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Todo un hombre de Estado: Octubre 2005

31 de Octubre de 2005

Fascismo, por Sheldon Richman

El mejor ejemplo de una economía fascista es el régimen del dictador italiano Benito Mussolini. Tras sostener que el liberalismo (por el cual entendía la libertad y los mercados libres) había alcanzado el final de su función histórica, Mussolini escribió: Para el fascismo el mundo no es este mundo material, tal como aparece en la superfecie, y donde el hombre es un individuo separado de todos los demás y dejado a sus propios medios... El fascismo afirma el estado como la auténtica realidad del individuo.

Este colectivismo es capturado en la palabra fascismo, que procede del latín fasces, que significa haz de varas con un hacha en ella. En economía, el fascismo fue visto como una tercera vía entre el no intervencionismo del capitalismo y el comunismo. El pensamiento fascista reconocía los roles de la propiedad privada y la motivación de los beneficios como incentivos legítimos para la productividad, siempre que no entraran en conflicto con los intereses del estado.

El fascismo en italia creció a partir de otros dos movimientos: el sindicalismo y el nacionalismo. Los sindicalistas creían que la vida económica debería estar gobernada por grupos que representaran a los trabajadores en las distintas industrias y oficios. Los nacionalistas, irritados por el trato dado a Italia después de la Primera Guerra Mundial, combinaron la idea de la lucha de clases con la de la lucha nacionalista. Italia eran una nación proletaria, decían, y para conseguir una mayor cuota de la riqueza del mundo, todas las clases italianas tenían que unirse. Mussolini fue un sindicalista que se volvió nacionalista durante la Primera Guerra Mundial.

De 1922 a 1925, el régimen de Mussolini persiguió una política de no invertencionismo económico bajo el ministro e finanzas liberal Alberto de Stefani. De Stefani redujo los impuestos, las disposiciones y las restricciones económicas y permitió que las empresas compitieran entre sí. pero su oposición al proteccionismo y a los subsidios económicos le alienó a algunos líderes industriales, y De Stefani se vio finalmente obligado a dimitir. Después de que Mussolini consolidara su dictadura en 1925, Italia entró en una nueva fase. Mussolini, con muchos líderes de su época, creía que la economía no podía actuar constructivamente sin supervisión del gobierno. Presagiando los acontecimientos en la Alemania nazi, y en cierta medida en la Norteamérica del New Deal, Mussolini inició un programa de enormes gastos financiados sobre el déficit presupuestario en obras públicas y, finalmente, militarismo.

El fascismo de Mussolini dio otro paso por aquella época con el advenimiento del Estado Corporativo, un arreglo supuestamente pragmático bajo el cual las decisiones económicas eran efectuadas por los consejos compuestos por trabajadores y patronos que representaban gremios e industrias. mediante este dispositivo tenía que resolverse la presunta rivalidad económica entre patronos y obreros, impidiendo que la lucha de clases minara la lucha nacionalista. En el Estado Corporativo, por ejemplo, las huelgas eran ilegales y las disputas laborales eran mediadas por una agencia estatal.

Teóricamente, la economía fascista tenía que ser guiada por una compleja red de empleados, trabajadores y organizaciones dirigidas conjuntamente que representaban a las industrias y los oficios a nivel local, provincial y nacional. En el punto más alto de esta red estaba el Consejo Nacional de Empresas. Pero aunque sindicalismo y corporativismo tenían un lugar en la ideología fascista y eran críticos a cimentar un consenso en apoyo del régimen, el consejo hizo poco por dirigir la economía. Las auténticas decisiones eran tomadas por agencias estatales como el Instituto para la Reconstrucción Industrial (el instituto per la Riconsstruzione Industriale, o IRI), que mediaba entre los grupos de interés.

Desde 1929, y como preparativo para conseguir las "glorias" de la guerra, el gobierno italiano utilizó medidas proteccionistas para dar a la economía un giro hacia la autarquía, o autosuficiencia económica. las políticas autárquicas se intensificaron durante los años siguientes debido tanto a la depresión como a las sanciones económicas que impusieron otros países a Italia después de que ésta invadiera Etiopía. Mussolini decretó que las oficinas gubernamentales debían comprar solamente productos italianos, e incrementó los aranceles a todas las importaciones en 1931. Las sanciones que siguieron a la invasión de Etiopía espolearon en 1935 a Italia a incrementar de nuevo los aranceles, estableciendo rígidas cuotas de importación, y endurecer el embargo sobre productos industriales.

Mussolini eliminó también la capacidad de las empresas para tomar decisiones independientes: el gobierno controlaba todos los precios y salarios, y las firmas que componían cualquier industria podían verse obligadas a formar un cártel donde la mayoría votaba por ellas. Las bien relacionadas cabezas de los grandes negocios participaban en la elaboración de la política, pero la mayoría de los pequeños hombres de negocios se veían reducidos a todos los efectos a empleados del estado que tenían que enfrentarse a burocracias corruptas. Lo aceptaban, con la esperanza de que las restricciones fueran temporales. Puesto que la tierra era algo fundamental para la nación, el estado fascista reglamentó la agricultura aún mas pleamente, dictando qué cosechas debían cultivarse, fragmentando granjas y amenazando con la expropiación para hacer cumplir sus órdenes.

La banca también fue sometida a un extraordinario control. A medida que el sistema industrial y bancario de Italia se hundían bajo el peso de la depresión y la reglamentación, a medida que aumentaba el paro, el gobierno estableció programas de obras públicas y tomó el control sobre decisiones de construcción y ampliación de fábricas. El gobierno creó en 1931 el Istituto Mobiliare para controlar el crédito, y más tarde el IRI adquirió todas las acciones en poder de los bancos de empresas industriales, agrícolas e inmobiliarias.

La imagen de un líder fuerte haciéndose cargo directamente de la economía durante una época difícil fascinó a los obseradores extranjeros. Italia fue uno de los lugares hacia los que dirigió su mirada Franflin Roosevelt en busca de ideas en 1933. La Ley Nacional de Recuperación (NRA) intentó cartelizar la economía norteamericana del mismo modo que Mussolini había cartelizado la de Italia. Bajo la NRA, Roosevelt estableció consejos industriales globales con el poder de establecer y hacer cumplir precios, salarios y otros términos de empleo, producción y distribución para todas las compañías de una industria. Mediante la Ley de Ajuste Agrícola, el gobierno ejerció un control similar sobre los granjeros. Resulta interesante constatar que Mussolini consideró el New Deal de Roosevelt como audaz..., intervencionista en el campo de la economía. El nazismo de Hitler compartió también muchos rasgos con el fascismo italiano, entre ellos el frente sindicalista. El nazismo destacaba también por el completo control del gobierno sobre la industria, la agricultura, las finanzas y las inversiones.

A medida que se acercaba la Segunda Guerra Mundial, los signos del fracaso del fascismo en Italia empezaron a ser palpables: el consumo privado per cápita había caído por debajo de los niveles de 1929, y la producción industrial italiana entre 1929 y 1939 se había incrementado tan sólo en un 15%, menos que los índices de otros países europeos. La productividad laboral era baja, y los costes de producción no competitivos. El fallo residía en el cambio de la toma de decisiones económicas de los empresarios a los burócratas del gobierno, y en la distribución de recursos por decreto antes que por mercados libres. Mussolini diseñó su sistema para abastecer las necesidades del estado, no de los consumidores. Al final, no sirvió a ninguno de los dos.

[Extraído de la Enciclopedia Fortune de Economía]

29 de Octubre de 2005

El mayor robo, eliminar el beneficio

Una de las falacias marxistoides más extendidas es que el beneficio es un robo al trabajador. Lo podemos volver a leer en esta anotación: El capitalismo se basa en el beneficio. Beneficiarse es un robo. Si un empresario se beneficia, es porque le paga a sus trabajadores menos de lo que vale su trabajo, o porque le cobra a los consumidores más de lo que cuesta producir el producto, o por las dos cosas. Esto es, sencillamente, robar.

Ya lo he explicado en multitud de ocasiones pero como decía Mises, si ellos siguen repitiendo la mentira, nosotros tendremos que seguir repitiendo, aún más fuerte, la verdad.

La forma original de remuneración es el beneficio

El primer error consiste en creer que la forma original de retribución de todo agente económico es el salario. En el post que estamos comentando, tal error aparece cuando se afirma: ya se que el empresario también trabaja. Tendrá derecho a un sueldo, pero no a ganar 50 veces lo que gana un trabajador cualquiera.

En otras palabras, todos tienen derecho a un sueldo como fruto de su trabajo. Como hemos visto, pues, si el salario es la forma original de renta, el beneficio será una derivación del salario, esto es, una acumulación de plusvalías o de robos a los trabajadores.

Sin embargo la realidad es del todo distinta. La forma original de retribución es el beneficio. Se trata de una simple cuestión de definiciones. Todos coincidimos en que, el beneficio es el exceso de ingresos procedentes de la venta de un producto sobre el coste de producirlo y el salario dinero pagado a cambio de la realización del trabajo.

En las economías precapitalistas, a las que se refieren Smith y Marx, los trabajadores se apropian completamente del fruto de su trabajo. Cada persona produce unas mercancías que luego las vende a cambio de dinero para comprar nuevas mercancías. ¿Este dinero obtenido son beneficios o salarios? Simplemente tenemos que acudir a nuestras definiciones: ¿el trabajador ha pagado a alguien por realizar el trabajo de producción? Está claro que no, el dinero lo ha obtenido después de vender las mercancías, no ha cambio de realizar el trabajo, sino de intercambiar el producto. En realidad, pues, el dinero obtenido en la venta son ingresos monetarios a los que habrá que deducir los costes relacionados con la producción (el tiempo que ha dedicado el trabajador, los recursos que ha gastado en el producto…) para obtener su “beneficio”.

Así pues, vemos que en las economías precapitalistas la forma natural de remuneración es el beneficio, no el salario. De hecho, estas economías se caracterizan por la inexistencia del trabajo asalariado, con lo cual, difícilmente el salario podía constituir la forma original de renta.

Vemos, pues, que sólo con la emergencia del capital y del trabajo asalariado, la forma natural de remuneración, el beneficio, tiene que sufrir un descuento a favor del salario. La relación, por tanto, es a la inversa: el beneficio no es, en todo caso, un “robo” del salario, sino que el salario es un “robo” del beneficio. Por lógica y necesidad, el beneficio precede al salario y éste no puede existir sin aquél. Sin salario, todo sería una ganancia pura del empresario, la plusvalía sería absoluta. Es la introducción del trabajo asalariado lo que reduce la plusvalía (por el salario) y no lo que la genera.

De hecho, en nuestras sociedades capitalistas, son los empresarios quienes descubren las oportunidades de beneficio. No cualquier tipo de producción es rentable: vender helados en el Polo Norte, fabricar textiles más caros que los chinos, o producir más de la cuenta, son operaciones ruinosas.

Por ello, al encontrar necesidades insatisfechas, el empresario sienta las bases para apoderarse de la ganancia que se derivará de tal acción. El hecho de que necesite materias primas o trabajadores para alcanzar su objetivo es secundario. A nadie se le ocurriría decir que el beneficio corresponde al propietario de la mina que le proporciona la chapa al empresario para producir coches. Tampoco tiene sentido, por ello, decir que le corresponde al trabajador. Sin la mediación y anticipación empresarial, ese trabajador nunca hubiera estado donde está. Esa oportunidad de beneficio fue descubierta y aprehendida por el empresario, demandando la ayuda retribuida de otras personas (propietarios de materias primas y oferentes de trabajo).

Con todo, hay que entender cómo se efectúa este descuento del beneficio empresarial puro.

El interés

Muchas veces hemos oído que el interés debiera ser eliminado. Una de las obsesiones de Keynes fue extinguir el cobro de intereses y a ello dedicó buena parte de sus recomendaciones económicas.

No obstante, el interés es una categoría inerradicable de la acción humana. Somos conscientes de que sin interés, los ahorradores paralizarían los préstamos, con lo cual la inversión desaparecería. El ahorro quedaría confinado a una forma primitiva de atesoramiento para tiempos futuros (si bien, incluso así, los ahorradores percibirían una especie de interés psicológico).

Puede señalarse que, en un mundo socialista, los ahorradores no serían avariciosos y, por tanto, no necesitarían del incentivo del interés para prestar el dinero. Sin embargo, en este caso, las dificultades son todavía mayores. Sin el interés, miles de personas pugnarían por los ahorros escasos de una sociedad. Imaginen que diez trabajadores han ahorrado 1000 euros cada uno y deben prestarlos sin percibir ningún interés. Ante ellos llegan cien mil personas, ¿a quién deberían prestar el dinero? ¿A quiénes les cayeran simpáticos? ¿Pero es que acaso la simpatía no es una forma de pago o compensación no monetaria por el préstamo?

Es más, ¿durante cuánto tiempo deberían los obreros prestar los 1000 euros? ¿Un mes, un año, 50 años? Pensemos que al no cobrar interés, el período se vuelve arbitrario y, si la avaricia y los intereses personales no han de entrar en juego, al prestamista le será más sencillo devolver los 1000 euros en 50 años que en un mes.

Si existiera interés, los trabajadores podrían exigir por sus ahorros intereses más elevados o períodos de devolución más cortos. Los empresarios que estuvieran seguros de la rentabilidad de sus inversiones estarían dispuestos a pagar altos tipos de interés, de manera que los empresarios con inversiones deficientes o poco seguras se retirarían de la pugna por los préstamos. Al final, los empresarios que consiguieran pagar los mayores intereses serían los que, al menos en principio, son capaces de producir los productos más rentables, esto es, los más demandados por los consumidores.

Sin interés, se vuelve imposible fijar un período de devolución y discriminar entre prestamistas eficientes y torpes. Padeceríamos una masiva dilapidación de los ahorros de los trabajadores, de manera que, al final, sin interés, el ahorro y la inversión desaparecerían.

Este mismo ejemplo resulta aplicable a la producción capitalista. El empresario invierte su dinero (o el dinero que ha pedido prestado y que ha prometido devolver en un cierto plazo de tiempo) para adquirir bienes de capital inmovilizado y factores productivos. Tanto a los propietarios de los bienes de capital inmovilizado -o sus productores (pensemos en los constructores de una nave industrial)- como a los factores productivos (trabajadores y propietarios de materias primas) tiene que pagarles sus rentas (precio de la nave industrial, salario y precio de las materias primas) antes de que haya vendido los bienes que su empresa va a producir. Es decir, tiene que anticipar sus remuneraciones antes de rentabilizar la inversión.

En este sentido, por tanto, el empresario es como un prestamista. Presta hoy dinero a los trabajadores y a los propietarios de materias primas, para que el día de mañana estos se lo devuelva en forma de bienes y servicios producidos. Lógicamente, estos bienes y servicios futuros (los productos que vende la empresa) tienen un mayor valor que los bienes y servicios presentes (el precio de las materias primas o el tiempo de trabajo) que ofrecen los factores productivos, por lo que el empresario actúa como si derivara un interés.

Adelanta los salarios con cargo a sus ahorros y recupera el préstamo y los intereses en forma de bienes y servicios más valorados al cabo de los meses. Como en el caso anterior, si queremos eliminar este interés empresarial (de manera que el empresario perciba un sueldo que no se corresponda con la capitalización de su inversión inicial), entonces nunca invertirá sus ahorros en forma de capital inmovilizado (nave industrial, maquinaria, oficinas, camiones…) ni de capital circulante (salarios y precio de materias primas).

El trabajador, al carecer de ahorros, sería incapaz de acudir al mercado crediticio (pues no existiría el interés) y tendría que vivir de cuanto sea capaz de producir con las manos. No es, como suelen decir algunos, un problema de falta de propiedad sobre los medios de producción.

Imaginemos que el trabajador en cuestión tiene un cortijo. Sin embargo, no tiene ahorros. Si quiere cultivar un cereal que obtendrá un año después de la siembra, ¿qué comerá durante todo ese año? Recordemos que no tiene ahorros y para obtener el fruto de su trabajo tendrá que esperar un año.

Obviamente, pues, ese trabajador, propietario de un enorme cortijo, tendrá que vivir recogiendo las frutas que la naturaleza le haya proporcionado. Por tanto, la eliminación del interés empresarial no abandona en la miseria a los trabajadores por carecer de propiedades, sino por carecer de ahorros.

Y, claro está, si alguien sostiene que los trabajadores sí tienen ahorros (como así sucede), entonces habría que recordarle que los principales perjudicados de la eliminación del interés empresarial serían los propios trabajadores, esto es, los ahorradores que, en forma de accionistas o prestamistas, están obteniendo distintas formas de interés.

Todo esto se aplica también con las decisiones de reinversión. La reinversión consiste, simplemente, en elegir la cuantía de capital circulante que pasará a inmovilizarse (así como la estructura productiva y tecnológica de ese capital inmovilizado). Nuestro blogger critica que sean los capitalistas, y no los trabajadores, quienes elijan cómo reinvertir sus ahorros.

No hay mucho que añadir, nacionalizar los ahorros es la mejor manera de eliminarlos. Si todos los ahorros son de toda la sociedad, entonces el tipo de interés es inexistente (ya que no hay propietarios ni demandantes de ahorros), y de ninguna manera podrán seleccionarse los proyectos adecuados para invertir (entroncando así con la imposibilidad del cálculo económico de Mises). Es decir, los ahorros se invertirían de manera arbitraria, sin tener en cuenta las ignoradas preferencias temporales y utilidades de los consumidores, de manera que el ahorro iría menguando (al menos el ahorro útil para los individuos) y, al final, nos sumiríamos en la esclavización de toda la sociedad (el individuo no podría negarse a trabajar allí donde el Comité planificador le impusiera) y en su pauperización. En otras palabras, la socialización del capital, el socialismo, sólo convierte en realidad las mentiras que el comunismo atribuyó al capitalismo: la esclavitud y pobreza de los trabajadores.

Conclusión

Hemos visto y demostrado por qué la forma originaria de remuneración es el beneficio y no el salario. Éste último es sólo un descuento, una renta parasitaria, del beneficio empresarial puro. Así mismo, hemos estudiado cuál es la forma en que los salarios aparecen y se forman. Para una reflexión más extensa sobre el origen y formación del salario, puede consultarse este artículo mío en Libertad Digital.

En todo caso, es graciosa la forma en que el autor del texto que criticamos concluye su post: O dicho de otra manera, si el beneficio empresarial es bueno, hagámonos todos empresarios.

Eso mismo, si tanto dinero ganan sin mérito alguno, hazte empresario. Si obtienen rentabilidades espectaculares de manera trivial y sencilla, acude a un Banco, hipoteca tu empresa futura, y por poco más de un 3% anual tendrás los medios necesarios para hacer la competencia al resto de empresarios y ganar esas monstruosas rentabilidades. El 3% de coste, a su lado, será nimio. De hecho, si tan sencillo es saber dónde y en qué cuantía invertir, es extraño que no todos se hayan convertido en empresarios ahora que los préstamos están tan asequibles y los beneficios empresariales son tan elevados.

(Gracias a David Millán por el link).

28 de Octubre de 2005

¿Quién redacta estas noticias?

O bien en el Plural.com andan escasos de personal o bien cada vez se les entiende todo mejor. En esta noticia intentan desprestigiar a César Vidal acusándolo de haber sido un historiador de izquierdas.

La inicial justificación ya llama la atención: Hace unos años, César Vidal escribía cosas diferentes, más identificadas con el pensamiento de izquierdas.No siempre se declaró revisionista de la guerra civil española, sino que llegó a criticar el revisionismo que minimiza las consecuencias del genocidio de los nazis.

El debate sobre la existencia del Holocausto debería ser una cuestión esencialmente histórica. ¿Hubo o no Holocausto? Esa es la cuestión. Criticar a los revisionistas no debería calificar a uno como izquierdista o derechista, sino como historiador.

Ahora bien, esta frase nos demuestra que la izquierda tamiza los hechos históricos en función de su ideología. Primero los prejuicios y luego la realidad. Imaginemos que el Holocausto no hubiera existido, ¿debería la izquierda inventarse que sí sucedió? En ese caso, comprobamos claramente que la izquierda no tiene nada que ver con la búsqueda de la verdad, sino con la reafirmación de un entramado ideológico y propagandístico. En el caso del Holocausto, la anécdota de la izquierda es reconocer que sí existió y la categoría instrumentalizarlo políticamente.

Con todo, todavía podemos encontrar en esa noticia un párrafo más absurdo. Despues de "demostrar" que César Vidal en el pasado fue de izquierdas, añade: Santiago Carrillo confesó recientemente que siempre había sospechado que Vidal y Pío Moa fueron confidentes del régimen franquista.

O se trata de una descalificación a Carrillo en toda regla, o de un lapsus confesante de la estrecha afinidad ideológica entre la izquierda y el franquismo. Cuidado con tamaña sinceridad, que a este paso se os acabará el cuento publicitario de la izquierda antidictatorial.
El jardín de las delicias

Después de constatar el creciente endeudamiento de las familias españolas, esa lumbrera de la economía española llamado Carlos Carnicero, concluye: Y mientras tanto, los liberales defensores de la globalización, entendida como los derechos de libre circulación del capital y de los capitalistas, tienen tan poco talento de dejarse la piel defendiendo un sistema que solo protege a los elegidos, contando para ello con quienes se matan de trabajar por mantener abierto este circo.

Los liberales, que yo sepa, no defienden el indiscriminado expolio de los ahorros de los trabajadores a través de la expansión crediticia de los Bancos Centrales que, casualmente, es el responsable del brutal endeudamiento de las familias españolas. Vamos, que las políticas socialistas y antiliberales que usted, su periódico, y su estructura ideológica propugnan son los culpables de las consecuencias de las que acusa a los capitalistas.

Mire, la libre circulación de capital no causa ningún problema si no se ha pervertido previamente la idea de capital, aguando el vino a través de "inyecciones de liquidez". Es como criticar a los liberales por el hecho de que son partidarios de que el agua contaminada de los ríos llegue al mar cuando son los socialistas los que no paran de lanzas basura a ese agua.

Eso sí, el típico victimismo izquierdista que no falte: Me imagino que este artículo hará las delicias de quien carece de argumentos y talento y lanza improperios e insultos desde las ondas, las páginas de los periódicos y desde Internet como toda resolución.

¿Está hablando de usted mismo?
Nuevos cristianos

Contra lo que nos dijeron, Cristo no resucitó. Sobre su cuerpo sin vida, que yace en el sepulcro, pesa la losa de la intolerancia y el fanatismo. Sólo así puede explicarse el retablo de monstruosidades que se difunden día tras día a través de una cadena de titularidad católica (...) Los valores del cristianismo, que pueden ser compartidos en lo sustantivo por creyentes y no creyentes, se han transformado en la COPE en arma de guerra. Han cambiado el susurro de los rezos por la soez algarabía de los insultos (...) El mensaje de Cristo, según los gurús de la COPE, es el de la caverna. Quien plantó cara a los poderosos de su tiempo y optó por los pobres –lo que al fin y al cabo le llevó a la muerte- es utilizado radiofónicamente en favor de la derecha más dura.
"¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas, que cerráis a los hombres el Reino de los Cielos! Vosotros ciertamente no entráis; y a los que están entrando no les dejáis entrar. "¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas, que recorréis mar y tierra para hacer un prosélito, y, cuando llega a serlo, le hacéis hijo de condenación el doble que vosotros! (...) "¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas, que pagáis el diezmo de la menta, del aneto y del comino, y descuidáis lo más importante de la Ley: la justicia, la misericordia y la fe! Esto es lo que había que practicar, aunque sin descuidar aquello. ¡Guías ciegos, que coláis el mosquito y os tragáis el camello! "¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas, que purificáis por fuera la copa y el plato, mientras por dentro están llenos de rapiña e intemperancia! (...) ¡Serpientes, raza de víboras! ¿Cómo vais a escapar a la condenación de la gehenna?

26 de Octubre de 2005

A la derecha del PP

No estoy demasiado interesado en los movimientos de los partidos políticos españoles. Viviendo en una partitocracia, los movimientos espontáneos para asaltar el poder y continuar machacando a la ciudadanía no me interesan demasiado. Ahora bien, me entero -supongo que no será ninguna novedad- de la existencia de un nuevo partido político "a la derecha del PP": Alternativa Española.

Me ha picado la curiosidad y he buscado un poco más. Así, he llegado a esta entrevista en Minuto Digital al Secretario General de AES. Cuando le preguntan su posición ideológica dice: yo posicionaría a AES a la derecha del PP en materia moral y a la izquierda de este en materia social y económica.

Es decir, favorable a la mayor imposición de valores morales y directrices económicas a través del Estado: menos libertad para todos. Será que no hay suficientes políticos que ya nos ofrezcan tal programa. Justito, justito, la alternativa que necesitábamos.
¿Una nueva crisis económica?

La teoría económica es incapaz de predecir el momento exacto en que una crisis acaecerá. En buena medida, tales fenómenos dependen, entre otras cosas, de las expectativas de los empresarios y de la voluntad del banquero central para continuar inflando la oferta crediticia.

Sin embargo, desde ayer estamos asistiendo a fenómenos particularmente preocupantes. Por un lado, Tom Barrack el más importante inversor inmobiliario del mundo, dice que está vendiendo su cartera en EEUU, ante la locura de precios actual y “porque hay demasiados amateurs dentro, que serán pisoteados”. Por otro, Los bonos usa, que constituyen el mayor y más importante mercado financiero del mundo, sufrieron anoche fuertes pérdidas, ante el temor a un posible recalentamiento inmobiliario, que se traduciría en más subidas de tipos de interés, llevando sus rentabilidades a máximos de dos años. Ayer, las cifras de ventas de vivienda de segunda mano fijaron la segunda mayor cifra de todos los tiempos. La tendencia es inquietante, sobre todo porque los mercados financieros anticipan las crisis en el resto de mercados.

Generalmente se dice que una buena parte de la demanda de vivienda la acaparan los especuladores. Esto es parcialmente cierto, la labor del especulador es comprar cuando un bien está barato (haciendo subir el precio) y vender cuando está caro (haciéndolo bajar) de manera que la evolución de los precios padece menos cambios drásticos. Ahora bien, los especuladores también pueden equivocarse: comprar cuando está caro (haciendo subir más el precio) y verse obligados a vender cuando esté barato (haciéndolo bajar todavía más).

No puede decirse que los especuladores creen la crisis, pero sí que la desatan (lo cual, de nuevo, es altamente beneficioso, por cuanto una crisis que se prorroga es es una crisis futura más intensa). No la pueden crear, porque comprar los conceptos de barato y caro no dependen, en última instancia, de los especuladores, sino de los consumidores; es decir, una mala operación perjudicará sólo a las especuladores. Pero sí la pueden desatar cuando compran y venden productos que no son rentables, difuminando la información a todos los agentes económicos.

Si, como decimos, los especuladores han anticipado mal la demanda de los consumidores, los movimientos de algunos de ellos destaparán el error de los restantes. Si una parte del precio de la vivienda está inflado por la especulación (es decir, por la expectativa de que los precios continuarán subiendo), una parálisis o reducción súbita de los mismos puede provocar la catarsis entre la demanda especulativa.

Imaginen que un sector de los especuladores empiezan a vender y la rentabilidad de la vivienda se reduce desde un 13% anual al 4%, ¿realmente interesará al resto de especuladores continuar invirtiendo en viviendas cuando otros sectores de la economía proporcionan rentabilidad superiores? La inversión en nueva vivienda caería enormemente, y los stocks de viviendas vacías que esperaban rentabilizar durante unos años más la tenencia, saldrían a la venta (haciendo caer todavía más el precio).

El problema es que una gran parte de los especuladores de nuestro país son los bancos quienes aceptan prestar nuestro dinero durante plazos exagerados para conseguir una renta anual. Pero obviamente, si el precio de la vivienda se estanca o cae, resultará preferible para los prestatarios de los bancos dejar vencer las hipotecas y que éstos se queden con una vivienda que va perdiendo valor. ¿Con qué nos dejaría esto? Con que los bancos habrían intercambiado depósitos líquidos por inversiones ilíquidas. La situación se agravaría todavía más si el Banco Central y los bancos comerciales endurecieran sus condiciones al crédito para recuperar parte de su posición de liquidez, ya que ello, en contrapartida, seguiría estimulando a las familias a que entregaran sus viviendas al banco en lugar de pagar la hipoteca.

Y aquí, de nuevo, los problemas se incrementan. Los bancos habrán transferido a los constructores los activos líquidos de sus clientes y, en su lugar, se habrán quedado con un inmovilizado que va perdiendo valor. Si los depositantes acuden al banco a reclamar su dinero, ésta no podrá proporcionárselo porque se encontrará en forma de viviendas. Por supuesto el Banco Central podría proporcionar liquidez adicional a los bancos comerciales, pero esto sólo retrasaría el problema. No olvidemos que los bancos comerciales habrán tenido que restringir el crédito, no sólo al sector de la vivienda, sino al resto de sectores de la economía. Esto significa que muchos proyectos empresariales no podrán completarse, por faltar el capital circulante necesario (con el consecuente aumento del paro). En otras palabras, se verificará entonces que una gran parte de los activos de la economía se han empleado en el sector de la vivienda y que, en cambio, otros prductos más importantes no llegarán nunca al mercado. Si el Banco Central es tan irresponsable como para compensar toda la pérdida de capital con papel, los precios en el mercado de bienes y servicios se dispararán: el capital se ha consumido, miles de ahorros de los depositarios se hallan inmovilizandos y entregarles papel sólo servirá para crear una inflación colosal.

¿Qué pasará entonces? Si los depositantes asumen que la inflación supone una pérdida de su poder adquisitivo (la pérdida que no habían querido asumir con la inmovilización de sus depósitos), aparte de que el dinero fiduciario colocaría un nuevo clavo en su ataúd, la sociedad podría volver a reestructurarse, después de sufrir la quiebra de numerosas empresas y el abandono de sectores produtivos enteros para dedicar su capital circulante a los más urgentes del momento. En cambio, si el Banco Central sigue financiando la indexación de rentas, la hiperinflación devendrá inevitable. Pero tengamos presente que, mientras tanto, se habrá experimentado un gran consumo de capital.

Con todo, es posible que el ajuste se realice de una forma menos drástica -como ya ocurrió con las telecomunicaciones- si los incrementos de la productividad compensan el menguado fondo de subsistencia. Ahora bien, no soy especialmente optimista.

24 de Octubre de 2005

Bernanke, el inflacionista

Siempre consideré que Bernanke era el candidato más probable, pero esperaba equivocarme. No lo he hecho.

Stefan Karlsson


Parece que Ben Bernanke será el próximo propietario del sistema monetario mundial. Un pirómano al frente del cartel mundial de petróleo. Me permito traducir algunos comentarios que se han hecho a las teorías económicas de Bernanke:


Aunque Bernanke cree en la economía de mercado, no confía en la idea de que pueda ajustarse por sí misma. Siempre hay varios shocks que la pueden apartar del camino del crecimiento y que suponen una amenaza para el bienestar. Cree que el Banco Central tiene el papel de salvar a la economía ya que sin la intervención de la FED caería en un agujero negro.



¿Recuerdan la controvertida asunción de Friedman de “tirar dinero desde un helicóptero”? Pues su engendro intelectual será el nuevo presidente de la FED. Efectivamente, la sentencia más conocida de Bernanke fue: “the U.S. Government has a technology, called a printing press”, con casi 700 registros en Google (que irán aumentando en los próximos días).

Para conocer mejor su pensamiento y obsesión anti–deflacionista mejor lean su discurso más conocido y probablemente el más linkado en el día de hoy: “Deflation: Making Sure ‘It’ Doesn't Happen Here”.




Ben Bernanke, el nuevo miembro de la Fed, en un reciente discurso fue de la opinión de "evitar el boom de los precios de las acciones entre 1995 y 2000, si hubiese podido hacerse, habría estrangulado en gran medida el progreso tecnológico y el crecimiento sostenible en productividad y producción". Según esta manera de pensar, los beneficios del boom compensan sobradamente la recesión a corto plazo.

(...)Se sigue de la visión de Bernanke y Bilder que es mejor tener un boom y una recesión que no haber tenido un boom.




Horrible noticia. Ben Bernanke ha sido nombrado Nuevo presidente de la Fed por Bush. ¿No puede Bush hacer nada bien?

Bernanke es muy inapropiado porque su visión de la política monetaria (que es para lo que se le acaba de nombrar) es cualquier cosa menos reforzadora.




Bernanke empezó su discurso afirmando que "el riesgo de una significante deflación en los EEUU no puede preverse en un futuro cercano". Además expresó la confianza en que "la Reserva Federal utilizará todos los medios a su alcance para prevenir la deflación y, es que el Banco Central de USA, en colaboración con otras ramas del gobierno, tiene suficientes instrumentos para asegurarse de que cualquier deflación que pudiera ocurrir sería breve y suave"

Es un error típico de Greenspan, Bernanke añadió: "Ya hemos dicho que es dudoso que acaezca una deflación en los EEUU. Yo, de hecho, descartaría tal posibilidad". En ese momento, pasó a analizar la deflación en términos keynesianos como "en casi todos los casos la consecuencia de un colapso de la demanda agregado -una caída del gasto tan grande que los productores deben reducir sus precios para encontrar compradores.
Bernanke dedicó el resto del discurso a recordar los intrumentos a disposición de la Fed para evitar la deflación o eliminarla si tales instrumentos fallaran de algún modo. No es sorprendente que todos estos remedios consistieran poco más o menos en distintas maneras de crear dinero.

Por ejemplo, Bernanke sugirió que para prevenir que una caída inesperada de la demanda agregada diera paso a la deflación, la Fed necesita establecer "un rango de inflación". Esto significa que la Fed debe conscientemente inflar los precios desde un 1% al 3%. Pero esto no es suficiente -la Fed debería también buscar cualquier signo de debilidad en las instituciones y mercados financieros y estar preparada para insuflar al sistema financiero con el crédito inflacionario necesario en caso de, por ejemplo, un crack en la Bolsa o incluso en caso de falta de confianza por un ataque terrorista. Finalmente, incluso manteniendo la inflación dentro del rango previsto, si la Fed observa un repentino deterioro de los fundamentos de la macroeconomía, como una caída en la inversión o en el consumo, debe actuar preventivamente y de manera más agresiva de lo normal para anticiparse ala deflación.

En caso de que estas medidas de precaución fracasaran a la hora de prevenir la caída de los precios, y la Fed ya hubiera reducido el tipo de interés a cero, Bernanke asegura que la Fed todavía dispone de todo un arsenal de armas capaces de generar la deseada inflación positiva. Esta serie de medidas poco convencionales para la creación de dinero incluyen:

- Reducir los rendimientos de los bonos públicos a medio y largo plazo comprometiéndose a realizar compras ilimitadas de esas obligaciones a un precio consistente con el objetivo de rédito.
- Seguir la misma estrategia en el mercado de deuda pública extranjera, en donde la Fed puede adquirir bonos desde 1980 y cuyo stock es varias veces el tamaño de la deuda de EEUU.
- Sortear las restricciones de la Fed para comprar bonos privados, extendiendo préstamos a un tipo de interés cero a los bancos que acepten papel comercial, bonos corporativos e incluso hipotecas como respaldo, consiguiendo así reducir los réditos de estos instrumentos de deuda.
- Financiar una masiva reducción de impuestos, dólar a dólar, monetizando el déficit resultante y en la medida de los impuestos dejados de percibir; o monetizando directamente la compra de bienes y servicios o activos privados, físicos y financieros, por parte del Tesoro.

Tal y como Bernanke sostiene, esta última alternativa es equivalente a rociar el país con dinero a través del famoso helicóptero de Friedman. No nos equivoquemos, Bernanke está proponiendo la inflación, pura y simplemente, -y en grandes cantidades- como la panacea para una economía acosada por la caída de los precios. Esto es explícito en el siguiente pasaje:

"La conclusión de que la deflación es siempre reversible bajo un sistema de dinero fiduciario se sigue de un razonamiento económico básico. Una pequeña parábola podría resultar útil: Hoy una onza de oro se vende por 300$, más o menos. Ahora supongamos que un alquimista moderno resuelve su viejo problema al encontrar una manera de producir oro ilimitadamente sin ningún coste. Es más, su invención consigue una gran publicidad, es verificada científicamente, y anuncia su intención de producir masivamente oro durante los próximos días. ¿Qué ocurrirá con el precio del oro? Presumiblemente, la potencial oferta ilimitada de oro barato hará que el precio del oro se hunda. Además, si el mercado de oro es eficiente en alguna medida, el precio del oro se colapsará inmediatamente después del anuncio, antes de que el alquimista haya producido y vendido una sola onza del metal amarillo.

¿Qué tiene esto que ver con la política monetaria? Como el oro, los dólares de EEUU tienen valor en la medida en que su oferta es limitada. Pero el gobierno de EEUU tiene una tecnología, llamada imprenta (o su equivalente electrónico actual), que permite producir tantos dólares como quiera sin coste alguno. Al incrementar el número de dólares en circulación, o incluso amenazando seriamente con la intención de hacerlo, el gobierno de EEUU puede reducir el valor del dólar en términos de otros bienes y servicios, lo que es equivalente a incrementar los precios en dólares con respecto a esos bienes y servicios. Llegamos a la conclusión de que, bajo un sistema de papel moneda, el gobierno puede siempre generar un mayor nivel de gasto y, por tanto, una inflación positiva".

Este pasaje es a la vez auténtico y escalofriante. La analogía de Bernake se basa en un análisis económico correcto: la Fed tiene el poder de arrastrar al dólar hasta el colapso. Lo que es terrorífico es que un gobernador de la Fed, un supuesto macroeconomista moderadamente a favor del libre mercado, que fue nombrado por la administración republicana y que se ha rumoreado que puede ser el sucesor de Greenspan, se enorgullezca de proponer el uso de un poder semejante como remedio a una pequeña alza en el valor del dinero. Después de todo, la deflación en Japón que Bernanke se propone evitar con tanta determinación, ha tenido una medida de menos de un 1% desde mediados de 1999.

Ahora uno podría decirme que he malinterpretado a Bernanke, que ellos sólo estarían dispuestos a aplicar esas medidas en la esfera de una coyuntura teórica, y que nadie en pleno uso de sus facultades -aparte quizá de Paul Krugman y algunos excitables economistas del supplyside- espera que una deflación al estilo de Japón tenga lugar en EEUU. Pero esto significaría ignorar el contexto de sus argumentos, pues Bernanke estaba solamente preparando el escenario para la última actuación del Maestro del Ilusionismo: él mismo.

El simple hecho de que un prominente miembro de la Fed se dirija con tales explicaciones sobre la deflación ante un grupo de empresarios en un evento tan visible, señala el despliegue de una nueva estrategia por parte del presidente de la Fed.


El viernes pasado el Wall Street Journal certificó que Larry Lindsey había sido añadido por el presidente Bush a la corta lista de potenciales sustitutos para Alan Greenspan en la Fed. Martin Feldstein, Gleen Hubbard, y Ben Bernanke son los otros tres más mencionados, con Bernanke en primer lugar segñun Tradesports.com

Bernanke ha expresado recientemente sus opiniones sobre economía en el Journal, y mientras celebraba los recortes fiscales, el libre comercio y la reforma legal, no es un suplyy-sider. Su visión sobre el impacto de una reducción de impuestos, su desmesurado interés por las tablas de demanda, por no mencionar su desacreditada idea sobre los "límites" del crecimiento y el pleno empleo, debería tener preocupados a los defensores de Bush.

En relación con los impuestos, Bernanke habló de "estímulo fiscal" que ha disminuido "en los últimos trimestres". Bernanke es claramente un keynesiano en el campo de los impuestos, manteniendo que deberían ser reducidos en tiempos de poca demanda e incrementados cuando el crecimiento alcance sus "límites" naturales. Mientras que los keynesianos ven los recortes fiscales a través de un prisma de estímulo de la demanda a corto plazo cuyo estímulo retrocede gradualmente, los supply-siders defienden recortes de impuestos para el largo plazo y (continuos) efectos incentivadotes a la actividad económica. La distinción entre las dos escuelas de pensamiento es crucial, particularmente dada su creciente influencia en la Fed.

Acerca del impacto económico de la demanda, Bernanke preguntó "cuánta demanda en el último trimestre había sido satisfecha a través de los inventarios en lugar de la producción". Pero los supply-siders no consideran siquiera esto -no lo hacen porque saben que en última instancia los productos se compran con otro productos. La demanda siempre existe, dado que los deseos humanos son ilimitados. Pero lo que Bernanke parece querer decir por demanda es el hecho de que los productores intercambien sus excedentes por los de otros. En el modelo de supply-side, lo que Bernanke ve como una caída de la demanda agregada es de hecho una caída de la producción -algo en lo que los economistas del lado de la oferta están de acuerdo se produce como resultado del entrometimiento del gobierno en la línea de excesos en la imposición fiscal, la regulación y en un dinero inestable.

Bernanke escribió sobre empleo y su opinión sobre la existencia de "un nivel máximo de empleo que sostenible sin presiones inflacionistas". Su idea aquí eleva muchas cuestiones acerca de que la innecesaria preocupación de Greenspan con el crecimiento PIB "mayor a la tendencia potencial" le llevó a cometer el error de 1999 de incrementar los tipos de interés a pesar de que los rendimientos de los bonos, el dólar, y el oro estaban dando el grito de deflación y no inflación.

Dejando aparte la habilidad de los mercados para innovar constantemente la carencia de trabajo, por no mencionar las asunciones estáticas que llevarían a uno a creer en el "pleno" empleo y en los "límites" al crecimiento económico, el auténtico problema aquí es que alguien que podría potencialmente dirigir nuestra política monetaria, ve la economía americana como un caja hermética, más allá de la función de exportación e importanción. De hecho, uno de los motivos por los que nuestra economía continúa funcionando a buen ritmo es que nuestras compañías no se limitan a contratar la mano de obra disponible en EEUU, ni tampoco se constriñen por las ideas en el "output gap" de Bernanke -ideas que asumen que el crecimiento está limitado a las estimaciones estáticas sobre nuestra capacidad productiva.

En realidad, tal y como el comentarista Lou Dobbs continuamente nos recuerda, las compañías de EEUU normalmente generan puestos de trabajo y manufacturas fuera de los EEUU. Las hipótesis de pleno empleo y límites al crecimiento económico son siempre un tanto estúpidas pues se basan en la noción de que los factores económicos no responden a los condiciones cambiantes de la economía. En una cada vez más integrada economía mundial, las ideas defendidas por Bernanke son francamente cretinas.

Aunque el no hablaba del dinero en el editorial del Journal, un artículo aparecido en Junio en el New York Times, dejó claro que Bernanke creía que el patrón oro había empeorado la Gran Depresión. Además, en un discurso en 2002, celebró la capacidad del gobierno para utilizar la imprenta en la "generación de un mayor gasto público y por tanto positiva inflación". Si su apoyo a la ortodoxia de la Curva de Phillips hace que sus ideas sobre el imperio del precio parezcan ingenuas, sus comentarios explícitos sobre el dinero nos quitan toda duda.

Mucho se está hablando ahora de la oportunidad histórica de Bush para rehacer el Tribunal Supremo. No hay dudas sobre eso. Quizá casi tan importante será el nombramiento de Bush en la Fed, es decir, la sustitución de Alan Greenspan. Sólo por sus ideas sobre impuestos, Bernanke sería un paso en la dirección equivocada. Por su visión sobre el dinero, Bernanke sería un candidato muy peligroso.

23 de Octubre de 2005

Lo reconozco, soy comunista

Por cierto, siguiendo el genial razonamiento de Prieto (ya saben: Uno de ellos, un tal Rallo, un joseantoniano de pura cepa como evidencia su profundo conocimiento del falangismo), después de mi último post no me queda más remedio que reconocerlo: soy comunista.

Eso sí, mi viraje del fascismo al comunismo ha sido rapidísimo. Apenas un par de días. No como el de algunos. Aunque, pensándolo bien, quizá ser fascista y comunista al mismo tiempo no sea tan complicado. Más de algún ejemplo tenemos.
Sun Tzu quiere censurar a Marx y a Lenin

Sun Tzu, miembro de Red Progresista, reprocha a Federico Jiménez Losantos el haber criticado el cierre de una librería nazi: cuando se condenó a Pedro Varela a cinco años de prisión por apología del genocidio y se cerró su librería este “demócrata” vino a decir que eso era un atentado contra la libertad de expresión. O lo que es lo mismo, impedir la venta y distribución de artículos que ensalcen la ideología nazi, es decir, que incitan al odio y a la violencia racial, es ir en contra de la libertad de expresión.

En este sentido, concluye su artículo exhortando a la censura: Sigo preguntándome para cuando la ilegalización de la violencia, pero de toda, incluso de la escrita. ¿O no, Federico?.

