liberalismo.org

Todo un hombre de Estado: Abril 2004

30 de Abril de 2004

No era ignorancia

Estoy asombrado. Los primeros días de esta legislatura se han convertido en un reguero de la peor demagogia imaginable. No ya por el triste episodio de genuflexión ante Bin Laden, sino por cuestiones relativas al nuevo "talante". Ayer el PSOE afirmó que bajarían el IVA de discos y libros. Genial. Calvo, la nueva ministra de Kultura, sentenció tajantemente que: se va a notar una rebaja real en el precio último que los ciudadanos van a tener que abonar. La perifrasis incoativa "ir+a" resulta así de inclemente. Su expresión de futuro inmediato es indeclinable.

Cuando esta mañana la Comisión Europea ha advertido al PSOE de que no podía reducir el IVA, he de reconocer que he juzgado que se trataba de un síntoma imprevisión e inexperiencia del nuevo gobierno. Se habían precipitado sin contar con información sobre cuáles eran sus competencias. Pero parece ser que no. La vicepresidenta del gobierno ha matizado que la ministra estaba expresando "sólo un deseo". Dudo que se haya tratado de una confusión en el modo verbal. La ministra no empleó el subjuntivo, ni parece que tuviera intención alguna de hacerlo. Como suele ocurrir, tal ocurrencia sólo puede ser fruto ante ignorancia o mala fe; pero después de las declaraciones de De la Vega, me temo que no cabe la primera alternativa. Mintieron deliberadamente; no hubo descuido alguno.

Han vendido humo, pero lo han vendido muy bien. En mes y medio elecciones europeas. En esto consiste el nuevo talante del PSOE, en mentir sonriendo. Han tomado el poder y harán todo lo posible para retenerlo, la desinformación es sólo un apartado en su estrategia; no el peor, pero sí el más efectivo.
El modus operandi de la Unión Europea

El PSOE ha intentado rebajar el IVA de los discos y libros. Buen pago por los servicios prestados. La medida en sí misma no me repugna en absoluto, aplaudiré cualquier reducción fiscal; ahora bien, eso no me impide concluir que la medida no responde a una súbita transformación del PSOE al neoliberalismo y que, desde Roma, el clientelismo es un corruptor estatal como ninguno.

Eso sí, los del PSOE es cuasi anecdótico al lado de los poderes despóticos y centralista que está adquiriendo la Unión Europea, quien no ha tardado ni un día en subrayar la imposibilidad de la rebaja del IVA. Sólo falta que le den motivos a Zapatitos para no bajar los impuestos. ¿Y esta es la Europa de los mercaderes? Una prueba más de la menguante soberanía de los Estados europeos en favor del gigantesco poder central europeo.

29 de Abril de 2004

De chiste, o no tanto

Por primera, y tal vez última vez, voy a permitirme postear un chiste procedente de los típicos fw que inundan las bandejas de entrada. He de reconocer que es realmente bueno -e ilustrativo de la situación política española.

El presidente Zapatero, en visita oficial a Inglaterra, es invitado por la Reina Isabel II a tomar un te. Durante el encuentro le pregunta cual es su filosofía de liderazgo y ella contesta que es rodearse de personas inteligentes. Entonces Zapatero le pregunta como sabe si las personas son inteligentes o no.

- Lo sé haciendo la pregunta adecuada - contesta, la Reina - deje que se lo demuestre.

La Reina llama por teléfono a Tony Blair y le dice:

- Señor Primer Ministro, le ruego que conteste a la siguiente pregunta: Su madre tiene un hijo, su padre tiene un hijo y este niño no es ni su hermano ni su hermana. ¿Quién es?

- Obviamente, ¡soy yo!, Majestad, - contesta Blair

- ¡Correcto! Gracias, Sir - dice la Reina y cuelga.

- ¿Ha entendido Mr. Zapatero? - pregunta la Reina

- ¡Claro! - responde sorprendido Zapatero - ¡Muchísimas gracias Majestad! ¡Sin duda haré lo mismo!

De vuelta a la Moncloa decide hacer la prueba a Caldera. Le pide que vaya a verle por una cuestión urgente y le pregunta:

- A ver, Caldera si me puedes contestar a esta pregunta...

- ¡Claro, Señor Presidente! ¿Qué desea saber?

- Tu madre tiene un hijo, tu padre también y este niño no es ni tu hermano ni tu hermana. ¿Quién es?

Caldera, con un poco de dificultad, contesta que le gustaría pensarlo bien para dar una respuesta apropiada. Al salir de la Moncloa, en el pánico total, organiza una reunión urgente con el nuevo gabinete del gobierno para analizar la pregunta. Después de varias horas, sin poder encontrar la respuesta correcta se les ocurre llamar a Bono que estaba de viaje:

- Oye Jose, una preguntita fácil.

- Dime.

- Tu madre tiene un hijo, tu padre tiene un hijo y este niño no es ni tu hermano ni tu hermana. ¿Quién es?

Jose Bono contesta enseguida:

- Pues soy yo, ¡claro!

Tranquilizado, Caldera llama al Presidente Zapatero y le dice:

- ¡Presidente, ya lo sé ! ¡Es Bono!

Y Zapatero indignado contesta:

- ¡No, idiota! ¡Es Tony Blair!

26 de Abril de 2004

Cámaras de seguridad en la calle

La localidad valenciana de Moncofar quiere convertirse en el municipio más seguro de España y para ello piensa instalar cámaras de seguridad en las callas de toda la ciudad.

Obviamente, esto reabre el debate sobre la pugna entre intimidad y seguridad. ¿Hasta qué punto puede considerarse una violación intolerable de la intimidad una medida sólo encaminada, en principio, a perseguir actos criminales?

La cuestión no es sencilla; de hecho, como ya he apuntado en repetidad ocasiones acerca del derecho a fumar, resulta insoluble. No existe un derecho genérico a la intimidad que pueda ser violado, de la misma manera que no existe un derecho genérico a fumar. La regulación de semejantes supuestos es factible mediante los derechos derivados de la propiedad. Tengo derecho a fumar en mi casa, porque así lo reputo. Tengo derecho a fumar en casa de mi amigo, porque me lo permite. Debo someterme a la vigilancia por parte de cámaras en la panadería de al lado de mi casa, porque yo entro en la panadería aceptando las condiciones que el panadero impone para permitirme entrar.

El problema, pues, lo hallamos en la titularidad pública de las calles. Como fruto de una apropiación ilegítima por parte del Estado, podemos decir que las calles no tienen, en realidad, ningún propietario; al menos ningún propietario legítimo. La burda y ficticia hipótesis de que "todos" somos propietarios de las calles no soluciona en nada el conflicto, pues en ese todos, abstracto e indefinido, todos tenemos intereses dispares que, como legítimos propietarios, deberíamos poder ver satisfechos. Unos pueden desear seguridad, mientras otros prefieran intimidad. ¿Cómo solucionar este dislate? Devolviendo las calles a sus legítimos propietarios, sus moradores. ¿Qué capacidad de decisión debiera tener yo sobre la calle de un habitante de Moncofar, localidad que nunca he visitado?
Otra visión de Muqtada al Sader

Ayer Dani publicó un artículo de Joseph Sobran acerca del ímpetu neoconservador por expandir el modelo democrático por todo el mundo, en especial tras el 11 de septiembre, al socaire de la guerra contra el terrorismo; lo que Muñoz Ballesta ha denominado con acierto imperialismo generador. Ayer también, el líder chií Muqtada al Sader ofrecía al todopoderoso ejército español floripondios y ayuda para retirarse de Irak. No debemos extrañarnos. Huir es de cobardes y débiles, y los débiles necesitan ayudan de sus aliados.

Entre la mayoría de liberales españoles, la guerra estuvo siempre plenamente justificada. Las razones son múltiples -objetivo liberador de la guerra, el apoyo de los liberales mediáticos a la misma, confusión entre EEUU y liberalismo, unión de la izquierda totalitaria...- y no son el motivo del post. No obstante, aún considerando la delicada situación política de nuestro país, no debemos olvidar que al otro lado del charco, los libertarios han abanderado, casi más que la izquierda, el movimiento antiguerra.

Si bien buena parte de la izquierda tiene como aspiración última destruir Occidente, me consta que ningún libertario, ferviente defensor de la libertad, está subido en ese tren. Sobran es uno de los propagandistas más exitosos y sólidos que tiene la causa de la libertad en EEUU. Como la mayoría de los libertarios de EEUU, se ha opuesto a la guerra y a la "ocupación" iraquí. Esto le ha llevado, les ha llevado, a conclusiones, en mi opinión, poco afortunadas como la de considerar a Saddam Hussein un dictador cuasi-liberal. Aún así, las aportaciones de mentes tan lúcidas deben ser tenidas y consideración, no obcecándonos en lo que a primera vista nos parece una verdad irrefutable.

