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Todo un hombre de Estado: Noviembre 2005

27 de Noviembre de 2005

Lección de economía básica para Camps

Les podría hablar del céntimo sanitario que el ultraliberal Partido Popular de la Comunidad Valenciana ha aprobado con la abstención del PSPV y de IU (¡tiene bemoles!), pero prefiero comentarles el último anuncio ecoprogre, financiado con el dinero de todos los valencianos, que se emite por las ondas de Canal 9.

Sale en pantalla una garrafa con un litro de agua y otra con un litro de gasolina. Voz en off: ¿Qué vale más? Vuelven a salir ambas garrafas. Voz en OFF: "Vuélvelo a pensar, ¿qué vale más? Si no malgastas la gasolina, ¿por qué malgastas el agua?"

Pues mire, el agua se malgasta porque no es privada y su precio está administrativamente intervenido, medida típica de los regímenes totalitarios. Por eso, por su culpa, se despilfarra.

Pero aun hay otra cosa que resulta más lamentable, ¿hace falta recurrir al absurdo para vender el mensaje progre? Miren, señores de la Consellería, UN litro de gasolina vale más que UN litro de agua, porque aquél se dirige a satisfacer necesidades MARGINALES más importantes que éste. No hay ninguna trampa ni truco: no comparamos el valor de la gasolina y el agua EN GENERAL, sino de unidades CONCRETAS de agua y gasolina. Adam Smith ya cayó en esta trampa hace 300 años, Menger destapó el timo de la estampita. Ustedes han picado y nos quieren hacer picar. No cuela y, por favor, no malgasten mi dinero así. Sigo valorando más emplear esas unidades MARGINALES de dinero en otras cosas que que usted las despilfarren en anuncios chorra y demagogos.

Claro que, a diferencia de lo que ocurre con el agua y la gasolina, ustedes no me dejan elegir cómo usarlas.
Por qué el nazismo era socialismo y por qué el socialismo es totalitario, por George Reisman

Mi propósito es hablar sobre dos temas: (1) Demostrar que la Alemania Nazi era un estado socialista, y no capitalista. Y (2) demostrar por qué el socialismo, entendido como un sistema basado en la propiedad gubernamental de los medios de producción, requiere para funcionar una dictadura totalitaria.

La identificación de la Alemania nazi como un estado socialista fue una de las grandes contribuciones de Ludwig von Mises.

Cuando uno recuerda que la palabra "Nazi" era una abreviatura para "der Nationalsozialistsiche Deutsche Arbeiters Partei - traducido: el Partido Nacional Socialista de los trabajadores alemanes- la identificación de Mises podría no parecer demasiado digna de mención. ¿Qué otra cosa deberíamos esperar del sistema económico de un país dirigido por un partido con el calificativo "socialista" en su nombre más que sea socialista?

Sin embargo, aparte de Mises y sus lectores, prácticamente nadie piensa que la Alemania nazi era un Estado socialista. Resulta mucho más común creer que representa una forma de capitalismo, que es precisamente lo que los comunistas y el resto de marxistas afirman. La base de tal aseveración se encuentra en el hecho de que la mayoría de las industrias de la Alemania nazi estaban aparentemente en manos privadas.

Lo que Mises descrubrió fue que la propiedad privada de los medios de producción existía sólo nominalmente bajo los Nazis y que la sustancia real de la propiedad de los medios de producción residía en el gobierno alemán. Era el gobierno alemán y no los supuestos propietarios privados quien ejercía todos los poderes sustantivos de la propiedad: é, y no los propietarios privados, decía qué iba a ser producido, en qué cantidad, por qué métodos y a quién debía distribuirse, así como los precios y los salarios que debían pagarse, y qué dividendos y otras rentas debían percibir los supuestos propietarios privados. La posición de estos denominados dueños privados, según demostró Mises, fue reducido esencialmente al de pensionistas gubernamentales.

La propiedad gubernamental de facto de los medios de producción, tal y como la llamó Mises, estaba lógicamente implícita en los principios fundamentalmente colectivistas de los nazis tales como "el bien público antes del bien privado" y "el individuo existe como un medio para los fines del Estado". Si el individuo es un medio para los fines del Estado, también lo es, claro está, su propiedad. De la misma manera que el individuo pertenece al Estado, su propiedad también lo hace.

Pero lo que específicamente estableció de facto el socialismo en la Alemania nazi fue la introducción de controles de precios y salarios en 1936. Fueron impuestos como respuesta a la inflación de la oferta monetaria lleva a cabo por el régimen desde que había alcanzado el poder a principios de 1933. El régimen nazi infló la oferta monetaria para financiar enormes incrementos del gasto público, necesario para sus programas de trabajo público, subsidios y rearme. El control de precios y salarios se impuso como respuesta al incremento de precios resultante de la inflación.

El efecto de la combinación de inflación y controles de precios y salarios es la carestía, esto es, una situación en la que la cantidad de bienes que la gente está dispuesta a comprar excede la que hay a la venta.

La carestía, a su vez, genera un caos económico. No se trata sólo de que los consumidores que lleguen antes a las tiendas están en una posición mejor para comprar todas las disponibilidad de bienes dejando a los consumidores que llegan después con nada -una situación a la que los gobiernos responden con el racionamiento. Los desabastecimientos generan caos por todo el sistema económico. Introducen la aletoriedad en la distribución de la oferta entre áreas geográficas, en la distribución de un factor productivo entre los distintos productos, en la asignación del trabajo y el capital entre las distintas ramas de un sistema económico.

Cuando se combina el control de precios con la carestía, el efecto de una reducción de la oferta de un bien no es, como ocurriría en el libre mercado, el aumento de su precio, el incremento de su rentabilidad, y por tanto la detención de la reducción de la oferta o la reversión si ha ido demasiado lejos. Los controles de precios impiden el incremento de precios y por tanto el incremento de la rentabilidad. Al mismo tiempo, el desabastecimiento ocasionado por controles de precios impiden que los incrementos de la oferta reduzcan el precio y la rentabilidad. Cuando hay una carestía, el efecto de un incremento de la oferta se traduce meramente en una reducción de la severidad del desabastecimiento. Sólo cuando el control de precios se eliminado totalmente, un incremento de la oferta provoca una reducción del precio y de la rentabilidad.

Como resultado, la combinación de controles de precios y carestía hace posible un movimiento aleatorio de la oferta sin que afecte a los precios y a la rentabilidad. En esta situación, la producción de los bienes más triviales y poco importantes, incluso las piedras de animales, pueden ser expandidos a expensas de la producción más urgentemente necesitada -como medicinas vitales- sin cambios en el precio o la rentabilidad de cualquier bien. Los controles de precios impiden que la producción de medicinas se vuelva más rentable cuando disminuye su oferta, mientras que cuando se practica incluso sobre las piedras de animales impide que su producción devenga menos rentable cuando su oferta aumenta.

Tal y como Mises demostró, para enfrentarse con esos efectos no deseados del control de precios, el gobierno tiene que, o bien abolirlos, o bien añadir medidas más drásticas, esto es, precisamente el control sobre lo que se produce, la cantidad, los métodos, y a quién se distribuye, a lo que ya me he referido antes. La combinación del control de precios con todo un conjunto de controles adicionales provoca la socialización de facto del sistema económico. Significa que el gobierno ejerce todos los poderes sustantivos de la propiedad.

Este fue el socialismo instituido por los nazis. Y Mises lo llamó socialismo de tipo alemán o nazi, en contraste con el socialismo más obvio de los soviets, al que denominó socialismo de tipo ruso o bolchevique.

Por supuesto, el socialismo no termina con el caos provocado por una destrucción del sistema de precios. Lo perpetúa. Y si se introduce sin la previa existencia de controles de precios, sus efectos son inaugurar el caos. Esto se debe a que el socialismo no es un sistema económico positivo. Es simplemente la negación del capitalismo y de su sistema de precios. Como tal, la naturaleza esencial del socialismo es exactamente la misma que el caos económico resultante de la destrucción del sistema de precios por los controles de precios y salarios. (Quiero puntualizar que la imposición de un sistema de producción por cuotas del socialismo de tipo bolchevique, con excedentes en todas partes para exceder la cuotas, es una fórmula para la carestía universal, tal y como existe con los controles de salarios y precios).

Como mucho, el socialismo simplemente cambia la dirección del caos. El control gubernamental sobre la producción podría hacer posible una mayor producción de algún tipo de bien de especial importancia, pero lo hace a costa de causar estragos a lo largo del resto del sistema económico. Esto se debe a que el gobierno no tiene ningún medio de conocer los efectos sobre el resto de la economía de su producción mínima de bienes a los que otorga especial importancia.

Los requisitos para ejecutar un sistema de controles de precios y salarios arrojan mucha luz sobre la naturaleza totalitaria del socialismo -con mayor claridad, claro, en la variante alemana o nazi del socialismo, pero también el socialismo de tipo soviético.

Podemos empezar del hecho de que el interés financiero de los vendedores operando bajo controles de precios es evadir los controles y subir los precios. Los compradores, de otro modo, serán incapaces de obtener los bienes que desean, ya que, además, están capacitados para pagar precios más altos para conseguir los bienes que quieren. En estas circunstancias, ¿qué va a conseguir detener el incremento de precios y la aparición de un mercado negro masivo?

La respuesta es una combinación de sanciones públicas combinado con una gran probabilidad de ser aprehendido y sufrir esas sanciones. Las simples multas no parece que vaya a detener nada. Serán consideradas como un gasto empresarial más. Si el gobierno está seriamente implicado en los controles de precios, es necesario imponer sanciones comparables a las de los delitos más graves.

Pero la simple existencia de esas sanciones no es suficiente. El gobierno tiene que hacer además peligroso realizar actividades en el mercado negro. Tiene que alentar el miedo de la gente haciéndoles pensar que podrían ser descubiertos por la policía y, de hecho, encarcelados. Por ejemplo, el gobierno debe atemorizar a un tendero y a su clientela de que si entran en el mercado negro, algún otro cliente lo comunicará.

Pero, debido a la privacidad y secreto en los que se realizan la mayoría de las transacciones del mercado negro, el gobierno debe atemorizarlos también diciendo que algún parte del trato podría ser un agente de la policía tratando de capturarle. El gobierno debe meter miedo a la gente incluso de sus socios de toda la vida, incluso sus amigos y familiares, podrían ser espías. Y, finalmente, para obtener una condena, el gobierno debe dejar la decisión sobre inocencia o culpabilidad en las manos de un tribunal administrativo o de agentes de la policía en el acto.

No puede recaer en juicios con jurados, porque no parece probable que muchos jurados estuvieran dispuestos a declarar culpables a gente que sería condenada a bastantes años de prisión por el crimen de haber vendido unos poco gramos de carne o un par de zapatos por encima del precio máximo.

En resumen, por tanto, los requisitos de un las regulaciones de precios deben compartir las características esenciales de un estado totalitario, esto es, la creación de la categoría de "delitos económicos", para los que la persecución de la felicidad y del interés materia sea tratado como un delito ofensivo; la creación de un aparato policiaco totalitario, lleno de espías e informadores; y el poder de arrestar y encarcelar de manera arbitraria.

Claramente, la ejecución de controles de precios requiere un gobierno muy similar al d Hitler en Alemania o al de Stalin en Rusia, donde prácticamente cualquier persona podía ser un espía de la policía y en el que existe la policía secreta existe con poder para arrestar y encarcelar a la gente. Si el gobierno no desea llegar tan lejos, entonces sus controles de precios se muestran como ineficaces y simplemente se colapsan. El mercado negro alcanza mayores proporciones (Por cierto, nada de esto pretende sugerir que los controles de precios fueron la causa del reino de terror de los nazis. Los nazis comenzaron su reino de terror bastante antes de instaurar los controles de precios. Y, como resultado, instauraron los controles de precios en un ambiente propicio para su ejecución).

La actividad del mercado negro favorece la comisión de crímenes adicionales. Bajo un socialismo de facto, la producción y venta de bienes en el mercado negro supone el desafío a las regulaciones gubernamentales en relación con la producción y la distribución, así como a los controles de precios. Por ejemplo, los propios bienes que se venden en el mercado negro intentan ser distribuidos por el gobierno de acuerdo con su plan, y no mediante el mercado negro. Los factores productivos que se emplean para producir esos bienes pretenden, de la misma manera, ser usados por el gobierno de acuerdo con su plan, y no con el propósito de aprovisionar al mercado negro.

Bajo un sistema de socialismo puro, como el que existía en la Rusia soviética, en el que las leyes del país abierta y explícitamente convertían al gobierno en el propietario de los medios de producción, toda la actividad del mercado negro suponía necesariamente una apropiación injustificada o un robo de la propiedad estatal. Por ejemplo, se consideraba que los trabajadores o directores de las fábricas en la Rusia soviética que retiraban productos para venderlos en el mercado negro estaban robando las materias primas que había entregado el Estado.

Además, en cualquier tipo de estado socialista, nazi o comunista, el plan económico del gobierno es una parte de la ley suprema de la tierra. Todos tenemos una cierta idea de cuán caótico es el proceso de planificación socialista. La distorsión posterior de los trabajadores y directores aprovisionando el mercado negro con materiales para producir es algo que un estado socialista considerará como un acto de sabotaje al plan económico nacional. Y sabotaje es, de hecho, como el código legal socialista lo considera. En coherencia con este hecho, la actividad del mercado negro en un país comunista normalmente acarrea la pena de muerte.

Ahora pienso en este hecho fundamental que explica todo el reino de terror que se vive bajo el socialismo y el increíble dilema en el que un estado socialista se coloca a sí mismo con respecto a las masas de ciudadanos. Por un lado, asume la entera responsabilidad sobre el bienestar económico del individuo. El socialismo de tipo ruso o bolchevique confiesa abiertamente -ésta es la fuente principal de su defensa popular. Por otro lado, en todos los sentidos que uno pueda imagina, el estado socialista consigue una increíble chapuza. Convierte la vida del individuo en una pesadilla.

Cada día de su vida, el ciudadano de un estado socialista debe emplear grandes cantidades de tiempo para esperar en colas sin fin. Para él, los problemas que experimentaron los americanos con la carestía de gasolina en los 70 son normales; simplemente que no los experimenta en relación con la gasolina -dado que no posee un coche y no tiene esperanzas de hacerlo- sino en relación con simples elementos como el vestido, las verduras o incluso el pan. Incluso más grave, está forzado frecuentemente a trabajar en un lugar que no ha elegido y que, por tanto, debe odiar con toda seguridad. (En tanto bajo la carestía el gobierno debe decidir la distribución del trabajo así como la del resto de los factores materiales de producción). Y además vive en una situación de hacinamiento inverosímil, con pocas ocasiones para la privacidad. (Al existir carestía de viviendas, los planificadores asignan las casas; las familias son obligadas a compartir los apartamentos. Y se adopta un sistema de pasaportes y visados internos para limitar la gravedad de la carestía de vivienda en las áreas del país donde más interesa). Para decirlo con claridad, una persona que viva en esas condiciones tiene que hervir en resentimiento y hostilidad.

Entonces, ¿contra quién sería más lógico que los ciudadanos de un estado socialista dirigieran su resentimiento y hostilidad más que contra el propio estado socialista? El mismo estado socialista que se había proclamado responsable de sus vidas, prometiendo una existencia llena de felicidad, es de hecho el responsable de haberles proporcionado el infierno. Así, los líderes de un estado socialista viven un dilema adicional, tienen que forzar a la gente diariamente a creer que el socialismo es un sistema perfecto cuyos malos resultados sólo pueden deberse a la obra de hombres perversos. Pero si eso fuera cierto, ¿qué persona cuerda no identificaría a los hombres perversos con los dirigentes mismos, quienes no sólo han convertido la vida en un infierno, sino que han pervertido un sistema supuestamente perfecto?

Se sigue, por tanto, que los dirigentes de un estado socialista deben sentir un continuado terror por la gente. Por la lógica de sus acciones y enseñanzas, el agobio y el resentimiento de la gente debería alentarlos a una orgía de venganza sangrienta. Los dirigentes sienten esto, aunque no lo admitan abiertamente; y, en consecuencia, su mayor preocupación es mantener el control de la ciudadanía.