Bien, como no me apetece llevarle la contraria, hoy estoy conciliador, simplemente voy a recordarle algunas perlas de Marx y Lenin (podríamos escoger a bastantes otros) a la espera que solicite la censura de sus obras.

Palabras de Marx:

1) El establecimiento de cualquier sistema político provisional que sigue a una revolución requiere una dictadura, y de hecho una dictadura enérgica. (Aquí)

2) Las masacres sin finalidad perpetradas en los acontecimientos de Junio a Octubre, la tediosa ofrenda de sacrificios de Febrero a Marzo, el mismísimo canibalismo de la contrarrevolución convencerá a las naciones de que sólo hay un camino por el que las homicidas muertes agónicas de la vieja sociedad y el nacimiento sangriento de la nueva sociedad, pueda ser acortado, simplificado y concentrado, y ese camino es el terrorismo revolucionario. (Aquí)

3) La sociedad está experimentando una revolución silenciosa, que debe ser sometida, y que no se da más cuenta de las muertes que genera que las casas que derrumba un terremoto. Las clases y las razas que sean demasiado débiles para adaptarse a las nuevas condiciones de vida deben desaparecer. (Aquí).

4) - Bueno, entonces, para implantar los principios del socialismo, ¿deben defender sus impulsores el asesinato y los baños de sangre?
- Marx: Ningún gran movimiento se ha inaugurado sin un derramamiento de sangre. (Aquí)

5) De la misma manera (pasó un largo tiempo en África) demuestra que el prototipo de negro común no es más que una degeneración de una raza superior. (Aquí)

Palabras de Lenin:

1) Sería una estupidez prometer la libertad de reunión de los explotadores.

2) Lo que tiene de común la dictadura del proletario con la dictadura de las otras clases es que está motivada, como toda otra dictadura, por la necesdiad de aplastar por la fuerza a la resistencia de la clase.

3) No hay más salida que la abolición de la "propiedad privada" de los explotadores.

4) La guerra civil es la forma más aguda de la lucha de clases, y cuanto más aguda es esta lucha, con tanta mayor rapidez se consumen en su fuego todas las ilusiones y prejuicios pequeñoburgueses.

5) En la guerra actuaremos como en la guerra: no prometemos ninguna libertad, ninguna democracia.

(Extraídas del libro "Discursos Pronunciados en los Congresos de la Internacional Comunista, Ed. Progreso).

Bien, después de leer todo esto, y dado que no creo que Sun Tzu piense que tales opiniones inciten a la concordia y a la paz, supongo que, en coherencia, pedirá que se cierren todas las librerias donde se vendan libros de Marx y Lenin. Y es que, un Estado democrático no puede consentir este tipo de violencia escrita, ¿O no, Sun Tzu?
Comentario de EVF

Como saben, hace unos días critiqué un post de EVF en el que comentaba unas supuestas contradicciones entre el liberalismo y el catolicismo. Ayer me envió un mail y me pidió que lo incluyera como comentario en la anotación. Pueden leerlo a partir de aquí. Muy educado y correcto.

22 de Octubre de 2005

El principio de no agresión

Llego a un post de Luis Fernando Areán que pretende descalificar al libertarismo a través de la refutación de su principio fundamental: la no agresión.

Antes de empezar a analizar sus críticas, hay que tener presente que existen otros enfoques libertarios al problema, como puede ser el de Randy Barnett, que no toma como punto de partida ningún axioma, sino la hipótesis de que el ser humano que sobrevivir y mejorar su calidad de vida. En este sentido, dada esta finalidad, Barnett estudia cuál será la estructura de la libertad resultante dadas las restricciones de conocimiento, interés y poder. Lo comento porque Barnett se muestra crítico con el principio de no agresión en determinados casos (por ejemplo, ¿qué ocurre si un piloto quiere rescindir su contrato en pleno vuelo?) y su propuesta sigue siendo extremadamente atractiva. También otro destacado anarcocapitalista, David Friedman, se muestra crítico con el principio. En otras palabras, muchas veces se critica al libertarismo sin saber muy bien en qué consiste.

Con todo, el principio de la no agresión sigue resultándome válido y, por ello, no puedo resistirme a defenderlo de las objeciones que nuestro autor plantea:

a) Incompatibilidad con el imperativo categórico. Dice Areán: El que tal vez haya sido el más grande filósofo de la Edad Moderna, Immanuel Kant, reflexionó largo y tendido sobre la ética, formulando el llamado imperativo categórico. Éste nos dice que debemos actuar como si quisiéramos que nuestros actos se convirtiesen en norma universal(...)¿Qué pasa si sometemos al axioma de no agresión a la prueba del imperativo categórico, que claramente es mucho más fundamental que el propio axioma? En otras palabras, para el autor no puede esperarse que todo el mundo, y en todas las circunstancias, se comporte acorde con el principio de que no debe iniciarse la violencia.

Lo cierto es que, desde luego, no existe ninguna incompatibilidad a priori entre la no agresión y el imperativo categórico. No estamos, pues, ante un sistema ético incompatible o incomponible. La coherencia del sistema de derechos sí resulta un requisito sine qua non para que éste exista, en palabras del profesor Steiner: Un derecho denota un rango de acciones que su poseedor puede realizar. Implica, además, una obligación en el resto de personas que no sean el poseedor, esto es, no actuar de un modo en que se intefieran o impidan sus acciones (...) Las acciones que interfieran o impidan las acciones justas son en sí mismas intolerables. Supongamos que tenemos un conjunto de derechos de manera que la acción A1 cae dentro de un rango de acciones justas en función de un derecho que X posee, y la acción A2 cae dentro de un rango de acciones justas en función de un derecho que Y posee. Y supongamos que la ocurrencia de A1 constituye una interferencia o impide la ocurrencia de A2. ¿Cuál es el estado deóntico de A1? Por un lado es una acción tolerable porque se ejerce en función de un derecho, y por otro es intolerable porque supone la violación de la obligación de X de no interferir o impedir el ejercicio del derecho de Y. Esta contradicción implica que el conjunto de derechos en cuestión es lógicamente imposible.

El axioma de la no agresión no viola el requisito de Steiner acerca de un sistema de derechos. Por tanto, como rápidamente veremos, para Areán el axioma de la no agresión es incompatible con el imperativo categórico porque, en caso de aplicarse siempre, daría lugar en ocasiones a resultados indeseables. En otras palabras, la crítica de Areán es fundamentalmente utilitarista y en cuanto a tal debe ser respondida.

Veamos el primer ejemplo de resultado indeseable: Digamos que el Dr. M., célebre virólogo, ha encontrado al fin la vacuna contra el SIDA. El Dr. M. es un genio, pero a la vez tiene ideas un poco raras. Piensa que las enfermedades son mecanismos lógicos de regulación de población, y que no tendríamos que interferir con ellas. Por esta razón, aunque hace su descubrimiento público para cubrirse de gloria, el Dr. M. anuncia al mismo tiempo que no piensa poner la vacuna a disposición del público bajo ninguna circunstancia ni a ningún precio. Apliquemos ahora el axioma. ¿Tiene derecho el Dr. M., ya que el invento es indiscutiblemente su propiedad según los parámetros de Rothbard, a proceder de esta forma? Si yo fuera un enfermo de SIDA, ¿me gustaría que el Dr. M. procediera de esa forma?.

Más tarde modificaré un poco el ejemplo, para dotarlo de un mayor realismo. Ahora centrémonos en el caso. ¿Tiene derecho el Dr. M a conservar en secreto la vacuna? Responder afirmativamente parece implicar una especie de salvajismo moral. ¿Tanto vale la propiedad o la intimidad de una persona como para dejar morir a millones? Para que no se confunda esta postura con la favorable a las patentes, hay que señalar que todo mecanismo de espionaje que no supusiera una violación de su propiedad material sería legítima. La cuestión, por tanto, es ¿qué vale más, el Dr. M o el resto de la humanidad?

En primer lugar hay que decir que el debate está viciado. La ciencia económica ha afirmado con cierta consistencia que el valor es subjetivo y que, por tanto, las comparaciones intersubjetivas de utilidad son imposibles. ¿Qué vale más, mi vida o su propiedad? La cuestión es para quién vale más. Y, en este punto, Areán nos ha colocado en una trampa: Uno de los principios de la justicia es la imparcialidad y difícilmente podemos ser imparciales cuando se pone en conflicto "nuestras vidas" con la propiedad del Dr. M. (De hecho, se nos pide explícitamente que nos pongamos en situación: Si yo fuera un enfermo de SIDA, ¿me gustaría que el Dr. M. procediera de esa forma?). Está claro que todo el mundo responderá que "mi vida vale más que la propiedad ajena" (salvo, claro está, aquellos libertarios para quienes la rectitud moral esté por encima de sus vidas) y, por tanto, el resultado social, desde su punto de vista, será indeseable.

Sin embargo, esta situación -la prevalencia del interés atómico- sí resulta incompatible con un sistema ético y el imperativo categórico, en tanto la formalización de un código de derechos alrededor del interés particular de cada individuo supone, en la práctica, una ética particular y, en buena medida, incompatible con la de los demás. ¿Realmente alguien querría universalizar un código de derechos y su negación?

Pero la cuestión sigue estando sobre el tapete: ¿debe un sistema de derechos permitir situaciones como la descrita por Areán? Si nos limitamos a analizarlo únicamente desde el axioma de la no agresión, sí. El problema es que, una vez nos hemos trasladado al debate utilitarista, no podemos limitarnos a analizarlo únicamente partiendo del axioma de la no agresión, sino que debemos analizar las consecuencias en el comportamiento de los agentes que un cambio en el sistema de derechos (esto es, en las restricciones a su libérrimo comportamiento) darán lugar.

En este caso, supongamos que una agencia llamada Estado puede socavar el derecho de propiedad de un individuo para salvar la vida de otra persona o de un conjunto de personas. Al margen de que esto sea absurdo (y también resulta incompatible con el imperativo categórico, ya que los agentes gubernamentales no actúan esperando que sus actos se universalicen), ¿qué ocurriría en este caso concreto? Conviene echar mano de las tres variables de Barnett: conocimiento, interés, poder. El Dr. M carece de poder para evitar que su propiedad sea confiscada; tiene interés en que la enfermedad se extienda por el mundo; y cabe suponer que dado su interés y su ausencia de poder autónomo para dar satisfacción a su interés, habrá adquirido el conocimiento de que el gobierno podrá expropiar su vacuna en caso de que la descubra.

¿Cuál será, pues, el resutado de este sistema legal? Que el Dr. M no producirá nunca tal vacuna o, como mucho, no difundirá su descubrimiento. Es absurdo pensar que un individuo quiera ver morir a millones de personas y, sabiendo que el gobierno le expropiará la vacuna para salvarlas, siga con el desarrollo de la vacuna. De hecho, para desgracia del Sr. Areán, el ejemplo que ha propuesto sólo puede darse bajo un sistema de derechos basado en la no agresión. En cualquier otro, la vacuna no hubiera llegado a existir y, por tanto, el gobierno no hubiera tenido la oportunidad de expropiar nada. En otras palabra, estamos ante una disyuntiva inexistente. Desde el punto de vista utilitarista, las consecuencias para este caso concreto serían las mismas. (De hecho, la única situación en que podría darse nos resulta irrelevante: aquella en que el sistema de derechos se basaba en la no agresión y, una vez descubierta la vacuna, por sorpresa, el gobierno decide expropiarla. Digo que resulta irrelevante porque, por un lado, si el Dr. M hubiera tenido la más remota sospecha de que el gobierno pudiera expropiarla, hubiera dejado de producirla y, en caso de que no la tuviera, a partir del momento en el que el gobierno transgrede la no agresión, todos los Doctores M. venideros dejarán de producir las vacunas, con lo cual no estaríamos ante un sistema de derechos dinámico, sino que sólo nos proporcionaría una solución para este caso). Y, sin embargo, podemos citar cuantiosas consecuencias nefastas sobre otros ámbitos que tendría la violación del axioma.

Modifico ahora ligeramente el supuesto para dotarlo de una mayor verosimilitud: ¿qué ocurriría si Dr. M exigiera una suma de dinero tan descomunal que ningún afectado pudiera pagar? ¿Debería el gobierno expropiarla? En realidad, el supuesto es distinto pero la solución resulta idéntica. Si el gobierno tuviera por costumbre expropiar aquellos stocks de vacunas (y, repito, no me refiero a las fórmulas ya que no cabe propiedad sobre las mismas) que no pudieran ser vendidos a los precios exigidos por el productor, nadie produciría vacunas cuando supiera que ningún comprador iba a poder pagarlas.

De hecho, el análisis superficial podría llevarnos a una conclusión nuevamente errónea: tal norma serviría para que, al menos, ningún productor exigiera un precio superior al que pueden pagar los consumidores. Pero, como digo, este análisis es erróneo porque modifica los supuestos de partida: si asumimos que el productor no quiere vender sus productos al precio X, sino que quiere venderlos a un precio rentable, entonces no necesitamos ninguna intervención política, ya que ningún vendedor que quiera dar salida a sus productos impondrá un precio superior al que puedan o estén dispuestos a pagar los consumidores.

Vemos, por tanto, que el imperativo categórico no resulta incompatible con el axioma de la no agresión, sino más bien todo lo contrario. Despojado de los intereses particulares concretos, todo el mundo persigue sus fines esperando que nadie interfiera en ellos y, en ese sentido, sí resulta una norma universalizable.

b) Contingencia de la idea de propiedad. La segunda crítica de Areán es igualmente interesante: el concepto de propiedad es en gran medida convencional, con lo que el axioma, en vez de ser un principio absoluto, se revela como contingente, dependiente de los cambios en la definición de propiedad. Pensemos, por ejemplo, en cómo se reclama la propiedad de un territorio habitado por nómadas.

En realidad esto no supone una crítica al axioma de no agresión, sino una observación acerca de las particularidades de su implementación. En una sociedad donde el uso de la propiedad esté limitado consuetudinariamente, las acciones de los individuos tenderán a actuar en conformidad con esas costumbres. En tanto esa acción sea voluntaria (por ejemplo, acepto dar un 30% de mi propiedad a un fondo común de la tribu porque siempre ha sido así), no existe ningún problema.

La cuestión se plantea en cuando el propietario, el primer poseedor o sus ulteriores adquirientes, ya no quiere someterse a esa costumbre. ¿Debe la tribu obligarle? ¿Debe coaccionarlo? Los libertarios dirán que no, otra cuestión es que difícilmente podrá escapar de la aplicación de la costumbre cuando toda la tribu se lo imponga. No estamos discutiendo sobre qué será, sino sobre qué debería ser.

De la misma manera, ¿qué sucede cuando las tierras han sido adquiridas de forma mancomunada, por toda la tribu, constituyendo una forma de propiedad colectiva? Imaginemos una sociedad totalmente gregaria, donde el concepto de propiedad privada individual no exista (las tierras, el utillaje y la comida son comunes). ¿Qué sucede en estos casos? En realidad, aunque no existe la idea de propiedad privada individual, la propiedad privada sigue siendo una realidad. La tribu organizará internamente sus bienes de forma colectivista, pero hacia el exterior, los individuos ajenos a la tribu quedarán excluidos. Ésta es precisamente la característica de la propiedad privada: cómo administrar los recursos escasos y quién debe decidir sobre ello.

En el caso de la tribu colectivista, los partidarios de la no agresión diremos que los miembros de la tribu tienen derecho a excluir a los extranjeros. Otra cosa es que decidan hacer uso de ese derecho o que finalmente puedan hacerlo valer.

Por tanto, la idea de propiedad no es contingente, sólo lo es su concreta materialización y organización. La propiedad privada hace referencia al control de los medios que toda acción humana emplea. Dado que toda acción humana necesita de medios, siempre habrá medios susceptibles de control y que, para su uso, deberá excluir a otros agentes. La cuestión, por tanto, es quién dispone de la jurisdicción para decidir sobre los recursos y sobre cómo organizarlos. Y, en este caso, tanto desde el punto de vista del axioma como del utilitarista hay que señalar que la competencia recae sobre el primer poseedor.

c) Los bienes no apropiables. Señala más tarde Areán que: Existen y existirán siempre entes que no son propiedad de nadie porque simplemente no pueden ser propiedad de nadie, tales como la atmósfera o los loros silvestres del Amazonas, o cuya propiedad está condicionada, como aquellas obras humanas que hemos designado patrimonio de la Humanidad. ¿Qué nos dice el axioma de agresión al respecto? Nada. A partir del axioma, no sabemos cómo comportarnos éticamente ante tales entes, o, peor aún, dichos entes son moralmente indiferentes.

Empezando por el final, no es cierto que no exista propiedad, o que esté condicionada, en el caso del patrimonio de la Humanidad. En tanto este Patrimonio esté controlado por los distintos gobiernos, el propietario de facto, si bien no de iure, es el gobierno. Tal propiedad está condicionada sólo en tanto el Estado quiera que lo esté: el ejemplo más claro lo tenemos en los Budas de Bamiyán.

Por tanto, el axioma de no agresión sí nos informa de qué hacer con estas obras: no debe agredirse a su propietario. Otra cosa distinta es que el gobierno lo agrediera y se haya quedado con su propiedad. Pero, en todo caso, quiero hacer notar que sí existe propiedad sobre estos bienes.

Por eso mismo, los loros silvestres del Amazonas sí son susceptibles de apropiación (por ejemplo, a través de la captura). Mientras no hayan sido apropiados, ningún ser humano se habrá relacionado directamente con ellos; lo cual no significa que exista un libre acceso a los loros silvestres. Éste vendría limitado por los propietarios legítimos del Amazonas que, si bien no serían propietarios de los loros (de manera que si volaran fuera del Amazonas podrían ser legítimamente apropiados por otro sujeto) sí podrán limitar el paso por su propiedad. ¿Es descabellada la privatización del Amazonas? Podría ser, pero en todo caso no hay nada que impida que así sea. De hecho, hay socialistas que no sólo no creen que sea imposible, sino que tampoco piensan que sea descabellado.

Finalmente, la atmósfera no es in toto apropiable, pero sí lo son determinados usos, como el espacio radioeléctrico. Por tanto, tampoco es cierto que haya bienes no privatizables: un bien no privatizable significa que no pueden existir conflictos sobre su uso y, en tanto no haya conflictos, no tiene sentido conferir derechos excluyentes sobre su uso.

d) El auxilio. Pasemos a la siguiente objeción: ¿Qué sucede con una denegación de auxilio a partir del axioma? Un examen del enunciado nos convence que no contempla este caso. La agresión debe ser activa para violar el axioma; la omisión de un acto no lo viola. Se sigue que el axioma y los que lo defienden no consideran la más mínima solidaridad humana como una obligación ética, contraviniendo, por cierto, el mismo ius naturalis del que afirman que desciende dicho axioma.

En primer lugar, Areán restringe en exceso el significado de agresión. Por lo general, toda agresión debe ser activa, pero en ocasiones las omisiones resultan equiparables a agresiones activas. Por ejemplo, si un vigilante firma un contrato donde se compromete a salvar la vida de los bañistas que se ahoguen, la omisión de su deber jurídico engendra, no sólo una violación contractual, sino un ataque a la vida del bañista que, había aceptado bañarse, con la condición de que ese vigilante iba a intentar protegerle la vida. Lo mismo puede decirse del aborto por evicción que, como adecuadamente ha señalado Albert Esplugas, entre en colisión con la responsabilidad paterna.

Del axioma sólo se sigue que no existe ninguna obligación de beneficiar a los demás a costa tuya; o, en otras palabras, se sigue que el hombre no puede convertirse, en contra de su voluntad, en un medio para los fines de otros hombres.

De hecho, afirmar que existe una obligación de solidaridad universal supone, en la práctica, negar esa obligación. Cada persona, no sólo tiene que decidir si es solidaria o no, sino especialmente con quién es solidario. Si todas las personas necesitades tienen un título igual de válido sobre mi propiedad, ¿cómo la administramos? ¿A qué famélico le doy mi barra de pan? Alguien tendrá que decidir, ya sea el gobierno, el que primero llegue, el más fuerte o... el propietario de la barra de pan. Salvo esta última posibilidad, las restantes violarían el axioma de la no agresión. De hecho, lo violarían hasta tal punto que reducirían la propiedad ajena a un límite subsistencial: dado que las necesidades del prójimo siempre superan a sus recursos, mi propiedad quedaría subordinada al disfrute ajeno. Pero si todos somos propietarios de todo, ¿cómo lo administramos? Y es que, al final, aquel que lo administre se convertirá en el propietario de facto. La cuestión, pues, vuelve a ser, ¿quién debe ser el propietario de facto? ¿El primer poseedor o cualquier otra persona establecida con otros criterios? Nuevamente, nos daríamos cuenta de que esta segunda posibilidad es nefasta, por muchos otros motivos, que ya expliqué brevemente aquí.

Además, ¿una obligación a la solidaridad nos permite realmente constatar la naturaleza solidaria del ser humano? Por ejemplo, si sufro un atraco, ¿soy solidario con el ladrón simplemente porque se haya producido un desplazamiento de mi propiedad a la suya? Parece claro que no. Sólo seré solidario si, voluntariamente, le doy mi propiedad a otra persona. Pero la voluntariedad nada tiene que ver con la obligatoriedad. Si otros actúan por mí, en todo caso, los solidarios serán ellos. Pero, ¿realmente se puede ser solidario con la propiedad ajena? Si el ladrón, luego de haber robado, reparte el botín entre los pobres (y esto no tiene nada que ver con Robin Hood, quien robaba a los ricos que previamente habían robado a los pobres para devolverles su propiedad a la víctimas), ¿está siendo solidario? Bueno, con la propiedad ajena uno puede llegar a ser la persona más solidaria del mundo. En otras palabras, la trascendencia moral de la solidaridad sólo aparece en caso de ser voluntaria.

e) Moral y derechos. Prosigue Areán: En una situación en que está en juego la necesidad de otro, si nuestros principios éticos no nos dicen cómo actuar, estamos claramente ante una ética incompleta.

La ética, tal y como la entienden la mayoría de los libertarios, supone la base de los derechos. Un derecho concede la posibilidad de elegir entre un rango de acciones a su titular, si la elección estuviera predeterminada, no estaríamos ante un derecho, sino ante una obligación (una acción necesaria) -y un derecho en el beneficiario de tal acción. Si, por tanto, la ética necesita de elección, difícilmente puede preestablecerse el curso de acción. La ética no nos dice como debemos actuar, sino como podemos actuar. Será nuestra moral, que no forma parte del uso de la fuerza física sino, en todo caso, de la imposición en conciencia, la que, dentro de nuestras posibilidades, nos indicará cuál es la correcta.

La ética liberal, pues, en ningún caso puede determinar totalmente la acción, pues en ese caso, el espacio para la libertad sería nulo. Es posible que algunos quieran conformar un sistema ético absoluto, de manera que el hombre carezca de libertad de elección. Pero, como poco, ese sistema ético sería nefasto desde un punto de vista utilitarista, pues significaría que el impulsor de ese sistema ético total, conoce ex ante los fines a los que querrán tender todos los seres humanos. Lo cual, como poco, es contradictorio, en tanto nuestros fines dependen de nuestra información, y no disponemos hoy de la información que se creará en el futuro. Por ello, difícilmente no podemos saber qué querremos mañana.

f) La base del axioma. Por último, Areán sostiene que El axioma de marras se basa en la convicción liberal sobre el carácter sagrado y absoluto de la libertad individual. Es necesario hacer una crítica de ese concepto de libertad y mostrar que, por ejemplo, la prostituta infantil no está ejerciendo su libertad, sino, en el mejor de los casos, eligiendo entre dos males. La capacidad de elección no implica necesariamente libertad; donde hay necesidad no hay libertad.

Soy consciente de que el tema de la prostitución infantil levanta, con razón, infinidad de polémica. De hecho, bastantes anarcocapitalistas no la aceptan (si bien no definen infante como aquella persona menor de 18 años). Por tanto, para examinar su última objeción, esto es, que no existe libertad cuando hay que elegir entre dos males, asumiremos que el sujeto tiene capacidad de elección, lo cual en buena medida deja fuera a los niños.

Por ejemplo, la prostituta que no disfruta con su trabajo. Coincidiremos en que los dos males que identifica Areán son "o morir de hambre, o trabajar de prostituta". Al margen de que nunca existan decisiones tan cerradas, en realidad uno de esos dos males constituye un medio para un bien: sobrevivir. En general, todas las personas consideran que su trabajo es un mal, esto es, preferirían dedicar su tiempo y su esfuerzo a otras actividades. Muy pocos afortunados gozan con su trabajo y, de hecho, cuando ello sucede no estamos hablando propiamente de trabajo (dejo esta discusión económica sobre el trabajo y el ocio para otro momento).

La capacidad de elección no implica libertad, ciertamente. Puedes elegir matar a una persona, pero no por ello eres libre, y mucho menos la víctima. Sin embargo, la capacidad de elección entre dos medios que no dañan a nadie, sí es libertad. Te permite pasar de una situación menos satisfactoria, a otra más satisfactoria, a pesar de que no lo sea mucho más. Podemos calificar la situación de desgraciada, pero es incontrovertible que estaría mucho peor si se le prohibiera elegir la opción escogida.

Es falso que la existencia de necesidad niegue la libertad. Todos tenemos necesidad, de hecho la existencia de fines implica la necesidad por esos fines. Precisamente, cuando no nos fuerzan a perseguir determinado fin, o nos obstruyen la utilización de medios que no dañan a un tercero, somos libres. Si la necesidad supone inexistencia de libertad, entonces nadie es libre.

Conclusión

Ya hemos visto que la refutación del anarcocapitalismo a través de la crítica al axioma de la no agresión estaba abocada al fracaso desde un comienzo. Desde el momento en que existen defensas del anarcocapitalismo no basados en tal axioma, resulta claro que, como mucho, se hubiera procedido a la refutación de esa variante del anarcocapitalismo. Pero además, hemos comprobado que ninguna de las objeciones de Luis Fernando Areán contra el axioma de no agresión se sostienen. De hecho, en muchos casos, la única forma de solucionar esas objeciones es a través del axioma de la no agresión, correctamente entendido.
Más propuestas liberales en Rebelion.org

Ya teníamos algunas muestras (I, II, III).

Por un lado, atención ahora a los consejos que da al gobierno alemán: Entre los consejos que los expertos han lanzado hoy al futuro gobierno se encuentran el emprender un proceso de reformas valiente, poner en marcha un nuevo sistema de impuestos, librar al Estado de las cargas que no le corresponden y crear las condiciones necesarias para generar más puestos de trabajo.

Esto significa, entre otras cosas, reducir los impuestos a empresas y contribuyentes. Según los expertos, esta bajada debería hacerse sin recurrir a una subida del Impuesto sobre el Valor Añadido, como pretendían los democristianos.

Y por otro lado, minimizar las subvenciones, para lo que existe ya un plan definido, elaborado por el futuro ministro de Finanzas, Peer Steinbrück, y el Primer Ministro de Hesse, Ronald Koch, que ahorrará al Estado unos 70 millones de euros
.

Por otro, también en Rebelion.org, encontramos este enlace al Diario "La Jornada": ¿Por qué reducir más las barreras comerciales? En su versión más simple, la explicación fue dada recientemente por el director gerente del Fondo Monetario Internacional (FMI), Rodrigo Rato, en uno de los seminarios de Iniciativa Global Clinton, organizada por el ex presidente de Estados Unidos (EU): "El comercio probó ser una de las grandes fuerzas positivas del cambio en el mundo en los últimos 50 años", dijo. En ese periodo, "el comercio mundial aumentó 20 veces, mientras que el tamaño de la economía global se multiplicó sólo por seis, en términos del producto interno bruto". Muchos concuerdan con la tesis de que un mundo con corrientes comerciales más libres será más próspero. El problema está en negociar una liberalización que atienda los intereses de 148 países de forma equilibrada.

(...) Para que se destrabe el tema agrícola es necesario, primero, determinar una fecha de firma para la eliminación de los subsidios a las exportaciones de esos productos. Esa es la parte fácil. La más difícil involucra la reducción de las barreras que la UE impone a la entrada de productos agrícolas a su mercado, bajo la forma de tarifas y cuotas y, por otro lado, el corte de los subsidios a productos de EU
.

Esperemos que continúen por este camino de sensatez.

21 de Octubre de 2005

Y siguen contradiciéndose

Si Mises destaca al final de su artículo sobre la doctrina marxista de los salarios, la intrínseca contradicción comunista que existe al afirmar, por un lado, que los trabajadores viven al límite de su subsistencia y que, por otro, puede existir un progresivo empobrecimiento, démonos cuenta de que hoy, los socialistas, han sumado otra variable no menos delirante a esta ecuación del despropósito.

Se llama el consumo responsable, y podemos encontrarlo en páginas de impronta marxista. El consumo responsable viene a culpar a los occidentales de consumir más de lo que necesitan, de haber sido manipulados por las megacorporaciones internacionales para que caigan en una espiral consumista. ¿Cómo pueden los marxistas o filomarxistas sostener la teoría de la explotación del trabajador y, al mismo tiempo, acusarle -como consumidor- de vivir a todo lujo y derroche?

Por cierto, Joan Torres i Prat tiene un estrambótico librillo sobre el tema que espero reseñar en breve.
La teoría marxista de los salarios, por Ludwig von Mises

La mayor fuerza de la política de nuestro tiempo es Karl Marx. Los dirigentes de muchos millones de camaradas en los países comunistas, más allá del Telón de Acero, pretenden ejecutar las enseñanzas de Marx; se consideran los ejecutores del testamento de Marx. En los países nocomunistas hay más escepticismo en relación con los logros marxistas, pero aun ahora es alabado en todas las universidades como uno de los mayores intelectuales de la humanidad, el gigante que demolió inveterados prejuicios y errores y que reformó radicalmente la filosofía de las ciencias del hombre. Poca atención se ha prestado a los pocos disidentes que no forman parte del coro laudatorio a Marx. Se les ha boicoteado como reaccionarios.

El hecho más destacado sobre este prestigio sin precedentes de un autor ha sido que incluso sus más entusiastas admiradores no leen sus escritos y no están familiarizados con su contenido. Unos pocos pasajes y frases de sus libros, siempre los mismos, se citan una y otra vez en los discursos políticos y en los panfletos. Pero los voluminosos libros y las decenas de artículos y panfletos que Marx escribiera, no han sido, como puede comprobarse sencillamente, examinados concienzudamente por los políticos e intelectuales que se llaman a sí mismos marxianos. La mayoría de la gente compra o pide prestado de la librería los escritos de Marx y los comienza a leer. Pero, muertos de aburrimiento, suelen detenerse después de unas pocas páginas, si es que no lo han dejado en la primera.


Doctrinas de Marx

Si la gente se familiarizara con las ideas de Marx, nunca hablarían del socialismo, como tan a menudo hacen, "de acuerdo con los designios y preceptos de Marx". Marx nunca concibió el concepto de socialismo ni dijo nada acerca de la organización y operatividad de una comunidad socialista, a excepción de que sería un maravilloso reino de abundancia sin límites, donde todo el mundo obtendría cuanto necesita. La idea del socialismo -abolición de la propiedad privada sobre los medios de producción y de la libertad de empresa, así como el control por parte del gobierno de todos los asuntos de la sociedad- fue elaborado plenamente por autores franceses y británicos antes de que Marx se embarcara en su tarea de autor y propagandista. No había nada que añadir y Marx no añadió nada. Ni siquiera intentó refutar todo aquellos que los economistas, ya en su época, habían argumentado en contra de la ingenuidad y absurdidad de lo esquemas socialistas. Tildó de vano utopismo perder el tiempo con los problemas de un sistema económico socialista. Tal y como él veía su propia contribución, consistía en el descubrimiento del hecho de que la implantación del socialismo era inevitable y que el socialismo -precisamente porque se impondría "como una inexorable ley de la naturaleza" y era el objetivo final hacia el que debía guiarse la historia de la humanidad- conseguiría la satisfacción de todas las ilusiones y deseos humanos, un estado de divertimento sin límites y felicidad.

Los escritos de Marx, y en primer lugar los tochos volúmenes de su más importante tratado, Das Kapital, no estudian el socialismo. En realidad, tienen que ver con la economía de mercado y el capitalismo. Describe el capitalismo como un sistema de inenarrables horrores y suma desesperación, donde la mayoría de la gente, los proletarios, son tiránicamente oprimidos y explotados por una clase de acomodados capitalistas. Todo en este nefasto sistema es desesperadamente malo, y ninguna reforma, ni siquiera bien intencionada, puede aliviar, mucho menos eliminar, el abominable sufrimiento de los proletarios. No puede decirse nada más en favor del capitalismo salvo que, precisamente, como condena por su monstruosidad y atrocidad, llegará un día en que los sufrimientos que engendra resulten tan intolerables que se desembocará en una gran revolución social que alumbrará el milenio socialista.

La "ley de hierro" de los salarios

El meollo de las enseñanzas económicas marxistas es su "ley" de los salarios. Esta ley, que se encuentra en la base de todas sus críticas al sistema capitalista, no es , por supuesto, obra marxista. Fue concebida por autores anteriores, que la conocieron desde hacía tiempo como la "ley de hierro de los salarios", y que ya había sido refutada largo y tendido antes de que los marxistas la usaran como fundamento de su doctrina. Marx prefierió ignorar todo lo que se había dicho sobre los vicios deductivos que contenía la mentada ley. Realizó algunos comentarios sarcásticos sobre la traducción alemana del término inglés "ley de hierro", tal y como había sugerido su principal rival en el liderazgo del Partido Socialista Alemán, Ferdinand Lassalle (1825-1864). Pero en realidad construyó todo su razonamiento económico, todo su vaticinio del destino futuro de los acontecimientos económicos, todo su programa político sobre la ilusoria base de este falaz teorema.

Esta denominada "ley de hierro" establece que los salarios son determinados por el coste de los medios de producción que se requieren para el mantenimiento de la fuerza laboral. El trabajador no puede obtener más de lo que fisiológicamente necesita para preservar su capacidad para trabajar y para permitirle criar el número de hijos que necesita para reemplazarla cuando muera. Si los salarios se incrementan por encima de este nivel, los trabajadores tendrán más prole y la competencia entre estos nuevos obreros reducirá de nuevo los salarios hasta el nivel que los teóricos consideran "natural". Si, por otro lado, los salarios caen por debajo de este nivel natural, los trabajadores no serán capaces de alimentar a los vástagos necesarios para reemplazarlos. Se producirá un desabastecimiento de trabajadores y la competencia entre los empresarios incrementará los salarios hasta su nivel natural.

Desde el punto de vista de la "ley de hierro" el destino de los trabajadores bajo el capitalismo resulta tenebroso. Nunca podrán mejorar su existencia por encima del nivel de subsistencia. Ninguna reforma, ninguna ley de salario mínimo, ninguna presión de los sindicatos puede ser efectiva en contra de la ley de hierro. Bajo el capitalismo, los proletarios están condenados a permanecer por siempre al borde de la inanición. Todas las ventajas derivadas de las mejoras tecnológicas en los métodos de producción van a parar exclusivamente a las arcas de los capitalistas. Esto es lo que significa la categoría marxista de explotación. Por justicia, dice Marx, todos los productos deberían beneficiar a aquellos que los han producido, a los obreros manuales. La mera existencia de los burgueses es parasitaria. Mientras los proletarios sufren, los burgueses explotan, lo festejan y se deleitan.

La producción capitalista

En estos momentos, uno sólo tiene que mirar alrededor para darse cuenta de que algo debe estar completamente equivocado en esta descripción acerca del funcionamiento de la economía capitalista. La mayor innovación que los métodos de producción precapitalistas provocaron en el sistema capitalista, fue el evento histórico denominado la Revolución Industrial, que fue precisamente la inauguración de un nuevo principio de marketing. Las industrias productoras de bienes de las épocas anteriores se preocupan casi exclusivamente de los deseos de la gente bien. Pero lo que caracteriza al capitalismo en cuanto a tal es la producción en masa para la satisfacción de las necesidades de toda la sociedad. La mayor parte de los productos obtenidos en las fábricas son consumidos, directa o indirectamente, por la misma gente que trabajaba en las fábricas. Los grandes negocios son grandes, precisamente, porque produce todos los bienes que se le piden y se los trae a las masas. Si entras en el hogar del hombre medio de un país capitalista, encontrarán productos manufacturados por las grandes empresas. Es un fantástico sin sentido afirmar que todo lo que los trabajadores obtienen es simplemente aquello que necesitan para sobrevivir y criar a sus hijos hasta que puedan sustituirlos en sus puestos de trabajo. Mientras que las empresas que producen para las masas se vuelven más grandes, aquellos que se concentran en bienes de lujo para unos pocos, nunca llegan más allá de medianas, o incluso pequeñas, empresas.

La principal deficiencia de la "ley de hierro de los salarios" era que negaba al trabajador su carácter humano y lo trataba como una criatura no-humana. Todas los seres vivos no-humanos tienen la urgente necesidad de proliferar hasta el límite de medios disponibles para su subsistencia. Sólo la cantidad de alimentos evita la multiplicación incontrolada de elefantes y roedores, de virus y gérmenes. Su número va en relación con los alimentos disponibles. Pero esta ley biológica no se aplica al hombre. El ser humano se dirige, así mismo, hacia otros fines más allá de las necesidades fisiológicas del cuerpo. La "ley de hierro" asume que el trabajador, el hombre común, no es mejor que un conejo, que no tiene otras satisfacciones que alimentarse y procrear y que no sabe emplear sus ingresos de otra forma distinta a esas necesidades animales. Es obvio que esta es una de las hipótesis más absurdas jamás hechas. Lo que caracteriza al hombre como hombre y lo eleva por encima de los animales es que también se dirige hacia otros fines humanos que podríamos calificar como "fines más elevados". El hombre no es como otros seres vivientes, que únicamente actúan movidos por los apetitos de sus estómagos y de sus glándulas sexuales. El trabajador es también un hombre, una persona moral e intelectual. Si gana más dinero del mínimo necesario para sobrevivir, lo gasta en la satisfacción de otras necesidades humanas; intenta conseguir que su vida y la de sus descendientes sea más civilizada.

En la época en que Marx y Engels asumieron la espuria "ley de hierro" y afirmaron en el Manifiesto Comunista (1848) que el salario medio es "la cuantía de los medios de alimentación (Lebensmittel) que son absolutamente necesarios (notwendig) para mantener al obrero vivo como trabajador", economistas inteligentes ya habían expuesto las falacias de ese silogismo. Pero Marx no hizo caso de estas críticas. Toda su doctrina económica pergeñada en su principal tratado, Das Kapital, se basa en la "ley de hierro". La falsedad de esta presunta ley, la falsedad que no ha sido cuestionado por nadie durante cien años, destruye la base de todo su razonamiento económico. Y destroza completamente la principal demagogia del sistema marxista, la doctrina que asegura que los receptores de sueldos y salarios son explotados por los empresarios.

La inexorabilidad del socialismo

Al elaborar su sistema de filosofía y economía, Marx estaba tan cegado por su acalorado odio a la civilización Occidental que no se dio cuenta de las enormes contradicciones de su propio razonamiento. Uno de los dogmas esenciales del mensaje marxista, quizá su corazón y sustancia, es la doctrina de la inexorable llegada del socialismo. En Das Kapital (1867), Marx proclama que el capitalismo "engendra, como una inexorable ley natural, su propia negación", esto es, da paso al socialismo. Es esta profecía la que explica el obstinado fanatismo de numerosas facciones comunistas y socialistas de nuestra época. Marx intentó demostrar este dogma cardinal de su credo por su famoso pronóstico de que el capitalismo genera necesariamente un inevitable y progresivo empobrecimiento de las masas de trabajadores. Cuanto más se desarrolla el capitalismo, dice, más "crece la miseria de las masas, la opresión, la esclavitud, la degradación y la explotación". Con "el progreso de la industria" el trabajador "se hunde más y más hondo", hasta que al final, cuando sus sufrimientos sean insoportables, las masa explotadas se levantarán y establecerán el eterno éxtasis del socialismo.

Es evidente que esta profecía de Marx ha sido tan refutada por los hechos de la evolución social como el resto de pronósticos marxistas. Desde que Marx escribió las frases citadas en 1848 y 1867, el nivel de vida de los trabajadores ha mejorado en todos los países capitalistas de una manera en que nadie hubiera soñado.

Pero aun hay más que decir acerca de esta argumentación marxista. Contradice toda la teoría marxista de la determinación de los salarios. Como ya se ha señalado, esta teoría afirma que "los salarios bajo el capitalismo son siempre tan necesariamente bajo que por razones fisiológicas no pueden caer más sin eliminar a toda la clase de trabajadores". ¿Cómo puede ser entonces posible que el capitalismo provoque el progresivo empobrecimiento de los trabajadores? Marx, con su predicción de esta progresiva pauperización de los trabajadores, contradijo no sólo la experiencia histórica. Contradijo también las enseñanzas esenciales de su propia teoría basada en la "ley de hierro de los salarios", esto es, que los salarios capitalistas son tan bajos que ulteriores reducciones acabarían con la vida de los trabajadores.

El sistema económico marxiano, tan alabado por las huestes de intelectuales pudientes, es un batiburrillo de aseveraciones arbitrarias que entran en conflicto unas con otras.
Ayuda, a su pesar

Por el amor de Dios, detened eso, clamaba el economista kenyata James Shikwati cuando le recordaban que África continuaba recibiendo millones y millones de ayuda exterior: Las enormes burocracia son financiadas a través del dinero en ayudas para el desarrollo, con lo que se promueve la corrupción y la autocomplaciencia, a los africanos se les enseña a ser mendigos, no a ser independientes, sentenciaba.
 
June Arunga no fue menos taxativa: África es un continente habituado a tener líderes despóticos. Darles a estos países dinero público es como darle a un niño malcriado las llaves de tu coche esperando que sea responsable. Toda esta ayuda externa socava el poder que la sociedad civil de estos países tiene para volver responsable al gobierno.
 
Sin embargo, Eduardo Madina parece que no lo tiene claro: Una nueva política de cooperación está generando esperanza tras la difícil situación en la que se encontraba con el anterior Gobierno y ya vemos la posibilidad de cumplir con nuestros compromisos internacionales en la lucha contra la pobreza y con la palabra empeñada en el combate contra el hambre.
 
Ya lo dijo Shikwati: Por desgracia la devastadora necesidad de los europeos por hacer el bien no puede ser rebatida racionalmente. Ni tampoco la devastadora necesidad de algunos europeos por hacer el mal.
Su carné

Via Nipho llego a este artículo en catalán del cual quiero corregir dos puntos.

Primer punto, dice el articulista: Una buena parte (que no sabria cuantificar) de los blogs adscritos a Redliberal y similares son auténticamente reaccionarios, y de liberales no tienen nada, enfangan y contaminan a los verdaderos liberales que también hay en dichos foros, haciendo que al final les caiga a todos la etiqueta de fachas cuando sólo son unos cuantos, que no deberían tener derecho a autodenominarse "liberales". Un ejemplo lo tenemos en una de estas bitacoras "liberales" que toma 1812 como referencia (buscad un poco y la encontrareis): como decía el otro dia, en su lista de enlaces ("patriotismo catalan hispanico" o alguna cosa asi) hay un enlace a la página d'Esclat, movimiento nazi catalán (con cruz fascista incluida, no me invento el calificativo). No está mal para un liberal que quiere tanto 1812.

El problema de citar tan ligeramente es que mueve a la confusión. Si habla de Redliberal y de 1812, automáticamente está aludiendo a la bitácora de Dani, cuando ésta no tiene, por supuesto, enlace alguno a ninguna página nazi. En realidad, se refiere a otro 1812, que NO está sindicado a Redliberal (ni nunca lo ha estado). No sé si la intención del articulista era crear confusión entre sus lectores o simplemente estamos ante una falta de rigor. En cualquier caso, muy mal.

Segundo punto, asegura el blogger: Si uno realmente quiere tener derecho a autodenominarse liberal, debería asumirlo con todas las consecuencias. Como ya ha citado en cientos de ocasiones, lo que Sala-i-Martín define como "ni en el bolsillo ni en la bragueta". O, también, como dice Jean-François Revel, "ni Jesús ni Marx". De acuerdo, si es con estos términos, de "Ni Jesús ni Marx", la cosa es coherente. Lo que resulta penoso y lamentable es toda esta caterva que se dedica a destrozar a Marx (ey, yo me apunto gustosamente, nunca he dicho que me guste), pero a Jesús ni tocarle un pelo. Lo más cojonudo del caso es que la cita de Revel la he encontrado en un artículo, agarráos fuerte, ¡de Esperanza Aguirre! Se ha de tener la cara cimentada para ser así de beata y repetir esta frase...