Sobran dedica su columna de esta semana a examinar, y limpiar, la figura de Muqtada al Sader. Para ello recurre a un mensaje que Muqtada ha remitido a los ciudadanos yankees: "Hago un llamamiento al pueblo americano para resistir al lado de sus hermanos, el pueblo iraquí, quien está sufriendo la severa injusticia de sus gobernantes y de un ejército de ocupación, para facilitar la transferencia de poder a iraquíes honrados. De lo contrario, Iraq será otro Vietnam para los ocupantes americanos"

Sobran se sorprende por el mensaje por diversos motivos. Primero porque Muqtada apela a la conciencia y al sentido de justicia de los americanos; segundo porque los califica de "hermanos" y no de "infieles" y tercero porque no amenaza con ningún tipo de represalia en EEUU, tan sólo reclama la retirada de las tropas a EEUU. Sobran también se queja de que se tilde a al Sader de seguidor de Saddam, cuando el ex dictador asesinó a su padre y a sus hermanos.

Por otro lado, no acepta que la denominación de terrorista para al Sader. ¡Atacar a los soldados invasores en tu propio país es terrorismo! De lo que Muqtada habla está años luz de asesinar gente inocente en Nueva York. Está hablando de luchar en su propio país. A esto se le solía llamar guerrilla ofensiva. Generalmente se trata de la única opción militar contra un poder invasor. La Resistencia francesa todavía se enorgullece por haberla usado contra la ocupación alemana durante la II Guerra Mundial.

Y es que según el autor en los medios de comunicación americanos, sólo los soldados americanos destinados a Irak son considerados completamente humano; sus muertes y mutilaciones son trágicas. Los iraquíes que no acogen su presencia son todos aglutinados como terroristas. Sus muertes son similares a las de los insectos. Nos quedamos allí por libertad. Quienes se enfrentan a nosotros odian la libertad.

Además, Sobran se queja de que esta súplica de Muqtada sea ignorada en los medios, incluso por el candidato oponente a Bush, John Kerry. De ahí, que Sobran deduzca que Kerry proseguirá la guerra contra el terorrismo, pues se trata de una excusa útil para el poderío de los EEUU, incluso si Kerry lo trocara en apariencia con un enfoque multilateral.

El último dardo lo dirige contra Bush, quien posiblemente ya se haya dado cuenta de lo que está ocurriendo: ha creado otro Vietnam, pero prefiere mantenerse a cualquier coste para los demás, antes que pagar por sí mismo el precio del error. Al fin y al cabo, cuando un político se enfrenta contra su consciencia suele vencer por goleada.

25 de Abril de 2004

De Múgica a Chalvidant

Leo en el Semanal Digital que próximamente aparecerá en Francia un libro titulado 11-M: La manipulación donde se narra cómo el PSOE apoyándose en grupos totalitarios convirtió en "asesino" al Gobierno que más asesinatos terroristas ha evitado, en "ocultador de información" a un Gobierno que comparecía a los pocos minutos de disponer de la más mínima noticia procedente de la investigación, y en "mentiroso" a un Gobierno de cuyas comparecencias ninguna ha sido desmentida. El libro, de Jean Chalvidant, se suma, pues, a la investigación que Fernando Múgica publicó en el Mundo sobre la responsabilidad informativa del PSOE y sus agentes afines, curiosamente opacada por la huida de Irak.

El Semanal Digital asegura, con todo, que el autor no responde a la incógnita de si el PSOE tendrá que pagar algún tipo de peaje a esos grupúsculos desinformadores que le ayudaron a alcanzar el poder. En mi caso guardo escasas dudas. Aparte de lo ya indicado aquí, en Espacio Alternativo -donde, dicho sea de paso, no parecen muy encantados con mi análisis sobre su artículo Welcome Lenin!- siguen la misma línea: Se trata sin duda de una victoria [la de retirar las tropas] de las gentes que nos hemos movilizado contra la guerra y en solidaridad con la resistencia frente a la ocupación de ese país y que ahora nos ha de llevar a exigir del gobierno que vaya más lejos pidiendo que los demás países ocupantes hagan lo mismo y contribuyan a restablecer la soberanía del pueblo iraquí.

No sé si Zapatero y Chalvidant conocen el castizo refrán de bien nacidos es ser agradecidos, de lo que estoy seguro es de que toda esta miríada caótica de totalitarios reciclados en la fe antineoliberal, no sólo lo conocen sino que van a hacer valer sus "derechos".

24 de Abril de 2004

Sala-i-Martín sobre Kerry

Sénca me ha enviado el link de un artículo en el que Sala-i-Martín comenta un rasgo antiliberal de la personalidad de quien, según Farah, será el próximo presidente de los EEUU. Cómo no, se trata de una crítica dirigida contra la función empresarial; en concreto, ha calificado de traidores a los empresarios que deslocalizan parte de su producción hacia el extranjero. ¿Una traición a quién?, debería alguien haberle preguntado.

Con todo, la crítica de Sala-i-Martín resulta más suculenta: Kerry es un grandísimo hipócrita. Un hipócrita porque su fortuna personal está ligada a la de su esposa, la reina del ketchup. La multinacional Heinz tiene fábricas por todo el mundo, fábricas deslocalizadas que le dieron a John Kerry unas rentas de cerca de cuatro millones de dólares en el año 2003 y que, supongo, hacen que él mismo sea uno de esos “empresarios traidores”. Kerry también es un hipócrita porque su candidatura ha aceptado donaciones de compañías como Citigroup, AOL-Time Warner, Morgan Stanley o Goldman Sachs, que han enviado una parte importante de sus servicios financieros al extranjero.

Claro que los ataques ad hominem no deben fundamentar el grueso de la invectiva: los políticos siguen sin entender que el comercio internacional es beneficioso y su ignorancia sigue perjudicando a la ciudadanía. (...) La deslocalización de los servicios no es más que la última manifestación de la bondad del comercio internacional: los ciudadanos indios salen ganando porque tienen trabajo y los americanos también porque pueden comprar más barato. El dinero que la seguridad social norteamericana se ahorra enviando los análisis de rayos-X a la India se puede emplear en la contratación de más doctores o la construcción de más hospitales cosa que, además de ser buena para los pacientes, creará otro tipo de puestos de trabajo. El comercio internacional de bienes y servicios es bueno y ésa es, guste o no guste a los políticos más obtusos, la lección que nos da la ciencia económica. Una lección que vino hace unos 200 años de la mano de David Ricardo, una lección que muchos se obstinan en no aprender.

La segerencia de enviar los análisis de rayos-X a la India la formuló el asesor económico de Bush, Gregory Mankiw, famoso en todo el mundo por sus manuales universitarios de economía. Y si bien es cierto que Bush, a través de Mankiw, no erraba en este sentido, habría que preguntarse a qué vinieron los aranceles sobre el acero de Bush y a qué intereses respondían.

Coincido con Farah en que Kerry es un tipejo peligroso, cristalización del peor populismo clintoniano. Había candidatos mucho mejores dentro del partido demócrata como Joe Lieberman quien, dentro de la retórica antimercado de derecha e izquierda, se postuló como un defensor, por ejemplo, del comercio internacional. Pero que Kerry sea un mal candidato y un todavía peor virtual presidente, no convierte, o no debiera convertir, a Bush en un buen político. Como bien señala en su columna Farah: No creo que lleguen a presentarse auténticas alternativas políticas si perseveramos en el error de apoyar al menos malo de ambos diablos.

Kerry es peligroso, Bush también. Kerry será un mal presidente, Bush lo ha sido y seguirá siéndolo. Difícil elección. Máxime cuando Browne -me da hasta risa apostillar esto- no tiene ninguna posibilidad.

23 de Abril de 2004

Un Sant Jordi sostenible

Acabo de escuchar en TV3 que, este año, en la fiesta de Sant Jordi -cuya tradición esencial es regalar un libro y una rosa- se ha constituido una plataforma denominada "Sant Jordi sostenible". Entre las diversas actividades que realizan -como vender libros de temática ambiental- se encuentra también la de organizar un intercambio entre libros usados; esto es, los estudiantes traen los libros que ya no necesitan y pueden llevarse otros de semejante calidad pero que sí les son útiles.

Una organizadora, enorgullecida por tan bárbara y genial ocurrencia, comentaba que de esta manera: los niños se preocupan por conservar los libros, ya que cuanto mejor sea su estado, mejores libros podrán obtener a cambio. La finalidad de semejante proyecto sería conseguir poner la cultura al alcance de todos.

He de decir que la iniciativa me parece atractiva. Mi crítica no se dirigirá hacia la misma, ni mucho menos. El problema es que me parece rídiculo considerar que la economía de trueque "coloca la cultura al alcance de todos" mientras que se critique que la economía del cambio indirecto -es decir, la economía en la que el intercambio se efectúa indirectamente a través del dinero- excluye a ciertos estratos de la población de acceder a la misma.

