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Todo un hombre de Estado: Febrero 2007

23 de Febrero de 2007

Los límites de la filología

Mañana presento una conferencia de la filóloga María Teresa Puerto -cuyo libro ya reseñé en Libertad Digital- sobre la polémica entre el catalán y el valenciano.

Aprovechando la ocasión he preparado una pequeña ponencia que paso a transcribir aquí. En resumen, analizo brevemente los límites epistemológicos de la filología, critico la estatalización de la función del filólogo y finalmente aplico mis conclusiones al caso del valenciano y del catalán.

La lengua como institución espontánea

El premio Nóbel de Economía Friedrich Hayek acuñó el termino “orden espontáneo” para describir el conjunto de instituciones sociales que emergían en una sociedad sin ser fruto de ningún plan predeterminado. Citando a Adam Fergurson, Hayek sostenía que estas instituciones eran “fruto de la acción humana pero no del diseño humano”.

La particularidad de estas instituciones espontáneas era que, sin ser resultado de ningún plan, eran útiles para la totalidad de los individuos que decidía utilizarlas. Las instituciones lograban coordinar a los individuos sin necesidad de mandatos coactivos: el orden era el resultado no intencionado de las acciones de los individuos.

Un claro ejemplo de estas instituciones era el proceso de emergencia del dinero que tan magistralmente describió el economista austriaco Carl Menger en sus Principios de Economía Política. Otro era el derecho tal y como queda patente en las inmortales palabras de Catón recogidas por Cicerón: “[el derecho romano es superior al del resto de los pueblos porque] se basaba en el genio de muchos hombres y no en el de un solo hombre; no se instituyó en una generación, sino durante un largo periodo de varios siglos y muchas generaciones de hombres. Pues nunca ha existido un hombre poseedor de tan gran genio que nada le escapara; ni los poderes convenidos de todos los hombres, viviendo en un determinado momento, podrían hacer todas las previsiones de futuro necesarias, sin la ayuda de la experiencia y la gran prueba del tiempo”.

Pero para nuestro propósito, la institución más relevante es el lenguaje. Al igual que el dinero, el derecho o el resto de instituciones espontáneas (la moral, la cultura, la religión o los seguros), el lenguaje no ha sido creado por ningún individuo, por ningún gobierno ni por ningún consejo de sabios. Es un logro de la evolución social para alcanzar una comunicación más eficiente entre los individuos.

Aun considerando que el ser humano tiene un conjunto de categorías sintácticas subyacentes, la plasmación concreta de esas categorías sintácticas y su formulación léxica es una pura contingencia histórica que depende tanto de las necesidades particulares de cada grupo de individuos que necesitaba comunicarse como del más puro azar.

El lenguaje cambia constantemente conforme sus usuarios lo modifican y lo adaptan a sus necesidades. Dado que hemos abandonado la caza, la recolección de frutos o las batallas con armas blancas, nuestro léxico se ha ido desprendiendo de expresiones propias de esos campos y se ha reorientado hacia un vocabulario más industrial, financiero e informático.

Pero muchas estructuras del lenguaje también han ido evolucionando hacia estructuras más simples o sencillamente más reconocibles por los individuos. Las expresiones más usadas en televisión o en radio se han convertido en frases hechas de sus oyentes para luego implicar incluso a quienes no lo eran.

Los neologismos, los extranjerismos o los vulgarismos son el método por el que la comunicación entre las personas se va modificando y adaptando a sus propósitos. Todo ello sin necesidad de que ningún político imponga o restrinja la comunicación entre las personas.

La labor del filólogo  

Por ser el lenguaje un conjunto de comportamientos pautados fruto de la evolución histórica que sirve para facilitar la comunicación de los individuos, siempre está sometido a una posible degeneración caótica. La evolución no tendría por qué ser estable y adaptativa, sino que los distintos individuos podrían segregarse y volver sus códigos lingüísticos ininteligibles entre sí, tal y como Yavhé condenó a los pueblos del mundo por haber construido Babel.

No hay que pensar que toda segregación lingüística es un resultado indeseable que debe ser evitado a toda costa, incluso mediante el uso de la violencia. En ocasiones, una segregación sólo expresará las ansias de un subconjunto de individuos (científicos, empresarios, tribus urbanas…) por especializarse y conseguir que sus conversaciones transmitan una información mucho más precisa.