Encontrarte con un autodenominado superliberal enctando de destrozar a la izquierda y al Estado, y totalmente fanático del capitalismo y de la globalización, pero eso sí, que cuando, puestros a destruir, comienzas a destruir la religión, la moral y la Iglesia, entonces se cabrea y salta, es casi tan irritante por su absoluta falta de coherencia como discutir con un antiglobalización acrítico. Me hierve la sangre cuando alguien me va de liberal y entonces me sale con la religión. Es la inversión del paradigma, para mi defender la religión no sólo no da autoridad moral para nada más, todo lo contrario, significa quedar inmediatamente desposeído de toda autoridad para venderme el rollo de la libertad que se supone está subyacente al liberalismo. Por favor, haz el favor de definirte como conservador, ¡si no pasa nada!


No sé si debería darme por aludido, pero en todo caso, para mí, como si se tratara de un mensaje certificado. Veamos, sostener que religión y liberalismo son incompatibles, significa cargarse de un plumazo el liberalismo de la Escuela de Salamanca, del Padre Juan de Mariana, de John Locke, de los Padres Fundadores, de Lord Acton, de Tocqueville, de Bastiat o de Kuehnelt-Leddihn. No está mal.

Segundo, una cosa es defender que el Estado no deba intervenir en materias de bragueta, y otra muy distinta la sanción moral de todos los comportamientos que tengan que ver con la bragueta o con la cartera. No solamente un liberal puede repudiar la poligamia, también puede parecerle horripilante que una persona haga ostentación de su propiedad. Hay una diferencia fundamental entre ética y moral. Entre justicia y opinión. No es justo usar la fuerza contra quien contrae matrimonio con tres mujeres, de la misma manera que tampoco es legítimo utilizarla contra quien simplemente deplora tal actitud. Una cosa es el liberalismo y otra el libertinismo.

Y en ese sentido, te recuerdo que no sólo el liberalismo considera un imperativo la separación entre la Iglesia y el Estado, sino también el propio catolicismo. Lo dice el propio Ratzinger: Es muy importante no suprimir esta distinción: la Iglesia no debe erigirse en Estado ni querer influir en él como un órgano de poder. Cuando lo hace, se convierte en Estado y forma un Estado absoluto que es, precisamente, lo que hay que eliminar. Confundiéndose con el Estado, destruye la naturaleza del Estado y la suya propia

Sobre la perfecta compatibilidad entre catolicismo y liberalismo, puedes pasar por la discusión que ya mantuvimos en esta bitácora (I, II)

Otro tema distinto, es cuando sostiene que todo liberal debe destruir la moral con tanto ahínco como quiere destruir el Estado. Primero, pocos liberales quieren destruir ahora mismo el Estado. Desde luego, yo no soy uno de ellos. Por desgracia, existen unas instituciones que, aun siendo pésimas, de ser finiquitadas hoy mismo darían lugar al caos, entre otras muchas cosas porque la ciudadanía no aceptaría dejar de coaccionar al vecino. Segundo, incluso los liberales que estarían dispuestos a destruir hoy mismo el Estado, tienen muy claro que la moral es una institución social fundamental para la sociedad. Sin ética no hay libertad. Y sin moral no hay civilización. Precisamente a esto dediqué mi última reseña en Libertad Digital; donde sostuve que muchos confunden el ateísmo con el relativismo, lo cual supone la defenestración de la libertad.

Por tanto, tus conclusiones son harto equivocadas. La moral no debe imponerse, pero sí tiene derecho a existir y a intentar persuadir al prójimo. En este sentido, religión y liberalismo conviven sin problema alguno. Lo contrario sería totalizar el liberalismo; convertirlo en una secta de convicciones antirreligiosas. Bastante poco liberal, por cierto.

Alquimia y química

Alquimia: Dicen los expertos que es el huracán más destructivo jamás detectado desde que se tiene memoria científica de estos fenómenos naturales. Se originan con la energía de las aguas calientes de Atlántico Tropical y suben hacia arriba, adobándose de masas de agua para descargar su furia contra quienes calientan la tierra. Son demasiados síntomas de que estamos destruyendo el planeta tierra y la pasividad de quienes más colaboran en este proyecto de aniquilación –los países más industrializados, con EEUU a la cabeza- hace que ni siquiera rubriquen formalmente el compromiso de Kyoto, que es la forma más suave de atajar el problema.

Química: Su teoría tiene serios problemas. Antes que nada porque las aguas de la región de formación de huracanes del Atlántico (entre los paralelos 5 y 20 norte, desde África hasta América) vienen sufriendo un ligero enfriamiento en las últimas décadas. El equipo del programa medioambiental de las Naciones Unidas (UNEP) reconoce este dato cuando dice que “áreas como el Océano Atlántico norte se ha enfriado en las últimas décadas.” Pero aún hay más. En el resto de zonas en las que se forman los huracanes no ha habido ningún crecimiento en la cantidad ni la intensidad de estos fenómenos a pesar del ligero calentamiento de muchas de sus aguas. Por lo tanto no sólo no hay evidencia empírica de una relación entre la emisión de gases y la frecuencia o intensidad de los huracanes sino que la supuesta base teórica de los ecologistas hace aguas por los cuatro costados del razonamiento teórico más elemental.

Por eso no es de extrañar que los más reputados estudiosos de los huracanes nieguen la autoría de este fenómeno al calentamiento global. Entre estos famosos científicos destacan James J. O´Brien, Roy Spencer y William Gray. Gray, considerado por muchos colegas e instituciones como el mayor experto mundial en huracanes, no sólo ha explicado recientemente en The New York Times que en su opinión no existe relación entre huracanes como el Katrina y la influencia que el hombre pueda estar teniendo sobre la temperatura global de la tierra sino que ha asegurado que los pocos que afirman ahora lo contrario saben muy poco de huracanes y mucho de cómo hay que conseguir subvenciones públicas.

20 de Octubre de 2005

Talante sofisticado, por Enrique Benavent

El pasado 9 de octubre el malogrado John Lennon hubiese cumplido 65 años, por ello la revista musical británica Q decidió homenajearle en su gala anual concendiéndole un galardón especial. Su viuda, Yoko Ono, acudió a recoger el premio y cual Eris en las bodas de Tetis y Peleo, no dejó escapar la oportunidad de sembrar discordia. La autoproclamada artista de vanguardia sorprendió al mundo desvelando que su esposo sufría crisis de confianza en su talento, y se preguntaba "¿por qué otros siempre cantan las canciones de Paul y nunca las mías?". Yoko, que mantenía con Lennon una curiosa relación edípica (Mother Superior, la llamaba John), en su papel de madre le consolaba diciéndole que las canciones que él componía eran "más sofisticadas que las simplonas de su colega".

A diferencia de Lennon, que era un músico genial, y advertía la calidad de las composiciones de McCartney -de ahí sus celos profesionales- la intelectual vanguardista japonesa no sabría distinguir en un pentagrama una corchea de una cagadita de mosca. Pero de todos es sabido que cuando uno se ha ganado fama de progresista, intelectual y vanguardista, ya puede pontificar sobre lo divino y lo humano desde la infabilidad de la que siempre ha gozado la izquierda exquisita.

La clave está en el adjetivo sofisticado. Sofisticado como sabe cualquier persona medianamente instruida, que no es el caso de Yoko, viene de sofista. Y los sofistas, al contrario que Sócrates, quien solo pretendía ser un philósophos (amante de la sabiduría), se consideraban sabios y se dedicaban al arte de la retórica, herramienta de persuasión cuya eficacia no depende de la veracidad, sino de la verosimilitud. "Apariencia de sabiduría y no sabiduría verdadera procuras a tus discípulos... y serán fastidiosos de tratar, al haberse convertido, en vez de sabios, en hombres con la presunción de serlo" se lee en el Fedro de Platón. No hay mejor definición de la vaciedad que subyace al discurso de la progresía militante, de la que Yoko es solo un botón de muestra. Un discurso que en nuestro país ha generado una de las mayores calamidades que se han abatido sobre nosotros: esa perniciosa LOGSE que tanto gusta a Zetapé. Talante sofisticado.
Otra lumbrera

Después de haber observado el conocimiento económico de otros socialistas como Jacinto y Prieto, llego hasta la bitácora de Clavijo. Los lectores de esta bitácora ya conocerán a este genio de la ciencia económica, por ser el autor de aquella teoría según la cual el matrimonio es un instrumento del sistema capitalista... ¡porque estimula el consumismo! Intenté explicarle la Ley de Say y la cuarta proposición sobre el capital de Mill, pero parece que ni se enteró (I, II).

Ahora publica un post indignado, pero sin aportar ningún argumento. Se plantea varias preguntas:

¿Cuándo llegará el momento en que las medidas propuestas por el mercado terminen de ser consideradas, en esencia y por sistema, como positivas para el funcionamiento de la economía y, por el contrario, las propuestas por las personas organizadas socialmente dejen de ser calificadas como colectivistas, estatistas, intervencionistas e inflacionistas y de ahí para arriba?

Eres un constructivista redomado. Mira, el mercado no propone nada, lo hacen los individuos al perseguir sus fines. Lo que tu propones, pues, es que los fines de unos individuos (las personas organizadas socialmente, esto es, las propuestas de gente como tú) prevalezcan sobre las de otras personas. Quieres imponer tu dictadura moral y económica, por creerte superior al resto de seres humanos. Lo lamentable es que os creáis tan inteligentes como para planificar los millones de decisiones que cada instante van produciéndose en nuestra sociedad. Sois lamentables.

¿Cuándo nos desligaremos de la opinión cada vez más extendida de que hay que flexibilizar mercados, eliminar impuestos, despenalizar el despido y acabar con las prestaciones sociales para que la economía funcione bien?

Seguimos viéndolo aquí. No hay que flexibilizar los mercados, esto es, la libertad del individuo tiene que estar cada vez más limitada por el libertinaje de los grupos sociales organizados. Ellos han de regir la sociedad, los individuos no cuentan, son piezas en su maquinaria colectivista. Tampoco hay que eliminar impuestos, esto es, hay que seguir expoliando a cada persona en contra de su voluntad, arrebatarle sus medios para que los grupos organizados puedan utilizarlos de la manera que más les plazca. No hay que despenalizar el despido, esto es, hay que penalizar a los trabajadores, reduciendo sus salarios e incrementando el paro (en mi último artículo lo explico). Y por último, no hay que acabar con las prestaciones sociales catastróficas e ineficientes, esto es, debemos dejar desprotegidas a las personas ante la quiebra del sistema. Porque te recuerdo que ningún liberal quiere, por ejemplo, acabar con las pensiones; precisamente porque queremos que todo el mundo tenga más y mejores pensiones, queremos privatizarlas. Vosotros, vuestra ignorancia, temeridad, osadía y arrogancia, sois los que provocaréis que millones de personas, entre ellas yo, no lleguemos a cobrar la pensión en el futuro. ¡Qué política más social!

¿Cuándo, por el contrario, nos plantearemos que, alguna vez, al menos una, las empresas admitan rebajas en sus inviolables márgenes de beneficios, como fórmula, también adecuada, para mejorar la economía? Si una empresa estuviera dispuesta a ganar menos, no tendría por qué despedir o bien contrataría a más gente. Pero no, esto no toca, como decía Jordi.

¿Pero tú sabes para qué utilizan las empresas los beneficios? Mira, debería explicarte que es el fondo de salarios o de subsistencia, pero esto se alargaría demasiado. Simplemente, las empresas con sus beneficios, como recuerda Hazlitt, pueden hacer tres cosas: a) pagar salarios a los trabajadores, b) repartirlo en forma de dividendos a los accionistas o al accionista único, c) invertirlo en forma de capital.

Que hagan a), te parecerá genial. b) es también fundamental, pues los accionistas reciben su porción de los beneficios y con este dinero, pueden consumir (de manera que benefician a los trabajadores de las empresas de consumo) o ahorrar (con lo cual ese dinero se invertirá). Y c) es así mismo esencial, ya que sirve para ampliar las estructuras de capital de la sociedad, aumentando la productividad y, por tanto, los salarios. Si quieres aprender un poco más de los efectos de las subidas de salarios sobre el bienestar social, pásate por aquí.

¿Cuándo una determinadas propuestas y medidas dejarán de ser "realistas" o "convenientes" y otras, de otro signo, no serán calificadas de "miserables" o "demagógicas"?

Pues cuando dejen de ser miserables y demagógicas. Porque te recuerdo que las propuestas socialistas son miserables (arrastran a la sociedad hacia la miseria) y demagógicas (ya que explotan la ignorancia económica de la gente).

Y responde Clavijo: Fácil: cuando pongamos en crisis la Dictadura del Mercado.

¿Qué dictadura? ¿Quién manda en el mercado, salvo los consumidores? ¿Te preocupa que los consumidores obtengan satisfacción ordenando en última instancia la producción? No me extraña que te moleste. Al fin y al cabo, los socialistas siempre han querido implantar una dictadura de la producción, esto es, los individuos no han de consumir lo que quieren, sino aquello que el Comité les ofrece. No se atiende a las necesidades, sino que las necesidades se adaptan a la producción. Como son ciegos, y son incapaces de saber qué quiere la gente, hacen que la gente quiera lo que ellos quieren. Dictadura moral y económico, como he dicho al principio.

Por último, Clavijo identifica los rasgos de la dictadura del mercado: Individualismo metodológico como sustento moral, la mal llamada democracia liberal (un oxímoron en sí mismo), y una economía capitalista sustentada en la maximización de beneficios para unos individuos en detrimento de otros de acuerdo con un “orden natural” basado en la competitividad son los ejes de esta Dictadura basada, paradójicamente, en la sublimación de la libertad de los individuos..

No ha entendido nada. El individualismo metodológico es un método de investigación científico en el que se basa la economía; sostiene que no hay que estudiar el comportamiento de los agregados económicos, sino la acción humana. Individualismo metodológico no significa egoísmo, o atomismo. Entérate; la Escuela Austriaca, particularmente Hayek, es del todo crítica con el individualismo atomista, al que considera un antecedente del socialismo. Puedes leerlo aquí. Por otro lado, los beneficios no pueden maximizarse a costa de otros. Ese punto es imposible. Todas las relaciones voluntarias son mutuamente beneficiosas y, precisamente, el empresario que más beneficios obtiene es el que más vende, es decir, aquel que a más consumidores ha satisfecho. Tu concepción de la economía es la típicamente mercantilista, un juego de suma cero. Por supuesto, si los intereses son por naturaleza conflictivos, unos tendrán que prevalecer sobre otros a través de la coacción política. La ciencia austriaca, en cambio, demuestra que los intereses no son incompatibles, sino que el capitalismo es un sistema económico en el que, para satisfacer tus fines, antes has de satisfacer los de los demás.

Vamos, otra lumbrera.

Actualización: Como viene siendo habitual en el proceder de esta gente -a la que no le interesa el debate, sino la propaganda- ha borrado el trackback que le he hecho. Tanto Jacinto, Prieto como Clavijo han operado de la misma manera. ¿Qué querrán ocultar a sus lectores? ¿De qué tendrán miedo? ¿Es más importante difundir la mentira que alcanzar la verdad? Parece que sí. No me extraña que sean socialistas.
Prieto reconoce que es fascista

Actualiza el amigo de los fascistas su último post donde intenta manipular mis palabras. Lo interesante de esto es el tipo de razonamientos que hace: Uno de ellos, un tal Rallo, un joseantoniano de pura cepa como evidencia su profundo conocimiento del falangismo.

Veamos chavalín, que parece que nazcas hoy. Primero, si atribuyes un profundo conocimiento del falangismo a alguien que te ha tildado de falangista, estás diciendo que ese calificativo está bien puesto. Segundo, según tu propio razonamiento, tú también eres falangista. Te recuerdo tus propias palabras: Hasta pude conocer el pensamiento de José Antonio Primo de Rivera gracias al volumen de sus Obras Completas que me prestaron, creo recordar que editado por la Sección Femenina. Ya se ve que te ha traicionado el subconsciente. Tercero, para hablar de un tema, antes deberás informarte, aunque tú, por supuesto, carezcas de esa sana costumbre. Cuarto, yo te tildé de fascista, no por el hecho de que te relacionaras con ellos (por cierto, no es mi caso), ni porque te cayeran bien (tampoco es mi caso), sino porque tus ideas coinciden en buena medida con el falangismo (y eso te lo dice alguien que, según tú, tiene un profundo conocimiento del falangismo).

Y ahora, sobre las tonterías que dices acerca de mi post y el de José Carlos. El tío me cita: el cache de msn, nuevamente, ponga de manifiesto que el mismo día 18 por la tarde, como muy tarde, José Carlos ya había incluido el enlace a Libertad Digital con la noticia auténtica. ¿Y qué conclusión saca el doctor en analfabetismo? Lo que confirma que cuando yo lo leí según lo colgó, se atribuía sin matices la militancia comunista a los nazis detenidos.

No, lo que conforma es que, como muy tarde, si tu teoría de la conspiración fuera cierta, la actualización se colgó en un plazo tan reducido que a ningún lector pudo llegar a manipular. ¿Para qué lo hizo entonces?

Luego añade: Sostiene el tipo que el que añadió con posterioridad un último párrafo en su post no fue José Carlos Rodríguez, aunque también dice lo contrario (¡qué lío!) Mira, aprende a leer. Lo que yo he dicho es que tu post acusaba a José Carlos de mentir Y de no incluir el enlace desde el principio. Lo cual es falso como demuestra el cache del msn.

Lo gracioso es que asegura que alguien le ha soplado que sí existe una campaña orquestrada contra él: el contexto de dicho cuestionamiento confirma la veracidad de la información que he recibido al respecto. Ignoro si hay soplones en Red Liberal, pero en todo caso serían soplones mentirosos, pues tal campaña no existe. Lo más probable es que siga inventándoselo todo; mintiendo, tal y como ha estado mintiendo desde el principio. Pero si algún ciberpunk le ha pasado el chivatazo -cosa no demasiado improbable- le ha engañado totalmente. Entre mentirosos anda el juego.

Actualización: Ya van varios trackbacks que Prieto no ha aceptado, a pesar de que yo sí enlazo todas sus respuestas. Esto demuestra el talante y la seguridad de algunos. Sabe que está quedando en ridículo, y sólo se atreve a sesgar y manipular nuestras frases. No permite que sus lectores accedan a nuestras páginas, porque se darían cuenta de todo el pastel de falacias que ha horneado. Muy propio de la izquierda.
Definitivamente lo son

Cada nueva hazaña del amigo de los fascistas supera a la anterior. Si en el último post dudábamos entre una honda estupidez y una calculada maldad, después de lo que acabamos de leer, debemos descartar la segunda.

Prieto, acosado por las evidencias, ha tenido que escribir un post de respuesta a Dani donde retuerce de una manera tal los argumentos, que al final uno se pregunta si no hemos asistido a una calculada estrategia por su parte para desprestigiar, aun más, al colectivo ciberpunk.

Ya el título del post es significativo: He debido acertar, que ladran demasiado. ¡Acertar! O sea que este alfeñique moral estaba jugando a que si la acierta, la adivina. El tío no tenía ni idea de si sus acusaciones eran ciertas, pero según su retorcida interpretación de nuestra indignación habrá debido acertar. No entraré en si Prieto confunde el "deber" con el "deber de", eso ya sería un punto en escritura para quien no sabe leer; pero es obvio que incluso en estos momentos duda. La primera prueba para demostrar que tiene razón son las quejas de los acusados sin fundamento. Esto demuestra, nuevamente, las raíces fascistas de su pensamiento; los acusados no tienen derecho a replicar, a defenderse, y en tanto lo ejerciten, mayor será su culpa y su condena.

Luego, vuelve a demostrar que no sabe leer, y asegura que Dani, con su post de ayer, le da la razón. ¿Qué dijo Dani? José Carlos alteró una noticia para cambiar la ideología de los totalitarios detenidos ayer en Barcelona. ¿Y qué conclusión saca prieto de esto? Continúa este aprendiz de brujo del nacional-liberalismo on line refiriéndose a datos informáticos que ofrece para acreditar lo contrario. Que José Carlos Rodríguez no alteró una noticia para cambiar la ideología de los totalitarios detenidos anteayer en Barcelona.

Vamos a ver doctor en analfabetismo, que José Carlos alteró la noticia es evidente. Es TAN evidente que él mismo lo reconocía al final de la noticia alterada. ¿Sabes como se llama eso? Ya te lo expliqué yo antes del post de Dani: Resulta que José Carlos colgó hace unos días esta parodia de una noticia real. ¿Por qué no me citas a mí? ¿Es que no te sirvo tanto para realizar tus absurdas y difamatorias interpretaciones?

El punto crítico es si José Carlos enlazó con la noticia auténtica, como tu negaste que hubiera hecho, pero con la mala pata de que msn nos demostrara que has estado MINTIENDO. Vuelvo a repetir, a ver si esa mente prodigiosa, lo entiende de una vez. Primer punto donde Prieto mintió: Hoy, El Plural revela que la aunténtica ideología del grupo desartículado es nazi..

El post de José Carlos es del día 18, el tuyo del 19. Por tanto, según tú, la verdad la destapó Sopenilla un día después de que José Carlos manipulara la noticia. Lástima que el cache de msn, nuevamente, ponga de manifiesto que el mismo día 18 por la tarde, como muy tarde, José Carlos ya había incluido el enlace a Libertad Digital con la noticia auténtica. ¿Qué películas te montas chavalín? ¿Para qué metes la gacetilla de El Plural? Sopenillo no REVELÓ nada, la noticia estaba en Libertad Digital desde el día 18. Como vemos, es un torpe intento de contraponer las mentirosas fuerzas "nacional-liberales" a los heróicos y honrados investigadores socialistas. No cuela. Más que nacional-liberales, liberales; más que socialistas, nacional-socialistas, como tú.

Segundo punto donde miente: Algún lector del blog de José Carlos Rodríguez ha debido de advertirle de la evidencia en que ha quedado su credibilidad, por lo que se éste ha añadido la siguiente linea al final de su post: Nota: ¿Por qué sabía el lector que la noticia no es la de arriba, sino esta otra?. Que se ve complementado con los comentarios a su página cuando añade el enlace aclaratorio no estaba desde el principio.

Pues mira, como ya ha explicado Dani, has tenido la tremenda mala suerte de que, cuando publicaste el post, el enlace con toda seguridad ya estaba (tal y como nos demuestra el cache del msn). No sabes leer, macho. Se ve que desde que te tragaste las obras completas de Primo de Rivera, como tú nos explicaste, abandonaste el noble arte de la lectura. Así te va.

Por tanto, no mientas. José Carlos alteró una noticia, para parodiarla, y ello se prueba en que al final enlazaba con la noticia auténtica, usando la poco dudosa pregunta de: ¿Por qué sabía el lector que la noticia no es la de arriba, sino esta otra?. Es lamentable que ahora tengas que dar marcha atrás y criticar simplemente el hecho de que José Carlos alterara una noticia. ¿Qué pasa? ¿Ahora tu ánimo censor se extiende hasta en las parodias?

En su último post, además, Prieto sigue mintiendo como un bellaco y nos acusa de coordinar a través de nuestra lista interna las reacciones contra el fascista, amigo de los fascistas. La costumbre de acusar sin pruebas es fantástica, fíjense en el lenguaje: Desde una mail-list restingida se han lanzado tres consignas. No dice que "deben haberse lanzado", sino "se han lanzado". ¿Pero tienes alguna prueba o alguna certeza a excepción de tus calentones mentales? ¿Vedad que no? Otra vez, con la mentira, la propaganda y la consigna. Si ahora le apretamos un poquito dirá: "pues debí acertar cuando lo afirmé categóricamente". Tu lenguaje es tan seguro como falaz. Se nota a yardas que eres un iluminado totalitario, un ungido.

Y, por último, déjenme que me ría del lamentable refugio que le queda a Prieto: Ladran, luego cabalgamos. Y si ladran tanto, debe ser que les he dado de lleno. España rompiéndose (¡jajajaja!) y estos tipos ofendiéndose con tan humilde servidor. Sobre lo de España, léete, si sabes, este artículo de D. Jesús Huerta de Soto, que resume bastante bien su postura y, con matices, la mía.

En relación con que el grado de razón es directamente proporcional al de indignación ajena (ladran, luego cabalgamos), poco hay que decir. Esta gente sustituye el razonamiento por los gritos. La lógica por el ruido. No importa quien tenga razón, sino que arme más escándalo. Si por ello fuera, tus ladridos habrían echado al galope en muchas ocasiones a Red Liberal. Pero no, de los fachorros hace tiempo que pasamos. Sobre todo de los que mienten, manipulan y no saben leer. La gente sincera se disculparía, los fanáticos seguirán mintiendo hasta el final. El lo suyo, no saben hacer otra cosa.
Concurso de Ensayo Friedrich von Hayek

La ESEADE inaugura este año la genial iniciativa de un Concurso de Ensayos austriacos, cuyo premio son 5000 suculentos dólares. El tema de este año es el orden internacional espontáneo de la globalización. La extensión mínima son 30 páginas. Las bases están aquí. A escribir toca.

19 de Octubre de 2005

O son tontos o lo parecen

Aunque mi compañero José Carlos ya ha tratado el tema -que le afecta directamente- no me resisto a comentarlo. Resulta que José Carlos colgó hace unos días esta parodia de una noticia real. Pues bien, el amigo de los fascitas, José-Luis Prieto, acusa ahora a José Carlos de ¡manipular la noticia!

Primer hecho a destacar, la izquierda, y especialmente la izquierda ciberpunkarra, tiene la muy mala costumbre de no citar. Esta gente que se cree los palidines de Internet, de la comunicación y discusión entre blogs, son los primeros en no citar las fuentes. Un caso claro lo tuvimos con mi discusión con Enrique Gómez. Manel también lo experimentó con Akin (si bien este no está, por ahora, en Ciberpunk). Más recientemente, critiqué un artículo de Jacinto al que le hice un trackback en su web y lo borró (muy interesado en el debate se le notaba) y, finalmente, también le hice un trackback a Prieto, pero no consideró a bien incluirlo. En esta ocasión, nuevamente, Prieto lanza contra José Carlos, pero no deja que sus lectores accedan a la notación por si mismos. La información se ha de procesar para ofrecerla en pequeñas dosis, no sea que los lectores lleguen a la verdad.

No digo que los autores de los blogs tengan la obligación de citar o de permitir que referencias incómodas aparezcan en sus webs -como propietarios pueden hacer lo que les plazca-, ahora bien, la educación y, sobre todo, la honradez intelectual sí debería incitarles a enlazar al enemigo. Por no salir de liberalismo.org, ¿cuántas veces José Carlos o yo no hemos citado los posts que criticábamos? No sólo eso, ¿cuántas veces hemos borrado de nuestras bitácoras las referencias o los comentarios críticos? De hecho, los que lean con regularidad el blog sabrán que tengo por costumbre contestar a casi todas las críticas que se me realizan (a no ser que la discusión sea cansina hasta la extenuación).

¿De dónde proviene, pues, ese trato tan diferente? Como ya expliqué hace más de un año, la izquierda comprobó que Internet, un medio libre, estaba controlado intelectualmente por el liberalismo. Le entró miedo, mucho miedo. A partir de entonces, se han empezado a prodigar distintas iniciativas de izquierdas en la web, por lo general de bajísima calidad. No podían permitir el monopolio de facto, así que decidieron entrar en el mercado de las ideas. Sin embargo, siguen siendo consciente de que sus ideas caducas y corruptas no pueden competir con las liberales, de ahí que la estrategia izquierdista sea distinta a la liberal. Mientras los liberales tratamos de explicar, desarrollar, expandir y debatir nuestras ideas, la izquierda asume que tiene razón y no tolera ningún tipo de debate. Así, toda su actividad pasa por la propaganda y, en ocasiones, por la propaganda difamatoria. No le interesa entrar en una discusión, porque sabe muy bien que la perdería. De esta manera, ni permite ni tolera citas. Siguen teniendo miedo, pero esperan, al menos, que la propaganda que tan útil les ha sido fuera de la Red, continúe siéndolo fuera.

Segundo hecho a destacar, no sé si el post de Prieto es una mentira consciente o una metida de pata absoluta. En cualquier caso, da muestras nuevamente de su estrecha inteligencia. Si es una mentira consciente, por creer que con tonterías convencerá a nadie más que a los tontos (si bien, me consta que a alguno ha captado ya). Si es una metida de pata, muestra una pavorosa falta de comprensión lectora. Imagino que, en realidad, será una mezcla de ambas: tenía tantas ganas de pillar a un "liberal" con su auténtica piel que redactó apresuradamente una cagarruta de post. Luego, supongo que se habrá dado cuenta del grave error cometido, pero habrá preferido aplicar la máxima del "calumnia que algo queda".

Son torpes y mentirosos. Es simplemente extraordinario que alguien se crea que José Carlos, que trabaja en Libertad Digital, publicará en su periódico una noticia y luego pretenderá propagar la mentira en su bitácora. De risa, pero están nerviosos. El fascista, amigo de fascistas ataca. Nuevamente mintiendo; ya acusó a Red Liberal de dar apoyo intelectual al ataque a Red Progresista. Ahora miente al decir que otros mienten. Si es que ya se sabe, "en Italia los fascistas se dividen en dos: los fascistas y los anti-fascistas". En España por lo visto también. Ahora, el especimen de Prieto es curioso: un fascista que destapa conspiraciones fascista y que reconoce ser amigo de fascistas. Todo cuadra, aparte de las ideas se le pegaron las costumbres.

Nota final (que aparece desde el principio): Voy a hacerle un trackback al post de Prieto, ¿lo aceptará? No se admiten apuestas, que reventarían la banca.

Actualización (que no aparecía desde el principio): A falta del cache de google, el cache de msn no parece darle la razón al amigo de los fascistas. Claro que, como Microsoft nos financia por haber brindado apoyo incondicional a Bush, también habrá modificado su cache para perjudicar al heróico José-Luis. A este paso, en lugar de José-Luis Prieto, la credibilidad de ese blog va a quedar a la altura de otro José-Luis, Torrente. Otro gran fachorro. Por cierto, para que esto sea un poco serio, Prieto debería señalar cuánto tardó José Carlos en añadir el enlace a la noticia auténtica. Según Prieto, la verdad ha sido destapada por Elplural.com, pero si ya ayer José Carlos había añadido el enlace a la noticia en Libertad Digital, ¿cómo puede ser que Elplural.com destape algo que los lectores de la bitácora de José Carlos ya sabían? Ay qué lío. Ahora resultará que todos los lectores del post supieron desde el principio que se trataba de una parodia, a pesar de que la intención de mi compañero era manipularlos. José-Luis, móntante otras películas más creíbles.
¿Cuál es el problema de la inflación?

A raíz de los últimos posts, me ha parecido que este tema no está del todo claro. Intentaré explicarlo brevemente.

Es problable que la pregunta que encabeza el artículo sea ya incorrecta. La inflación no tiene un problema, tiene muchos. Los neoclásicos suelen hablar de shoe-leader cost, menu cost (¡algunos incluso atribuyen el ciclo económico a esto!), redistribución de las rentas, mala asignación de recursos... Todos son, en cierta medida ciertos, pero todos pueden, en buena medida, neutralizarse a través de una correcta anticipación (por ejemplo, a través de un incremento de las rentas en proporción a cierto índice como el IPC). Sin embargo, hay un coste de la inflación del que no suele hablarse: el ciclo económico.

Primero, ¿qué es inflación? A mí me gusta describirla como el envilecimiento de la moneda. A los neoclásicos como el incremento de precios. A buena parte de la Escuela Austriaca como el incremento no respaldado de la oferta monetaria (nótese que mi definición está estrechamente relacionada con esta). Dejaremos, en este momento, de lado mi definición (por no haber sido del todo integrada en un sistema económico suficientemente explicativo) y la neoclásica (por confundir inflación con incremento de precios, cuando ésta es sólo una posible consecuencia de la expansión monetaria).

Segundo, ¿qué efectos produce la inflación, esto es, la oferta monetaria? Estamos en un sistema bancario de reserva fraccionaria. Los bancos pueden expandir los créditos respaldándolos tan sólo por una pequeña porción de activos líquidos (reservas). El resto, son créditos artificiales que quedan respaldados por inversiones. Pero fijémonos, ya desde el principio, que están inversiones sólo serán líquidas (y, por tanto, suficientes para satisfacer a los depositantes) cuando hayan madurado, esto es, cuando la venta de sus productos sirva para amortizar la inversión inicial y el correspondiente pago del interés. Por tanto, si los bancos comerciales expanden mucho sus inversiones, sin el correspondiente respaldo, en caso que "por alguna circunstancia" (que ahora veremos) los depositantes acudan a retirar sus depósitos, no podrá satisfacer a sus clientes e impodrá un corralito al estilo argentino.

Tercero, ¿qué papel juega el Banco Central? El Banco Central pretende evitar que un banco se quede sin liquidez para satisfacer a sus depositantes, de manera que no cunda la desesperación. Para ello, concede distintos tipos de préstamos a los bancos comerciales. Cuando el Banco Central rebaja el tipo de interés (el precio del dinero), ello significa que el interés a corto plazo al que presta el dinero a los bancos comerciales disminuye. En otras palabras, los bancos comerciales: a) pueden conseguir más dinero del banco central, b) gracias a ese banco central, y a la reserva fraccionaria, pueden expandir en mayor medida la oferta crediticia, c) su comportamiento se vuelve más alocado e irresponsable, ya que el Banco Central les garantiza la liquidez a un menos coste. En definitiva, las políticas monetarias expansivas incrementan la oferta monetaria y crediticia, esto es, la inflación.

Cuarto, ¿cómo se determina el tipo de interés? En principio, tenemos dos mercados donde se determina. El mercado crediticio y el mercado productivo. En el mercado crediticio el tipo de interés se determina con la demanda y oferta de fondos prestables. Los prestamistas tienen una cantidad de fondos que será prestado a los prestatarios a un cierto tipo de interés para el cual no existan ni prestamistas dispuestos a prestar más barato ni prestatarios dispuestos a tomar prestado más caro. En el mercado productivo, la determinación no es tan clara. Los empresarios demandas factores productivos a los que anticipan unas rentas (capital circulante) para, al finalizar el período productivo, recuperar los fondos anticipados y el interés a través de los beneficios. En otras palabras, estamos ante otro mercado crediticio: los trabajadores y terratenientes son los prestatarios de bienes presentes (el dinero anticipado por el empresario) y el empresario el prestamista de bienes presentes. Así, cuando los trabajadores y las materias primas maduren (produzcan) el empresario se quedará con su producción y la venderá por un precio superior al que anticipó a los factores productivos. En asuencia de beneficios extraordinarios, la relación entre el precio de venta de los productos y las rentas anticipadas es el tipo de interés. En todo caso, observamos que tanto el mercado crediticio como el de bienes y servicios están estrechamente relacionados. La gran mayoría de la demanda de fondos prestables se realiza con ánimo de invertirla en procesos productivos: si el tipo de interés es, por ejemplo, más reducido en el mercado crediticio, los empresarios pedirán prestado dinero para invertirlo en el mercado de bienes y servicios donde es más elevado. Ello provocará la elevación del tipo de interés en el mercado crediticio y su reducción en el productivo. Si el tipo de interés es más reducido en el mercado productivo, los accionistas y empresarios tenderán a desinvertir (incrementando el tipo de interés) para convertirse en oferentes de fondos en el mercado crediticio (reduciendo el tipo de interés).

Quinto, ¿cuáles son los efectos de la inflación sobre el tipo de interés? Si el Banco Central y los bancos comerciales expanden la oferta monetaria y esta se filtra al mercado crediticio, el tipo de interés se reducirá (al haber aumentado la oferta de fondos prestables). Esta reducción llevará a los empresarios a pedir prestados fondos en el mercado crediticio para invertirlos en el de bienes y servicios.

Sexto, ¿de qué modo se invertirán los créditos fiduciarios? Un menor tipo de interés permite expandir la duración de los procesos productivos, incrementando así su productividad. Los empresarios, pues, tenderán a alargar la estructura productiva, emprendiendo actividades que antes del crédito fiduciario no eran rentables (por el mayor tipo de interés) y ahora sí lo son (por el menor tipo de interés). Esta inversión en procesos productivos de larga duración supone, pues, una mayor inmovilización de los fondos de capital circulante. Hasta que éstos se liberen y se conviertan en activos líquidos, pasará un mayor período de tiempo. Además, esta inversión en bienes de capital alejados del consumo tiene un efecto añadido sobre éstos: parte de los factores productivos que eran utilizados para producir bienes de consumo, se desplazarán a esos nuevos estadios alejados del consumo, pagándoles rentas superiores a las que de otra manera se hubieran podido permitir con cargo al crédito fiduciario. Se produce una sensación de bonanza económica, ya que las rentas salariales aumentan, el paro se reduce y la "máquina" económica va a plena potencia. El gobierno parece haber conseguido algo milagroso: incrementar los ahorros sin que los consumidores tengan que restringir su consumo.

Séptimo, ¿puede incrementarse la inversión invirtiendo papel? Obviamente no. El tipo de interés debería haber reflejado únicamente el ahorro real de la sociedad. Si se difumina este ahorro real a través de un tipo de interés artificialmente bajo, la gente seguirá consumiendo de acuerdo con sus preferencias. Esto es, acudirán al mercado de bienes y servicios a consumir los fondos que los empresarios están invirtiendo. Por un lado, la oferta de bienes y servicios de consumo se habrá reducido ya que el período de maduración se ha incrementado (de manera que los productos llegan en mayor cantidad al mercado pero más tarde) y segundo, la demanda se incrementará porque las rentas extraordinarias pagadas para contratar a los factores productivos se trasladarán en un mayor consumo. Esto significa que, en este momento, se producirá "sobre el mercado de bienes y servicios de consumo" un incremento de los precios. Vemos, pues, cómo la inflación definida en términos neoclásicos se difiere mucho en el tiempo. Mientras que nosotros hemos hablado de inflación desde el momento de la expansión crediticia, los precios no se incrementan hasta que los consumidores adquiren bienes y servicios de consumo con cargo a las rentas anticipadas por los empresarios de bienes superiores de capital y procedentes del ahorro fiduciario. En todo caso, esto dará lugar a un incremento de los precios relativos de los bienes de consumo sobre los de capital, haciendo más rentable en estos momentos, la producción de bienes de consumo que la de capital. Por tanto, en la pugna de los fondos del mercado crediticio, los empresarios que se dedican a producir bienes de consumo podrán pagar un mayor tipo de interés que los de bienes de capital alejados del consumo (en otras palabras, los empresarios que se han dedicado a producir capital alejado del consumo tendrán que pagar un tipo de interés por el cual sus inversiones dejarán de ser rentables). No sólo eso, la mayor rentabilidad les permitirá recontratar a los factores productivos de las industrias alejadas del consumo y dedicarlos a producir bienes de consumo. Así pues, los bienes de capital carecerán del capital circulante y de los factores productivos suficientes para amortizar la inversión inicial. Esto se traducirá en que gran parte de las inversiones se abandonarán y muchos trabajadores irán al paro ya que, aun cuando sean necesarios para producir más bienes de consumo, el capital circulante necesario para adelantarles sus rentas en forma de salarios se hallará inmovilizado en las inversiones que no eran rentables. La única manera de evitarlo sería, precisamente, que los trabajadores aceptaran una reducción de sus salarios, de manera que un mismo montante de capital circulante pudiera financiar el empleo de un mayor número de trabajadores. Estamos en plena crisis económica.

Octavo, ¿y qué pasa con los bancos? Ya hemos indicado que una parte muy pequeña de sus inversiones (alrededor del 1%), las reservas, se hayan respaldadas por activos reales y líquidos. La otra, la oferta monetaria expandida, estaba respaldada por la maduración de las inversiones. En la medida en que estás han dejado de ser rentables, hayan sido abandonadas o el capital se encuentre totalmente inmovilizado, los bancos serán incapaces de atender a las demandas de los depositantes para recuperar su liquidez. Esto generará una situación de pánico entre el público que acudirá en masa a retirar unos depósitos que no existen o que se hayan invertidos en bienes nada líquidos.

Noveno, ¿puede realmente el Banco Central evitar esta situación? Si el Banco Central recurre a la expansión crediticia para evitar las situaciones de pánico, en realidad sólo estará prorrogando el caos y favoreciendo nuevas malas inversiones. Cuanto más reducido sea el tipo de interés, mayor será el período productivo y mayor la inmovilización del capital. Como acertadamente recordó Strigl, si el Banco Central expandiera sin límite la oferta monetaria, terminaríamos con el capital totalmente inmovilizado, de manera que habría que abandonar los métodos de producción indirectos, para volver a la producción inmediata, aquella cuya maduración es directa, por la incapacidad de subsistir sin consumir (dado que no existen ahorros).

Décimo, ¿cómo salir de la crisis? Simplemente permitiendo la reestructuración de la estructura productiva; asumiendo el consumo de capital que se ha producido; favoreciendo la movilidad laboral, sin fijaciones de salarios o penalizaciones al desempleo; evitando cualquier recurso al déficit público, que sólo tendrá como efecto reducir aun más las disponibilidades de ahorros que necesitan los empresarios para completar la maduración de sus proyectos. Los estabilizadores automáticos, en este sentido, son nefastos. El subsidio por desempleo incrementa los gastos públicos, dando lugar al déficit que se financia a costa de los ahorros reales; además, transmite ese incremento del gasto público en forma de rentas a los trabajadores, que terminarán consumiéndolo y no ahorrándola, incrementando pues, todavía más los precios de los bienes de consumo y agravando la situación de las industrias de capital. La crisis es un período de catarsis que no puede ni debe evitarse. Cuando más se retrase, mayor será el grado de de capital consumido y más dolorsa será la caída.

Undécimo, ¿cuál es el saldo neto? Se ha producido un consumo neto de capital al inmovilizarlo en proyectos no rentables que deberán ser abandonados. Multitud de trabajadores han acabado en el paro, se ha perdido poder adquisitivo y, lo que es más preocupante a largo plazo, se genera un clima de desconfianza hacia el capital y el capitalismo. La gente se vuelve más cortoplacista, no confía sus ahorros a inversiones que regularmente quiebran; se considera que el capitalismo es inestable y que el gobierno tiene que regularlo para evitar sus zarandeos. Al final, el capitalismo retrocede y el estatalismo se incrementa. Menor libertad y prosperidad es el saldo neto de la inflación.
¿Un gobernador austriaco?

Dice Bill Fleckenstein, de MSN Money, que el próximo presidente de la Reserva Federal debería ser un buen conocedor de la "Escuela Austriaca de Economía": El último requisito se refiere a la escuela encabezada, entre otros, por el Nobel de Economía Friedrich von Hayek. Los austriacos niegan que el Banco Central, como la Fed, pueda conseguir milagros económicos reduciendo el tipo de interés. En efecto, los austriacos señalan que el tipo de interés constituye una señal para el resto de la economía. Si colocas todos los semáforos en verdes, tendrás una serie de accidentes en cadena.

Como recuerda Jeffrey Tucker, el problema no es si conoce la teoría austriaca o no. Greenspan también la conocía y la conoce. De hecho, Greenspan incluso escribía cosas como ésta: "Bajo el patrón oro, la cantidad de crédito que una economía puede soportar viene determinado por sus activos tangibles, dado que cada instrumento de rédito está en última instancia respaldado por un activo tangible. Pero los bonos públicos no están respaldados por riqueza tangible, sino sólo por la promesa del gobierno de pagarlos con cargo a futuros ingresos fiscales, y no pueden ser fácilmente absorbidos por los mercados financieros. Un gran volumen de los bonos públicos sólo podrá ser vendido en el mercado a tipos de interés progresivamente más altos. Por tanto, el déficit público bajo el patrón oro está severamente limitado. El abandono del patrón oro ha hecho posible que los estatistas del Estado de bienestar usen el sistema bancario como un medio de expansión ilimitada de crédito. Han creado reservas de papel en forma de bonos públicos que -a lo largo de una compleja serie de pasos- los bancos aceptan en lugar de activos tangibles como si se trataran de un depósito auténtico, esto es, como un equivalente a lo que previamente se depositó en oro. El poseedor de un bono público o de un depósito bancario creado por las reservas de papel cree que tiene derecho válido sobre un activo real. Pero el hecho es que hay más derechos pendientes que activos reales. La ley de la oferta y la demanda no puede eludirse. Tal y como el dinero (o los sustitutivos) se incrementan en relación con la oferta de activos tangibles en una economía, los precios deben necesariamente crecer. Así, los ingresos ahorrados por los miembros productivos de una sociedad pierden valor en términos de bienes. Cuando los libros de la economía de balancean finalmente, uno encuentra que esta pérdida de valor corresponde a los bienes adquiridos por el gobierno para utilizarlo en el Estado de Bienestar u otros propósitos con el dinero procedente de los bonos públicos financiado a través de la expansión crediticia de los bancos.

