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Todo un hombre de Estado: Septiembre 2010

30 de Septiembre de 2010

Un breve comentario sobre Kling

Arnold Kling critica algunos puntos de la teoría austriaca del ciclo económico. Me quedo con la más importante:

My main problem with the Austrian theory is that it presumes that businesses are highly myopic. An entrepreneur should be able to tell when the central bank is keeping interest rates too low. In that case, he should not say, "Oh, boy. Let me commit to long-term production based on these low interest rates." Instead, he should say, "I'd better be careful. These interest rates are artificially low."

No es que yo sea un gran defensor de la teoría canónica-rothbardiana, pero desde luego mis discrepancias no se quedan en puntos tan superficiales:

  1. La expansión crediticia inflacionista no la genera el banco central, sino el sistema bancario descalzando plazos pero apoyado por el banco central (prestamista de última instancia).
  2. Es dudoso que los empresarios puedan saber cuándo los tipos de interés se están manteniendo demasiado altos o demasiado bajos. En 2001-2002 las reducciones de tipos se veían generalmente como una manera de estimular la economía. ¿Están hoy los tipos demasiado bajos? Muchos dicen que al contrario, que son demasiado altos y que por eso estamos en una trampa de la liquidez. A menos que los empresarios conozcan la teoría económica austriaca, la crítica de Kling me parece improcedente.
  3. Pero mi punto es que aun cuando los empresarios conozcan la teoría austriaca, el ciclo es realmente inevitable mientras los agentes (especialmente el sistema bancario) vayan degradando su liquidez. Kling dice que si los empresarios ven que los tipos de interés están demasiado bajos, no deberían comprometerse con proyectos empresariales que consuman mucho tiempo. Pero el problema es que cada agente no conoce su posición microeconómica dentro de la estructura agregada de producción. La teoría austriaca no sostiene que necesariamente la velocidad de rotación del capital de cada agente individual se incrementará, sino que lo hará la velocidad de rotación del conjunto de la estructura productiva. ¿Qué significa esto? Que en medio de un boom un empresario bien puede decir "voy a reducir la velocidad de rotación de mi capital porque sé que si la alargo, a medio plazo sufriré una crisis" y sin embargo convertirse en un proveedor de otros empresarios que producen bienes muy alejados del consumo. Imaginemos  que un empresario tarda en producir y vender su mercancía 6 meses; caen los tipos de interés y por precaución reduce su período de produccióna  un mes. ¿Se ha cubierto contra el ciclo? No necesariamente, porque su base de clientes pueden ser otros capitalistas cuyas producciones están muy alejadas del consumo: una vez llegue la crisis, la demanda del primer empresario desaparecerá. Uno de mis ejemplos favoritos: la expansión crediticia hace que comiencen a construirse viviendas en una zona de Madrid antes deshabitada. Dada la gran afluencia de obreros, un señor decide abrir un bar a pie de obra para que los trabajadores vayan cada mañana a desayunar y comer. Desde luego, el bar es una empresa muy cercana al consumo que según la interpretación ingenua de la teoría austriaca no debería verse afectada por la crisis. Pero la sufrirá. ¿Por qué? Porque los ingresos del bar dependen de las rentas que perciben los obreros que a su vez dependen del crédito que concedan los bancos para adquirir inmuebles. Si se seca el crédito se seca la demanda de cafés, cervezas y menús de 5 euros... por muy cercanos al consumo que sean todos estos bienes (a propósito, este es otro de los típicos errores que cometen Krugman y cía cuando critican sin ninguna base la teoría austriaca). Por consiguiente, la critica de Kling no tiene demasiado sentido: sólo evitando la elasticidad del crédito podemos minorar los ciclos. Los empresarios no son tan listos como para tener toda la economía y todas sus complejísimas interrelaciones en la cabeza; en caso contrario el socialismo sería posible.

23 de Septiembre de 2010

¿Debemos seguir una política monetaria expansiva durante las depresiones?

La semana pasada estuve en casa de Fekete hablando sobre la situación actual de la crisis y el estado de la macroeconomía austriaca. El profesor me comentó que la que probablemente consideraba su aportación más valiosa era a su vez una de las menos comprendidas; a saber, que las reducciones de tipos de interés destruyen capital.

Mi postura hasta la fecha sobre esa parte de su teoría había sido: a) parece que diga algo diferente a la teoría austriaca del ciclo, b) pero no consigo ver en qué se plasma. Desde la semana pasada, sin embargo, estuve pensando extensamente sobre la cuestión, pues Fekete tiene un gran defecto y una gran virtud: sus aportaciones son siempre geniales e importantísimas, pero las explica bastante mal.

