableció programas de obras públicas y tomó el control sobre decisiones de construcción y ampliación de fábricas. El gobierno creó en 1931 el Istituto Mobiliare para controlar el crédito, y más tarde el IRI adquirió todas las acciones en poder de los bancos de empresas industriales, agrícolas e inmobiliarias. La imagen de un líder fuerte haciéndose cargo directamente de la economía durante una época difícil fascinó a los obseradores extranjeros. Italia fue uno de los lugares hacia los que dirigió su mirada Franflin Roosevelt en busca de ideas en 1933. La Ley Nacional de Recuperación (NRA) intentó cartelizar la economía norteamericana del mismo modo que Mussolini había cartelizado la de Italia. Bajo la NRA, Roosevelt estableció consejos industriales globales con el poder de establecer y hacer cumplir precios, salarios y otros términos de empleo, producción y distribución para todas las compañías de una industria. Mediante la Ley de Ajuste Agrícola, el gobierno ejerció un control similar sobre los granjeros. Resulta interesante constatar que Mussolini consideró el New Deal de Roosevelt como audaz..., intervencionista en el campo de la economía. El nazismo de Hitler compartió también muchos rasgos con el fascismo italiano, entre ellos el frente sindicalista. El nazismo destacaba también por el completo control del gobierno sobre la industria, la agricultura, las finanzas y las inversiones. A medida que se acercaba la Segunda Guerra Mundial, los signos del fracaso del fascismo en Italia empezaron a ser palpables: el consumo privado per cápita había caído por debajo de los niveles de 1929, y la producción industrial italiana entre 1929 y 1939 se había incrementado tan sólo en un 15%, menos que los índices de otros países europeos. La productividad laboral era baja, y los costes de producción no competitivos. El fallo residía en el cambio de la toma de decisiones económicas de los empresarios a los burócratas del gobierno, y en la distribución de recursos por decreto antes que por mercados libres. Mussolini diseñó su sistema para abastecer las necesidades del estado, no de los consumidores. Al final, no sirvió a ninguno de los dos. [Extraído de la Enciclopedia Fortune de Economía] 29 de Octubre de 2005El mayor robo, eliminar el beneficio
Una de las falacias marxistoides más extendidas es que el beneficio es un robo al trabajador. Lo podemos volver a leer en esta anotación: El capitalismo se basa en el beneficio. Beneficiarse es un robo. Si un empresario se beneficia, es porque le paga a sus trabajadores menos de lo que vale su trabajo, o porque le cobra a los consumidores más de lo que cuesta producir el producto, o por las dos cosas. Esto es, sencillamente, robar.
La forma original de remuneración es el beneficio En otras palabras, todos tienen derecho a un sueldo como fruto de su trabajo. Como hemos visto, pues, si el salario es la forma original de renta, el beneficio será una derivación del salario, esto es, una acumulación de plusvalías o de robos a los trabajadores. Sin embargo la realidad es del todo distinta. La forma original de retribución es el beneficio. Se trata de una simple cuestión de definiciones. Todos coincidimos en que, el beneficio es el exceso de ingresos procedentes de la venta de un producto sobre el coste de producirlo y el salario dinero pagado a cambio de la realización del trabajo. En las economías precapitalistas, a las que se refieren Smith y Marx, los trabajadores se apropian completamente del fruto de su trabajo. Cada persona produce unas mercancías que luego las vende a cambio de dinero para comprar nuevas mercancías. ¿Este dinero obtenido son beneficios o salarios? Simplemente tenemos que acudir a nuestras definiciones: ¿el trabajador ha pagado a alguien por realizar el trabajo de producción? Está claro que no, el dinero lo ha obtenido después de vender las mercancías, no ha cambio de realizar el trabajo, sino de intercambiar el producto. En realidad, pues, el dinero obtenido en la venta son ingresos monetarios a los que habrá que deducir los costes relacionados con la producción (el tiempo que ha dedicado el trabajador, los recursos que ha gastado en el producto…) para obtener su “beneficio”. Así pues, vemos que en las economías precapitalistas la forma natural de remuneración es el beneficio, no el salario. De hecho, estas economías se caracterizan por la inexistencia del trabajo asalariado, con lo cual, difícilmente el salario podía constituir la forma original de renta. Vemos, pues, que sólo con la emergencia del capital y del trabajo asalariado, la forma natural de remuneración, el beneficio, tiene que sufrir un descuento a favor del salario. La relación, por tanto, es a la inversa: el beneficio no es, en todo caso, un “robo” del salario, sino que el salario es un “robo” del beneficio. Por lógica y necesidad, el beneficio precede al salario y éste no puede existir sin aquél. Sin salario, todo sería una ganancia pura del empresario, la plusvalía sería absoluta. Es la introducción del trabajo asalariado lo que reduce la plusvalía (por el salario) y no lo que la genera. De hecho, en nuestras sociedades capitalistas, son los empresarios quienes descubren las oportunidades de beneficio. No cualquier tipo de producción es rentable: vender helados en el Polo Norte, fabricar textiles más caros que los chinos, o producir más de la cuenta, son operaciones ruinosas. Por ello, al encontrar necesidades insatisfechas, el empresario sienta las bases para apoderarse de la ganancia que se derivará de tal acción. El hecho de que necesite materias primas o trabajadores para alcanzar su objetivo es secundario. A nadie se le ocurriría decir que el beneficio corresponde al propietario de la mina que le proporciona la chapa al empresario para producir coches. Tampoco tiene sentido, por ello, decir que le corresponde al trabajador. Sin la mediación y anticipación empresarial, ese trabajador nunca hubiera estado donde está. Esa oportunidad de beneficio fue descubierta y aprehendida por el empresario, demandando la ayuda retribuida de otras personas (propietarios de materias primas y oferentes de trabajo). Con todo, hay que entender cómo se efectúa este descuento del beneficio empresarial puro. El interés Muchas veces hemos oído que el interés debiera ser eliminado. Una de las obsesiones de Keynes fue extinguir el cobro de intereses y a ello dedicó buena parte de sus recomendaciones económicas. No obstante, el interés es una categoría inerradicable de la acción humana. Somos conscientes de que sin interés, los ahorradores paralizarían los préstamos, con lo cual la inversión desaparecería. El ahorro quedaría confinado a una forma primitiva de atesoramiento para tiempos futuros (si bien, incluso así, los ahorradores percibirían una especie de interés psicológico). Puede señalarse que, en un mundo socialista, los ahorradores no serían avariciosos y, por tanto, no necesitarían del incentivo del interés para prestar el dinero. Sin embargo, en este caso, las dificultades son todavía mayores. Sin el interés, miles de personas pugnarían por los ahorros escasos de una sociedad. Imaginen que diez trabajadores han ahorrado 1000 euros cada uno y deben prestarlos sin percibir ningún interés. Ante ellos llegan cien mil personas, ¿a quién deberían prestar el dinero? ¿A quiénes les cayeran simpáticos? ¿Pero es que acaso la simpatía no es una forma de pago o compensación no monetaria por el préstamo? Es más, ¿durante cuánto tiempo deberían los obreros prestar los 1000 euros? ¿Un mes, un año, 50 años? Pensemos que al no cobrar interés, el período se vuelve arbitrario y, si la avaricia y los intereses personales no han de entrar en juego, al prestamista le será más sencillo devolver los 1000 euros en 50 años que en un mes. Si existiera interés, los trabajadores podrían exigir por sus ahorros intereses más elevados o períodos de devolución más cortos. Los empresarios que estuvieran seguros de la rentabilidad de sus inversiones estarían dispuestos a pagar altos tipos de interés, de manera que los empresarios con inversiones deficientes o poco seguras se retirarían de la pugna por los préstamos. Al final, los empresarios que consiguieran pagar los mayores intereses serían los que, al menos en principio, son capaces de producir los productos más rentables, esto es, los más demandados por los consumidores. Sin interés, se vuelve imposible fijar un período de devolución y discriminar entre prestamistas eficientes y torpes. Padeceríamos una masiva dilapidación de los ahorros de los trabajadores, de manera que, al final, sin interés, el ahorro y la inversión desaparecerían. Este mismo ejemplo resulta aplicable a la producción capitalista. El empresario invierte su dinero (o el dinero que ha pedido prestado y que ha prometido devolver en un cierto plazo de tiempo) para adquirir bienes de capital inmovilizado y factores productivos. Tanto a los propietarios de los bienes de capital inmovilizado -o sus productores (pensemos en los constructores de una nave industrial)- como a los factores productivos (trabajadores y propietarios de materias primas) tiene que pagarles sus rentas (precio de la nave industrial, salario y precio de las materias primas) antes de que haya vendido los bienes que su empresa va a producir. Es decir, tiene que anticipar sus remuneraciones antes de rentabilizar la inversión. En este sentido, por tanto, el empresario es como un prestamista. Presta hoy dinero a los trabajadores y a los propietarios de materias primas, para que el día de mañana estos se lo devuelva en forma de bienes y servicios producidos. Lógicamente, estos bienes y servicios futuros (los productos que vende la empresa) tienen un mayor valor que los bienes y servicios presentes (el precio de las materias primas o el tiempo de trabajo) que ofrecen los factores productivos, por lo que el empresario actúa como si derivara un interés. Adelanta los salarios con cargo a sus ahorros y recupera el préstamo y los intereses en forma de bienes y servicios más valorados al cabo de los meses. Como en el caso anterior, si queremos eliminar este interés empresarial (de manera que el empresario perciba un sueldo que no se corresponda con la capitalización de su inversión inicial), entonces nunca invertirá sus ahorros en forma de capital inmovilizado (nave industrial, maquinaria, oficinas, camiones…) ni de capital circulante (salarios y precio de materias primas). El trabajador, al carecer de ahorros, sería incapaz de acudir al mercado crediticio (pues no existiría el interés) y tendría que vivir de cuanto sea capaz de producir con las manos. No es, como suelen decir algunos, un problema de falta de propiedad sobre los medios de producción. Imaginemos que el trabajador en cuestión tiene un cortijo. Sin embargo, no tiene ahorros. Si quiere cultivar un cereal que obtendrá un año después de la siembra, ¿qué comerá durante todo ese año? Recordemos que no tiene ahorros y para obtener el fruto de su trabajo tendrá que esperar un año. Obviamente, pues, ese trabajador, propietario de un enorme cortijo, tendrá que vivir recogiendo las frutas que la naturaleza le haya proporcionado. Por tanto, la eliminación del interés empresarial no abandona en la miseria a los trabajadores por carecer de propiedades, sino por carecer de ahorros. Y, claro está, si alguien sostiene que los trabajadores sí tienen ahorros (como así sucede), entonces habría que recordarle que los principales perjudicados de la eliminación del interés empresarial serían los propios trabajadores, esto es, los ahorradores que, en forma de accionistas o prestamistas, están obteniendo distintas formas de interés. Todo esto se aplica también con las decisiones de reinversión. La reinversión consiste, simplemente, en elegir la cuantía de capital circulante que pasará a inmovilizarse (así como la estructura productiva y tecnológica de ese capital inmovilizado). Nuestro blogger critica que sean los capitalistas, y no los trabajadores, quienes elijan cómo reinvertir sus ahorros. No hay mucho que añadir, nacionalizar los ahorros es la mejor manera de eliminarlos. Si todos los ahorros son de toda la sociedad, entonces el tipo de interés es inexistente (ya que no hay propietarios ni demandantes de ahorros), y de ninguna manera podrán seleccionarse los proyectos adecuados para invertir (entroncando así con la imposibilidad del cálculo económico de Mises). Es decir, los ahorros se invertirían de manera arbitraria, sin tener en cuenta las ignoradas preferencias temporales y utilidades de los consumidores, de manera que el ahorro iría menguando (al menos el ahorro útil para los individuos) y, al final, nos sumiríamos en la esclavización de toda la sociedad (el individuo no podría negarse a trabajar allí donde el Comité planificador le impusiera) y en su pauperización. En otras palabras, la socialización del capital, el socialismo, sólo convierte en realidad las mentiras que el comunismo atribuyó al capitalismo: la esclavitud y pobreza de los trabajadores. Conclusión Hemos visto y demostrado por qué la forma originaria de remuneración es el beneficio y no el salario. Éste último es sólo un descuento, una renta parasitaria, del beneficio empresarial puro. Así mismo, hemos estudiado cuál es la forma en que los salarios aparecen y se forman. Para una reflexión más extensa sobre el origen y formación del salario, puede consultarse este artículo mío en Libertad Digital. En todo caso, es graciosa la forma en que el autor del texto que criticamos concluye su post: O dicho de otra manera, si el beneficio empresarial es bueno, hagámonos todos empresarios. (Gracias a David Millán por el link). 28 de Octubre de 2005¿Quién redacta estas noticias?
