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Todo un hombre de Estado: Mayo 2004

31 de Mayo de 2004

Javier Ortiz se vuelve liberal

Pues sí, parece ser que Javier Ortiz va a defender, a partir de ahora, la libertad de elección. O, al menos, eso debería hacer en coherencia con su artículo: ¡La economía, estúpidos!

En el mismo, trata uno de los temás más pontificados por el ecologismo: las corridas de toros. Según Ortiz es vano discutir sobre su conveniencia pues La discusión que yo planteo es previa y apunta a las propias palabras del rey, que reclama apoyo para el mundo del toro. ¿Quién se supone que debe prestarle ese apoyo? Y es que, si realmente es «la fiesta nacional», si está tan «dentro de la entraña del pueblo» como aseguran y si hay tantos y tantos dispuestos a romperse los cuernos para que se mantenga per in sæculam sæculorum, no deberían tener mayor problema. Que se lo sufraguen ellos mismos de su bolsillo y ya está. ¡Vaya por Dios! Ni Mises lo hubiera escrito mejor.

De hecho, Ortiz se queja amargamente de que los organizadores de las corridas de toros reclaman subvenciones públicas. Pero vamos a ver, ¿no es ese el sueño de todo buen español? ¿es que no habíamos llegado al tácito acuerdo de que todos debemos vivir a costa de los demás? Ortiz lo ve claro: El debate no debería versar sobre si hay que prohibir o permitir la sedicente fiesta, sino sobre quién debe correr con los gastos. Sobre si hemos de pagar entre todos un espectáculo que, digan lo que digan, sólo interesa -y de manera ocasional- a una muy exigua minoría de la población española.

De acuerdo, de acuerdo. ¿Pero cómo sabe usted que le interesa sólo a una exigua minoría? De hecho, para eso están las subvenciones, para que las exiguas minorías no queden absorbidas por la globalización cultural. ¿O no era ese el argumento de los cineastas? ¿Acaso debemos contemplar como nuestra gloriosa Fiesta Nacional es sustituida por la Fórmula 1 o el fútbol americano? Mal vamos, Ortiz, le están preparando el paseíllo culturizador al Imperio. ¿Cómo osas?

La gran mayoría de los festejos que se celebran durante la larga temporada taurina no dan ni de coña para cubrir gastos. Y con los beneficios exclusivos de las ferias más sonadas no se podría mantener todo el tinglado taurino: la crianza de reses bravas, los honorarios de los matadores, los sueldos de las cuadrillas... Para sustentar eso se requiere un dineral, y ese dineral no entra por taquilla. Menos mal que lo has reconocido. ¿Entonces qué hacemos? ¿Vivimos de la renta ajena como los del cine?

Ahí está el punto débil de la pésimamente llamada «fiesta nacional». Liberalícese, privatícese realmente el negocio de la tauromaquia, prohíbase a ayuntamientos y diputaciones inyectarle fondos por vía directa o a través de asociaciones, hermandades, montepíos o las vainas que sean, déjenlo de una vez a su suerte, como si fuera un astillero, y ya veremos cuanto aguanta. Pero Ortiz, ¿entonces me estás diciendo que todo aquello que la gente no quiera no debe ser subvencionado coactivamente? ¿Sabes tú que tremendas puertas infernales abre eso? Me parece que no has entendido que nuestro futuro como civilización social depende de ello. Olvídate, que no corra el ejemplo. El neoliberalismo se nos echa encima. Pan para todos, menos para el panadero.

29 de Mayo de 2004

Mejor como la URSS

Me da la impresión que no había oído nada mejor desde aquella frase de Madrazo donde situaba a Cuba como modelo referencial para su País Vasco. Resulta que Borrell, el probable vencedor de las próximas elecciones europeas en España, asegura que el PSOE debe ganar las elecciones para que Europa no sea como Suiza, rica pero irrelevante. Hay estupideces contra las que, simplemente, no puedo callarme.

Si Suiza no es un modelo referencial para cualquier país, incluso desde la estrecha perspectiva izquierdista, entonces, ¿a quién debemos parecernos? Suiza es un país próspero, pacífico, libre y con una calidad de vida desconocida en casi cualquier parte del mundo. No ha tenido que padecer ni el nazismo ni el comunismo, quizá por eso rechace unirse a cualquier organización supranacional.

Pero he aquí que el visionario Mr. Borrell no quiere una Europa como Suiza porque es irrelevante. Traduzcámoslo al román paladino: los políticos suizos tienen poco poder y escasa influencia sobre el resto del mundo.

Y es que para tiparracos como Borrell lo importante no es ni el bienestar, ni la felicidad, ni la libertad de los ciudadanos, sino su capacidad de influencia. Claro que Borrell no quiere una Suiza, porque allí su poder decisorio sería nulo. Hay que tener una cara blindada para reconocerlo. Así las cosas, imagino que Borrell preferirá el modelo soviético: pobres pero influyentes; o ya puestos el nacionalsocialista, que estuvo a punto de conquistar medio mundo a costa de explotar a unos ciudadanos idiotizados. La receta que parece pregonar Borrell es la del más pútrido keynesianismo: más gasto y más poder para los políticos a costa de las sufridas masas. Si es que no hay nada como la servidumbre voluntaria.
Lomborg contra El Día de Mañana

Hace unos días Adam Selene posteaba un muy buen comentario acerca de la incosistencia del catastrofismo ecologista.

