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Todo un hombre de Estado: Marzo 2009

31 de Marzo de 2009

No fue el shadow banking
Artículo en Negocio


Hace más de un año...
Por cierto, ahora que la debilidad del sistema bancario español les ha pillado a tantos con el pie cambiado, no estaría de más recordar que, otra vez, ya advertimos sobre esto en el Observatorio de Coyuntura Económica del IJM. Cito una nota de prensa de febrero de 2008:

Francisco Javier Aríztegui, director de Supervisión del Banco de España, ha defendido a la banca española frente a las recientes acusaciones sobre su delicada situación financiera. Para ello ha recurrido a dos indicadores: la baja tasa de morosidad (0,8% frente a una media europea del 2,2%) y el elevado nivel de provisiones que hacen frente a los créditos dudosos (superiores al 200%). Dicho de otra manera, en la actualidad el sistema bancario dispone de más de dos euros por cada posible euro de créditos dudosos.

Pese a que los datos de Javier Aríztegui son del todo ciertos, conviene situarlos en su adecuado contexto. Si la morosidad volviera a los niveles medios del período 1997-1999 (esto es, el 2,2%, que coincide con la actual tasa europea) las provisiones actuales serían insuficientes para cubrir los créditos dudosos.

En concreto, los créditos dudosos pasarían de los actuales 17.133 millones de euros a 45.412 millones de euros, frente a unas provisiones a día de hoy de 37.554 millones de euros; esto es, habría un déficit de provisiones de 7.857 millones de euros (alrededor del 0,75% del PIB español).

La misión de un banco central debería ser supervisar el sistema bancario y asegurar sus posiciones de liquidez y solvencia mediante una adecuada comprensión de la ciencia económica. El mejor arsenal académico con el que se cuenta en estos momentos para analizar la realidad es la teoría austriaca del ciclo económico, desarrollada durante el siglo pasado por Ludwig von Mises y el premio Nobel Friedrich Hayek y perfeccionada en los últimos tiempos por economistas españoles como el catedrático Jesús Huerta de Soto.

Según la teoría austriaca del ciclo económico, las reducciones de tipos de interés que hemos vivido desde 1999 a la actualidad por la intervención inflacionista del Banco Central Europeo han contribuido a generar un boom artificial de la vivienda y, a través de la construcción, han tenido una parte importante en todo el crecimiento de la economía. Este es el motivo por el que la tasa de morosidad se ha mantenido tan reducida: mientras las familias seguían endeudándose a tipos de interés artificialmente bajos, la economía, el empleo y los salarios crecían y la carga financiera era soportable.

En los últimos tiempos, sin embargo, estamos comprobando como la burbuja inmobiliaria comienza a pincharse, con los consiguientes aumentos del desempleo y de los tipos de interés en el Euribor.

Las actuales tasas de morosidad, en mínimos históricos, son un espejismo con el que no debería ensimismarse la banca española. La propia teoría austriaca del ciclo nos indica que después del boom artificial llega la depresión purgativa de los excesos precedentes: esto es, menor crecimiento (incluso recesión), desempleo y morosidad.

El ciclo económico español parece seguir patrones bastante parecidos, aunque diferidos en el tiempo, con el que está viviendo EEUU con su boom inmobiliario y la crisis de las hipotecas subprime: las subidas de tipos de interés (que comenzaron bastante antes que en la Eurozona) ralentizaron la actividad económico e incrementaron el desempleo, con lo que los deudores de peor calidad (subprime) dejaron de pagar sus hipotecas.

En España también sucedió un proceso similar durante la breve recesión de 1993, momento en el que teníamos una burbuja inmobiliaria mucho más reducida que la actual, pero donde las tasas de morosidad se dispararon por encima del 6%.

De hecho, si la tasa de morosidad llegara al 6% (media histórica entre los años 92 y 96), los créditos dudosos ascenderían a 123.850 millones de euros (12% del PIB), con lo que el déficit de provisiones se dispararía hasta los 86.296 millones de euros (alrededor del 8,5% del PIB). Hay que tener en cuenta que, por ejemplo, en diciembre de 1993, en plena crisis económica, los créditos dudosos sólo representaban alrededor del 5% del PIB y el déficit de provisiones era de poco más de 5.000 millones de euros (1,2% del PIB).

Por consiguiente, no parece que los excesos de prudencia deban ser tildados de catastrofistas; de hecho, resulta previsible que la banca, a corto y medio plazo, se vea forzada a incrementar su dotación de provisiones ante el recrudecimiento de la crisis financiera.