El intercambio directo es un estadio primitivo de la economía. Con ello no quiero decir que debamos despreciarlo; el trueque puede ser, en determinadas ocasiones(ocasiones en las que no sea necesario recurrir a un paso intermedio para alcanzar la solución deseada), una herramienta más eficaz que el cambio indirecto. El comercio nació con el trueque. Nada nuevo bajo el sol, tampoco bajo el sol de la progresista Barcelona.

Es risible que esta gente crea haber encontrado una especie de panacea a los supuestos males de "la mercantilización de la cultura" redescubriendo los orígenes del capitalismo. Será que, tal vez, como la iniciativa empresarial ha sido, en esta ocasión, suya, se sientan orgullosos y prestos a defenderla. A enemigo que huye, puente de plata. Bienvenidos a la defensa del libre mercado, aunque mucho me tema que sólo defiendan "su libre mercado".

Con trueque o sin él, quizá debieran darse cuenta de que el capitalismo es el único marco en el que la función empresarial (también la de el colectivo "Sant Jordi sostenible") puede realizarse de una manera más perfecta. Debieran darse cuenta, pero no lo harán. La fuente de su negocio, de su negocio capitalista, se fundamenta precisamente en despotricar contra el capitalismo. Quizá Lenin no estuviera tan equivocado cuando señaló que "los capitalistas nos venderán la soga para ahorcarlos". Al menos, la inteligencia de algunos capitalistas así hace preverlo. Sant Jordi sostenible, descubriendo el capitalismo.
Kerry será presidente, según Farah

Joseph Farah pronostica en el World Net Daily que Kerry ganará las próximas elecciones presidenciales. Aunque actualmente el candidato demócrata se este distanciando de Bush en todas las encuestas, y aunque es cierto que Kerry es un burgués descafeinado, antipático y sin sentido del humor; sin embargo, está dentro de la horquilla en la mayoría de las encuestas. Es absolutamente increíble. Y esa es la razón por la que Bush perderá las elecciones.

De hecho, Bill Clinton estuvo en una posición semejante a la de Kerry hasta que llegó la Convención Demócrata. Los demócratas son excelentes organizando semejantes circos; Hollywood removió todos los obstáculos de Clinton.

Y, de nuevo, en 1996 Clinton iba a la zaga de Bob Dole en las encuestas hasta la Convención Demócrata. La Historia se repitió. De hecho, aunque Al Gore en el 2000 perdió las elecciones, gracias a la Convención Demócrata ganó a Bush en voto popular. Esta es mi predicción. Anótenla. Recuerden dónde la han escuchado. El día siguiente a la Convención Demócrata, Kerry se convertirá en el candidado ganador.

No puede sentenciarse, en absoluto, que Farah sea un seguidor obcecado de Kerry, más bien todo lo contrario. Aunque creo que Bush ha sido un pésimo presidente por diversos motivos y que no puedo darle mi apoyo en la reelección, estoy seguro de que Kerry será calamitoso para el país.

Quizá por ello, mucha gente me ha exhortado a votar a Bush. Pero, una vez más, Farah se muestra un hombre de formidables convicciones: No puedo hacerlo. No lo haré. No puedo desperdiciar un voto en un candidato que no respeta la Constitución de los EEUU, aunque juró apoyarla. No votaré a un candidato que ha incrementado el gasto -no solamente en defensa, sino en todas las partidas- de una manera tan dramática. No creo que lleguen a presentarse auténticas alternativas políticas si perseveramos en el error de apoyar al menos malo de ambos diablos.

Todo ello a pesar de que Kerry sea un hombre peligroso y de que piense que va a ser el próximo presidente. Bush perderá las elecciones porque es más odiado ahora que en el 2000. La oposición se unirá para derrotarle en esta ocasión.

Malas perspectivas según Farah. Estoy asombrado viendo como el equipo de Bush se desliza y arrastra hacia la derrota. Están actuando como si fueran genios políticos. Parecen olvidar que Al Gore sacó de hecho más votos que Bush en el 2000. Ganará Kerry, pero por favor, no culpen al mensajero.

21 de Abril de 2004

Felicidad por decreto

Felicidad. Ya he tratado en alguna ocasión sobre ella. Schopenhauer afirmaba que sólo podíamos reducir el malestar y la insatisfacción. Mises, quizá más optimista, relaciona la felicidad con el cumplimiento de los fines que nos propongamos.

A riesgo de ser repetitivo, es necesario recordar que todo fin necesita de sus medios para poder realizarse. Si un fin no requiriera de sus medios, no existiría en cuanto a tal, pues se trataría de una condición innata al ser humano. No sólo eso, sino que por existir en infinitas unidades (sin medios la escasez no toma presencia) no adquiriría ningún valor.

Consumo y satisfacción de las necesidades (salvo error empresarial) son equivalentes. Nos vemos realizados cuando consumimos nuestros medios con objeto de que den respuesta a nuestro fin. Sin consumo, no hay felicidad.

El socialismo odia el consumo, hasta el punto de tildarlo, como si de una patología se tratara, de consumismo. El socialismo odia, no puede señalarse otra cosa, la felicidad humana. Opone trabas gubernamentales a la realización de nuestros fines; precisamente por ser nuestros, por no ser los que ellos nos han impuesto y asignado.

La finalidad del comunismo consiste en alcanzar un paraíso sin clases, donde el trabajo, lejos de ser odioso, comporte felicidad. No llegó a comprender Marx que el trabajo nunca es un fin, sino siempre un medio, un factor de producción de otros medios. La desutilidad del trabajo nunca podrá desaparecer; ciertamente, algunas personas podrán considerar más insufribles unos trabajos que otros, pero siempre existirá un minimum de desutilidad.

Puede argüirse para confrontar la aserción de una desutilidad permanente en el trabajo el hecho de que algunas personas disfruten con determinados trabajos; a gente para la que trabajar constituye un fin. En realidad, la crítica proviene de una confusión de los conceptos de trabajo con "esfuerzo" o "actividad". Jugar al golf, dar clase, esquiar o cuidar el jardín pueden ser fines en sí mismos, pero en ese caso no se trata de trabajo, sino, como indicó Fetter, de un "juego" -un profesor puede disfrutar dando clase, sin embargo esto sólo constituirá un juego en tanto en cuanto la identificación actividad/fin, sobre todo en la dimensión temporal, sea completa.

El comunismo al predicar la felicidad del trabajo está condenando, de facto, a la sempiterna infelicidad al ser humano. Le veda la entrada al reino del ocio y del consumo, para retenerlo en el de la producción de unos medios que nunca podrá consumir -probablemente destinados a los miembros del Partido. El comunismo se convierte, pues, en una dictadura de la producción, en una esclavización universal.

Claro que Marx podría, quizá, referirse a que su sistema intentaría trocar el trabajo por un juego. En ese caso, el comunismo trataría de imponer sus fines a los de la ciudadanía. Mediante la reeducación, la coacción, la propaganda y la purga, la ciudadanía amaría su "puesto de trabajo" hasta el punto de convertirse en un juego. Los otros fines, los de los individuos, serían no sólo despreciados, sino perseguidos como herejías a la verdad oficial.

Abel Prieto, ministro de Cultura cubano, en una visita oficial a Argentina, hizo énfasis en la necesidad de combatir la mediocridad y la frivolidad y de rechazar las manipulaciones que tratan de que el ser humano asocie la felicidad al consumo.

Aunque bueno, cuando el ser humano juega, Sr. Prieto, está, de hecho, consumiendo, esencialmente tiempo. Aunque esto no importa, no le importa; juegos de palabras neoliberales. Eso sí, resulta insoslayable que la dictadura cubana desprecia los deseos de sus prisioneros-súbditos cuando les impone coactivamente unos fines que difícilmente coincidirán en naturaleza e intensidad con los de los individuos. El comunismo combate, repitámoslo una vez más, la felicidad del ser humano.

Ello no obsta para que Prieto proponga un Frente Antifascista Mundial cuya finalidad sería luchar contra la globalización neoliberal, esto es, con la capacidad de que todas las personas, vivan donde vivan, puedan luchar por su felicidad tal como ellos, y no usted, la entienden. Parece ser que las estrategias leninistas no terminan de ser enterradas.

Pero bueno, mañana otro día. El terror cubano, ¡cómo no!, seguirá siendo sólo Guantánamo.

19 de Abril de 2004

El poder de la calle

Una cosa está clara. Zapatero ha adoptado la actitud que contra los terroristas, los que pretenden aterrorizar al adversario, nunca debe mostrarse: miedo. Ha cedido de manera escandalosa a su principal reivindicación, retirarse de Irak, dejar el país a merced del terrorismo islámico. Pero si eso es cierto, que lo es, no resulta baladí cierto que a esta victoria externa, deba sumarse otra interna no menos significativa: la de la manifestación como origen del poder estatal.