Lomborg, por su parte, ha publicado en The Australian una crítica de la película ecoapocalíptica de El Día de Mañana, cuya credibilidad vaticinadora alcanza los niveles del anterior film del director, Independe Day.

En la misma, el calentamiento global deshace los casquetes polares, lo cual transporta enormes cantidades de agua fría hasta la Corriente del Golfo -una especie de corriente de agua que discurre desde México hasta Europa, condicionando nuestro clima- y provoca las tan temidas nuevas glaciaciones en EEUU.

En esos momentos, un compungido vicepresidente de los USA aparece en las pantallas de TV disculpándose por no haber firmado el Protocolo de Kyoto: Pensamos que podríamos manejar los delicados ecosistemas de la Tierra sin sufrir las consecuencias. Nos equivocamos. Me equivoqué.

Como bien señala Lomborg, si El Día de Mañana fuera otra descafeinada película hollywoodiense, podríamos disculpar semejantes errores. El problema es que la intención del director, Roland Emmerich, es muy otra. Tras señalas que en la película la realidad supera a la ficción, concluye que su sueño oculto es forzar a que los políticos actúen, ya que, el único gran problema que debería ser capaz de aunar las voluntades de todos los países del mundo es salvar el planeta.

Así las cosas, debemos enjuiciar el film como un pretencioso documental científico antes que como una película de mero divertimento. La Revista Science ha examinado el informe del Pentágono sobre el que se basa la pseudocientífica película y ha concluido que: Es más correcto señalar que el calentamiento global no provocará el advenimiento de una Nueva Era Glacial", ya que, "resulto harto improbable que el calentamiento global conduzca a un generalizado colapso debido a la Corriente del Golfo.

Lomborg, como buen ecologista que continúa siendo, cree que el cambio climático es una realidad, pero se trata de una realidad sobre la que el hombre tiene poca influencia y que tiende a desenfocar otros objetivos prioritarios: Si los políticos prestaran la suficiente atención, ¿qué conseguiríamos? Desarrollar Kyoto costaría como mínimo 150 billones de dólares al año, y simplemente conseguiríamos posponer el calentamiento global en 6 años al llegar al 2100. La familia de Bangladesh que padecerá las inundaciones, obtendrá seis años de más para trasladarse (…) Con el dinero para implementar Kyoto durante un año, podríamos ofrecer permanentemente agua potable y sanidad para todos los habitantes de la tierra.

Es evidente, pues, que Lomborg conoce el significado económico de la escasez: En un mundo ideal, seríamos capaces de conseguirlo todo -detener el calentamiento global, erradicar la corrupción, acabar con la malnutrición o ganar la guerra contra las epidemias. Pero dado que no podemos hacerlo todo, necesitamos una buena información para derrotar a la histeria de Hollywood. Ese sentido común no lo encontramos en la película.

En tales párrafos discernimos mejor si cabe el componente izquierdista y redistributivo de Lomborg. Pero, al menos, sabemos que se trata de una izquierda moderna, avanzada y honrada; con gente como ella, sí puede decirse que los de izquierdas son -por ejemplo en economía- unos perfectos ignorantes llenos de buenas intenciones.

Como experto en ecologismo, Lomborg ha abandonado la senda que la izquierda mundial está siguiendo preponderantemente. No la senda, como puede pensar Lomborg, de evitar la construcción de escuelas y hospitales para derrochar billonadas en fanfarronadas, sino la senda de estrangular nuestra búsqueda de la felicidad mediante el robo arbitrario de los recursos que obtenemos sirviendo a los demás, subsumiéndonos en una refinada y sutil esclavitud. Matar de facto al hombre, para que la naturaleza siga viva. Poco importa que la naturaleza sea un medio para alcanzar nuestra felicidad. Para la izquierda de corral el objetivo es ése, matar al hombre; poco importa el pretexto.

27 de Mayo de 2004

De la Vega, usted sí me falta al respeto

La flamante vicepresidenta del gobierno asegura que sugerir que los atentados del 11 de Marzo alteraron el resultado electoral constituye una falta de respeto a los españoles. Se trata de un mensaje que últimamente se está aposentando en ciertos sectores de la progresía y que amenaza peligrosamente con quedarse de manera perpetua.

Uno puede, desde luego, señalar que resulta del todo imposible colocarse en la mente de millones de votantes para conocer con precisión qué motivos los indujeron a adoptar la decisión que finalmente tomaron. Es una postura razonable y, en el fondo, totalmente certera. Con todo, tiene dos objeciones nada despreciables; por un lado, imposibilita cualquier otro tipo de análisis político y, por otro, impide pronunciarse sobre la cuestión tratada. Es decir, si afirmamos que desconocemos los motivos por los que ganó el PSOE no estamos categorizando que el 11 de marzo no influyó en las elecciones, simplemente constatamos aventurado tanto afirmarlo como negarlo.