30 de Marzo de 2009

¿Qué habría que hacer con las cajas de ahorros?
La pregunta va dirigida a la parte de la izquierda que critica los planes de rescate de los bancos privados por salvar a los capitalistas (no se dan cuenta que los mayores capitalistas de un banco son los depositantes). Ya me lo preguntaba aquí. ¿Qué harían los que criticaban los rescates de la banca cuando comenzaran a quebrar bancos en España? La respuesta parece ser que apuestan por nacionalizarlos: vale, socializamos las pérdidas pero a partir de este momento también los beneficios, se acabó la banca privada.

Bien, el problema de esta propuesta es que las cajas de ahorro ya son, de facto, bancos públicos. Exactamente, ¿cuál sería la diferencia con respecto a la situación actual? Las cajas no tienen hoy accionistas y ya destinan una porción de sus beneficios en "obra social". Quien proponga nacionalizar el sistema bancario porque en el capitalismo neoliberal provoca inherentemente pérdidas, debería contestar a una pregunta: ¿Por qué estas situaciones de crisis bancaria no se producirían con banca pública? ¿Sólo porque consolidaríamos las pérdidas de la gestión con los presupuestos del Estado? Es decir, ¿la genial alternativa de la nacionalización es simplemente una manera de enmascaras un rescate diario de la banca? Curioso.
¿Cuáles son las siguientes en caer?
 Me pasan este gráfico que circula por bastantes foros. Básicamente es una relación entre los fondos propios (Tier 1) y el ratio de morosidad de algunos bancos y cajas. Cuando la morosidad supera el Tier 1, el banco quiebra.

Fijaos que el Tier 1 decrece con el eje de ordenadas, por tanto los bancos menos capitalizados son los que están más arriba. O dicho de otra manera, los próximos en caer son los que están más arriba (menos capital) y más a la derecha (más morosidad): Caixa Catalunya, Caja Madrid y Bancaja. Cuatro cajas al hoyo y dos para cada partido político. Para que no digan que no está bien repartido.



29 de Marzo de 2009

La quiebra de una caja y de un modelo
Pues no, parece que la crisis no se debe al shadow banking y a todos los malvados especuladores que actuaban a escondidas de los sacrosantos reguladores. Aquí sin tales gaitas también están quebrando los bancos. Es curioso, ahora mismo recuerdo tres explicaciones a por qué los bancos quiebran de manera sistémica: a) porque la Reserva Federal no expandió el crédito lo suficiente, b) porque había patrón oro, c) porque las entidades no estaban adecuadamente supervisadas y no dotaban las suficientes provisiones. 

En esta crisis a) la Reserva Federal ha intervenido tanto como ha querido y ha sido el Gobierno quien ha tenido que evitar que los bancos quebraran, b) no había patrón oro, c) en España los bancos están supervisados y dotan provisiones.
 
Por tanto, bajando a la realidad y no a elucubraciones monetaristas, ¿los bancos pueden quebrar con un banco central bernankiano, sin patrón oro y con supervisión gubernamental? ¡Cáspitas! ¿Qué más nos inventaremos luego para negar que los bancos quiebran porque transforman plazos y que los bancos centrales tienden a amplificar la magnitud y duración de esas transformaciones?

En el Observatorio de Coyuntura Económica del Instituto Juan de Mariana acabamos de sacar una nota de prensa sobre el asunto donde explicamos por qué el admirable sistema bancario español (que incorpora todas las recomendaciones de Geithner: regulación, refuerzo del capital y control o en nuestro caso ausencia de derivados) no es inmune a la crisis. Por tanto, la explicación debe ser otra:
El sistema bancario español se está tambaleando pese a estar supervisado y pese a que ya se obligaba a las entidades a dotar provisiones sistémicas. Es un ejemplo claro de que la reforma planteada por Geithner de atribuir toda la responsabilidad al shadow banking va en la mala dirección. Y es que, si tanto el shadow banking estadounidense como la banca tradicional española están en crisis, la causa de la misma no puede buscarse en el desarrollo de nuevos instrumentos financieros que quedaran fuera del ámbito del regulador; en caso contrario, la quiebra de Caja Castilla-La Mancha nunca se habría producido.
Yo acabo de publicar un artículo en Libertad Digital donde intento explicar lo mismo en un tono ligeramente más divulgativo:
No, la crisis financiera no es una crisis del "shadow banking" frente al modelo mucho más prudente y noble de la banca comercial de toda la vida. Ambos tipos de banca han quebrado conforme los Gobiernos de los distintos países han dejado de sostener artificialmente los mercados. No ayudará, por tanto, que el sistema financiero internacional adopte las pautas de un modelo español que de poco ha servido para evitar la crisis.