Sin embargo, es evidente que en muchos casos la segregación resulta indeseable para los propios individuos que la padecen y que aun deseándolo son incapaces de evitarla. La coordinación de cientos de miles de personas, cada una ubicada en su propio contexto y con una información privativa distinta de la del resto, vuelve enormemente complicado que la dispersión no tenga lugar.

Es aquí donde surge la figura y la importancia del filólogo. El filólogo emerge para emitir sugerencias sobre el uso más adecuado de una lengua y evitar en la medida de lo posible la dispersión no deseada por sus usuarios. Se trata de un aglutinador de las pautas sociales mediante recomendaciones no vinculantes (de manera muy similar a cómo los jurisprudentes evitaban la dispersión y degeneración del Derecho Romano).

En este sentido, todo filólogo tiene una doble faceta: la de historiador y la de empresario. Como historiador trata de trazar y describir los orígenes y la evolución de una lengua hasta el presente. Como empresario, utiliza ese bagaje histórico para analizar la situación actual y emitir recomendaciones que los actuales usuarios de la lengua puedan seguir sin un coste demasiado elevado y que al hacerlo les permita coordinarse entre sí. Como afirmaba Mises, el empresario es el que mira hacia el futuro con ojos de historiador.

Pero dada la contingencia del lenguaje, el filólogo se enfrenta a un problema esencial: determinar cuál es la unidad lingüística -esto es, el conjunto de individuos- a la que dirigirá sus recomendaciones. Los criterios no tienen por qué coincidir con las fronteras de ningún Estado ni de ninguna raza, el inglés es un claro ejemplo. Es necesario un juicio de comprensión –el verstehen del que habló Max Weber- para determinar su campo de estudio; dos registros nunca serán exactamente iguales –ni en léxico, sintaxis, entonación o comunicación extraverbal- ni transmitirán la misma información, de ahí que toda agrupación lingüística dependa de elementos que a juicio del filólogo sean relevantes para determinar la analogía de esos dos registros.

Se trata de un mero ejercicio empresarial cuya mayor sintonía con las opiniones de los individuos permitirá que las recomendaciones y prescripciones de un filólogo triunfen sobre las del resto. La labor del filólogo será proponer normas que minimicen los costes de la coordinación y dirigirlas hacia el público adecuado.

El filólogo como planificador social

Todo Estado tiende a ir adquiriendo cada vez mayor poder y a convertir a los individuos en súbditos que acaten todos y cada uno de sus mandatos. Para ello se convierte en un paso fundamental el control de las instituciones espontáneas a las que nos hemos referido anteriormente.

Las instituciones son el mecanismo por el que los individuos logran coordinarse y alcanzar sus fines dispares. Controlar y planificar estas instituciones permite al Estado que los individuos se mancomunen para lograr, no sus fines personales, sino los del Estado.

El asalto y conquista de las instituciones forma parte evidente de la agenda totalizadora de cualquier Estado. En el caso del dinero, la codificación decimonónica supuso el primer paso de un progresivo abandono del derecho espontáneo y consuetudinario defendido de modo más intenso por Savigny y su Escuela Histórica del Derecho. Fue precisamente este abandono del derecho consuetudinario lo que sentó las bases del positivismo kelseniano que a su vez permitiría el encumbramiento y el régimen totalitario de Hitler.

Algo similar sucedió con la nacionalización del dinero. Los distintos Estados fueron poco a poco expoliando la propiedad de los individuos sobre el dinero, paradigmáticamente el oro. En EEUU la creación de la Reserva Federal en 1913 fue la causa más inmediata de la Gran Depresión de 1929, a raíz de la cual alcanzó el poder el pseudodictador fascista Franklin Delano Roosevelt (que a la postre terminó de expropiar el oro a los estadounidenses). Hoy la institución del dinero es totalmente pública: convivimos con el fraude del dinero fiduciario –lo que el gran economista Jacques Rueff llamó “el pecado monetario de Occidente”- y una inflación que nos empobrece año a año.