No puede decirse, por tanto, que De la Vega, en su comentario político, comparta esta postura. Si señala que no influyó es por que cree conocer o intuir que movió (en este caso, qué no movió) a los españoles a votar. Es aquí, pues, en esta arena donde De la Vega merece un serio revolcón. Si la vicepresidente, afirma como ha afirmado, que el 11 de marzo no condicionó las decisiones de los españoles es que nos toma por tontos. Creer que uno de los hechos más graves de nuestra historia no iba a condicionar y determinar, en el sentido que fuere, unas elecciones generales a tres días vista implica, o carecer de las más mínimas nociones sobre politología o ser una mentirosa encendida y compulsiva.

No recurro ni siquiera al recurrente argumento de que nadie esperaba que el PSOE fuera a ganar tan holgadamente (y espero, lo espero con ansias, que dentro del PSOE nadie lo esperara, porque ello me llevaría a pensar que también conocían previamente porqué el PSOE iba a ganar holgadamente) pues a caballo pasado todos resultan ganadores de la apuesta que no emprendieron. Constato, solamente, que una conmoción semejante necesariamente condicionó las elecciones, en este caso a favor del PSOE. Es todo, Sra. Vicepresidenta; no pongo en duda la legalidad del resultado, que seguiría siéndolo a pesar de que se demostrara que fue Zapatero quien colocó las bombas; sólo expongo el análisis de un español que no pretende autofaltarse al respeto.

Otra cosa es que usted lo considere antiespañol y antipatriótico; pero bueno, como en España y en la sabia Europa, al contrario que en los cerriles EEUU, la disensión con la línea gubernamental no es objeto de censura -como sí le ocurre al pobrecito Michael Moore- imagino que aplaudirá esta democrática y sana disensión. Espero que el nuevo talante no se empañe, ¡qué sorpresas me llevaría!

26 de Mayo de 2004

Saramago vuelve a las andadas

Hace unos días, se publicó en esta web un excelente artículo de Mario Noya sobre el libro de César Vidal, el Holocausto. En él, podemos leer que la historia del Holocausto constituyó una búsqueda incansable de métodos que permitieran acabar con los judíos europeos en mayor número y con mayor rapidez”. Llegó un momento en que el proceso de exterminio “entró en una dinámica (...) cuyas cifras diarias de muertes producen vértigo y recuerdan las de un frente de batalla, imagen ésta con la que los nacionalsocialistas asociaron, no sin razón, la tarea genocida.

Existe una extraña tendencia por parte de la izquierda de cambiar el significado del Holocausto; por hacernos olvidar qué sucedió y, en especial, por qué sucedió. Es curioso cómo gran parte de la izquierda, como recuerda Revel en la Gran Mascarada, denunció el Libro Negro del Comunismo precisamente por la necesidad de tener siempre presente la Shoah y no obscurecerla con otros crímenes análogos, y ahora, esa misma izquierda la pervierte hasta extremos blasfemos. Dice Saramago: Ramalá es el Auschwitz de hoy: en Ramalá vi a la humanidad humillada y destruida como en los campos de concentración nazis.

El premio Nobel vuelve a las andadas. Parece que en aquella ocasión no tuvo suficiente con escupir sobre la memoria de millones de judíos. Parece que no tuvo suficiente y quiere más. Se lo pide su público, la izquierda de corral.

Mire, Sr. Saramago, la diferencia entre Israel y los nazis es tan sumamente simple que probablemente no llegará a entender nunca. Si no sabe diferenciar entre el asesino y la víctima, si su concepión del derecho a la vida está tan relativizada y subastada a precio de puros habanos, si Castro el matarife es la pobre víctima del imperialismo yankee, si los terroristas palestinos son victoriosos resistentes franceses, si Arafat merece su adoración intelectual, es que la demagogia ya ha consumido todos y cada uno de sus poros. Por mi parte, aquí, sólo desprecio; si bien los judíos no se han subrogado en la posición de sus asesinos, usted permanece miembro de una nomenclatura asesina. Saludos a Faurisson, Irving y demás compañeros de fatigas.

25 de Mayo de 2004

Expulsemos a Israel de Eurovisión

La paranoia antiIsrael está alcanzado extremos esperpénticos. Acabo de escuchar en la tertulia de la progre-Campos una llamada telefónica en la que acusa a Israel de maltratar a los presos palestinos de un modo incluso más salvaje que los soldados yankees con los iraquíes. El problema, ha comentado la señora, es que eso nunca saldrá a la luz. El problema, señora, es que quizá no haya nada por salir a la luz. Pero eso no importa, aunque no haya pruebas, Israel es culpable.