O bien en el Plural.com andan escasos de personal o bien cada vez se les entiende todo mejor. En esta noticia intentan desprestigiar a César Vidal acusándolo de haber sido un historiador de izquierdas. La inicial justificación ya llama la atención: Hace unos años, César Vidal escribía cosas diferentes, más identificadas con el pensamiento de izquierdas.No siempre se declaró revisionista de la guerra civil española, sino que llegó a criticar el revisionismo que minimiza las consecuencias del genocidio de los nazis. El debate sobre la existencia del Holocausto debería ser una cuestión esencialmente histórica. ¿Hubo o no Holocausto? Esa es la cuestión. Criticar a los revisionistas no debería calificar a uno como izquierdista o derechista, sino como historiador. Ahora bien, esta frase nos demuestra que la izquierda tamiza los hechos históricos en función de su ideología. Primero los prejuicios y luego la realidad. Imaginemos que el Holocausto no hubiera existido, ¿debería la izquierda inventarse que sí sucedió? En ese caso, comprobamos claramente que la izquierda no tiene nada que ver con la búsqueda de la verdad, sino con la reafirmación de un entramado ideológico y propagandístico. En el caso del Holocausto, la anécdota de la izquierda es reconocer que sí existió y la categoría instrumentalizarlo políticamente. Con todo, todavía podemos encontrar en esa noticia un párrafo más absurdo. Despues de "demostrar" que César Vidal en el pasado fue de izquierdas, añade: Santiago Carrillo confesó recientemente que siempre había sospechado que Vidal y Pío Moa fueron confidentes del régimen franquista. O se trata de una descalificación a Carrillo en toda regla, o de un lapsus confesante de la estrecha afinidad ideológica entre la izquierda y el franquismo. Cuidado con tamaña sinceridad, que a este paso se os acabará el cuento publicitario de la izquierda antidictatorial. El jardín de las delicias
Después de constatar el creciente endeudamiento de las familias españolas, esa lumbrera de la economía española llamado Carlos Carnicero, concluye: Y mientras tanto, los liberales defensores de la globalización, entendida como los derechos de libre circulación del capital y de los capitalistas, tienen tan poco talento de dejarse la piel defendiendo un sistema que solo protege a los elegidos, contando para ello con quienes se matan de trabajar por mantener abierto este circo. Los liberales, que yo sepa, no defienden el indiscriminado expolio de los ahorros de los trabajadores a través de la expansión crediticia de los Bancos Centrales que, casualmente, es el responsable del brutal endeudamiento de las familias españolas. Vamos, que las políticas socialistas y antiliberales que usted, su periódico, y su estructura ideológica propugnan son los culpables de las consecuencias de las que acusa a los capitalistas. Mire, la libre circulación de capital no causa ningún problema si no se ha pervertido previamente la idea de capital, aguando el vino a través de "inyecciones de liquidez". Es como criticar a los liberales por el hecho de que son partidarios de que el agua contaminada de los ríos llegue al mar cuando son los socialistas los que no paran de lanzas basura a ese agua. Eso sí, el típico victimismo izquierdista que no falte: Me imagino que este artículo hará las delicias de quien carece de argumentos y talento y lanza improperios e insultos desde las ondas, las páginas de los periódicos y desde Internet como toda resolución. ¿Está hablando de usted mismo? Nuevos cristianos
Contra lo que nos dijeron, Cristo no resucitó. Sobre su cuerpo sin vida, que yace en el sepulcro, pesa la losa de la intolerancia y el fanatismo. Sólo así puede explicarse el retablo de monstruosidades que se difunden día tras día a través de una cadena de titularidad católica (...) Los valores del cristianismo, que pueden ser compartidos en lo sustantivo por creyentes y no creyentes, se han transformado en la COPE en arma de guerra. Han cambiado el susurro de los rezos por la soez algarabía de los insultos (...) El mensaje de Cristo, según los gurús de la COPE, es el de la caverna. Quien plantó cara a los poderosos de su tiempo y optó por los pobres –lo que al fin y al cabo le llevó a la muerte- es utilizado radiofónicamente en favor de la derecha más dura. "¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas, que cerráis a los hombres el Reino de los Cielos! Vosotros ciertamente no entráis; y a los que están entrando no les dejáis entrar. "¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas, que recorréis mar y tierra para hacer un prosélito, y, cuando llega a serlo, le hacéis hijo de condenación el doble que vosotros! (...) "¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas, que pagáis el diezmo de la menta, del aneto y del comino, y descuidáis lo más importante de la Ley: la justicia, la misericordia y la fe! Esto es lo que había que practicar, aunque sin descuidar aquello. ¡Guías ciegos, que coláis el mosquito y os tragáis el camello! "¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas, que purificáis por fuera la copa y el plato, mientras por dentro están llenos de rapiña e intemperancia! (...) ¡Serpientes, raza de víboras! ¿Cómo vais a escapar a la condenación de la gehenna? 26 de Octubre de 2005A la derecha del PP
No estoy demasiado interesado en los movimientos de los partidos políticos españoles. Viviendo en una partitocracia, los movimientos espontáneos para asaltar el poder y continuar machacando a la ciudadanía no me interesan demasiado. Ahora bien, me entero -supongo que no será ninguna novedad- de la existencia de un nuevo partido político "a la derecha del PP": Alternativa Española. Me ha picado la curiosidad y he buscado un poco más. Así, he llegado a esta entrevista en Minuto Digital al Secretario General de AES. Cuando le preguntan su posición ideológica dice: yo posicionaría a AES a la derecha del PP en materia moral y a la izquierda de este en materia social y económica. Es decir, favorable a la mayor imposición de valores morales y directrices económicas a través del Estado: menos libertad para todos. Será que no hay suficientes políticos que ya nos ofrezcan tal programa. Justito, justito, la alternativa que necesitábamos. ¿Una nueva crisis económica?