El lenguaje también ha experimentado parte de esa nacionalización. La creación de las Academias de la lengua en muchos países europeos supuso la constitución de un monopolio reglamentario sobre la labor del filólogo. Aunque otras propuestas eran posibles, el Estado imponía sobre su ciudadanía las reglas aprobadas por sus funcionarios; tarea que se vio enormemente reforzada con el advenimiento de la educación pública obligatoria y universal.

De este modo la función del filólogo experimentó un cambio radical. En lugar de lanzar propuestas que competirían con otras para lograr su aceptación e interiorización por parte de un grupo de individuos, pasó a emitir mandatos de cumplimiento compulsivo en un territorio dado. Dejó de servir a los individuos para ser servido por ellos.

La concepción de la lengua también sufrió un cambio radical. Ya no se trataba de un fenómeno social que emergía para satisfacer concretas necesidades de los individuos, sino en un elemento idiosincrásico de una sociedad definida por su adscripción a un determinado. Se empezó a hablar de lenguas oficiales, propias o nacionales; como si toda relación lingüística entre dos individuos que no se sometiera al canon legal se tratara de una alienación social.

El lenguaje vino a reforzar la ilusión bodiniana de la triada población, territorio, soberanía. La sociedad era una realidad objetiva, definida por varios factores como la lengua, contenida en un territorio sobre el que el Estado ejercía legítima soberanía. La violencia, la coacción y la explotación de los políticos debía ser asumida por los propios individuos, ya que gobernaban una sociedad de la que todos, objetivamente, formamos parte. Como decía Isaiah Berlin, a pesar de todas las restricciones a nuestra libertad que nos imponga el Estado, creemos que seguimos siendo libres porque son restricciones autoimpuestas –de ahí que se hable de autogobierno-, provenientes de nuestra gente, caracterizada por hablar nuestra lengua. Motivo por el cual la gran mayoría de imperios, como la URSS, ha tratado de imponer su lengua a los territorios ocupados.

Pero la filología no puede informarnos de qué lenguajes son verdaderos y cuáles no, porque tal definición es una convención arbitraria. Sería tan legítimo afirmar que el español y el francés son la misma lengua por tratarse de simples dialectos del latín (y desde luego para un japonés las similitudes serán enormes), como que el código lingüístico de dos individuos de Castellón constituye una lengua distinta al de dos de Alicante.

Para la investigación académica puede resultar útil aunar los códigos lingüísticos por territorios, pero sin olvidar de que se trata de convenciones arbitrarias que no proporcionan más información que la que hemos insuflado previamente en ellas.

El caso valenciano-catalán

La estrategia del gobierno de Cataluña para con los valencianos puede entenderse perfectamente a la luz de las anteriores reflexiones. La intención es que los valencianos interioricemos que sólo existe una lengua –el catalán- cuyas reglas han sido codificadas por los filólogos científicos del Institut d’Estudis Catalans como verdad absoluta.

Una vez los valencianos seamos conscientes de la identidad lingüística, el Anschluss político encontrará menos obstáculos. La sociedad levantina será una, caracterizada por su lengua y su cultura. El lenguaje dejará de ser simplemente un instrumento de comunicación y pasará a convertirse en objeto de culto: una exteriorización del alma, la esencial y el carácter del pueblo.

El Estado, por su parte, será el representante, el receptor y el organizador de las esencias de ese pueblo. Sus mandatos irán dirigidos a satisfacer el interés común aun sacrificando los intereses individuales.

Los valencianos toleran ingenuamente hoy los desmanes autocráticos de los gobiernos valenciano y español. Los toleran porque creen que existe algo así como pueblo valenciano o pueblo español al que hay que someter los intereses individuales.

Hoy por hoy, sin embargo, no tolerarían ninguna intromisión ni ningún mandato del gobierno catalán, aun cuando fuera mucho menos represivo que los que vienen sufriendo a manos de sus gobiernos; y no lo harían porque el gobierno catalán es un gobierno extranjero sin jurisdicción sobre la sociedad valenciana.

El objetivo del Estado catalán es modificar esta percepción para legitimar su intrusismo y lograr la aceptación social necesaria para erigirse en amo y señor de los valencianos. La lengua es el ariete científico al que todo valenciano tiene que plegarse so pena de insinceridad o analfabetismo.