En ausencia de patrón oro, no hay manera de proteger los ahorros de la confiscación inflacionaria. No hay ningún depósito de valor. Si lo hubiera, el gobierno habría ilegalizado su tenencia, tal como ocurrió con el oro. Si todo el mundo decidiera, por ejemplo, convertir todos los depósitos bancarios en plata, cobre u otr bien, y luego declinara aceptar cheques como pago por los bienes, los depósitos bancarios perderían su poder adquisitivo y el crédito creado por el gobierno carecería de valor para reclamar bienes. La política financiera del Estado de Bienestar requiere que no haya ningún medio por el que los propietarios de riqueza puedan protegerse.

Éste es el mezquino secreto de las invectivas de los estatistas welfaristas en contra del oro. El gasto deficitario es simplemente un esquema para confiscar la riqueza. El oro planta cara a este proceso insidioso. Se convierte en un protector de la propiedad privada. Si uno entiende esto, no tendrá dificultad para comprender el antagonismo de los estatistas contra el patrón oro."

¡Quién lo ha visto y quién lo ve! ¡Quién lo ha disfrutado como escritor y quién lo está sufriendo como rector! Comprobamos, pues, que por muy conocer que sea un economista de la teoría austriaca, incluso por mucho que la defienda, el poder tenderá a corromperlo. Y es que ningún austriaco sensato podría aceptar la responsabilidad de Banquero Central salvo para cerrar tan corrupta y criminal institución.

En todo caso, no deja de ser interesante que algunos asesores económicos consideren imprescindible conocer profundamenta la teoría austriaca para ocupar una de tan poderosas instituciones. Esperemos que llegue el día en que ningún conocimiento sea necesario para, como decía Greenspan, confiscar la riqueza de los demás.
En todas las épocas sucede lo mismo

La situación del clero, sin diezmos y sin bienes, rayaba en la miseria. El gobierno de Bajardi pretendió evitar tanto "la opulencia del clero, tan repugnante al espíritu de la Iglesia como la humillante indigencia del mismo". Comenzaba así la dotación del "culto y clero" siempre insuficiente y siempre tardía. El pueblo no aprendió a sufragar los gastos de la Iglesia porque lo hacía el gobierno, pero este no cumplía con sus compromisos porque no le alcanzaba el presupuesto.

Historia de la Iglesia, Juan María Laboa, Franco Pierini, Guido Zagheni


Como vemos, el intervencionismo (la "dotación al culto y clero", por no hablar de una previa nacionalización irregular de algunos bienes eclesiásticos) corrompe las instituciones sociales o bloquea su creación. La gente, por muy fiel que fuera, se desentendía de una labor "responsabilidad del Estado" (es más, de una labor "monopolio del Estado"). Recordemos, nuevamente, que como ya entendió Bastiat y, actualmente, el profesor Guido Hülsmann, el Estado se asienta sobre la ficción de que es necesario. Mientras la gente siga convencida de que así es, las instituciones de gobierno alternativas son incapaces de surgir. De hecho, cuando la ilusión termina, los resultados son sorprendentes.

El Estado prometió sostener a la Iglesia (después de eliminar sus fuentes de financiación, en ocasiones de manera acertada, otras en absoluto) y la consecuencia fue que los feligreses se desentendieron. Entre unos y otros la casa sin barrer, y mientras tanto las necesidades de la Iglesia se han sobredesarrollado a la sombra de un Estado que, entre hostil y conciliador, ha continuado proporcionándole fondos de los contribuyentes. El resultado es que la Iglesia sigue sin autofinanciarse y que no se ha creado una cultura de contribuciones voluntarias. Todo por el aguinaldo público.

18 de Octubre de 2005

Progre sí, liberal no

Se queja Gulliver de que nadie en Redliberal ha comentado la propuesta de Solbes para "flexibilizar" el contrato de trabajo. Ya cojo yo el guante. Y es que, casualidad de las casualidades, precisamente en mi artículo de hoy en Libertad Digital analizo las nefastas consecuencias de la imposición de costes al despido. La propuesta de Solbes consiste en rebajar a 33 días por año la indemnización a los trabajadores. No está mal, pero sigue siendo claramente insuficiente. Perdón por la autocita: El despido debería ser libre. Tanto el empresario como el trabajador deberían tener el derecho a rescindir el contrato sin penalización alguna. En caso contrario pasamos a un régimen de semiesclavitud: o bien el empresario podría obligar al obrero a trabajar para él o bien el trabajador podría obligar al empresario a pagarle un salario..

Si los costes al despido generan paro, lo generan en cualquier caso, si bien con distintas intensidades. El gobierno socialista sigue aferrado a la ideología paternalista e intervencionista, se acerca al mercado, pero con miedo, con desconfianza a la libertad. Es un acercamiento forzado, en contra de su voluntad.

Entre más cosas, añade Gulliver: Que Solbes quiera ir más allá que la reforma de Rodrigo Rato tiene el buen sabor añadido de que rompe tópicos. La flexibilidad laboral, como el liberalismo, no es ni conservador ni socialista sino todo lo contrario. ¿Rompe ciertos mitos? Quizá si alguien seguía sosteniendo que Rato era liberal, sí se le hayan roto ciertos esquemas. Pero seamos serios, si el gobierno de ZP ha heredado, mutatis mutandis, la política económica de Rato, ¿qué podía tener ésta de liberal? No digo que no sea altamente positivo que se derrumben ciertos mitos: ni Bush, ni Rato ni Blair son liberales, y, por supuesto, tampoco Solbes.

¿Cabe calificar esta concreta propuesta de liberal? Por supuesto, 33 días son mejores que 45 y, en este sentido, sí es una reducción en la dirección liberal. Pero ello no significa que se desarrolle en un marco conceptual y ético liberal.

Luego Gulliver realiza una propuesta cuyo debate teórico resulta interesante: Para no ser menos que los nórdicos, sería bueno complementar la flexibilidad laboral con unas mejores prestaciones para el desempleo de corta duración que proporcione una vida más cómoda para aquellos que tengan la mala suerte de perder el trabajo.

Fijémonos en que se trata de una prestación de "corta duración". Lógicamente, los efectos nocivos de un subsidio de corta duración son muy inferiores a los de larga. En teoría, además, esto permitiría alivar las situaciones extremas de los desempleados en el muy corto plazo. No voy a entrar en consideraciones éticas, sobran las del simple análisis económico.

El desempleo es un fenómeno no asegurable, ya que la evolución del mercado y de la forma de demanda de trabajo no sigue ningún patrón predeterminado. Los empresarios adaptan la producción continamente a las necesidades de los consumidores, ello supone que la estructura productiva varía en consecuencia. Dado que no existe una regularidad en la variación de la contratación de trabajadores y que una industria particular no se comporta con la misma regularidad que las restantes, resulta imposible obtener la probabilidad de quedar desempleado y, por tanto, obtener la prima de riesgo.

Por tanto sólo el gobierno puede provocar una redistribución arbitraria que no reduce el riesgo de quedar desempleado, sino que lo elimina penalizando a quienes no lo tienen. ¿Qué sentido tiene conceder una paga a quienes han dejado de ser productivos, durante el período en que han dejado de serlo, y a costa de quienes sí lo son? Desde el punto de vista de la eficiencia económica no tiene sentido, y desde el ético es disparatado. Los riesgos de quedar desempleado sólo pueden combatirse a través del ahorro previo. De hecho, el punto crítico del subsidio público es que se concede a unos trabajadores CON CARGO al ahorro de otros. Es decir, en todo caso, reduce el riesgo en unos, pero incrementa el de otros (pues reduce sus ahorros). Lo cual significa, en definitiva, una modificación de los incentivos y de las acciones humanas injusta y estúpida. Los seguros reducen el riesgo de todos los contratantes, el subsidio público sólo el de una parte, a costa de otra. Es más, para el consumidor, supone transferir recursos desde la producción de los bienes y servicios valorados al tiempo libre de quienes no contribuyen a su bienestar.

Como ya digo, pues, poco sentido tiene el subsidio público, especialmente tal y como lo plantea Gulliver. No digo que sea preferible un subsidio de larga duración -que no lo es- pero tiene una mayor lógica redistributiva. Si, como hemos dicho, la redistribución se produce mejorando la situación de unos a costa de otros, es necesario empeorar MUCHO la situación de los otros para la de los unos mejore de manera sustancial. En caso de que el subsidio sea poco dañino, los beneficios que aportará serán irrelevantes. Estamos hablando de pequeñas cantidades durante poco tiempo, ¿para qué entonces?

La cuantía de un bajo subsidio de baja duración (y es que por muy corta que sea la duración, si la cuantía es elevada, la tendencia será a tomarse un mes de vacaciones pagadas a costa del resto de trabajadores) puede muy bien acumularse con unos pocos meses de ahorro durante el período de trabajo previo. No hablemos de si, como sería deseable, la nuestra se convirtiera en una sociedad de propietarios donde las rentas del trabajo se capitalizaran finalmente. Por tanto, repito, carece de sentido implementar esta medida ineficiente que, además, daría lugar a ingentes gastos burocráticos.

Así pues, si a la reducción de los costes deñ despido (SÍ a su eliminación), pero no al subsidio. A cualquier subsidio público y coactivo.
Culpables por existir

Parece que hay otro que va a remolque de la mentira. Siguiendo el futil argumento de Prieto, el amigo de fascistas, Todo a Babor continúa la labor de acusar a Redliberal del ataque intelectual a Redprogresista.

Primero parte de la hipótesis de que a Red Liberal no le ha gustado el ataque: Bien vamos a pensar que a los responsables de RedLiberal no les ha agradado el ataque cracker a RedProgresista. Que estos responsables condenan el sabotaje, afirmando que este tipo de actos no representa a su Red, por mucho que el saboteador haya dejado su logo. OK, puede ser cierto.

Lo que es completamente cierto es que no te enteras. ¿Quién es Redliberal, lumbreras? Redliberal es un portal que sindica bitácoras liberales, nadie que actúa o tenga opinión. El problema de tus generalizaciones infantiloides es olvidar que RedLiberal no puede ser culpable de nada en su conjunto, porque no actúa coordinadamente. Segundo, muchos bloggers de Redliberal han expresado claramente su condena del ataque, no tienes por qué suponer nada. Vamos, que también podría decir: "Vamos a suponer que el autor de Todo a Babor no es un sanguinario genocida. Puede ser". Y la condena significa dos cosas: no tenemos NINGUNA relación con el ataque (salvo la que los autores han querido que tengamos poniendo el logo de Redliberal para que gaznápiros como tú se crean la historia: te lo recuerdo, eres el paleto útil de los que os han tirado la web) y nuestros valores y principios condenan a priori las agresiones a la propiedad privada (salvo, claro está, cuando se trate de autoagresiones o de agresiones consentidas por los propietarios).

Pero después de tan innecesarias suposiciones, llega el insulto: Pero cuando el tono generalizado de los pots de los “afiliados” a RL es ofensivo, violento, insultante y profundamente intolerante con RP y las reflexiones desde la Izquierda que plantea es “normal” que sucedan estos “incidentes”.

¿Después de decir esto te atrebas a calificar de reflexiones tus excreciones? Llámalos rebuznos más bien, y estaré siendo considerado. ¿Qué somos intolerantes? ¿Por qué? ¿Por criticar vuestras ideas liberticidas? Sí. ¿Por no aceptar la impunidad ideológica al proponer continuamente acciones políticas que restringen nuestra libertad? Sí. ¿Por llevaros la contrario? Sí, sí, somos muy intolerantes. Perdón por criticar a la izquierda.

Tenemos que asumir que somos los autores intelectuales del ataque. Como decía Prieto, nosotros "hemos apuntado" (¿dónde?) y otros han disparado. Y es que ya se sabe, para la izquierda ultratolerante la mera crítica ya supone una intolerable agresión.

Mirad qué dice el pájaro: RL crea un clima y un caldo de cultivo para que el sabotaje, la limitación y suspensión de la libertad de expresión sea una realidad. ¡Toma ya! Los bloggers de Redliberal, que yo sepa, -y ese desde luego es mi caso- se dedican a defender la libertad y la propiedad privada. ¿Cómo podemos sentar ningún caldo de cultivo para que os ataquen vuestra propiedad? ¿Al decir que todo ataque a la propiedad privada es intolerable?

Entérate: quienes sentáis ese caldo de cultivo sois toda la izquierda. Y aquí no hago excepciones. No tiene por qué haber dolo, pero sí culpa. Vuestra ideología se dedica a despreciar y relativizar el valor de la propiedad privada, a justificar los ataques del gobiernos a la libertad "cuando el fin perseguido sea socialmente aceptable", a sentar las bases de caos ético que permiten a un individuo plantearse atacar una propiedad privada que desprecia para conseguir sus fines particulares (acallarla). No sólo eso, fíjate, podría ser, incluso, que el individuo despreciara aun más a Red Liberal y pretendiera emponzoñar su nombre tumbando Redprogresista, para cuyo fin necesita la colaboración de chiquilladas como la tuya.

Atentos a la conclusión: Sois como esos nacionalistas que tanto repudiáis, cambiáis la bandera pero sois iguales en vuestras prácticas. Sois iguales y, por tanto, sabemos cómo combatiros. No dais miedo, dais risa. ¿Sabéis como combatirnos? Espero que no sea a través de la fuerza; pero viniendo de un izquierdista no se me ocurre otra forma. Otra vez lo de siempre: recurrir a la fuerza contra quienes no os gustan. Lo que siempre he criticado y lo que han hecho quienes os hayan tumbado Red Progresista. No aprendéis (y cuando aprendéis sólo lo hacéis de vuestros mellizos). Ahora un rojo nos condena por llevarle la contraria. La única disidencia que admite la izquierda es el asentimiento, de pie o de rodillas.

No nos extrañemos, por tanto, de que las purgas internas siempre han sido cosa común en la izquierda: lo lleváis en la sangre ideológica. Después no os extrañéis de que os pasen según qué cosas. Al menos, desde Red Liberal, seguiremos combatiéndolas ideológicamente. Seguiremos combantiéndoos ideológicamente.
Lord Keynes y la Ley de Say, por Ludwig von Mises

I

La mayor contribución de Lord Keynes no consistió en desarrollar nuevas ideas, sino en "escapar de las viejas", tal y como él mismo lo reconoce en el Prólogo de la Teoría General. Los keynesianos nos dicen que su aportación inmortal consiste en la completa refutación de lo que se ha conocido como la Ley de Say sobre los mercados. La refutación de esta ley, afirman, constituye la esencia de todas las enseñanzas keynesianas; el resto de proposiciones de su doctrina siguen necesariamente la lógica de esta profunda observación y se derrumbarían en caso de que la futilidad de su ataque a la Ley de Say pudiera ser demostrado [1]

Es importante darse cuenta de que lo que se llama "la Ley de Say" fue, en primer lugar, una refutación de las doctrinas populares que se mantuvieron durante las épocas precedentes al desarrollo de la economía como una rama del saber humano. No fue una parte integral de la nueva ciencia económica, tal y como la enseñaron los clásicos. Era más bien un preliminar -la exposición y eliminación de ideas confusas e insostenibles que oscurecían las mentes de las personas y constituían un serio obstáculo a un razonable análisis de la realidad.

Siempre que las empresas empeoraban, el comerciante medio tenía dos explicaciones a mano: el mal había sido causado por la escasez de dinero o por la sobreproducción general. Adam Smith, en un famoso pasaje de "La Riqueza de las Naciones", enterró el primero de estos mitos. Say se concentró en la reflexiva refutación del segundo.

En la medida en que una cierta cosa es todavía un bien económico y no un "bien libre", su oferta no es, claro está, absolutamente abundante. Hay todavía necesidades insatisfechas que, a través de la mayor oferta del bien en cuestión, podrían satisfacerse. Todavía hay gente que estaría dispuesta a obtener más de ese bien de lo que actualmente tienen. Por tanto, con respecto a los "bienes económicos" no puede haber nunca una absoluta sobreproducción. (Y la economía estudia sólo los bienes económicos, no los bienes libres como el aire que, al no constituir el objetivo de la acción humana finalista, no son producidos, y para los que el uso de términos como subproducción o sobreproducción es simplemente un sin sentido).

Con respecto a los bienes económicos puede haber solamente sobreproducción relativa. Mientras que los consumidores demandan unas ciertas cantidades de camisas y zapatos, las empresas han producido, digamos, una cantidad demasiado elevada de zapatos y una demasiado pequeña de camisas. Esto no constituye una sobreproducción generaliza de todas las mercancías. A la sobreproducción de zapatos le corresponde una supproducción de camisas. En consecuencia, el corolario no puede ser una crisis generalizada en todos los sectores de la economía. El resultado será un cambio en la ratio de intercambio entre zapatos y camisas. Si, por ejemplo, con anterioridad un par de zapatos podía comprar cuatro camisas, ahora podrá adquirir solamente tres. Mientras que la operación es negativa para los zapateros, es positiva para los productores de camisas. Los intentos de explicar la depresión global del comercio refiriéndose a una supuesta sobreproducción general son, por tanto, falacias.

Las mercancías, decía Say, se pagan en última instancia no por dinero, sino por otras mercancías. El dinero es solamente el medio de intercambio generalmente empleado; juega sólo el papel de intermediario. Lo que, en definitiva, el vendedor quiere recibir a cambio de las mercancías vendidas son otras mercancías.

Por tanto, toda mercancía producida es como si fuera un precio para otras mercancías producidas. La situación del productor de cualquier mercancía mejora con un incremento de la producción de las restantes. Lo que puede dañar los intereses del productor de una cierta mercancía es su incapacidad de anticipar la situación futura del mercado. Ha sobreestimado la demanda del público por su mercancía y ha subvalorado la demanda por otras mercancías. Los consumidores no tienen piedad por un empresario tan inepto; adquirirán sus productos sólo a precios que le provocarán pérdidas y le forzarán, si no corrige a tiempo sus errores, a salir del negocio. Por otro lado, aquellos empresarios que hayan tenido éxito en anticipar correctamente las demandas del público, obtendrán beneficios y se situarán en la posición de incrementar sus actividades empresariales. Esto, dice Say, es la realidad subyacente detrás de las afirmaciones confusas de los que afirman que la dificultad no está en producir, sino en vender. Sería mucho más adecuado reconocer que el problema primero y principal de los empresarios es el de producir de la manera mejor y más barata aquellas mercancías que satisfarán las necesidades del público más urgentes de entre las no satisfechas todavía.

Así, Smith y Say demolieron las más viejas e ingenuas explicaciones del ciclo económico, tal y como fueron concebidas por las charlatanerías populares de los empresarios ineficientes. Cierto es, con todo, que su aportación fue meramente negativa. Explotaron la creencia de que la repetición regular de períodos de crisis estaba causada por la escasez de dinero y la sobreproducción general. Sin embargo no elaboraron ninguna teoría del ciclo económico. La primera explicación de este fenómeno fue propuesta mucho después por la Escuela Monetaria inglesa.

Las importantes contribuciones de Smith y Say no eran del todo nuevas y originales. La historia del pensamiento económico nos permite encontrar algunos de sus puntos esenciales en autores más antiguos. Esto de ninguna manera supone una crítica a los méritos de Smith y Say. Fueron los primeros en tratar la cuestión de una manera sistemática y en aplicar sus conclusiones al problema de las depresiones económicas. Fueron también, por tanto, contra quienes los partidarios de las espurias doctrinas populares dirigieron sus ataques. Sismondi y Malthus escogieron a Say como el objetivo de sus apasionadas invectivas cuando trataron -en vano- de recuperar los desacreditados prejuicios populares.

II

Say emergió victorioso de sus polémicas con Malthus y Sismondi. Demostró la veracidad de su argumento, mientras que sus adversarios no hicieron lo propio con los suyos. De ese momento en adelante, durante el resto del s. XIX, el reconocimiento de la verdad contenida en la Ley de Say era la marca distintiva de todo economista. Aquellos autores y políticos que responsabilizaban a la escasez de dinero de todos los males y defendían la inflación como panacea, pronto dejaban de ser calificados como economistas, sino, en su lugar, de "excéntricos monetarios".

La batalla entre los campeones del dinero sólido y los inflacionistas duró varias décadas. Pero dejó de ser considerada una batalla entre diversas escuelas de economistas. Se veía como un conflicto entre economistas y antieconomistas, entre hombres razonables y fanáticos ignorantes. Una vez todos los países adoptaron el patrón oro o el patrón de cambio-oro, la causa de la inflación parecía haber perdido la batalla para siempre.

La economía no se contentaba con las enseñanzas de Smith y Say sobre los problemas mentados. Desarrolló un sistema integrado de teoremas que convincentemente demostraron la absurdidad de los sofismas inflacionistas. Trazó en detalle las inevitables consecuencias de un incremento en la cantidad de dinero en circulación y de la expansión crediticia. Elaboró la teoría monetaria o del crédito circulante del ciclo económico, que claramente demostraba cómo la regularidad de las depresiones económicas viene provocada por los repetidos intentos de estimular la economía a través de la expansión del crédito. Por tanto, probó de manera concluyente que las crisis, cuya aparición los inflacionistas atribuyen a la insuficiente oferta de dinero, es, por el contrario, el resultado necesario de los intentos de eliminar la supuesta escasez de dinero a través de la expansión del crédito.

Los economistas tampoco se contentaron con el hecho de que una expansión crediticia da lugar en primera instancia a un boom económico. Indicaron cómo ese boom fabricado debe inevitablemente colapsarse después de un tiempo y dar lugar a una depresión general. Esta demostración hizo un llamamiento de atención a los estadistas que intentaban promover el bienestar eterno de una nación. No pudo influir sobre los demagogos que no estaban interesados en nada más que en ganar las elecciones y a quienes no les interesaba en absoluto qué pudiera ocurrir dentro de dos días. Pero es precisamente esta gente la que ha conseguido el poder supremo en la vida política de esta era de guerras y revoluciones. Resistiendo las enseñanzas de los economistas, la inflación y la expansión crediticia ha sido elevada a la categoría de principio rector de la política económica. Casi todos los gobiernos están ahora mismo comprometidos el gasto desbocado, y financian sus déficits imprimiendo cantidades adicionales de papel moneda inconvertible y con una expansión crediticia sin límites.

Los grandes economistas fueron los precursores de las nuevas ideas. La política económica que recomendaban discrepaba con la practicada por los gobiernos y partidos políticos de su época. Como regla general, muchos años, incluso décadas, pasan antes de que la opinión pública acepte las nuevas ideas propagadas por los economistas y antes de que se implementen los correspondientes cambios en la política.

Todo esto fue distinto en el caso de la "nueva economía" de Lord Keynes. Las políticas que defendía eran las que casi todos los gobiernos, incluido el británico, habían ya adoptado muchos años antes de que la Teoría General se publicara. Keynes no era un innovador y un campeón de los nuevos métodos de manejar los asuntos económicos. Sus contribuciones consistían más bien en proporcionar una justificación aparente a las políticas que gozaban de la simpatía del poder a pesar de que todos los economistas las calificaran de desastrosas. Su logro fue la racionalización de las políticas que ya se estaban practicando. No fue un "revolucionario", tal y como algunos de sus adeptos lo han llamado. La "Revolución Keynesiana" tuvo lugar mucho antes de que Keynes la aprobara y construyera una justificación pseudocientífica para ella. Lo que realmente hizo fue escribir una apalogía de las políticas predominantes entre los gobiernos.

Esto explica el rápido éxito de su libro. Los gobiernos y los partidos políticos en el poder lo recibieron de manera entusiasta. Especialmente satisfecho estaba un nuevo tipo de intelectual, "el economista gubernamental". Su mala consciente les había atormentado. Eran conscientes del hecho de que estaban llevando a cabo políticas que todos los economistas condenaban como contrarias a sus objetivos y desastrosas. Ahora se sentían relajados. La "nueva economía" reestableció su equilibrio moral. Hoy en día ya no se avergüenzan de ser los impulsores de las malas políticas. Se glorifican a sí mismos. Son los profetas de una nueva fe.

III

Los exuberantes epítetos que los admiradores de su trabajo le han dedicado, no pueden oscurecer el hecho de que Keynes no refutó la Ley de Say. La rechazó de manera emocional, pero no aportó un solo argumento sólido para invalidar su lógica.

Ni siquiera Keynes intentó refutar a través del razonamiento discursivo las enseñanzas de la economía moderna. Prefirió ignorarlas, eso es todo. Nunca encontró una crítica seria en contra del teorema de que un incremento en la cantidad de dinero no puede tener otros efectos que, por un lado, favorecer a unos grupos a la expensa de otros, y, por otro lado, impulsar la mala inversión y el consumo de capital. Se hallaba totalmente perdido cuando intentaba ofrecer algún argumento para refutar la teoría monetaria del ciclo económico. Todo lo que hizo fue reavivar los dogmas autocontradictorios de las varias sectas inflacionistas. No añadió nada a las prensunciones vacías de sus predecesores, desde la vieja Escuela de Birmingham de los Partidarios de los chelines pequeños a Silvio Gesell. Simplemente tradujo los sofismas -cien veces refutados- al cuestionable lenguaje de la economía matemática. Pasó por alto silenciosamente todas las objeciones que hombres de la categoría de Jevons, Walras y Wicksell -por nombrar sólo a unos pocos- opusieron a las soflamas de los inflacionistas.

Lo mismo pasa con sus discípulos. Piensan que insultando a "aquellos que son incapaces de admirar la genialidad de Keynes" como "lerdos" o "fanáticos de mente estrecha"[2] pueden sustituir el razonamiento económico sólido. Creen que han demostrado su argumento despreciando a sus adversarios como "ortodoxos" o "neoclásicos". Muestran la más supina ignorancia al pensar que su doctrina es correcta por ser nueva.

De hecho, el inflacionismo es la más vieja de todas las falacias. Fue muy popular con anterioridad a Smith, Say y Recardo, contra cuyos escritos los Keynesianos no pueden proporcionar ninguna objeción salvo que son "viejos".

IV

El éxito sin precedents del keynesianismo se debe al hecho de que proporciona una justificación aparente a las pólíticas de gasto deficitario de los gobiernos contemporáneos. Es la pseudofilosofía de quienes sólo piensan en destruir el capital acumulado por las generaciones precedentes.

Con todo, ninguna efusión de estos autores, por brillante y sofisticada que sea, puede alterar las perennes leyes económicas. Ellas trabajan y se cuidan a sí mismas. A pesar de todas los apasionados discursos de los portavoces gubernamentales, las consecuencias del inflacionismo y expansionismo, tal y como fueron descritas por la escuela "ortodoxa", están convirtiéndose en realidad. Y entonces, muy tarde eso sí, incluso la gente más sencilla descubrirá que Keynes no nos enseñó a ejecutar el "milagro de transformar las piedras en pan"[3], sino el método nada milagroso de comernos el maíz para sembrar.

Notas

[1] P. M. Sweezy en The New Economics, Ed. by S. E. Harris, New York, 1947, p. 105.
[2] Profesor G. Haberler, Opus cit., p. 161.
[3] Keynes, Opus cit., p. 332.

17 de Octubre de 2005

Fascistas y amigos de fascistas

Parece que incluso los más iluminados bloggers de Redprogresista han acabado reconociendo el absurdo que suponía culpar a Redliberal de haber cometido el ataque a su portal para luego tratar de inferir algún tipo de consecuencia ideológica. Algunos, comprobando su impotencia en el debate de las ideas, recurrieron al siguiente argumento: sus ideas son mejores, pero no las practican; por tanto, nuestras ideas, aun siendo peores, son reales y prácticas.

Como digo, todos se han bajado del burro; de una u otra manera han pedido perdón. Todos, claro está, salvo el burro; y es que todavía no se conoce la fórmula mágica para que el burro se baja de sí mismo.

José-Luis Prieto acusa a Red Liberal de haber atacado a Red Progresista. Está claro que no hace de una manera explícita, sino sólo sugiriéndolo; quizá esperando que, como reza el título de su posts, otros más valientes disparen a los que apunta. En todo caso, para Prieto un fascismo que se disfraza de liberalismo es culpable de lo ocurrido. Espero que Prieto aporte alguna prueba sobre la autoría del ataque. No sólo eso, espero que nos explica qué principios del liberalismo legitiman este ataque. Mientras tanto, me permitirán que siga considerándolo un charlatán censor.

Sí, digo censor. Después de acusarnos de fascistas, vaya por dónde, D. José-Luis llega a la siguiente conclusión: Son minoría los bloggers nacional-liberales que se han desentendido de tal agresión virtual. Y más los que se han negado a condenarlo. Por lo mismo, en el mundo real, se ha ilegalizado un Partido político. ¿Propone Prieto la censura de los blogs que se hayan negado explícitamente a condenar el ataque? Y a los que sí hemos condenado el ataque pero estamos relacionados con los que no lo han hecho, ¿qué destino nos tiene preparado su omnipotencia? Para más inri, al final del post se nos enlaza con el célebre artículo de Berlín sobre la Red de Pensamiento agitativo. He de decir que no me extraña en absoluto.

Como tampoco me extraña el autoretrato ideológico que Prieto hace al principio del artículo: En mis tiempos universitarios acabé teniendo una excelente relación personal con los miembros de la asociación de alumnos fascistas de mi Facultad, incomprensible si se contrasta con la abierta hostilidad que desde mi pequeño colectivo de estudiantes sostuvimos al principio.

¿Incomprensible? Créame, yo lo comprendo perfectamente. Al final ustedes son los mismos perros con distintos collares; se pelean por un mismo espacio ideológico, por la supremacía sobre unos mismos mecanismos. La socialdemocracia actual bebe del comunismo y del fascismo, del igualitarismo como fin y del Estado poderoso como medio irrenunciable.

Ya estoy cansado de que gente que ha interiorizado las ideas fascistas hasta un punto que le resulta imposible reconocerlo, acuse al liberalismo, y a los liberales, de fascistas. Es más, estoy cansado de que un tiparraco de izquierdas se indigne ante un ataque a la propiedad privada y a la libertad de expresión, cuando en ese mismo posts defiende la censura y cuando sus ideas son del todo hostiles a la propiedad privada. Estoy cansado de que el Ministerio de la Verdad siga mintiendo tanto y que, el de la Paz, no pare de declarar nuevas guerras a la sociedad y a sus libertades.

Por ello, a diferencia de lo que hacen otros, no sólo voy a tildar las ideas de Prieto de fascistas, sino que voy a demostrar por qué lo son.

Coincidencia 1: En este post José-Luis Prieto encadena imprecisiones una tras una. Por ejemplo, decir que el arquetipo de Estado liberal es EEUU es de una ignorancia supina, por no hablar de la confusión de res publica con Estado (en palabras de Gilson de Lemos: Los romanos no pensaban que ellos tuviesen un gobierno en particular, término que ellos solían usar cuando describían a los bárbaros, sino una Res Publica, una Cosa del Pueblo, donde los clanes e intereses autónomos se encontraban para pulir las cosas sobre un principio de mínima intervención y estricto respeto a aquellos implicados).

Pero para nuestro fin quiero destacar un párrafo que, además, contiene la idea central del post según Prieto: Más que una reducción del Estado es necesario su redimensionamiento. Debe crecer para rellenar un hueco: el que le separa del pueblo. Y ese crecimiento debe hacerse a costa de la parte del Estado que no sólo está más lejos del pueblo, sino además utilizado contra éste y los principios que han de regir su funcionamiento interno..

Para Prieto el Estado y el pueblo son una misma cosa, una misma entidad. En ese mismo post, por ejemplo, nos explica que tras la Revolución Francesa el Estado y el pueblo pasaron a ser las dos caras de la misma moneda. Vamos, que el pueblo, sus individuos, carecen de autonomía propia más allá de la determinada por el propio Estado. Es más, el Estado en tanto organización y cabeza del pueblo, debe conducir y determinar sus fines. ¿Qué pasa pues cuando un fin individual choca con los fines del Estado? Obviamente, ese fin individual debe desaparecer. De hecho, a Prieto le molesta que el Estado y la sociedad tengan fines divergentes: Pero algo ha pasado cuando a día de hoy muchísmos ciudadanos no nos sentimos debidamente identificados con la organización política de nuestra comunidad, nuestro Estado en sentido amplio, cuando éste y el pueblo son sujetos distintos, con intereses tan divergentes. Fijémonos cuál es el ideal de Prieto: pueblo y Estado deben ser el mismo sujeto y tener los mismos intereses.

Veamos qué decía Primo de Rivera, lector de cabecera de Prieto: Y el día en que el individuo y el Estado, integrados en una armonía total, vueltos a una armonía total, tengan un solo fin, un solo destino, una sola suerte que correr, entonces sí que podrá ser fuerte el Estado sin ser tiránico, porque sólo empleará su fortaleza para el bien y la felicidad de sus súbditos.

Esto es el fascismo: la fusión del Estado y la sociedad; la eliminación de la libertad y su sustitución por el sufragio. Uno no es libre en tanto disponga de autonomía, sino en tanto pueda participar en la formación del fin común, del interés convergente. El resto de consideraciones quedan subordinadas a ese interés, para Prieto y para José Antonio.

Coincidencia 2: Pero incluso algunos fascistas niegan la libertad de participar en la formación del interés común. Eso lo vemos claramente en este post de José-Luis: Internet está experimentando un importante detrimento de la libertad de información en beneficio de la libertad de expresión, lo cual por definición no es necesariamente negativo. Pero en ocasiones, utilizando técnicas goebbelsianas de propaganda (eso de que una mentira repetida mil veces acaba tomando apariencia de realidad), la opinión se transfigura en información para constituirse en generadora de otra mayor, de opinión pública. Así trabaja la RPA.[Red de Pensamiento Agitativo]

¿Y cuál es la mentira que propagaba la Red de Pensamiento Agitativo? El nuevo target del activismo desestabilizador de la RPA es la Constitución Europea. Tanto, que han conseguido crear en la opinión pública de la Internet española una realidad distinta a la que las encuestas arrojan para la opinión pública real.

Cuidado. Algunos sujetos habían conseguido convencer a una parte de la población de que la Constitución Europea era contraria a sus intereses y a su libertad. Esto genera un conflicto entre la libertad de expresión y la verdad, conflicto que, como bien se deduce de las palabras de José-Luis, debe resolverse en contra de la libertad de expresión. No es necesariamente negativo, pero en ocasiones (cuando se miente) sí lo es. En este punto, las ideas fascistas se entrecruzan con las comunistas. Como hemos visto, el fascismo pone al Estado al servicio del interés común, sin que necesariamente quepa definir a priori ese interés común. Sin embargo, el marxismo, por influencia hegeliana, creía haber descubierto científicamente el fin de la Historia. Por tanto, toda coacción era válida para conseguir ese fin.

En este punto, el fascismo bebe del comunismo: el Estado realiza los intereses del pueblo pero, es muy posible, que ese pueblo no conozca cuáles son sus auténticos intereses. Prieto lo deja claro, la libertad de expresión es negativa por difundir la mentira, él tiene la verdad. (No es que caiga en la postura relativista de negar la verdad, ahora bien, difícilmente puede descubrirse la verdad sin libertad y difícilmente puede la verdad prevalecer a través de la iniciación de la violencia, como la que propugna José-Luis con su defensa del Estado).

Recordemos la conclusión del punto anterior. Cuando el fin individual contradice al común, prevalece el último. Ahora damos un paso más allá: cuando el fin común contradice al auténtico fin común, cabe el uso legítimo de la violencia contra el primero. La libertad de expresión es mala.

Veamos qué dice José Antonio sobre estos puntos: La violencia puede ser lícita cuando se empleo por un ideal que la justifique. Sobre la libertad de expresión: El máximo respeto se tributa a la dignidad humana, a la integridad del hombre y a su libertad. Pero esa libertad profunda no autoriza a socavar los fundamentos de la convivencia pública O dicho de una manera menos pomposa: Para todos, la verdadera libertad, que sólo se logra por quién forma parte de una nación fuerte y libre. Para nadie, la libertad de perturbar, de envenenar, de azuzar las pasiones, de socavar los cimientos de toda duradera organización política

Como vemos, José Antonio, al igual que José-Luis, se oponía a las mentiras que socavaran los cimientos políticos (¿de la Unión Europea?). La conclusión de Prieto es que la libertad de expresión era mala. ¿Qué cabía hacer contra la misma? ¿Acallarla? Al fin y al cabo, esta era su propuesta inicial con respecto a los blogs que no han condenado el ataque contra Red Progresista en el que no han tenido nada que ver.

Por tanto, se propugna la intervención del Estado, esto es, de la violencia y de la coacción para eliminar aquellos elementos envenenadores del camino hacia la verdad. De nuevo, José-Luis bebe de José Antonio: La violencia puede ser lícita cuando se emplea por un ideal que la justifique. El ideal europeo.

Coincidencia 3: En este post se realiza un análisis del 11-M que, para el objetivo de este artículo, no me interesa en absoluto. Lo curioso es que José-Luis recalque que la derecha exigue el derecho a mentir. ¿Es qué acaso debiera carecer de la libertad de expresión cuando mienta? ¿Quién debe, pues, juzgar cuándo se miente? ¿Una Santa Inquisición? Su factura es indisimuladamente ultraderechista, y sus imputaciones tan insultantes y calumniosas que las cuatro letras del asco resultan claramente insuficientes. ¿Qué sería suficiente? ¿Callarlos?

Coincidencia 4: En los comentarios, Prieto muestra claramente su perfil censor: ¿hemos de vivir bajo chantaje? ¿Democracia sí, sólo cuando gobierne la derecha? ¿Si no, todo vale? ¿El programa electoral mayoritariamente votado por los españoles subordinado al “nihil obstat” de la derecha? ¿Por qué ilegalizar “Gara” y no Libertad Digital, cuando tienen los mismos comportamientos desde extremos distintos?.

El objetivo es acabar con aquellos que no defienden la verdad. Libertad Digital miente y, al mentir, incita al odio y socava las bases de la convivencia, por tanto, merece el mismo tratamiento que los terroristas.

Coincidencia 5: Nuevamente, Prieto propone censurar a quienes expresan opiniones que le disgustan. Así, tras comentar la manifestación en Madrid contra el matrimonio homosexual concluye: El artículo 510.1 del Código Penal tipifica como delito la provocación no sólo al odio, sino además a la discriminación contra grupos por su orientación sexual. Yo acuso: el delito de homofobia, incitada explícitamente por influyentes miembros de nuestra sociedad, está quedando impune.

Aquí, otra vez, vemos la influencia del pensamiento falangista: no pueden socavarse las bases de la convivencia. Por supuesto, Prieto justifica la violencia para evitar la disuasión a la violencia, como José Antonio: La razón, la justicia y la Patria serán defendidas por la violencia cuando por la violencia -o por la insidia- se las ataque. pero la Falange Española nunca empleará la violencia como instrumento de opresión. Mienten quienes anuncian -por ejemplo- a los obreros una tiranía fascistas. Todo lo que es HAZ o FALANGE es unión, cooperación animosa y fraterna, amor.

Lo digo yo, que no mostré precisamente simpatías hacia la manifestación. La critiqué, pero nunca cuestioné la libertad de las personas para manifestarse y expresar sus opiniones. Y no -como algún izquierdista pueda pensar- porque en el fondo compartía las ideas de la manifestación pero no sus métodos. Ya he mostrado en otras ocasiones, que ese no es el caso: puedo despreciar a Krahe, pero peor me parece el intento censor de Del Burgo.

Ésta es la diferencia entre las ideas liberales y las fascistas; entre el orden espontáneo y el colectivismo totalitario. Mientras uno defiende la libertad ajena, el otro intenta reducirla a su mínima expresión. También aquí, Prieto ha mostrado sus referencias intelectuales joseantonianas.

Coincidencia 6:: En un delirante post sobre Nueva Orleans, en el cual reitera las consabidas tonterías de la izquierda en este tema, Prieto habla del liberalismo y del Estado liberal: La mano invisible, ya que no del sacrosanto mercado sí de la divinidad a la que permanentemente se encomiendan, ha reducido el porcentaje de pobres. Otra manifestación del triunfo del teoliberalismo, probada en los últimos días en los éxitos cosechados por la reducción del Estado en Nueva Orleans, ahora paraíso neocon. Si ese es su modelo de política, vaya mierda..

¿Y qué decía José Antonio? Repudiamos el sistema capitalista, que se desentiende de las necesidades populares, deshumaniza la proppiedad privada y aglomera a los trabajadores en masas informes, propicias a la miseria y a la desesperación. Vaya, casi coincide con el retrato y el diagnóstico que José-Luis efectúa sobre el Nueva Orleans.

El odio a la empresarialidad, a la acumulación de capital y, en definitiva, a la propiedad privada, caracteriza tan bien el pensamiento del falangismo como el de Prieto. No hay duda: el Estado tiene que organizar a la sociedad en un todo orgánico que dirija toda su riqueza agregada hacia el interés colectivo. Sociedad y Estado, como decía José Luis, son la misma cosa, por tanto, el Estado es el legítimo propietario de todo cuanto se produce. La pobreza (sic) en Nueva Orleans es consecuencia de una mala asignación y distribución de los recursos. De que, como criticaba José Antonio, masas enormes vivan miserablemente mientras unos cuantos disfrutan de todos los lujos.

Después de pasar por las seis coincidencias, comprobamos cómo la lectura de José Antonio influyó más a José Luis de lo que creía. Difícilmente pueden ocultarse las coincidencias de su pensamiento con el fascismo. No estoy diciendo, obviamente, que todo el pensamiento del censor sea fascista, como ya he indicado al principio, es al menos tan fascista como socialista. Pero ello no obsta para que, claro está, una parte fundamental de su pensamiento, por mucho que lo intente ocultar, tenga raigambre falangista.

En todo caso, y más allá de las etiquetas, sí es sencillo encontrar un denominador común a todos los posts de Prieto: el odio a la libertad. Un odio que se manifiesta de diversas maneras, pero que podría resumir en la pretendida legitimidad de utilizar la fuerza y la coacción para recortar y eliminar las libertades ajenas cuanto éstas van en contra de sus objetivos.

Esta pretensión se visualiza en las continuas insidias para censurar la Red de Pensamiento Agitativo. En tanto contribuye a difundir la mentira, el odio, la injusticia o la guerra debe ser acallada. Paradoja de las paradojas; Prieto se quejaba de que los fascistas han atacado Red Progresista. Sí, y lo han hecho con la cobertura ideológica que destilan sus artículos.

15 de Octubre de 2005

Calumnia que algo queda

Han atacado Red Progresista. Desde un punto de vista LIBERAL no hay mucho que decir: se trata de una intolerable agresión a la propiedad privada y, por tanto, intrínsecamente incompatible con el liberalismo. Dani ya lo ha expresado suficientemente.

No obstante, parece que algunos sujetos de Redprogresista están más preocupados por relacionar este ataque (incompatible por principio con el liberalismo) con Redliberal y, en definitiva, con los valores liberales. Cierto es que el hacker ha dejado un logotipo de Redliberal, ¿y qué? ¿Si dejara uno de la CIA estarían acusando al gobierno de EEUU? No sólo eso, me molesta ese aire colectivista que destilan algunos de sus posts. Aunque hubiera sido un lector de Redliberal -incluso un simpatizante liberal- una cosa debería quedar meridianamente clara: el ataque a la propiedad privada entra en contradicción con el liberalismo. Por tanto, el ataque sólo puede haber sido obra de un falso liberal; en otras palabras, el liberalismo NO tiene nada que ver.

Con todo, parece que algunos ya están intentando sacar tajada. Veamos el primer post que han publicado sobre el tema (que a su vez ha recibido calurosa acogida entre otros miembros de Red Progresista). Dice un tal "Isra" que Algún miembro o seguidor de Red Liberal anda detrás de este ataque a la libertad, que priva -intenta más bien, porque jamás nos rendiremos a opinar, mientras sigan existiendo- a muchas personas de expresarse y poder ser leído.

Espero las pruebas de esa acusación. Mientras tanto el fundamento de esa acusación tiene tanta base como culpar Rebelion.org de haber querido implicar a Redliberal: ninguna. Que investiguen y nos cuenten. Pero, mientras tanto, les recomendaría que no se pillaran los dedos.

De todas formas, he de decir que si lo de arriba es una sandez potencial, en el párrafo siguiente llegamos a la sandez materializada: Eso es lo que tienen estos fascistas que se esconden detrás del velo liberal. Se hacen llamar defensores de la libertad y no se que gilipolleces más, pero no son más que perros dispuestos a morder a todo aquel que no les ría las gracias y les babosee en sus bitácoras plagadas de mentiras y acusaciones gravísimas.

Mira, parodia de analfabeto funcional, que os hayan asaltado la página web es una cosa despreciable, que tú nos acuses de asaltártela y de fascistas no sólo es despreciable, sino además estúpido. Entiendo que tu colectivismo patológico te impida distinguir entre individuos culpables e ideologías culpables. Te lo explicaré de manera sencilla: aunque un blogger de Redliberal fuera el atacante, ello no te permitiría decir que TODOS los bloggers de Redliberal son fascistas disfrazados. Para ello, no sólo deberías demostrar que UNO ha sido culpable, sino que TODOS lo han sido.