La teoría económica es incapaz de predecir el momento exacto en que una crisis acaecerá. En buena medida, tales fenómenos dependen, entre otras cosas, de las expectativas de los empresarios y de la voluntad del banquero central para continuar inflando la oferta crediticia. Sin embargo, desde ayer estamos asistiendo a fenómenos particularmente preocupantes. Por un lado, Tom Barrack el más importante inversor inmobiliario del mundo, dice que está vendiendo su cartera en EEUU, ante la locura de precios actual y “porque hay demasiados amateurs dentro, que serán pisoteados”. Por otro, Los bonos usa, que constituyen el mayor y más importante mercado financiero del mundo, sufrieron anoche fuertes pérdidas, ante el temor a un posible recalentamiento inmobiliario, que se traduciría en más subidas de tipos de interés, llevando sus rentabilidades a máximos de dos años. Ayer, las cifras de ventas de vivienda de segunda mano fijaron la segunda mayor cifra de todos los tiempos. La tendencia es inquietante, sobre todo porque los mercados financieros anticipan las crisis en el resto de mercados. Generalmente se dice que una buena parte de la demanda de vivienda la acaparan los especuladores. Esto es parcialmente cierto, la labor del especulador es comprar cuando un bien está barato (haciendo subir el precio) y vender cuando está caro (haciéndolo bajar) de manera que la evolución de los precios padece menos cambios drásticos. Ahora bien, los especuladores también pueden equivocarse: comprar cuando está caro (haciendo subir más el precio) y verse obligados a vender cuando esté barato (haciéndolo bajar todavía más). No puede decirse que los especuladores creen la crisis, pero sí que la desatan (lo cual, de nuevo, es altamente beneficioso, por cuanto una crisis que se prorroga es es una crisis futura más intensa). No la pueden crear, porque comprar los conceptos de barato y caro no dependen, en última instancia, de los especuladores, sino de los consumidores; es decir, una mala operación perjudicará sólo a las especuladores. Pero sí la pueden desatar cuando compran y venden productos que no son rentables, difuminando la información a todos los agentes económicos. Si, como decimos, los especuladores han anticipado mal la demanda de los consumidores, los movimientos de algunos de ellos destaparán el error de los restantes. Si una parte del precio de la vivienda está inflado por la especulación (es decir, por la expectativa de que los precios continuarán subiendo), una parálisis o reducción súbita de los mismos puede provocar la catarsis entre la demanda especulativa. Imaginen que un sector de los especuladores empiezan a vender y la rentabilidad de la vivienda se reduce desde un 13% anual al 4%, ¿realmente interesará al resto de especuladores continuar invirtiendo en viviendas cuando otros sectores de la economía proporcionan rentabilidad superiores? La inversión en nueva vivienda caería enormemente, y los stocks de viviendas vacías que esperaban rentabilizar durante unos años más la tenencia, saldrían a la venta (haciendo caer todavía más el precio). El problema es que una gran parte de los especuladores de nuestro país son los bancos quienes aceptan prestar nuestro dinero durante plazos exagerados para conseguir una renta anual. Pero obviamente, si el precio de la vivienda se estanca o cae, resultará preferible para los prestatarios de los bancos dejar vencer las hipotecas y que éstos se queden con una vivienda que va perdiendo valor. ¿Con qué nos dejaría esto? Con que los bancos habrían intercambiado depósitos líquidos por inversiones ilíquidas. La situación se agravaría todavía más si el Banco Central y los bancos comerciales endurecieran sus condiciones al crédito para recuperar parte de su posición de liquidez, ya que ello, en contrapartida, seguiría estimulando a las familias a que entregaran sus viviendas al banco en lugar de pagar la hipoteca. Y aquí, de nuevo, los problemas se incrementan. Los bancos habrán transferido a los constructores los activos líquidos de sus clientes y, en su lugar, se habrán quedado con un inmovilizado que va perdiendo valor. Si los depositantes acuden al banco a reclamar su dinero, ésta no podrá proporcionárselo porque se encontrará en forma de viviendas. Por supuesto el Banco Central podría proporcionar liquidez adicional a los bancos comerciales, pero esto sólo retrasaría el problema. No olvidemos que los bancos comerciales habrán tenido que restringir el crédito, no sólo al sector de la vivienda, sino al resto de sectores de la economía. Esto significa que muchos proyectos empresariales no podrán completarse, por faltar el capital circulante necesario (con el consecuente aumento del paro). En otras palabras, se verificará entonces que una gran parte de los activos de la economía se han empleado en el sector de la vivienda y que, en cambio, otros prductos más importantes no llegarán nunca al mercado. Si el Banco Central es tan irresponsable como para compensar toda la pérdida de capital con papel, los precios en el mercado de bienes y servicios se dispararán: el capital se ha consumido, miles de ahorros de los depositarios se hallan inmovilizandos y entregarles papel sólo servirá para crear una inflación colosal. ¿Qué pasará entonces? Si los depositantes asumen que la inflación supone una pérdida de su poder adquisitivo (la pérdida que no habían querido asumir con la inmovilización de sus depósitos), aparte de que el dinero fiduciario colocaría un nuevo clavo en su ataúd, la sociedad podría volver a reestructurarse, después de sufrir la quiebra de numerosas empresas y el abandono de sectores produtivos enteros para dedicar su capital circulante a los más urgentes del momento. En cambio, si el Banco Central sigue financiando la indexación de rentas, la hiperinflación devendrá inevitable. Pero tengamos presente que, mientras tanto, se habrá experimentado un gran consumo de capital. Con todo, es posible que el ajuste se realice de una forma menos drástica -como ya ocurrió con las telecomunicaciones- si los incrementos de la productividad compensan el menguado fondo de subsistencia. Ahora bien, no soy especialmente optimista. 24 de Octubre de 2005Bernanke, el inflacionista
Siempre consideré que Bernanke era el candidato más probable, pero esperaba equivocarme. No lo he hecho. Stefan Karlsson Parece que Ben Bernanke será el próximo propietario del sistema monetario mundial. Un pirómano al frente del cartel mundial de petróleo. Me permito traducir algunos comentarios que se han hecho a las teorías económicas de Bernanke: Aunque Bernanke cree en la economía de mercado, no confía en la idea de que pueda ajustarse por sí misma. Siempre hay varios shocks que la pueden apartar del camino del crecimiento y que suponen una amenaza para el bienestar. Cree que el Banco Central tiene el papel de salvar a la economía ya que sin la intervención de la FED caería en un agujero negro. ¿Recuerdan la controvertida asunción de Friedman de “tirar dinero desde un helicóptero”? Pues su engendro intelectual será el nuevo presidente de la FED. Efectivamente, la sentencia más conocida de Bernanke fue: “the U.S. Government has a technology, called a printing press”, con casi 700 registros en Google (que irán aumentando en los próximos días). Para conocer mejor su pensamiento y obsesión anti–deflacionista mejor lean su discurso más conocido y probablemente el más linkado en el día de hoy: “Deflation: Making Sure ‘It’ Doesn't Happen Here”. Ben Bernanke, el nuevo miembro de la Fed, en un reciente discurso fue de la opinión de "evitar el boom de los precios de las acciones entre 1995 y 2000, si hubiese podido hacerse, habría estrangulado en gran medida el progreso tecnológico y el crecimiento sostenible en productividad y producción". Según esta manera de pensar, los beneficios del boom compensan sobradamente la recesión a corto plazo. (...)Se sigue de la visión de Bernanke y Bilder que es mejor tener un boom y una recesión que no haber tenido un boom. Horrible noticia. Ben Bernanke ha sido nombrado Nuevo presidente de la Fed por Bush. ¿No puede Bush hacer nada bien? Bernanke es muy inapropiado porque su visión de la política monetaria (que es para lo que se le acaba de nombrar) es cualquier cosa menos reforzadora. Bernanke empezó su discurso afirmando que "el riesgo de una significante deflación en los EEUU no puede preverse en un futuro cercano". Además expresó la confianza en que "la Reserva Federal utilizará todos los medios a su alcance para prevenir la deflación y, es que el Banco Central de USA, en colaboración con otras ramas del gobierno, tiene suficientes instrumentos para asegurarse de que cualquier deflación que pudiera ocurrir sería breve y suave" Es un error típico de Greenspan, Bernanke añadió: "Ya hemos dicho que es dudoso que acaezca una deflación en los EEUU. Yo, de hecho, descartaría tal posibilidad". En ese momento, pasó a analizar la deflación en términos keynesianos como "en casi todos los casos la consecuencia de un colapso de la demanda agregado -una caída del gasto tan grande que los productores deben reducir sus precios para encontrar compradores. Bernanke dedicó el resto del discurso a recordar los intrumentos a disposición de la Fed para evitar la deflación o eliminarla si tales instrumentos fallaran de algún modo. No es sorprendente que todos estos remedios consistieran poco más o menos en distintas maneras de crear dinero. Por ejemplo, Bernanke sugirió que para prevenir que una caída inesperada de la demanda agregada diera paso a la deflación, la Fed necesita establecer "un rango de inflación". Esto significa que la Fed debe conscientemente inflar los precios desde un 1% al 3%. Pero esto no es suficiente -la Fed debería también buscar cualquier signo de debilidad en las instituciones y mercados financieros y estar preparada para insuflar al sistema financiero con el crédito inflacionario necesario en caso de, por ejemplo, un crack en la Bolsa o incluso en caso de falta de confianza por un ataque terrorista. Finalmente, incluso manteniendo la inflación dentro del rango previsto, si la Fed observa un repentino deterioro de los fundamentos de la macroeconomía, como una caída en la inversión o en el consumo, debe actuar preventivamente y de manera más agresiva de lo normal para anticiparse ala deflación. En caso de que estas medidas de precaución fracasaran a la hora de prevenir la caída de los precios, y la Fed ya hubiera reducido el tipo de interés a cero, Bernanke asegura que la Fed todavía dispone de todo un arsenal de armas capaces de generar la deseada inflación positiva. Esta serie de medidas poco convencionales para la creación de dinero incluyen: - Reducir los rendimientos de los bonos públicos a medio y largo plazo comprometiéndose a realizar compras ilimitadas de esas obligaciones a un precio consistente con el objetivo de rédito. - Seguir la misma estrategia en el mercado de deuda pública extranjera, en donde la Fed puede adquirir bonos desde 1980 y cuyo stock es varias veces el tamaño de la deuda de EEUU. - Sortear las restricciones