Valdría la pena que por una vez nuestros mandatarios practicaran un ejercicio de honradez y reconocieran su responsabilidad en esta situación: 
los bancos centrales expandieron el crédito de manera insostenible desde 2003, generando todo tipo de burbujas (como la inmobiliaria) y malas inversiones por la economía que ahora se están revelando y rebelando. Este lucrativo chiringuito –las entidades financieras se endeudaban a corto plazo prestando a largo y el banco central de turno les cubría el riesgo de iliquidez a costa de generar inflación– que los políticos luchan por defender –entre otras cosas, porque les permite financiar el enorme gasto público actual– y ocultar con todo tipo de diagnósticos demagógicos es el que se ha venido abajo en los campos castellanos.
Los límites de la regulación
Hoy publico en El Mundo un artículo sobre las dificultades y problemas de regular los mercados financieros. Básicamente, el Estado se está ocupando de lo que no se tiene que ocupar (incluir cada vez a más individuos bajo su control) y no se está ocupando de lo que sí debería ocuparse (restringirse a sí mismo y al banco central de favorecer las expansiones crediticias):

El G-20 cree que todos los escándalos anteriores demuestran que el mercado adolece de una falta de regulación. En mi opinión, no obstante, los fallos del supervisor y del regulador revelan la imposibilidad de que el Estado se enfrente a problemas concretos y con una enorme capacidad adaptativa.

La tragedia es que al desviar el foco de atención hacia la supuesta desregulación nos olvidamos de quién fue el verdadero culpable de la crisis: un sistema financiero consistente en unos bancos centrales que refinancian de manera inflacionaria el insostenible y lucrativo fondo de maniobra negativo de los bancos privados.Y a este esquema seguro que nadie del G-20 está dispuesto a meterle mano, esencialmente porque el nada codicioso sector público es uno de sus mayores beneficiarios.

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28 de Marzo de 2009

Parar las máquinas en tiempos de crisis
Hoy he escrito en Libertad Digital sobre la propuesta de Méndez de reducir la jornada laboral en plena crisis:
Las compañías son organizaciones complejas que utilizan multitud de factores productivos: máquinas, edificios, materias primas, electricidad, información técnica y, también, trabajadores. El empresario contrata a los trabajadores y al resto de factores en función de los beneficios que espera obtener con su negocio. Si un factor se encarece, tratará de utilizarlo menos para evitar al máximo la erosión de sus beneficios: si la luz sube de precio, intentará ahorrar electricidad y quizá incluso se cierre alguna sección del negocio que consuma mucha.

Muchos parecen creer –siguiendo todavía a estas alturas a Marx– que el trabajador es la parte esencial de un proceso productivo y que si su precio aumenta, lo hará siempre a costa de los beneficios del capitalista: en su mente, se trata de una simple redistribución de la renta. No entienden que si el coste de los trabajadores aumenta, los empresarios tenderán a utilizarlos menos y si hace falta cerrarán ciertas líneas de negocio, como sucedía cuando subía la luz.
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Por la libre emisión de dinero
Copio un extracto del libro de Heinrich Rittershausen, padre de la escuela monetaria alemana, Paro forzoso y capital, donde se defiende con claridad la necesidad de regresar a la libre emisión de dinero por los bancos privados. El libro es del 35, por cierto.

12. La exclusión del peligro de inflación mediante el principio legal de curso libre para los medios de pago, evitando el curso legal y el curso forzoso.

Esta limitación a la transformación de créitos necesita medidas de garantía para que no sea tan sólo un principio sutil, cuya observancia dependa del arbitrio del banquero. El sistema escocés conoce todas las debilidades del hombre y por ello se distingue de todos los emás sistemas por el hecho de que la inflación queda técnicamente excluida mediante un detalle de organización: mediante la cotización libre de los billetes e banco, que se halla e contraposición al curso legal y al curso forzoso, procedimientos ambos que no representan una prfección, sino una degradación de los billetes de banco. Tan pronto como el banco emite billetes en exceso, es decir, tan pronto como hace anticipos sobre otro género de crédito que los del precio de compra en el tráfico de mercancias, no puede reintegrar los billetes a su presentación. Entonces ha de esforzarse en pagar en efectivo procurándose de cualquier modo oro, divisas, etc. para cuando los billetes se presenten. Cuando este abuso adquiere cierto volumen, lo billetes tienen un disagio (descuento) porque no hay suficientes vencimientos que provoquen la necesaria demanda. Los billetes de banco en cuestión se deprecian en comparación con los restantes medios sanos de pago del país. Sólo se les acepte a regañadientes y por el 90% o 70% de su valor nominal. Semejante banco no puee conceder nuevos créditos porque el tomaor del crédito sólo recibe un 70% corriendo peligro de que el crédito que recibió depreciado haya de reintegrarlo al 100%, siendo, por tanto, medios de pago que los obreros o empleados se negarían a recibir. En definitiva, se renunciaría a admitir esos billetes, del mismo modo que se rechazan los cheques sobre bancos en quiebra.