A continuación, la señora se ha cuestionado por qué está Israel en Eurovisión. Imagino que lo achacará a una conspiración judeo-masónica o al poder de la casta userera, pero no ha llegado a dar explicación. Ha justificado, eso sí, la inclusión de Turquía en el festival porque "Estambul es una ciudad europea". Preciosas razones. Extraño que no haya sugerido la candidatura de Arafat como representante solista del europeísimo país de Palestina (al menos, en cuanto a fuentes de financiación así es)

En cualquier caso, el siempre original Javier Nart ha aprovechado para despotricar un rato contra el Estado fascistoide y antidemocrático de Israel, exigiendo un bloqueo comercial por parte de la Unión Europea. Veo que algunos europeos no pierden la afición por crear ghettos judíos. Es lo que tenía venir de donde se viene.

Todos los tertulianos han coincidido en señalar que tras las elecciones europeas, momento a partir del cual la UE adquirirá una cierta entidad, estas sanciones y rupturas de protolocos comerciales podrán materializarse. Mano dura con el maldito Israel; eso sí, sigamos financiando, más si cabe, a sus sicarios. Si es que desde los años 30, algunos europeos sólo han cambiado en la postura ante los judíos: entonces estaban dispuestos a mancharse las manos, ahora prefieren contratar a carne barata para que hagan el trabajo suicio. Hasta en esto nos aburguesamos.

22 de Mayo de 2004

Unas reflexiones sobre la boda

No voy a pararme a comentar un más que probable apocalíptico fin de la monarquía tras el casamiento que hoy está teniendo lugar. Desde un punto de vista político, qué dudas caben de la relevancia de este futurible, pero bastante se ha comentado ya como para reiterarme en ese punto.

La boda es, antes que nada, un perfecto exponente de las arbitrariedades e ineficiencias de nuestro modo de vida estatalista. Ya no sólo, que también, por la millonada que todos hemos pagado por el convite de dos personas. En realidad, las consecuenicas de relegar nuestra capacidad de elección a la agencia estatal, a su frontal incapacidad para solucionar los problemas de todos sin causar un perjuicio más que evidente a los más, son más numerosas.

Pensemos, por ejemplo, en la cantidad de operativos policiales que han sido desviados desde sus habituales puestos de trabajo hacia la protección de los mochuelos y sus invitados. Puede que, de esta manera, se les dificulte la comisión de atentados EN la boda, pero ¿a qué clase desprotección hemos sido sometidos los ciudadanos de cuyas cercanías han sustraído a los agentes? Se ha favorecido una basculación del riesgo de atentado desde la Almudena hacia el resto de España, donde residen quienes realmente pagan por los servicios de seguridad. Ni saben ni pueden hacerlo de otra manera; el problema es nuestra imposibilidad al pataleo. Retirar las fuentes de financiación a nuestra policía pública supondría, cual mafia, una extersión directa por la propia policía. No pagamos obviamente porque queremos, sino porque ellos nos obligan a hacerlo; de ahí su inherente incompetencia.

Otro asunto polémico ha sido el corte salvaje que ha sufrido la ciudad de Madrid, arena de la boda, cortijo de los príncipes. Una vez más, la dirección estatal ha considerado prioritario la asistencia de nuestros supremos reyes a permitir un tráfico fluido. Nuevamente, la cuestión debe plantearse, ¿por qué razón? El Estado se ha erigido dueño de unas calles, construidas con nuestro dinero, que administra como quiere, aún a perjuicio de sus financiadores.

En ambos casos, contemplamos perfectamente aquello que decía Bastiat, que mediante el Estado unos individuos viven a expensas de los demás; o en palabras de Hoppe, que el Estado es el mecanismo de explotación de los más por los menos. Es importante observar que, por su íntrinseca naturaleza, semejante definición de Estado no depende de la buena o mala voluntad de sus directores sino que, en cualquier caso, es el único resultado concebible de tal maquinaría leviatanesca y de los prerrequisitos de su fundación. Un despropósito mejor observable cuando despropósitos como la presente boda tienen lugar. Gracias LetiZ(P)ia.

18 de Mayo de 2004

A la Barceló no le gusta el Forum

Angels Barceló, la periodista con más credibilidad del momento, asegura que uno de los puntos negativos del Fórum de las Culturas es que están presentes todas las marcas, y eso no es muy coherente con un mundo antiglobalización.

Ignoro si Angels sigue aferrada a la idea de que la tierra es plana; lo de un mundo antiglobo no lo acabo de entender. Aunque quizá lo plano sea su afecto a la libertad. Por supuesto, Doña Angels con su prédicas diarias hará mucho más feliz a los ciudadanos que las grandes compañías del estilo Coca-Cola, Nike o McDonalds; lo sabemos y ella también lo sabe.

Claro que estas empresas, entre explotación y explotación, dan trabajo, y sustento, a millones de personas. Imagino que Angels también, o quizá no; en todo caso, seguro que Angels ya tiene ideado un plan mejor para que esos millones de personas sobrevivan. Seguro que espíritu tan progresista y solidario ya tiene cientos, miles, de proyectos planificados para solucionar la vida de esos millones de personas explotados por tan terribles corporaciones. Seguro, no lo dudo. Me imagino que la solidaridad de Angels no conocerá límites... con nuestro dinero.

17 de Mayo de 2004

¿Qué podemos hacer contra la Unión Europea?