de la Fed para comprar bonos privados, extendiendo préstamos a un tipo de interés cero a los bancos que acepten papel comercial, bonos corporativos e incluso hipotecas como respaldo, consiguiendo así reducir los réditos de estos instrumentos de deuda. - Financiar una masiva reducción de impuestos, dólar a dólar, monetizando el déficit resultante y en la medida de los impuestos dejados de percibir; o monetizando directamente la compra de bienes y servicios o activos privados, físicos y financieros, por parte del Tesoro. Tal y como Bernanke sostiene, esta última alternativa es equivalente a rociar el país con dinero a través del famoso helicóptero de Friedman. No nos equivoquemos, Bernanke está proponiendo la inflación, pura y simplemente, -y en grandes cantidades- como la panacea para una economía acosada por la caída de los precios. Esto es explícito en el siguiente pasaje: "La conclusión de que la deflación es siempre reversible bajo un sistema de dinero fiduciario se sigue de un razonamiento económico básico. Una pequeña parábola podría resultar útil: Hoy una onza de oro se vende por 300$, más o menos. Ahora supongamos que un alquimista moderno resuelve su viejo problema al encontrar una manera de producir oro ilimitadamente sin ningún coste. Es más, su invención consigue una gran publicidad, es verificada científicamente, y anuncia su intención de producir masivamente oro durante los próximos días. ¿Qué ocurrirá con el precio del oro? Presumiblemente, la potencial oferta ilimitada de oro barato hará que el precio del oro se hunda. Además, si el mercado de oro es eficiente en alguna medida, el precio del oro se colapsará inmediatamente después del anuncio, antes de que el alquimista haya producido y vendido una sola onza del metal amarillo. ¿Qué tiene esto que ver con la política monetaria? Como el oro, los dólares de EEUU tienen valor en la medida en que su oferta es limitada. Pero el gobierno de EEUU tiene una tecnología, llamada imprenta (o su equivalente electrónico actual), que permite producir tantos dólares como quiera sin coste alguno. Al incrementar el número de dólares en circulación, o incluso amenazando seriamente con la intención de hacerlo, el gobierno de EEUU puede reducir el valor del dólar en términos de otros bienes y servicios, lo que es equivalente a incrementar los precios en dólares con respecto a esos bienes y servicios. Llegamos a la conclusión de que, bajo un sistema de papel moneda, el gobierno puede siempre generar un mayor nivel de gasto y, por tanto, una inflación positiva". Este pasaje es a la vez auténtico y escalofriante. La analogía de Bernake se basa en un análisis económico correcto: la Fed tiene el poder de arrastrar al dólar hasta el colapso. Lo que es terrorífico es que un gobernador de la Fed, un supuesto macroeconomista moderadamente a favor del libre mercado, que fue nombrado por la administración republicana y que se ha rumoreado que puede ser el sucesor de Greenspan, se enorgullezca de proponer el uso de un poder semejante como remedio a una pequeña alza en el valor del dinero. Después de todo, la deflación en Japón que Bernanke se propone evitar con tanta determinación, ha tenido una medida de menos de un 1% desde mediados de 1999. Ahora uno podría decirme que he malinterpretado a Bernanke, que ellos sólo estarían dispuestos a aplicar esas medidas en la esfera de una coyuntura teórica, y que nadie en pleno uso de sus facultades -aparte quizá de Paul Krugman y algunos excitables economistas del supplyside- espera que una deflación al estilo de Japón tenga lugar en EEUU. Pero esto significaría ignorar el contexto de sus argumentos, pues Bernanke estaba solamente preparando el escenario para la última actuación del Maestro del Ilusionismo: él mismo. El simple hecho de que un prominente miembro de la Fed se dirija con tales explicaciones sobre la deflación ante un grupo de empresarios en un evento tan visible, señala el despliegue de una nueva estrategia por parte del presidente de la Fed. El viernes pasado el Wall Street Journal certificó que Larry Lindsey había sido añadido por el presidente Bush a la corta lista de potenciales sustitutos para Alan Greenspan en la Fed. Martin Feldstein, Gleen Hubbard, y Ben Bernanke son los otros tres más mencionados, con Bernanke en primer lugar segñun Tradesports.com Bernanke ha expresado recientemente sus opiniones sobre economía en el Journal, y mientras celebraba los recortes fiscales, el libre comercio y la reforma legal, no es un suplyy-sider. Su visión sobre el impacto de una reducción de impuestos, su desmesurado interés por las tablas de demanda, por no mencionar su desacreditada idea sobre los "límites" del crecimiento y el pleno empleo, debería tener preocupados a los defensores de Bush. En relación con los impuestos, Bernanke habló de "estímulo fiscal" que ha disminuido "en los últimos trimestres". Bernanke es claramente un keynesiano en el campo de los impuestos, manteniendo que deberían ser reducidos en tiempos de poca demanda e incrementados cuando el crecimiento alcance sus "límites" naturales. Mientras que los keynesianos ven los recortes fiscales a través de un prisma de estímulo de la demanda a corto plazo cuyo estímulo retrocede gradualmente, los supply-siders defienden recortes de impuestos para el largo plazo y (continuos) efectos incentivadotes a la actividad económica. La distinción entre las dos escuelas de pensamiento es crucial, particularmente dada su creciente influencia en la Fed. Acerca del impacto económico de la demanda, Bernanke preguntó "cuánta demanda en el último trimestre había sido satisfecha a través de los inventarios en lugar de la producción". Pero los supply-siders no consideran siquiera esto -no lo hacen porque saben que en última instancia los productos se compran con otro productos. La demanda siempre existe, dado que los deseos humanos son ilimitados. Pero lo que Bernanke parece querer decir por demanda es el hecho de que los productores intercambien sus excedentes por los de otros. En el modelo de supply-side, lo que Bernanke ve como una caída de la demanda agregada es de hecho una caída de la producción -algo en lo que los economistas del lado de la oferta están de acuerdo se produce como resultado del entrometimiento del gobierno en la línea de excesos en la imposición fiscal, la regulación y en un dinero inestable. Bernanke escribió sobre empleo y su opinión sobre la existencia de "un nivel máximo de empleo que sostenible sin presiones inflacionistas". Su idea aquí eleva muchas cuestiones acerca de que la innecesaria preocupación de Greenspan con el crecimiento PIB "mayor a la tendencia potencial" le llevó a cometer el error de 1999 de incrementar los tipos de interés a pesar de que los rendimientos de los bonos, el dólar, y el oro estaban dando el grito de deflación y no inflación. Dejando aparte la habilidad de los mercados para innovar constantemente la carencia de trabajo, por no mencionar las asunciones estáticas que llevarían a uno a creer en el "pleno" empleo y en los "límites" al crecimiento económico, el auténtico problema aquí es que alguien que podría potencialmente dirigir nuestra política monetaria, ve la economía americana como un caja hermética, más allá de la función de exportación e importanción. De hecho, uno de los motivos por los que nuestra economía continúa funcionando a buen ritmo es que nuestras compañías no se limitan a contratar la mano de obra disponible en EEUU, ni tampoco se constriñen por las ideas en el "output gap" de Bernanke -ideas que asumen que el crecimiento está limitado a las estimaciones estáticas sobre nuestra capacidad productiva. En realidad, tal y como el comentarista Lou Dobbs continuamente nos recuerda, las compañías de EEUU normalmente generan puestos de trabajo y manufacturas fuera de los EEUU. Las hipótesis de pleno empleo y límites al crecimiento económico son siempre un tanto estúpidas pues se basan en la noción de que los factores económicos no responden a los condiciones cambiantes de la economía. En una cada vez más integrada economía mundial, las ideas defendidas por Bernanke son francamente cretinas. Aunque el no hablaba del dinero en el editorial del Journal, un artículo aparecido en Junio en el New York Times, dejó claro que Bernanke creía que el patrón oro había empeorado la Gran Depresión. Además, en un discurso en 2002, celebró la capacidad del gobierno para utilizar la imprenta en la "generación de un mayor gasto público y por tanto positiva inflación". Si su apoyo a la ortodoxia de la Curva de Phillips hace que sus ideas sobre el imperio del precio parezcan ingenuas, sus comentarios explícitos sobre el dinero nos quitan toda duda. Mucho se está hablando ahora de la oportunidad histórica de Bush para rehacer el Tribunal Supremo. No hay dudas sobre eso. Quizá casi tan importante será el nombramiento de Bush en la Fed, es decir, la sustitución de Alan Greenspan. Sólo por sus ideas sobre impuestos, Bernanke sería un paso en la dirección equivocada. Por su visión sobre el dinero, Bernanke sería un candidato muy peligroso. 23 de Octubre de 2005Lo reconozco, soy comunista
Por cierto, siguiendo el genial razonamiento de Prieto (ya saben: Uno de ellos, un tal Rallo, un joseantoniano de pura cepa como evidencia su profundo conocimiento del falangismo), después de mi último post no me queda más remedio que reconocerlo: soy comunista. Eso sí, mi viraje del fascismo al comunismo ha sido rapidísimo. Apenas un par de días. No como el de algunos. Aunque, pensándolo bien, quizá ser fascista y comunista al mismo tiempo no sea tan complicado. Más de algún ejemplo tenemos. Sun Tzu quiere censurar a Marx y a Lenin