La parte izquierdista del movimiento antiguerra, que ya obtuvo su triunfo con ZP, ve ahora reafirmado su poder cuando el presidente del gobierno ha cedido con semejante celeridad a su principal reivindicación. Una diferencia debe quedar someramente clara. Cuando el liberalismo reclama que debe ser la sociedad, los individuos, los depositarios del poder frente a la injerencia estatal, no se está refiriendo a que la coacción del Estado debe ser manejada por la sociedad; muy al contrario, no debe existir esa coacción.

Así, que la pancarta, la manifestación y el líder espirintelectual consigan domeñar y controlar las decisiones del Estado, en absoluto, es motivo de alegría, ni siquiera para los anarco-individualistas. Es más, supone un terrible avance de peligroso alcance en la masificación y colectivización del ejercicio del poder.

Los nuevos dueños de la omnipotencia estatal, esos mismos que publican consejos golpistas-leninistas para quebrar y podrir la sociedad hasta conseguir su deseado eslabón débil, han interpretado correctamente el mensaje transmitido por Zapatero. Leo en Nodo50:

Las tropas españolas se van de Irak!!
El poder multitudinario de la calle se confirma como fuerza política de primer orden, con capacidad para intervenir en la escena política estatal y alterar la geopolítica imperial
Hoy a las 22:00 concentración y festejo popular en la Puerta del Sol de Madrid


Esto es sólo el comienzo. La cesión ante los terroristas ha precedido a la cesión ante los que pretenden tomar a golpe de pancarta -pancartas entre las que estuvo el actual presidente del gobierno- el control estatal. Las manifestaciones no pretendían ser una puntual protesta que presionara al eventual ejecutivo. Se trataban, en realidad, de un conato de institucionalizar una nueva forma de gobierno. El poder multitudinario de la calle se confirma como fuerza política de primer orden. No van a parar. Lo han conseguido.

18 de Abril de 2004

Terror en Cuba

Tras comentar el artículo Welcome Lenin!, entre por casualidad en otro artículo de la misma página titulado Derechos humanos y terror en Cuba.

Me sorprendió el título, ciertamente; máxime estando en una página que publica consejos leninistas para tomar el poder. Pensé en que, tal vez, se trataba de un miembro del Movimiento Libertario Cubano -partido anarcosindicalista foribundo opositor al régimen- aunque su nombre, Emir Sader, no parecía confirmar tales sospechas.

Leído el primer párrafo mi desconcierto seguía en pie: La situación es insostenible, de hecho la comunidad internacional tiene que tomar una actitud drástica e inmediata para terminar con la violación de los derechos humanos más elementales que se hace diariamente en Cuba. ¿Estaban sugiriendo en una página comunista una guerra contra Castro? No daba crédito a cuanto estaba leyendo... Y menos mal que no lo di, pues lo hubiera perdido inocentemente.

La lectura del segundo párrafo aclara cualquier tipo de duda: Mil cien presos están sometidos en la Isla a la peor situación a la que pueden ser sometidos seres humanos. No supe si reírme o cabrearme por la miseria moral de semejante sujeto. Si en Guantánamo hay 1100 presos -no pienso entrar en mayores consideraciones acerca de su culpabilidad, no es necesario- en la isla-cárcel cubana hay 11 millones de prisioneros: exáctamente diez mil Guantánamos.

¿Y quién viola los derechos humanos de Cuba y, por tanto, de los cubanos? ¿EEUU? ¿Bush? Lamentable. Casi tanto, como la conclusión del artículo: Y, entre tanto, paradójicamente, en esta semana una moción de censura a Cuba, al régimen del otro lado de la Isla, por violación de derechos humanos fue presentada por el gobierno de Honduras -redactada en inglés directamente por el gobierno de Estados Unidos, conforme un documento interceptado por el gobierno cubano y denunciado a la prensa mundial - en la Comisión de Derechos Humanos de Ginebra, como una maniobra norteamericana más para mantener el bloqueo a Cuba, donde, ni de lejos, nada de lo denunciado en el libro de Bonini acontece.

Ni bloqueo, ni tan siquiera embargo. ¿De qué me esta hablando Sr. Sader? ¿Conoce la diferencia entre bloque y embargo? ¿Conoce la diferencia entre embargo real y embargo figurado? ¿Conoce la diferencia entre 1100 personas y 11 millones? Por lo visto no, ni la conoce ni quiere conocerla. Con besar los pies a cuatro dictadores asesinos se conforma uno. Felicidades.

17 de Abril de 2004

¿Cien años más de leninismo?

No es muy difícil darse cuenta de que José Ignacio del Castillo es uno de los intelectuales liberales españoles más importantes del momento. Para corroborarlo, sólo es necesario ver, no sólo la gran cantidad de artículos publicados en esta web, sino también la extraordinaria calidad de los mismos.

¿A qué viene semejante panegírico se preguntarán? José Ignacio publicó tanto en la Ilustración Liberal como en esta web un artículo titulado "Cien Años de Leninismo". En el mismo, trataba de describir el leninismo, seguramente el corpus teórico-práctico más irresistible jamás inventado para hacerse con el poder político, para mantenerlo y para extenderlo universalmente.

Pues bien, hoy buceando por las cloacas de la Red, actividad que como sabrán los lectores de la bitácora me divierte bastante, me he encontrado con este escrito: Welcome, Lenin!, cuyo mensaje esencial es la necesidad de organizarse políticamente y de la lucha política, de la política entendida como arte estratégico para los momentos propicios y los eslabones débiles, para la transformación radical de la sociedad y de la necesidad de una revolución social y política entendida como autoemancipación colectiva.

El autor, Carlos Sevilla, expone una serie de recetas y consejos para tomar el poder; casualmente éste era el objeto del análisis de José Ignacio del Castillo. Mi objeto, pues, va ser comparar ambos textos, intercalando alguno del propio Lenin, y buscar sus paralelismos. Para facilitar la lectura, los extractos del texto de José Ignacio irán en azul, los de Sevilla en rojo y los de Lenin en verde.

Las ideas de Lenin no fueron completamente novedosas. Tkachev escribía ya en 1874: "El pueblo es incapaz de hacer una revolución social (...). Evidentemente el pueblo es indispensable para la revolución. Pero a condición de que la minoría revolucionaria asuma su dirección". Necesario es advertir sin embargo, que detrás de todo el lenguaje pomposo de "pueblo" y "revolución social", lo que subyace es una simple y a la vez formidable idea: Construir toda suerte de resortes y mecanismos con los que una elite fanatizada y sedienta de poder pueda teledirigir a las masas en su conjura para la dominación mundial. Ciertamente, la posición privilegiada del partido queda expuesta cuando se afirma que: El partido es un vector privilegiado de la expresión política de la "crisis revolucionaria y que es necesaria la distinción entre partido y clase (político y social), puesto que la lucha de clases no se reduce al antagonismo obrero-patrón, sino que confronta a la clase capitalista entera al nivel de la reproducción de conjunto. O, en palabras del propio Lenin: Nos vemos precisados a reconocer que sólo esta minoría consciente puede dirigir a las grandes masas obreras y llevaras tras de sí(...) Esa minoría es, en esencia, el partido. ¿Pero cuál será la misión de esa minoría consciente? La lucha decidida por la dictadura del proletariado. ¿Y qué es la dictadura del proletariado? La dictadura del proletariado es el aplastamiento por la violencia de la resistencia que ofrecen los explotadores. Difícil ser más claro.

De esta manera, entronizado el partido se convertía con ello en el valor supremo. Poco espacio quedaban para las libertades u otros principios democráticos. Hasta el punto en que la lucha política toma necesariamente la forma de lucha de partidos. Para alcanzar tales objetivos la adhesión al partido debía suponer un compromiso personal con la organización. Implicaba además de la aceptación de la totalidad del programa, una participación activa en el partido. Es decir, el miembro del Partido leninista va a ser un activista, obediente, mentalizado y disciplinado. Así se expresaba Lenin: Jamás preparéis la dictadura del rpoletariado si no preparáis a los obreros para crear un partido verdaderamente disciplinado que obligue a todos sus miembros a someterse a su disciplina. Hasta el punto de que la ausencia de disciplina debe conllevar la persecución del desertor: Los mencheviques y los socialrevolucionarios rusos, al quejarse de que los bolcheviques los persiguen, intentan ocultar que eso ocurre porque participan en la guerra civil al lado de la burguesía, contra el proletariado. Olvida Lenin quién comenzó la guerra civil, pero eso carece de importancia. Como ya ha apuntado antes José Ignacio, todo se subordina al partido.

Asentadas las bases, comienza la estrategia golpista. El término revolución debe entenderse en un sentido amplio. La toma del poder político valiéndose de la insurrección armada o del golpe de estado son solamente dos entre una más amplia gama de métodos disponibles.. No sólo eso, no hay que olvidar que una estrategia revolucionaria implica tácticas reformistas o mejor dicho que reforma y revolución se enlazan con "programa de transición". Claro que, ello no obsta para olvidar que los principios del comunismo consisten en el establecimiento de la dictadura del proletariado y en la aplicación de coacción por el Estado durante el período de transición.