Viniendo hacia casa me he encontrado con que una plataforma ultraizquierdista ha convocado una manifestación en contra de la Constitución Europea. Bienvenida sea; como en el caso del FMI la extrema izquierda acierta por miopía. Nunca viene mal, y menos en estas fechas, recordar las maldades del megaEstado europeo que está en ciernes. Flaco favor a la libertad sería identificar la Unión Europea con el liberalismo o neoliberalismo.

De ahí que la izquierda no deba ser capaz de monopolizar, una vez más en esa suerte de doble pensar orwelliano, la defensa y la crítica activa de la Unión Europea; y es que si bien cualquier tipo Estado europeo es nocivo para la libertad, cualquier tipo de Estado europeo no es nocivo para la pretensión totalitaria de la izquierda.

Decía el Padre Steve Wilkens que Lincoln no terminó con la esclavitud, sino que simplemente extendió la superficie de la plantación a todo EEUU. Sin duda, la consolidación del poder del gobierno central en EEUU marcó el comienzo de su expansión sin fin; el primer New Deal de la historia de EEUU.

No en vano, los antifederalistas habían recelado de la Constitución norteamericana de 1787 cuyo objetivo resultaba ser la destrucción de la Confederación. Así, Brutus por ejemplo señalaba que un gobierno central tendría unos poderes legislativo, ejecutivo y judicial absolutos e incontrolables. En una gran república, proseguía, el bien público es sacrificado bajo mil intereses. Incluso llegó a predecir con casi un siglo de anterioridad la guerra imperialista lincolniana: "En una república los actos, el sentir y los intereses del pueblo han de ser similares. Si éste no es el caso, se producirá una constante confrontación de opiniones y los representantes de una parte se hallarán en continua disputa con los otros. (...) Las producciones de las diferentes partes de la Unión son muy diversas y sus intereses, por tanto, distintos. (...) Un cuerpo legislativo integrado se compondría de principios tan heterogéneos y discordantes que constantemente estarían enfrentados entre sí" Y es que según Brutus, en una república tan extensa, quienes ocupan los grandes cargos del gobierno pronto se sustraerían al control del pueblo y abusarían de su poder para engrandecerse a sí mismos y oprimir a éste. El Federal Farmer, así mismo, entendió bien que los gobiernos estatales serán aniquilados o seguirán existiendo sin ningún sentido.

El debate entre federalistas y antifederalistas, pese a decantarse de aquel lado, supuso la incorporación en la Constitución de las diez primeras enmiendas, base última de las libertades de los estadounidenses.

Muchos han visto la Unión Europea como unos Estados Unidos de Europa, esto es, un proyecto de acabar con los Estados-nación dando paso a una superestructura omnipotente. El paso hacia un super Estado europeo ha acaparado la imaginación calenturienta de la progresía mundial. La Unión Europea es un presupuesto del pensamiento único; puede discutirse qué modelo de Unión Europea se quiere, pero no de una cuestión preeliminar y más básica, si queremos Unión Europea.

Hasta la fecha, la UE se ha convertido en el artífice del estatalismo más fanático. Ha superpuesto a la idea de igualdad entre individuos, la igualdad entre Estados e incluso entre regiones. Las transferencias de renta, pese a estar bien vistas en España por su posición receptora de fondos, pasarán a la historia como uno de los robos de mayor escala. La macroredistribución ha dado renovado vigor a la idea de que el capital transferido coactivamente entre naciones es el motor del progreso. Las naciones son pobres porque otras son ricas, y sólo enriqueciendo a aquéllas empobreciendo a éstas podemos hallar una mínima justicia social. Nada tiene que ver, por otra parte, el respeto a la propiedad privada como paso previo a la acumulación de capital en aquellas actividades realmente útiles.

La PAC ha supuesto una hipertrofia insensata de un sector agrario dependiente más que nunca de las subvenciones públicas (esto es, la redirección del dinero de los consumidores hacia donde ellos no quieren) que de los precios de mercado. No sólo eso, sino que eliminando los aranceles internos y reforzando los exteriores, en busca de una estúpida autosuficiencia, trasunto de la autarquía fascistoide, ha propinado un doloroso golpe al desarrollo de los países tercermundistas.

No es cierto, por tanto, que la UE sea un artífice del libre comercio. Desde los estudios de Jacob Viner sabemos que las Uniones Aduaneras pueden suponer una dilapidación de recursos al desviar los flujos comerciales de sus orígenes más eficientes. Más aún, al construir una arbitraria pirámide de países privilegiados en su trato comercial con la UE, se ha convertido en una dadora de ignominiosas prebendas que tratan asimétricamente a las naciones dependiendo de los objetivos económicos, políticos o de otro tipo, que los burócratas europeos pretendan alcanzar.

Ni siquiera el Pacto de Estabilidad supone un logro liberal que quepa achacar a la UE, pues es el resultado inevitable de la adopción de una moneda pública común, el euro. La moneda única europea podría llegar a convertirse en la más peligrosa afrenta a la libertad de cuantas ha ideado la Unión Europea si el Banco Central vuelve a jugar con la oferta monetaria. En cualquier caso, resulta evidente que el Euro abre el paso hacia la moneda única, tan pretendida por los keynesianos.