Por consiguiente, es cierto pero inadecuado decir simplemente cosas como que en el socialismo hay falta de libertad de prensa o de expresión. Por supuesto, están libertades están ausentes. Si el gobierno es propietario de todas las publicaciones y periódicos, si decide los propósitos de las imprentas y del papel que se crea, entonces obviamente nada que el gobierno no quiera que se edite podrá ser editado. Si es propietario de todos los salones, ningún se podrá ofrecer ningún discurso público o académico que el gobierno no desee que se pronuncie. Pero el socialismo va más allá de la mera falta de libertad de expresión y prensa. Un gobierno socialista aniquila completamente estas libertades. Convierte la prensa y cualquier foro público en un vehículo para una propaganda histérica en su propio provecho, y se implica en la implacable persecución de todo aquel que se desvía una pulgada de la línea oficial del partido.

La razón de estos hechos es el miedo de los dirigentes socialistas hacia la gente. Para protegerse a ellos mismos, deben ordenar que el ministerio de propaganda y a la policía secreta funcionen 24 horas al día. El primero para desviar continuamente la atención de la responsabilidad del socialismo y de sus dirigentes en relación con la miseria de la gente. El segundo, para remover y silenciar a todo aquel que remotamente sugiera que los dirigentes socialistas son responsables del desastre -eliminar a todo aquel que empieza a dar signos de pensar en ese sentido. Es por el miedo de los dirigentes, y por su desesperada necesidad de encontrar chivos expiatorios a los fallos del socialismo, que la prensa de los países socialista está siempre llena de historias sobre conspiraciones extranjeras y sabotajes, o sobre corrupción y mala administración de los oficiales subordinados, y por qué periódicamente es necesario desenmascarar conjuras domésticas a gran escala y sacrificar a importantes oficiales y facciones enteras en purgas gigantescas.

Es por su terror, y su desesperada necesidad de aplacar cualquier aliento de la más mínima oposición potencial, que los dirigentes socialistas no están dispuestos a consentir siquiera actividades puramente culturales que no estén controladas por el Estado. Cuando la gente se reúne para un show artístico o para leer poesía no está controlada por el estado, y los dirigentes temen que se diseminen ideas peligrosas. Cualquier idea no autorizada es peligrosa, pues pueden llevar a que la gente empiece a pensar por sí misma y, por tanto, empiece a cuestionarse la naturaleza del socialismo y de sus dirigentes. Los gobernantes temen las reuniones espontáneas de un puñado de personas en una habitación, por lo que emplean la policía secreta y el aparato de espías, informadores y terror para, o bien detener esas reuniones, o bien cerciorarse de que su contenido es completamente inocuo para el Estado.

El socialismo no puede durar mucho tiempo sin usar el terror. Tan pronto como el terror se relaja, lógicamente el resentimiento y la hostilidad se levantan contra los gobernantes. El panorama está dispuesto para una revolución o una guerra civil. De hecho, en ausencia de terror, o, más correctamente, de un suficiente grado de terror, el socialismo estaría caracterizado por una sucesión de revoluciones y guerras civiles, tan pronto como cada grupúsculo de dirigentes se mostrara incapaz de hacer funcionar exitosamente el socialismo, tal y como lo demostraron sus predecesores. La inferencia necesario que debemos alcanzar es que el terror experimentado en los países socialistas no se debe simplemente a la obra de personas perversas, como Stalin, pero brota de la propia naturaleza del sistema socialista. Stalin puede pasar a la posteridad porque su inusual predisposición y astucia para usar el terror eran las características específicas necesarias por un gobernante socialista para permanecer en el poder. Llegó al poder por un proceso de selección natural: la selección del peor sujeto.

Tengo que anticipar un posible error con respecto a que el socialismo es totalitario por su naturaleza. Se refiere a los supuestos países socialistas gobernados por socialdemócratas, como Suecia u otros países escandinavos, que no son claramente dictaduras totalitarias.

En esos casos, es necesario darse cuenta de que si bien no son totalitarios, tampoco son socialistas. Sus partidos gobernantes pueden blandir su filosofía como el fin último, pero no han implementado el socialismo como sistema económico. Su sistema económico real es el de un mercado obstaculizado, tal y como Mises lo llamó. Aunque más obstaculizada que la nuestra en muchos sentidos, el sistema económico es esencialmente similar al nuestro, dado que la fuerza motora característica de la producción y la actividad económica no es el decreto gubernamental sino la iniciativa privada de propietarios que buscan el beneficio particular.

La razón por la que los socialdemócratas no establecen el socialismo cuando alcanzan el poder es que no se atreven a realizar lo que el socialismo requiere. La implantación del socialismo como sistema económico necesita de un activo masivo de robo -los medios de producción deben ser expropiados de sus propietarios y apropiados por el Estado. Tal expropiación ciertamente generaría una gran resistencia por parte de los propietarios, resistencia que sólo podría ser vencida a través del uso generalizado de la fuerza.

Los comunistas estaban y están dispuestos a conseguirlo por la fuerza, como se evidenció en la Rusia soviética. Su carácter es el típico de los ladrones armados preparados para asesinar a la víctima en caso de que sea necesario para perpetrar el atraco. El carácter de los socialdemócratas, en contraste, es más parecido al de los carteristas, que pueden hablar de dar el gran golpe algún día, pero que no se sienten capaces de asesinar lo necesario, y que, por tanto, se retractan a la más mínima señala de resistencia seria.

Con respecto a los nazis, no tuvieron que asesinar para controlar la propiedad de los alemanes, salvo en el caso de los judíos. Esto se debió a que, como hemos visto, establecieron el socialismo con sigilo, a través de controles de precios, que sirvió para mantener la apariencia externa de propiedad privada. Los propietarios privados fueron despojados de su propiedad sin saberlo y, por tanto, no sintieron necesidad de defenderse por la fuerza. Creo haber demostrado que el socialismo -el socialismo real- es totalitario por su misma naturaleza.


En los EEUU actualmente, no tenemos ninguna forma de socialismo. Y no tenemos una dictadura, mucho menos una dictadura totaitaria. Tampoco tenemos aun un sistema fascista, a pesar de que nos estamos desplazando hacia él. Entre los elementos que todavía nos faltan está el partido único y la censura. Aun tenemos libertad de expresión y prensa, y elecciones libres, aunque ambas han sido socavadas y su continuidad no puede ser garantizada.

Lo que tenemos es una economía de mercado obstaculizado que está creciendo hacia una todavía más obstaculizada a través de mayor intervención gubernamental, y que se caracteriza por una creciente pérdida de la libertad individual. El crecimiento de la intervención económica del gobierno es sinónimo de pérdida de la libertad individual porque significa un incremento en la iniciación de la fuerza física para conseguir que la gente haga aquello que voluntariamente no haría o para impedir que hagan lo que voluntariamente harían.

Dado que el individuo es el mejor juez de sus propios intereses, y que, como regla general, pretender seguir su interés y evitar lo que daña su interés, se sigue que a mayor intervención gubernamental, mayores serán los ámbitos donde los individuos no puedan hacer aquello que les beneficia y, en cambio, se les obligue a hacer lo que les perjudica.

Hoy en los EEUU, el gasto público, federal, estatal y local, ocupa casi la mitad de los ingresos monetarios de los ciudadanos que no trabajan para el gobierno. Quince departamentos federales, y un mayor número de agencias reguladoras federales, todo junto y, en ocasiones, con sus contrapartidas estatales y local, se entrometen rutinariamente en cualquier área de la vida de los ciudadanos. En modos innumerables, al ciudadano se le saquea, se le fuerza y se le prohíbe.

El efecto se una interferencia gubernamental tan monumental es el desempleo, la inflación, la caída en los salarios reales, la necesidad de trabajar más tiempo y más duramente, y la creciente inseguridad económica. El efector posterior es el crecimiento del miedo y el resentimiento.

Aunque la política de intervención del gobierno debería ser su lógico objetivo, el enfado y el resentimiento que la gente sienten es dirigido, en cambio, hacia los empresarios y los ricos. Este es un error alimentado en su mayor parte por la ignorancia y la envidia de los intelectuales del establisment y los medios de comunicación.

Y de acuerdo con esta actitud, desde el colapso de la burbuja de la bolsa, que de hecho fue generada por la política de la Reserva Federal de expandir el crédito y luego reventada por su abandono, los fiscales del gobierno han adoptado lo que parece ser una particular política de venganza hacia los altos ejecutivos, culpables de la deshonestidad financiera, dado que sus acciones fueron responsables por las generalizadas pérdidas consecuencia del colapso de la burbuja. Así, la antigua cabeza de una gran compañía de telecomunicaciones fue condenado a 25 años de presión. Otros altos ejecutivos han padecido un destino similar.

Incluso más ominoso, el poder del gobierno para obtener condenas criminales se ha convertido en equivalente al poder para destruir una empresa, tal y como ocurrió con el caso de Arthur Andersen, la mayor auditoría del mundo. La amenaza de usar este poder fue suficiente para forzar a las mayores aseguradoras de los EEUU a cambiar a sus directivos de conformidad con el Abogado General del Estado de Nueva York. No hay manera de describir esta evolución salvo como condena y castigo sin juicio y como una extorsión del gobierno. Estos son grandes pasos a lo largo de un camino muy peligroso.

Afortunadamente, todavía hay suficiente libertad en EEUU para deshacer todo el daño que se ha hecho. Primero hay libertad para decirlo y denunciarlo públicamente.

Más fundamental resulta que hay libertad para analizar y refutar las ideas que se encuentran por debajo de estas políticas destructivas que ya han sido adoptadas o que podrían serlo. Y éste es el punto crítico. Ya que el factor fundamental en el que se basa el intervencionismo y, por supuesto el socialismo, sea nazi o comunista, son las ideas erróneas y, sobre todo, las ideas erróneas sobre economía y filosofía.

Existe ahora un extenso y creciente cuerpo de literatura que presenta ideas sólidas en estos dos campos. A mi juicio, los dos autores más importantes en estos campos son Ludwig von Mises y Ayn Rand. Un conocimiento profundo sobre su literatura es indispensable para una exitosa defensa de la libertad individual y el libre mercado.

Este instituto, El Ludwig von Mises Institute, es el centro líder del mundo en la difusión de las ideas de Mises. Presenta un flujo continuo de análisis basado en sus ideas, análisis que aparecen en sus revistas académicas, sus libros y periódicos, y en su website diariamente aparecen nuevos artículos que estudian los asuntos de actualidad. Educa a estudiantes de instituto y universidad y a jóvenes profesores, en sus ideas y en las ideas relacionadas de otros miembros de la Escuela de economía austriaca. Esto lo consigue a través de la Mises Summer University, las Austrian Scholars Conferences y una gran variedad de seminarios.

Dos formas de luchar por la libertad es educarse uno mismo hasta el punto de ser capaz de hablar y escribir en defensa de la libertad de manera tan articulada como los profesores asociados con el instituto o, si uno no tiene tiempo o inclinación para dedicarse a esa actividad, entonces puede dar apoyo financiero en la medida en que pueda al Instituto para realizar su vital tarea.

Es posible darle la vuelta a la situación. Una sola persona no puede hacerlo. Pero un número grande y creciente de gente inteligente, educada en la causa de la libertad económica, y que hable, discuta y la defienda siempre que sea posible, es capaz de formar gradualmente las actitudes de la cultura y así las de la naturaleza de su sistema político y económico.

Todos los que estáis en esta charla ya estás implicados en este gran esfuerzo. Espero que continuéis e intensifiquéis vuestro compromiso.

26 de Noviembre de 2005

El liberalismo contra el fascismo, por Roderick T. Long

El fascismo se diferencia de sus primos cercanos, el comunismo y el conservadurismo aristocrático, en varios puntos importantes. Entender estas diferencias resulta equivalente a ver cómo el liberalismo clásico ofrece una visión completamente distinta de la organización social y económica, una perspectiva que se aparte radicalmente de las visiones tanto de la derecha como de la izquierda, tal y como esos términos se entienden en el lenguaje político contemporáneo.

Empecemos con las diferencias con respecto al comunismo. Primero, donde el comunismo pretende sustituir la propiedad privada por estatal, el fascismo pretende incorporar o cooptar la propiedad privada dentro del aparato estatal a través de una alianza público-privada. El fascismo tiende a ser más tentador que el comunismo para los intereses de los ricos quienes pueden verlo como un medio para aislar su poder económico de la competencia a través de un proceso de cartelización forzosa y otras estratagemas corporativistas.

Segundo, donde el comunismo tiende a ser cosmopolita e internacionalista, la ideología fascista tiende a ser chauvinísticamente nacionalista, acentuando la lealtad particularista hacia el país, la cultura o la etnia de cada uno; a esto se le une la desconfianza hacia el racionalismo, una preferencia económica por la autarquía, y una visión de la vida como una inevitable pero gloriosa batalla. El fascismo también tiene a cultivar un ser humano gregario o völkish, la retórica de "el hombre del pueblo", "el pragmatismo por encima de los principios", "el corazón por encima de la cabeza", "no prestes atención esos intelectuales cabezas de chorlito".

Estos contrastes con el comunismo no deberían ser exagerados, claro está. Los gobiernos comunistas no pueden permitirse suprimir la propiedad privada por completo, en tanto ello les llevaría a un veloz colapso económico. Además, a pesar de todo el cosmopolitismo e internacionalismo que puedan caracterizar a los regímenes comunistas en la teoría, tienden a ser tan chauvinísticamente nacionalistas en la práctica como sus primos los fascistas; mientras que, por el otro lado, los regímenes fascistas podrían apelar demagógicamente al universalismo liberal.

Con todas estas similitudes, existe una diferencia en énfasis y estrategia entre el fascismo y el comunismo. Cuando se trata de encarar las instituciones vigentes que amenazan el poder estatal -las empresas, iglesias, la familia o la tradición- el impulso comunista pasa en gran medida por abolirlas; mientras que el impulso fascista consiste en absorberlas.

Las estructuras de poder externas al estado son potenciales rivales del propio poder estatal, por lo que los estados siempre tienen alguna razón para pretender su abolición; el comunismo da rienda suelta a esta pulsión. Pero las estructuras de poder externas al Estado son también potenciales aliados del Estado, particularmente si sirven para reforzar los hábitos de subordinación y acatamiento entre la población, y por tanto, siempre existe la oportunidad potencial de una alianza mutuamente beneficiosa; aquí mismo descansa la estrategia fascista.

Estos rasgos en los que el fascismo difiere del comunismo podrían dar a entender que lo alían más bien con el conservatismo aristocrático tradicional del ancien régime, que es del mismo modo particularista, corporativista, mercantilista, nacionalista, militarista, patriarcal y anti-racionalista. Pero el fascismo difiere de este desfasado conservadurismo en abrazar el ideal del progreso industrial dirigido por directores tecnócratas, así como en adoptar una postura populista capitaneando la lucha del "hombre desamparado" contra las elites -recordemos su gregarismo. (Si las tendencias tecnocráticas del fascismo parecen estar en conflicto con su pulsión antirracionalista, entonces, en palabras del proto-fascista Moeeler van den Bruck "tenemos que ser capaces de vivir con las contradicciones").

Liberalismo

Algunas de las diferencias entre el fascismo y el viejo conservadurismo podrían deberse a los avances conseguidos por sus enemigos comunes, los liberales. El progreso del liberalismo y la industria tuvo la consecuencia de trasladar la riqueza, al menos en parte, desde la aristocracia tradicional a nuevas manos privadas, creando así nuevos grupos con intereses privados con la habilidad de operar como empresarios políticos; permitiendo de esta manera, tal vez, la tendencia hacia la emergencia de una clase plutocrática nominalmente fuera del tradicional aparato estatal. De la misma manera, el progreso de la democracia significó que la plutocracia sólo podía esperar obtener el triunfo siguiendo el juego populista; de ahí la paradoja de un movimiento elitista desfilando bajo la bandera del antielitismo -un claro ejemplo de la historia de EEUU comenzó con las leyes antimonopolio y otras supuestas leyes anti-grandes-empresas que fueron vigorosamente forzadas por las propias grandes empresas.