En cualquier caso, para asaltar el poder es necesaria una degradación previa, constante y progresiva del tejido social. Una ocupación creciente de pequeños puntos que vayan extendiéndose como la gangrena. El objetivo es convertir una sociedad sana, fuerte e inexpugnable en un cuerpo enfermo, cansado y sin ánimos de resistir. Misión que, cómo no, corresponderá al partido: el partido tiene la función de estar a la escucha, descifra en el campo político la manera a través de la cual se manifiestan las contradicciones sociales y económicas ( y también de otro tipo: culturales, sexuales, ecológicas, etc) bien en una lucha estudiantil o electoral o en un acontecimiento internacional que se revelan como síntomas de una crisis global latente de las relaciones sociales así como de aquello que constituye el acontecimiento político.

José Ignacio extrae del manual de A. Neuberg, Der Bewaffnete Aufstand (La Insurrección Armada) que sirvió durante el período de entreguerras a la formación de cuadros comunistas por la KOMINTERN los cuatro factores necesarios para estimar una situación como pre-revolucionaria.

El primer factor tiene que ver con la pérdida de la capacidad de mando por parte del gobierno puesto que los dos principales objetivos en toda contienda son la voluntad y la capacidad de lucha del enemigo. La merma de capacidad de mando gubernamental vendría manifestada por un gran deterioro tanto de los medios para la defensa como de la autoridad para imponer la legalidad y el orden público. También, la "crisis revolucionaria" en ciertas ocasiones excepcionales y particulares, el Estado se vuelve vulnerable, el equilibrio de fuerzas se torna crítico, no importa cuando "todo desorden de ritmos produce efectos conflictivos. O en otras palabras, ¿No sabe, acaso, que toda crisis revolucionaria va acompañada de una crisis parlamentaria?

Otro elemento esencial se produce cuando el gobierno ha perdido su legitimidad entre amplias capas de la población. O, en palabras de Sevilla: ¿Qué es la "crisis revolucionaria"?: Lenin no da una definición precisa. Enumera antes sus condiciones algebraicas generales: cuando los de arriba ya no pueden...; cuando los de abajo ya no quieren...; cuando los de en medio dudan y pueden cambiar de campo. El nexo entre los de arriba y los de abajo se rompe, el gobierno, los de arriba, pierde capacidad de mando y queda deslegitimido entre el populacho, los de abajo. Y para ello, podemos oponer contrapoderes al poder coercitivo del Estado, incluso podemos ignorar el poder, él no nos olvidará(Chile 1973, Chiapas 1994-2004, Argentina 2001, Bolivia 2003, etc.)

El tercer factor es una grave crisis económica y social que afecte a una mayoría de gente. Crisis que deberá encauzar el cuarto elemento: unas fuerzas insurgentes organizadas y preparadas para la toma del poder. En estos momentos de crisis, el Partido aparece como un elemento de estabilidad: El partido es el elemento de continuidad de las fluctuaciones de la conciencia colectiva. Pues, en el fondo, nuestra única estrategia consiste en ser más fuertes y, para ello, más inteligentes, más sensatos, más oportunistas. Pero la mejor síntesis la tenemos de la pluma de Sevilla: Pero para que una crisis desemboque en victoria falta el cuarto elemento: un proyecto y una voluntad política capaces de decidir el instante crítico entre varios posibles. El partido es una pieza central del dispositivo estratégico.

Para crear esta crisis social, indicador de una situación prerrevolucionaria, todo vale. Tanto las actividades "legales" amparadas en las libertades democráticas como las ilegales -terrorismo, espionaje, sabotaje, desinformación, bandolerismo. Sevilla así lo explica: Lenin distingue: "principios de organización" ligados a las condiciones generales de lucha sobre el capital y "sistema de organización" variable según condiciones concretas de legalidad, represión o desarrollo sin perder el hilo conductor de los principios en el laberinto de las oportunidades. O traduciéndolo: Si el gobierno reprime[las actividades terroristas], deberá verse obligado a desmontar todo el aparato leninista al trata de cortar de raíz la subversión. Esto implica no sólo detener a los que ponen bombas y pegan tiros, sino combatir fuentes de financiación, aparatos de propaganda, equipos de captación y apoyo de activistas... Los leninistas trabajarán en ese caso los tópicos de “caza de brujas”, recortes de la libertades, dinámica represiva que no va al “fondo del problema” y más opresión.

Sin embargo, en nuestro análisis comparativo resulta mucho más interesante trazar las semejanzas entre las tácticas legales. No hay que ser tan iluso como para pensar que, por ejemplo, Sevilla excitará a la comisión de actos ilegales. Al fin y al cabo, como él mismo señala: La reflexión sobre el funcionamiento democrático de la formación política, no se deduce sólo de la "forma partido" sino de toda organización inmersa en una sociedad caracterizada por la división social del trabajo y sobre todo por la división del trabajo manual e intelectual

José Ignacio divide en dos las actividades legales: campañas de agitación de masas, técnicas de infiltración y frentes amplios a través de organizaciones fachada.

La función de la agitación sería explotar los agravios (reales o ficticios), esperanzas, aspiraciones, prejuicios, miedos e ideales de todos y cada uno de los grupos que conforman la sociedad desde el punto de vista religioso, económico, político o racial. Al fin y al cabo, Lenin relataba que la camarada Sylvia Pankhurst ha indicado varias veces en la Comisión que en Inglaterra "hacen falta izquierdistas(...) y que somos los mejores pioneros, pero, por ahora, lo que más hacemos es meter ruido". Yo no entiendo estas palabras en el mal sentido, sino en el bueno, en el sentido de que lo que mejor hacen es agitación revolucionaria. Nosotros apreciamos eso y debemos apreciarlo. Sevilla, con todo, moderniza esta táctica: También hay condiciones nuevas en el tiempo presente(...), la socialización de los antiguos monopolios de poder informativos mediante internet, la posibilidad de convocar acciones de vanguardia en red o "difusa" mediante nuevas tecnologías (ej. de la "noche de los mensajes cortos" mediante SMS de teléfonos móviles, el día 13-Marzo del 2004, día de reflexión electoral frente a las sedes del PP que posibilitó la victoria electoral del PSOE).

Otro paso era el de la infiltración y las organizaciones fachada. La infiltración consistía en introducir a miembros del Partido en organizaciones no-partidistas con el fin de utilizarlas para ejercer influencia a favor de la subversión(...) Las organizaciones completamente infiltradas y las creadas por los comunistas con pretextos fachadas acabarían constituyendo todo un amplio frente de organizaciones-fachada. En este sentido, Sevilla destaca como factor revolucionario al militante de una organización política alternativa como "tribuno de la plebe" que interviene en todos los sectores sociales donde se enlazan esta multiplicidad de contradicciones.

Pero, obviamente, el último paso legal era siempre preparar al partido y al resto de la sociedad para la toma del poder. Las crisis parlamentarias, indicador de la situaciones prerrevolucionaria, sólo se conseguían mediante la infiltración parlamentaria. Únicamente siendo miembro del Parlamento burgués se puede luchar contra la sociedad y el parlamentarismo burgueses. Ahora bien, no hay que perder el objetivo último: Hay que saber cómo se puede destruir el Parlamento. Si puede usted hacerlo por medio de una insurrección armada en todos los países, eso estará muy bien. Sevilla amplia las posibilidades: ¿Destruir el Estado burgués y substituirlo por qué? : "dualidad de poder" inherente a la situación revolucionaria sólo puede tener un desenlace victorioso si ciertas funciones vitales (abastecimiento, transportes, seguridad) del Estado paralizado son asumidas por órganos nuevos, más democráticos y eficaces (comuna de París 1871, Soviets 1917-8). Estos órganos son creaciones originales de la propia lucha, sin normas o modelos preestablecidos.

Como experiencia histórica, tenemos el caso ruso, relatado por el propio Lenin: En nuestra revolución, nosotros no avanzamos por el camino de la teoría, sino por el camino de la práctica. Por ejemplo, la cuestión de la Asamblea Constituyente no la planteábamos antes teóricamente y no decíamos que no reconocíamos la Asamblea Constituyente. Sólo más tarde, cuando las organizaciones soviéticas se extendieron por todo el país y conquistaron el poder político, fue cuando nos resolvimos a disolver la Asamblea Constituyente. Bien lo sabe Sevilla cuando asegura que: La "crisis revolucionaria" es pluritemporal, en ella se combinan distintos tiempos. La política se ve moldeada por ritmos y relevos. A distintos tiempos marchamos, distintos tiempos hacia la dictadura del proletariado. Una vez más: "Sólo por la lucha de clases se mueve la historia". Y como decía Lenin: La guerra civil es la forma más aguda de la lucha de clases, y cuando más aguda es esta lucha, con tanta mayor rapidez se consumen en su fuego todas las ilusiones y prejuicios pequeñoburgueses.