Sun Tzu, miembro de Red Progresista, reprocha a Federico Jiménez Losantos el haber criticado el cierre de una librería nazi: cuando se condenó a Pedro Varela a cinco años de prisión por apología del genocidio y se cerró su librería este “demócrata” vino a decir que eso era un atentado contra la libertad de expresión. O lo que es lo mismo, impedir la venta y distribución de artículos que ensalcen la ideología nazi, es decir, que incitan al odio y a la violencia racial, es ir en contra de la libertad de expresión. En este sentido, concluye su artículo exhortando a la censura: Sigo preguntándome para cuando la ilegalización de la violencia, pero de toda, incluso de la escrita. ¿O no, Federico?. Bien, como no me apetece llevarle la contraria, hoy estoy conciliador, simplemente voy a recordarle algunas perlas de Marx y Lenin (podríamos escoger a bastantes otros) a la espera que solicite la censura de sus obras. Palabras de Marx: 1) El establecimiento de cualquier sistema político provisional que sigue a una revolución requiere una dictadura, y de hecho una dictadura enérgica. (Aquí) 2) Las masacres sin finalidad perpetradas en los acontecimientos de Junio a Octubre, la tediosa ofrenda de sacrificios de Febrero a Marzo, el mismísimo canibalismo de la contrarrevolución convencerá a las naciones de que sólo hay un camino por el que las homicidas muertes agónicas de la vieja sociedad y el nacimiento sangriento de la nueva sociedad, pueda ser acortado, simplificado y concentrado, y ese camino es el terrorismo revolucionario. (Aquí) 3) La sociedad está experimentando una revolución silenciosa, que debe ser sometida, y que no se da más cuenta de las muertes que genera que las casas que derrumba un terremoto. Las clases y las razas que sean demasiado débiles para adaptarse a las nuevas condiciones de vida deben desaparecer. (Aquí). 4) - Bueno, entonces, para implantar los principios del socialismo, ¿deben defender sus impulsores el asesinato y los baños de sangre? - Marx: Ningún gran movimiento se ha inaugurado sin un derramamiento de sangre. (Aquí) 5) De la misma manera (pasó un largo tiempo en África) demuestra que el prototipo de negro común no es más que una degeneración de una raza superior. (Aquí) Palabras de Lenin: 1) Sería una estupidez prometer la libertad de reunión de los explotadores. 2) Lo que tiene de común la dictadura del proletario con la dictadura de las otras clases es que está motivada, como toda otra dictadura, por la necesdiad de aplastar por la fuerza a la resistencia de la clase. 3) No hay más salida que la abolición de la "propiedad privada" de los explotadores. 4) La guerra civil es la forma más aguda de la lucha de clases, y cuanto más aguda es esta lucha, con tanta mayor rapidez se consumen en su fuego todas las ilusiones y prejuicios pequeñoburgueses. 5) En la guerra actuaremos como en la guerra: no prometemos ninguna libertad, ninguna democracia. (Extraídas del libro "Discursos Pronunciados en los Congresos de la Internacional Comunista, Ed. Progreso). Bien, después de leer todo esto, y dado que no creo que Sun Tzu piense que tales opiniones inciten a la concordia y a la paz, supongo que, en coherencia, pedirá que se cierren todas las librerias donde se vendan libros de Marx y Lenin. Y es que, un Estado democrático no puede consentir este tipo de violencia escrita, ¿O no, Sun Tzu? Comentario de EVF
22 de Octubre de 2005El principio de no agresión
Llego a un post de Luis Fernando Areán que pretende descalificar al libertarismo a través de la refutación de su principio fundamental: la no agresión. Antes de empezar a analizar sus críticas, hay que tener presente que existen otros enfoques libertarios al problema, como puede ser el de Randy Barnett, que no toma como punto de partida ningún axioma, sino la hipótesis de que el ser humano que sobrevivir y mejorar su calidad de vida. En este sentido, dada esta finalidad, Barnett estudia cuál será la estructura de la libertad resultante dadas las restricciones de conocimiento, interés y poder. Lo comento porque Barnett se muestra crítico con el principio de no agresión en determinados casos (por ejemplo, ¿qué ocurre si un piloto quiere rescindir su contrato en pleno vuelo?) y su propuesta sigue siendo extremadamente atractiva. También otro destacado anarcocapitalista, David Friedman, se muestra crítico con el principio. En otras palabras, muchas veces se critica al libertarismo sin saber muy bien en qué consiste. Con todo, el principio de la no agresión sigue resultándome válido y, por ello, no puedo resistirme a defenderlo de las objeciones que nuestro autor plantea: a) Incompatibilidad con el imperativo categórico. Dice Areán: El que tal vez haya sido el más grande filósofo de la Edad Moderna, Immanuel Kant, reflexionó largo y tendido sobre la ética, formulando el llamado imperativo categórico. Éste nos dice que debemos actuar como si quisiéramos que nuestros actos se convirtiesen en norma universal(...)¿Qué pasa si sometemos al axioma de no agresión a la prueba del imperativo categórico, que claramente es mucho más fundamental que el propio axioma? En otras palabras, para el autor no puede esperarse que todo el mundo, y en todas las circunstancias, se comporte acorde con el principio de que no debe iniciarse la violencia. Lo cierto es que, desde luego, no existe ninguna incompatibilidad a priori entre la no agresión y el imperativo categórico. No estamos, pues, ante un sistema ético incompatible o incomponible. La coherencia del sistema de derechos sí resulta un requisito sine qua non para que éste exista, en palabras del profesor Steiner: Un derecho denota un rango de acciones que su poseedor puede realizar. Implica, además, una obligación en el resto de personas que no sean el poseedor, esto es, no actuar de un modo en que se intefieran o impidan sus acciones (...) Las acciones que interfieran o impidan las acciones justas son en sí mismas intolerables. Supongamos que tenemos un conjunto de derechos de manera que la acción A1 cae dentro de un rango de acciones justas en función de un derecho que X posee, y la acción A2 cae dentro de un rango de acciones justas en función de un derecho que Y posee. Y supongamos que la ocurrencia de A1 constituye una interferencia o impide la ocurrencia de A2. ¿Cuál es el estado deóntico de A1? Por un lado es una acción tolerable porque se ejerce en función de un derecho, y por otro es intolerable porque supone la violación de la obligación de X de no interferir o impedir el ejercicio del derecho de Y. Esta contradicción implica que el conjunto de derechos en cuestión es lógicamente imposible. El axioma de la no agresión no viola el requisito de Steiner acerca de un sistema de derechos. Por tanto, como rápidamente veremos, para Areán el axioma de la no agresión es incompatible con el imperativo categórico porque, en caso de aplicarse siempre, daría lugar en ocasiones a resultados indeseables. En otras palabras, la crítica de Areán es fundamentalmente utilitarista y en cuanto a tal debe ser respondida. Veamos el primer ejemplo de resultado indeseable: Digamos que el Dr. M., célebre virólogo, ha encontrado al fin la vacuna contra el SIDA. El Dr. M. es un genio, pero a la vez tiene ideas un poco raras. Piensa que las enfermedades son mecanismos lógicos de regulación de población, y que no tendríamos que interferir con ellas. Por esta razón, aunque hace su descubrimiento público para cubrirse de gloria, el Dr. M. anuncia al mismo tiempo que no piensa poner la vacuna a disposición del público bajo ninguna circunstancia ni a ningún precio. Apliquemos ahora el axioma. ¿Tiene derecho el Dr. M., ya que el invento es indiscutiblemente su propiedad según los parámetros de Rothbard, a proceder de esta forma? Si yo fuera un enfermo de SIDA, ¿me gustaría que el Dr. M. procediera de esa forma?. Más tarde modificaré un poco el ejemplo, para dotarlo de un mayor realismo. Ahora centrémonos en el caso. ¿Tiene derecho el Dr. M a conservar en secreto la vacuna? Responder afirmativamente parece implicar una especie de salvajismo moral. ¿Tanto vale la propiedad o la intimidad de una persona como para dejar morir a millones? Para que no se confunda esta postura con la favorable a las patentes, hay que señalar que todo mecanismo de espionaje que no supusiera una violación de su propiedad material sería legítima. La cuestión, por tanto, es ¿qué vale más, el Dr. M o el resto de la humanidad? En primer lugar hay que decir que el debate está viciado. La ciencia económica ha afirmado con cierta consistencia que el valor es subjetivo y que, por tanto, las comparaciones intersubjetivas de utilidad son imposibles. ¿Qué vale más, mi vida o su propiedad? La cuestión es para quién vale más. Y, en este punto, Areán nos ha colocado en una trampa: Uno de los principios de la justicia es la imparcialidad y difícilmente podemos ser imparciales cuando se pone en conflicto "nuestras vidas" con la propiedad del Dr. M. (De hecho, se nos pide explícitamente que nos pongamos en situación: Si yo fuera un enfermo de SIDA, ¿me gustaría que el Dr. M. procediera de esa forma?). Está claro que todo el mundo responderá que "mi vida vale más que la propiedad ajena" (salvo, claro está, aquellos libertarios para quienes la rectitud moral esté por encima de sus vidas) y, por tanto, el resultado social, desde su punto de vista, será indeseable. Sin embargo, esta situación -la prevalencia del interés atómico- sí resulta incompatible con un sistema ético y el imperativo categórico, en tanto la formalización de un código de derechos alrededor del interés particular de cada individuo supone, en la práctica, una ética particular y, en buena medida, incompatible con la de los demás. ¿Realmente alguien querría universalizar un código de derechos y su negación? Pero la cuestión sigue estando sobre el tapete: ¿debe un sistema de derechos permitir situaciones como la descrita por Areán? Si nos limitamos a analizarlo únicamente desde el axioma de la no agresión, sí. El problema es que, una vez nos hemos trasladado al debate utilitarista, no podemos limitarnos a analizarlo únicamente partiendo del axioma de la no agresión, sino que debemos analizar las consecuencias en el comportamiento de los agentes que un cambio en el sistema de derechos (esto es, en las restricciones a su libérrimo comportamiento) darán lugar. En este caso, supongamos que una agencia llamada Estado puede socavar el derecho de propiedad de un individuo para salvar la vida de otra persona o de un conjunto de personas. Al margen de que esto sea absurdo (y también resulta incompatible con el imperativo categórico, ya que los agentes gubernamentales no actúan esperando que sus actos se universalicen), ¿qué ocurriría en este caso concreto? Conviene echar mano de las tres variables de Barnett: conocimiento, interés, poder. El Dr. M carece de poder para evitar que su propiedad sea confiscada; tiene interés en que la enfermedad se extienda por el mundo; y cabe suponer que dado su interés y su ausencia de poder autónomo para dar satisfacción a su interés, habrá adquirido el conocimiento de que el gobierno podrá expropiar su vacuna en caso de que la descubra. ¿Cuál será, pues, el resutado de este sistema legal? Que el Dr. M no producirá nunca tal vacuna o, como mucho, no difundirá su descubrimiento. Es absurdo pensar que un individuo quiera ver morir a millones de personas y, sabiendo que el gobierno le expropiará la vacuna para salvarlas, siga con el desarrollo de la vacuna. De hecho, para desgracia del Sr. Areán, el ejemplo que ha propuesto sólo puede darse bajo un sistema de derechos basado en la no agresión. En cualquier otro, la vacuna no hubiera llegado a existir y, por tanto, el gobierno no hubiera tenido la oportunidad de expropiar nada. En otras palabra, estamos ante una disyuntiva inexistente. Desde el punto de vista utilitarista, las consecuencias para este caso concreto serían las mismas. (De hecho, la única situación en que podría darse nos resulta irrelevante: aquella en que el sistema de derechos se basaba en la no agresión y, una vez descubierta la vacuna, por sorpresa, el gobierno decide expropiarla. Digo que resulta irrelevante porque, por un lado, si el Dr. M hubiera tenido la más remota sospecha de que el gobierno pudiera expropiarla, hubiera dejado de producirla y, en caso de que no la tuviera, a partir del momento en el que el gobierno transgrede la no agresión, todos los Doctores M. venideros dejarán