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Todo un hombre de Estado: Junio 2009

30 de Junio de 2009

Los keynesianos cebaron la crisis subprime
Este mes publico en el Cato Institute un artículo sobre las recomendaciones de Krugman de crear una burbuja inmobiliaria para salir de la crisis de las puntocom:
Arnold Kling ha resumido con incisiva perspicacia la base del debate entre keynesianos y austriacos frente a las crisis económicas: “¿Es mejor una recuperación distorsionada que una recesión sin distorsiones?”. Los keynesianos, aun sin ser conscientes de ello, abogan por abortar el proceso de liquidación de malas inversiones (crisis) antes de que concluya y de iniciar acumulativamente una nueva fase de proyectos empresariales erróneos (recuperación). La idea final es encadenar lo peor con lo malo bajo la esperanza de que las economías siempre dispondrán de una plataforma en la que apoyarse para lograr impulso ante sus políticas de estímulo artificial.

Los keynesianos han venido calificando esta situación como “trampa de la liquidez”, es decir, un escenario en el que por muy bajos que sean los tipos de interés no se logra que los agentes económicos demanden crédito para acometer nuevas inversiones. No entienden que si se ha llegado a semejante extremo es porque en el pasado han deteriorado tanto las posiciones de liquidez de los agente que ya nadie está en condición de volver a endeudarse (un incremento del pasivo supone un deterioro adicional de la liquidez). Puedes llevar al caballo al río pero no puedes forzarlo a beber.
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29 de Junio de 2009

Entrevista con Antal Fekete
Aprovechando la visita a España de Antal Fekete aproveché para realizarle una entrevista. La podéis leer aquí. Creo que no dice nada realmente nuevo que no aparezca en sus artículos, aunque tampoco creo que la mayoría de la gente los haya leído. No estoy totalmente de acuerdo con muchas de las cosas que dice (por ejemplo, que debamos ir necesariamente a una segunda gran depresión), aunque sí es una perspectiva interesante y, sobre todo, que los políticos pueden convertir en realidad.

27 de Junio de 2009

La insuficiencia del monetarismo
Ya sabréis que considero al monetarismo una deplorable desviación del buen curso hacia el que estaba orientada la teoría monetaria a finales del s. XIX y principios del XX. Toda teoría monetaria medianamente seria debería partir de este fabuloso artículo de Menger sobre el dinero (o al menos incorporarlo desde un principio, no digo que antes de Menger no se escribiera nada bueno sobre el dinero). Uno se sorprende de cuánto ha degenerado la teoría monetaria cuando se da cuenta de que todos los manuales de este tema citaban reiteradamente el artículo de Menger a comienzos del s. XX y ahora ninguno lo hace.

El monetarismo, por supuesto, ignora la tesis de Menger sobre la liquidez de los bienes y sólo por eso ya se convierte en una doctrina acientífica. Existe casi unanimidad en que la economía comienza a ser ciencia en cuanto la ley de la utilidad marginal decreciente. Hasta ese momento, nos encontramos en la prehistoria de la ciencia económica.

Lo sorprendente del caso es que muy pocos se dan cuenta de la íntima conexión que existe entre la utilidad marginal decreciente y la liquidez de los bienes, es decir, muy pocos se dan cuenta de que o manejan modelos donde no existe el dinero (equilibrio general) o de que manejan modelos donde al dinero se le da un trato precientífico al no someterlo a la utilidad marginal decreciente (monetaristas). Estos últimos, con su fijación obsesiva en los pasivos bancarios se olvidan de que a) existen pasivos más allá de la banca que son muy relevantes para las interacciones económicas, b) los pasivos son simplemente derechos sobre unos activos que nunca analizan, salvo de manera muy primaria (¿cuáles son las reservas del banco?).

Lo primero lo han intentado solucionar ampliando gradualmente la definición de dinero: M1, M2, M3, M4 o ALP e incluso M5. Todo un despropósito que sólo ilustra la escasa claridad de los conceptos empleados y la insuficiencia del análisis del lado pasivo de la economía. Lo segundo, hasta donde sé, ni siquiera han intentado solucionarlo. Es un problema que no se han planteado.

De ahí que realmente quepa salvar muy poco de la teoría monetaria de Friedman y compañía (cuestión distinta es su historiografía económica, donde perpetran recopilaciones de datos muy valiosas). La crisis actual precisamente ilustra que las teorías monetaristas no se han cumplido y que urge una revisión urgente de dogmas tan asentados e incorrectos como la teoría cuantitativa del dinero.

Básicamente, siguiendo el análisis de Friedman en la Gran Depresión, las crisis se suceden por una contracción de la oferta monetaria que los bancos centrales pueden revertir mediante políticas monetarias activas. Por supuesto, el mejor de los mundos sería donde la oferta monetaria no pudiera contraerse por aumentar a una tasa constante tal y como proponía el chicaguense (aunque a estas alturas debería haber quedado claro que el crédito en una economía no depende sólo ni principalmente de la expansión de los pasivos del banco central).

La primera tesis (las crisis se desencadenan por una contracción de la oferta monetaria) la critiqué aquí. La segunda (la política monetaria activa del banco central es capaz de darle la vuelta a la crisis) la he analizado recientemente aquí. Más bien es al contrario, las crisis comienzan por una expansión monetaria previa del sistema bancario (generalmente comandadas o incentivadas por el banco central) y una vez se inicia la contracción, la política del banco central deviene estéril salvo para generar nuevas burbujas que tendrán que pinchar eventualmente.

Con estos mimbres, claro, no es de extrañar que Friedman no diera casi ni una en 2005 a la hora de pronosticar hacia dónde se dirigía la economía. Viento en popa a toda vela hacia una catástrofe que su aparato analítico no supo anticipar ni, ahora, explicar.
La estupefaciente realidad del empleo verde
Hemos subido en el Instituto Juan de Mariana la réplica completa a José María de la Viña, sin cortes, publicidad, apostillas, lamentos, comentarios o necrológicas. Y con el título, que ni siquiera eso apareció:

El número de proyectos técnicamente posibles y de los que nos podríamos beneficiar es casi infinito. Pero precisamente porque los recursos no son infinitos y hay que economizarlos, no pueden iniciarse todos a la vez; hay que priorizar, esto es, elegir unos y descartar otros. ¿En base a qué criterios? El criterio del libre mercado es bastante claro: dedicar los recursos con un menor coste (aquellos que tienen usos alternativos poco importantes) a producir los bienes que se esperan vender a un mayor precio (aquellos relativamente más importantes para los consumidores). De este modo, las necesidades más acuciantes se van satisfaciendo con las menores renuncias posibles.

¿Qué criterio ofrece De la Viña para asignar los recursos? Realmente ninguno: propone que España se dote de “políticas de Estado (…) razonables, sensatas, coherentes, consensuadas y con un amplio horizonte temporal”. Pero esto no es más que un desiderátum sin contenido concreto alguno. Lo podríamos colocar en la misma categoría de ingenuas buenas intenciones sin más utilidad que el confortable sentimentalismo que “hay que terminar con hambre en el mundo” o “deseo la paz mundial”.