Volviendo al principio, En este artículo se partirá de la base de la necesidad de organizarse políticamente y de la lucha política, de la política entendida como arte estratégico para los momentos propicios y los eslabones débiles, para la transformación radical de la sociedad y de la necesidad de una revolución social y política entendida como autoemancipación colectiva. Quizá ahora se perciba mejor qué entiende el Sr. Sevilla por revolución política y, especialmente, por autoemancipación colectiva. ¿Nos autoemancipará colectivamente a los disidentes?

16 de Abril de 2004

Otro blog liberal... o casi

No se asusten, por ahora no hay más competencia en la blogosfera liberal. Eso sí, me acabo de enterar que Noam Chomsky, ese semidios entre los liberales yankees (que no libertarios), tiene una bitácora y, obviamente, no podía dejar pasar la ocasión de postearlo.

Por cierto, curioso un párrafo de un comentario criticando la política económica de Bush:

Nadie sabe si la economía podrá sobrevivir con semejante desigualdad, por no hablar del enorme y creciente déficit. Pero se trata, sin duda, de un éxito para los planificadores y los estrechos intereses de riqueza y poder que representan. Y la planificación no constituye a largo plazo un componente de la locura del sistema de semimercado.

Señor Chomsky, si la planificación se dirige a favorecer a ciertos ricos será porque el mercado no llevaría, en libertad, a tales situaciones. Probablemente, el mercado permitiera escenarios de distribución de la riqueza mucho más agradables a sus ojos, y no creo que eso deba calificarse como "locura". A menos, claro está, que usted se considere un loco.

15 de Abril de 2004

Robin Hood, reivindicado

En mi último post, mencionaba de pasada y casi anecdóticamente a Robin Hood. La verdad es que, en cierto modo, debiera entonar el mea culpa por reiterar y dar pábulo a una de las interpretaciones peor traídas de este personaje legendario. En concreto, aquélla según la cual nuestro benefactor "papá Estado" es una recreación de la labor de Robin de los Bosques: robar a los ricos para dárselo a los pobres.

En realidad, la clave para corregir esta penosa interpretación la dio el filósofo austriaco Tibor Machan en una entrevista:

Entrevistador: Una especie de gobierno es Robin Hood. Quita a los ricos y lo entrega a los necesitados.

Tibor Machan: Más bien, Robin Hood quita a la gente que había robado ese dinero mediante los impuestos; [las víctimas de Robin Hood] no se habían enriquecido como Bill Gates, produciendo e inventando. La gran mayoría de esa gente se enriqueció gravando a una miríada de pobres; Robin Hood, de ese modo, les devolvía sus impuestos.

Ayer salió publicado un artículo en el Mises Institute titulado, Robin Hood, friend of liberty, en la que aparte de disquisiciones sobre la figura histórica de Robin (época, lugar, actividad auténtica...) se amplia levemente esta idea. Si la leyenda es cierta y Robin y sus hombres robaban a los ricos y se lo entregaban a los pobres, es probable que estuvieran luchando contra el sistema feudal, robando a las autoridades impositivas y devolviendo el dinero a los oprimidos contribuyentes campesinos. Y es que, en las leyendas, la verdad histórica no es relevante. Son las proezas legendarias de Robin Hood lo que nos entusiasma. Ese héroe que combatió al Estado, que se atrevió a quitarle cuanto decía ser suyo, un hombre que incluso llegó a reclutar a otras personas para que lo ayudaran en la tarea, un hombre que al hacer todo eso ganó la confianza y el aprecio de su gente. Una leyenda que nunca perderá su atractivo.

Lo dicho, olvidemos las interpretaciones socialistas de Robin Hood. Puede que lo más sensato sea desposeerlo de cualquier interpretación político-económica (al menos en lo referente a la leyenda; en el terreno histórico puede resultar interesante interpretar los motivos políticos que movieron a tal figura en caso de existir), pero en caso de forzosa atribución, desde luego, la motivación socio-totalitaria del personaje no resulta la más correcta.

14 de Abril de 2004

Café amargo para todos

Pilar Criado, concejal socialista del ayuntamiento de Logroño, escribe un artículo en larioja.com acerca de cuál es el objetivo del PSOE en materia de derechos sociales. Nada nuevo bajo el sol, salvo ratificar la nula formación o la tremenda maldad que esconden "nuestros representantes"

Incluso las prestaciones básicas, deben estar al alcance de todos los ciudadanos. ¿Y cuáles son esos servicios "básicos"? Información, orientación, asesoramiento y tratamiento social personalizado y comunitario, apoyo a la convivencia y ayuda a domicilio, acogida/alojamiento alternativo, prevención e inserción social, apoyo al tejido social de autoayuda y solidaridad. Luego, la izquierda criticará el consumismo desenfrenado, pero, digo yo, si todo este maremágnum son sólo las necesidades "básicas" del ser humano, ¿cuántos tomos enciclopédicos serán necesarios para escribir las accesorias?

Resulta gracioso cómo la lista de servicios básicos, aquellos que deben ser ofrecidos por el Estado no deja de crecer y expandirse, mientras que aquellos bienes que el individuo elige por sí mismo deben reducirse progresivamente. Atendiendo a las soflamas socialistas, la naturaleza del ser humano es dual, ajustándose a las necesidades del momento: el consumismo no tiene sentido porque con 7000 euros anuales el ser humano tiene suficiente, el ser humano es austero; pero al mismo tiempo, la lista de servicios ofertados por el Estado debe estar en continua expansión, pues nos enfrentamos, de hecho, con necesidades básicas e inaplazables del individuo, el ser humano es hedonista. Así lo destaca Criado: Los servicios sociales que se prestan no deben estar adaptados a los presupuestos mínimos que a ellos se destinan, sino hacer un estudio de las necesidades reales, y destinar el dinero preciso para cubrirlas. Cueste lo que cueste, les cueste lo que les cueste.

Porque, en efecto, todo esto se paga con nuestros impuestos. Esta expresión tiene un compenente holístico nada despreciable. Cuando se habla de "nuestros impuestos" opera la ficción de que todo el montante recaudado, hurto fiscal mediante, sea propiedad de todos. Esta consideración es peligrosa, en tanto en cuanto, transmite la idea de que ese dinero ya era propiedad de todos antes de ser recaudado. Una parte de nuestra riqueza, de nuestro trabajo, nunca ha sido, en realidad, propiedad nuestra, sino que la estábamos reteniendo injustamente hasta que el Robin Hood estatalista recolectó el dinero de todos. Y es que ya se sabe: Hacienda somos todos(todos y todas debería decir más bien).

¿A qué nos conduce esta ruin ideología? Por una lado medramos el poder del Estado, su capacidad de decisión, y por otro menguamos el número de elecciones voluntarias y libres del individuo. La nacionalización de toda relación humana parece estar en la agenda: sólo la ligazón súbdito-Estado aparece como legítima. Ellos, los socialistas, saben mejor que nadie cómo emplear nuestra riqueza y nuestra libertad; no lo despilfarremos en elecciones que no hayan supervisado. Ahí vamos, ahí nos llevan.

9 de Abril de 2004

En contra de Hoppe

Dado el interés surgido por una crítica consistente hacia la teoría ética hoppeana, no puedo más que recomendar el fabuloso artículo de Callahan y Murphy sobre la temática.

Partiendo de que, según Hoppe, quien está discutiendo no puede negar la propiedad del adversario sobre su propio cuerpo sin caer en una contradicción performativa (otro ejemplo de contradicción performativa sería que Reagan dijera: Reagan está muerto), los dos austriacos ponen el dedo en la llaga al señalar que: Siendo generosos, Hoppe ha demostrado que sería contradictorio que alguien no fuera legítimo propietario sobre su boca, orejas, ojos, corazón, cerebro y otros componentes realmente necesarios para la discusión. En otras palabras, Hoppe no ha demostrado la completa autopropiedad, sólo la de las piezas esenciales del cuerpo humano. Así, la teoría ética de Hoppe no incluye claramente, digamos, las piernas de una persona; al fin y al cabo, cualquiera puede discutir fácilmente sin contar con las piernas (pensemos en Stephen Hawking) En este sentido, un estado totalitario podría obligar a un ciudadano a donar un riñón a quien lo necesitara, puesto que con un riñón tiene suficiente para discutir.

Pero además, y en todo caso, tras mostrar la limitación espacial de la teoría de Hoppe (propiedad sobre ciertas partes del cuerpo), los autores apuntan a la existencia de otra limitación: la temporal. Como mucho, [la teoría de Hoppe] establece la autopropiedad en el transcurso del debate. Ello significa, que, por ejemplo, durante las emergencias nacionales, sería molar compeler a determinados individuos a actuar en nombre del interés público. Verbigracia, si la nación fuese invadida y el ejército profesional fuera insuficiente, el gobierno podría reclutar a sus ciudadanos de manera coactiva.