No sólo moneda mundial, sino que la existencia de estructuras políticas tan notables facilita, y por tanto estimula, la transición hacia un Estado mundial, cuya acumulación de poder sería tan extraordinaria, que el devenir dictatorial resultaría insoslayable.

Nada bueno debemos esperar de la Unión Europa, que no de Europa. No hay que caer en la trampa colectivista de confundir la sociedad y los individuos con el Estado. Ser antiunioneuropeísta no significa ser antieuropeo. Europa es una sociedad muy anterior a cualquier estructura estatal presente o futura. No nace ni se extingue con la UE. La sociedad se engendra como consecuencia de las relaciones voluntarias entre los individuos, no constituye una realidad alternativa, sino sólo la constatación de tales lazos.

La mejor forma de afianzar las buenas relaciones entre los individuos nunca ha sido incorporarlos en una rígida estructura común de la que después no pueden escapar. La Unión Europea obliga a una relación forzosa entre los diferentes individuos que accidentalmente han nacido en tal territorio. No sólo eso, sino que forzado esas relaciones, debilita los lazos con otros individuos no europeos. En cierto sentido, es preferible unidades políticas pequeñas (Estados-nación) semicerradas -o semiabiertas- a todo el mundo, que grandes unidades políticas abiertas por dentro, pero totalmente herméticas hacia el exterior.

La actitud de Aznar para con el reparto de poder había contribuido a dinamitar la Unión Europea; es muy posible que esa fuera su última gran aportación -aún sin quererlo- a la causa de la libertad. Zapatero se ha convertido en un servil del Eje, así que la Constitución Europea, y el alumbramiento de otro leviatán mundial, tienen luz verde. Ningún partido osa cuestionar el proyecto estatalista. La cuestión es que, en un mundo cada vez más globalizado por los Estados, no podemos escapar a casi ningún lado. Pero en ese caso, ¿qué podemos hacer?

13 de Mayo de 2004

¿No quiere qué?

Otra cosa no, pero sentido del humor, o muy mala leche, debemos reconocerle al presidente Rodríguez, Mr. Zapatero. Parece ser que ahora renuncia a que la Constitución europea se firme en Madrid porque "el terrorismo no puede alterar la agenda de lo que representa la UE".

Personalmente, poco o nada me importa dónde se firme la carta de naturaleza del leviatán europeo -bueno, no exactamente, preferiría que no se firmara en parte alguna-, pero los argumentos que ofrece ZP me suenan demasiado melosos.

Repasemos los hechos. La Unión Europea decide trasladar la firma de la Constitución europea a Madrid para homenajear a las víctimas del 11-M. ¿Qué tiene que ver la firma de la Constitución en Madrid con una alteración de la agenda política por mandato terrorista? ¿Debemos entender que los repetidos homenajes que ha recibido Madrid han supuesto un cambio en la agenda política?

Cuando se señala que no debemos ceder ante el terrorismo, no significa que debamos aparentar que no existe, sino que no debemos amilanarnos ante sus reivindicaciones. El objetivo de Al Qaeda no era, obviamente, que la Constitución europea se firmara en Madrid. Las palabras de Zapatero constituyen una humareda de demagogia con la pretensión de ocultar los dos únicos cambios políticos, hasta ahora, por obra y gracia del terrorismo: la victoria del PSOE el 14 de marzo y la retirada, antes incluso del plazo marcado, de las tropas de Irak. Aunque bueno, no dudo de que este valiente gesto de Zapatero ante el terrorismo le ha devuelto todo su crédito internacional. Tenemos un presidente que no retrocede ante la barbarie. La Constitución europea es la prueba.

8 de Mayo de 2004

Neoliberal cagado de miedo busca reciclaje ideológico para salvar el pellejo

Por casualidad, he encontrado en una de esas páginas que tan bien caracterizan los inframundos de la civilización un comentario a un antiguo post mío. En realidad, más que comentario, se trata de un corta y pega. Ya lo hicieron en otra ocasión. Esperaba ver en ambos críticas irrefutables a mis argumentos, pero ¿qué le vamos a hacer? Debo ser comprensivo con la naturaleza humana, con algunas naturalezas humanas, a las que posiblemente les resulte harto complicado la construcción ordenada de cuatro frases que sirvan como vehículo a sus... ¿ideas? Los perros, al menos, ladran. Es una pena.

El título del post se titula: Els neoliberals, cagats de por tras la retirada de tropes (Los neoliberales, cagados de miedo tras la retirada de las tropas) Resulta curiosa la terrible tendencía de la izquierda a llamar neoliberales a los liberales. Máxime cuando, desde la Gran Depresión, los neoliberales fueron los keynesianos y, en especial, Franklin Delano Roosevelt (los new liberals), esto es, los adoradores del poderío estatal. Pero tampoco puedo esperar que quien no sepa capaz de emitir juicios de valor conozca semejantes extremos. Y más que cagados de miedo, avergonzados. Claro que hablar de vergüenza a quien no la tiene, de poco servirá.