Y si no puedes probar que TODOS los bloggers de Redliberal han participado o dado apoyo al ataque, al menos tendrás que mostrar qué principios del liberalismo que defendemos sirven para legitimarlo. Ya te lo digo yo: ninguno. Mientras no los encuentres, tus diarreas argumentales no pasarán de pataletas infantiles.

Más bien al contrario. Los principios que subyacen a este ataque son una absoluta falta de respeto por la propiedad privada, es decir, subyacen principios socialistas. La ideología culpable sería, en todo caso, la que tú dices defender. Aunque claro, las ideologías culpables tampoco engendran personas culpables: los que se declaran socialistas pueden ser incoherentes con su desprecio a la propiedad privada y condenar el ataque. Cuando un socialista defiende el uso de ciertas propiedades privadas, en esa situación concreta, se está comportando como un liberal.

Finalizamos con las bobadas del socialista Isra: Así son, así lo demuestran un día más; no son liberales, no son demócratas. Son escoria, ratas de la red que destruyen lo que no les gusta. Odian, sólo odian, a los de izquierdas, a los homosexuales, a los inmigrantes, a los moderados. Sólo quieren a los radicales, y ni siquiera, si no lo son en extremo.

¿Ratas? ¿Pero tú quien te has creído que eres piltrafilla? Yo estoy sindicado a Redliberal, soy blogger de Redliberal, y me estás llamando rata por haber colaborado en el ataque a tu web. Demuestra que así ha sido, o cállate. Por cierto, los totalitarios siempre han tenido mucha afición en insultar y difamar a los demás con nombres de animales.

Pasemos ahora a otro post de la Red Roja, esta vez de Sun Tzu. En la misma línea: Hoy, más que nunca, se ha demostrado hasta donde son capaces de llegar estos descerebrados sin ideología por acallar la verdadera libertad. Hoy se ha demostrado hasta donde son capaces de llegar cuando las ideas bullen y el intercambio de verdades dejan huella.

Esto es de un victimismo que da pena. Pero vamos a ver, ¿cuántas ideas ebullidoras habíais tenido en vuestro portalito durante la última semana? Una cosa es que os cabreéis con quien os ha atacado, otra muy distinta que aprovechéis el ataque para difundir una ideas caducas y erróneas y, cómo no, para acusarnos de antiliberales.

La acusación a Red Liberal, por supuesto, continúa: Este ataque, que no debe servir para otra cosa que no sea salir más fortalecidos y con más ganas de expresarnos, debería unir mucho más a todos aquellos que creemos en la libertad, que somos progresistas, demócratas y de izquierdas. Tres cosas que nos diferencian de los que han sido capaces de atacar Red Progresista y dejar su marca de fábrica. Debería servir para saber que somos mucho más que un movimiento aglutinante, somos mucho más. Y dependemos de nosotros mismos.

Utilizando la misma conspiranoia que vosotros debería preguntarme quid prodest?. ¿Red Liberal? ¿Por qué debería ser Red Liberal si hasta vosotros mismos asumís que saldréis fortalecidos y que Redliberal quedará más aislada? Lo cierto es que vuestra argumentación es cada vez más lamentable. Ahora resulta que la izquierda cree en la libertad. Toma del frasco, carrasco. Estáis bailando descalzos sobre el cuerpo del delito para conseguir una remuneración moral y una legitimización ideológica; aparte de cutre, no engañáis a nadie. La discusión sigue estando donde estaba: la izquierda es hostil a la libertad y a la propiedad. Que un sujeto os haya atacado -mostrando ese mismo desprecio que la ideología izquierdista muestra por la propiedad privada- sólo sirve para recordaros que estáis bailando con un saco de escombros.

Por cierto, los que han dejado la marca de fábrica de Red Liberal NO han dejado SU marca de fábrica, sino una marca de fábrica ajena. No sé con que intención, pero vosotros la estáis poniendo, a la postre haciéndoles el juego a los que os han atacado. Reflexionad.

El último párrafo no pasa ya de panfletillo liberticida: En estos tiempos en los que el neoliberalismo no es más que algo en pleno declive, en estos tiempos en los que por vez primera incluso desde la ONU se aboga por políticas sociales que creen estados fuertes e independientes; Mercosur, el Banco Internacional Latinoamericano; es necesario seguir expresándonos. Es necesario hacernos oir. Y lo estamos haciendo bien, o esto no hubiera pasado.

Claro, el ataque ha sido obra y gracia del neoliberalismo. ¡Pero qué podredumbre intelectual pulula por ciertas páginas! Hay que crear Estados fuertes; claro, será para favorecer la libertad de cuya ausencia ahora os quejáis.

Vayamos a otro post, esta vez de rojiverde. Las mismas estrategias se repiten: Algún miembro o simpatizante de esta corriente de “pensamiento” [Red Liberal] ha hecho lo que mejor saben hacer, coartar la libertad de expresión de los que no piensan como ellos

Vuelvo a pedir pruebas. No sólo eso, ahora pido pruebas de que los de Red liberal nos dedicamos a coartar la libertad de expresión ajena. ¿Es lo mejor que sabemos hacer? Si no fuera porque tu nick ya pone de manifiesto tu altura mental, podría pensar que eres malvado.

Lo cierto es que leer ciertas paridas catedralicias me subleva. ¿Tan apenados estáis como para aprovechar este ataque tácticamente? ¿Tal es la superioridad de vuestras ideas que tenéis que echar mano de mentiras y falsedades para intentar deslegitimar a los liberales? Vamos, visto lo visto, me viene a la mente una frase de Revel: Un régimen puede, por razones políticas, optar por la bancarrota económica. En realidad, me viene a la mente más de una, ¿cómo era aquello de las mentiras que movían el mundo? El mundo, ciertos mundos, ciertas redes o, más bien, a determinados bloggers de ciertas redes.

Seguimos con las descalificaciones a Red Liberal (parece que de los atacantes ya se han olvidado): Y es que, aunque pretendan esconderse con denominaciones equívocas o eufemísticas, todos sabemos de la pata que cojean la mayoría de los “liberales” de nuestro país: herederos de la mejor tradición nazi o fascista, simpatizantes del franquismo, usuarios de las tácticas goebbelianas de propaganda, fundamentalistas católicos…

Primero, es goebbelsianas, no goebbelianas. Parece que algunos han interiorizado, no sólo las tácticas, sino también las erratas de Felipe González. Segundo, si tu compañero era una parodia de analfabeto funcional, tu eres una mala parodia, pésima en todo caso. ¿El liberalismo un heredero del nazismo? ¿Qué principios liberales son coincidentes con el nazismo? Con que nombres unos pocos bastará. Y si no puedes, yo sí te nombraré uno en el que coincides con el fascismo: la desinformación y la mentira.

Continúa: Ahora se han convertido —sobrevenidamente— en paladines de una constitución redactada bajo la presión de los añorados poderes involucionistas militares, que estiman como la mejor manera de defender su ideal tardomedieval de España. Este tío no se entera. Venga, lee un poco al menda (I, II), blogger de Redliberal y, por tanto, paladín de una Constitución que acabo de tildar de fascista.

Las frases que siguen ya son el colmo del disparate: Espero que en las próximas horas algún responsable de la Red Liberal se desvincule de la agresión y critique el mal uso de su logo para prácticas delictivas de este calibre. Si no lo hace, estaremos ante la constatación de la participación de este grupo en el ataque a la Red Progresista o que ésta comparte los objetivos de los terroristas informáticos que nos han hackeado.

El post de Dani -webmaster de Redliberal- se había publicado media hora antes del post. Pero bien, asumamos que no lo ha leído (lo cual no es demasiado disparatado). ¿Qué credibilidad puede tener este tío que, ya preventivamente, insulta por si acaso, a los miembros de Redliberal? "Mientras esperamos desmarque yo los cubro de mierda llamándolos nazis y fascistas". Genial, roji-verde.

Acto seguido nos imputa, si bien de pasada, opiniones ASQUEROSAS, (supongo que también preventivamente), sobre nuestro logotipo de la Estatuta de la Libertad, EEUU, el Katrina y nuestro placer ante la limpieza étnica de negros: Los neocons idolatrados por estos individuos afirmaban hace poco sin disimulo “enterraremos a los europeos”, también apuestan por abortar a los niños negros para acabar con la delincuencia, se alegran de que el Katrina hubiera limpiado ciertos barrios de Nueva Orleans, piden el asesinato. Genial, una cadena lógica impecable: supongo que por eso será de izquierdas.

Por último, también reitera cuan positivo ha sido el ataque para Red Progresista: La Red Progresista saldrá bastante reforzada de este pequeño trance, eso seguro. Pues nada, felicidades. Será cuestión de que anunciés vuestro masoquismo.

Ahora pasemos a analizar dos posts ligeramente menos obtusos. Dice Jéssica que No pretendo que Red Liberal en bloque haya sido culpable del sabotaje. Me parece una estupidez pensar que, como comunidad, se dedican a algo así. Lo que también me parece una estupidez es pensar que un ataque así es obra de una especie de vengador despolitizado sin ideología conocida que lo hace porque desde la izquierda también lo hemos hecho.

¿Y cuál es la ideología conocida del atacante? ¿Un liberal? ¿Y por qué no un comunista? ¿O por qué no un socialista más radical que vosotros? ¿Es que acaso es muy disparatado creer que quiera fastidiar a una comunidad y emponzoñar a otra? Vamos, que hacéis de perfectos testaferros.

Luego Jéssica se escandaliza de que algunos "liberales" les acusen de haberse autoflagelado para atacar a los liberales: La nota discordante, la ponen los de siempre: que nos lo habremos borrado nosotros para acusar a Red Liberal (victimismo a granel), que lo hemos hecho nosotros para marcarnos un golazo publicitario.

Un sólo detalle: las conspiranoias las habéis comenzado VOSOTROS, como pongo de manifiesto en este post. Quizá te parezca más grave que un lector de Redliberal acuse a los de Redprogresista de haber orquestrado esto. A mí me parece bastante más grave que algunos de vuestros bloggers acusen a TODA Redliberal de nazis por haber atacado a Redprogresista. Lo que puede esperarse es que el ataque lo haya organizado un tarado a quien por algún motivo (no necesariamente ideológico, y no necesariamente ideológico-liberal) os ha querido tirar la web. Ahora, si empezáis a sacar tajada culpando a los bloggers de Redliberal, ¿qué puede pensar uno? Que la tajada os viene bien; incluso que saldréis reforzado con la tajada. Vaya, ¡si eso lo reconocen incluso algunos de tus cobloggers!

Luego, seguimos con lo de siempre: En definitiva: que no creo que haya sido alguien precisamente imparcial en todo este rifi-rafe. Y a los que nos acusan de haberlo borrado nosotros mismos: difamaciones, conspiranoias... Que lo demuestren. Bueno, no sé qué estoy pidiendo, porque la derecha, en este país, al menos desde el 11-M, lo de difamar y dejar caer, "no lo confirmo pero tampoco lo desmiento", lo tiene muy aprendido...

Para enmarcar. Espero que pidas también a tus cobloggers que demuestren que el ataque lo ha preparado Redliberal. Porque te recuerdo que aquí lo relevante es quién ha atacado Redprogresista, no si algunos que poca relación guardan con Redprogresista piensan que el ataque lo habéis organizado vosotros. Vamos, que debería preocuparte más que algunos de los directamente afectados se pongan a lanzar acusaciones y consignas sin prueba alguna. Como la derecha, ¿no?

Por último, el post de Egócrata quien, a pesar de ser el más cabal de Redprogresista, ha patinado estrepitosamente aquí: Parece ser que un imbécil cercano a Red Liberal se está divirtiendo atacando el portal de Red Progresista, y se ha cargado la página. Muy bonito, estupendo. Un gran trabajo por la promoción de la libertad de expresión de algún capullo de derechas, que se llama a si mismo liberal para ocultar su intolerancia.

¿Cercano a Red Liberal? ¿Mande? ¿Un capullo de derechas? De capullo no me cabe duda, ¿pero la derecha dónde le cuelga? Es más, ¿se llama a sí mismo liberal? ¿Tiene datos? ¿Lo conoce? Porque, a priori, como ya he dicho al inicio del post, es incompatible atacar la propiedad privada ajena y ser liberal. Otra cosa es lo que cada uno suelte por su boca: también hemos visto a algún blogger de Redprogresista diciendo que la izquierda defiende la libertad de expresión.

Luego nos exculpa, no por incompatibilidad ideológica, sino por comodidad: En fin. No creo que sea alguno de los blogueros habituales de Red Liberal; son demasiado elitistas (¡en el buen sentido!) para rebajarse a niñerías así. ¿Elitistas? No sé si soy elitista, pero desde luego ese no es el motivo por el que un liberal no ataca una propiedad privada. Y usted debería saberlo.

Por último, Egócrata ha colgado tres actualizaciones donde matiza un poco su postura inicial. Primero, enlaza con el post de Dani diciendo que: Algunos liberales, por cierto, ya han criticado el ataque. No mire, los liberales no necesitan condenarlo, porque choca de frente con sus principios. Por tanto, "algunos", no. Entre otras cosas, porque implicaría que algunos liberales sí favorecen el ataque y, en tanto liberales, ello no es posible.

En la segunda actualización se pone la venda antes de la herida: por cierto, yo no acuso nadie de Red Liberal; sólo digo que el merluzo que ha hecho ha firmado como cercano a ellos. No creo que tengan nada que ver, vamos. Yo no veo esto como una guerra ni nada por el estilo.. Matización que te honra pero que contradice tu texto inicial. Ahora sostienes que ha firmado "como" cercano a nosotros, antes que ERA cercano a nosotros. La diferencia es sustancial. Pero, al menos, no persistes en la inanidad moral.

En conclusión, Red Progresista está llena de peleles. No digo que todos lo sean, ni siquiera me atrevo a decir que lo sea la mayoría. Pero que hay unos cuantos es indiscutible. Primero, el liberalismo es INCOMPATIBLE con estos ataques a la propiedad privada. Segundo, acusar a toda Redliberal de nazis y fascistas, amén de perpetradores del ataque, es una desfachatez. Ignoro si alguien sindicado a Redliberal ha tenido algo que ver (lo dudo mucho, pero todo es posible), pero resulta intolerable es decir que Redliberal, en su conjunto, ha favorecido el ataque. Yo no lo he hecho, y por tanto, como liberal y miembro de Redliberal, me siento ofendido. Vosotros sabréis qué interéis tenéis en endosarnos la mierda que otros merecen.

14 de Octubre de 2005

El lado oscuro de la ignominia

Carlos Carnicero es un personaje funesto en muchos aspectos, entre otras cosas porque combina dosis elevadas de ignorancia con un odio desatado hacia la libertad. Su último artículo en una gacetilla progre de reciente creación, es todo un ejemplo: El lado oscuro de la globalización.

El azote de la libertad nos descubre punto por punto las atrociadades que la libertades de movimientos de personas, capitales y mercancías impone al mundo: Nunca sabremos los sub saharianos que han muerto en su desvarío por el desierto de Maruecos en un peregrinar a la tierra prometida, que se les niega mientras se les hace ostensible. En síntesis, el lado oscuro de la globalización es la exhibición obscena del bienestar de occidente.

¿Se puede ser más torpe? Primero, el problema de los sub saharianos no es nuestra riqueza, sino su pobreza. Pobreza que, dicho sea de paso, no es consecuencia de su elevado grado de globalización, sino más bien de su completa ausencia. ¿Se ha preguntado el carnicero de las libertades por el grado de globalización existente en África? ¿Desde cuándo pueden los ciudadanos kenyatas vender su producción a los etíopes sin arancel alguno? Es más, ¿desde cuándo pueden los africanos vendernos sus productos a los europeos sin restricciones? ¿Es eso globalización? ¿El proteccionismo mercantilista que USTED ampara?

Segundo, en este sentido, si definimos globalización como libertad de movimientos de personas, capitales y mercancías, ¿qué globalización es aquella que impide a los sub saharianos llegar a España? Lo que sufren los africanos, una vez más, es el proteccionismo occidental en materia de movimiento de personas. Es decir, padecen políticas que USTED divulga y defiende ideológicamente. El lado oscuro no es el de la globalización -ante todo ausente en este caso-, sino el de su propia ignominia, ignorancia, torpeza y maldad.

Eso sí, Carnicero no duda en echar balones fuera: Son los muertos de nuestra incapacidad y de nuestra renuncia a la utopía de un mundo sin una desproporción tan insoportable como la que ocurre, y que tiene el mismo remedio que los planes de expansión de las grandes multinacionales: unas decisiones de política económica en la dirección adecuada.

Son los muertos de su incapacidad ideológica y moral. Los muertos de su distopía socialista, de su control, planificación y redistribución. Los muertos de los controles de aduanas, de los ataques continuos a la propiedad privada, los muertos de la falta de globalización. De esa globalización que usted odia, desprecia y denigra, de esa globalización que es la única vía de los africanos para abandonar la pobreza.

Precisamente la tragedia de África es que nadie las multinacionales no tienen seguridad jurídica para invertir y crear riqueza. Nadie permite a los africanos emprender negocios con los que constituir multinacionales (como sí han hecho los pobres asiáticos). En África, las dictaduras socialistas (que aplican la política económica que USTED defiende en Occidente), bloquean la aparición de millonarios y de propietarios. El problema está en que gente como usted sigue confiando en la utopía de controlar centralizadamente los destinos de millones de personas, en que quiere marcarles la dirección que considera más adecuada, en que no duda en utilizar la represión, el robo y el asesinato para conseguir sus fines superiores. ¿Qué sociedad civil pretende que emerja entre tanta podredumbre?

Pero no dejemos que la realidad nos amargue la torpe justificación a los desvaríos políticos: La hipocresía es un parapeto débil para conciencias enfermizas. Pero ya no se trata de eso. Para quienes carecen de imaginación para construirse en personas solidarias solo hay que trasladarles es mensaje de que ahora se trata sencillamente de nuestra supervivencia. Porque si no solucionamos el problema, los pobres de la tierra vendrán con escaleras tan altas como para sobrepasar cualquier muralla.

África no tiene que renacer sobre la solidaridad, sobre la dependencia de Occidente. Usted es un neocolonialista que cree que los africanos son íntrinsecamente incapaces de abandonar la pobreza. ¿Acaso los occidentales tenemos alguna clase de hecho distintivo que nos capacite para vivir en la abundancia mientras que los africanos se ven abocados, por su propia insuficiencia, a vivir en la pobreza? Parece que esté proponiendo que compremos a los africanos como dóciles mascotas, como dominus que alimenta a sus esclavos.

Los africanos son capaces de enriquecerse por sí solos... si les dejan. Si gente como usted, si su criminal ideología que tanto daño está causando al difundir mensajes obscenos sobre la maldad del capitalismo, les dejan. Ahora bien, comprendo que el hipócrita sentimentalismo de izquierdas requiera tener una masa de ciudadanos pobres para continuar con el mensajillo reivindicativo, socialista, progre y utópico. Al fin y al cabo, si la pobreza desapareciera, ¿de qué culparíamos al capitalismo?

13 de Octubre de 2005

Textos fascistas de ayer y hoy (II): Norma programática de la Falange

Extractamos algunos de los puntos de este manifiesto de la Falange, redactado en noviembre de 1934 por José Antonio Primo de Rivera:

8. El Estado Nacionalsindicalista permitirá toda iniciativa privada compatible con el interés colectivo y aun protegerá y estimulará las beneficiosas.

9. Concebimos a España, en lo económico, como un gigantesco sindicato de productores. Organizaremos corporativamente a la sociedad española mediante un sistema de sindicatos verticales por ramas de la producción, al servicio de la integridad económica nacional.

10. Repudiamos el sistema capitalista, que se desentiende de las necesidades populares, deshumaniza la propiedad privada y aglomera a los trabajadores en masas informes, propicias a la miseria y a la desesperación. Nuestro sentido espiritual y nacional repudia también el marxismo. Orientaremos el ímpetu de las clases laboriosas, hoy descarriadas por el marxismo, en el sentido de exigir la participación directa en la gran tarea del Estado nacional.

12. La riqueza tiene como primer destino -y así la afirmará nuestro Estado- mejorar las condiciones de la vida de cuantos integran el pueblo. No es tolerable que masas enormes vivan miserablemente mientras unos cuantos disfrutan de todos los lujos.

13. El Estado reconocerá la propiedad privada como medio lícito para el cumplimiento de fines individuales, familiares y sociales, y la protegerá contra los abusos del gran capital financiero, de los especuladores y de los prestamistas.

14. Defendemos la tendencia a la nacionalización del servicio de la Banca y, mediante las corporaciones, a la de los grandes servicios públicos.

15. Todos los españoles tienen derecho al trabajo. Las entidades públicas sostendrán necesariamente a quienes se hallen en paro forzoso. Mientras se llega a la nueva estructura total, mantendremos e intensificaremos todas las ventajas proporcionadas al obrero por las vigentes leyes sociales.

16. Todos los españoles no impedidos tienen el deber del trabajo. El Estado Nacionalsindicalista no tributará la menor consideración a los que no cumplen función alguna y aspiran a vivir como convidados a costa del esfuerzo de los demás.
18. Enriqueceremos la producción agrícola (Reforma económica) por los medios siguientes:

Asegurando a todos los productos de la tierra un precio mínimo remunerador.
Exigiendo que se devuelva al campo, para dotarlo suficientemente, gran parte de lo que hoy absorbe la ciudad en pago de sus servicios intelectuales y comerciales.
Organizando un verdadero Crédito Agrícola Nacional, que al prestar dinero al labrador a bajo interés con la garantía de sus bienes y de sus cosechas le redima de la usura y del caciquismo.
Difundiendo la enseñanza agrícola y pecuaria.
Ordenando la dedicación de las tierras por razón de sus condiciones y de la posible colocación de sus productos.
Orientando la política arancelaria en sentido protector de la agricultura y de la ganaderia.
Acelerando las obras hidráulicas.
Racionalizando las unidades de cultivo, para suprimir tanto los latifundios desperdiciados como los minifundios antieconómicos por su exiguo rendimiento.

20. Emprenderemos una campaña infatigable de repoblación ganadera y forestal, sancionando con severas medidas a quienes la entorpezcan e incluso acudiendo a la forzosa movilización temporal de toda la juventud española para esta histórica tarea de reconstruir la riqueza patria.

22. Será designio preferente del Estado Nacionalsindicalista la reconstrucción de los patirmonios comunales de los publios.

23. Es misión esencial del Estado, mediante una disciplina rigurosa de la educación, conseguir un espíritu nacional fuerte y unido e instalar en el alma de las futuras generaciones la alegría y el orgullo de la Patria. Todos los hombres recibirán una educación premilitar que les prepare para el honor de incorporarse al Ejército nacional y popular de España.

24. La cultura se organizará en forma de que no se malogre ningún talento por falta de medios económicos. Todos los que lo merezcan tendrán fácil acceso incouso a los estudios superiores.

Mucho hay por comentar en este texto y supongo que, una vez leído, muchos entenderán mejor mi afirmación de que gran parte de la socialdemocracia actual (y su materialización pública: el Estado del Bienestar) tiene tanto de fascista como de comunista. En este sentido, la Constitución española es un paradigma de las corrientes socialdemócratas más avanzadas, por lo que será interesante comparar algunas de las propuestas de Primo de Rivera con la actual situación de nuestro país (a través de su Constitución) y de nuestra clase política.

El punto 8 es claramente un antecedente del artículo 33.2 de nuestra Constitución: La función social de estos derechos delimitará su contenido, de acuerdo con las leyes. Tanto en la propuesta 8 como en el artículo 33.2, leídos sensu contrario, vienen a señalar que el Estado no tolerará la existencia de ninguna propiedad que no se ajuste al interés público. ¿Y quién define el interés público? Hagan apuestas.

El punto 9 es el típico ejemplo del corporativismo fascista. Los trabajadores en masa a un lado, los empresarios a otro y como coordinador el Estado. En España está idea fascista se instrumentaliza a través del Convenio Colectivo. El art.37.1 reza: La ley garantizará el derecho a la negociación colectiva laboral entre los representantes de los trabajadores y empresarios, así como la fuerza vinculante de los convenios. No sólo eso, al igual que José Antonio, el Estado también se arroga con la capacidad para planificar la economía (art. 131.1: El Estado, mediante ley, podrá planificar la actividad económica general para atender a las necesidades colectivas, equilibrar y armonizar el desarrollo regional y sectorial y estimular el crecimiento de la renta y de la riqueza y su más justa distribución.), para la que requeriá la ayuda de sindicatos y patronal (art. 131.2: El Gobierno elaborará los proyectos de planificación, de acuerdo con las previsiones que le sean suministradas por las Comunidades Autónomas y el asesoramiento y colaboración de los sindicatos y otras organizaciones profesionales, empresariales y económicas. A tal fin se constituirá un Consejo, cuya composición y funciones se desarrollarán por ley). Es decir, la organización corporativa que prometía José Antonio está plasmada en nuestro art. 131.

De la misma manera, la muy progresista Constitución Europea contiene dos artículos claramente inspirados en el fascismo. El I.48 dice que: La Unión Europea reconocerá y promoverá el papel de los interlocutores sociales de ámbito de la Unión, teniendo en cuenta la diversidad de los sistemas nacionales; facilitará el diálogo entre ellos, dentro del respeto de su autonomía. La Cumbre Social Tripartita para el Crecimiento y el Empleo contribuirá al diálogo social y el II-88: Los trabajadores y los empresarios, o sus organizaciones respectivas, de conformidad con el Derecho de la Unión y con las legislaciones y prácticas nacionales, tienen derecho a negociar y celebrar convenios colectivos, en los niveles adecuados, y a emprender, en caso de conflicto de intereses, acciones colectivas para la defensa de sus intereses, incluida la huelga

Como vemos, la idea es la misma, diálogo de las fuerzas o interlocutores sociales que regularán a toda la sociedad. En España estas reuniones son harto frecuentes.

El punto décimo del manifiesto sólo ilustra una vez más la pulsión anticapitalista del fascismo y sienta la base para el intervencionismo estatal. Curioso que la idea del "capitalismo salvaje" tenga tanta resonancia entre el fascismo como entre la izquierda.

El punto duodécimo también tiene una plasmación muy concreta en nuestra Constitución. Ya no sólo por el 33.2 ya mencionado, sino especialmente en el art. 128: Toda la riqueza del país en sus distintas formas y sea cual fuere su titularidad está subordinada al interés general. Toda la riqueza, dice José Antonio, tiene como primer destino mejorar las condiciones de vida del pueblo; nuestra Constitución, por su parte, la subordina al interés general. Tanto monta.

El punto 13 muestra, de nuevo, que, al estilo de nuestra Constitución, el nacionalsindicalismo reconoce la propiedad inmediata sobre las cosas de poca entidad. Sin embargo, no tolera las grandes empresas ni los movimientos de capital. En este sentido se encuentra muy cercano a ATTAC y sus propuestas de gravar, a través de la tasa Tobin, los movimientos internacionales del capital.

El punto 14 está perfectamente implantado en la Unión Europea a través del Banco Central y la nacionalización de la moneda.

Las propuestas 15 y 16 tiene cierta gracia, pues recuerda claramente al art. 35.1 de nuestra Constitución: 1. Todos los españoles tienen el deber de trabajar y el derecho al trabajo, a la libre elección de profesión u oficio, a la promoción a través del trabajo y a una remuneración suficiente para satisfacer sus necesidades y las de su familia, sin que en ningún caso pueda hacerse discriminación por razón de sexo. Ambos puntos instauran, como el 35.1, el derecho y el deber de trabajar. De la misma manera, el sostenimiento de los trabajadores desempleados se encuentra también en el 41.1: Los poderes públicos mantendrán un régimen público de Seguridad Social para todos los ciudadanos, que garantice la asistencia y prestaciones sociales suficientes ante situaciones de necesidad, especialmente en caso de desempleo.. Vemos, pues, que la coincidencia de nuestra Constitución y el nacionalsindicalismo es, en este punto, absoluta.

No menos sorprendente es la coincidencia punto por punto de la propuesta 18. Primero, el precio mínimo remunerador y la protección arancelaria son dos de los buques insignias de la Política Agraria Común. La exigencia de devolver al campo aquello que se le ha quitado, es un clarísimo precedente ecologista, en buena parte instrumentado a través de la famosa eco-tasa (cuyo objetivo es, precisamente, compensar la degradación del campo).

El objetivo manifiesto de modernizar la agricultura a través de la acción pública también está contenido en nuestra Constitución. Dice el art. 130.1: Los poderes públicos atenderán a la modernización y desarrollo de todos los sectores económicos y, en particular, de la agricultura, de la ganadería, de la pesca y de la artesanía, a fin de equiparar el nivel de vida de todos los españoles.

La propuesta de crear un instituto público de crédito agrario ya han sido suficientemente implementadas. Por ejemplo, a través del Banco Europeo de Inversiones (art. III-394: El Banco Europeo de Inversiones tendrá como función contribuir al desarrollo equilibrado y estable del mercado interior en interés de la Unión, recurriendo a los mercados de capitales y a sus propios recursos. Con este fin, el Banco facilitará, en especial mediante la concesión de préstamos y garantías y sin perseguir fines lucrativos, la financiación, en todos los sectores de la economía, de los proyectos siguiente).

En cuanto al diseño de las tierras, es otro de los objetivos que indirectamente se persigue con la PAC. Cuando se instituye un sistema de subvenciones, es evidente que se está orientado la producción agraria en esa dirección. Si yo pago relativamente más por el pollo que por el conejo, los empresarios tenderán a dirigirse hacia el pollo. Otro ejemplo claro es cuando la PAC paga por mantener las tierras en barbecho, a pesar de ser claramente improductivo.

En cuanto a las obras hidráulicas tenemos el Plan Hidrológico Naciona recientemente derogado. No es que el PP, en este sentido, sea más fascista que el PSOE. No hace falta irse muy lejos para recordar que Borrell propuso un Plan Hidrológico con muchas más obras hidráulicas que el del PP.

En cuanto a la división de latifundios y unificación de minifundios, la historia de España no ha sido ajena. Las reformar agrarias tendieron históricamente a lo primero y, más recientemente, los planes para reducir el número de minifundios, especialmente en Galicia, han sido frecuentes.

El punto 20, nuevamente, muestra el origen fascista del ecologismo. Es más, la propuesta nacionalsindicalista de movilizar a toda la juventud española es un claro antecedente de las prestaciones obligatorias contenidas en el 30.3: Podrá establecerse un servicio civil para el cumplimiento de fines de interés general.

De nuevo, el punto 22 sobre la protección de nuestro patrimonio tiene su reflejo en el art. 132.3: Por ley se regularán el Patrimonio del Estado y el Patrimonio Nacional, su administración, defensa y conservación.

Por último las propuestas 23 y 24 recogen el derecho y el deber a la educación pública gratuita que tanto agrada a nuestra izquierda. Así, el 27.1: Todos tienen el derecho a la educación. Se reconoce la libertad de enseñanza, el 27.4: La enseñanza básica es obligatoria y gratuita, y el 27.5: Los poderes públicos garantizan el derecho de todos a la educación, mediante una programación general de la enseñanza, con participación efectiva de todos los sectores afectados y la creación de centros docentes. No sólo eso, la formación del espíritu nacional (que últimamente ha tenido cierta resonancia con la asignatura de valores de la ciuadadanía que pretendía instaurar el gobierno de ZP) también está presente en la moralización que sanciona el 27.2: La educación tendrá por objeto el pleno desarrollo de la personalidad humana en el respeto a los principios democráticos de convivencia y a los derechos y libertades fundamentales..

Después de este bosquejo, pocas dudas pueden quedar de que gran parte de nuestra Constitución y del Estado de Bienestar actual es de inspiración claramente fascista y joseantoniana. La izquierda moderna que ha renegado del comunismo se ha lanzado a los brazos del fascismo. Ellos sabrán por qué su ámbito de elección sólo es capaz de abarcar los totalitarismos.

12 de Octubre de 2005

Arthur Seldon nos deja

Ha muerto Arthur Seldon, célebre autor de Capitalismo y cofundador del Institute of Economic Affairs. Quizá uno de los mejores homenajes que podamos hacerle sea divulgar su pensamiento a través de sus siempre comprensibles reflexiones. Descanse en paz.

El capitalismo no pide defensa sino alabanza. Hablan por él sus logros en la creación de altos y crecientes niveles de vida para las masas, sin merma de las libertades personales. Sólo los sordos dejarán de oírlo y los ciegos dejarán de verlo.

Los políticos occidentales que desean el poder de control del gobierno han dejado ya de apellidarse socialistas. Han cambiado su nombre por el de demócratas. Con independencia de sus respectivos credos, ahora ocultan sus intenciones bajo diversas etiquetas: socialdemócratas, demócrtas liberales, demócratas cristianos. Pero bajo estas diversas denominaciones, lo que todos ellos persiguen es la supresión del capitalismo a manos del Gran Gobierno.

La propiedad privada del capitalismo produce una poderosa incitación a proteger, conservar, mejorar y ampliar los bienes poseídos. La propiedad pública (o común, o social, o municipal o colectiva) del socialismo, ya sea la del socialismo ruso o la del Servicio Nacional de la Salud, de los ferrocarriles o de las bibliotecas públicas de Gran Bretaña, destruye los incentivos para proteger o mejorar lo poseído.

La propiedad privada es una institución que funciona con poderosa eficacia. La propiedad pública es un mito, un eufemismo socialista tras el que se oculta el poder político, acaparado por un puñado de irresponsables sin los deberes de los propietarios. La política y los políticos, el gobierno y la burocracia ocupan sectores demasiado amplios de nuestra vida cotidiana, de nuestra existencia personal.

En el mercado las personas que soportan malos servicios pueden, de ordinario, acudir a otros proveedores; ya el simple conocimiento de que pueden hacerlo impide que estas deficiencias se extiendan o se mantengan durante mucho tiempo. En los servicios de la Administración los individuos están, en general, atados.

La idea del control público es una vaciedad. El control diario debe delegarse en los funcionarios en el caso de la administración pública y en los directores de las firmas en el caso del mercado, pero la diferecia entre la reducidísima capacidad de esquivar funcionarios ineficaces o corruptos y la facilidad de rehuir a ineficaces o corruptos directores de compañías privadas es de un grado tan amplio que se convierte en una diferencia de principio.

El error fundamental de los modelos macroeconómios todavía utilizados por los planificadores de la Administración es que reflejan totales o porcentajes de producción y consumo, de ahorro o de inversión, mientras que las decisiones individuales se guían básicamente por pequeñas variaciones marginales en estas cantidades.

Los valores del mercado son superiores a los del proceso político porque permiten a los ciudadanos expresar sus puntos de vista, sus preferencias, sentimientos, prevenciones, lo que les gusta o les desagrada como personas concretas, sin necesidad de tener que pasar por el filtro político de la aprobación de la mayoría (o de la minoría mayoritaria).

Si rechazamos la comercialización en las actividades de la vida humana, en los afanes cotidianos, en el ocio y los deportes, tendremos que aceptar la politización de todos estos sectores. Ésta es la alternativa. Llegados a este punto no pueden existir dudas sobre cuál de las dos opciones es preferible. El proceso de mercado permite las decisiones individuales; el proceso político exige que estas decisiones sean colectivas y que se les impongan a los individuos y a las minorías. El proceso de mercado amplía lo individual; el individuo puede errar, pero es él quien toma sus propias decisiones. El proceso político diluye al individuo en las decisiones colectivas.

10 de Octubre de 2005

Aquí estamos los liberales

El pasado domingo, Carod Rovira, líder del partido izquierdista ERC, instaba a los liberales españoles a apoyar el texto del ultraintervencionista Estatut. ¿Dónde están los liberales?, se preguntó el aliado de los socialistas y los comunistas en el Parlamento español.

Los liberales, Sr. Carod-Rovira, están donde tienen que estár: poniendo a parir la tropelía liberticida del gobierno catalán; defendiendo la libertad y los derechos de aquellos catalanes que no quieren someterse a la opresión política de su Estatuto. ¿Qué punto del liberalismo no ha entendido? ¿Desde cuándo los liberales se han caracterizado por ser los mamporreros del poder político? ¿Desde cuándo los liberales han respaldado los proyectos izquierdistas dirigidos a aniquilar la libertad de los individuos?

Por supuesto, Carod-Rovira es incapaz de entender que un Estatuto separatista pueda atentar contra la libertad. Como buen izquierdista, nacionalista y colectivista el individuo -y sus libertades- no existen. El Estatuto puede ser el acabóse del socialismo pero en tanto defienda el derecho del "pueblo catalán" a ponerse en un plano de igualdad con "el pueblo español", las libertades en Cataluña (que no de los catalanes) están a buen recaudo.

No es de extrañar, pues, que esta idea absolutamente holista no tenga reparos en reprimir a los catalanes imponiéndoles su política de normalización y moralización nacionalista. En tanto el pueblo sea el sujeto de derechos, las partes componentes tienen que ajustarse a su función en el engranaje social manejado por el poder político.

Reza el preámbulo del Estatut que: Hoy Cataluña, en su proceso de construcción nacional, expresa su voluntad de ser y de seguir avanzando en el reconocimiento de su identidad colectiva y en el perfeccionamiento y la ampliación del autogobierno mediante este nuevo Estatuto. Es Cataluña, en su unicidad, quien expresa su voluntad de ser y de obtener una identidad colectiva. Los catalanes no pueden sentirse españoles o hablar español porque ello atentaría contra el alma de Cataluña y, en definitiva, contra su libertad.

Y según la lógica izquierdista y nacionalista, toda maquinaria colectiva debe tener una cabeza pensante, una casta gobernante, una nomenklatura que la maneje y la dirija. ¿Quién, pues, puede ostentar el control de Cataluña sino aquellos catalanes auténticos, inmaculados y de pura sangre? Cataluña debe ser comandada por los "verdaderos catalanes", los nacionalistas identitario.

En este contexto, la violencia del gobierno contra el disidente es la máxima expresión de la purificación, catarsis y curación que necesita Cataluña para reafirmarse y liberarse de las cadenas españolas. Siguiendo la lógica platónica, los "puros" tienen que sanar a los enfermos. Pero para ello, el gobierno, la cabeza pensante de Cataluña, necesita de una amplia autonomía, de la independencia suficiente para expoliar, dominar y subyugar a los díscolos. Autonomía, precisamente, consagrada por el Estatuto.

De hecho, intenta ocultar este proyecto totalitario al decir que: Este es un Estatuto de personas libres para personas libres. La libertad política que se alcance como país nunca debe ir en contra de las libertades individuales de los ciudadanos de Cataluña, porque solo es libre de verdad un país donde cada uno puede vivir y expresar suficientes identidades diversas. Pero, en definitiva, no estamos más que ante letra muerta. El Estatuto lo deja muy claro: Estos derechos se ejercen conjuntamente con la responsabilidad individual y el deber cívico de implicarse en el proyecto colectivo, en la construcción compartida de la sociedad que se quiere alcanzar.

Los únicos que gozarán de alguna libertad serán los que no se opongan al poder político, al proyecto colectivo, a la construcción de la sociedad: los derechos se subordinan a la aquiescencia nacional-socialista.

Así pues, entre el laissez faire que defendían los liberales decimonónicos y el que defiende Carod hay mundo. Si el primero exigía al gobierno que "dejara hacer" a los individuos, Carod pide a los individuos que "dejen hacer" al gobierno. No es de extrañar viniendo de un político, pero que no espere el apoyo de los liberales.

Es más, el proyecto esquerrista choca incluso con la postura de aquellos liberales que se han declarado a favor del secesionismo partiendo de una base sólida. No se trata, por tanto, de que una parte del liberalismo sea hostil al Estatut, sino que, como ahora veremos, el liberalismo defensor del secesionismo resulta del todo incompatible con un texto que consagra la supremacía del Estado y deniega la libertad a los individuos.

Paradigmáticamente, en nuestro país, el principal liberal que ha defendido el derecho a secesionarse del Estado ha sido el profesor Jesús Huerta de Soto, en su artículo "Teoría del Nacionalismo liberal". En su opinión, las agrupaciones libres de individuos deberían poder separarse del Estado y organizarse políticamente en una sociedad basada en el libre comercio, la libre migración y la división del trabajo. Sin embargo, la base intelectual de la teoría de Huerta de Soto es radicalmente distinta a la del nacionalismo catalán.

Primero, la secesión que propone Huerta de Soto es una secesión frente al Estado, basada en el derecho de propiedad. Mientras que Carod asienta su derecho a la secesión en la negación del derecho de los catalanes, al margen de la entidad abstracta de Cataluña, los liberales que defienden el derecho a la secesión niegan el derecho del Estado a imponer ninguna estructura política al individuo.

Carod quiere independizar a todos los catalanes y, por tanto, seguir coaccionándoles a través del Estado catalán. No estamos ante una agrupación de individuos libres, sino ante una agrupación coactiva de individuos, donde una mayoría nacionalista esclaviza a una minoría de ciudadanos.

De hecho, para más inri, el secesionismo de Carod es centralista e imperialista. ERC no defiende el derecho a la autodeterminación, sino simplemente el derecho de Cataluña a separarse del Estado español. Sin embargo, en ese proceso pretende engullir a otros territorios, como el Reino de Valencia, y someterlos al dictado del monarca barceloní. ¿Acaso defenderá Carod-Rovira el derecho de los valencianos a secesionarse de sus anhelados Països Catalans? Como vemos, la única autonomía que desea ERC es la de los políticos catalanes para sojuzgar a los individuos.

El nacionalismo de ERC sigue oprimiendo y violando los derechos individuales, de manera que su secesión no deja de ser absolutamente despótica para los defensores del secesionismo liberal.

Segundo, este secesionismo liberal no pretende planificar y controlar las estructuras sociales. El Estatut es un engendro completamente constructivista que, como ya hemos visto, pretende emprender la construcción compartida de la sociedad. El secesionismo liberal se realiza frente al Estado, y no a través del Estado. Como ya expresó en 1994 el profesor Huerta de Soto: "el nacionalismo deja de ser una fuerza positiva para el proceso pacífico de cooperación social y se convierte, como en mayor o menor medida ha sucedido en relación con el actual gobierno de Cataluña, en un semillero de conflictos y sufrimientos precisamente cuando deja de ser liberal y se convierte en un nacionalismo intervencionista o dirigista".

De hecho, la confusión de los nacional-socialistas catalanes viene de lejos. En su momento, Jordi Pujol fue a felicitar a Huerta de Soto por su teoría nacionalista que "podría servir para la independencia de Cataluña". Huerta de Soto le respondió que su teoría no sólo permitiría la independencia de Cataluña, sino la de la Comunidad Valenciana o Baleares de su faraónico proyecto del los "Països Catalans". Al oír esto, Pujol se marchó refunfuñando por considerar inaceptable que ninguna región pudiera separarse de la Gran Cataluña.

Ahí tenemos la mejor estampa del nacional-socialismo imperialista catalán: el encumbramiento de la coacción política y la eliminación de los derechos de los individuos. ¿Cómo nadie puede defender su derecho a secesionarse cuando sistemáticamente lo deniega a otros?

Vemos, pues, como tampoco desde el punto de vista de los teóricos del secesionismo liberal, el Estatut merece defensa alguna. El estatalismo colectivista y exclusivista no tiene nada de liberal, es más, atenta contra sus propios fundamentos.

ERC ha pedido el apoyo de los liberales españoles al Estatut. En ningún caso puede encontrarlo, ni siquiera entre los defensores del derecho individual a la secesión; estamos ante un texto autoritario que cercena las libertades de los individuos.

Por tanto, no hace falta que Carod Rovira busque mucho más. Los liberales españoles se oponen a que la casta política nacional-socialista planifique los destinos de todos los catalanes, incluyendo los que no quieren someterse a su maquinaria laminadora y uniformizadora. Difícilmente la coherencia ideológica les permitiría otra postura.

Ahora bien, desde el momento en el que un socialista como ZP dice que su "patria es la libertad", ¿alguien puede sorprenderse de que un nacionalista como Carod pida a los liberales la defensa de la defenestración de la libertad? Algunos deberían empezar a desencantarse de la propaganda goebbelsiana.

8 de Octubre de 2005

Diego Guerrero se defiende (y V)

Terminamos hoy con la serie de respuestas a Diego Guerrero. Antes de ello, me gustaría reorganizar un poco el debate. El texto que suscitó la polémica es una crítica de Diego Guerrero a la utilidad marginal decreciente, publicada en su libro Competitividad: Teoría y Política, al que yo respondí en cuatro posts (I, II, III, y IV).

A su vez, Diego Guerrero se defendió tarde y mal en dos comentarios poco rigurosos (I, II). Textos a los que, de la misma manera, he dado respuesta en una serie de cinco posts que hoy termina (I, II, III y IV). De las 47 breves objeciones que planteó Guerrero, sólo quedan ocho en pie. Pasemos, pues, a derrumbarlas. Como en los anteriores, mi comentario original en azul y la réplica de Guerrero en cursiva.