Semejante sistema sólo se imagina cuando coexisten diversos bancos de emisión o,por lo menos, cuando junto a los bancos de emisión e hallan en circulación monedas o medios fiduciarios de carácter público. Este sistema existe en casi todos los países del mundo desde hace más de cien años.

15. El peligro de inflación en la creación de posibilidades de trabajo sólo es posible en el caso de curso forzoso


Nunca se pondera bstante esta idea fente al argumento del peligro de inflación. Todos los medios accesorios de pago que no poseen, como tales, fuerza legal, no hacen otra cosa sino arruinarse a sí mismos, pero nunca arrastran en su caída al patrón legal. En este género de medios de pago con carácter libre, el problema del patrón doble es tan poco efectivo como en el caso de pago con cheques. Es preciso distinguir con toda precisión entre patrón monetario y medio de pago; la ley de Gresham sólo tiene aplicación para el caso en que coexisten dos medios legales de pago, con carácter forzoso y sin convertibilidad, pero no cuando los medios de pago tienen curso libre.

Con medios de pago que tengan un carácter privado y no sean de aceptación obligatoria, la inflación resulta tan impoible como imposible resulta también destruir con acciones depreciadas el valor de las acciones sanas en el mercado de éstas. Si un señor Lehamann lanza al mercado 100 millones de pesetas de acciones sin valor, pertenecientes a una anónima rotulada Giganta, y encuentra compradores para esos títulos, esas desdichadas gentes no consiguen otra cosa sino perder el dinero; ahora bien, ello no perjudicará en nada la cotización de las acciones de Anilinas o Ríotinto. En ese ejemplo se advierte con claridad que las acciones de Anilinas sólo pueden ser arruinadas cuando el Gobierno, en virtud de una ley, presete curso legal a las acciones de la empresa Giganta, es decir, cuando las declare equiparables a las acciones de Anilinas. En tal caso, éstas registrarán una enorme baja y entonces entrará en vigor la ley de Gresham, desapareciendo del mercado las viejas y sólidas acciones Anilinas. Lo mismo que en el mercado de acciones, en el del dinero el aumento de los subrogados convertibles del oro nunca pueden depreciar al dinero.

Los grandes teóricos del dinero han expresado sobre el particular una opinión inequívoca. El mismo Lord Overstone ha dicho: "Si yo administro mal mi banco privado me arruinaré, pero el público padecerá poco por ello. En cambio, si el Banco de Inglaterra comete un gran error, el banco podrá salvarse [recurriendo al curso forzoso] pero las consecuencias para la colectividad serán funestas".

Por esto resulta necesario resucitar la teoría del curso libre, en interés de la creación de posibilidades de trabajo. Al parecer, los decenios comprendidos entre 1815 y 1844 en Inglaterra, con una teoría construida sobre el curso forzoso registran un error transitorio de la historia del dinero, análogo al período de la postguerra que ahora atravesamos.

25 de Marzo de 2009

John Exter sobre la crisis
Muchos ya conoceréis a John Exter, alguna vez he hablado de él para comentar su pirámide invertida de la liquidez. Por desgracia Exter no escribió demasiado, de modo que su sabiduría monetaria permanece más o menos oculta. Uno de los pocos artículos suyos que conozco es Gold: The International Means of Payment, incluido en el libro Inflation and Monetary Crisis de G. C. Wiegand (1975).