Ha sido y sigue siendo necesario infiltrar las universidades y las cátedras con filólogos estatistas y catalanistas, copar la educación pública para adoctrinar a los recién nacidos, perseguir y erradicar a los díscolos y sobre todo someter toda la sociedad valenciana a un único estándar oficial. Una vez el proceso de manipulación se complete, una vez creamos que sólo existe una lengua y un estándar oficial y público, y que todo cuanto se desvíe de ese estándar constituye una degeneración de la pureza, habrá caído uno de los principales obstáculos en el camino hacia la servidumbre voluntaria.

Conclusión

La filología no es una ciencia objetiva y a priori que pueda determinar la extensión y la composición de una lengua. Lo importante es la idea de cada individuo sobre la adscripción de su código a una determinada comunidad de hablantes, cuya composición no está prefijada ni existe como realidad al margen de las ideas subjetivas del individuo.

Hay que refutar la extendida idea de que los filólogos por su formación y por contar con el aval explícito del Estado tienen competencias para definir las unidades lingüísticas y forzar a los individuos a hablar de una determinada forma. Han de ser privados de la potestas y buscar la auctoritas.

También es necesario refutar la idea de que toda lengua supone la existencia de una nación y que toda nación tiene derecho a constituirse en Estado. En primer lugar, porque las lenguas –la delimitación de su extensión y de su contenido- son juicios puramente subjetivos. Segundo, porque precisamente por ello la nación es sólo un sentimiento de pertenencia a un grupo que no existe como tal, sino que sus coordenadas cambian tanto espacialmente –cada individuo puede creer que su nación es una- como temporalmente –un mismo individuo puede creer en distintos momentos que pertenece a una nación distinta. Y tercero, porque el Estado no tiene derecho a existir: son los individuos quienes tienen derecho a que no se inicie la agresión contra ellos y contra sus propiedades, cuando el Estado es la institucionalización del crimen y de la violencia contra esos derechos.

Y estos principios no sólo deben ser aplicados al caso del Estado catalán, sino también al valenciano y al español. Podemos creer, opinar y sentir que somos valencianos y españoles; que nuestros lenguajes son el valenciano y el español. Pero no podemos sostener que todos los que habitan este territorio deban ser valencianos y españoles ni que tengan el deber de opinar que sus lenguas son el valenciano y el español. Mucho menos, no tiene cabida legitimar la existencia y el poderío del Estado bajo el argumento de que son nuestros Estados. No lo son, esa es una ilusión que los políticos han ido inculcándonos históricamente, al igual que el Estado catalán quiere imponernos su criterio en la actualidad.

Es hora de dejar de hablar de derechos y obligaciones colectivas. Tales ideas son instrumentos de subyugación de políticos y burócratas. Que la excusa sea la lengua, el bienestar común, la salud pública, la lucha de clases o la superioridad aria son sólo contingencias que orientarán la batalla intelectual, pero en ningún caso modifican la identidad de su estrategia de dominación.

14 de Febrero de 2007

Narbona, doctora en Ciencias Económicas

El diario Negocio ha entrevistado a la menestra de Medio Ambiente Cristina Narbona. Tontería al canto:

P: En los manuales se decía que el agua no era un bien económico...

R: El agua no es un recurso infinito,ni gratuito, y debe usarse sin alterar los equilibrios ecológicos.

Y ahora veamos qué decía Carl Menger:

Así pues, la economía humana y la propiedad tienen un mismo y común origen económico, ya que ambos se fundamentan, en definitiva, en el hecho de que la cantidad disponible de algunos bienes es inferior a la necesidad humana.(...) Es, pues, claro que respecto de aquellos bienes cuya cantidad disponible es superior a las necesidades, queda excluida la actividad económica de los hombres de la misma natural y necesaria manera en que aparece cuando los bienes se hallan en la relación cuantitativa opuesta. No constituyen en el primer caso objetos de la economía humana y, por ende, los llamamos bienes no económicos.

Da gusto tener a políticos tan leídos y escribidos.