(Cf. "War Collectivism in World War I de Murray Rothbard," The Suicidal Corporation: How Big Business Fails America de Paul Weaver, Railroads and Regulation, 1877-1916 and Triumph of Conservatism: A Reinterpretation of American History, 1900-1916 de Gabriel Kolko, In Restraint of Trade: The Business Campaign Against Competition, 1918-1938 de Butler Shaffer, "Big Business and the Rise of American Statism," de Roy Childs, "Political Economy of Liberal Corporatism" and "The Role of State Monopoly Capitalism in the American Empire de Joseph Stromberg," "Toward a Theory of State Capitalism: Ultimate Decision-Making and Class Structure," de Walter Grinder & John Hagel, etc.)

Por lo tanto, aquí tenemos la curiosa fusión fascista del privilegio y el gregarismo; uno podría calificarlo como un movimiento que piensa como Halliburton y habla como George W. Bush.
La asociación entre el aparato estatal official y beneficiarios nominales del poder estatal fue un recurrente tema de los liberales decimonónicos, como Frédéric Bastiat y Gustave de Molinari, quienes extendieron y radicalizaron las críticas de Adam Smith al proteccionismo mercantilista como un esquema diseñado para beneficiar a los intereses concentrados de las grandes empresas a costa del público en general. En palabras de Molinari, las empresas "pedían que el gobierno salvaguardara sus monopolios con los mismos métodos que había usado para salvaguardar el suyo" (The Evolution of Protectionism")

Los sociólogos liberales como Charles Comte y Charles Dunoyer habían desarrollado una completa teoría premarxista del conflicto de clases, según la cual la posición esencial de la clases dominante no es, al contrario que Marx, el acceso a los medios de producción, sino más bien el acceso al poder político. (Cf. Radical Liberalism of Charles Comte and Charles Dunoyer de David Hart, "Charles Dunoyer and French Classical Liberalism," de Leonard Liggio, "Classical Liberal Exploitation Theor de Ralph Raicoy," "Social Analysis of Three Early 19th-Century Classical Liberals de Mark Weinburg," etc.)

Cuando Marx denominó al gobierno francés "una sociedad anónima dedicada a la explotación de la riqueza nacional de Francia" en nombre de la elite burguesa a expensas de la producción y el comercio ("Class Struggles in France", él simplemente se estaba haciendo eco de aquello que los liberales habían estado diciendo durante décadas.

Herber Spencer, de la misma manera, se quejó de la influencia de los "autócratas de los ferrocarriles", en la política americana "que perjudicaban los derechos de los accionistas" y "controlaban las cortes de justicia y el gobierno estatal" ("The Americans"). Y Lysander Spooner denunció a la elite financiera y bancaria de la siguiente manera:

Entre los salvajes, la simple fuerza física, por parte del hombre, puede permitirle robar, o matar a otro hombre… Pero con los (así llamados) pueblos civilizados… en las que los soldados en cualquier número, y otros instrumentos bélicos en cualquier número, pueden ser obtenidos a través del dinero, la cuestión de la guerra, y por tanto la cuestión del poder, es poco más que una cuestión de dinero. Como consecuencia necesaria, aquellos capaces de suministrar este dinero son los auténticos gobernantes… [Los] gobernantes nominales, los emperadores y los reyes y los parlamentos, no son nada al lado de los gobernantes auténticos de sus países. No son más que simples herramientas empleadas por los ricos para robar, esclavizar y (si es necesario) asesinar a aquellos con menor riqueza, o con ninguna riqueza en absoluto… [Los] llamados soberanos, en estos distintos gobiernos, son simplemente los cabecillas y los jefes de estas distintas bandas de ladrones y asesinos. Y los cabecillas y los jefes dependen de los prestamistas de la sangre dineraria para llevar a cabo sus robos y asesinatos. No podrían mantenerse ni un momento a no ser por los préstamos realizados por estos prestamistas proveedores de sangre dineraria… Además de pagar el interés de sus bonos, quizá les garanticen a sus tenedores, grandes monopolios sobre la banca, como el Banco de Inglaterra, de Francia y de Viena; con el acuerdo de que estos bancos les provean con dinero siempre que, en caso de repentina emergencia, sea necesario atracar a más ciudadanos. Tal vez, así mismo, a través de los aranceles sobre las importaciones de la competencia, les otorguen grandes monopolios sobre ciertas ramas de la industria, en las que estos prestamistas de sangre dineraria estén metidos. Ellos también, por fiscalidad desigual, eximan completa o parcialmente a la propiedad de estos prestamistas, e incrementen correspondientemente las cargas de aquellos que son demasiado pobres o débiles para resistirlo. (No Treason VI.)


Esta cita de Spooner demuestra que los liberales decimonónicos también veían una conexión entre la plutocracia y el militarismo, y criticaron duramente lo que hoy podría llamarse el complejo militar-industrial. Spencer, por ejemplo, bramó contra "las subvenciones militares y los privilegios concedidos por el Estado" de los que disfrutaba la East India Company, que le permitieron cometer "hazañas sangrientas y rapiña" en India donde "las autoridades policiales se aliaba con los diablillos enriquecidos" para "permitir que la maquinaria de la ley fuera usada para los propósitos de la extorsión". Semejantes abusos, dijo Spencer, fueron "mayoritariamente debidos al mantenimiento del control estatal, y gracias a la ayuda de los fondos y la fuerza del Estado". En caso de que el poderío militar del Imperio Británico no se hubiera puesto a disposición de los directores de la Empresa, "su estado de infensión los hubiera obligado" a actuar de manera distinta; ellos habrían "prestado atención a un desarrollo integral del comercio y se hubieran comportado pacíficamente". (Social Statics, cap.27). Escrito a mediados del s.XIX, Spencer se quejó especialmente del "vergonzoso monopolio de la sal" -que casi un siglo después llegaría a ser un importante catalizador del movimiento independentista indio.

¿Pero quiénes [escribio Spencer] son los beneficiados? Los monopolistas… en sus bolsillos han entrado, en forma de salarios a los oficiales civiles y militares, o dividendos de los beneficios…, una gran parte de los enormes ingresos de la East India company… Los propietarios ricos de la propiedad colonial obtuvieron protección, así como sus hermanos, los terratenientes de Inglaterra -los primeros con impuestos prohibitivos, los segundos con las leyes del grano, todo ello destinado a incrementar la desbordante riqueza de los dirigentes" ("The Proper Sphere of Government").


Así, la plutocracia, según pensaban estos escritores liberales, conducía al militarismo. Pero ellos también sostuvieron que el militarismo conducía a la plutocracia. Así argumentaba el americano spenceriano William Graham Sumner:

"El militarismo, la expansión y el imperialismo favorecerán la plutocracia. En primer lugar, la guerra y el expansionismo favorecerán la corrupción, tanto en las colonias como en casa. En segundo lugar, difuminarán la atención de la gente sobre todo el mal que los plutócratas están haciendo. En tercer lugar, provocarán grandes gastos del dinero de la gente, cuyos rendimientos no irán a parar al Tesoro, sino a las manos de unos pocos confabuladores. En cuarto lugar, clamarán por grandes impuestos y deuda pública, y estas cosas tienden a hacer al hombre desigual, ya que las cargas sociales pesan mucho más sobre los débiles que sobre los fuertes, y por tanto hacen al débil más débil y al fuerte más fuerte" ("Conquest of the United Status by Spain").


Mientras que la influencia de las grandes riquezas privadas sobre el gobierno no era nada particularmente nuevo, los liberales decimonónicos tendieron a pensar que se le había dado un nuevo ímpetu por la instauración de la democracia y sus inevitables compañeros, los grupos de presión políticos -lo que los liberales franceses llamaron "el gobierno ulceroso". Un número de liberales afirmó que la democracia representativa llevaba a batallas por la influencia política entre los grupos de intereses competitivos, y de manera poco sorprendente, son los intereses más ricos y más concentrados los que suelen llevarse el gato al agua. Sumner, por ejemplo, mantuvo que la democracia, lejos de ser, como se suponía comúnmente, la archienemiga de la plutocracia, era, de hecho, su crucial salvoconducto:

"Los métodos y la maquinaria de los gobierno democráticos y republicanos -camarillas, primarias, comités, y convenciones- nos conducen tal vez con mayor facilidad que otros métodos y maquinarias políticas a la aparición de afectos egoístas que buscan la influencia política para sus interesadas finalidades. (Sumner, "Andrew Jackson")" [Sobre esta cuestión recomiendo enormemente el artículo de Scott Trask "William Graham Sumner: Against Democracy, Plutocracy, and Imperialism" in the Fall 2004 issue of the Journal of Libertarian Studies.]

Pero en estos puntos, los escritores como Sumner estaban simplemente desarrollando las implicaciones del comentario de Madison en el Federalista sobre que la extrema mutabilidad de la que los gobiernos representativos son responsables tenderá a trabajar en beneficio de una rica minoría:

De poco servirá al pueblo que las leyes sean aprobadas por hombres de su elección si son tan voluminosas que no pueden ser leídas, o tan incoherentes que no pueden entenderse; si son revocadas o reformadas antes de que se las promulgue, o si padecen alteraciones tan incesantes que nadie que conozca la ley hoy puede adivinar cuál será ésta mañana… Otro efecto de la inestabilidad pública es la poco razonable ventaja que otorga a una minoría astuta, emprendedora y adinerada, sobre la masa laboriosa y desinformada del pueblo. Toda disposición nueva que se refiera al comercio a la renta, o que afecte de cualquier manera al valor de los distintos tipos de propiedad, ofrece una nueva cosecha a quienes vigilan el cambio y pueden deducir sus consecuencias; una nueva cosecha que no ha sido producida por ellos mismos, sino mediante la abnegación y cuidados del conjunto de sus conciudadanos. Se trata de una situación en la que con alguna certeza puede afirmarse que las leyes están hechas para unos POCOS y no para la MAYORÍA. (Federalist 62.)


Y Madison, a su vez, estaba trazando el antiguo argumento ateniense de que los sistemas electorales son de hecho oligárquicos en lugar de democráticos. (Ver mi "The Atenían Constitution: Government by Jury and Referendum").

Mientras que tanto los liberales como los marxistas se quejaron del poder de las elites ricas, no estuvieron de acuerdo en el remedio, porque tampoco estaban de acuerdo en el origen del problema. Para los marxistas, la plutocracia era un producto del mercado; la clase dirigente emergía a través del comercio, y sólo se dedicó a consolidar su hegemonía a través del subsiguiente control del Estado. (El propio Marx era ambivalente en esta cuestión, pero Engels solidificó la posición marxista ortodoxa). Por lo tanto, para los marxistas el mercado debía ser suprimido; este es el origen de la visión izquierdista del fascismo como una manifestación del "capitalismo" del libre mercado. Para los liberales, por el contrario, el poder de una clase dirigente depende del poder del Estado, y por tanto esta última es la que debe ser suprimida.

Los liberales no cometieron, sin embargo, el error de suponer que el poder de Estado por sí solo era el único problema. Dado que los dirigentes eran generalmente superados en número por aquellos a quienes dirigían, estos pensadores se dieron cuenta de que el Estado no podía sobrevivir excepto a través de la aceptación popular, sobre la cual el Estado no tiene un poder coactivo. En palabras de Spencer "En el caso de un gobierno representando a una clase dominante… la mera existencia de una clase monopolizando todo el poder se debe a ciertos sentimientos de la comunidad" ("The Social Organism"). De la misma manera Dunoyer escribió:

El primer error, y en mi opinión el más serio, está en no ver suficientemente los problemas allí donde están -no reconocerlos excepto en los gobiernos. Dado que es además allí donde los mayores obstáculos se dejan generalmente notar, se asume que es allí donde existen, y que solo es allí donde hay que dirigir el ataque… Uno está poco dispuesto a darse cuenta de que las naciones sean el material del que los gobiernos están hechos; que es en su seno donde emergen los gobiernos (Industry and Morals)".


O como de Nuevo preguntó el anarquista americano Edwin Walter: "¿Si el estatismo fuera la causa de todos los males sociales, qué cosa podría ser la causa del estatismo? (Communism and Conscience)".

Los liberales decimonónicos, por tanto, tendían a ser pensadores "radicales" o "dialécticos" en el sentido de Chris Sciabarra: veían el poder del Estado como una parte de un sistema entrelazado de mutuamente reforzadas prácticas y estructuras sociales, y estaban intensamente interesadas en los acompañantes institucionales y culturales del estatismo -acompañantes que tanto obtuvieron apoyo del Estado como ofrecieron apoyo al poder del Estado.

Es en los análisis de estos acompañantes donde los vemos pelear contra aspectos fascistas de la cultura estatalista. Escritores como Dunoyer, Spencer y Molinari vieron una cerrada conexión entre el estatismo y el militarismo porque en su opinión el Estado originaba la guerra; las tribus que tenían éxito en esquivar a los invasores se convertían progresivamente en dependientes de su clase guerrera, mientras que las tribus que fracasaban en repelerlos se convertían en los sujetos de la clase guerrera de la tribu enemigo -y en cualquier caso la clase guerrera estaba posicionada para convertirse en la clase dirigente. Dunoyer y Spencer también observaron una relación recíproca entre el estatismo y el militarismo, por un lado, y patriarcado por otro, dado que consideraban el poder de los hombres sobre las mujeres como la división de clases original de la que crecieron todas las restantes. No hubieran sido sorprendidos por el hecho de que los movimientos fascistas glorificaran la conquista militar, por un lado, y la familia patriarcal por otro.

No hubieran tampoco sentido ninguna sorpresa al conocer que el fascismo tomaba su nombre de las fasces, el símbolo romano de un hacha atada entre cuerda. (Un nudo de cuerdas por sí solo indicaba que un oficial tenía el poder para infligir daño corporal; añadir un hacha al haz de cuerdas significaba el poder para castigar con la muerte). Bastiat consideró la imperante reverencia a la Antigua Roma como una perniciosa influencia cultural. Escribió:

¿Qué era el patriotismo Romano? Odio a los extranjeros, destrucción de todas las civilizaciones, el sofoco de todo el progreso, el azote del mundo con fuego y espada, la esclavitud de las mujeres, niños y ancianos a los triunfantes carros -esto era gloria, esto era virtud… La lección no se ha perdido; y este adagio indudablemente procede de Roma… las pérdidas de una nación son las ganancias de otra- un adagio que aun gobierna el mundo. Para adquirir una idea de la moralidad romana, imagina en el corazón de París una organización de hombres que odian trabajar, determinados a satisfacer sus deseos con engaños y por la fuerza, y consecuentemente en guerra con la sociedad. Sin duda algún código moral o incluso algunas virtudes sólidas se manifestarán en esa organización. Coraje, perseverancia, autocontrol, prudencia, disciplina, constancia en los infortunios, secretos profundos, las puntillas, la devoción a la comunidad -estas indudablemente serían las virtudes que la necesidad y la opinión mayoritaria esperaría de estas brigadas; éstas eran las de los piratas; éstas eran las de los romanos. Podría decirse que, en relación con lo anterior, la grandeza de la empresa y la inmensidad del éxito han extendido un velo sobre sus crímenes hasta el punto de transformarlos en virtudes. Y esta es la razón por la que la escuela es tan dañina. No son los vicios abyectos, sino los vicios cubiertos con esplendor los que seducen las almas de los hombres ("Acadeic Negrees and Socialism").


Roma, incidentalmente, fue otra gran cultura donde la plutocracia triunfó al adoptar una imagen democrática.