El artículo de Exter es realmente extraordinario. Os copio sólo algunos extractos de la última parte para que comprobéis tanto la calidad de sus teorías como su capacidad predictiva. Se ajusta casi perfectamente a lo que hemos vivido en los últimos años y estamos viviendo ahora mismo:
La inflación internacional nos ha traído nuevos problemas. Se está produciendo un atesoramiento de oro y otras materias prima, de modo que el output real de algunos países se ha estancado o incluso caído. Esto representa todo un problema para amortizar la deuda. Si el servicio y el repago de la deuda viva es complicado cuando el output crece, se vuelve extraordinariamente difícil cuando decrece. El banco central debe entonces pasar a ser todavía más expansionista, lo que hace elevar los precios a un ritmo aun mayor. Llegamos a la estanflación.
Si en cualquier divisa la deuda sólo puede amortizarse creando nueva deuda a tasas cada vez más elevadas, entonces parece obvio que la divisa se convierte en inestable desde un punto de vista financiero. Y la única manera para regresar a la estabilidad es liquidar total o parcialmente la carga de esa deuda.

Sólo hay dos manera para liquidar la deuda en una divisa. La primera es la vía ortodoxa: a través de quiebras e impagos, al estilo de 1929-1933, lo que dio lugar a una bancarrota generalizada y al desempleo masivo. Dado que en la actualidad los niveles de deuda no tienen precedentes en ninguna divisa, la liquidación de deuda necesaria tampoco los tiene, lo que dará lugar a una depresión con todas sus consecuencias económicas, políticas y sociales. Los gobiernos y los bancos centrales intentarán por todas las vías repetir el episodio 29-33, a pesar de que sea la única manera de salvar sus divisas. Así es cómo la inflación continúa; los bancos centrales no está dispuestos a detenerse.

Y si no pueden parar, no cabe ninguna esperanza de que recuperemos la estabilidad regresando a la convertibilidad con el oro a una paridad más elevada. El dinero “IOU-nothing” se crea a tasas explosivas y no puede fijarse ninguna paridad. La convertibilidad sólo sería posible si dejaran de crearlo. Pero como no lo harán, la ventana del oro seguirá cerrada.

Este es el motivo por el que avanzamos hacia la otra vía posible para liquidar la deuda: la hiperinflación. Si los bancos centrales siguen incrementando su dinero “IOU-nothing” hasta que pierdan todo su valor, obviamente todas las deudas denominadas en esa divisas tampoco valdrán nada y se habrán liquidado. Los bancos centrales tendrá que volver a empezar, quitando muchos ceros a sus divisas o creando otras nuevas.

En los próximos años probablemente contemplemos la liquidación de la deuda a través de los impagos en algunas divisas y a través de la hiperinflación en otras.

(…)

El dólar posiblemente siga el camino de 1929-1933, al menos durante un tiempo. Hay más contratos a largo plazo en dólares que en cualquier otra divisa (miles de millones de dólares en bonos, hipotecas, seguros…) de modo que hay más deudores ilíquidos que en cualquier otra divisa. El negocio principal de la industria financiera es endeudarse a corto para prestar a largo. Y a diferencia de otras divisas, se han endeudado por miles de millones a corto para adquirir activos denominados en otras divisas sin la adecuada protección por tipo de cambio.

También existen problemas de iliquidez serio en el mercado eurodólar, lo que concierne a muchos bancos que no tienen acceso a la Fed en caso de una restricción de liquidez. Por ese motivo, la Fed, con toda la ayuda que pueda recibir del Gobierno, se enfrenta a una tarea infinitamente más complicada que cualquier otra divisa y es mantener a los deudores de dólares vivos. El dólar ya está viviendo su restricción de liquidez. E irá a peor que en cualquier otra divisa. Al final, se producirá una auténtica fuga por la liquidez que disparará brevemente los tipos de interés del dólar y la convertirá en una divisa muy fuerte frente al resto.

A partir de un momento, sin embargo, la restricción de liquidez hará que el dólar pase de una inflación a la deflación. Las quiebras y defaults son inevitables y se parecen a una bola e nieve, hasta tal punto que la Fed será incapaz de rescatar a todos los deudores para evitar que pasemos de una expansión de deuda a una liquidación de deuda. La Fed pondrá reservas adicionales a disposición del sistema bancario, pero tanto los potenciales prestamistas como los potenciales prestatarios no tendrán la confianza suficiente para utilizarlos. Como en los años 30, estarán empujando desde el extremo de la cuerda.

El Gobierno y la Fed, sin embargo no querrán que prosiga la liquidación de deuda como en el 29-33. El consenso político, económico y social lo hará intolerable. Así, tratarán de sustituir el endeudamiento privado de los bancos por el endeudamiento público para intentar detener la liquidación.

Mientras tanto, mientras la inflación prosiga en otras divisas y otros tipos de cambio, el precio del oro seguirá subiendo. En algunas divisas que sufran hiperinflación, tenderá al infinito.