Lo esencial, sin embargo, no son los puestos de trabajo que haya creado la energía renovable, ya que bien podríamos haber generado más empleos subvencionando sectores menos capital intensivos. Lo esencial son los más de 28.000 millones de euros que van a tener que arrebatarse al resto de la economía sólo para lograr que las renovables sean rentables. Ese es el auténtico error y perjuicio que generan: creer que tapiando las ventanas y prohibiéndonos aprovechar la luz del sol incrementaremos la riqueza nacional y el empleo en la industria de velas o bombillas. No, ningún país se vuelve más rico encareciendo el precio de su energía; incluso la propia investigación en energías renovables más eficientes se vuelve más productiva si la electricidad que utilizan los investigadores es más barata.

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25 de Junio de 2009

Gabriel Calzada en el Washington Post
George Will, uno de los columnistas más influyentes de Estados Unidos, dedica su columna semanal al informe sobre las energías renovables dirigido por Gabriel Calzada y en el que he participado. Podéis leer su artículo traducido al español en Libertad Digital.
Contra Milton Friedman
He escrito un artículo en LD donde reviso algunas de las tesis más populares de Friedman a la luz de la crisis actual. Digamos que no sale muy bien parado:
Los últimos datos del Flow of Funds estadounidense (la estadística trimestral que mide el endeudamiento del país) han resultado devastadores para las tesis del estadounidense. Pese a que ya llevamos medio año con unos tipos de interés cercanos al 0%, el endeudamiento privado de las familias se reduce un 1,1%, el de las empresas un 0,3% y el de los bancos un 10,5%. El único sector que se está aprovechando del dinero barato es el único que no se debería estar aprovechando: el Gobierno federal, que en apenas un trimestre ha incrementado su endeudamiento un 22,6%.

¿Y qué sucede con el segundo punto de la disputa entre Palyi y Friedman? Pues aunque Bernanke ha multiplicado casi por tres la cantidad de dinero, los bancos han comenzado a atesorarlo con intensidad, hasta el punto de que sus depósitos apenas han aumentado (y ciertamente no habrían aumentado nada de no ser por el fuerte endeudamiento público). De nuevo, por tanto, Palyi tenía razón: los bancos centrales no tienen una capacidad absoluta para reactivar el crédito privado. Tan o más importante que la oferta de crédito es su demanda.
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Segunda parte de la réplica a El Confidencial
José María de la Viña ha publicado en su blog la segunda parte de nuestra réplica a su artículo. Esta vez aun ha sido menos elegante que la anterior, y la ha intercalado con la noticia de la muerte de Vicente Ferrer y, por supuesto, con más comentarios suyos.

Ahora no distingue entre que las empresas quiebren en el sector privado porque sus recursos sean más urgentemente demandados en otras partes de la economía (coste de oportunidad, vamos) con que las subvenciones estatales supongan una pérdida neta de riqueza porque impiden esa reorientación.

En fin, leedla si es que podéis distinguir el texto entre tanta maleza que digo yo que para algo se habrá puesto.

24 de Junio de 2009

El libre mercado contra el descalce de plazos
En este artículo para el Instituto Juan de Mariana hablo de diversos mecanismos, diversos a la regulación pública, que permitirían en un mercado libre combatir la transformación de plazos:
En la medida en que los acreedores puedan exigir el pago de los billetes bancarios a la vista, tendrán capacidad para forzar la liquidación anticipada de la cartera de inversiones de la entidad. Dado que no existe dinero de curso forzoso y que, por tanto, ninguna institución puede en toda circunstancia crear dinero y diluir el valor de las deudas de los bancos (función actual del banco central), éstos deberán mantenerse relativamente líquidos ante la amenaza de una demanda masiva de conversión de sus pasivos a la vista por parte de sus acreedores (bancos o particulares).

No me cabe duda de que una sociedad libre desarrollaría a largo plazo un mercado con estas características y tampoco de que un mercado con estas características (un sistema bancario sin privilegios y con contratos bien definidos, cuyo cumplimiento es vigilado por operadores, analistas, clientes y por la propia reacción espontánea del mercado) sería infinitamente más estable y próspero que el actual y que cualquier otro que la regulación pública pueda engendrar (básicamente porque los conceptos de "plazo" y "riesgo" están lejos de tener un significado único y permanente como para excluir múltiples definiciones en competencia y constante readaptación).
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22 de Junio de 2009

Una crisis y cinco errores en El Mundo
Ayer se publicó en el suplemento de Mercados una amable reseña de nuestro libro.

21 de Junio de 2009

El oro como el mejor dinero posible
FDV ha tenido la amabilidad de grabar y editar mi conferencia del jueves en el Gold and Silver Meeting: el oro como el mejor dinero posible.

19 de Junio de 2009

La eficacia del Plan Obama
Aunque probablemente muchos ya conozcáis el gráfico, ayer James Turk lo trajo a colación en las conferencias y conviene recordarlo. Este gráfico refleja la estimación de desempleo que hacía Obama si no se aprobaba su plan de estímulo, frente a la que estimaba en caso de aprobarse y frente al desempleo actual. Como suele pasar, Obama creía que el gasto público ayudaría a la economía y puede suceder perfectamente que la esté lastrando todavía más vía crodwing out. Lo mismo sucedió en España aunque, también siguiendo la experiencia de nuestro país y de la Gran Depresión, no hay que desdeñar la capacidad a medio plazo del Estado para colocar a los trabajadores (a costa, claro, de un mayor desempleo futuro).


Los pies de barro del crecimiento inflacionista
En este artículo desarrollo algunas de las ideas que Antal Fekete nos ofreció en el seminario intensivo que ofreció en el Instituto Juan de Mariana la semana pasada. Aprovecho el post para abrir un hilo entre los participantes con el objetivo de dejar negro sobre blanco nuestras dudas y mandárselas al profesor.
Réplica a El Confidencial
Como alguno sabréis, hace unas semanas se publicaron en la columna de El Confidencial dos artículos (I y II) criticando nuestro informe sobre las energías renovables. Tras enviarles la réplica a El Confidencial, la van a publicar en dos partes en esa misma sección. Ya está subida la primera, donde se hace una crítica más general al artículo de De la Viña mientras que para la segunda dejamos las críticas de carácter más específico.

He de decir que, a diferencia de lo que suele suceder en las réplicas y contrarréplicas, De la Viña no ha sabido reprimirse el ansia de anotar ya sus comentarios en la publicación de nuestra réplica. Parece que en algunos momentos esté pensando más en hacer un fisking que en responder de manera templada. Él sabrá por qué no quiere dejar a sus lectores con varias semanas para la reflexión; su argumento de que el artículo le resulta ofensivo. Muy fina me parece que tienen la piel algunos; pero no, no creo que ésa sea la auténtica causa. En cualquier caso, su contrarréplica no dice nada (bueno, en realidad sí: que no entramos a responder detalladamente a sus críticas cuando sabe, porque tiene el artículo, que eso se realiza en la segunda parte de nuestra réplica).

18 de Junio de 2009

¿Alguna vez nos libraremos de los keynesianos?
He escrito en LD sobre toda la polémica que ha rodeado a la defensa que hizo Krugman en 2001 y 2002 de crear una burbuja inmobiliaria en Estados Unidos para salir de la crisis de las puntocom. Si es que el problema es el de siempre:
Los keynesianos consideran que la economía es como una máquina que, si se detiene, hay que darle cuerda. Lo único importante es que la máquina no se pare y no cómo se la vuelva a poner en funcionamiento. En este caso, Krugman quería salir de la burbuja de las puntocom con la burbuja inmobiliaria y para ello abogó por una brutal expansión crediticia.