40) “la observación de que el precio suele coincidir con la suma de los costes tiene una explicación muy sencilla. Ya hemos visto cómo se fija el precio de los factores productivos. Imaginemos que, por distintos motivos (por ejemplo, una mejora tecnológica) el precio final de un producto es muy superior a la suma de sus costes. Si ello es así, aparecerán beneficios extraordinarios. En otras palabras, o bien el propio empresario o bien otros empresarios, tendrán incentivos para ampliar la producción de esos productos, rebajar el precio y disminuir los beneficios extraordinarios. Al final, pues, cuando el valor del producto final supera a la utilidad de los factores productivos, o bien parte de esos factores productivos se retiran a otras líneas productivas (con lo cual se incrementa la productividad de los restantes) o bien se incrementa el número de productos finales (con lo cual el precio del bien se reduce).”

Sustituyendo su expresión “supera a la utilidad de los factores productivos” por la correcta “supera el valor de los factores productivos”, casi llega a explicar la cosa. Precisamente Marx explicó que el capital invertido en los medios de producción es constante, porque ese valor reaparece en el output sin crecer; pero el valor invertido en salarios en variable, porque el valor que crea el trabajo directo es superior al valor que cuesta reproducir a los portadores de esa capacidad de trabajo directo. Cuando los utilitaristas terminan hablando de los costes y la oferta, se vuelven más realistas y no tienen más remedio que reconocer a su pesar la teoría laboral. Lo que ocurre es que se empeñan en seguir usando su especial terminología.

Guerrero sigue, una vez más, sin entender la interrelación de todo el sistema productivo. Ya hemos explicado con bastante profusión por qué los costes no son más que precios y éstos a su vez relaciones históricas de intercambio formadas en virtud de la utilidad de las partes contratantes. En ese párrafo no afirmo otra cosa que los factores productivos se ubican en las líneas productivas más valoradas o, en otras palabras, se ubican allí donde son más valorados. La forma originaria de este fenómeno es el valor y la utilidad, no obstante, cuando el empresario y los factores productivos, actuando conforme a sus valoraciones, efectúan las correspondientes transacciones en el mercado (en la forma que hemos explicado en los anteriores posts), aparecen los precios de mercado que, lógicamente, siguen la misma lógica que las valoraciones de los individuos. Allí donde los costes monetarios superan el precio, el negocio desaparece; allí donde el precio supera en mucho los costes monetarios, afluyen los factores productivos, incrementando la producción, reduciendo el precio y aumentando el valor de los factores productivos (y, por tanto, el coste). No tiene nada de particular y produce sonrojo ajeno que Guerrero sea incapaz de aprehenderlo.

Por otro lado, las palabras de Guerrero sobre la constancia del capital sólo demuestran, por enésima vez, su escaso nivel como economista. Precisamente, si de alguna manera no podemos caracterizar al capital es por su constancia. A diferencia de los factores de producción originarios (la tierra y el trabajo), el capital se define por su no permanencia, esto es, por su continua depreciación. La estructura de capital de la sociedad va modificándose continuamente dependiendo del grado de ahorro, esto es, de la preferencia temporal y de los valores concretos de cada tipo de bienes. Como también explicamos en el post anterior, si en un negocio los beneficios contables se incrementan por encima del interés, el capital comenzará a afluir allí donde la rentabilidad es mayor, reduciéndola como consecuencia. Todo esto supone detraer capital de un sitio y colocarlo en otro, es decir, amortizar una inversión y, a continuación, emprender otra más rentable.

El problema es que la amortización no siempre es rápida. Lo es en las inversiones a corto plazo, pero no en las de largo. ¿Qué significa una inversión a largo plazo? Que yo invierto HOY mis ahorros en un proceso productivo que madurará al cabo de mucho tiempo, o, en otras palabras, que yo adelanto mis ahorros para financiar un proyecto que hasta que no madura no es rentable (pensemos que mientras una empresa construye edificios, compra máquinas, contrata trabajadores... no está produciendo, sino que lo hará cuando esos nuevos factores productivos se pongan en marcha). En otras palabras, mi capital se hallará inmovilizado durante mucho tiempo hasta que pueda recuperarlo junto con el correspondiente interés. Por eso, la plusvalía no es, en absoluto, como dice Guerrero, un valor creado por el trabajo, sino un excedente que pertenece al capital en concepto de interés por el adelanto de fondos y recursos que ha realizado al empresario.

Diego Guerrero, por supuesto, es incapaz de comprender esto, dado que su esquema mental le obliga a pensar que el trabajo es el fruto del valor. No sé da cuenta de que el valor es una circunstancia subjetiva que en absoluto tiene que ver con las condiciones técnicas. Ni el capital es constante ni, por tanto, las condiciones técnicas lo son. Es más, el trabajo necesita de recursos exteriores (ahorro) para conseguir fines lejanos en el tiempo. Pensemos en los obreros que sacan carbón de las minas para venderlo a la industria metalúrgica, ¿cuándo queda en realidad liberado el capital invertido en las minas? No cuando una empresa compra el carbón, sino cuando los productos que produce con las unidades de carbón que ha adquirido, son comprados por los consumidores. Por tanto, difícilmente puede el trabajo ir más allá de la producción inmediata (hand-to-mouth) sin un capital circulante que lo financie.

Y, por último, no deja de ser gracioso que Diego Guerrero siga creyendo que el valor de la mercancía "trabajo" se regule también según el tiempo necesario para su producción (o re-producción). Aquí hay un pequeño problema de circularidad: se afirma que el valor del trabajo se fija en función del valor de las mercancías que sirven para sustentar o reproducir ese trabajo, sin embargo, ¿no habíamos dicho que el valor de todas las mercancías se fijaba en función del del trabajo? ¿Cómo puede ser que las mercancías que sirvan para reproducir al factor trabajo establezcan su valor si esas mercancías son valoradas en función de ese trabajo que aun no tiene valor?

41) “Como ya hemos explicado, son los empresarios quienes crean los precios de los bienes de consumo y las rentas de los factores productivos”

Entonces, ¿por qué seguir llamando a vuestra teoría Teoría de la utilidad marginal del consumidor y no Teoría de la utilidad marginal del capitalista?

Simplemente porque el capitalismo se basa en las relaciones contractuales libres y el hecho de que un empresario fije un precio, no significa que el consumidor vaya a estar dispuesto a pagar ese precio. Con lo cual, si el capitalista fija un precio por encima de la utilidad marginal del consumidor, en caso de que quiera recuperar la inversión en capital que ha realizado para producir los bienes que ofrece a la venta, tendrá que rebajar su precio. En caso contrario, como ya hemos dicho antes, quebrará. Sus costes superarán sus ingresos y saldrá del mercado. Por eso el consumidor sigue siendo soberano, porque el capitalista inmoviliza su capital y sólo es capaz de liberarlo a través del intercambio de sus productos por dinero, esto es, a través del intercambio de bienes poco líquidos (bienes producidos) por bienes muy líquidos (dinero). Si el tenedor de esa liquidez no está dispuesto a intercambiarla por el producto ofrecido por el empresario (al precio fijado por él), entonces no habrá intercambio y la inversión del capitalista quedará totalmente inmovilizada e iliquida, con un stock de bienes cuyo único valor lo poseen ante la expectativa de ser realizadas (esto es, vendidas a cambio de dinero) en el mercado. En otras palabras, si no rebaja el precio para conseguir vender sus mercancías, toda su inversión, incluyendo sus productos, carecerán por completo de valor (al menos hasta que decida rebajar el precio). Ese es el poder del maléfico capitalista sobre el consumidor. Ya lo vemos.

42) “debo coincidir con Guerrero que la economía neoclásica descansa en mediciones corruptas que le impiden contemplar que la parte más importante del capitalismo no es el "consumo" sino toda la estructura de bienes de capital que tiene que ser continuamente amortizada y rediseñada a través del cálculo y la función empresarial.”

Coño. Creía que era imposible que coincidiéramos en algo. Algo debe de estar mal.

No se me caen los anillos por decir cuándo Guerrero acierta. Lástima que sólo haya podido decirlo una vez.

43) “Pensémoslo un momento. El aluminio se extrae de la mina para, en última instancia, venderse en forma de automóvil. En teoría, hasta que no se vendiera el automóvil, los mineros no deberían poder cobrar, ya que el automóvil todavía no se ha "realizado" (vendido). Los distintos salarios que perciben antes de que su trabajo sea "útil" para el consumidor suponen un "adelanto" del empresario, un préstamo de dinero”

Pero si el coche lo compra una autoescuela donde estudia un fontanero que necesita sacarse el carnet para poder trabajar en una empresa de fontanería, los mineros no deberían cobrar hasta que el fontanero se apruebe el examen, o incluso hasta que la caldera que repare el fontanero funcione correctamente, o incluso, en caso de que la reparación vaya destinada a un hotel, no deberían cobrar hasta que el cliente del hotel, que podría ser Rallo, tome un baño calentito suficientemente a gusto. ¡Todo sea por la integración vertical! Y qué buenos son los capitalistas, por cierto, que adelantan dinero gratis a los trabajadores.

Uno de los párrafos más lamentables de Guerrero desde el punto de vista de la comprensión de la ciencia económica. Primero, yo no he hablado de cuando debería cobrar el trabajador, sino de cuando puede cobrar. El hecho de que exista división del trabajo no significa que las relaciones productivas más primarias queden alteradas. Si un individuo quiere construir el solo un coche y, para ello, empieza extrayendo los materiales pertinentes de las minas, ¿cuándo obtendrá su remuneración? Cuando haya terminado el coche, lo cual puede suponer un período de varios años. En otras palabras, desde un punto de vista estrictamente económico, la inversión en minería (salvo la destinada para vender carbón al consumidor) no madura hasta que los productos que ayuda a fabricar lleguen hasta los consumidores finales. Y dado que sólo cuando los consumidores finales paguen, puede considerarse que todo el trabajo precedente ha tenido utilidad, sólo en ese momento los trabajadores podrían cobrar por su trabajo. Por supuesto, esto no sucede porque el capitalista anticipa los fondos a los trabajadores. Segundo, este anticipo no es gratuito, porque precisamente se cobra el interés o, lo que los marxistas llaman, la plusvalía: el capitalista ofrece bienes presentes a los trabajadores (los salarios que paga el capitalista son bienes que él no podrá adquirir hasta que venda las mercancías que han producido los trabajadores) a cambio de bienes futuros (cuando los productos terminen de producirse y se vendan a cambio de dinero). Tercero, todo esto no tiene nada que ver con la integración vertical, simplemente recuerda que la estructura de capital, pese a la división del trabajo, sigue siendo unitaria, pues el destino final de todo capital es amortizarse, esto es, desinmovilizarse a través de la creación de un valor superior al inicialmente invertido (y ello con independencia de cuantas empresas haya entre la inversión originaria y el consumidor).

Para verlo claramente con un ejemplo. Si yo cultivo un cereal empezando con la siembra, pasarán varios meses hasta que pueda recoger ese cereal. Durante todos esos meses tendré que comer algo, y ese algo será el capital (ahorro). Hasta que no coseche, toda la inversión en capital circulante (esto es, los bienes con los que me he alimentado mientras el cereal estaba creciendo) no ha producido fruto alguno, sólo he consumido capital ante la expectativa de que ello redunde en una mayor producción futura (en lugar de dedicarme a recoger frutas de los bosques, hand-to-mouth, cultivo los cereales que me proporcionarán un mayor cantidad de bienes en el futuro a cambio de haber estado durante un período de tiempo sin producir nada directamente).

Pero demos un paso más allá. Imaginemos que el agricultor se asocia con otro individuo de la siguiente manera: el nuevo socio producirá un tractor partiendo de cero, lo cual incrementará muchísimo la productividad del agricultor, de manera que al final se repartirán la nueva cosecha al 50%. Pues bien, el constructor del tractor no podrá cobrar por el tractor hasta que su socio, el agricultor, obtenga la cosecha y le pague con la maduración de la inversión. Mientras tanto, el constructor tendrá que pedir dinero prestado (pagando un interés) o consumir sus propios ahorros (dejando de percibir un interés). Queda claro, pues, que el pago del interés es la inedulible consecuencia de la existencia de capital: si no se paga interés, el capital afluye a financiar proyectos que incrementarán la producción una vez maduren. Si el agricultor consumiera el dinero ajeno sin pagar interés, ese capital no podría utilizarse en incrementar la producción de otros bienes, y si consume sus propios ahorros no podrá dedicarlos a financiar la ampliación de otros.

En cualquier caso, comprobamos que la división del trabajo en nada altera la estructura unitaria del capital, como parece creer Guerrero. Por ello, precisamente, el capitalista anticipa sus fondos a los trabajadores para que, una vez madure la inversión, obtenga el correspondiente interés. Todos salen ganando: los trabajadores porque les pagan la piel del oso antes de cazarlo, y el capitalista porque adquiere la piel del oso.

44) “En cualquier caso, pues, vemos que el appreisement empresarial, al basarse en la correcta anticipación de la utilidad marginal de los consumidores, sigue controlando el proceso de mercado.”

O sea, que los capitalistas conocen la utilidad que experimentan los consumidores, saben a quién le gustan las cañas, a quién las cocacolas…, y cuánto más una cosa que otra… Delirios.

Es curioso como los marxistas niegan a los empresarios la capacidad para conocer las necesidades de los consumidores y, en cambio, consideran que la planificación estatal será tan racionalmente perfecta que no tendrá problemas para ello. Mire Sr. Guerrero, simplemente piense una cosa: cada vez que un consumidor compra un producto (un coche, una libreta, una barra de pan, un cepillo de dientes o un ordenador), alguien antes ha tenido que pensar que querría comprarlo para ponerse a producirlo y ofrecerlo a la venta. Y estamos hablando de una anterioridad de meses, incluso años. Por tanto, es falso que los empresarios no anticipen las necesidades de los consumidores; si no lo hicieran quebrarían (como sucede durante una crisis económica cuando el Banco Central los induce a malinvertir).

Esto no significa creer que los empresarios conocen las necesidades de los consumidores, entre otras cosas porque la utilidad no puede medirse. El appraisement es un proceso de anticipación, no de conocimiento. ¿Y qué se anticipa? La disposición del consumidor a pagar una cierta suma monetaria por un bien que yo puedo producir anticipando unas rentas X. No es necesario que el empresario conozca las valoraciones del resto de los bienes y las utilidad marginales que expresan los costes, le basta con la intuición de que podrá vender una cantidad Y a un precio Z, con lo cual podrá recuperar las rentas anticipadas a los factores productivos más un cierto interés.

Claro que los empresarios pueden fracasar, y muchas veces fracasan. Pero precisamente este fracaso no refuta sino que reafirma la soberanía del consumidor y la utilidad marginal decreciente. Cuando los empresarios anticipan mal, desaparecen. Es decir, no se efectúan transacciones donde el consumidor tenga que pagar más por un producto que su utilidad marginal, simplemente, cuando el coste del precio a pagar (esto es, el valor que atribuye a los fines que ya no podrá realizar con ese precio) supera al valor del fin que contribuye a conseguir ese bien, entonces no habrá transacción y el empresario se quedará sin vender, como ya hemos explicado antes.

45) “Es indistinto que compras se realizan por placer y cuáles por necesidad para sobrevivir. ¿Es que caso la supervivencia no es también útil para el ser humano? ¿Es qué la supervivencia no es, de hecho, el primer fin de todo ser humano no suicida?”

Vale. Supongamos que todo el mundo hace cosas útiles en el mercado, hasta los inútiles. Entonces cualquier comportamiento de los consumidores es compatible con los precios existentes, mientras no cambien las condiciones de trabajo. Por tanto no hay manera de comprobar científicamente la teoría que propone Rallo porque cualquier posibilidad real es compatible con la hipótesis. Todo ello es señal de que las experiencias valorativas subjetivas no inciden en los precios. Como mucho pueden pretender explicar, junto a la oferta, cuánto desean comprar los consumidores a los precios determinados por las cantidades de trabajo. Pero no dichos precios, que es de lo que se trata aquí.

El reduccionismo de Guerrero le lleva al error. Obviamente todo el mundo, ex ante, realiza acciones útiles y racionales, en caso contrario actuaría de forma distinta. Sin embargo, ello no significa que la acción humana esté exenta de error y que luego de haber actuado nos arrepintamos por haberlo hecho de esa manera. Por otro lado, que todas las acciones sean útiles ex ante para el actor no significa que todas sus acciones sean útiles para los consumidores ya que esto en última instancia depende de sus fines.

Partiendo de este error, la cadena "lógica" que sigue Guerrero se corta. Los precios existentes son derivados del comportamiento de los consumidores y, de hecho, a través de sus acciones, al comprar o no hacerlo, determinan la estructura de precios existente. Los inútiles fracasan, pues utilizan recursos que podrían haber sido utilizados para satisfacer necesidades más urgentes que las que lo están haciendo. Por tanto, no son las condiciones de trabajo las que determinan los precios, sino al revés: el valor y los precios determinan las condiciones de trabajo. En tanto unas condiciones de trabajo ofrezcan unos productos a un precio mayor que la utilidad marginal de los consumidores -o de una cantidad significativa de ellos- esas estructuras desaparecerán y el trabajo y el capital migrará hacia otras estructuras productivas modificando las condiciones de trabajo.

46) “incluso aunque los consumidores fueran autómatas de los capitalistas, el precio se determinaría por la utilidad marginal de los capitalistas”

Coño. Procedamos a rebautizar de nuevo la teoría. Propongo “Teoría del valor basada en la utilidad marginal del consumidor, el capitalista y las locomotoras” (por aquello de dejar de lado el carboximetilalmidón de sodio y el silicato alumínico magnésico).

Obviamente la utilidad de los capitalistas influye en la determinación de los precios a través de varias vías. Primero, los capitalistas también son consumidores. Segundo, también son trabajadores y, por tanto, la utilidad marginal influirá en su jerarquía de decisiones y en el modo y cantidad de su trabajo. Tercero, la utilidad determinará, así mismo, el montante de beneficios que ahorren reinvirtiéndolo, o que pasen a consumir. Cuarto y principal, son los que anticipan el dinero y, por tanto, conforman la estructura productiva y de capital de una sociedad, lo que se traduce en que son los responsables de todo el flujo de bienes y servicios que en este momento esta presente en el mercado (cuantía, calidad, composición...), lo cual obviamente influye en los precios.

Pero, de todas formas, mi comentario no iba en ese sentido. Aún cuando los consumidores fueran títeres en manos de los capitalistas, sería la utilidad marginal de los capitalistas la que determinaría cómo usar a los consumidores en la determinación del precio. Por tanto, incluso por esta vía, la utilidad marginal sigue siendo la determinante de los precios.

47) “La utilidad marginal, para desgracia de todos los marxistas, sigue siendo la principal explicación para la formación de los precios. No hay vuelta de hoja; sólo ciertos prejuicios arrogantes impiden reconocerlo.”

Punto final y conclusión/resumen por mi parte:

En esta versión de la utilidad marginal, se llama “utilidad marginal” (también podrían llamarlo deseo marginal, amor marginal o cualquier otra pijotada) del vendedor al precio de producción del capitalista (o sea, la suma del coste y la ganancia media), lo cual es precisamente lo que dice la teoría laboral. Y se llama utilidad marginal del consumidor a algo que puede variar entre ese nivel objetivo e infinito, ya que la valoración subjetiva no tiene límites. Como lo que cuenta es el último que compra (o sea, aquél para quien su supuesta “utilidad” coincide con el precio), a la postre afirman estos autores que el precio, formado según ellos por la utilidad de las dos partes del mercado, es el que ya decía que era la teoría laboral del valor. Para esta conclusión no hacía falta gastar tanta tinta.


Con matices, Guerrero tiene razón en que la utilidad marginal para el empresario vendrá determinada por la suma de sus costes más el tipo de interés. Podríamos citar dos excepciones a esta regla: la primera, cuando existen beneficios extraordinarios por haber entrado en un sector novedoso o por satisfacer las necesidades de los consumidores de un modo distinto a los anteriores y, por tanto, donde la inversión inicial es mucho más rentable que el tipo de interés; y segundo, todas las actividades de caridad privada, donde el interés no es monetario, sino psicológico y donde, precisamente, hay una reducción del valor monetario inicial de la inversión (en tanto se formula como una donación).

Sin embargo, yerra completamente y demuestra no haber entendido NADA cuando afirma que la utilidad marginal del consumidor se mueve entre "ese nivel objetivo" (esto es, el precio resultado de sumar los costes) e infinito. Olvidemos el matiz importante de que la utilidad es ordinal (y Guerrero, por deformación marxista, sigue tratándola cardinalmente) y centrémonos en el disparate que está sugiriendo el profesor universitario. ¿La utilidad marginal de los consumidores necesariamente tiene que estar por encima del precio final de los productos? Si eso fuera así, los consumidores SIEMPRE estarían dispuestos a adquirir los productos, de manera que no habría empresarios ineficientes. Lo único que haría rebajar el precio sería la competencia, y no la propia utilidad marginal del consumidor.

Con esta idea de la utilidad marginal no me extraña que Guerrero la tome como absurda. Pero absurda es su torcida idea, no la solidez teórica de la utilidad marginal. Precisamente porque la utilidad marginal puede ser inferior a la del precio de los empresarios, es porque estos pueden quedarse sin vender, sin capacidad para recuperar la inversión adelantada y, por ello, forzados a salir del mercado. Precisamente porque la utilidad marginal del consumidor depende de sus fines y NO de la estructura de precios existente en el mercado, esta estructura varía de acuerdo con las preferencias de los consumidores.

Guerrero sigue sin comprender la teoría de la utilidad marginal decreciente. Los precios son resultados de la acción humana, dirigida por las valoraciones humanas que no se encuentran atadas a ningún precio. De hecho, es lógicamente incoherente: si el valor va antes que el precio, ¿cómo puede el precio sentar la base mínima del valor?

Por tanto, lo importante no es, como dice ingenuamente Guerrero, que el precio coincida con "el último que compra", ya que sólo con que se adquiera una unidad, el precio necesariamente coincidirá con el último que compra; sino que el precio no refrene a demasiados consumidores de adquirir el producto ya que, en ese caso, no se podrán financiar los costes en los que se ha incurrido para producirlo. Si el precio supera la utilidad marginal de demasiados consumidores, estos no adquirirán el producto y los ingresos serán incapaces de hacer frente a los costes.

Por ello, en el capitalismo se puede producir siempre que los ingresos superen a los costes, esto es, siempre que estos satisfaciendo más fines -o fines más importantes- (ingresos) que fines estamos dejando escapar (costes). Pero ello sólo puede determinarse a través de la utilidad marginal decreciente que sigue siendo la base de la teoría científica del valor. Y esto no tiene nada que ver con una teoría laboral del valor que afirma que el valor de los consumidores depende de la cantidad de trabajo incorporada en los productos.

A lo largo de estos cinco posts hemos mostrado las deficiencias de Diego Guerrero en relación con la teoría del valor. No conviene olvidar que la teoría del valor no es un asunto baladí dentro de la ciencia económica, sino que constituye su mismo corazón. El marxismo tiene un corazón económico podrido porque su teoría del valor no se sostiene por ningún lado. Los marxistas son incapaces de entender las complejas interrelaciones del sistema económico movidas, precisamente, por el valor y la utilidad. Y es que como dice otro destacado marxista: la ley del valor es una ley humanista, una ley que hace del hombre y de su trabajo el centro de la economía, la sustancia social que le da unidad a todo ese mundo. Con centros tan disparatados uno difícilmente puede sorprenderse del desarrollo de la teoría económica marxista. Una catástrofe.

5 de Octubre de 2005

Diego Guerrero se defiende (IV)

Quería terminar en este post la respuesta a Guerrero pero, desgraciadamente, tendría una extensión excesiva. Así que dejo para el próximo post el fin de esta seria. En éste, le contestaré a las objecciones 33 a 39. Como en los anteriores, mi primer comentario en azul y la respuesta de Guerrero en cursiva.

33) “Y es que, ¿qué son acaso los costes sino precios?”

Por supuesto, pero detrás de esos precios está la base de esos precios, y de eso estamos discutiendo, de si la base son los costes laborales objetivos o las pajas mentales de los consumidores.

El desprecio de Diego Guerrero a los deseos de los consumidores queda patente. Es por ello que desde el marxismo se pretende ningunearlos y que se adapten a sus precios. El consumidor no tiene ninguna importencia, actúa en función de los parámetros asignados por el Comité Central de Planificación.

Con todo, esta objeción sigue teniendo nula base. Primero, recordemos que la afirmación inicial de Guerrero a la que respondo es: al ser conscientes de la contradicción lógica que supone hacer depender lo previo (el precio) de algo que es posterior (el consumo), no tiene otro remedio que recurrir al coste de producción para explicar el nivel del precio. Ahora parece que el coste de producción también es un precio y que, por tanto, no hay problema en recurrir al precio para explicar el coste de producción. La de vueltas que puede un marxista dar para no reconocer que ha caído en un razonamiento circular.

Los costes de producción siguen siendo precios que necesitan de explicación y, por tanto, la critica inicial de Guerrero entra en contradicción con su matización posterior. De todas formas ya expliqué a Guerrero que la teoría de la utilidad marginal no hace depender el precio del consumo, sino de las valoraciones de los consumidores que son anteriores a la acción que acepta, rechaza o modifica una cierta estructura de precios.

Segundo, no existe nada así como un coste laboral objetivo, entre otras cosas porque ese coste sigue siendo, como reconoce Guerrero, un precio pendiente de explicación. Vemos otra vez cómo Guerrero no puede escapar a su contradicción y vuelve a hacer depender lo previo (el precio) de los posterior (los costes). Relean, por favor, la frase de Guerrero que está siendo objeto de crítica para comprender una vez más el absurdo que alcanza: "Por supuesto que los costes son precios, pero hay que explicar la base de los precios, que son unos costes que acabamos de decir que eran precios". Genial, digno de Marx, de Karl y de Groucho.

Tercero, el pretendido "coste laboral objetivo" que Guerrero quiere convertir en la base de su teoría de precios, simplemente, es un onanismo mental irreal. La noción de coste necesariamente hace referencia a un uso alternativo del recurso que no podrá realizarse (fines a los que se renuncia): allí donde la escasez no existe no hay coste (¿cuál es el coste de respirar?). Si, por ejemplo, compro una tonelada de papel por 1000 euros para editar un periódico, computaré esa tonelada, cuyo precio eran 1000 euros, como un coste de producción de mis periódicos, cifrado en 1000 euros. ¿Por qué supone eso un coste? Simplemente, porque podría haber gastado esos 1000 euros en bienes alternativos (reformar el edificio, contratar a más trabajadores, comprar papel reciclado, irme de vacaciones, incrementar los dividendos a mis accionistas...). Lo que gasto en papel no lo puedo gastar en otros proyectos. Por ello, si después de gastar ese dinero en un papel que adquirimos para producir periódicos, no recuperamos los 1000 euros, hemos perdido dinero: he gastado el papel (que es un medio para producir periódicos, que son un medio para obtener ingresos adicionales) en un bien que los consumidores no valoraban lo suficiente, y también he gastado mi dinero en proyectos que no me han servido para conseguir mis fines.

Por otro lado, el precio de 1000 euros supone mi coste, pero ¿qué había establecido que el papel tuviera un precio de 1000 euros? Pues, o bien porque a su propietario le proporcionaban un uso directo inferior al valor que atribuye a los 1000 euros, o que esperaba obtener de otros compradores un precio inferior a 1000 euros.

[Por cierto, nota al margen, vemos en este caso cómo opera la utilidad marginal en un supuesto muy sencillo. Un vendedor con varios compradores: la transacción se realizará a un precio comprendido entre la valoración mínima de los folios por parte del vendedor (si se le paga menos de lo que valora los folios no venderá), y entre la valoración máxima de los folios por parte del consumidor (si tiene que pagar más, no comprará). Y, en este punto, el valor es fijado entre el comprador marginal y el vendedor marginal. El comprador ha elevado lo suficiente el precio como para que los 1000 folios le sigan proporcionando utilidad y, en cambio, no se la proporcionen a sus compradores competidores. Si ahora suponemos que el vendedor saque 1000 folios más a la venta y nuestro comprador no los quiere comprar, es evidente que el vendedor tendrá que rebajar el precio para venderlos (ya que hemos dicho que a 1000 euros nadie más querría comprar) hasta, por ejemplo, 950 euros. Pero, claro está, si el vendedor vende a 950 los 1000 últimos folios, también tendrá que vender los 1000 primeros (ya que en realidad son perfectamente intercambiables) y, por tanto, los dos consumidores pagarán 950 por los 1000 folios. Es decir, en este caso, un vendedor y dos consumidores, el precio se sigue fijando entre el comprador marginal y el vendedor marginal]

En el caso de los trabajadores, este hecho no cambia. Primero, el empresario estará dispuesto a pagarles hasta su productividad marginal; no más. Y la productividad marginal queda definida como la contribución del trabajador adicional a los ingresos del empresario. Es decir, el empresario no puede disociar la producción extra con la expectativa de vender esa producción extra. En otras palabras, deberá atender a los precios que están dispuestos a pagar los consumidores para adquirir todos sus productos (en nuestro ejemplo de los folios, si el empresario se empeñara a no rebajar su precio a 950 cuando disponía de 2000 folios, 1000 de ellos se hubieran quedado invendidos). Por tanto, desde el punto de vista del empresario el límite máximo del salario viene determinado por su expectativa de ingreso (que a su vez viene determinada por la utilidad marginal de los consumidores). ¿Y desde el punto de vista del trabajador? En tanto el trabajo le supone un coste (especialmente temporal; pero recordemos que nuestra definición de coste parte de la utilidad, esto es, aquellos fines a los que debe renunciar), para decidirse a trabajar deberá valorar en más la retribución (el salario) que los fines a los que renuncia por trabajar.

La coste original y último de todo trabajo es el tiempo de ocio. Dado que nadie trabaja porque sí, siempre somos capaces de encontrar una actividad alternativa que hubiéramos realizado en caso de no tener que trabajar (aunque fuera el simple reposo). Por tanto, el coste original del trabajo es el valor que atribuimos a los fines que perseguimos durante nuestro tiempo de ocio (reposo, mantenerse en forma física, hablar con los amigos...). Sin embargo, el hombre necesita recurrir al trabajo, y puede hacerlo de una doble manera: o bien trabaja para sí mismo (esto es, se dedica a buscar los medios para sus fines) o establece una relacción contractual por el que alquila su tiempo (trabajo por cuenta ajena).

Pues bien, en este sentido, el coste para un empresario que pretende contratarme puede ser triple: el del valor de mi tiempo de ocio, el de la utilidad que conseguiría trabajando para mí mismo, el de la utilidad que conseguiría trabajando para otro empresario (es decir, básicamente el salario). De estos tres posibles costes, el coste que considerará el individuo será el que le proporcione más utilidad; así, supongamos que el que le proporciona una mayor utilidad sea el salario de un empresario que le paga 1000 euros al mes. Si nuestro empresario quiere contratarlo tendrá que mejorar semejante oferta. Por tanto, el límite mínimo en la fijación del salario será la utilidad que atribuya el trabajador al tiempo al que tendrá que renunciar en caso de que trabaje. En otras palabras, hemos demostrado que el límite máximo del salario viene fijado por la productividad marginal del trabajador y el mínimo por los usos alternativos del tiempo por parte del trabajador. Así pues, el salario se situará entre esos dos límites, en un punto que resulta imposible de determinar ex ante.

Sin embargo, es incorrecto hablar de coste objetivo como hace Guerrero, tanto por coste como por objetivo. Primero, el límite mínimo al que hemos hecho referencia no es todavía un coste, sólo lo será en caso de que el individuo decida renunciar a ese uso del tiempo. Por tanto, Guerrero vuelve a hacer depender lo que es posterior (el coste) de lo que es previo (el salario). En este caso, sólo cabe hablar de la utilidad que para el individuo tiene ese tiempo de trabajo u ocio. Segundo, aun cuando fuera coste, tendríamos al menos otro límite que influye tanto como el inferior y éste es la productividad marginal. Por tanto, los intentos de Guerrero de establecer los precios ex ante no tienen sentido y están abocados al fracaso, ya que el salario necesariamente se moverá entre esos dos límites. Tercero, el supuesto coste no podría tener nada de objetivo. No sólo porque resulta imposible fijarlo con anterioridad, sino también porque depende totalmente de las valoraciones subjetivas del trabajador: cuanto valora el uso alternativo de su tiempo (bien ocio o trabajo).

Así pues, hemos visto como en la determinación de los salarios sigue actuando la utilidad marginal. El límite máximo lo determina la productividad marginal que depende de la utilidad marginal de los consumidores, y el límite mínimo depende de la utilidad para el trabajador tanto del tiempo al que tendría que renunciar como del salario y las condiciones de trabajo que se le proponen.

34) “Es posible que muchos, la gran mayoría, de los empresarios fijen sus precios añadiendo un cierto interés a los costes”

Confunde interés y ganancia. Es típico de estos economistas porque creen que en el equilibrio a largo plazo la ganancia es 0.

Como hemos visto, los costes dependen de la utilidad marginal. Para muchos empresarios el valor de una unidad adicional de producción equivale al ingreso marginal (esto es, el ingreso que pueden obtener con ella) que dependerá de los costes más un cierto interés (pero, recordemos, que tanto el coste como el interés procede de la utilidad). Y sí, digo interés y no ganancia. Por supuesto, muchos otros empresarios fijarán los precios esperando obtener una ganancia o beneficio, pero todos lo harán esperando obtener, al menos, el interés. Si no lo hicieren serían descapitalizados (no podrías evitar la depreciación). Por ello, no confunde interés con ganancia, pero la obtención del interés es un caso mucho más general de la actividad empresarial.

El beneficio es siempre de carácter extraordinario, consiste en una suma monetaria que supera al interés del resto de negocios, de manera que el capital afluirá (aun cuando estamos hablando de un monopolio) y los beneficios desaparecerán, absorbidos por el interés. Voy a explicarlo brevemente con un ejemplo numérico, pero antes hay que tener claro qué es el interés. El interés es un porcentaje, reducir el interés no significa reducir los beneficios contables, sino sólo la rentabilidad. Por ejemplo, un interés del 3% de 1000, es 30, mientras que un interés del 20% de 100 es 20. Obviamente, el tipo de interés es mayor en un caso, pero no la remuneración en términos absolutos.

Pues bien, tenemos dos casos. Uno donde existe competencia directa y otro donde no. En el primero, si una empresa descubre un nuevo producto, sus beneficios se incrementarán. Supongamos que pasa a ganar 2000 euros al año, sobre un capital invertido de 10000 €. Esto supone un interés del 20%. En cambio, en las restantes industrias el interés de sus capitales es del 5% (por ejemplo, tienen invertidos 100 € y ganan 5). En este caso, es evidente que muchas empresas afluirán a producir lo mismo que la anterior y eliminarán sus beneficios. Al final, sólo quedará el interés, esto es, la retribución mínima para permanecer en el negocio. Por cierto, conviene hacer notar que unos beneficios contables gigantescos pueden suponer esta retribución mínima. Imaginemos una gran empresa cuyo capital esté valorado en 100 millones de euros. A un interés del 5%, sus beneficios serían de 5 millones de euros.

Segundo caso, no hay competencia directa. Aquí Guerrero dice que la ganancia no se eliminará, lo cual es falso. Estamos en el mismo caso que antes. La empresa gana 2000 euros sobre 10000, pero ninguna puede hacerle la competencia directa (quizá porque se guarde la fórmula bajo llave). En este caso, la empresa comenzará a acumular el capital de otras partes de la economía. Los inversores querrán invertir en ella y su producción aumentará. Así, otras partes de la economía se descapitalizarán y esta empresa aumentará su acumulación. Así, imaginemos que la empresa incrementa su capital hasta 25000 y sus beneficios en 2500. Por su parte, el interés en el resto de las empresas ha aumentado hasta el 10% (hay que pensar que la reducción del capital no reduce equivalentemente sus ventas, y por ello, al reducir el capital en menor medida que los beneficios contables, la rentabilidad se incrementa). En este caso, la empresa innovadora terminaría percibiendo el interés del mercado del 10%. Por tanto, sus beneficios habrian sido absorbidos por el interés.

Simplementos tres matices. Primero, ausencia de competencia directa no significa monopolio. Primero, porque es cada consumidor quien tiene que determinar si dos empresas compiten directamente por la satisfacción de sus fines (puede haber gente para quien Coca Cola y Pepsi sean competencia directa, o incluso Coca-Cola y Lanjarón). Segundo, la razón por la cual la reducción del capital no supone una reducción equivalente de los beneficios no es ni más ni menos que la utilidad marginal. Mientras que la cantidad se reduce, la utilidad de cada uno de esos productos se incrementa y, así, el precio también lo hace. De esta manera, la menor producción no supone una reducción proporcional de los beneficios, pues en parte se ve compensado por el mayor precio que estarán dispuestos a pagar los consumidores. Tercero, interés y beneficio contablemente reciben el mismo tratamiento, y son los beneficios contables. Con todo, desde el punto de vista de la teoría económica, como hemos visto, hay que distinguirlos.

En todo caso, vemos cómo Guerrero desconoce el proceso de mercado, y confunde interés con ganancia.

35) “pero ello en ningún momento significa que los precios se fijen en función de los costes, ya que precisamente el empresario confía en pagar esos costes porque supone que las ventas de sus productos le permitirán pagar a los factores productivos y obtener un cierto interés. Si las apreciaciones son erróneas (es decir, si el precio que espera que los consumidores paguen para poder financiar la producción supera la gran mayoría de las utilidades marginales de los consumidores), entonces el empresario no podrá pagar los salarios, los intereses y las rentas. Quebrará a menos que reduzca el precio. Y si al reducir el precio puede dar salida a la producción pero no puede pagar a sus factores productivos tanto como prometió (esto es, más de lo que les pagarían en otros usos alternativos), la producción se paralizará.”

El capitalista fija los precios al precio medio que determinan las condiciones (técnicas y sociales) laborales existentes y la ganancia media. Si a ese precio no cubre costes, se debe a que otros capitalistas más eficientes sí los están cubriendo. Por tanto los primeros tenderán a desaparecer y los segundos irán absorbiendo una cuota creciente del mercado. Todo esto se rige por la ley del valor-trabajo.

Obsérvese además algo típico: poco a poco, en su exposición, estos economistas se van olvidando de los rollos mentales de las cabezas de los consumidores y terminan por fijarse en lo que importa: las condiciones objetivas de trabajo. No les queda otra


Como hemos visto, estas apreciaciones son falsas. Primero, las condiciones técnicas y sociales no determinan ningún precio medio, ya que ese "coste objetivo del trabajo" es un precio. Segundo, como hemos comentado otras veces, es la acción humana la que crea tanto las condiciones sociales como los precios y las crea atendiendo a sus valoraciones y prioridades. Tercero, no hay nada malo en que los capitalistas más eficientes (esto es, los que economizan mejor los recursos y, por tanto, sirven mejor a un mayor número de consumidores) alcacen mayor cuota de mercado. Cuarto, sin embargo, dado que el número de capitalistas no es fijo y que, como hemos visto, el capital no se mueve por valores absolutos, sino por rentabilidades relativas, ninguna casta podrá perpetuarse en el mercado. Por ejemplo, si yo consigo transformar un capital de 10 € en 20, los inversores empezarán a proporcionarme el capital (ya que daré rentabilidades mucho mayores que otros empresarios). Quinto, el crecimiento excesivo de los empresarios les impide calcular tan adecuadamente como a los pequeños empresarios, por ello estos últimos tendrán mayores facilidades para proporcionar rentabilidades superiores. Sexto, en todo caso, si las empresas crecieran desbocadamente, tendrían el mismo problema que el socialismo: no podrían calcular y, por tanto, se hundirían.

Y ninguno de estos procesos viene determinado por la mística del valor-trabajo. En todos casos, hablamos de servir a los consumidores; el éxito o fracaso de una empresa depende enteramente de esto. Y sus costes, como ya hemos visto detalladamente, también. Así, que no sé a qué viene lo de "olvidarse de los consumidores". ¡Cómo si toda la estructura productiva no dependiera de la satisfacción de sus deseos! ¡Cómo si las rentas a los factores productivos que paga un empresario no lo hace con la expectativa de poder vender sus productos computando estas rentas al interés vigente en el mercado!

36) “Por tanto, la utilidad marginal sigue gobernando el valor de los bienes y servicios. Si el empresario paga más a los factores productivos que su productividad marginal, la empresa quebrará. Si les paga menos, simplemente no podrá contratarlos (pues otro empresario los contratará pagándoles un poco más hasta su productividad marginal). Y la productividad marginal es una productividad en términos de valor, esto es, sobre los ingresos adicionales que proporcionan; el ingreso viene determinado por el precio; y la utilidad marginal domina el precio.”

La productividad marginal de cualquier factor aislado es cero. Si la empresa farmacéutica adquiere un kilo más de “carboximetilalmidón de sodio” del que se puede mezclar con el “silicato alumínico magnésico” para hacer una pastilla más, entonces esa unidad adicional de “carboximetilalmidón de sodio” no produce nada.

La capacidad analítica de Guerrero sorprende. Primero, la productividad marginal de un factor aislado NO es cero, eso supondría afirmar que el ser humano es un vegetal, y si es un vegetal no sólo será cero en el caso del trabajo aislado. Segundo, el hecho de que la productividad marginal de una unidad aislada sea muy pequeña, no significa que el de esa unidad no aislada lo sea o que no exista. Por ello, los empresarios esperan que ese trabajador les proporcione unos ingresos superiores a su salario (cuya determinación ya hemos estudiado). Tercero, la marginalidad va acompañada de la unidad de referencia. Es dudoso que una pastilla sea la referencia para una gran farmacéutica. Ni siquiera es posible que lo sea una caja de pastillas. En estos casos, es el empresario quien efectúa los cálculos en función de sus unidades marginales. En ese caso, puede que la unidad marginal sea una tonelada de pastillas. Sobre esos términos se efectuará el cálculo (así también, tantas toneladas de "carboximetilalmidón de sodio" serán las unidades para las que se calculará su productividad marginal en relación con la produccion de una tonelada de pastillas que se espera vender a un determinado precio).

Por ello he señalado antes que el cálculo en las empresas pequeñas es mucho más preciso que en las grandes, porque las unidades de referencia suelen ser más pequeñas y, por tanto, se tienden a minimizar costes. Con todo, hay que tener presente, claro está, que el menor despilfarro que efectúa una empresa pequeña por un cálculo más preciso, puede quedar, y normalmente queda, desplazado por la superior economización que una empresa grande puede realizar con una estructura de capital más desarrollada.

Por último, el como ya hemos destacado en los posts anteriores, el hecho de que para producir una tonelada más de un producto se necesite la concurrencia de dos factores productivos insustituibles, en absoluto implica la imposibilidad de obtener la productividad marginal. Por ejemplo, si yo espero vender un kilo de A por 100 euros y para obtener A necesito adquirir B y C, queda claro que la productividad de B y C tiene un valor de 100 euros. Si yo adquiero B por 10, estaré dispuesto a pagar hasta 90 por C. Si, en cambio, no puedo adquirir B y C por menos de 100 (puede que B me coste 1 euro, pero C 100), entonces no adquiriré B y C, su productividad marginal no superará la de sus costes (esto es, usos alternativos).

37) “Es curioso como los marxistas pretenden endosarnos que los empresarios determinan el precio y, en cambio, no aplican esa misma lógica a los trabajadores. Si los que ofrecen las mercancías fijan, a través de sus costes, los precios en el mercado, los trabajadores, que ofrecen su trabajo, deberían fijar a través de su coste psicológico su salario.”

Los empresarios no determinan el precio a su antojo. Eso lo creen los teóricos del capitalismo monopolista, como Lenin, no Marx. El precio lo determinan las condiciones objetivas de producción y trabajo, es decir la explotación y la competencia entre capitalistas rivales que tienen que luchar por su supervivencia y por su enriquecimiento por medio de la misma arma fundamental siempre: la acumulación, que es lo que les permite a algunos reunir (o no) las condiciones técnicas precisas para producir más barato que los demás. Por tanto, tampoco los trabajadores fijan su salario, sino wue éstos se determinan por esas mismas condiciones objetivas e impersonales.