12 de Febrero de 2007

Cinco razones que no prueban la importancia del crecimiento

Albert me transcribe un comentario de Stefan Karlsson contra un artículo de Antony Mueller cuya tesis es muy similar a la que he defendido hoy en el Juan de Mariana. Dado que me parecen críticas interesantes aplicables contra el mío, les daré brevemente respuesta.

Karlsson efectúa cinco críticas a la consideración del crecimiento del PIB como irrelevante para la economía:

1) El crecimiento económico es sinónimo a incremento de la prosperidad, esto es, todo el mundo trata de hacer crecer sus finanzas personales para mejorar.


Este punto es falso por varios motivos. Primero, la crítica al crecimiento económico se dirige no contra el crecimiento de las finanzas personales, sino contra el de una macromagnitud como es el PIB (u otras similares). En este sentido, un crecimiento de los medios personales sólo se traducirá en un incremento del PIB cuando esos medios sean medibles y se intercambien en el mercado; pero no todos los medios de la acción humana siguen este proceso. Puede haber prosperidad individual sin crecimiento agregado. Segundo, aun refiriéndonos a las finanzas personales, crecimiento no necesariamente implica mayor prosperidad. Todo el mundo podría experimentar un crecimiento en sus finanzas personas buscando un segundo o tercer empleo, pero no todo el mundo lo hace. ¿Por qué? En buena medida porque no consideran que mayor dinero implique mayor prosperidad. Tercero, desvincular el incremento de los medios de la acción humana con la misma acción que los ha hecho posibles es un grave error. Que todo el mundo prefiera más a menos no significa que todo el mundo prefiera hacer más a hacer menos. Precisamente, no incrementaremos nuestros medios cuando ello suponga un coste de oportunidad demasiado gravoso.

2) El dinero permite una comparación intersubjetiva de bienes heterogéneos, de modo que mayor valor monetario supone mayor valor.

Esto también es falso y me sorprende que alguien como Karlsson lo diga. El dinero no es una unidad de medición del valor, sino otro bien que a su vez es valorado. Es cierto, que como he explicado en otras ocasiones, la utilidad marginal del dinero decrece muy lentamente (incluso algunos afirman que es constante), pero ello no nos permite conocer cuál es el valor de la unidad del dinero, sino que ese valor, sea cual sea, disminuye lentamente. En términos cardinales: conocemos la tasa de variación pero no el nivel.

Otro problema es que el valor no son intensidades, sino relaciones relativas de prioridades. A>B no porque A=5 y B=4, sino porque el fin A me parece más importante que el B. El valor es justamente eso: decir que A es más importante que B, no afirmar que el placer, la excitación o los beneficios de A son mayores que los de B. Cuestión distinta es lo que motive la preferencia de A sobre B y cómo esa preferencia puede manifestarse en reacciones corporales que expresen excitación, satisfacción o placer. La economía se ocupa del valor, la psicología de cómo se forma ese valor y la biología de cómo el cuerpo humano exterioriza parte de las experiencias de ese valor.

Por tanto, el dinero no puede medir relaciones ordinales, primero porque ese mismo dinero si sitúa en la escala ordinal de preferencias, segundo porque lo que pretende medirse simplemente no tiene medida alguna. La comparación de PIBs entre países o entre individuos como manifestación de su bienestar no tiene sentido alguno.

3) La medida del PIB puede ser útil para inversores y empresarios para conocer el tamaño de la economía y su potencial de expansión.

Es importante dejar claro que el crecimiento sólo es irrelevante desde el punto de vista de la teoría económica pura. El matiz es importante para quien no esté versado en la distinción de las disciplinas y confunda economía teórica, con historia económica o con función empresarial. Pero, de nuevo, me sorprende que alguien como Karlsson caiga en esa trampa.

Es evidente que el crecimiento no puede ser irrelevante desde ninguna otra perspectiva. Cualquier individuo le puede conceder una importancia incluso afectiva al crecimiento. Precisamente porque no podemos decir que el crecimiento económico en lo relativo a los fines humanos sea relevante a priori tampoco podemos decir que sea irrelevante a priori. En mi artículo sólo he tratado de transmitir que a la investigación praxeológica no puede interesarle el crecimiento económico porque pertenece al ámbito de la elección humana que, por definición, es ajeno a su ámbito.