La Escuela Austriaca, por el contrario, siempre ha explicado que la economía no es una masa uniforme que se pueda manipular a placer. Los aparatos productivos tienen sus estructuras y cuando esas estructuras se deforman y se vuelven insostenibles hay que purgarlas: la crisis cumple precisamente con la finalidad de liquidar lo malo para enderezar el camino.
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17 de Junio de 2009

El oro, la base del capitalismo
Hoy en Negocio.


15 de Junio de 2009

Cambiar para que todo siga igual
Hoy he escrito en Libertad Digital sobre el primer esbozo de la nueva regulación bancaria que pretende imponer Obama:
Obama no pretende cambiar el modo destructivo de hacer banca, sino racionalizar esa destrucción, incorporarla como un área más del Gobierno y externalizar sus costes al conjunto de la población. Seguirá habiendo ciclos económicos, sólo que el Estado meterá más la mano en ellos. 

Es como si un ayuntamiento subvenciona las partidas del casino a sus vecinos y cuando se da cuenta de que sus ciudadanos son cada vez más pobres (y el casino más rico) no piensa en abolir la subvención, sino en obligarles a apostar un poco menos e incluso en que el alcalde se arrogue el derecho de apostar en su lugar cuando ya se encuentren al borde de la bancarrota.
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10 de Junio de 2009