Como ya hemos explicado, las condiciones de producción ni son objetivas ni, mucho menos, pueden disociarse del valor y de la utilidad marginal. Por otro lado, vuelve a caer en un razonamiento circular, si antes nos decía que los precios dependían de los "costes laborales objetivos", ahora nos señala que los salarios (esto es, los costes laborales objetivos del empresario) se fijan por una "condiciones objetivas e impersonales". Esto no es economía, estamos ante una teología, un catecismo, un credo. ¿Cómo pueden existir unas condiciones de producción sin una remuneración para el capital y el trabajo? Es simplemente ridículo. Precisamente, dependiendo de la remuneración, esas condiciones "objetivas" se modifican. Si los salarios aumentan, el fondo de subsistencia se reduce y llegamos a una estructura de producción menos capitalizada. No sólo eso, también dependiendo del salario, el trabajador decidirá o no ser contratado para tal empresa. Y, en ese sentido, las condiciones objetivas se verán modificadas por las condiciones y apreciaciones subjetivas. No existe objetividad más allá de la actitud que los actores tomen con respecto a esa objetividad.

Por tanto, no tiene sentido hablar de condiciones objetivas, sin referirnos a los valores que son los que construyen, a través de la acción, esas condiciones de producción. Y no tiene sentido decir que esas condiciones fijan los salarios porque, como ya hemos visto, influyen dos límites, uno determinado por la productividad y otro por la utilidad marginal del trabajador.

38) “¿qué es la productividad marginal sino el valor de los bienes adicionales producidos que se destinarán a la venta? ¿Y cuál será, pues, para el empresario el valor de esos bienes sino el precio al que se puedan vender? Por tanto, la productividad marginal será el ingreso adicional que proporcionarán los trabajadores al empresario.”

A la producción de riqueza (no confundir con el valor) contribuyen todos los factores unidos (unidos por cierto en un proceso de trabajo organizado). Por tanto, la productividad marginal (en valores de uso) de cierta cantidad de trabajo, junto a cierta cantidad de “carboximetilalmidón de sodio”, de “silicato alumínico magnésico” y de los demás componentes que entran en la pastilla, es precisamente la pastilla. Por tanto, no puede sorprender que el valor de la pastilla sea el valor de la pastilla. Cuál sea éste, los austriacos no lo explican ni pueden ni podrán hacerlo nunca.

Esto es, de nuevo, completamente acientífico. El hecho de que la producción se realice conjuntamente, no significa que no puedan realizarse incrementos o reducciones marginales en los factores productivos. Por ejemplo, cuando tengo contratados a 1000 trabajadores, ¿contrataré a uno adicional? ¿De qué dependerá? Pues obviamente de su productividad marginal y del precio mínimo que quiera cobrar. Si sus pretensiones superan a su productividad no lo contrataré.

En otras palabras, la productividad marginal se plantea la imputación de los ingresos que tienen que ver específicamente con un factor de producción adicional. Parece que Guerrero se sorprenda, quizá será que nunca ha oído hablar (ni, por supuesto, habrá estudiado) de la contabilidad de costes. Ni, por supuesto, tampoco sabrá qué son los rendimientos decrecientes, esto es, la productividad marginal decreciente resultado de incrementar un factor manteniendo los restantes inalterados.

La cuestión, por tanto, es: ¿cuántas pastillas más obtendré si contrato a un nuevo trabajador? Obviamente, si las pastillas deben estar formadas por una cierta composición, el número será el mismo, pero no así su velocidad (lo cual es fundamental a efectos del interés). Por tanto, la cuestión será, ¿con cuánta rapidez adicional obtendré las pastillas si contrato a un nuevo trabajador? ¿Es esto irrelevante? Obviamente no. Un simple ejemplo, si al contratar a un nuevo trabajador obtengo 1000000 pastillas un mes antes, y suponiendo un precio de 1 euros por pastilla, mis beneficios contables serán de cien mil euros. Dado que los he obtenido un mes antes, podré capitalizarlos también un mes antes, lo cual, puede suponer, a un interés anual del 10%, alrededor de 8000 adicionales al mes. Por lo tanto, no estamos ante un asunto baladí.

También, un trabajador puede suponer una mejora en la eficiencia productiva (sobre todo, en caso de ingenieros o directores), de manera que su productividad marginal vendría a equivaler a la riqueza adicional creada.

Por no hablar, claro está, del caso más habitual: esto es, que el empresario valore la productividad marginal de un trabajador y del número necesario de materias primas que necesita para incrementar la producción. Así, si por ejemplo sabe que ese trabajador puede producir 500 mesas en un mes, y que podrá vender esas mesas por 100 euros en el mercado, su productividad marginal tendrá un valor de 50 mil euros, ahora bien, dado que tendrá que proporcionarle las materias primas, por ejemplo, por valor de 40 mil euros, su productividad marginal será, a la postre, de 10 mil euros. Tengamos en cuenta que muchos otros factores de producción (especialmente el capital) no se han incrementado.

Por último, los austriacos claro que explicamos el valor de la pastilla o de la mesa. Si, por ejemplo, los consumidores no están dispuestos a pagar más de 50 euros por una mesa (o sólo 100 consumidores están dispuestos a pagar 100 euros por una), es evidente que el precio o será menor o no será. El trabajador tendrá que ver reducido su salario a su productividad marginal y, en caso de que esa reducción le suponga cobrar menos que en otra empresa donde los salarios sean superiores, abandonará la producción y la producción de mesas se paralizará. ¿Cuál será el precio de las mesas? Pues vendrá determinado entre el margen del coste marginal de las mesas y la disponibilidad al pago del consumidor marginal. Un precio más bajo supondría reducir la producción (pues no cubriría los costes) y un precio más alto impediría al consumidor marginal adquirirla. Y, en todo caso, la demanda de factores productivos, para alcanzar una cierta producción, dependerá del precio al que se espera vender y de la cantidad que, a ese precio, se espera vender. Y tanto el precio como la cantidad dependerán de la utilidad marginal.

39) “Böhm-Bawerk solía poner un ejemplo bastante ilustrativo. Imaginemos una locomotora que tiene cuatro vagones. ¿Por qué se mueven los vagones? Porque la locomotora se mueve. Ahora bien, muchos podrían decir, ¿por qué se mueve el cuarto vagón? Aparentemente porque se mueve el tercero; es decir, estarían explicando los precios (cuarto vagón) en función de los costes (primer, segundo y tercer vagón) y no de la utilidad (locomotora). No obstante, el problema sigue en pie. ¿Por qué se mueve el tercer vagón? Porque se mueve el segundo. ¿Y por qué se mueve el segundo? Porque se mueve el primer. Pero, ¿por qué se mueve el primero? Aquí los defensores de la teoría del precio-coste no tienen respuesta; la locomotora mueve el primer vagón que a su vez mueve a los restantes. La utilidad es el determinante último de los precios.”

Habrá que rebautizar a la teoría utilitarista del valor como teoría “ferrocarrilera”. El tren se mueve porque los trabajadores lo hacen moverse, y lo hacen con la ayuda de medios de producción que también construyeron y pusieron y ponen en movimiento otros trabajadores. Teoría laboral pura.

La locomotora se mueve porque los trabajadores la hacen moverse, genial. ¿Pero por qué la hacen mover y en qué dirección? Precisamente la mueven en la dirección de la satisfacción de sus necesidades, esto es, la locomotora sigue siendo la utilidad que determina el curso de la acción. Claro que en este caso Guerrero no ha expiclado nada; decir que los trabajadores la mueven no resuelve su razonamiento circular. ¿Qué determina los costes (precios) sino la utilidad? ¿Los costes laborales objetivos? ¿Las condiciones objetivas de trabajo? ¿Y qué son los costes laborales si no precios? ¿Y cuáles son las condiciones del trabajo si no aquellas determinadas de acuerdo con las valoraciones y utilidades de los agentes? ¿Es qué los trabajadores van a producir algo que no quieren? ¿Es qué los trabajadores van a vender una cantidad de mercancías a un precio superior al que los consumidores están dispuestos a comprarlas? ¿Es qué van a renunciar a su ocio para trabajar en una tarea que no dará frutos? ¿Es qué su ocio no lo valoran y no le asignan una utilidad? Teoría de la utilidad marginal pura. Eso sí, habrá que rebautizar la teoría del valor trabajo como la "teoría del ferrocarril averiado".

4 de Octubre de 2005

Diego Guerrero se defiende (III)

Continuamos con la respuesta a Diego Guerrero. En este post analizaremos las 15 siguientes objeciones. Como antes, mis comentarios iniciales en azul y la respuesta de Guerrero en cursiva.

18) "Sin utilidad marginal la demanda de agua y alimento serían infinitas"

¿Por qué? ¿Acaso Rallo, cuando sale a cenar se empazurra y atiborra permanentemente? ¿Acaso cena tres o mil veces al día? Las necesidades humanas son limitadas, lo que ocurre es que el capitalismo limita más las de unos humanos que las de otros.

Es discutible que los fines humanos sean limitados, entre otras cosas porque la inexistencia de fines significaría el fin de la acción y, por tanto, del mismo ser humano. Lo que es evidente es que los medios para satisfacer nuestras necesidades sí lo son. Precisamente porque esos medios son limitados tenemos que economizarlos y precisamente porque tenemos que economizarlos (es decir, tengamos que distribuirlos entre fines más y menos importantes) otorgaremos mayor valor a aquellos medios que se dirijan a los fines prioritarios.

Es curioso que pueda sostenerse que el valor depende de las condiciones de producción, obviando que un incremento de la cantidad del bien necesariamente lo dirige hacia fines inferiores y, por tanto, hacia fines menos valorados. ¿Qué ocurre cuando el trabajo necesario para producir un bien no varía pero su cantidad aumenta (por dirigir mayor número de trabajadores a tal empresa)? ¿Seguirá siendo idéntico el precio? Es decir, Guerrero sugiera que los consumidores seguirán adquiriendo la misma cantidad de bienes que antes y al mismo precio. Ahora nos dice que los consumidores se saturan, ¿y qué ocurre entre la satisfacción y la saturación? ¿Acaso no pueden estar dispuestos a comprar una mayor cantidad de bienes en caso de que su precio sea ligeramente inferior? En otras palabras, ¿acaso el precio de un bien se mantendrá cuando su cantidad aumente (suponiendo que la valoración de los consumidores no cambia)? Guerrero parece suponer que sí, lo cual es absurdo pues implica no integrar la inexistencia de una demanda infinita.

¿Quién querrá adqurir mercancías adicionales cuyo precio (coste) sea superior a la satisfacción que le proporciona? Y si nadie quiere comprarlas, ¿acaso su precio permanecerá igual? En la práctica se nos dice, como ya hemos visto, que las personas intercambian sus bienes en función del trabajo incorporado y no de sus necesidades. Ya que, en otro caso, se daría cuenta el autor de que las necesidades modulan la producción y, por tanto, el precio.

19) “Guerrero confunde los términos. Su descripción no explica por qué la demanda tiene pendiente negativa, sino el denominado efecto renta. En pocas palabras, el efecto renta viene a decir que toda rebaja del precio de un bien ocasionará una expansión de la demanda con cargo al nuevo poder adquisitivo. Esto es, si el precio baja de 100 a 50, me ahorro 50 euros que ahora puedo gastar y antes no.
Sin embargo, el efecto renta presupone las curvas de demanda con pendiente negativa, no las explica.”

Nadie duda de lo que ya Marx llamaba la ley de la demanda (la forma decreciente de esa curva). Pero la teoría laboral del valor permite entender por qué el cambio técnico y la productividad creciente del trabajo rebajan con el tiempo la curva de “oferta a largo plazo” (es decir, el precio de producción marxiano) y por qué, sea cual sea la demanda, el precio baja como consecuencia. Pues bien: esos cambios en la oferta son la base real del efecto renta.

¿Nadie duda de la curva de demanda negativa? ¿Y cuál es su fundamento? Precisamente que los nuevos medios se dirigen a fines decrecientemente satisfactorios. Y es la existencia de esos fines decrecientemente satisfactorios lo que explica la organización de la producción, y no "las condiciones técnicas" que son posteriores a la expectativa de esos fines. En otras palabras, el empresario comienza su negocio en aquellos sectores que sean valorados por los consumidores -y en la extensión en que sean valorados. Por ejemplo, no podrá detraer factores productivos de otros negocios donde son más valorados. "Las condiciones de producción", por tanto, son un resultado de ese valor decreciente de los consumidores. No hay condiciones previas, pues no existe organización productiva sin expectativa de ganancia y no existe expectativa de ganancia sin utilidad. Y no existe utilidad sin utilidad marginal decreciente.

Es más, en tanto esos valores cambien, "las condiciones productivas" que, según Guerrero, explican el precio y los intercambios se verán modificadas. Por ejemplo, si hoy dejamos de valorar los ordenadores (por la razón que sea) desaparecerán del mercado, aun cuando las condiciones de producción no hayan variado. Y esas condiciones, acto seguido, se verán modificadas, incidiendo sobre otras condiciones de producción de otros sectores. ¿Y en qué medida incidirán? En la medida en que los consumidores valoren los bienes y servicios resultados de esas actividades. Por ejemplo, no se invertirá un excesivo número de trabajadores en un sector que haga incrementar el número de mercancías (y por tanto reducir su precio) hasta un punto en que los costes (de oportunidad) superen a los ingresos.

20) “Imaginemos un señor cuyo sueño vital es viajar a la luna, sin embargo no tiene suficiente dinero para ello aunque renuncie a todos los placeres de la vida actual. Sin embargo, imaginemos que se produce un descenso en el precio de todas las mercancías, de manera que, al final, renunciando a casi todos sus bienes, puede viajar a la luna. Ello no iría en contra de la ley de la demanda; el hecho de que bajara el precio de todo y disminuyera su cantidad demanda sería perfectamente lógico.”

Aquí confunde Rallo el desplazamiento a lo largo de la curva de demanda con el desplazamiento de la curva de demanda hacia la izquierda. Si fuera un estudiante mío, lo suspendería.

Agradezco no haber sido alumno de Guerrero, especialmente por su escaso bagaje teórico. Difícilmente puedo confundirlo cuando estoy diciendo que los efectos sustitución y renta NO van contra la ley de la demanda: es decir, el desplazamiento a la izquierda de la curva de demanda individual del resto de bienes de la economía (a excepción del viaje a la Luna) ha habilitado a nuestro consumidor poder pagar el precio para viajar a la Luna (esto es, desplazarse a lo largo de su curva de demanda individual para ir a la Luna). Por tanto, no sé quién es el confuso.

Lo que vengo a destacar es que la existencia de medios habilita la satisfacción de los fines y, por tanto, puede inducir a cambios en la acción humana y a restricciones sobre los otros fines. Si yo oriento mi vida a viajar a la Luna, es evidente que tendré que sufrir un entrenamiento, una disciplina y un ahorro mucho mayor que quien aspira a mantener una vida rutinaria. Desde un principio conformo mi vida de ese modo y mi objetivo es conseguido de manera gradual. Pero a veces hay cambios bruscos: yo puedo no contemplar la posibilidad de ir a la Luna (por pensar que no es factible), pero, de repente, serlo. En ese caso, mi estructura de consumo se vería modificada.

21) “Imaginemos que un señor compra un bien "a causa de su elevado precio". La ley de la demanda y la utilidad marginal no dejan de aplicarse por el hecho de que, al caer el precio, el señor deje de comprar ese bien; y es que la causa que fundamentaba su adquisición ha desaparecido. Aunque físicamente es el mismo bien, en la apreciación subjetiva del individuo no (no sirve al fin, por ejemplo, de fardar ante sus amigos de poder adquisitivo).”

Ídem. Ahora la curva se desplaza a la izquierda porque han variado los gustos. Da igual que lo consideremos como uno de los efectos Veblen o no.

Precisamente por eso. Es increíble cómo algunos pueden llegar a contradecir por no entender qué se está diciendo. Si la imagen que tiene del bien ha variado, la curva de demanda se desplaza a la izquierda: es otro bien y, por tanto, corresponde otro tipo de demanda (menor, por haber perdido una de sus características importantes). La ley de la demanda relaciona la cantidad con el precio, "ceteris paribus", es decir, manteniendo el resto de factores constantes. Si yo digo: "que cambien los factores no refuta la ley de la demanda, basada en la constancia de factores", ¿cómo puede Diego Guerrero acusarme de no entender que la ley de la demanda se basa en la constancia de factores?

Quiero matizar, simplemente, que estoy hablando en términos neoclásicos. Ni siquiera la cláusula "ceteris paribus" merece una consideración científica.

22) “si los bienes Giffen refutaran la ley de la demanda, como hemos dicho, su demanda debería aumentar conforme su precio sube, lo cual es simplemente absurdo”

En efecto, absurdo “simplemente”, es decir sin necesidad de creerse el artificio de la utilidad marginal.

Supongo que Guerrero llega a este punto dándose cuenta de que no ha entendido nada. Claro que los bienes Giffen son absurdos, en eso coincidimos. Y precisamente porque son absurdos, no sirven para refutar la utilidad marginal decreciente, como muchos han intentado.

23) “sin utilidad marginal decreciente, la demanda de los bienes con una elevada utilidad sería infinita”

Negar la utilidad marginal decreciente como fundamento de la curva de demanda no significa ni implica afirmar una supuesta ley de la utilidad marginal creciente. Aquí da Rallo un salto lógico. Sencillamente, la derivada de la utilidad no se puede calcular. Saber que tres periódicos dan más utilidad que dos, y dos más que uno, no informa nada sobre la utilidad marginal. La utilidad, tanto objetiva como subjetiva, existe; pero la utilidad no se deriva matemáticamente como tampoco se derivan el amor, la amistad o la pereza.

Aquí volvemos a otro de los típicos errores de Guerrero que ya tratamos en el punto 16 y en un post anterior. La utilidad marginal NO es absurda por el hecho de que no exista la derivada de la utilidad, en todo caso sería absurda la derivada como instrumento matemático para aproximar la utilidad marginal.

Y por supuesto que negar la utilidad marginal decreciente significa negar la curva de demanda negativa. ¿Por qué acaso debería decrecer la demanda conforme aumenta el precio? O dicho de otra forma, ¿por qué debería aumentar cuando disminuye? Si yo no admito que la cantidad adicional de un bien disminuye su valor (por dirigirse hacia fines inferiores), ¿puedo admitir que la utilidad de los bienes disminuye? Y si lo admito, ¿en qué debo basarla sino en la cantidad y, más concretamente, en la progresiva reducción del valor de los fines a los que se dirigen?

24) “Al final, negar la utilidad marginal decreciente es equivalente a negar la existencia de fines en la acción humana. Si existen fines estos tendrán que ordenarse de mayor a menor importancia para el sujeto, habida cuenta de la escasez de medios y tiempo. Por tanto, si negamos esa jerarquía estamos señalando que todos los fines son igualmente relevantes (esto es, igualmente irrevelantes) y que la acción humana no es teleológica, sino aleatoria, reactiva o dirigida.”

Ya he explicado que la jerarquía de necesidades es un hecho. Pero no explica los precios. Primero, dicha jerarquía existía en sociedades en las que no había precios, y existe y existirá siempre. Pero para explicar los precios se necesita otra cosa. Si A prefiere la carne al pescado, y B al revés, ¿qué tiene que ver eso con la formación de los precios?

¿No existían precios? Parece que Guerrero se refiere a precios más o menos estables. Precios han existido siempre, desde el comienzo del intercambio. Cuando dos mercancías se intercambian se hacen por "un precio". Si yo vendo mi finca por 1000 vacas, el precio de mi finca son esas 1000 vacas, y el precio de una vaca 1/1000 de finca. Ahí tenemos el precio, basado precisamente en la utilidad (como implícitamente parece reconocer Guerrero, esto es, que la jerarquía guiaba los intercambios cuando no existían precios). No conviene, pues, confundir precio con "ratio estable" y mucho menos con "ratio monetaria". El precio es una relación histórica de intercambio que, en las sociedades modernas, generalmente puede expresarse en dinero. Sin embargo, no olvidemos que todos los precios son reversibles: si una Coca-Cola vale un euro, estoy diciendo que también se ha vendido, o se espera vender, un euro por una Coca-Cola.

Los precios estables surgen con el appraisement empresarial. No necesariamente son ratios de intercambio pasados (esto es, no necesariamente suponen una serie histórica de intercambios), sino que son ratios a las que se espera intercambiar en el futuro (cuando sí devendrían ratios históricas de intercambio).

Por tanto, pensar que esta jerarquía sí existe pero que no tiene nada que ver en los intercambios y, en consecuencia, en la determinación de esas ratios llamadas precios es del todo ingenuo. Por otro lado, ya explico en los puntos 10 y 11 la razón de los precios en relación con esta jerarquía de preferencias. También lo expliqué más detalladamente en el proceso de appraisement empresarial aquí: los factores productivos se van dirigiendo hacia las finalidades más importantes (es decir, en función de su productividad marginal, calculada de acuerdo con la utilidad marginal de la producción), el precio suele fijarse como agregación de los costes más el interés (si bien, todo el empresario tiene en cuenta antes de emprender un negocio la posibilidad de vender a unos precios determinados por la utilidad marginal) y la utilidad marginal determina el éxito o fracaso de ese producto. Sin embargo, no olvidemos que los costes agregados dependen, a su vez, de la utilidad marginal de otros bienes.

Pongamos un ejemplo numérico muy simple pero que ayudará a entenderlo. Tenemos el producto A y el producto B. El producto A es más valorado que el B, y necesitamos para su producción pagar unas rentas al trabajo de 300 y al capital de 700. Por otro lado, el producto B necesita pagar unas rentas al trabajo de 300 y al capital de 200. Supongamos que no hay interés, el precio al que venderá A será 1000, si el consumidor sólo está dispuesto a pagar hasta 900, quebrará. Si en cambio, están dispuestos a pagar hasta 1000 (o más) se mantendrá en el negocio. ¿Qué ocurre con sus costes? En principio, si sus trabajadores son perfectamente sustituibles con los de B, las rentas al trabajo tenderán igualarse (lo cual en muchos casos es un supuesto poco realista), ya que podrá contratar a los trabajadores de B pagándoles un poco más. Es por ello que asumimos que serán idénticas.

Con la especialización los trabajadores de A tienen a percibir el producto marginal de su trabajo, sin especialización, obviamente, se percibe el producto del trabajador marginal (esto es, del último trabajador que pueda contratarse siendo sustituible), allá donde esté. Por tanto, indirectamente el producto B determina los costes de A. ¿Pero de qué dependen los costes de B? De su propia productividad. El empresario B puede pagar a sus trabajadores 300, porque espera que el consumidor le pague 500 por su producto. Por tanto, el valor del trabajo viene determinado por el producto marginal. Nuestro caso no variaría en caso de que los trabajadores de A estuvieran absolutamente especializados (y no fueran sustituibles). En ese caso tendríamos dos productos donde los trabajadores cobrarían según sus productividades y éstas quedan determinadas por el valor del producto (valor atribuido por los consumidores según la utilidad marginal decreciente).

25) “Pero claro, si la revolución marginalista hubiera ocurrido un poco antes, el marxismo ni hubiera nacido”

El marginalismo es anterior al marxismo, y no debe confundirse con el utilitarismo. El gran Cournot era marginalista pero no utilitarista sino defensor de la teoría del valor de Ricardo. Lo que hacen Marx y sus buenos discípulos, como Rubin, es desarrollar ideas perfectamente compatibles con Cournot.

Marx escribió El Capital en 1867. Jevons y, sobre todo, Menger, sus Principios en 1871. Por supuesto hablo de utilidad marginal decreciente.

26) “En otras palabras, cuando yo adquiero una unidad adicional, el valor de todas las restantes unidades disminuye. ¿Por qué? Sencillamente porque las unidades son intercambiables y, por tanto, ya no hay última unidad, sino un stock de unidades que permiten satisfacer hasta determinado fin (fin marginal). Por ejemplo, si yo tengo cuatro sacos de cereales y el último lo dedico a alimentar a los cerdos, el valor de un saco de cereales es el de alimentar a los cerdos. Si adquiero un nuevo saco para darlo a los más necesitados, el valor de un saco -de cualquier saco- pasa a ser el de alimentar a los pobres. Todo ello aunque yo imprima en cada saco una etiqueta diciendo "Destinado al consumo humano", "Destinado a alimentar a los cerdos", etc... Y es que, si me roban el saco destinado a alimentar a mi familia, no por ello moriré de hambre, simplemente dejaré de ser caritativo con los pobres.”

Dejando aparte que queda clara la concepción social de Rallo al hacer explícito que para él vale más el cereal con que se alimenta a los cerdos que el que sirve para alimentar a los pobres –y que, por tanto, si a él le roban el saco no se morirá el de hambre él sino los pobres–, el principal punto de interés es que no sale de la misma idea de siempre. Este hombre es un hombre de una sola idea. Vale: el último saco se valora menos que el primero, así como el último litro de agua más que el primero, etc. Pero ¿qué determina lo que valen el agua y el saco en el mercado? No puede ser un simple principio tan general y banal como el que usa él.

Dejando aparte que no Guerrero no entienda que quizá el cerdo pueda servir para alimentar a mi familia o a los propios pobres una vez engordado, y dejando aparte que si me roban a mí los pobres pueden tener otras fuentes de aprovisionamiento, ya he explicado largo y tendido cómo todo esto determina el precio. Simplemente deprimente que Guerrero haya sido incapaz de pensar en ello, de manera especial cuando se lo explico largo y tendido en los cuatro primeros posts.

27) “Lo importante es el valor que influye y determina la acción, no la satisfacción experimentada una vez se haya actuado”

¿Y cuál es el valor que influye y determina la acción? El precio, claro está. Luego es el precio, determinado por las cantidades de trabajo, lo que determina las utilidades subjetivas, y no a la inversa.

Esto es simplemente acientífico. Los precios son un resultado de la acción, no la acción de los precios. Lógicamente toda acción va antes que el precio, por tanto estos no pueden determinar la acción, sino que tienen que surgir de ella. La utilidad de comer caviar, para mí, es independiente de su precio. Que yo ahora no pueda comer caviar no significa que sea del todo inútil, simplemente significa que el coste de consumirlo ahora supera a sus beneficios. ¿Y cómo se determinan los costes y los beneficios sino a través de las utilidades?

28) “Tenemos tres modalidades de formación de los precios en una economía libre. Negociación inter partes, el comprador fija el precio, el vendedor fija el precio. En la negociación inter partes, comprador y vendedor negocian un precio para el intercambio. Obviamente, este precio se situará entre el valor del fin inmediatamente anterior al que satisface el bien en cuestión para el comprador (de manera que si el precio se fija en una cantidad monetaria que sirva para conseguir fines de mayor valor obligaría al comprador a declinar la oferta) y el valor del fin inmediatamente superior al que satisface el bien en cuestión para el vendedor(de manera que si el precio se fija en una cantidad monetaria que sirva para conseguir fines de menor valor obligaría al vendedor a declinar su oferta).”

El valor relevante para el vendedor es el que le permite obtener la tasa media de ganancia sobre sus costos de producción (cantidades de trabajo). Los capitales reguladores lo establecen, digamos, al nivel de 17 euros (si fuera superior, la rentabilidad sería superior a la media, esto atraería a más capitales y el incremento resultante en la oferta haría bajar el precio de nuevo a 17). Los “valores” de los diferentes consumidores pueden ser los que sean, por ejemplo 17, 28, 345 o 1562. Lo único que sabemos es que son superiores a 17 y que el precio, según Rallo, se mueve entre esos límites. Pues no: al final el precio se fijará en 17, y por tanto es el trabajo el que determina el precio, y no las utilidades de los diferentes consumidores.

Lo cierto es que el tipo de interés del mercado determina la composición de los capitales. Pero el tipo de interés, nuevamente, depende de la utilidad y, en concreto, de la utilidad intertemporal (o preferencia temporal). Si yo no quiero o no necesito consumir hasta dentro de un año, puedo emprender un proceso indirecto de producción mucho más productivo cuya maduración llegue dentro de un año. Eso me permitirá exceder el valor inicial invertido en un % (imaginemos que invierto 10 euros y al cabo de un año produzco 20, en ese caso el interés sería del 100%). Lógicamente, allí donde el interés sea superior, afluirán los capitales, lo cual hará reducir el interés y lo incrementará de allí donde se hayan ido. La cuestión, con todo, es qué determina ese interés. En el ejemplo que he puesto, invierto 10 euros durante un año y produzco 20, tenemos tres elementos: la utilidad de la inversión inicial, el tiempo de maduración y la utilidad de la inversión final. En los tres casos, hablamos de utilidades y de valores subjetivos.

Por ejemplo, si no estoy dispuesto a esperar un año, valoraré mucho más los productos que maduren a, digamos, un mes, de manera que, por ejemplo, su valor sea 50. Esto provocará que el capital se concentrará en estos productos, yéndose de los productos que maduren a un año (hasta el punto de que la descapitalización podría ser completa si las rentabilidades en los períodos anteriores a un año siguen superando la del 100%).

Por otro lado, si el precio del producto es inferior a la utilidad marginal, por supuesto, como ya hemos comentado, existirá una tendencia a que el precio se mueva alrededor de esa utilidad marginal. Precisamente por la competencia y por la propia incapacidad del empresario para hacer pagar a los consumidores precios superiores a su utilidad marginal.

Pero, en todo caso, vemos cómo Guerrero sigue siendo incapaz de explicar el fundamento del valor. En este caso, también el del interés.

29) “Cuál será el precio final es imposible de determinar para la ciencia económica; es más, no le interesa. Estamos ante cuestiones puramente históricas, no teóricas. Basta con afirmar que la transacción tendrá lugar entre esos dos límites, o no será.”

No hay ciencia económica si no puede medir la realidad que constituye su objeto. Rallo pretende criticar la teoría laboral del valor, que es una teoría sobre cuáles son los precios de mercado, ¡con una teoría que afirma que no hace falta saber cuáles son los precios de mercado! ¡Bonita teoría del valor!

Critico la teoría laboral por ser acientífica, por basarse en predicciones imposibles (pues no podemos determinar el estado futuro del conocimiento y, por tanto, cuáles serán las valoraciones de los consumidores hacia productos que quizá ni existan) y porque la economía es una ciencia teórica, relacionada con las implicaciones lógicas de la acción, y no con sus manifestaciones concretas. Los datos de mercado son objeto de estudio por parte de la historia económica (estudio realizado a través del bagaje instrumental conferido por la teoría económica).

30) “Por último, el modo más frecuente de formación de precios en las economías capitalistas es el appreisement empresarial, esto es, el vendedor propone un precio y los consumidores demandan en función de ese precio. En estos casos, el precio de las transacciones que se realicen, como es lógico, no podrá superar la utilidad marginal del comprador. Si el vendedor fija un precio superior a ésta, no venderá los productos, se quedará con todos ellos. Por tanto, el correcto appreisment empresarial está estrechamente relacionado con fijar un precio inmediatamente por debajo de la utilidad marginal de los compradores a los que aspire.”

Está claro que se refiere al appraisement, que como todo el mudo sabe tiene el mismo origen etimológico que price, precio. Lo interesante es que reconoce que el modo normal es éste. Por tanto, él mismo reconoce que la empresa fija el precio a su coste en trabajo (incluida la ganancia proporcional al capital) y los compradores comprarán más o menos según sus gustos y renta (que Rallo llama utilidad, preferencias, etc.).

En ningún momento lo he negado. Y, por cierto, alguien que dice haber refutado a Böhm-Bawerk, pues supongo que para refutar hay que leer y para leer entender. Y si se ha leído y entendido a Böhm-Bawerk debería saber que nunca se opuso a la ley de costes, tal y como la hemos expuesto reiteradamente en nuestros artículos. Sin embargo, en ningún momento se sigue que el valor dependa del trabajo (algo que Böhm consideraba con razón totalmente absurdo), ya que sigue dependiendo de la utilidad, tanto en su modulación como en el origen de sus costes.

31) “En todo caso, podemos sacar una conclusión común para los tres tipos de formación de precios: la propiedad privada es previa al precio. Tanto el comprador como el vendedor tienen que ofrecer algo a cambio de otro algo. Sin propiedad privada, el comprador no puede renunciar a nada para adquirir una determinada cantidad de productos.”

Muy profundo todo esto. Qué iluminador.

Y muy poco iluminador Guerrero, claro.

32) “De ahí, que en ausencia de propiedad privada, no existan unidades marginales y, por tanto, ni precios, ni costes, ni necesidad de limitar la demanda. No es posible una asignación eficiente de los recursos ya que, como puso de manifiesto Mises, sin precios de mercado no es posible el cálculo económico.

Dos cosas. Primero: marginal significa adicional. Por lo visto, los hombres de Altamira, en donde no había precios de mercado, no sabían distinguir entre un bisonte y dos, o tres, etc. Y segundo: después de la lata que nos ha dado diciendo que no hace falta calcular y que la ciencia económica no puede calcular precios, ahora llega, agarra y dice que su maestro Mises ya demostró que hacen falta los precios para calcular. Desde luego Rallo no le serviría de mucha ayuda.

Primero, es curioso cómo Guerrero modifica los términos. Yo no he dicho que sin precios de mercado no haya unidades marginales, sino que sin propiedad privada no las hay. ¿Razón? Tengo todos los recursos naturales rodeándome, incluido el espacio interesteral. Dado que la propiedad nace de la apropiación, si no ha habido este proceso de dominación y de puesta en disponibilidad, no puedo incorporar mis medios a mis fines y, por tanto, no existen fines marginales. Una vez realice la acción de apropiación sí puedo hablar de marginalidad y de valor, hasta entonces no. Un bisonte sólo es valorado cuando se domina de alguna forma (bien cazándolo o poseyendo el terreno por donde se mueve). Mientras tanto, sólo valoraré mi conocimiento sobre la existencia del bisonte, mi información. Pero no el bisonte en sí. La cuestión es simple: hasta que no determino sobre qué medios puedo actuar, la única escasez que conozco es la temporal y, por tanto, sólo por ésta estoy limitado (de ahí que las sociedades primitivas no tengan el más mínimo respeto por el medio ambiente, cosa que también sucede en ausencia de propiedad privada).

Segundo, yo no he dicho que no hace falta calcular, sino que la ciencia económica no se ocupa de hacerlo. Otra cosa muy distinta es que los empresarios y los individuos tengan que realizar tal tarea para continuar prosperando, esa es una conclusión que también alcanzamos a través de la ciencia económica, aun cuando ésta no pretenda conocer los precios anticipadamente. Lo cual, dicho sea de paso, sólo puede ser así: si la ciencia económica afirmara la posibilidad de conocer los precios, siempre y en todo lugar, el cálculo económico sería posible. Por cierto, Mises defendía esto mismo, otra prueba de que Diego Guerrero sólo conoce la Escuela Austriaca a través del forro de los libros.

2 de Octubre de 2005

Libertad para no usarla

Veo en el foro marxista en el que se ha publicado la respuesta de Diego Guerrero la siguiente reflexión: "Empíricamente, la mayoría de la gente no desea la absoluta libertad, razón por la cual las democracias no eligen gobiernos libertarios. La ironía de las ironías, es que la gente no elige libertad absoluta. Pero esto refuta el liberalismo por su propia premisa, dado que el liberalismo define el bien como aquello que se elige libremente, sin embargo la gente no la hace. Paradójicamente, la gente ejerce su libertad para no ser liberales"

El típico argumento que confunde democracia con libertad. Pero además se trata de un comentario muy malo, ya que precisamente la gente puede elegir NO ser libre cuando tiene esa libertad de elección. Libertad que casualmente los socialistas nos deniegan a través de los impuestos, las regulaciones y la planificación estatal.

Por otro lado, hay que recordar que el argumento también podría ser válido para defender la esclavitud. Si en un país hay 10000 personas y 1000 esclavos, en un referendum podría ganar continuamente que la esclavitud debe perdurar por 10000 votos contra 1000. ¿Diríamos entonces que la forma que tienen los esclavos de ser libres es querer ser esclavos?

1 de Octubre de 2005

Diego Guerrero se defiende (II)

En otro mail Diego Guerrero critica mis posts sobre la utilidad marginal (en el anterior sólo repetía las típicas letanías fracasadas de la teoría del valor trabajo) a través de 47 breves comentarios. En general, los comentarios no pasan de reflexiones propias de Cruz y Raya o Los Morancos, sin entrar en la cuestión. Aun así, daremos respuesta; en este post a las 17 primeras y en los dos siguientes a las 30 restantes. Mi texto original irá en azul y la "respuesta" de Guerrero en cursiva.

1) “Lo cierto es que, realmente, la utilidad no se deriva del consumo, sino la consecución de los fines del actor”

¿El que tiene un euro sólo puede tener fines por valor de un euro?

Ignoro cómo ha leído Guerrero mis textos; entendiéndolos desde luego no. Primero, el dinero no mide el valor, el dinero es valorado. Difícilmente un bien que puede cambiar de valor puede servir de unidad estándard (es como si cada día el "metro" pudiera tener una longitud pero no tuviéramos forma de saberlo). No sólo eso, dado que el valor es ordinal, no existe medición posible. Segundo, el dinero no la única manera de conseguir los fines del autor, una de las críticas que le hice a Guerrero fue, precisamente, reducir el ámbito del valor sólo a las mercancías. Quien sólo tiene un euro sólo podrá adquirir mercancías con precio de un euro, pero quizá esa mercancía se dirija a fines muy valorados; o, desde luego, puede perseguir fines muy valorados cuyo medio no pase por el dinero. Por ejemplo salir de paseo, hablar con un amigo, o tomar el Sol.

En ninguno de estos casos se consume nada (salvo que entendamos que se consume tiempo, aunque más bien el tiempo se emplea de una manera determinada). Por tanto, mi crítica a Guerrero, que no ha entendido, sigue en pie.

2) “Las ‘acciones’ de estas personas [se refiere a las austeras] no les son útiles en absoluto (pues no se dirigen a consumir, sino a alcanzar fines distintos del consumo) y la pregunta pertinente será, pues, ¿por qué actúan?

Aquí confunde consumo con compra, como es habitual en los utilitaristas. Un austero puede disfrutar consumiendo su música, sus libros o su televisión. Pero los consume en casa, no en el mercado. Para recibir utilidad no hace falta comprar compulsivamente.

Desde luego que no, ni siquiera hace falta consumir. Puse el ejemplo de las austeras no para justificar la compra, sino para ilustrar mi punto anterior, esto es, que la utilidad no se deriva del consumo, sino de la aptitud de los medios (que puede ser el propio trabajo) para conseguir los fines del actor. Una persona puede disfrutar reflexionando, ¿qué consumo está practicando ahí? ¿Cómo explica esa acción humana? Más bien parece que quien tiene estrechas miras de la actividad humana es Guerrero, no un servidor.

3) “Es un "hecho" objetivo que el valor es subjetivo”

La valoración que hace el sujeto es subjetiva, of course, pero el precio es objetivo, y es ese precio objetivo el que interesa a la teoría del valor mercantil.

El precio es objetivo, pero el precio no es valor, sino una ratio de intercambio que ha surgido en función de unas valoraciones previas. La formación del precio no puede disociarse de los valores subjetivos. La acción humana se guía en función de esas valoraciones y es precisamente la acción humana la que engendra los precios. Los precios son un resultado de la acción, y la acción es conducida por los valores subjetivos. Por tanto el valor es previo al precio y queda enteramente determinado por éste; sin esa gradación de preferencias las acciones variarían de tal manera que los precios variarían inevitablemente. Opinar lo contrario resulta equivalente a decir que los precios no tienen nada que ver con la acción del hombre; es independiente a ésta, son los precios los que dirigen la acción. Pero aquí caemos en una contradicción, ¿no decíamos, incluso Guerrero, que el valor era subjetivo? Entonces, ¿cómo puede el actor seguir un curso de acción que considera inútil y perjudicial?

En definitiva, el tipo de hombre que tenemos con el esquema marxista no es el de un actor, sino el de un autómata que reacciona a los precios. Lo cual es simplemente absurdo, en tanto una buena parte de las acciones humanas nada tienen que ver con los precios (y habría que suponer que los precios siempre han estado ahí, creados por Dios y no por los hombres).

4) “El problema es que el valor NO es mensurable”

Ése es el problema de la teoría utilitarista. El valor objetivo sí se puede medir y de hecho se mide.

El valor no puede medirse. Guerrero debería explicar cuál es la unidad de medición del valor. ¿La moneda? ¿Cómo puede un bien cuyo valor cambia ser una unidad estándard? Si cada día el metro tuviera una longitud distinta, ¿qué tipo de medición sería esa? Simplemente afirmaríamos que esta distancia mide esta distancia, pero nada más. Y, a diferencia de las magnitudes físicas, el valor no es una magnitud, sino una jerarquía.

5) “Partiendo del error de la necesidad de medición, Guerrero continúa…”

¿Pero qué coño de teoría del valor es una teoría que considera un error medir los valores? ¿Se imaginan una teoría del mundo físico que no quiera medir las cosas que analiza? Pues bien, el mundo social es un subconjunto del mundo físico.

La incapacidad de Guerrero de distinguir entre física y economía es sintomático de las malas conclusiones a las que llega. Si la economía está en el mundo físico y todo lo que está en el mundo físico puede analizarse a través de los métodos cientistas de la física, entonces la economía es un subconjunto de la física. Grandioso. El problema ahora es, ¿qué tipo de ciencia física es aquella que no puede medir el amor, la esperanza, o la pereza? Vaya, qué cosas. La física queda refutada por el hecho de que el amor se haya en el mundo físico y no puede medirse. Lástima.

En realidad, la economía tiene que ver con las ideas, con las impresiones que el ser humano tiene del mundo físico. Son esas impresiones las que determinan la acción y por tanto las decisiones relevantes para la economía. Todo lo demás es irrelevante. Por ejemplo, ¿qué relevancia económica tiene que en el universo físico pueda existir una civilización extraterrestre con un progreso infinitamente mayor al nuestro? Ninguna. Si lo ignoramos y no están a nuestro alcance, como si no existieran. Si bien, desde un estudio físico de la economía deberíamos tenerlo en cuenta, ya que aprovechan recursos cada vez más escasos. Recursos de los que no tenemos ni constancia pero que existen. ¿Ciencia económica?

6) “El valor se otorga en función del valor "esperado", es siempre "ex ante"; no se experimenta nada, sino que se espera experimentar”

Eso será el valor imaginario de los utilitaristas o la valoración subjetiva. Pero el valor o precio objetivo no se otorga por nadie: se determina objetivamente por las relaciones sociales que se expresan en el trabajo fragmentado de las diferentes empresas capitalistas. ¿Qué tendrá que ver que Fulano aprecie mucho o poco una pluma que le dejó su padre en herencia? El mercado la valora objetivamente de otra manera y por otras razones.

Nuevamente Guerrero muestra su completo desconocimiento de la economía. Ya he explicado el proceso de appraisement empresarial consistente en la fijación de un precio al que cree puede retribuir a sus factores productivos y al que conseguirá un interés mayor que invirtiendo el capital en proyectos alternativos. De todas formas, el precio no es el valor, conviene insistir.

El valor guía la acción humana y ésta el precio. Los precios no se forman sin intervención de la acción. Imaginemos que hoy todo el mundo aprecia la mercancía X, y se producen 1000 unidades. Pero, al día siguiente, la gente deja de apreciar esa mercancía (por ejemplo, porque se ha anunciado que es cancerígena). Las "relaciones sociales que se expresan en el trabajo fragmentado de las diferentes empresas capitalistas" siguen siendo las mismas, pero su precio se hundiría. La razón es que nadie estaría dispuesto a pagar un precio tan elevado como antes (porque la utilidad marginal del precio anterior superaría a la utilidad marginal actual del producto).

De la misma manera el ejemplo de la pluma es malísimo. Si Fulano es propietario de la pluma y la aprecia mucho, las relaciones de producción de ESA pluma en el mercado son irrelevantes. Fulano exigirá un precio mucho más alto por la pluma que si no tuviera un valor sentimental. Si nadie valora más la pluma que el precio que exige Fulano, ésta no se venderá y Fulano se quedará con ella. No habrá precio de mercado para esa pluma.

7) “Imaginemos un stock de cinco unidades… Cuando consuma una de ellas, el stock se reducirá en una unidad y, por tanto, el valor marginal aumentará”

Estos utilitaristas no sólo no saben qué es la producción sino tampoco el consumo. En la realidad se están consumiendo continuamente unidades de los stocks existentes de las diferentes mercancías, y sin embargo su valor no cambia… mientras no varíen las condiciones de producción (trabajo).

Buen intento de manipulación, el problema es que puedo poner el párrafo entero. Yo dije en realidad: "Imaginemos un stock de cinco unidades; si la caricatura (no intencionada) que Guerrero efectúa de la utilidad marginal es que el valor se otorga conforme se consume, ¿cuál sería la unidad marginal? Cuando consuma una de ellas, el stock se reducirá en una unidad y, por tanto, el valor marginal aumentará. De manera que cada unidad tendría valor por sí misma y la paradoja del agua y los diamantes quedaría sin resolver."

Pero bueno, poco más podemos esperar de él. Veamos, al consumir una unidad de un stock de cinco unidades, la utilidad puede aumentar... o no. Si el fin al que doy satisfacción no es el menos valorado de los que el stock me permitía, obviamente no variará. En caso de que satisfaga el fin menos valorado, la utilidad de una unidad de las cuatro que me quedan sí que aumentará, dado que la unidad marginal servirá para satifacer el fin marginal que es más valorado que el fin que acabo de satisfacer.