Eso sí, tengo que reconocer que uno de los visitantes de esa caverna ideológica, espadachín, ha intentado articular una réplica en los comentarios:

Aunque no me va a leer (y no voy a ir a su web asquerosa para hacerlo), respondo al liberamierda ese:

1) "La manifestación como origen del poder estatal". Pues no. Zapatero llegó al poder tras obtener la minoría más mayoritaria EN VOTOS y ser apoyado por más tenedores DE VOTOS hasta conformar una mayoría absoluta. Ni un minuto antes, ni con pancartas ni sin ellas.

2) Y aún en el supuesto de que la manifestación fuese una forma de hacerse con el poder estatal... ¿y qué? ¿Qué tiene de malo? Lo difícil, en todo caso, es no verle lo bueno a ese supuesto. Por supuesto, para la perrera está claro que lo mejor es que al poder se llegue de la mano de u erre de a ce i ¿no?

3) Si es verdad que esta noche hay francachela en Madrid para celebrar el regreso de nuestras tropas, lo único que siento, liberal de mierda, es no poder ir.

4) Finalmente, botarate, el día que tomemos el poder DE VERDAD ya verás tú si tendrás o no tendrás razones para quejarte.


¡Mira por dónde! Al final te he leído; algunos tenemos esa mala costumbre (mala especialmente en el caso de algunas páginas), otros, por lo visto, no. También es notable la sustitución de "neoliberal" por "libermierda". Ya veo que el lenguaje se va refinando y las ironías alcanzan elevados grados de sutileza. No esperaba menos.

En cuanto al primer punto, espadachín sólo debería haber leído a reglón seguido: La parte izquierdista del movimiento antiguerra, que ya obtuvo su triunfo con ZP, ve ahora reafirmado su poder cuando el presidente del gobierno ha cedido con semejante celeridad a su principal reivindicación. Eso, y por ahora no otra cosa, significa "la manifestación como origen del poder estatal". Pero bueno, no le pidamos peras al olmo, ni agua a la piedra pomez, ni lectura a la izquierda de corral.

La segunda objeción también deriva de un problema de lectura. En ese mismo segundo párrafo que no ha leído ya indicaba que: Cuando el liberalismo reclama que debe ser la sociedad, los individuos, los depositarios del poder frente a la injerencia estatal, no se está refiriendo a que la coacción del Estado debe ser manejada por la sociedad; muy al contrario, no debe existir esa coacción. Pues eso, espadachín, gúardate a Urdaci para las pancartas, pero para argumentar (y soy generoso con este verbo), busca algo mejor.

El último inciso (sobre el tercero, lamento que no engrosaras la masa celebrativa) es el más gracioso. El día que tomemos el poder DE VERDAD ya verás tú si tendrás o no tendrás razones para quejarte. No lo dudaba, nunca lo he dudado; sólo hace falta observar qué ha ocurrido en todos y cada uno de los lugares donde han tomado el poder. Divertido a más no poder; estos asesinos compulsivos buscan la legitimación mediática del Estado para cometer sus crímenes. Aunque, por ahora, en el mejor de los casos, no pasan de charlatanes callejeros. Eso sí, estos espadachines no dejan de ser la avanzadilla de los que realmente quieren tomar el poder; los tontos útiles (aunque en algunos casos la utilidad no está tan manifiesta), que decía ayer, de los purgadores. Pues eso, un poco de alfalfa y a dormir.

7 de Mayo de 2004

Del lado correcto

Algunos creyeron ver en la, afortunada o no -ésa es otra cuestión- guerra de Irak y, más en concreto, en la participación española en la misma, la causa última por la que Al Qaeda había cometido los atentados del 11-M; y Aznar, por supuesto, era considerado el responsable primero de los mismos.

Otros países como Francia o Alemania estaban libres de todo peligro. El terrorismo islámico no iba a atacarles, no podía atacarles, porque ellos eran "pacíficos". Fue gracioso cómo se imputó a la guerra de Irak el inicio de las hostilidades, olvidando por completo el hundimiento de las Torres Gemelas dos años antes. La izquierda reconoce ya que estamos en guerra... en la guerra de la Resistencia contra el imperialismo explotador.

Votando al PSOE parte de los electores trató de redimir España de alianza transatlántica; salir de la foto de las Azores ingresar en el eje franco-alemán eran sus objetivos, sólo así evitaríamos el justificado azote de la resistencia árabe.

Sin embargo, existen algunas incongruencias manifiestas en tal argumentación. ¿Por qué Bin Laden ofrece 125 mil dólares por asesinar a Kofi Annan, firme opositor a la guerra de Irak? ¿Por qué la ONU construye un muro de seguridad (este extremo es curioso; si peligran sus vidas, todo muro es válido. Eso sí, las vidas de los judíos parecen no merecer semejante protección) ¿Por qué Francia efectúa simulacros de atentados terroristas similares al 11-M? ¿A qué tiene miedo? ¿Por qué Al Qaeda deberia llegar a pensar en atentar en Francia cuando fue el gran artífice del "No a la Guerra"? ¿Por qué? Y en definitiva, ¿la victoria de Zapatero tendrá algún efecto para refrenar ulteriores atentados? Quizá los progres descubran algún día que ellos también están entre los objetivos de Bin Laden. Tontos útiles.