Fekete: Tipo de interés y tipo de descuento (Segunda parte)
(Esquema basado en el paper Interest and Discount)
  • Ya hemos visto que el tipo de descuento es el precio que se paga por el anticipo de promesas de pago de dinero libradas contra bienes altamente líquidos. ¿Pero cómo surge y se determina el tipo de descuento?
  • La teoría del tipo de descuento es simétrica a la del tipo de interés, pero con diferentes características: el tipo de interés regula el crédito basado en ahorro y el tipo de descuento el crédito basado en la compensación; el crédito basado en ahorro sirve para financiar el capital fijo y el crédito basado en compensación sirve para financiar el capital circulante; el tipo de interés se regula por la propensión a ahorrar y el tipo de descuento por la propensión a consumir.
  • Los tipos de descuento e interés no varían inversamente, ya que la propensión a ahorrar no es la inversa a la propensión a consumir, ya que existe la propensión a atesorar, que no es una clase de propensión a ahorrar.
  • Adam Smith define el capital social circulante como aquella masa de bienes terminados y semiterminados en proceso de venta urgentemente demandados por los consumidores (en realidad, es el valor de mercado de esos bienes).
  • El capital social circulante cambia de composición y de tamaño. Cambia de composición en cada estación (los tipos de bienes que lo conforman son distintos pero el valor monetario agregado es el mismo) o de tamaño con la propensión a consumir (el valor monetario aumenta conforme más bienes se demanden con urgencia).
  • Cada bien que conforma el capital social circulante tiene su propia productividad para el comerciante que quiere venderlo: el margen unitario de ese producto dividido por el tiempo medio que tarda en venderse (básicamente margen unitario por su rotación. Así, la rentabilidad anual de un producto con un margen del 1% y una rotación de 12 es del 12%).
  • El bien con una productividad más baja de toda la masa de bienes que componen el capital social circulante determina la productividad marginal de ese capital y el comerciante que lo tenga en venta será el comerciante marginal.
  • El comerciante marginal está permanentemente comparando la rentabilidad de su producto marginal con la rentabilidad que ofrece el descuento de letras de cambio de otros comerciantes supramarginales.
  • Por tanto, el comerciante marginal actúa como un arbitrajista entre el mercado de mercancías y el mercado de letras de cambio: cuando la rentabilidad de las letras es superior a la de su mercancía marginal, deja de renovar el pedido de la mercancía marginal e invierte esos fondos en descontar letras; si la rentabilidad de las letras cae por debajo de la de mercancía submarginal, endosará las letras (o las dejará vencer) y utilizará los fondos para encargar esa mercancía ahora marginal y venderla en su tienda.
  • Aquí se observa una clara simetría entre la teoría del interés y la del descuento. En la primera, si el tipo de interés superaba la productividad marginal de los empresarios, éstos dejaban de invertir en su negocio conforme se depreciaba y pasaban a invertir en bonos de oro; aquí si las letras superan la productividad marginal del capital social circulante, los comerciantes dejan de ofertar las mercancías marginales e invierten en letras de otros comerciantes.
  • Si la propensión a consumir se expande, el volumen del capital social circulante aumenta y la productividad marginal del capital social circulante cae (el comerciante incorpora bienes con menores márgenes y por la tanto la productividad del bien marginal es menor); si la propensión a consumir cae, el volumen del capital social circulante disminuye y la productividad marginal del capital social circulante aumenta (el comerciante retira los bienes marginales de modo que la productividad del nuevo bien marginal es mayor).
  • Por tanto, si los comerciantes están arbitrando continuamente entre las mercancías marginales y las letras de cambio, una menor propensión a consumir provoca un incremento del tipo de y una mayor propensión provoca una caída del tipo de descuento.
  • En definitiva, el tipo de descuento varía en la misma dirección que la propensión a consumir y equivale a su inverso que es la productividad marginal del capital social; el tipo de interés varía en la misma dirección que la propensión a ahorrar y equivale a su inverso que es la preferencia temporal. Entre ambas se sitúa la propensión a atesorar, que hace posible que ambas preferencia varíen al alza o a la baja a la vez.
Fekete: Tipo de interés y tipo de descuento (Primera parte)
(Esquema basado en las lecturas 1, 2, 3, 4, 5, 6 de la serie Monetary Economics 102 y en el paper The Paradox of Interest Revisited)
  • La forma directa de convertir renta en riqueza es el atesoramiento; la de convertir riqueza en renta el desatesoramiento.
  • Las formas directas son ineficientes (son intrapersonales y no permiten que la renta o la riqueza se expanda al margen de lo atesorado o desatesorado) y por tanto encontrar formas indirectas de conversión supone un avance (una pequeña cantidad de renta produce a largo plazo una gran cantidad de riqueza o una pequeña cantidad de riqueza proporciona a largo plazo un gran flujo de renta).
  • La transición de la conversión directa renta/riqueza a la indirecta es equivalente al paso del intercambio directo al indirecto. El intercambio indirecto se rige por el grado de vendibilidad de los bienes, mientras que la conversión indirecta riqueza/renta  por el grado de atesorabilidad de los bienes. Vendibilidad y atesorabilidad son las dos caras de la liquidez.
  • Vendibilidad es liquidez espacial: tratar de adquirir la mercancía que será más fácilmente vendible en los mercados en los que vamos a realizar transacción. Es decir, tengo x, quiero y pero adquiero z porque es más fácilmente intercambiable por y, sobre todo en grandes cantidades. Esto significa que el bid/ask spread de la mercancía se incrementa muy lentamente conforme aumentamos la cantidad ofrecida.
  • La atesorabilidad es una liquidez temporal:  tratar de adquirir la mercancía que a lo largo del tiempo será más desatesorable cuando queramos consumir nuestra riqueza. Es decir, tengo x, quiero y pero adquiero z porque es más fácilmente desatesorable, sobre todo en pequeñas cantidades. Esto significa que el bid/ask spread de la mercancía no se incrementa conforme reducimos el tamaño de la mercancía de la que queremos desprendernos (la distinción que establece Fekete entre ambos tipos de liquidez me pareció durante mucho tiempo algo confusa, en realidad es más fácil de lo que parece. La liquidez temporal no sólo se refiere, obviamente, a que el bien que atesoremos pueda enajenarse en el futuro sin pérdida de valor, sino sobre todo a que podamos fraccionar ese bien sin pérdida. Esta pérdida de valor puede deberse a dos motivos, primero, que el valor del bien se reduzca con su tamaño y segundo al fraccionar el bien se puede provocar una pérdida de valor al resto de la riqueza. Por ejemplo, un diamante es muy poco desatesorable, ya que primero, una fracción del mismo se valora proporcionalmente menos cuanto menor sea su tamaño –no es una variación lineal del valor– y segundo y, sobre todo, para obtener una pequeña porción del mismo en forma de renta, se hace necesario destruir la riqueza restante. Esto último también sucede, por ejemplo, con las acciones con altos precios. Una acción de la compañía de Warren Buffett, el Berkshire Hathaway vale hoy 90.000 dólares. ¿Qué sucede tengo toda mi riqueza atesorada en una acción de esta compañía y quiero comprarme un televisor? Debería vender toda la acción, riqueza, para obtener sólo una pequeña renta).
  • Las mercancías más vendibles no tienen por qué ser las más atesorables. De hecho históricamente no lo han sido. El caso del sistema bimetálico del oro y la plata es paradigmático.
  • La teoría del interés debe centrarse en estudiar el fenómeno de la conversión o intercambio de renta en riqueza y de cómo se ve influida por su competencia por los mecanismos directos de intercambio.
  • Como veremos más adelante, cuando los tipos de interés están muy bajos y por tanto el valor de los bonos muy elevado, los obligacionistas, según relata Fullarton, tendían a enajenar los bonos y a adquirir oro, uno de los bienes más atesorables, para esperar a que los tipos volvieran a subir.
  • Mises se equivoca al ridiculizar este proceso y decir que los obligacionistas bien pueden vender sus bonos y atesorar su liquidez en forma de billetes de banco. Esta operación significaría desprenderse de un bien futuro, el bono, para adquirir otro bien futuro, el billete de banco. Es decir, se restringiría el crédito a bajos tipos de interés a los empresarios para concederle un crédito gratuito a los bancos (esto es particularmente cierto cuando los bancos arbitran tipos de interés; ahí es fácilmente observable que pasar de invertir en bonos a depositar el dinero en el banco no restringe en absoluto el crédito y no provoca una tensión para subir los tipos).
  • No conviene estudiar el interés como hace Mises caracterizándolo como un intercambio de bienes presentes por bienes futuros, ya que este intercambio se puede descomponer en dos intercambios en los que no necesariamente existe el interés: a) intercambio de un bien presente por una renta y b) devolución de la renta al cabo de un plazo de tiempo a cambio de la misma cantidad y calidad de bienes.
  • No es cierto que los bienes futuros tengan que cotizar con descuento frente a los presentes. La comparación de dos bienes en distintos momentos del tiempo los convierte en bienes distintos. Por ejemplo, si quiere construirse un observatorio y el telescopio es la última y más delicada pieza del mismo, no sólo no derivaremos satisfacción de obtenerlo antes de que el resto de bienes estén construidos, sino que será un problema. Y esto no es un ejemplo equivalente al del helado en invierno y en verano; si una teoría del interés no puede resulta aplicable a una economía compleja donde existen multitud de bienes complementarios de capital y donde los plazos de tiempo deben encajarse, entonces esa teoría presenta un problema (aun teniendo Fekete buena parte de razón, no creo que la categoría de la preferencia temporal quede refutada, tan sólo hay que matizar su formulación de que preferimos los bienes presentes a los bienes futuros; en realidad, preferimos que el proceso para alcanzar la satisfacción de nuestro fines sea lo más breve posible, esto es, una vez queremos lograr un fin, preferimos lograrlo antes que después. Esto, claro, también es aplicable al ejemplo del observatorio, donde el ensamblaje de cada parte queremos lograrla justo en el momento en que nos permita perfeccionar nuestro plan técnico. Aun así, Fekete tiene parte de razón en su crítica a la excesiva fijación de intercambios de bienes presentes por bienes futuros, como si la utilidad e incluso la naturaleza de un bien no cambiara según las oportunidades concurrentes a la hora de utilizarlo).
  • Por tanto, un bien presente puede cotizar con descuento frente a un bien futuro: ¿supone esto un interés negativo? No, no existe una razón apodíctica para que los bienes presentes deban valorarse más que los futuros y, por tanto, hay que reformular la teoría del interés.
  • La auténtica dicotomía no es bien presente frente a bien futuro sino renta frente a riqueza.
  • Riqueza es cualquier propiedad humana poseída durante un período prologado de tiempo. El problema de la riqueza es su iliquidez y utilidad marginal decreciente. Además la riqueza es inapropiada para consumir, hay que transformarla en renta.
  • El problema de la renta es que es perecedera, si no se usa de inmediato o se convierte en riqueza pierde su valor. Así, la renta se divide en renta para consumir y renta para ahorrar y ésta última es la que convierte en riqueza.