El precio del oro sólo tendrá un cierto límite superior en las divisas que experimenten un proceso deflacionario al estilo 1929-1933. Si el precio del dólar experimenta deflación, por ejemplo, el precio del oro podría debilitarse, aunque sólo temporalmente y es probable que ni llegue a hacerlo.

Si experimentamos deflación en el dólar e hiperinflación en otras divisas, los tenedores de estas últimas se refugiaran en el dólar, pero también en el oro. Incluso los acreedores en dólares tratarán de sustituir a sus deudores ilíquidos por deudores más líquidos y de adquirir oro, el más seguro y más líquido de todos los activos.

23 de Marzo de 2009

Jugando al mercado
Hoy escribo en Libertad Digital sobre el nuevo Plan Geithner, un intento por crear un mercado allí donde simplemente no puede haberlo a menos que dejen de intervenir:
¿Pero por qué los bancos se negaban a vender sus activos con pérdidas? Básicamente porque habrían reconocido que algo por lo que pagaron 100 pasaba a valer 10, lo que les habría abocado a la quiebra. Resultaba más fácil mantener esa "basura" (o activo tóxico) en balance y esperar a que el plan de rescate público lo comprara por 80 ó 90.

No pueden reproducirse de manera artificial las condiciones del capitalismo. El mercado no es un laboratorio de pruebas, sino un espacio de interacción voluntaria entre sus participantes. Háganse una idea: por cada 5 dólares que aporte un inversor privado, el Tesoro añadirá otros 5 y la Agencia Federal de Seguro de Depósitos garantizará hasta 60 dólares de la deuda que pueda emitir. O dicho de otra manera, por cada cinco dólares que aporte un inversor privado de su propio capital obtendrá financiación pública directa o indirecta por otros 65. ¡Y con esto pretenden ofrecer algo de realismo de mercado a los planes de rescate!
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20 de Marzo de 2009

O libre comercio o depresión
Hoy publico en Libertad Digital un artículo alertando sobre los riesgos de que esta nueva ola proteccionista cristalice en medidas concretas:
Si usted quiebra el banco estadounidense que le prestó dinero se quedará sin cobrar y tal vez esto suponga la puntilla que, a su vez, le aboque a él a la bancarrota. Y si este banco quiebra, algunos estadounidenses perderán sus ahorros, el crédito seguirá reduciéndose y las empresas del país verán reducir su demanda. Dicho de otra manera, el tal Obama gracias a su arancel pro-americano ha terminado perjudicando no sólo a la empresa española, sino especialmente a su propio país.

Pues bien, extienda esta historia a todos los productos y a todos los países del mundo y comprenderá cuáles son los auténticos riesgos del proteccionismo. Las contracciones crediticias como la que vivimos generan una reducción súbita del tamaño de muchos mercados, pero el proteccionismo los cierra directamente. Crisis sobre crisis y, lo que es peor, prolongación del estancamiento a través de la eliminación de innumerables oportunidades de negocio.

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18 de Marzo de 2009

El Kobayashi Maru de Obama
Este mes publico en el Cato Institute una reflexión sobre la situación en la que se encuentra Obama queriendo reactivar la economía vía gasto público y, a la vez, forzar a que los bancos extiendan el crédito. Una situación en el que cualquier movimiento está condenado a fracasar. Y en este contexto aprovecho para explicar por qué el análisis keynesiano de la crisis es sólo una visión parcial y confusa de lo que realmente está sucediendo (para lo que afortundamente disponemos de la teoría austriaca):
El análisis keynesiano ve alguno de estos hechos y ofrece una versión dispar: “por algún motivo desconocido o irracional” los individuos incrementaron su preferencia por la liquidez, esto hizo aumentar los tipos de interés, la rentabilidad de numerosas inversiones pasó a ser inferior a ese nuevo tipo de interés, esas inversiones se cancelaron, el desempleo aumentó, las expectativas de consumo futuro se derrumbaron, la inversión cayó más y así entramos en un círculo vicioso del que sólo se puede salir aumentando el gasto y estabilizando las expectativas.