de producir las vacunas, con lo cual no estaríamos ante un sistema de derechos dinámico, sino que sólo nos proporcionaría una solución para este caso). Y, sin embargo, podemos citar cuantiosas consecuencias nefastas sobre otros ámbitos que tendría la violación del axioma. Modifico ahora ligeramente el supuesto para dotarlo de una mayor verosimilitud: ¿qué ocurriría si Dr. M exigiera una suma de dinero tan descomunal que ningún afectado pudiera pagar? ¿Debería el gobierno expropiarla? En realidad, el supuesto es distinto pero la solución resulta idéntica. Si el gobierno tuviera por costumbre expropiar aquellos stocks de vacunas (y, repito, no me refiero a las fórmulas ya que no cabe propiedad sobre las mismas) que no pudieran ser vendidos a los precios exigidos por el productor, nadie produciría vacunas cuando supiera que ningún comprador iba a poder pagarlas. De hecho, el análisis superficial podría llevarnos a una conclusión nuevamente errónea: tal norma serviría para que, al menos, ningún productor exigiera un precio superior al que pueden pagar los consumidores. Pero, como digo, este análisis es erróneo porque modifica los supuestos de partida: si asumimos que el productor no quiere vender sus productos al precio X, sino que quiere venderlos a un precio rentable, entonces no necesitamos ninguna intervención política, ya que ningún vendedor que quiera dar salida a sus productos impondrá un precio superior al que puedan o estén dispuestos a pagar los consumidores. Vemos, por tanto, que el imperativo categórico no resulta incompatible con el axioma de la no agresión, sino más bien todo lo contrario. Despojado de los intereses particulares concretos, todo el mundo persigue sus fines esperando que nadie interfiera en ellos y, en ese sentido, sí resulta una norma universalizable. b) Contingencia de la idea de propiedad. La segunda crítica de Areán es igualmente interesante: el concepto de propiedad es en gran medida convencional, con lo que el axioma, en vez de ser un principio absoluto, se revela como contingente, dependiente de los cambios en la definición de propiedad. Pensemos, por ejemplo, en cómo se reclama la propiedad de un territorio habitado por nómadas. En realidad esto no supone una crítica al axioma de no agresión, sino una observación acerca de las particularidades de su implementación. En una sociedad donde el uso de la propiedad esté limitado consuetudinariamente, las acciones de los individuos tenderán a actuar en conformidad con esas costumbres. En tanto esa acción sea voluntaria (por ejemplo, acepto dar un 30% de mi propiedad a un fondo común de la tribu porque siempre ha sido así), no existe ningún problema. La cuestión se plantea en cuando el propietario, el primer poseedor o sus ulteriores adquirientes, ya no quiere someterse a esa costumbre. ¿Debe la tribu obligarle? ¿Debe coaccionarlo? Los libertarios dirán que no, otra cuestión es que difícilmente podrá escapar de la aplicación de la costumbre cuando toda la tribu se lo imponga. No estamos discutiendo sobre qué será, sino sobre qué debería ser. De la misma manera, ¿qué sucede cuando las tierras han sido adquiridas de forma mancomunada, por toda la tribu, constituyendo una forma de propiedad colectiva? Imaginemos una sociedad totalmente gregaria, donde el concepto de propiedad privada individual no exista (las tierras, el utillaje y la comida son comunes). ¿Qué sucede en estos casos? En realidad, aunque no existe la idea de propiedad privada individual, la propiedad privada sigue siendo una realidad. La tribu organizará internamente sus bienes de forma colectivista, pero hacia el exterior, los individuos ajenos a la tribu quedarán excluidos. Ésta es precisamente la característica de la propiedad privada: cómo administrar los recursos escasos y quién debe decidir sobre ello. En el caso de la tribu colectivista, los partidarios de la no agresión diremos que los miembros de la tribu tienen derecho a excluir a los extranjeros. Otra cosa es que decidan hacer uso de ese derecho o que finalmente puedan hacerlo valer. Por tanto, la idea de propiedad no es contingente, sólo lo es su concreta materialización y organización. La propiedad privada hace referencia al control de los medios que toda acción humana emplea. Dado que toda acción humana necesita de medios, siempre habrá medios susceptibles de control y que, para su uso, deberá excluir a otros agentes. La cuestión, por tanto, es quién dispone de la jurisdicción para decidir sobre los recursos y sobre cómo organizarlos. Y, en este caso, tanto desde el punto de vista del axioma como del utilitarista hay que señalar que la competencia recae sobre el primer poseedor. c) Los bienes no apropiables. Señala más tarde Areán que: Existen y existirán siempre entes que no son propiedad de nadie porque simplemente no pueden ser propiedad de nadie, tales como la atmósfera o los loros silvestres del Amazonas, o cuya propiedad está condicionada, como aquellas obras humanas que hemos designado patrimonio de la Humanidad. ¿Qué nos dice el axioma de agresión al respecto? Nada. A partir del axioma, no sabemos cómo comportarnos éticamente ante tales entes, o, peor aún, dichos entes son moralmente indiferentes. Empezando por el final, no es cierto que no exista propiedad, o que esté condicionada, en el caso del patrimonio de la Humanidad. En tanto este Patrimonio esté controlado por los distintos gobiernos, el propietario de facto, si bien no de iure, es el gobierno. Tal propiedad está condicionada sólo en tanto el Estado quiera que lo esté: el ejemplo más claro lo tenemos en los Budas de Bamiyán. Por tanto, el axioma de no agresión sí nos informa de qué hacer con estas obras: no debe agredirse a su propietario. Otra cosa distinta es que el gobierno lo agrediera y se haya quedado con su propiedad. Pero, en todo caso, quiero hacer notar que sí existe propiedad sobre estos bienes. Por eso mismo, los loros silvestres del Amazonas sí son susceptibles de apropiación (por ejemplo, a través de la captura). Mientras no hayan sido apropiados, ningún ser humano se habrá relacionado directamente con ellos; lo cual no significa que exista un libre acceso a los loros silvestres. Éste vendría limitado por los propietarios legítimos del Amazonas que, si bien no serían propietarios de los loros (de manera que si volaran fuera del Amazonas podrían ser legítimamente apropiados por otro sujeto) sí podrán limitar el paso por su propiedad. ¿Es descabellada la privatización del Amazonas? Podría ser, pero en todo caso no hay nada que impida que así sea. De hecho, hay socialistas que no sólo no creen que sea imposible, sino que tampoco piensan que sea descabellado. Finalmente, la atmósfera no es in toto apropiable, pero sí lo son determinados usos, como el espacio radioeléctrico. Por tanto, tampoco es cierto que haya bienes no privatizables: un bien no privatizable significa que no pueden existir conflictos sobre su uso y, en tanto no haya conflictos, no tiene sentido conferir derechos excluyentes sobre su uso. d) El auxilio. Pasemos a la siguiente objeción: ¿Qué sucede con una denegación de auxilio a partir del axioma? Un examen del enunciado nos convence que no contempla este caso. La agresión debe ser activa para violar el axioma; la omisión de un acto no lo viola. Se sigue que el axioma y los que lo defienden no consideran la más mínima solidaridad humana como una obligación ética, contraviniendo, por cierto, el mismo ius naturalis del que afirman que desciende dicho axioma. En primer lugar, Areán restringe en exceso el significado de agresión. Por lo general, toda agresión debe ser activa, pero en ocasiones las omisiones resultan equiparables a agresiones activas. Por ejemplo, si un vigilante firma un contrato donde se compromete a salvar la vida de los bañistas que se ahoguen, la omisión de su deber jurídico engendra, no sólo una violación contractual, sino un ataque a la vida del bañista que, había aceptado bañarse, con la condición de que ese vigilante iba a intentar protegerle la vida. Lo mismo puede decirse del aborto por evicción que, como adecuadamente ha señalado Albert Esplugas, entre en colisión con la responsabilidad paterna. Del axioma sólo se sigue que no existe ninguna obligación de beneficiar a los demás a costa tuya; o, en otras palabras, se sigue que el hombre no puede convertirse, en contra de su voluntad, en un medio para los fines de otros hombres. De hecho, afirmar que existe una obligación de solidaridad universal supone, en la práctica, negar esa obligación. Cada persona, no sólo tiene que decidir si es solidaria o no, sino especialmente con quién es solidario. Si todas las personas necesitades tienen un título igual de válido sobre mi propiedad, ¿cómo la administramos? ¿A qué famélico le doy mi barra de pan? Alguien tendrá que decidir, ya sea el gobierno, el que primero llegue, el más fuerte o... el propietario de la barra de pan. Salvo esta última posibilidad, las restantes violarían el axioma de la no agresión. De hecho, lo violarían hasta tal punto que reducirían la propiedad ajena a un límite subsistencial: dado que las necesidades del prójimo siempre superan a sus recursos, mi propiedad quedaría subordinada al disfrute ajeno. Pero si todos somos propietarios de todo, ¿cómo lo administramos? Y es que, al final, aquel que lo administre se convertirá en el propietario de facto. La cuestión, pues, vuelve a ser, ¿quién debe ser el propietario de facto? ¿El primer poseedor o cualquier otra persona establecida con otros criterios? Nuevamente, nos daríamos cuenta de que esta segunda posibilidad es nefasta, por muchos otros motivos, que ya expliqué brevemente aquí. Además, ¿una obligación a la solidaridad nos permite realmente constatar la naturaleza solidaria del ser humano? Por ejemplo, si sufro un atraco, ¿soy solidario con el ladrón simplemente porque se haya producido un desplazamiento de mi propiedad a la suya? Parece claro que no. Sólo seré solidario si, voluntariamente, le doy mi propiedad a otra persona. Pero la voluntariedad nada tiene que ver con la obligatoriedad. Si otros actúan por mí, en todo caso, los solidarios serán ellos. Pero, ¿realmente se puede ser solidario con la propiedad ajena? Si el ladrón, luego de haber robado, reparte el botín entre los pobres (y esto no tiene nada que ver con Robin Hood, quien robaba a los ricos que previamente habían robado a los pobres para devolverles su propiedad a la víctimas), ¿está siendo solidario? Bueno, con la propiedad ajena uno puede llegar a ser la persona más solidaria del mundo. En otras palabras, la trascendencia moral de la solidaridad sólo aparece en caso de ser voluntaria. e) Moral y derechos. Prosigue Areán: En una situación en que está en juego la necesidad de otro, si nuestros principios éticos no nos dicen cómo actuar, estamos claramente ante una ética incompleta. La ética, tal y como la entienden la mayoría de los libertarios, supone la base de los derechos. Un derecho concede la posibilidad de elegir entre un rango de acciones a su titular, si la elección estuviera predeterminada, no