  • La tragedia de no poder convertir riqueza en renta la ilustra el Rey Midas y la quedarse sin riqueza para obtener renta el Rey Lear.
  • La conversión de renta en riqueza puede verse en un sencillo ejemplo. Kirzner se pregunta por qué el valor futuro de un bien de capital no equivale a su valor presente y, por tanto, hay un excedente para el capitalista. La respuesta es que el capitalista le ofrece su riqueza al empresario para que éste, tras contratar a un gerente, la utilice a la hora de generar renta (básicamente, bienes y servicios que enajenar en el mercado) y con esa renta el empresario: a) paga al gerente, b) remunera al capitalista, c) se queda para sí mismo el resto.
  • Lo primero son los salarios, lo segundo los intereses y lo tercero los beneficios. Si bien la competencia puede eliminar los beneficios empresariales, no puede eliminar los intereses, ya que en ese caso los capitalistas se limitarían, ante los tipos de interés cero, a convertir la renta en riqueza de manera directa.
  • Esta triple división (gerente-empresario-capitalista) debe mantenerse aun cuando el propietario de la riqueza asuma los tres roles. El capitalista debe mantener una contabilidad de ingresos de triple entrada: primero debe remunerar el capital, luego tiene que remunerar su trabajo y finalmente su detección de oportunidades. Si decidiera hacerlo en otro orden, sus acciones no tendrían sentido: por ejemplo, si genera una renta insuficiente y decide dedicarla a su salario, le resultaría preferible ser gerente de otra compañía e invertir su renta en bonos.
  • En la actualidad, en las grandes compañías, esta división se mantiene: Departamento Financiero, Consejero Delegado y Consejo de Administración. Primero, la renta se destina a pagar a los acreedores, luego a remunerar los salarios y bonus de los directivos y finalmente a remunerar al consejo y a los accionistas.
  • El capitalista, como exponente del intercambio indirecto de renta en riqueza, siempre puede convertirse en un intercambiador directo de renta en riqueza (atesorador-desatesorador).
  • Los atesoradores son personas que obtienen rentas y quieren riqueza. Los desatesoradores  son personas que tiene riqueza y quieren renta. Para que atesoradores y desatesoradores abandonen el intercambio directo y pasen al indirecto hay que ofrecerles una rentabilidad. Esta rentabilidad o interés en principio la pueden construir con empresarios e inventores.
  • El empresario, como hemos visto, obtiene riqueza presente (del desatesorador) y genera renta futura. El inventor (pensemos aquí en los salarios del gasto en I+D ) obtiene renta presente (del atesorador) y genera riqueza futura.
  • El problema es que precisamente porque los atesoradores y desatesoradores pueden lograr sus objetivos sin recurrir al intercambio indirecto, pueden exigir elevadas rentabilidades que ni empresarios ni inventores sean capaces de sufragar.
  • El capitalista, sin embargo, tiene riqueza presente y quiere riqueza futura, con lo que puede asociarse con el inventor y el empresario para ello: el capitalista le entrega su riqueza presente al empresario, el empresario genera renta con esa riqueza, entrega esa renta al inventor y el inventor genera riqueza futura que se le entrega al capitalista (por ejemplo, en una ampliación de capital, el ahorrador vende parte de sus acciones menos rentables para adquirir estas nuevas acciones más rentables y por tanto le entrega sus fondos a los directivos de una empresa para que generen más beneficios que reinvertirán entre otras cosas en I+D para incrementar el valor futuro de la empresa y, por tanto, la riqueza del accionista. He escrito sobre esto en un artículo y lo he ilustrado con el caso de Google).
  • Por tanto, la presencia de capitalistas provoca una reducción permanente de los tipos de interés que permiten financiar proyectos empresariales que antes resultaban submarginales (así, tenemos dos estrategias en nuestra sociedad actual: la de la mayoría de la población que va ahorrando metiendo dinero en su cuenta corriente y esperando tener grandes sumas para su jubilación, atesoradores y desatesoradores, y la de quienes invierten a largo plazo sus ahorros para capitalizarlos, capitalistas).
  • El capitalista por tanto sólo aparece para atender los proyectos en el margen, una vez todas las asociaciones atesorador-inventor (por ejemplo, los padres que sufragan la educación de su hijo para que este obtenga capital humano)  y desatesorador-empresario (los padres que les ceden a los hijos su empresa a cambio de una renta mensual o más recientemente las hipotecas inversas) se han realizado.
  • Por tanto, el desatesorador tiene poder de veto sobre el capitalista (ya que puede adelantarse a sus planes y negociar mejores condiciones con el empresario), el desatesorador y el capitalista tienen poder de veto sobre los planes del empresario (son ellos quienes poseen el capital) y el empresario con el atesorador tiene poder de veto sobre el inventor.
  • Ahora bien, siempre habrá un atesorador y un desatesorador marginal que no podrán entrar en contacto con el inventor y el empresario respectivo, de modo que optarán por convertir directamente renta y riqueza.
  • El atesorador y el desatesorador marginales se pueden unir: el primero puede proporcionar renta al segundo. El problema es que de este modo tendremos una riqueza presente muy grande que no sabremos utilizar para generar más riqueza futura.
  • Hay que buscar un especialista que ponga en movimiento esa riqueza presente y genere más riqueza futura: el banquero de inversión.
  • El banquero de inversión pone en contacto a diferentes atesoradores, desatesoradores, empresarios, inventores y capitalistas. Les ofrece diversos capitales (les presta riqueza a cambio de una renta futura) o distintas rentas (les paga dinero a cambio de disponer de su riqueza presenta).
  • Una vez haya captado y prestado capital, puede que tenga un saldo neto de caja (ha captado más capital del que ha prestado) o de deuda (ha prestado más capital del que ha captado), en cuyo caso saldará esa posición activa o pasiva comprando o vendiendo bonos de oro (comprándolos cuando tenga exceso de caja o vendiéndolos cuando tenga un defecto. Fijémonos que en la medida en que el que vende un bono de oro paga los intereses con los de su exceso de inversión sobre el exceso de ahorro que ha captado. Es una fórmula residual para captar ahorro que se la proporcionará, precisamente, el banquero de inversión que haya captado más ahorro del que haya invertido. En la medida en que todos inviertan lo mismo que ahorren no habría bonos de oro. Al final, el bono de oro es un instrumento para poner en contacto a los atesoradores y desatesoradores marginales: el que emite bonos de oro es porque ha contactado con más atesoradores que desatesoradores, esto es, cuenta con un atesorador marginal desemparejado, y el que compra bonos de oro es porque ha contactado con más desatesoradores que atesoradores y, por tanto, tiene a un desatesorador marginal desemparejado).
  • El bono de oro es un bono que devuelve el principal en oro y paga los intereses en oro a un determinado vencimiento. El oro, en un sistema de patrón oro, tiene la ventaja de que estabiliza los precios (por tanto, no hay riesgo de perder el principal con el bono de oro por inflación), pero para que el bono de oro sea un instrumento perfecto de ahorro con amplia negociabilidad y sin riesgo, es necesario que los tipos de interés también sean estables (es decir, que si quiero enajenar en dos meses el bono porque necesito liquidez, no deba hacerlo con descuento por el hecho de que los tipos hayan subido).
  • La misión de los emisores de bonos de oro sería la de estabilizar los tipos de interés de estos bonos de oro.
  • Para ello comprará si hace falta los bonos de oro al precio pedido o bid price y los venderá al precio ofrecido o asked price (vamos, comprará los bonos al precio más bajo al que se los vendan y los venderá al precio más alto al que se los compren, justo lo contrario de lo que hacen quienes no son market makers, que compran al asked price y venden al bid price; esto enlaza con la teoría de formación de precios de Fekete que, si hubiera tiempo, trataríamos en otro post).
  • Actuando de market maker, el emisor del bono estabiliza el tipo de interés del bono de oro entre sus dos precios de mercado: el asked price y el bid price. ¿De qué depende cada uno de ellos?
  • El bid price de los bonos viene determinado por la preferencia temporal y representa el techo de precio que no pueden superar. Un precio del bono que aumenta equivale a un tipo de interés que cae; por tanto, un precio del bono superior al determinado por la preferencia temporal, provocará que el tipo de interés del bono sea inferior a la preferencia temporal y esto incentivará a los tenedores del bono a venderlos y convertirlos en oro, con lo que el tipo de interés subirá.
  • El asked price de los bonos viene determinado por la productividad marginal del capital y representa el suelo por debajo del cual no puede caer el precio del bono. Un precio del bono que cae equivale a un tipo de interés que sube; por tanto, un precio del bono inferior al que determina la productividad del capital provocará que el tipo de interés sea superior a esa productividad, incentivando a los empresarios a que dejen de invertir en sus empresas y compren bonos.
  • Por consiguiente, el tipo de interés del bono del oro se mueve entre la preferencia temporal y la productividad marginal del capital, reconciliándose de este modo las dos explicaciones tradicionales del interés (en realidad, la productividad marginal del capital viene determinada por el volumen de ahorro para alargar y ensanchar la estructura productiva, por lo que en este punto se equivoca Fekete y sí tiene razón Mises al sostener que el tipo de interés está determinado exclusivamente por la preferencia temporal).
  • El arbitraje entre el bono del oro y los otros tipos de deuda (emitiendo bonos de oro para seguir invirtiendo en préstamos de riqueza al empresario o al atesorador o comprando bonos con la riqueza obtenida de los desatesoradores) genera una estructura uniforme de tipos de interés con una curva de rendimientos plana y donde no hay incentivos al arbitraje de plazos (la conclusión de Fekete me parece ingenua, en el mercado hay una pluralidad de tipos de interés según vencimiento y riesgo. La curva de rendimientos siempre primará los plazos y riesgos mayores de una manera sobreproporcional, ya que sobre todo el riesgo no es lineal. En todo caso, el bono de oro, el bien más atesorable, es esencial para que los tipos de interés sean estables y por tanto la inversión en renta fija no disipe el capital vía inflación o vía incremento de tipos de interés. Sólo un bono pagadero en oro que, sobre todo, prevenga que las caídas de tipos por debajo de la preferencia temporal se produzcan garantiza esto, ya que pone coto muy temprano al arbitraje de plazos, cuya característica es que los tipos de interés a largo plazo caen por debajo de la preferencia temporal. En la actualidad, en un régimen de dinero fiduciario, la protesta ante bajos tipos de interés sólo puede realizarse de dos formas: o manteniéndonos “líquidos” en euros, en cuyo caso extendemos un crédito forzoso al banco central o a la banca privada para que siga arbitrando plazos o atesorando mercancías con grados de liquidez muy variados; y en este último punto enlazamos con la teoría renovada del ciclo de Kondratieff que hace Fekete y que expondremos otro día).
  • En definitiva, el interés  es la renta a perpetuidad intercambiada por unidad de riqueza y unidad de tiempo. Los bonos con plazo determinado pueden entenderse como que en un determinado momento la transacción se revierte y por tanto las rentas que pagaba el primer deudor se compensan con las rentas que recibe ahora como acreedor (de nuevo, no creo necesario incorporar estas complicaciones si consideramos una pluralidad de tipos de interés por plazo y riesgo).