Cualquier herramienta keynesiana que utilice Obama empeora la situación anterior: más malas inversiones, menos ahorro y más duración y gravedad de la crisis. Con su estrecho marco analítico, el presidente de EE.UU. (y los de los restantes países occidentales) se enfrenta a una situación donde no puede ganar de ninguna manera, un Kobayashi Maru; su única esperanza es que el ajuste en el sector privado sea más rápido que su ritmo de dispendio. En caso contrario, Occidente correrá igual o peor suerte que Japón.
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17 de Marzo de 2009

Krugman y su economía de los canguros keynesianos
Ayer publiqué en el Instituto Juan de Mariana una crítica a uno de los principales modelos que emplea Krugman para explicar el ciclo económico. Básicamente, en ese modelo no existe capital y por tanto no sirve para explicar fenómenos de malas inversiones (ciclos económicos):
Cada vez que una familia consume un servicio de canguro genera automáticamente nueva renta en otras familias. La economía se reduce a un simple trueque de servicios. Pero sin capital ni inversiones no puede haber, por definición, un problema de "malas inversiones" y, por tanto, toda la cuestión del ciclo económico carece de sentido. Dicho de otra manera, Krugman pretende explicar el ciclo económico mediante una organización económica donde no puede haber ciclo económico por el motivo que exponemos a continuación.

La fuerte estacionalidad de la demanda de bienes de consumo –esto es, la preferencia por la liquidez que según Krugman provoca la crisis de Japón– sólo favorecía que durante las épocas de poca demanda, los "recursos ociosos" se invirtieran en industrias destinadas a producir más bienes de consumo para las épocas en que éstos tengan una alta demanda. Pero en este modelo esto no puede ocurrir, ya que se asume que es imposible trasladar renta del presente al futuro mediante la inversión (y el consecuente incremento de nuestras posibilidades de consumo futuro).
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16 de Marzo de 2009

¿Y si Bernanke tuviera razón?
Hoy he publicado en Libertad Digital un artículo sobre la entrevista concedida por Bernanke a la CBS y aprovecho para reflexionar sobre la perspectiva de recuperación de la economía de Estados Unidos:
En la economía norteamericana el único mercado que estaba significativamente inflado era el inmobiliario y hasta diciembre de 2008 los precios de las viviendas ya habían caído un 30% desde su punto más alto, lo cual elimina prácticamente toda la sobrevaloración de su precio y permite dar nuevos bríos a este sector. Muchas empresas han quebrado y la economía se está reorganizando con fusiones, adquisiciones y liquidaciones de activos.

Así, el profesor
Jesús Huerta de Soto, uno de los pocos economistas en todo el mundo que ha sido capaz de predecir y explicar la crisis con una teoría completa sobre la misma, lleva meses pronosticando que la recesión estadounidense adoptará la forma de V, es decir, una caída muy brusca y rápida que dé paso a una pronta recuperación.... siempre y cuando, como tampoco se cansa de repetir, los políticos no metan su pata sobre las empresas e impiden su reestructuración.
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Respuesta al artículo sobre Sala-i-Martin
Curioso que gente supuestamente inteligente crea en la bilocación del dinero y de los recursos productivos. Supongo que éste es uno de los motivos por los que los ciclos económicos seguirán lastrando las sociedades capitalistas. Pero bueno, estos malos discípulos de John Law (al menos éste sabía de lo que hablaba) nunca lo entenderán, ya han invertido demasiado tiempo en doctrinas erróneas como para reconocer la esterilidad de gran parte de su trabajo académico.

Ahora resultará que el problema de las hiperinflaciones –donde el dinero ni siquiera conserva el valor entre el momento de adquirirlo y el de gastarlo– son los elevados costes de transporte de ese dinero. Total, si hay activos alternativos para cubrirse de la inflación monetaria, ¿en qué sentido resulta perjudicial? Ay, cómo está la ciencia económica y cómo está el liberalismo.

PD: Edito el post para eliminar aquellos textos que su autor no me ha autorizado a distribuir. Cierto es que por muy concurrido que sea un foro sigue siendo privado y obviamente lo respeto; la idea clave es la misma de siempre, que el dinero es un depósito de valor obsoleto.

12 de Marzo de 2009

Greenspan sí causó esta crisis
Hoy he publicado en Libertad Digital una réplica al artículo de Greenspan en el Wall Street Journal exculpando a la Fed de la crisis actual:
Primero, aunque los tipos de interés de la Reserva Federal sean a un día, el negocio bancario actual consiste, desgraciadamente, en endeudarse a corto plazo para invertir a largo. Dicho de otra forma, los bancos refinancian continuamente sus deudas a corto plazo a través del banco central (y el mercado interbancario que se desarrolla en su entorno) e invierten en activos que maduran a largo plazo (por ejemplo, hipotecas). De esta manera, si la Fed baja sus tipos a corto plazo, la oferta de fondos prestables a largo plazo se incrementa y, por tanto, el tipo de las hipotecas decrece en consonancia. Y ello por no hablar del número de hipotecas que se concedieron referenciadas a esos tipos de interés a corto plazo (por ejemplo, el Euribor o el Libor en Estados Unidos), esto es, de las hipotecas a tipo variable.