Contra estas críticas el profesor Hoppe escribió en Liberty que: De la misma manera que la validez de una demostración matemática no se haya constreñida al momento de su demostración, la validez de una teoría libertaria sobre la propiedad no se limita al momento de su argumentación. Si es correcta, el razonamiento demuestra su justificación universal, se esté discutiendo o no.

Murphy y Callahan, con todo, no están muy convencidos por la réplica de Hoppe y para demostrarlo plantean la siguiente proposición: No debe discutirse durante un funeral. Creemos que [esta proposición] es cierta. De hecho, si alguien empezara a discutir durante un funeral, pensamos que sería completamente pertinente que la familia expulsara a tal sujeto del la triste ceremonia. Sin embargo el expulsado podría quejarse de que sus opresores no están interesados en discutir acerca de la justicia del hecho en concreto. Podría incluso apuntar correctamente que sería caer en una contradicción performativa para los miembros de la familia el discutir durante un funeral sobre si "Uno no debe discutir durante un funeral". ¿Demostraría esto que la fuerza ha sido empleada de manera injustificada? Obviamente no. Y es que la validez de una proposición puede ser debatida al margen de las circunstancias concretas en las que esa proposición debe aplicarse.

Pero incluso haciendo la vista gorda, nos encontramos con una tercera limitación: Hoppe sólo ha demostrado la autopropiedad de los individuos que se encuentran discutiendo. Dado que Aristóteles sólo discutía con otros griegos sobre la inferioridad de los bárbaros y su condición natural como esclavos, Aristóteles no incurriría en una contradicción performativa. El podría sin problemas garantizar la autopropiedad a su oponente griego mientras la estuviera denegando a aquellos que considera por naturaleza inferiores. Hoy en día podemos trasladar este ejemplo al debate sobre los derechos de los animales. A nos caballos no se les permite debatir sobre su posición en la sociedad. Los debates sobre los derechos de los animales son frecuentes; pero cuando los seres humanos discuten sobre esta materia, lo hacen siempre para convencer a otros seres humanos. Ni siquiera los activistas en favor de los animales exigen que los animales comprendan sus reclamaciones.

Y, lógicamente, asegurar que los seres humanos son racionales, no así los animales, no ayuda a resolver la cuestión planteada por Aristóteles para quien los bárbaros, a diferencia de los griegos, tampoco eran seres racionales.

De hecho, ni Rothbard ni Hoppe creen en una autopropiedad universal: Los dos creen que los delincuentes deberían ser esclavizados para indemnizar a sus víctimas o herederos. La pregunta es: ¿sería contradictorio en una sociedad anarquista el permitir a los críminales recurrir a medios legales mediante los cuales apelar?

Pero es que además, no es cierto que uno necesite el control sobre su propio cuerpo para discutir. Paine escribió la primera parte de su "La edad de la razón" mientras estaba encarcelado. Es más, aunque a Mises, Rothbard y Hoppe se les hayan denegado sus derechos a la autopropiedad, han sido capaces de controlar una gran cantidad de argumentos. A esto, Hoppe respondió que él no negaba la existencia histórica de la esclavitud, sólo su justificación. Sin embargo, la crítica de David Friedman no fue ésta, sino que dado que innumerables esclavos habían sido capaces de argumentar correctamente en ausencia del reconocimiento de la propiedad sobre su cuerpo, el argumento hoppeano debe ser necesariamente falso.

Y sí, ciertamente Hoppe afirma, con razón, que los argumentos empíricos no sirven para refutar principios a priori; no obstante, la ética hoppeana se basa en una constatación empírica sujeta, por tanto, a refutación: la discusión requiere la autopropiedad. No es cierto, pues, que uno sea necesariamente legítimo dueño de su cuerpo incluso si su control es necesario para un debate acerca de su título de autopropiedad.

Callahan y Murphy concluyen que aunque apoyemos los objetivos de Hoppe, no podemos defender argumentos defectuosos encaminados a conseguir tales fines, puesto que aceptarlos significaría que carecemos de mejores argumentos. Y es que, como el propio Hoppe ha dicho en otra ocasión: Soy un defensor de la teoría de los derechos naturales. Pero esto no me obliga a apoyar ciegamente cualquier argumento que se me ofrezca en su patrocinio. El fin de la libertad recibe un trato misérrimo cuando sus combatientes se dirigen al campo de batalla con argumentos deficientes.

8 de Abril de 2004

Hoppe en Madrid: dos teorías morales

El pasado viernes, Hans Hermann Hoppe, uno de los economistas austriacos más importantes del momento, estuvo en la Universidad Juan Carlos I de Madrid, invitado por el profesor Huerta de Soto.

Castielero, en "El Rincón, apuntes liberales" ha posteado una gran narración sobre la jornada. Poco o nada tengo que añadir. Prefiero resumir sucintamente la conferencia sobre la ética austriaca contrapuesta a la chicaguense que impartió Hoppe.

Siguiendo a Rothbard, utilizó el caso robinsoniano para tratar de plasmar la importancia de la ley como medio para la solución de los problemas sociales. Problemas que, como su adjetivo indica, se dan en sociedad, cuando existen al menos dos personas. No es hasta la llegada de Viernes cuando Crusoe requiere de una ley que de respuesta a los eventuales conflictos entre ambos.

Sin embargo, si Robinson y Viernes se hallaran en el Jardín del Edén, los problemas que podrían encontrar serían reducidos, dado que, según Hoppe, la causa de los conflictos sociales se encuentra en la escasez de bienes. Sin embargo, incluso en el Edén habría escasez en, al menos, dos bienes: el cuerpo humano y el sitio físico sobre el que uno se ubica. Cierto es que, en el turno de preguntas, Hoppe tuvo que matizar que la individualización de los bienes abundantes es otro generador de escasez. Por ejemplo, si Viernes poseyera una manzana y Robinson, a pesar de la infinita abundancia de las mismas, quisiera esa misma manzana, nos hallaríamos ante el bien económico "la manzana que tiene Viernes"; bien, por tanto, escaso.

En cualquier caso, las leyes necesarias para regular las relaciones sociales serían muy simples: cada persona es propietaria de su propio cuerpo y nada puede ser privado de aquello de lo que primero se ha apropiado (suelo o bienes individualizados)

No obstante, resulta evidente que no nos encontramos en el paraíso y que nuestras relaciones son harto más complejas. La escasez es una característica inseparable del ser humano, a la que sólo puede enfrentarse minimizándola. A pesar de la complejidad de nuestra sociedad, en opinión de Hoppe las leyes necesarias para gobernarla deben basarse en cuatro principios objetivos: la autopropiedad, la apropiación original, la propiedad sobre lo producido y el traspaso contractual de los bienes económicos.

Ahora bien, pese a sentenciar la objetividad de tales principios, ésta no puede asentarse en el dogma de fe. Así, Hoppe intenta demostrar el derecho a la autopropiedad sensu contrario. Las dos únicas posibles alternativas a que cada uno sea dueño de su cuerpo son o bien la esclavitud, o bien el denominado "comunismo universal".

El primero no resulta coherente con el principio de universalidad de los derechos naturales (la humanidad quedaría divida entre patronos y esclavos, con asimetría de derechos), con lo cual, debe ser descartado. La segunda posibilidad, el comunismo universal, sentencia que todos somos dueños de nosotros mismos. Así A sería propietario de B y B sería propietario de A. Con todo, esta idea sigue siendo contradictoria en sí misma; para que A pueda actuar debe contar con la autorización de B, pero, a su vez, éste para que pueda hacerlo, necesita la autorización de A que, sin embargo, no puede dársela por no haber recibido la autorización de B.

Sin embargo, la demostración sensu contrario resulta insuficiente; los derechos deben ser probados en sí mismos, no por exclusión de posibilidades. Este punto posiblemente sea la aportación más reconocida del profesor Hoppe. Para él, siguiendo a Habermars, el ser humano adquiere su naturaleza en tanto en cuanto ser racional, y la prueba de la racionalidad se verifica con la capacidad de dos personas para discutir con cadenas lógicas de argumentos. Así, al plantear la discusión sobre cualquier circunstancia de nuestras vidas estamos reconociendo implícitamente la propiedad de nuestro adversario sobre sus cuerdas vocales, sobre su corazón, sobre su cerebro… (sobre su cuerpo)

Por tanto, si todos somos propietarios de nosotros mismos, la naturaleza no apropiada queda disponible para aquel que primero la transforme y la posee. Sólo este principio, el de apropiación originaria, puede crear la propiedad; si no fuera el primero, sino el último en llegar quien tuviera legítimos títulos de propiedad, simplemente nunca llegaría a cristalizar un estado de seguridad jurídica.

Los dos otros principios son una derivación lógica de estos dos: la producción derivada de la propiedad sigue perteneciendo al propietario quien, a su vez, en virtud de su condición podrá enajenarlo. Si el propietario no pudiera transmitir la propiedad y, en definitiva, dejar de serlo, no podríamos hablar debidamente de una sujeción de la realidad externa al ser humano.