9 de Junio de 2009

Cita de John Templeton sobre los bull market
Los mercados alcistas nacen en el pesimismo, crecen en el escepticismo, maduran en el optimismo y mueren en la euforia. El tiempo de máximo pesimismo es el mejor tiempo para comprar y el tiempo de máximo optimismo el mejor para vender. 
Fekete: La doctrina de las letras de cambio
(Esquema basado en las lecturas 5, 6, 7 y 8 de la serie Monetary Economics 101)
  • La letra de cambio permite economizar la demanda de monedas, que deja de depender de la extensión de la división del trabajo.
  • Las letras de cambio verticales se van endosando como pago desde los sectores más cercanos del consumo a los más alejados (minorista-mayorista-proveedor) hasta que al final la letra de salda con el pago en oro de los consumidores al minorista.
  • La circulación de letras de oro es la inversa a la de los bienes de consumo, desde los sectores más alejados a los más cercanos al consumo: puede verse este proceso como que los bienes de consumo maduran en oro, pero mientras tanto las letras de cambio verticales (crédito comercial) financian su circulación.
  • Las letras de cambio horizontales se van endosando entre comerciantes que tengan bienes de consumo a punto de ser vendidos: pagan producción con producción.
  • Este ingenioso mecanismo estuvo en funcionamiento durante las ferias medievales, donde la inmensa mayoría de transacciones se efectuaban sin la presencia de oro.
  • Las letras de cambio no generan inflación ya que el efecto neto sobre los medios de pago es cero: los medios de pago aparecen y desaparecen conforme lo hace la producción urgentemente demanda.
  • Esto último supone la puntilla para la teoría cuantitativa del dinero, ya que pueden aparecer medios de pago nuevos sin que aumenten los precios.
  • El tipo de descuento que regula las letras de cambio no es un tipo de interés por adelantar dinero, sino el precio a pagar/cobrar por vender/comprar una letra de cambio (según Fekete, es la cantidad de oro futuro a la que renuncia el tenedor de una deuda pagadera en oro a cambio de obtener oro presente: en la práctica sí puede equipararse con un tipo de interés a corto plazo, auque no conviene olvidar las diferencias: el tipo de descuento es un precio que se paga por la anticipación de dinero en sí mismo; el tipo de interés es un precio que se paga por la anticipación de producción futura, aun cuando esa producción venga nominada en dinero).
  • El tipo de descuento surge históricamente de la negociación entre el tenedor de la letra y el librado aceptante para que este último anticipe el pago de la letra.  Por ejemplo, descontar una letra que vence en tres meses por 99,5 dólares cuando su valor facial es de 100 dólares: el descuento es 0,5 dólar.
  • Tiende a prevalecer un único tipo de descuento en el mercado gracias al arbitraje: los tenedores de letras con un bajo descuento tiende a venderlas para adquirir las letras que ofrecen un mayor descuento.
  • Esto permite desestacionalizar la renta que perciben los comerciantes, ya que los comerciantes en temporada baja en lugar de invertir su caja en volver a llenar el inventario, adquieren las letras de cambio de otros comerciantes en temporada alta.
  • Aquí es donde surgen las casas de descuento, dedicadas a arbitrar e el mercado de letras.
  • El arbitraje de tipos de descuento entre letras también determina los flujos internacionales de oro. Un tipo de descuento más elevado en un país tiende a atraer oro y un tipo más bajo a repelerlo. En contra de la teoría del precio único, lo que determina los movimientos internacionales de oro son los tipos relativo de tipos de descuento y no los precios relativos.
  • La confusión entre tipo de interés y el tipo de descuento procede de haber querido expresar a este último de manera anualizada. Así, 0,5 dólares por cuatro trimestres son dos dólares que sobre un valor facial de 100 equivale al 2% de tipo de descuento.
  • Que se haya expresado el descuento como un tipo anualizado no significa que el acto de descuento implique un préstamo y que, por tanto, venga determinada por la propensión marginal a ahorrar o por la preferencia temporal.
  • Es posible que haya crédito sin ahorro, siempre y cuando ese crédito se utilice como medio de pago respaldado por bienes altamente líquidos (Esto permite a los tenedores de letras mantenerse líquidos y poder ajustar sus planes productivos: no necesitan ni tiempo ni descuento para generar un poder adquisitivo que les permita adquirir los factores que necesitan).
  • La mayoría de economistas cree que el papel moneda surge como un recibo que presentaban los orfebres en función del oro depositado (es decir, el papel moneda se entiende como un certificado de depósito).
  • Según esta misma explicación, los orfebres comenzaron a incumplir los contratos de depósitos cuando comenzaron a prestar el oro a interés: el fraude es inherente a la reserva fraccionaria.
  • Esta versión del surgimiento del dinero es demasiado ingenua y poco sofisticada del fraude en el que incurrían los orfebres (en realidad es una versión parcial, ya que sí hubo bancos que funcionaron de este modo, como el Banco de Ámsterdam o Hamburgo).
  • El billete de banco parece ser más bien surgir de la letra de cambio. En concreto, las letras de cambio libradas contra los orfebres circulaban tan rápido que primero se les incorporó la cláusula de que fueran pagaderas al portador (dejaba de ser necesario endosarlas) y luego de que fueran pagaderas a la vista: estas letras de cambio se aceptaban sin descuento porque eran utilizadas como sustituto del oro. El billete de banco es precisamente esto: una letra de cambio pagadera en oro a la vista y al portador.
  • Ahora bien, las letras de cambio no son un medio de cambio perfectamente sustituible al oro. El oro sirve para pagar a vencimiento las letras; una letra no puede pagarse a vencimiento con otra letra y, por tanto, tampoco con un billete de banco (esto es precisamente lo que le reprochaba Mises a Fullarton y que Fekete pretende evitar: la imposibilidad de que el librado no liquide sus deudas a vencimiento mediante la creación de nuevas deudas que sustituirían a las anteriores. Dicho de otra manera, Mises y Fekete temen que los créditos/deudas se acumulen en la economía y no acaben retirándose nunca. Aquí también se encuentra el germen del arbitraje de plazos: refinanciar continuamente una deuda a largo plazo haciéndola pasar por una deuda comercial “autoliquidable”. Además, el hecho de que deban pagarse en oro las letras también permite al consumidor elegir qué bienes contra los que se han librado letras son efectivamente demandados con urgencia y dignos de ser monetizados como medios de pago análogos al oro; en la medida en que los productores no puedan pagar sus deudas con más deudas sino con oro, tendrán que captar oro para sufragar sus deudas a corto).
  • El banquero tiene respaldados sus billetes con oro y letras de cambio. Conforme vayan madurando las letras de cambio, puede o a) mantener el oro en caja, b) descontar nuevas letras, c) retirar billetes de circulación. Si no hace una de esas tres cosas, parte de sus billetes pasarán a ser de mala calidad.
  • Si los bancos se limitan a este principio no puede producirse un bank run aun cuando no puedan devolver el oro a todos sus clientes a la vez. ¿Por qué?
  • a) Si los clientes demandan oro para comprar activos, parte de esa mayor demanda de activos podrá saldarse con las letras de cambio que venderán los bancos para atender los pagos en oro.
  • b) Si los clientes demandan oro para saldar sus deudas extranjeras, tampoco habrá problema, ya que al liquidar las letras, el tipo de descuento del país subirá con respecto al extranjero, con lo cual entrará oro (en realidad es más simple que esto, lo que pasa que la formulación de Fekete responde al lenguaje decimonónico en el que estos temas se discutían: si hay una demanda interna de oro que no puede cubrirse con las reservas de oro de los bancos, éstos tendrán que liquidarlas en el extranjero a tipos de descuentos mayores).
  • c) Si los clientes demandan oro para protestar por los bajo tipos de interés, el banco podrá sobrevivir siempre que no sea un número muy grande de sus clientes quienes lo pidan. ¿Y si es un número muy grande? Entonces el banco quebrará, pero será como consecuencia de su arbitraje de tipos de interés (habrá estado deprimiendo los tipos de interés a largo plazo gracias a su despreocupación por la liquidez: esto es, invirtiendo a largo y endeudándose a corto). Pero esto es un beneficio del patrón oro, ya que acelera las quiebras de los bancos antes de que sea demasiado tarde.