Mucho me temo que la credibilidad de El Maestro no sobrevivirá a la presente crisis (al igual que la de otros muchos economistas monetaristas), pero en su descargo hay que decir que Greenspan probablemente sí sabía qué estaba haciendo durante su gestión. Al fin y al cabo, se conocía bastante bien la teoría austriaca del ciclo económico. Su problema no fue tanto de ignorancia –como le sucede a Bernanke– cuanto de maldad y oportunismo.Aunque no sé si eso le deja en mejor o peor posición.
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11 de Marzo de 2009

Los errores de Sala-i-Martin sobre el oro
Esta semana he escrito en Libertad Digital analizando algunas de las críticas que efectúa Sala-i-Martin contra el patrón oro:
Sala-i-Martin cree que el dinero (sea cual sea) es un mal depósito de valor, ya que el individuo puede ahorrar en activos alternativos, como los bonos, las acciones o la vivienda, que no sólo conservan el valor a largo plazo, sino que lo incrementan. Pero aquí el profesor confunde la inversión con el atesoramiento. El atesoramiento de dinero (la tesorería de las empresas o las cuentas corrientes de las familias) sirve para mantener una posición de liquidez a lo largo del tiempo; la inversión, para incrementar el capital a lo largo del tiempo, pero a costa de empeorar la posición de liquidez.

No es necesario guardar un 100% de oro para garantizar la convertibilidad de los billetes y de los depósitos bancarios a la vista que sirven como medios de cambio (mucho menos aún en el caso de las cámaras de compensación). Basta con que los banqueros privados se limiten a incrementar sus pasivos a la vista en función de activos muy líquidos, como pueden ser las letras de cambio de calidad (libradas contra bienes muy altamente demandados, que van a venderse con total certeza en el mercado).
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9 de Marzo de 2009

El oro vuelve a brillar
Hace dos semanas escribí en Libertad Digital sobre el precio del oro. Mañana otro sobre este patrón pero desde otra perspectiva:
Resulta contraintuitivo que el oro, que sirve para conservar valor a lo largo del tiempo, sea una inversión mala en tiempos de inflación (cuando el papel moneda se deprecia) y buena en tiempos de deflación (cuando el papel moneda se aprecia). Aunque haya sido un tema poco tratado, sí existe alguna explicación convincente. Durante las épocas de inflación el crédito es abundante y afluye hacia casi todos los activos productivos. Por consiguiente, aunque el papel moneda se deprecie, existen activos alternativos (las acciones, la vivienda y las materias primas) que aumentan más de valor que el oro. Lo lógico, por tanto, es que los inversores salgan de éste para buscar rentabilidades extraordinarias en otros mercados.

Por consiguiente, ante el aumento de los impagos característico de un proceso deflacionario, el oro suele conservar el valor de los patrimonios. En el período estudiado por Jastram (1570 a 1976) lo hacía porque las deudas estaban concentradas en el oro y su liquidación elevaba su valor (del mismo modo en que hoy elevan el valor del dólar); y hoy lo está haciendo porque el riesgo de impago también afecta a los bancos centrales y, por tanto, los inversores tienden a refugiarse en lo que ha sido el dinero de Occidente durante los últimos 2.000 años.
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6 de Marzo de 2009

Así no se expande el crédito
Hoy publico en LD criticando la esquizofrenia de los rescates bancarios y de las reducciones de tipos de interés para tratar de restablecer el crédito a la economía:
Quienes desde un principio nos opusimos al Plan Paulson para rescatar a la banca estadounidense –y a todos los que han venido detrás– lo hicimos bajo un argumento muy sencillo: se estaba dilapidando un ahorro que empezaba a escasear para evitar que afloraran las malas inversiones de la economía.

Y ante esto de nada sirve que Trichet o Bernanke rebajen los tipos de interés. El problema de los bancos no es esencialmente que tengan dificultades para acceder a la financiación, sino que están al borde de la insolvencia. Es como si usted se hipoteca para adquirir un piso de 200.000 euros y al poco tiempo el piso pasa a valer 150.000. ¿Se volvería a hipotecar para adquirir otro piso aun cuando se pudiese financiar a un interés anual del 1%? No tendría mucho sentido, la verdad. Lo mismo le pasa a un banco, ahora mismo no piensa ni tiene capacidad para prestar más dinero, por muy barato que se lo preste a él el banco central.
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