Pero, de todas formas, la crítica de Guerrero no se sostiene. Claro que se están consumiendo y produciendo unidades cada día... y su valor no cambia (esto es discutible, no voy a entrar en análisis históricos que no me interesan, pero vamos, creer que siempre que se produce un cambio de precio se debe a las condiciones objetivas de producción es ingenuo). Esto se debe a que la necesidades satisfechas sólo lo están temporalmente y, al cabo de un tiempo, vuelven a emerger. En el caso de los alimentos es evidente. Pero en el del resto de bienes más o menos duraderos también; una vez depreciados hay que volver a consumir. Como los ritmos de depreciación de cada bien son distintos, los empresarios tienen una demanda continua de bienes, incluso duraderos.

Pero lo que viene a decir Guerrero es: si las necesidades que cubren los cinco sacos fueran satisfechas de una vez para siempre con el consumo de los sacos, su precio no variaría. Lo cual es absurdo, pues nadie querría adquirir más sacos, por mucho que las condiciones de producción no hubieran cambiado.

8) “el sujeto no necesita cuantificar su placer. Lo único que requiere es ser capaz de discriminar cuáles son los fines prioritarios para modular su acción en consecuencia. No necesita ni constancia ni un patrón de medición. Basta con que su acción sea, en todo momento, la mejor, la más adecuada”

Aparte de la jerarquía de necesidades, que nadie cuestiona y que no tiene nada que ver con cómo se forman los precios, podemos preguntarnos: “Vale, cada cual compra lo más adecuado en cada momento, o incluso no lo compra porque no tiene dinero, pero ¿se puede saber qué tiene eso que ver con los precios? Fulanito se compra un Mercedes porque es lo más adecuado para él, y yo me compro un 600 porque es lo más adecuado para mí? Aparte de que es una manera curiosa de hablar, ¿qué tiene eso que ver con los precios de ambos coches?”

Guerrero no es capaz de captar todas las interrelaciones de la economía, y es una pena, porque parece que le pone interés. Veamos, todo el mundo podría comprar un mercedes siempre que ahorrara lo suficiente. En una economía primitiva esto podría suponer estar 20 años fabricándolo (suponiendo que supieran cómo), ya que habría que extraer los metales, fundirlo, modelarlos... Trabajo exclusivo en un Mercedes que debería ser "apoyado" a través de un fondo de subsistencia que permitiera al individuo consumir mientras se dedica a producir el mercedes. En una economía moderna, significa satisfacer las necesidades de los consumidores y abstenerse a consumir otros productos hasta haber ahorrado lo suficiente como para comprarlo. Si todo el mundo quisiera comprar un Mercedes -y ésta fuera su prioridad- se experimentaría una recolocación de los factores productivos, tanto trabajo como capital, hacia la producción de Mercedes, lo cual incrementaría sobremanera su número. Sin embargo, esto provocaría la disminución de la producción de otros bienes y servicios.

Dado que la gente no quiere consumir solamente Mercedes sino una amplia gamma de otros bienes y servicios, ¿qué sentido tendría ampliar la producción cuándo los Mercedes se quedarían, al precio actual, sin poder venderse? Sólo se incrementarían los costes sin elevar los ingresos, ya que para colocar los correspondientes Mercedes adicionales en el mercado debería reducirse su precio. Ésta es la significación que tiene la utilidad marginal en la fijación del precio. Si el empresario de Mercedes amplía la producción deberá reducir el precio, o en caso contrario consumirá parte de su capital en pérdidas. Si la gente realmente quisera consumir más Mercedes (es decir, si estuviera dispuesta, o bien a producir más, o bien a consumir una cantidad menor de bienes de los que consume ahora), la producción de Mercedes se ampliaría, reduciendo las de otros productos (que no podrían pagar el superior precio por los factores productivos que se quedaría Mercedes precisamente porque no podrían incrementar los precios de sus productos habida cuenta que la utilidad marginal de los consumidores con respecto a ellos es menor).

9) “Aunque no pueda cuantificarlo, sé que me gusta más la carne que el pescado. ¿Cuánto más? Lo ignoro, pero ello no imposibilita mi conocimiento acerca de mis preferencias.”

Vale, voy a mirar el prospecto de una medicina reciente: incluye, entre otras cosas, “carboximetilalmidón de sodio” y “silicato alumínico magnésico”, dos mercancías que por supuesto tienen precio en el mercado (si no lo creéis, preguntádselo a GlaxoSmithKline). ¿Cuál prefiero? Yo lo ignoro, pero a lo mejor Rallo sí lo sabe. En cualquier caso, esta sabiduría nada tiene que ver con los precios. Y recuerden que hay como dos millones de mercancías presentes (sin contar con que otros utilitaristas insisten en que las mercancías son distintas para cualquier punto del tiempo, cualquier diferente contingencia, etc.)

Pocos, más bien ningún, consumidor adquirirá los medicamentos en función de sus componentes (salvo algún experto que sepa diferenciar sus efectos). Sin embargo, las empresas farmacéuticas sí saben cómo producir los medicamentos. De la misma manera, las empresas que les provean los componentes (en caso de que sean distintas) valoraran las materias primas que sean necesarios para fabricarlos en función de sus usos alternativos (o utilidad directa). ¿Y de qué dependen esos usos alternativos? Precisamente de los fines (marginales) de los consumidores. Imaginemos que el "silicato alumínico magnésico" (sé que voy a decir una burrada muy gorda) sirve para producir Mercedes. Su propietario puede vendérselo a la farmacéutica o la empresa Mercedes. ¿De qué dependerá su elección? De quien pague más por ese componente. ¿Y de qué dependerá la disposición al pago de Mercedes o la farmacéutica? De cuanto estén dispuestos a pagar los consumidores por sus productos, esto es, de su utilidad marginal.

Si el silicato alumínico magnésico es muy escaso y su utilidad en la producción del último coche Mercedes que se espera que se venda es mayor que su contribución a la producción del primer medicamento, entonces irá a parar a Mercedes. Y, por supuesto, esas utilidades depeden de la valoración de los consumidores.

En otras palabras, no es necesario que los consumidores valoren todos y cada uno de los componentes de un bien que adquieren (de hecho no lo hacen a menos que ese componente sea relevante para la funcionalidad del bien, esto es, para la satisfacción del fin que persiguen: por ejemplo, un coche de papel sería mucho menos valorado que uno de chapa), ésa es tarea de los empresarios que, cuando son capaces de pagar un mayor precio por las materias primas al esperar vender los productos por un cierto precio, consiguen hacer afluir las materias primas y los factores productivos.

10) “Yo doy cinco euros por un libro porque considero que el valor del libro es superior al de los cinco euros. No doy cinco euros porque considere que el valor del libro son "cinco euros"; en ese caso, ¿para qué efectuar el intercambio?”

No se entera. El problema no es ése. La cuestión es que, siendo lo que dice así para cualquier mercancía, ¿por qué vale más un coche que un zapato? ¿Qué determina esos valores diferentes? (Dejo de lado que la afirmación de que todo el mundo sale ganando con el intercambio es sólo una forma de ensalzar la economía capitalista sin ningún fundamento, ya que uno de los problemas del capitalismo es que impide a la gente intercambiar y adquirir cosas que necesita y que en otro sistema podría obtener; los parados por ejemplo no intercambian dinero por las cosas que no compran porque el mercado de trabajo los expulsó de su empresa).

Claro que el problema es ése. Los bienes no se intercambian por igualdades de valor, sino por desigualdades. ¿Por qué vale más un coche que un zapato? Para producir un coche los consumidores tienen que renunciar a muchos más bienes y servicios que en el caso de un par de zapatos, esto significa que sólo se producirán coches cuando su disponibilidad a adquirirlos sea más elevada que la del resto de bienes. El empresario puede producir un coche, pongamos, a 6000 euros de coste y los consumidores están dispuestos a pagar 7000, por tanto se vende y se establece ese precio. En cambio, para producir un par de zapatos los costes son mucho menores, quizá 30 euros. Puede que la disponibilidad al pago de los consumidores sea de 1000 por un par de zapatos (o más), sin embargo, en una industria con semejantes márgenes de beneficio afloraría rápidamente la oferta y haría disminuir su precio. Esto no significa dar validez a una teoría del valor-coste, ni mucho menos. Los costes no son más que precios y, esos precios se pagan en función de los usos marginales a los cuáles puede dirigirse la producción que, como hemos dicho más arriba, depende de la disponibilidad a pagar de los consumidores (que será mayor cuanto mayor sea su utilidad marginal).

Para ampliar la producción de automóviles habría que adquirir factores productivos de otras líneas productivas, lo cual incrementaría los costes, y para vender esos coches adicionales habría que disminuir el precio, lo cual probablemente disminuiría el ingreso.

11) “se adquirirán unidades mientras el valor del fin adicional conseguido a través de una nueva unidad sea mayor que el valor del fin marginal al que se renuncia”

Si me compro una barra de pan con el euro que tengo es que el aprecio o necesidad que tengo de ese pan es mayor que el de, por ejemplo, un periódico. Pero eso no explica por qué valen lo mismo en el mercado.

Básicamente digo lo mismo que lo que acabo de explicar. Por qué el pan y el periódico valen lo mismo (en caso de que así sea) en el mercado ya lo hemos explicado en el caso del coche y del zapato. Los bienes a los que se ha de renunciar para producir periódicos o panes son bastante reducidos (en comparación con, por ejemplo, la producción de automóviles), lo cual hace que sus proveedores tengan que aceptar un precio más bajo y, por tanto, los vendedores puedan expandir la demanda de sus bienes a través de la reducción del precio. Si los proveedores tuvieran ofertas mejores por su productos, los panaderos tendrían que pagar más para producir pan y, en consecuencia, si no quieren quebrar, incrementar el precio. El punto importante que valida la teoría de la utilidad marginal es que, precisamente, si ese incremento del precio del pan supera la utilidad marginal de los consumidores, el panadero dejará de vender y quebrerá (o disminuirá el tamaño de su negocio), de manera que esos factores productivos quedarán liberados y afluirán a otras producciones.

12) “Los empresarios que puedan pagar mayores rentas (por esperar percibir un mayor precio) y ACIERTEN, serán los que triunfarán en el mercado. Ésa es la competencia típica del proceso de mercado”

Al revés: triunfarán los que, ofreciendo la misma calidad, lo puedan hacer a un coste inferior. O bien los que, ofreciéndolo al mismo precio, dan un producto de mayor calidad. Porque el cliente se rige por la relación calidad/precio, pero esto, que es válido para todas las mercancías, no explica el diferente valor de cada una de ellas.

¿Y por qué deberían aceptar los proveedores de factores productivos los precios más bajos? Obviamente, de entre aquellos que consigan adquirlos, triunfarán los que tengan menores costes. Pero los adquirirán aquellos que puedan pagar una mayor renta: y podrán pagarla los que esperen un precio de venta mayor por sus productos. Es decir, Guerrero confunde la economización con el appraisement de los factores productivos. Sólo los bienes cuya utilidad marginal se espera superior se producirán, lo cual también significa que se producirán en la cantidad adecuada, dado que una cantidad superior disminuiría su utilidad marginal y será incapaz de retribuir (y retener) a los factores productivos.

13) “Repetimos: sólo es necesario conocer la jerarquía de nuestros fines, algo que el actor conoce en cada instante perfectamente”

Insiste en lo del “carboximetilalmidón de sodio”… Pues vale.

Como ya hemos visto, el argumento del "carboximetilaldimón de sodio" es una parida monumental. Pero bueno, estamos hablando con un marxista.

14) “Como hemos explicado, el proceso de mercado opera de otra forma; pagan a los factores sus productividades marginales descontadas sobre las ventas de los productos a un precio anticipado”

¿Cuáles son las respectivas productividades marginales del “carboximetilalmidón de sodio” y el “silicato alumínico magnésico”. Sencillamente no “producen” por separado. Sólo producen juntos, en la mezcla específica de la medicina correspondiente a la que van a parar gracias al trabajo.

Precisamente, la productividad "marginal" se refiere a la productividad de una unidad adicional de "silicato alumínico magnésico" y no a la productividad DEL "silicato alumínico magnésico" como una totalidad. Efectivamente no producen por separado, por tanto, el empresario sólo adquirirá uno y otra cuando haya podido adquirir ambos. Si, por ejemplo, es incapaz de comprar el carboximetilalmidón de sodio, no se planteará adquirir el silicato alumínico magnésico y, en todo caso, el precio que estará dispuesto a pagar el empresario por ambos no podrá superar el precio al que espera vender el fármaco (no tenemos en cuenta el interés para simplificar), que a su vez dependerá de la utilidad marginal de los consumidores.

15) “Si yo elijo A a B es porque prefiero A a B, ¿y qué significa preferir? Que A me proporciona mayor utilidad que B”

…O que no tengo dinero para comprar B, o que no conozco la existencia de B, etc. En cualquier caso nada de esto explica por qué los precios son precisamente los que son.

No, si yo elijo A a B es porque, dadas las circunstancias presentes, prefiero A a B (si no conoces de la existencia de B, difícilmente puedo elegir A a B, cuando B no entra en mis cálculos). Ello no significa tampoco que esa persona sea irrelevante: sus acciones siguen comandadas por el valor y, por tanto, modificará la estructura de mercado. Por ejemplo, podría trabajar más (con lo cual influirá en su salario), ahorrar más (con lo cual influirá en el tipo de interés) o buscar nuevas oportunidades de negocio (con lo cual influirá sobre los restantes negocios). De la misma manera, si el empresario B se vuelve más eficiente, podría facilitar una rebaja del precio de B que permita a ese consumidor (que obviamente es tenido en cuenta) adquirir el bien B antes que A en caso de que así lo prefiera.

Pero, en todo caso, repito: si yo elijo A antes que B se debe a que la elección de A en este momento es la más adecuada. Si no tengo dinero para adquirir B, podría no haber adquirido A para ahorrar y adquirir B, pero no lo hago por multitud de posibles factores: preferencia temporal, concurrencia de otros costes (por ejemplo, si sólo podré adquirir B si renuncio a A y, además, trabajo más)...

16) “La curva de demanda es siempre decreciente, no por preferencias reveladas concretas, sino por la utilidad marginal decreciente”

Primero decía que no se puede medir cardinalmente la utilidad, ni era necesario hacerlo, y ahora va y mide nada menos que su derivada (eso es la utilidad marginal): ¿En qué quedamos?

Ya le he dedicado un post a este tema. La derivada, matemáticamente, es una aproximación a la utilidad marginal, pero NO es la utilidad marginal. Es increíble que Guerrero lo equipare de una manera tan acientífica. Hablar de utilidad marginal implica necesariamente hablar de derivadas y, por tanto, de medición. Error gravísimo.

Pero además, parece que Guerrero tampoco se ha aprendido el temario neoclásico. Las funciones de utilidad neoclásicas no expresan valores, sino grados. Son susceptibles de transformaciones monotónicas, esto es, agregarlas, restarlas, multiplicarlas o dividirlas sin que afecte a la posición jerárquica del bien. En otras palabras, lo importante de la función f(x)=2x y de la función f(y)=3y, para los neoclásicos, es que una unidad del bien y tiene una utilidad ordinalmente mayor que una unidad del bien x. Los propios neoclásicos dicen que la utilidad no es 3 o 2, sino que 3 expresa una superioridad jerárquica a 2 (esto es, puede ser 3 o 24; 24 no expresaría que y es 12 veces más valorado que x, sino sólo que es más valorado).

Otra cosa es que el arsenal matemático en economía llegue al absurdo, pero esta es otra cuestión.

17) “Lo único que realmente necesitamos saber para todo ello [es decir, para determinar la curva de demanda] es lo siguiente: a) el valor es la significación de un fin, b) la unidades iguales de un mismo medio permiten conseguir fines de una menor importancia (ordinalismo), c) por tanto, los medios adicionales, al estar afectos a fines menos importantes, tendrán un valor decreciente (utilidad marginal decreciente).”

Como el medio es el dinero, lo que dice Rallo es que un euro no vale lo mismo que otro euro. ¿No sabe que a los capitalistas y al mercado les da igual un euro que otro? No, no lo sabe.

No, el caso del dinero es completamente distinto. Lo explico aquí. Es un bien líquido y su utilidad marginal decrece, en consecuencia, muy despacio. Es evidente que Guerrero no ha entendido el concepto de liquidez tratado por Menger; otro fallo que el marxismo debería haber corregido.
El incremento marginal no es igual a la derivada

Aplicar las matemáticas a la economía me parece una torpeza terrible. La única función que, como mucho, pueden desarrollar es volver a exponer conclusiones a las que ya hemos llegado verbalmente y, en muchos casos, sólo sirven para oscurecer los conceptos y confundirlos.

Sin embargo, permítanme hacer una excepción. Como sabrán estoy respondiendo a Diego Guerrero, un economista (sic) marxista, y necesito aclarar un concepto que él, pese a ser profesor de economía (o quizá precisamente por serlo), parece haber olvidado.

En algunos artículos -y también en las sus críticas a mis posts que más adelante fiskearé- Diego Guerrero descarta el concepto de utilidad marginal al señalar que es estúpido hacer la derivada de la utilidad: Todo el mundo sabe lo que es la utilidad, como también sabe lo que es el amor o el aburrimiento. Pero igual de absurdo es hablar del "amor marginal" o del "aburrimiento marginal" que de la "utilidad marginal". Sencillamente porque lo de "marginal" alude a la derivada matemática de lo total (es decir, de la variable cuantitativa en términos absolutos a la que se aplique)..

Pues bien, este argumento no es sólo económicamente calamitoso, sino también matemáticamente (en realidad, casi la totalidad de sus argumentos son calamitosos, pero éste denota que ni siquiera conoce la materia corrupta que enseña en la Universidad). Pido disculpas por las matemáticas que vienen a continuación, intentaré hacerlo lo menos aburrido posible.

Veamos, matemáticamente hablamos de "incrementos marginales" haciendo alusión a la variación que se produce en una función cuando se incrementa muy poco una de sus variables (en concreto, cuando se incrementa en una unidad). Dado que, como rápidamente comprobaremos, el cálculo de estos incrementos marginales es lento, los economistas matemáticos suelen aproximarlo a través de la derivada. Se trata de un atajo que en matemáticas resulta intolerable pero que, algunos, creen adecuado en economía. En cualquier caso, quiero destacar que matemáticamente el incremento marginal NO es la derivada (y, por supuesto, económicamente tampoco).

Tenemos la siguiente función: F(x)=x2 + ax + b. Siendo x es una variable y "a" y "b" coeficientes.

Si aplicamos un incremento a la función, su valor tomará la siguiente forma (^x es el incremento de x):

F(x+^x) = (x+^x)2 + a(x+^x) +b.
F(x+^x)=x2 + 2x^x + ^x2 + ax + a^x + b

Si queremos calcular el incremento que ha experimentado la función (lo que para los economistas matemáticos vendría a ser el valor marginal) tendremos que efectuar la diferencia entre F(x+^x)-F(x).

Así: ^F=F(x+^x)-F(x)=[x2 + 2x^x + ^x2 + ax + a^x + b] - [x2 + ax + b]= 2x^x + ^x2 +a^x.

Por tanto, ^F=^x(2x+^x+a)

Bien, trasladándolo a la economía matemática, esto viene a significa que la función de utilidad total (F), experimenta un incremento de ^F cuando la cantidad incrementa en un ^x.

Ahora veamos qué ocurre cuando utilizamos la derivada sobre la función. Matemáticamente podemos expresar la derivada como el límite de [F(x+^x)-F(x)]/^x, cuando ^x tiende a 0. Si esto es así, obtendremos el límite de [^x(2x+^x+a)]/^x, cuando ^x tiende a 0. Por tanto, operando tenemos el límite de 2x+^x+a, cuando ^x tiende a 0. Esto es, la derivada de la función F es igual a 2x+a.

Podemos comparar este resultado con el anterior. Vemos como el incremento marginal de una función NO es igual a su derivada, sino que ésta sólo sirve para aproximarlo en aquellos casos en que el incremento ^x tienda a cero.

Utilicemos ahora un ejemplo numérico para verlo más claro.

F(x)=x2+5x+3
^F=F(x+^x)-F(x)=[x2+2x^x + ^x2 +5x +5^x +3]-[x2+5x+3]=^x(^x+2x+5)

Si decimos que el número de productos (x) es 100 y que se incrementan en una unidsd (^x=1), entonces el incremento de la utilidad total (^F), esto es, lo que algunos llaman utilidad marginal, será de 1(1+200+5)=206.

Si efectuamos la derivada de F, tenemos que F`(x)=2x + 5. Si, como hemos dicho, x=100, la derivada de la utilidad total será F`(100)=200+5=205.

Vemos, por tanto, que la utilidad marginal (206) NO es igual a la derivada de la función de utilidad (205). Ésta última es sólo una aproximación que utilizan los economistas matemáticos para reducir el número de operaciones y facilitar su trabajo.

Yo, lo dejo claro, aborrezco de todo este arsenal. Sin embargo, quería demostrar que la utilidad marginal NO es la derivada de la utilidad y, por tanto, cuando Guerrero usa este argumento para ridiculizar la teoría de la utilidad marginal sólo se está dejando en ridículo a él mismo. Como economista y como matemático.
Diego Guerrero se defiende (I)

Ya sé que todavía tengo pendiente publicar la segunda parte de mi crítica a la teoría del valor trabajo de Diego Guerrero. Sin embargo, permítanme hacer un paréntesis y volver a la teoría de la utilidad marginal decreciente. Resulta que Diego Guerrero me ha contestado en una serie de mails. Así que iré publicando en varios posts mis respuestas.

Nos detendremos ahora en su primer mail. Pasemos a analizar sus puntos:

a) el trabajo es lo único que determina el valor del 99% de las mercancías: las que se pueden reproducir en masa sin límites.

Bueno, el error de esta teoría he empezado ya ha esbozarla aquí. Simplemente recordaré algunos de los errores típicos de Guerrero que ya destaqué en mi post sobre la utilidad marginal pero a los que no ha dado cumplida respuesta.

Primero, la teoría económica no tiene que explicar solamente el valor de las mercancías, sino de toda acción humana. Ello incluye no sólo los servicios, sino especialmente las acciones que no estén relacionadas con la obtención de mercancías (por ejemplo el tiempo de ocio).

Segundo, en todo caso, el trabajo determinará el valor de cambio de las mercancías, pero incluso los marxistas se ven obligados a reconocer la existencia de un valor de uso (utilidad) que sirve como fundamento al de cambio. Si ello es así, la cuestión que se plantea es, obviamente, si todas las mercancías de una misma especie serán intercambiadas por el mismo consumidor por la misma cantidad de bienes. Me explico. Si yo intercambio 1 euro por una botella de agua (es decir, si el precio de una botella de agua es de un euro y estoy dispuesto a pagarlo), la teoría marxista dirá que, una vez eliminado el velo del dinero, estoy intercambiando mercancías que incorporan un trabajo equivalente a una botella de agua. Sin embargo, ¿por qué no estoy dispuesto a adquirir 100 botellas de agua? Al fin y al cabo, si las botellas de agua no pierden valor conforme se incrementa la cantidad adquirida, cuando compre una debería estar dispuesto a comprarlas todas.

Los marxistas sólo pueden señalar que, a partir de cierto número de botellas de agua, ésta deja de ser útil y, por tanto, dejan de intercambiarse. No obstante, el problema sigue en pie, ¿por qué ha dejado de ser útil? Porque las cantidades sucesivas se dirigen a fines menos valorados. Por tanto, las unidades adicionales de un bien reciben un valor de uso (utilidad) menor. Con lo cual, difícilmente el precio de una mercancía puede venir determinado por el trabajo incorporado, si la utilidad (y por tanto, la disponibilidad de ofrecer dinero) disminuye conforme aumenta su cantidad.

Y es que una persona está dispuesta a pagar una menor cantidad por las unidades sucesivas y, por tanto, los empresarios sólo estarán preparados para vender en caso de que el valor que el consumidor atribuye al precio sea inferior al valor que atribuye al bien. Y si los consumidores no están dispuestos a pagar por una producción excesiva, es evidente que el empresario será incapaz de recuperar la cantidad de dinero que ha adelantado a los factores productivos para su producción. Es decir, inevitablemente sus costos superarán sus ingresos y se verá abocado a la quiebra.

b) la excepción son las mercancías cuya oferta es inamovible: en este caso su precio lo determina exclusivamente la demanda. Por ejemplo, los cuadros de un pintor muerto, una botella de Chateau Yquem de 1800 o las acciones de Inditex o Telefónica que haya en el mercado en el momento T.

¡Toma ya! Este párrafo es para enmarcar. Primero, la oferta de todo bien es siempre temporalmente inamovible. En este segundo de tiempo hay X mercancías en el mercado, ni una menos ni una más. Guerrero parece asumir que la oferta de ciertos bienes es absolutamente flexible.

Obviamente no es así, la producción tiene lugar con mucha anterioridad al momento de la venta y, de hecho, la producción dependerá, entre otras cosas, de la atracción de capital que, casualmente, Guerrero hace depender únicamente de la demanda (las acciones de Inditex).

Es decir, la producción depende no solamente de la cantidad de trabajo, sino de capital. Guerrero hace depender el precio del capital (y por tanto su oferta) de la demanda. Por tanto, la cantidad de bienes que determinará la flexibilidad de la oferta que, a su vez, da paso a que el intercambio se determine por la cantidad de trabajo incorporado, depende ¡de la demanda! Es curioso cómo incluso por esta vía el marxismo languidece.

c) Los monopolios pueden afectar los precios de mercado por encima de los precios reguladores (p. de producción y p. directos), pero primero hay que estudiar cómo se forman dichos precios reguladores: todo hay que hacerlo por orden, y la ciencia se basa en este sistema ordenado. Por otra parte, no debe confundirse monopolio con gran empresa. La concentración y centralización del capital ha hecho que las empresas sean muchísimo más grandes ahora que en el pasado, pero (casi) todas ellas siguen compartiendo entre sí de acuerdo con las leyes económicas capitalistas y, en particular, de acuerdo con la ley del valor (trabajo).

Los monopolios aumentan el precio por encima del que se fijaría en el libre mercado, precisamente por su exclusividad y poder de negociación. Sin embargo, incluso en los monopolios legales, fijan su precio en función de la utilidad marginal y no del valor trabajo como dice Guerrero. Si un monopolio fija un precio por encima de la utilidad marginal de los consumidores, estos no lo adquirirán. Es decir, la demanda caerá y, por tanto, los ingresos del monopolio. Hay que señalar en este punto que el hecho de que el precio supere la "utilidad marginal de los consumidores" no significa que un cierto precio supere la utilidad marginal de TODOS los consumidores, sino sólo en el de algunos consumidores (que disminuirán su adquisición).

¿Y qué significa que la utilidad marginal del precio supere a la de los productos a adquirir? Pues que el fin que puede conseguir con el dinero tiene un mayor valor que el que podría conseguir con los bienes que ofrece el monopolio. Esto tampoco es equivalente a señalar que el consumidor dejará de comprar cualquier bien al monopolio: precisamente, cuando disminuye las cantidades a comprar, la utilidad de las unidades aumenta y, por tanto, no es improbable que supere a la del precio. Pero en todo caso la demanda disminuirá, precisamente por la utilidad marginal decreciente.

En cuanto a la utilidad, no tiene ningún papel en la determinación de los precios. Lo que los neoclásicos entienden realmente por utilidad marginal del consumidor es el precio mismo: si alguien compra algo de 10 euros es que su utilidad marginal son 10 euros, y si compra algo de 20, lo mismo. Se trata de una pura tautología.

Los neoclásicos pueden decir lo que les plazcan, están casi más equivocados que usted. Sospecho que no se ha leído mis posts en los que le criticaba, o dejaría de haberme tachado de neoclásico y, sobre todo, de atribuirme argumentos carentes de sentido. Repito, si la utilidad de una manzana es igual a la utilidad de su precio, entonces el intercambio pierde sentido (¿para qué intercambiar para quedarme igual?). Es decir, la utilidad de un bien no son los 10 euros (si alguien compra una manzana por 10 euros significa que la utilidad de la manzana es SUPERIOR a la de los 10 euros), sino, como su nombre indica, la aptitud que el actor le atribuye para la satisfacción de sus fines.

Los precios se fijan al cruzar utilidades, esto es, yo te doy algo que valoro menos que lo que tu me das, y viceversa. Son relaciones históricas de intercambio y no mediciones del valor, entre otras cosas porque el dinero (unidad en la que se suelen expresar los precios) también es valorado y, por tanto, caemos en un razonamiento circular.

lo único que pueden decir es que cuando el consumidor A compra algo de 10 euros está demostrando que su utilidad marginal es como mínimo 10 euros (pero podrían ser 20 ó 100), y al comprar otra cosa de 20 euros, su utilidad marginal es como mínimo 20 euros (pero podrían ser 1000 ó 15). Por tanto, A puede pagar 10 euros por una mercancía que le ofrece una utilidad marginal menor, igual o mayor que B, por la cual pagó 20 euros. Y lo mismo ocurre con los consumidores B, C, D... Entonces, ¿de qué sirve la utilidad marginal en la teoría del valor?

La utilidad es ordinal, se trata de una jerarquía de acciones. Yo prefiero A a B, elijo entre A o B atendiendo a mis preferencias. Pero estas preferencias no son cardinales, sino ordinales. No tiene sentido pretender cuantificar la utilidad, nadie puede hacerlo (ni siquiera el propio actor), no hay ninguna unidad de utilidad. Lo único que sabemos es si tal acción es preferida a otra. Sin embargo, Guerrero sigue sin entender nada y dice que "cuando el consumidor A compra algo de 10 euros está demostrando que su utilidad marginal es como mínimo 10 euros". ¿Y cuál es la utilidad de un euro? ¿Cómo pretender medir la utilidad a través de otras utilidades que, además, son variables? ¿Cómo pretender medir las jerarquías? Los 10 euros también son valorados conforme a la utilidad marginal, por tanto, lo correcto es decir que cuando alguien compra un bien que tiene un precio de 10 euros, está demostrando que, para el actor, la utilidad marginal de ese bien es superior a la utilidad marginal de los diez euros y ello es así porque el bien se dirige a un fin más apetecido que al que podrían dirigirse los 10 euros.

La cuestión no es sólo esa. Sabemos apodícticamente que la segunda unidad de ese bien será valorada menos que la primera (no después de consumirla, sino ante la expectativa de hacerlo). Por tanto, si sigue dispuesto a pagar 10 euros por esa segunda unidad, ello se deberá a que el fin que conseguirá con esa segunda unidad sigue siendo más valorado que el que puede conseguir alternativamente con diez euros. Obviamente las comparaciones intersubjetivas de utilidad siguen siendo imposibles, como se encargó de recordarle Robbins a Pigou, dado que el valor es ordinal. La utilidad marginal, aunque Guerrero no lo sepa, nos sirve para explicar: a) porque un individuo valora un bien A más que otro B, aún cuando esté seguro de que valoraría más la primera unidad de B que la de A, b) porque la demanda de un bien no es infinita, c) la imputación d) y, sobre todo, el origen del valor.

La utilidad marginal se asienta perfectamente sobre el estudo praxeológico de la acción humana, de la economía. Disciplina en la que Guerrero todavía aparece en una fase muy principiante y acientífica. Le convendría no sólo leer, sino entender a Böhm-Bawerk. Se habría ahorrado perder mucho tiempo; al menos, claro está, si su objetivo es el de desarrollar la ciencia económica y no el de difundir propaganda marxistoide.
El capital, según Alberto García

Alberto se ha dado por aludido, con razón, a mi última respuesta a Tyytdt. Ésta también ha respondido en los comentarios, pero de una manera tan caótica que se hace imposible darle respuesta. Tyytdt, si quieres que te vuelva a contestar (otra cosa es que no quieras, cosa que entendería), organiza un poco mejor los comentarios (con cursivas, comillas o algún sistema para distinguir tus comentarios de los míos) y cuélgalo en algún foro.

Por ahora nos basta con contestar a Alberto García, un autorreconocido ignorante en economía, y sus contribuciones fundamentales a la teoría del capital.

Básicamente Alberto plantea que mi tesis sobre que el empresario adelanta el capital al trabajador es falso en algunos casos, como el de quienes cobran una vez la producción se ha vendido. Sin embargo, ya desde el principio tiene dificultades para entender siquiera qué es el interés: Nadie le pidió al empresario que adelantase nada. Creo que hasta ahí estaremos de acuerdo. Si lo adelantó lo hizo de forma voluntaria, podía no haberlo hecho. ¿Por qué debería entonces cobrar un interés? ¿Quién dice que cobrar intereses sea algo legítimo?.

¿De forma voluntaria? Claro, y también el trabajador presta sus servicios de forma voluntaria y al salario convenido. ¿Por qué entonces criticamos que exista un interés?, cabría preguntarle a Alberto. El sometimiento del trabajador al empresario no es menor que el del empresario al trabajador en estos casos. El empresario necesita adelantar el dinero a los trabajadores para que puedan continuar la producción: pensemos en la producción de automóviles. Si hasta que estos no fueran vendidos y cobrados (pensemos también en las ventas a plazo) los trabajadores no cobraran nada, morirían de hambre. Los procesos productivos necesitan del apoyo del capital, si no no podrían realizarse. También el autonomo o el minifundista ideal del anarquismo necesitarían de un capital para empezar a producir. Imaginemos que cultiva un cereal que sólo dará frutos al cabo de un año. ¿De qué sobrevivirá durante ese año? Tendrá que haber acumulado un stock de bienes que vaya consumiendo hasta que su producción (el cultivo) dé frutos. Ese ahorro es el capital circulante del minifundista.

En este caso, al haberse abstenido él mismo del consumo (ya que para ahorrar un stock de productos en el momento t hay que haberse abstenido de consumirlos en el momento t-1), el interés (esto es, el excedente final sobre el ahorro inicial) será totalmente del minifundista autónomo. Sin embargo, imaginemos ahora que soy un minifundista al que le acaban de regalar una tierra pero no tengo ningún tipo de ahorros. ¿Podré cultivar ese cereal que no obtendré hasta dentro de un año? ¿Y de qué viviré mientras tanto? La única opción que me queda, en caso de que quiera cultivar ese cereal, consiste en pedirle prestado a otro minifundista los ahorros suficientes para vivir durante ese año. En este caso, es el otro minifundista quien está sosteniendo los procesos productivos, absteniéndose de consumir. Por tanto, el interés le corresponderá a él. Cuando nuestro minifundista haya conseguido ahorrar (por ejemplo, consumiendo un poco menos durante el próximo año) será capaz de sostener por sí mismo los propios procesos productivos, quedarse con el interés e incluso prestarlo a otros minifundistas que están empezando.

En otras palabras, por supuesto que el capital se adelanta voluntariamente. De la misma manera que el trabajador presta sus servicios voluntariamente. Pero, de la misma manera que el salario es la contraprestación obligatoria por la prestación de servicios, el interés es el pago necesario e inerradicable de la provisión de capital (en realidad, el interés tiene una perspectiva más básica, de manera que incluso allí donde se ha prohibido el interés, éste ha emergido por otros caminos).

Pero esto no lo entiende Alberto: Yo creo que si el capitalista cobra un interés es porque hay un aparato detrás (una policía estatal o privada) que obliga a que cuando se le devuelva el dinero se le devuelva con un interés en vez lo que prestó y no más.

Dejando la caridad al margen (y no la dejo porque sea poco importante, sino porque en ella no se da un interés monetario sino psíquico, pero no quiero complicar a Alberto), la policía en este caso tiene poco que ver. Vayamos al ejemplo de los dos minifundistas, ¿qué incentivos tendría uno en prestarle al otro hortalizas para que coma durante todo un año (y así pueda producir ese cereal), si no es a cambio de un interés? Si yo presto 100 y dentro de cinco años me devuelven 100, ¿para qué prestarlas?

Además, no estamos hablando solamente de usura. Sin interés la producción y la estructura de capital se desvanece. Sabemos que beneficia más a los consumidores invertir el capital allí donde el interés sea más elevado (y al invertirlo, el interés se reducirá) y desinvertilo de allí donde sea más bajo (de manera que éste aumentará). Además, sin interés no podemos conocer si una inversión es rentable o no. Imaginemos que yo le presto al minifundista fondos para seis meses cuando su cultivo madura en un año. ¿De qué le servirían? De nada, sólo los habría dilapidado (ya que le siguen faltando fondos para seis meses más), en lugar de invertirlos en otros negocios en los que los cultivos maduren en seis meses. Y, por supuesto, si creemos que el interés debe ser 0, entonces TODAS las inversiones serían rentables.

Imaginemos que Juan le presta 100 euros a Pedro, a devolver a un año. Al cabo de un año, Pedro se ha gastado los 100 euros y no puede devolvérselos. Por ello le pide prestados 100 euros a Miguel, para devolvérselos a Juan. Al cabo de otro año, y de habérselos gastado, Pedro le pide otros 100 euros a Jaime para devolvérselos a Miguel. Pedro podría vivir siempre de este modo, cancelando las deudas con unos a través del préstamo de otros. En realidad, lo que haría sería consumir bienes y no producir ninguno. El interés provoca, en cambio que a Juan le tenga que devolver 105 euros (y por tanto 105 le deberá pedir prestados a Miguel), 110,25 a Miguel, y 115,76. En otras palabras, la deuda de Pedro va aumentando y, por tanto, encontrará cada vez menos gente dispuesta a prestarle esa cantidad creciente de fondos.

Trasladado al ámbito empresarial, ¿para qué nadie debería invertir en maquinaria, o adelantar el salario íntegro a los trabajadores, si, como mucho, una vez vendidos los productos obtendrá el mismo dinero que antes? De hecho, en realidad, nada sería más rentable que invertir en estadios cada vez más alejados del consumo: eliminado el interés, la única fuente de ganancia empresarial sería el beneficio y la única manera de obtener beneficios es evitando la competencia. Así, cada empresario se pondría a producir productos que nadie produce y que sólo dentro de muchos años madurarían. Por supuesto, la consecuencia de todo esto sería una mala inversión absoluta y la inmovilización del capital, hasta el punto de que deberíamos abandonar los métodos de producción indirectos y volver a recolectar frutas de los árboles.

Luego Alberto avanza su argumento principal: su argumento no veo que siempre pueda ser verdad. Vamos a ver, si yo hago piezas de céramica para usted y me paga a final de mes (o del día) por ese trabajo, según su argumento me estaría prestando dinero pues yo cobraría antes de que usted vendiese las piezas de cerámica que yo hice para usted. Bien. Pero aparte de que cuando usted venda las piezas de cerámica no es problema mío si no suyo, pues mi responsabilidad no incluye el ser comercial de su empresa a menos que lo haya firmado, pudiera ser que esas piezas de cerámica las venda usted antes de que me pague.(...) En ese caso, ¿qué dinero me estaría usted prestando ahí señor Rallo?.

Pues obviamente se lo estaría prestando. Como trabajador usted dispone de una maquinaria, unas materias primas e incluso un mostrador para producir y vender. ¿Han aparecido de la mano esa maquinaria, materias primas o escaparate? No, en absoluto. El empresario ahorró y adquirió maquinaria, materias primas y un local, lo cual no es rentable en sí mismo. Imaginemos que después de hacer estas inversiones, el gobierno obliga al empresario a cerrar, pudiendo retenerlas. ¿Sería rico el empresario? No, porque sus inversiones sólo son útiles en tanto que se produzcan bienes y servicios y éstos sean adquiridos por los consumidores.

Por tanto, la adquisición de maquinaria o materias primas no enriquece al empresario a menos que la inversión termine liberándose o desinmovilizándose (amortizándose, vamos). Usted, como trabajador, no tiene que haber ahorrado todo lo necesario para producir esa maquinaria o comprar las materias primas. Por tanto, la inversión del empresario, de la que el trabajador es sólo una parte, le reporta un interés futuro. Es más, la inversión no es estática, no se realiza una vez en la vida y punto. ¿Ha oído hablar de la depreciación? El capital va depreciándose y necesita reponerse. Por ello, el empresario tiene que volver a ahorrar y a reinvertir. Imaginemos que el empresario no adquiere interés. El capial iría depreciándose y, cada vez, la productividad del trabajador (y por tanto su salario) sería menor. Cuando el capital estuviera continuamente depreciado, el trabajador sólo dispondría de sus manos para producir. Tendría que empezar a fabricar máquinas (¿y de qué comería mientras las fabrica?), convencer a otros trabajadores para que le vendan barro (¿y cuándo pagará ese barro? ¿en el momento de la compra o una vez haya vendido sus mercancías? en este último caso, ¿por qué yo, propietario de barro, tengo que darle barro ahora para cobrar dentro de varios meses?) y construir un local con escaparate (para lo cual requeriré varios años, ¿de qué comeré si aún no estoy vendiendo?).

Por tanto, el ahorro y reinviersión empresarial son continuos. El empresario adelanta fondos o factores productivos, sin los cuáles sería imposible producir. Aunque, claro está, el interés será mayor cuando el empresario adelante también el salario que en caso de que no lo haga.

Luego hace una serie de consideraciones del tipo: Esto no es economía (quizás), es simple sentido común (quizás). (Por algo dicen que el sentimo común es el menos común de los sentidos) o que No creo que a muchos obreros les engañe usted con eso del prestamo, señor Rallo. Si les cueta eso posiblemente se reirán de usted. Vaya usted a hablar con un campesino de este país un poco mayor (como por ejemplo mi padre) que le tocase trabajanr de sol a sol. (Puedo hablar con mi familia, gracias). Es decir, apelaciones demagógicas en lo que debería ser un debate científico, muy propio de la carestía de ideas.

Más tarde, sigue mostrando su completa ignorancia con respecto al capital: Por otra parte no analiza usted el porqué los capitalistas tienen capital. Se lo digo yo: por la intervención del Estado que robó sus tierras a los campesinos.

Esto es una estupidez. La tierra no es capital, sino recursos permanentes. El capital se caracteriza por ser un recurso no permanente, que se deprecia y que debe ser reinvertido, la tierra no. Es más, la tierra, como ya hemos visto, es inútil sin capital. No niego que el Estado haya robado, en ocasiones, las tierras a sus legítimos propietarios (que no poseedores), pero obviamente la solución no pasa por abolir la propiedad privada, sino por devolvérsela a su auténtico propietario.

De la misma manera: Pero hasta algunos de ustedes reconocen que en un mundo sin Estado, se tendería al autoempleo. Los trabajadores serían capitalistas entonces. No sería fácil que alguien trabajase por un salario y entonces la forma de asociar capitales individuales sería a través de cooperativas.

Mire, su disociación de los papeles es lamentable. Muchos trabajadores ahorran y capitalizan sus rentas: son trabajadores y capitalistas. Y la manera en que capitalizan sus rentas es prestándoles el dinero (y cobrando intereses) a los empresarios que posteriormente los contratarán. Pocos economistas sensatos pueden sostener que el autoempleo, que a usted parece agradarle, tendría algún efecto positivo. Los procesos productos se basan en la cooperación y en la DIVISIÓN DEL TRABAJO. Usted propone atomizar la sociedad y cargarse ambos. Por otro lado, creer que la existencia de capital supone automáticamente la abolición del trabajo por cuenta ajena es una nadería. Tener capital no significa que todo el mundo se convierta en empresario, entre otras cosa porque entonces serían necesarios los trabajadores. ¿Qué sucedería pues? Si nadie quisiera trabajar y todos quisieran vivir del interés de su capital, la oferta de capital sería tan enorme y la de trabajo tan baja, que los salarios aumentarían sobremanera y, en consecuencia, los tipos de interés caerían. Por ello, una parte de los que capitalizaban rentas decidirán ponerse a trabajar.

Los disparates, con todo, se suceden: Después de todo, todas las teorías económicas son capitalistas, señor Rallo. Incluso la Unión Soviética era capitalista con empresarios y trabajadores asalariados desde cierto punto de vista.

No diga memeces. El capital no existe al margen de las relaciones jurídicas que se establezcan: sin propiedad privada no hay capital, sino sólo máquinas que trabajan descoordinadamente y que no sirven para satisfacer ninguna finalidad. Léase este artículo, quizá aprenda algo.

Por último, me resulta gracioso el reconomiento de su incapacidad para discutir: Sinceramente ni siquiera leí sus respuestas a mis artículos al completo. Lo siento, quizás no hice bien, pero cuando le vi tan obcecado pensé que no merecería la pena discutir con usted, pues consdieré que acabaríamos en un flame demasiado surrealista. ¿No los leyó, pero contestó a ellas(I, II)? ¿Qué clase de honradez y decencia intelectual es ésta? Supongo que debe ser la norma de la casa entre los socialistas, por eso siguen pensando como piensan.

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