Sería interesante estudiar, desde un punto de vista experimental, hasta que punto el PIB y el crecimiento del PIB es una buena referencia para aproximar expansiones futuras del mercado. En este aspecto no entro, porque no cuento con las herramientas analíticas necesarias. Pero es una cuestión esencialmente distinta. El PIB puede ser tan útil a los empresarios como puede serlo la evolución del índice de confianza de los consumidores, lo cual no implica que necesariamente todos los empresarios deban tener en cuenta esos resúmenes y descripciones imperfectos de la realidad. Por tanto, queda fuera de la teoría económica.

4) Las diferencias espaciales y temporales del PIB implican diferencias entre países que pueden ser merecedoras de estudio.

Todo conjunto social y todo individuo es en algunos rasgos distinto a otro. Las huellas dactilares es un ejemplo de que no hay dos individuos iguales. Sin embargo, esas diferencias no justifican su estudio en teoría económica.

Distintos PIBs podrán suponer sociedades y evoluciones distintas, pero nada más. Si con esas diferencias queremos aproximar diferenciales de bienestar nos estaremos equivocando gravemente. El análisis agregado no es válido para esta tarea porque, de nuevo, no existe algo así como "bienestar agregado" (y mucho menos un bienestar agregado que pueda aproximarse mediante la producción agregada).

Es concebible que en un régimen totalitario ciertos índices de producción agregada se incrementen. Mao quería superar a Inglaterra y EEUU en producir acero y aunque finalmente no lo logró, que lo hubiera conseguido no habría sido expresivo de un mayor bienestar. Más PIB sólo implica más productos físicos: el valor que los individuos atribuyan a esos productos es cuestión distinta. Si esa producción es resultado de sus decisiones voluntarias y retrospectivamente no juzgan que se han equivocado, esa producción servirá para incrementar su bienestar. Pero si es una producción impuesta, por lo que han tenido que renunciar a fines prioritarios, no será el caso.

Por supuesto, como analistas o historiadores podemos utilizar el PIB y otros índices para resumir la magnitud de ciertos desastres, como la gran depresión. Pero no deberíamos confundirnos con lo que esos índices nos muestran: que durante la Gran Depresión el PIB cayera un 30% no significa que el bienestar cayera un 30%. La cifra ni nos muestra la disminución o mejora del bienestar (sino de la producción), ni las diferencias interpersonales resumidas en ese 30%.

Del mismo modo, que un país tenga un PIB más elevado que otro no significa que su bienestar sea mayor. El gobierno cubano informó recientemente que su crecimiento económico era el mayor del mundo. Al margen de la más que probable manipulación contable, el caso es suficientemente expresivo de la inutilidad del índice. Como mucho, podremos ponernos en la piel de un analista que trata de comprender la situación actual del mundo y afirmar que si los fines de las personas por lo general se satisfacen con más bienes intercambiados en el mercado, las economías libres que crezcan serán las que tenderán a ser más exitosas. Pero poco más que esto.

5) Generalmente el crecimiento del PIB muestra el éxito de las economías libres, sobre todo cuando es fruto de la interacción en el mercado y no de la imposición del gobierno.

Más o menos es lo que acabo de indicar. Pero de nuevo, esto no tiene nada que ver con la teoría económica, sino con el análisis económico (lo que en algunas facultades se conoce como "estructura económica"). Con todo, quedarse ahí resulta peligroso: un menor PIB o un crecimiento del PIB más reducido no supondría el fracaso de las economías libres, por lo ya explicado: toda acción (y la de crecer también) comporta un coste que los individuos no tienen por qué estar dispuestos a asumir.
Conferencia sobre el crecimiento empresarial

El próximo viernes 16 a las 20:00 daré una charla en el Instituto Juan de Mariana sobre el crecimiento empresarial. Básicamente el esquema será el siguiente.

Primero distinguiré entre dos tipos de crecimiento: el sano (crecer creando valor para el accionista) y el no sano (crecer destruyendo valor, esto es, insuflando capital a proyectos de muy bajo rendimiento).

Una vez acometida esta distinción expondré diversas estrategias que permiten lograr el crecimiento sano: reducción de costes, retención de clientes y captación de nuevos clientes con el mismo producto y con distintos productos (ya se produzca en sectores existentes o en otros que están por emerger).