3 de Mayo de 2004

El Democracy de Hoppe en español

El profesor Hans Hermann Hoppe es uno de los máximos exponentes vivos de la Escuela Austriaca de Economía. Siguiendo a su maestro Murray Rothbard, sus aportaciones recorren el campo de la ética -donde fundamenta los derechos naturales en la argumentación habermasiana- , de la epistemología -sistematizando la metodología de la economía, equiparándola con la geometría, las matemáticas u otras ciencias a priori-y, cómo no, en la economía -refutando el concepto de bienes públicos y perfeccionando la crítica austriaca a la imposibilidad material del socialismo.

Ahora bien, quizá su teoría más controvertida y estudiada haya sido el análisis de la monarquía y de la democracia, contenido en su obra "Democracy, the God that Failed". Durante sus conferencias en España del pasado mes de abril, el profesor Hoppe aprovechó para presentar la edición española de su libro con el título Monarquia, Democracia Y Orden Natural. Una Vision Austriaca De La Era Americana.

El libro es, en realidad, una recopilación de artículos y charlas que Hoppe ha venido dando durante los últimos años. Su objetivo no es sólo reinterpretar la historia moderna, mostrando como el paso de la monarquía a la democracia supone, en realidad, una involución histórica, sino también defender el orden natural anarcocapitalista.

Para Hoppe el Estado es un monopolio territorial de decisión última que actúa mediante su aparato coactivo sobre los habitantes de dicho territorio. Y en este sentido, el régimen de propiedad que se detente sobre semejante aparato condicionará el grado de su calamidad. Así, la monarquía absoluta representa, generalmente, una propiedad privada sobre el Estado, con lo que las actuaciones del Rey tendrán un horizonte temporal a muy largo plazo, evitando dilapidar su patrimonio. La democracia, en cambio, supone una propiedad pública del aparato de compulsión, con lo cual, existirán incentivos para transformar el patrimonio nacional en liquidez -mediante la recaudación fiscal-, en aumentar la oferta dineraria o en contraer unas deudas que pagarán futuros gobiernos.

De alguna manera, los miembros de cualquier gobierno democrático, dada su efímera permanencia, intentan obtener beneficios demagógicos a muy corto plazo, despreciando las consecuencias de sus irresponsables acciones que tendrán que afrontar ulteriores gobiernos. Esto es claro, como ya hemos comentado, en el caso de la deuda pública. Un gobierno puede decidir endeudarnos ya que no será él quien deba afrontar su devolución y las consecuencias de su funesta actuación las padecerán otros gobernantes.

Contrariamente, el monarca absoluto puede, desde luego, contraer deuda pública, pero será una deuda frente a la que tendrá que responder él o sus sucesores. Los datos resultan elocuentes: rara vez la deuda pública alcanzó en las monarquías el 5% del PIB, mientras que hoy suelen posicionarse alrededor del 50%(y en algunos países como Japón alcanza el 160%).

También resulta interesante el análisis Hoppeano de la I Guerra Mundial como el punto y final de la época monárquica, cuyos efectos más tenebrosos fueron la dominación fascista y comunista de medio mundo. Hoppe asegura que el conflicto bélico trocó de una disputa territorial a un conflicto ideológico tras la intervención de los EEUU en lo que considera una "Guerra Civil Europea". La guerra ideológica desembocó en una guerra total, las economías nacionales se cerraron y se militarizaron, en una suerte de socialismo de guerra y el caos soviético tras la abdicación del zar alzó a Lenin, tras el golpe de Estado, con el poder absoluto. Tanto el kaiser alemán como el Emperador austro-húngaro (Estado desmembrado y humillado tras la I Guerra Mundial) hubieran frenado el avance fascista y nacional-socialista surgido al socaire de la amenaza comunista; pero las débiles repúblicas creadas por el intervencionista Wilson no resultaron suficientemente robustas para ello. La Pax Americana es, en opinión de Hoppe, uno de los mayores fiascos de la historia.

Aún así, el autor defiende únicamente la el sistema monárquico como un mal menor. Se declara un fanático anarco-capitalista cuyo ambición última es derrumbar el Estado; precisamente a esto, a explicar cómo funcionaría una sociedad sin Estado ni injerencias en la propiedad privada dedica otra parte de su obra.

Así pues, en un mismo volumen se analizan cuestiones tan polémicas como la involución democrática, el derecho a la secesión, la restricción de la inmigración, la necesaria alianza con los conservadores, la defensa de lo que él denomina orden natural, la producción privada de defensa, y la estrategia para acabar con el Estado ante la imposibilidad de limitarlo. Un libro muy polémico, con alguna carencia importante, pero, desde luego, de imprescindible lectura.

La traducción española y la introducción al libro han sido realizadas por D. Jerónimo Molina y el libro esta publicado en Ediciones Gondo. Precisamente ahí debéis escribir para pedir el libro.

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