estaríamos ante un derecho, sino ante una obligación (una acción necesaria) -y un derecho en el beneficiario de tal acción. Si, por tanto, la ética necesita de elección, difícilmente puede preestablecerse el curso de acción. La ética no nos dice como debemos actuar, sino como podemos actuar. Será nuestra moral, que no forma parte del uso de la fuerza física sino, en todo caso, de la imposición en conciencia, la que, dentro de nuestras posibilidades, nos indicará cuál es la correcta. La ética liberal, pues, en ningún caso puede determinar totalmente la acción, pues en ese caso, el espacio para la libertad sería nulo. Es posible que algunos quieran conformar un sistema ético absoluto, de manera que el hombre carezca de libertad de elección. Pero, como poco, ese sistema ético sería nefasto desde un punto de vista utilitarista, pues significaría que el impulsor de ese sistema ético total, conoce ex ante los fines a los que querrán tender todos los seres humanos. Lo cual, como poco, es contradictorio, en tanto nuestros fines dependen de nuestra información, y no disponemos hoy de la información que se creará en el futuro. Por ello, difícilmente no podemos saber qué querremos mañana. f) La base del axioma. Por último, Areán sostiene que El axioma de marras se basa en la convicción liberal sobre el carácter sagrado y absoluto de la libertad individual. Es necesario hacer una crítica de ese concepto de libertad y mostrar que, por ejemplo, la prostituta infantil no está ejerciendo su libertad, sino, en el mejor de los casos, eligiendo entre dos males. La capacidad de elección no implica necesariamente libertad; donde hay necesidad no hay libertad. Soy consciente de que el tema de la prostitución infantil levanta, con razón, infinidad de polémica. De hecho, bastantes anarcocapitalistas no la aceptan (si bien no definen infante como aquella persona menor de 18 años). Por tanto, para examinar su última objeción, esto es, que no existe libertad cuando hay que elegir entre dos males, asumiremos que el sujeto tiene capacidad de elección, lo cual en buena medida deja fuera a los niños. Por ejemplo, la prostituta que no disfruta con su trabajo. Coincidiremos en que los dos males que identifica Areán son "o morir de hambre, o trabajar de prostituta". Al margen de que nunca existan decisiones tan cerradas, en realidad uno de esos dos males constituye un medio para un bien: sobrevivir. En general, todas las personas consideran que su trabajo es un mal, esto es, preferirían dedicar su tiempo y su esfuerzo a otras actividades. Muy pocos afortunados gozan con su trabajo y, de hecho, cuando ello sucede no estamos hablando propiamente de trabajo (dejo esta discusión económica sobre el trabajo y el ocio para otro momento). La capacidad de elección no implica libertad, ciertamente. Puedes elegir matar a una persona, pero no por ello eres libre, y mucho menos la víctima. Sin embargo, la capacidad de elección entre dos medios que no dañan a nadie, sí es libertad. Te permite pasar de una situación menos satisfactoria, a otra más satisfactoria, a pesar de que no lo sea mucho más. Podemos calificar la situación de desgraciada, pero es incontrovertible que estaría mucho peor si se le prohibiera elegir la opción escogida. Es falso que la existencia de necesidad niegue la libertad. Todos tenemos necesidad, de hecho la existencia de fines implica la necesidad por esos fines. Precisamente, cuando no nos fuerzan a perseguir determinado fin, o nos obstruyen la utilización de medios que no dañan a un tercero, somos libres. Si la necesidad supone inexistencia de libertad, entonces nadie es libre. Conclusión Ya hemos visto que la refutación del anarcocapitalismo a través de la crítica al axioma de la no agresión estaba abocada al fracaso desde un comienzo. Desde el momento en que existen defensas del anarcocapitalismo no basados en tal axioma, resulta claro que, como mucho, se hubiera procedido a la refutación de esa variante del anarcocapitalismo. Pero además, hemos comprobado que ninguna de las objeciones de Luis Fernando Areán contra el axioma de no agresión se sostienen. De hecho, en muchos casos, la única forma de solucionar esas objeciones es a través del axioma de la no agresión, correctamente entendido. Más propuestas liberales en Rebelion.org
Ya teníamos algunas muestras (I, II, III). Por un lado, atención ahora a los consejos que da al gobierno alemán: Entre los consejos que los expertos han lanzado hoy al futuro gobierno se encuentran el emprender un proceso de reformas valiente, poner en marcha un nuevo sistema de impuestos, librar al Estado de las cargas que no le corresponden y crear las condiciones necesarias para generar más puestos de trabajo. Esto significa, entre otras cosas, reducir los impuestos a empresas y contribuyentes. Según los expertos, esta bajada debería hacerse sin recurrir a una subida del Impuesto sobre el Valor Añadido, como pretendían los democristianos. Y por otro lado, minimizar las subvenciones, para lo que existe ya un plan definido, elaborado por el futuro ministro de Finanzas, Peer Steinbrück, y el Primer Ministro de Hesse, Ronald Koch, que ahorrará al Estado unos 70 millones de euros. Por otro, también en Rebelion.org, encontramos este enlace al Diario "La Jornada": ¿Por qué reducir más las barreras comerciales? En su versión más simple, la explicación fue dada recientemente por el director gerente del Fondo Monetario Internacional (FMI), Rodrigo Rato, en uno de los seminarios de Iniciativa Global Clinton, organizada por el ex presidente de Estados Unidos (EU): "El comercio probó ser una de las grandes fuerzas positivas del cambio en el mundo en los últimos 50 años", dijo. En ese periodo, "el comercio mundial aumentó 20 veces, mientras que el tamaño de la economía global se multiplicó sólo por seis, en términos del producto interno bruto". Muchos concuerdan con la tesis de que un mundo con corrientes comerciales más libres será más próspero. El problema está en negociar una liberalización que atienda los intereses de 148 países de forma equilibrada. (...) Para que se destrabe el tema agrícola es necesario, primero, determinar una fecha de firma para la eliminación de los subsidios a las exportaciones de esos productos. Esa es la parte fácil. La más difícil involucra la reducción de las barreras que la UE impone a la entrada de productos agrícolas a su mercado, bajo la forma de tarifas y cuotas y, por otro lado, el corte de los subsidios a productos de EU. Esperemos que continúen por este camino de sensatez. 21 de Octubre de 2005Y siguen contradiciéndose
Si Mises destaca al final de su artículo sobre la doctrina marxista de los salarios, la intrínseca contradicción comunista que existe al afirmar, por un lado, que los trabajadores viven al límite de su subsistencia y que, por otro, puede existir un progresivo empobrecimiento, démonos cuenta de que hoy, los socialistas, han sumado otra variable no menos delirante a esta ecuación del despropósito. Se llama el consumo responsable, y podemos encontrarlo en páginas de impronta marxista. El consumo responsable viene a culpar a los occidentales de consumir más de lo que necesitan, de haber sido manipulados por las megacorporaciones internacionales para que caigan en una espiral consumista. ¿Cómo pueden los marxistas o filomarxistas sostener la teoría de la explotación del trabajador y, al mismo tiempo, acusarle -como consumidor- de vivir a todo lujo y derroche? Por cierto, Joan Torres i Prat tiene un estrambótico librillo sobre el tema que espero reseñar en breve. La teoría marxista de los salarios, por Ludwig von Mises
La mayor fuerza de la política de nuestro tiempo es Karl Marx. Los dirigentes de muchos millones de camaradas en los países comunistas, más allá del Telón de Acero, pretenden ejecutar las enseñanzas de Marx; se consideran los ejecutores del testamento de Marx. En los países nocomunistas hay más escepticismo en relación con los logros marxistas, pero aun ahora es alabado en todas las universidades como uno de los mayores intelectuales de la humanidad, el gigante que demolió inveterados prejuicios y errores y que reformó radicalmente la filosofía de las ciencias del hombre. Poca atención se ha prestado a los pocos disidentes que no forman parte del coro laudatorio a Marx. Se les ha boicoteado como reaccionarios. El hecho más destacado sobre este prestigio sin precedentes de un autor ha sido que incluso sus más entusiastas admiradores no leen sus escritos y no están familiarizados con su contenido. Unos pocos pasajes y frases de sus libros, siempre los mismos, se citan una y otra vez en los discursos políticos y en los panfletos. Pero los voluminosos libros y las decenas de artículos y panfletos que Marx escribiera, no han sido, como puede comprobarse sencillamente, examinados concienzudamente por los políticos e intelectuales que se llaman a sí mismos marxianos. La mayoría de la gente compra o pide prestado de la librería los escritos de Marx y los comienza a leer. Pero, muertos de aburrimiento, suelen detenerse después de unas pocas páginas, si es que no lo han dejado en la primera. Doctrinas de Marx Si la gente se familiarizara con las ideas de Marx, nunca hablarían del socialismo, como tan a menudo hacen, "de acuerdo con los designios y preceptos de Marx". Marx nunca concibió el concepto de socialismo ni dijo nada acerca de la organización y operatividad de una comunidad socialista, a excepción de que sería un maravilloso reino de abundancia sin límites, donde todo el mundo obtendría cuanto necesita. La idea del socialismo -abolición de la propiedad privada sobre los medios de producción y de la libertad de empresa, así como el control por parte del gobierno de todos los asuntos de la sociedad- fue elaborado plenamente por autores franceses y británicos antes de que Marx se embarcara en su tarea de autor y propagandista. No había nada que añadir y Marx no añadió nada. Ni siquiera intentó refutar todo aquellos que los economistas, ya en su época, habían argumentado en contra de la ingenuidad y absurdidad de lo esquemas socialistas. Tildó de vano utopismo perder el tiempo con los problemas de un sistema económico socialista. Tal y como él veía su propia contribución, consistía en el descubrimiento del hecho de que la implantación del socialismo era inevitable y que el socialismo -precisamente porque se impondría "como una inexorable ley de la naturaleza" y era el objetivo final hacia el que debía guiarse la historia de la humanidad- conseguiría la satisfacción de todas las ilusiones y deseos humanos, un estado de divertimento sin límites y felicidad. Los escritos de Marx, y en primer lugar los tochos volúmenes de su más importante tratado, Das Kapital, no estudian el socialismo. En realidad, tienen que ver con la economía de mercado y el capitalismo. Describe el capitalismo como un sistema de inenarrables horrores y suma desesperación, donde la mayoría de la gente, los proletarios, son tiránicamente oprimidos y explotados por una clase de acomodados capitalistas. Todo en este nefasto sistema