Más tarde abordaré la problemática de los flujos excedentes de caja. ¿Qué debe hacer una empresa cuando gana grandes cantidades de dinero pero no sabe dónde invertirlo de manera muy provechosa? Las opciones básicamente son cuatro: repartir dividendos, reinvertirlo siempre que proporcione una rentabilidad mínima, recomprar acciones o utilizarlo para programar una compra apalancada de acciones. Cada una tendrá sus ventajas e inconvenientes.

Por último, compatibilizaré mi análisis con la teoría austriaca del ciclo económico y con la imposibilidad del cálculo económico socialista (que nos permitirá entender buena parte de los beneficios de las spin-off).

Si queréis pasaros, estáis invitados.
La irrelevancia del crecimiento económico

Este lunes escribo en el Juan de Mariana sobre el fetichismo del crecimiento económico y por qué éste resulta irrelevante para la praxeología:
El crecimiento sólo es uno de los posibles subproductos que se dan cuando los individuos tratan de satisfacer sus fines, no el único. La afirmación de que más crecimiento es siempre mejor resulta falaz. A priori es imposible afirmar que el crecimiento sea bueno o malo; por ello aun cuando el Estado pudiera promover el crecimiento, dado que para ello utilizaría la coacción y nos desviaría de nuestros cursos prioritarios de acción, estaría disminuyendo nuestro bienestar.

¿Significa ello que debemos ignorar las críticas de ecologistas, socialistas y comunistas que con frecuencia proponen paralizar o incluso revertir el crecimiento económico? No. En la medida en que el crecimiento puede ser el resultado de las acciones voluntarias de los individuos, limitarlo podría suponer la restricción de muchos cursos de acción deseados; el intervencionismo anti-crecimiento frecuentemente colisionará con proyectos legítimos de los individuos.
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8 de Febrero de 2007

¿Otro caso de intolerable censura?

Hace unos meses defendí el derecho de British Airways de prohibir a una trabajadora que llevara el crucifijo. Muchos se escandalizaron de esta "intolerable" violación de la libertad religiosa. En realidad, la libertad religiosa, al igual que la libertad de expresión, no es más que una manifestación del derecho de propiedad. Yo no puedo hacer proselitismo de mis ideas en cualquier lugar si ello molesta al propietario legítimo, que es quien me permite estar donde estoy.

Ahora Kelme acaba de rescindir su contrato con el barcelonista Oleguer por defender a De Juana Chaos. El hecho es casi idéntico: una empresa despide (o prohíbe) a un trabajador por exhibir sus ideas políticas (o religiosas). Por supuesto, apoyo el derecho de Kelme a dejar de patrocinar a Oleguer, tal y como apoyé a British Airways a la hora de amenazar con el despido a su empleada (con la diferencia de que veo más lógico boicotear a British Airways que a Kelme).

Espero que los mismos que defendieron la libertad religiosa de la empleada salgan ahora en defensa del derecho de Oleguer para exaltar a De Juana Chaos y seguir recibiendo dinero de Kelme. Pero me da a mí que no pasará.

7 de Febrero de 2007

¡A la rica naranja...!

Este semana en Libertad Digital critico a Camps y Valcárcel por su propuesta de prohibir nuevas plantaciones de naranjos en la UE para tratar de "estabilizar" el precio de los cítricos.

Los políticos del PP y del PSOE, en España y en Europa, no entienden, no aprecian, no toleran el capitalismo. Viven a costa de los empresarios, de los trabajadores y de los inversores; sin pegar un palo al agua pero, eso sí, a nuestra costa.
 
¿Puede haber un espectáculo más bochornoso que subvencionar un cultivo para luego impedir que caigan los precios mediante la destrucción de los excedentes mientras parte de los habitantes del Tercer Mundo se muere de hambre porque, entre otras cosas, es prácticamente imposible exportar a Europa desde esa zona del mundo? Sí, ver a dos populistas brindando con zumo de naranja para pedir que se impida la plantación de naranjos. Defendamos, pues, la lectura quemando libros.
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6 de Febrero de 2007

Saura, medio correcto
Parece que en este país los políticos han de ser lerdos antisistemas para, en ocasiones y de chiripa, hacer alguna propuesta con sentido común.