8 de Junio de 2009

Fekete: Dos fuentes de crédito
(Esquema basado en las lecturas 4 y 8 de su serie Monetary Economics 101)
  • El crédito es una de las grandes fuerzas del progreso económico, junto con el capital y el conocimiento.
  • Sin crédito es posible acumular capital pero a muy pequeña escala: atesoramiento.
  • El crédito reduce el tiempo que dista entre los medios y la consecución del fin o entre el esfuerzo y la recompensa (efecto multiplicador del apalancamiento).
  • El abuso del crédito es uno de los grandes problemas de la economía pendientes de estudio.
  • Al operar sobre la cadena temporal fines-medios, permite diferir los errores en el tiempo, pero no lo elimina.
  • Cuando el sistema de crédito no permite acumular más abusos y errores colapsa.
  • Existen dos fuentes de crédito: crédito a corto plazo y crédito a largo plazo (exigible a corto plazo y exigible a largo plazo).
  • Crédito a corto: Sirve para financiar operaciones de vencimiento inferior a 91 días (parte más realizable del activo comercial), procede de las compensaciones de pagos en la economía. Su mercado es el mercado de letras de cambio (mercado monetario) cuyo precio es el tipo de descuento, determinado por la propensión a consumir.
  • Crédito a largo: Sirve para financiar operaciones con vencimiento superior a 91 días (inventario+activo fijo), procede del ahorro de la economía. Su mercado es el mercado de bonos (mercado de capitales) y su precio el tipo de interés, determinado por la propensión a ahorrar.
  • El plazo de 91 días para diferenciar ambos créditos no es arbitrario: plazo de las estaciones. Hace que los bienes que se pretendan financiar a corto se vuelvan menos vendibles por haber pasado de temporada.
  • El valor de mercado del conjunto de bienes de consumo urgentemente demandados con plazo de venta al consumidor inferior a 91 días es el capital social circulante, concepto acuñado por Adam Smith.
  • Estos bienes cumplen una serie de características especiales: su movimiento desde las cadenas de distribución al comercio minorista es predecible y su rápida venta no está sujeta a incertidumbre (son bienes muy líquidos equiparables al oro como medio de intercambio, no como depósito de valor).
  • Mises considera que ambos tipos de crédito son equiparables y que el tipo de descuento no es más que un tipo de interés a corto plazo: considera que el tipo de interés es el precio que la gente está dispuesta a pagar para ganar la disponibilidad de bienes presentes.
  • Mises se equivoca al creer que el billete de banco a la vista es un bien presente sustituible al oro. Los tenedores de billetes de banco le están proporcionando un crédito al banco ya que los billetes son un derecho de cobro futuro de dinero. No poseen el bien presente sino el derecho de poseerlo (desarrollo este punto aquí).
  • Mises cree que es un bien presente a pesar de que en el balance del banco figura como un pasivo y pese a tratarse de una promesa de entregar oro en el futuro.
  • La confusión de Mises procede de que prefiere fijarse en la cuenta de pérdidas y ganancias del banco, donde se observa que las ganancias por una mayor cantidad de billetes en circulación se los apropia el banco y no el cliente: si los billetes de banco fueran un préstamo al banco, éste tendría que pagar un interés a sus prestamistas.
  • En realidad lo que sucede es que el cliente del banco considera más conveniente poseer el billete de banco antes que la letra de cambio (en otro post veremos por qué) y por ello renuncia a la rentabilidad que obtendría de comprar una letra.
  • Mises también considera que si los billetes fueran un préstamo, un incremento del número de billetes equivaldría a un incremento en la demanda de crédito por parte del banco y, por tanto, el tipo de interés tendería a subir y no a bajar como sucede en realidad (este punto, por cierto, es bastante selginiano: equilibrio monetario).
  • En realidad, si los bancos se limitan a descontar letras de cambio autoliquidables no varía ni la demanda ni la oferta de crédito y por tanto no varía ni el tipo de interés y el tipo de descuento: Mises no distingue entre tipo de interés y tipo de descuento (también en otro post estudiaremos cuáles cree Fekete que son las diferencias entre ambos; de momento tan sólo señalar que el escenario que señala Fekete me parece imposible de lograr; en efecto, por definición, si los bancos sólo descuentan letras de cambio autoliquidables, el tipo de descuento no variará. Sin embargo, los bancos nunca están en una posición perfecta para saber con exactitud qué letras son autoliquidables y cuáles no. Lo normal será que ante la afluencia masiva de letras de cambio para el descuento, los bancos sí eleven el tipo de descuento. Del mismo modo, si hay arbitraje de plazos, sí es cierto que, como opina Mises, el incremento del número de billetes de banco deprime los tipos de interés).
  • Si admitimos que el billete de banco es un bien presente deberíamos darle la razón a Keynes de que el Estado puede crear bienes presentes imprimiendo billetes.
  • Mises condena el dinero fiduciario porque cree que genera inflación y ciclos económicos. Friedman acepta el dinero fiduciario porque cree que es posible controlar la inflación y los ciclos. El dinero fiduciario sigue siendo condenable aun cuando Friedman tuviera razón: expropian la soberanía del mercado a los tenedores de oro, esto es, a los consumidores y ahorradores, cuyas preferencias dejan de determinar la estructura productiva (más en esta línea, aquí).