Al final creo haber sido capaz de diferenciar la teoría de Fekete de la tradicional teoría austriaca del ciclo, eso sí reformulándola un poco y ensamblándola a su vez dentro de la segunda. Así, creo que se produce un muy notable enriquecimiento de la teoría austriaca del ciclo; hasta la fecha, los únicos argumentos a oponer contra la política monetaria expansiva de Bernanke y cía era que tendería a provocar un nuevo boom artificial inflacionista en el futuro o que distorsionaría algunos precios relativos, distorsionando el reajuste.

La crítica de Fekete es mucho más rica y también mucho más lógica dentro de los presupuestos de la Escuela Austriaca: las reducciones de tipos de interés durante las depresiones no hacen crecer el crédito fiduciario (pues no hay demanda por el mismo) pero sí impiden la amortización anticipada de todo el volumen de deuda acumulado que nos ha conducido a la crisis. Ahora, más que preocuparnos por si estamos regresando a EEUU-2001 (o a Weimar-1923, je) deberíamos evitar convertirnos en Japón-1990 por culpa de las políticas inflacionistas de Bernanke.

El martes escribí en Libertad Digital sobre el tema, y hoy con un poco más de detalle y conexiones teóricas (en especial la trampa de la liquidez keynesiana) en el Instituto Juan de Mariana:

En este punto, las reducciones de tipos de interés –o su mantenimiento a niveles artificialmente bajos– no logran incentivar más inversión y, en cambio, sí acicatean la ralentización del ritmo de desapalancamiento, esto es, del ritmo de reajuste de los balances privados y de la estructura productiva. Si los acreedores esperan que los tipos de interés van a mantenerse bajos o descendentes durante mucho tiempo, su predisposición a revenderles sus créditos a los deudores disminuye muy notablemente. Al fin y al cabo, si los tipos de interés se mantienen bajos o decrecientes, el inversor que se desprende hoy sus créditos carece de alternativas de alto rendimiento en las que volver depositar su dinero, por lo que exigirá las correspondientes primas de valor presente a los deudores. A éstos, en cambio, les puede resultar más conveniente no amortizar anticipadamente su deuda y seguir con el esquema de pagos periódicos pactado desde un comienzo; justo lo que están haciendo hoy los bancos: atesorar dinero en lugar de destinarlo a amortizar su pasivo con coste financiero.

El error de Keynes fue, como es evidente, el de suponer una relación unívoca entre tipos de interés, inversión agregada y crecimiento. Si sólo podemos crecer cuando invertimos y sólo podemos invertir cuando se reducen los tipos de interés, el corolario lógico es que las expectativas de aumentos de tipos mantendrán maniatados a los demandantes de crédito y por tanto el crecimiento. Pero, gracias a la teoría austriaca del ciclo, sabemos que en ocasiones antes de volver a crecer hay que reducir la inversión agregada para reorganizar nuestra estructura productiva y los balances privados. En ese contexto –que caracteriza a las depresiones económicas– las expectativas de menores tipos de interés se traducen en un estancamiento del reajuste y, por tanto, del crecimiento futuro.

22 de Septiembre de 2010

Basilea III, ¿servirá para algo?

En Libertad Digital publico mi análisis sobre las propuestas que hemos ido conociento en torno a la futura regulación bancaria de Basilea III. En resumen: alguna buena idea sobre un gran error de base.

En general, Basilea III es una regulación mucho más prudencial y conservadora que Basilea II. Sus exigencias de capital y de liquidez, si bien demasiado laxas en un sistema financiero con una facilidad casi insuperable para crear crédito, son mucho más robustas y probablemente sirvan para que las quiebras y suspensiones de pagos bancarias tengan una menor incidencia en el futuro. Y sin embargo la calificación que le podemos dar sólo puede ser negativa. Por un motivo muy simple: no busca acabar con los ciclos económicos, sino sólo asegurar la supervivencia de los bancos. En la crisis actual parece haber existido una relación directa entre las quiebras bancarias y la gravedad de la recesión. Empero, convendría no olvidar que en última instancia los bancos que han quebrado han sido pocos –gracias a los rescates públicos–, pero la crisis ha seguido siendo enormemente grave por las distorsiones existentes en la economía real.