Hoppe, así mismo, hizo dos matizaciones adicionales acerca de su teoría ética. Por un lado, sólo las cosas físicas son susceptibles de ser apropiadas. La gente no es dueña del valor que afecta a sus propiedades. Por ejemplo, si Pedro es propietario de una tienda y Luis coloca a su lado otra tienda, es muy posible que la propiedad de Pedro pierda valor, pero ello no le legitima a atacar a Luis.

Por otro, es importante distinguir en los derechos de propiedad una dimensión temporal. Imaginemos que una fábrica se coloca en un paraje deshabitado, donde las tierras circundantes todavía son libres (sin propietarios). Si la empresa contamina sus alrededores y, al cabo de los años, se asientan cientos de personas alrededor de la fábrica, convirtiéndose en propietarios de las tierras libres, estos no tendrán legitimidad para coaccionar a la fábrica a que deje de contaminar. De alguna manera, esta gente se apropió de "tierra con contaminación" la fábrica puede seguir emitiendo humo. Eso sí, en caso de ser la situación inversa, si la fabrica se hubiera construido con posterioridad a la ciudad, los ciudadanos podrían impeler al dueño de la industria a que dejara de contaminar. Por tanto, la dimensión temporal juega un papel esencial en la solución de los eventuales conflictos que emerjan en la sociedad.

Pero además, la estricta aplicación de los principios anteriores revitaliza el concepto de óptimo paretiano, esto es, una situación en la que nadie puede mejorar su bienestar sin empeorar el de los demás. Resulta evidente que nadie sale perjudicado por el reconocimiento de la propiedad sobre el propio cuerpo; así tampoco la apropiación originaria perjudica a nadie, ya que todos tuvieron las mismas oportunidades de apropiarse de unas tierras que no pertenecían a nadie; y, por último, el intercambio de bienes mejora el bienestar de ambas partes pues, en caso contrario, la permuta no hubiera tenido lugar.

Frente a la ética "austriaca" nos encontramos con los principios morales de la Escuela de Chicago, de mano de su máximo postulador Ronald Coase. Hoppe explica la posición de Coase con un ejemplo extraído de su preclaro artículo "El problema del coste social". Las vías de un ferrocarril atraviesan unos campos de cultivo que son arrasados por las chispas que desprende el tren. La cuestión que se plantea Coase es quién debe indemnizar a quién: ¿el agricultor o la compañía ferroviaria? Según Coase o Posner, es totalmente incorrecto hablar de agresores o de víctimas ya que, para impedir el daño(la chispa que incendia los campos) debemos agredir a la compañía de trenes(cerrándola o obligándola a trasladar la vía) Así, los teóricos de la Escuela de Chicago concluyen que lo realmente importante es evitar el daño mayor [cuestión aparte, no mencionada por Hoppe en su crítica, es cómo debiéramos medir el daño; hay una especie de consenso en que el daño viene expresado por el coste monetario, pero en mi opinión, tal pretensión, como bien enseña la subjetividad del valor, es completamente absurdo] Si la chispa del tren ha ocasionado unas pérdidas de un millón de euros, pero la reubicación del tren cuesta dos millones de euros, el granjero no podrá reclamar ningún tipo de indemnización ni de solución. La posición hoppeana frente en este caso resulta evidente: quien se hubiera establecido antes debe pedir la correspondiente indemnización.

El objetivo ético de la Escuela de Chicago es maximizar la riqueza. En palabras del juez Posner (candidato al Tribunal Supremo de los EEUU) "cualquier incremento de riqueza es justo, cualquier mengua injusta. El trabajo de los tribunales de justicia es asignar los títulos de propiedad de manera que maximicen la riqueza". No importa quien sea el dueño de la propiedad, lo más hábiles son quienes deben fagocitar todo el capital.

En ese sentido, Hoppe recurrió a la reductio ad absurdum, y se preguntó si una prostituta debía aguantar ser violada por un obseso sexual ya que el daño que, según Coase, se infligiría al violador por impedirle violar a la prostituta sería mayor que el que padecería ella misma.

Pero incluso desde un punto de vista meramente maximizador de la riqueza, las ideas chicaguenses conducen a la calamidad económica. Sin estabilidad no puede haber acumulación de capital. Unos títulos de propiedad que se basaran en las variables aptitudes humanas para gestionarlos implicaría una continúa redistribución sin ningún tipo de seguridad jurídica. Un caos que terminaría en la destrucción y dilapidación de todo el capital.

Así pues, la Escuela de Chicago ha desarrollado una teoría moral utilitarista, a todas luces aberrante, que, además, imposibilita la consecución de aquellos objetivos que pretendía lograr; una teoría moral que no defiende, en ningún caso, la propiedad privada.

1 de Abril de 2004

Prohibido ser feliz

José Santamarta ha publicado un artículo en Rebelion.org titulado "La sociedad de consumo". La tesis de su artículo es que el consumismo hoy domina la mente y los corazones de millones de personas, sustituyendo a la religión, a la familia y a la política. Pero, ¿qué es el consumismo? Según el autor, el consumismo tiene lugar cuando se supera cierto umbral, que se sitúa en torno a los 7.000 euros anuales por persona. Siempre me ha parecido curiosas la determinación de estos umbrales, ¿7001 € es consumismo? ¿quién se compre un piso valorado en 100 mil euros está siendo consumista? ¿y el que ahorre un año al gastar sólo 5000 euros para emplear 9000 € el venidero? Por supuesto, la pregunta fundamental es mediante qué procedimientos se ha alcanzado tal mágica cifra, y si es una categoría humana, inmutable, o si debe corregirse periódicamente con el IPC.

Santamarta también se queja de que consumismo y pobreza conviven en un mundo desigual, en el que no hay voluntad política para frenar el consumismo de unos y elevar el nivel de vida de quienes más lo necesitan. El problema no está en consumir, sino en producir. Las empresas no son malvadas porque sólo produzcan para el Primer Mundo. La clave está en preguntarse por qué sólo producen para el Primer Mundo, por qué el Tercer Mundo está sumido en la pobreza, en la incapacidad más absoluta de atraer y mantener inversiones, de acumular su propio capital y de comerciar con Occidente. No puede confundirse la consecuencia con la causa. El Tercer Mundo no es pobre porque las empresas no dirijan su atención hacia él, sino que las empresas no dirigen su atención porque es pobre. Una empresa que decidiera producir para el Tercer Mundo desaparecería en pocos meses, consumiría su capital con rapidez. No puede hablarse tan siquiera de ausencia de voluntad, sino de ausencia de posibilidad material.

Siguiendo la estela de Ehrlich, el autor afirma que si los hábitos de consumo de los 1.700 millones de consumidores se extendiesen a toda la población mundial (6.300 millones de personas), la situación sería completamente insostenible, a causa del consumo de agua, energía, madera, minerales, suelo y otros recursos, y la pérdida de biodiversidad, la contaminación, la deforestación y el cambio climático. Es obvio que esto nunca llegará a suceder. Primero por la sencilla regla de que la producción precede al consumo y, por tanto, los 6300 millones de personas no podrán consumir algo que, según Santamarta, supera la cantidad de recursos de la tierra. Económicamente es tan sencillo como que, ante la evidente escasez, los precios empezarían a incrementarse hasta que discriminaran a suficiente gente; no obstante, la labor nuclear del proceso de acumulación de capital, fuente de toda riqueza, es reducir la escasez presente en un momento dado. La riqueza no está dada, la estamos descubriendo y creando día a día.

¿Cuánto consumo es suficiente?, se pregunta Santamarta, El consumo, a partir de cierto umbral (13.000 euros anuales por persona, según las encuestas), no da la felicidad. ¡No se la dará a usted! Es increíble como los ungidos creen conocer con certeza apodíctica a los demás seres inferiores. Estos dogmas no tienen ningún sentido. Dado que Santamarta no puede conocer los fines de todas y cada una de las personas (aunque es posible que la teoría hayekiana de la información dispersa encuentre en tal sujeto la excepción que la confirme) y dado que tampoco puede conocer qué medios creemos más convenientes para alcanzar esos fines desconocidos, es absurdo sentenciar que no existe felicidad a partir de los 13000 euros.

Y dicho sea de paso, si los 7000 euros son el umbral para el consumismo, Santamarta está diciendo que los euros consumistas gastados desde el 7001 hasta el 13000 sí producen felicidad. Vamos, que según el autor el consumismo limitado a los 13000 euros es positivo. Otro ejemplo de demagogia pogre que cae por su propio peso. Y es que los lujos de hoy son las necesidades de mañana. Que se lo digan a Izquierda Unida y sus teléfonos móviles.

Archivo

En formato RSS

Usuario Contraseña  
Web alojada en Ferca

Mapa del sitio Mapa del sitio
Texto normal Texto grande