es desesperadamente malo, y ninguna reforma, ni siquiera bien intencionada, puede aliviar, mucho menos eliminar, el abominable sufrimiento de los proletarios. No puede decirse nada más en favor del capitalismo salvo que, precisamente, como condena por su monstruosidad y atrocidad, llegará un día en que los sufrimientos que engendra resulten tan intolerables que se desembocará en una gran revolución social que alumbrará el milenio socialista. La "ley de hierro" de los salarios El meollo de las enseñanzas económicas marxistas es su "ley" de los salarios. Esta ley, que se encuentra en la base de todas sus críticas al sistema capitalista, no es , por supuesto, obra marxista. Fue concebida por autores anteriores, que la conocieron desde hacía tiempo como la "ley de hierro de los salarios", y que ya había sido refutada largo y tendido antes de que los marxistas la usaran como fundamento de su doctrina. Marx prefierió ignorar todo lo que se había dicho sobre los vicios deductivos que contenía la mentada ley. Realizó algunos comentarios sarcásticos sobre la traducción alemana del término inglés "ley de hierro", tal y como había sugerido su principal rival en el liderazgo del Partido Socialista Alemán, Ferdinand Lassalle (1825-1864). Pero en realidad construyó todo su razonamiento económico, todo su vaticinio del destino futuro de los acontecimientos económicos, todo su programa político sobre la ilusoria base de este falaz teorema. Esta denominada "ley de hierro" establece que los salarios son determinados por el coste de los medios de producción que se requieren para el mantenimiento de la fuerza laboral. El trabajador no puede obtener más de lo que fisiológicamente necesita para preservar su capacidad para trabajar y para permitirle criar el número de hijos que necesita para reemplazarla cuando muera. Si los salarios se incrementan por encima de este nivel, los trabajadores tendrán más prole y la competencia entre estos nuevos obreros reducirá de nuevo los salarios hasta el nivel que los teóricos consideran "natural". Si, por otro lado, los salarios caen por debajo de este nivel natural, los trabajadores no serán capaces de alimentar a los vástagos necesarios para reemplazarlos. Se producirá un desabastecimiento de trabajadores y la competencia entre los empresarios incrementará los salarios hasta su nivel natural. Desde el punto de vista de la "ley de hierro" el destino de los trabajadores bajo el capitalismo resulta tenebroso. Nunca podrán mejorar su existencia por encima del nivel de subsistencia. Ninguna reforma, ninguna ley de salario mínimo, ninguna presión de los sindicatos puede ser efectiva en contra de la ley de hierro. Bajo el capitalismo, los proletarios están condenados a permanecer por siempre al borde de la inanición. Todas las ventajas derivadas de las mejoras tecnológicas en los métodos de producción van a parar exclusivamente a las arcas de los capitalistas. Esto es lo que significa la categoría marxista de explotación. Por justicia, dice Marx, todos los productos deberían beneficiar a aquellos que los han producido, a los obreros manuales. La mera existencia de los burgueses es parasitaria. Mientras los proletarios sufren, los burgueses explotan, lo festejan y se deleitan. La producción capitalista En estos momentos, uno sólo tiene que mirar alrededor para darse cuenta de que algo debe estar completamente equivocado en esta descripción acerca del funcionamiento de la economía capitalista. La mayor innovación que los métodos de producción precapitalistas provocaron en el sistema capitalista, fue el evento histórico denominado la Revolución Industrial, que fue precisamente la inauguración de un nuevo principio de marketing. Las industrias productoras de bienes de las épocas anteriores se preocupan casi exclusivamente de los deseos de la gente bien. Pero lo que caracteriza al capitalismo en cuanto a tal es la producción en masa para la satisfacción de las necesidades de toda la sociedad. La mayor parte de los productos obtenidos en las fábricas son consumidos, directa o indirectamente, por la misma gente que trabajaba en las fábricas. Los grandes negocios son grandes, precisamente, porque produce todos los bienes que se le piden y se los trae a las masas. Si entras en el hogar del hombre medio de un país capitalista, encontrarán productos manufacturados por las grandes empresas. Es un fantástico sin sentido afirmar que todo lo que los trabajadores obtienen es simplemente aquello que necesitan para sobrevivir y criar a sus hijos hasta que puedan sustituirlos en sus puestos de trabajo. Mientras que las empresas que producen para las masas se vuelven más grandes, aquellos que se concentran en bienes de lujo para unos pocos, nunca llegan más allá de medianas, o incluso pequeñas, empresas. La principal deficiencia de la "ley de hierro de los salarios" era que negaba al trabajador su carácter humano y lo trataba como una criatura no-humana. Todas los seres vivos no-humanos tienen la urgente necesidad de proliferar hasta el límite de medios disponibles para su subsistencia. Sólo la cantidad de alimentos evita la multiplicación incontrolada de elefantes y roedores, de virus y gérmenes. Su número va en relación con los alimentos disponibles. Pero esta ley biológica no se aplica al hombre. El ser humano se dirige, así mismo, hacia otros fines más allá de las necesidades fisiológicas del cuerpo. La "ley de hierro" asume que el trabajador, el hombre común, no es mejor que un conejo, que no tiene otras satisfacciones que alimentarse y procrear y que no sabe emplear sus ingresos de otra forma distinta a esas necesidades animales. Es obvio que esta es una de las hipótesis más absurdas jamás hechas. Lo que caracteriza al hombre como hombre y lo eleva por encima de los animales es que también se dirige hacia otros fines humanos que podríamos calificar como "fines más elevados". El hombre no es como otros seres vivientes, que únicamente actúan movidos por los apetitos de sus estómagos y de sus glándulas sexuales. El trabajador es también un hombre, una persona moral e intelectual. Si gana más dinero del mínimo necesario para sobrevivir, lo gasta en la satisfacción de otras necesidades humanas; intenta conseguir que su vida y la de sus descendientes sea más civilizada. En la época en que Marx y Engels asumieron la espuria "ley de hierro" y afirmaron en el Manifiesto Comunista (1848) que el salario medio es "la cuantía de los medios de alimentación (Lebensmittel) que son absolutamente necesarios (notwendig) para mantener al obrero vivo como trabajador", economistas inteligentes ya habían expuesto las falacias de ese silogismo. Pero Marx no hizo caso de estas críticas. Toda su doctrina económica pergeñada en su principal tratado, Das Kapital, se basa en la "ley de hierro". La falsedad de esta presunta ley, la falsedad que no ha sido cuestionado por nadie durante cien años, destruye la base de todo su razonamiento económico. Y destroza completamente la principal demagogia del sistema marxista, la doctrina que asegura que los receptores de sueldos y salarios son explotados por los empresarios. La inexorabilidad del socialismo Al elaborar su sistema de filosofía y economía, Marx estaba tan cegado por su acalorado odio a la civilización Occidental que no se dio cuenta de las enormes contradicciones de su propio razonamiento. Uno de los dogmas esenciales del mensaje marxista, quizá su corazón y sustancia, es la doctrina de la inexorable llegada del socialismo. En Das Kapital (1867), Marx proclama que el capitalismo "engendra, como una inexorable ley natural, su propia negación", esto es, da paso al socialismo. Es esta profecía la que explica el obstinado fanatismo de numerosas facciones comunistas y socialistas de nuestra época. Marx intentó demostrar este dogma cardinal de su credo por su famoso pronóstico de que el capitalismo genera necesariamente un inevitable y progresivo empobrecimiento de las masas de trabajadores. Cuanto más se desarrolla el capitalismo, dice, más "crece la miseria de las masas, la opresión, la esclavitud, la degradación y la explotación". Con "el progreso de la industria" el trabajador "se hunde más y más hondo", hasta que al final, cuando sus sufrimientos sean insoportables, las masa explotadas se levantarán y establecerán el eterno éxtasis del socialismo. Es evidente que esta profecía de Marx ha sido tan refutada por los hechos de la evolución social como el resto de pronósticos marxistas. Desde que Marx escribió las frases citadas en 1848 y 1867, el nivel de vida de los trabajadores ha mejorado en todos los países capitalistas de una manera en que nadie hubiera soñado. Pero aun hay más que decir acerca de esta argumentación marxista. Contradice toda la teoría marxista de la determinación de los salarios. Como ya se ha señalado, esta teoría afirma que "los salarios bajo el capitalismo son siempre tan necesariamente bajo que por razones fisiológicas no pueden caer más sin eliminar a toda la clase de trabajadores". ¿Cómo puede ser entonces posible que el capitalismo provoque el progresivo empobrecimiento de los trabajadores? Marx, con su predicción de esta progresiva pauperización de los trabajadores, contradijo no sólo la experiencia histórica. Contradijo también las enseñanzas esenciales de su propia teoría basada en la "ley de hierro de los salarios", esto es, que los salarios capitalistas son tan bajos que ulteriores reducciones acabarían con la vida de los trabajadores. El sistema económico marxiano, tan alabado por las huestes de intelectuales pudientes, es un batiburrillo de aseveraciones arbitrarias que entran en conflicto unas con otras. Ayuda, a su pesar
Por el amor de Dios, detened eso, clamaba el economista kenyata James Shikwati cuando le recordaban que África continuaba recibiendo millones y millones de ayuda exterior: Las enormes burocracia son financiadas a través del dinero en ayudas para el desarrollo, con lo que se promueve la corrupción y la autocomplaciencia, a los africanos se les enseña a ser mendigos, no a ser independientes, sentenciaba. June Arunga no fue menos taxativa: África es un continente habituado a tener líderes despóticos. Darles a estos países dinero público es como darle a un niño malcriado las llaves de tu coche esperando que sea responsable. Toda esta ayuda externa socava el poder que la sociedad civil de estos países tiene para volver responsable al gobierno. Sin embargo, Eduardo Madina parece que no lo tiene claro: Una nueva política de cooperación está generando esperanza tras la difícil situación en la que se encontraba con el anterior Gobierno y ya vemos la posibilidad de cumplir con nuestros compromisos internacionales en la lucha contra la pobreza y con la palabra empeñada en el combate contra el hambre. Ya lo dijo Shikwati: Por desgracia la devastadora necesidad de los europeos por hacer el bien no puede ser rebatida racionalmente. Ni tampoco la devastadora necesidad de algunos europeos por hacer el mal. Su carné
Via Nipho llego a este artículo en catalán del cual quiero corregir dos puntos. |