Spencer estaba convencido de que la cultura occidental de su día estaba en una fase de retroceso, una fase que llamó de "rebarbarización", en la que los valores de la sociedad industrial, la sociedad de cooperación voluntaria y beneficio mutuo, estaban rindiéndose, una vez más, a los viejos valores de la sociedad militante, de jerárquía, reglamentación, agresivos impulsos, anti-intelecual, y una visión de la humanidad como una suma cero. Spencer vio la evidencia de la rebarbarización no sólo en la política oficial militar, sino también en la evolución cultural, como por ejemplo la creciente militarización de la Iglesia, o el recrudecimiento de lo que llamó "religión de la enemistad" (Principles of Sociology). Spencer estaba afligido al obervar que en "los servicios provistos por la Iglesia en ocasión de la salida de tropas hacia Sudáfrica [Spencer estaba escribiendo sobre la Guerra de los Boers]… se emplean ciertos himnos de una manera que sustituye el enemigo humano por el enemigo espiritual. Así, durante la generación pasada, bajo el manto de una religión que proclama la paz, el amor y el perdón, han sido perpetrado gritos de guerra, sangre, fuego y batalla y un continuo ejercicio de sentimientos antagónicos". (Facts and Comments, cap. 25).

Otra evolución cultural que Spencer identificó como un síntoma de rebarbarización era el incremento de deportes profesionales. Según las palabras de Spencer:

Naturalmente junto con... la exaltación de la fuerza bruta en su forma armada... mostrando con qué intensidad el trato coactivo, que es el elemento esencial de la militancia, había pervertido a la nación, ha ido unida el cultivo de la fuerza física profesional bajo la forma del atletismo. La palabra es bastante moderna, por la razón de que durante la generación anterior los hechos que abarcaba no eran suficientemente numerosos y conspicuos como para llamarlo así. En mi juventud "las noticias deportivas", así lo llamaban, estaban concentradas en un periódico semana, Bell´s Life in London, que se encontraba, según me han dicho, en las guaridas de los camorristas y en las tabernas de clase baja. Desde entonces, el crecimiento ha sido tal que la adquisición de destreza en los deportes principales se ha convertido en una ocupación absorbente... Mientras tanto, para satisfacer la demanda que el periodismo ha cultivado, tal que aparecieron varios periódicos diarios y semanales dedicados enteramente a los deportes, los periódicos diarios y semanales de carácter ordinario informan de los "acontecimientos" en todos las localidades, y no es inhabitual que un periódico diario les dedique una página entera... Al mismo tiempo que la superioridad física se colocaba al frente dela sociedad, la superioridad mental descendía a las catacumbas... Así, estos diversos cambios apuntan de nuevo a los días medievales donde el coraje y el poder físico eran los únicos determinantes de las clases dirigentes, mientras que la cultura existente estaba recluida en los sacerdotes y los internados en los monasterios. (Facts and Comments, cap. 25).


Estos síntomas de militarización y barbarización en la arena de la cultura fueron coaligados con cambios análogos en el gobierno, incluyendo un desplazamiento del poder desde los civiles a la autoridad militar, y dentro del gobierno civil desde el parlamento a la autoridad ejecutiva. En 1881, Spencer se refirió a las medidas que se estaban tomando en Alemania:

para extender, directa o indirectamente, el control sobre la vida de la población. Por un lado, están las leyes bajos las cuales, a mitades del año pasado [i.e., 1880], 224 sociedades socialistas fueron cerradas, 180 periódicos retirados de circulación, 317 libros prohibidos... Por otro lado, podemos mencionar la política del Príncipe Bismark para reestablecer los gremios (cuerpos que coaccionan a sus miembros mediante sus regulaciones) y para constituir el Estado asegurador... En todos esos cambios se observa un progreso hacia... la sustitución de las organizaciones civiles por las militares, hacia el reforzamiento de las restricciones sobre los individuos y hacia una mayor regulación de su vida en gran detalle". (Principles of Sociology V. 17.)


Y Spencer veía como Inglaterra estaba siguiendo el rastro de Alemania; expresó su temor a que "una extensión notable del espíritu militante y la disciplina entre la policía quienes, están llevando sombreros con forma de cascos, pistolas y considerándose a sí mismos medio soldados, ha provocado que hablemos de la gente como "civiles"", y criticó a la "creciente asimilación de las fuerzas de voluntarios al ejército regular, llegando ahora mismo al extremo de proponer que estén disponibles para el extranjero, de manera que en lugar de las acciones defensivas para las que se crearon, puedan ser usados en acciones ofensivas". (Ibid.)

Pocos años después, al otro lado del Atlántico, Voltairine de Cleyre percibió una evolución similar en América:

Nuestros padres pensaban que nos habían protegido del ejército permanente proveyéndonos con una milicia voluntaria. A día de hoy, hemos podido ver como esa milicia se ha declarado parte del ejército regular de los EEUU, y sujeta a las mismas demandas que los regulares. Dentro de otra generación probablemente veamos a sus miembros cobrar regularmente del gobierno general. ("Anarchism and American Traditions.")


Durante la Guerra hispano-americana, Sumner estaba escribiendo "La Conquista de los EEUU por España", dando a entender que los EEUU, aun venciendo a España en el campo de batalla, había sucumbido ideológicamente a las ideas imperialistas que tradicionalmente habían representado. Y E. L. Godkin, el editor de The Nation -en ese momento un periódico liberal clásico- escribió desesperadamente en 1900 sobre el "Eclipse del Liberalismo".

Nacionalismo entendido como codicia nacional [escribió] ha suplantado al Liberalismo... Al colocar la grandeza de una nación particular por encima del fin del bienestar de la humanidad, ha sofisticado el sentido moral de la Cristiandad... No oímos hablar de derechos naturales, sino de razas inferiores, cuyo destino es someterse al gobierno de aquellos a los que Dios ha hecho superiores. La vieja falacia del derecho divino ha demostrado una vez más su ruinoso poder, y antes de que sea nuevamente rechazado tendrán que haber batallas internacionales de terrible magnitud. En casa toda crítica a la política exterior de nuestros dirigentes es denunciada como antipatriótica. No debe haber ningún cambio, la política nacional debe continuar. En el extranjero, los dirigentes de cada país deben apresurarse a ejercer el saqueo internacional, de manera que puedan asegurarse su porción. Para tener éxito en estas expediciones predatorias las restricciones del parlamento... sobre el gobierno deben dejarse a un lado". ("The Eclipse of Liberalism.")


En resumen, los liberales decimonónicos observaron la emergencia de varias tendencias que al unirse se convertirían en fascismo -militarismo, corporativismo, reglamentación, chauvinismo nacional, plutocracia y lenguaje populista, las llamadas a "líderes fuertes" y la "grandeza nacional", la glorificación del conflicto por encima del comercio, y de la fuerza bruta por encima del intelecto- y se opusieron con dureza a todo el paquete. Y aunque en última instancia perdieron la batalle, su bandera caída la hacemos nuestra al recogerla.

Dejemos que Sumner diga las últimas palabras; una vez más escribiendo en contra de la guerra hispano-americana:

[L]a razón por la que la libertad, de la que nosotros los americanos tanto hablamos, es una buena cosa se debe a que significa permitir a la gente vivir sus propias vidas a su manera, así como podemos hacerlo nosotros. Si creemos en la libertad, como un principio americano, ¿por qué no la apoyamos? ¿Por qué vamos a lanzarla por la ventana para entrar en una política típicamente española de dominación y regulación?... [E]ste esquema de una república que conformaron nuestro padres fue un sueño glorioso que reclama más de una palabra de respeto y afecto antes de que se desvanezca... Su idea era que nunca permitirían que ninguna de las forma de abuso social y político del viejo mundo volviera a aparecer aquí... No debía haber ningún ejército salvo la milicia, que no tendría otras funciones que las de policía. No se les otorgaría ningún cortejo ni ninguna pompa; ninguna orden, jirones, condecoraciones o títulos. No habría deuda pública... No habría ninguna diplomacia majestuosa, porque pretendían ocuparse de sus asuntos y no dedicarse a las intrigas a las que estaban acostumbrados los políticos europeos. No debía haber ningún reequilibrio de poderes y ninguna "razón de Estado" que pudiera ejercerse a costa de la vida y la felicidad de los ciudadanos... Nuestros padres iban a tener un gobierno económico, incluso si la gente distinguida lo calificara de parsimonioso, y los impuestos no debían ser más altos que lo absolutamente necesario para financiar un gobierno así. El ciudadano debía retener el resto de sus ingresos y usarlos tal y como mejor creyera convenientes para la felicidad de él mismo y de su familia; su obligación era, sobre todo, asegurar la paz y la tranquilidad mientras seguía trabajando honestamente y obedecía las leyes. Ninguna política aventurera de conquista o ambiciones personales... debían ser emprendidas por una república libre y democrática. Por lo tanto los ciudadanos en ese país nunca serían forzados por ninguna razón a abandonar a su familia o a entregar, a sus hijos a que derramaran su sangre por la gloria, y a dejar viudas y huérfanos... Por virtud de estos ideales hemos estado "aislados", aislados en una posición que el resto de las naciones de la tierra observan con envidia silenciosa; y todavía hay gente que dice ser patriota porque nos han otorgado un lugar entre las naciones de la tierra por merced de la guerra." ("Conquest of the United States by Spain.").

21 de Noviembre de 2005

Izquierda y derecha según un "progresista"

Llego a otro gran post de Red Progresista donde se reflexiona sobre la naturaleza de la izquierda y la derecha. Como suele ser habitual, se basa en un conjunto de prejuicios y malas interpretaciones; quizá por ello convenga aclararlo.

Primera perla de Itaca: Muchos sostienen hasta la saciedad que no existen diferencias significativas entre las ideologías de derecha y de izquierda. Generalmente las personas que mantienen esta postura, lo hacen para justificar que sus simpatías políticas se encuentran más bien en la derecha.

Esta conclusión es bastante alegre. Una cosa es que no existan diferencias significativas entre los partidos de izquierdas y los derechas, otra negar que existen diferencias entre la libertad y la esclavitud. Yo no tengo reparos en afirmar que soy de derechas, esto es, liberal, y que la izquierda -la voluntad de construir nuevos mundos a través de la violencia- es el fruto de todos los totalitarismos.

Por ahora conviene que retengamos el verbo construir, más adelante veremos por qué Itaca tiene un caos monumental en la cabeza.

La siguiente simplificación la encontramos en su clasificación de las ideologías (y ello a pesar de que Itaca lo considere un tema trivial y autoevidente para quien haya realizado ni siquiera un pequeño curso de economía). En primer lugar, nos dice que el laissez faire es Aquella que consiste en cerrar los ojos y que cada cual se espabile como pueda(…)aquel paradigma que se basa en la iniciativa privada y, consiguientemente, en favorecer los intereses de lo que es privado en contraposición de lo que es público o común, de aquello que trabaja para el beneficio máximo propio y particular. Esta es la forma de organización social que los herederos de los privilegios, de la riqueza y del poder han intentado tradicionalmente que se mantenga a toda costa y al precio que sea necesario; en consecuencia es lógico que deseen un estado que no mira, que no controla, para que todo siga siendo simplemente como había estado siendo hasta ahora.

Vayamos por partes:

a) ¿Una ideología que consiste en cerrar los ojos? No mira, la cuestión es quién debe tenerlos abiertos, si los individuos, o el Estado. El laissez-faire sólo propugna que se deje a los individuos guiar sus vidas según observen con sus ojos la realidad; que no se les imponga la "visión de los ungidos" como superior a sus visiones individuales. Por supuesto, siempre hay sujetos -la izquierda- que prefiere que la visión del Estado reprima las individuales, que el Gran Hermano tenga los ojos bien abiertos para que todos los demás los cerremos. Una diferencia entre izquierda y derecha, ciertamente.

b) El laissez faire tampoco es "sálvese quien pueda". ¿Acaso la caridad privada no es laissez faire? ¿Acaso el empresario no tiene que servir al consumidor para ganar dinero? ¿Acaso el sistema de división internacional del trabajo y del conocimiento, la cooperación y la colaboración productiva suponen una sociedad atomista? ¿Acaso los sistemas de ayudas mutuas o los seguros suponen un sálvese quien pueda? No, el laissez faire no implica que cada cual tenga ir por su lado, sino que nadie tenga que ir por el lado que marca el Estado. Una cosa es impedir o buscar que no haya lazos, y otra cosa muy distinta no imponer que los haya. Creer que la sociedad sólo puede aflorar como planificación consciente del Estado es otro grave error que diferencia a la izquierda de la derecha.

c) El problema de las frases del estilo "para el laissez faire el interés particular prima sobre el común" es sencillo: ¿cuál es el interés común? ¿quién lo define? Es más, ¿acaso los distintos intereses individuales son necesariamente incompatibles entre sí? ¿El interés común supone que beneficia a todos los ciudadanos o sólo a una mayoría? ¿Y si beneficia a la mayoría por qué se llama común? En realidad, la izquierda es favorable a imponer los intereses de la mayoría sobre la minoría, esto es, explotar a esta última a favor de la primera. Para la izquierda, pues, la dictadura no supone un inconveniente siempre que dé paso a la realización de ese interés mayoritaria. La derecha, por su parte, si es defensora del interés común, entendido como aquel conjunto de normas y circunstancias que permiten a todo el mundo perseguir sus fines sin imponerlos sobre los demás. Otro tema aparte es que los métodos estatalistas que utiliza tampoco le permiten conseguir los fines mayoritarios que se propone, entre otras cosas, porque los fines mayoritarios son unos fines que carecen de coste de oportunidad, con lo cual, son unos fines irreales. Se agregan las preferencias pero no los costes, con lo que tenemos un desastre. En todo caso, quede claro que la izquierda favorece la explotación de unos individuos sobre a otros, frente a la derecha que favorece el bien común y la armonía de intereses.

d) Lo que resulta desternillante es pensar que los herederos de las riquezas están empeñados en consolidar el sistema capitalista. El capitalismo implica cambio y continua servidumbre del consumidor. Aquellos empresarios que dejen de atender a sus clientes, por muy importantes que hayan sido en el pasado, desaparecerán. A los privilegiados les interesa un sistema hermético, donde se viva de la subvención y de la redistribución forzosa. Un ejemplo típico son los funcionarios, que ni tienen que cambiar ni adaptarse a las circunstancias del mercado, al tener su renta y su posición consolidada a través de la fuerza pública. El capitalismo es realmente sencilla en relación con las grandes fortunas: o sigue sirviendo a los consumidores o desaparece. En el mercado la remuneración se consigue por relaciones voluntarias y mutuamente satisfactorias, en el Estado por prebendas y privilegios políticos. La izquierda favorece la casta y la derecha el cambio a lo largo de la vida.

e) La última afirmación no supera la altura de las anteriores: es lógico que deseen un estado que no mira, que no controla, para que todo siga siendo simplemente como había estado siendo hasta ahora. Pero vamos a ver, ¿tú has visto algo más inmovilista que la burocracia? ¿Cuándo has visto quebrar y desaparecer a un Estado? Sólo a través de guerras y conquistas externas. Las empresas se esfuman en cuanto ya no sirven a los consumidores, ¿qué va a seguir todo como hasta qué momento? El Estado -y la izquierda que lo sostiene- se basa en el inmovilismo y la discrecionalidad iluminada de director. En la burocracia no se toman cientos de miles de decisiones descentralizadas, la estructura es jerárquica, y sólo se pestañea si el líder permite pestañear. En el mercado estamos ante órdenes policéntricos y variados, con miles de decisiones y actuaciones diferentes que modifican por completo el orden de las cosas. Nuevamente, la izquierda significa regio inmovilismo y la derecha evolución dinámica.