El mismo que defiende el asalto de viviendas, acaba de proponer la legalización de todas las drogas. De acuerdo, pero me asusta que provenga de un foribundo enemigo de la propiedad.

La legalización de las drogas es un importante ampliación de la libertad, una patada en el trasero al Estado prohibicionista, un reconocimiento de que cada persona tiene el derecho a hacer con su cuerpo lo que le apetezca.

Ahora bien, la legalización de las drogas, como la apertura de cualquier nuevo mercado, es una oportunidad para la expansión del poder político. De entrada, una gran cantidad de sustancias que podían obtenerse con relativa facilidad pasan a integrar el abanico de asideros fiscales del gobierno. Más impuestos, más gasto, más Estado.

Pero además, el asunto también abre la puerta al crecimiento de la burocracia, de la inspección y del control del Estado sobre la vida de las personas. Las drogas tendrán que pasar sus controles sanitarios coactivamente, el Estado marcará el estándard de salubridad y si es necesario algún tipo de autorización para su adquisición, se dispondrá de una información muy delicada sobre los hábitos de los individuos.

Por tanto, legalización sí, pero ojo con el camino (sobre todo cuando lo marcan los liberticidas). Unos males pueden desaparecer pero otros emerger.

Ah, y un matiz que parece no interesar a los izquierdistas como Saura. La legalización de las drogas no debe entenderse como una medida en la lucha contra el narcotráfico. Al narcotráfico no hay que combatirlo en cuanto a narcotráfico, sólo en la medida en que ataque los derechos ajenos. El narcotráfico no es más que un conjunto de personas a quienes los políticos han criminalizado y situado en la ilegalidad. Su condición no cambiará por el hecho de que una nueva ley tolere y admita su comportamiento; seguirá siendo el mismo.

Las drogas deben legalizarse porque entroncan con los derechos individuales, algo de lo que supongo, Saura y sus compañeros, no habrán oído hablar

5 de Febrero de 2007

Gabriel Calzada en Telemadrid (+)
Esta noche Gabriel Calzada aparecerá en el nuevo programa de Sánchez Dragó "Diario de Noche". Será sobre las 00.00, a propósito del cambio climático. Tendrá enfrente al Reponsable de Greenpace sobre el cambio climático.

Actualización: El debate puede verse aquí (I, II, III).

4 de Febrero de 2007

Albert Esplugas, ganador del I Premio Liberal Fin de Carrera del IJM

Uno de los objetivos esenciales del Instituto Juan de Mariana es el de promover que los mas jóvenes tomen la iniciativa de desarrollar investigaciones sólidas en torno a los fundamentos del liberalismo que les sirvan tanto a ellos como a nosotros para crecer intelectualmente.

Con esta finalidad en perspectiva, el pasado mes de octubre convocamos el primer Premio Liberal Fin de Carrera, dirigido a todos aquellos estudiantes que terminaran sus estudios y quisieran presentar un trabajo sobre su materia.

Tras meses de duras deliberaciones entre los diversos trabajos recibidos, tengo la gran satisfacción de anunciarles que el ganador ha sido Albert Esplugas Boter por su excelente ensayo “La comunicación en una sociedad libre”.

Como el propio autor afirma, con su trabajo ha tratado de estudiar “los fundamentos de una sociedad libre basada en la propiedad privada y las relaciones voluntarias” a través de “de argumentos éticos y económicos” que permitan describir “el modelo ideal al que habría que tender”, criticando para ello “aquellas acciones estatales que interfieren en las acciones de los individuos y apartan la realidad vigente del modelo expuesto”.

El ensayo se divide en siete partes que van desde el análisis de la libertad de expresión como manifestación de la propiedad privada a un análisis de la propiedad intelectual, de las subvenciones al cine o del status de Internet. Un resumen más extenso puede leerse aquí.

Albert Esplugas será premiado con 1000 € y la publicación de su trabajo, del que todos esperamos que sirva para difundir las ideas liberales también hacia el campo de la comunicación.

¡Muchas felicidades Albert!

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