El sistema financiero es un orden lo suficientemente complejo como para que sea del todo aplicable esa histórico descubrimiento de Mises de que el socialismo no puede funcionar. Es ingenuo y arrogante creer que los ciclos económicos podrán terminar con una regulación tan omnicomprensiva y detallada como Basilea III. El regulador asume que la próxima crisis será igual que la actual, pero, precisamente por las nuevas barreras que ese regulador establece, los bancos se encargarán de generarla inintencionadamente por otros circuitos. Entonces, cuando llegue, nos sorprenderemos de cómo pudimos no haber pensado en ello. Pero el motivo seguirá siendo muy sencillo: una mente individual o un comité de mentes individuales que pretende establecer un marco estático no puede competir con decenas de millones de mentes empresariales que dinámicamente tratan de reformular –y salirse– de un marco.

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16 de Septiembre de 2010

Deje de fijarse en la oferta monetaria

En de Twilight of Gold Melchior Palyi se queja de que los monetaristas suelen atribuir las crisis a la contracción de la oferta monetaria, sin apuntar demasiado a qué plazo temporal se refieren cuando afirman que "se está contrayendo". En la actualidad, podemos disfrutar de una experiencia similar. Muchos monetaristas están exaltados porque la oferta monetaria se está contrayendo. Como prueba irrefutable nos colocan estos espectaculares gráficos:

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¿Impresionan, verdad? Bien, ahora expresemos esos mismos datos en valores absolutos.

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¿Notan algo que remotamente indique una contracción drástica de la oferta monetaria? Obviamente no; de hecho, ambas variables, la M2 y la M3, están bastante por encima del nivel que exhibían en 2005, 2006, 2007 e incluso 2008, años de crecimiento inflacionista y de entrada en la crisis. 

Incluso con la poca relevancia que personalmente concedo a los agregados monetarios, tampoco pretendo quitarle cualquier relevancia a la caída de la tasa de variación interanual. La tiene como síntoma de que los pasivos bancarios no están creciendo y de que, por tanto, no hay oferta y demanda de crédito. Pero precisamente por ello cabe comprender la caída actual como una tendencia hacia un sano desapalancamiento y capitalización del sistema financiero y no como una causa del colapso. El punto clave es que el endeudamiento financiero ha crecido demasiado durante demasiado tiempo y ahora tiene que reestructurarse. Es absurdo pensar que la solución a todos nuestros problemas pasa por que la M2 o la M3 vuelvan a crecer al 10% sin pararse a pensar de dónde venimos y en qué situación nos encontramos.

1 de Septiembre de 2010

Míster Libertarian

Con el artículo sobre Rothbard concluyo la serie de "Nosotros, los austriacos" en Libertad Digital (al menos por ahora, veremos si el año que viene tengo ganas y tiempo de continuar con otros austriacos menos conocidos pero igualmente apasionantes).

Mises había admitido como posible, aunque muy improbable, la existencia de monopolios en un mercado libre. Su análisis no se diferenciaba en lo sustancial del neoclásico predominante (aunque sí en algún punto clave en torno a los costes sociales del monopolio). Rothbard, en cambio, completó la intuición hayekiana de que la competencia debe estudiarse no como un estado, sino como un proceso de rivalidad para lograr el favor de los consumidores. En este sentido, el estadounidense lanza por la borda la célebre distinción entre "precio de competencia" y "precio de monopolio", argumentando que en la realidad resultan indistinguibles bajo criterio alguno: el único precio que existe es el de mercado y a él debe restringirse la ciencia económica. Para Rothbard, el único monopolio que existe es el creado por el Estado (el propio Estado es un monopolio, de hecho) y todas las otras formas de organización empresarial son simples estrategias –incluyendo las fusiones o los tan denostados cárteles– que tratan de beneficiar en última instancia al consumidor.

la filosofía política de Rothbard ha resultado una rica fuente de inspiración para muchos científicos sociales, al permitirles abrir al máximo sus horizontes de investigación. Hoy, por fortuna, disponemos de una creciente literatura sobre lo que Michael Polanyi llamó "órdenes policéntricos" (diversidad de centros de jurisdicción que interactúan en un mismo territorio sin un árbitro último que resuelva monopolísticamente sus conflictos) y sobre alternativas en apariencia viables a todas o casi todas las funciones del Estado. La filosofía política de Rothbard, pues, más que un punto de llegada o confluencia de tradiciones diversas, debe ser observada como un punto de partida para un programa de investigación mucho más amplio (y que, en parte, aún está en pañales).

Por si alguno se ha perdido algún artículo de la serie, aquí os dejo los cinco publicados:

Espero que os haya resultado interesante.

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