En segundo lugar, Itaca emprende el mismo análisis con respecto. Así, la izquierda parte del control y la participación del estado en lo económico para recaudar dinero e invertirlo en el bien público, en lo social, en definitiva, en la comunidad. O sea, se trata de favorecer lo que es común y/o público en contra de lo que es privado -de una persona o grupo limitado de personas-. De aquí nace la idea de la repartición de la riqueza y el establecimiento de un sistema que garantice las mismas oportunidades para todos, etc:

a) La izquierda no parte de la participación del Estado en lo económico, sino de la imposición y destrucción de las relaciones económicas. La diferencia no es baladí: las relaciones económicas son de carácter voluntario, justo lo contrario que el Estado, quien a través de su poder militar modifica a su antojo la voluntad de las personas. Hay una voluntad de que prime lo político -la violencia- sobre lo económico -la voluntariedad. Por supuesto, las leyes económicas no son manejables ni reversibles, de ahí que la violencia fracase y se vuelva en contra de quien la practicó. En ese sentido, la izquierda esta a favor de la primacía de la violencia sobre la voluntariedad, al revés de la derecha.

b) El verbo "recaudar" dinero es de una candidez extrema. Una de las definiciones de la RAE nos dice: Alcanzar, conseguir con instancias o súplicas lo que se desea ¿Realmente el Estado pasa el plato por cada casa para "recaudar" dinero? ¿Realmente recurre a súplicas para que voluntariamente le entreguemos nuestro dinero? ¿O más bien recurre a un cuerpo semipolicial para saquear nuestra riqueza? La izquierda, de nuevo, no le hace ascos al robo violento siempre que contribuya a alcanzar sus "fines sociales". La derecha, por su parte, repudia la coacción y recurre al intercambio y las relaciones libres (como paradigmáticamente las del empresario con sus clientes) para "recaudar" -ahora sí- el dinero.

c) Otra vez nos topamos con el problema del "bien común". Nos remitimos a la letra c) anterior. Ahora bien, aquí toca hablar, no ya del fin, sino de los medios. Nos dice Itaca que el Estado invierte el dinero que candidamente recauda en el "bien común". ¿Cómo sabemos que ese dinero va a parar al bien común? Es más, ¿cómo sabemos que no se está utilizando más dinero del necesario para lograr el bien común? Pongo un ejemplo. Supongamos que llegamos a la conclusión de que construir una estatua a ZP es una muestra de "bien común". ¿Sería asumible cualquier coste para alcanzar ese bien común? ¿Y si la contrapartida económica de ese proyecto fuera la muerte por hambruna del 40% de la población? Pues bien, si el bien común debe definirse dentro de unos parámetros, ¿cómo sabe el Estado cuál es el "coste común" de sus proyectos? ¿Cómo lo economiza? ¿Cómo lo utiliza de manera eficiente? Todo ello, claro está, asumiendo que hemos resuelto el problema nada sencillo de determinar qué fines concretos son comunes. El capitalismo, por su parte, deja que sean los consumidores quienes soberanamente discrimenen cuáles son los fines relevantes. Si una empresa no presta un servicio interesante, o utiliza demasiados recursos para ello, desaparece; de esta manera, esos recursos usados incorrectamente se liberan y van a parar a otros empresarios que los utilizarán de mejor modo. La izquierda, por tanto, es dirigismo y rigideces frente a la derecha que supone cambio sin fricciones y evolución tranquila.

d) Repartir la riqueza no garantiza las mismas oportunidades para todos. Este lema, no por más veces repetido, tiene menos sentido. Las oportunidades en una sociedad son las que los distintos individuos descubren y utilizan. Como ya hemos dicho, el individuo más rico carecerá de recursos si no es capaz de descubrir esas oportunidades. ¿Acaso la gente más avispada debe pagar un impuesto que favorezca a la menos avispada? En ese caso, no sólo la gente avispada saldría perjudicada, sino también la menos capaz. Y es que los grandes empresarios satisfacen continuamente las necesidades de toda la población, avispada o no. Además, existe un problema fundamental de comprensión. Cuando se aboga por la redistribución de los recursos, se está suponiendo que esos recursos están "dados" y que, por tanto, al ser finito, o se redistribuyen o unos acaparan riqueza a costa de los demás. La realidad es que los recursos no están dados, sino que se expanden continuamente a través de la creatividad y la pujanza empresarial. Las oportunidades de los ricos no menguan las de los pobres, más bien al contrario, precisamente porque los ricos generan riqueza, las oportunidades de los pobres se expanden. En el s.XXI hay infinitamente más oportunidades para volverse rico que en el s.VI. La razón es simple: a más medios, mayor número de posibilidades y combinaciones para usarlos. Restringiendo la creatividad empresarial todos salen perjudicados, es una carrera hacia la miseria. La igualdad de oportunidades que propugna la izquierda es una tabula rasa que consiste en destruir las oportunidades para todos. Otra diferencia entre la izquierda y la derecha: la izquierda aboga por la parálisis y la crisis, mientras que la derecha por el desarrollo y el progreso.

Hasta aquí hemos trazado el primer gran bloque de confusiones de Itaca. Ahora vamos con el segundo. Dice nuestro blogger que las ideas de la izquierda parten de Heráclito, mientras que las de la derecha de Parménides. El primero afirmaba que la realidad era cambiante, mientras que el segundo sostenía la inmutabilidad del ser. Amén de la particular interpretación de los filósofos griegos, lo que me interesa son sus conclusiones:

De estas dos visiones de "la realidad" podemos extraer fácilmente las siguientes afirmaciones:

i) no es necesario "moverse", "no hagas" nada, la realidad no cambiará

ii) dado que todo es cambiante y todo se encuentra en continuo movimiento, intentemos cambiar esta realidad que nos rodea

En este punto hay que señalar varias cosas. La primera, que salta a simple vista, es que, en todo caso, la imputación del poso ideológico de izquierda y derecha podría ser el inverso al que apunta Itaca. Si nada cambia, entonces habrá que buscar un medio superior (Estado) para que cambie y mejore. Si todo cambia, entonces no es necesario que el Estado lo haga cambiar.

El segundo, es la pésima clasificación que hace entre derecha (inmovilismo) e izquierda (cambio). Aquí, como en muchas otras ocasiones, conviene volver a Hayek, y traer a colación los conceptos de constructivismo y orden espontáneo. Es el momento ahora de recordar la palabra "construir" que habíamos apuntado al inicio del post.

Para la izquierda el cambio debe ser "construido". Las sociedades y las instituciones deben ser primero concebidas y luego puestas en práctica. El mundo debe cambiar como consecuencia de la acción política.

Para la derecha, por el contrario, el cambio es fruto de la interacción voluntaria de los individuos y la evolución y ajuste espontáneo de las instituciones. No es necesario nadie que planifique y departamentalice a los individuos; dirigiendo sus vidas y sus proyectos. El dinero, el lenguaje o el derecho no fueron creación consciente de nadie, sino un cúmulo de experiencias pasadas que ayudaban a coordinar las distintas acciones de las personas.
De hecho, hay que señalar que la izquierda, en realidad, no cree en el cambio, sino en el recambio. Para el constructivismo todo debe permanecer inmóvil hasta que el líder supremo (o en su caso la asamblea) de el pertinente mandato. Nada puede cambiar mientras tanto y, de hecho, si algo cambia o se desvía del plan trazado, debe ser automáticamente reprimido. Para la derecha, las instituciones evolucionan espontáneamente al compás de las distintas acciones individuales.

De ahí que, como el propio Itaca reconoce, la posición de la izquierda pase por la "revolución", esto es, la completa erradicación de las estructuras existentes y su "recambio" por otras completamente nuevas. Este desfase, este salto al vacío, no se produce en las sociedades liberales. Los desastres de una empresa no implican los desastres de todas las empresas; los fallos individuales no se convierten en fallos colectivos; las transiciones son suficientemente lentas como para que todo el mundo consiga adaptarse al cambio. No hay individuos prescindibles ni fardos demasiado pesados. No hay que eliminar a los indeseables que retarden el proyecto común porque, precisamente, el proyecto común consiste en que todos sean libres para lograr sus fines.

La izquierda es visionaria y totalitaria, pues las revoluciones necesitan de la sangre de los contrarrevolucionarios. Todos deben contribuir al "recambio completo" ya que el dirigente ha asignado un nuevo papel para cada cual. En el mercado unos cambian y otros se quedan como antes, no hay problema gracias a la armonía de intereses. Los papeles los elige cada cual en función de su creatividad empresarial -de sus oportunidades- y de sus costes de oportunidad. El cambio es espontáneo, pausado y efectivo. La sociedad evoluciona continuamente hacia las metas que benefician a todos los individuos.

De ahí que sea un error mayúsculo identificar la derecha con la oligarquía, el imperialismo o los totalitarismos (la identificación con la monarquía y la Iglesia es, en cierto sentido, más correcta, pero estos nos llevaría hacia otros derroteros que nos extenderían demasiado). La oligarquía necesita de la violencia para mantener; los empresarios que no utilicen el Estado (subvenciones, regulaciones, salarios mínimos, tribunales de defensa de la competencia…) no son oligárquicos, pues su posición depende de la mera voluntad de los consumidores. El imperialismo, como actividad estatal, constructivista, y violenta, tampoco tiene nada que ver con la derecha. Y los totalitarismos no son más que otra forma de constructivismo que apela a la revolución para destruir la "sociedad tradicional" y alcanzar una Nueva Jerusalén. Creer que el fascismo y el nazismo estaban por el inmovilismo es una presunción que no se corresponde ni con su sustrato ideológico ni con su escenificación práctica.

Las siguientes consideraciones que efectúa Itaca me parecen menos sustanciosas que las anteriores y, de hecho, derivadas fundamentalmente de estos dos grandes bloques de errores.

La incomprensión del liberalismo, del orden espontáneo y de la eficiencia dinámica lleva a muchos izquierdistas a caer en los errores del antiliberalismo, el constructivismo y la regresión social. Todo ello, a pesar de las estampas justificativas que, para acallar su conciencia, se construyan.
Que les quiten la financiación, luego vamos nosotros

Estoy bastante cansado de que nuestros infames políticos chantajeen un día tras otro a la Iglesia Católica. Estos tiranos de opereta no dudan ya en utilizar de manera abierta los fondos públicos para sus fines particulares. El último ha sido Carod-Rovira, pero la lista de amenazas es numerosa.

El tema me duele y me molesta por distintos motivos y razones. Como liberal, ninguna institución debería recibir subvención pública, ni siquiera aquellas que se dediquen a actuar subsidiariamente con respecto al Estado. Al fin y al cabo, el Estado debería actuar subsidiariamente con respecto al mercado: demasiada subsidiariedad junta para terminar legitimando el intervencionismo. Como decía este domingo Emilio: la Iglesia debe demostrar su verdadera utilidad social a través de la capacidad para autofinanciarse.

Pero sobre todo me indigna como católico. No ya porque creo en una Iglesia independiente y reticente del poder político, sino porque una institución milenaria que ha ayudado a forjar la sociedad libre no tiene por qué aguantar las soplapolleces de cuatro aprendices a dictador. La Iglesia sigue siendo suficientemente importante y relevante como para tener que depender de la rosoña aportación de quienes quieren destruirla.

Comenta Ignacio Escolar que la Conferencia Episcopal podría decidir esta semana despedir a Losantos para conseguir incrementar las ayudas a los colegios concertados. Supongo que el post no pasa de una pirueta periodística o de una plasmación de deseos precipitada, pero la simple posibilidad de que la Conferencia Episcopal lo considere, me parece un tremebundo error.

En esta situación, la Iglesia debe ser valiente y dar un paso adelante. No sólo tiene que reafirmar a Losantos sino solicitar la revisión de los Acuerdos con la Santa Sede para renunciar a toda financiación pública. Ha llegado el momento. No queremos su dinero, no lo necesitamos. Si los católicos debemos defender la libertad en España, parece evidente que debemos marcar claras distancias con su principal agresor. Ya basta de chantajes, la libertad de la Iglesia no puede estar en venta.

Echar a Losantos sería el comienzo de una mayor ofensiva contra la Iglesia. No hay que mostrar ningún símbolo de debilidad, precisamente porque la Iglesia no es débil. Si ellos nos lanzan un envite, coloquemos el órdago encima de la mesa. ¿O es que acaso alguien cree que las aguas están revueltas por Losantos? ¿O es que acaso las advertencias y consejos de Carod Rovira en contra de que los obispos se manifiesten no son la antesala de negar cualquier espacio público al catolicismo?

Ahora bien, estos politiquillos deberían tener presente que la ficción es el principal activo del Estado y de su poder. A pesar de que algunos ya nos hayamos caído de guindo, hemos de tener presente que la inmensa mayoría de la población española sigue adormilada en las pamplinas del interés general. De lo que parecen no haberse dado cuenta es de que si el Estado retira la financiación a la Iglesia bajo el argumento de que ninguna asociación debería vivir a costa de las arcas públicas, puede que más de un católico se empiece a preguntar por qué los sindicatos, los partidos políticos, los funcionarios, los agricultores o los cineastas sí pueden vivir a costa del erario público. Quizá entonces, alguno se daría cuenta de que el Estado es un entramado redistributivo con patrones chantajistas, una maquinaria cuyo único cometido es conservar y ampliar su poder.

Si la izquierda retira la subvención a la Iglesia, la izquierda deberá explicar por qué ella sí puede continuar recibiendo fondos públicos y por qué los católicos tenemos que continuar financiando sus delirantes proyectos de explotación. Detrás de las arbitrariedades despóticas del poder político estaremos los liberales para recordar a cada español las profundas incoherencias del entramado estatal. Cada vez está más claro que en este país la igualdad ante la ley se ha sustituido por una igualdad ante el político, por una desigualdad de las lisonjas emitidas al Estado.

Por coherencia interna, la Iglesia debe consolidar a Losantos y renunciar a una financiación que el poder político protesta por entregarle. Y debe hacerlo ya; no caben medias tintas. Es el precio que hay que pagar por desatarse las manos, el precio de la autonomía y la coherencia. La Iglesia puede y debe pagarlo. Las componendas deben terminar.

19 de Noviembre de 2005

Lo que no entiende Eduardo Madina

De la misma manera que los nacionalistas son incapaces de concebir a gente no nacionalista, los antiliberales interpretan cada palabra y opinión como un salvoconducto camuflado para cercenar las libertades.

El último artículo de Eduardo Madina, dirigido a atacar la manifestación contra la LOE, es sintomático, se titula Yo no quiero que me eduque Zapatero y la línea argumental tiene dos vertientes. Por un lado, critica subrepticiamente las "mentiras" que se lanzan desde la COPE o ciertos periódicos. Por otro, y esto me interesa más, se escandaliza por el hecho de que la niña pueda rechazar que la eduque Zapatero.

Voy a pasar de largo la primera crítica porque hasta donde leo, Madina no ha propuesto censurar a nadie, con lo cual tildar de "mentiras" la opinión ajena no pasa de una opinión propia irrelevante. Ahora bien, la segunda argumentación del artículo sí tiene relevancia por cuanto defiende medidas que atentan directamente contra la libertad. Dice Madina: Una niña de 16 años gritaba una bella estrofa delante de las cámaras que terminaría por postularse como indiscutible banda sonora de la manifestación del sábado pasado. “Yo no quiero que me eduque Zapatero"(...) Empresariales con Zaplana y ética con Acebes, la chica prefiere que le eduquen sus compañeros anti LOE y sueña religión explicada por obispos (...) Bajo los finos cuellos de la camisita azul y a ritmo de canción de verano la chica no quiere que le eduque Zapatero porque prefiere salvar a España gritando ¡haced algo por ella antes de que sea tarde!.

Bueno, no es que estemos ante la defensa más eleborada y profusa del adoctrinamiento y manipilación de los niños, pero al menos Madina le pone voluntad. Mira, el problema no es si el educador es Zapatero o Pepito de los palotes, sino que la niña -o sus padres- quieren que ello sea así. Sé que a algunos os puede resultar díficil de entender las interioridades del concepto de "libertad de elección", pero bueno, supongo que no seremos tan cazurros como para negarle a una niña de 16 años el derecho a elegir educador, cuando dos años después tendrá el derecho a elegir a los miembros del Parlamento español. ¿O sí? ¿O es que precisamente le negamos el derecho a elegir educador porque dos años después tiene que votar a los parlamentarios?

Ya escribí este martes en Libertad Digital acerca de los orígenes prefascistas de la educación pública. Ahora, sin duda, los defensores postfascistas de la educación pública siguen escandalizándose por que los padres no quieran entregar a sus hijos a los centros de adoctrinamiento del emperador. Parece que las uvas aun no están maduras para la nazionalización de las familias, habrá que esperar.

En todo caso, como ya vemos, para Madina sólo existen dos opciones: o educa ZP o educa Rajoy. Por supuesto, las posiciones poco cambian en el Partido Popular; en este tema, como en casi todos, son dos caras de la misma moneda estatalista. Que nadie les toque el control de la educación, no vaya a ser que se les caiga la paraeta chupóptera.