7 de Junio de 2009

Fekete en España
Antal Fekete visitará España durante la próxima semana, entre otras cosas para ofrecer un seminario de teoría monetaria en el Instituto Juan de Mariana y para participar en el Gold and Silver Meeting. Las ideas de Fekete son muy controvertidas, incluso dentro de la Escuela Austriaca, a pesar de ser esencialmente correctas. Buena parte de la controversia surge, obviamente, de que Fekete pone en jaque gran parte del conocimiento asentado por las distintas escuelas económicas. Otra parte, sin embargo, se debe en mi opinión a su modo de escribir poco claro, tanto en su sintaxis como en su léxico.

Tanto para facilitar la divulgación de sus ideas como el propio debate durante su visita, durante los próximos días iré publicando unos esquemas que resumirán las principales teorías de Fekete en los distintos ámbitos. En ocasiones añadiré apostillas mías entre paréntesis. Espero que os sea de utilidad.

5 de Junio de 2009

Mañana en la Feria del Libro
Bueno, sólo recordad que este sábado y domingo estaré en la Feria del Libro (caseta 130) de 10.30 a 14.30 firmando Una crisis y cinco errores. Espero veros a tantos como sea posible.

4 de Junio de 2009

Ángel Martín Oro reseña nuestro libro
Otra reseña más del libro Una crisis y cinco errores, esta vez de manos de Ángel Martín Oro, una de las más jóvenes promesas del Instituto Juan de Mariana.
¿PP o UPyD?
Ayer escribí en en Libertad Digital un artículo comparando los programas económicos de PP y UPyD en las elecciones europeas. Básicamente, el programa de UPyD es un pelín mas liberal que el del PP, pero tampoco nada sobresaliente:
Lo más importante es que UPyD pide la eliminación de los aranceles para los productos agrícolas y ganaderos del Tercer Mundo. Es cierto que esta excelente idea la matiza exigiendo a estos países que sus condiciones laborales, medioambientales y sanitarias sean homologables a las europeas (esto es, propone establecer restricciones no arancelarias al comercio y arrebatar a aquéllos su ventaja competitiva frente a Occidente), pero al menos acierta.

UPyD no sólo no defiende la restricción del endeudamiento público que sí propone el PP mediante la reforma del PEC, sino que aboga por éste. Y, por si fuera poco, también defiende la armonización fiscal. En otras palabras, sienta las bases para una mayor expansión crediticia, una deuda pública de peor calidad y una subida de impuestos.
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3 de Junio de 2009

El mito del empleo verde
Ya os dije hace unos días que 25 economistas vinculados todos ellos (menos uno) a las empresas con intereses directos en las renovables habian criticado en Expansión nuestro estudio sobre la influencia en el empleo de estas fuentes energéticas. El artículo tenía poco nivel y demostraba, en el mejor de los casos, que sólo se habían leído el resumen ejecutivo del informe. En todo caso, para que nadie se confundiera hacía falta responderles. Y aquí hemos publicado nuestra réplica.

2 de Junio de 2009

¿Funciona? No
Hoy he escrito en Libertad Digital sobre si los nuevos datos del paro ilustran una mejoría en la situación económica o más bien no:

Si de lo que trataba todo era de esto, de tener ocupados a los españoles –y no de que generen riqueza– mientras la crisis seguía carcomiendo lo que erróneamente creímos que era una economía sólida y competitiva, Zapatero bien habría podido dar empleo no a apenas 25.000 ciudadanos, sino a 60 veces más. Es sencillo, basta con el dinero presupuestado en fondos de inversión local (13.000 millones de euros) se destine a contratar a 1,5 millones de españoles, pagarles durante un año un salario mensual de 700 euros y dedicarlos a las tareas más elementales que podamos imaginar: vigilar que la población de cabras salvajes no descienda, replantar árboles para que las ardillas puedan volver a circular por España y avisar a los servicios meteorológicos de que las nubes adelantan tormenta.

Cierto, sería un modelo productivo bastante empobrecedor, ¡pero habríamos creado un millón y medio de empleos! El Gobierno no sólo le habría ganado la partida al paro, sino que lo habría devuelto durante un año a sus mínimos históricos. Qué maravilla.

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En LD libros
Ayer salí en LD libros con Carlos Rodríguez Braun para presentar, como no, nuestro libro. Lo podéis ver aquí. Aparecemos a partir del minuto 33:45.

1 de Junio de 2009

45 apoyos universitarios a Huerta de Soto
44 profesores de diversas universidades nacionales y extranjeras han apoyado la candidatura de Jesús Huerta de Soto a Premio Príncipe de Astuarias. Para los pocos días que hemos tenido y la escasa publicidad dada más allá de las páginas del Instituto Juan de Mariana, no está mal. Podéis leer aquí la lista de firmantes.

ACTUALIZACIÓN: Ya son 45, última incorporación Francisco Javier Martín Pliego, catedrático de Economía Aplicada de la URJC.
La tesis de Sebastián revisada
No sé si recordaréis este artículo de Miguel Sebastián, publicado hace casi un año, donde atribuía el pinchazo de la burbuja de los precios del petróleo a la prohibición de la SEC de las ventas al descubierto de acciones financieras en EEUU. Según Sebastián, los short sellers utilizaban los fondos recibidos para especular en petróleo, por tanto presionaban a la baja las acciones financieras y al alza el precio del petróleo. Una vez prohibida la primera parte de la operación, se vació de fondos a los especuladores de petróleo.

El ministro de Industria aportaba como prueba de su argumentación las gráficas inversas del precio del petróleo y de la cotización de los bancos:





En su momento ya critiqué a Sebastián por confundir correlación con causalidad. Es cierto que las acciones financieras repuntaron a partir del 15 de julio por el efecto de prohibir las ventas al descubierto y, sobre todo, por que Paulson anunció el plan de rescate a Freddie Mac y Fannie Mae, pero es dudoso que el petróleo lo hiciera por lo primero (probablemente sí por lo segundo, como he explicado aquí).

Pues bueno, ¿qué había de cierto en la tesis de Sebastián? Realmente poco. El propio ministro remitía al 12 de agosto –momento en el que la SEC tenía que decidir si prorrogaba la prohibición de las ventas al descubierto– para verificar su tesis. Pero el 12 de agosto la SEC no prorrogó la prohibición y, sin embargo, el petróleo siguió cayendo y las financieras manteniéndose en sus nuevos niveles.

Más curioso, sin embargo, es que el 17 de septiembre la SEC volvió a implementar la prohibición y en un primer momento tanto las acciones de los bancos como el petróleo repuntaron con fuerza. Después de este primer momento, sin embargo ambas siguieron derrumbándose. Lo podéis ver en el gráfico (los días clave, 15 de julio, 12 de agosto y 17 de septiembre, están marcados por rombos y estrellas).



Pese a la afición prohibicionista de algunos, no parece que ahí estuviera la clave.

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