Las padres no cuentan o no deberían contar, educación universal, coactiva y homogénea para todos, garantizada por la fuerza militar de Papá Estado, cuya legitimidad se nutre, casualmente, en las mentiras exaladas por ese sistema educativo universal, coactivo y homogéneo. Negocio redondo pero sed un poco más originales: el problema no es que haya que salvar España, sino que tenemos que salvarnos de liberticidas como vosotros.

17 de Noviembre de 2005

El socialismo es la catástrofe

Decía Bryan Caplan que las catástrofes políticas llevan a catástrofes económicas y las catástrofes económicas a catástrofes intelectuales. Ernesto de la Serna llegó hace un par de días de una Guatemala asolada por el huracán Stan lo que, en buena medida, ha provocado una catástrofe económica. Pues bien, parece que Ernesto de la Serna no está libre de del canal de transmisión descrito por Caplan, y la visión de un desastre económico le ha llevado a defender ideas desastrosas.

Por lo visto, como sucede siempre tras una crisis natural, los comerciantes guatemaltecos empezaron a vender los productos básicos con precios quintuplicados. Ernesto de la Serna creo que esta forma de especulación resulta intolerable y que, por tanto, el gobierno debe intervenir, asegurando un precio "justo", un precio similar a los que imperaban con anterioridad al huracán; es decir, estamos ante la práctica se conocida como "price gouging". Permítanme, antes de empezar, que vuelva a citar el ejemplo que da Caplan de malas ideas, aunque no sea idéntico, sí tiene un notable parecido: Cuando la gente está desesperada, el sentido común se vuelve menos común de lo habitual. El reciente desabastecimiento de vacunas para la gripe es un buen ejemplo. El sentido común dice que para aliviar el desabastecimiento de una vacuna, deberías hacer más lucrativa la oferta. Pero la reacción del público fue justo la contraria, arremeter contra los avariciosos empresarios por ser incapaces de realizar su trabajo.

El caso del Stan es muy parecido. El propio Ernesto de la Serna, sorprendentemente, nos da la clave: Ante esta situación, hubo muchos comerciantes que optaron por duplicar, triplicar y hasta quintuplicar los precios, aprovechándose de la situación y de la necesidad de miles de personas. La demanda superaba a la oferta, así que con las leyes del mercado en la mano era lo justo y lo correcto.

No mire, con las leyes del mercado y de la física. Si yo tengo 100 manzanas y la gente quiere 150, alguien se quedará sin manzanas. La única manera de evitarlo son dos: desde el punto de vista estático subir el precio, y desde el punto de vista dinámico, subir el precio. Vamos, que había que subir el precio.

Estáticamente la cuestión está clara. Hay que volver más cara el consumo de manzanas para que se racionalice y se ajuste a las verdaderas necesidades. La gente está dispuesta a pagar cantidades inmensas para cubrir sus necesidades básicas, pero no lo está para las superfluas. Fijémonos en la escena que describe Ernesto: Así las cosas, nos encontramos con que los comerciantes, viendo que tenían colas kilométricas a las puertas de sus establecimientos, libremente decidieron establecer precios que alcanzaban hasta el quíntuple del habitual. Y los consumidores, que no tenían más opción que la de aceptar o morirse de hambre o de sed decidieron libremente aceptar el precio y rascarse sus ya de por sí maltrechos bolsillos y pagar lo que se les exigía..

Es decir, los consumidores seguían pagando hasta cinco veces el precio de los productos básicos y, aun así, eran escasos. Volvamos al ejemplo de las manzanas, hay 100 manzanas para vender y los malvados comerciantes no han decidido subir los precios. En esto, llega el primer tío a la tienda y dice: Quiero comprar las 100 manzanas. Todas, claro, pues el precio para una situación de crisis es muy bajo. La gente tiende a acumular pues la incertidumbre es máxima, por tanto, la tendencia de la gente es la contraria a la que debería ser: comprar más productos básicos de los que necesitan, por si acaso. En otras palabras, la oferta se ha reducido por la catástrofe y la demanda se incrementa por la incertidumbre, pero el remedio mágico de algunos es mantener el precio congelado. Magnífico, pero entonces, los demás clientes que vendrán después de éste, ¿de qué comerán?

En otras palabras, los precios máximos sustituyen la "capacidad de pago" por la "capacidad de correr". No compra los productos quien más esté dispuesto a pagar por ellos, sino quien llegue antes a la tienda. Las colas de las que habla Ernesto son el ejemplo más claro: no había suficiente para todos a los precios anteriores al huracán, por tanto, los que primero hubieran llegado a las tiendas serían los que primero se quedarían con los productos.

Le doy una vuelta de tuerca al ejemplo. Imaginemos que el tío que llega primero a la tienda es un fabricante de sidra que acude a buscar su provisión semanal. Dado que los precios están congelados, adquiera las cien manzanas para seguir fabricando sidra. ¿Todos contentos?

Al subir el precio estos casos se evitan: los comerciantes de manzanas saben que la gente está dispuesta a pagar mucho más que el empresario de sidra por las manzanas. Por tanto, se negarán a vendérselas a un precio tan reducido. Obviamente, al productor de sidra poco le interesa que la materia prima con la que suele operar sea cinco veces más cara. Sin embargo, los consumidores, aun siendo cinco veces más cara, salen beneficiados (en caso contrario no las comprarían). Por otro lado, con los precios altos, la demanda aumentada por la incertidumbre se reduce: si con los precios bajos sale rentable atesorar (por si acaso), ahora sale rentable no hacerlo en exceso (no sea que vuelvan a bajar los precios).

En ausencia de precios libres, el gobierno no sólo tiene que fijar los precios de manera arbitraria, sino que tiene que racionar y distribuir los productos. Metemos, pues, al gobierno de comerciante, como en la URSS. Son los políticos los que deciden quién puede comprar: no es necesario que diga los enormes incentivos a la corrupción que existen en este caso. La fijación de precios lleva aparejada la fijación de cantidades y de clientes al arbitrio del Estado.

Y, así, llegamos a la perspectiva dinámica. Los altos precios en los productos básicos otorgan a estos empresarios ingresos suculentos que pueden dedicar a ampliar la producción en sus sectores. De hecho, al aumentar la rentabilidad en ese sector, aun cuando sea muy a corto plazo, el capital más líquido se trasladará a esos productos que, en pocos días (por ejemplo vía importación), incrementarán su cantidad. ¿Qué incentivos tendría un comerciante en, por ejemplo, comprar manzanas al extranjero si el gobierno fija el precio y, además, vende por él mismo sus productos?

Los precios máximos sólo generan desabastecimiento. También durante una catástrofe o, especialmente, durante una catástrofe. Por fortuna, el gobierno guatemálteco no llegó a congelar los precios, aunque tiene la posibilidad de hacerlo en cualquier momento. Nadie querráa invertir suficientemente o comprar al exterior productos cuya rentabilidad es una incógnita, quizá por ello la hambruna aparezca con una terrible probabilidad.

Eso sí, es mucho más bonito apelar al Estado para que "tuerza" las leyes económicas, para que el precio no se corresponda con la oferta y la demanda o para acabar con los especuladores, a pesar de que todos lo seamos (¿o es que acaso el guatemalteco que quiere comprar más alimentos básicos de lo necesario tras la crisis, no está especulando?). Como decía Bastiat, lo que distingue a un buen de un mal economista es la capacidad para ver más allá de los efectos inmediatos, tanto temporal como espacialmente. Algunos siguen apelando al socialismo en temas concretos, aun cuando sus efectos suponga una catástrofe adicional para Guatemala.

16 de Noviembre de 2005

Otra lista

Alberto Illán nos reta a Dani, José Carlos y un servidor a confeccionar una lista de 10 libros. Dado que Carpio ha hecho un meme intelectual y también nos ha invitado a todos a hacer lo mismo, mataré dos pájaros de un tiro y haré un meme de libros. He hecho alguna trampa, ya que para que coincidieran, en ocasiones, he incluido el título en su lengua original. Como en el caso de la música, paso palabra en X, Y, Z, será que no me llevo bien con ellas.

A: La Acción Humana, de Mises
B: La Biblia
C: Capitalism, de Reisman
D: Dinero, Crédito Bancario y Ciclos Económicos, de Huerta de Soto
E: La Ética de la Libertad de Rothbard
F: The Failure of New Economics, de Hazlitt
G: For Good and Evil, The Impact of Taxes in Our Society, de Charles Adams
H: How Capitalism Saved America, de Thomas Dilorenzo
I: Individualism and Economic Order, de Hayek
J: Justice and its Surroundings, de Jasay
K: Kapital und Produktion, de Richard von Strigl
L: La Libertad y la Ley, de Bruno Leoni
M: Man, Economy and State, de Rothbard
N: No Treason, de Spooner
O: Our Right to Drugs, de Thomas Szasz
P: Principios de Economía Política, de Menger
Q: Los Que Vivimos, de Ayn Rand
R: The Road to Serfdom, de Hayek
S: Socialismo, Cálculo Económico y Función Empresarial, de Huerta de Soto
T: The Structure of Liberty, de Randy Barnett
U: Untersuchungen uber die Methode der Socialwissenschaften, de Menger
V: The Value of Money, de Benjamin Anderson
W: What has government done to our Money?, de Rothbard


Paso el testigo a Valín, Toni, Kantor, MSV y UDE.

14 de Noviembre de 2005

Mi lista

Dani me pasa el testigo musical. Me acota el terreno al heavy metal y he intentado salirme lo menos posible. Dado que he pasado palabra en X, Y, Z he compensado poniendo dos grupos imprescindibles en alguna que otra letra.

A: Accept / AC-DC
B: Blind Guardian / Black Sabbath
C: Cradle of Filth
D: Dream Theater
E: Edguy
F: Freedom Call
G: Gamma Ray
H: Helloween
I: Iron Maiden / Iced Earth
J: Judas Priest
K: Kiss
L: Led Zeppelin
M: Metallica / Manowar
N: Nirvana
O: Ozzy Osbourne
P: Pantera / Primal Fear
Q: Queensryche
R: Rage / Rhapsody
S: Slayer
T: Tierra Santa
U: Udo
V: Vision Divine
W: Whitesnake


El testigo se lo paso a:

Adrià, Mario, Andrés, Toni y Marzo; ya tenéis una (mala) excusa para escribir.

13 de Noviembre de 2005

"Medio analfabeto" versus...

... mentiroso abyecto, lengua viperina y envenenada, pobre hombre enfermo, mendaz ruin palafrenero, indecente, escoria de un periodismo provocador y cainita o hijo de puta. Buen repertorio de insultos de la mano de Carlos Fanlo, dedicados a FJL. Eso sí, quien incita al odio es Losantos, ya se sabe. Por lo visto, el "medio analfabetismo" de los crispadores justifica una completa lista de vituperios talentosos. Pero no pasa nada: la COPE crispa y debe ser clausurada.

Espero que los defensores de la censura zapateril, aparte de regocijarse ante estos insultos, soliciten, en coherencia, que a Fanlo se le impida escribir. Todo en aras de la reconciliación, claro está. Y si 20 minutos sigue acogiéndolo, deberemos restringir su difusión: un medio de comunicación no debe ni mentir ni insultar. ¿Qué sería de España sin los controles de calidad políticos?

Por lo visto, la libertad de expresión que le niegan a unos, se convierte en derecho de propaganda para otros. Incluso para incitar al atentado terrorista: De haber apuntado al corazón, nada te hubiesen lesionado porque careces de él. Ya saben, apunten y disparen, nadie saldrá herido.

11 de Noviembre de 2005

Gran poder predictivo
 
Esto decía hace dos meses el catedrático de Física en la Universidad Alcalá de Henares, Antonio Ruiz de Elvira:
 
18. ¿lloverá este año?
No.
 
Casi ha tenido razón.
 
Esta gente son los "expertos" que nos anuncian catástrofes a cien años vistas. Seguramente acertarán con la misma precisión. Ahora bien, no me asusta tanto el error, como la falsa seguridad en su respuesta. Es evidente que hacer predicciones meteorológicas y climáticas resulta harto complicado; el problema es que no quieren reconocerlo y se conforman con responder con un simple y tajante "No", cuando deberían haber dicho "No lo sé". ¿Harán lo mismo con el cambio climático?
 

9 de Noviembre de 2005

La frase progre

Permítanme suplantarlos por un día. Dice Ramonet [página 103, "Frenta a la razón del más fuerte"]: "A escala mundial, casi tres mil millones de personas -la mitad de la humanidad- viven con menos de dos euros al día".

Es el típico ejemplo de las cifras con las que nos bombardean día a día pero que no tienen ningún tipo de fundamento. La izquierda las utiliza, porque son mentira, pero no van mucho más allá. De hecho, la frase no se la creen ni los propios correligionarios de Ramonet: 1.400 millones de personas viven con menos de dos dólares al día. Vaya, de la mitad hemos pasado a la cuarta parte. ¿Qué más da?

¿Y dónde encontramos la verdad? Pues seguramente en ninguna parte. Medir todo esto es dificilísimo (¿qué ocurre con las personas que tienen rentas no monetarias o con el mercado negro?), pero muy probablemente la mejor estimación sea la realizada por Sala-i-Martín: Si se prefiere definir como pobre aquella persona que gana menos de dos dólares al día, entonces se ha pasado de 1.324 millones de ciudadanos en 1970 (41% de la población) a 974 millones (18,6%). Este dato es de hace tres años, lo cual significa que ahora será bastante menor. Vamos, que las cifras que da Rebelion.org son de hace 30 años y con una población mundial sustancialmente menor (es decir, lo relevante es la reducción relativa, no en términos absolutos).

Después dirán que se preocupan por los muertos. ¡Si sólo hacen que inventárselos para seguir llorando!
Ugarte sobre el islam (hace tres años)

Dani ya se ha encargado de mostrar la ligereza terminológica de David de Ugarte. El victimismo sigue vendiendo, y el victimismo de la damisela ofendida no digamos. En los comentarios de su post, Ugarte tacha las propuestas de dos bloggers de izquierdas como "racistas": Tu propuesta y la de Carmen es una propuesta racista, tu argumentación también.

Ya en su momento tuvo una enganchada con Kantor, a quien poco menos tachó de nazi y censuró en su bitácora: Sugiero, para curiosos, la comparación programática con la política judía del estado alemán entre 1933 y 1939 o el programa migratorio del Frente Nacional francés..

Me interesa, con todo, hacer referencia al último comentario de Ugarte en esa misma anotación: Si, racismo, porque no se engañen, esto no va de rechazo a las religiones, sino pánico racial. A los que esto dicen no les he oído decir nada similar sobre el catolicismo. A los que dicen estas mismas barbaridades sobre el catolicismo (en países musulmanes) no les he oído decir las mismas del Islam. Unas y otras tienen sin embargo el mismo fundamento. La necesidad de un “otro”, de un peligro exterior que de forma a miedos atávicos y catapulte al poder a las viejas costras caciquiles que temen perder el poder en un mundo abierto.

Algunas personas deberían evitar hacer afirmaciones tan gruesas, sobre todo cuando tienen un pasado que pretenden ocultar (o, quizá, precisamente porque tienen un pasado que quieren ocultar hacen afirmaciones tan gruesas). Me entero por Kantor y Marzo de que David de Ugarte escribió una reseña elogiosa del libro de Oriana Fallaci, la Rabia y el Orgullo. El problema es que ha desaparecido de la red. Ni siquiera el cache de google la conserva, una pena (o un respiro para algunos).

Pero, vaya por Dios, no sólo de google vive el hombre. A veces, Archive.org nos presta un buen servicio. ¿Qué tenemos por aquí? ¡Sorpresa! La reseña de Ugarte. Ahora volvamos a leer su último comentario, donde equiparaba al catolicismo y al islamismo, así como su mutua necesidad de crear un enemigo exterior. Parece ser que el enemigo estaba en casa, veamos sino qué decía el propio David de Ugarte en la reseña: Fallaci nos recuerda lo obvio: ESTAMOS EN GUERRA. Con el Islam. Sí, con el Islam, que no es la religión capada y con la que más o menos se puede convivir, en la que el liberalismo convirtió al catolicismo. Estamos en guerra con la civilización islámica, esa maravilla de la tolerancia que hay al otro lado de Calamocarro. Ups, no soy racista, pero... Ah no, que ahora no valdrá la pueril equiparación de raza y religión. Eso sí, es curioso cómo hace tres años encabezaba la guerra contra el "peligro exterior" del islam y ahora se rasga las vestiduras ante algunas propuestas que sólo desarrollan las suyas. Será el amor.

Todo el mundo puede cambiar de ideas. De hecho, difícilmente es compatible la lectura con el inmovilismo intelectual. Yo mismo, sin ir más lejos, ya no suscribo buena parte de las ideas que subyacen a esta reseña de un libro de Vidal-Quadras. Pero sigue ahí, no tengo por qué esconderla. La cuestión, por tanto, es por qué esta reseña ha desaparecido de la Red. Quizá se perdiera, podríamos pensar. No hay que suponer mala fe por parte de Ugarte para ocultarla, ¿o sí? Si nos fijamos en las cartas publicadas hace tres años por David de Ugarte, veremos que sólo dos han desaparecido de sus archivos personales. Una de ellas, qué casualidad, esta reseña de Fallaci.

En todo caso, y conociendo las ideas de Ugarte, estoy seguro que no le importará que, para evitar futuros extravíos, reproduzca en esta bitácora su reseña de La Rabia y el Orgullo:

Oriana Fallaci entre las Ruinas, por David de Ugarte

Nunca me cayó bien Oriana Fallaci, me parecía una de esas niñas progres guays que revolotean alrededor de la progresía armada y luego relatan tan maravillosa experiencia. Adornos frívolos del poder arbitrario. La misma raza que en la facultad hacía de público mientras los aprendices de demagogos (hoy la mitad de ellos ejecutivos de Telefónica) se pavoneaban luciendo galas revolucionarias de salón subvencionado. La misma raza, otra especie eso sí, que la mujer de Moravia o Marina Castaño. Autoras por otro lado como Fallaci de libros de pasarela: esos libros con cubiertas satinadas que adornan los pasillos del Vips y el Corte Inglés.

Mundo ajeno y casposo. Lejano.

Pero tras el 11 de septiembre publicó un largo artículo, resumen de un librito que ahora tengo junto el teclado, y en mitad de toda la mierda criminal que publicaban los papeles, brilló apasionada, lúcida, brutal.

Descubro ahora en ella a una señora fuerte y potente, descubro la infinita afinidad que nace de no compartir el masoquismo, la culpa y la estupidez de nuestros compatriotas. En el librito descubro el folleto jacobino, la noble tradición de la agitación. No caben mohines, no caben desprecios ni altiveces insoportables de burócrata del conocimiento. No cabe decir que está mal traducido, mal redactado, que es despreciativo con el Islam, que incita a la expulsión de Europa de sus creyentes.

Cabe pensar por qué el poder se conmueve por un folleto como no hacía en siglos. Por qué tras su paso por la prensa han tenido que cubrir en medios propios y ajenos el espacio de opinión de bienpensantes a sueldo hasta la extenuación. Por qué en Francia los jueces se plantean retirarlo de las librerias...

Fallaci nos recuerda lo obvio: estamos en guerra. Con el Islam. Sí, con el Islam, que no es la religión capada y con la que más o menos se puede convivir, en la que el liberalismo convirtió al catolicismo. Estamos en guerra con la civilización islámica, esa maravilla de la tolerancia que hay al otro lado de Calamocarro.

Y sobre todo: ésta no es la guerra de israelíes y yankees, en la que nosotros, moderados europeos a los que molesta todo este ruído miramos desde la barrera poniendo zancadillas entre risitas al hermano mayor. Esta es una guerra que tiene mucho que ver con la guerra civil que los saudíes larvan desde hace años en nuestras mezquitas. Que tiene que ver con las pateras. Que tiene que ver con Bosnia y Kosovo, si, con Bosnia y Kosovo, dónde cuatro (mal vistos, atacados por todos los progres del mundo por estar del mismo lado que los americanos) intentamos defender que había espacio para un islam europeo distinto del que los saudíes nos calcaban y que nos llevaba a la guerra de verdad de cabeza.

Pues bien, ya estamos en guerra. Y por si no os habíais dado cuenta, Fallaci os lo lanza a la cara, desde la convicción, que comparto, de que sólo el no reconocerlo es la mejor prueba de que mereceríamos perder.

8 de Noviembre de 2005

La "cercanía" del poder

No sé si se habrán enterado, pero hace unos días nació Parlamentarios.info, un agregador de las bitácoras de "nuestros representantes". Los políticos se acercan al pueblo, encantador, despótico y palabrero. No me cabe duda de que la izquierda y la derecha estatalista (es decir, la derecha con espíritu de izquierda) aplaudirán con las orejas esta iniciativa. Sin embargo, sigue existiendo una diferencia fundamental entre el poder político y la libertad ciudadana: ellos ostentan el poder y nosotros no. Ellos pueden robar, pero lo llaman impuestos; pueden censurar, pero lo llaman garantizar la convivencia ciudadana; pueden reprimir a los empresarios extranjeros que quieren vender en Europa, pero lo llaman imponer aranceles y cuotas; pueden adulterar y falsificar dinero, pero lo llaman "expansión monetaria". Pueden coaccionar, pero lo llaman requisito indispensable para nuestra libertad.

Este lenguaje orwelliano, cansino y depravado, sigue socavando los fundamentos de la convivencia. Los políticos no son, ni pueden ser, cercanos porque ellos mismos se erigen por encima de nosotros. No es una nadería; se permiten el lujo de coaccionar legítimamente a los ciudadanos. El crimen deja de ser crimen, si status es superior al bien y el mal, no quieren ser mortales, sino deicidas. ¿Qué falsa cercanía pretenden? ¿La cercanía de quien se cree legitimado a dirigir tu vida, aun expoliando tu propiedad y restringiendo tu libertad?

Pongamos un ejemplo: Rafael Estrella. En uno de sus últimos posts se vanagloria del buenismo gubernamental en ayuda al desarrollo: Con la enmienda aprobada, que se reproduce abajo, hasta 330 millones de € podrán ir destinados, a propuesta del MAEC, a financiar programas, fondos y organismos de desarrollo. Genial, magnífica cercanía. ¿Puedo yo atracar a los españoles por un montante similar? Prometo ser un excelente gestor de los fondos, cuidado. No es una propuesta egoísta; fundaría mi propia organización caritativa y contrataría a cientos de interesados para trabajar en el Tercer Mundo. ¿Puedo? Obviamente no; obviamente, los tan cercanos políticos siguen arrogándose una superioridad delictuosa. Del absolutismo al democratismo poco ha cambiado; tan sólo los formas -que no es poco- pero nuesta servidumbre -aspecto fundamental- permanece intacta.

El modelo de organización sigue siendo el ordeno y mando, la fuerza policial como ratio última de su comportamiento. Liberticidas a fuer de moralistas rezagados, cuánto cuesta mantenerlos pobres, más pobres incluso de lo que ellos mismos quieren. Los socialistas no escuchan ni están dispuestos a dialogar. ¿Qué acuerdo de voluntades cabe esperar cuando una parte se permite modificar el contrato a su antojo? El único diálogo que conocen es el de los pasteleos políticos: unos buitres desmembrando el cadáver de la libertad. Ni los africanos necesitan que los mantengan en la miseria, ni los españoles que continúen día tras otro metiéndose en nuestras vidas.

La única cercanía que conocen los políticos es la del azote sonriente. Una sonrisa cada vez más cercana, eso sí. Un gran consuelo. Ahora incluso se montan su propio blog, como cualquier otro español; excepto porque no son como cualquier otro español. Bonita farsa, para algo se ganan el sueldo, pensarán algunos. El problema es que no es un sueldo, sino un botín de guerra. El salario es fruto del acuerdo voluntario; los ingresos de la clase política, del expolio innecesario. No digo que no se hayan montado el chiringuito de manera inteligente, pero tanto espectáculo de opereta ya cansa. Si quieren acercarse a la ciudadanía, que abandonen su posición de poder jurisdiccional monopolístico y se pongan a trabajar. ¡Qué triste que Hayek tuviera razón! No basta con aguantar la losa de la opresión estatal, sino que además tendremos que sufrir las losas más pesadas. ¿Por qué siempre los más demagogos alcanzarán el poder?
Muchas felicidades, Dani

Parece que no pasa el tiempo, pero sólo parece. Ya han pasado más de cuatro años desde que conocí a Dani y me contó su intención de montar un portal que ayudara a difundir el pensamiento liberal. Un proyecto algo incierto, pues nadie nos aseguraba que las grandes firmas liberales consintieran ceder sus artículos. Claro que el proyecto era suficientemente ilusionante como para emprenderlo dejándose la piel en él.

En cuatro años las cosas han cambiado mucho, todos hemos cambiado y aprendido mucho. Liberalismo.org no es una excepción: sólo hace falta ver las primeras imágenes para notar una notable mejora. No obstante, es evidente que en esos más de cuatro años una cosa se ha mantenido inalterada: la defensa firme y apasionada que ha realizado de la libertad. Con bitácoras o sin ellas, con mejor o peor imagen, con más o menos visitantes, el sello de calidad de Liberalismo.org ha sido no ceder ante los liberticidas. Y todo ello no ha sido casualidad: no hemos cogido una racha de viento favorable que, de la misma manera que sopla al oeste durante cuatro años, puede girarse otros cuatro hacia el este; no. No ha sido un viento racheado, sino una vendaval firme y decidido. La constancia, la pasión y la calidad de Liberalismo.org se han debido, fundamentalmente, a su editor.

Liberalismo.org no sería nada sin Daniel Rodríguez Herrera, no sólo porque ya desde un principio no hubiera existido, sino porque, muy probablemente, ya hubiera fracasado. A poca gente consigue resistir la prédica solitaria en el desierto, el eco, en cierto momentos, llega a ser desagradable; mucha menos consigue, con todo, atraer a la gente hacia el desierto para que te escuchen. Liberalismo.org, en buena medida, ha logrado que miles de liberales dispersos por España tengan un punto común para conocerse, intercambiar ideas y mejorar sus conocimientos. Éste fue el propósito que impulsó a Dani a realizar este enorme trabajo: Este sitio nace con la pretensión de convertirse en el punto de encuentro de todos los liberales hispanohablantes. Cuatro años después, cabe señalar que el objetivo se ha cumplido con creces.

Y no contento con el éxito de Liberalismo.org, hace poco más de un año y medio, decidió crear Red Liberal, el primer agregador de bitácoras liberales con repercusión en Internet y hoy referencia para propios y extraños. Por supuesto, el éxito de Red Liberal se debe a todos los integrantes y bitacoreros que, día a día, llenan con posts y reflexiones la página. Sin embargo, nuevamente, hay que recordar que nada de esto hubiera existido sin el abnegado trabajo de Dani.

Creo que todos debemos una parte -más o menos grande- de nuestra manera de pensar y, por tanto, de nuestra manera de enfocar el mundo y, en definitiva, de vivir, a Liberalismo.org y a Red Liberal. Hay días en que toca ser agradecidos con la gente que nos ha ayudado en algún momento; Dani, a través de Liberalismo.org y Red Liberal, nos han ayudado y nos ayuda a pensar. Precisamente, uno de esos días en los que podemos mostrar nuestra gratitud es el día en que una persona vino al mundo; no sólo nos alegramos por él, sino también por nostros. Es un día en el que, cuando felicitamos a una persona, podemos preguntarnos, así mismo, cómo hubiera cambiado nuestra vida si esa persona y sus acciones nunca hubieran contactado con nosotros.

Hoy Dani cumple 30 años. Es un momento para felicitarle y darle las gracias por todo el trabajo que ha realizado y que sigue realizando. Yo, personalmente, no concibo el desarrollo de mis ideas sin aquel día en que por casualidad nos conocimos; y, por ello -pero no sólo por ello- quiero darle las gracias. Gracias por ser una excelente persona y un mejor amigo. Felicidades desde esta bitácora que es la tuya.
Varios eventos

El próximo miércoles 9, Paco Capella aparecerá en Canal Sur, en el programa Mejor Lo Hablamos, para discutir sobre la prostitución. Empieza a las 23:15 y puede visualizarlo desde aquí. Es el mismo programa al que ya fue Gabriel Calzada y del que conocemos su marcado sectarismo. Aun así, no creo que Paco tenga grandes problemas en desmontar la palabrería socialista... si le dejan hablar.

Por otro lado, los martes 15 y 22 de noviembre, en el Centro Cultural Galileo de Madrid, a las 19.00 de la tarde, Gabriel Calzada (el 15) y Fernando Díaz Villanueva (el 22) departirán sobre ecologismo.

Por último, Javier Muñoz me informa de que el próximo jueves día 10 a las 16:30 de la tarde, en el Salón de Grados de la Facultad de Derecho de la Universidad Complutense de Madrid, se debatirá sobre "La reforma de los Estatutos autonómicos". Intervendrán, Vidal-Quadras, Iñaki Ezquerra, Basagoiti y Ángel Sánchez Navarro. Más información aquí.

5 de Noviembre de 2005

Marxismo y libertad, por Joseph Ratzinger

Dos aspectos del sistema marxista me parecen particularmente importantes para la problemática de la libertad de la época moderna y para la cuestión de la libertad y de la verdad:

a) el marxismo parte de la idea de que la libertad es algo indivisible y subsiste por tanto como tal sólo si es la libertad de todos. La libertad está unida a la igualdad: para que haya libertad, hay que establecer ante todo la igualdad. Lo que significa que para el objetivo de una plena libertad son necesarias ciertas renuncias a la libertad. La solidaridad de los que combaten por la libertad común, de todos, precede la realización de la libertad individual. La cita de Marx de la que hemos partido [hacer hoy esto, mañana aquello, ir de caza por la mañana, de pesca después de comer, dedicarse a la cría del ganado por la tarde, discutir después de la cena, según las ganas que tenga en aquel momento…] muestra que, en realidad, al final se hace de nuevo presente la idea de la libertad ilimitada del individuo, aunque por el momento prevalece el aspecto comunitario, la igualdad sobre la libertad y, por tanto, el derecho de la comunidad frente al individuo.

b) Unido a esto está el presupuesto de que la libertad del individuo depende de la estructura del todo, y de que la lucha por la libertad no debe hacerse sobre todo como lucha por los derechos del individuo, sino como lucha por una estructura diversa del mundo. En la cuestión de cuál es el aspecto que de tener esta estructura y de cuáles son los medios racionales pasa construirla, al marxismo le ha faltado amplitud de miras. En efecto, incluso un ciego podía ver que ninguna de las estructuras establecidas hacía efectiva la libertad por amor de la cual se pedía renunciar a la libertad. Pero los intelectuales son ciegos cuando se trata de las creaciones de su pensamiento. Por este motivo han podido renunciar a todo realismo y seguir luchando por un sistema cuyas promesas no se podían cumplir. Buscó ayuda refugiándose en la mitología: la nueva estructura creará un hombre nuevo, puesto que, en realidad, sólo con hombres nuevos, con hombres totalmente diversos podrían funcionar las promesas. Si la característica moral del marxismo reside en la exigencia de solidaridad y en la idea de la indivisibilidad de la libertad, en su anuncio del hombre nuevo se convierte en una mentira que paraliza también el principio moral. Verdades parciales van unidas a una mentira y por eso fracasa el conjunto: la mentira de la libertad elimina incluso los elementos de verdad. La libertad sin la verdad no es libertad.

[Extracto de La fe como camino]

4 de Noviembre de 2005

Un empresario español contra el Estado, por Sterling Morton

San Bernardino de Sienna discutió la valiente buena voluntad de los empresarios que asumían riesgos. Seiscientos años después de haberlo escrito, las escuelas de pensamiento económico que se interesaban por la importancia de los empresarios fueron relegadas a una segunda división académica. Con excepción de la Escuela Austriaca, pocos teóricos han estudiado las características de los mejores empresarios. El papel del empresario, en conjunto, no se entiende de manera correcta o es indiscutiblemente ignorado por las corrientes mayoritarias de la teoría. El apasionamiento es uno de los rasgos de imposible cuantificación que elevan a un empresario sobre los demás. Catapulta su trabajo por encima del de los otros.

Los burócratas, al utilizar la coacción estatal a cualquier nivel, consumen capital mientras desarrollan sus deberes. El resultado de la coacción y sus perjuicios aparejados son, en definitiva, pagados a través de la inflación, los altos impuestos o un tipo de interés que no refleja las condiciones naturales del mercado. De lo que no suele hablarse es del daño que estos burócratas infligen sobre el apasionamiento de las personas que aman el riesgo.

El entorno español de control diario en la vida comercial es el primer golpe psíquico que padecen sus empresarios. Por ejemplo, pocas empresas de motos llegaron a existir durante la dictadura de Francisco Franco. La única gran empresa que fabricaba motocicletas fue creada por un sujeto que tenía especiales conexiones políticas con Franco. Al resto se les disuadió de entrar en el mercado, en última instancia, a través de la fuerza estatal. Este es el primer golpe bajo al apasionamiento que propina el Estado.

La competencia surgió cuando un par de tenaces empresarios con un fuerte entusiasmo por las motocicletas atravesaron las barreras políticas del Estado, en las secuelas de la Guerra Civil española, y el aislamiento impuesto por la neutralidad durante la II Guerra Mundial. Pedro Permanyer y Francisco Bultó constituyeron Montesa en 1944 para fabricar motocicletas que fueran capaces de cruzar los bacheados caminos descompuestos por la guerra y las montañas accidentadas.

Y pronto llegaron las victorias en las carreras. Montesa tuvo éxito en trial, motocross y las competiciones de velocidad, de manera que se asentó entre las fábricas de motocicletas más prominentes de la Europa de principios de los 50. Estos modelos fueron aclamados en su momento por la Associació de Disseny Industrial del Foment de les Arts Decoratives. Montesa fue galardonada con el primer premio al mejor diseño industrial en 1962. Las victorias en las carreras eran obra de los pilotos, pero reflejaban la pasión y el éxito de Permanyer y Bultó.

El Segundo golpe al apasionamiento vino con el ciclo económico generado por una política monetaria corrupta. El crecimiento en las exportaciones de Montesa y las ventas interiores condujeron a Permanyer y Bultó a incrementar su endeudamiento y expandir el tamaño de sus instalaciones industriales. La economía española combatió contra el Plan de Estabilización Nacional de Franco, el intervencionismo y la inflación de mediados de los 50. Estos factores externos enviaron una falsa señal empresarial a los directores de Montesa y los envalentonaron a una expansión que no estaba justificada.

Las empresas que se enfrentan con un ciclo económico deben calcular correctamente las oscilaciones de la producción durante un ciclo económico inflacionista si pretenden seguir en el mercado. Las distorsiones en las frágiles líneas telegráficas (los precios) que señalan a los empresarios los bienes a producir en cada momento, impulsaron a Montesa al mercado crediticio para expandir su capital. Cuando Bultó y Permanyer se dieron cuenta del error en su cálculo empresarial, intentaron corregir las distorsiones vendiendo sus activos, recortando gastos y regresando a los correctos niveles de producción.

Bultó y Permanyer no estaban de acuerdo sobre la relocalización del capital y dividieron la empresa en 1958. Bultó, que apoyó los circuitos de carreras en Montesa, formó Bultaco con una gran variedad de productos, incluidas motocicletas competitivas para pilotos deportivos. Bultaco creció, como lo había hecho Montesa, pero los nubarrones de los planificadores sociales eclipsaron el duro trabajo de la compañía. En los 70, el malestar de los trabajadores, azuzado por agitadores políticos que no siempre tenían los intereses obreros en la mente. Los piqueteros, por ejemplo, le impidieron entrar en su propia empresa y quemaron su efigie.

El espíritu del electorado español se volvió crecientemente anticapitalista desde los 50 a los 80 y reflejó la agitación proletaria que Bultó padeció. Los resultados electorales de la época dieron al PSOE un 30% de los votos en el Congreso de los Diputados. Otro 10% del respaldó al PCE –el Partido Comunista de España. Las restantes fuerzas eran partidos estatistas. EL PCE y el PSOE ganaron el control del Congreso de los Diputados, con un 59%, en 1982. El igualitarismo impuesto por los diputados españoles y la mentalidad del electorado fue el tercer puñetazo que apagó la pasión empresarial.

La empresa Bultaco se cerró en diciembre de 1979 por la familia Bultó a pesar de una historia dedicada a la producción de motocicletas de fama mundial para exportarlas alrededor del planeta y con una exitosa historia en las carreras. La transformación heroica de un mineral de hierro poco valioso a un bien durable de elevado valor dirigido a la satisfacción de los conductores hace de Bultó y de su empresa un loable negocio. La muerte de la empresa es la muerte del espíritu humano. ¿Qué mató a Bultaco? La hostilidad insuflada por trabajadores envidiosos y la losa de la planificación central practicada por todos los gobiernos del mundo. El gobierno de EEUU, por ejemplo, aprobó unos estándares de calidad que en la práctica le prohibieron a Bultaco permanecer en el mercado de EEUU.

Los activos de Bultaco fueron reunidos con los de Montesa y bendecidos con millones de dólares procedentes de los contribuyentes españoles. Después de recibir esta enorme suma, Montesa fue rápidamente comprada por Honda, un competidor líder en el campo.

La regulación en los EEUU continúa su camino hacia la destrucción de la pequeña empresa, redirigiendo el capital hacia fines menos útiles y tentando a los empresarios a abandonar el orden de mercado. Entre 1963 y 2005, el número de burócratas contratados por las agencias gubernamentales se incrementó de 38.819 a 207.405. A este dato hay que incluir otros 242.376 planificadores al mando de las agencias de regulación económicas [1];  no es sorprendente que las industrias se desplacen a otras naciones. Este es un síntoma de la muerte del apasionamiento.

Lecciones: Una nación hostil a la relaciones trabajador-empresario está condenada a una producción agitada, con independencia de la necesidad y calidad de sus mercancías. Los partidos intervencionistas de izquierdas y derechas generan distoriones, shocks, ciclos económicos y un cálculo empresarial corrupto. Las teorías impracticables impulsadas por los agitadores estatistas asesinaron buena parte del apasionamiento de España. Por desgracia, también se está debilitando aquí.

[1] Data from the staffing summary table in the annual report Upward Trend in Regulation Continues: An Analysis of the U.S. Budget for Fiscal Years 2005 and 2006. Susan Dudley, Melinda Warren. p5. Mercatus Center and the Murray Weidenbaum Center on the Economy, Government, and Public Policy.

3 de Noviembre de 2005

Democracia y verdad en el Congreso

No voy a hacer un análisis detallado del debate que ayer tuvo lugar en el Congreso de los Diputados. El discurso de Rajoy tuvo partes excelentes y otras muy matizables. Los lectores de esta bitácora que apoyaría el objetivo secesionista del Estatuto (otra cosa es el procedimiento como bien mencionó Rajoy) en caso de que el Estatuto tuviera corte liberal o, al menos, permitiera la secesión, a su vez, de otros territorios encuadrados en Cataluña. Nada de esto sucede en el Estatuto catalán, un texto de corte absolutista y liberticida.

Me interesa más centrarme en otros aspectos que también pudimos observar en el transcurso de las discusiones. En primer lugar, querría hacer una propuesta al PP: dividan su grupo parlamentario de cinco en cinco diputados, y aparte de que conseguirán abandonar la "soledad", podrán hablar como unas 20 horas en la Tribuna de Oradores.

Segundo, y entrando en materia, Aristóteles distinguió nitidamente entre el Estado de Derecho y la dictadura apelando a la distinción entre el gobierno de las leyes y el gobierno de los hombres. Así, por ejemplo, Hayek considera que el soporte fundamental del Estado de derecho lo encontramos en esta declaración medieval: el estado no puede crear o hacer la ley, y desde luego menos aún abolirla o derogarla, porque ello significaría abolir la justicia misma y eso sería un absurdo, un pecado y una rebelión contra Dios, que es quien crea dicha leyes.

La discusión de ayer fue un aquelarre de democratismo. Las libertades individuales o la seguridad jurídica quedaban enteramente subordinadas a "la voluntad del pueblo catalán expresada a través de sus representantes". Lo único importante era que esa voluntad se impusiera ya que, por ser mayoritaria debía ser verdadera. Joseph Ratzinger, citando a Kelsen, escruta el sentimiento relativista que subyace a esta concepción de la democracia. Para Kelsen, el primer demócrata fue Poncio Pilatos. En Juan 18,27-28, Jesucristo dice a Pilatos"Tú lo dices: yo soy rey. Yo para eso nací y para eso he venido al mundo: para dar testimonio de la verdad. Todo el que es de la verdad escucha mi voz". Sin embargo, Pilatos, incapaz de escuchar su voz, le inquiere: ¿Y qué es la verdad? Ratzinger explica claramente el significado del pasaje: La pregunta de Pilato es, a su juicio, expresión del necesario escepticismo del político. De ahí que sea de algún modo también una respuesta: la verdad es inalcanzable. Para percibir que Pilato la entienda así, basta con reparar en que no espera respuesta. En lugar de eso se dirige a la multitud. Así quedaría sometida, según Kelsen, la decisión del asunto al voto popular. Kelsen opina que Pilato obra como perfecto demócrata. Como no sabe lo que es justo, confía el problema a la mayoría para que decida con su voto.

El drama de Pilato se manifestó ayer en casi todos los oradores. Sólo Rajoy esbozó, en alguna ocasión, la firmeza antirelativista: no todo vale. Una cosa es que algunos catalanes decidan deslizarse hacia el abismo, otra que deban arrastrar en su viaje al resto de catalanes y españoles. El Estado de Derecho -entendido no como el monopolio estatal de la ley, sino como la prevalencia de la justicia- no puede ser torcido por mayorías, no porque las mayorías no importen, sino porque no están legitimadas para cercenar la libertad individual. Permitir tal extremo significaría implantar lo que los liberales decimonónicos temían, no la democracia que se asienta sobre el Estado de Derecho, sino la democracia que se asienta sobre el relativisimo: el gobierno de la turba.

Este gobierno de la turba no vendría a ser otra cosa que el temido gobierno de los hombres de Aristóteles en su máxima expresión. Pero sería un gobierno de los hombres muy particular: habríamos vuelto al totalitarismo con el rostro de la democracia. Al sacralizar la forma, condenamos a Jesús y salvamos a Barrabás, enterramos la libertad individual pero por mayoría democrática. La tragedia de toda esta parodia, de esta degeneración de la democracia liberal al asamblearismo socialdemócrata, es que, como ya apuntara Bruno Leoni hace más de 40 años, no estamos gobernados por los hombres porque no estamos gobernados por las leyes, sino porque lo estamos.

La ley, el Derecho, se ha corrompido cuando ha pasado a ser asunto del poder. El poder no debe confeccionar la ley, debe someterse a ella; la ley no es un instrumento del poder, sino la garantía contra sus actuaciones. No sólo eso, como también denuncia Benedicto XVI, ya no resultan evidentes los valores morales. Ni siquiera nuestra libertad les resulta evidente a los políticos. Los únicos valores que cuentan son los valores democráticos, pero como es imposible definir estos valores a priori, la inspiración del ordenamiento jurídico es una ética otorgada. Parece que la única norma ética a priori es la de respetar la decisión de la mayoría, sea cual sea su contenido. Esto, nota al margen, tiene un problema lógico importante y es que la mayoría antes de decidir, debe decidir por qué tipo de mayoría resultan legítimas sus decisiones (simple, absoluta, cualificada o unanimidad). Si el punto de partida es la mayoría, ¿qué tipo de mayoría? ¿Y qué mayoría decide qué tipo de mayoría?

En cualquier caso, uno puede darse cuenta del vergonzoso abuso del democratismo oyendo a los representantes de IU, nada sospechosos de respetar la libertad. Tanto Herrera como Llamazares apelaban continuamente a la democracia. Diálogo, consenso, talante, reflexión, proceso, Estatuto, ideología, postura... todo era adjetivado como "democrático". De hecho, cuando se les iba el Santo al Cielo, intercalaban un "democrático" para recuperar el ritmo. El problema de esta demagogia barata, de esta subversión del limitado ámbito que debería tener la democracia (no olvidemos que cuantas más decisiones recaen sobre la democracia, menos recaen sobre el individuo), es la totalitaria contrapartida que lleva aparejada. Dado que la verdad es la democracia, sus subproductos, el resultado de una votación democrática, debe ser necesariamente cierto. Esto nos lleva a que cualquiera que se oponga al resultado de una decisión mayoritaria se convierte en antidemócrata, en fascista, en franquista y en represor. Joan Herrera incluso insinuó en varias ocasiones que el PP debía ser marginado, despreciado y aislado por no aceptar un Estatuto respaldado por el 90% del Parlamento catalán. Olvidaban Herrera y Llamazares, con todo, que IU votó en contra del Estatuto de la Comunidad Valenciana, a pesar de venir con un respaldo mucho mayor.

Rajoy resumió muy bien la persecución de sus opiniones y de su postura basándose en no aceptar la decisión de la mayoría: Voy a ser muy respetuoso con el texto aprobado mayoritariamente en el Parlamento de Cataluña. Muy respetuoso. No hasta el extremo que reclaman algunos cuando piden que nadie estorbe el paso del Estatuto por esta Cámara, como si el ejercicio de nuestra responsabilidad fuera un delito de lesa democracia .

De esta manera se completa el giro. Si la verdad debería ser un límite para la democracia, ahora, la democracia convertida en verdad, supone un límite para la libertad. Por supuesto, ayer el Congreso sólo podía amparar una postura, la del Parlamento de Cataluña. Si la democracia es la verdad, ¿qué hacía un Congreso oponiéndose a la verdad? Pero, si sólo cabía un tipo de votación posible, ¿para qué se votaba? Desde luego, la primera mutación constitucional del Estatut ha sido castrar la legitimidad de las Cortes para oponerse a la Legitimidad del Parlamento catalán.

El problema, con todo, no es en su mayor parte de encuadre estatal, sino de represión individual. Desde hace días venimos oyendo, y ayer se repitió en el Congreso, que la libertad de expresión no puede amparar la mentira y el insulto. No se trata de que queramos censurar a Losantos, sino de que no podemos consentir que mienta e insulta. Y aquí, yo sí pregunto como Pilatos, ¿y qué es la verdad? O más bien, niego que su verdad sea la Verdad. Niego que la Verdad sea utilizar la fuerza para silenciar a una persona que no silencia a nadie. Niego que la verdad suponga estrangular la libertad individual en función de la cual -y sólo en función de la cual- el hombre puede alcanzar y abrazar la Verdad. La izquierda cree que la Verdad son los valores de la izquierda y la legitimidad para imponerlos, los liberales creemos que la Verdad son los valores liberales y la legitimidad de que la izquierda se equivoque.

Es más, niego que la Verdad sea igual a la hipocresía. En este país de lenguas calientes, el insulto es consustancial a la comunicación. Uno podía considerar que llamar a Aznar "asesino" era una exageración, pero nunca se defendió sellar la boca a quienes lo profirieran. ¿Deberíamos haberles censurado?

En realidad, lo que se está buscando es imponer a través del Estado la ideología izquierdista. Censurar al disidente y reeducar al ciego. No cabe oposición a la mayoría democrática de izquierdas que conforma el Congreso. La verdad, su falsa verdad, debe prevalecer y no dudarán en emplear toda la fuerza que sea necesaria. Han sido ungidos por la mayoría.

1 de Noviembre de 2005

El documental de Norberg en castellano

Dadle gracias eternas a Neo, aquí podéis descargarlo. Por cierto, no sólo aparece Norberg, sino también June Arunga. Bajadlo y distribuidlo cuanto gustéis.

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